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H u m a e R T O PORTUS a

TESOROS
Los tesoros ocultos bajo la
tierra y los fenómenos que se
producen en sus revelaciones.

Interesantes recomendaciones para


efectuar trabajos de excavación.

S A N T I A G O DE C H I L E
1 9 4 3
T E S O R O S
HUMBERTO PORTUS A.

TESORO
Interesantes recomendaciones
para efectuar trabajos de
excavación

I M P R E N T A " C U L T U R A '
ARGOMEDO 363-A
SANTIAGO
A MIS LECTORES
La busca de tesoros ocultos bajo la tierra, ha sido
siempre un motivo de especial interés para que muchas
personas se hayan preocupado de ellos, efectuando tra-
bajos para descubrirlos.
Algunos, solamente con simples datos que los han
creído serios, han gastado fuertes sumas de dinero rea-
lizando estos trabajos sin sacar ningún provecho; y
otros, la mayoría, aventurando, los persiguen constan-
temente sin valerse de conocimientos ni de ningún medio
adecuado para ubicarlos, por lo tanto, sin prohabilida-
des de acierto. A estos últimos los fracasos no los desi-
luáonan tan pronto, las pérdidas de tiempo y sacrificios,
tampoco, y siguen largo tiempo manteniendo la idea
hasta que al fin terminan con un falso convencimiento
de que estas cosas no tienen ninguna importancia para
que merezcan dedicarle atención.
Generalmente, la existencia de estos tesoros se dis-
cute entre personas que jamás han descubierto nada,
que jamás han leído ni observado nada significativo
alrededor de esta materia, y que no tienen ni la menor
idea cómo empezar un trabajo con un máximum de
expectativas. Naturalmente, en estas condiciones se llega
a un fin negativo, sin haber tenido antes su indispen-
sable principio, porque no se puede tomar como prin-
cipio sólo una simple idea de las cosas; ¡no!, desde luego
no hay efecto sin causa, hay que 'estar basado en algo
más concreto, en algo que tenga relación directa con el
fin que se persigue, es necesario tener un concepto más
claro para todo esto a fin de tener más probabilidades
de éxito.
De que esto es indispensable, no hay más que ob-
servar por donde quiera que vaya la persona poniendo
el ojo y el sentido en todo lo que existe, se encontrará
invariablemente con las layes inmutables de la Natura-
leza, algunas por sí solas complicadas, pero solucio-
nables.
Como son tan numerosas como variadas las opi-
niones o pareceres a este respecto, en que cual más o
cual menos se apartan de la razón, me ha inducido a
publicar este pequeño libro que contiene algunas obser-
vaciones que sacarán de la duda a muchas personas; y
no permanezcan bajo un errado concepto, creyendo que
estas cosas no tienen salida hacia ta realidad.
Espero que este trabajo ha de ser útil a mis ama-
bles lectores, sirviéndole como un principio de razona-
miento sobre el punto que vengo tratando, o bien como
un guía provechoso para no perder tas oportunidades
que les haya brindado o que les pueda brindar ta Natu-
raleza, al ponerle a su vista y en una mentalidad clara
lo que significa una revelación indicadora de tesoros
ocultos bajo la tierra.
Humberto Portus A.
Enero 1943.
LOS TESOROS OCULTOS BAJO Lfi TIERRA ¥ LOS FEliOÜEDOS
QUE SE PRODUCEN Eíi SUS REVELACIONES
Se sabe de una manera cierta que en nuestro país
existen valiosísimos tesoros ocultos bajo la tierra; unos
datan desde la Conquista (401 años a la fecha), otros
desde la expulsión de los jesuítas (175 años), y otros
desde nuestra Independencia (132 años).
El descubrimiento de algunos de estos tesoros ha
6Ído unos por obra de la casualidad; otros, utilizando
medios científicos y conocimientos para descubrirlos, y
otros por una indicación reveladora que ha aparecido
a la vista de algunas personas y que han sabido apro-
vecharlas en buena forma; cuyas indicaciones inexpli-
cables para la mayoría se han presentado envueltas en
un insondable misterio de la Naturaleza; que en rea-
lidad han llevado al hombre incrédulo al convencimiento
de una creencia que los ha conducido a la fe, y al res-
peto que debe rendírsele en todo momento a las cosas
sobrenaturales emanadas por el Supremo Hacedor.
Respecto a entierros de tesoros, a nadie, mucho
menos hoy en día en que la desconfianza se impone
ante todo, se le puede exigir credulidad a las personas;
el tiempo, la experiencia, la propia ocasión que se le
presente a cada cual se encarga siempre de. llevarlos al
convencimiento. De manera que sería estéril discutir en
condiciones enteramente desiguales en creencias y estu-
dios; pues hay autoridades inmensamente superiores que
están en las obras científicas que han iluminado al mun-
do entero con sus enseñanzas, y ante días hay que in-
clinarse reverente. En cambio, se puede exigir estudios
ligados a los hechos, o cuando muy menos haber obser-
vado con interés algo alrededor de esta materia para
poder discutir con algún provecho.
Desde-siglos atrás viene probándose de una manera
indiscutible la existencia de estos fenómenos. Las anti-
guas y valiosas obras sobre Ciencias Ocultas, reprodu-
cidas de célebres autores, como Paracelso, Arbatel, Mes-
mer, Cárdan, Agríppa, San Cipriano, Alberto el Gran-
de y varios otros, cuyas obras de innegable prestigio
dan una luz clara sobre estos misterios que para muchos
son inexplicables. Esta Ciencia tiene un valor inmenso
para la humanidad, porque dirige gran parte de nuestros
conocimientos y destinos en la vida; y muchas personas,
a pesar de estar cegadas en su incredulidad, ocasional-
mente en el curso de su vida se han dado cuenta de algo
que existe por una revelación cualquiera que han ob-
servado; y sólo entonces entran a la fundada sospecha
de que existe un Mis Allá digno de tomarse en cuenta.
