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F63 TRASTORNO DE LOS HÁBITOS Y

DEL CONTROL DE LOS IMPULSOS.


Esta categoría incluye ciertos trastornos de comportamiento que no son
clasificables en otros apartados. Están clasificados por actos repetidos que no
tienen una motivación racional clara y que generalmente dañan los intereses del
propio enfermo y de lo demás. El enfermo suele decir que el comportamiento se
acompaña de impulsos a la acción que no pueden ser controlados. La etiología de
estos trastornos no está clara y se agrupan juntos debido a las grandes semejanzas
descriptivas, pero no porque se sepa que comparten cualquier otro rasgo
importante. Por convención se excluyen de este apartado los trastornos de consumo
de alcohol o otras sustancias psicótropas (F10- F19) y los trastornos de impulsos y
hábitos que afectan al comportamiento sexual (F65.-) y a la conducta alimentaria
(F58.-).
F63.0 LUDOPATÍA.
Este trastorno consiste en la presencia de frecuentes y reiterados episodios de juegos de apuestas, los cuales dominan la vida del
enfermo en perjuicio de los valores y obligaciones sociales, laborales, materiales y familiares del mismo.
• Pautas para el diagnostico
El rasgo esencial es la presencia de: un jugar apostando de manera constante y reiterando que persiste a menudo se incrementa a
pesar de sus consecuencias sociales adversas tales como la fortuna personal, deterioro de las relaciones familiares y situaciones
personales críticas.
Incluye: juego compulsiva, Juego patológico, Ludomanía.
• Diagnóstico diferencial
• La ludopatía debe distinguirse del:
• Juego social y habitual (Z72.6, se trata de personas que frecuentemente apestan por la emoción o en un intento de hacer dinero y
es probable que pudieran dominar y detener su habito si se enfrentaran a fuertes pérdidas u otros efectos adversos del juego).
• Juego excesivo en enfermos maniacos (F30.-).
• Juego en el trastorno disocial de la personalidad (F60.2) (en este caso los individuos presentan una alteración más persistente y
generalizada del comportamiento social, puesta de manifiesto por actos que son agresivos o que demuestran de otra manera una
clara falta de preocupación por el bienestar y los sentimientos de los demás).
DSM-V JUEGO PATOLÓGICO 312.31 (F63.0).
• Especificadores. - Los jugadores patológicos más graves cumplen todos o la mayoría de los nueve criterios
• Desarrollo y curso.- El inicio del juego patológico puede aparecer durante la adolescencia o en los adultos
jóvenes, pero en algunos individuos se manifiesta en la edad adulta media o incluso más adelante.
Generalmente, los trastornos de juego se desarrollan durante el curso de los años, aunque la progresión
parece ser más rápida en las mujeres que en los hombres. La mayoría de las personas manifiesta un patrón
de juego que aumenta gradualmente, tanto en la cantidad como en la frecuencia de las apuestas.
Ciertamente, las formas más leves pueden convertirse en casos más graves. La mayoría de las personas
afirma tener problemas con uno o dos tipos de juegos de azar,- aunque otros participan en muchas
variedades de juego. Los individuos tienen mayor tendencia a participar en algunos tipos de juegos de
azar (p. ej., la compra diaria de boletos de rascar).
• Aspectos diagnósticos relacionados con el género. - Los varones presentan tasas más elevadas de juego
patológico que las mujeres, aunque esta brecha de género se podría estar estrechando. Los varones
tienden a apostar en diferentes formas de juego en comparación con las mujeres, siendo los juegos de
cartas, los deportes y las carreras de caballos más prevalentes entre los varones, y las máquinas
tragaperras y el bingo más frecuente entre las mujeres.
F63.1 PIROMANÍA.
Se trata de un comportamiento caracterizado por la reiteración de actos o intentos de prender fuego a las propiedades u objetos, sin motivo aparente
junto con una insistencia constante sobre temas relacionados con el fuego y la combustión. Estas personas pueden estar también interesadas de un modo
anormal por coches de bomberos u otros equipos de lucha contra el fuego, con otros temas relacionados con los incendios y en hacer llamadas a los
bomberos.

• Pautas para el diagnostico

• Los rasgos esenciales son: Prender fuego repentinamente sin motivo aparente, tal como seria obtener una ganancia monetaria, venganza o
extremismo político. Intenso interés en observar la combustión del fuego. La referencia a sentimientos de aumento de tención antes del acto y de una
excitación emocional intensa inmediatamente después que se ha llevado a cabo.

• Diagnóstico diferencial.

• La piromanía debe diferenciarse de:

• Incendio deliberado provocado por una persona normal (Z03.2, observación por sospecha de trastorno mental) (en cuyo caso hay motivos obvios).

• Incendio provocado por un joven con un trastorno disocial (F91.1) (evidencia de otros trastornos de comportamiento como robar, agresiones o
novillos)

• Incendio provocado por un adulto con un trastorno disocial de la personalidad (F60.2) (evidencia de otra alteración persistente del comportamiento
social como agresiones u otros indicadores de despreocupación de los intereses y sentimientos de los demás).

