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Se considera adicción (del latín addictus, que era el deudor insolvente que, por falta de pago, era

entregado como esclavo a su acreedor1 ) a una enfermedad crónica y recurrente del cerebro que
se caracteriza por una búsqueda patológica de la recompensa y/o alivio a través del uso de una
sustancia u otras conductas. Esto implica una incapacidad de controlar la conducta, dificultad
para la abstinencia permanente, deseo imperioso de consumo, disminución del reconocimiento
de los problemas significativos causados por la propia conducta y en las relaciones
interpersonales así como una respuesta emocional disfuncional.2 El resultado es una
disminución en la calidad de vida del afectado (generando problemas en su trabajo, en sus
actividades académicas, en sus relaciones sociales y/o en sus relaciones familiares o de pareja).
La neurociencia actualmente considera que la adicción a sustancias y a comportamientos
comparten las mismas bases neurobiológicas.

Además del consumo de sustancias psicoactivas existen adicciones a procesos como la adicción
al sexo, la adicción al juego (ludopatía), la adicción a la pornografía, la adicción a la televisión, al
deporte, la adicción a las nuevas tecnologías (tecnofilia), al móvil (nomofobia) y la adicción a
Internet.3 4

otro consepto
Los términos dependencia y adicción significan lo mismo para la gente de la calle. Sin embargo,
en el entorno especializado, la adicción como dependencia relativa a la sustancia en sí, la
adicción al alcohol o la adicción a la nicotina, por ejemplo, ha sido sustituida por la palabra
dependencia.

Una dependencia siempre se refiere a una determinada sustancia, alcohol o cannabis, por tomar
dos ejemplos. Una adicción, por el contrario, puede también referirse a una forma de
comportamiento, como puede ser la adicción al sexo, a comprar o al trabajo, es decir, no
necesita estar unida a una sustancia determinada. Además, también puede ir articulada a una
característica humana, como un carácter pendenciero o los celos.

Como el término adicción es bastante equívoco e inespecífico, hoy en día se prefiere denominar
a la adicción que está sujeta a sustancias como dependencia.

Una dependencia se manifiesta por al menos tres de los siguientes criterios:


La persona siente un fuerte deseo de consumir la droga.

La persona desarrolla una tolerancia a la misma: cada vez necesita más cantidad de droga para
alcanzar el efecto deseado.

La persona tiene problemas a la hora de controlar su comportamiento en relación a la droga, es


decir, le resulta difícil mantenerse dentro de una dosis predeterminada.

Si reduce la cantidad de la droga o la deja, aparece el síndrome de abstinencia.

El dependiente descuida más y más a otras personas e intereses que antes le eran importantes.

A pesar de ser consciente de que su consumo le perjudica social, física y psíquicamente, no


puede parar la adicción.

La persona va entrando progresivamente en una rutina de consumo.

El consumo de drogas y alcohol tiene una larga historia. Por ejemplo, hace 9.000 años ya se
fabricaba cerveza. Esto lo sabemos por relatos de bacanales de los antiguos egipcios y griegos.
Homero ya describía en su odisea el efecto tranquilizador del opio, y Freud escribió su obra
fundamental, El significado de los sueños, bajo los efectos de la cocaína.

La dependencia y la adicción están muy extendidas en la sociedad. La dependencia se define


como el deseo incontrolado de consumir una sustancia, ya sea alcohol, medicamentos o drogas
ilegales como la cocaína o la heroína. El término adicción, por el contrario, puede referirse en
general a dependencias no relativas a las sustancias, como por ejemplo la dependencia a
Internet o al juego