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118 De Jerusalén a Antioquía: Hch 6,1–12,25

✎ Estudio, reflexión, oración


a. Sintetiza el contenido teórico de la exposición. Compara el rito de imposi-
ción de manos que figura en 6,1-7 con 1 Tim 4,14; 6,12; 2 Tim 1,6; 2,1-7.
b. Lectura. Hch 13,1-36; 19,6. Coenen, Diccionario Teológico, vol. IV, 212-221.
Pikaza, Sistema, Libertad, Iglesia, 88-91. Piñeiro, Biblia y Helenismo, 40-66. Ste-
gemann, Historia social del Cristianismo, 259-302.
c. Cada cristiano está llamado a desarrollar sus carismas para servir a la Igle-
sia y al Mundo. Reflexiona sobre: Rom 12,1-21; 1 Cor 12,1-30.
d. Podrías meditar: Mt 25,14-30.31-40; Lc 2,51-52.

Hch 6,8-15: 2. Visión panorámica


Arresto de Esteban El episodio anterior determinaba la
función ministerial de los Siete por la que
debían procurar el suministro cotidiano
1. Lectura a las viudas helenistas (6,1). Sin embar-
8
go, la tarea de los Siete se expande rápi-
Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía damente hacia otros ámbitos. Tal como
grandes signos y prodigios en medio del pueblo. expone el relato, Esteban y Felipe se de-
9
Algunos de la sinagoga llamada “de los liber- dican exclusivamente a la proclamación
tos”, a la que pertenecían cirenenses y alejandri- de la Palabra (cf. 7,1-53; 8,4-8.26-40). El
nos, y algunos de Cilicia y de la provincia de contenido de la predicación de Esteban
Asia, se pusieron a discutir con él*, 10pero al no arremete contra el Templo y la Ley
poder resistir la sabiduría y el espíritu con que (6,14), envite del que carecía la predica-
hablaba*, 11sobornaron a unos hombres para ción de Pedro y los apóstoles (cf. 3,1.11;
que dijeran: 5,25.42).
–Hemos oído a éste blasfemar contra Moisés Desde esta perspectiva, podemos ob-
y contra Dios. servar que la predicación de los helenis-
12
De este modo, amotinaron al pueblo, a los tas es más incisiva que la de la comuni-
ancianos y a los maestros de la ley. Luego salieron dad hebrea, por esa razón la persecución
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a su encuentro, lo apresaron, y lo llevaron al sane- arreciará con mayor dureza contra los
drín* 13y presentaron testigos falsos, que decían: helenistas que contra los hebreos. El Sa-
nedrín prohibió a Pedro y Juan hablar o
–Este hombre no cesa de hablar contra el enseñar en nombre de Jesús (4,18), más
templo y contra la ley. 14Le hemos oído decir que tarde el Consejo encarceló a los apóstoles
ese Jesús Nazareno destruirá este lugar santo y (5,15) y, en último término, los hizo azo-
cambiará las costumbres que nos transmitió Moi- tar (5,40); sin embargo, la comunidad he-
sés. lenista, representada por Esteban, expe-
15
Todos los que estaban en el sanedrín fijaron rimentará a instancias del Sanedrín la
sus ojos en él, y les pareció que su rostro era co- crueldad del martirio (6,15–8,1a).
mo el de un ángel. Cuando Lucas compuso el relato, dis-
ponía de materiales provenientes de la
v. 9. Algunos entienden que el texto habla de tradición judeocristiana de origen hele-
cinco sinagogas. nista. Aun así no se limitó a transcribir
v. 10. Otra traducción: “incapaces de mante- las leyendas, las reelaboró y les imprimió
ner sus posiciones ante la sabiduría, fruto del es- el sello de su óptica teológica.
píritu, con que les hablaba”.
v. 12. No se detecta con precisión quién es el En primer lugar, Lucas conocía, con
sujeto del v. 12. toda certeza, la historia referente al mar-

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tirio de Esteban, pero la coloreó teológi- cendientes de los judíos que Pompeyo ha-
camente hasta establecer un paralelismo bía llevado a Roma (63 a.C.) donde fueron
entre el sufrimiento del primer mártir y vendidos como esclavos, pero que más tar-
el oprobio de Jesús durante la pasión. de, cuando fueron manumitidos, regresa-
En segundo término, Lucas situó el ron en su mayoría a Sión. Las demás si-
martirio de Esteban en el marco de la in- nagogas estaban constituidas por judíos
minente misión cristiana hacia el mundo de la diáspora; los del norte de África: Ale-
pagano: la violencia de los judíos contra jandría y Cirene (cf. Mc 15,21: mención de
Esteban imbricada con la mención de Simón de Cirene), y los de Asia Menor: Ci-
Saulo sugiere en el intelecto del lector el licia y Asia.
inicio inmediato de la evangelización de Los judíos helenistas se pusieron a
los gentiles. discutir con Esteban. Seguramente, Este-
Aunque el episodio que vamos a co- ban habría formado parte de alguna si-
mentar constituye un cuerpo literario nagoga helenista de las muchas que ha-
compacto, puede dividirse, desde la pers- bía en Jerusalén; pero, tras su conversión
pectiva pedagógica, en dos apartados: al cristianismo, debieron surgir las dispu-
tas con los judíos que acabaron más tar-
a. El ámbito de la disputa: 6,8-11. de con su vida (cf. 7,60). Nos hallamos,
b. Confrontación ante el Sanedrín: pues, ante una confrontación entre Este-
6,12-15. ban y sus antiguos hermanos de la sina-
goga. El episodio resalta que los judíos
fueron incapaces de mantener sus posi-
3. Lectura acompañada ciones ante la sabiduría, fruto del Espíri-
tu, con que Esteban les hablaba.
a. El ámbito de la disputa: 6,8-11
¿De qué les hablaba? Sólo quien está
Esteban, como antes hicieran los poseído por el Espíritu es capaz de dar
apóstoles, hacía grandes signos y prodi- testimonio de Jesús (cf. 1,8). Esteban po-
gios en medio del pueblo (6,8; cf. 4,33; seído por el Espíritu también da, como
5,12-16). Lucas asimila la tarea de Este- los apóstoles (cf. 2,22-24.29-32; 3,11-16;
ban con la de los apóstoles para enfatizar 4,9-11; 5,30-32), testimonio de Jesús Na-
la comunión entre la comunidad hele- zareno (6,14). La entereza de Esteban ve-
nista y la hebrea, de ese modo despeja rifica el cumplimiento de las palabras de
cualquier duda que pudiera aludir a la Jesús a sus discípulos: “yo os daré un len-
ruptura entre ambas comunidades. Este- guaje y una sabiduría a los que no podrá
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ban realiza prodigios a la vista del pue- resistir ni contradecir ninguno de vues-
blo. El término “pueblo” no se refiere sólo tros adversarios” (Lc 21,15).
a los judíos de lengua griega que habitan
Los helenistas no pueden abatir a Es-
en Jerusalén sino que alude, a nuestro
teban y recurren, como antaño hicieran
entender, a todos los judíos que moraban
las autoridades judías con Jesús (cf. Lc
en Sión.
22,21-23.47-49: Judas; 23,2-7: los judíos
La oposición contra la predicación de ante Pilato), al soborno y a la calumnia
los apóstoles procedía directamente del (6,11). Los falsarios acusan a Esteban de
Templo (4,1) y del Sanedrín (4,15); pero haber blasfemado contra Moisés y con-
la persecución contra Esteban se inicia tra Dios, le inculpan de arruinar el hon-
entre los judíos helenistas (6,9). Había dón de la religión judía: Dios (cf. Dt 6,4-7)
en Jerusalén por aquel tiempo muchas y la Ley (Dt 6,1-3). Ahora bien, Esteban,
sinagogas donde se hablaba griego (cf. como sabe el lector, en ningún momento
24,12). ha blasfemado contra Dios o contra la
El episodio menciona cinco: la de los Ley; es más, el discurso que pronunciará
Libertos, y las de Cirene, Alejandría, Cili- antes de morir ensalzará la bondad divi-
cia y Asia. La sinagoga de los Libertos es- na y destacará la grandeza de la Ley (cf.
taba formada principalmente por los des- 7,1-53).

