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Gerardo Oyaregui

BIOENERGÍA en los PROCESOS PSICOFÍSICOS

Este libro está dirigido a quienes ya saben que sólo una mínima parte del sistema humano puede ser comprendida por medio de la razón.

Este libro ha sido escrito entre 1995 y 1996. Enla actualidad algunas de las ideas expuestas no tienen la misma vigencia ya que la evolución propicia la resignificación continua de las pautas teóricas y de la visión del Camino. De todos modos, elegí mantener la versión original como reflejo de mis propios cambios.

TEORÍA

ÍNDICE

DOS PLANOS DE OBSERVACIÓN NIVELES DE ORGANIZACIÓN LA PERCEPCIÓN HUMANA LOS PLANOS PSÍQUICOS Y ALGUNAS FUNCIONES Interacción entre Planos Psíquicos Pensar-Percibir Reiteración-Costumbre La Voluntad La Intención La Realidad y la Irrealidad EL ESTADO ONÍRICO La Ciencia Los Sueños Símbolos Material Onírico Algunos Tipos de Sueños Mensajes Inconscientes FACTORES PSICOLÓGICOS de la ENFERMEDAD y su DINÁMICA La Enfermedad Energía-Cuerpo Atención-Energía Psiquismo-Cuerpo Los Afectos Descarga de la Investidura Energía Clave de Inervación MÓDULOS de CONTROL de la PERSONALIDAD Origen de estos Módulos (Complejos) UNA HIPÓTESIS SOBRE LOS MÓDULOS PSÍQUICOS Conformación Organización Polaridad Potencial Dinámica Algunas Pautas Generales de Creación Algunas Pautas Generales de Actualización Dinámica Polar Módulos Desconocidos Registros de los Módulos Circuitos RELACIÓN PSIQUE-CUERPO de SISTEMAS y ÓRGANOS Pautas Operativas Básicas del Sistema El Cuerpo Distintos Ordenamientos Visión del Cuerpo y sus Procesos Generalidades Un Panorama sobre los Sistemas y Aparatos Sistema Óseo Subsistema Articular Subsistema Muscular Sistema Nervioso Sistema Endócrino Sistema Linfático Aparato Digestivo Aparato Circulatorio Aparato Respiratorio Aparato Reproductor Otros Órganos y Funciones Sentido Descanso Distracción Higiene Excreción La Piel LOS ESTRATOS EVOLUTIVOS Gestación Física Infancia Adolescencia Juventud Madurez Madurez-Vejez Vejez

BIOHISTORIA PACIENTE-MEDICINA ENFERMEDAD y SÍNTOMA MEDICINAS COMPARADAS Alopatía Homeopatía Psicología Tradicional Psicosomática TRABAJO PERSONAL

PRÁCTICA

ANÁLISIS de los MÓDULOS Capacidad de Sustitución POSIBILIDAD de MODIFICACIÓN de MÓDULOS de CONTROL Algunas Consideraciones Generales Algunos Posibles Lineamientos de Trabajo Consideración de Cada Etapa Evolutiva Gestación Física Infancia Adolescencia Juventud Madurez Madurez-Vejez Vejez

PRÓLOGO

Vimos en BIOENERGÍA CON MANOS Y PIEDRAS y en BIOENERGÍA HUMANA un detalle de los procedimientos empleados para trabajar sobre el equilibrio energético del sistema humano, y algunas referencias objetivas basadas en investigaciones de vanguardia. La idea de esta obra es enfocar la atención en los procesos internos del hombre, ya que son estos los encargados de dirigir lo que sucede en todo su sistema. Si bien se trata de una zona desconocida, podemos hacer el intento de acercarnos un poco a ella observando sus manifestaciones. No puede excluirse de este contexto temas que hacen al desarrollo y a la visión interior de la conciencia humana en general. La tarea de transmitir lo que acabo de describir, se encuentra, necesariamente, con la limitación inherente a la compleja naturaleza del material a exponer. Me refiero a las manifestaciones de las poco conocidas profundidades del hombre y su Universo.

Gerardo Oyaregui

TEORÍA

DOS PLANOS DE OBSERVACIÓN

Podríamos lanzarnos a una extensa e incuestionable exposición sobre la relatividad del mundo físico, sobre lo subjetivo de la percepción y de los sentidos humanos -tal como veremos más adelante-, sobre la existencia de otros planos tan válidos como el físico, sobre el grado de realidad de la “realidad”. Sin restarle validez a esta relativización, a la cual adhiero firmemente y justifico por experiencias personales, vamos a tomar, por el momento, el plano físico como un puerto seguro al cual arribar, ya que este cuenta con el consenso de todos los integrantes de la raza humana. Podemos disentir en la gran mayoría de las cuestiones pero creo que todos o casi todos- coincidimos en que compartimos una faceta de la percepción conocida como la vida física en la Tierra y su correspondiente dinámica. Una de las componentes preceptuales que conforman este acuerdo, se conoce como cuerpo físico. Otro de los elementos es la conducta, o sea, la manera de conducirnos en la “realidad” cotidiana. La conducta humana deriva, de manera directa, de una instancia más profunda que consiste en nuestra actitud interna con respecto a la realidad. De acuerdo con la visión que tengamos del mundo y sus procesos, así será la conducta que manifestemos, tanto para con el medio ambiente como para con nosotros mismos. Este acontecer físico puede ser abordado desde dos puntos de vista que nos conducirán a una actitud con él diametralmente opuesta, con sus respectivas consecuencias, ya que no es lo mismo navegar por la superficie del agua que desplazarse por sus profundidades. Estos dos puntos de vista son: el mecanicista y el energetista.

Mecanicista

Es exclusivamente causal. Interpreta todo suceso o forma de vida como resultado de una causa, partiendo de la premisa de que las sustancias inmutables modifican sus relaciones mutuas de acuerdo con leyes constantes. Obviamente, su fundamento es la dinámica de las sustancias moviéndose en el espacio.

Energetista

Es básicamente finalista. Interpreta el suceder como la consecuencia de una causa, que a su vez es un medo para cumplir con una finalidad determinada. La energía no se encuadra dentro de la sustancia moviéndose en el espacio, sino que deriva de un concepto elaborado a partir de la observación de las

relaciones de movimiento. Su fundamento no son las sustancias sino la

relación que estas mantienen entre sí. No creo necesario hacer mayores comentarios sobre estas dos formas de ver

el mundo ni del distinto nivel de profundidad de cada una, ya que ambas

definiciones se expresan por si mismas.

A modo de ejemplo gráfico y de material de trabajo, transmito una pregunta: La

incomprensible vida y sus procesos, ¿responderán a causas meramente biomoleculares, o tanta complejidad de diseño y dinámica tendrá una finalidad ulterior mucho más profunda y desconocida para la limitada comprensión intelectual del hombre?

NIVELES DE ORGANIZACIÓN

Toda “cosa” compleja está constituida por múltiples niveles de organización, tanto sea un objeto, un ser orgánico o una situación. Consideremos un sencillo ejemplo ilustrativo que grafica claramente los niveles de organización de un sistema definidamente estructurado y del cual conocemos claramente su dinámica: el automóvil.

PRODUCTO: Automóvil PARTES: Motor COMPONENTES: Pistones MATERIALES: Metales duros compuestos (p.ej.: bronce= cobre+hierro) ELEMENTOS: Metales elementales (cobre hierro) ÁTOMOS: Mínima estructura material

Omito deliberadamente considerar las partículas subatómicas.

Para cada nivel de los seis mencionados se emplean distintas técnicas de observación y análisis debido a que cada uno de ellos posee características propias. El mismo principio se aplica al momento de actuar sobre ellos ya que se deberán emplear distintas técnicas de tratamiento. Esto es fácilmente comprensible si recordamos las técnicas utilizadas para observar y tratar, por ejemplo, un motor, y las comparamos con los recursos empleados en descubrir y actuar sobre la estructura del átomo. En ambos casos emplearemos muy distintos procedimientos de observación y de diagnóstico, así como también de tratamiento. Al momento de poner en correcto funcionamiento el automóvil, no podremos prescindir de ninguna de las partes que lo componen, ya que TODAS, actuando en armónico conjunto hacen a la operatividad del sistema llamado automóvil. Si alguna de las técnicas de desarrollo y puesta a punto de cualquiera de los niveles mencionados fallase, el automóvil no podría funcionar o lo haría de manera inadecuada, sufriendo consecuencias de deterioro en un plazo y de una forma que estará de acuerdo con el plano en que se registre la falla.

Otro de los posibles impedimentos para llegar a un adecuado estado de equilibrio funcional de nuestro automóvil, consiste en observar o tratar alguno de los niveles con las técnicas diseñadas para otro. Imaginen qué sucedería se intentásemos observar los cuerpos celestes con un microscopio o los microorganismos con un telescopio. Imaginen tratar de tomar el peso de un cuerpo con un termómetro o registrar la velocidad de otro con una balanza. Visto de esta manera parece una actitud grotescamente divertida, pero la realidad humana, al momento de analizar sus enfermedades, no difiere mayormente de esta situación. Podemos asociar esto con la medicina y sus múltiples técnicas. La ciencia se reparte sectores aislados de una realidad global mucho mas compleja, como es la estructura total del hombre, con todos sus planos constituyentes. Cada disciplina se dedica exclusivamente a abordar el problema desde su especialidad, e ignora en la mayoría de los casos, los aspectos del sistema humano que no le conciernen de manera directa.

En principio, la estructura básica del sistema humano es la siguiente:

CUERPO FÍSICO PLANO EMOCIONAL PLANO PSÍQUICO PLANO SENTIMENTAL PLANO ESPIRITUAL

Todos ellos reflejado en el sistema energético sutil.

Cada técnica de observación puede enfocarse en un solo nivel, por lo tanto, es imposible reconstruir el sistema con dichas técnicas. Las consecuencias esperables son: el desconocimiento de la interacción precisa entre niveles, la imposibilidad de reconstruir la totalidad de la situación, y la incapacidad para determinar el alcance del suceso considerado; en nuestro caso: la enfermedad. Están a la vista para cualquier observador atento de la realidad circundante, los efectos que esta actitud produce al momento de enfrentarnos con la enfermedad. Uno de los conceptos que brinda mayor utilidad y claridad, tanto en la faz personal como al momento de interactuar con terceros, es conocer a qué nivel de la estructura total dirige la atención una persona ante un suceso determinado. Esta atención puede enfocarse tanto para rastrear el verdadero origen de un problema como para elaborar una técnica que, partiendo de un nivel determinado, se extienda bidireccionalmente hacia los planos relacionados inferiores y superiores. Recordemos las interacción de los componentes del sistema humano. El hombre divide los sistemas o eventos en partes a fin de facilitar su estudio y tratamiento, ya que sería imposible, por lo extenso y complejo, dedicarse a considerar simultáneamente la totalidad de un organismo o suceso. Si bien esta mecánica brinda una comprobada utilidad práctica, también conlleva el riesgo de que el observador quede atrapado en uno de sus planos con la ilusión de estar viendo el todo y, por lo tanto, pierda de vista la estructura total, adoptando así diagnósticos y tratamientos parciales al enfrentarse con la enfermedad. Creo oportuno aclarar que la actitud adecuada sería, luego de

analizar el plano puntual de nuestro interés primario, extender la observación hacia “arriba” y hacia “abajo”, desplazándonos por el sistema y verificando las interacciones en ambas direcciones, para llegar así a tener un panorama completo (y, por lo tanto REAL) de la situación. De todos modos, hay un punto en donde las posibilidades de observación humana parecen diluirse, ya que a medida que ascendemos hacia planos más sutiles nos encontramos con la finalidad de la vida y sus procesos; zona ésta que pareciera estar vedada al estado de conciencia humano. Don Juan Matus (de la Obra de Carlos Castaneda) llama a esta zona ”lo que no se puede conocer. Sin llegar tan lejos en conciencia, y dentro de las posibilidades humanas, es mucho lo que se puede comprender al momento de enfrentarnos con distintos problemas del sistema psique-cuerpo. En lo referente al proceso energético de la comunicación entre planos de tan disímil naturaleza, podemos decir que la interacción entre niveles se efectúa por sucesivas transformaciones de energía, que en cada estado y nivel produce los efectos correspondientes.

LA PERCEPCIÓN HUMANA

No está dentro de las posibilidades del hombre percibir una “cosa” en su totalidad o comprenderla completamente, o sea: en su esencia. El hombre puede percibir por medio de sus cinco sentidos físicos, pero lo que capta depende de la calidad y del desarrollo de estos. Con lo dicho me refiero al estado evolutivo de los mecanismos psíquicos que procesan (interpretan) la información recibida desde el exterior por medio de los órganos sensoriales. Si bien pareciera tratarse de un proceso común e igual en todos los seres, este registra enormes diferencias de una persona a otra. Existen aspectos inconscientes en nuestra percepción de la realidad, y el aparato perceptual es mucho más complejo de lo que comúnmente se cree. Recordemos que los estímulos recibidos en los órganos sensoriales son convertidos en corrientes eléctricas y transmitidos al cerebro donde se transforman en sucesos psíquicos cuya última naturaleza aún no puede determinarse. Por lo tanto, cada experiencia de percepción contiene un número ilimitado de factores desconocidos. Agreguemos el hecho de que cada objeto es siempre desconocido en algún aspecto ya que no conocemos la naturaleza última de la materia que compone el Universo, incluyendo, por supuesto, la de nuestro propio cuerpo. Los sucesos, o aspectos de estos, que no captamos conscientemente, permanecen prolijamente registrados bajo el umbral de la conciencia. Estos sucesos pueden acceder involuntariamente al nivel consciente en un momento de intuición o mediante un proceso exploratorio profundo que conducirá a una posterior integración de la información recibida por ambas vías: consciente e inconsciente. Se sabe desde la época de Newton que, sólo en el aspecto visual, percibimos normalmente menos de un 0.5% de todos los estímulos sensoriales conocidos. Es sabido también que de los cientos de millones de señales recibidas a cada minuto, el cerebro humano ignora la mayoría y organiza el resto de acuerdo con su propio sistema de creencias. Un ser humano puede

seleccionar señales adecuadas y ordenadas, y afirmar que esa es la realidad, o seleccionar señales caóticas y afirmar lo mismo que en el caso anterior. El conjunto psiquismo-cerebro ajustará las señales que reciba al sistema de creencias del individuo. Una de las tantas costumbres nocivas del hombre medio consiste en ignorar todas las señales no compatibles con su propio esquema actual de la realidad. Este es el mecanismo que nos hace permanecer detenidos o avanzar mucho más lentamente en nuestra evolución de lo que las posibilidades humanas permiten, ya que nos empuja continuamente a creernos en lo cierto.

