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CICLO

FECHA
ACIDOS

PROFESOR:
PROFESOR
ALUMNOS
CURSO : :BUSTAMANTE
:GRASOS
ESCUELA
VBIOQUIMICA
: MAYOGARCÍAMANAYAY
2018ISHIMINE
I RICHARD
MARIA.E.
POLIINSATURADOS
 MARREROS SORIANO PAUL Y
DE FARMACIA
OMEGAS
BIOQUIMICA
AGRADECIMIENTO

A Dios, por brindarnos la dicha de la salud y bienestar físico y espiritual.

A nuestros padres, como agradecimiento a su esfuerzo, amor y apoyo

incondicional, durante nuestra formación tanto personal como profesional.

A nuestro docente, por brindarnos su guía y sabiduría en el desarrollo de este

trabajo.
DEDICATORIA

A NUESTROS PADRES por ser el pilar fundamental en todo lo que somos, en

toda nuestra educación, tanto profesional, como de la vida, por su incondicional

apoyo.

Todo este trabajo ha sido posible gracias a ellos.

A DIOS por brindarnos salud y fortaleza de entendimiento para salir adelante

profesionalmente.
INDICE
INTRODUCCIÓN

El cuerpo humano requiere de aproximadamente 50 nutrimentos que son indispensables


para su funcionamiento y desarrollo, dentro de los cuales se encuentran las vitaminas, los
minerales, los aminoácidos (proteínas), los hidratos de carbono y los lípidos.

Los lípidos forman parte de los tejidos de plantas y animales y son clasificados como,
esteróles, fosfolípidos, esfingomielinas, ceras y grasas. Los principales componentes de
todas las grasas son los ácidos grasos, que pueden ser saturados, monoinsaturados
(AGMI) o poliinsaturados (AGPIs). Las grasas que contienen una gran proporción de
ácidos grasos saturados son sólidas a temperatura ambiente y se conocen como grasas
saturadas. Estas grasas son generalmente de origen animal como la manteca, el sebo y
la mantequilla. Por el contrario, la mayoría de las grasas vegetales son ricas en ácidos
grasos poliinsaturados o monoinsaturados.

Los ácidos grasos poliinsaturados indispensables (AGPIs), ácido linoleico n–6 y ácido
linolénico n–3 se obtienen a través de la dieta y son precursores de los ácidos grasos
poliinsaturados de cadena larga (AGPIs–CL) araquidónico (AA) y docosahexaenoico
(ADH), respectivamente. El consumo de AGPIs está relacionado con un mejor desarrollo
cerebral fetal y cognoscitivo del recién nacido. Los AGPIs pueden reducir la concentración
de triacilgliceroles en la sangre a través de la oxidación de ácidos grasos por medio de la
activación de PPARα o a través de la represión de SREBP–1 que inhibe la lipogénesis. El
consumo de AGPIs puede ser benéfico en el control de ciertas enfermedades como la
diabetes mellitus y la obesidad en la que los AGPIs activan a PPARα estimulando la
oxidación de lípidos y disminuyendo la resistencia a la insulina y la esteatosis hepática. En
el caso del cáncer los AGPIs pueden servir como agentes citotóxicos para ciertas células
tumorales. Debido a su efecto hipolipémico y a su efecto antiinflamatorio, los AGPIs
podrían tener efectos benéficos en la prevención de enfermedades cardiovasculares. Las
principales fuentes alimenticias de AGPIs n–6 son los aceites de maíz, de cártamo y de
soya, y las de AGPIs n–3 son la linaza y los aceites de pescados, canola y de soya.
ÁCIDOS GRASOS

Los ácidos grasos son ácidos monocarboxílicos de cadena larga, que generalmente
contienen un número par de átomos de carbono, normalmente entre 8 y 22. Esto se debe
a que su síntesis biológica tiene lugar mediante la adición sucesiva de unidades de acetil
CoA. Sin embargo, también existen ácidos grasos con un número impar de átomos de
carbono, que probablemente derivan de la metilación de un ácido graso de cadena par.
Los ácidos grasos presentes en el organismo se encuentran en su forma saturada,
principalmente como ácido palmítico, o en la forma insaturada debido a la presencia de
dobles ligaduras. Los ácidos grasos insaturados pueden ser monoinsaturados y
poliinsaturados.

1. ÁCIDOS GRASOS POLIINSATURADOS

La esencialidad de algunos ácidos grasos poliinsaturados (AGPIs ) está dada por la


incapacidad que tiene el organismo para sintetizarlos a partir de precursores. Los ácidos
linoleico (C18:2 w6) y a-linolénico (C18:3 w3) son esenciales debido a que el ser humano
no puede insertar dobles ligaduras por la falta de enzimas (Ð12 y Ð15 desaturasas)
responsables de la introducción de dobles ligaduras en las posiciones w6 y w3.

La familia de los omega-9, denominada así debido a la ubicación del primer doble enlace
en el carbono 9, tiene como representante más importante al ácido oleico (C18:1, OL).
Los ácidos grasos omega-3 y omega-6 son considerados esenciales debido a que los
mamíferos no pueden incorporar dobles enlaces en las posiciones 3 y 6 por lo cual estos
ácidos grasos, o sus precursores más importantes, el LA en el caso de los omega-6 y el
LNA para los omega-3, deben estar presentes en nuestra dieta2. No ocurre lo mismo con
los ácidos grasos omega-9. Estos sí pueden ser sintetizados a partir de ácidos grasos de
menor complejidad estructural producidos por el propio organismo, por lo cual no son
esenciales2. El OL, aunque se le atribuyen muchas propiedades derivadas de su consumo
habitual -es un componente importante de la llamada dieta mediterránea 3- no es un ácido
graso esencial. La Figura muestra en forma esquemática la distribución de las familias de
ácidos grasos omega-3, omega-6 y omega-9.
2. TIPOS DE OMEGAS
2.1 OMEGA-3

Existen tres grandes tipos de ácidos grasos omega-3 que se ingiere con los alimentos y
son utilizados por el cuerpo, estos son ALA, EPA y DHA.

Una vez que se digiere en el cuerpo se convierte el ALA a EPA y el DHA estos son los dos
tipos de ácidos grasos omega-3 que actúan como importantes precursores de los lípidos
derivados moduladores de la señalización celular, la expresión de genes y procesos
inflamatorios.

La mayor parte de ALA que se consume en la dieta proviene de fuentes vegetales como
las semillas de lino, nueces, pacanas, avellanas, y los kiwis. Hay un pequeño porcentaje
de AGPI omega-3 que provienen de las carnes comunes a las dietas occidentales, tales
como pollo y carne de vacuno, sin embargo, se trata de la mayoría de ALA. Las mayores
concentraciones de EPA y DHA son encuentran en los peces de agua fría como el salmón,
el atún y el arenque.
2.1.1 BENEFICIOS DEL CONSUMO DE OMEGA-3

En Colesterol

 El consumo de omega 3 puede reducir los niveles de triglicéridos en la sangre


hasta en un 25 a 30%, un efecto que es muy similar a los fármacos actualmente
utilizados para tratar la hipertrigliceridemia. Sin embargo, con el fin de obtener
estos resultados, dosis altas tienen que ser consumidas más o menos equivalente
a 4.000 mg de aceite de pescado.

En la presión arterial

 La ingesta de por lo menos 1000 mg de EPA + DHA es capaz de reducir la presión


arterial en hasta 5 mmHg de presión sistólica y 3 mmHg de presión diastólica (por
ejemplo, la presión arterial reduce de 150/90 mm Hg a 145/87 mmHg). Pero
cuando se obtiene el omega 3 a través de una dieta saludable, los efectos son
mayores en razón de que el consumo de grasas saturadas y sal son responsables
del aumento de la presión
 El efecto del omega 3 en la presión arterial es más pronunciado en las personas
con más de 45 años y menos eficaz en pacientes entre 15 y 30 años.
En el corazón

 El omega 3 presenta varios efectos beneficiosos sobre el corazón como un todo,


ya que mejora la eficiencia del músculo cardíaco, reduce la demanda de oxígeno,
controla la frecuencia cardíaca y reduce el riesgo de arritmias.

En el cerebro

 El consumo regular de omega 3 en la dieta parece estar relacionado con un menor


riesgo de desarrollar demencia, incluyendo la enfermedad de Alzheimer. El
beneficio de utilizar suplementos en la prevención de la demencia aún no está bien
establecido.

2.1.2 LAS FUENTES DE LOS ÁCIDOS GRASOS -3

Los animales fuente de omega 3 son; los pescados azules (arenque –caballa –atún –
sardina – Sardina, salmón – Salmo salar); animales marinos, salmón, mejillones, atún,
anchoas, sardinas, jurel de origen acuícola.

Los ácidos grasos omega-3 de origen vegetal se encuentra el alfa linoleico C18:3, ALA;
que se encuentran en la soja (Glycine max), canola (Brassica napus), chía (Salvia
hispanica), linaza (Linum usitatissimum), Los ALA son precursores del DHA y EPA sin
embargo hace falta mayor investigación en la efectividad en la biotransformación del
mismo ya que sería necesario la elongación y de saturación por enzimas del cual sería
sintetizado solo una pequeña cantidad por nuestro cuerpo.

2.2 OMEGA -6

Los ácidos grasos de la serie "omega 6" son ácidos grasos indispensables desde el punto
de vista biológico. Todos provienen de un ácido graso esencial, denominado ácido
linoleico, que contiene 18 átomos de carbono y 2 enlaces químicos dobles. De este
último, derivan otros dos ácidos grasos de cadena más larga, también muy importantes,
llamados AGL (ácido gamma-linolénico) y ácido araquidónico.
2.2.1 BENEFICIOS DEL CONSUMO DE OMEGA- 6

CARDIOVASCULARES
 Reducen la acumulación de lípidos en las paredes arteriales.
 Disminuyen la presión arterial.
 Intervienen en el mantenimiento y realización de la contracción cardíaca.

HEMATOLÓGICAS

Prolongan el tiempo de coagulación sanguínea. Los AGEs inhiben la síntesis de


tromboxano, ejerciendo un efecto de prevención de anormalidades en la coagulación.
Promueven la síntesis de hemoglobina (molécula que transporta oxígeno a las células).
Inducen la reducción de los niveles sanguíneos de triglicéridos.