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Y vado el grupo saduceo (cf. 4,1.8). Incluso


cuando el Sanedrín juzgaba a los apósto-
Sumo sacerdote. Era el máximo respon-
sable del culto y de la organización del tem- les, Gamaliel, maestro de la Ley y fariseo
plo de Jerusalén; era también presidente del (cf. 5,34), corrió en socorro de los testigos
Sanedrín. Hasta la época de Herodes el del Señor. El ataque del Sanedrín contra
Grande (37-4 a.C.) fueron sucediéndose di- Esteban es más enérgico porque, según
versas familias sacerdotales. Desde la muer- sus acusadores, arremetió contra la Ley y
te de Herodes hasta la destrucción del Tem- el Templo (6,13), mientras la prédica
plo (70 d.C.) el cargo pasó por muchas apostólica no cuestionaba la integridad
manos, pues a menudo era sometido a su- de las instituciones judías (cf. 3,1; 5,25).
basta.
Cuando comparecieron ante el Sane-
drín, los acusadores helenistas presenta-
ron testigos falsos que acusaron a Esteban
b. Confrontación ante el Sanedrín: de hablar contra el Templo y contra la Ley.
6,12-15 Los testigos falaces habían acusado antes a
La denuncia mendaz solivianta el áni- Esteban de blasfemar contra Dios y contra
mo del pueblo y el espíritu de los ancia- Moisés (6,11), pero ante el Sanedrín preci-
nos y de los maestros de la Ley contra Es- san el contenido de la acusación: “contra el
teban. La voz “pueblo” aparece dos veces Templo y contra la Ley” (6,13). La nueva
en la narración. La primera alude a quie- acusación es mucho más hiriente que la
nes se admiraban de los prodigios que primera. El Sanedrín se encargaba de las
hacía Esteban (6,8), mientras la segunda cuestiones relacionadas con el Templo, de
apunta a quienes se han dejado embau- ese modo los falsos testigos provocan que
car por la calumnia y se amotinan contra el tribunal se enfurezca más, pues la falsa
él, instigados por la acusación de los ju- denuncia contra Esteban cuestiona el do-
díos helenistas. minio del Sanedrín sobre el Santuario.
La situación de Esteban evoca el des- A continuación, los impostores adu-
tino del Señor, pues también Jesús, admi- cen la razón que ha desencadenado su fu-
rado por el pueblo (Lc 7,16-17; 22,53a), ria contra Esteban. Según afirman, han
contempló como el mismo pueblo, enco- oído decir a Esteban que: “Jesús Nazare-
rajinado por dirigentes y sacerdotes (Lc no destruiría este lugar santo y cambiaría
23,13-14), exigía su muerte en la cruz las costumbres que nos transmitió Moi-
(Lc 23,20-25; 22,52.53b). De nuevo, el dis- sés” (6,14). El trasfondo de la denuncia es
cípulo sigue los pasos del Maestro (cf. Lc muy claro: si Jesús iba a destruir el Tem-
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6,24). Los miembros de las sinagogas he- plo y trastocar las costumbres de Moisés,
lenistas prenden a Esteban y lo conducen significa que tanto para Jesús como para
ante el supremo tribunal judío. Esteban (cf. 6,14) ni el Templo ni la Ley
Contra Esteban se levanta el Sanedrín no representan un valor decisivo e insus-
entero, saduceos y fariseos, mientras que tituible por lo que concierne a la salva-
contra Pedro y Juan sólo se había suble- ción de la humanidad.
La denuncia de los judeohelenistas
contra Esteban evoca, aunque no la re-
Y produce exactamente, la acusación de los
falsos testigos contra Jesús (cf. Mt 26,59-
El Sanedrín, en tiempo de Jesús, estaba 60) durante el proceso ante el Sanedrín,
constituido por tres grupos de gestores: jefes, al inicio de pasión: “Éste ha dicho: Puedo
ancianos y maestros de la Ley. Los ancianos,
derribar el Templo de Dios y reconstruir-
en su mayoría, eran saduceos que pertene-
lo en tres días” (cf. Mt 26,61; 27,40; Mc
cían a la nobleza no sacerdotal de la Ciudad
Santa, mientras los maestros de la Ley eran 14,58; 15,29; Jn 2,19).
casi todos fariseos. Aun así, cuando comparamos la impu-
tación contra Jesús con la que los judíos

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lanzan contra Esteban notamos diferen-


cias significativas. Lucas omite la referen-
Y
La denuncia de los helenistas se basa en
cia a la construcción de un nuevo Templo una supuesta afirmación de Esteban: “Le he-
(cf. Mt 26,61). El Tercer Evangelio tampoco mos oído decir (los acusadores) que ese Jesús
alude a la deposición de los falsos testigos Nazareno [...] cambiará las costumbres que
contra Jesús, sino que adscribe al Consejo nos transmitió Moisés” (6,14). Debemos notar
de Ancianos, sumos sacerdotes y escribas, que el texto tan sólo enuncia la modificación
la sentencia contra él (Lc 22,66). de las prescripciones de la legislación mosai-
ca (cf. 15,1-5; 16,20-21; 21,21-28; 28,17), la
Sin embargo, debemos admitir que la
crítica radical contra la Ley aparecerá en los
acusación contra Esteban sugiere, en el
escritos paulinos (cf. Gal 3,19-29).
intelecto del lector, los avatares del juicio
contra Jesús ante el Sanedrín, sobre todo
si consideramos que el resultado del pro-
ceso contra Esteban (7,55-60) repite el contemplaban (Jue 13,6: la madre de San-
desenlace de la causa contra Jesús (Mt són), por esa razón el rostro angelical de
26,62-66), la muerte. Esteban colma de espanto a quienes le
La figura de Esteban, a lo largo condenan (7,54). El rostro de Esteban re-
6,8–7,60 adquiere un matiz carismático: cuerda el rostro resplandeciente de Moisés
realiza grandes prodigios (6,8), gracias al cuando había hablado con el Señor (Ex
Espíritu rebate a sus acusadores con la 34,29-35; 2 Cor 3,7-18). También evoca el
más profunda sabiduría (6,10), lleno del rostro de Jesús transfigurado (Mt 27,2; Lc
Espíritu Santo ve la gloria de Dios y a Je- 9,29); el mártir experimenta la transfigu-
sús de pie a su derecha (7,55). No obstan- ración cuando, el final de su discurso, con-
te, la mejor expresión de la presencia del templa la gloria de Dios (7,55-56).
Espíritu en el corazón de Esteban es, a La presencia de Dios junto a su pue-
nuestro entender, el aspecto que adquiere blo y en el alma del ser humano aparece
su rostro al concluir la declaración de los a menudo bajo la metáfora de la luz, así
testigos hipócritas, pues tal como dicen lo subrayan las teofanías que recorren la
los mismos calumniadores: “les pareció que Escritura (Ex 13,22; 19,16; Mt 17,1-8). El
su rostro era como el de un ángel” (6,15). rostro resplandeciente de Esteban acen-
El AT declara que la visión de un ángel túa la presencia del Señor en el alma del
provoca el terror sagrado en quienes lo testigo de la fe.
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✎ Estudio, reflexión, oración


a. Sintetiza el contenido teórico de la exposición. Compara el ultraje de los
judíos contra Jesús con la animadversión de los judíos helenistas contra Esteban:
Hch 6,8-17; Lc 22,63-64; 23,35-38.
b. Analiza el paralelismo que existe entre las invectivas del Sanedrín contra
Esteban y las que profirió el tribunal judío contra Jesús: Hch 6,8-17; Lc 21,15;
22,66-71.
c. El AT presenta numerosos pasajes donde los impostores acusan al justo.
Lectura: Gn 39,7-23; Is 52,13–53,12; Dn 13,1-64; 2 Mac 7,1-42. Drane, La vida
de la primitiva Iglesia, 78-89. Dunn, Jesús y el Espíritu, 49-61. Maier, Dicciona-
rio del Judaísmo (Ley/Torá), 396-397. Stegemann, Historia social del Cristianis-
mo, 359-361.
d. Podrías meditar: Mt 26,1-5.20-25; Mc 14,55-58; Lc 22,1-6.21-23; Jn
13,21-30.