LOS PLANOS PSÍQUICOS Y ALGUNAS FUNCIONES

Existen en la física actual dos corrientes de pensamiento en cuanto a la mecánica de la psiquis humana. Estas se refieren a ella comparándola con dos modelos tomados del mundo físico. La primera nos habla de una mecánica similar a la utilizada por las computadoras. La segunda la relaciona con el modelo holográfico. De acuerdo con mi entender, el primer modelo, obviamente extractado de la física clásica ineficaz al momento de considerar procesos superiores- refleja el funcionamiento del estrato consciente de nuestro psiquismo. En cuanto a la forma holográfica, creo que muestra con claridad el modo de operar del plano preconsciente o inconsciente bajo (el más cercano al consciente). Por preferencia personal, llamo a este nivel árbol multidimensional ya que esta definición me resulta más propia. No está dentro de mis posibilidades plantear un modelo del inconsciente superior, pero si tuviese que imaginar algo que se le asemeje, creo que lo vería como múltiples diseños holográficos operando concurrentemente. En cuanto al antiguo y filosófico problema de la conciencia de ser, elijo tomar lo determinado por la Biología en cuanto a los distintos niveles de conciencia de los organismos vivos y efectuar una proyección, de manera análoga al modo en que se analizan las dimensiones. Si la relaciono con el modelo de múltiples hologramas, la imagino como un rango que abarca desde las partículas elementales, con de un rudimentario grado de conciencia, hasta los organismos complejos donde la cantidad, la calidad, el potencial cuántico (frecuencias altas) y, fundamentalmente, las interacciones de esas partículas les hacen poseer un estado de conciencia de sí mucho más complejo. Estas diferencias de estado evolutivo pueden verificarse aún dentro de los seres humanos. Es sabido que luego de muchos años de ejercicios específicos de ampliación de la conciencia, aumenta el grado de sutilidad de todo el sistema y se refina el estado interno del Ser. Es por esto que creo viable la teoría de que, tanto un átomo como un ser humano, poseen conciencia de ser en distintos grados que se potenciarán y aclararán su estado general de la misma como sucede en el caso del holograma que se enturbia si se fragmenta- en proporción directa a la cantidad, calidad y potencial de los elementos que lo constituyen y a sus respectivas interacciones. Quiero hacer una aclaración a fin de evitar errores de interpretación tan fáciles de suscitarse cuando se abordan temas que hacen a la naturaleza elemental de la conciencia de ser. Durante el transcurso del libro veremos que utilizo el modelo de árbol multidimensional para intentar describir la organización que,

de acuerdo con mi entender, posee el psiquismo. Con el modelo recientemente mencionado de múltiples hologramas intento graficar el modo en que, de acuerdo con mi manera de pensar, la conciencia ES (y haciendo extensiva esta particularidad de SER a alguna modalidad operativa, posiblemente podríamos observarla en los procesos superiores si nuestro intelecto estuviese capacitado para acceder a esos planos). Este tipo de ser podría relacionarse con una conciencia analógica y con el proceso de percibir. El modelo que interesa a los fines de nuestra práctica, y que veremos en adelante árbol multidimensional-, habla de la forma en que la conciencia (o psique) opera. Podríamos decir que se trata de un estado operativo (o múltiples procesos simultáneos y/o combinados) de conciencia digital, y el proceso asociado sería el de pensar. No me refiero, por supuesto, al pensar consciente sino a procesos inconscientes que se regirían por el mismo proceso dinámico que el intelecto lineal pero con mayor complejidad, ya que, de acuerdo con mi concepción podríamos decir que poseen una dimensión más con sus consecuentes posibilidades de multiplicidad. Aún podemos hacer la analogía respectiva relacionando lo visto con el comportamiento de los electrones-onda y los electrones-partícula para dar una idea más completa del modelo que intento transmitir. Desde cualquier punto que enfoquemos la Naturaleza, esta pareciera indicarnos infinidad de dualidades que tienden a existir y a operar juntas. Estas supuestas dualidades, que sería más propio llamarlas realidades integrativas o sucesos integrativos, muestran la imposibilidad de existir separadas, ya que de ser divididas o eliminarse cualquiera de ellas, la otra carecería automáticamente de sentido y se convertiría en un elemento constante (no confundir con estático, ya que el Universo conocido por la percepción humana consiste en un complejo juego de acciones y reacciones que producen en él continuas transformaciones). El modo en que estos elementos duales se comporten dependerá en muchos casos del observador, pero ese es asunto de la Física Cuántica. Veremos que en los temas tratados hago alusión de manera continua a la diferencia entre el plano consciente y su opuesto complementario: el inconsciente. Ocasionalmente y en menor grado, refiero al nivel preconsciente de nuestro psiquismo. Tal vez algún lector atento se pregunte el grado de importancia real que pueden tener ambas modalidades de la psique para motivar esta conducta repetitiva. El motivo de esta actitud es doble:

La primera parte se debe a la decisiva importancia de la modalidad inconsciente por tratarse de la zona del psiquismo que ejerce el control superior de nuestra vida. La segunda parte nos habla de actitud paradójica del ser humano medio cuando ignora sistemáticamente el plano inconsciente, y vive convencido de la ilusoria volición de su razón, aunque no sea capaz de justificar de manera satisfactoria ni siquiera el más elemental de sus gustos y actitudes. No voy a profundizar en la descripción y ejemplificación de estas tres modalidades de la psiquis ya que, no sólo existe gran cantidad de bibliografía sino que al lo largo de todo el texto hago mención y detallo alguna función específica cuando el tema así lo requiere. Veamos algunas generalidades sobre los distintos estratos psíquicos.

Consciente

Antes de la vida física y aún en los primeros estadios de la existencia terrenal, el hombre atraviesa por un proceso de olvido de sus etapas anteriores (prolijamente registradas en el inconsciente o planos sutiles) y se ve obligado a someterse a un trabajo de adaptación al nuevo medio que deberá habitar durante algunas décadas. Este entorno “terrestre” requiere el gradual entrenamiento de algunos sensores a fin de poder registrar sus particulares manifestaciones energéticas que consisten en objetos, seres y situaciones. Estos órganos de registro, son manejados, en principio, voluntariamente por medio del plano consciente de su psiquismo, siendo inconsciente la consideración de lo percibido. Pareciera que el ser humano medio se extralimitara en el proceso de olvido de su origen y su condición genuina, y se entusiasma desmedidamente con el juego de captación física ambiental, y con las emociones que éste le produce, a un punto tal, que muchos de nosotros casi olvidamos que el mundo consciente y sus juegos consiste sólo en una herramienta primaria y temporal. Por otra parte, nos producen tanto placer los descubrimientos y las invenciones que hacemos con nuestro intelecto, que nos resistimos a reconocer la obvia influencia de otros planos superiores, y mucho más aún, hasta llegamos a negar rotundamente su existencia. No permitimos que nada nos haga dudar de lo que creemos nuestro libre y razonado albedrío. De acuerdo con mi entender, la causa de la conducta comentada en esta última parte, está dada por una tendencia humana a lo fácil e inmediato. Con esto me refiero a mantener nuestra conciencia de ser fija en la zona de la percepción más fácil de sintonizar y aceptada masivamente. Sería algo así como sostener la sintonía de la percepción firmemente anclada en un punto, con la sola excepción de nuestro estado onírico, el cual estamos obligados por la Naturaleza a aceptar sin posibilidad de ignorarlo. Esta actitud, vista de esta simple manera, pareciera no albergar riesgo ni peligrosidad alguna, pero si recordamos que estamos en un mundo polar constituido en su totalidad por dos polaridades a fin de que exista manifestación-, esta forma de conducirnos, que otorga prioridad incondicional al psiquismo consciente, tiene la consecuencia de ser compensada por el abandono de la parte que ejerce la función directiva superior: el inconsciente. Habitualmente, el mundo de los sentidos físicos nos absorbe demasiado como para que podamos percibir, a menos que sea por casualidad y de manera muy breve, aquella otra modalidad existencial que concierne a nuestro psiquismo inconsciente, y al que corresponde un Universo de más amplias posibilidades y, por lo tanto, más fundamentales para la vida. Tendemos a identificarnos con nuestro psiquismo consciente, y bajo éste existen vastas extensiones ignoradas cuya soberanía parece corresponder a un Yo no manejable y desconocido, por lo menos para nuestra razón. El hombre vive orgulloso de su estado psíquico consciente diurno, crítico y volitivo, mientras habitualmente ignora sin dudar las otras fuerzas por medio de las cuales es guiado en gran medida y a pesar de su voluntad externa. Todos conocemos la existencia de fenómenos tales como los sueños, que son incompatibles con la idea de la autonomía absoluta de la personalidad consciente, pero la gran mayoría de los seres humanos han cerrado todas las puertas que podrían comunicarlos con

las profundidades de su ser interno y viven encerrados en el estrecho mundo de los cinco sentidos. Una de las características que muestra con claridad las diferencias y las posibilidades entre ambos psiquismos, la podemos observar cuando en los momentos posteriores a la práctica de algún ejercicio muy específico, se verifican alteraciones espaciotemporales aún luego de volver al estado de conciencia habitual. Esto nos muestra claramente las posibilidades naturales de nuestros planos profundos al observar que no se encuentran sometidos a la limitativa de espacio y de tiempo que maneja la conciencia mundana, la cual suele aterrarse cuando le son distorsionadas estas percepciones, ya que son ellas las que le aportan la precaria impresión de solidez y de realidad. Recordemos que este efecto puede ser producido por otros sucesos tales como, por ejemplo, un golpe en la cabeza, un fuerte choque emocional, la disminución de la presión sanguínea. Sabemos de la diferencia ficticia que se establece con respecto a los estratos psíquicos. Esta diferenciación está basada en su disparidad de funciones y se

la utiliza como medio para facilitar su estudio. De acuerdo con esto, podríamos

considerar el plano consciente como una región del psiquismo aptísimamente especializada para cumplir funciones dentro de la realidad física. Para adaptarse, percibir, evaluar y controlar las funciones dentro de este mundo, debe, necesariamente, homologar sus características con las de él. De acuerdo con mi entender, las particularidades más relevantes de la realidad física son la

alta densidad de las manifestaciones energéticas con las que opera, y su magnitud complementaria que consiste en la baja velocidad operativa de los procesos. Como sucede en todo sistema o función de alta especialización, estos deben compensar, necesariamente, esa propiedad con la de perder diversidad de funciones. Lo mismo ha de sucederle al plano inconsciente como situación complementaria. La inconfundible muestra de esta situación la podemos verificar si tratamos de manejarnos en nuestros sueños con los parámetros evaluativos y con la dinámica de nuestro estado de vigilia. El caso inverso lo constituye la imposibilidad de conducirnos durante el día terrestre con los códigos y las velocidades que aceptamos de manera natural y sin dudar durante nuestro estado onírico con su respectiva realidad.

Inconsciente

A pesar de lo planteado en el punto anterior en cuando a la manera en que

este es ignorado por el intelecto consciente, esta antigua y sabia modalidad adopta la postura de todo lo que posee genuina sabiduría: se repliega y continúa con su trabajo de manera inexorable. Hemos dicho que los códigos y las velocidades manejadas por este plano difieren en su naturaleza básica con las del plano consciente, ya que él es el encargado de las funciones superiores del proceso global de la conciencia. Esta compleja modalidad operativa no puede ser comprendida con los elementos que maneja el intelecto. Esta dificultad de comprensión se debe a que el intelecto es, económicamente considerado, más rudimentario, ya que no necesita un mayor grado de complejidad debido al ámbito reducido y primario

en el que presta su servicio. Las manifestaciones de esta parte de la psique humana podemos verlas con claridad en distintas situaciones en que la vida

física necesita de su contraparte sutil para ejecutar procesos superiores, tal como veremos a lo largo de todo el texto. La diversidad de funciones que cumple normalmente, más las posibilidades ampliadas que podemos verificar en las personas con un alto grado de trabajo interior, sumadas a las facultades que no conocemos pero que podemos vislumbrar en algunos fugaces momentos, nos hablan de una inmensidad sutil de dimensiones inimaginables por la razón. En abierta contraposición con esto, el inconsciente es absolutamente inoperante de manera directa para conducir el cuerpo físico en su respectivo medio; de aquí la necesaria especialización de una de sus zonas: el inconsciente-consciente.

Preconsciente

De lo visto se desprende la necesidad de la existencia de un plano intermedio capaz de actuar como traductor bidireccional, a fin de adaptar la información entre las distintas zonas psíquicas en ambos sentidos. En este caso, y de acuerdo con mi entender, se trata de una región que opera como nexo entre las dos grandes divisiones de la psique, y pareciera actuar como un intérprete y filtro entre ambas. Si recordamos las enormes diferencias de codificación, procesamiento y velocidades de la información que manejan los distintos planos vistos, aceptaremos como razonable la hipótesis que considera la existencia de una parte del psiquismo encargada de adaptar la información entre planos, de la misma manera en que lo haría un traductor bilingüe. Este nexo también contendría zonas de memoria intermedia a fin de no sobrecargar innecesariamente la memoria activa (plenamente consciente) con demasiada información, tornándose así dificultoso su procesamiento. También seleccionaría datos a fin de no grabar información espuria en la memoria pasiva (inconsciente). No está dentro de mis posibilidades analizar la lógica de las operaciones de conversión de códigos y velocidades, así como tampoco la mecánica decisoria de elementos de memoria, ya que desconozco casi por completo la codificación y los procesos inconscientes. Sólo estoy en condiciones de afirmar que dichas traducciones en ambos sentidos consisten en sucesivas transformaciones bioenergéticas dentro del sistema psíquico que se localiza alrededor de todo el cuerpo físico. Adhiero a la teoría que postula que el sistema nervioso central opera como receptor físico de la última etapa de las transformaciones de la energía codificada mencionada, y tiene la finalidad de decodificarla y de distribuirla a todo el sistema en forma de sensaciones corporales, emociones, ideas, sentimientos.

INTERACCIÓN ENTRE PLANOS PSÍQUICOS

Por el título de este punto pareciera que me considerase capaz de conocer la forma en que opera la dinámica profunda de la psiquis humana. Lo que intento es, solamente, delinear desde otro ángulo lo poco cierto que existe al alcance de la mayoría de los seres humanos sobre su Camino.

Hemos visto en reiteradas oportunidades y de distintos modos que podemos dividir ficticiamente la conciencia humana en consciente e inconsciente, o en yo inferior y en yo superior, o en planos bajos y planos altos, o en alma y cuerpo. De acuerdo con mi entender, estos conceptos versan sobre el mismo principio regente del hombre y del cual es posible verificar infinidad de claras manifestaciones en el devenir diario. Sólo se requiere prestar un mínimo de atención objetiva a los procesos universales conocidos, hecha desde una perspectiva global que pueda abarcar un poco más allá de la estrecha y restringida realidad material primaria que está diseñada con exclusividad para la vida del cuerpo físico. Lo invito a ampliar el espectro de visión más allá de lo inmediato, ya que las leyes de éste se tornan inoperantes ante aspectos más sutiles. De acuerdo con los resultados que se desprenden de la observación, se puede inferir que la organización de los elementos que respaldan la conciencia del ser humano están dispuestos de acuerdo con una estructura jerárquica. Esto puede verse representado con absoluta claridad y precisión en el estudio de los centros mayores de energía (chakras), en donde el primero de estos se asocia con la realidad física y el séptimo con la realidad espiritual, transitando por distintos y graduales niveles de organización de la experiencia interna-externa. Del mismo modo como le sucede en otros planos, el ser humano suele tener problemas de integración con su realidad inferior-superior anteriormente mencionada, al momento de cumplir su tarea de vida. El problema que se presenta es la división y la disputa del control del sistema entre ambos planos. El hombre mayoritario debe realizar una ardua y sostenida tarea integrativa de ambos estratos de la conciencia si pretende llegar a poseer una real armonía y comprender un mínimo de los procesos vitales que lo rigen y el Universo en el cual está inserto y desconoce. Para ejemplificar lo visto, imaginen una asociación inseparable entre dos personas con capacidades y posibilidades opuestas, que tengan como finalidad conducir un vehículo hacia una meta. Una de ellas posee la propiedad de manejarse adecuadamente en el mundo físico y puede entenderse con la conducción del vehículo en cuestión. La segunda persona no puede relacionarse directamente con el manejo de la máquina pero conoce con exactitud el destino al que debe llegar y los caminos por los cuales hacerlo. La comunicación entre ambos integrantes de este curioso equipo se encuentra seriamente dificultada debido a las diferencias existentes entre sus distintas naturalezas. Si no existiesen tales desigualdades no podrían cumplir eficientemente funciones tan dispares y necesarias para llevar a cabo su tarea. Al no poder manejar los mismos códigos y, por lo tanto, entenderse de manera directa, deben manejarse con una simbología, de uno hacia otro, que pueda ser capaz de comprender su compañero de equipo. Aún conformado un conjunto en el que se necesitan recíprocamente ambos integrantes, se podría decir que el rumbo debe indicarlo el integrante capacitado para ello, y la otra persona debe obedecer sin hacer aportes de su parte, ya que no conoce el destino ni los caminos a seguir. En la realidad podemos observar serios problemas con la dinámica mencionada a pesar de estar impecablemente diseñada por las fuerzas que rigen al hombre y su Universo. El componente capacitado para la conducción física del vehículo, al encontrarse a cargo del movimiento terrestre de la máquina, tiende a creer que conoce el Camino y que es el único dueño de la situación. Esto lo lleva a tomar

decisiones desoyendo o ignorando las instrucciones de la otra parte. La consecuencia suele ser la pérdida del rumbo y la obligación del compañero ignorado de manifestarse de modos cada vez más fuertes y claros, perdiendo en este proceso de reacomodamiento de funciones, cantidades inmensas de energía, tiempo y bienestar. Si trasladamos la situación descripta al ser humano, nos encontramos con dos secciones claramente diferenciadas que trabajan estrechamente asociadas. La primera se encarga de la evolución de la conciencia desde los planos superiores. La otra parte controla el devenir en el mundo físico. La primera sugiere e induce al sistema los acontecimientos sin darle motivos ni explicaciones claras al ser terrestre, ya que la diferencia de códigos es notoria. Al desconocer la finalidad de la conducta mostrada por el ser superior, el ser inferior, que carece de la capacidad de verse con claridad, actúa por cuenta propia forzando al sistema físico a situaciones que cree convenientes, interfiriendo así con el plan verdadero conocido por el yo profundo. Lo que rara vez tiene en cuenta el yo inferior es que el yo superior debe seguir los designios de la Naturaleza y buscar la manera de cumplir su función sin importar los medios que deban ser empleados ni el tiempo que esto ocupe. Si el yo inferior se niega a comprender y a ceder sabiamente y de manera voluntaria la guía del proceso evolutivo, ese ser humano podrá comprobar cómo a lo largo de su vida le suceden cosas cada vez más fuertes y, aparentemente, injustas e incomprensibles. La finalidad es siempre la misma:

APRENDER.