2.2.2 LAS FUENTES DE LOS ÁCIDOS GRASOS -6

 nueces

 cereales

 pan integral

 la mayoría de los aceites vegetales

 huevos y aves de corral

 soja

 aguacate

2.3 OMEGA-9

Los ácidos grasos omega-9 son un tipo de ácido graso considerados esencial con
amplios efectos biológicos positivos para la salud, como el alivio de la inflamación
relacionada con la artritis reumatoide. Ejerce una acción beneficiosa en los vasos
sanguíneos reduciendo el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y hepáticas.

Dos importantes ácidos grasos ω-9, son:

 Ácido oleico (18:1 ω-9) que es el componente principal del aceite de oliva y de
otras grasas monoinsaturadas.

 Ácido erúcico (22:1ω-9) encontrado en canola (Brassica


napus), semillas de Erysimum, semillas de mostaza (Brassica).

A diferencia de los ácidos grasos ω-3 y ω-6, los ácidos grasos ω-9 no se clasifican
como ácidos grasos esenciales (EFA, acrónimo en inglés). Eso se debe a que pueden
ser sintetizados por el cuerpo humano por lo que no son esenciales en la dieta, y a que la
falta de un doble enlace ω-6 los lleva a participar en las reacciones que formarán
los eicosanoides.

3. METABOLISMO DE LOS OMEGAS

Los AG Omega-3 ingeridos en la dieta se incorporan rápidamente a los depósitos grasos y


fosfolípidos del organismo que debido a su falta de capacidad de síntesis dependen
íntegramente de la dieta.

Estos AG de los fosfolípiodos son utilizados para la síntesis de moléculas como los
eiconsanoides. La ruta metabólica de síntesis comienza con la toma de un AG de los
fosfolipidos de su membrana usando la fosfolipasa A2. Dependiendo del tipo de AG
Omega-3 versus Omega-6 que ingrese en la ruta metabólica de síntesis de los
eicosanoides se obtendrán moléculas con muy diferente actividad.

Ruta metabólica de síntesis de eicosanoides Omega-3 vs Omega-6. Separadas en el


caso de los vertebrados y con capacidad de regulación por parte de las plantas y
microorganismos.
Cuando el AG precursor es Omega-6 el resultado es la síntesis de tromboxano A2,
prostaglandina E2 y leucotrieno B4, C4 y D4, moléculas con potente efecto agregante
plaquetario y mediadores de la inflamación.

Mientras que si el precursor de la ruta metabólica es un AG Omega-3 (EPA o DHA) se


produce tromboxano A3, prostaglandina E3 y leucotrieno B5, C5 y D5 con un débil efecto
agregante plaquetario y una menor actividad como medidores de la inflamación (Figura 3).

El efecto final de esta ruta metabólica cebada por los Omega-3 es un efecto
antiinflamatorio por modulación de sus mediadores al sustituirlos por otra serie de
moléculas de menor actividad proinflamatoria.
Los AG Omega-3 también tienen la capacidad de modular muchos otros procesos del
sistema inmunitario como la producción de citoquinas, expresión de receptores de
membrana, respuesta a mitógenos por parte de las células inmunes, producción de
especies oxidantes, producción y tipo de eicosanoides, capacidad de fagocitosis,
quimiotaxis, apoptosis, ejerciendo un efecto inmunomodulador.

4. DIGESTIÓN Y ABSORCIÓN

Las grasas ingeridas derivadas de la alimentación usual son principalmente grasas


neutras o triacilgliceroles y, en cantidades menores, también fosfolípidos, colesterol, y
ésteres de colesterol, entre otros. En la mayoría de los adultos, el proceso de digestión
de las grasas es muy eficiente, y ocurre principalmente en el intestino delgado. Sin
embargo, un cierto grado de hidrólisis de las grasas ocurre por acción de enzimas
segregadas en la boca (lipasa lingual) y en el estómago (lipasa gástrica), ambas con
especificidad para la hidrólisis de triacilgliceroles de cadena corta y media (Figura –
Esquema de la digestión de lípidos). La digestión en el intestino delgado se ve facilitada
por la acción emulsionante de las sales biliares, que, combinada con los movimientos
peristálticos del intestino, da como resultado un incremento de la superficie de las
partículas lipídicas, y permite a las enzimas lipolíticas, que son hidrosolubles, actuar en la
superficie de las mismas, de forma que se hace posible la digestión. Las sales biliares
son sintetizadas por el hígado y segregadas por vía biliar al duodeno.

Esquema de la digestión de lípidos.


Los triacilgliceroles se digieren en el intestino delgado, principalmente mediante la lipasa
pancreática y, en menor grado, por la lipasa entérica. Ambas actúan hidrolizando los
residuos de ácidos grasos en posición 1 y 3 del glicerol; al final de la digestión coexisten
ácidos grasos libres y 2-monoacilglicéridos, principalmente.

Los fosfolípidos se digieren principalmente mediante la fosfolipasa A2, de origen


pancreático, que hidroliza los residuos de ácidos grasos en posición 2; de esta forma se
generan los correspondientes lisofosfolípidos y los ácidos grasos libres. Los
lisofosfolípidos son también potentes detergentes y contribuyen en la emulsión. La mayor
parte del colesterol de la dieta se encuentra en forma de ésteres de colester (colesterol
esterificado con un ácido graso) y se hidrolizan mediante la colesterol esterasa, de
secreción pancreática, que libera los ácidos grasos.

Como productos de la digestión, se han formado en el intestino básicamente


monoacilgliceroles, ácidos grasos libres, lisofosfolípidos y colesterol. Estos productos se
absorben mediante las células absortivas del intestino por un proceso de difusión,
facilitado por las sales biliares. La absorción del colesterol es más lenta, y también
menos completa que la de los otros lípidos. Los ácidos biliares se reabsorben en su
mayor parte en el íleon terminal, por un proceso activo, y se conducen por vía porta al
hígado, que los secreta nuevamente para poder repetir el ciclo. Sólo una pequeña parte
de los ácidos biliares no se absorbe y se pierde con las heces

Los ácidos grasos en el interior de las células epiteliales se unen a una proteína de bajo
peso molecular, que es la FABP (por sus siglas en inglés: Fatty Acid Binding Protein) o
proteína Z, que los transporta al retículo endoplásmico liso, donde se reesterifican de
nuevo, formando triacilgliceroles, fosfolípidos y ésteres de colesterol. Esta proteína tiene
más afinidad por los ácidos grasos de cadena larga insaturados que por los saturados.
Se han identificado dos vías de síntesis de triacilgliceroles en las células absorbentes: la
vía del monoacilglicerol y la del glicerol-3-fosfato. La más importante desde el punto de
vista cuantitativo es la vía del monoacilglicerol, en la que un monoacilglicerol es acilado a
partir de dos acil-CoA, para dar lugar a un triacilglicerol. La vía del glicerol-3-fosfato
implica la hidrólisis de los monoacilgliceroles, la fosforilación del glicerol mediante la
glicerol quinasa, con gasto de ATP, y su acilación mediante tres moléculas de acil-CoA.

Los lisofosfolípidos absorbidos también se reesterifican en el interior de las células


epiteliales, por acción principalmente de la lisolecitina aciltransferasa (LAT).

Ya en las células de la mucosa intestinal los diacilgliceridos, los monoacilgliceridos, el


glicerol y los ácidos grasos libres se convierten en triacilgliceridos y se unen con el
colesterol de la dieta, junto con una proteína específica, formando los quilomicrones.
Estos compuestos, que contienen apolipoproteína C-II (apo C-II), salen de la mucosa
intestinal hacia el sistema linfático, pasan a la sangre y llegan al músculo y al tejido
adiposo.

En los capilares de estos tejidos la enzima lipoproteína lipasa se activa por la apo C-II,
que hidroliza los triacilgricéridos a ácidos grasos y glicerol, siendo ambos productos
captados por las células en los tejidos. En el músculo, los ácidos grasos se oxidan para
obtener energía, y en el tejido adiposo se reesterifican para ser almacenados como
triacilgricéridos.

Los quilomicrones remanentes, que contienen colesterol y apolipoproteínas (apo E y apo


B-48), transportados por la sangre llegan a hígado. En este órgano pueden oxidarse para
proporcionar energía o bien ser precursores de cuerpos cetónicos. Un quilomicrón
contiene una gota de grasa rodeada por lípidos más polares y finalmente por una capa
de proteínas. Los ácidos grasos son almacenados en forma de TAG (Triacilglicéridos)
principalmente en los adipocitos del tejido adiposo Los TAG sintetizados en el hígado son
empaquetados en VLDL (lipoproteínas de muy baja densidad) y de esta manera son
liberados directamente en la sangre. Los quilomicrones del intestino son secretados en la
sangre por medio del sistema linfático, para ser llevados a los tejidos, para su
almacenamiento o para la producción de energía a través de su oxidación mitocondrial.

Los TAG del LDL y de los quilomicrones son hidrolizados a ácidos grasos libres y glicerol
en los capilares del tejido adiposo y músculo esquelético por acción de la lipoproteína
lipasa. Entonces los ácidos grasos libres son absorbidos por las células y el glicerol
regresa por la sangre al hígado y riñones, donde se convierte en el intermediario
glucolítico dihidroxiacetona fosfato (DHAP).
En respuesta a la demanda de energía, los ácidos grasos de los TAG almacenados
pueden ser movilizados para su utilización en los tejidos periféricos. La liberación de
energía metabólica, en forma de ácidos grasos, se controla por una serie compleja de
cascadas interrelacionadas que dan como resultado la activación de la lipasa sensible a
esta hormona.

Los estímulos para activar esta cascada en los adipocitos, pueden ser el glucagón, la
adrenalina o la β-corticotropina (Figura 9 – Activación de la lipasa sensible a hormona por
la adrenalina). Estas hormonas se unen a receptores en la superficie de las células que
están acoplados a la activación de la adenilato-ciclasa, después de la unión del receptor
con su ligando. El incremento de cAMP (AMP cíclico) resultante lleva a la activación de la
PKA (proteína quinasa A), que a su vez fosforila y activa a la lipasa sensible a hormona
(HSL). Esta enzima hidroliza los ácidos grasos a partir de los átomos de carbono 1 o 3 de
los diacilglicéridos. Los diacilglicéridos son el producto de la acción de la lipasa de TAG
identificada como desnutrin (también llamada triacilglicerol lipasa del tejido adiposo,
ATGL). La desnutrin/ATGL es específica para los triacilgricéridos y proporciona
diacilgliceridos cuando la HSL se activa. Los monoacilglicéridos que resultan de la acción
de la HSL son sustratos para la monoacilglicerol lipasa El resultado neto de la acción de
estas enzimas es de tres moles de ácidos grasos libres y un mol de glicerol. Los ácidos
grasos libres se difunden en las células del tejido adiposo o se combinan con la albúmina
en la sangre, y así se transportan a otros tejidos, donde se difunden pasivamente en las
células.

