Sei sulla pagina 1di 21

Parte de las cuantiosas sumas de dinero que ingresaban no se invertían en

mejorar la atención de los usuarios. Luego, cuando varios de los afiliados


del Seguro Social y de las otras EPS se empezaron a quejar, Carlos
Palaccino, gerente de Saludcoop, creó una estrategia para que estos
usuarios se pasaran a esta prestadora de salud. Palaccino se la jugó por el
régimen contributivo. Los usuarios pagaban por los servicios de atención.

Te puede interesar: Caso Saludcoop: Cuatro años y ningún culpable

El emporio se hacía cada vez más fuerte. Palaccino inauguró la primera


clínica de alta complejidad en Bogotá, la Jorge Piñeros Corpas, en 1998.
Luego, en los siguientes 10 años, Carlos Palaccino se encargó de construir 30
entidades más, entre ellas Cafesalud y Cruz Blanca, además de laboratorios,
equipos hospitalarios, clínicas y cooperativas.

Pero el Gobierno le pondría un ‘tate quieto’ a las entidades prestadoras de


salud, en 2007, con la Ley 1122. En ella se estableció un porcentaje del 30% a
la integración vertical, así que dos años más tarde se vendieron cerca de 257
clínicas para cumplir con la normatividad.

Pero, para evitar que Saludcoop decayera financieramente, Palaccino halló la


mina de oro en la cuenta de compensación del Fosyga. Allí, donde se hallaban
los aportes que los trabajadores realizaban para cubrir situaciones médicas que
el Plan Obligatorio de Salud, POS, no cubría, Palaccino implementó el
recobró de medicamentos y procedimientos médicos por sumas
exageradas.

Cuando se descubrió la base financiera de este conglomerado, Palaccino se


retiró de la dirección de la entidad y, mientras enfrentaba un proceso penal en
2013, la EPS entró en liquidación. Para ello se nombraron unos interventores,
entre ellos estaba Guillermo Grosso.

Resumen:

La demanda penal por defraudación contra el cartel de las EPS duerme el sueño de los
justos. El fiscal general de la Nación, encargado de investigar el robo, hizo contratos
con Saludcoop por más de 5 mil millones de pesos. Está comprobado que, con la Ley
100, el sistema de salud de Colombia no tiene arreglo. Según la Contraloría, el Minsalud
ha incumplido lo ordenado por la Corte Constitucional sobre la UPC. Sigue habiendo
corrupción con los recobros del Fosyga. Más de 6 billones les deben las EPS a hospitales
y clínicas. De 955 ESE existentes en Colombia, 430 se encuentran en alto riesgo
financiero y 568, en riesgo entre alto y medio. Según la Defensoría, hubo en 2013 casi
300 mil denegaciones de servicios de salud. Según la Defensoría, en Colombia se
presenta una tutela cada cuatro minutos, la mayor parte con exigencias en salud.

Ilegalmente, con la plata de la UPC, Saludcoop compró 28 clínicas, 14 lotes, una


inversión en el Río Grande Country Club, la Lavandería Impecable y Saludcoop México.

Según la Contraloría, Saludcoop le adeuda 1,4 billones de pesos al sistema de salud,


porque se los apropio ilegalmente. También les debe 583 mil millones a las IPS.
Saludcoop ha incurrido en causal de disolución y liquidación. Y el gobierno no hace
nada. Entre el 2010 y el 2013, la cartera vencida de las EPS con las IPS pasó de 1.9 a
4.2 billones de pesos. El ministro y el superintendente deben renunciar. El sistema de
salud requiere alta cirugía y cambios de fondo, no paños de agua tibia.

Empiezo expresando mi voz de solidaridad con los ibaguereños y tolimenses que


hoy padecen un desastre con su principal hospital, el del departamento, el Federico
Lleras, sumido en una crisis gravísima. Y vamos a ver en el debate cómo hay muchas
crisis más en la red pública. Lo quiero poner como un ejemplo para ilustrar en qué
momento estamos haciendo un debate como este.

Recordemos que en 2011 hice un debate que de alguna manera es el antecedente de


este otro. Lo que advertimos en ese momento es lo que ha pasado a lo largo de estos
casi tres años. Y voy a explicar cómo las cosas, lejos de haberse resuelto, se han
incluso empeorado, tanto en lo relacionado con el funcionamiento general del
sistema de salud, como en lo que tiene que ver con el caso Saludcoop, un asunto
sobre el que me detuve en detalle aquella vez. Apoyado en decisiones de la
Superintendencia de Industria y Comercio, denuncié que las principales EPS del país
habían montado un cartel, fue la palabra que uso la Superindustria, para defraudar,
para robarse, usando un lenguaje coloquial, los recursos de la salud. Señalé también
cómo Saludcoop había inflado sus cuentas de medicamentos en 800 mil millones de
pesos. Poco después, la viceministra de Salud les interpuso una demanda penal, que
duerme el sueño de los justos. Hablamos de las manipulaciones con los recobros del
Fosyga y cómo se pagaban medicamentos a unos precios absolutamente
escandalosos, de los horrores de la integración vertical como instrumento para
defraudar el sistema, de las inmensas deudas de las EPS a las IPS y de la crisis
hospitalaria tanto pública como privada. Demostramos cómo la auditoría del Estado
a las cuentas del cartel defraudador era prácticamente inexistente, porque las EPS
informaban lo que querían y, en cierto sentido, también hacían lo que querían.

Mencioné específicamente que me parecía un gran desacierto haber nombrado


como fiscal General de la Nación a quién venía de tener contratos por más de 5 mil
millones de pesos con Saludcoop, empresa fuertemente cuestionada en ese
momento. Precisé que, de acuerdo con la Superintendencia de Salud, Saludcoop se
había embolsillado ilegalmente, o robado, digamos para usar un lenguaje más
directo, 600 mil millones de pesos de recursos de la salud. En ese momento la
decisión estaba impugnada, pero ya era una decisión de la Superintendencia de
Salud. Expliqué que la salud de los colombianos era terriblemente mala. Y señalé por
último que con la Ley 100, el sistema de salud de Colombia no tendría arreglo.

La idea, colegas, es volver a mirar qué ha pasado, qué es lo nuevo y cómo vamos. Y
comienzo por hacer advertencia. Este no es un debate contra el cooperativismo, no
tengo nada contra esa respetable actividad de los seres humanos. Tampoco es un
debate contra los trabajadores de Saludcoop. El pleito es con algunos de los
directivos de Saludcoop, de ninguna manera contra los trabajadores y mucho menos
contra los pacientes de Saludcoop, en buena medida víctimas de este desastre.

Voy a partir mi intervención en dos grandes temas. El primero, qué pasa con el
sistema de salud en Colombia. El segundo, de qué se trata el caso Saludcoop. Y voy a
concluir señalando que las cosas andan de mal en peor. Voy a señalar mi
insatisfacción por las explicaciones que me han dado tanto el ministro de Salud, el
doctor Gaviria, como el superintendente de Salud. Y dependiendo de las
explicaciones que oiga hoy, es probable que concluya pidiendo renuncias, porque
pienso que alguien tiene que responder por las cosas cuando no funcionan de
manera adecuada.

Lo que ordenó la Corte Constitucional

Empecemos señalando que la Corte Constitucional ordenó en 2012 que el Ministerio


de Salud elaborara una metodología clara, técnica, para garantizar que las EPS no
podían seguir inflando la plata de la UPC. La UPC es el monto que le da el gobierno a
cada EPS y con el que se atienden los derechos de los ciudadanos, llamados los
derechos del POS. Y hay muchos indicios de que las EPS inflan la UPC. Y si la inflan,
lo que sucede es que terminan embolsillándose recursos supremamente grandes. La
Corte Constitucional ordenó entonces que a partir del 2012 las nuevas UPC debían
ser diseñadas por el Ministerio de Salud a partir de un estudio cuidadoso. Voy a ser
muy sucinto en las explicaciones porque el tiempo es escaso, pero puedo demostrar
que ese estudio nunca se hizo y que la UPC se sigue definiendo, en lo fundamental,
por informaciones muy cuestionables aportadas por las mismas EPS, que tienen el
poder más o menos de informar como se les antoja. El ministro Gaviria me informa
que él llevó a cabo una reforma en relación con lo del 2011, pero sin duda no ha sido
capaz de resolver el problema. Y la Contraloría General de la República ha
conceptuado sobre el incumplimiento de lo ordenado por la Corte Constitucional.
Luego en este tema seguimos supremamente mal.

