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Antes de que oprima enviar: Previniendo dolores de cabeza y de corazón

Antes de que oprima enviar: Previniendo dolores de cabeza y de corazón

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Antes de que oprima enviar: Previniendo dolores de cabeza y de corazón

Lunghezza:
235 pagine
4 ore
Pubblicato:
Dec 26, 2017
ISBN:
9781418597467
Formato:
Libro

Descrizione

Cada día tenemos el potencial de cometer errores al hablar y al escribir. Este libro trata de evitar los malos entendidos y facilitar compresión en la comunicación. Este libro trata acerca de cuatro cosas que debemos considerar antes de comunicar.

¿Cuándo aprenderemos? A diario encontramos nuevos casos en los que las personas actuan antes de pensar solo para luego arrepentirse. Las redes sociales lo dicen: ¡se trata de socializar! Los métodos de comunicación actuales permiten la transmisión potencial de cualquier cosa desde Pekin, Illinois a Pekín, China. Pero no sólo los fanáticos de Twitter pueden tener este problema. Cada uno de nosotros es capaz de caer presa de esta creciente plaga.

Tenemos el potencial de cometer errores al hablar y al escribir. Es el mismo caso si hablamos con un extraño en la carnicería, o por teléfono con nuestra madre, o si enviamos un correo electrónico a un colega; podemos tener y en efecto tenemos problemas de comunicación y las personas podrían percibir una idea errónea. Cuando no pausamos lo suficiente para pensar antes de hablar o escribir, a menudo se produce un malentendido y causa una discusión. Terminamos siendo la persona que dice, «¿Conoce esa parte del cerebro que nos impide decir algo que no debemos? Bien, yo no la tengo».

Este libro trata de evitar los malos entendidos y facilitar la compresión en la comunicación. Dicho de otra manera, trata de anticiparse a que las personas reciban la idea equivocada y les permita obtener la idea correcta!

Todos necesitamos trabajar en esta área de forma más intencional. Partiendo de ejemplos externos a conflictos internos, este libro trata las cuatro cosas que debemos pensar antes de comunicar. Es sabio hacernos las siguiente preguntas antes de decir o escribir:

• ¿Es verdad?

• ¿Es cordial?

• ¿Es necesario?

• ¿Es claro?

Cuando respondemos honestamente a estas cuatro preguntas, pensamos sabiamente antes de hablar. Pero para una exploración más profunda, necesitamos conocer más acerca de nosotros mismos y descubrir por qué consciente y subconscientemente caemos en estos problemas de comunicación en un inicio. Puede que nos soprenda lo que descubramos sobre nosotros mismos. ¿Comenzamos?

Pubblicato:
Dec 26, 2017
ISBN:
9781418597467
Formato:
Libro

Informazioni sull'autore

Emerson Eggerichs, PhD, is an internationally known communication expert and author of the New York Times bestseller Love & Respect.  Just as Dr. Eggerichs transformed millions of marital relationships with a biblical understanding of love and respect, he also turned these principles to one of the most important relationships of all in Mother & Son:  The Respect Effect.  As a communication expert, Emerson has also spoken to groups such as the NFL, NBA, PGA, US Navy SEALs and members of Congress. He was the senior pastor of Trinity Church in East Lansing, Michigan for almost twenty years.  Emerson holds a PhD in child and family ecology from Michigan State University, a BA in Biblical Studies from Wheaton College, an MA in communications from Wheaton College Graduate School, and an MDiv from the University of Dubuque Theological Seminary. He and his wife Sarah have been married since 1973 and have three adult children.  

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Anteprima del libro

Antes de que oprima enviar - Dr. Emerson Eggerichs

autor

INTRODUCCIÓN

VERDAD, BONDAD, NECESARIO Y CLARO: LA BASE CUADRANGULAR DE LA COMUNICACIÓN

Danza como si nadie observara; escribe como si algún día se leyera en voz alta en una deposición.