Esos grandes sabios y filósofos de siglos pasados
se dedicaron al estudio profundo de estas ciencias, ob-
servando frente a frente todos los fenómenos de la
Naturaleza y las leyes de todas las creaciones en que el
hombre es capaz de regir. En sus investigaciones des-
cubrieron la existencia de dos mundos, el mundo mate-
rial y el inmaterial; el primero limitado en sus efectos,
por lo tanto fué de fácil explicación; y el segundo
infinito en su ciencia, inconmensurable en su potencia,
algunas de causas impenetrables que no fueron del todo
resueltas por estos Magos de la Ciencia Oculta.
En efecto, ocurren diariamente en nuestro alrede-
dor fenómenos que la inteligencia humana en su mayo-
ría no puede explicar; a pesar que los hechos se ma-
nifiestan, su existencia material es constante y evidente,
su realidad es indiscutible, con todo esto en algunas cosas
aún se mantiene cierto secreto sobre su verdadero origen
y causas que lo producen. .
¿Habrá alguna explicación completamente satis-
factoria para todos los hechos científicos que se admiten
en el cerebro humano? ¿Sabéis cómo y por qué el imán
atrae al acero? ¿El fenómeno de la vegetación, y las
maravillas de la vida en los diferentes reinos de la Na-
turaleza? ¿De qué modo se conserva la memoria, y el
cómo la voluntad hace mover en vosotros el organismo?
¿Tenéis vosotros alguna explicación perfectamente cla-
ra para todas estas realidades? ¿Ahora bien, se dejará
de creer y admirar todas estas cosas porque no se com-
prende su verdadero origen?
Igual cosa ocurre con las manifestaciones psíquicas
reveladoras o indicadoras de tesoros ocultos bajo la tie-
rra. Muchas personas que ignoran por completo estas
cosas se permiten hacer mofa de otros que las creen; pero
esto sencillamente se llama reírse de su propia ignoran-
cia. De muchas maneras se manifiesta la existencia de
tesoros enterrados; y aunque sea muy grande la incre-
dulidad de algunos hombres por desconocimiento abso-
luto de sus leyes y origen, no puede negarse el hecho
que, como se ha dicho, un buen número de valiosos
tesoros se han descubierto por simples apariciones o re-
velaciones que han indicado con toda exactitud el punto
donde existen. Muchas veces espíritus materializados, es
decir, que se presentan a la vista de las personas en la
misma forma como han sido conocidos en este mundo,
son los indicadores, y se manifiestan para que se saque;
pero no todos atinan a comprender qué significan esas
apariciones.
Si no fuera por estas manifestaciones o revelacio-
nes, seguramente no se habrían descubierto ni la mitad
de los tesoros que han sido hallados por este medio.
Desde luego, estos encuentros habrían quedado exclusi-
vamente a merced de lo inesperado.
La Naturaleza es muy sabia bajo el poder Divino,
de ningún modo es egoísta, por el contrario, facilita y
trata que todos los hombres beban en su manantial ina-
gotable de riquezas de todo orden, para que alcancen
sus significados o comprensión con sólo la fe, el estudio
y la perseverancia puesta al servicio de las cosas. No
olvidar jamás que todo es posible a quien tiene fe y
voluntad, y que por el contrario nada conseguirá quien
carezca de ambas cosas. No hay obstáculos mayores que
los que oponen el aturdimiento, la ligereza, la incons-
tancia o la indiferencia; todo esto es negativo. Un cono-
cido autor, don Miguel A. Stuven, ha dicho: "Los
obstáculos y las dificultades por lo general engendrán
éxito".
Estas revelaciones hay que distinguirlas; las hay
buenas y malas; las buenas se revelan siempre con apa-
riciones blancas; luces como de vela, que se mueven de
un punto a otro, para desaparecer en seguida en un
punto determinado; árboles o sitios que se iluminan de
noche, duendes pequeños, un brasero con fuego, es una
manifestación muy corriente, cuerpos no bien definidos
o distinguibles, pero que no causan espanto.
Cuando se sigue una luz o una visión cualquiera
que se le ha revelado, en el punto donde ésta se pierda,
dejar un pañuelo, un sombrero, un cortaplumas o cu-
chillo enterrado en la tierra, o cualquier especie de uso
personal, y efectuar trabajo inmediatamente, ojalá solo,
sin comunicárselo a nadie; esto tiene una singular im-
portancia para la persona que lo ha cAservado.
Los malos se manifiestan de noche, con presenta-
ciones negras, en la mayoría de los casos cuerpos o vi-
siones horrorosas que infunden temor inmediatamente;
animales, aves, grandes reptiles, tropeles que aparente-
mente se acercan a un trabajo que se está ejecutando,
estremecimientos de tierra en el sitio mismo de la exca-
vación, acompañados de ruidos sumamente extraños,
gran nerviosidad o temor a algo que no se vé. En éstas
y varias otras formas influyen y se dan a conocer los
espíritus malos que predominan alrededor de estos te-
soros ocultos; y para esto hay que saber aplicar con
anticipación los recursos del caso, a fin de que en un
trabajo de busca no hayan entorpecimientos y no se
pierdan las probabilidades de éxito; y en algunas oca-
siones no es fácil contrarrestar este poder sin entregarse
a ellos; lo má« conveniente es no insistir; aunque Freud
Sigmund en una de su obras dice: "Si no puedo vencer
a los dioses, pediré auxilio a los infiernos".
Por otro lado, la ciencia del hombre, ayudada por
la Naturaleza puesta al servicio de la humanidad ente-
ra, ha descubierto inventos sorprendentes con el fin de
localizar o ubicar toda clase de metales en cualquier
terreno. Pues bien, pueden existir muchos instrumentos
científicos, como hay algunos que el cerebro humano
con su poder investigador, ha puesto al alcance del hom-
bre para descubrir riquezas que egoístamente se guardan
bajo la tierra; pero el trabajo que realizan estos instru-
mentos para localizar tesoros enterrados, no es más que
una aguda muy importante. Muchas personas pueden
creer que sencillamente ayudadas por estos instrumen-
tos se tiene asegurado el éxito, esto es un profundo error;
el éxito de estas búsquedas no depende de ningún ins-
trumento por más científico que sea; depende de las
circunstancias, capacidad y conocimientos de los hombres
que van a ejecutar el trabajo, y en gran parte, de algu-
nos factores invisibles que hay que tenerlos muy pre-
sente, y que influyen poderosamente, ya en favor o en
contra.
