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UNIVERSIDAD NACIONAL DE INGENIERÍA FIIS - INGENIERÍA DE SISTEMAS CICLO: 2017 - II Fecha: 03/11/2017 TEORÍA

UNIVERSIDAD NACIONAL DE INGENIERÍA FIIS - INGENIERÍA DE SISTEMAS

CICLO: 2017 - II Fecha: 03/11/2017

TEORÍA GENERAL DE SISTEMAS

ST 103 V

TRABAJO DE INVESTIGACIÓN

ENFOQUE SISTÉMICO EN LA TEOLOGÍA

Profesor: Ing. Jorge Daniel Llanos Panduro Alumno: Espinoza Huamali, Luis Angel

Código: 20172004I

2017-II

TABLA DE CONTENIDOS

Prefacio

……………………………………………………………………………………………………………………… 3

..

  • 1. Conceptos generales………………………………………………………………………………………………… 6

..

  • 1.1. Enfoque sistémico

…………………………………………………………………………….…….6

  • 1.2. La teología:……………………………………………………….……………………………….…………….6

    • 1.2.1. Su práctica en la historia:

    • 1.2.2. El proceso de hacer teología

………………………………………………

..

………

..6

………………………………………………………….8

  • 2. ANTECEDENTES …………………………………………………………………………………………… …………….9

..

  • 2.1. Los grandes teólogos de la Iglesia.

……………………………………………………… 9

..

  • 2.2. Historia de la teología. …………………………………………………………………………………9

  • 3. Teoría General de Sistemas y la Teología

……………………………………………………… 13

..

  • 3.1. Introducción bíblica a la teología sistemática…………………

..

…………………………

..

13

  • 3.2. Teología sistémica

  • 3.3. Teología y filosofía

…………………………………………………………………………………16

……………………………………………………… ……………….………19

..

  • 3.4. Teología sistemática y teología bíblica ……………………………………………21

  • 3.5. Teología sistemática y teología histórica ……………………………….………… ..23

  • 3.6. Teología sistemática y teología filosófica ……………………………………………25

  • 3.7. Diferentes Sistemas de Teología:

……………………………………………………… 26

..

  • 3.8. La teología y su epistemología………………………………………………………………………28.

  • 3.9. La teología, una hermenéutica entre lo simbólico y lo social

………………… 33

..

  • 3.10. La teología ¿un nuevo paradigma o una forma de crisis de todo paradigma?..34

Conclusiones ………………………………………………………………………………………………………………………40

Bibliografía

…………………………………………………………………… ……………………………………………….41

..

Prefacio

Ha pasado más de una década desde que apareció por primera vez Teología Cristiana. Se

escribió para cumplir con la necesidad de tener una teología sistemática evangélica,

comprensible y que estuviera puesta al día. En aquel tiempo no se pensó que nadie más la fuera

a utilizar. La aceptación de la obra original ha probado que el esfuerzo realizado para llevarla a

cabo mereció la pena. Además, desde entonces han aparecido muchos otros textos, que han

enriquecido los recursos disponibles para la enseñanza de la teología sistemática. En estos diez

años de intervalo, se han producido muchos cambios en el mundo teológico y también en

el intelectual, político, económico y social. Por lo tanto, resulta deseable revisa r la obra origina

l teniendo en cuenta estos cambios. Se han añadido algunas secciones así como un capítulo

completamente nuevo sobre el posmodernismo. En algunos puntos la discusión se ha

actualizado. Algunas porciones del original se han condensado, ya que los temas que se trataban

originalmente ya no son tan importantes como lo eran antes. El lenguaje utilizado en algunos

casos se ha cambiado para reflejar el uso corriente. Al llevar a cabo esta revisión, he tratado de

tener en cuenta las reacciones transmitidas por los estudiantes, colegas y críticos. Me han sido

de gran ayuda. Sin embargo, no he sustituido las fuentes originales por las más recientes

simplemente porque sean más actuales, sino porque suponen un avance esencial en el

pensamiento de lo que se citaba en el original. Uno de los fenómenos de esta década pasada

ha sido el incremento de la diversidad étnica y cultural de las personas que estudian teología.

Los días en que una mujer que estudiaba teología en un seminario era una cosa especial han

dado paso a unas clases en las que el número de hombres y mujeres estudiantes está mucho más

equilibrado. En lo que antes había un predominio de estudiantes americanos blancos ahora se

ven muchas minorías étnicas y estudiantes de todo el mundo. Este fenómeno de inscripciones

ha ido paralelo al incremento en los escritos sobre Teología realizados por cristianos del Tercer

Mundo, cuyo número ha ido creciendo con mayor rapidez que en Europa y Norteamérica. Esta

tendencia a la globalización no se ha reflejado en los textos teológicos escritos por los

evangélicos norteamericanos en la década pasada. Por lo tanto he hecho un esfuerzo especial

por incluir a representantes de estos sectores de la iglesia cristiana. Por otra parte, he animado a

que Teología Cristiana se traduzca a distintos idiomas, incluidos varios de los países del este de

Europa. Uno de los comentarios más frecuentes que se han hecho sobre la edición original es lo

fácil de entender que es. He tratado de mantener y ampliar esta característica siguiendo el

excelente consejo que Clark Pinnock me dio hace años: “hacer que se cante como un libro de

himnos, y no que se lea como una guía de teléfonos”. El texto también se ha ampliado con la

adición de los resúmenes de los capítulos, los objetivos y las cuestiones de estudio. Le

agradezco a un antiguo compañero, el Dr. Edward Buchanan, ahora profesor de Educación

cristiana en Southeastern Baptist Theological Seminary, especialista en Educación adulta, por su

trabajo con este material auxiliar. Agradezco que tantas personas no profesionales se hayan

hecho cargo de la edición original. Para hacer esta edición más accesible a esas personas, se ha

añadido la transliteración griega de las palabras hebreas. Y, para ampliar más la utilidad de esta

teología, se han añadido dos versiones más sencillas, un texto de Doctrina de nivel universitario:

Introducing Christian Doctrine (Grand Rapids: Baker, 1992) y un libro de doctrina de nivel

básico: Does It Matter What I Believe? (Grand Rapids: Baker 1992).Escribir la primera

edición hizo que me interesara por investigar algunos temas en mayor profundidad, un

interés que también se ha producido en otros lectores. Algunos de estos temas se han

desarrollado en obras como The Word Became Flesh (Grand Rapids: Baker, 1995), How They

Will Be Saved? (Grand Rapids: Baker, 1996), y God the Father Almighty (Grand Rapids:

Baker, 1998). Estos tratan, respectivamente, de las doctrinas de la Encarnación, la Trinidad, el

destino de los no evangelizados y de los atributos de Dios. A los lectores que desean ampliar

estos temas se les anima a investigar estos libros. Me gustaría dar las gracias una vez más a

aquellos cuya especial ayuda permitió que la edición original pudiera ser posible. Varios

estudiantes leyeron porciones del manuscrito y me ofrecieron reacciones desde una

perspectiva estudiantil: Bruce Kallenberg, Randy Russ y Mark Moulton, y mi asistente,

Dan Erickson, leyó todo el manuscrito. Laurie Dirnberger, Lorraine Swanson, Aletta Whittaker

y Pat Krohn teclearon partes del manuscrito. Tres estudiantes se comprometieron a apoyar el

proceso mediante la oración y el aliento: David McCullum, Stanley Olson y Randy Russ.

Además de las personas que me animaron y contribuyeron a la edición original, también me

gustaría agradecer el consejo y el ánimo de Jim Weaver, editor de libros académicos y de

referencia en Baker Books, y a María den Boer, que ha complementado la excelente labor

editorial de Ray Wiersma en la edición original con su cuidadoso y amable trabajo editorial en

esta edición revisada. La experiencia de mi esposa Ginny como profesora de inglés ha sido de

gran valor, en particular en los temas gramaticales y formales. En muchos aspectos, el estado de

la Teología sistemática en los últimos años del siglo veinte ha sido paradójico. Mientras que en

la década de los años 1960 y 1970 la teología sistemática estaba en declive, y algunos expertos

bíblicos sugerían que debía ser eliminada, ha tenido un gran resurgimiento en las escuelas de

teología. El crecimiento de los textos de Teología sistemática es una indicación de esta

tendencia. Sin embargo, el alejamiento del pensamiento reflexivo y el acercamiento hacia una

religión experimental a nivel popular no augura un buen futuro para la Teología. No obstante,

los retos para la fe cristiana tanto por parte de los competidores religiosos como no religiosos,

significan que el razonamiento teológico cuidadoso y la reafirmación son ahora incluso más

importantes que cuando se escribió la primera edición de este libro. Como con el primer escrito,

esta edición revisada se lanza con la esperanza de que quizá Dios la utilice para fortalecer la

Iglesia y extender el Reino.