5. SINTESIS DE LAS OMEGAS

Tienen la capacidad de sintetizar DHA a partir del precursor LNA. Esto ocurre gracias a un
sistema constituido por enzimas elongasas y desaturasas, que aumentan el tamaño de la
cadena de carbonos y que introducen nuevos dobles enlaces, respectivamente, a los
ácidos grasos precursores. Estos procesos ocurren en el retículo endoplasmático celular.
De esta forma, el LNA tras sucesivas desaturaciones y elongaciones se transforma en
EPA y posteriormente en DHA. Sin embargo, recientemente se ha observado que el
sistema de síntesis no es un proceso directo ya que el EPA se transforma primero en un
ácido graso de 24 carbones y 6 dobles enlaces (C24:6, omega-3). Este ácido graso es
transferido desde el retículo endoplasmático a los peroxisomas donde sufre un proceso
denominado retroconversión. De esta forma el C24:6 es beta-oxidado parcialmente a
DHA, el que queda disponible para su utilización metabólica, por ejemplo, para
incorporarse a los fosfolípidos que forman las membranas celulares. Se ha propuesto que
el DHA podría sufrir una nueva beta-oxidación para convertirse en EPA. Este proceso
sería muy bien regulado y posiblemente constituiría la fuente endógena de EPA para sus
funciones reguladoras.

La síntesis de DHA, y en general de los ácidos grasos omega-3, es un proceso


interdependiente de la síntesis de los ácidos grasos omega-6. En efecto, ambos
precursores, el LA y el LNA compiten por las mismas enzimas (∆5- y ∆6-desaturasas) en
el proceso de transformación a sus respectivos derivados de mayor tamaño de cadena e
insaturación. Sin embargo, estas enzimas tienen mucho más afinidad por los ácidos
grasos omega-3 que por los de la familia omega-6, por lo cual se requieren cantidades
mucho mayores de estos últimos ácidos grasos para mantener una velocidad de síntesis
adecuada a los requerimientos del organismo. De esta forma, un aporte dietario
mayoritariamente constituido por ácidos grasos omega-6, como ocurre a partir del
consumo de aceites vegetales tales como maravilla y maíz, puede inhibir
significativamente la formación endógena de ácidos grasos omega-3, en especial de EPA
y DHA, cuya consecuencia es motivo de estudio actualmente debido a que la dieta
occidental aporta principalmente ácidos grasos omega-6 y muy poco omega-3. Esto se
agrava más aún, cuando el consumo de pescado (la mejor fuente nutricional de DHA
preformado) es baja, como ocurre en Chile y en otros países del continente americano y
europeo. La Figura resume las principales etapas metabólicas de la biosíntesis de ácidos
grasos omega-3 y omega-6, y donde es posible observar el efecto de competencia entre
los respectivos precursores.
6. EL DHA

El ácido docosahexaenoico -DHA junto con otros ácidos grasos poliinsaturados de cadena
larga (AGPICL), representan la tercera parte de todos los lípidos de la materia gris del
cerebro. El DHA se considera importante para el desarrollo del tejido nervioso y de las
membranas sinápticas, es decir, el DHA es de vital importancia en la función neuronal
normal. Los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga están muy concentrados en la
bicapa fosfolipídica de las membranas neuronales del cerebro y de la retina y
desempeñan un papel en la función neuronal y de foto transducción.

6.1 FUNCIONES BIOQUÍMICAS DEL DHA

Entre las que destacan sus efectos a nivel de la regulación génica, en el control del
sistema inmunológico, como un posible segundo mensajero, todas ellas aún poco
conocidas desde el punto de vista molecular. Sin embargo, su efecto en la función de las
membranas celulares, a través de la regulación de la fluidez, es el mejor caracterizado. La
presencia de DHA en las membranas las fluidiza, esto es, facilita el movimiento de otras
moléculas a través de su superficie o en su interior hidrofóbico. Este efecto es
particularmente importante en la formación y función del sistema nervioso y visual de los
mamíferos. En el cerebro el DHA participa en la neurogénesis, en la migración de las
neuronas desde zonas ventriculares a la periferia, en la mielinización y en la
sinaptogénesis. En el órgano visual, facilita el movimiento de la rodopsina en los
fotorreceptores permitiendo la transformación del estímulo visual en una señal eléctrica.

6.1.1 EL DHA EN EL DESARROLLO DEL SISTEMA NERVIOSO.

El desarrollo del sistema nervioso y en especial del cerebro, ocurre en el último tercio del
período gestacional, esto es, en el caso del humano durante los últimos tres meses del
embarazo. Es aquí donde comienza en forma activa la formación de las neuronas y donde
el requerimiento de DHA aumenta considerablemente. No está claro aún si el feto en este
estado del desarrollo es capaz de formar todo el DHA que requiere este proceso, por lo
cual la participación de la madre aparece como crucial en esta importante etapa del
desarrollo. En efecto, la madre traspasa activamente al feto sus reservas de DHA,
acumuladas principalmente en el hígado y en el tejido adiposo. La movilización de DHA
desde la madre al feto a través de la placenta, implica que la concentración de DHA en el
cerebro (donde llega a constituir el 40% del contenido de ácidos grasos poliinsaturados de
cadena larga) es mayor que la concentración en el plasma fetal y ésta, a su vez, mayor
que la de la placenta y del plasma materno. Este proceso que ha sido identificado como
biomagnificación es una demostración de la activa transferencia de DHA
madrecplacentacfeto. Cabe destacar que la barrera hematoencefálica es impermeable a
los ácidos grasos saturados, monoinsaturados y al colesterol, los cuales deben ser
formados por el cerebro. En cambio es permeable a los ácidos grasos omega-6 y omega-
3. La pregunta, aun sin una respuesta definitiva, es si en la etapa gestacional el cerebro
puede formar DHA a partir del LNA que le transfiere la placenta, o si requiere de un DHA
preformado dada su incapacidad para desaturar y elongar al LNA. En las etapas tardías
del último trimestre gestacional los astrocitos adquieren la función de suplir con DHA a las
neuronas en formación. La Figura muestra un modelo hipotético del metabolismo de los
ácidos grasos omega-6 y omega-3 en el cerebro.

6.1.2 EL DHA EN LA FUNCIÓN VISUAL

El tejido visual es una estructura derivada del sistema nervioso y que al igual que el
cerebro tiene una extraordinaria capacidad para captar DHA desde el plasma, aunque
tampoco está claro si también tiene la capacidad para formar DHA a partir de precursores
de menor tamaño. En la retina el DHA forma parte de los fotorreceptores de los conos y
bastoncitos. Estas estructuras de la membrana, asociadas a la rodopsina, participan en la
conversión del estímulo luminoso en un estímulo eléctrico (depolarización de membranas)
y en los procesos de transducción de señales que acompañan a este fenómeno. No hay
evidencias que la retina pueda sintetizar DHA a partir de sus precursores. Sin embargo,
este ácido graso es continuamente reutilizado en el tejido ya que el recambio de los conos
y de los bastoncitos es muy activo. Estas células desprenden continuamente segmentos
de la membrana (10% de su estructura diariamente) de la parte de ésta sensible a la luz
(los segmentos externos de los fotorreceptores), que son continuamente fagocitados por
las células del epitelio pigmentado de la retina, produciéndose así una activa reutilización
de los productos de la fagocitocis, entre ellos del DHA. La Figura muestra como ocurriría
el reciclaje y la incorporación del DHA en la retina.

6.2 REQUERIMIENTOS METABOLICOS DEL DHA

El cerebro y la retina de los adultos mantienen una cantidad relativamente constante de


DHA en su composición lipídica, lo cual indica que estos órganos son a su vez
relativamente independientes de las variaciones del aporte dietario de DHA. En el caso
del cerebro, éste podría mantener un aporte constante de DHA a partir de su propia
capacidad de síntesis. La retina se proveería de DHA a partir del aporte hepático, aunque
como ya se comentó, este ácido graso estaría sometido a un activo recambio por reciclaje
dentro del órgano visual, por lo cual los requerimientos de DHA plasmático serían más
bien modestos. Sin embargo, en la etapa de gestación intrauterina y en el período post-
natal, abarcando incluso los primeros dos o tres años de vida, el requerimiento de DHA
por parte del cerebro y de la retina parece ser crítico y fundamental para la función
posterior de ambos tejidos.
6.2.1 DURANTE EL PERIODO DE GESTACION

Durante la etapa gestacional, e incluso después del nacimiento, el aporte de AGPICL es


realizado por la madre, ya que si bien el feto y el recién nacido tienen la capacidad para
formar AGPICL a partir de precursores, la velocidad de transformación (elongación y
desaturación) del AL para formar AA y del ALN para formar DHA, parece no ser suficiente
para proveer la cantidad de AGPICL requerida por el feto y por el recién nacido.

La actividad biosintética de elongación y de desaturación del hígado fetal es muy


incipiente debido a la inmadurez fisiológica de este órgano. La placenta humana no tiene
la capacidad para elongar y desaturar los AGPI precursores, sin embargo, es
selectivamente permeable a los AGPICL de origen materno. Este aporte puede provenir
de las reservas tisulares de AGPICL de la madre (principalmente del tejido adiposo), de la
actividad biosintética (elongación y desaturación de precursores) y del aporte nutricional
de AGPICL preformados. De esta forma, si la madre recibe una alimentación con un
aporte adecuado de AGPI y con una relación omega-6/omega-3 adecuada (desde 5:1
hasta 10:1 en peso), podrá aportar al feto a través del transporte placentario, y al recién
nacido a través de la leche, el requerimiento de AGPICL necesario para un desarrollo
normal del sistema nervioso y visual. Sin embargo, hay situaciones que pueden alterar
este aporte; una nutrición inadecuada, el consumo de grasas y aceites con alta proporción
de omega-6 y muy bajo aporte de omega-3 (muy común en nuestro medio), embarazos
muy frecuentes o un embarazo multíparo, pueden disminuir considerablemente las
reservas de AGPICL. Nutricionalmente el AL es mucho más abundante que el ALN, por lo
cual el riesgo de déficit de DHA es mayor que el riesgo de déficit de AA. El DHA
preformado puede, por ejemplo, ser obtenido a partir del consumo de productos del mar
(pescado, mariscos, algas) ya que estos alimentos constituyen la principal fuente de
AGPICL omega-3 preformados. Sin embargo, es conocido el bajo consumo de estos
productos en nuestro país (menos de 5 kg/cápita/año), por lo cual es altamente
recomendable la suplementación de la dieta de la madre con DHA o eventualmente con
ALN. Se ha sugerido que durante el curso del embarazo, una suplementación de 300
mg/día de DHA sería adecuada. Durante la lactancia, la madre continúa el aporte de
AGPICL al recién nacido. La leche humana, a diferencia de la leche de vaca, contiene una
pequeña cantidad de AA (0,5%) y de DHA (0,3%) que es suficiente para aportar hasta tres
veces el requerimiento de AGPICL del recién nacido De esta forma, el aporte de AGPICL
de la secreción láctea es otro antecedente que se suma al indiscutible rol de la lactancia
materna durante los primeros meses de vida. La figura esquematiza la participación de la
madre en el aporte de AGPICL omega-6 y omega-3 durante el período perinatal.