En una sentencia del 2008, la Corte Constitucional había ordenado que el gobierno
elaborara un sistema para controlar los casos en que las EPS les negaban a los
ciudadanos los derechos del POS. Adelanto una explicación que es importante. Como
el gobierno ya les ha pagado a las EPS los derechos del POS, cuando una de ellas los
niega, no solo afecta al ciudadano sino que da pie a una tutela que al final lleva a que
la EPS cobre dos veces por el mismo derecho. Si aquí hay fraude, los robos son
absolutamente descomunales. Pues bien, pasado un tiempo prudencial, la Corte
Constitucional señala que tampoco el gobierno ha hecho ese trabajo como se ha
debido hacer y que en cierto sentido las EPS pueden seguir actuando con
arbitrariedad. Y lo mismo opina la CGR. No voy a leer las frases en detalle porque el
tiempo es breve.

Otro de los temas graves ventilados hace tres años es el de los recobros fraudulentos
al Fosyga, la institución donde se deposita una plata muy importante para cubrir en
buena medida lo que las EPS no pagan en el caso de las tutelas. Entonces allí las
posibilidades de defraudación son enormes. Las cuentas del Fosyga son
extremadamente altas, y es sabido que se presentan todo tipo de manejos debatibles
o de actos de corrupción, definitivamente. También aquí la Corte ha dicho, y la CGR
la respalda, que no se está cumpliendo con lo ordenado. Son sumas de billones de
pesos de las que estamos hablando.

También la CGR señala que sigue siendo supremamente escasa la auditoría del
Estado colombiano a las cuentas de las EPS. Es uno de los problemas más graves. El
actual sistema se diseñó, me lo explicaba el exministro Santamaría en aquel debate,
no con la idea de que hubiera una supervisión poderosa sobre las EPS, sino, como lo
dijo textualmente y tengo la cita, para estimular la libre competencia. Unas EPS
vigilarían a las demás, porque si una de ellas hiciera las cosas mal, los usuarios se
irían para la otra, y entonces, por estas cosas de la magia del mercado, se resolvería
por sí solo el problema. Pues bien, seguimos creyéndoles a las EPS por fe. Y no
olvidemos que fe es creer en lo que no se puede demostrar, algo que en el campo
religioso es muy respetable, pero en los asuntos de los seres humanos resulta
bastante equivocado.

La Ley 1438 del 2011 le ordenó al gobierno hacer una investigación cuidadosa para
establecer cuánto valían los gastos de administración de las EPS. Aquí también se
abre un roto inmenso con el que es muy fácil defraudar los recursos de la salud,
porque es fácil inflar los costos de la administración, la burocracia, los papeles y
cobrar en exceso. Entonces la ley le dio un plazo al Ministerio de Salud para efectuar
un trabajo serio y advirtió que, mientras tanto, el cobro máximo de los gastos de
administración sería de 10% en el contributivo y 8% en el subsidiado. Pues bien, el
estudio realmente nunca se hizo. La CGR afirma de manera precisa que no ha sido
debidamente reglamentado el artículo de la ley mencionada. El Ministerio de Salud
ha fijado dos veces la UPC y la explicación que nos da el ministro Gaviria es por
completo insatisfactoria, porque en algo se apoyan también de las EPS por ahí en la
parte motiva y no en la resolutiva, que tiene que ver con la UPC.

Desorden y desgreño

Si uno mira este paisaje que muy sucintamente les estoy explicando, concluye por
fuerza que siguen el desorden y el desgreño. Fácil robarse recursos de la salud en
Colombia. Es más difícil quitarle un sonajero a un bebé que apropiarse de manera
indebida de esos dineros. Este tipo de anomalías y otras más conducen a que el
sistema de salud no funcione. Y con hechos voy a mostrar cómo el sistema de salud
funciona muy mal.

Uno primero, dolorosísimo y gravísimo, la enorme deuda de las EPS, las verdaderas
favorecidas del sistema, que se organizó en beneficio suyo. Deudas por más de 6
billones de pesos al mundo de los hospitales y las clínicas públicos y privados,
deudas que redundan en la pésima atención a la salud de los pacientes, porque dejan
a clínicas y hospitales en condiciones supremamente malas. Por su parte, el Estado
les debe a las clínicas y hospitales, deudas del Estado distintas a las de las EPS, cerca
de 500 mil millones, en números redondos, para ganar tiempo.

¿En qué situación se encuentra la red pública hospitalaria, fundamental en la buena


salud del pueblo, porque atiende lo que no cubren las EPS y las IPS privadas. De 955
ESE existentes en el territorio nacional, 430 están en alto riesgo financiero y 568, el
60%, en riesgo entre alto y medio, una manera de admitir que están funcionando en
condiciones muy difíciles. Todas las cifras que estoy dando, valga la pena señalarlo,
parten de información oficial. Mi oficina no las produce. Toma las que brindan las
distintas instituciones del Estado.
Volvamos a las EPS y examinemos los indicadores financieros de solvencia o de
permanencia, supremamente malos. De 52 EPS del contributivo y 33 del subsidiado,
el 63% está funcionando con indicadores muy cuestionables. Tanto que en muchos
casos deberían incluso estar ya intervenidas, porque definitivamente no están
cumpliendo con las normas mínimas. La mala práctica se ha ido volviendo como
tradicional e induce a otras. Tan mal funciona todo, que una norma le ordenó
también a la Superintendencia Financiera vigilar el funcionamiento de las EPS. Lo
anterior quedó condicionado a que las EPS cumplieran con una serie de requisitos
mínimos exigidos por la Superfinanciera. Y lo que termina concluyendo la
Superfinanciera es dramático. Según ella, ninguna de las EPS ha cumplido con los 4
requisitos mencionados. Es un desastre, ministro y superintendente, porque no
olvidemos que finalmente las EPS son compañías de seguros, y si la Superfinaciera
ni siquiera se asoma allí por el pavor de lo que puede encontrar, imaginemos cómo
están funcionando las cosas.

Sufre el ciudadano, sufre el trabajador de la salud

Todo lo dicho nos lleva al punto que finalmente es el clave de este debate. Cómo le
está yendo a la gente, al ciudadano de a pie, no al que disfruta de medicina prepagada
ni a la persona que viaja a tratamiento a Estados Unidos ni al presidente Santos, a
quien le encuentran un cáncer el lunes, el martes está operado, y el miércoles está
en la casa, fresco como una lechuga.

La crisis financiera se vuelve contra la gente, es el problema de fondo. Es la gravedad


de lo que estoy señalando. El ministro Gaviria suele ufanarse de que el país cuenta
con un cubrimiento muy alto y da unos porcentajes. Pero siempre tiene el cuidado
de afirmar que tenemos técnicamente una cobertura universal. Claro, él sabe de
estas cosas y sabe que al introducir la palabra “técnica”, queda el roto para
protegerse de cualquier cosa. Porque una cosa es que yo tenga el derecho técnico y
otra que me atiendan. Una cosa es que tenga carné y otra que las cosas funcionen
bien. Porque la gente puede tener carné, pero si no le dan los medicamentos, no le
planifican la cirugía, si el especialista no aparece, si le entregan apenas unos
medicamentos y le dicen que vuelva después por los que faltan, pues lo que hay es
una denegación del derecho. Y las barreras de acceso, es proverbial, son
supremamente altas.

Las condiciones laborales, esto solo daría para un debate. La situación de médicos y
enfermeras es desastrosa. Hay un régimen como de negreros en contra de estos
colombianos. Y las de los trabajadores de Saludcoop son especialmente negativas,
las de todas las EPS, pero me refiero en especial al caso de Saludcoop.

Veamos algunas cifras, brevemente. El ministro Gaviria suele insinuar que las cosas
no están tan mal como se informa y realmente yo diría que están incluso peores. La
Defensoría del Pueblo habla de casi 300 mil denegaciones de servicios de salud en
2013. La cifra guarda relación con la gente que reclama y sabemos que el grueso de
los colombianos ni reclama. El 60% de las denegaciones versan sobre simples
medicamentos. El Ministerio de Salud maneja un indicador llamado el PQR —
Peticiones, quejas y reclamos— y subió 25% entre el 2012 y el 2013, lo que indica
que está empeorando. Exámenes de laboratorio, empeorado 14%; cirugías,
empeoradas 26%; servicios de alto costo para cáncer, empeorados 51%; servicios
de urgencia, 30%; hospitalizaciones, 31%, y podríamos seguir. Concluyamos
entonces que las cosas, en lo que tiene que ver con los reclamos de la ciudadanía y
de acuerdo con los organismos del Estado, y no lo está diciendo el senador Robledo,
están empeorando.