De que esto es efectivo, la explicación es muy sen-
cilla, la verdad se impone por sí sola. ¿Cuántas personas
no habrán adquirido instrumentos de esta clase para lo-
calizar tesoros ocultos bajo la tierra, y después de hacer
un sinnúmero de excavaciones no han descubierto ni
uno solo? Si el éxito de estas exploraciones dependiera
exclusivamente del instrumento tal o cual, por ser cien-
tífico, muchos, casi todos los poseedores de estos apara-
tos serían hombres de gran fortuna; y sin embargo no
es así. Según mi conocimiento son muy poquísimos los
que han sacado algún provecho manejando estos ins-
trumentos, y estos pocos no hay duda alguna que han
conocido y han puesto en práctica el valor innegable
que tiene para estas cosas la Ciencia Oculta, combinán-
dola razonadamente con el valor científico, también in-
negable de algunos instrumentos cuando son bien ma-
nejados en las exploraciones.
Se ha hecho muy corriente recurrir a las consultas
espiritistas, al hipnotismo, a la videncia, al mentalismo
y a las cartas del naipe para saber si existe o no en un
punto determinado el tesoro que se busca. T o d o esto
no es más que un medio muy elástico, inseguro desde
el punto de vista que la charlatanería, la farsa y el engaño
predomina cuando se practica con fines comerciales o
especulativos.
Si todas estas ciencias fueran trabajadas bajo el
control severo de la honradez en todo sentido, y com-
binadas a los medios que son de rigor aplicar para la bus-
ca de tesoros enterrados, no hay duda que las probabili-
dades se acercarían mucho al éxito, pero por lo general
no sucede esto. Es verdad que suele ocurrir en algunos
casos que los espíritus que se consultan son burlones,
o bien concurren otros perjudiciales al llamado; de to-
dos modos, de una manera u otra se pierde tiempo y dine-
ro, salvo muy raras y honrosas excepciones.
En hipnotismo ocurre a menudo que el médium
por cualquier causa no se presta, por lo general algo tie-
ne que pasarle, y la consulta sale errada.
Otro de los medios muy usables son las varillas
de avellano, de corcolén negro , almendro, palqui negro,
manzano, saúco, sauce, guindo, membrillo, haya, asebu-
che, tamarindo y aliso. También se usan las barbas de
ballena; el cuero de gato negro muy usable en Bolivia;
la varilla de acero en forma de horquilla; con todo lo
cual se puede ubicar metales, huesos y corrientes de
aguas subterráneas, siempre que sean bien gobernadas
y que la fuerza magnética de que disponga la persona
sea suficiente para hacerlas trabajar libremente en cual-
quier terreno.
Hay autores que niegan la exactitud de las varillas
para localizar metales, etc., porque le atribuyen que és-
tas trabajan íntimamente de acuerdo con la mayor o me-
nor sugestión del operador. En realidad, si esto se ha
observado es un motivo más que suficiente para no te-
ner seguridad; sin embargo, yo me inclino a creer con
cierto fundamento que despojándose de toda sugestión,
que es la que en este caso perjudica un trabajo de explo-
ración, la varilla responde cuando es bien gobernada,
especialmente en la busca de corrientes de aguas subte-
rráneas. Muchas personas, manejando las varillas, han
localizado con certeza metales y huesos. La práctica, la
constancia y algunos conocimientos para el correcto ma-
nejo de estas varillas puede definir la cuestión.
Por otro lado tenemos el conocido Péndulo Mag-
nético y algunos aparatos eléctricos que funcionan con
pilas. El trabajo que realizan éstos hace llegar a idén-
ticos resultados que todo lo anterior.
También se ha puesto en práctica el mate con la
vela bendita.
Cardan, antiguo y notable investigador de las
Ciencias Ocultas y autor de varias obras, recomienda un
secreto para descubrir tesoros enterrados, que consiste
en una gruesa vela fabricada con gordura humana y en-
cajada en un trozo de madera de avellano. El trabajo
se ejecuta mediante ciertos procedimientos. Y, por últi-
mo, se recomienda la ceniza de madera de avellano fina-
mente cernida y aplicada en el terreno bajo ciertos mé-
todos.

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Partiendo de la base que con todos estos medios o
sistemas se puede localizar con exactitud un tesoro ente-
rrado, nos encontraríamos con la más seria de las dificul-
tades, los factores invisibles que influyen como ya lo he
explicado anteriormente. La persona que asegure lo con-
trario le faltará franqueza y honradez.
Muchas personas creen que descubrir tesoros ocul-
tos bajo la tierra es tan fácil como desenterrar papas,
cuán profundo es este error: sólo el desconocimiento
absoluto sobre lo que significan estas búsquedas puede
alimentar semejantes creencias. Otros van más allá aún,
niegan la existencia de los elementos sobrenaturales re-
veladores por el hecho que ellos no lo han visto, y cuan-
do llegan a verlo tampoco le dan importancia porque
su imaginación se sostiene en la obscuridad; la ciencia
escrita es un mito para ellos, no entra a su cerebro; tam-
poco se toman la molestia de observar ni leer nada rela-
cionado con esto, sin embargo, apoyados a un simple
parecer, opinan y discuten con una gravedad que se ha-
cen dignos de observarlos para conocer más de cerca su
mentalidad. Así como los espíritus son capaces para
efectuar muchas cosas a su manera, algunas sorprenden-
tes, extraordinarias, así hay muchos hombres sobre la
tierra capaces de negar todo lo científico y de real exis-
tencia. Hay un antiguo proverbio que dice: "No nie-
gues lo que no conozcas".
Muchos casos puede citar mi experiencia y cono-
cimientos a este respecto, de trabajos que han fracasado
a causa que los espíritus se han apoderado fácilmente
de los hombres que han intervenido en ellos, y los han
inducido a cometer todas aquellas faltas que la ciencia
y la experiencia las prohiben terminantemente en esta
clase de búsquedas. Ya los desaniman y abandonan el
trabajo sin causa justificada; se asustan, beben licor en
el punto de la excavación, discuten acaloradamente, pro-
fieren palabras obscenas, los golpean, despiertan una am-
bición que sobrepasa los límites de lo natural, abrigan
malas intenciones, les falta energía para seguir la obra,
un terreno blando rápidamente se les torna excesiva-
mente duro, la excavación se llena de agua sin razón
alguna, viene la duda y la desconfianza; y así sucesi-
vamente, de una infinidad de maneras influyen los es-
píritus contrarios, oponiéndose para que no se saque el
tesoro; y estas influencias se derivan de las condiciones
o faltas mismas de los hombres.