Aporte de ácidos grasos omega-3 durante la etapa gestacional y de lactancia.

7.

EFECTOS DE LA CARENCIA DE AGPICL DURANTE LA GESTACIÓN Y


DURANTE LA LACTANCIA

El cerebro es un tejido principalmente lipídico ya que un 60% de su peso seco está


constituido por lípidos; de ellos un 40% son AGPICL, y de estos un 10% es AA y un 15%
es DHA. En la retina el DHA también se encuentra en una mayor proporción que el AA,
constituyendo ambos ácidos grasos más del 45% del contenido de AGPI. Es indudable
que al encontrarse el AA y el DHA en tan altas concentraciones la disminución en el
aporte de ambos, ya sea durante la gestación o la lactancia, tendrá repercusiones en la
funcionalidad de los órganos afectados. En definitiva, un menor aporte de AA y de DHA
por parte de la madre significa una menor concentración de estos ácidos grasos en el
cerebro y en la retina. Los estudios realizados por diferentes grupos muestran que existe
una relación directa entre los niveles de AGPICL medidos en los eritrocitos y en el plasma,
como una estimación del estatus nutricional de estos ácidos grasos, y la agudeza visual y
la respuesta a potenciales evocados en los lactantes. Del mismo modo, los mayores
niveles de AGPICL medidos en lactantes, se correlacionan con una mayor capacidad de
aprendizaje y de concentración evaluados mediante test específicos aplicados meses
después de finalizada la lactancia. Algunos investigadores han propuesto que el adecuado
aporte de AGPICL durante el período perinatal puede tener repercusiones en la
inteligencia y en la intelectualidad del individuo en su edad adulta, y también una menor
morbilidad. Del mismo modo, se ha propuesto que las razas de origen oriental, que tienen
una mayor disponibilidad nutricional de AGPICL derivada de sus hábitos alimentarios,
tendrían ventajas en su intelecto respecto a las razas occidentales. Lo anterior es solo
una especulación, ya que se pueden esperar efectos individuales pero parece difícil
atribuirlos a toda una población.

8. ACTIVIDAD BIOQUIMICA DE LOS OMEGAS EN ENFERMEDADES

8.1 ACTIVIDAD EN EFECTOS ANTITROMBOTICOS

Recientemente se ha señalado su posible efecto antiinflamatorio como un posible


mecanismo del efecto protector de los ácidos grasos n-3 sobre el sistema cardiovascular.
La hipótesis antiinflamatoria de los ácidos grasos omega-3 inicialmente estaba basada en
la observación de una reducción en el número de células proinflamatorias que infiltran la
placa de ateroma tras la administración de estos ácidos grasos.

La adhesión de los leucocitos circulantes al endotelio vascular y la posterior infiltración de


estas células en la pared vascular están reguladas por diferentes proteínas de adhesión
expresadas tanto en los leucocitos como en el endotelio. Una reducción en la expresión
de estas moléculas de adhesión disminuiría significativamente la infiltración de
monocitos/macrófagos. Estudios in vitro han demostrado que el DHA reduce la expresión
de la molécula de adhesión intercelular (ICAM-1), la molécula de adhesión vascular
(VCAM-1) y la molécula de adhesión de células endoteliales-1 (ELAM-1/E-selectina) en la
superficie de las células endoteliales18. Este efecto se ha asociado con una reducción en
la adhesión de monocitos a las células endoteliales activadas18. La menor infiltración de
células inflamatorias en la placa de ateroma se ha correlacionado con una mayor
estabilidad de ésta. En este sentido, se ha demostrado que los ácidos grasos de cadena
larga n-3 pueden estabilizar la placa de ateroma reduciendo la infiltración de células
inflamatorias e inmunitarias en ella y/o mediante la reducción de la actividad de estas
células una vez que han infiltrado la placa. En esta misma línea, se ha observado que los
ácidos grasos de cadena larga n-3 se incorporan a la placa de ateroma tras la
administración de aceite de pescado (aportando 1,4 g de EPA + DHA/día) y que esta
incorporación se asocia con cambios estructurales que incrementan la estabilidad de la
placa. Como ya hemos señalado, los PUFA omega-3 afectan al número de leucocitos
contenido en la placa al reducir la expresión de moléculas de adhesión en ellas; sin
embargo, también pueden afectar directamente a la expresión de moléculas de adhesión
en los propios leucocitos. Así, la administración de aceite de pescado en ratas redujo la
expresión de ICAM-1 en sus linfocitos. Efectos similares se han observado en macrófagos
de ratón y en linfocitos humanos. Sin embargo, también hay resultados contradictorios en
cuanto a la disminución de proteínas de adhesión inducidas por los ácidos grasos omega-
3. Thies et al, a pesar de observar una reducción en el contenido de leucocitos en la placa
de ateroma, no encontraron una reducción de ICAM-1 o VCAM-1 en las placas de sujetos
a los que se administró aceite de pescado, lo que indica una vez más la presencia de
disociación entre los estudios experimentales y los obtenidos en humanos. Esto, además,
apoya la idea de que la reducción en la expresión de estas moléculas de adhesión no sea
probablemente el único mecanismo por el que el consumo de aceite de pescado reduce la
infiltración de células proinflamatorias en la placa de ateroma.

8.2 ACTIVIDAD ANTIINFLAMATORIA

El AA al ser un componente de la estructura de las membranas celulares, es liberado


desde los fosfolípidos por la activación de la enzima fosfolipasa A2 (FLA2) durante las
primeras etapas de un proceso inflamatorio. Posteriormente, un grupo de enzimas
conocidas como lipooxigenasas y ciclooxigenasas metabolizan al AA generando
eicosanoides bioactivos, entre los que se encuentran las prostaglandinas, leucotrienos y
tromboxanos,. El AA tiene dos vías distintas de acción, la primera vía involucra a las
ciclooxigenasas, las que convierten al AA en el tromboxano A 2 (TXA2) y en varias
prostaglandinas. Es importante destacar que existen dos isoenzimas distintas de la
ciclooxigenasa: 1a ciclooxigenasa-1 (COX-1) y la ciclooxigenasa-2 (COX-2). La COX-1 se
expresa como componente constitutivo en la mayoría de las células; la COX-2 es
inducible en diferentes tipos de células y su expresión se incrementa por diversos
estímulos (4,5). Entre las prostaglandinas derivadas del AA, la prostaglandina E2 (PGE2),
es un potente mediador de la inflamación, el dolor, la fiebre y del aumento de la
permeabilidad vascular. La segunda vía del AA involucra la enzima 5-lipoxigenasa y la
formación de distintos leucotrienos, entre los que destacan el leucotrieno B4 (LTB4), el
leucotrieno C4 y el leucotrieno D4, los cuales son potentes agentes proinflamatorios que
aumentan la permeabilidad vascular, la actividad de las células inmunes, y estimulan la
liberación de citoquinas inflamatorias.

En los
humanos y en animales las dietas ricas en EPA y DHA aumentan la proporción de estos
ácidos grasos en las membranas celulares, particularmente en los linfocitos lo cual,
además de reducir el contenido de AA en las membranas de estas células por un efecto
de competencia, disminuye la generación de los productos pro-inflamatorios derivados del
AGPICL ω-6 , El EPA también es un sustrato de la COX (1 y 2) y de la lipooxigenasa-5
cuando se ubica en la membrana plasmática, por lo cual compite con el AA en la
generación de eicosaniodes, pero en el caso del EPA estos presentan propiedades
antiinflamatorias. El EPA inhibe in vitro la transformación del AA por la COX en sus
derivados eicosanoides con lo cual la suplementación dietaria con EPA puede reducir la
formación de PGE2, TXA2 y LTB4 y mantener los niveles de la prostaglandina I 2 (una
prostaciclina) la cual es un inhibidor de la agregación plaquetaria . Si bien los productos
del metabolismo del AA (PGE2, TXA2 y LTB4) tienen propiedades pro-inflamatorias, los
productos de la conversión del EPA (TXA3, prostaglandinas I3 y E3 y LTB5) son
significativamente menos potentes en estimular la inflamación, la vasoconstricción y la
agregación plaquetaria, e incluso pueden antagonizar los efectos típicamente pro-
inflamatorios de los eicosanoides derivados del AA,
La suplementación dietaria con EPA y DHA también es capaz de reducir la producción de
citoquinas pro-inflamatorias, tales como la interleuquina-1, la interleuquina-6, la
interleuquina-8 y el factor de necrosis tumoral-a (TNF-α), que se liberan cuando los
macrófagos y monocitos son activados . Si bien estas citoquinas son potentes activadores
de la función inmune, el exceso de actividad de estas sustancias contribuye a la
inflamación patológica, situación observada en la inflamación intestinal crónica , en la
artritis reumatoidea , entre otras patologías inflamatorias. El TNF-α tiene un rol importante
en el desarrollo de caquexia en pacientes con cáncer . En este sentido la suplementación
dietaría con EPA y DHA puede reducir la producción de citoquinas inflamatorias y los
efectos del TNF-α .

La producción de citoquinas inflamatorias está reguiada por la disponibilidad de


eicosanoides derivados del AA, lo cual puede ser modulado por la ingesta de AGPICL ω-
3, los que incluso actúan a nivel génico, ya que la expresión de los genes para citoquinas
y moléculas de adhesión celular se reduce en respuesta a la exposición a AGPICL ω-3 .
Además, los AGPICL ω-3 afectan directamente las vías de señalización intracelular
asociadas con la activación de factores de transcripción, como el factor nuclear xB (NF-
kB) y los factores de proliferación peroxisomal (PPARs) que regulan la expresión de una
serie de genes cuyos productos son pro-inflamatorios.