• Incendio provocado por esquizofrénico (F20.-) (en estos caos es característico que el incendio sea a consecuencia de ideas delirantes u órdenes de
voces alucinatorias).

• Incendio accidental en los trastornos psiquiátricos orgánicos (F00-F09) (en estos casos el fuego empieza accidentalmente como resultado de un
estado confusional, de una amnesia, de una falta de previsión sobre las posibles consecuencias del acto, o como una combinación de estos factores. La
demencia y los estados orgánicos agudos pueden desencadenar incendios inadvertidos de este tipo. Son otras causas análogas la embriagues aguda,
el alcoholismo crónico y las intoxicaciones por sustancias psicótropas (F10-F19).
DSM-5 PIROMANÍA 312.33 (F63.1)
• Desarrollo y curso. - No hay suficientes datos para establecer una edad típica de inicio de
la piromanía. La relación entre provocar incendios en la infancia y la piromanía en la edad
adulta no está bien documentada. En los individuos con piromanía, los incidentes en los
que se provoca fuego son episódicos y pueden fluctuar en frecuencia. Se desconoce su
curso longitudinal. A pesar de que la provocación de incendios es un problema
importante en niños y adolescentes (cerca del 40 % de los detenidos por delitos de
incendio en Estados Unidos es menor de 18 años), la piromanía en la infancia parece ser
rara. Provocar incendios en una etapa juvenil suele asociarse con el trastorno de
conducta, el trastorno por déficit de atención/hiperactividad o un trastorno de
adaptación.
• Aspectos diagnósticos relacionados con el género. - La piromanía se presenta más
frecuentemente en los hombres, especialmente en aquellos con peores habilidades
sociales y problemas de aprendizaje.
F63.2 CLEPTOMANÍA.
Se trata de un trastorno que se caracteriza por que el individuo reiteradamente fracasa en el intento de resistir los impulsos
de robar objetos que no se utilizan para un uso personal o por fines lucrativos. Por el contrario, los objetos pueden
desecharse, regalarse o esconderse.
• Pautas para el diagnóstico.
El enfermo suele describir la presencia de una sensación de tensión emocional antes del acto y una sensación de
gratificación durante e inmediatamente después. A pesar de que suele llevarse a cabo un cierto esfuerzo por esconderse, no
se aprovechan todas las ocasiones para hacerlo. El robar es un acto solitario, que no se lleva a cabo con cómplices. El
enfermo puede presentar entre los episodios de robar en las tiendas (u otros locales) ansiedad, abatimiento y culpabilidad,
lo que no impide su repetición. Los casos que abarca esta descripción y que no son secundarios a uno de los trastornos
citados abajo, son poco frecuentes.
• Diagnóstico diferencial
La cleptomanía debe distinguirse de:
• los hurtos recurrentes en tiendas en ausencia de trastorno mental manifiesto (Z03.2 observación por sospecha de
trastorno mental. En estos casos los actos están planeados con mayor cuidado y hay un motivo obvio de ganancia
personal)
• trastorno mental orgánico F00 F09 (en cuyo caso hay un olvido
• reiterado de pagar los objetos como consecuencia de un deterioro de la memoria u otro tipo de deterioro intelectual) y
• hurtos de los depresivos (F30 F39). Los enfermos depresivos que roban pueden hacerlo repetidamente mientras que
persiste el trastorno depresivo).
DSM-5 CLEPTOMANÍA 312.32 (F63.2)
• Desarrollo y curso. - La edad de inicio de la cleptomanía es variable, aunque el trastorno empieza a
menudo en la adolescencia. Sin embargo, el trastorno puede empezar en la infancia, en la
adolescencia o en la edad adulta, y en raras ocasiones en la edad adulta tardía. Hay poca
información sistemática sobre el curso de la cleptomanía, aunque se han descrito tres cursos típicos:
esporádico, con episodios breves y largos períodos de remisión; episódico, con largos períodos en
los que se roba seguidos de períodos de remisión, y crónico, con algunos grados de fluctuación. El
trastorno puede continuar durante años a pesar de las condenas por robo en tiendas.
• Factores de riesgo y pronóstico Genéticos y fisiológicos. No hay estudios controlados sobre los
antecedentes familiares de la cleptomanía. Sin embargo, los familiares de primer grado de los
individuos con cleptomanía pueden presentar unas tasas más altas de trastorno obsesivo-
compulsivo que la población general. También parece haber una tasa de trastornos por consumo de
sustancias, incluido el trastorno por consumo de alcohol, más alta entre los familiares de los
individuos con cleptomanía que entre la población general.
F63.3 TRICOTILOMANIA.