Capítulo I Conceptos Generales

  • 1.1. Enfoque sistémico:

El enfoque sistémico es una manera de abordar y formular problemas con vistas a una mayor

eficacia en la acción, que se caracteriza por concebir a todo objeto (material o inmaterial) como

un sistema o componente de un sistema, entendiendo por sistema una agrupación de partes entre

las que se establece alguna forma de relación que las articule en la unidad que es precisamente

el sistema.

  • 1.2. La teología

Si vamos a estudiar la teología sería bueno saber lo que es. En esta primera parte examinamos el origen de la teología, tanto de su práctica como de su nombre. Y así tendremos una definición históricamente fundamentada.

El nombre de la teología deriva de dos palabras Griegas, en cuyo idioma el Nuevo Testamento fue escrito. La palabra griega, Theos, y pronunciada teós, significa "Dios," y la palabra griega logía, escrita Logia, y pronunciada logia, significa "ciencia, estudio." Combinadas las dos palabras significan "el estudio de Dios." En su forma más sencilla, pues, la teología es el estudio de Dios.

1.2.1. Su Práctica en la Historia:

La teología, es decir, el estudio de Dios, es algo que comenzó muy temprano en la historia humana. La reflexión humana sobre la existencia y la naturaleza de Dios nunca fue ausente entre la raza humana.(Qué provocó a Abel llevar de su rebaño para sacrificar a Dios? Fue un cierto entendimiento de la importancia de sacrificio y redención.(Cómo pudo Enóc caminar con Dios? Seguramente a base de su

entendimiento profundo de la voluntad de Dios.(Cual fue la fortaleza interior de Job que le ayudó soportar las duras pruebas y mantener su fe? Era su conocimiento de y su profunda confianza en Dios como salvador. Es esta reflexión, este entendimiento, esta confianza y fe, que hace a uno teólogo.

Pero los grandes teólogos son los que vinieron después en la historia. La composición del Pentateuco fue un acto sumamente teológico, un acto que es atribuido al mismo Moisés. Por lo general, los escritores Bíblicos eran todos teólogos, en cuanto a que sus obras demuestran una reflexión profunda acerca de Dios y sus propósitos en el mundo. Los grandes profetas eran todos teólogos. También en el reino de Judá había ciertos oficiales y levitas que se dedicaron a la enseñanza de las escrituras (2 Crónicas 17:7-9). Esta tradición parece continuar con el sacerdote y escriba Esdras, quien es descrito como uno que "había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos.

Cuando pasamos al Nuevo Testamento, vemos por igual que los escritores de los libros bíblicos eran los primeros teólogos cristianos, y por sus obras inspiradas, su teología es considerada como la única autoridad para toda otra teología. Por eso la Biblia puede hablar de "la fe, dada a los santos una vez para siempre" (Judas 3).

Desde entonces, la iglesia cristiana siempre ha tenido hombres y mujeres que se han dedicado a la lectura de las escrituras y su enseñanza entre los hermanos. Desde el principio siempre hemos tenido personas quienes se han dedicado de una forma especial al conocimiento de Dios por su palabra y por su creación. Eran aquellos que salvaron la fe apostólica del error en las controversias doctrinales de los primeros siglos, muchas veces al costo de sus propias vidas. Eran aquellos que despertaron a los creyentes católicos de su sueño profundo en la Reforma. Si no fuera por estos hombres y mujeres valientes, estaríamos en los brazos del padre de la mentira (Juan 8:44). Hoy mismo, al

estudiar la palabra de Dios, contamos con los beneficios de más de 20 siglos de trabajo teológico cristiano, y continuamos esta tradición beneficiosa.

1.2.2. El proceso de hacer teología

Ahora pasaremos a la tarea real de desarrollar una teología. En cierto sentido la teología es a la vez un arte y una ciencia, así que no puede seguir un patrón rígido. Sin embargo, es necesario explicar detalladamente los procedimientos. Los pasos que enumeramos aquí no tienen que darse necesariamente en esta misma secuencia, pero debe haber un orden de desarrollo lógico similar. El lector notará que en este procedimiento la teología bíblica tanto en el sentido “verdadero” como “puro” se desarrolla antes que la teología sistemática para que la secuencia sea exégesis- teología bíblica-teología sistemática. No pasamos directamente de la exégesis a la teología sistemática.

  • Recopilación de materiales bíblicos

  • Unificación de materiales bíblicos

  • Análisis del significado de las enseñanzas bíblicas

  • Examen de los tratamientos históricos

  • Consulta de otras perspectivas culturales

  • Identificación de la esencia de la doctrina

  • Iluminación de fuentes extrabíblicas

  • Expresión contemporánea de la doctrina

  • Desarrollo de un motivo interpretativo central

  • Estratificación de los temas

Capítulo II Antecedentes

  • 2.1. Los grandes teólogos de la Iglesia

Estos hombres que Dios concedió a su Iglesia no fueron infalibles, pero si hicieron valiosas aportación a la compresión del mensaje infalible revelado en las Escrituras.

  • Orígenes, el primer teólogo sistemático

  • Atanasio, el gran defensor de la plena divinidad de Jesucristo.

  • Juan Damasceno escribió la primera obra de Teología Sistemática.

  • Agustín, uno de los teólogos más inquietos.

  • Anselmo, sobre la doctrina de la expiación

  • Pedro Lombardo escribió cuatro libros de texto de la iglesia Romana

  • Tomas de Aquino, el príncipe de la teología escolástica.

  • Juan Duns Scoto fue el oponente de Aquino en muchos aspectos.

  • Lutero, expulsado de la iglesia Romana.

  • Melanchton escribió un manual de dogmática.

  • Zwinglio (sobre la verdadera y la falsa Región) discernió mejor que Lutero la doctrina del los sacramentos.

  • Calvino fue el más grande teólogo de la Reforma.

    • 2.2. HISTORIA DE LA TEOLOGÍA

La teología no se reconoce sólo en las grandes elaboraciones sistemáticas, sino en cualquier núcleo de reflexión: en este sentido se puede hablar de una historia de la teología a partir del período patrístico, señalando en cada ocasión las diferencias metodológicas y la aproximación a los contenidos que diferencian a las diversas edades.

1.

Período patrístico (siglos I-VIIl.- En su comienzo está marcado por los Padres

apostólicos, como Clemente Romano, Ignacio de Antioquía, Policarpo, Papías, Hermas, Didajé, y por los Padres apologetas, como Justino, Taciano, Atenágoras, Teófilo y Tertuliano. La confrontación con las culturas paganas, pero también la necesidad de aclarar y de profundizar intelectualmente el «hecho Cristo» ensanchó a continuación el aliento de la reflexión hasta las alturas que se perciben en Orígenes ( 185-253), primer creador de una gran síntesis teológica, Y en Agustín (354-430), en el que, gracias en

parte a los estímulos derivados de las controversias teológico-trinitarias (arrianismo), cristológicas (nestorianismo, monofisismo, monotelismo) Y antropológicas (pelagianismo) se recapitula la teología a través de aclaraciones tan pertinentes que lo convirtieron en maestro autorizado y guía espiritual de la teología medieval.

  • 2. Período medieval (siglos VIII-XV), Es una época extraordinariamente rica en

experiencia y elaboración teológica.

Va ligada al período patrístico a través de la mediación de teólogos como Leoncio de Bizancio, Máximo el Confesor, Juan Damasceno, Boecio, Isidoro de Sevilla y Beda el Venerable.

La introducción en Occidente de las obras de Aristóteles produjo, como primera consecuencia, una división en los teólogos entre "dialécticos," (con su mayor exponente en Abelardo) y «antidialécticos" (con san Bernardo y toda la tradición monástico- agustiniana).