Hay que convenir que los espíritus guardadores de
estos tesoros, o sean los Gnomos, los vigilan en todo
momento; y en un trabajo bien ordenado primeramente
hay que proceder a reconocer en el terreno mismo qué
clase de espíritus son los que se manifiestan en las reve-
laciones, para poder aplicar, según su clase, los medios
más seguros a fin de obtener el mayor número de proba-
bilidades en el trabajo.
Son muchas las personas que discuten sobre la es-
tabilidad de los tesoros enterrados. Se argumenta gene-
ralmente que los espíritus infernales son los únicos que
intervienen corriéndolos para cualquier lado, oponién-
dose para que se saque. A este respecto, la ciencia y la
experiencia ha demostrado sin lugar a dudas, el poder
de ciertos espíritus para ejecutar estas cosas que parecen
inconcebibles en estos tiempos. Analizando la cuestión,
solamente desde la base del poder de algunos espíritus
(porque los hay de cuatro clases), y la imaginación de
las personas, encontraremos que este poder de cambiar
las cosas inanimadas de un punto a otro que se encuen-
tran bajo la tierra, sólo lo ejercen corno ana facultad pri-
vativa los Gnomos.
Los Gnomos y los- infernales, son dos espíritus en-
teramente distintos en clase y acciones. Los Gnomos,
como ya se ha dicho, son los únicos que ejecutan estos
traslados, y lo hacen con su tendencia natural de egoís-
tas y burlones.
Estimo de interés dar a conocer a mis lectores por
intermedio de este pequeño libro, la definición seria que
le da a los Gnomos el célebre investigador de Ciencias
Ocultas, Arbatel. "Estos espíritus son los guardadores
de tesoros, íntimos a la humanidad de la cual forman
parte integrante, siendo invulnerables a todo el arte de
la Magia. La residencia de los Gnomos son las ondas
aéreas y nunca están en reposo. Además tienen la pro-
piedad de penetrar por todos los poros de la tierra, y
hasta se filtran en el corazón de las montañas.
Tienen un poder inmenso sobre la imaginación del
hombre, son su égida en los peligros, su inspiración en
la duda, su horóscopo en lo futuro; de ahí vienen las
preocupaciones que tenemos, las cuales siempre suelen ser
ciertas.
Es el céfiro transmisor de las órdenes, demandas o
ruegos de los hombres a los espíritus, o de éste entre sí;
y tal es su conciencia de lo bueno y de lo malo, que si
va en perjuicio de los seres racionales, tratan de librarse
de sv: pesada carga".
También los Gnomos proceden a la transmutación
metálica, es decir, transforman las monedas u objetos
de metal en cualquiera otra materia con el fin de burlar
a sus perseguidores. Esta transformación sólo es conoci-
da cuando deja huellas que se distinguen con cierto fun-
damento; y para volverlo a su verdadero estado, hay un
procedimiento que hay que llevarlo a la práctica con
los rigores del caso para contrarrestar la acción.
La intervención de los infernales en estos traba-
jos, cuando son numerosos, va interesada directamente
a que haya acercamiento con ellos para facilitar el tra-
bajo, pero mediante cierto convenio que lo dan a enten-
der de muchas maneras. En todo caso, llevando la per-
sona buenos propósitos al fin que persigue, no es con-
veniente aceptar por tratarse de una conquista que va
dirigida a tantear la ambición del buscador para lograr
fortuna rápidamente, pero con muchos trastornos e in-
quietudes en la vida si se realiza el acercamiento. En
cambio estos seres, teniendo cabida, por medio del te-
rror de muchas maneras, pueden hacer fracasar los tra-
bajos. Desde luego, se descarta fácilmente que los únicos
que influyen en los cambios o corridas de los tesoros
ocultos son los Gnomos,
La explicación sobre todo esto tiende a demostrar
con un precedente inamovible de que en efecto ocurren
estos fenómenos, algunos fáciles de contrarrestar v otros
casi imposibles de contrarrestar. Lo que ocurre más o me-
nudo es que estos espíritus influyen directamente en la
idea, en el ánimo y en la acción ejecutoría de los hom-
bres.
Es necesario que dé a conocer a mis lectores cuáles
son las principales causas para hacer fracasar un trabajo
de basca.
l.o—La ambición o mala intención de parte de
alguna de las personas que ejecutan el trabajo, o bien
tengan un pésimo carácter.
2.o—Un conjuro insuficiente aplicado a! caso de
que se trata, y cargar armas de cualquier clase que sean.
3.0—La intervención que ejercen los espíritus con-
trarios sobre el trabaja de cualquier aparato o instru-
mento para localizar con exactitud el tesoro, desviando
el punto.
4.o—El conocimiento de varias personas ajenas
al trabajo que se va a ejecutar. Esto es muy. delicado por
caanto se habla y se comenta el hecho de distintas ma-
neras, algunas muy torpes y mal intencionadas, sin que
esto se pueda evitar. Debe observarse la reserva más ab-
soluta, esto asegura gran parte del éxito.
5.o—No haber elegido la fecha, el día y la hora
Astrológica precisa para empezar el trabajo, y no preca-
verse de la pasada de ciertos planetas que no son favo-
rables. El ejecutar trabajos con números pares de per-
sonas; debe de ser impar.
6.o—El gran número de espíritus, ya Gnomos o
infernales que de diferentes maneras tratan de entorpe-
cer un trabajo, (fuerza mayor) que en algunas ocasiones
es incontrarrestable.
7.o—Cuando los tesoros han sido enterrados bajo
un poderoso conjuro, como lo aplicaban algunos jesuí-
tas en tiempo de la Colonia, invocando a los espíritus
infernales a fin de dificultar su descubrimiento. A veces
esto ofrece un peligro inmediato para laá personas cuan-
do ocasionalmente dan con él.