La inflamación es una característica clave en una serie de condiciones clínicas, como las
enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas, cáncer, inflamación intestinal
crónica, artritis reumatoidea, asma entre muchas otras patologías , por lo cual los AGPICL
ω-3 son candidatos terapéuticos ideales para la prevención y/o el tratamiento de
patologías donde la inflamación juega un rol central.
8.3 ACTIVIDAD EN ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES

Los primeros datos que evidenciaron los efectos cardioprotectores de los AGPICL ω-3
surgieron a partir de los estudios realizados en los esquimales (inuits), quienes a pesar de
tener una elevada ingesta de grasas (superior al 30% de los requerimientos energéticos)
presentaban una muy baja incidencia de enfermedades cardiovasculares, identificándose
como la fuente dietaria de estas grasas los animales de origen marino (mamíferos y peces
ricos en estos lípidos). Estos resultados fueron confirmados en estudios realizados
posteriormente en poblaciones con una alimentación similar, las cuales evidenciaron,
además de una baja incidencia de enfermedades cardiovasculares, una menor
manifestación de enfermedades inflamatorias .Dentro de las enfermedades
cardiovasculares, la aterosclerosis es un proceso fisiopatológico de origen multifactorial
de desarrollo a largo plazo. En este proceso destacan dos componentes principales; la
dislipidemia (triglicéridos y colesterol elevados) y la inflamación. La reducción de los
lípidos plasmáticos, especialmente los triglicéridos (TG) generada por el consumo de
AGPICL ω-3, es uno de los efectos con mayor evidencia tanto en humanos como en
animales .Los aceites de pescado han demostrado que disminuyen el colesterol
plasmático y los niveles de TG a través de la inhibición de la biosíntesis de lipoproteínas
de muy baja densidad (VLDL) y de TG en el hígado, sin alterar la biosíntesis de
lipoproteínas de alta densidad (HDL) . El efecto sobre los niveles plasmáticos de TG, HDL
y LDL sería inverso cuando se ingieren aceites ricos en AGPICL ω-6, indicando que la
relación ácidos grasos ω-3/ ω-6 dietaria operaría como un sensor hepático para la
regulación del metabolismo lipídico. Los efectos benéficos de los AGPICL ω-3 sobre las
enfermedades cardiovasculares han sido abundantemente documentados en estudios
realizados en humanos y animales. Todos estos efectos se atribuyen al EPA y sus
derivados metabólicos, aunque actualmente se plantea que el DHA sería un agente
cardioprotector más potente que el EPA (34).

La ingesta de aceite de pescado reduce la ocurrencia de lesiones arteroescleróticas,


disminuye la frecuencia de paros cardíacos y reduce la mortalidad global en pacientes con
riesgo de enfermedad cardiovascular. Además de mejorar el perfil lipídico, los AGPICL ω-
3 ejercerían leves disminuciones en la presión arterial. La reducción de los TG, el
aumento del colesterol HDL, la reducción de la inflamación vascular y la disminución de la
agregación plaquetaria, favorecerían dicha disminución en la presión arterial, aunque los
mecanismos específicos de este efecto aún no están descritos completamente.
Los AGPICL ω-3 también parecen ejercer una serie de efectos potencialmente
beneficiosos sobre la musculatura vascular lisa, mediante la reducción de la pérdida de
calcio intracelular y en la disminución de la proliferación de células musculares lisas (a
través de la inhibición de factores de crecimiento) y el aumento de la producción de óxido
nítrico . Además de sus efectos sobre la dislipidemia y la arteriosclerosis, los AGPICL ω-3
podrían tener efectos antiarrítmicos.

La acción reguladora del trabajo cardíaco de estos ácidos grasos estaría relacionada con
su capacidad para inhibir los canales de calcio tipo-L en las células cardíacas, lo que a su
vez prolongaría el período refractario haciendo al miocardio menos susceptible a las
arritmias potencialmente . En un estudio realizado en miocitos cardíacos, se observó que
el EPA puede tener efectos protectores contra la hipertrofia cardíaca mediante la inhibición
de la endotelina-1 (hormona vascular que participa en el proceso de hipertrofia de los
miocitos). El EPA y el DHA se almacenan rápidamente en los fosfolípidos de la membrana,
especialmente en las células cardíacas, lo cual sería de especial utilidad clínica en
pacientes que han sufrido un infarto. La evidencia clínica y epidemiológica nos indica que
personas que consumen pescado, al menos una vez por semana, tienen una menor tasa
de enfermedad cardiovascular.
También es importante destacar que el tipo y forma de preparación del pescado determina
los efectos cardioprotectores de los AGPICL ω-3. El consumo de pescados ricos en
AGPICL ω-3 (atún, jurel, salmón, entre otros) produce una significativa disminución en el
riesgo de presentar isquemia cardíaca en sujetos mayores de 65 años; este efecto se
observa cuando el pescado es consumido asado o al horno, mientras que cuando se
consume frito no se observa dicho efecto.

8.4 ACTIVIDAD EN EL COLESTEROL

Los aceites de pescado han demostrado que disminuyen el colesterol plasmático y las
concentraciones de triglicéridos, inhibiendo la biosíntesis de lipoproteínas de muy baja
densidad (VLDL) y de triglicéridos en el hígado, e incrementando ligeramente la de
lipoproteínas de alta densidad (colesterol HDL).(2) El efecto sobre las concentraciones
plasmáticas de triglicéridos, colesterol HDL y LDL es inverso cuando se ingieren aceites
ricos en AGPI-CL Omega-6, lo que indica que la relación ácidos grasos Omega-3/ Omega-
6 actuaría como un sensor hepático para la regulación del metabolismo lipídico y el
colesterol.

La mayor parte del colesterol que tenemos en el cuerpo no procede de la dieta sino de su
síntesis endógena. El metabolismo humano, como el de todos los animales sintetiza
colesterol. Una persona normal (no obesa ni diabética) sintetiza diariamente entre 9 y 13
mg por kg de masa corporal. Así una persona de 70 kg sintetiza entre 630 y 900 mg de
colesterol diariamente. Esta síntesis se hace en varios órganos y tejidos, pero el principal
es el hígado que da cuenta del 50-75%% de la producción. Le sigue la corteza adrenal y
las glándulas sexuales (10-22%), el intestino (7-18%), las células plasmáticas (5%), y los
pulmones (3%); otros órganos y tejidos como la piel, riñones, cerebro, músculo y adiposo,
tienen una participación mínima (entre 0,2 y 1%). La ruta de síntesis de colesterol es una
de las más largas y complejas del metabolismo. El colesterol, producto final, es muy
insoluble. Estas características complican mucho su regulación y su transporte.
La mayor parte del colesterol sintetizado es recogido en el sitio por las lipoproteínas LDL
y VLDL, que también se fabrican en el hígado, y el complejo resultante se transporta al
interior del retículo endoplásmico, de donde pasa al aparato de Golgi para ser exportado a
la sangre.
La etapa limitante de la velocidad en la síntesis de colesterol se produce en el 3-
hidroxi-3-metilglutaril-CoA (HMG-CoA) reducatase, HMGR, paso catalizado.
Este segundo mecanismo viene gobernado por el colesterol de la dieta (omegas) y es
mucho más eficaz que el primero, pues él solo llega a controlar el 100% del proceso. En
efecto, si se suprime el colesterol de la dieta la síntesis de colesterol continúa
descontrolada y se sigue produciendo colesterol hasta niveles altos, mientras que si la
dieta tiene suficiente colesterol (0,5% de su composición total) su síntesis de detiene
totalmente. Varios experimentos han demostrado que en el hígado de ratas alimentadas
durante 8 días con una dieta enteramente carente de colesterol se produjo una síntesis de
colesterol mucho más alta que el de las ratas control alimentadas con una dieta baja en
colesterol, mientras que con un contenido en la dieta de 0,5% de colesterol durante ocho
días, la síntesis se detuvo por completo. Los autores de este trabajo hacen notar que sus
resultados refutan el consejo de evitar el colesterol en la dieta (son resultados publicados
en 1953, y reiteradamente comprobados con posterioridad). Este mecanismo de control
por la dieta obedece a razones obvias de economía, y funciona también en otros
procesos, como la síntesis de ácidos grasos, de aminoácidos, y de glucosa.
Los datos obtenidos de primates pueden ser más representativos para aplicarlos a la
especie humana. Los experimentos con el “mono ardilla” (Samiri oerstedii) de América
central mostraron que un contenido de colesterol en la dieta moderado o relativamente
alto (0,5-1%) produjo un descenso de síntesis de colesterol del 78,7%, frente al control
con un contenido bajo de colesterol (0,04 mg/g) en la dieta. Esta reducción ocurrió
principalmente en la síntesis hepática (96%); en otros tejidos hubo una reducción de 25-
30%. Sin embargo, en el ovario, cuya contribución al total es muy pequeña (<2%) subió
un 245% (llegando al 2,1% de la producción total). A pesar de que este cambio es poco
significativo para la totalidad del colesterol sintetizado, es interesante, pues muestra que
el ovario tiene su propio mecanismo regulador, con independencia del total: al disponer de
menos colesterol para sintetizar las hormonas sexuales, aumenta su producción propia
para atender a su demanda particular.
El mecanismo del papel regulador del colesterol de la dieta se conoce bien: en realidad, el
colesterol que interacciona con la HMGR ( enzima de la cadena de síntesis del primer
mecanismo del colesterol), y la inhibe, no es propiamente el colesterol que se ha
sintetizado en esta ruta sino el que está unido a las lipoproteínas o la proteína reguladora
SREBP(proteína reguladora intracelular) que llegan a interaccionar con ella. Estas
lipoproteínas son: las LDL que contienen el colesterol que se ha sintetizado en el sitio;
las HDL que contienen el colesterol procedente de los tejidos, y el que van recogiendo de
sus depósitos en las arterias, y los remanentes de quilomicrones (CMR) que contienen el
colesterol de la dieta (omegas). La diferencia entre ellas es que el hígado absorbe los
CMR con mayor preferencia que las HDL y LDL, y también el colesterol que transportan
los CMR se disocia mejor que el de las otras partículas para interaccionar con la HMGR e
inhibirla. Por tanto, el inhibidor más potente de la síntesis de colesterol es el que se
transporta por los CMR, todo el cual procede de la dieta. La conclusión general de estos
mecanismos es que el colesterol de la dieta es el principal regulador de la síntesis
endógena de colesterol, y la forma más eficaz (tomado con moderación) de evitar su
exceso . Este efecto se ha demostrado directamente en el laboratorio con remanentes de
quilomicrones (CMR) preparados al efecto.