—Olivia Nuzzi, The Daily Beast

Este refrán citado por Olivia Nuzzi del periódico The Daily Beast, surgió del montón de los casi veinte mil correos electrónicos del Comité Nacional Demócrata, previo a la convención nacional en el 2016.¹

Cada veinticuatro horas se envían 205 mil millones de correos electrónicos a través del ciberespacio;² cada sesenta segundos, 510 comentarios se publican en Facebook (eso indica 734 mil publicaciones por día);³ y cada segundo, casi seis mil tuits se publican a través de la Internet para que lean todos los usuarios de Twitter, totalizando 350 mil tuits por minuto y 500 millones de tuits por día.⁴

Aunque puede que nos mareen todas estas estadísticas, ¿sería justo decir que de los cientos de billones de comunicaciones vía redes sociales (que ni siquiera incluye las que se publican por YouTube, Pinterest, Google Plus, Tumblr, Instagram o las innumerables otras plataformas que se crean cada año), un gran número de escritores hubieran querido tomarse el tiempo para pensar y revisar el contenido de lo que comunicaban, e incluso borrar completamente el mensaje que enviaron precipitadamente en un momento de emoción?

Cuando eso le sucede a usted, a un familiar o a un empleado, entonces comprende la angustia que puede causar y cuán importante puede llegar a ser.

¿Qué ocurre con el deportista que no puede evitar publicar todas sus opiniones sobre la liga o el equipo en el que juega, que quizá no entiende que la libertad de expresión no significa que no sufrirá consecuencias por parte de su empleador?

O, ¿esa política a la que los medios de comunicación y las organizaciones vigilantes analizan cada comentario que hace y no dudan en publicar sus propias suposiciones de lo que la candidata está declarando?

O, ¿qué con el personaje televisivo que no tarda en publicar opiniones controversiales que disgustan a los espectadores produciendo tanto escándalo y reacción que se hace necesaria una suspensión o aun su despido?

Sin embargo, uno no tiene que ser el centro de atención —necesariamente— para lamentar el envío de un correo electrónico o una publicación por las redes sociales.

Consideremos, por ejemplo, a una solicitante de trabajo —en una firma importante de programas de computación— que tuiteó que le hicieron una oferta laboral, pero que ahora ella tenía que comparar la ganancia de un buen cheque con el viaje diario a San José y su aversión por el trabajo. Poco después de su mal pensado tuit, recibió una contestación de un empleado de la firma que procuraba contratarla, diciendo: ¿Quién es el gerente de contratación? Estoy seguro que le encantaría saber que detestarás el trabajo. Aquí, en Cisco, somos expertos en la red.

Justine Sacco era jefa de comunicaciones para un conglomerado de medios comunicacionales, vivía en New York y mientras volaba hacia África del Sur, para pasar la Navidad, publicó un tuit que decía: De viaje a África. Espero no contraer SIDA. Es un chiste. ¡Soy blanca! Después de que el avión aterrizara, se enteró que su tuit se hizo viral, en consecuencia su jefe la despidió; por lo que experimentó muchas hostilidades inimaginables.

Sacco envió lo que consideraba un tuit tonto, irónico, excepcional. Pero los lectores no lo percibieron así. De inmediato se convirtió en la protagonista de los malos tuits y el incidente se propagó ampliamente.

Las redes sociales representan lo que dicen ser: sociales. World wide web, significa red informática mundial. Nuestros métodos de comunicación actuales permiten que nuestro mensaje se transmita potencialmente a millones, desde Pekín, Illinois, a Pekín, China. Sin embargo, no solamente los fanáticos de Twitter se encuentran en problemas. Cada uno de nosotros podría caer presa, especialmente utilizando el correo electrónico. Es por eso que el autor Seth Godin siempre se pregunta, antes de enviar un correo electrónico: «¿Hay algo en esta correspondencia que no quiero que el fiscal general, los medios de comunicación o mi jefe lean? (Si lo hay, pulse borrar.)».

Las listas de revisión y las preguntas como estas ayudan en todas las formas de comunicación, no solo con el correo electrónico y las redes sociales. Apuesto a que Tony, que escribió lo siguiente en la página Amor y Respeto de Facebook mientras estaba en el trabajo, hubiera deseado pensar en los detalles antes de errar. Vea lo que dijo a continuación:

Una vez, mientras trabajaba atendiendo clientes en la carnicería, le pregunté a una madre —que mostraba un estómago protuberante y tenía a su niño al lado—: «¿Y ese bebé cuándo. . . .?». Ella me informó que no estaba embarazada. Al darme cuenta de mi error y refiriéndome al pequeñín, repliqué: «No, lo que quiero decir es, ¿cuándo estará listo ese bebé para ir al preescolar?». Por su expresión, me di cuenta que no me creyó. A partir de ese incidente, aprendí a oír más antes de abrir mi boca.