Se trata de un trastorno caracterizado por una pérdida apreciable de cabello debida al


fracaso reiterado para resistir los impulsos de arrancarse el pelo. Este comportamiento
suele ser precedido por un aumento de tensión y se sigue de una sensación de alivio o
gratificación. Este diagnóstico no debe hacerse si existe previamente una inflamación
de la piel o si el pelo es arrancado como respuesta a una idea delirante o a una
alucinación.
• Excluye: Movimiento estereotipados (de estirarse del pelo) (F98.4)
DSM-5 TRICOTILOMANÍA (TRASTORNO DE
ARRANCARSE EL PELO) 312.39 (F63.3)
• Desarrollo y curso
• Marcadores diagnósticos
• Consecuencias funcionales de la tricotilomanía
F63.8 OTROS TRASTORNOS DEL HABITO Y DEL
CONTROL DE LOS IMPULSOS.

Esta categoría debe usarse para otras clases de comportamiento des adaptativo
repetido y persistente, no secundario a un síndrome psiquiátrico reconocido y en el
cual el enfermo fracasa repetidamente en su intento de resistirse a los impulsos de
llevarlo a cabo. Además, hay un período prodrómico de tensión y un sentimiento de
alivio en el momento de realizar el acto.
• Incluye: trastorno explosivo intermitente.
F64 TRASTORNO DE LA IDENTIDAD SEXUAL.