La regulación de la actividad de la HMGR es el medio más importante para controlar el


nivel de biosíntesis del colesterol.
9. LAS CANTIDADES RECOMENDADAS A NIVEL GENERAL

Las cantidades se establecen a nivel general ya que, en última instancia, dependerán del
ciclo de vida de cada persona y de factores fisiológicos o patológicos que pueden llevar a
incrementar la cantidad necesaria. Un caso concreto son las personas con una alta
ingesta de grasas saturadas y con un nivel de triglicéridos alto, que necesitarían un alto
contenido de omega-3. Otro caso son los niños y lactantes, puesto que los ácidos grasos
omega-3 desempeñan funciones muy importantes en la lactancia. Los requerimientos de
omega-3 son fundamentales atendiendo al desarrollo cerebral y retiniano postnatal.

Para los adultos, el nivel ideal de ácidos grasos omega-3 es el 1% de la energía total (lo
que equivale a unos 100g de pescado diario). Tradicionalmente, la cantidad de estos
ácidos grasos en el conjunto de la dieta ha sido pequeña. Los estudios nutricionales
establecen que la cantidad consumida de omega-3 en España se sitúa alrededor de los
0,952 gr/día. “Si se toma como referencia una dieta que aporte 2.300 kcal/día, la ingesta
de ácidos grasos omega-3 representará un valor de 0,4 % de energía total. Se considera
que estas cantidades son insuficientes para cubrir las necesidades del individuo y
deberían aumentar en la dieta”,
Se calcula que la grasa total que un individuo necesita puede ser aportada en un rango
que oscila entre un 30-35% de la energía total. Este aporte se debe realizar en las
siguientes proporciones:

 Las grasas saturadas no deben superar el 10% del total de energía.


 El ácido graso mayoritario en la alimentación es el ácido oleico, un ácido graso
monoinsaturado que podemos encontrar en abundancia en el aceite de oliva
virgen, al que correspondería entre un 15-20% del valor calórico.
 El 5% restante corresponde a los ácidos grasos esenciales: linoleico (4%) y
omega-3 (1%).
Se considera que, en realidad, el consumo de ácido linoleico supera el 4% del total de
energía, provocando una situación desfavorable tanto metabólica como funcional. Por
esta razón, entre las recomendaciones alimentarias figura limitar el consumo de grasas
saturadas, que se encuentran fundamentalmente en lípidos de origen animal.

Su ingesta abusiva favorece el exceso de colesterol en la sangre y aumenta el riesgo de


padecer enfermedades cardiovasculares. Se debe mantener o incrementar el consumo de
pescado, fuente natural de ácidos grasos omega-3 y aceite de oliva virgen, rico en ácido
oleico. Según el Prof. Mataix “cubrir las ingestas recomendadas de omega-3 a base de
pescado representa hoy en día una dificultad, lo cual justifica y plantea los alimentos
enriquecidos con omega-3 para suplir estas carencias”.

Además, ciertas enfermedades indican que hay una mayor necesidad de consumir grasas
omega-3. Por ejemplo:4

•Salud cardiaca: La Asociación Americana del Corazón recomienda que las personas que
padecen la enfermedad cardíaca coronaria consuman 1 000 mg de EPA y DHA
diariamente, mientras que las personas que tienen niveles altos de triglicéridos podrían
necesitar de 2 000 a 3 000 mg diarios.

Asimismo, la investigación muestra que las personas que tomaron 850 mg de EPA y DHA
diariamente durante 3.5 años tuvieron un riesgo 25 % menor de ataque cardíaco, y un
riesgo 45 % menor de muerte súbita.

•Depresión: Consumir dosis más altas de ácidos grasos omega-3, de 200 mg a 2 500 mg
diarios, podría ayudar a reducir los síntomas de depresión y ansiedad.
•Memoria: En un estudio, los participantes voluntarios de edad avanzada que padecían
un déficit de memoria observaron una mejoría significativa después de tomar 900 mg de
DHA diarios durante 24 semanas, en comparación con los controles.

10. INTERACCIONES CON MEDICAMEMTOS

En teoría, los ácidos grasos de omega, pueden aumentar el riesgo de sangrado al


tomarse con drogas que aumentan el riesgo de sangrado. Algunos ejemplos incluyen la
aspirina, Warfarina o la heparina, los medicamentos antiplaquetarios como el clopidrogrel
y los antiinflamatorios no esteroideas como el ibuprofeno o naproxeno.

Los suplementos de aceite de pescado podrían reducir los niveles de azúcar en la sangre
en una pequeña cantidad. Se recomienda precaución al usar medicamentos que también
podrían reducir el azúcar en la sangre. Los pacientes que toman drogas para la diabetes
por vía oral o insulina deben recibir supervisión cercana de parte de un proveedor médico
califica.

Según estudios realizados, los acidos grasos de omega podrían actuar en contra de las
propiedades reductores e triglicéridos de los agentes como la niacina,fibratos como el
gemfibrozilo y atorvastatina.

11. EFECTOS SECUNDARIOS DE LOS SUPLEMENTOS DE OMEGA

Pese a que muchos de los efectos beneficiosos de la administración de suplementos de


omega 3 aún no están totalmente comprobados, al principio, en virtud de ser un producto
“natural”, el consumo de cápsulas de aceite de pescado sería, en el peor de la hipótesis,
solamente una pérdida de dinero. El problema es que, en la práctica, los suplementos de
aceite de pescado, principalmente en dosis altas, presentan efectos secundarios que
pueden ser muy inconvenientes.

Muchos de los estudios que muestran los efectos beneficiosos para la salud fueron
hechos con dosis de omega 3 superiores a 4000 mg al día, algunas con dosis mayores
que 10000 mg al día. El problema es que a partir de la dosis de 3000 mg al día los efectos
secundarios de los suplementos de omega 3 empiezan a volverse más frecuentes e
intensos. Los más comunes son náuseas, diarrea, calambres abdominales, exceso de
gases y aliento con olor a pescado. El último efecto adverso tiende a ser muy incómodo,
siendo una causa frecuente de abandono del tratamiento.

En general, no se recomienda el consumo de más de 3000 o 4000 mg de aceite de


pescado al día.

En dosis elevadas, el aceite de pescado puede aumentar el riesgo de sangrado,


especialmente en pacientes con problemas de coagulación o tratados con fármacos que
actúan sobre la coagulación, como aspirina, clopidogrel, ticlopidina, heparina y warfarina.
ANEXO

ESTUDIOS EXPERIMENTALES

Múltiples estudios clínicos en animales y experimentales, muestran que los ácidos


grasospoliinsturados omega-3, disminuyen el riesgo de arritmias y por ende de muerte
súbita, a través de la modificación de los canales iónicos de calcio y sodio, los cuales
cambian el potencial de acción del corazón. Esto conlleva una disminución de la
vulnerabilidad del miocardio y baja el riesgo de fibrilación ventricular. Los estudios
realizados en animales experimentales, también reportan que las dietas enriquecidas con
omega-3 durante tres meses versus dieta saturada, disminuyen la presencia de fibrilación
ventricular . Sería preciso agregar, que la trombosis es una importante complicación de la
aterosclerosis coronaria que conlleva al infarto del miocardio.

Los ácidos omega-3 de aceites de pescado, tienen alta acción antitrombótica ya que el
EPA inhibe la síntesis de tromboxanos A2 a partir del ácido araquidónico en la placa; los
tromboxanos A2 causan agregación plaquetaria y vasoconstricción, por tanto la ingestión
de omega 3 mejora la anti-agregación plaquetaria y disminuye el riesgo de trombosis,
además el TXA3, posee menor actividad biológica, formada desde EPA celular en
plaquetas humanas.

Es de resaltar que el mayor metabolito urinario endógeno de PGI3, activo vasodilatador


inhibidor de la agregación plaquetaria, es excretado en individuos que han ingerido aceite
de hígado de bacalao. Estos resultados demuestran que las células endoteliales
responsables de la formación de PGI3, fácilmente convierten EPA a PGI3 y que los
omega-3 no alteran la liberación y ciclooxigenación del ácido araquidónico a PGI2 .

Los LTB5 sintetizados a partir de EPA, poseen 1/30 de la potencia quimotáxica y


agregatoria de LTB4. Se ha comprobado que los LTB5 se forman fácilmente a partir de
EPA celular por leucocitos polimorfos nucleares después de una suplementación con
aceite de hígado de bacalao, aumentando su concentración. En contraste, la formación de
LTB4 desde ácido araquidónico, no se ve alterada después de cuatro semanas de
suplementación.
Pero hay más; el EPA y DHA contenidos en el aceite de pescado, inhiben el desarrollo de
aterosclerosis por acciones de disminución en la concentración de colesterol en plasma.
Esta acción puede asociarse con la inhibición de la migración de monocitos dentro de la
placa, con lo cual reduce las citoquinas y la producción de interleukinas a y además la
estimulación en la producción de óxido nítrico.

No cabe duda de que los efectos del aceite de pescado en la hiperlipidemia, están bien
documentados en estudios que han implicado dietas ricas en aceite de salmón en
contraste con dietas ricas en aceite vegetal y dietas ricas en grasas saturadas. De esto se
concluye que una dieta rica en aceite de pescado omega-3, disminuye los triglicéridos en
plasma porque inhibe la síntesis de los mismos y el VLDL en el hígado. Después del
consumo de aceite de pescado, también disminuye la producción de apo B y aumenta la
síntesis de fosfolípidos en la membrana celular .

Por lo anterior, en nuestra opinión, existe suficiente soporte científico que demuestra la
importancia de la ingestión de ácidos grasos omega-3 para aumentar los fosfolípidos en
plasma y por consiguiente, disminuir el riesgo de muerte súbita cardiaca. No obstante,
cuestionemos por qué algunos estudios de cohorte no han observado asociación en la
frecuencia de la ingestión de pescado y el riesgo de enfermedad cardiovascular coronaria
fatal o no fatal.

Bien, en principio pareciera, por todo lo expuesto, que el consumo de ácidos grasos
omega-3 sería el fin de todos los pesares cardiacos. Pero con sano criterio, es preciso
considerar que el contenido elevado de metil-mercurio en los peces, contrarresta los
efectos benéficos de los ácidos grasos omega-3, disminuyendo así su acción
cardioprotectora. El mercurio como metal de transición, promueve la formación de
radicales libres mitocondriales, además es un estimulador de la peroxidación lipídica y un
amante de los grupos tioles .