Anselmo de Aosta (1033-1099), parte de la escolástica, se mueve en la tradición monástico-agustiniana, pero en sus obras argumenta con una dialéctica muy cerrada, ya que es preciso "intelligere veritatem quam credit cor meum". Abelardo (1070-1142) y Gilberto Porretano (1076-1154), en la perspectiva dialéctica, tienden a una teología

racional con la metodología de la tesis y la antítesis (sic et non). Las primeras sistematizaciones se deben a Anselmo de Laón (+ 1117) y a Pedro Lombardo (+ 1160), y se llaman Sententiae, en cuanto que presentan una colección de las principales posiciones de los Padres sobre las cuestiones más importantes. Estas colecciones allanaron el camino a las Summae, entre las que es especialmente importante la de Tomás de Aquino (+ 1274), discípulo de Alberto Magno (+ 1280). Junto con esta escuela, llamada a continuación tomista, floreció la franciscana con Alejandro de Hales (1180-1245), Buenaventura de Bagnoreggio (1221-1274) y Juan Duns Escoto (1266-

1308).

3. Período moderno y contemporáneo (siglos XVI-xx) - Es un momento caracterizado por la confluencia de varias experiencias y orientaciones teológicas. A finales de la Edad Media se agrieta la síntesis escolástica: tenemos el agustinismo exasperado de Lutero la tendencia antisistemática del nominalismo, la atención histórica del humanismo y del renacimiento, los comentadorés de santo Tomás como Capreolo (+ 1444), Cayetano (+ 1534) Francisco de Vitoria (+ 1546), Domingo Báñez (+ 1604), Francisco Suárez (+ 1617) y Juan de Santo Tomás (+ 1644) que insisten en el carácter especulativo-científico de la teología, y los místicos que, oponiéndose a la aridez de la teología oficial, no logran por otra parte crear síntesis válidas sobre las nuevas instancias que van surgiendo.

Entre el siglo XIX y el xx explotan todavía más sectorial entre los intereses: de las diversas disciplinas teológicas hasta la especializaciones capilares el diversos sectores y momentos de la investigación, que casi parecen haber pulverizado para siempre la capacidad de síntesis, a pesar de las honrosas excepciones de K. Rahner (1904-1986) y H. U. von Balthasar (1905-1988).

En la investigación teológica actual predomina una mayor severidad científica, debido entré otras cosas a las nuevas y más sólidas adquisiciones en el terreno filológico- lingüístico y a la confrontación no académica con la angustia y la situación del pueblo ( «teología de la liberación").

De todas formas, el cuadro actual, a pesar de algunos intentos de rigidez, es confortante por el estímulo que le dan al debate teológico el diálogo ecuménico y las numerosas Y sólidas experiencias espirituales, que piden una teología menos abstracta y más experiencial, que explica la afanosa búsqueda de las jóvenes generaciones, planteando incluso el interrogante de la validez de una teología, perdida a menudo por los rincones del academicismo, que para poder servir tiene que poner siempre en discusión sus métodos y su lenguaje.

Capítulo III Teoría General de Sistemas y la Teología

3.1. INTRODUCCIÓN BÍBLICA A LA TEOLOGÍA SISTEMÁTICA

“En Esencia, Unidad; En No Esencia Libertad; En Todo, Amor” (St. Agustin)

Os 4:6; Jn 5:39; 17:3; Hch 17:11; 2 Tim 1:13-14; 1 P 3:15-16; Jud 3

  • Convicciones Para Estudiar

Una Base Clara y Bíblica para las Doctrinas; Una Explicación Clara de las Doctrinas; Aplicación a la Vida; Un Enfoque al Mundo Evangélico; Esperanza Para un Progreso en Unidad Doctrinal; Entendimiento Urgente de Doctrinas en la Iglesia.

  • Razón De Estudiar

Se Relaciona con Otras Doctrinas; Aplicación a la Vida; Debemos Enseñar a otros Creyentes (Mat 28:20; 2 Tim 2:2). Tenemos una relación con Dios. La verdad y la experiencia se relacionan.

Lo que me has oído decir en presencia de muchos testigos, encomiéndalo a creyentes dignos de confianza, que a su vez estén capacitados para enseñar a otros. 2 Timoteo 2:2

  • Beneficios Del Estudio

Nos Ayuda Vencer Ideas Equivocadas; Nos Ayuda Hacer Decisiones Correcta; Nos Ayuda Crecer Como Creyentes (1 Tim 1:10; 6:3; Tit 1:1).

Si alguien enseña falsas doctrinas, apartándose de la sana enseñanza de nuestro Señor Jesucristo y de la doctrina que se ciñe a la verdadera religión. 1 Timoteo 6:3

  • Forma Del Estudio

Con Oración (Sal 119:18); Con el Poder del Espíritu Santo (1 Cor 2:14); Con Humildad (1 P 5:5); Con una Razón; Con la Ayuda de Otros (1 Cor 12:28; Ef 4:11-16); Para Obtener y Entender Los Pasajes Bíblicos; Con Regocijo y Alabanza (Sal 19:8; 119:14, 103, 111, 162). Con reverencia a la verdad (Jn 8:32, 36). Debemos querer aprender (Sal 119:11, 105). Debemos renovar nuestra mente (Rom 12:2). Debemos glorificar a Dios (Soli Deo GloriaRom 3:23; 8:18; 2 Cor 3:18; Fil 2:9-11; Rev 21:11).

  • Valor

Definiendo Palabras; Leer y Memorizar Escritura (Sal 19:7-14; 119:11, 105); Cantar Himno; Estudiar Biografías (Escritos de Otras Personas).

Necesitamos hacer preguntas. Debemos saber lo que creemos y porque.Debemos saber lo que creemos y porque.

Debemos saber lo que no creemos y porque no (con el uso de Confesiones de Fe, Catecismos, y Credos).

  • Un Fundamento

Hay 5 Doctrinas Esenciales para todo el que va a ser cristiano: La Biblia Como Palabra de Dios; Dios Trino (Revelado en Padre, Hijo, Espíritu Santo); Cristo (nació de la virgen María, murió, resucito, ascendió al cielo, regresará- Es 100% hombre y 100% Dios), Somos Salvos por Gracia, y Somos Justificados por Fe.

  • La Vida Cristiana

Tiene un comienzo (Jn 3:3, 7). Tiene una creencia (1 P 3:15-16; Jud 3). Todo creyente debe tener un buen comportamiento (Mat 22:37-40= debe amar a Dios sobre todas las

cosas y debemos amar al prójimo). Debemos crecer en Cristo (2 Cor 3:18). 1 Jn 5:13 debemos saber que somos creyentes (vs. Jn 20:31).

Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente. Mateo

22:37

  • La Ciencia De La Teología

Tiene una revelación (natural y sobrenatural- Sal 19:1-14= Dios se ha revelado). Tiene un propósito (que conozcan a Dios- Jn 17:3). Tiene una idea (amar a Dios y amar al prójimo- Mat 22:37-40). Tiene un fundador (Cristo- Mat 16:18).

  • Somos Peregrinos

“Nuestra Teología” (Antiguos Reformadores): Lo que se dice es distintivo a lo que Dios dice (es una copia- Lo que Dios escribe y dice es lo original. Nosotros podemos cometer errores en lo que creemos). La teología es una conversación con otros. Otros ya escribieron lo que ellos creían.

Estudiamos La Teología Con Cuatro Coordinaciones

Drama (la historia de Dios/ verbos o acciones), Doctrina (Dios revela cosas que ha hecho: Dios creó Su Iglesia, en Su Hijo, por Su Espíritu), Doxología (el drama y la doctrina provocan que nosotros adoremos a Dios), Discipulado (sabemos cómo vivir en este mundo).

  • Debemos Discernir (1 Tim 1:13; 6:4; 2 Tim 2:15)

Debemos saber distinguir. Debemos aprender a separar lo verdadero de lo falso. No podemos estar confundidos.

Esfuérzate por presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que interpreta rectamente la palabra de verdad. 2 Timoteo 2:15

  • Límites

Cuando no entendemos el contexto de la teología no nos podemos humillar. Cuando lo hacemos humanamente tenemos algo provisional y parcial. Cuando no entendemos la no tenemos una creencia teológica.

  • Lenguaje

Debemos usar el lenguaje. El lenguaje tiene sentido. El lenguaje teológico es personal (a Dios lo podemos conocer). El lenguaje teológico se puede verificar (debemos saber cómo usar el lenguaje. El lenguaje teológico puede llevarnos a discernir. El lenguaje teológico nos lleva a un compromiso.