PENSAR-PERCIBIR

La interacción patológica entre planos descripta en el punto anterior, se manifiesta con claridad en la vida diaria por medio de la distorsión de las dos propiedades básicas que poseen los niveles psíquicos vistos. Las dos capacidades principales son: el pensar y el percibir. El plano terrestre (inferior, consciente) tiene como herramienta primordial el pensar lineal-temporal. Su opuesto complementario (superior, inconsciente) posee la capacidad de percibir como elemento distintivo y tiene como atributo la exclusión de la sensación espaciotemporal. Como podemos verificar en el Universo, todo lo existente posee una utilidad específica para la cual ha sido creado, y ninguna actitud es cualitativamente superior a otra, aunque por su función pudiera parecerlo así ante la evaluación intelectual. Para el hombre medio no se ajusta a esta mecánica. Él acostumbra, en su mayoría, a volcar su atención al pensar y a la voluntad consciente, elaborando su propio plan de vida prolijamente razonado por su muy estrecho plano psíquico consciente (recordemos que éste ha sido diseñado sólo para la conducción del cuerpo físico por el planeta y no conoce el Camino ni la finalidad como para poder elaborar su propio proyecto). El resultado de esta actitud es un desbalance de planos en detrimento compensatorio del nivel superior. Existe abundante literatura sobre el pensar y el percibir, pero no siempre quedan establecidas con claridad las diferencias operativas entre estas dos funciones de la conciencia humana. No creo ser capaz de poder agregar

elementos nuevos al tema, pero estimo conveniente incluirlo dentro de este contexto, aún de modo sintético, ya que lo considero uno de los pilares de cualquier terapia que intente llegar a la causa y a la finalidad de la problemática humana. Por medio de la función psíquica conocida como pensar, el ser humano tiene la capacidad de dirigir conscientemente sus sentidos, a fin de captar de manera selectiva la información que desea incorporar. Por medio del mismo proceso puede también calificar y clasificar lo recibido. Posteriormente puede elaborar una conclusión o síntesis a partir de los datos ingresados. Pensando posee decisión directa sobre el manejo del cuerpo físico en lo que respecta a su movilidad exterior. Pensando, el hombre es capaz de asociar y procesar la información registrada, y tomar decisiones sobre su vida… y aquí comienza el problema, ya que pareciera entusiasmarse y entretenerse tanto con esta facultad que tiende a creerse dueño intelectual con capacidad para asumir la toma de toda las decisiones del sistema, ignorando a su contraparte que es la que conoce el objetivo verdadero. El uso de la función del pensar no debe exceder en ningún caso los límites de las decisiones sobre el mundo de los cinco sentidos físicos. La función complementaria de la anteriormente descripta es una de las más conflictivas al momento de definirla y de establecer su alcance. Esto se debe a que intentamos comprenderla y explicarla racionalmente, ignorando que opera en planos no compatibles con los códigos que maneja el intelecto lineal. La actitud adecuada sería: explicar el pensar, pensando (haciendo uso del intelecto racional), y comprender el percibir, percibiendo (haciendo uso de la percepción). Con seguridad el lector habrá notado que en lugar de usar la tan habitual dualidad pensar-sentir la he cambiado por pensar-percibir. Veamos el motivo. Como si la explicación de la situación pensar-sentir no fuese lo suficientemente engorrosa debido a su naturaleza, nos encontramos con problemas idiomáticos (por lo menos en castellano) que llaman sentir a una serie de percepciones de distinta naturaleza confundiendo así en un solo verbo, algunos procesos claramente diferenciados. Cuando decimos que sentimos frío, nos estamos refiriendo a una sensación de origen exclusivamente físico. También solemos decir que sentimos miedo; aquí estamos hablando de una sensación de carácter claramente emocional. Es frecuente encontrarnos diciendo que sentimos amor por algo o por alguien; en este caso intentamos describir una impresión de naturaleza sentimental. Y por último, nos encontramos en muchas oportunidades, y ante circunstancias de apariencia casual, diciendo que sentimos algo que no podemos definir y que no encuadra en ninguna de las categorías mencionadas. La percepción experimentada no tiene representación precisa por medio de los conceptos habituales ya que no se trata de una sensación mundana mayoritaria y, por lo tanto, tipificada. Tampoco pareciera ser de nuestra exclusividad ya que si consultamos con otras personas, comprobaremos que casi todas ellas han tenido momentos similares de incertidumbre sensorial. Podría agregar a lo visto las sensaciones conocidas como “pálpitos”, “certezas” y muchas otras de origen más profundo y, por lo tanto, indescriptibles. A este último grupo me refiero cuando hablo de percibir. El sentir profundo utilizado como sinónimo directo de percibir, si mediar procesos de origen físico,

emocional, o sentimental. Hago referencia a la percepción superior en sus más puras manifestaciones. El estado de percepción superior (aún temporaria) no puede enseñarse de manera directa, sólo puede inducirse a su descubrimiento contribuyendo a sacar el tapón del pensar constante para permitir que el sistema exprese su propósito y guía. Debemos ejercitar la capacidad de estar atentos a las percepciones superiores para poder distinguir con claridad el Camino a seguir. En este punto, las personas suelen preguntarme con aire de incertidumbre:

“¿Cómo hago?”. A lo que, en general, contesto: “no hay cómo ni hay hacer, sólo hay intención profunda, lo demás sucede con el tiempo y el trabajo de silencio… La única sugerencia que hago en algunas oportunidades a modo de orientación general, es la de prestar especial atención a la facultad de la conciencia conocida como voluntad. No me refiero al concepto de voluntad en el sentido que se le otorga habitualmente como capacidad volitiva para desenvolverse en el mundo. Hablo de una voluntad que no es la misma que usamos para manejar en el mundo. No puede transmitirse con palabras; de la misma manera que no es posible enseñar el equilibrio del cuerpo físico al niño que recién intenta pararse sobre sus pies, o a una persona que pretende aprender a conducir una bicicleta: debe ejercitar su voluntad y permitir que el sistema lo logre por sí mismo. Me refiero a una voluntad que es sinónimo directo de intención interna. Algo que se logra luego de un proceso de introspección con su consecuente darse cuenta de la existencia de otras realidades más fundamentales. El hombre que ignore su mitad superior está condenado a no comprender lo que le sucede y a vivir sin la mitad más profunda de sí mismo. La consecuencia es la sensación de inquietud constante, acompañada por una conducta de automatismo ciego.

REITERACIÓN-COSTUMBRE

Hemos visto que el hombre posee la propiedad de incorporar determinados elementos a su sistema por medio de la repetición. Esta repetición va creando módulos psíquicos claramente diferenciados que se conocen como rutinas. Dichas rutinas no sólo están relacionadas con los movimientos físicos sino que pueden abarcar planos más profundos tales como los condicionamientos horarios o el modo en que actuamos ante determinadas situaciones repitiendo la misma conducta una y otra vez, sin detenernos a evaluarlas cada vez que se presentan. El sinónimo directo de lo que intento describir es: automatismo. Podemos advertir con facilidad que el efecto que producirá el circuito automatizado dependerá del tipo de instrucciones incorporadas y de su intensidad, o sea: podemos grabar rutinas beneficiosas o perjudiciales de distintas intensidades. Sabemos que la naturaleza posee sus propios ciclos (rutinas) incluyendo los internos del ser humano que actuarían como un sistema operativo elemental para su funcionamiento básico. Estos ciclos diseñados y mantenidos por las fuerzas creadoras se conocen como Biorritmos (ritmos de vida o para la vida). ¿Qué sucedería en caso de que el hombre intentase automatizar una rutina de proceso coincidente con una similar ya existente? El resultado es que lograría

imponer el nuevo ciclo sobre el anterior, ya que la Naturaleza permite, en muchos casos, la posibilidad de modificar rutinas por medio de la voluntad conciente utilizando la repetición como herramienta. Difícilmente un ciclo creado por el hombre pueda equipararse a los diseñados por la Naturaleza, por lo tanto, la actitud adecuada pareciera ser seguir los ciclos naturales y no las rutinas fabricadas, a fin de evitar la creación de circuitos artificiales que interferirán el desenvolvimiento normal del individuo en armonía con el sistema universal. No olvidemos que dicho sistema universal constituye el medio en el cual se encuentra inserto el hombre, y con el cual debe estar armónicamente integrado a fin de evitar sufrir alteraciones de diversos tipos y grados. Algunos de los signos que muestran las personas que se encuentran firmemente ancladas en rutinas artificiales que han sido estructuradas a lo largo de toda una vida son: resistencia a incorporar nuevas formas de pensamiento y acción, negación a rever las rutinas propias, y vivir con la sensación de proceder de manera adecuada y natural.

LA VOLUNTAD

El concepto de voluntad que voy a enunciar suele ser fuertemente rechazado o semánticamente corregido de acuerdo con lo que el horrorizado oyente haya estudiado en alguna disciplina determinada. Por supuesto, ellos piensan que lo aprendido primero es lo válido, no sea cuestión de incorporar otras vertientes que puedan hacer tambalear los esquemas académicos dolorosamente transpirados. El concepto que se maneja habitualmente de voluntad la relaciona directamente con la volición conciente. A toda otra capacidad de determinación y autonomía, por evidente que esta sea, se la califica de cualquier otra manera menos de voluntad, aunque fuera este el término más apropiado. Pareciera que la capacidad conocida como voluntad fuese propiedad exclusiva del plano conciente. Comencemos gradualmente. Se conoce como voluntad a la capacidad de libre determinación, por ejemplo, de aceptar o rechazar ciertos elementos (objetos, seres o situaciones). Podríamos asociarla con la autonomía de decisión. Observando esto en el mundo cotidiano, no se presentan mayores dificultades de comprensión ni de verificación cierta. Pero empleando el mismo criterio derivado de la definición de voluntad, también podemos aplicar este concepto al plano preconciente. Más adelante veremos el análisis del caso mantener el equilibrio-caminar-hablar y observaremos que, cuando una tarea no requiere de la atención y de la voluntad conciente debido a su alto grado de automatización, el control es transferido al preconsciente para continuar con la ejecución de la función. Si le atribuimos al conciente la capacidad volitiva de realizar una tarea que también puede ser ejecutada por el preconsciente: ¿por qué no otorgar a éste un grado similar de voluntad dentro de sus funciones específicas? Si el lector dudara de la existencia de distintas voluntades (o subdivisiones específicas de la misma), puede comenzar por hacerse preguntas sobre el su estado onírico y sus sueños. ¿Qué o quién decide la lógica del estado onírico con sus tan particulares y amplias posibilidades? ¿Sería impropio otorgarle voluntad? ¿O cometeremos el tan recurrente error de creer que el “cuartel

central” de la vida lo constituye únicamente el plano físico y sólo desde ahí parte la posibilidad volitiva? ¿Todos los demás planos constituyen módulos prefijados sin posibilidad de algún tipo de decisión? ¿Hasta dónde somos capaces de desconocer las limitaciones de nuestra razón? Si lo expuesto aún no fuese suficiente y el lector mantuviera la idea de que el inconsciente es algo así como una “masa de registros” que cumplen su función tal como lo hace una máquina, lo invito a que recuerde las oportunidades en las que ha necesitado una información de su banco de memoria y por más esfuerzos que ha hecho no ha logrado localizar los datos y traerlos a su consciente. Con seguridad usted recuerda lo que sucede luego de esos desesperados instantes de olvido e intentos frustrados. En cualquier momento inesperado, cuando ya no necesitamos la información y luego de haber abandonado los intentos concientes, ésta aparece repentinamente en nuestra conciencia. ¿A qué atribuiría usted el hecho de que una parte involuntaria del psiquismo continúe con el proceso de localización? Pareciera que, si la necesidad de recuperar esos datos es imperiosa, se pone en movimiento una cantidad suficiente de energía, y el hecho de abandonar la tarea de rastreo conciente y volitivo no impide que una voluntad inconsciente continúe con la búsqueda; y lo hace con mayor efectividad que la voluntad consciente. Creo que la voluntad inconsciente es la que conoce y trata de conducirnos verdaderamente por el Camino que necesitamos recorrer. Para cumplir con este trabajo, la voluntad inconsciente tiene la posibilidad de realizar procesos como el que acabo de describir y otros de complejidad muy superior, aunque nuestra aparente voluntad consciente crea estar al mando total del desenvolvimiento de la conciencia. Considerando las decisiones que tomamos con la voluntad conciente y sin la posibilidad de la voluntad inconsciente haciendo desesperadas correcciones, no quisiera imaginar el destino de la raza humana.