O, el pastor que anunció desde el púlpito: «Venga la próxima semana y escuche al nuevo organista, y descubra cómo es el infierno realmente». ¡No pensó antes de hablar! Al contrario, su boca se le adelantó a su cerebro al tratar de promocionar ambas cosas: al nuevo organista y a su próximo sermón sobre el infierno. No fue rápido en considerar previamente: «¿Cómo se oirá esto?».

Cada día tenemos la posibilidad de equivocarnos de manera verbal o escrita. No importa si estamos hablando con un extraño junto al mostrador de una carnicería, conversando por celular con un departamento de servicio o enviando un correo electrónico a un compañero de trabajo; podemos comunicarnos ambiguamente y las personas pueden captar la idea equivocada.

Cuando no pensamos antes de hablar, aumentamos las probabilidades de no ser precisos y, en consecuencia, pueden malinterpretarnos. Las personas quedan con la duda, y se preguntan si tenemos buena voluntad o buen sentido, o si carecemos de ambas cosas. Cuando hablamos sin antes pensar, ampliamos las probabilidades de herir, frustrar, confundir, enojar, atemorizar u ofender considerablemente a la (s) persona (s) por algo que hemos comunicado.

Además, las cosas pueden empeorar rápidamente

•durante una conversación cara a cara a través de Skype con nuestra madre que está enojada, porque no nos comunicamos con regularidad;

•en un intercambio de texto con un jardinero que no se presentó a trabajar para cortar el césped;

•en la mesa durante un almuerzo dominguero de la iglesia cuando se debate apasionadamente sobre los estilos de la música de adoración;

•en una reunión de administración con compañeros de trabajo enojados por la falta de bonificaciones para este año;

•durante una entrevista con un probable empleador que pregunta por nuestras credenciales; o

•en una serie de tuits que enviamos a nuestros vecinos sobre nuestro candidato político favorito, a quien ellos consideran pariente de Satanás.

Aunque el título del libro Antes que pulse enviar, implica la importancia de pensar en todas las posibles consecuencias del envío de un tuit, correo electrónico o publicación por Facebook antes que pulse «enviar», la verdadera razón es que «Piense antes de hablar».

Sin embargo, ¿qué, exactamente, debe «pensar antes de hablar»? Vea a continuación cuatro preguntas que debe plantearse con todo lo que usted comunica:

•¿Es verdad?

•¿Es bondadoso?

•¿Es necesario?

•¿Es claro?

Cuando era estudiante universitario asistí a una reunión en la capilla de Wheaton College y escuché que el conferenciante aconsejaba lo siguiente: «Todos debemos responder a tres interrogantes antes de comunicar: ¿Es verdad, es bondadoso y es necesario?». No recuerdo el nombre ni la cara del disertante, pero recuerdo el consejo como si lo hubiera dado ayer. Me impactó de inmediato. Nunca tuve que aprenderlo de memoria. Esa oración breve produjo un fuerte efecto en mí y quedó grabada en mi mente. Fue un momento transformador, inolvidable. Oír ese consejo rigió mi manera de pensar por más de cuatro décadas.

Me enteré después que muchos atribuyen a Sócrates, el filósofo que vivió desde el 469 al 399 A.C., la pregunta de vital importancia: «¿Es verdad, es bondadoso o es necesario?».⁸ Sin embargo, nadie sabe quién escribió exactamente la pregunta. Le pedí a un amigo mío, profesor de filosofía, si podía orientarme para hallar la cita exacta de Sócrates, y me respondió: «En realidad, no tengo respuesta a eso». Le pregunté a mi amigo Eric Metaxes, que fundó la organización Sócrates en la ciudad, en Manhattan, y me contestó: Acabo de hacer una búsqueda por Google, y honestamente, es bastante incierto.

A pesar de todo, en aquella reunión en la capilla capté una regla de la comunicación que me ha funcionado bien (y que a usted también le funcionará). Cada concepto ha guiado y protegido mi manera de hablar y escribir, por lo que muchos han testificado de la riqueza de esta sabiduría.

En el libro The Children’s Story Garden [La historia de los niños del jardín] de 1920, leemos acerca de «Los tres tamices»:

Un día un niño llegó corriendo de la escuela y dijo con impaciencia:

—Mamá, ¿qué piensas de Tom Jones? Acabo de oír que. . .