3.2. Teología sistémica Veamos lo que algunos autores y profesores de Teología Sistemática dicen del tema:

“Teología sistemática es cualquier estudio que responde a la pregunta ‘¿Qué nos enseña toda la Biblia hoy?’ respecto a algún tema dado” – Wayne Grudem, Teología Sistemática

“La teología sistemática […] es el estudio ordenado y coherente de las principales doctrinas de la fe cristiana.” – R.C. Sproul, Todos Somos Teólogos: Una introducción a la teología sistemática

“La teología sistemática es la aplicación de la Palabra de Dios en todas las áreas de la vida de las personas” – John Frame, La Doctrina del Conocimiento de Dios

Nosotros podríamos querer estudiar algún tema y pensar “¿Qué enseña Dios sobre este asunto?”. Lo que tendríamos que hacer es estudiar la Biblia y ver qué es lo que enseña sobre ese tema en forma exhaustiva. Si hacemos esto, estamos organizando todo nuestro conocimiento en un sistema. Por lo tanto, estamos haciendo un estudio sistemático de ese tema.

Los cristianos reconocemos y creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, perfecta, inerrante, santa e infalible. Esta habla de muchos asuntos en distintas partes de ella. Sabemos que Dios es perfecto y que Él no se contradice a sí mismo. Por lo tanto, entendemos que la Biblia siempre es coherente y consistente en lo que enseña sobre distintos temas, es decir, aquello que la Biblia enseña puede ser estudiado sistemáticamente, debido a que existe en su contenido una coherencia y una consistencia. Este tipo de estudio requiere de gran capacidad dada por Dios para estudiar la Biblia.

A lo largo de la historia, muchas personas han logrado sistematizar distintas doctrinas bíblicas y muchas de las doctrinas que nosotros conocemos y asumimos, fueron realmente difíciles de sistematizar. Por ejemplo, a la Iglesia de los primeros siglos le costó mucho definir las doctrinas de la Trinidad y de la Encarnación de Cristo. Hoy en día todo cristiano debería poder articular la doctrina de la Trinidad sin mayores inconvenientes, pero en los primeros siglos, hubo grandes luchas sobre esa doctrina. La deidad de Cristo fue ratificada en el primer Concilio de Nicea, y fue defendida ferozmente por Atanasio de Alejandría.

Agustín de Hipona fue el más grande teólogo del primer milenio de la Iglesia y fue un gran sistematizador de la enseñanza Bíblica. Él enfrentó al hereje monje Pelagio, quien decía que el hombre no nace con el pecado original y que la gracia de Dios no es necesaria para que el hombre sea santo.

El reformador francés Juan Calvino fue uno de los sistematizadores más grandes de toda la historia de la Iglesia. Martín Lutero defendió con fervor las doctrinas de la

justificación sólo por gracia, sólo por medio de la fe en Cristo y de la Escritura como máxima autoridad para el creyente. Calvino fue un reformador de segunda generación. Él ya no enfrentaba los mismos problemas que Lutero. Además era de carácter calmo e

intelectual. Su obra más grande, “La Institución de la Religión Cristiana” es un

compendio de teología sistemática que ha enriquecido muchísimo a la Iglesia desde que

fue escrita.

Hoy en día sigue siendo necesario que nosotros estudiemos la teología sistemática para que podamos entender el sistema bíblico de enseñanza y podamos formar nuestra cosmovisión (forma de ver el mundo). Además, el estudio sistemático de la Escritura sigue siendo necesario, ya que los tiempos y las culturas cambian y necesitamos saber cómo aplicar la enseñanza bíblica a los tiempos actuales. Es por eso que surgen nuevos sistematizadores y también personas que se especializan en diversos temas. Algunas áreas de estudio de la Teología Sistemática clásica son:

Teología propiamente dicha: Es el estudio de Dios. Sus atributos, su carácter, su naturaleza

Cristología: Es el estudio de la persona de Jesucristo. Sus naturalezas, su vida y obra, sus oficios, etc.

Pneumatología: Es el estudio del Espíritu Santo. Sus funciones, su obra, etc. Antropología: Es el estudio del hombre

Hamartiología: (hamartia pecado) Es el estudio del pecado. Estudia la caída, el pecado original, etc.

Soteriología: (soterion salvación) Es el estudio de las doctrinas de la salvación. Cómo somos salvos, cuál es el rol de Dios en la salvación, cuál es el rol del hombre, cuáles son las bendiciones espirituales, etc.

Eclesiología: (Eklesia Iglesia) Es el estudio de la Iglesia. Formas de gobierno de la iglesia. La iglesia local. La iglesia Católica (es decir Universal), disciplina eclesiástica, etc.

Escatología: Es es el estudio de las últimas cosas. Estudia el fin de los tiempos. La resurrección, la segunda venida de Cristo, la glorificación de los santos, el estado intermedio, el infierno, el cielo, etc.

  • 3.3. Teología y filosofía

De todas las disciplinas de la investigación y el conocimiento humano, la que ha tenido una relación mayor con la teología a lo largo de la historia de la iglesia es la filosofía. El teólogo y el filósofo han sido con frecuencia compañeros de diálogo. Hay varias razones para esto, pero quizá la principal sea que tienen muchas cosas en común entre ellos. Por ejemplo, comparten algunos temas de estudio. Ambos tratan objetos que no se pueden ver o que van más allá de lo empírico, al menos en la formulación tradicional de la filosofía. Ambos están preocupados por los valores. Y ambos han enfocado al menos parte de su atención en los seres humanos. Esta coincidencia era particularmente cierta en los inicios de la historia de la filosofía antes de que sus muchos hijos abandonaran el hogar. Porque al principio muchos temas que ahora tratan otras disciplinas distintas eran parte de la filosofía. Una indicación de esta variedad son las obras de Aristóteles: matemáticas, psicología, ciencias políticas, etc. Uno a uno, sin embargo, estos niños maduraron e hicieron sus propias casas, donde formaron familias. Aunque la psicología, la sociología y otras ciencias del comportamiento hace tiempo

que dejaron el nido filosófico, todavía discuten el tema filosófico y teológico clave de la naturaleza y el propósito de la existencia humana, al menos en conexión con la ética. Y en un sentido u otro tanto la filosofía como la teología intentan dar un enfoque integrador a la realidad, algún entendimiento de la vida. Cuando la agenda es al menos en parte la misma, inevitablemente habrá algún tipo de intercambio.

“En Esencia, Unidad; En No Esencia Libertad; En Todo, Amor” (St. Agustin)

Localizar la teología (sistemática) en el mapa teológico.

Teología es un término ampliamente utilizado. Por tanto es necesario delimitar el sentido en que lo utilizamos aquí. En el sentido amplio de la palabra abarca todos los temas tratados en una escuela de teología. En este sentido, incluye temas tan diversos como Antiguo Testamento, Nuevo Testamento, historia de la iglesia, misiones, teología sistemática, filosofía de la religión, predicación, educación cristiana, ministerio pastoral y liderazgo, y la consejería. En un sentido más restringido, la palabra hace referencia a todos los aspectos que trata el carácter específicamente doctrinal de la fe cristiana. Aquí encontramos disciplinas como la teología bíblica, la teología histórica, la teología sistemática y la teología filosófica. Esto es teología contrastada con la historia de la iglesia como institución, la interpretación del texto bíblico o la teoría y práctica del ministerio. Dentro de este conjunto de temas teológicos (teología bíblica, teología histórica, etc.), podemos aislar la teología sistemática en particular. Es en este sentido en el que utilizaremos la palabra teología de ahora en adelante en esta obra (a menos que se diga específicamente lo contrario). Finalmente dentro de la teología sistemática hay distintas doctrinas, como la bibliología, la antropología, la cristología y la teología propiamente dicha (o doctrina de Dios). Para evitar la confusión, cuando hablemos de la doctrina que hemos mencionado

en último lugar, utilizaremos la expresión “doctrina de Dios”. La figura 1 puede resultar

útil para visualizar estas relaciones.

en último lugar, utilizaremos la expresión “doctrina de Dios”. La figura 1 puede resultar útil para
  • 3.4. Teología sistemática y teología bíblica

Cuando investigamos la relación entre la teología sistemática y otras disciplinas doctrinales, notamos que hay una relación estrecha entre la teología sistemática y la bíblica. El teólogo sistemático depende del trabajo y las perspectivas de los obreros del viñedo exegético. Es necesario distinguir tres sentidos en la expresión “teología bíblica.” La teología bíblica se puede considerar como el movimiento que surgió con este nombre en los años cuarenta, floreció en los cincuenta y declinó en los sesenta.