F64.0 Transexualismo.
Consiste en el deseo de vivir y ser aceptado como un miembro del sexo opuesto, que
suele acompañarse por sentimientos de malestar o desacuerdo con el sexo anatómico
propio y de deseos de someterse a tratamiento quirúrgico u hormonal para hacer que
el propio cuerpo concuerde lo más posible con el sexo preferido.
• Pautas para el diagnóstico
La identidad transexual debe haber estado presente constantemente por lo menos
durante dos años y no ser un síntoma de otro trastorno mental, como esquizofrenia, o
acompañar a cualquier anomalía intersexual, genética o de los cromosomas sexuales.
F64.1 Tansvestismo no fetichista.
Consiste en llevar ropas del sexo opuesto durante una parte de la propia existencia a
fin de disfrutar de la experiencia transitoria de pertenecer al sexo opuesto, pero sin
ningún deseo de llevar a cabo un cambio de sexo permanente y menos aún de ser
sometido a una intervención quirúrgica para ello. Debe ser distinguido del
transvestismo fetichista, en el que hay una excitación sexual acompañando a estas
experiencias de cambio de vestido Incluye: trastorno de la identidad sexual en la
adolescencia o en la edad adulta de tipo no transexual
• Excluye:
transvestismo fetichista
DSM-5 DISFORIA DE GÉNERO EN
ADOLESCENTES Y ADULTOS 302.85 (F64.1)
• Marcadores diagnósticos. - Los sujetos con un trastorno somático del desarrollo sexual presentan alguna correlación de
la identidad sexual final con el grado de producción y de utilización prenatal de andrógenos. Sin embargo, la correlación
no es lo suficientemente sólida como para que el factor biológico, donde se pueda comprobar, pueda sustituir a la
evaluación, mediante una entrevista diagnóstica integral, de la disforia de género.
• Consecuencias funcionales de la disforia de género. - La preocupación relacionada con deseos de cambio de sexo puede
aparecer a cualquier edad tras los primeros 2-3 años de infancia y a menudo interfiere con las actividades diarias. En los
niños mayores, la incapacidad de adquirir las habilidades y las relaciones que son típicas para la edad con los
compañeros del mismo sexo puede conducir al aislamiento social y producir malestar. Algunos niños pueden negarse a ir
al colegio por las burlas y el acoso o por la presión para vestirse con atuendos asociados con su sexo asignado. Además,
en los adolescentes y adultos, la preocupación por los deseos de cambio de sexo a menudo interfiere con las actividades
diarias. Son frecuentes las dificultades en las relaciones, incluidas las sexuales, y puede deteriorarse el funcionamiento
escolar o laboral. La disforia de género, junto con la expresión atípica del sexo, se asocia a altos niveles de
estigmatización, discriminación y victimización, lo que genera conceptos negativos sobre uno mismo, altas tasas de
comorbilidad por trastornos mentales, abandono escolar y marginación económica, incluido el desempleo, con riesgos
sociales y mentales concomitantes, especialmente en los sujetos de entornos con pocos recursos familiares. Además, el
acceso de estos sujetos a los servicios de salud y a los servicios de salud mental puede verse impedido por barreras
estructurales, como el desagrado institucional o la inexperiencia para trabajar con pacientes de esta población.
• Diagnóstico diferencial. - Inconformidad con los roles sexuales. La disforia de género debería distinguirse del simple
inconformismo hacia la conducta sexual estereotipada por el gran deseo de ser de un sexo distinto al asignado y por la
extensión y globalidad de las actividades e intereses variantes respecto al sexo primario
F64.2 Trastorno de la identidad sexual en la infancia.
Se trata de trastornos que suelen manifestarse por primera vez durante la primera infancia (siempre mucho
antes de la pubertad) caracterizados por un malestar intenso y persistente debido al sexo propio, junto al
deseo (o insistencia) de pertenecer al sexo opuesto. Hay una preocupación constante con el vestido o las
actividades del sexo opuesto o un rechazo hacia el propio sexo. Se cree que estos trastornos son
relativamente raros y no deben confundirse con la falta de conformidad con el papel sexual socialmente
aceptado, que es mucho más frecuente. El diagnóstico del trastorno de la identidad sexual en la infancia
requiere una profunda alteración en el sentimiento normal de masculinidad o feminidad. No es suficiente la
simple masculinización de los hábitos en las chicas o el afeminamiento en los chicos. El diagnóstico no
puede realizarse cuando el individuo ha alcanzado la pubertad. Debido a que el trastorno de identidad
sexual en la infancia tiene muchos rasgos en común con otros trastornos de la identidad de esta sección, se
ha considerado más conveniente clasificarlo en F64. en lugar de F90 F98.
• Pautas para el diagnóstico
La característica diagnóstica esencial es el deseo general y persistente del enfermo de ser (o insistencia de
que se es) del sexo opuesto al propio, junto a un intenso rechazo del comportamiento, atributos y atuendos
del mismo. Se manifiesta por primera vez durante los años pre escolares. Para poder ser diagnosticado debe
haber aparecido antes de la pubertad. En ambos sexos puede existir, aunque es muy raro el rechazo de las
estructuras anatómicas del propio sexo. Lo más típico es que los niños con un trastorno de la identidad
sexual nieguen sentirse afectados por el, aunque pueden sentir malestar debido al conflicto generado por
las expectativas de su familia o compañeros y por las burlas o rechazo al cual pueden estar sometidos.
DSM-5 Disforia de género en niños 302.6 (F64.2)
Una marcada incongruencia entre el sexo que uno siente o expresa y el que se le asigna, de
una duración mínima de seis meses, manifestada por un mínimo de seis de las
características siguientes (una de las cuales debe ser el Criterio Al):
• Un poderoso deseo de ser del otro sexo o una insistencia de que él o ella es del sexo opuesto
(o de un sexo alternativo distinto del que se le asigna).
• En los chicos (sexo asignado), una fuerte preferencia por el travestismo o por simular el
atuendo femenino; en las chicas (sexo asignado), una fuerte preferencia por vestir solamente
ropas típicamente masculinas y una fuerte resistencia a vestir ropas típicamente femeninas.
• Preferencias marcadas y persistentes por el papel del otro sexo o fantasías referentes a
pertenecer al otro sexo.
• Una marcada preferencia por los juguetes, juegos o actividades habitualmente utilizados o
practicados por el sexo opuesto.
• Una marcada preferencia por compañeros de juego del sexo opuesto.
• En los chicos (sexo asignado), un fuerte rechazo a los juguetes, juegos y actividades
típicamente masculinos, así como una marcada evitación de los juegos bruscos; en las chicas
(sexo asignado), un fuerte rechazo a los juguetes, juegos y actividades típicamente femeninos.
• Un marcado disgusto con la propia anatomía sexual.
• Un fuerte deseo por poseer los caracteres sexuales, tanto primarios como secundarios,
correspondientes al sexo que se siente.
F64.8 Otros trastornos de identidad sexual.
DSM-5 Otra disforia de género especificada 302.6 (F64.8)
Esta categoría se aplica a presentaciones en las que predominan síntomas
característicos de disforia de género que causan un malestar clínicamente significativo
o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento, pero que
no cumplen todos los criterios de disforia de género. La categoría de otra disforia de
género especificada se utiliza en situaciones en las que el clínico opta por comunicar
el motivo específico por el que la presentación no cumple los criterios de disfunción
sexual. Esto se hace registrando "otra disforia de género especificada" seguido de un
motivo específico (p. ej., "disforia de género breve"). Un ejemplo de una presentación
que se puede especificar utilizando la designación de "otra especificada" es el
siguiente: El trastorno actual cumple los criterios sintomáticos de disforia de género
pero su duración es inferior a seis meses.
F64.9 Trastornos de la identidad sexual sin especificación.
• Incluye: trastorno del papel sexual sin especificación
DSM-5 Disforia de género no especificada 302.6 (F64.9)
Esta categoría se aplica a presentaciones en las que predominan los síntomas
característicos de la disforia de género que causan un malestar clínicamente
significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del
funcionamiento, pero que no cumplen todos los criterios de la disforia de género. La
categoría disforia de género no especificada se utiliza en situaciones en las que el
clínico opta por no especificar el motivo del incumplimiento de los criterios de una
disforia de género, e incluye las presentaciones en las que no existe suficiente
información para hacer un diagnóstico más específico.
F65 TRASTORNOS DE LA INCLINACIÓN SEXUAL.