LA INTENCIÓN

Es frecuente oír hablar en distintos ámbitos del poder de la intención. A él se le atribuye una importancia que generalmente se desconoce o se conoce de manera parcial y subjetiva. Cuando se habla de intención se vuelve a mezclar, una vez más, y con monótona recurrencia, las dos modalidades del psiquismo humano. Sabemos que, si nuestra intención es caminar hasta el extremo del recinto en el que nos encontramos, podemos lograrlo sin mayores dificultades de control. Con el solo intento adecuado, la psique dispondrá los medios necesarios para dirigir el cuerpo hacia el lugar elegido. Esto puede ser posible porque poseemos un largo entrenamiento en el desenvolvimiento en el plano físico que es regido por la parte de nuestro psiquismo que tan bien conocemos: el consciente. Al momento de tratar con cuestiones ligeramente más complejas, la situación se complica y ya no podemos tener tantas certezas ni tanta decisión sobre la situación. Recordemos los momentos en que deseamos fuertemente quedarnos dormidos. Hemos aprendido de manera empírica que si existe una posibilidad de insomnio, no se conoce una técnica mejor para lograrlo que la

del deseo imperioso de dormir. Sabemos que ésta es una función controlada con exclusividad por el inconsciente. También podemos intentar el hecho de enamorarnos de alguien de manera voluntaria. No creo necesario comentar los resultados de esta pretensión ya que todos conocemos lo inaccesible que resulta el plano sentimental a los procesos de la razón. Se trata de otra de las funciones a cargo del inconsciente. Así podríamos hacer una lista muy larga, pero todos nosotros, en mayor o menor grado, conocemos los procesos a los cuales podemos acceder de manera consciente, y los que nos están vedados. Si tomamos, a modo de ejemplo, los casos de intento de dormir o intento de enamoramiento, podemos observar que la intención consciente no tiene influencia sobre los procesos que están fuera de su control. Dicho de otra manera, considerando las experiencias prácticas, podemos afirmar que la intención consciente no puede influir sobre la intención inconsciente. El plano de actuación de la intención consciente se circunscribe al mundo material y sólo luego de un arduo y sostenido trabajo puede llegar a influir sobre el plano inconsciente. El campo de trabajo de la intención inconsciente es el de los procesos profundos, incluyendo el control del campo energético con su respectiva dinámica. Por lo tanto, cuando en diversas disciplinas se habla de intención, debe tenerse en claro la diferencia operativa y el alcance de ambas intenciones, ya que en muchas ocasiones pueden ser opuestas. No es suficiente con desear conscientemente algo para que energéticamente se emita la misma vibración. Lo que suceda en el plano consciente y su respectiva intención, estará circunscripto al área de influencia del nivel homólogo: el mundo material. Si queremos lograr que nuestra intención funcione en planos sutiles tales como, por ejemplo, en armonía con un cristal de cuarzo, debemos saber que la intencionalidad debe partir de nuestro nivel inconsciente. Nada podemos lograr con una actitud consciente imitada y ficticia. Lograr que nuestra intención trabaje en concordancia con los estratos profundos de la conciencia humana nos llevará un largo y profundo trabajo de vida. Las máscaras tienen valor de máscara. Las imitaciones tienen el valor externo de una copia; por más fiel que ésta sea, no estará acompañada por la emisión energética del modelo emulado. La intención inconsciente, por tratarse de una fuerza sutil, posee un potencial de influencia energética muy alto; por ese motivo es que se la trata de manipular. Desafortunadamente, se hacen torpes intentos desde el plano más inmediato al alcance del hombre medio, en lugar de forjar lentamente una intencionalidad profunda e inalterable tal como es la cultivada en nuestro inconsciente. Una cosa es la palabra y los deseos volitivos, y otra muy distinta es la realidad sutil. Sólo podemos irradiar en planos sutiles aquella realidad que llevamos dentro; las imitaciones y máscaras carecen de la capacidad de irradiación en las frecuencias que hacen al tipo de trabajo que nos ocupa. Podemos ver desde la Física el fundamento de la influencia energética a distancia por distintos medios que ponen en movimiento cualquier manifestación de ésta. Tomemos como primera referencia la Teoría de Campos de Michael Faraday y James Clerk Maxwell. Ésta postula que: cada carga crea una alteración o una condición en el espacio circundante de manera que otra carga, cuando está presente, siente una fuerza. Podemos decir entonces que, de acuerdo con la Física, un campo es una zona del espacio donde se verifica un determinado fenómeno (magnético, térmico,

eléctrico, etc.). Por ejemplo, el campo magnético de un imán dentro del cual, y sin existir medio físico de conexión, son atraídos los elementos que poseen características ferromagnéticas. Tenemos entonces una porción del espacio en

el cual, sin que exista un medio o vínculo visible, se aprecia un fenómeno que

es el efecto de alguna causa existente en esa región. Otro de los principios de la Física dice que todo trabajo comporta una energía.

Este trabajo puede efectuarse tanto en el nivel físico como en el plano emocional, psíquico o sentimental. Esta energía puesta en movimiento representa la manifestación de una carga liberada que, al realizar su trabajo determina afectos de acuerdo con su tipo y potencial. Estos efectos tendrán una influencia que estará en relación con la fuerza que los produce. Considerando lo visto, nos encontramos ante una realidad que dice que: todas las acciones, emociones, pensamientos, sentimientos e intenciones, representan distintas manifestaciones energéticas, generadas y emitidas por los seres humanos. Tal como sucede en todo fenómeno de la Física, toda energía, al tomar contacto con otra produce acciones y reacciones de distintos tipos. Lo mismo sucede con la energía humana. Esta Bioenergía emitida se transmite por un medio inmaterial en el que estamos insertos que se conoce como biosfera. Podemos decir, a modo de sencilla definición, que esta consiste en una red de información bioenergética que relaciona todos los seres y objetos que se encuentran dentro de ella. Si lo expuesto no fuese suficiente para que quede en claro la capacidad de influencia de la intención (y de todas las otras modalidades mencionadas), todavía podemos citar otro de los principios de la Física Cuántica. Éste se conoce como PIC (Principio de Inseparabilidad Cuántica), y sostiene que cada partícula afecta a toda otra partícula en cualquier lugar en que se encuentre. Creo que no son necesarios mayores comentarios sobre este postulado, ya que es lo suficientemente elocuente en sí mismo. Volviendo al tema de la intención, digamos que, por supuesto, estas emisiones tienen carácter de involuntarias y no nos es posible influir sobre ellas de manera consciente. Sólo irradiamos aquello que somos interiormente y que ha sido construido a lo largo de todo el Camino de vida. La verdadera intención en una sesión de trabajo con Bioenergía es de fundamental importancia ya que opera por debajo de los límites de la conciencia de ambos participantes, y el efecto principal se produce en planos profundos sin posibilidad de verificación cierta.

A modo de ejemplo podemos decir que una intención puede ser lo

suficientemente perjudicial para la persona tratada si la tendencia o el deseo oculto del individuo que la trata está orientada al mercantilismo o a un secreto deseo de mérito personal. No es suficiente que el operador se encuentre en un

adecuado estado de equilibrio energético; su estado de conciencia debe estar, necesariamente, lo suficientemente evolucionado para poder percibir con claridad que la vida y el mundo sólo son medios temporarios para cumplir con una finalidad mucho más profunda. Un verdadero terapeuta, sanador o como usted prefiera nombrarlo, sólo está autorizado para acumular aquello que puede llevar consigo a través todo el proceso de integración: sabiduría… Tal vez podamos recordar el Camino que sigue un Avatar, un monje Zen, un Yogui, un Chamán, un Nagual, un Lama o un Sufí. Las conclusiones están a cargo del lector.

LA REALIDAD Y LA IRREALIDAD

Nos encontramos aquí con uno de los conceptos más discutidos desde tiempos remotos por diversas disciplinas, tales como, por ejemplo, la Filosofía, la Física y la Psicología: la realidad. Sabemos por la Física que no se conoce la naturaleza última de la materia ni puede demostrarse que exista en lugares determinados. También conocemos por esa misma rama de la ciencia que lo que percibimos como objetos o seres sólo existen como representaciones subjetivas e incompletas en nuestro psiquismo, ya que fuera de éste sólo hay conglomerados de partículas en movimiento que impactan en nuestros órganos sensoriales. Dichos órganos convierten esos estímulos en corrientes eléctricas que el cerebro recibe, transmite a la psique y ésta los interpreta subjetivamente y de acuerdo con sus propios códigos como “realidad exterior”. Esta realidad aparentemente externa sólo es una representación psíquica de las tantas posibles, y carece por completo de objetividad. Agreguemos a esto que no podemos percibir la totalidad de estímulos que existen en el entorno circundante, por lo tanto, nuestra percepción sensorial es también parcial. Al conjunto de esas percepciones psíquicas subjetivas lo llamamos realidad y lo veneramos como si existiese realmente en el exterior de nuestra psiquis. Recordemos también que una teoría científica consiste en un modelo matemático que construimos para describir nuestras observaciones, por lo tanto, éste también existe únicamente en nuestras psiques, ya que somos los creadores y los perceptores de esos modelos. En consecuencia, estos están ideados a imagen y semejanza del intelecto lineal humano y de sus conocidas limitaciones. Considerando esto, podemos advertir que carece totalmente de sentido preguntar: ¿qué es lo real?

Por la psicología conocemos las dudas que existen sobre la clara determinación de la realidad y de la normalidad, debido a que esta apreciación varía notoriamente de acuerdo con cómo la observa cada ser humano. Recordemos que todos nosotros somos perceptores con muy distintos niveles de desarrollo en la percepción, y mostramos una mayor diferencia aún en la forma en que cada psique individual evalúa la información registrada (ver el punto LA PERCEPCIÓN). Es fácilmente observable que cada individuo muestra una manera distinta de ver y de evaluar la “realidad”. Considerando esta situación no creo desacertado afirmar que existen tantas realidades como seres humanos. Basándonos en estas simples premisas, surge inevitablemente una pregunta:

¿Con qué criterio cierto diferenciamos la realidad de lo irreal?

Tal vez algún lector pretenda tomar como parámetro de salud psíquica el grado de buen juicio (?) que un individuo tenga sobre una supuesta realidad absolutamente determinada. Yo respondería que, si existen tantas evaluaciones de ésta como seres humanos, y estos evalúan algo que aún no puede llegar a definirse con claridad ni establecer sus límites, habrá tantas verdades sobre la “realidad” como formas de ver la vida.

Todavía alguien puede preguntarse qué sucede con las personas que parecieran mostrar una distancia muy grande con respecto de la “realidad” cotidiana. “Realidad” que tanto cuidamos para que no se tambaleen nuestros rígidos esquemas. Mi respuesta es una pregunta: ¿algún ser humano en su “sano juicio (?)” se atrevería a dudar de la salud psíquica de alguien que soñara cosas tan “raras” todas las noches, y que durante esos momentos creyera que le están sucediendo realmente? Por supuesto que no, ya que a todos nos ocurre diariamente algo similar. ¿Y si alguien viviera temporariamente un estado de realidad tan aparentemente absurdo y distinto de lo cotidiano como es el estado onírico, y lo experimentar a diario de manera inevitable? Con seguridad lo calificaríamos de loco si nosotros o la mayoría no conociese ese particular estado. Si la diferencia para catalogar a un individuo de “normal” se establece considerando el sólo hecho de que su condición psíquica es mayoritaria (tal como sucede en el caso de los sueños que constituyen un fenómeno colectivo), entonces sí creo en la locura general y en la realidad relativa. Lamentablemente debemos concluir que ante lo desconocido o poco frecuente, nos dedicamos a elaborar geniales y condenatorias verdades estadísticas. Observando esta paradójica situación (y tantas otras) no puedo menos que hacer un simple comentario sobre la particularidad psíquica conocida antiguamente como locura. Elijo deliberadamente un término tan general e indefinido como las clasificaciones que se intentan hacer sobre estados que no pueden llegar a conocerse. Para dar una idea de mi opinión elijo un ejemplo que se me hace gráfico. Recuerden cualquier centro de estudios y su alumnado. Sabemos que en todos lo niveles de la enseñanza existen alumnos más o menos aplicados. Tanto en la escuela primaria como en el colegio secundario existe la posibilidad que el educando no muestre la dedicación necesaria por sentirse presionado socioculturalmente a asistir a una actividad educativa que no le interesa mayormente. Pero lo particular del caso es que también podemos observar la misma actitud en el nivel universitario, y aún en superiores. A simple vista pareciera ser contradictorio el hecho de que una persona decida algo de manera voluntaria y luego no muestre el interés ni la dedicación suficiente, o no acepte la totalidad de sus normas o su metodología. Una de las respuestas que se me ocurre válida, consiste en que ese estudio, parcialmente aceptado, puede haber sido elegido por motivos que están más allá de la voluntad personal de estudiar bajo ese régimen; por ejemplo, la necesidad de una matrícula para desempeñar oficialmente una actividad, la creencia de que un título universitario es sinónimo de bienestar económico e importancia social, para complacer a tantos padres frustrados en esa función. En esta situación, no es erróneo suponer que el individuo mostrará un marcado rechazo a su carrera o a una parte de ella, y tal vez cuestione, inclusive, el régimen de estudio y a sus profesores, sean estos cuales fueren. Imaginen el estado de ánimo y la predisposición de esa persona al momento de estudiar, asistir a clases o rendir examen. Podemos decir que su elección es voluntaria pero inducida por circunstancias externas. La voluntad ha sido ejercida desde el plano consciente pero ignorando las tendencias del plano inconsciente. La manera que tratará de imponerse el psiquismo profundo la podremos observar con claridad en el rechazo hacia el estudio o en su aceptación parcial. La

conducta de ese alumno será permanentemente forzada y presentará los esperables altibajos provenientes de su lucha consciente vs. inconsciente. ¿Qué sucedería si tomamos como válida la tan antigua creencia de la sucesión de vidas físicas para ir evolucionando y la comparamos con el caso de los alumnos? Podríamos decir que TODOS estamos obligados a aprender y, por lo tanto, a utilizar como medio para “rendir algunas materias”, una estructura densa tal como es el cuerpo físico. No sería inadecuado suponer que esos seres en estado de evolución muestren grandes diferencias en cuanto a su dedicación al estudio. Imaginen ahora que no todos están lo suficientemente decididos a aceptar el hecho de habitar un cuerpo lleno de toxinas y una vida llena de sufrimiento y confusión, pero saben que no existe otra alternativa; por lo tanto, la elección se efectúa de manera forzada, obligada por las circunstancias. Ante esta situación podremos encontrarnos con seres con una intensa voluntad que aceptarán el hecho de “cursar su materia terrestre” con la aceptación de todas las condiciones que este estado implica, y tratarán de respetarlo lo más fielmente posible. Pero también habrá alumnos (que la profunda interpretación del intelecto mayoritario califica de rebeldes) que, si bien tratan de cursar sus materias en la Tierra no podrás hacerlo con la dedicación requerida. Ante la primer oportunidad en que se imponga su tendencia inconsciente, mostrarán una gran resistencia a todo lo relacionado con las leyes del plano físico con su estrecha y precaria concepción de la “realidad”. Si son fuertemente cuestionados, incomprendidos y segregados los “malos alumnos” de cualquier nivel de la enseñanza, cuanto más han de serlo los “malos alumnos” de la vida en el mundo físico que no se ajustan completamente a las reglas mayoritarias de los mayoritarios estudiantes dogmáticos… Recordemos o imaginemos algún caso conocido o lo que nos sucede a nosotros mismos en algunas oportunidades durante los momentos previos al estado onírico (estado hipnagógico), tanto sea antes o después de éste. Si tenemos en cuenta que el estado de reposo se maneja con leyes y códigos muy distintos al del estado de vigilia, es necesaria la existencia de una etapa de transición entre ambos durante la cual convivan de manera efímera algunos elementos de una y de otra realidad. ¿Qué sucedería en caso de intentar manejarnos en un estado con los códigos de otro? Con seguridad nuestra conducta sería incoherente si intentásemos evaluarla sólo desde las leyes de uno de los dos, independientemente de tratarse del sueño o la vigilia. Como complemento de esto aún podemos comparar la sensación de liviandad experimentada durante los sueños con la de compacto encierro dentro de una densa y limitada estructura física. En caso de que un “alumno de la vida” no aceptase completamente las leyes de una realidad tan pesada y problemática por extrañar otra mucho más sutil y prolija, no sería impropio suponer que en algunos momentos intentaría conducirse en su actual estado físico con las pautas de conducta del otro que tanto extraña: el estado sutil. De la misma forma en que un “alumno rebelde” intenta manejarse dentro del claustro con esquemas de conducta provenientes de su tan añorado estado de libertad exterior, desentonando así con la mayoría

