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DIPLOMADO EN ARTETERAPIA

ENSAYO:

LA MAGIA DEL GARABATO

MAESTRA: AURORA LUNA WALLS

ALUMNA: CECILIA ROMERO

TORREÓN, COAH., A 7 DE OCTUBRE DE 2017


LA MAGIA DEL GARABATO

Quien escuche la palabra garabato de inmediato lo relacionará con los niños, con la etapa

infantil en la que nada estaba definido y todo era más libre. La Real Academia de la

Lengua Española define la palabra garabato como un rasgo irregular hecho con un

instrumento para escribir o dibujar (RAE, 2017). Es de esta manera tan sencilla como se

pueden iniciar procesos terapéuticos a través del arte, mejor conocidos como Arteterapia.

Las terapias del arte se ocupan de encontrar un lenguaje que permita manifestar lo que

no se puede expresar de otra forma y tienen el propósito de tratar problemas psicológicos,

afectivos o sociales con la asistencia de un terapeuta artístico (López, 2010). Todos los

seres humanos cuentan con la experiencia de hacer garabatos desde temprana edad, sin

alguna estructura compleja de pensamiento, simplemente plasmar en alguna superficie lo

que la imaginación cree que debe expresar.

Uno de los expertos que hizo mucho énfasis en utilizar el garabato como parte de los

procesos de psicoterapia fue Donald Winnicott (1971), quien expuso una técnica gráfica

sin reglas en la que el terapeuta y el paciente alternativamente realizan sus garabatos,

que son transformados (intervenidos, completados, etc.) por el otro miembro del juego;

para que de esta manera se empiece a tener contacto y confianza con el paciente; y así

iniciar a observar los resultados de esta prueba proyectiva, para la cual no hay un método

tan estructurado, pues temía que poniendo pasos específicos o muy metodológicos se

podría perder la libertad de expresar al rayar.

Es importante reconocer cómo al realizar el ejercicio del garabato en la sesión se van

haciendo conscientes muchos aspectos de los procesos que actualmente estoy viviendo;

y cómo la mínima expresión del arte puede ayudar a comunicarnos y a entender nuestra

experiencia del mundo a través de esta forma tan sencilla de creatividad y simbolización

(Duncan, 2006).
Fue una paz y libertad profunda la que experimenté en el ejercicio, donde imaginaba al

lápiz de color bailar a través de un lienzo donde era desconocido hasta ese momento el

desenlace.

También la diversión jugó un papel importante, puesto que al sentirme libre, sin ningún

tipo de límites mas que los que la hoja de papel ponía, lo proyecté hacía la manera en

cómo me sentía cuando de niña no había tantas creencias limitantes, que el juego y la

vida eran una sola. Me di cuenta cómo estoy reaprendiendo eso para poder vivir esa

libertad más consciente desde la etapa adulta en la que estoy. El hecho de encontrar un

medio para expresar un aspecto de sí mismo que no pueda expresarse con palabras, ya

facilita cambios, concienciación y desarrollo (Duncan, 2006).

Se puede resaltar la diferencia entre las sensaciones que se experimentaron en cada

ejercicio. El tener que seguir una patrón o guía generó incomodidad y estrés por querer

hacer o copiar la silueta del rostro tal cual como se veía el original, el resultado fue

frustración por la angustia de querer hacer todo “perfectamente” en lugar de disfrutar el

proceso y al final ver que nada tenía que ver lo realizado con la expectativa.

Probablemente en el ejercicio de garabatos al sentir el ritmo de la música y darle la

connotación de libertad, me permitió jugar de manera más fácil, disfrutarlo, gozarlo de

principio a fin.

Los momentos de creación son momentos excepcionales de vida, de sentir la plenitud de

vivir, de la tensión de vivir (Coll, 2006). Fue totalmente revelador el ejercicio del garabato,

propiciando la consciencia de todos los procesos de desarrollo humano que vivo

actualmente. Se proyectaron letras las cuales relaciono con nombres de personas que en

este momento influyen energéticamente en mí; también aparecen gustos como el futbol

americano, la música, montañas, el mar; y es en estos espacios donde he encontrado

siempre una conexión con el interior que permiten una profundización en ideas,

emociones, deseos y sueños que tengo. Símbolos como un lazo, una puerta, corazones,
un perfil masculino, un globo; los interpreto como la búsqueda en la que me encuentro

para lograr el equilibrio en todas las áreas de mi vida que me permitan avanzar y

evolucionar de manera más plena.

El ejercicio de las siluetas fue también revelador pues, aparte del estrés que se presentó,

el resultado presentado fue mayor proporción hacia el área de la cabeza y menor hacia

lado de la boca. Lo que indica parte de mi personalidad al ser, la mayoría de las

ocasiones, más racional. Una mente llena de ideas y pensamientos; sin embargo no

puede o se le dificulta expresar verbalmente.