• Incluye: parafilias
• Excluye: problemas asociados con la orientación sexual
F65.0 Fetichismo.
Consiste en la dependencia de algún objeto inerte como estímulo para la excitación y la gratificación
sexuales. Muchos fetiches son extensiones del cuerpo humano tales como
artículos de ropa o calzado. Otros objetos frecuentes se caracterizan por alguna textura particular
como la goma, el plástico o el cuero. La importancia de los fetiches varía según el individuo. En
algunos casos sirven simplemente como refuerzo de la situación sexual conseguida por medios
ordinarios (por ejemplo, haciendo que la pareja lleve una determinada vestimenta).
• Pautas para el diagnóstico
El fetichismo se diagnosticará sólo si el fetiche es la fuente más importante de estimulación sexual o si
es esencial para la respuesta sexual satisfactoria. Las fantasías fetichistas son frecuentes, pero no
configuran un trastorno a no ser que lleven a rituales que sean tan apremiantes e inaceptables como
para interferir con la relación sexual y causar un malestar individual.
El fetichismo se presenta casi exclusivamente en varones.
DSM-5 TRASTORNO DE FETICHISMO 302.81
(F65.0)
• Desarrollo y curso. - Las parafilias normalmente se inician durante la pubertad, pero los fetiches
pueden desarrollarse antes de la adolescencia. Una vez establecido, el trastorno de fetichismo
tiende a tener un curso continuado que fluctúa en cuanto a la frecuencia e intensidad de los
comportamientos o deseos irrefrenables.
• Aspectos diagnósticos relacionados con el género. - No se ha comunicado de forma sistemática que
el trastorno de fetichismo se presente en mujeres. En las muestras clínicas, el trastorno de
fetichismo se ha descrito casi exclusivamente en hombres.
• Consecuencias funcionales del trastorno de fetichismo. - El deterioro típico asociado al trastorno de
fetichismo incluye la disfunción sexual en una relación de pareja romántica, cuando el objeto fetiche
preferido o las partes del cuerpo más deseadas son inaccesibles durante la estimulación previa al
coito o durante éste. Algunos individuos con trastorno de fetichismo pueden preferir la actividad
sexual en solitario asociada a sus preferencias fetichistas, incluso aunque mantengan una relación
de pareja significativa y afectuosa. A pesar de que el trastorno de fetichismo es relativamente poco
común entre los agresores sexuales detenidos con parafilias, los hombres con trastorno de
fetichismo pueden robar y coleccionar sus propios objetos particulares de deseo. Estos individuos
han sido arrestados y acusados de comportamientos antisociales no sexuales (p. ej., allanamiento de
morada, robo, asalto) que son motivados primariamente por su trastorno de fetichismo.
F65.1 Transvestismo fetichista.
Consiste en llevar ropas del otro sexo con el objetivo principal de obtener excitación
sexual.
• Pautas para el diagnóstico
Este trastorno debe distinguirse del fetichismo simple en el sentido de que los objetos
fetichistas o las ropas no sólo se llevan, sino que se llevan para crear la apariencia de ser
una persona del sexo opuesto. Normalmente se lleva más de un artículo y a menudo una
vestimenta completa incluso con peluca y maquillaje. El transvestismo fetichista se
distingue del transvestismo transexual por su clara asociación con la excitación sexual y
con el fuerte deseo de quitarse la ropa una vez que se alcanza el orgasmo y la excitación
sexual declina. Generalmente en los transexuales hay antecedentes de transvestismo
fetichista como fase anterior y probablemente en estos casos representa una etapa del
desarrollo del transexualismo.
• Incluye: fetichismo transvestista.
DSM-5 Trastorno de travestismo 302.3 (F65.1)
• Desarrollo y curso. - En los hombres, los primeros síntomas del trastorno de travestismo pueden empezar en la infancia en
forma de fuerte fascinación por algún atuendo femenino en particular. Antes de la pubertad, travestirse produce un
sentimiento generalizado de excitación placentera. Con la llegada de la pubertad, el vestirse de mujer empieza a
provocar erecciones del pene y, en algunos casos, lleva directamente a la primera eyaculación. En muchos casos, el acto
de travestirse conlleva menos excitación sexual con la edad; finalmente, puede que no produzca erección alguna
discernible. El deseo de travestirse, al mismo tiempo, permanece o incluso se hace más intenso. Los individuos que
describen dicha disminución en la respuesta sexual explican típicamente que su excitación sexual al travestirse se ha
visto sustituida por una sensación de confort o bienestar. En algunos casos, el curso del trastorno de travestismo es
continuo y en otros es episódico. No es extraño que los hombres con trastorno de travestismo pierdan el interés por
travestirse cuando se enamoran por primera vez de una mujer y empiezan una relación, aunque esa disminución
normalmente es temporal. Cuando el deseo de travestirse regresa, también lo hace el malestar asociado. Algunos casos
de trastorno de travestismo progresan hacia la disforia de género. Los hombres, en estos casos, que pueden ser