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Hch 7,1-53: 18
hasta que surgió allí otro rey que no había conocido
a José. 19Un rey que engañó a nuestra gente y mal-
Discurso de Esteban trató a nuestros antepasados, obligándoles a dejar
abandonados a sus hijos recién nacidos, para que
1. Lectura no sobrevivieran. 20Entonces nació Moisés, que fue
1
grato a Dios. Criado durante tres meses en casa de
El sumo sacerdote le preguntó: su padre, 21fue abandonado, pero la hija del faraón
–¿Es verdad lo que dicen? lo adoptó y lo crió como hijo suyo. 22Moisés fue
2
Esteban respondió: educado según la sabiduría egipcia, y se hizo res-
petar por sus palabras y sus obras. 23Al cumplir los
–Hermanos israelitas y magistrados* de nues- cuarenta años, se propuso visitar a sus hermanos,
tra nación, escuchad: El Dios de la gloria se apa- los israelitas. 24Viendo cómo maltrataban a uno
reció a nuestro antepasado Abrahán, cuando esta- de ellos, lo defendió y lo vengó, matando al egip-
ba en Mesopotamia, antes de establecerse en cio. 25Pensaba que sus hermanos comprenderían
Jarán, 3y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ve- que Dios los iba a salvar por medio de él, pero
te a la tierra que yo te mostraré. 4El salió del país de ellos no comprendieron. 26Al día siguiente sor-
los caldeos y se estableció en Jarán. De allí, des- prendió a unos riñendo y trató de reconciliarlos:
pués de la muerte de su padre, Dios lo trasladó a “Sois hermanos –les dijo–; ¿por qué os maltra-
esta tierra en que vosotros vivís ahora, 5y no le dio táis?”. 27Pero el que maltrataba al otro le replicó:
ni siquiera un palmo de tierra en propiedad. Pero ¿Quién te ha hecho jefe y juez nuestro? 28¿Es que quie-
prometió dársela en posesión a él y a su descendencia, res matarme como mataste ayer al egipcio? 29Al oír-
aunque aún no tenía hijos. 6Dios le dijo que sus des- lo, Moisés huyó y se fue a vivir a Madián, donde
cendientes vivirían como extranjeros en tierra extraña y tuvo dos hijos. 30Al cabo de cuarenta años, se le
que serían esclavos durante cuatrocientos años. 7Pero a apareció en el desierto del monte Sinaí un ángel entre
la nación a la que sirvan, yo la juzgaré –añadió las llamas de una zarza ardiendo. 31Moisés se mara-
Dios–; y después de esto, saldrán y me darán culto en villó de esta aparición; y al tratar de verla más de
este lugar. 8Más tarde le dio la circuncisión como cerca, oyó la voz del Señor: 32Yo soy el Dios de tus
signo de esta alianza. Así, después de engendrar a antepasados, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob.
Isaac, Abrahán lo circuncidó al octavo día. Igual- Moisés se echó a temblar y no se atrevía a mirar.
mente Isaac a Jacob y Jacob a los doce patriarcas. 33
El Señor le dijo: Quítate el calzado de tus pies, por-
9
Los patriarcas, envidiosos de José, lo vendie- que el lugar en que estás es tierra sagrada. 34He visto
ron y fue llevado a Egipto. Pero Dios estaba con la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus gemi-
él, 10lo libró de todas sus tribulaciones, le conce- dos y he bajado a librarlos. Y ahora ven, que te voy a
dió sabiduría y el favor del faraón, rey de Egipto, enviar a Egipto. 35A ese Moisés, de quien renegaron
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y lo hizo gobernador de Egipto y de toda su casa. diciendo: ¿Quién te ha hecho jefe y juez?, Dios lo
11
Entonces llegó el hambre a toda la tierra de envió como jefe y salvador por medio del ángel
Egipto y Canaán y era tal la carestía que nuestros que se le apareció en la zarza. 36Él los sacó, reali-
antepasados no hallaban alimentos. 12Al saber Ja- zando signos y prodigios en Egipto, en el mar Ro-
cob que en Egipto había trigo, envió por primera jo y en el desierto durante cuarenta años. 37Él es el
vez a nuestros antepasados; 13la segunda vez José que dijo a los israelitas: Dios suscitará de entre vues-
se dio a conocer a sus hermanos, y el faraón tuvo tros hermanos un profeta como yo. 38Él es el que en
noticia del linaje de José. 14Entonces José mandó la asamblea del desierto actuó de intermediario
llamar a su padre Jacob y a toda la familia, com- entre vuestros antepasados y el ángel que le habla-
puesta por setenta y cinco personas, 15y Jacob bajó ba en el monte Sinaí, y quien escribió palabras de
a Egipto. Cuando murieron, él y nuestros antepa- vida para transmitírnoslas. 39Pero nuestros ante-
sados, 16fueron trasladados a Siquén y enterrados pasados no quisieron obedecerle, sino que lo re-
en el sepulcro que Abrahán había comprado a los chazaron y, acordándose de Egipto con añoranza,
hijos de Jamor, en Siquén*. 40
dijeron a Aarón: Haznos dioses que nos guíen; por-
17
Al irse acercando el tiempo de la promesa que ese Moisés que nos sacó de Egipto, no sabemos qué
que Dios había hecho con juramento a Abrahán, ha sido de él. 41Hicieron en aquellos días un bece-
el pueblo aumentaba y se multiplicaba en Egipto, rro, presentaron sacrificios al ídolo y festejaron la

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obra de sus manos. 42Entonces Dios les volvió la los Hechos, tres matices peculiares que lo
espalda y los entregó al culto de los astros, como diferencian del resto de prédicas que apa-
está escrito en el libro de los profetas: recen en la obra. Veámoslas.
Pueblo de Israel, ¿acaso fue a mí En primer lugar, como hemos obser-
a quien ofrecisteis víctimas y sacrificios vado, la técnica literaria de Lucas intro-
durante cuarenta años en el desierto? duce los discursos a modo de reflexión
43
No, sino que llevabais la tienda de Moloc sobre algún acontecimiento inmediato.
y la estrella del dios Refán; Así, ante la multitud perpleja por el pro-
imágenes que hicisteis para adorarlas. digio de Pentecostés, Pedro anuncia el
kerigma (2,14-36); después de la curación
Pues también yo os deportaré del tullido junto a la Puerta Hermosa, Pe-
más allá de Babilonia. dro y Juan reiteran la predicación del ke-
44
Nuestros antepasados tenían en el desierto la rigma ante el gentío atónito (3,11-26).
tienda del testimonio, como había dispuesto el que Sin embargo, la conexión del discurso
mandó a Moisés hacerla según el modelo que ha- de Esteban con los acontecimientos que
bía visto. 45Después de recibirla, nuestros antepa- circundan la falsa acusación de los hele-
sados la introdujeron, bajo la guía de Josué, en la nistas y la comparecencia ante el Sanedrín,
tierra conquistada a los paganos, a quienes Dios es muy débil. Esteban no rebate directa-
expulsó delante de ellos. Así hasta los días de Da- mente las acusaciones de los helenistas
vid. 46Éste agradó a Dios y suplicó el favor de en- (6,10-12). Sólo se vale de la prolija alusión
contrar un santuario para la estirpe de Jacob*. a Moisés (7,17-43) para rechazar la falsa
47
Con todo, fue Salomón quien le edificó una ca- acusación helenista según la cual blasfe-
sa. 48Pero el Altísimo no habita en casas construi- maba contra Moisés y la Ley (cf. 6,11.14),
das por la mano del hombre, como dice el profeta: mientras la invectiva contra la construc-
49
El cielo es mi trono, ción de un Templo material (7,44-50)
y la tierra, el estrado de mis pies; parece confirmar la crítica del protomár-
¿por qué queréis edificarme una casa, tir contra el Santuario de Sión (6,14).
o un lugar para que descanse en él? Además, Esteban no responde a la
50
¿No he hecho yo todas estas cosas? pregunta formulada por el sumo sacerdo-
51
Vosotros, hombres testarudos, obstinados y te (7,1). El presidente del Sanedrín exigió
sordos, siempre os habéis resistido al Espíritu Santo. que Esteban se pronunciase acerca de la
Eso hicieron vuestros antepasados, y lo mismo ha- veracidad o falsedad de las acusaciones
céis vosotros. 52¿A qué profeta no persiguieron vues- presentadas contra él, referentes al Tem-
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tros antepasados? Ellos mataron a los que predijeron plo y la Ley (6,13). Esteban no rebate di-
la venida del Justo, a quien vosotros acabáis de trai- rectamente la invectiva de los helenistas
cionar y asesinar. 53Vosotros recibisteis la ley por me- ni contesta la pregunta del Sanedrín, sino
diación de ángeles, pero no la habéis cumplido. que pronuncia un discurso denso y ex-
tenso. El discurso está construido me-
v. 2. Literalmente: “hermanos y padres”. diante una secuencia de citas del AT to-
v. 16. Recoge una tradición distinta de la re- madas de la Biblia griega, la Septuaginta.
flejada en el AT; por eso han surgido algunas va-
riantes textuales: “a los hijos de Jamor, hijo de Si- En segundo lugar, como hemos teni-
quén”, “a los hijos de Emmor en Siquén”, “a los do ocasión de constatar, los discursos lu-
hijos de Emmor que habitaban en Siquén”. canos resaltan la proclamación del kerig-
v. 46. Variante: “para Dios”, “al Dios de Ja- ma: Pedro en Pentecostés (cf. 2,22-24),
cob”. Pedro y Juan junto al Pórtico de Salomón
(cf. 3,12-16) y ante el Sanedrín (cf. 4,8-
12), igualmente los apóstoles anuncian el
kerigma con valentía en el tribunal judío
2. Visión panorámica (cf. 5,29-33). Como contrapartida, el dis-
El discurso de Esteban adquiere, en el curso de Esteban sólo ofrece una men-
contexto narrativo y teológico del libro de ción muy lábil del kerigma: cuando alude