Este movimiento tenía muchas afinidades con la teología neoortodoxa. Muchos de sus conceptos básicos fueron criticados severamente, en especial por James Barr en The Semantics of Biblical Language. El declive del movimiento de teología bíblica ha sido documentado por Brevard Childs en su Biblical Theology in Crisis Ahora parece que,

a pesar de su nombre, el movimiento no fue siempre especialmente bíblico. De hecho, a veces fue bastante no bíblico.

Un segundo significado de la teología bíblica es el contenido teológico del Antiguo y Nuevo Testamento, o la teología que hay en los libros bíblicos. Según este uso, hay dos enfoques a la teología bíblica. Uno es el puramente descriptivo que defiende Krister Stendahl. Esto es simplemente una presentación de las enseñanzas bíblicas de Pablo, Juan y otros autores del Nuevo Testamento. Como describe sistemáticamente las creencias religiosas del siglo primero, puede ser considerada una teología sistemática

del Nuevo Testamento. (Los que ven una mayor diversidad podrían hablar de “teologías del Nuevo Testamento”). Esto es lo que Johann Philipp Gabler llama teología bíblica en el sentido amplio o “verdadera” teología bíblica. Gabler también habla de otro enfoque, llamémosle teología bíblica “pura,” que es el aislamiento y la presentación de las

enseñanzas bíblicas que son válidas para todos los tiempos. En este enfoque, estas enseñanzas han sido depuradas de los conceptos contingentes con que se expresaron en la Biblia. Hoy podríamos llamar a esto la distinción entre teología bíblica descriptiva y teología bíblica normativa. Sin embargo, tenga en cuenta que ninguno de estos enfoques es teología dogmática o sistemática, ya que no se intenta contemporizar o expresar estos conceptos inmutables de forma que se puedan entender en nuestros días. Brevard Childs ha sugerido que esta es la dirección hacia la que debería ir la teología en el futuro. Es este segundo significado de teología bíblica, en el sentido

“verdadero” o “puro,” el que tendremos en mente cuando aparezca el término “teología

bíblica” en este volumen. Un significado final de la expresión “teología bíblica” es simplemente la teología que es bíblica, esto es, basada en la Biblia y fi el a sus enseñanzas. En este sentido, la mejor teología sistemática sería teología bíblica. No sólo está basada en la teología bíblica; es teología bíblica. Nuestro objetivo es la teología

bíblica sistemática. Nuestro objetivo es la teología bíblica “pura” (en el segundo

sentido) contemporizada. La teología sistemática se basa en la obra del teólogo bíblico. La teología bíblica, por así decirlo, es la materia prima con la que trabaja la teología sistemática.

3.5. Teología sistemática y teología histórica

Si la teología del Nuevo Testamento es la teología sistemática del siglo primero, la teología histórica estudia las teologías sistemáticas que mantuvieron y enseñaron los distintos teólogos a lo largo de la historia de la iglesia. Hay dos maneras principales de organizar la teología histórica. Una podría ser mediante el estudio de la teología de u n tiempo en concreto o un tipo de teología o escuela teológica con respecto a distintas áreas de doctrina. Por tanto, la teología de cada siglo o de cada periodo principal debería ser examinada de forma secuencial. A esto se le podría llamar enfoque sincrónico. El otro enfoque es seguir los pasos de la historia del pensamiento de una doctrina en concreto (o de una serie de ellas) a lo largo de la vida de la iglesia. Este podría ser denominado enfoque diacrónico. Se podría examinar por ejemplo, la historia de la doctrina de la expiación desde los tiempos bíblicos hasta la actualidad. De la misma manera se podría investigar la doctrina de la iglesia. A este último método de organizar el estudio de la teología histórica a menudo se le denomina historia de las doctrinas, mientras que a la primera se la suele denominar historia del pensamiento cristiano. El teólogo sistemático encuentra valores significativos en el estudio de la teología histórica. Primero, nos hace más conscientes de nosotros mismos y más autocríticos, más conscientes de nuestras propias presuposiciones. Todos damos una perspectiva particular al estudio de la Biblia (o de cualquier otro material) que está muy influida por la situación histórica y cultural en la que hemos crecido. Sin ser conscientes de ello, pasamos todo lo que pensamos a través del filtro de nuestro

entendimiento (o “preentendimiento”). Una interpretación ya entra a través de la

percepción. La pregunta es: ¿Cómo podemos controlar y canalizar este preentendimiento para evitar que distorsione el material con el que estamos trabajando? Si somos conscientes de nuestras presuposiciones, podemos tratar de compensar de forma consciente esta tendencia. Pero ¿cómo sabemos que nuestra manera de entender algo es nuestra manera de percibir la verdad y no la verdad en sí? Una forma de hacer esto es estudiar las distintas interpretaciones y declaraciones hechas en distintos tiempos

de la vida de la iglesia. Esto nos muestra que hay maneras alternativas de ver el asunto. También nos hace sensibles a la manera en que la cultura afecta a nuestra manera de pensar. Es posible estudiar las formulaciones cristológicas de los siglos cuarto y quinto y reconocer la influencia que tuvo la metafísica griega en el modo de desarrollar las categorías. Uno puede hacerlo sin darse cuenta de que nuestra propia interpretación de los materiales bíblicos sobre la persona de Cristo (y nuestra propia interpretación de la cristología del siglo cuarto) sufre una influencia similar de nuestro entorno intelectual actual. Si no nos damos cuenta de eso, seguramente e s porque sufrimos de miopía intelectual. Observando cómo in fluyó la cultura en el pensamiento teológico en el pasado nos deberíamos dar cuenta de lo que nos está sucediendo ahora. Un segundo valor de la teología histórica es que podemos aprender a hacer teología estudiando cómo otros la han hecho en el pasado. La adaptación de Tomás de Aquino de la metafísica aristotélica para exponer la fe cristiana puede resultar instructiva para saber cómo emplear las ideologías contemporáneas para expresar los conceptos teológicos hoy en día. El estudio de cómo hacían teología un Calvino, un Karl Barth o un Agustín nos ofrece un buen modelo y nos debería servir de inspiración. Un tercer valor de la teología histórica es que puede proporcionar un medio para evaluar una idea en particular. A menudo resulta difícil ver las implicaciones de un determinado concepto. Sin embargo,

con frecuencia las ideas que parecen tan novedosas hoy en realidad tuvieron sus precursoras en etapas anteriores de la vida de la iglesia. Intentando evaluar las implicaciones del punto de vista de los Testigos de Jehová sobre la persona de Cristo, uno podría examinar el punto de vista de Arrio en el siglo cuarto y ver a donde condujo en ese caso. La historia es el laboratorio de la teología, en el cual se comprueban las ideas que adopta o que piensa adoptar. Los que no aprenden del pasado, como dijo George Santayana, están condenados a repetirlo. Si examinamos con cuidado algunas de nuestras “nuevas” ideas a la luz de la historia de la iglesia, nos daremos cuenta de que son formas nuevas para conceptos antiguos. No es necesario comprometerse con un punto de vista cíclico sobre la historia para estar de acuerdo con lo que dice el autor de Eclesiastés de que no hay nada nuevo bajo el sol ( Ecl. 1:9).