indistinguibles de otros con trastorno de travestismo en la adolescencia o en la infancia temprana, gradualmente
desarrollan deseos de mantener el rol femenino durante períodos más largos y de feminizar su anatomía. El desarrollo de
la disforia de género se acompaña habitualmente de lo que el individuo refiere como una reducción o eliminación de la
excitación sexual asociada al travestirse. La manifestación del travestismo en la erección y estimulación del pene, como la
manifestación de otros intereses sexuales normofílicos y parafílicos, es más intensa en la adolescencia y en las primeras
etapas de la edad adulta. La gravedad del trastorno de travestismo es mayor en la edad adulta, cuando los impulsos
travésticos pueden causar con más probabilidad conflictos de rendimiento en las relaciones sexuales heterosexuales y en
los deseos de casarse y fundar una familia. Los hombres mayores y de mediana edad con antecedentes de travestismo
presentan con menor probabilidad el trastorno de travestismo que la disforia de género.
• Consecuencias funcionales del trastorno de travestismo. - Los comportamientos de travestismo pueden interferir o
desvirtuar las relaciones heterosexuales. Esto puede ser fuente de malestar en los hombres que desean mantener
matrimonios convencionales o relaciones de pareja con mujeres.
F65.2 Exhibicionismo.
Consiste en una tendencia persistente o recurrente a exponer los órganos genitales a
extraños (normalmente del sexo opuesto) o a gente en lugares públicos, sin incitarlos o
intentar un contacto más íntimo. Normalmente, aunque no siempre, suele haber una
excitación sexual durante el período de la exposición y el acto suele terminar en una
masturbación. Esta tendencia puede dar lugar a un comportamiento que se manifiesta sólo
en períodos de crisis o de tensiones emocionales, separados por otros períodos en los
cuales está ausente el comportamiento exhibicionista.
• Pautas para el diagnóstico
El exhibicionismo se limita prácticamente a varones heterosexuales, que se exhiben a
mujeres adultas o adolescentes, normalmente confrontándolas, desde una distancia de
seguridad, en lugares públicos. Para algunos el exhibicionismo es su única descarga sexual,
pero otros simultanean este comportamiento con una vida sexual activa, con relaciones de
larga duración, a pesar de que sus impulsos exhibicionistas pueden ejercer una mayor
presión en momentos de conflicto en sus relaciones. La mayoría de los exhibicionistas
encuentran que sus impulsos son difíciles de controlar y son vivenciados como propios. Si
el testigo se sorprende, asusta o impresiona, suele aumentar la excitación del
exhibicionista.
DSM-5 Trastorno de exhibicionismo 302.4 (F65,2)
• Subtipos. - Los subtipos del trastorno de exhibicionismo se basan en la edad o madurez física de las personas que, sin su consentimiento,
son objeto preferente de la exposición genital. Estas personas que no dan su consentimiento pueden ser niños prepúberes, adultos o
ambos. Este especificador debería contribuir a prestar la debida atención a las características de las víctimas de los individuos con
trastorno exhibicionista para prevenir posibles trastornos de pedofilia concurrentes que pudieran pasarse por alto. Sin embargo, los
indicios de que el individuo con trastorno exhibicionista siente atracción sexual por mostrar sus genitales a niños no deberían excluir un
diagnóstico de trastorno de pedofilia.
• Desarrollo y curso. - Los hombres adultos con trastorno exhibicionista a menudo refieren que la primera vez que se dieron cuenta de su
interés sexual en exponer sus genitales a personas desprevenidas fue durante la adolescencia, un poco más tarde del desarrollo típico
del interés sexual normativo en hombres o mujeres. Aunque no hay una edad mínima establecida para diagnosticar el trastorno de
exhibicionismo, puede ser difícil diferenciar los comportamientos exhibicionistas de la curiosidad sexual propia de la edad en la
adolescencia. Mientras que los impulsos exhibicionistas parecen surgir en la adolescencia o en las primeras etapas de la edad adulta, se
conoce poco sobre su persistencia en el tiempo. El trastorno exhibicionista requiere, por definición, uno o más factores contribuyentes,
que pueden variar con el tiempo, con o sin tratamiento: malestar subjetivo (p. ej., culpa, vergüenza, frustración sexual intensa, soledad),
comorbilidad con un trastorno mental, hipersexualidad e impulsividad sexual, deterioro psicosocial y propensión a comportarse
sexualmente exponiendo los genitales a personas desprevenidas. Por lo tanto, el curso del trastorno de exhibicionismo es probable que
cambie con la edad. Tal y como ocurre con otras preferencias sexuales, el aumento de la edad puede asociarse a una disminución del
comportamiento y las preferencias sexuales de carácter exhibicionista.
• Aspectos diagnósticos relacionados con el género. - El trastorno de exhibicionismo es muy inusual en mujeres, si bien pueden
producirse episodios aislados de excitación sexual exhibicionista con una frecuencia que, como mucho, llega a ser de la mitad en
comparación con los hombres.