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a Jesús refiere la promesa según la cual quienes han asesinado al Justo, a Jesús
Dios suscitaría un profeta semejante a (7,51-53). Atendiendo a la perspectiva pe-
Moisés (7,37; cf. 3,22), y de forma sucin- dagógica, podemos estructurar el discur-
ta denuncia la traición y el posterior ase- so en cinco apartados, precedidos de una
sinato de Jesús, el Justo, por parte de las breve introducción (7,1).
autoridades judías (7,52). a. La promesa de Dios a Abrahán: 7,2-8.
De todos modos, el lector no se acerca b. La historia de José: 7,9-16.
al discurso de Esteban de forma neutra,
c. La grandeza de Moisés: 7,17-43.
pues quien ha leído el contenido de
1,1–6,15 percibe tras la mención de las d. David, Salomón y el Templo: 7,44-
grandes figuras del AT (Abrahán, Isaac, 50.
Jacob, Moisés, David) una alusión velada e. Diatriba final: 7,51-53.
a Jesús, el cenit de la historia de salva-
ción; y a la inversa, los israelitas que re-
chazaron a los enviados de Dios sugieren,
ante el lector atento, la identidad de los 3. Lectura acompañada
judíos que habían desdeñado a Jesús en
el trance de la pasión. a. La promesa de Dios a Abrahán: 7,2-8
En tercer lugar, conviene notar que el La brevísima introducción (7,1) da pie
contenido de 6,15 enlaza con 7,55 y no a que Esteban comience su discurso, pe-
con 7,1. Cuando Esteban declaraba ante ro, como hemos indicado, la temática de
el Sanedrín, quienes lo contemplaban la prédica sólo responde muy marginal-
percibían su rostro como si fuera la cara mente a las acusaciones presentadas (cf.
de un ángel (6,15) y, en el mismo tono, 6,10.13). Comienza su sermón con la lo-
quienes se escandalizaron de su discurso cución “hermanos y padres”, idéntica a la
tuvieron que escuchar como Esteban, lle- que más adelante utilizará Pablo en su
no del Espíritu Santo, proclamaba la glo- discurso ante los judíos y las autoridades
ria de Dios (7,55). romanas (22,1). Se vale del sustantivo
Los tres matices que acabamos de ci- “hermanos” para referirse a los judíos, y
tar sugieren que el discurso de Esteban emplea el término “padres” para dirigirse
constituye una pieza literaria autónoma a las autoridades judías, pues tanto unos
insertada entre 6,15 y 7,54. Seguramente, como otros están presentes en la escena
Lucas la tomó de la predicación de los del martirio.
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cristianos helenistas y la insertó en el li- Las palabras del protomártir comien-


bro a modo de Discurso de Despedida. El zan exponiendo el origen teológico de Is-
sermón de Esteban establece los grandes rael; cuando el Dios de la gloria llamó a
mojones de la historia de la salvación que Abrahán. El título “Dios de la gloria” pro-
recorrió el pueblo judío (7,2-52a.53) has- cede del Sal 29,3. El salmo remarca el ex-
ta toparse con Jesús (7,52b); pero bajo la clusivo poderío de Yahvé sobre la natura-
cadencia de la historia late la pretensión leza y la historia (cf. Ex 13,22; 19,16).
teológica. Por una parte, las palabras de Esteban utiliza el Salmo para recalcar la
Esteban subrayan la fidelidad de Dios a fuerza con que Dios eligió a Israel, pero
las promesas que hizo a su pueblo, y por también para indicar el empeño divino
otra recalcan la cerrazón de la nación ele- en acabar con los enemigos (cf. Sal 29,3-
gida ante la bondad divina. 10a) y llenar de paz el alma de su pueblo
El discurso comienza enfatizando el (cf. Sal 29,1b-2.10b-11).
contenido de la promesa de Dios a Abra- Desde esta perspectiva, el primer
hán (7,2-8), después recorre la historia de compás del discurso señala subrepticia-
Israel para demostrar la pertinaz desleal- mente el objetivo último de la prédica:
tad del pueblo (7,9-50), y concluye con enfatizar la derrota de los enemigos de
una diatriba para censurar la vileza de Jesús y ensalzar la victoria final de sus

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El grupo de los helenistas: Hch 6,1–8,3 125

discípulos; por eso la arenga embriagará acontezca Abrahán debe tener descen-
de rabia y de ira a quines escuchan el tes- dencia, y, según Gn 12,10–20,18 no la te-
timonio de Esteban (7,54). nía. Sólo el auxilio de Dios hizo posible la
Según el AT, Abrahán partió de Ur, en concepción de un hijo en las entrañas da
Caldea, y llegó a Jarán; fue en Jarán donde Sara (Gn 21,1-21).
recibió la llamada del Señor (Gn 11,32; El nacimiento de Isaac dio inicio al
12,1-9). Sin embargo, el discurso de Este- cumplimiento de la promesa de la des-
ban sitúa la vocación del patriarca en Me- cendencia, y sólo la realización de esa
sopotamia, entes de establecerse en Jarán promesa sugirió la futura consumación
(7,2). Quizá Lucas utilizara alguna fuente de la segunda parte del juramento: el
extrabíblica, pero parece más coherente don de la tierra (cf. Gn 15,2). En defini-
achacar el cambio a las peculiaridades de tiva, 7,4-5 recalca el papel de Abrahán
la interpretación judía de Biblia que se da- como fiel mensajero de la promesa de
ba en el siglo I (Josefo, Ant. I 154). Dios a su pueblo.
El contenido de 7,4-5 ofrece dos mati- Seguidamente, el discurso apunta a
ces literarios importantes. Por una parte, las palabras que dirigió Dios a Abrahán.
el texto dice en referencia a Dios: “le di- El Señor anunció al patriarca la esclavi-
jo”; por otra afirma respecto de los judíos tud que padecería el pueblo durante cua-
que escuchan: “esta tierra en que voso- trocientos años, pero también le reveló la
tros vivís ahora”. La expresión: “le dijo” condena de la nación opresora, y le seña-
recalca el protagonismo de Dios en la vo- ló la futura liberación de la nación y la
cación de Abrahán; mientras la segunda celebración del culto en “este lugar” (7,6-
fórmula descubre la identidad del diáco- 7; cf. Gn 15,13-14; Ex 1,15-21). La locu-
no como judío de la diáspora: “la tierra en ción “en este lugar” constituye tanto en
que vosotros vivís”, alude a la tierra don- Gn 15,13 como en Hch 7,6-7 una alusión
de viven quienes oyen la prédica y no a la a Jerusalén (cf. Ex 3,12), el monte de Dios
región de la que Esteban pueda ser origi- (cf. Ex 3,1b).
nario. A continuación, como expone el Gé-
Abrahán, obediente a la llamada divi- nesis, el Señor ratificó la promesa que
na, abandonó Jarán para dirigirse a Ca- hiciera a Abrahán mediante el rito de la
naán; el Señor le prometió la posesión de circuncisión (Gn 17,1-21). Rito que el pa-
la tierra y el goce de una gran descenden- triarca puso en práctica en la persona de
cia (Gn 12,1-7). El NT presenta a Abra- su hijo, Isaac (Gn 17,23; 21,4), después
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hán como prototipo de creyente y como Isaac circuncidó a Jacob, y Jacob a los
observante fiel de la Ley (cf. Rom 4; Gal doce patriarcas (7,8). Respecto de la cir-
4,21-31). No obstante, 7,4-5 destaca so- cuncisión de Jacob y de los doce patriar-
bre todo su papel de ferviente transmisor cas, el discurso menciona una tradición
de la promesa de Dios a su pueblo. Según extrabíblica o, como hemos comentado,
afirma el discurso, el Señor no concedió quizá se valga del método interpretativo
a Abrahán ni un palmo de tierra; pero co- con que la tradición judía explicitaría el
mo sabemos, el patriarca adquirió la cue- significado de la circuncisión de Jacob y
va de Macpelá para sepultar a su esposa, de los patriarcas.
Sara (Gn 23). Ahora bien, la intención del discurso
Como hemos observado, la discrepan- no estriba en referir a los judíos un relato
cia con el AT puede deberse a la forma ju- que ciertamente conocen, sino en confron-
día de interpretar la Antigua Alianza, pe- tar la fidelidad de Dios a su promesa con el
ro también puede deberse al afán de desdén del pueblo hacia la bondad divina
Lucas para resaltar de forma eminente el (cf. Ex 33,1-10; Dt 9,7-9). De ese modo la
papel de Abrahán como heraldo de la exposición de Esteban enfatiza la diver-
promesa. Sólo la descendencia de Abra- gencia entre el pueblo hostil y el Señor que
hán recibirá la tierra, pero para que eso lo liberó de la esclavitud de Egipto.