3.6. Teología sistemática y teología filosófica

La teología sistemática también utiliza la teología filosófica. Los teólogos creen que la filosofía o la filosofía de la religión puede contribuir de tres mane-ras diferentes a la teología: la filosofía puede (1) proporcionar contenidos a la teología; (2) defender la teología o establecer su verdad; (3) examinar a fondo sus conceptos y argumentos. En el siglo veinte, Karl Barth reaccionó vigorosamente contra el primero de estos tres puntos de vista, y bastante en contra del segundo. Su reacción estaba dirigida hacia u n tipo de teología que se había convertido virtualmente en una filosofía de la religión o teología natural. Al mismo tiempo, la influyente escuela de filosofía analítica restringía su trabajo al tercer tipo de actividad. Es aquí donde la filosofía tiene su mayor valor: el escrutinio del significado de los términos e ideas empleados en la teología, la crítica de sus argumentos y la clarificación del mensaje. A juicio de este autor, la filosofía, desde un punto de vista restringido, también realiza la segunda función sopesando las afirmaciones que expresa la teología y ofreciendo parte de la base para aceptar el

mensaje. Por tanto la filosofía puede servir para justificar en parte la tarea en la que se encuentra la teología. Aunque la filosofía, junto con otras disciplinas del conocimiento, puede aportar algo de la revelación general a la comprensión de los conceptos teológicos, esta contribución es relativamente poco importante si la comparamos con la revelación especial que tenemos en la Biblia.

mensaje. Por tanto la filosofía puede servir para justificar en parte la tarea en la que

3.7. Diferentes Sistemas en la Teología:

La Teología es el estudio de Dios. Debemos conocer que existen diferentes Sistemas Teológicos que no armonizan ni corresponden al conocimiento de Dios según se nos revela en la Biblia. Algunos de los sistemas más conocidos son los siguientes:

mensaje. Por tanto la filosofía puede servir para justificar en parte la tarea en la que

Deísmo. Este sistema reconoce que hay un Dios, pero niega que Dios sustente o

sostenga la creación. Para ellos, “Dios es el Creador, pero no el Sustentador."

  • Ateísmo. Aquellos que sostienen esta llamada creencia, excluyen a Dios en toda manera.

  • Escepticismo.

Escépticos e infieles, están llenos de dudas y descreen de Dios,

especialmente del Dios que se ha Revelado a Sí mismo.

  • Agnosticismo. Esta escuela de pensamiento no niega a Dios, pero niega que Dios pueda ser conocido.

  • Panteísmo. Para ellos, todo es Dios y Dios es todo. Cada cosa que vemos es Dios. Dios está en todo. Dios y creación serían sinónimos.

  • Politeísmo. Esta es la creencia en muchos dioses. Habría varios dioses sobre nosotros; y sobre ellos tendrían otros dioses, y así sucesivamente.

  • Triteísmo. Esta es la creencia en tres Dioses.

  • Dualismo. Esta es la creencia en dos Dioses; un Dios que es bueno, y un Dios que es malo. Ellos son co-iguales en poder y persuasión.

  • Teísmo. Es la creencia en la existencia de un Dios personal. Disertar sobre esto sería en vano, porque cada persona debe tener y saber quién es Dios, cuál es su nombre, a fin de confiar en él. Cada cual tiene y conoce su propio Dios personal, y nadie podría enseñarle o cuestionarle a cerca del mismo.

  • Monoteísmo. Es la doctrina sobre la existencia de un solo Dios. Nosotros somos monoteístas. Los judíos y los mahometanos también. Si eso es cierto, ¿son ellos salvos? ¡No! La Biblia dice: “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.” (Santiago 2:19) y sabemos que los demonios no son salvos. Creer que Dios es uno no es suficiente, Jesús dijo: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos." (Mateo 7:21)

3.8. LA TEOLOGÍA Y SU EPISTEMOLOGÍA La teología tiene, en nuestro contexto, una doble finalidad: (a)

3.8. LA TEOLOGÍA Y SU EPISTEMOLOGÍA

La teología tiene, en nuestro contexto, una doble finalidad: (a) un sentido de saber que impulsa la vida y que asume la dimensión espiritual y afectiva como horizonte de la existencia; (b) estudiar sistemáticamente el acontecimiento de Dios en la historia, normativizado en la revelación cristiana, que exige de las comunidades fe y responsabilidad con su propio presente. Para clarificar su propia naturaleza la teología debe tener en cuenta el fundamento de la verdad eterna y los acontecimientos propios de la historia de los pueblos. Cuando Dios se revela en la historia suscita también la fe como la capacidad de desentrañamiento y de respuesta por parte del hombre. Respuesta que no es unívoca sino que se manifiesta de diversas maneras de acuerdo con la necesidad y la lógica propia de la cultura. Wolfhart Pannenberg, en su Teología sistemática, afirma que la revelación del Antiguo Testamento puede tomar una de las varias formas de lenguaje a través de las mediaciones semánticas, del encuentro de Dios

con los patriarcas, de la revelación del nombre de Dios a Moisés, de la expresión de la voluntad de Dios en el Decálogo, de la inspiración de los profetas (Pannenberg, 1992: 222-226). Igual sucede en el Nuevo Testamento. Según E. Schillebeeckx, existen diversas perspectivas con las que se enfoca el conocimiento de Jesús que dan lugar a diferentes cristologías: las de la parusía, las sapienciales, o las pascuales “cada una de las cuales se funda en determinadas facetas de la vida terrena de Jesús” (Schillebeeckx, 1981: 373).

Esta pluralidad teológica tiene como principio de unidad la fe. Esto quiere decir que la teología se encuentra en una constante redefinición de su quehacer, que plantea diferentes perspectivas teológicas y métodos. En consecuencia, ningún modo de hacer teología puede ser absolutizado; sólo se puede considerar como una mediación contextualizada para acceder al misterio de Dios. De igual forma, existen diferentes aproximaciones al concepto de teología en la historia de nuestra cultura. Indiquemos algunos: la teología como inteligencia de la fe; la teología como reflexión crítica sobre la praxis histórica; la teología como saber sistemático, metódico y crítico de la acción de Dios en la historia humana. Es la teología fundamental la que ha de proporcionar la base metodológica para que desde su objeto se determine el horizonte y la estructura interna del discurso teológico. En otras palabras, se trata de una tarea de hermenéutica teológica (Peukert, 2000: 7). Esta presentación obliga a asumir una postura conceptual aproximativa frente a la pregunta de qué es y cómo se hace teología. En este estudio se entiende la teología como una hermenéutica crítica y simbólica de la realidad humana y social a la luz de la revelación cristiana para la liberación integral del ser humano y de la sociedad. Esta definición integra las tres funciones especializadas de la teología, como las llama Alberto Parra: la función kerigmática, la función histórico- hermenéutica y la función social liberadora (Parra, 1996: 47-53). El eje articulador de

vínculo es el método hermenéutico común y la finalidad es la liberación integral del hombre en cuanto es posible de realizar y vivir por la gratuidad del amor revelado y por la fe testimoniada (Parra, 1996: 58). La teología es disciplina científica si cumple con dos requisitos fundamentales. Primero, que las mediaciones de las que se valga sean ellas mismas de tal consistencia y rigor que hagan parte del ámbito del debate universitario. Las mediaciones de la razón y la historia en la teología se hacen evidentes con los diversos estudios teológicos que desarrollan metódicamente y exponen sistemáticamente los contenidos del mensaje cristiano. Segundo, que la teología tenga claridad frente a su objeto y el método para llegar al mismo, de tal manera que la unidad de objeto y método garantice la unidad del saber teológico, y éste sea asegurado por la racionalidad o luminosidad de Dios, a quien se le busca en su revelación en la historia humana. Además, por el dinamismo de la misma revelación, las realidades divinas se reflejan en las realidades humanas de manera recurrente y sinérgica como sucede en la encarnación: Dios mismo se manifiesta en lo humano (Pannenberg).