8.o—Manifestar temor, dudas, desconfianza sobre
lo que se va a hacer; trabajar rabiando o con precipita-
cíón; discutir en el terreno mismo acerca del trabajo;
beber licor dentro o fuera de la excavación.
9.o—Formar chacotas, risas, burlas, y hablar espe-
cialmente en trabajos de noche. Esto último es muy im-
portante tenerlo presente.
10.o—Cuando las personas que toman parte en un
trabajo (sin ser fanáticos), no sean creyentes a todo ío
sagrado y a la religión católica; en una palabra, que sean
irrespetuosos a la existencia de un Supremo Hacedor de
todo lo creado.
11 .o—Cuando las personas que toman parte en el
trabajo tienen a su haber un hecho delictuoso grave. Más
claramente dicho: cuando se haya cometido en el curso
de su vida un delito grave penado por la ley; por lo
tanto que su conciencia esté reflejando en todo momento
el delito, desde luego, el mal espíritu que lo tiene toma-
do, el cual en todos los actos de su vida tratará de en-
torpecer a las personas que lo rodean en actos correctos.
Asimismo influyen los vicios, el desarreglo y las pasiones
desordenadas.
12.o—Cuando los trabajos se ejecutan con inte-
rrupciones, debiendo de hacerse de una sola jornada, no
abandonarlo en ningún momento desde que se empieza.
Los factores invisibles de que he hablado son los
espíritus que vagan sin cesar en el espacio, y los hay
buenos y malos; desde luego hay que inclinarse a creer
que hay más malos que buenos, ocurre lo mismo que
en este mundo, los malos predominan. De aquí nace,
por lo general, el fracaso de muchos cuando expresa-
mente buscan algún tesoro enterrado, sin conocer nin-
guna norma o detalles que deben de observarse en estos

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trabajos. En verdad, alrededor de esto hay tradiciones
serias que merecen atención; en cambio, hay otras que son
exageradas, fantásticas, con imaginaciones mal concebi-
das, y aún se prestan para engaños y estafas como ha
ocurrido muchas veces.
De manera que no es cosa sencilla como a primera
vista parece llegar al éxito en estos trabajos, si observa-
mos el sinnúmero de fracasos que ha habido después
de creerse ubicado un tesoro por las revelaciones que se
han tenido a la vista, u otros medios que se han puesto
en práctica, y esto se debe a la falta de preparación o
conocimiento de las reglas más elementales; y estas per-
sonas fracasadas de esta manera no han sabido aprove-
char la oportunidad que se les ha brindado; y en la mayo-
ría de los casos entran a una desconfianza que ellos
mismos no se explican; pero todos ellos dejándole siem-
pre un vacío a la sospecha. Esta duda, es precisamente
la que le ha dejado la puerta abierta a la sospecha más
o menos fundada de la existencia de algún tesoro en un
punto determinado; y esta sospecha pasando con exage-
ración de persona en persona, por lo general se extiende
con ramificaciones de creencia a firme, y de aquí nacen
nuevas tradiciones y nuevos fracasos, por no conocerse
según ellos más medios que la casualidad o la suerte para
descubrirlos.
Se cree generalmente que las penaduras que se ma-
nifiestan con ruidos extraños en una casa, trajines, gol-
pes, aparición de fantasmas o visiones, es la indicación
inequívoca de la existencia de algún tesoro oculto, pero
no siempre indica esto, muchas veces son revelaciones
de osamentas humanas que hay enterradas en un sitio
caulquiera. Es muy corriente encontrar osamentas hu-
manas en excavaciones, y debajo de éstas un tesoro ente-
rrado; porque los antiguos, especialmente los españoles,
al ocultar sus tesoros de gran valor, asesinaban en el
sitio mismo a los hombres que le ayudaron a ocultar
el tesoro, y para mantener el secreto se llegaba al crimen.
Franz Hartmann en una de sus obras dice: "Todas
las casas están aduendadas, aunque no todas las gentes
son igualmente capaces de ver los espectros que la fre-
cuentan; porque para percibir las cosas del plano astral,
se necesita el desarrollo de un sentido adaptado a esas
percepciones. Los pensamientos son espectros, y única-
mente pueden verlos quienes sean capaces de ver las imá-
genes mentales, a no ser que los espectros estén lo sufi-
cientemente materializados para refractar la luz y hacerse
visibles al ojo físico".
El feliz encuentro de estas riquezas, en algunas
ocasiones ha sido como se ha dicho por obra exclusiva
de la casualidad, es decir, ejecutando un trabajo muy
ajeno a su busca, que sin pensarlo ni buscarlo llega a
manos de las personas. A estos encuentros se les dá el
nombre de suerte para el que los descubre; y efectiva-
mente, en estos casos no se han apoderado los malos es-
píritus, y el que lo enterró, digamos cuidador sin presión
de otros espíritus, no se opone para ponerlo al alcance
de cualquiera.
Se ha dicho que buscar expresamente un tesoro
enterrado no es cosa fácil de tener éxito por los factores
que pueden influir en contra; y aunque esto parezca
raro o difícil de concebirlo hoy en día, no es más que
una realidad que han experimentado muchos cuando se
han propuesto buscarlo en condiciones adversas a todo
orden de conocimientos; y por otro lado en gran parte
por el hecho que no ha sido revelado a ellos; circuns-
tancia ésta que tiene su gran valor. En todo caso convie-
ne siempre unirse a las personas a quienes se les ha reve-
lado algo para ejecutar trabajos, y realizarlos rigurosa-
mente en la forma que deben hacerse. Muchas personas
ya por incredulidad, falta de preparación o temor de
ponerle trabajo a estos descubrimientos, han perdido una
excelente oportunidad cuando a ellos se les han presen-
tado estas manifestaciones. Pero también no es menos
cierto que a pesar de todo si no se sabe ejecutar el trabajo
por falta de preparación, tampoco se consigue el éxito.
Cualquier circunstancia por insignificante que parezca
puede malograr el trabajo; esto hay que tenerlo muy
presente.