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126 De Jerusalén a Antioquía: Hch 6,1–12,25

Y Por un aparte contrapone la grandeza


de José, Dios estaba con él, con la bajeza de
Alianza. El término expresa, entre otras
referencias, el compromiso que se establecía sus hermanos, le vendieron a unos trafi-
entre Dios y el hombre; concretamente el cantes. En este sentido, el episodio con-
compromiso entre Dios y su pueblo, Israel. trapone la identidad de Esteban que goza
En este caso, no era un pacto entre iguales; como José del auxilio divino y está lleno
establecía la respuesta obediente del pueblo a del Espíritu Santo (7,55; cf. Gn 39,2), con
la libre iniciativa divina que concedía a la na- la bajeza de los judíos que, enrojecidos de
ción su amistad y sus mejores dones. El AT rabia como los hermanos de José (7,54;
explicita la sucesión de las alianzas de Dios cf. Gn 37,10.18-20), atizan el ánimo de
con el ser humano: Noé (Gn 9,8-17), Abrahán los presentes para desencadenar el ape-
(Gn 15,18; 17,1-10), con el pueblo de Israel dreamiento de Esteban (7,55-60).
después de la cautividad en Egipto (Ex 19,3-
6), y con David y su dinastía (2 Sm 7; 23,5). Por otra parte, la traición contra José
sirvió, como narra la Escritura, para que
Dios pudiera salvar a su pueblo de las zar-
pas mortales del hambre (Gn 45,5-8), de
modo análogo el martirio de Esteban ha-
b. La historia de José: 7,9-16 rá posible la siembra de la palabra en el
El discurso prosigue buceando en la corazón de muchos creyentes (11,19-21)
historiografía patriarcal. José fue vendi- En definitiva, la diatriba de Esteban
do por sus hermanos. Aun así, demostró ahonda en la divergencia existente entre
su sabiduría en el País del Nilo, pues el la bondad de Dios y la mendacidad del
faraón le nombró gobernador de Egipto y pueblo elegido, discrepancia iniciada con
de toda su casa (7,9-10; cf. Gn 37,11-28; la mención de Abrahán. El relato tam-
39,1; 41,57; Sal 105,21). El texto especifi- bién muestra como el martirio de Este-
ca la razón del triunfo de José: “Dios es- ban no acaba en la muerte para siempre;
taba con él” (7,9; cf. Gn 39,2; Sal 34,20). es el motivo por el que Dios esparcirá su
El episodio continúa recalcando que palabra entre los gentiles, pues Saulo,
Jacob, a causa del hambre (Gn 41,54-55; testigo de la muerte del amigo del Señor,
42,2.5) bajó a Egipto con sus hijos, y se- dedicará su vida a la proclamación del
ñala que José manifestó su identidad a evangelio, principalmente entre los genti-
sus hermanos y acogió a toda su familia les. De nuevo la figura de Esteban es un
en Egipto (Gn 42,1–47,26; 46,27: según el calco de la vida de Jesús: el Señor murió
texto hebreo setenta personas, según el grie- en la cruz pero el calvario no fue el final
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go setenta y cinco). de su vida, resucitó y salvó a la humani-


Jacob y sus hijos, “nuestros padres”, dad entera.
murieron en Egipto y fueron trasladados
a Siquén y enterrados en el sepulcro que c. La grandeza de Moisés: 7,17-43
había comprado Abrahán a los hijos de
Jamor, padre de Siquén (7,16). En ese ca- La historia constituye un episodio
so, las palabras de Esteban difieren de la denso. Comienza recordando la infancia
perspectiva del AT: no fue Abrahán sino de Moisés (7,17-22); después narra la me-
Jacob quien compró el sepulcro en Si- diación que ejerció entre los hebreos que
quén (cf. Gn 33,18-20; Jos 24,32). litigaban entre sí (7,23-29); seguidamente
expone la misión liberadora que desarro-
El AT no menciona el entierro de los lló en bien del pueblo esclavizado (7,30-
hermanos de José en Siquén, sin embar- 34); a continuación presenta la nobleza
go una tradición judía (Jub 46,9) sitúa su de Moisés contrapuesta a la falsedad de
tumba en Macpelá, junto a Abrahán, Isaac la nación (7,35-38), finalmente denuncia la
y Jacob. manera en que el libertador sufrió el re-
El sermón recalca, a nuestro entender, chazo de quienes había redimido de la
dos situaciones. servidumbre (7,39-43).

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El grupo de los helenistas: Hch 6,1–8,3 127

La crónica de la vida de Moisés men- (Lc 24,19; referida a Zacarías e Isabel: Lc


ciona numerosos acontecimientos: el 1,6; a Juan Bautista: Lc 1,15).
crecimiento numérico del pueblo escla- De la misma manera que el discurso
vizado (cf. Ex 1,7), la ascensión del fa- establece una cierta semejanza entre Moi-
raón que oprimió a los israelitas (cf. Ex sés y Jesús, también el rechazo de Moisés
1,8.10.11.22), la ocasión en que Moisés por parte del pueblo (7,26-29.35.39-42a)
fue adoptado por la hija del faraón (Ex preludia, a tenor del contenido de la pré-
2,2.5.10), la mediación que ejerció entre dica de Esteban, el repudio de Jesús por
los hebreos enfrentados (cf. Ex 2,11- parte de los judíos (Lc 23,21; cf. 3,14;
13.14), su huida a Madián (Ex 2,13-15), 4,10a; 5,30b).
la revelación del Sinaí (Ex 3,1-10), los
prodigios de Moisés en Egipto y en el El contenido del discurso no deja de
mar Rojo (Ex 7,1; Nm 10,11; cf. Nm profundizar en la semejanza entre Jesús
14,33; Am 5,25b), el anuncio de la llega- y Moisés. El evangelio de Lucas presenta
da de un nuevo profeta superior a Moi- a Jesús como “un profeta poderoso en
sés (cf. Dt 18,15; Hch 3,22-23), el papel obras y palabras” (Lc 24,19); de modo
de Moisés como transmisor de las pala- análogo, Moisés aparece también como
bras de la vida (Mandamientos) (cf. Ex alguien deslumbrante por “sus palabras y
20,1-21; Dt 4,10; 6,6-22; 9,10; 18,16; Jn su obras” (7,22). Moisés, en nombre de
1,17), el pecado del pueblo (cf. Nm 14,3) Dios (7,25a), visitó a su pueblo para sal-
y el becerro de oro (cf. Ex 32,1-23). varlo; también Jesús llevó la salvación a
su pueblo (Lc 1,76-79), pero, como suce-
Como sucedía con el relato acerca de diera con Moisés (7,25b), fue rechazado
Abrahán y José, la función del discurso por sus compatriotas (Lc 23,20; cf. Jn 1,4-
no radica en recordar la historia sagra- 5). Cuando Moisés media en la pelea en-
da, conocida ya por los judíos, sino su- tre dos israelitas, ellos, en lugar de agra-
brayar el cumplimiento de la promesa decer su advertencia, le replican: “¿Quién
de Dios contrapuesta al rechazo de la te ha hecho jefe y juez nuestro?” (7,27; cf.
misma por parte de los judíos; concreta- Ex 2,14).
mente de los judíos que escuchan el dis-
curso de Esteban. Veamos algunos as- Evidentemente quienes oyen el discurso
pectos. saben que fue Dios quien otorgó a Moisés
la jefatura sobre el pueblo (cf. Ex 3,10),
El Señor había prometido a Abrahán
pero el sermón de Esteban pretende, sola-
una gran descendencia (Gn 12,2), efectiva-
padamente, desvelar la identidad del Re-
mente la multitud de hebreos esclavizados
sucitado a quien Dios ha constituido
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en Egipto da testimonio del cumplimiento


“Príncipe” (5,31) y “Juez” (10,42; 17,31).
de dicha promesa (7,17; cf. Ex 1,9a). Cuan-
do el pueblo parecía condenado a la extin- El libro del Éxodo asocia la huida de
ción (cf. Ex 1,8-22) el Señor suscitó a Moi- Moisés a Madián con la ira del faraón (Ex
sés para salvarlo (cf. Ex 3,7-10), y de ese 2,15), sin embargo el libro de los Hechos
modo, a pesar de las adversidades, pudo la relaciona con el rechazo de los israeli-
mantenerse la promesa de Dios a Abrahán: tas (7,28-29). De ese modo la figura de
la numerosa descendencia. Moisés aparece de nuevo en analogía con
El discurso de Esteban asocia la figu- Jesús, quien no fue enviado al cadalso
ra de Moisés con la identidad de Jesús: por la decisión ponderada de Pilato (Lc
Ex 2,2 alude a Moisés como “un niño 23,4), sino por la forma en que los judíos
muy hermoso”, mientras Hch 7,20 lo de- cuestionaron la autoridad del procurador
fine, con mayor prestancia, como “grato (Lc 23,23-25).
(asteios) a Dios” (cf. Heb 11,23: asteion). La mención del prodigio de la zarza
La calificación de Moisés como “grato a presenta otra diferencia con el relato del
Dios” evoca, sin reproducirla, la locución Éxodo. Según expone el discurso de Este-
referida a Jesús: “acreditado en obras y ban, el Señor se reveló a Moisés en el Si-
palabras ante Dios y ante todo el pueblo” naí y no en el Horeb (7,30; cf. Ex 3,1). El