• Consecuencias funcionales del trastorno de exhibicionismo. - Las consecuencias funcionales del trastorno de exhibicionismo no se han
abordado en los estudios de individuos que no han actuado sexualmente exponiendo sus genitales a personas desprevenidas pero que
cumplen el Criterio B de experimentar un malestar emocional intenso con esas preferencias.
F65.3 Escoptofilia (voyeurismo).
Se trata de una tendencia persistente o recurrente a mirar a personas comprometidas
en una actividad sexual o íntima, como desnudarse, lo que lleva normalmente a una
excitación sexual y a una masturbación, que se realiza sin que se sea observado por las
otras personas.
DSM-5 Trastorno de voyeurismo 302.82 (F65.3)
• Curso y desarrollo. - Los hombres adultos con trastorno de voyeurismo a menudo se dan cuenta por
primera vez en la adolescencia de su interés por espiar a escondidas a personas desprevenidas. Sin
embargo, la edad mínima para el diagnóstico del trastorno de voyeurismo es de 18 años por la dificultad
que entraña diferenciarlo de la curiosidad y la actividad sexual propias de la pubertad a esas edades. La
persistencia del voyeurismo a lo largo del tiempo no está clara. El trastorno de voyeurismo, sin embargo,
requiere por definición uno o más factores contribuyentes que pueden variar con el tiempo con o sin
tratamiento: malestar subjetivo (p. ej., culpa, vergüenza, frustración sexual intensa, soledad), morbilidad
psiquiátrica, hipersexualidad e impulsividad sexual, deterioro psicosocial y propensión a comportarse
sexualmente espiando a personas desprevenidas desnudas o en actividad sexual. Por lo tanto, el curso del
trastorno de voyeurismo es probable que cambie con la edad.
• Factores de riesgo y pronóstico. - Temperamentales. El voyeurismo es una condición previa necesaria del
trastorno de voyeurismo; por consiguiente, los factores de riesgo del voyeurismo deberían a su vez
incrementar las tasas del trastorno de voyeurismo. Ambientales. El abuso sexual en la infancia, el abuso de
sustancias y la preocupación sexual/hipersexualidad se han sugerido como factores de riesgo, aunque la
relación causal con el voyeurismo es incierta y la especificidad no está clara.
• Aspectos diagnósticos relacionados con el género. -El trastorno de voyeurismo es muy raro en las mujeres
en los contextos clínicos, mientras que la proporción entre hombres y mujeres que realizan actos aislados
de voyeurismo para alcanzar la excitación sexual podría ser de 3:1.
F65.4 Paidofilia.
Se trata de una preferencia sexual por los niños, normalmente de edad prepuberal o de la
pubertad temprana. Algunos de los afectados sienten atracción únicamente por las chicas,
otros únicamente por los chicos y otros están interesados por ambos sexos.
La paidofilia se presenta raramente en mujeres. Los contactos entre adultos y adolescentes
sexualmente maduros es algo socialmente reprobado, en especial si los que intervienen
son del mismo sexo, pero esto no se acompaña necesariamente de una paidofilia. Un
incidente aislado, en especial si el que lo lleva a cabo es un adolescente, no es signo de la
presencia de la tendencia persistente o predominante que se requiere para el diagnóstico.
No obstante, entre los afectados de paidofilia, hay varones que manifiestan una preferencia
por una relación de pareja sexual adulta, pero que debido a que hay reiteradas
frustraciones en sus intentos de contactos adecuados, los han sustituido una manera
habitual por niños. Los varones que abusan sexualmente de sus propios hijos prepuberales
suelen abordar en ocasiones también a otros niños, pero en ninguno de estos casos hay
nada más en su comportamiento que sugiera una paidofilia.
DSM-5 Trastorno de pedofilia 302.2 (F65.4)
• Desarrollo y curso. - Los hombres adultos con trastorno de pedofilia pueden referir que se dieron cuenta de su interés sexual intenso o
preferente por los niños en la época de la pubertad la misma etapa en la que los hombres que más tarde preferirán a parejas físicamente
maduras son conscientes de su interés sexual hacia los hombres o las mujeres. Tratar de diagnosticar el trastorno de pedofilia a la edad
en que se manifiesta por primera vez es problemático por la dificultad que entraña diferenciarlo durante la adolescencia del interés
sexual por los iguales propio de la edad o de la curiosidad sexual. De este modo, el Criterio C requiere el diagnóstico de un mínimo de
16 años de edad y de al menos una edad de 5 años más que la del niño o los niños del Criterio A. La pedofilia per se parece ser un
trastorno de por vida. Sin embargo, el trastorno de pedofilia incluye necesariamente otros elementos que pueden cambiar durante el
tiempo con o sin tratamiento: malestar subjetivo (p. ej., culpa, vergüenza, frustración sexual intensa, sentimientos de aislamiento) o
deterioro psicosocial, o la tendencia a motivarse sexualmente con niños, o ambas. Por tanto, el curso del trastorno de pedofilia puede
fluctuar, aumentar o disminuir con la edad. Los adultos con trastorno de pedofilia pueden referir que ya eran conscientes de su interés