Para aproximarnos a esta manifestación es necesario lo hermenéutico. Por eso, más allá del debate entre ciencias duras y blandas planteado por la modernidad a partir de la objetividad y del positivismo, la teología se podría ubicar entre las ciencias hermenéuticas porque esta perspectiva permite conservar su carácter interdisciplinar. De ahí que cuando se plantea la cuestión del estatuto epistemológico de la teología sea necesario considerar el tipo de racionalidad que le corresponde y los elementos básicos que la constituyen. Estos elementos son cuatro: lo crítico, lo social, lo simbólico y lo evangélico. Lo crítico, porque es necesario pensar críticamente la fe y ser consciente de la carga ideológica de toda postura humana. Lo social es relevante en la medida en que forma parte integrante de la identidad cristiana;

componente que se define por la praxis histórica de las personas y de los pueblos. Además, lo simbólico porque expresa con mayor profundidad la experiencia de Dios desde la condición humana (Heb 4, 12); experiencia que no es unívoca, sino polisémica. Finalmente, lo evangélico porque es la forma de reivindicar la Palabra eterna de Dios que se revela en la historia humana, Palabra que genera nuevos dinamismos en el lenguaje humano y en las estructuras semánticas y epistémicas para reproducir ese lenguaje. Para hacer teología hoy es necesario considerar que la teología es fundamentalmente una hermenéutica crítica de la acción de Dios en la propia existencia y exige como respuesta una fe liberadora. Se reitera que la teología tiene como texto normativo la Sagrada Escritura y como texto desafiante la historia, historia que lanza nuevas preguntas al quehacer teológico; y teología que interpela las situaciones de indignidad que viven los seres humanos y que van en contra del proyecto de Dios. Según la expresión habermasiana de conocimiento e interés todo conocimiento tiene unos intereses pragmáticos y unos intereses ideológicos que se evidencian en Occidente con repercusiones negativas para la propia vida personal y el proyecto de humanidad. Al considerar sólo la racionalidad instrumental y pragmática propia de la ciencia y la tecnología, se olvida la racionalidad moral propia de la reflexión ético-política y la racionalidad simbólica propia de la reflexión religiosa, teológica y antropológica. De igual forma, se experimentan en el mundo actual fenómenos sociales que desvirtúan lo humano. Fenómenos como la masificación, la cosificación, la alienación, la indiferencia y el individualismo; fenómenos que no llevan al progreso social y moral de las personas sino a su decadencia (Lonergan,1988:

33-60). Precisamente al considerar la teoría general de las ciencias propuesta por Jürgen Habermas (1982) es válido situar la teología en sus realidades, intereses y métodos desde los que se comprende a sí misma, como reflexión creyente para la

trasformación de la historia, entendida ésta como una historia de salvación. De ahí que “la teología se comprende dentro de las ciencias humanas, ciencias del espíritu o ciencias hermenéuticas. Allí define más a gusto los campos de sus textos y de sus contextos” (Parra, 1997: 79). Por tanto, es ciencia sui generis, precisamente porque su fundamento es la fe revelada, de donde surgen como principios la revelación, como principio objetivo, la fe como principio subjetivo, y un sujeto comunitario que es la Iglesia. Su racionalidad habla de un Dios crucificado como amor agente actuando en la historia y en el hombre, no de un Dios metafísico que se piensa a sí mismo y alejado de la historia. Desde esta perspectiva, la “teoría de la acción comunicativa” se ha convertido en el polo de convergencia de los problemas metodológicos de la teología y de la teoría de la ciencia” (Peukert, 2000: 307). Estas ideas comparten la tesis clásica, de que el lugar social que cada persona ocupa en un sistema establecido determina decisivamente el lugar epistémico a partir del cual se interpreta y valora la realidad (Boff, 1980: 300-310; Castillo, 1999:33).

El punto de partida de la teología será siempre la praxis histórica expresada de diversas maneras a partir de “signos, símbolos, monumentos históricos y de tradición, situaciones sociales, coyunturas históricas, grandezas y miserias” (Parra, 1997: 57). El criterio definitivo de la interpretación es el Evangelio. El punto de llegada de la teología como reflexión crítica, como hermenéutica simbólica de la praxis histórica a la luz de la revelación no es tanto un saber cómo un hacer liberador (Mt 25). Según esto, para hacer teología hoy es necesario tener una nueva mirada sobre la realidad, donde el “lugar social” no es un añadido sino un elemento articulador para la teología, porque en los pobres y desde su exclusión se expresa una situación epistémica que capta, asimila y vive la verdadera imagen de Dios. En este sentido, retomamos el planteamiento de Jon Sobrino:

El mundo de los pobres es una realidad que da que pensar, es una realidad que capacita a pensar; y es una realidad que enseña a pensar. Por supuesto, y sobre todo, a pensar en Dios. (Castillo, 1999: 35)

En relación con el proyecto de la modernidad, MacPherson afirma que éste se caracteriza por un individualismo posesivo, en contraste con el proyecto cristiano que postula a la praxis de la solidaridad como eje de una nueva humanidad y una manera nueva de hacer teología cuestionando las propias creencias y saberes de los seres humanos. Porque lo que define el discurso teológico no es el aparato crítico sino la praxis evangélica, que mantiene viva la novedad de la Palabra (González, 2003: 15-16). De ahí que sea necesario tener en cuenta el lenguaje para la constitución de una praxis evangélica coherente.

3.9. LA TEOLOGÍA, UNA HERMENÉUTICA ENTRE LO SIMBÓLICO Y LO SOCIAL

“Somos hoy esos hombres –afirma P. Ricoeurque no han concluido de

hacer morir los ídolos y que apenas comienzan a entender los símbolos

...

(1987: 26).

Como bien se sabe, el símbolo y toda su estructura de significación han sido arrinconados por el pensamiento moderno, en aras de la evidencia y de la claridad. Sólo hasta el siglo XX se ha vuelto a recuperar su carácter desbordante y profundo para comunicar una realidad, que si sólo expresáramos conceptualmente quedaría mutilada e inservible. La realidad divina no se deja aprehender por las teorías teológicas o sociológicas: va más allá de éstas y nos lanza a la vida y a la cotidianidad concreta. Lo simbólico, en últimas, nos permite pensar lo más profundo de la reflexión teológica. Bastaría con echar una ojeada por los evangelios y otros textos de la Escritura para comprobar la función del símbolo al expresar realidades divinas en lenguajes entendibles y comprensibles para cualquier persona; sin embargo, lo que no es tan

claro en el mundo de hoy es el compromiso de los creyentes ante este mensaje de liberación. Si entendemos la teología como una hermenéutica simbólica y crítica desde la fe en la persona de Jesús de Nazaret, podemos asumir que este conocimiento se expresa mejor en una praxis de seguimiento. Praxis que conlleva el principio de alteridad y de individualidad: alteridad, en cuanto establece relaciones humanas que se entienden como una comunión personal en el amor y el conocimiento; individualidad por cuanto el hombre no puede dar cuenta absoluta del otro desde su propia condición. Lo anterior lo vemos ejemplificado en la resurrección de Jesús. La verdad teológica de ella expresa en términos histórico-escatológicos cómo Dios reivindica a su propio Hijo ante los ojos de los hombres y cómo este potencial liberador que experimenta Jesús es una forma también de reivindicar a las víctimas y excluidos de este mundo. Así, pues, la Palabra, “el Verbo” de Dios al encarnarse en nuestra historia y en nuestro lenguaje puede ser comprensible y tener sentido para nuestro

3.10. LA TEOLOGÍA ¿UN NUEVO PARADIGMA O UNA FORMA DE CRISIS DE TODO PARADIGMA?

Para poder analizar la evolución del pensamiento teológico se asume la categoría de paradigma, que nos permite entender cómo en una ciencia se mantiene lo fundamental abordando modelos explicativos que dan cuenta de los momentos, fenómenos y circunstancias histórico-sociales. Esta categoría se entiende como un patrón básico de pensamiento, como un esquema funda- mental de comprensión, como un modelo global que permite solucionar ciertos problemas y situaciones de conflicto de modo satisfactorio en una determinada comunidad global (Kuhn, 1986:

51ss).

Así, cuando se habla de paradigma se piensa en su carácter provisional y no excluyente de otras posibilidades, pues la realidad es percibida desde una mediación subjetiva y por

tanto, relativa; cuando un modelo de interpretación ya no explica responsablemente la realidad se pasa a un período de incertidumbre que jalona el surgimiento de un nuevo modelo de interpretación, modelo que es indispensable para que se disuelva el anterior (Küng, 1989:122). En efecto, se trata de un doble movimiento en el progreso del desarrollo teórico de la ciencia: profundización en los propios fundamentos y apertura respecto de las exigencias del mundo actual (Küng, 1989: 96-97). El Evangelio es el principio de este doble movimiento de continuidad y discontinuidad (Küng, 1989:

132).

Es importante aclarar que en esta investigación se asume la categoría paradigma, y compartimos la clasificación que hace el teólogo latino-americano João Batista Libanio. Sin embargo, es necesario considerar también como referente explicativo la reflexión de Juan José Tamayo en su libro Nuevoparadigma teológico, en el que utiliza la categoría “horizontes” como una perspectiva significativa en la constitución de un nuevo paradigma.

La propuesta de clasificación de Libanio sobre cómo la teología ha entendido su identidad epistemológica a lo largo de la historia en Occidente es la que presentamos de manera sintética a continuación.