La tutela

Detengámonos un poco sobre el caso de la tutela, lo único bueno, yo diría, que le ha


pasado al sistema de salud desde 1993 cuando este Congreso aprobó la Ley 100. El
gobierno ha venido haciendo un esfuerzo enorme por golpearla, por desacreditarla,
por limitarla, esfuerzo encabezado por el doctor Alejandro Gaviria, que a eso le ha
trabajado con toda dedicación. Acaba de salir un estudio de la Defensoría del Pueblo,
un organismo al que los funcionarios deberían respetar. Informa la Defensoría que
en Colombia se pone una tutela cada 4 minutos y agrega que el 70% son exigiendo
los derechos del POS. Repito, la UPC es la plata que el Estado les da a las EPS para
que le otorguen a uno los derechos del Plan Obligatorio de Salud, el POS. Los
derechos del POS ya los pagó el Estado, ya los pagamos los colombianos. Entonces,
cuando una EPS no los paga, se está robando la plata, literalmente hablando, porque
esa plata ya la tiene ella entre el bolsillo y la termina convirtiendo en utilidades o en
cualquier otra truculencia.

Entonces voy a mencionar la tarea de demolición del ministro Gaviria a este estudio
respetable de la Defensoría del Pueblo. Aduce primero que el número de tutelas no
ha aumentado, una verdad a medias. Arguye en seguida que quienes presentan
tutelas buscan es saltarse las colas, o sea, los emplaza como una especie de
indeseables que andan por ahí haciendo vivezas. Después nos dice que la mayor
parte de las tutelas terminan es favoreciendo a los ricos y él tiene una curiosa
manera de definir a los ricos, la misma que nos impusieron cuando la reforma
tributaria de hace año y medio: los ricos de Colombia terminaron siendo los pobres
del IVA y las clases medias, abrumadas con pesados tributos. También afirma el
ministro que la gente ya no pide servicios esenciales, sino tan solo complementarios,
y otra vez la culpa es de la gente, que anda exigiendo demasiado. Agrega que eso del
70% de tutelas del POS no puede ser cierto. O sea, se dedica a demoler de manera
sistemática el estudio publicado por la Defensoría del Pueblo.

Claro que al final desnuda el alma, porque en la última frase de esta explicación,
publicada por El Espectador, reconoce objetivamente que sí hay problemas detrás
de la tutela, pero añade, “mecanismo que hay que evitar porque crea problemas de
regresividad del sistema”. En resumen, el ministro Gaviria pide echar atrás lo único
bueno que en la salud les ha pasado a los colombianos en los últimos 25 años.

Vale aquí una aclaración: afirmó él que las tutelas no venían aumentando. No es
cierto. Él hace un manejo estadístico muy hábil, comparando lo que ha sucedido en
los últimos años con las tutelas del 2008, el pico más alto. Pero él silencia que desde
el 2010, o sea, desde el momento en que el doctor Santos llegó a la Presidencia, las
tutelas sí vienen aumentando. Veámoslo: pasan de 94 mil a 105 mil, a 114 mil, a 115
mil, y las del año pasado, 2013, son las más altas desde el 2008. No se puede afirmar
razonablemente entonces que haya una mejoría.
Concluyo esta parte sosteniendo que esta es la crisis promovida por el presidente
César Gaviria con la Ley 100 de 1993, cuyo ponente aquí en el Senado fue el doctor
Álvaro Uribe, hoy también senador de la República. La Ley 100 no funciona, porque
no es la ley para la salud de los colombianos, sino la ley para el negocio financiero
con la salud de los colombianos. Aquí se ha establecido una tesis y es que si no hay
ganancia para las EPS, ganancia a costa de los derechos de los colombianos, no puede
haber sistema de salud. Es la tesis radical del neoliberalismo, del Banco Mundial, de
todos quienes comparten estas concepciones. Y de paso aprovecho para mencionar
que el Polo Democrático Alternativo no comparte la coincidencia anunciada en estos
días por el Centro Democrático y la Unidad Nacional, encabezada por el ministro
Gaviria, en relación con algunas ideas sobre la reforma a la salud. No más paños de
agua tibia. Entre leyes, decretos y resoluciones, a la Ley 100 se le han puesto por lo
menos 600 pañitos de agua tibia. Aquí lo que hay que hacer es alta cirugía y empezar
por cambiar las cosas de fondo.

Cómo se embolsilló Saludcoop la plata de la salud

Antes de examinar el caso de Saludcoop, hagamos una explicación clave. La plata de


la salud, la UPC para pagar el POS, es un recurso parafiscal. ¿Qué quiere decir recurso
parafiscal? Es una plata que una parte de la sociedad destina como una especie de
impuesto para un gasto específico en beneficio solo de esa parte de la sociedad. El
caso más conocido, porque es muy viejo, el del Fondo Nacional del Café. Los
cafeteros pagan una contribución y allí el Fondo les guarda una plata que solo se
puede usar en beneficio de los cafeteros. La administra la Federación de Cafeteros,
pero no como dueña de la plata. Si la Federación se la llega a embolsillar, termina
violando la ley y la Constitución. ¿Qué es lo que hace la Federación de Cafeteros?
Cobrar una plata por administrar esos recursos, pero una plata es la del Fondo
Nacional del Café, el patrimonio del Fondo, y otra distinta la de la Federación
Nacional de Cafeteros, y las dos no se pueden revolver. Pongo el ejemplo del café y
de la Federación porque es conocido, pero también funciona con el Fondo Ganadero
y otras instituciones similares.

Es el caso de la salud. Sus recursos son fondos parafiscales administrados por las
EPS, pero ellas no se los pueden echar al bolsillo. Esos son recursos sagrados, lo han
dicho la Corte Constitucional, el Consejo de Estado, la Contraloría. Una cosa es la
plata de la salud y otra el patrimonio de las EPS. Lo máximo que pueden hacer las
EPS es sacar al final del ejercicio una utilidad sobre la administración de esos
recursos. Esa utilidad sí la pueden pasar a su patrimonio y se la pueden gastar en lo
que quieran. Suelo decir que con esa plata —no con la de la salud—, las EPS podrían
comprar hasta un burdel en Nueva York. Repito, no con la de la salud, sino con la que
ya se ha convertido en utilidad después de haber administrado, se supone que
honrada y eficientemente, la plata de la salud.

Qué es lo que ha pasado. Que sea ido imponiendo la idea, como lo que hace
Saludcoop, de que la EPS se puede embolsillar la plata de la salud, no como utilidad,
sino tomándola directamente. No lo denuncia el senador Robledo. Está resuelto
legalmente. En el 2010, el supersalud, Mario Mejía, le impuso una sanción a
Saludcoop ordenándole devolver 300 mil millones de pesos de plata de la salud que
Saludcoop se había gastado en otros rubros. Y además le ordenó no pagar 300 mil
millones de pesos en deudas de inversiones que Saludcoop había hecho en negocios
que no eran de la salud. Saludcoop no podía invertir con la plata de la salud. Podía
comprar con su plata, pero no con la UPC, porque la UPC solo paga medicamentos,
médicos y profesionales de la salud, procedimientos quirúrgicos y hospitalarios y la
administración propia de lo que llaman el acto médico.

¿Qué compró Saludcoop con plata de la salud? 28 clínicas, por 109 mil millones, 14
lotes, una inversión en el Río Grande Country Club, la Lavandería Impecable y
Saludcoop México. Cómo pueden justificar que la plata de la UPC se puede invertir
en clínicas o en una EPS en México. Alguien dirá que porque eran clínicas. No, no
pueden ser compradas, porque la UPC solo paga médicos, medicamentos,
procedimientos y administración. Entonces, cuando Saludcoop compra una clínica
lo que está es quitándoles la plata de la salud de los colombianos y pasándola
directamente a su patrimonio, porque la clínica queda a nombre de Saludcoop, no a
nombre de los colombianos. Y si el día de mañana quiere Saludcoop venderla, y
vuelvo con mi cuento, e invertir con la plata de los colombianos en un club campestre
o en un burdel en Nueva York, no lo puede hacer. Lo dejó perfectamente demostrado
el superintendente de esos días.