—Espera un minuto hijo. ¿Has pasado por los tres tamices lo que oíste antes de contármelo?

—¡Tamices, mamá! ¿Qué quieres decir?

—Bien, el primer tamiz se llama: Verdad. ¿Es eso verdad?

—Bueno, realmente no lo sé, pero Bob Brown dice que Carlitos le dijo que Tom. . .

—Eso es muy dudoso. ¿Cuál es el segundo tamiz? Bondad. ¿Es eso bondadoso?

—¡Bondadoso! No, no puedo decir que sea bondadoso.

— Ahora el tercer tamiz se llama: Necesario. ¿Pasará por este tamiz? ¿Debes contar esa historia?

— No, mamá, no es necesario que la repita.

— Bien entonces hijo mío, si no es necesaria ni bondadosa y quizás tampoco sea verdad, deja que la historia muera.

Sin embargo, estoy seguro de que estas tres ideas figuran en la Biblia. ¿Quién no cita Efesios 4.15, que dice: «Hablaremos la verdad con amor» (NTV). Aquí tenemos verdad y bondad. Como pastor por casi veinte años, con frecuencia escuché ese versículo de boca de los miembros de mi congregación.

O, ¿quién no ha citado, o al menos oído de, Eclesiastés 3.7 (RVR1960): «Tiempo de callar, y tiempo de hablar». Algunas cosas son necesarias decirlas y otras no. Puede que no sepamos la referencia exacta del versículo pero la verdad deja una impresión duradera.

En síntesis, intuitivamente sabemos que debemos hablar la verdad en amor en el momento apropiado. Reconocemos esto como un aspecto básico de la comunicación interpersonal. En lo profundo todos lo sabemos.

Esto me agrada porque nunca he querido que las personas me digan: «Lo que acabas de decir no es verdad, tampoco es bondadoso ni necesario». Ser criticado de esa manera sería una reprimenda que turbaría profundamente mi alma. Por el contrario, deseaba que al hablar o escribir, los demás consideren que digo la verdad con bondad y que es útil. Tenía el deseo de ser competente, confiable y eficaz. Deseaba ser un buen comunicador. No quería sufrir dolores de cabeza ni quebrantos por hablar siempre antes de pensar.

«Pero Emerson, ¿acaso no citaste cuatro interrogantes que cada uno debe preguntarse?». Sí, desde ese día en la reunión de la capilla, he llegado a la conclusión de que se debe agregar un cuarto punto a la lista de lo que es verdad, bondadoso y necesario: lo que comunicamos a otro también debe ser claro.

Muchas veces supe que lo que había dicho era verdad, bondadoso y necesario pero después me enteré que no fui claro.

Por ejemplo, erróneamente suponía que las demás personas conocían todos los detalles, toda la verdad. Sin embargo, como no sabían todos los hechos, estaban confundidas y no comprendían lo que yo había comunicado.

Supuse que las personas comprendían que me había portado tontamente con mi comentario, pero que no era sarcástico ni que me faltaba ser bondadoso. Por el contrario, pensaban que les menospreciaba.

Supuse que los lectores apreciarían toda la información, pero pronto descubrí que la consideraron algo innecesaria puesto que les había confundido y tuvieron que preguntarse: «¿Cuál es su punto exactamente?».

El apóstol Pablo destacó la necesidad de ser claro. Leemos en 1 Corintios 14.9 (NVI): «A menos que su lengua pronuncie palabras comprensibles, ¿cómo se sabrá lo que dicen?». Esta es una pregunta retórica universal.

Para mí, al hacer una lista de estos cuatro conceptos, suceden cosas buenas.

•¿Es esta información verdad?

•¿Es esta información bondadosa?

•¿Es esta información necesaria?

•¿Es esta información clara?

Sé que esto es vital. ¿Por qué? ¡Porque quiero que usted me hable de esta manera! No quiero que me mienta ni que sea rudo. Que me diga lo que no necesito saber y no me deje confuso con declaraciones ambiguas o difíciles de entender.

Sé que al responder estas cuatro interrogantes al comunicarme, disminuye la probabilidad de que otro perciba la idea equivocada y aumenta la probabilidad de que ¡comprenda la idea correcta! Además, me ayuda para ahorrar mucho tiempo en corregir malos entendidos y evitar rompimiento de relaciones. Previene dolores de cabeza y quebrantos.