Primero, el paradigma de lo sagrado. La teología se entiende “cómo ciencia de las cosas, realidades y experiencias sagradas, en oposición al mundo profano de las realidades cotidianas” (Libanio, 1999: 38). Se plantea el problema fundamental de la naturaleza misma de los seres y el sentido de la experiencia religiosa.

Segundo, el paradigma gnóstico-sapiencial propio de la patrística, del mundo bíblico y de la escolástica. Es un saber cuya práctica continua lleva a la experticia y a la vez a la vida piadosa y feliz: felicidad salvífica. Es de corte simbólico.

Tercero, el paradigma del ser-esencia. Se da en una perspectiva meta-físico-ontológica que elimina el elemento histórico. Es de corte filosófico-aristotélico. Expresa una dualidad de principios irreductibles en las categorías ser y esencia. No da cuenta de la subjetividad de la experiencia existencial.

Cuarto, el paradigma de la subjetividad, intersubjetividad, existencia. Produce un viraje hacia lo antropológico. Ya no se va a preguntar por la esencia de la revelación, sino por su significación y sentido para el hombre actual. La experiencia como categoría entra a ser tenida en cuenta en la reflexión teológica como elemento esencial.

–Quinto, el paradigma de la historia. Las categorías “praxis” e “historia” se toman en el ámbito teológico como formas de pensar lo real. Rompe el esquema objetivista del determinismo de la ciencia y de la técnica sobre la vida humana. La historia gira en torno al hombre y su acción, no a la de Dios, y aparece la relación entre misterio de Cristo e historia.

Sexto, el paradigma de la praxis. La praxis es el punto de partida y de llegada de la reflexión teológica. Desarrolla el lado conflictivo, crítico, transformador de la modernidad. Historia y praxis no sólo humanizan la revelación resaltando la responsabilidad del ser humano, sino permiten abordar problemas que desde los discursos teológicos anteriores quedaban en lo abstracto de la reflexión sobre la vida de la humanidad.

Séptimo, el paradigma del lenguaje. Trata de dar cuenta del aspecto comunicativo, reconciliador y armónico de las sociedades en la búsqueda de la verdad, en el que la revelación genera la posibilidad de establecer consenso sobre ella misma, puesto que es una acción comunicativa de Dios (Rahner).

Octavo, el paradigma de la narración. Posibilita escuchar la narración original del acontecimiento Jesucristo y volverlo a contar al hombre y a la mujer de hoy. Trata de superar lo informativo y anecdótico para llevar a una toma de posición frente al acontecimiento de la salvación del ser humano mediante la experiencia de “memorial”.

Noveno, el paradigma de la holística. El principio unificante se ubica en la experiencia, la intuición, la sensibilidad hacia la vida. Es todo lo que existe coexiste y preexiste, subsistiendo en un tejido inacabable de las relaciones omnicomprensivas. Una religión universal alrededor de un concepto muy amplio de Dios y de la vida.

Este paradigma, como punto de encuentro de los anteriores abre la posibilidad de pensar los problemas teológicos de manera diferente, ampliando los horizontes para la comprensión de la revelación en un diálogo abierto con otras experiencias religiosas.

En este tercer milenio se vislumbra la posibilidad de pensar la construcción de la identidad cristiana dentro de la dinámica relacional, en el reconocimiento de la alteridad, del otro en su horizonte de existencia (Texeira,1999: 117). El imperativo del diálogo en un mundo plural pone en el escenario del debate teológico “el inclusivismo y el pluralismo” como elementos funda- mentales. Se opone la hasta ahora muy clara beligerancia exclusivista, tanto en el catolicismo como en el protestantismo, como resultado de la postura de la modernidad frente a la “Verdad”, que era exclusiva y excluyente. El pluralismo para el teólogo implica actitudes muy importantes de conciencia, de libertad responsable, de espíritu humilde de investigación, de respeto a las posiciones diversas y de apertura ecuménica dentro del cristianismo y fuera de él. En todos los paradigmas la fe es el principio estructurador de lo teológico, y la lectura crítica y liberadora de ésta en relación con las angustias y necesidades que sufren las personas y pueblos es su finalidad. Es importante descubrir que la teología tiene como núcleo fundamental las relaciones entre Dios y la humanidad, la creación del

universo en relación con el hombre y la salvación del mismo por Dios. Además, hay que tener en cuenta que el destinatario de la teología (de la interpretación de la Palabra de Dios) siempre es el ser humano, quien no es un ser abstracto, sino histórico y contextualizado cultural y socialmente. Lo anterior permite tener clara conciencia de que la teología nunca debe convertirse en un sistema cerrado, sino que debe estar en permanente crisis, lo que supone una constante búsqueda: “una teología siempre en proyecto y en estado de reforma”. Se requiere, por tanto, de un “estilo” teológico, que según Hans Küng debe conservar lo siguiente: ser una ciencia capaz de ser entendida por los no creyentes, lo cual implica un esfuerzo en el empleo del lenguaje; no centrarse simplemente en la fe o en una apología de posturas eclesiásticas, sino en la búsqueda de la verdad que implica diálogos y polémicas objetivas; ser interdisciplinaria y entrar en diálogo con otros saberes sin pretensión a priori de universalidad; dar prioridad a los problemas del hombre y de la sociedad en el tiempo presente. La norma normante de toda teología será siempre el Evangelio interpretado a la luz de un método riguroso. Así, la teología debe estar en relación con la vida y sus exigencias éticas, es decir, implica una praxis de liberación en favor de comunidades concretas. En relación con el objetivo general de esta investigación que es analizar la estructura propia de la teología para posibilitar la eficacia de su enseñabilidad en la formación universitaria y afrontar los desafíos que la sociedad imponeasumimos con el investigador y pedagogo Rafael Flórez Ochoa el concepto de enseñabilidad como constitutivo de la manera como se hace y se entiende la ciencia hoy y referido a la matriz epistémico-cultural que permite la comunicación de un conocimiento nuevo, no sólo como resultado investigativo sino como la presentación organizada de un conocimiento en un artículo, monografía o exhibición cualquiera ante una comunidad académica (2000: 75-106). Esto tiene consecuencias

específicas para la teología, porque el desafío que ella tiene es poner en categorías significativas y comprensibles la entraña misma del Evangelio, que es la persona, el proyecto y la praxis de Jesús de Nazaret. En este sentido, creemos con Jon Sobrino– que el Reinado de Dios es lo “metaparadigmático” de la historia, capaz de cuestionar los paradigmas que se van decantando en la historia de Occidente. Finalmente, el cristianismo surge de una experiencia de amor y de gratuidad de Dios hacia la humanidad; se constituye como un saber y una praxis para ser compartida y proclamada por el mundo porque genera gozo y esperanza en los que la reciben. Esta experiencia de fe es la entraña misma del Evangelio, entendida como misericordia y libertad desde Jesús de Nazaret. Esta experiencia es comprensible, argumentable, comunicable y por tanto enseñable a otros con el testimonio y la palabra. Sin embargo, esta experiencia de fe en cuanto enseñable a los otros, siempre será parcial y provisional porque no podrá agotar completamente el misterio de Dios comunicado en la persona de Jesús de Nazaret, con la fuerza vivificante del Espíritu Santo. De ahí que comprometa al teólogo y a todo creyente maduro a asumir actitudes fundamentales para su estudio y enseñanza: pasión por la fe expresada desde la vida, amor por todo lo humano, reverencia y sentido ante el misterio, en diálogo serio con otras disciplinas del conocimiento y compromiso con la sociedad, particularmente, con los más pobres.

Conclusiones

He llegado al final de este trabajo, haciendo énfasis en que los temas que son de

mucha importancia, por lo tanto este documento nos ha servido para entresacar las ideas más relevantes, de los temas que se ha tratado aquí. También es bueno que cada lector de teología tenga estos principios, para documentarse de una mejor manera, insto a todos y cada uno de los estudiantes para que se prepare para tener en claro los temas que se han tratado en este trabajo. La importancia del tema de la apologética, es para que tengamos bases para poder debatir las ideas de otros que no sabemos de dónde vienen sus ideas. Teología como sistema nos ayuda a entender la forma coherente, ordenada y racional presentación de la fe y creencias cristianas, inherentes a un sistema de pensamiento teológico que se desarrolla con un método, que puede aplicarse tanto en lo general y como en lo particular.