La maniobra de Santos con Conrado Gómez

Y aquí ocurrió uno de más graves atentados hechos por el presidente Juan Manuel
Santos en contra del sistema de salud. Y es que el nuevo superintendente de Salud,
Conrado Adolfo Gómez, llega a la Superintendencia y lo primero que hace es sacar a
los técnicos que habían adelantado la investigación contra Saludcoop, por lo demás
compleja. Y pocos días después, Saludcoop le pide a Gómez echar para atrás la
sanción. Y pocos días después el Superintendente acepta que se eche atrás la
sanción. Por supuesto, hay apelaciones, pero hago corto el cuento. Lo que termina
sucediendo es que el intento de reculada del gobierno del presidente Juan Manuel
Santos, del supersalud Conrado Gómez y del ministro de Salud de esos días les falla
porque el Tribunal Superior de Cundinamarca les ordena en una sentencia no
recular y les dice: esa plata es de la salud y Saludcoop no se la podía haber gastado
como si fuera propia. Se apela al Consejo de Estado y queda en firme lo de la anterior
Supersalud. El hecho de que esa plata se la estaban, me excusan la palabra pero es
la precisa, robando. En total, 600 mil millones de pesos: 300 mil que ya se habían
embolsillado y otros 300 mil que iban a ir pagándoles a los bancos por el camino por
esas intervenciones.

La Supersalud dejó además en firme tres cosas claves para lo que sigue. Primero, le
ordenó a Saludcoop restituirle al sistema de salud la plata ya gastada, 300 mil
millones, plata de la salud. Y le advirtió además que en el futuro no podía incurriendo
en este tipo de malas prácticas. Y además, que no podía seguir pagando esas deudas
con plata de la salud, sino que tenía que hacerlo con recursos propios. O sea, los otros
300 mil millones no los podía cubrir con la plata de la salud de los colombianos, sino
que tenía que hacerlo con su propio peculio. Verá Saludcoop de donde los saca, si de
sus propias utilidades o trae plata de otros negocios.

Como si fuera poco, la CGR hace el mismo ejercicio. Este que les acabo de mencionar
fue un ejercicio sobre 4 años, 2004-2008. El de la CGR es un ejercicio que se hace
sobre el periodo 1998-2010 y encuentra el mismo procedimiento, y es muy simple:
demuestre cuánta plata es suya y cuánto ha invertido y lo que usted no pueda
demostrar que es suyo es plata de la salud. Hechos de aritmética simple. Y la CGR
condena a Saludcoop a devolver 1,4 billones de pesos, que Saludcoop se ha
embolsillado, en parte porque ya se los embolsilló y en parte porque los está
pagando. Yo diría que este es el asalto al patrimonio de los colombianos más grande
la historia de Colombia. Porque aquí hay otros escándalos donde se habla de billones
de pesos, pero que necesariamente lo perdido no son billones, pueden ser 50, 100
mil. Aquí estamos hablando, dice la CGR, de 1,4 billones de pesos perdidos.

¿En qué se gastó la plata Saludcoop? Por ejemplo, en clínicas: una en Medellín, otra
en Bucaramanga y otra en Pasto y suman más o menos 20 mil millones de pesos. Se
aprueba en un acta de junio del 2001 invertir en Ecuador 800 mil dólares. ¿Por qué
invertir plata de la salud de los colombianos en Ecuador? Se hace una negociación
con Cruz Blanca para comprar a Cafesalud, o sea, para que la EPS Saludcoop compre
otra EPS. No podía hacerlo, porque la plata de la UPC no es para eso, es solo para
salud. Pero bueno, le autorizaron invertir entre 10 y 13 millones de dólares. Una
plata importante para invertir en el Gimnasio los Pinos. A mí me encanta la
educación, pero la plata de la salud no es para hacer aulas en los colegios. Le
autorizan también a Saludcoop para asociarse con Cruz Blanca, Cafesalud y Salud
Total para montar negocios de medicamentos y ese tampoco puede ser el destino de
los recursos de la salud. Al final compra la EPS Cafesalud y le gastan de plata de la
salud, de la plata de los colombianos, 25 millones de dólares. Y en esa misma
operación, Palacino se ufana de que ahí también ellos se compraron a Epsifarma, a
Epsiclinicas, a Epsiméd, empresas que nada tienen que ver con el asunto preciso del
POS y de la UPC. También aprueban en esa misma acta endeudamiento hasta por 25
millones de dólares para otro tipo de negocios. Se crea una prepagada en México que
costó 7 millones de dólares. Para el Gimnasio los Pinos aparecen otros 7 mil millones
de pesos. 92 mil millones nuevos en clínicas. Se reúne el consejo de administración
en Singapur, en un hotel de altísimo lujo, y se fueron hasta allá a decidir la compra
de un edificio por 72 mil millones de pesos. También aparecen pagos para promover
una copa de basquetbol. A mí me gusta el deporte, pero la plata de la salud no es
para promover campeonatos de basquetbol ni este tipo de cosas.

Respuestas resbalosas

Y aquí empiezan las preguntas al gobierno, al ministro de Salud y al superintendente.


¿Qué ha pasado frente a todas estas irregularidades? Y debo señalar aquí, me aburre
decirlo pero me toca, que las respuestas son insatisfactorias, señor superintendente
y señor interventor y señor ministro. Las de ustedes son respuestas que tienen
mucho de resbalosas, de guardar silencio sobre cosas. Por ejemplo, se le pregunta a
la Supersalud: ¿cómo va el cumplimiento de la orden de la Superintendencia sobre
los famosos 600 mil millones? Entonces él contesta: esa meta se cumplió el pasado
20 febrero sin que fuera cumplida en su totalidad por la EPS. O sea, ahí ya hay un
problema grave y es que la EPS está incumpliendo. Pero entonces se le pregunta
específicamente si Saludcoop ha seguido pagando plata, la que está prohibida,
sirviendo las deudas contraídas, con los recursos de la salud. Recordemos es que
una de las prohibiciones expresas. Y la respuesta del superintendente es que él
constata la abstención en la realización de nuevas operaciones de préstamo,
donación, leasing e inversiones. Pero es que lo estábamos preguntando no era sobre
las nuevas, sino sobre las viejas. Claro, hay prohibición de las nuevas, pero también
estaba la prohibición de atender las deudas que se habían señalado como espurias.

Ante respuestas tan insatisfactorias, en mi oficina nos ponemos a hacer un ejercicio


para intentar esclarecer cuánta plata se ha pagado a lo largo de la intervención.
Intervención lo que quiere decir es que el gobierno está manejando Saludcoop y el
interventor es un funcionario del gobierno.

En leasing, que son formas de créditos, se terminan haciendo pagos que suman,
entre 2011 y 2013, 42.802 millones de pesos. A los banqueros además, al sector
financiero, les aparecen pagos por 195 mil 554 millones de pesos.

Hay un hecho muy impresionante, conocido por una carta que casualmente llegó a
nuestras manos sobre un par de cartas que se cruzan el exinterventor, en ese
momento el doctor Wilson Sánchez, con el vicepresidente ejecutivo del Banco de
Bogotá. El Banco dice que las deudas van a quedar de una tal manera y el interventor
le responde que acepta. Y hay una descripción detallada, lástima que no haya tiempo
para mirarla con todo detalle, pero les voy a dar algunos elementos. Lo primero es
que en la carta, el Banco de Bogotá le aclara a Saludcoop que estas son deudas del
Grupo Saludcoop. ¡Cómo así! De cuándo acá Saludcoop y los recursos de la salud
pueden ser administrados de esa manera y terminar invertidos en Cruz Blanca o en
Cafesalud, o en una serie de IPS o de instituciones que pueden ser parte del Grupo
Saludcoop. No, deben tener las cuentas separadas, porque es que la UPC se la da el
gobierno a Saludcoop es para invierta en la salud de los colombianos y no en los
negocios que pueda la EPS detentar alrededor.

El Banco de Bogotá le exige a Saludcoop comprometerse a que de la plata de los


recobros que le haga efectivo el Fosyga, repito, plata de la salud de los colombianos,
“la caja resultante se aplicará así: 20% para acelerar el pago de deuda financiera y
80% para el pago de proveedores”. 20 por ciento que puede no ser relativo a los
asuntos de la salud, sino de los negocios indirectos que Saludcoop posee. Y los
proveedores, que no solo son IPS, sino también lavadores de sábanas, o empresas
de software, u otra serie de actividades no necesariamente relacionadas con gastos
de la salud. En este ítem estamos hablando de 194 mil millones de pesos para pagar
en los próximos años en unas condiciones específicas y no los voy a fatigar
detallándolas.

También se advierte allí que de la Línea Porvenir son 17 mil 850 millones, que un
fondo rotativo que hay que crear de capital de trabajo que podrá ser compartido
internamente con las demás empresas del Grupo. Saludcoop aparece aquí
respondiendo por platas de las demás empresas del grupo. Y el señor interventor le
acepta al Banco de Bogotá todo este tipo de peticiones. Más ejemplos: Cruz Blanca,
31 mil millones; Cafesalud, 16 mil 500 millones; Work Fashion, una empresa de
comidas, el Biorescate, que aparecen con esa deuda de 194 mil millones de pesos. Y
se vuelve a establecer que la plata se repartirá 20% para el Banco de Bogotá y 80%
para proveedores. En el mismo momento en que Saludcoop les debe más de 500 mil
millones de pesos a las IPS, públicas y privadas, y en el mismo momento en que esa
deuda sigue allí sin cancelarse, el interventor está firmando estos compromisos para
privilegiar las deudas con el sector financiero.