de aplicados estudiantes. La realidad está a la vista de cualquier observador atento. Dentro de lo visto y teniendo también en cuenta otros pasajes que figuran en este texto, pareciera que incurriese en contradicciones. No me creo exento de esa posibilidad ya que soy un ser humano más con todas las limitaciones que ese estado implica, y el tema que nos ocupa posee la suficiente complejidad e inaccesibilidad como para llegar, necesariamente, a puntos problemáticos, en especial si elijo deliberadamente la postura de abordarlo desde múltiples disciplinas y enfoques para intentar reflejar una visión integrativa del ser. Pero existe una supuesta contradicción que quisiera aclarar ya que hace a la esencia de lo que pretendo transmitir. Veremos que en algunos párrafos hablo de alteraciones, desequilibrios o patologías. También expreso de distintas maneras mi opinión de que todas las particularidades del psiquismo, con sus correspondientes consecuencias físicas, consisten en manifestaciones vitales al servicio de la evolución, y no tienen nada de patológico. Teniendo en cuenta estas dos aseveraciones, podemos pensar que, si todo es “normal”, no tiene sentido hacer el intento de tratar los desequilibrios, ya que nada puede ser considerado desequilibrio. De lo expresado para el concepto de “realidad” podemos extraer la idea de que, si la realidad objetiva no existe: ¿con qué parámetros trabajamos? Siempre de acuerdo con mi manera de ver la vida, creo que la diferencia entre normalidad-equilibrio y patología está dada por el grado de alejamiento de la persona con respecto a su propia realidad. Si el lector lo prefiere, puede cambiar el término “realidad” por “Camino evolutivo” u otro similar. Puede considerarse alteración a la particularidad que conduce al individuo a ignorar su propia realidad y a crear otra completa, o parte de ésta, y superponerla a la original y exclusivamente suya. Lamentablemente, la mayoría de las formas de considerar los desequilibrios del sistema humano toman como punto de referencia para evaluar el estado de salud de éste el estado del individuo medio general (determinado estadísticamente), y tratan de forzar a todos los pacientes a ingresar a ese grupo mayoritario sin tener en cuenta la obvia relatividad de esos absurdos indefinidos que conocemos como “la normalidad y la realidad”, e ignorando las enormes diferencias existentes entre los seres humanos que habitan un Universo desconocido (tanto interior como exterior) en su esencia y en su finalidad. Pero si consideramos que también esta alteración forma parte y es necesaria para la evolución de la persona, entonces sí nos quedamos sin parámetros. La duda consiste en: ¿hasta qué punto es adecuado intervenir en el Camino de Vida de otro ser? Esta es la duda que nos surge en algún momento a los que nos dedicamos a trabajar con la conciencia humana… y jamás desaparece por completo…

EL ESTADO ONÍRICO

Incluyo algunas generalidades sobre este estado ya que, tratándose de un fenómeno común a todos los seres humanos, es el que mejor grafica la modalidad existencial inconsciente y no nos deja duda alguna sobre el hecho evidente de que la “realidad” no comienza ni termina en nuestra razón.

Hemos visto que a partir del trabajo con Bioenergía, uno de los mecanismos que suele experimentar variaciones es el que genera y controla nuestro estado onírico. Esto sucede porque algunas de las técnicas descriptas actúan sobre planos profundos. Al adentrarnos en el tema de nuestros misteriosos sueños debemos tener presente que sólo tenemos capacidad de recordar aquellas partes que tienen códigos interpretables por nuestra razón y, por lo tanto, pueden ser reconocidos por el psiquismo consciente. Se sabe que gran parte de esos sucesos manejan una simbología, una lógica y velocidades que pertenecen al psiquismo inconsciente. Estos pasajes o parte de ellos, permanecen ocultos a nuestra conciencia diurna pero quedan registrados en zonas más profundas que conservan información que el sistema humano procesa y expresa mediante otros mecanismos, por ejemplo:

sensaciones, certezas, recuerdos vagos, y otras percepciones imposibles de expresar con palabras. La zona de transición entre estas dos modalidades sigue una pauta que se repite continuamente en la Naturaleza: la línea que las separa no es tal sino que se trata de una región difusa. Para ejemplificar esta granja divisoria (que en realidad no es divisoria sino integrativa), podemos compararla con el cambio de la noche al día o viceversa. El pasaje es gradual y no puede atribuirse un momento puntual. Observemos también la gran diferencia de códigos y procedimientos con los que nos conducimos durante la noche y durante el día. Lo mismo podemos decir de la transición entre el estado de vigilia y el de reposo inconsciente, de las estaciones del año, del proceso de crecimiento de los organismos y de muchos otros. Si tomamos como válida la postura finalista que postula que TODO pareciera existir y desarrollarse con una finalidad específica, pareciera que podemos reconocer en nuestro estado de reposo inconsciente y en los sueños por lo menos tres objetivos aparentes:

- El primero se relaciona con la necesidad de hacer que la psique consciente

ceda el control a la parte inconsciente, con la finalidad de que esta última se encargue de separar el cuerpo astral del físico, a fin de recargar energía sutil. Para llevar a cabo esta operación, la conducción del sistema debe tenerla, necesariamente, el inconsciente, ya que la maniobra de desdoblamiento y la de recarga se encuentran a su cargo exclusivo por motivos obvios. Este proceso no puede ser reemplazado por otro método, de ahí la insustituible e imperiosa necesidad de dormir.

- El segundo objetivo se relaciona con el estado onírico y, de acuerdo con mi

entender, cumple una doble función: la primera es guiar de manera indirecta nuestra vida consciente con distintos tipos de mensajes; muchos de ellos interpretables con absoluta claridad. La segunda y más fundamental, la asocio a que, por medio de los sueños nos entrenamos diariamente (podamos recordarlo o no) en otra realidad mucho más profunda. Es un estado de menor densidad (ya que no existe la materia tal como la concebimos en el mundo físico), el tiempo se expande (transcurre con mayor lentitud con respecto al tiempo reloj), la velocidad de los sucesos es

mucho mayor que en la conciencia habitual (magnitud complementaria de la expansión temporal), los códigos de esa realidad poseen particularidades

inherentes a ese estado, tales como, por ejemplo, el modo y la velocidad de algunos desplazamientos hacen el traslado casi instantáneo con el sólo hecho de dirigir la atención al lugar de destino. Si quisiera especular aún más allá, podría asociar este estado de “conciencia sin cuerpo físico” a un entrenamiento diario para lo que experimentaremos luego de la muerte del cuerpo material. Existen innumerables testimonios y pruebas de esto desde tiempos remotos.

- El tercer objetivo lo constituye el ya descripto en BIOENERGÍA HUMANA en el punto Los sueños y la Proyección del Cuerpo Astral. Este postula que el psiquismo humano utilizaría el estado onírico para llevar a cabo una reorganización tomando las experiencias vividas en estado de vigilia y actualizando los registros y estructuras correspondientes en el inconsciente. Esta hipótesis es claramente viable si nos detenemos a considerar con atención la dinámica de algunos sucesos conscientes-inconscientes.

LA CIENCIA

Es del conocimiento de todos nosotros el comportamiento esquivo de la ciencia oficial respecto de este tema. Debido a la rigidez de sus esquemas es natural que se encuentren en este campo (y en muchos otros) con grandes dificultades de metodología para abordar la investigación, y aún mayores problemas al momento de la verificación cierta de los fenómenos observados. Muchas personas tienen la idea de que el conocimiento científico ha alcanzado sus máximas posibilidades, y adoptan la actitud de descartar todo aquello que la ciencia no pueda clasificar mediante los restringidos y provisorios modelos empleados hasta el momento para intentar definir la “realidad”. La ciencia oficial no puede explicarlo todo, y el misterio que nos rodea es mucho más vasto de lo que comúnmente se cree. Por lo tanto, tratar de explicar los sueños a la luz de la psicología y de la fisiología cerebral, sería una tarea absurda, y el resultado se parecería a otros tantos tan conocidos en los cuales la ciencia intenta darnos explicaciones sólo acerca de los factores visibles emergentes; o sea, de los elementos visibles, medibles y reproducibles en condiciones experimentales, de mecanismos mucho más complejos y profundos, de cuyo origen, naturaleza, contenido y finalidad nada puede decirnos.

LOS SUEÑOS

El hecho de que el ser humano ignore la existencia y la guía de un psiquismo más profundo, no impide que éste continúe la tarea para la cual ha sido diseñado ni que se detenga en el intento de comunicarse y dirigir la totalidad del sistema hacia su destino natural. Se supone que una de las maneras más frecuentes de expresión en este plano podría ser, por ejemplo, en forma de sueños. Los psicólogos más profundos y dedicados al verdadero estudio del estado onírico, sostienen que el aspecto inconsciente de cualquier suceso se nos revela en sueños, donde aparece no como un pensamiento racional discursivo sino como una imagen simbólica. De acuerdo con mi experiencia personal,

creo estar en condiciones de afirmar que no es así en todos los casos; en ocasiones los elementos oníricos se muestran con claridad tal como son y lo que significan para el soñante. Lo que pretendo dejar en claro con este concepto es que siempre debe tenerse en cuenta esta capacidad de conversión que posee la región inconsciente del psiquismo humano. Le otorgo especial importancia porque, tal como veremos más adelante, este es un mecanismo que emplea nuestro psiquismo no sólo como parte de la mecánica de nuestros sueños sino en manifestaciones conscientes de la vida diaria. Esta conversión de aspectos (objetos, seres o sucesos) es lo que en muchas ocasiones nos confunde en ambos estados. Al momento de interactuar con terceros no debe perderse nunca de vista esta mecánica psíquica. Lentamente comienza a aparecer el perjuicio de vivir con la atención dirigida excesivamente al mundo material y escasamente orientada a nuestra modalidad profunda. El perjuicio mencionado se relaciona con la dificultad de interpretar el material y el estado onírico con los estrechos códigos de la razón. Tengamos presente que los sueños pertenecen a un universo mucho más amplio que el habitual, cuyas leyes dejan de ser operantes en cada oportunidad en que se manifiestas las de aquel, porque a la esencia de ese plano profundo, al que el psiquismo consciente no puede acceder, sí accede con entera libertad el inconsciente. Si comparamos el estado onírico con el de vigilia, podemos decir que se trata, simplemente, de dos estados psíquicos que apuntan a modalidades existenciales diferentes. A fin de evitar que este concepto pueda parecer demasiado fantasioso y especulativo, hagamos un paralelismo a modo de ejemplo. Para simplificar, tomemos dos modalidades dentro del mismo estado de vigilia. Recordemos la manera, los códigos y las sensaciones que empleamos para conducirnos sobre la superficie de la Tierra y comparémosla con el desenvolvimiento de nuestro cuerpo en el agua. Las grandes diferencias se deben a las muy distintas características de los dos elementos mencionados, y a cómo responde el diseño humano ante ellos. Si tuviese que graficar la situación con otro plano más profundo, bastaría con recordar el momento en que nos dejamos atrapar por la ira y compararlo con el estado de calma. La persona es la misma pero la actitud inherente a cada una de estas dos modalidades emocionales la convierte en dos seres realmente distintos. Volviendo al tema del estado onírico tengamos presente que los sueños de los que habitualmente hablamos, constituyen sólo la pequeña parte de ese estado que deja algún rastro identificable en nuestra memoria consciente por poseer elementos tomados del estado diurno. La mayoría de las experiencias vividas en esos momentos permanecen veladas a la comprensión y la memoria consciente, lo cual no impide que esta información sea procesada útilmente por el inconsciente sin dar explicaciones ni cuenta a la razón.

SÍMBOLOS

Es sabido y comentado por los observadores profundos de la “realidad” circundante, que el Universo sigue siendo un misterio insondable para el hombre. Al existir innumerables aspectos de la realidad total que se encuentran

más allá del alcance del entendimiento humano, utilizamos constantemente términos simbólicos para representar conceptos que no podemos definir o comprender totalmente. Tomemos como ejemplo el amor. No podemos decir absolutamente nada cierto sobre él ni estamos en condiciones de aplicarle la voluntad y, por lo tanto, el control consciente en medida alguna. Constituye un misterio en toda su magnitud. Podemos citar también la energía. Para el hombre es sólo un concepto abstracto, ya que lo único que puede hacer es atestiguar sus efectos sin conocer absolutamente nada de su origen ni de su naturaleza. Ante este panorama de ignorancia total de los elementos que componen su entorno, el ser humano se encuentra en la necesidad de tener que generar símbolos para acordar y hablar de lo incomprensible. Esta generación y utilización consciente de símbolos es sólo un aspecto de un hecho psicológico de enorme y fundamental importancia, ya que el hombre pareciera producir símbolos inconscientes de manera espontánea. Algunos productos de este proceso pueden verse en forma de elementos en nuestros sueños. Este procedimiento se realiza porque nuestro psiquismo pareciera poseer la capacidad de elaborar las impresiones y los recuerdos olvidados o no-, y representarlos de diversas formas mediante un trabajo de elaboración y síntesis que escapa al entendimiento intelectual. De acuerdo con mi entender, existe aún zonas menos personales que se extienden mucho más allá de la experiencia inconsciente y que pueden contactarse con otras regiones externas al ser. Creo viable que gran parte de ese contacto se haría del estado onírico y muchos símbolos que se atribuyen a la elaboración psíquica podrían provenir de esas regiones. Siempre he resistido la creencia de que el hombre sea el único habitante de estas dimensiones incluyendo las no corporales-, por el solo hecho de que sus limitados sentidos y sus aparatos no le permiten contactar otras manifestaciones de la conciencia universal que posiblemente convivan con él.

MATERIAL ONÍRICO

Los elementos que conforman nuestros sueños pueden provenir de muy variadas fuentes. Jung opina que la clase de material subliminal del que pueden provenir los símbolos de los sueños sería: deseos, impulsos, percepciones, pensamientos racionales e irracionales, conclusiones, inducciones, deducciones, premisas, afectos. Otra de las pautas establecidas es que, por medio de los sueños, las fuerzas instintivas influyen en la actividad de la conciencia actuando como una especie de mecanismo regulador.

ALGUNOS TIPOS DE SUEÑOS

Dentro de lo mayormente caótico de nuestros sueños, parecieran existir algunas modalidades tipificables, ya que se ha verificado que se repiten en la mayoría de los seres humanos. Voy a limitarme a transcribir la clasificación más común hecha por Jung. Podría agregarle algunos elementos que, dentro de este contexto, pueden darse a interpretaciones erróneas o personales,

perdiéndose así el valor de una información extractada de la propia experiencia y no de conclusiones teóricas.

Anuncios del futuro Soñamos lo que sucederá en el futuro temporal lineal utilizando el mismo mecanismo que utilizamos en nuestro estado de vigilia para recordar el pasado. Existen innumerables casos documentados de soñantes que se adelantan al tiempo lineal.

Visiones del presente Soñamos lo que está sucediendo en coincidencia con el tiempo lineal consciente. Esto entrañaría una posibilidad de conexión inconsciente con la realidad física.

Sueños compartidos Compartimos episodios con otro soñante. Si usted es lector de la obra de Carlos Castaneda podrá recordar el Arte del Ensueño.

Advertencias Son frecuentes los sueños en los cuales se nos advierte del peligro.

Visiones del pasado Es frecuente soñar acontecimientos pasados de los que no tenemos conocimiento.

Sueños de inspiración Son abundantes también, a lo largo de la historia, los sueños que nos ofrecen solución a problemas: inventos, piezas musicales, y otros tipos de creaciones o respuestas.