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128 De Jerusalén a Antioquía: Hch 6,1–12,25

matiz es importante, pues fue en el Sinaí ye otra manera de referirse a la Ley, pues
donde Dios por medio de Moisés entregó la observancia de la Ley procura la vida
la ley a su pueblo (Ex 19,1–20,21). En ese (Dt 4,1; 8,1.3; 30,15-16.19-20; 32,46-47;
sentido el discurso subraya que el recha- Lv 18,5; Ez 33,15; Bar 3,9; para los cris-
zo de Moisés implica también el repudio tianos, palabra de vida consiste en la
de la Ley, de ese modo el protomártir Buena Nueva: Rom 10,5; Gal 3,12; Hch
echa en cara a las autoridades judías su 5,20; 13,26; Flp 2,16; Heb 4,12; 1 Pe 1,23;
oposición a la Ley que dicen defender. Jesucristo: 1 Jn 1,1).
El pueblo esclavizado, según prosigue Como ya hemos apuntado, la exposi-
el discurso, renegó de Moisés (7,35). En el ción de Esteban no pretende recordar al
AT (LXX) no aparece la frase aducida por auditorio las gestas del éxodo; pues, se-
los Hechos: “a ese Moisés de quien rene- gún reitera el discurso, Moisés escribió
garon” (7,35); ahora bien la sagacidad lu- palabras de vida para “transmitírnoslas”
cana refiere la sentencia a Jesús: “de (7,38). El vocablo “transmitírnoslas” no
quien vosotros renegasteis y entregasteis se refiere a los antepasados de Israel que
a Pilato, que pensaba ponerlo en liber- oyeron la voz de Moisés en el desierto,
tad” (3,14-15). Así el discurso modifica alude a los judíos que están escuchando
un poco el contenido del AT para recal- el testimonio de Esteban. De esa manera el
car, otra vez, el paralelismo entre Jesús y discurso señala, cada vez con más ahín-
Moisés. co, el pecado de los judíos que desoyen,
La mención de los “signos y prodi- tal como antaño desoyeran sus padres,
gios” realizados por Moisés sugiere las las exigencias de la Ley mosaica.
“obras y palabras de Jesús” (Lc 24,19). La El sermón continúa enfatizando el re-
alusión que apunta al advenimiento de chazo de Moisés que caracterizó la con-
un profeta semejante a Moisés y suscita- ducta de la comunidad peregrina en el de-
do por Dios evoca la venida de Jesús sierto, no quisieron obedecerle y en su
(3,22; 7,37; cf. Dt 18,15) quien desempe- corazón desearon volver a Egipto (7,39;
ña un papel análogo al de Moisés, pues la cf. Ex 16,3; Nm 14,13). El deseo se con-
tarea de Jesús aparece dirigida con la mis- virtió en realidad cuando exigieron de Aa-
ma batuta que la existencia de los profe- rón la fabricación de un becerro de oro
tas (cf. Mt 16,14; Jn 1,21). (7,38; cf. Ex 32,1-2). La adoración de las
Esteban, recordando los aconteci- imágenes, especialmente prohibida por la
mientos del Éxodo, alude expresamente a Ley (cf. Ex 20,2; Dt 5,8; 26,1), conlleva
la muerte del idólatra (cf. Nm 25,1-5; Dt
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quienes escuchan el discurso. Según afir-


ma en su prédica, “en la asamblea del de- 13,7-12). En ese sentido el discurso de Es-
sierto” (7,38a; cf. Ex 12,16; Lv 23,3; Nm teban subraya la ruptura del pueblo pere-
29,1; Dt 4,9-14) Moisés actuó de media- grino con la autoridad del Señor que le
dor entre el ángel y el pueblo. La palabra había liberado de la esclavitud en Egipto.
“ángel”, apócope del “ángel de Yahvé”, re- Las zarpas de la idolatría sumieron al
presenta al mismo Yahvé (cf. Gn 16,7-16). pueblo salvado de Egipto en el pozo del
Con el paso del tiempo, Israel ahondó en castigo divino, pues, a modo de ejemplo,
la trascendencia divina separando la quienes habían adorado a Baal de Peor
identidad de “Yahvé” de la del “ángel”, de cayeron a filo de espada (Nm 25,1-5;
ese modo el ángel deja de aludir a Dios 31,16-18). El sermón de Esteban recalca
para convertirse en su representante. la sentencia divina contra el pueblo idóla-
En ese sentido las palabras de Este- tra. El discurso, valiéndose de nuevo a la
ban, atendiendo a la prevención judía, interpretación judía, transforma el conte-
evitan mentar una relación directa entre nido de Am 5,25-27 (LXX) para exponer
Dios y Moisés (cf. Gal 3,19; Heb 2,2). el castigo que Dios infringió a su pueblo.
Moisés, según afirma el sermón, recibió El cariz hebreo de la profecía de Amós
“palabras de vida”. La expresión constitu- recrimina el desdén del pueblo, reacio a

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El grupo de los helenistas: Hch 6,1–8,3 129

ofrecer sacrificios al Señor durante la ruta 20; 2 Re 6,1-15) hasta que fue colocada
del desierto (Am 5,25; cf. Is 43,22-24a). Sin en medio de la Tienda que David había
embargo también subraya el añublo del levantado (2 Re 6,17). David, con la in-
castigo divino: la nación pecadora cargará tención de ofrecer un culto solemne, qui-
con los astros divinizados (cf. Dt 4,19; so erigir un Templo para albergar el arca
17,3; 2 Re 21,3-5; Jr 8,2; 19,13; Sof 1,5), (2 Re 7,1-2; Sal 132,5) pero, aconsejado
Sacut y Keván (cf. Is 46,1-2: Bel y Nebó), por el profeta Natán, obedeció la orden
cuando el Señor la deporte más allá de Da- del Señor y desestimó la idea de erigir un
masco. El texto griego sustituye el término Santuario (2 Re 7,1-16).
“Sacut” por “tienda de Moloc” y la voz El Señor deseaba habitar en una Tien-
“Keván” por “Refán”; pero, sobre todo, da pero Salomón, según relata la prédica
cambia el lugar de la deportación, pues en de Esteban, rechazó el designio divino y
lugar de “Damasco” apunta a “Babilonia”. construyó el Templo (1 Re 6,1-2). Ahora
La prédica de Esteban enfatiza ante bien, el Altísimo no habita en casas cons-
los oyentes dos cuestiones. Por una parte truidas por la mano de hombre (7,48; cf.
recalca la perpetua idolatría del pueblo, 17,24; 2 Sm 7,5-6), por eso, según sugiere
desde el tiempo del desierto (7,42; cf. Am Esteban, todo el culto israelita posterior
5,25) hasta el mismo día del sermón a David ha sido pecaminoso, pues se ha
(7,51). Por otra, al mentar la deportación celebrado en un Templo rechazado por
a Babilonia, rememora en quienes la es- Dios (cf. Is 66,1-2a).
cuchan el castigo que propició la práctica El discurso, una vez más, profundiza
idolátrica, el exilio (cf. 2 Re 23,31–25,26; en la distancia que media entre Dios y su
Jr 25,1-14). La porción del discurso dedi- pueblo, pues la liturgia en lugar de inser-
cada a Moisés ahonda en la ruptura entre tar a la nación en el regazo divino la ha
Dios y el pueblo elegido, pero además alejado de la bondad del Señor.
acentúa la magnitud del castigo que se de-
riva del rechazo de Dios. En ese sentido Sin embargo la prédica, otra vez, diri-
las palabras de Esteban aluden, críptica- ge la atención de los judíos y del lector avi-
mente, al oprobio de la nación renegada sado hacia el ministerio de Jesús. También
ante la llegada del Justo anunciado por los Jesús, como demandara Dios en el albor
profetas (7,52b; el Justo es Jesús: 3,14). de la monarquía (2 Sm 7,4-8), dispone de
“una Tienda de la presencia más grande y
más antigua, y no es hechura de hombres,
d. David, Salomón y el Templo: 7,44-50
es decir, no es de este mundo [...] en este
La referencia a Moisés ha resaltado el santuario entró Cristo [...] y así nos regaló
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desprecio de los judíos hacia la observan- una salvación eterna” (Heb 9,11.24). Este-
cia de la Ley; ahora, la mención del Tem- ban sugiere a los judíos la identidad de Je-
plo enfatizará la falsedad del culto hebreo.
El texto comienza mencionando la “Tien-
da del Encuentro” que acompañaba al
pueblo a través del desierto. Moisés tejió Y
la tienda por mandato divino según el mo- Templo. David tuvo la intención de edifi-
delo que Dios le había mostrado (7,44; cf. car el Templo (2 Sm 7,1-2), pero fue Salo-
Ex 25,9.40; Heb 8,5). Después, el espíritu món quien llevó a cabo la obra (1 Re 6). El
Templo de Salomón experimentó sucesivas
de Esteban rescata del olvido la memoria
reformas hasta que fue profanado por los ba-
que los padres, representados por la figu-
bilonios (587 a.C.). Cuando el pueblo regresó
ra de Josué, que habitaron en la tierra que del exilio, la comunidad judía levantó otro
ocupada antaño por los cananeos (cf. Jos templo (Ag 1; Esd 1) más sencillo que el an-
4,11: referido al Arca), las naciones que tiguo (Ag 2,3). Antíoco IV Epifanes volvió a
fueron diezmadas por Dios para entregar profanarlo en 169 a.C. Fue consagrado de
el país a los israelitas (cf. Jos 23,9). nuevo en el año 164 a.C. por Judas Macabeo
Durante la época de los Jueces, el ar- (1 Mac 4,36-59).
ca recorrió un largo camino (1 Sm 6,13-