Estudios epidemiológicos revelan que una ingestión de grasa de pescado a la semana,


disminuye la muerte súbita en 40% a 50%. Las recomendaciones del consumo de
pescados ricos en ácidos grasos omega-3 por la American Heart Association es de dos
veces por semana y anotan que freír el pescado a altas temperaturas disminuye la acción
omega-3 para lograr el efecto cardioprotector. Aunque existen estudios que muestran
efectos positivos para el corazón con bajas dosis de omega-3, nuestra recomendación es
consumirlo por lo menos una vez por semana que es mejor que nada, pero teniendo
presente que sean pescados con buen contenido omega-3 y no relacionados con
contaminantes ambientales como el mercurio .

Por tanto, puede ser que los estudios epidemiológicos y otros que han reportado acciones
no tan positivas con la ingestión de pescado, lo hagan debido a las cantidades de metil-
mercurio de dichos pescados, que a nuestra manera de ver no se tienen en cuenta. Es así
como algunas poblaciones consumidoras de pescado no presentan disminución del riesgo
por enfermedad cardiovascular coronaria fatal.

Diversos estudios realizados por Olivero, indican que la contaminación por mercurio en
peces en algunas regiones de la Costa Atlántica colombiana bañada por las aguas de los
ríos Magdalena y Cauca, es elevada, y concluye que, por ejemplo, en la Ciénaga Grande
de Achi, ubicada en el sur de Bolívar, las especies mojarra amarilla, moncholo y doncella
poseen concentraciones de mercurio superiores al límite máximo internacional aceptado
para especies de consumo humano (0,5 mg Hg/g) (WHO 1991) (40). Por esta razón,
nuestra hipótesis es que el papel de los ácidos grasos omega-3 de nuestros pescados,
sería dudoso y no existe correlación del contenido de omega-3 versus el contenido de
mercurio de nuestros pescados y de su efecto cardioprotector.

La revisión de las Guías Alimentarias que en el año 2000 efectuó la Asociación del
Corazón de los Estados Unidos (AHA), incluyó una recomendación para que se
consumiera más pescado (como por ejemplo, atún enlatado), por los beneficios que
aporta a la salud cardiaca. Esta guía también menciona los efectos benéficos que tienen
los ácidos grasos omega-3 que contiene el atún fresco y enlatado, y el salmón, en
aquellas personas que padecen enfermedades inflamatorias y autoinmunes.

En los pescados también existe gran variabilidad, por ello hay especies magras como la
merluza, el congrio y la corvina, y especies con mayor contenido graso como el salmón, la
trucha y el jurel entre otros. Los pescados ricos en grasas tienen la ventaja de ser una
fuente importante de ácidos grasos omega-3. Por sus efectos en el organismo, un
consumo adecuado y frecuente de pescados ricos en ácidos grasos omega-3, contribuye
a la prevención de enfermedades crónicas, especialmente de las cardiovasculares.
El pescado es un alimento muy poco presente en nuestra dieta. Otros países, como por
ejemplo España, se sitúan en los primeros puestos en el consumo mundial de productos
pesqueros, justo detrás de Japón y Portugal. Este alimento posee indudables ventajas: es
apto para todas las edades, su consumo contribuye a prevenir enfermedades y su aporte
calórico es, en general, moderado.

Prácticamente, todos los pescados y mariscos contienen rastros de mercurio, por lo tanto,
las personas que consumen pescado quedan expuestas al metilmercurio. Pese a que el
consumo de pescado no causa un problema grave a la salud, los altos niveles de
mercurio en el torrente sanguíneo pueden tener un efecto nocivo.

Finalmente, es necesario considerar la calidad de los peces de nuestro país y fomentar


políticas para lograr disminuir las concentraciones de mercurio y otros contaminantes, y
con lo anterior obtener los beneficios de los ácidos omega-3 en el sistema cardiovascular.

EN EFECTO NEUROPROTECTOR

Desde hace ya varios años estudios en humanos, en animales y en modelos


celulares in vitro, han revelado un efecto neuroprotector de los AGPICL ω-3,
especialmente en lesiones inducidas por isquemia y por excitotoxicidad producida
por neurotransmisores (glutamato, principalmente). En animales con diabetes
mellitus, la suplementación dietaria con AGPICL ω-3 (específicamente DHA)
permitió prevenir el deterioro anatomofuncional en las neuronas, cuadro
característico de la neuropatía diabética, y también reducir el daño oxidativo y los
problemas de aprendizaje (modelo en laberinto de Morris) en ratas con lesión
cerebral traumática. A su vez, ratas alimentadas con una dieta pobre en DHA,
presentan trastornos de aprendizaje y de la función cognitiva, efectos que se
revierten al suplementar con DHA .
Otras investigaciones se han centrado en los efectos neuroprotectores de los AGPICL ω-3
en la enfermedad de Alzheimer, debido a que los pacientes de esta enfermedad tienen
bajos niveles de DHA plasmáticos y en sus membranas celulares. En un modelo animal
(ratón con enfermedad Alzheimer) al administrar una dieta enriquecida con AGPICL ω-3
(EPA + DHA) se observó una reducción en la acumulación del péptido β-amiloide (péptido
con acciones neurotóxicas) en más de un 70% de los casos.

Los efectos neuroprotectores de los AGPICL ω-3 se deben a múltiples factores y pueden
estar relacionados con una serie de efectos moleculares a nivel neuronal, especialmente
en el sistema nervioso central (SNC). Por ejemplo in vitro, los AGPICL ω-3 han
demostrado ser capaces de prevenir la acumulación neuronal de calcio, bloqueando una
señal que puede desencadenar una cascada de eventos celulares que inducen lesión y
apoptósis neuronal.

Si bien los AGPICL ω-3, por su estructura química (con numerosos dobles enlaces), son
más vulnerables al estrés oxidativo (desarrollo de oxidación), en las células en general y
especialmente las neuronas, pueden reducir el daño ocasionado por el estrés oxidativo a
través de las neuroprotectinas (docosanoides derivados del DHA). Además, los AGPICL
ω-3 pueden regular la expresión de genes neuroprotectores, como es el caso de la
expresión del gen antiapoptotico Bcl2. Los efectos neuroprotectores de los AGPICL ω-3
en pacientes con neuropatía diabética pueden ser atribuibles a varias causas, incluido; (i)
el mantenimiento del flujo sanguíneo al tejido nervioso, (ii) la preservación de la actividad
de la bomba sodio-potasio ATPasa, (iii) cambios en la composición lipídica de la
membrana neuronal y (iv) modificación del metabolismo de los lípidos en las neuronas.
Actualmente se postula que los AGPICL ω-3, especialmente el DHA, pueden ser utilizados
como parte del tratamiento de múltiples neuropatologías, además de la neuropatía
diabética y la enfermedad de Alzheimer, entre las que destacan la enfermedad de
Parkinson, la esclerosis múltiple, la depresión y la esquizofrenia.
CON RELACIÓN AL CÁNCER

Un área de gran interés para el potencial uso clínico de los AGPICL ω-3 es el cáncer y la
caquexia relacionada con el cáncer. Estudios en ratones y en cultivos de células han
demostrado que las dietas que contienen EPA y DHA retrasan tanto el crecimiento, la
metástasis de los tumores primarios y los implantes de carcinoma humano en células
mamarias. En la misma dirección, el uso de aceite de pescado como suplemento
nutricional también aumenta la eficacia de los agentes quimioterapéuticos, como es el
caso de la doxorrubicina en mujeres con cáncer mamario .

La suplementación con AGPICL ω-3 induce la apoptosis y la diferenciación celular, así


como la reducción de la proliferación celular en cultivos de células neoplásicas. En un
estudio en ratas con cáncer de colon, se demostró que los AGPICL ω-3 bloquean la
formación de tumores inducida por fármacos, mediante el aumento de la diferenciación
celular y la apoptosis en las primeras etapas de formación del tumor.

Otro estudio en ratas con cáncer de colon, demostró que los AGPICL ω-3 afectan
directamente la expresión de genes relacionados con la tumorogénesis y la apoptosis,
reduciendo el daño celular y al DNA. Los AGPICL ω-3 modulan también las principales
moléculas de señalización intracelular y receptora nuclear, tales como PPARα y LXRs,
moléculas que al parecer desempeñan un papel en la regulación del crecimiento y la
diferenciación de las células cancerígenas. La inhibición de la producción de
prostaglandinas por los AGPICL ω-3 también puede ayudar a modular el crecimiento
tumoral y la apoptosis celular.
La caquexia, es un síndrome complejo de anorexia, pérdida de peso y pérdida de tejido
(especialmente muscular), que se observa en muchos pacientes con cáncer. La presencia
de caquexia es un indicador de mal pronóstico que complica el tratamiento farmacológico
del cáncer y aumenta la toxicidad de los medicamentos. En este sentido se ha propuesto
que el uso de suplementos nutricionales ricos en AGPICL ω-3 permitiría aumentar el
apetito, disminuir la pérdida de peso, aumentando la masa magra, proporcionando así una
mejor calidad de vida al paciente. La reducción plasmática de las citoquinas
proinflamatorias, producida por el consumo de AGPICL ω-3, beneficiaría claramente la
sintomatolo-gía de los pacientes con caquexia relacionada a un cáncer, dado que un
aumento en los niveles plasmáticos de citoquinas proinflamatorias se ha asociado con
anorexia, pérdida de peso y con el hipermetabolismo asociado al cáncer. Sin embargo, el
uso de AGPICL ω-3 para tratar la caquexia en pacientes con cáncer aún está en
discusión.