MENSAJES INCONSCIENTES

Hasta aquí he remarcado el hecho de la comunicación del inconsciente por medio de los sueños. No es este el único estado utilizado por ese plano para manifestarse a la conciencia. El psiquismo inconsciente intenta continuamente guiar nuestra vida hacia las experiencias necesarias para aprender los tópicos aún faltantes que nos llevarán hacia la totalidad de nuestro ser y, por lo tanto, de regreso a casa. Si no recibimos sus mensajes con mayor frecuencia y claridad es porque inhibimos su manifestación dirigiendo excesivamente la atención hacia nuestro estado mundano. Recordemos que los códigos empleados por el inconsciente son de naturaleza muy distinta de los que manejamos en el mundo habitual. Como consecuencia, cuando nuestra obstinada razón se encuentra ante alguna sensación o percepción de carácter diferente al comprensible y aceptable por los restringidos modelos a su alcance, opta por descartarla. Así se pierden los mensajes de los planos profundos en un mar de “sólidos razonamientos lógicos”. Sin embargo, en algunos momentos en que nuestro incansable psiquismo consciente se toma

algunos instantes de reposo, el inconsciente, siempre activo, no desperdicia la oportunidad y hace sentir su presencia. Todos nosotros hemos experimentado, aún en pleno día, momentos de pausa en los que nos volcamos hacia nuestro interior, distracciones de la realidad sensorial y vagabundeos mentales que son utilizados por el mundo interno para manifestarse a la conciencia y mostrar su presencia. Sería una actitud absurda considerar estas manifestaciones como estados patológicos de regresión o disociación, porque si así fuese, nos veríamos obligados a aplicar este concepto a toda la especie humana ya que se trata de un fenómeno general. El grado de este fenómeno varía, naturalmente, de acuerdo con el grado de apertura que la conciencia mantiene respecto del inconsciente. Esto equivale a decir que depende de la permeabilidad de la barrera que los separa; también puede asociarse con la censura freudiana. En la medida en que logremos expandir la conciencia de ser y, por lo tanto, obtengamos un mayor conocimiento de nosotros llegando a planos más profundos de nuestra totalidad, proporcionalmente recibiremos con mayor claridad los mensajes de nuestro psiquismo superior.

FACTORES PSICOLÓGICOS DE LA ENFERMEDAD Y SU DINÁMICA

El sistema humano está conformado en sus tres planos básicos por: un psiquismo, un subsistema emocional, y el cuerpo físico. He omitido deliberadamente detallar los planos sentimental y espiritual por ser los más desconocidos para la conciencia del hombre, y adentrarse en el tema puede prestarse fácilmente a interpretaciones erróneas. También he detallado esquemáticamente la estructura psicológica humana que contiene los patrones de conducta con que nos desenvolvemos en la vida. Para ingresar lenta y prudentemente en el intento de comprender los factores conscientes, semiconscientes e inconscientes que nos conducen a desequilibrios en diversas partes del sistema, debemos, necesariamente, comenzar por formarnos una idea clara de la verdadera función e importancia del yo consciente y de su tamaño relativo, comparado con la magnitud de una vida inconsciente que poco tiene que ver con los límites establecidos por la razón acerca de su dimensión y funciones. Al lector que desee ampliar el tema de Medicina Psicosomática, recomiendo la obra del Dr. Luis Chiozza y su equipo de colaboradores del Instituto Weiszaecker. Para Psicoterapia Corporal puede consultarse la obra de Wilhelm Reich y la de Alexander Lowen.

ENFERMEDAD

Actualmente, la visión humana y la ciencia han avanzado lo suficiente como para cuestionarse la antigua postura mecanicista que contemplaba la enfermedad como acontecimientos de origen externo que invadían la vida del hombre sin ninguna intervención personal. Hoy, ni siquiera los accidentes son considerados desde esa postura. Se sabe que cada ser humano es artífice y

responsable de los sucesos de su vida de manera directa o indirecta. Creo que todos nosotros, en distinto grado, no es suficiente explicación para justificar nuestras enfermedades, el hecho de decir que tomamos frío, que nos hemos contagiado, que se debe a la edad, que es hereditario, que nos invadió algún microorganismo. No es mi intención descartar estos factores ya que constituyen algunas de las variables predisponentes, pero en muy pocos casos pueden considerarse determinantes. Aún la persona que menos contacto tenga con las sensaciones profundas de su cuerpo, y no se haya tomado el trabajo de conocerse por dentro, siente que los malestares de su vida se encuentran alojados en alguna zona más profunda de su ser. La enfermedad es la manifestación física de la historia que llevamos dentro y que nuestro sistema anímico y corporal no puede soportar manteniendo simultáneamente el equilibrio, o sea: la salud. Por lo tanto, creo que no es impropio decir que cada enfermo-enfermedad tendrá su propia historia: su propia biohistoria. Al momento de abordar la enfermedad, la actitud adecuada es intentar comprender el sentido de una alteración en función de las características personales y de la trayectoria de toda una vida sin omitir componentes. Cada paciente-enfermedad representa, interiormente, un esquema distinto tan característico como la enfermedad misma que lo representa tomando como elementos gráficos el cuerpo físico y los estados emocionales. Hablamos de una estructura psíquica particular que opera de manera impropia (¿impropia?) y que el enfermo generalmente conoce de manera distorsionada, y cuya relación con la enfermedad habitualmente desconoce, tergiversa o simplemente niega. Uno de los conceptos más populares que nos habla sobre este tema es: “lo que callamos con los labios, llegamos a expresarlo con el cuerpo”. La enfermedad se presta inmejorablemente para cumplir con esa finalidad gráfica. Visto de esta manera, pareciera tratarse de una actitud sádica por parte de la vida y de nuestro propio sistema hacia sí mismo. Nada más lejos de la verdad. La enfermedad, cualquiera sea su gravedad, siempre existe para enseñarnos. La enfermedad nos invita a “volver al Camino” que hemos perdido: el Camino de regreso al Camino. La enfermedad es el mejor amigo que podemos tener los seres humanos ya que nos impulsa inexorablemente al equilibrio por la vía del aprendizaje y de la modificación de pautas de pensamiento y de conducta. Por lo tanto, en lugar de apresurarnos a desembarazarnos de un síntoma, debemos ver lo que ese síntoma nos está indicando sobre nuestro proceder, y emprender la acción correcta con nuestra vida.

ENERGÍA-CUERPO

Es mucho lo que se ha tratado el tema de la energía con relación al cuerpo físico, y no siempre los conceptos han esclarecido el proceso, ya que se trata de un tópico de muy difícil observación y comprobación cierta. Pareciera existir una secuencia desde que se origina un proceso psíquico determinado hasta que su efecto llega al cuerpo físico, pueda o no percibirse su efecto. El concepto proceso psíquico no debe limitarse a las ideas y a los razonamientos que efectuamos por medio de la parte racional de nuestro psiquismo. Recordemos una vez más que esta ocupa un lugar mínimo en

relación con la extensión ilimitada del psiquismo inconsciente. Con proceso psíquico intento referirme a TODO movimiento energético sutil que se efectúe dentro del sistema, ya sea de origen interno como de origen externo con repercusión sobre el primero. Estoy refiriendo, indudablemente, a nuestro psiquismo superior que es el encargado del control sin mediar la volición- de todo el conjunto llamado ser humano. Este proceso pareciera estar formado, en principio, por una cadena de cuatro pasos en sus respectivos planos de actuación:

- Psiquismo

- Atención

- Energía

- Cuerpo

Si convenimos que el psiquismo es regente del sistema en todos los niveles, podemos decir que todo proceso se inicia en este plano, sea consciente o no el procedimiento. Tal como veremos en el punto siguiente, el psiquismo posee la propiedad de direccionar la atención hacia distintas partes del cuerpo y producir así un movimiento energético en la zona en cuestión. Esta zona pertenece a una región corporal, y dicha actividad energética se reflejará en ella. La otra consideración a tener en cuenta a fin de evitar caer en errores de apreciación, es el potencial (cantidad) de la energía puesta en movimiento por dichos procesos psíquicos. Existen sucesos psíquicos de los cuales registramos directamente su existencia ya que su manifestación es percibida con claridad por la conciencia. Pero en contraposición con este caso, se conocen sucesos que no son registrado por ésta de manera clara y directa. En algunas ocasiones estos movimientos internos se dejan conocer por medio de algún síntoma característico que aflora a la superficie. Gran parte de estos sucesos, cuando se muestran por medio de simbología corporal, los llamamos enfermedad.

ATENCIÓN-ENERGÍA

Una de las incomprensibles posibilidades del psiquismo humano consiste en la capacidad de dirigir la atención a distintas partes de la realidad universal. Voy a limitarme a una breve descripción del proceso y a omitir deliberadamente los resultados de dirigir la atención fuera del mundo habitual. Esta facilidad no despierta el interés ni asombra al hombre común, ya que la costumbre hace que fenómenos incomprensibles sean ubicados dentro del marco de lo conocido. Vista de manera superficial la capacidad mencionada, pareciera ser un procedimiento de escaso alcance, relativa importancia y que su ejercicio indiscriminado no revistiese mayores consecuencias para el sistema humano:

grave y riesgoso error del hombre. En muy pocas disciplinas, y en aún más reducidos ámbitos, se conoce y explica de manera adecuada a los alumnos que “detrás” de la atención “va” inmediatamente la energía. Allí donde se dirige la atención humana, allí se dirigirá su energía con distinta intensidad, frecuencia, monto y tipo, de acuerdo

con el origen, a lo que signifique para la persona el proceso psíquico que genera ese movimiento y a las posibilidades personales. Muchos de los efectos resultantes de dirigir nuestra atención-energía tienen como destino el cuerpo físico. Podemos decir entonces, que los seres humanos tenemos la capacidad, por medio de nuestro psiquismo, de dirigir la atención a distintas partes del cuerpo y, como consecuencia, aumentaremos la carga energética en la zona implicada. Por supuesto, no debe asombrarnos la existencia de una contraparte opuesta y complementaria del fenómeno descripto. Si retiramos la atención de alguna región de nuestro sistema por un período lo suficientemente prolongado, es posible verificar y de esto se encargan varias disciplinas- una disminución proporcional del abastecimiento energético local con su consecuente desvitalización. Dicha zona recibiría sólo el suministro necesario para sostener las funciones en su mínima expresión, tal como sucede en las horas de sueño. Existen infinidad de variables que intervienen en este proceso otorgándole distintos tiempos y matices que recién empiezan a conocerse debido a la profundidad y a la inaccesibilidad del psiquismo. Tal como sucede con muchas de las funciones y procesos del hombre, el direccionamiento de la atención puede hacerse de manera consciente e inconsciente. La manera consciente podemos verificarla a diario ya que es la empleada para manejarnos en el mundo físico, brindándonos la útil e imprescindible posibilidad de seleccionar la zona en la cual deseamos o necesitamos concentrarnos para cumplir con un objetivo determinado. La manera inconsciente la ejerce esa parte del psiquismo con la finalidad de mantener el insustituible suministro de BIOENERGÍA en toda la estructura. Estas dos funciones que acabo de describir, se llevan a cabo en condiciones ideales de equilibrio. Sabemos que esta situación no se verifica en ningún ser humano, ya que si alguno lograra la armonía absoluta dejaría automáticamente de necesitar habitar una estructura material tal como es el cuerpo físico. Por lo tanto, es dable suponer que, de acuerdo con el tipo de particularidades que muestre el sistema de control (psiquismo), así se verán alterados los mecanismos de suministro energético. No olvidemos que somos un todo compuesto por planos dinámicamente relacionados. Cuando digo particularidades en el sistema de control, no me refiero a alteraciones psicopatológicas sino a cualquier pequeña distorsión en nuestra apreciación de la realidad circundante y sus procesos, o a una visión errónea de nosotros mismos y de nuestra interacción con el mundo. Esta mecánica natural, lejos de tratarse de un suceso patológico, consiste en la manera que es advertida la conciencia de sus errores y de los puntos que aún quedan por aprender y ser incorporados al ser total. Otra de las posibilidades del direccionamiento de la atención consiste en enfocarla fuera del sistema humano, o sea, en el mundo exterior. Es obvia la necesidad y la utilidad de este recurso ya que es el encargado de mantenernos conectados con el entorno. Nuevamente, la situación ideal consistiría en mantener un adecuado balance, variando con la necesaria rapidez la focalización de la atención en nuestro sistema y en el medio que nos rodea. De este modo tendríamos conciencia de nosotros y del mundo. El resultado de esta situación sería estar clara y sólidamente al tanto de lo que ocurre en nuestro interior como seres humanos y

como, al mismo tiempo, de lo que le sucede a los demás y al mundo en general. Lejos de abundar el adecuado equilibrio mencionado, podemos observar que la mayoría de los seres humanos poseen una marcada tendencia hacia alguno de los dos polos con la consecuente distorsión de la realidad que ese desbalance trae aparejado. Si la atención se volcara mayormente hacia adentro, el individuo desarrollaría una marcada tendencia al autocentrismo, y la sensación consistiría, simbólicamente, en sentirse el centro del Universo conocido. Se nublaría la percepción del mundo y de sus procesos, y la relación con los demás seres no sería justa y equilibrada. Suelen ser individuos con marcada inclinación a vivir dedicados a satisfacer sus deseos inmediatos y a sostener la actitud de “transcurrir con alegría” sin mayores cuestionamientos ni profundización alguna ni interés en “complicados procesos internos”. En caso de prevalecer la tendencia a dirigir excesivamente la atención al mundo exterior, nos encontraremos ante personas con poca conciencia de sí mismos pero al tanto de todos y todo lo que sucede fuera de ellos. Habitualmente se trata de seres valorados por su dedicación a los demás y por “estar cuando se los necesita y no escatimar esfuerzos para ayudar”. Cuando el sistema dirige hacia fuera su concentración, en general lo hace para intentar evadir la conexión interior por resultar esta dolorosa. En líneas generales, podemos encontrar este tipo de particularidad en los individuos que han sufrido importantes traumas afectivos a edades tempranas. Como recurso paliativo de esta situación traumática, la persona busca refugio en la valoración del mundo exterior desplazando su atención hacia el entorno y sus seres. Es esperable la desvitalización y el agotamiento en regiones corporales determinadas, con sus consecuentes alteraciones. En este caso, se pierde claridad en la percepción de los conflictos internos y rara vez la persona se ocupa del trabajo personal:

están muy ocupados con el mundo. Si bien he comentado estados dos modalidades como ítems individuales, la realidad es que en general operan de manera combinada. Una persona que posee cualquiera de lo dos desequilibrios no está en condiciones de profundizar en el mundo ni en sí mismo. Si se nubla la visión interior también se oscurece la visión exterior. Si un ser se encuentra en un aceptable grado de equilibrio entre su atención interior-exterior, será capaz de hacer el intento de llegar al fondo de sí sin perder capacidad de comprometerse sólidamente con el entorno.

Habitualmente el ser humano posee la tendencia a tratar de eliminar con rapidez el tan útil mecanismo de aviso conocido como dolor, debido a que se trata de una sensación desagradable. Uno de los recursos que utiliza con mayor frecuencia para lograr este fin consiste en reprimir y olvidar los traumas emocionales registrados, en especial los de las primeras etapas de la vida. Por supuesto que el empleo de esta técnica resulta de corto alcance ya que el sistema total no posee capacidad de olvido. El hecho de no tener una información disponible para el psiquismo consciente de manera inmediata no significa de ningún modo que los hechos vividos y sus sensaciones asociadas hayan sido eliminados de la psique profunda. Se encuentran en alguna región de la totalidad y producen su efecto aunque no podamos ser conscientes de ello.