Y está el caso de unas clínicas en las que Saludcoop hizo inversiones que son como
promesas de compraventa y aparecen unos 38 mil millones de pesos.
Lamentablemente, no pudimos saber qué pasaba con las inversiones y pagos en el
exterior porque no se nos dio acceso. Tampoco supimos, porque esta información
no nos la brindaron ni el superintendente ni el interventor, cuánta de esa plata se
pagó con recursos propios, que se podría hacer, y cuánta se pagó con plata de la UPC,
que no se podía hacer. Ojo con lo que estoy diciendo. Aquí había pagos que sí se
podían hacer, si eran con recursos propios de Saludcoop. Enfrentamos una dificultad
que se puede esclarecer.

¿Cuenta Saludcoop con recursos propios para pagar 238 mil millones de pesos?
Faltándonos datos, como se dice, de otros municipios, la conclusión es que
dudosamente. Porque entre el 2010 y el 2013, el lapso del que estamos hablando,
Saludcoop sufrió pérdidas netas por 736 mil millones de pesos. ¿De dónde entonces
podían salir los recursos para hacer esos pagos? Pero repito, aquí lo grave es que
nadie, ni la Supersalud ni el Ministerio, nos dan los datos que pedimos de manera
específica, porque eran para el debate y nos ponen a nosotros a hacer deducciones.
Estoy cuestionando la posibilidad de que Saludcoop haya podido pagar esos 238 mil
millones con recursos propios. Porque si Saludcoop está sufriendo pérdidas
enormes, de dónde saca la plata. Alguien me podrá decir, es que tuvo ingresos
operacionales por 158 mil millones de pesos. Sí, claro, pudo tenerlos, pero ¡esos
ingresos operacionales no se cruzaron contra gastos operacionales? Pero aun si el
ciento por ciento de esos ingresos operacionales fuera plata que tuviera Saludcoop
para disponer de ella libremente, les queda un hueco de 80 mil millones de recursos
que no se sabe de dónde salieron. O mejor dicho, sí se sabe de dónde, salieron de la
plata de la UPC.

Y lo anterior sucede mientras siguen pendientes las deudas de Saludcoop con las
IPS, que es lo que más nos duele y más nos interesa, porque son las IPS las que
prestan el servicio y las que maltratan a los pacientes y a los usuarios cuando se les
dañan sus finanzas. Las deudas son de 583.179 millones de pesos. Deudas, no es
sorprendente, conformadas así: apenas 7 mil millones con las propias IPS de
Saludcoop. Y la diferencia, 569 mil millones de pesos, con las IPS no pertenecientes
al Grupo Saludcoop. Y aquí llegamos, doctor Gaviria, a uno de los líos de la
integración vertical. Y es que las EPS privilegian a sus empresas, quiebran a sus
competidores de esta manera siguen concentrando poder, poder que utilizan para
abusar del sistema de salud y proceder contra la gente. Porque voy a pasar a explicar
cómo los propios funcionarios oficiales se ven obligados a reconocer que las IPS de
Saludcoop inflan las facturas para desplumar a la EPS. No es sorprendente, porque
en el caso de instituciones como estas el negocio fácil de visualizar. Yo manejo a la
EPS Saludcoop y soy propietario o copropietario de un montón de IPS y manejo el
negocio de tal manera que mis IPS desplumen a mi EPS, que es la plata de la salud, o
sea, aprópiense de la desplumen la plata de la salud.

Y por esto podrán estirar caras, pero es que el Estado no cumple con el deber de
llevar las investigaciones hasta donde deberían llegar. Parte del problema que
afrontamos es que hay una actitud negligente, alcahuete, manguiancha del Estado
colombiano en relación con las EPS, con todas y particularmente con Saludcoop.
Miren ustedes, con la sutileza propia de funcionarios, como sí es cierto que las IPS
de Saludcoop pueden estar desplumando a Saludcoop, una manera de decir
embolsillándose la plata de la salud, porque cuando se cobra por un servicio más de
lo que debe valer. Es el sistema de salud el que se está resintiendo. Entonces el señor
interventor en un informe sobre la restitución de la liquidez, afirma: “Lo cual sugiere
revisar la estructura de operación de la empresa con empresas asociadas que
podrían estar incrementando los costos producto de la intermediación y el bajo
control del costo por parte de Saludcoop”. El propio interventor admite que no tiene
control sobre lo que está pasando y que está preocupado y que tiene dudas en
relación con lo que le están cobrando las empresas del Grupo a Saludcoop. Y agrega
también en otra frase “que a la fecha se prestan servicios per capita con diferencia
de costos de algunos servicios del mercado general de las EPS”. Son esas maneras
sutiles de reconocer lo que estoy denunciando.

Y la señora contralora general de la República señala: “Se siguen contratando los


mismos proveedores sin que se hayan hecho estudios de mercado para buscar
mejores precios y alternativas, o sea que tenemos la misma estructura de costo”. Y
aquí otra respuesta del señor interventor, que me parece supremamente grave, a
una de las preguntas de mi oficina: “La terminación de estas relaciones contractuales
implicaría, eventualmente, la insolvencia de muchas de estas empresas y su eventual
liquidación, lo que generaría un detrimento en los bienes y haberes de Saludcoop”,
relaciones contractuales que son entre Saludcoop y sus IPS. Lo que tenemos aquí es
una EPS capturada por las empresas asociadas del Grupo. Es lo que está admitiendo
el interventor. Que si él actúa como debe, corre el riesgo de que esos negocios no
funcionen y que surja un problema grave. Pero es que aquí estamos hablando de las
platas de la salud. Allá entre negociantes que hagan los negocios que quieran, pero
aquí estamos hablando es que lo que se termina perdiendo es la plata de la salud de
los colombianos.

Santos favorece a las EPS

Encuentro en el presidente Juan Manuel Santos y en el ministro Gaviria y en los


demás ministros una actitud de clarísimo favorecimiento a las EPS en general y a
Saludcoop. Tengo la idea de que el sistema de salud ha caído preso de los
intermediarios financieros y que se vienen imponiendo desde hace mucho rato
prácticas por completo inaceptables. En buena medida es la crisis de un sector
donde la gente no se muere del corazón ni de los riñones, sino que las mata el
sistema de salud, las matan las EPS, como dice con toda razón la sabiduría popular.

Voy a dar hechos que muestran cómo la actitud del gobierno nacional frente a las
EPS y a Saludcoop no debe ser la complacencia. Ya les dije cómo el gobierno nacional
no ha cumplido con las normas aprobadas aquí en el Congreso por los amigos del
gobierno para ponerle algún control a este desorden. No ha cumplido. Cité varios
casos que no voy a repetir. La defensa de la integración vertical por parte del
ministro Gaviria es conocida. Y toda Colombia sabe que el lío que hay ahí no lo
maneja nadie mientras las EPS tengan como primer criterio su propia ganancia y no
la salud de los colombianos. Es que cuando un gerente de una EPS al final del año se
reúne con sus accionistas, con los propietarios de su empresa, no está obligado a
explicar a cuánta gente le salvó la vida o cuántas vacunas puso. Lo que le preguntan
es cuánta plata ganó, si le sonó o no la caja registradora. Y si se pone a echar muchos
cuentos sobre el servicio de salud, le dicen, joven, se va. Es muy parecido a lo que
pasa con la guerra del centavo en los buses. Todos sabemos cómo es: los choferes de
los buses se saltan todas las regulaciones porque cada vez que suben un pasajero, es
plata que hace parte del almuerzo y de la comida de su familia y el chofer del bus
sabe que no puede llegar a la casa y decirle a su mujer: “mija, esta vez no hay plata
para la comida porque manejé como un ángel, cumplí con todas las normas”. Porque
seguro que la señora le va a decir: pues, mi querido ángel ¡a volar!, porque aquí es
trayendo la plata de la comida. El mismo lío que enfrentamos aquí con un sistema
montado no para la salud de los colombianos, sino para el negocio de las EPS con la
salud de los colombianos, así las EPS se lo terminen comiendo todo y acabando con
las IPS, públicas y privadas, con las clínicas públicas y privadas.

En la ley ordinaria de salud hubo un artículo que provocó realmente un escándalo.