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130 De Jerusalén a Antioquía: Hch 6,1–12,25

sús. Él purifica el culto hebreo porque lo Las palabras de Esteban aluden a dos
retrotrae a la época anterior a la edifica- acontecimientos.
ción de Templo; y de ese modo, mediante Por una parte echan en cara a los ju-
la nueva liturgia de su propio sacrificio lle- díos, un a vez más, el asesinato de Jesús
va regala la salvación al pueblo judío y a la (7,52; cf. 2,23; 3,13-14; 4,10), el Justo
humanidad entera. (3,14; 5,30; 22,14), a la vez que reiteran
que el oprobio de Jesús constituyó el ce-
e. Diatriba final: 7,51-53 nit del odio contra los profetas que, a lo
El rechazo constante de los judíos a la largo de la Antigua Alianza, habían reve-
voluntad de Dios manifestada a través del lado la voluntad divina al pueblo rebelde.
repudio de la Ley (Moisés) y del Templo Un detalle importante: Esteban alude a
(David y Salomón) desemboca en el re- los hebreos que antiguamente acabaron
chazo de Jesús. con los profetas, pero lo hace con la in-
tención de recalcar la perversidad de los
La denuncia de Esteban contra la obs- judíos que escuchan ahora el discurso.
tinación de pueblo es durísima. Esteban
les llama: “testarudos” (duros de cerviz) Por otra parte, las palabras de Este-
como hiciera Moisés en el desierto (7,51; ban preludian su propio martirio, pues
cf. Ex 33,3.5; 34,9; Dt 9,6.13); “obstinados desde la perspectiva catequética, él es
y sordos” (incircuncisos de corazón) al también un profeta que anuncia la iden-
igual que Jeremías cuando exigía la con- tidad salvadora de Jesús (cf. 7,55-56).
versión del pueblo, reacio a la voluntad di- El discurso concluye con la mayor in-
vina (7,51; cf. Jr 4,4; 9,25); el pueblo que vectiva. Los judíos recibieron la Ley gra-
“se resiste al Espíritu Santo (que hablaba cias a la mediación de los ángeles, pero no
por medio de Moisés y los profetas), como la cumplieron (7,53; cf. 7,38; 13,38b; Gal
dijera Isaías cuando denunció la idolatría 6,13). El AT atribuye al Señor el don de la
de la nación peregrina en las etapas de la Ley (Ex 32,15-16) pero, como decíamos
ruta del desierto (7,51; cf. Is 63,10). antes, la interpretación judía de la Escri-
Los judíos que oyen el discurso, según tura sólo se refería a Dios mediante el uso
denuncia Esteban, rechazan la revelación de la metáfora significada por el ángel (cf.
divina con la misma fuerza que lo hicie- 7,38). Ahora bien, a nuestro entender, el
ran antaño sus antepasados (7,51; cf. 2 Cr texto menciona expresamente el don de la
30,7-8) que no tuvieron reparo en matar Ley para recalcar su sacralidad, enfatizan-
a los profetas del Señor (cf. 1 Re 18,4.13; do de ese modo la perversidad de Israel
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18,10.14; Neh 9,26). cuando desdeña los preceptos divinos.

✎ Estudio, reflexión, oración


a. Sintetiza el contenido teórico de la exposición. El discurso de Esteban se in-
serta en la categoría de los Discursos de Despedida. Lee detenidamente el discur-
so de Esteban y compáralo con: Gn 48,1–49,33; Dt 33,1-29; Jn 13,1–17,26; Hch
20,17-38; 2 Tim 4,1-22.
b. Lectura: Gn 12,1; 12,7; 15,13-14; Ex 2,13-14; 3,2-10; 32,1.23; Dt 18,15; Am
5,25-27; Is 66,1-2. Cortés, Los discursos de adiós, 209-237. Jáuregui, “En el cen-
tro del tiempo: La teología de Lucas”, EstEcl 68,3-24. Patterson, Beyond the Pas-
sion, 112-145. Rius-Camps, De Jerusalén a Antioquía, 170-190.
c. A raíz del martirio de Esteban, la Palabra de Dios comenzará a extenderse
más allá de Judea, alcanzará la región de Samaría: Hch 8,4-40; más tarde, gracias
a la conversión de Pablo, el anuncio de la Buena Nueva llegará a Roma. Fíjate en
la expansión de la Palabra tal como aparece en Hch 8,4-40; 9,19-30; 28,17-31.
d. La vida de Esteban evoca la figura del Siervo perseguido por los impíos.
Medita con calma Hch 7,1-53 en relación con Is 52,13–53,12 y Flp 2,5-11.

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El grupo de los helenistas: Hch 6,1–8,3 131

Hch 7,54–8,1a: Y
Muerte – Resurrección. En la época de
Muerte de Esteban Jesús, la fe en la resurrección de los muertos
era un hecho aceptado por la mayoría del
1. Lectura pueblo judío (Mt 22,31-32; Lc 20,38). El
evangelio de Lucas distingue entre “el seno
54
Al oír esto, se recomían de rabia en su cora- de Abrahán”, el lugar donde reposan los jus-
zón y rechinaban los dientes contra él. 55Pero Es- tos, y “reino de la muerte” donde se precipi-
teban, lleno del Espíritu Santo, mirando fijamen- tan los pecadores (Lc 16,19-31). Ahora bien,
te al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la mazmorra de la muerte no posee un poder
la derecha de Dios, 56y exclamó: absoluto (Mt 16,18), pues Cristo dispone de
las llaves (Ap 1,18). Jesús resucitado ha de-
–Veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre rrotado para siempre el poderío de la muer-
de pie a la derecha de Dios. te (Hch 2,27.31; Ap 20,13).
57
Ellos, dando grandes gritos, se taparon los
oídos y se arrojaron a una sobre él. 58Lo echaron
fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los
testigos habían dejado sus vestidos a los pies de tro de Esteban la cara de un ángel (6,15)
un joven llamado Saulo. 59Mientras lo apedrea- –la cara refulgente procede de la contem-
ban, Esteban oraba así: plación de la grandeza de Dios (cf. Ex
34,29)–, mientas el relato de la muerte
–Señor Jesús, recibe mi espíritu. destaca el éxtasis de diácono cuando con-
60
Luego cayó de rodillas y gritó con voz fuerte: templa la gloria de Dios (7,55).
–Señor, no les tomes en cuenta este pecado.
Y dicho esto, expiró.
1
Saulo estaba allí y aprobaba este asesinato.
3. Lectura acompañada
El episodio comienza describiendo la
rabia de quienes han escuchado el dis-
curso (7,44). La reacción ente las pala-
2. Visión panorámica bras de Esteban es pareja a la violencia
Como hemos comentado, el discurso del Sanedrín tras oír el testimonio de los
de Esteban constituye un cuerpo literario apóstoles (cf. 5,33). Evidentemente 7,54
insertado por Lucas (7,2-53) entre la constituye un versículo necesario para
mención de su arresto (6,8-15) y la expo- ensamblar con fluidez el contenido de
6,8-15 con 7,55–8,1a.
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sición de su muerte (7,54–8,1a). Aunque


el conjunto de 6,8–8,1a presente un con- Esteban lleno del Espíritu Santo, co-
tenido teológico preciso, debemos obser- mo los apóstoles en Pentecostés (2,4) y en
var que el relato de la muerte de Esteban analogía con el Señor (cf. Lc 1,15), mira
(7,54–8,1a) es la continuación de su fijamente al cielo y contempla la gloria de
arresto y comparecencia ante el Sanedrín Dios y a Jesús de pie a su derecha (7,55).
(6,8-15). Veámoslo mediante algunos La mirada al cielo subraya la despreocu-
ejemplos. pación de Esteban hacia la perfidia de los
El relato del arresto describe la pres- judíos y recalca la confianza del mártir
tancia de Esteban: lleno de “gracia y de en Dios, el Señor que reina desde los cie-
poder” (6,8); mientras la narración de su los (cf. Is 40,22; Sal 2,4); también evoca la
muerte lo presenta: “lleno del Espíritu mirada de los apóstoles hacia el cielo du-
Santo” (7,55). Esteban, en el primer rela- rante la Ascensión (1,10).
to y según la denuncia de sus acusadores, La “Gloria de Dios” constituye la me-
da testimonio de Jesús (6,13), en el se- táfora que subraya la presencia divina
gundo el mártir contempla a Jesús de pie (Ex 24,15-16; 40,34-35) y expresa la ma-
a la derecha de Dios (7,56). Los miem- jestad inaccesible de Dios (Ex 33,18-23).
bros del Sanedrín percibieron en el ros- Jesús aparece a la derecha de Dios; así el