Una persona incrédula para estas cosas, que no
tenga ninguna de las cualidades o condiciones exigibles
para ello, o que su ambición pase los límites de lo natu-
ral, más sí le añadimos una mala intención, es mate-
rialmente imposible que tenga éxito en estos trabajos,
es perder tiempo y dinero lastimosamente, aunque se
ejecuten con todas las precauciones que son de rigor;
quiero repetir, que la busca de tesoros ocultos bajo la
tierra, está íntimamente ligada a ciertas normas que, se-
gún el grado de conocimientos hay que observarlos es-
trictamente en los trabajos. Desde luego es una cuestión
primordial que las personas que toman parte en una
búsqueda, se conozcan muy bien entre sí, para evitar
desgracias ocasionadas por la ambición desmedida que
despierta y que hace llegar al crimen cuando es encontra-
do el tesoro; estos casos ocurren a menudo.
Estas cosas sobrenaturales ejercen un poderoso im-
perio sobre los hombres y sus facultades, lo mismo que,
y aún más sobre los animales y las aves; sin embargo,
examinada a fondo la cuestión, el hombre en su calidad
de racional tiene naturalmente un cierto poder basado
en los medios y conocimientos especiales adquiridos, ya
para aprovecharse de estas fuerzas extrañas o contrarres-
tarlas.
Sobre los invisibles un conocido autor dice lo si-
guiente: "Estos espíritus son de los que han existido en
la tierra que, libres de su envoltura corporal destruida
por la muerte, pueblan y recobran el espacio vagando
sin cesar muy cerca de la superficie de este mundo; los
mismos que cambiaron su cuerpo mortal por el etéreo,
al que los liga la tosquedad de su naturaleza, la fuerza
y arraigo de sus instintos. T a n tosca puede ser la con-
textura de la forma ultraterrena de estos espíritus, que
llegan hasta hacerse perceptibles aún para los que carecen
de los dotes especiales de la clarividencia. Es una clase
de espíritus erráticos, en la que reside la explicación de
todos esos fantasmas, espectros, apariciones y duendes
de las casas que se dicen encantadas. Estos seres aún no
han comenzado su vida espiritual, buena o mala, puesto
que sólo empiezan la nueva existencia cuando rompen
totalmente las fuertes ataduras terrenales. ¿Qué se en-
tiende por ataduras terrenales? El haber escondido egoís-
tamente un tesoro, o bien haber cometido un crimen que
quedó impune; pues el espíritu de estos seres vagará
constantemente alrededor o en el sitio mismo en que
fué cometido, por razones que éste lo atrae por leyes

— as —
inexorables de la Naturaleza; hasta el momento que sea
hallado lo que se ha ocultado en esta forma. Desde lue-
go, estos seres ya dan por terminada su misión en este
mundo, para pasar sucesivamente a otras regiones etéreas
a cumplir con su destino.
"Hay además otros espíritus que ya han comen-
zado su existencia espiritual. Entre esos hay crueles,
egoístas, fanáticos e indiferentes, que en compañía de
sus semejantes expían sus faltas vagando por los mun-
dos, cuya luz varía desde la niebla a la más profunda
obscuridad. Esta situación no es permanente; los que
son incapaces de evolucionar quedan para siempre en
ella; pero otros que siguen los consejos de los espíritus
auxiliares, se elevan a regiones más claras y superiores".
El conocido y notable espiritista Sir Arthur Conan
Doyle, estima que esta clase de espíritus constituye una
constante amenaza para la humanidad; pues si el aura
protectora del individuo es defectuosa, se posesionan de
él convirtiéndose en parásitos suyos e influyendo en todas
sus acciones o actos de su vida. Se le atribuye a estos
espíritus todo lo malo que le ocurre a la humanidad;
con esto queda dicho todo.
No es necesario remontarse a las prime-ras edades
del mundo para comprender el inmenso valor que a tra-
vés de todos los tiempos ha tenido y tendrá la Ciencia
Oculta. Quinientos años atrás solamente, los hombres
que se dedicaron con sus dotes especiales a estos estudios,
los hacían exclusivamente; sus observaciones eran cons-
tantes y profundas; los conocimientos científicos que
adquirieron de esa fuente inagotable de virtudes y rique-
zas que nos brinda la sabia Naturaleza, tanto para los
actos buenos como para los malos, asombraron y asom-
brarán al mundo mientras exista.
•La ciencia adquirida en aquellos años está intacta;
en fecha posterior no ha sido aumentada ni perfeccio-
nada, todo lo que se hable o se escriba a este respecto
gira alrededor de los conocimientos recogidos en aque-
llos años, por hombres que todo lo hacían de acuerdo
con las leyes de la propia Naturaleza, con gran interés
y perseverancia, que se hicieron acreedores a un justo y
permanente homenaje de la humanidad estudiosa.
La generalidad de las personas que niegan o dudan
de la existencia de un ser Superior que dirige los desti-
nos del mundo, se basan en la siguiente reflexión. ¿Có-
mo es posible que el demonio tenga tanto poder en la
tierra para atormentar de mil maneras a las criaturas que
están bajo el poder de Dios, y muchas de éstas no re-
nuncian a la fe, a la creencia y al respeto que les merece
el Divino Creador? ¿Y en muchos casos sus súplicas, sus
ruegos o peticiones no son oídas en ninguna forma?
Como respuesta copio a continuación lo que dice
a este respecto el libro de "San Cipriano": "¿Por qué
permite Dios que el demonio atormente a las criaturasi'"
l.o—Para que el hombre obstinado en las culpas,
sirva de terror y ejemplo a otros hombres,
2.o—Para que los que sean del todo malos, reciban
castigo en este mundo por las culpan que cometan.
3.o—Para que la persona que sea castigada del de-
monio trate de reconocer a Dios y humillarse a él.
4.o—Para castigo de las faltas leves y procurar la
enmienda.
5.o—Para que se corrijan los hombres, riendo por
sus ojos la verdad de la Divina justicia.
6.o—Para que se pueda apreciar el gran poder de
Dios.
7.o—Para mostrar la gran santidad de algunas
criaturas.
8.o—Para aumentar los merecimientos de las cria-
turas, volviéndolas al buen camino.
9.o—Para purificarse más en todos los sentidos.
lO.o—Para que las criaturas tengan el purgatorio
en este mundo, y que se corrijan viendo que de tantos
males pueden salir tantos bienes''.