EN ENFERMEDAD INTESTINAL INFLAMATORIA

La etiología de las enfermedades intestinales inflamatorias, como la enfermedad de Crohn


y la colitis ulcerosa, es compleja y aún no se conocen los mecanismos específicos
involucrados en su desarrollo. En este sentido; estudios epidemiológicos han sugerido
que dietas ricas AGPICL ω-6 pueden contribuir al desarrollo de estas patologías
considerando, además, que en los pacientes con patología intestinal inflamatoria se ha
observado que presentan bajos niveles de AGPICL ω-3, lo que podría contribuir a una
mayor progresión de estas patologías. En el desarrollo de la patología intestinal
inflamatoria juegan un rol central mediadores de la respuesta inflamatoria, tales como las
interleuqui-nas (IL-1 y IL-6) y el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α), siendo estos
mediadores uno de los objetivos de la terapia farmacológica para estas patologías . Si
bien las actuales terapias farmacológicas han demostrado ser eficientes en reducir las
recaídas en pacientes con patología intestinal inflamatoria, podrían generar diversos
efectos secundarios a largo plazo, especialmente una disminución en la respuesta
inmune. Los efectos de los AGPICL ω-3 en la reducción de los niveles de citoquinas
proinflamatorias demuestran que estos ácidos grasos son importantes agentes a
considerar en el tratamiento de la patología inflamatoria intestinal. En estudios en
animales con patología inflamatoria intestinal se ha demostrado que los AGPICL ω-3
pueden reducir sustancialmente la producción de PGE, TNF-α, LTB4 y TXA 2. En ratas con
colitis ulcerosa, alimentada con aceite de pescado, se observó una reducción en los
niveles de mediadores inflamatorios y una mejoría en varios marcadores de daño celular
(82). Si bien los resultados de algunos estudios sobre el uso de AGPICL ω-3 en pacientes
con patologías inflamatorias intestinales han permitido reducir las tasas de recaídas, una
mejoría en los síntomas y una reducción del estrés oxidativo en el intestino, aún se
requiere realizar mayores investigaciones con el propósito de obtener mayor certeza
experimental y clínica sobre estos efectos benéficos.
EN ARTRITIS REUMATOIDEA

La artritis reumatoidea (AR) corresponde a un complejo desorden autoinmune que se


caracteriza por una marcada inflamación y destrucción progresiva de los tejidos que
forman las articulaciones, donde las citoquinas liberadas por linfocitos T activos tienen un
un papel importante en los procesos inflamatorios asociados a esta enfermedad .

El tratamiento de la AR actualmente se centra el uso de fármacos antiinflamatorios e


inmunosupresores, los cuales tienen efectos secundarios adversos a largo plazo . En este
sentido, los estudios sobre el potencial efecto antiinflamatorio de los AGPICL ω-3 han sido
permanentes desde la década de 1980, cuando surgieron las primeras evidencias sobre
el potencial antiinflamatorio de estos ácidos grasos. Estudios realizados tanto en humanos
como animales han demostrado que la suplementación con AGPICL ω-3 mediante aceites
de pescado, reduce significativamente (hasta un 42%) los niveles séricos de las IL-1, 2, 6
y 8, así como del TNF-α y de los LTB. La reducción de estos mediadores de la inflamación
se asocia a una mejoría en los síntomas de la artritis reumatoidea, destacando una
reducción de la tensión y la rigidez articular. A su vez, dos estudios realizados en
pacientes con AR que recibieron suplementos nutricionales de AGPICL ω-3 (aceite de
pescado), permitieron una reducción significativa del uso de antiinflamatorios no
esteroidales (AINES) y de otros medicamentos antiinflamatorios. Estos antecedentes
permiten establecer un potencial uso de los AGPICL ω-3 como parte del tratamiento de la
AR, especialmente en las etapas tempranas de la enfermedad.

EN DAÑO INDUCIDO POR ISQUEMIA - REPERFUSIÓN


El daño por isquemia-reperfusión (IR) es una situación clínica que se presenta en
diferentes órganos y tejidos, observándose lesiones por IR en infarto al miocardio,
lesión renal aguda, apoplejías, e isquemia por shock sistémico. La administración
de AG-PICL ω-3 como el EPA y el DHA, ha sido descrita como una estrategia
preacondicionante frente al daño por IR cardíaca y cerebral. Recientemente,
nuestro grupo demostró que en un protocolo quirúrgico experimental de IR
hepática en ratas, la administración de EPA y DHA permite disminuir
significativamente el daño inducido por la IR hepática, donde es posible observar
una buena preservación anátomo - funcional de los tejidos. Frente al daño inducido
por la IR, los efectos citoprotectores de los AGPICL ω-3 se asociarían a la
capacidad de estos ácidos grasos para disminuir la respuesta inflamatoria e
incrementar la actividad antioxidante, donde los AGPICL ω-3 inhibirían la
translocación al núcleo del NF-kB y su unión al DNA, produciendo así una
reducción en la expresión de citoquinas pro-inflamatorias. Por otro lado, se ha
descrito que la activación ejercida por los AGPICL ω-3 sobre el factor de
transcripción PPAR-a, generaría complejos inactivos PPAR- a /NF-kBp65,
disminuyendo la actividad de unión a DNA del NF-kBp50p65 (dimero funcional),
siendo el posible y más claro mecanismo mediante el cual los AGPICL ω-3
ejercerían un efecto antiinflmatorio y citoprotector frente a la injuria generada por la
IR

EN DIABETES- INSULINA

En 1993 se demostró que la hiperinsulinemia y la resistencia a la insulina se asocian


inversamente con la cantidad de fosfolípidos con ácidos grasos de 20 y 22 carbonos
presentes en las membranas celulares del músculo, en pacientes con enfermedad
coronaria cuando se comparan con sujetos normales. La disminución de los fosfolípidos
puede deberse a la ingesta deficiente de ácidos grasos de cadena larga, a la ingesta
elevada de ácidos grasos trans que interrumpen los procesos de instauración y
elongación del ácido linoleico y a-linolénico, lo cual disminuye los productos derivados.
También pueden presentarse defectos genéticos a nivel de las enzimas que participan en
el metabolismo de los ácidos grasos indispensables, así como un aumento en el
catabolismo del ácido araquidónico. También diversos estudios asocian la resistencia a la
insulina con los fosfolípidos musculares. El problema de la sensibilidad insulínica se
asocia con altas cantidades de ácido palmítico y bajos niveles de ácido linoleico en el
suero. Además, parece haber cambios en la actividad de las enzimas desaturasas,
que participan en la insaturación; en algunos estudios se ha observado que la insulina
activa las desaturasas. En pacientes diabetes Tipo I se ha observado en el plasma que
hay niveles altos de ácido linoleico y bajos de metabolitos que incluyen al ácido
araquidónico, lo cual se corrige después del tratamiento con insulina.

La transformación de los ácidos grasos, linoleico, a-linolénico y oleico a los ácidos grasos
de cadena larga poliinsaturados es modulada esencial- mente por las enzimas
desaturasas, (Fig. 3) por mecanismos dietéticos y hormonales, la insulina activa ambas
enzimas. En pacientes con diabetes Tipo I la disminución de la desaturasa se puede
reestablecer con estimulación insulínica, sobre la expresión genética de su mRNA.
Algunos datos interesantes indican que en el suero y en las membranas celulares del
músculo esquelético de pacientes con resistencia a la insulina hay altos niveles de ácido
palmítico, bajos de LA, altas concentraciones de desaturasa de los ácidos palmitoleico
y palmítico y también al- tas de desaturasa de los lípidos GLA y LA. Además, hay
concentraciones bajas de desaturasa de los lípidos ARA y DHLA.

La disminución de las desaturasas en la diabetes se correlaciona con contenidos bajos


de ARA y altos de LA, en casi todos los tejidos excepto en el cerebro. Sin embargo, el
aumento de DHA sintetizado a partir de ácidos grasos omega-3 en los fosfolípidos del
hígado no se ha explicado. Otras hormonas como el glucagón, la adrenalina, los
glucocorticoides y la testosterona también deprimen los niveles de las enzimas, en
tanto que moléculas como la progesterona, la cortexolona y el pregnanediol son inactivas
en este pro- ceso.

Otros datos importantes indican que una proporción baja de ácidos grasos indispensables y
una alta de ácidos grasos saturados sobre todo el ácido palmítico en el músculo
esquelético se asocian con resistencia a la insulina, tanto en humanos como en animales.

EN PROCESOS CANCERÍGENOS, OSTEOPOROSIS, ARTRITIS Y


DEFICIENCIAS VITAMÍNICAS

En el caso lo procesos cancerígenos, un cuadro bioquímico a revisar es la gran


producción de eicosanoides a partir de los tumores al compararlos con células normales.
Como se ha indicado en la literatura, los eicosanoides derivados del ácido linoleico se aso-
cian al crecimiento tumoral y a la metástasis. El ácido oleico (omega-9) y los ácidos
grasos omega-3 como los eicosapentaenoicos bloquean la reacción de insaturación que
representa el primer paso de transformación del ácido linoleico hacia los eicosanoides,
aunque faltan estudios concluyentes, esto podría explicar el efecto anti-tumor de los ácidos
grasos omega-3.

En el sistema musculoesquelético las prostaglandinas E2 a concentraciones bajas en el

organismo estimulan la formación ósea. La presencia de prostaglandina E2 incrementa

la producción de un factor de crecimiento similar a la insulina, el IGF-1 (del inglés Insulin-


Like-Growth-Factor) que funciona como un poderoso "master" estimulador de la formación
de huesos, cartílago y músculo. Este "master" se encuentra en niveles bajos en mujeres
con osteoporosis. Sin embargo, a pesar de esta relación benéfica hay que evitar los
niveles altos de prostaglandinas E2 que puede propi- ciar la disminución del tejido óseo y

alterar otros procesos vitales en la conservación ósea del individuo. Por lo anterior es
recomendable mantener bajos los niveles de prostaglandina E2 para evitar el desorden

óseo, pero vigilar la producción de IGF-1.

En este caso parece haber una forma de evitar la producción elevada de


prostaglandina E2 en ratas con una ingesta de aceite de cártamo, pesca- do y otras

fuentes de ácidos grasos omega-3, así como mantener controlada la relación omega-
3: omega-6, que afecta la presencia de esta prostaglandina E2 y de la fosfatasa

alcalina, cuando hay altos niveles de fosfatasa alcalina el hueso está en reabsorción.
Cuando la relación de ácidos grasos omega-3: omega-6 se controla a niveles de 1:2
se ha observado que se presenta una ligera formación ósea y menor reabsorción.
En la artritis los ácidos grasos omega-3 se pueden incorporar en las membranas de
los condrocitos de los cartílagos articulares y participan en el mecanismo
regulador de la trascripción genética en estas células. Este hecho le confiere un papel
benéfico a la suplementación con alimentos que contengan ácidos grasos omega-3,
para aliviar algunos efectos adversos que causan y propagan la artritis.

Un estudio entre la bioquímica de los ácidos grasos omega-3 y los omega-6 involucra
la deficiencia de vitamina B6 sobre todo en personas mayores. En ratas, se ha

observado la relación de esta vitamina con el metabolismo del ácido linoleico y del a-
linolénico, se ha visto que a menores concentraciones de ácidos araquidónico y
docosapentaenoico se producen moléculas no benéficas para la salud. La vitamina E
se ha asociado con la estructura de las membranas celulares, el control de los ácidos
grasos indispensables en ella y la protección que ejerce contra la peroxidación. Todos
estos campos de la salud mencionados, están en constante re- visión por diversos
grupos de investigadores en el mundo, por lo que se recomienda a los lectores la
búsqueda de la amplia literatura publicada.
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