sexual por los niños antes de que se iniciaran sus comportamientos sexuales en relación con ellos o de autoidentificarse como pedófilos.
El aumento de la edad es probable que disminuya la frecuencia de los comportamientos sexuales con implicación de niños, como sucede
en otros comportamientos sexuales normofílicos y parafílicos.
• Factores de riesgo y pronóstico. - Temperamentales. Parece que existe una interacción entre la pedofilia y el comportamiento antisocial,
por lo que los hombres con ambos rasgos es más probable que mantengan relaciones sexuales con niños. Por consiguiente, el trastorno
de la personalidad antisocial puede considerarse un factor de riesgo para el trastorno de pedofilia en los hombres con pedofilia.
Ambientales. Los hombres adultos con pedofilia a menudo afirman haber sido objeto de abusos sexuales en la infancia. No está claro, sin
embargo, si esta correlación refleja una influencia causal entre el abuso sexual en la infancia y la pedofilia en la edad adulta. Genéticos y
fisiológicos. Dado que la pedofilia es condición necesaria para el trastorno de pedofilia, cualquier factor que incremente la probabilidad
de la pedofilia incrementa a su vez el riesgo de presentar el trastorno de pedofilia. Existen algunos indicios de que una alteración del
neurodesarrollo en el útero incrementa la probabilidad de desarrollar una orientación pedófila.
• Aspectos diagnósticos relacionados con el género Las pruebas psicofisiológicas de laboratorio que miden el interés sexual y que a veces
son útiles para el diagnóstico del trastorno de pedofilia en los hombres no son necesariamente útiles para diagnosticar este trastorno en
las mujeres, ni siquiera si los métodos empleados son idénticos (p. ej., el tiempo de observación) o análogos (p. ej., pletismografía de
pene y fotopletismografía vaginal).
F65.5 Sadomasoquismo.
Consiste en una preferencia por actividades sexuales que implican el infringir dolor,
humillación o esclavitud. Si el enfermo prefiere ser el receptor de tales estimulaciones
entonces se denomina masoquismo, si es el que lo ocasiona se trata entonces de sadismo. A
menudo un individuo obtiene excitación sexual tanto de actividades sádicas como de
masoquistas.
Es frecuente que se utilicen en grados leves de estimulación sadomasoquista para
potenciar una actividad sexual que por lo demás sería normal. Esta categoría debe ser
únicamente utilizada si la actividad sadomasoquista es la fuente más importante para la
estimulación o si es necesaria para la gratificación sexual.
El sadismo sexual es difícil de distinguir de la crueldad en situaciones sexuales o de la
cólera no relacionada con el erotismo. El diagnóstico puede hacerse con claridad cuando la
violencia es necesaria para la excitación sexual.
• Incluye: masoquismo sadismo
F65.6 Trastornos múltiples de la inclinación sexual.
• Se incluyen aquí los casos de personas con más de un trastorno de la inclinación
sexual, pero ninguno de ellos predomina. La combinación más frecuente es la de
fetichismo, transvestismo y sadomasoquismo.
F65.8 Otros trastornos de la inclinación sexual.
Se incluyen aquí diferentes formas de inclinaciones sexuales y actividades consiguientes que son
todos ellos relativamente poco frecuentes. Entre ésta están el hacer llamadas telefónicas obscenas, el
frotarse contra otras personas para conseguir una estimulación sexual ("froteurismo"), el intentarlo con
animales ("bestialismo"), el emplear la estrangulación o anoxia para intensificar la excitación sexual y
una preferencia por parejas con alguna anomalía anatómica especial, como un miembro amputado.
Las practicas eróticas son tan diversas y muchas de ellas son tan excepcionales o particulares que no
se justifica un epígrafe propio para cada una de ellas. La ingestión de la orina, el untarse excrementos
o perforarse el prepucio o los pezones, pueden formar parte del repertorio sadomasoquista. Son
frecuentes los rituales de masturbación de varios tipos, pero las prácticas más extremas, tales como la
inserción de objetos en el recto o en la uretra peneana, o la autoestrangulación parcial, cuando
sustituyen otros tipos de contactos sexuales ordinarios, alcanzan el grado de lo anormal. La necrofilia
debe también ser codificada en este apartado.
• Incluye: froteurismo necrofilia
F65.9 Trastorno de la inclinación sexual sin especificación.
• Incluye: Desviación sexual sin especificar
DSM-5 Trastorno parafílico no especificado 302.9 (F65.9)
Esta categoría se aplica a presentaciones en las que predominan los síntomas
característicos de un trastorno parafílico que causan malestar clínicamente
significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del
funcionamiento, pero que no cumplen todos los criterios de ninguno de los trastornos
de la categoría diagnóstica de los trastornos parafílicos. La categoría del trastorno
parafílico no especificado se utiliza en situaciones en las que el clínico opta por no
especificar el motivo del incumplimiento de los criterios para un trastorno parafílico
específico, e incluye presentaciones en las que no existe información suficiente para
hacer un diagnóstico más específico.