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132 De Jerusalén a Antioquía: Hch 6,1–12,25

texto revela que Jesús participa de la mis- te, en el juicio ante Sanedrín (Lc 22,69), y
ma gloria, poder y esencia de Dios. El AT por otra consta en el anuncio de la pasión
subraya que la “Gloria de Dios” es inac- (Lc 9,22.43b-45; 18,31-34).
cesible al ser humano: Moisés deseó ver a La referencia de Esteban a Jesús co-
la gloria de Dios pero el Señor, como un mo “Hijo del hombre” emerge en el ám-
privilegio especial, le concedió contem- bito de su comparecencia ante el Sane-
plar tan sólo su espalda (cf. Ex 33,18-23). drín (6,15; 7,1) y en los prolegómenos de
Aunque la visión de la “Gloria de Dios” su lapidación (7,58). Así el texto lucano
sea inaccesible para el ser humano, Jesús establece la estrecha relación entre el jui-
revela a la humanidad entera la identidad cio y el apedreamiento de Esteban con la
de Dios (cf. Jn 1,1.18). condena y crucifixión de Jesús; notamos
Esteban ve a Jesús junto a Dios, lo que de nuevo el paralelismo entre el Maestro
significa, a nuestro entender, que la mag- y su discípulo (cf. Lc 6,40).
nificencia inaccesible de Dios se mani- Horrorizados ante la visión de Este-
fiesta ante el ser humano a través del ros- ban, los judíos se tapan los oídos. Con esa
tro de Jesús a quien Dios exaltó a su imagen el texto enfatiza aún más la obs-
diestra (2,23.33a). Habitualmente, Jesús tinación de los judíos ante la prédica de
aparece “sentado a la derecha de Dios” Esteban, es decir, la obcecación del pue-
(Lc 22,69; cf. Sal 110,1), pero en 7,55.56 blo elegido frente al mensaje salvador de
se encuentra de pie. Jesús, puesto en pie, Jesús. La turba se abalanza sobre Este-
es el testigo privilegiado de la fidelidad de ban. Lo sacaron de la ciudad para ape-
Esteban (6,8a; 7,55; cf. Lc 12,8), mientras drearlo; como sucedió con Jesús, Este-
que los judíos que vociferan contra él son ban también morirá fuera de la ciudad
testigos de la cerrazón humana ante la (cf. Heb 13,12). La escena recuerda la agi-
Palabra de Dios. tación de la multitud cuando exigía la
A continuación, el relato especifica el crucifixión de Jesús (cf. Lc 23,21).
contenido de la visión de Esteban. El
El relato recalca la presencia de testi-
mártir ve los cielos abiertos, metáfora de
gos (7,58; cf. 6,13-14) y la ejecución por
la más profunda identidad de Dios (cf. 2
lapidación, de esa manera la muerte de
Cor 12,2: el tercer cielo). Los apóstoles
Esteban adquiere las características de un
miraron al cielo cuando Jesús ascendía a
proceso judicial. Esteban no muere sólo
la casa del Padre (1,10), pero al no haber
por un tumulto sino por la condena que
recibido aún el Espíritu Santo (1,8; 2,4)
dimana del tribunal judío, con la cual Lu-
no pudieron contemplar el interior del
cas recalca el hondo rechazo de los judíos
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cielo, no percibieron el misterio insonda-


contra Esteban y contra el mensaje cris-
ble de Dios (cf. Rom 11,33-35). Esteban,
tiano. La muerte acontece por el apedre-
lleno del Espíritu Santo (6,3; 7,55), penetra
amiento ensañado de los testigos; los tes-
en la intimidad de Dios, simbolizada por
tigos eran los primeros en ejecutar la
los cielos abiertos.
sentencia de un tribunal israelita (cf. Dt
Esteban identifica a Jesús, de pie a la 17,4-7; 1 Re 21,13).
derecha de Dios, con el Hijo del hombre
de pie a la derecha de Dios. A lo largo del Sutilmente, Lucas introduce a Saulo,
NT la expresión “Hijo del hombre” apare- llamado después Pablo (cf. 13,9), de
ce en labios de Jesús; mediante esta locu- quien sólo dice que era un hombre joven
ción Jesús revela el hondón de su perso- (7,59) y que aprobaba la muerte de Este-
nalidad (Mt 8,20; 24,30; 26,64; cf. Dn ban (8,1a; cf. 22,20; 26,10; Gal 1,3).
7,13). La única ocasión en que alguien, Una vez más, el relato establece un do-
concretamente Esteban, define a Jesús ble paralelismo entre Esteban y Jesús. Por
como “Hijo del hombre” aparece en 7,56. una parte, cuando Jesús muere en la cruz
La expresión “Hijo del hombre” aparece exclama: “Padre, a tus manos encomien-
en boca de Jesús en dos escenarios privi- do mi espíritu” (Lc 23,46; cf. Sal 31,6); en
legiados, entre otros. Figura, por una par- el instante de su muerte, Esteban invoca

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El grupo de los helenistas: Hch 6,1–8,3 133

el nombre del Señor (cf. 2,21) y dice: “Se- manifiesta el amor a los enemigos (Lc
ñor Jesús, recibe mi espíritu” (7,59; cf. Sal 6,35a). El relato lucano recalca el hondón
31,6). Ambos expiran pronunciando un más profundo de la identidad cristiana:
versículo de la plegaria entonada por los la decisión de asemejarse a Jesús hasta el
judíos cuando cae la noche (Sal 31,6). Je- final de la vida.
sús dirige la plegaria al Padre, mientras Según sostiene el texto, Esteban “se
Esteban la orienta a Jesús. Esteban se di- durmió”. La locución constituye, cierta-
rige a Jesús porque, a tenor de la visión, mente, una forma suave de anunciar la
Jesús participa de la gloria de Dios: “vio la muerte. Sin embargo cabe otra interpre-
gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha tación. Esteban acababa de invocar al Se-
de Dios” (7,55.56). ñor para que recibiera su espíritu (7,59).
Por otra parte, Jesús crucificado per- El Señor escucha su plegaria y por eso la
dona a quienes le han condenado: “Pa- muerte se convierte en un sueño, en algo
dre, perdónalos, porque no saben lo que carente de importancia comparado con
hacen” (Lc 23,34), y Esteban exclama: los cielos abiertos donde entrará el espí-
“Señor, no les tomes en cuenta este peca- ritu, la vida, de Esteban. Saulo aprobaba
do” (7,60). Esteban, a imagen de Jesús, la muerte de Esteban (8,1a).

✎ Estudio, reflexión, oración


a. Sintetiza el contenido teórico de la exposición. A tenor de las citas bíblicas
que han aparecido a lo largo de la lectura acompañada, establece el paralelismo
entre la muerte de Jesús y el martirio de Esteban; pueden ayudarte mucho las no-
tas a pie de página o en los márgenes que suelen tener las ediciones de la Biblia.
b. Lectura: Hch 22,20; Sal 31,5; Lc 23,46. Aletti, Il Racconto como Teologia,
123-145. Arens, Seréis mis testigos, 23-37.56-78. Léon-Dufour, Vocabulario (Muer-
te – Resurrección), 560-568.774-780. Köster, Introducción al Nuevo Testamento,
591-604.
c. La visión de los cielos abiertos constituye una metáfora de la resurrección,
de la nueva vida de la que gozará Esteban en el regazo de Dios. Reflexiona sobre
algunos pasajes semejantes: Hch 7,54–8,1a; Is 25,1-5; 26,19; Dn 3,8-23.24-90.24-
39; Ap 21,1–22,15.
d. Podrías meditar sobre el sentido del martirio: Dn 3,1-97; 2 Mac 7,1-42.
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Hch 8,1b-3: 2. Visión panorámica


Persecución de la Iglesia El mensaje de 8,1b-3 sintetiza, a mo-
en Jerusalén do de sumario, el contenido de los acon-
tecimientos pasados (6,1–8,1a) e ilumina
los sucesos futuros (8,4–12,25). La sínte-
sis del pasado se concentra en 8,2 donde
1. Lectura figura el entierro de Esteban. La perspec-
Aquel día se desencadenó una gran persecu- tiva del futuro subyace tras dos enuncia-
ción contra la iglesia de Jerusalén; y todos, excep- dos contrapuestos.
to los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Por una parte, el sumario señala la dis-
Judea y Samaría. 2A Esteban lo enterraron unos persión de los cristianos por Judea y Sa-
hombres piadosos, e hicieron gran duelo por él. maría, desbandada que dará lugar a la
3
Saulo, por su parte, se ensañaba contra la Iglesia, predicación evangélica fuera de Jerusalén
entraba en las casas, apresaba a hombres y muje- (8,1b; cf. 8,4-8.26-40; 9,32–10,48; 11,19-
res, y los metía en la cárcel. 26; 12,24-25).

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