Los lectores apreciarán estas cosas en todo lo que
valen; el análisis que haga cada uno valorizará el alcan-
ce que tiene prácticamente en la vida cada una de estas
correcciones en la humanidad.
Desde luego, al demonio a pesar de creérsele un
gran poder en la tierra, está sujeto dentro de un marco
limitado de acción; la Omnipotencia Divina no le per-
mite sino la ejecución de determinadas cosas. Más claro
aún; si los infernales ejercieran un poder ilimitado en
este mundo, la gracia y el poder Divino no se distingui-
rían en ninguna forma; daría lo mismo negro que blanco,
existiría una confusión tan grande que no tendríamos
dirección para nada, ni ejecutaríamos nada basado en un
principio, el mundo estaría convertido en una gran casa
de locos.
Con el ánimo de informar a mis lectores en todo lo
que tenga relación directa con la busca de tesoros ente-
rrados, los sacaré de ciertas dudas que se han hecho muy
corriente entre las personas.
Se ha generalizado la creencia de que los tesoros en-
«entrados en cualquier lugar, le corresponde al Fisco
percibir el 50 por ciento del total encontrado. Lo que
hay es lo siguiente: Si el tesoro se cree enterrado en
terreno fiscal, corresponde pedir por solicitud la autori-
zación para efectuar trabajos, ya a una Intendencia o
Gobernación del departamento donde pertenezca, y si
se encontrare le corresponde al Fisco el 50 por ciento.
Con anticipación se firma un Convenio al efecto.
Si el tesoro se encontrare en terreno municipal, co-
rresponde a la Municipalidad dar la autorización para
cavar, y encontrado le corresponde a ésta e! 50 por
ciento, firmándose Convenio.
Si el tesoro se encontrare en terreno o propiedad
particular, el único que puede intervenir es el dueño de
la propiedad, quien puede autorizar trabajos mediante
un Convenio firmado; en cuanto a porcentaje es materia
de convenirlo. El artículo 626 del Código Civil, habla
a este respecto sobre el derecho del dueño de una pro-
piedad. Si un dueño no autoriza un trabajo con este ob-
jeto, no hay ley ni nadie quien pueda obligarlo, a menos
que estos trabajos se ejecuten a escondidas de él, pero en
esta forma corre muchos riesgos.
Se habla muy a menudo que el dinero encontrado
enterrado no puede gastarse antes del año, el hacerlo
acarrea muchas desgracias. Esto es una invención de an-
taño que seguramente muchas personas la habrán se-
guido, pero esto no tiene base ni razón alguna para no
hacerse uso inmediato de todo lo encontrado. En cambio,
es conveniente respetar al pie de la letra las diposíciones
que contenga algún documento dejado por la persona
que enterró el tesoro; y éstos se encuentran juntamente
en el mismo sitio.
También hay ciertas dudas sobre la forma que
debe dársele a la excavación; ya sea redonda, cuadra-
da, larga o en forma de triángulo, etc. Tampoco hay
razón para darle una forma determinada, puede hacerse
lo que se quiera.
Se habla también con mucha frecuencia que el día
más seguro para descubrir entierros de tesoros es el día
Viernes Santo, a horas determinadas; y hay personas
que siguen estas normas bajo cierta seguridad de llegar
al éxito (según ellos).
T o d o esto no es más que una simple idea, o mejor
dicho una teoría cualquiera que viene hablándose desde
muchos años atrás, pero que en realidad no tiene nin-
guna base seria o científica para tomarla como un medio
de importancia.
Así como se habla del Viernes Santo para estos
trabajos, puede hablarse de un 18 de septiembre o de un
21 de Mayo. Es cuestión de apreciar estas cosas amolda-
das a lo que ya está indicado en la práctica y en la larga
experiencia sostenida desde siglos atrás.
Pasando a otra cosa, y como precauciones reco-
miendo lo siguiente: Al hacerse una excavación es nece-
sario ir premunido de una botella con vinagre fuerte,
con el objeto que cuando se encuentre el tesoro, o mejor
dicho, cuando se sientan emanaciones pesadas al cerebro,
ardor a la vista, sequedad 9 aspereza en la garganta, ma-
nifestaciones inequívocas del antimonio, debe de rociarse
inmediatamente con vinagre toda la excavación, y po-
nerse a salvo de sus efectos como ya está indicado, y
beber un poco de vinagre, pues es muy peligroso aspirar
los gases o emanaciones del antimonio que produce la
plata principalmente después de estar algunos años en-
terrada. Conviene en todo caso airear un buen rato la
excavación y después retirar lo que se ha encontrado.
Se han producido casos fatales por desconocerse sus
efectos.
Aunque no hay nada escrito sobre la necesidad de
dejar dentro de la excavación antes de tapar una moneda
por cada persona de los propios interesados que hayan
tomado parte en el trabajo, una vez encontrado el te-
soro es conveniente el hacerlo por cierta tradición que
se ha acentuado mucho a través de los tiempos, y que
parece tener algún efecto para el futuro; y como nada
cuesta practicarlo, es necesario hacerlo.
Las mismas personas que han hecho una excava-
ción y han encontrado el tesoro, no deben de tapar ellos
mismos; que lo haga otra persona ajena que no sepa que
dentro de esa excavación hay algunas monedas. Las mo-
nedas pueden dejarse en el fondo de la excavación tapa-
das con unas cuantas paladas de tierra, a fin de que no
se dé cuenta el que va a tapar.
Se comenta también que las personas que van a
descubrir un tesoro y lo encuentran, uno tiene que mo-
rir antes del año. Esto es una torpe invención. Segura-
mente si alguien ha muerto después de efectuar estos
trabajos con éxito, se debe a que han aspirado muy de
cerca y en gran cantidad los gases venenosos del anti-
monio de que he hablado anteriormente.
Las horas convenientes para empezar una excava-
ción son: cuando empieza a rayar el afta (es decir, cuan-
do empieza a aclarar) ; o bien a las 12 del día; a las 6
de la tarde o 12 de la noche. La elección de estas horas
que deben de ser exactas, depende de las propias circuns-
tancias que se presentan.