Cuando el hombre se siente agobiado por ideas, sensaciones y sentimientos que no se atreve a aceptar, trata de relegarlos a zonas profundas de su interior. El mecanismo utilizado consiste en la negación de los conflictos con su consecuente represión. Esto genera dentro del sistema una especie de módulos psíquicos aislados, a los que podríamos llamar compartimientos estancos. La situación es equivalente a separar y olvida las regiones psíquicas con su correspondiente carga emocional- relacionadas con determinados problemas. La consecuencia automática es la disociación de la percepción del cuerpo en la región refleja correspondiente. De acuerdo con mi entender, se trata de un recurso natural para advertirnos que estamos separando y olvidando una parte de nuestra realidad en lugar de aceptar y resolver el conflicto. Otro caso relacionado con lo enunciado se verifica cuando la persona no centra la atención en determinadas partes de su cuerpo por tener miedo de sentir sus propias emociones (habitualmente generadas por fuertes impulsos instintivos). Cuando estas son de carácter amenazador, en general se las suprime por medio de tensiones musculares crónicas a fin de inhibir la excitación natural vital que, en caso de descontrolarse, produciría resultados no deseados. Estas tensiones musculares se detectan con claridad y que no permiten realizar movimientos espontáneos en las zonas interesadas. Como consecuencia, el cuerpo sufre gradualmente alteraciones en su anatomía debido a la actuación permanente de la musculatura contraída. Esta situación también disminuye la libre circulación de BIOENERGÍA en la zona de la contracción y, como consecuencia, también se registra una disminución de fuerza vital en todo el sistema, aparte de otras alteraciones. Uno de los efectos más relevantes y notorios en el caso planteado, consiste en la pérdida de claridad psíquica para evaluar la situación interna-externa. E individuo muestra tendencia a la enajenación y al aislamiento en grado proporcional al potencial energético que ponga en movimiento el conflicto. Recordemos que la conexión con otros organismos vivientes y con el mundo se efectúa por medio de fuerza vital. Esta desconexión o disociación puede hacerse de forma parcial, o sea, que afecte a alguna parte del cuerpo separándola energéticamente del resto. La parte disociada tendrá relación directa con el origen del conflicto.

PSIQUE-CUERPO

No es la finalidad de esta obra constituir un tratado de medicina psicosomática, pero si alguien abordara el trabajo de restauración del equilibrio del ser humano y no tuviese en cuenta que el psiquismo ejerce el control de TODOS los procesos del sistema incluyendo, por supuesto, los energéticos, la tarea estaría limitada a uno de los planos subordinados a ella y, por lo tanto, el resultado sería de escaso alcance ya que no podría ir más allá de actuar sobre el síntoma en alguno de sus niveles de manifestación. Como resultado, el origen profundo del problema permanecería intacto y, como consecuencia esperable, la enfermedad lo acompañaría. Siguiendo la línea de pensamiento del Dr. Chiozza, podemos decir, como pauta base del enfoque, que es posible encontrar un significado inconsciente relacionado con toda forma, función o proceso somático; tanto en caso de tratarse de procesos normales como patológicos. Con esta premisa vemos con

claridad que el cuerpo físico tiene capacidad para ejercer una función simbólica y para reflejar procesos psíquicos. Por lo tanto, TODO proceso corporal está asociado a una fantasía inconsciente (esquema psíquico) determinada que le corresponde de manera directa y exclusiva. Si consideramos las enfermedades desde este punto de vista es dable suponer que se tratan de combinaciones o esquemas determinados por diferentes fantasías específicas.

LOS AFECTOS

La teoría psicoanalítica postula que los afectos son movimientos vegetativos que se realizan con una modalidad específica. El extremo inicial donde se generan estos movimientos no se conoce en su totalidad ya que se originan en las desconocidas profundidades del psiquismo humano. El extremo final de este complejo proceso puede ser percibido por la conciencia en forma de una amplia gama de efectos que abarcan desde las sensaciones corporales hasta los sentimientos. De modo general, podemos decir que la cadena de sucesos que conforma el proceso afectivo cumple con la ley de todo lo conocido en el Universo: pone en movimiento un determinado potencial energético. Observando los dos extremos del proceso afectivo podemos ver en ellos una especie de puente que une los territorios que se denominan psíquico y somático. En un extremo es un registro psíquico y en el otro es una descarga física. De este concepto se desprende que el proceso afectivo es psicosomático ya que participan en él ambos planos de la conciencia humana. Si consideramos la idea de que la descarga somática se realiza de acuerdo con un particular esquema psíquico, es lógico suponer que, interpretando adecuadamente el síntoma visible podemos llegar a encontrar correlación con dicho esquema. Cuando decimos síntoma visible no debemos limitarnos a considerar dentro de esta categoría únicamente al trastorno corporal (sea este anatómico o fisiológico) sino también a lo que la conciencia percibe como una alteración de su estado anímico (emocional) en cualquiera de sus diferentes tipos y grados de intensidad; incluyendo, por supuesto, los estados inciertos, variables e indescriptibles.

DESCARGA DE LA INVESTIDURA (ENERGÍA)

Sabemos por la Física moderna que vivimos en un Universo de energía. Absolutamente TODO fenómeno conocido por el hombre lleva implícito en su naturaleza algún tipo de movilización de energía con su correspondiente manifestación particular. El proceso conocido como pensamiento no puede ser la excepción aunque se conozca muy poco del modo en que éste opera en planos profundos. La psicología actual, desde su enfoque, postula este principio diciendo que:

todo pensamiento, por más pequeña que sea la investidura de las representaciones que opera, lleva siempre implícita una descarga motora. Dicha descarga motora está compuesta por dos elementos: un componente

vegetativo, la emoción, que se descarga dentro del propio organismo, y un componente de acción que se descarga en relación con los objetos del mundo. El monto de energía puesto en movimiento por un pensamiento, por pequeño que este sea, una vez generado debe descargarse. Esto equivale a decir que esa carga puesta en movimiento, en su etapa final debe, necesariamente, tener un destino. Los procesos somáticos que la conciencia interpreta como manifestaciones corporales desprovistas de significado afectivo, corresponden realmente a procesos de descarga que se producen a partir de una forma de proceso de ese afecto deformada por la represión; forma que constituye el significado inconsciente del proceso somático. Recordemos que ese esquema inconsciente se manifiesta a través de lo que la conciencia percibe como una transformación del órgano físico o como una alteración en su función, y otras mediante lo que ésta interpreta como un estado anímico particular. Aunque pueda parecer contradictorio, luego de lo visto anteriormente, debemos considerar al ser humano como un sistema y no atribuir el origen de sus fenómenos sólo a un plano determinado, ya que es sabido que no conocemos los extremos; por lo tanto, no es posible llegar hasta la causa última. Si analizamos la enfermedad desde esta perspectiva, podremos advertir con claridad que no puede ser catalogada en sí misma de física ni de psíquica. Estos sólo son dos conceptos que describen planos aislados de la totalidad, que se diferencian por la modalidad de impresión sobre la conciencia. Conceptualizamos como físico lo que percibimos con los cinco sentidos, y como psíquico lo que posee como cualidad la capacidad de significación. Si consideramos el sistema en su totalidad, y dentro de él a la enfermedad, perdemos de vista el origen de esta última, ya que el ser humano no conoce siquiera la naturaleza real ni la finalidad de la vida. Calificar una enfermedad de psíquica o de somática equivale a observar y a calificar la misma manifestación en dos planos distintos. Si lleváramos el tema aún más allá, llegaríamos al punto base de las escuelas de conocimiento más antiguas y, por lo tanto, más sabias de nuestro planeta. Este punto básico se asocia al concepto de finalidad. Pareciera que todo lo conocido y acontecido en relación con la vida, lleva implícita una finalidad específica determinada por las desconocidas fuerzas que rigen al hombre y su Universo.

Tal vez la finalidad sea la evolución… tal vez…

CLAVE DE INERVACIÓN

Vimos que los afectos, en su dinámica, deben descargarse, y lo hacen de un modo específico. Esta modalidad de descarga está determinada por un registro inconsciente; por un registro al que Freíd denominó Clave de Inervación. Podemos decir entonces que la clave de inervación es un conjunto de instrucciones inconscientes que determinan las particularidades de las distintas descargas motoras vegetativas que caracterizan los diferentes afectos.

Todo afecto puede ser identificado y diferenciado porque posee un esquema particular. Cada emoción distinta -generada por los afectos- registrada en la conciencia, constituye un movimiento vegetativo que proviene de una excitación nerviosa que se realiza de una manera típica y que tiene su origen en ese grupo de registros de control de los procesos afectivos.

A modo de generalidad introductoria, y con la finalidad de despertar la

necesidad de investigación en el lector, digamos que existe un tipo de alteración en el proceso de los afectos que todos nosotros poseemos en distintos grados y con muy diferentes particularidades; se conoce en psicología como neurosis.

En líneas generales, esta se origina cuando la conciencia determina la necesidad de defenderse de un afecto dirigido hacia una persona o situación. Al resultar doloroso el hecho de experimentarlo concientemente, nuestra enigmática psiquis “elige” transferirlo a otra persona o situación (representación sustitutiva). Por supuesto, el resultado es una condición psíquica patológicamente deformada o irreal. El caso extremo de este recurso puede verse en la psicosis, en la cual la deformación de la situación real llega a un grado tal que se altera el adecuado juicio de la realidad al punto de crearse el individuo una realidad propia y superponerla a la original. Sin intención de dividir en partes la conciencia humana y sabiendo que TODO parte de un mismo origen interno, podemos decir que existe otra forma de enfermar con particularidades bien definidas. Vimos que la clave de inervación de los afectos consiste en un grupo de registros psíquicos que maneja la dinámica del proceso afectivo. Este grupo está constituido por innumerables elementos conocidos y tipificados, y otros aún no establecidos con claridad. No olvidemos que al momento de investigar

la psique humana nos encontramos con el hecho de que, al profundizar en ella,

va haciéndose gradualmente difuso el terreno de lo comprensible e interpretable por medio de la razón. Se ha observado que el desplazamiento de la importancia (investidura) entre registros puede realizarse dentro de la misma clave de inervación, de modo que algunos de ellos reciban una carga más intensa y otros sufran el efecto contrario a modo de compensación. Cuando el proceso realiza la operación de descarga a partir de esta clave deformada, la conciencia ya no percibe un afecto (con su emoción asociada), sino un fenómeno que la psicología denomina somático, precisamente porque el significado afectivo de este suceso permanece oculto (inconsciente). Resumiendo podemos decir que la alteración somática implica que el desplazamiento de la atención no se efectúa sobre una representación sustitutiva, tal como sucede en el caso de la neurosis, sino dentro de la misma clave de inervación, de modo que algunos elementos de esa clave reciben una carga más intensa en disminución compensatoria de otros. Chiozza resume claramente el concepto diciendo que: bajo esta visión, toda enfermedad somática puede ser entendida como la descomposición de un afecto en su clave de inervación; por lo tanto puede ser concebida como una descomposición patosomática del afecto.

MÓDULOS DE CONTROL DE LA PERSONALIDAD

Desde el punto de vista del sistema humano total, o sea, integrativamente considerado en sus planos componentes, podríamos decir de modo general que cada persona es la suma de todas sus experiencias vitales, las cuales están registradas en la personalidad y estructuradas en su cuerpo. Considerando esta premisa podemos afirmar que esos registros son elementos activos, ya que producen un efecto y muestran su existencia en los distintos aspectos de nuestro comportamiento, en la forma que va adquiriendo el cuerpo, y, principalmente, en las enfermedades. Todos los conflicto acumulados y combinados, unidos a las características básicas de nuestra personalidad, van desarrollando patrones de conducta que se estructurarán firmemente en la psiquis con el consiguiente potencial arrastrado. Naturalmente, el efecto llegará de manera inevitable a la zona correspondiente del cuerpo físico. Estos patrones de conducta, formados por infinidad de registros menores, se convierten así en lo que Lowen llama segunda naturaleza. Esta naturaleza suplementaria, obviamente enferma, se superpone a lo que originalmente se conoce como primera naturaleza. La sustitución (mi opinión es que no se trata realmente de una sustitución sino de una deformación de la primera) se efectúa gradualmente tal como sucede en todos los procesos humanos, de manera que la persona no advierte la mutación de su personalidad original en otra patológicamente alterada. La solución consiste en la recuperación de los parámetros y los registros de la primera naturaleza. Por supuesto, este proceso es mucho más sencillo en la teoría que en la realidad, ya que estamos tratando con niveles profundos, a los cuales la razón sólo tiene acceso de manera indirecta y poco clara. La herramienta más común empleada para efectuar la operación recuperatoria consiste en la palabra (el discurso), aún con las evidentes limitaciones que este método implica. Al existir esta segunda naturaleza (o módulos alterados que controlan nuestra conducta) podemos decir que el individuo no es completamente dueño de sí mismo porque se corre el riesgo permanente de que estos módulos tomen el control independientemente de la voluntad consciente. En la mayoría de los casos ni siquiera tenemos conciencia de haber perdido el dominio de la situación: perdemos noción clara de lo que está sucediendo dentro y fuera de nosotros. En este caso de inconciencia parcial o distorsión de la realidad, vivimos con la creencia de estar actuando de manera adecuada en todos los planos, y de poseer un equilibrio casi ideal. Procedemos negando o ignorando nuestro estado real.

ORIGEN DE ESTOS MÓDULOS COMPLEJOS

Lo que expongo a continuación es la Teoría de los Complejos desde el punto de vista de la Psicología tradicional. En ella se considera la formación de módulos patológicos. En lo que veremos, tomo como base dicha teoría y la hago extensiva a todos los módulos de control del sistema humano. Aprovecho para destacar que el carácter de patológico con que se designan las conductas menos habituales y poco comprendidas por la rígida razón, tiene su

origen en una calificación de naturaleza estadística, y, por lo tanto, incierta, y considero como Jung que todos los procesos verificables en el psiquismo constituyen manifestaciones vitales de esta durante su proceso de integración, y no son más patológicos que el incomprensible estado onírico de todos nosotros.

Existen como componentes del psiquismo humano determinados grupos característicos de elementos que se generan y se agrupan alrededor de registros cuyo contenido arrastra un determinado monto afectivo: estos conjuntos se conocen como complejos (como sinónimo de compuestos). Se trata de situaciones psíquicas fuertemente cargadas emocionalmente y que resultan incompatibles con la postura habitual de la conciencia. Esta situación de incompatibilidad crea un estado de tensión entre consciente e inconsciente por contener dos tendencias opuestas (las tendencias no son realmente opuestas sino que los aspectos consciente e inconsciente del psiquismo humano poseen dos maneras muy diferentes de procesar las emociones; de hecho, el psiquismo consciente tiene muy poca injerencia en el plano emocional). Estos objetos tienen su origen en la experiencia interior y se forman sin la menor intervención de la conciencia. Vuelvo a destacar que no son de naturaleza morbosa sino que se trata de manifestaciones vitales de la psique en su dinámico y continuo proceso evolutivo. Estos módulos compuestos están constituidos por un elemento central o núcleo, y gran cantidad de registros asociados que son incorporados posteriormente y adquieren la condición de información secundaria. A su vez el elemento nuclear está formado por dos componentes: el primero consiste en una vivencia vinculada al ambiente de manera causal, y se trata generalmente de episodios que arrastran consigo una carga tal de afecto que consiguen generar un registro nuclear en el psiquismo. La segunda componente se trata de una condición particular relacionada con el carácter personal del individuo, y que le otorgará a la generación del núcleo y a su naturaleza distintos matices. Este elemento nuclear tiene una particularidad que se conoce como tono afectivo, y está relacionado con la cantidad de energía que posee (potencial psicoenergético). El poder para atraer y mantener agrupadas las asociaciones secundarias que posea el núcleo dependerá de manera directa de ese valor. Tanto un complejo como su núcleo esencial pueden ser conscientes o inconscientes. En caso de ser inconscientes, podemos aplicar la Teoría de la Represión (Freud), en donde la actitud consciente es hostil al complejo y le impide toda concientización relegándolo a planos profundos. Si el origen es inconsciente y el contenido es nuevo y, por lo tanto, extraño a la conciencia, aún no existirán asociaciones y vinculaciones con los contenidos concientes. Es obvio que cada constelación de complejos motiva un estado de conciencia perturbado (prefiero llamarlo particular) en el plano o los planos directamente relacionados con esos módulos supuestamente patológicos, y en menor grado este estado exclusivo influirá sobre la totalidad del sistema de acuerdo con su naturaleza, con su potencial y con sus características. En caso de verificarse el estado perturbado, el efecto directo y más perjudicial consiste en la ruptura de la unidad de la conciencia y en que la voluntad es más o menos dificultada, y hasta puede ser impedida. En este estado se pierde la coherencia de propósitos conscientes dentro de la zona de influencia del

complejo, en especial en caso de ser estos inconscientes, ya que han sido desalojados de la conciencia.

