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Municiones para

Disidentes
Tomás Ibañez
 cuál es la naturaleza y cuáles son los efectos del cambio de sociedad, y más
globalmente, del cambio de civilización, que se está produciendo y que aún
permanecerá en fase de transición durante algunas décadas más.
 Posmodernidad
 El realismo ontológico afirma que la realidad (no el ser sino la realidad) existe
y que existe con independencia de nosotros. Sus características «son las que
son», las observemos o no, las conozcamos O no, tanto si existimos nosotros
mismos como si no.

 El realismo epistemológico afirma que podemos conocer esa realidad que


existe con independencia de nosotros. El conocimiento es válido,
precisamente, en la medida en que constituye una forma de acceso a la
realidad tal y como es.
 «La realidad física existe, y existiría de todas las formas
 I aunque no hubiese ningún observador para observarla
 A. ElNSTEIN

 Este credo está firmemente arraigado en el mismísimo corazón del


ethos científico moderno. En efecto, el valor de la ciencia radica
precisamente, según se nos dice, en su capacidad de aproximarse
adecuadamente a la realidad.
 La primera, porque la mecánica cuántica constituye el dispositivo más
potente para cuestionar, para
 desbaratar y para desmantelar unas evidencias, unos esquemas, unos
principios aparentemente inamovibles
 que tienen a su favor la tremenda fuerza que confieren siglos y siglos de
consenso generalizado.
 Evidencias, esquemas y principios que han impregnado el ethos de la ciencia
y, a partir de ella, el ethos
 de la modernidad, y, por lo tanto, nuestras propias mentalidades.
 La segunda, porque las concepciones del mundo dibujadas por esa
reina de las ciencias que es la física, suelen marcar las concepciones
del mundo social, dibujadas por las ciencias sociales y por las teorías
sociales, inspirando modelos de sociedad, modelos de análisis social y
prácticas de actuación social, es decir, prácticas políticas.
 La tercera razón Sospecho que los planteamientos de la mecánica
cuántica han contribuido, y están contribuyendo, a la construcción de
la ideología legitimadora de la postmodernidad
 Conclusión, debemos admitir nuevamente que el electrón ni es una
onda, ni es un corpúsculo, por mucho que podamos tener esa
impresión, el electrón es «otra cosa», sólo que su naturaleza «real» se
nos escapa por completo.
 La dualidad «onda-corpúsculo» aporta argumentos para empezar a
cuestionar, tanto el concepto de «objeto», el concepto de una
«realidad independiente» como también el concepto de «objetivi
dad» en sentido fuerte. Pero este cuestionamiento irá a más a medida
que sigamos adentrándonos en la cuestión cuántica.
 La lógica de la demostración es aplastante, y podemos dormir
tranquilos porque la realidad existe con independencia de nosotros y
porque queda claro, además, que «Dios no juega a los dados».
 a) Las ondas y los corpúsculos constituyen dos formas de ser mutuamente
excluyentes y, sin embargo, una partícula responde como onda o responde
como corpúsculo según sea la pregunta que le plantea nuestra mirada (el
dispositivo de observación).
 Se trata, como mucho, de un «ser» indefinido. Pero ya hemos visto que el
debate sobre realidad y sobre el realismo no remite a la cuestión del «ser»
sino a la cuestión de «un modo de ser» particular. Si no podemos especificar
«un modo de ser» particular, tampoco podemos hablar de «la realidad», y en
este silencio naufraga irremediablemente todo el realismo.
 b) Las relaciones de Heisenberg. Creemos que si podemos medir
con precisión, aunque sea por separado, dos propiedades de
una misma cosa, entonces esa cosa tiene ambas propiedades.
Por ejemplo, cierta velocidad y una determinada posición. Si no
las podemos medir simultáneamente, endemos a pensar que
esta imposibilidad proviene tan sólo de nuestras deficiencias
técnicas. Sin embargo, Heisenberg nos contesta que no se trata
de un problema técnico sino de una cuestión de principio.
Velocidad y posición no se pueden medir con precisión
simultáneamente, porque no se trata de propiedades que
caractericen simultáneamente a un objeto.
 pero si no queremos abandonar el concepto de objeto, porque nos
resulta imprescindible en nuestra vida cotidiana, entonces no nos
queda más remedio que admitir que los objetos no son como son con
independencia de nosotros, y debemos renunciar por lo tanto a
afirmar que la realidad existe independientemente de nosotros. En
ambos caso la conclusión última es la misma: la realidad,
ontológicamente considerada, no existe.
 c) La superposición de estados. El hecho de que encontremos un
objeto en un determinado lugar no significa que estaba en ese lugar
antes de que consiguiéramos encontrarlo, ni que hubiera estado en
ese lugar de todas formas aunque no lo hubiésemos buscado. Tan sólo
tiene una determinada probabilidad de estar en el lugar donde lo
encontramos, y mientras no lo miramos, ni está ni deja de estar en
ese lugar. Es nuestra mirada, la que lo materializa en un lugar y anula
su estado de existencia probabilística en otro lugar determinado.
¿Alguien puede seguir afirmando que la realidad existe «en sí
misma», es decir, independiente de nosotros?
 d) La no-separabilidad. Actuamos sobre una partícula y nuestra acción afecta
instantáneamente otra artícula con independencia de la distancia que las
separa. Cuando digo que actuamos sobre una partícula estoy diciendo que
ejercemos una determinada influencia sobre una determinada región del
espacio. Nuestra actuación es local y el alcance de esta acción, su influencia,
también es local, en el sentido de que los efectos que pueda producir
necesitan algún tipo de mediación, como por ejemplo propagarse en el
espacio, para producirse. Sabemos que la velocidad de cualquier propagación,
sea del tipo que sea, no puede ser nunca superior a la velocidad de la luz.
 e) Por fin, objetos y propiedades. Propiedades que se convierten , en
objetos, objetos que se disuelven en propiedades. El movimiento de
un cuerpo se transforma en un cuerpo, un cuerpo se desvanece en
alguna de sus propiedades... Nuevos quebraderos de cabeza para el
realismo ontológico.
 Veamos, es una obviedad y una trivialidad decir que si no hubiese
seres humanos tampoco habría conceptos. El árbol es también un
concepto, un concepto que es además variable según las culturas, y es
mediante ese concepto, y mediante sus usos, como construimos «el-
árbol-para-nosotros». El árbol es una realidad lingüísticamente
mediada, el lenguaje y los conceptos que se elaboran en su seno son
«formativos» del objeto, y es en este sentido como podemos decir
que el árbol no es independiente de nosotros. Pero esto no significa
que podamos construir el árbol de forma arbitraria, aunque sólo sea
porque, por una parte, nuestros conceptos son productos colectivos,
y, por otra parte, porque nuestros conceptos son extensiones de
nuestras operaciones y por lo tanto de nuestras propias
características.
 Desde esta concepción el ser humano vuelve a ser, como
lo quería Protágoras, la medida de todas de las cosas.
Pero lo que reviste quizás más importancia es que si la
realidad, la única realidad que existe, la nuestra, es como
es porque nosotros somos como somos, entonces queda en
nuestras manos, y sólo en nuestras manos, la pocibilidad
de construirla de otra forma. La política se sitúa de esta
manera, sin paliativos, en el primer plano de nuestra
existencia.