Fue establecer que los recursos de la UPC son públicos hasta que se transfieren
desde Salud Mia a los agentes del sistema. En otras palabras, la plata de la UPC se
volvía privada en el momento en que los agentes del sistema la tocaban. Es el debate
en el que llevamos 25 años. Si los privados se pueden robar la plata de la UPC,
disfrazados con el cuento de que son para una clínica o para una ambulancia. Tan
vivos, como si aquí fuéramos analfabetos y no supiéramos de qué se está hablando.
Fue tan desastroso que protestó todo el mundo y al ministro Gaviria le tocó retirar
el famoso articulito y decir que era que se habían equivocado. Pregunto: ¿se pueden
cometer este tipo de errores a estas alturas de la vida?

También es evidente que hay una actitud del gobierno nacional y de todos sus
funcionarios para ver cómo salvan a Saludcoop de pagarle al sistema de salud los 1.4
billones de pesos, de ver cómo Saludcoop no devuelve esa plata, más la nueva que
haya aparecido y sobre la que estoy haciendo severos cuestionamientos en este
debate. De entrada, los interventores han interpuesto recursos contra la decisión de
la CGR y han contratados abogados por 11 mil millones de pesos buscando que se
declare nula la decisión de la Contraloría de los 1.4 billones de pesos, decisión
correcta, porque esa plata no se la podían gastar en lo que invirtieron. Y sin embargo,
el gobierno nacional está viendo cómo tumba por nulidad la decisión contra
Saludcoop.

Todavía más grave, el supersalud arguye que Saludcoop no es culpable, sino víctima.
¡Cómo así, señor supersalud, hágame el favor! Saludcoop se embolsilla 1.4 billones
de pesos, causa toda clase de desastres y ahora resulta que le salimos a deber.

Conclusiones

Concluyamos con unas preguntas específicas. ¿Qué va a hacer el gobierno con este
desastre? El sistema no funciona, se encuentra al borde del colapso. Ha dicho el
ministro Gaviria en estos días que anda tras la plata del subsidio familiar o parte de
esa plata. Le digo esto, ministro: si el gobierno coge para la salud la plata del subsidio
familiar, de los trabajadores, eso significa otro robo. Esa plata tiene dueño, los
asalariados colombianos. En cierto sentido es también un recurso parafiscal y no lo
puede arrebatar el gobierno con la argucia de que son recursos públicos. Los
recursos parafiscales son públicos pero de destinación específica y especial.
Tampoco me gusta la idea, ministro, se lo digo con franqueza, cuando usted dice que
la reforma que se le hundió aquí en el Congreso, por fortuna para los ciudadanos, va
a ver cómo la tramita mediante decretos y resoluciones. No. Lo democrático es
traerla al Congreso, ponerla de cara al país, no cocinarla a las escondidas.

Y desde ya le digo que no estoy de acuerdo con que usted intente meter la reforma
escondida en el Plan Nacional de Desarrollo. Los del Polo Democrático Alternativo
estamos hasta la coronilla, mamados, como se dice, de ver cómo el gobierno
convierte el Plan Nacional de Desarrollo en una especie de orangután descomunal
en el que mete 250 y 300 artículos sobre todos los temas y nada se puede discutir.
Se aprueban las peores aberraciones en ese Plan de Desarrollo, saltándose la
potestad del Congreso de legislar por separado en cada uno de los temas.

Cómo va a pagar Saludcoop lo que adeuda, le pregunto al ministro. 1.4 billones de


pesos, según el informe de la CGR. 600 mil millones de las decisiones del
superintendente de Salud. 583 mil millones de deudas al IPS. Y el patrimonio de
Saludcoop, que está produciendo pérdidas todos los años, es de 1.3 billones de
pesos. Esa empresa, como otras EPS, está en causal de disolución y de liquidación.
Lo que pasa es que aquí se ha venido imponiendo otra idea y es la de que los
funcionarios, sobre todo los de la cúpula, cumplen con las leyes pero a la carta. Hay
unas leyes que cumplen y otras que no. Y entonces, cuando las normas les señalan
expresamente ciertas obligaciones, se inventan teorías para no cumplirlas,
cobijados, y seguramente aquí lo van a expresar, dizque en el bien común y la
utilidad pública. Violan la ley con el cuento del bien común.

Un ejemplo, que se me olvidó denunciar hace ocho días. La ley ordena expresamente
que las elecciones que pasaron se tenían que haber hecho con voto electrónico. Y al
gobierno no se le dio la gana de cumplir la norma y el Polo Democrático Alternativo
envió cartas y elaboró derechos de petición. Y no se hicieron con voto electrónico. El
gobierno nacional cometió en las pasadas elecciones un inmenso prevaricato. Algo
parecido nos está ocurriendo en este caso.

En conclusión diría que las cosas están supremamente mal. Que este sector de la
salud viene funcionando supremamente mal, que hay leyes que no funcionan. Que
el caso de Saludcoop es escandaloso, que está por perderse esa plata, senadores y
colombianos, la más grande defraudación de la historia de Colombia. Es lo que está
caminando aquí, y es sobre lo que quisiera que hoy el gobierno nos dijera qué va a
pasar. ¿Va a pagar Saludcoop la plata o no la va a pagar? ¿El gobierno va a tomar las
medidas para que la pague o para que no la pague? Son cosas mínimas que los
colombianos tenemos derecho a saber.

Termino diciendo que las respuestas de los funcionarios a los que cuestionamos en
este debate, el ministro Alejandro Gaviria, el superintendente de Salud, el
interventor, a mi juicio, fueron por completo insatisfactorias por todas las razones
que ya he explicado. Creo que a estas alturas los tres funcionarios deberían
renunciar a sus cargos, porque no responden a las necesidades que demanda el
sistema colombiano de salud. Sin embargo, digamos que me voy a tomar la paciencia
de esperar a oírles sus explicaciones, a ver si aquí, ante el Senado y ante los
colombianos, dan mejores explicaciones que las que me brindaron en las respuestas.
Pero de no darlas, mi intervención de conclusiones señalará que estos funcionarios,
los tres, deben renunciar a sus cargos y que el gobierno nacional debe poner en esos
lugares, digamos que no a gente enemiga de la Ley 100, porque esa es la política del
gobierno, pero por lo menos a funcionarios que cumplan a cabalidad con lo que
supone son los deberes mínimos de su cargo.

Réplica

Hay un debate en la base de todo y es en torno a si la Ley 100 sí o no. Parece que los
polistas y otros sectores tuviéramos una contradicción palmaria tanto con las
posiciones de la Unidad Nacional como con las posiciones del Centro Democrático.
Ellos defienden el modelo de ganancia de las EPS, ganancia que hacen con la plata
de la salud de los colombianos. Ellas no solo cobran la administración, sino que se
llevan una utilidad con recursos que son los de los colombianos y no con sus propios
capitales.

Y siempre que lo cuestionamos, nos responden acusándonos de que estamos por


estatizar el sector. Nuevamente, por enésima vez, aclaro que nuestra propuesta no
es estatizar el sector. Si me leen los labios, de pronto así logre convencerlos de que
no estamos por estatizar el sector. La defensa que hacemos de las IPS privadas como
de las públicas es una defensa de coherencia y cierta, no son cuentos los que estamos
echando. El programa del Polo Democrático Alternativo, y ojalá me lean los labios,
no está por estatizar la economía colombiana ni por acabar con la propiedad
privada. No sigan sacando esos cocos como para niños chiquitos y hagamos esfuerzo
por poner el debate en términos objetivos.

Entrando en materia. Hay un hecho que me deja impresionado en este debate. Junto
con el senador Corzo y con la senadora Daira Galvis, mencionamos que en Saludcoop
se habían perdido 1.4 billones de pesos de plata de la salud. ¡Robados! Afirmé
además que, según todo lo indicaba, en el lapso de intervención del Estado la EPS se
había embolsillado otros 238 mil millones, y falta por ver cuánto más se va a
embolsillar, porque ya el superintendente con toda frescura dijo que los contratos
había que cumplirlos. Sí, los contratos hay que cumplirlos, pero no con la plata de la
salud. La plata de la salud es sagrada, señor superintendente. O si no, en qué
estamos.

Ya va entonces la deuda en 1.6 billones y parece que el dato no nos impresiona sino
a nosotros. No oí, en general, muchas preocupaciones hoy por lo que aquí se ha
estado denunciado. Probablemente, este sea el mayor asalto al patrimonio público
en la historia de Colombia o que alguien me muestre uno más grande. Ha habido
muchos robos en grande, también gravísimos, pero no de una magnitud de este
tamaño. Me parece entonces muy grave que sobre este en particular se guarde
silencio, que se despache con toda frescura que Saludcoop sigue pagando deudas
con dineros de la salud, lo que está expresamente prohibido por la decisión de la
Superintendencia de Salud de 2010. Gravísimo me parece y más aún que eso no
inquiete al señor ministro ni lo lleve a producir ningún comentario de valía. Y que
no nos anuncien, además, que lo ocurrido en Saludcoop debe ser un indicio para
investigar a las demás EPS.