Unos años atrás Robert Fulghum escribió un libro llamado Todo lo que realmente necesito saber lo aprendí en el parvulario.¹⁰ Me encanta ese título. Eso implica que a los cinco años de edad ya hemos aprendido bastante para avanzar con éxito en la vida en nuestras relaciones interpersonales ¡si solamente practicáramos luego como adultos lo que aprendimos!

Con relación a este punto, ¿quién no conoce el axioma «piensa antes de hablar»? Todo padre y madre inculca este principio básico de la comunicación desde los cuatro años de edad si no antes. Sin embargo, ¡los sabios entre nosotros saben que no hay garantía absoluta que haremos hoy lo aprendido ayer!

Cuando se habla de triunfar verdaderamente como una persona que se relaciona con otras, no se trata de aprender cosas nuevas; sino más bien de cómo actuar acorde a la sabiduría de los siglos que aprendimos a los cinco años de edad. Por esa razón, los fundamentos son los fundamentos.

En el libro When Pride Still Mattered: A Life of Vince Lombardi [Cuando el orgullo todavía importaba: Una vida de Vince Lombardi], a principios del entrenamiento del equipo de fútbol americano Green Bay Packers, David Maraniss escribió acerca de Lombardi en 1961, lo siguiente:

Él no menospreciaba nada. Emprendió una tradición desde el principio, suponiendo que los jugadores eran como una pizarra en blanco, sin información del año anterior. . . Comenzaba con la explicación más básica. «Caballeros», decía, mientras sostenía una pelota de cuero en su mano derecha, «esta es un balón de fútbol».¹¹

Permítame decirles, los mejores comunicadores necesitan recordar el «fútbol» cada día. Para mí, la base de la comunicación yace en responder siempre a las cuatro interrogantes. Cuando no lo hago, dejo caer la pelota.

En las páginas siguientes, quiero que volvamos a los fundamentos y consideremos bien estos cuatro conceptos. Responderemos a las siguientes interrogantes:

•¿Es verdad lo que voy a decir, solamente la verdad y nada más que la verdad?

•¿Suena bondadoso y respetuoso?

•¿Estoy seguro de que debo decirlo ahora, más tarde o nunca, en absoluto?

•¿Es claro lo que voy a decir para mí y para la otra persona?

Dancemos como si todos observaran. Escribamos como si todos leyeran. Hablemos como si todos escucharan.

CAPÍTULO 1:

¿ES VERDAD?

Meditación bíblica acerca de hablar la verdad

•Efesios 4.25—Por tanto, dejando a un lado la falsedad, hablen verdad cada cual con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros.

•Colosenses 3.9—Dejen de mentirse los unos a los otros, puesto que han desechado al viejo hombre con sus malos hábitos.

•Tito 1.2—Dios, que no miente.

•Hechos 5.3-4—Pero Pedro dijo: «Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón para mentir al Espíritu Santo, y quedarte con parte del precio del terreno? Mientras estaba sin venderse, ¿no te pertenecía? Y después de vendida, ¿no estaba bajo tu poder? ¿Por qué concebiste (pusiste) este asunto en tu corazón? No has mentido a los hombres sino a Dios».

•Apocalipsis 14.4-5—Estos son los que no se han contaminado con mujeres, pues son castos. Estos son los que siguen al Cordero adondequiera que va. Estos han sido rescatados (comprados) de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero. En su boca no fue hallado engaño; están sin mancha

•Proverbios 12.19—Los labios veraces permanecerán para siempre, Pero la lengua mentirosa, sólo por un momento.

•Proverbios 12.22—Los labios mentirosos son abominación al SEÑOR, Pero los que obran fielmente son su deleite.

•Proverbios 19.5—El testigo falso no quedará sin castigo, y el que cuenta mentiras no escapará.

•Proverbios 21.6—Conseguir tesoros con lengua mentirosa es un vapor fugaz, es buscar la muerte.

•Salmos 35.20—Porque ellos no hablan paz, sino que piensan palabras engañosas contra los pacíficos de la tierra.

¿Es verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, por la gracia de Dios?

En Grandes esperanzas de Charles Dickens, leemos: «Puedes estar seguro de algo, Pip, dijo Joe después de reflexionar un rato, y es que las mentiras no son más que mentiras. Siempre que se presentan no deberían hacerlo».¹

El sistema judicial de los Estados Unidos revela tres «modalidades» de mentiras. Se pregunta a los testigos, a medida que levantan

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