Considerando de cierto interés para muchos de mis
lectores, cuando menos como una curiosidad conocer la
fecha de llegada a Chile de los jesuítas y la fecha de su
expulsión, a fin de calcular aproximadamente la fecha
de la existencia de muchos tesoros enterrados por éstos,
doy a continuación un interesante relato insertado en
una de las obras de don Diego Barros Arana, titulado
"Riquezas de las Antiguos Jesuítas de Chile".
El 12 de abril de 1593, en la madrugada llegaron
a caballo ocho jesuítas peregrinos que venían desde Val-
paraíso. Fueron mandados a Chile por el Rey de España
Felipe Segundo, por real cédula de fecha 12 de junio de
1592. Se les dió un fraternal hospedaje en el Convento
de "Santo Domingo".
Santiago en esa época tenía 1.000 habitantes y ha-
bía poco más de 160 casas, bastante humildes. Exis-
tían los Conventos de "Santo Domingo", "San Fran-
cisco" y "La Merced"; un Monasterio de Monjas "San-
ta Clara'', y cuatro hermítas, la de "Monserrat", "San
Lázaro", "San Saturnino" y "Nuestra Señora de
Guía".
El 25 de agosto de 1767 (175 años a la fecha),
por orden del Rey de España Felipe Tercero, fueron
expulsados de Chile los jesuítas. El Gobernador de O t i -
le en ese entonces, el Marqués de Aviles, le dió curso
a la orden de expulsión; y al efecto, a las tres de la ma-
ñana de aquella fecha, simultáneamente salieron de sus
Conventos y propiedades 360 jesuitas en dirección a
España.
Su fortuna, sólo en propiedades repartidas en todo
el país, fué calculada en 20 millones de pesos oro de 48
peniques; en animales, útiles, enseres de campo y bienes
muebles, en 10 millones; y su fortuna en dinero, alha-
jas, objetos de arte, etc., etc., se calculó en 30 millones
de pesos oro de 48 peniques, cuyos valores quedaron
íntegros en el país, ocultos en bóvedas bajo tierra, en
subterráneos, enterrados en la tierra y encajados en mu-
rallas.
Los primeros Bancos que se fundaron en Santiago,
Valparaíso y principales provincias, fueron de particu-
lares, autorizados por el Gobierno (hace 92 años más
o menos) ; pero la mayoría de las personas, por descon-
fianza, no hacían sus depósitos en ellos. Años después,
en 1860, se creó una ley y reglamento de Bancos, y és-
tos empezaron a funcionar por sociedades. A continua-
ción se crearon algunos por cuenta del Estado y Cajas
de Ahorros;-Poco a poco fué desvaneciéndose la descon-
fianza que existía en aquellas épocas, hasta que el pres-
tigio y la confianza se impuso, como lo tienen hasta
hoy día.
Pedro de Valdivia llegó a Santiago con 150 espa-
ñoles y tres mujeres, y la fundación de la ciudad la efec-
tuó como se sabe el 12 de febrero de 1541, delineando
la ciudad desde la calle del Carmen hasta Brasil, y desde
el río Mapocho hasta la calle Cóndor, o sea, 14 cua-
dras, de Norte a Sur, y 15 cuadras, de Este a Oeste, Esa
era su extensión en aquella época.
En 1808 (134 años a la fecha), el número de ex-

— ss —
tranjeros que habían en Santiago eran los siguientes:
13 italianos; 8 franceses; 6 portugueses; 5 norteameri-
canos; 1 alemán; 1 austríaco y 1 sueco, total 35.
Quiero completar este pequeño libro con una ad-
vertencia que la estimo necesaria. En varías ocasiones
me he encontrado con individuos de mala fe, algunos
semi analfabetos, que de diversas maneras explotan gro-
seramente a la humanidad, basados en ciertos conoci-
mientos entre los muchos que proporciona la Ciencia
Oculta. Estos individuos forman para su comercio un
gran caudal de argumentos exagerados; no hablan con
franqueza ni sinceridad, no dan ninguna explicación cla-
ra sobre estas Ciencias, y se dotan de cierta autoridad
con el objeto de atrapar a las personas.
Como se comprenderá, esta manera de proceder
acarrea tanto perjuicio para la humanidad engañada co-
mo para el prestigio de la ciencia misma, que le quita
sus mejores cualidades y valor científico; dejando pro-
fundas dudas entre las personas que pueden aprovechar-
se de ellas de tantas maneras.
Es muy sabido que en todas las ciencias hay
impostores, que la mixtifican y la rodean en un manto
de obscuridad, con el objeto de tener a las personas a
mayor distancia del conocimiento exacto de ellas. De
aquí nace la natural desconfianza a lo verdadero de al-
gunas personas que sólo y desgraciadamente han oído
la palabra de boca de charlatanes o estafadores, como
por ejemplo el cuento de los entierros de tesoros. La
excesiva credulidad, falta de sentido común y ambición
de las víctimas de estas estafas, inducen a que estos indi-
viduos estén dando constantemente esta clase de golpes.
y la culpa es de las propias víctimas sin reflexión.
Lo más prudente es ponerse a salvo de estos seño-
res que abundan en todas partes. N o hay que dejarse
influenciar sin antes estudiarlos muy bien y saber lo que
«e va a hacer. Es necesario no olvidar que nadie honrada-
mente puede asegurar el éxito en esta clase de trabajos;
pues lo primero que hay que buscar es el mayor número
de probabilidades para acercarse al éxito; en seguida po-
nerle mano a la obra.
Este pequeño trabajo que encierra una disertación
que he venido haciendo lo más claramente posible, acer-
ca de los fenómenos a que me he referido y que constan-
temente se producen en cualquier parte, con gusto lo
pongo al alcance de los interesados que conozcan o ha-
yan con fundamento sospechado algo, y quieran ocupar
mi práctica y conocimientos que 'he adquirido en estos
trabajos; juntamente con la aplicación de un instru-
mento científico que poseo para ubicar o localizar toda
clase de metales. Seriedad y reserva absoluta en las ex-
ploraciones.
Dirigirse a Avenida Condell N.o 1563, o escriba
indicando lo que necesita al Correo N.o 9. Santiago.

Humberto Partus A,
Impreso
en los Talleres de
la Editorial "Cultura"
S a n t i a g o de Chile