Aquí lo que sucedió es que distinguidísimos abogados de Colombia se inventaron la


manera de asaltar la plata de la UPC y de pasarla directamente al patrimonio propio
violando la naturaleza parafiscal de esos recursos. Se parece mucho al caso de la
Altillanura. Algún abogado de alto coturno se inventó eso que llaman un “producto”,
o sea, una manera de violar la ley mediante argucias y manipulaciones. Me preocupa
y me lleva a ratificarme en la idea de que el señor ministro de Salud, Alejandro
Gaviria, y el señor superintendente de Salud, deben renunciar a sus cargos,
independientemente de las concepciones ideológicas que defiendan. Deben
renunciar porque no le ofrecen al país la garantía mínima que debe brindar un alto
funcionario para defender los recursos públicos y todavía más los recursos de la
salud. Y me preocupa que los interventores de Saludcoop se estén moviendo a ver
cómo tumban el fallo de la CGR, auspiciado valerosamente por la doctora Sandra
Morelli. ¿Es así cómo van a sanear las finanzas de Saludcoop? Tumbando al
patrimonio público, tumbándose la plata de la salud de los colombianos. ¿Es así
cómo van a sanear un negocio privado? ¿Qué tipo de economía es esta a la que
estamos asistiendo en Colombia?

Por lo demás, el señor ministro se rasga las vestiduras porque señalé que las cosas
estaban profundamente mal e hizo una presentación calculada para no referirse a
las denuncias principales que presenté e intentó poner las cosas en otro terreno.
Digamos que no se trata de que no hayan hecho absolutamente nada, no dije eso,
porque el colmo sería que lleven ahí años manejando unas sumas inmensas y ¡no
hagan nada! Sé que peor es posible y esto podría estar, si se quiere, más mal de lo
que está. Lo que quiero enfatizar es que está muy mal, supremamente mal. Y voy a
dar casi que una sola cifra para mostrar lo mal que está y que tiene que ver con lo
que más le duele al doctor Gaviria, el problema de la situación financiera. Entre el
2010 y el 2013, la cartera vencida de las EPS con las IPS pasó de 1.9 a 4.2 billones de
pesos, se dobló. Si eso es estar bien, si eso es que ya estamos viendo la luz al final del
túnel, no quiero ni imaginarme cómo estarían las cosas si estuvieran peores.

Dice él además que le debemos hacer un gran reconocimiento porque algún control
de precios se le va a poner o se le ha puesto a algunos medicamentos y por el tema
de un decreto que está anunciando sobre los biotecnológicos. Digamos primero que
cualquier avance que haya habido en el tema de los medicamentos, y no es
suficiente, es por sobre todo el resultado de la lucha de los colombianos que
llevamos años bregando a corregir, así sea parcialmente, los abusos de las
trasnacionales permitidos por todos los gobiernos. Y en el caso de los
biotecnológicos, pues bueno, ya va siendo hora de que saquen el bendito decreto,
llevan no sé cuántos años regalándoles no sé cuánta plata a las trasnacionales
porque no se atreven a sacar el decreto. ¡Sáquenlo de una vez por todas! Y
esperemos que el decreto sí sirva, porque ha sido bochornoso el espectáculo de
vacilaciones y timideces del gobierno nacional frente a los intereses de las
trasnacionales. Para mencionar solo un caso: el señor embajador de Colombia en
Estados Unidos haciendo de lobista, de cabildero, de los puntos de vista de las
trasnacionales. Saquen la medida, pero por favor que sea rápido y reconozcan que
lo hacen en buena medida por la presión de la ciudadanía colombiana que se ha
movilizado desde hace rato.

Saca el ministro pecho y pide medallita porque se igualó el POS del contributivo con
el del subsidiado. Eso fue una orden de la Corte Constitucional, ministro. Démosles
el mérito a esos magistrados que tuvieron el valor de tomar esa decisión, también
acicateados, estimulados, por los reclamos ciudadanos.

Y dice que no está contra la tutela y que por ello promovieron la ley estatutaria. Este
sería un tema largo de debatir. El gobierno nacional ha hecho todo lo posible por
obstaculizar y hacerle daño a la tutela. Y el caso de la ley estatutaria es el mismo, así
intenten negarlo. Le hago incluso una invitación, doctor Gaviria. Vamos a su
universidad y a la mía, la Universidad de los Andes, y citemos a los estudiantes de
economía y hacemos un debate en donde usted intente demostrar que la ley
estatutaria no fue contra la tutela y yo le demuestro que la ley estatutaria sí fue
calculada contra la tutela. De la misma manera que la ley de sostenibilidad fiscal
aprobada por este gobierno y que tanto afecta la salud es una norma dirigida de
manera clarísima contra la tutela.

Y ahora qué se hace con Saludcoop. Ustedes tomarán las decisiones. Pero lo cierto
es que la intervención ya va para largo, lo ha dicho el propio superintendente, y por
lo que se ve va a ser todavía más larga aún, porque a quién le van a devolver ese
asunto y cómo es que lo van a devolver. Aquí hay problemas de una gravedad
inaudita. Dejemos solo los 1.4 billones, asumamos que ahí están los 600 mil millones
de la sanción de la Supersalud, súmenles los 238 mil millones que, según el gobierno
lo acepta, se están gastando de manera indebida, súmenles el medio billón de pesos
de deuda a las IPS y estamos hablando de mucho más de 2 billones de pesos. Cómo
lo van a resolver ustedes, quisiera saberlo. Pero además, y lo dijo la contralora
Morelli, Saludcoop ha incurrido en todas las causales de liquidación. No la liquiden
si no quieren, son decisiones que ustedes tomarán. Pero la verdad es que el
problema es extremadamente grave. Y si lo que se va es a organizar apunta a
dejársela a los mismos que han manejado a Saludcoop, el premio va a ser que el
Estado salga a rescatarlos, el premio va a ser que aquí no pasó nada, que se
perdieron 1.6 billones de pesos y que hay que mirar hacia un lado o buscarse un
chivo expiatorio para evadir las responsabilidades. Pueden hacerlo, pero no les va a
quedar fácil legalmente transferirle plata del Estado a un ente privado. Y pregunto:
sin transferirle plata del Estado cómo es que van a hacer el rescate de una institución
que se está hundiendo. No son hechos que me invento. El problema de las
matemáticas es que son tozudas.

Si esta posibilidad está allí, como lo planteó la contralora Morelli, y se debería


debatir con seriedad, habría que empezar por advertir que no se haga catastrofismo
que no corresponde con los hechos. Aducir que si la entidad se liquida, hay que coger
afiliado por afiliado a ver donde se afilia es una falta de rigor analítico que no se
puede permitir en un nivel de discusión como el que estamos teniendo. Todos
sabemos que las cosas no son así, y que unos pasan de un sitio a otro dependiendo
de las determinaciones. Y que se pueden tomar decisiones que garanticen que no va
a haber un desorden bajo los cielos, para usar esa figura, y que los trabajadores no
van a perder sus empleos. Abordemos el debate con seriedad, porque o si no, me
entra la sospecha de por qué ese sesgo analítico, por qué se van descontando de
plano soluciones que han funcionado en otros momentos y en otras instituciones.
Quién es el que está interesado en distorsionarlo todo, cuáles son los grandes que se
mueven para que este lío se resuelva solo en una determinada dirección. Estas son
preguntas que los colombianos y en particular los polistas nos estamos haciendo.

Concluyo insistiendo en que el ministro de Salud y el superintendente de Salud


deben renunciar y permitir que lleguen otros funcionarios que hagan las cosas
menos mal de cómo ellos lo han venido haciendo.

Saludcoop: el desfalco de la historia

En menos de diez años, Carlos Palacino, un desconocido corredor de seguros,


construyó la empresa más grande de la salud en Colombia. Muchas de sus ideas
eran seguidas y copiadas por EPS, hospitales y empresas del sector por su forma
de ahorrar costos y ganar dinero. Pocos se atrevían a enfrentarse con él o con
Saludcoop, pues podían terminar sin trabajo o arruinados.

La meteórica carrera de este tolimense, que comenzó en 1975 como cobrador de


seguros en La Equidad, terminó en 2011 cuando el gobierno decidió intervenir
Saludcoop por desviar recursos de la salud. La semana pasada, tras dos años de
investigaciones, la Contraloría lo sancionó a él y otros 14 directivos a devolver los
1,4 billones de pesos que habrían desviado de la salud entre 2002 y 2010.