Me queda claro que en el proceso de arteterapia lo importante es que uno mismo

interprete y no el terapeuta, que uno mismo haga consciente este proceso y lo que se

revela o proyecta. El concepto de autoexpresión también se encuentra en las bases del

arteterapia y permite desarrollar el concepto del yo, así como una más profunda

autoconsciencia. Posibilita expresar nuestros sentimientos, emociones y pensamientos

aportándonos seguridad y confianza en nosotros mismos y esto es de gran importancia,

porque son muchos los desequilibrios afectivos o mentales que están asociados, de

alguna manera, a una falta de seguridad en uno mismo (López, 2010).

También se experimentó frustración y tristeza al ver el trabajo de los demás y juzgarlo

como mejor que el mío, este mismo hecho de la obsesión por la perfección o por siempre

hacer las cosas muy bien, me lleva a suponer que no lo hice bien o que nunca es

suficiente lo que haga porque habrá quien lo haga mejor. Sin embargo, ya fui más realista

y recordar que en este proceso lo importante es el proceso en sí y no la técnica o la

belleza de la obra, puesto que eso se torna muy subjetivo. Uno mismo debe ser muy

crítico para reconocer más bien las emociones y lo que se presenta durante el proceso

que en el resultado visual, se trata de ir más allá de lo visible.


Todas las emociones vividas en estos sencillos ejercicios son sumamente importantes

pues en conjunto con los demás procesos de desarrollo humano que se están viviendo

empiezan a movilizar procesos y recursos que probablemente no estaban tan despiertos.

Este manejo de las emociones es considerado posteriormente como una clave en el

desarrollo de la inteligencia emocional por Salovey y Mayer (1990). Ellos incluyen dentro

de su concepto de Inteligencia Emocional, los siguientes dominios principales claves en

ser persona, y todavía más en ser terapeuta: Conocer las propias emociones. La habilidad

de poder reconocer con exactitud un sentimiento mientras ocurre. Manejar de las

emociones. la habilidad de manejar los sentimientos para librarse eficazmente de estados

de ansiedad excesivos o de cualquier otro sentimiento. Ser capaz de motivarse a uno

mismo. Reconocer las emociones de los demás. Empatía, reconocer las señales que los

demás emiten con relación a sus necesidades y deseos. Es una habilidad básica para un

óptimo desempeño social. Ser capaz de relacionarse con los demás. Habilidad para

adecuarse a las emociones de los demás, determina el grado de capacidad social de

individuo. Estas premisas son totalmente relevantes para una formación personal y sobre

todo para ser arteterapeutas, pues el reconocer y saber manejar las propias emociones,

permitirá guiar y facilitar a otros el reconocimiento de las propias emociones.

Puedo reconocer totalmente el avance en la conciencia de mis propias emociones, he

generado una mejor inteligencia emocional, lo cual es sumamente importante en este

proceso de formación. Me ha quedado más claro cómo uno mismo debe ser primero el

propio terapeuta, generando este ejercicio de imaginación donde parece que uno mismo

sale del cuerpo físico a manera de consciencia para ser un observador eficaz de cada

movimiento, de cada sensación y emoción que se presenta cuando se dibuja, se pinta, se

hacen garabatos o simplemente se experimenta con alguna de las técnicas que las artes

visuales nos proponen.


El proceso de arteterapia es un proceso de “desenvoltura”, de desenvolvimiento, en el

que, quiérase o no, se desatan determinados procesos que tienen que ver con nuestros

modos de ligar vínculos, en el que se deben de ir ordenando y estableciendo nuevos

modos de vincular, que son a fin de cuentas lo que más nos interesa: dar un paseo y

viajar por los entresijos del “sí mismo”, sentir el dolor de las ambivalencias y realizar un

tejido con las texturas emocionales. Esto es lo verdaderamente terapéutico y valioso de la

práctica del arteterapia (Coll, 2006). Con estos ejercicios que parecen sencillos se pudo

realizar ese viaje por los adentros de mi persona. Tengo la convicción de que cada

práctica que se sume a este proceso, será parte de ese tejido con texturas emocionales

que dará como producto una manta gigantesca, que no tiene un final específico pues

siempre puede ir creciendo, “cubriendo” a otros a través del reconocimiento de sus

emociones para un mejor manejo de ellas. Estoy descubriendo un mundo maravilloso de

posibilidades a través del arte que van encajando con los demás piezas del

rompecabezas que están en este momento en mi vida.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Duncan, N. (2006). Trabajar con las emociones.

Coll, F. (2006). Un viaje por arteterapia.

Laracruz, J. (2010). El juego del garabato (squiggle).

López, B. (2010). Arteterapia, otra forma de curar.