Se trata de una decisión que, en caso de quedar en firme, se convertiría en el juicio


fiscal más grande de la historia moderna del país.

¿Cómo hicieron para desviar semejante fortuna y en qué se la gastaron? Las 378
páginas del fallo de la Contraloría permiten reconstruir todas las figuras y movidas
que Palacino y su círculo cercano –conformado por María Carolina Lamus, Alberto
Castro Cantillo, Javier Mauricio Sabogal, Luis Albeiro Medina, Jaime Chávez y
Claudia López Ochoa– crearon o usaron para “apropiarse de manera dolosa y
gravemente culposa” de los recursos públicos, y que finalmente, según la
Contraloría, contaron con la aprobación u omisión de directivos de la empresa como
René Cavanzo, Eugenio Mejía, Gabriel Franco, Ana María Piñeros, José Enrique
Corrales, José Tobías Correa, Rubi Hernández y Carlos Antonio Paz.

Además, es claro que Palacino y su equipo tuvieron el soporte de toda una red de
empleados, contadores, revisores fiscales, funcionarios públicos, políticos,
congresistas, asesores y abogados.

Usando estados contables, actas de la junta directiva y la plata que entraba y salía
del grupo, la Contraloría determinó que en 1998 iniciaron los desvíos de los
parafiscales. Gracias a la bonanza de la salud y a los buenos resultados de la
empresa, Saludcoop tomó la decisión de ampliar su red de oficinas, clínicas y
centros médicos.

El problema, como lo indica la entidad de control, es que esto no lo hizo con recursos
propios o de sus accionistas, sino dejando, primero, de pagar oportunamente los
servicios de salud que le habían facturados los proveedores y, después,
apropiándose de una parte de la plata de la salud que entraba a sus arcas y que era
registrada como utilidad. Entre 1998 y 2010, Saludcoop, según el fallo, habría
desviado 1,05 billones de pesos para construir, ampliar y dotar sus clínicas y
hospitales.

A la vez que Palacino y Saludcoop construían su propia red de hospitales y clínicas,


con su fachada blanca distintiva, dejaban en el camino a decenas de IPS y personas
quebradas. También compraron EPS para tomar una posición dominante en el
mercado. En 2001, con autorización de la junta y en asocio con Cafesalud,
compraron en Chile la EPS Cruz Blanca.

Dos años después, adquirieron Cafesalud por 25 millones de dólares y la


participación que tenía en Esimed, Epsipharma, Epsiclínicas y Promotora las
Américas. A estas compras se sumaron inversiones en empresas de salud en
Ecuador, México, República Dominicana y Panamá, que hoy son un verdadero
fracaso pero que nada le costaron a Saludcoop, pues fueron financiadas por los
colombianos.

Al tener un poderoso grupo de EPS con su red de hospitales, Saludcoop empezó –


por iniciativa de Palacino– a crear todo tipo de empresas de medicamentos, auditoría
contable, diálisis renal, software, ropa, vigilancia, entre otras, que en su mayoría
dependían de la EPS para sobrevivir. Y en medio de esa fiesta, hubo plata para
todo: patrocinio a equipos y torneos de fútbol, baloncesto y golf, construcción de
colegios, compra de carros de alta gama, soporte para construir condominios
campestres, entre otros.

Palacino y su equipo realizaron numerosos viajes a encuentros mundiales o


regionales de salud, educación y cooperativismo, a cargo de la empresa y que
Contraloría considera salieron de la salud. Incluso, en algunos viajes los ejecutivos
de la empresa podían ir acompañados por sus cónyuges. Otras veces, según el acta
95 de 2002, la junta le reconoció a Palacino el reembolso del dinero que gastó en
llevar a su esposa en su viaje de trabajo a Lisboa (Portugal).

Para la Contraloría, uno de los viajes más polémicos fue el que realizaron los ocho
miembros del consejo de administración a un evento a Singapur, por cuenta de
Saludcoop. Allí, en el Swiss Hotel The Stamford, Palacino convocó una reunión en
donde se decidió adquirir la torre 3 del centro empresarial Paralelo 108, en Bogotá,
por 72.000 millones de pesos. Algo que terminó haciéndose.

Según la Contraloría, solo entre 2005 y 2010, se pagaron 6.000 millones de pesos
en bonificaciones a los directivos, de los cuales 3.541 millones fueron a parar a un
solo bolsillo, el del presidente de Saludcoop, Carlos Palacino. En medio de la crisis
y de la incertidumbre derivadas de los controles de la Superintendencia de Salud y
las altas deudas, en 2008 un miembro de junta exaltó la labor adelantada por
Palacino y propuso una bonificación de tres salarios, que fue aprobada por
unanimidad.

Entre otras perlas halladas por la Contraloría está que, frente a la primera
investigación que le hizo la Superintendencia de Salud en 2004 y que les prohibió
usar recursos de la salud para fines distintos, Palacino le informó a la junta que fue
a la oficina del ministro de Salud, en compañía de varios congresistas, para explicar
la posición de la entidad frente al informe.
Y para defenderse, la empresa contrató un poderoso equipo de abogados
conformado por José Joaquín Bernal, Marcela Monroy, Jaime Lombana, Hernán
Jiménez y el actual fiscal general de la Nación, Eduardo Montealegre. Meses
después, Palacino le informó a la junta directiva que los abogados externos se
reunieron en la Casa de Nariño con el presidente, el ministro de Salud y otros
ministros. Al final, según la Contraloría, se diseñó un plan de actividades que terminó
por diluir el caso.

La misma superintendencia, siete años después, con otro informe, desencadenó la


intervención de la EPS.

En su defensa, Palacino y todos los implicados han dicho que la plata usada no era
de la salud, sino que fueron los excedentes y utilidades que quedaron de la
operación, algo que estaba permitido por la ley. Sin embargo, la Contraloría
determinó que eso no era cierto y determinó que Palacino y su equipo devuelvan
1,4 billones de pesos.

La Procuraduría de la Nación, en marzo pasado sancionó a Palacino –y a 11


directivos más– a una inhabilidad de 18 años para ocupar cargos públicos y a pagar
56 millones de pesos por estafa e incremento injustificado de patrimonio. Desde
hace dos años, ambas entidades le han enviado copias de sus hallazgos a la
Fiscalía, a la cual han llegado, además, otras denuncias. Un fallo está aún pendiente

ACTUAL 2018

El ente acusador indicó que los recursos que debían usarse para más de siete
millones de usuarios de la EPS "se habrían desviado para incrementar el
patrimonio personal de Saludcoop, dicho dinero se habría usado en inversiones
nacionales, inversiones en México y Ecuador, la adquisición de planta y equipo,
inversiones permanentes, préstamos a socios y trabajadores además del pago de
deudas".

“El dinero de la salud tiene destinación específica y está orientado a la atención de


los usuarios y la ejecución de campañas de prevención, es decir, únicamente a la
cobertura de los planes de beneficios pos o pos subsidiado”, señaló el fiscal Néstor
Humberto Martínez.

El jefe del ente acusador indicó que los gastos en los que incurrió la EPS debían
hacerse por inversión de las ganancias de las EPS y demás recursos propios, y no
por cuenta de los dineros que el Estado destina a los afiliados del sistema.

Las irregularidades

En el caso Palacino las irregularidades estuvieron relacionadas con


inconsistencias en cuanto a supuestos usuarios de sus servicios, pues en muchos
casos se trató de las que serían identificaciones falsas o adulteradas con las
cuales se justificó una serie de pagos que terminaron por afectar los recursos de la
entidad.

En este caso la Superintendencia Nacional de Salud encontró que 240 personas,


supuestamente mayores de edad, estaban registrados en el sistema de la entidad
con tarjetas de identidad y registro civil. Por estos hechos habrían cobrado 70
millones de pesos. Del mismo modo, hallaron 150.944 beneficiarios quienes no
coincidían con el apellido de su progenitor, por lo que habrían cobrado 4000
millones.

Lea también: Por negligencias, tres EPS fueron reportadas ante


Superintendencia

Igualmente, más de 149.000 personas fueron halladas sin tener registrado el


apellido de la madre. Esto según la Fiscalía habrían costado una suma cercana a
los 4000 millones de pesos. Sin embargo, lo que más llamó la atención de las
autoridades fueron los 837 usuarios hombres quienes estaban registrados como
mujeres y por esto cobraron 200.000 millones de pesos.

Por último, la investigación reportó que había irregularidades en 3713 cédulas. Al


parecer, se trataban de personas fallecidas.