Si analizáramos el proceso desde la energética humana, diríamos que el

complejo posee un potencial capaz de superar, en algunas ocasiones, el del propósito consciente; de ahí la ruptura de ese orden. Visto desde un enfoque mecánico, el fenómeno verificado de ruptura del orden consciente y su consecuente transferencia del control al módulo patológico

(complejo), podría compararse con el hecho de poseer dos psiquismos

conscientes con diferentes propósitos, y ambas capaces de ejercer el pleno control en momentos alternados.

Es claramente verificable a través de la experiencia, que en el momento que un

complejo se halla en condición de activo, el psiquismo consciente se encuentra

momentáneamente en un estado de pérdida de la plena libertad de pensamiento, de decisión y de acción.

UNA HIPÓTESIS SOBRE LOS MÓDULOS PSÍQUICOS

Hasta aquí hemos visto los módulos desde el punto de vista de la Teoría de los Complejos enunciada por la Psicología clásica. Si tomamos como aceptable este modelo y estamos de acuerdo en que se trata de conjuntos de registros que forman un grupo patológico, podemos preguntarnos qué sucede con la información y con las instrucciones psíquicas necesarias para manejarnos en ocasiones “normales”. Considerando esto, creo propio ampliar el panorama y hacer extensiva la creación de módulos de control a toda situación que requiera en el psiquismo algún tipo de información para procesar sucesos. Cuando digo procesar me refiero a percibir, calificar, clasificar, registrar y crear respuestas para conducirnos interna y externamente en dicha circunstancia.

Lo que expongo como hipótesis acerca de los módulos de control consiste

solamente en un simple modelo diseñado a fin de intentar graficar lo incomprensible.

CONFORMACIÓN DE LOS MÓDULOS

Mi forma de concebir la conformación de los módulos psíquicos de control,

contempla tres niveles:

1º nivel: Un elemento nuclear. Consta de la temática básica del módulo que justifica su creación y su existencia dentro del sistema psíquico.

2º nivel: N cantidad de niveles de registros asociados. Están formados por registros posteriormente agrupados que guardan relación secundaria con el núcleo. Contienen información complementaria.

3º nivel: N cantidad de elementos.

Los registros secundarios están compuestos a su vez por elementos

menores.

Hemos visto en la Teoría de los Complejos que el núcleo de estos está conformado por dos elementos. El primero de estos consiste en una vivencia vinculada al ambiente de manera causal. De acuerdo con mi entender, esta vivencia no tiene que ser necesariamente tal ni encontrarse originada por un suceso externo. Veremos más adelante que el psiquismo puede tomar información de sí misma y generar otros módulos con su respectivo elemento nuclear. Tampoco coincido con la idea de que las características de orden disposicional del núcleo se encuentren registradas en éste; sí creo viable pensar que estas particularidades de la personalidad existen en los módulos que se encargan de evaluar los sucesos y de generar nuevos módulos. El núcleo de un módulo psíquico recibirá el resultado de la evaluación hecha en base a las características personales del individuo y lo hará en forma de cualidades propias tal como veremos más adelante.

ORGANIZACIÓN DE LOS MÓDULOS

En este punto se verifica una particularidad que surge a partir de las observaciones realizadas con respecto a la organización interna de los módulos de control. Existe una característica del sistema humano que puede observarse con claridad en muchos de sus sistemas y procesos tal como, por ejemplo, en la fisiología de los sistemas físicos. Esta trata de una estructura organizativa jerárquica que contiene distintos niveles de información. Esta forma de disposición operativa puede apreciarse en el sistema endócrino, en el sistema inmunológico, y otros en los cuales los sucesos entre las distintas componentes de estos ocurren encadenados en un secuencia determinada por la Naturaleza, y por las características inherentes a las distintas estructuras y procesos. Tal como sucede en toda organización de este tipo, la dirección se ejerce desde los niveles superiores hacia los inferiores; y la dependencia actúa en sentido inverso. Resumiendo el concepto podemos decir que de “arriba” hacia “abajo” controlan, y de “abajo” hacia “arriba” dependen. Para el caso del psiquismo humano podemos decir que los niveles superiores corresponden a los registros básicos tales como, por ejemplo, los núcleos de los complejos que ya hemos visto. Estos tendrán autoridad o poder sobre los registros posteriormente agrupados en torno a él. Aún dentro de estos últimos, los habrá de mayor o menor jerarquía de acuerdo con su tipo, su grado de relación con el núcleo, y el potencial energético acumulado. Existe una variante en la dinámica operativa que se complementa con la del funcionamiento natural de la estructura jerárquica; esta consiste en la posibilidad de comportarse como una organización radial. Este tipo de sistematización está formado por una componente nuclear y n elementos “satélites” que dependen del núcleo de manera directa y al mismo nivel entre sí.

Para visualizar con mayor claridad ambas organizaciones veamos dos sencillos gráficos:

Organización jerárquica

 

A

B1

B2

 

C1

C2

C3

D11

D12

D21

D22

D31

En este modelo organizativo, “A” posee el control supremo. “B1” y “B2” dependen de manera directa de “A”, y juntos ejercen el control del nivel inferior llamado “C”. Cada integrante del nivel “C” practica a su vez la dirección de los componentes que le corresponden del nivel “D”. Esto podría extenderse con innumerables variantes, pero la idea es dar sólo un ejemplo de la estructura en árbol jerárquico. La toma de decisiones se llevará a cabo dentro de los límites indicados por las interconexiones entre los elementos. Estas decisiones estarán de acuerdo con los atributos y con las funciones establecidas para cada nivel.

Organización radial

B1

B2

B3

A

B4

B5…

Bn

En esta disposición, “A” tiene a su gobierno todo el sistema. Las componentes “B” se encuentran subordinadas a “A” de manera directa y sin importar la cantidad de ellas. Toda decisión debe ser tomada o aprobada por “A”.

POLARIDAD DE LOS MÓDULOS

En este punto se verifica otra muy importante particularidad de los módulos de control de la personalidad; está referida a su carga dinámica polar. Cuando hablo de carga dinámica polar, pretendo dar la idea de la cualidad del potencial de influencia que posee todo módulo psíquico. Pareciera que la Ley de la Polaridad, enunciada hace milenios para todo el Universo conocido por el hombre, se cumple también en lo referente a los grupos de registros psíquicos.

Polaridad Inicial

Para ejemplificar este punto, imaginemos a dos familias compuestas por una pareja de padres y un niño menor de diez años que por primera vez deciden vivir la experiencia de remar en bote por el río. La primera de las familias disfruta de una hermosa y enriquecedora experiencia entre padres e hijo, al aire libre, durante todo un día de paseo. Juntos regresan a su hogar comentando el feliz suceso y prometiéndose volver a vivirlo tantas veces como deseen. La segunda familia se encuentra navegando en medio del río cuando la falta de conocimiento de esa actividad los lleva a ejecutar un movimiento erróneo dentro del bote, produciendo así un accidente en el cual, al voltear éste, todos caen al agua sin poseer el necesario entrenamiento en ese tipo de emergencias. El resultado es que, penosamente y con la ayuda de casuales terceros, logran sobrevivir los tres, no sin antes sufrir una seria y riesgosa situación con las consecuencias físicas y psicológicas del caso. Imaginen ahora a ambos niños participantes de los episodios mencionados cuando algún suceso o comentario exterior les evoque el hecho de remar en bote por el río. El efecto de mencionar ese suceso hará que el sistema psíquico recuerde y traiga a la superficie (a la conciencia) todas las componentes que constituyeron ese episodio, incluyendo su carga emocional, en especial si se trató del primer suceso relacionado con el tema y posee un alto potencial. Es claro el efecto que este recuerdo tendrá sobre la conciencia en uno y en otro caso planteado, incluyendo su influencia sobre otras experiencias a vivir, relacionadas indirectamente con el caso. Por ejemplo, en todo lo que se trate de acercamiento a aguas profundas. Vemos aquí el módulo que en el futuro procesará una situación determinada (en este caso remar por el río) puede ser registrado con un potencial que producirá un efecto agradable o desagradable (traumático) en el sistema. En este caso la importancia es aún mayor ya que se trata del primer módulo relacionado con esa situación particular. Se puede aplicar aquí la Ley de Polaridad. De acuerdo con la polaridad de las componentes que contengan los distintos módulos psíquicos, en especial el núcleo, así será el efecto que causen al momento de tomar el control y jercer su influencia.

Polaridad Resultante

La Polaridad de todos los componentes psíquicos que conforman los conglomerados, no tiene que ser necesariamente la misma. Pueden existir registros de ambas polaridades dentro de un mismo módulo, por eso he hablado de efecto resultante, refiriéndome a la suma algebraica de los potenciales y cualidades de los registros componentes de éste.

POTENCIAL DE LOS MÓDULOS

Ante lo desconocido de los procesos psíquicos y la dificultad de mensura real, el ser humano elabora modelos para intentar definir la “realidad”. Quiero agregar un esbozo más, a fin de graficar el modo en que considero actúa el

potencial de influencia de los patrones de conducta en el desenvolvimiento vital del hombre. Esta parte de mi hipótesis está basada en dos pilares centrales que son: el efecto y el potencial de los módulos y su dinámica asociada. En principio, y por una habitual generalización, designaremos con un signo “+” los registros que posean influencia agradable, y con un signo “-“ los opuestos. Evito deliberadamente el hecho de utilizar los términos “beneficioso y perjudicial”. Si emplease estos calificativos me sentiría obligado a embarcarme en una disquisición filosófica acerca de aquello que resulta realmente beneficioso o perjudicial para el ser humano y para su proceso de aprendizaje, ya que esto daría origen a diversos volúmenes que se agregarían a la enorme lista de los ya existentes, y que tratan un tema que, de acuerdo con mi entender, el ser humano no está capacitado para comprender en su totalidad. Lo que planteo como agradable y desagradable puede asociarse, si es que el lector desea buscar alguna relación con lo conocido, con la teoría de las emociones que producen reacciones de excitación o de depresión en el sistema. También puede ser relacionado con el principio freudiano de amor- odio; con la atracción-rechazo; con el placer-displacer, o con tantas otras formas de designar esta polaridad. Omito calificar y clasificar las sensaciones registradas desde otra óptica ya que, por ejemplo, algunos tan desagradables miedos nos mantienen a salvo de muchos peligros y, por lo tanto, bienvenidos sean con su molesta sensación. No es de mi interés “hilar fino” en temas sobre los cuales se llega idefectiblemente a zonas difusas hasta el oscurecimiento total. Sólo intento tipificar los registros que el sistema cataloga y graba con una etiqueta de:

disfruto o sufro emocionalmente la influencia de ese módulo. El lector atento se preguntará por qué elijo unos términos y una lógica tan, aparentemente, superficial para tratar con las sensaciones que producen estos módulos. Las respuesta es que el ser humano medio, sin estar informado ni entrenado en una visión más amplia de la conciencia, tiende a conducirse de manera primaria, eludiendo o reprimiendo la mayoría de las situaciones, individuos y objetos que le produzcan un efecto desagradable, y a acercarse a lo que le produzca el efecto contrario, sin detenerse a considerar el motivo de la atracción o el rechazo. Si lográramos mantenernos alerta y analizar las causas que motivan estas reacciones básicas, con seguridad nos encontraríamos ante la situación de alejarnos de todo aquello que nos muestre una cruda y verdadera imagen de nosotros y de todo lo que nos falta aprender. En contraposición con esta mecánica nos acercaríamos a todo aquello que coincida con la cómoda e incompleta imagen que tenemos de nosotros y de la “realidad” circundante. Debido a las sensaciones de rechazo-atracción que ejercen sobre la conciencia los módulos psíquicos, es que tendemos a seleccionarlos hundiendo los dolorosos en las profundidades del inconsciente, y manteniendo cerca del conciente aquellos que nos producen placer o, por lo menos, menor dolor. Lamentablemente, son los registros que hundimos aquellos que más necesitamos para cumplir con nuestra tarea en la vida. Todos conocemos los efectos de esta conducta. Creo no equivocarme al pensar que esta ceguera complaciente es uno de los factores decisivos al momento de considerar la enfermedad.

Existe una tercera posibilidad de estado o carga energética. Esta consiste en un potencial de efecto neutro, o sea, podemos decir que no posee carga afectiva. De acuerdo con lo observado, posiblemente se trate de registros de datos, percepciones, habilidades, capacidades, y todo otro tipo de información codificada que no ponga en movimiento algún tipo de modalidad específica de afecto. Estos registros contendrían elementos de memoria pura (datos) desprovistos de potencial emocional para ese estado puntual del sistema. Dichos registros no influirían en el potencial afectivo del módulo pero sí al momento que el sistema considera la situación y elabora respuestas, ya que estos contienen elementos de datos. La otra posibilidad que considero viable es que se llegue a potencial neutro luego de un adecuado trabajo con el módulo en cuestión. En cuanto a las cantidades que presento, constituyen valores arbitrarios elegidos sólo a fin de graficar la dinámica del proceso. Nótese también que carecen de su respectiva magnitud. Recordemos la organización descripta anteriormente: se trata de una disposición jerárquica. Vamos ahora a profundizar en el detalle de los niveles y a asignarle valores al azar. Cada módulo (incluyendo el elemento nuclear) estará representado por un signo que indicará su efecto, y un valor asociado que representará su potencial. Tomemos como ejemplo un sencillo esquema:

Elemento Nuclear……………… Primer Nivel Asociado…………

+10

5

-

El caso representa un módulo que ha sido creado por un suceso que el sistema interpretó como beneficioso o agradable (recordemos que estos adjetivos deben tomarse sólo a modo de calificación descriptiva de la emoción primaria asociada al suceso). De acuerdo con el impacto que produjo (potencial energético emocional puesto en movimiento), el sistema lo registró con un potencial de 10. Vemos también la existencia de un elemento relacionado con el núcleo, que el psiquismo consideró de importancia o valor secundario y lo asoció durante o posteriormente al proceso de creación del patrón psíquico en cuestión. El efecto que produce sobre el sistema es desagradable pero de menor importancia que la del motivo central. Lo planteado hasta aquí se puede verificar en el suceder cotidiano y, por lo tanto, podemos considerarlo admisible en alguna medida; pero examinemos otro caso.

Elemento Nuclear………………

+

5

Primer Nivel Asociado…………

-

5

Considerado de manera superficial, pareciera que el módulo se encuentra “compensado” y que su influencia resultante fuese neutra o equilibrada, no produciendo entonces ninguno de los efectos mencionados hasta aquí. En este punto aparece la base dinámica de la hipótesis planteada.

De acuerdo con mi entender, el valor del elemento nuclear considerado al momento de efectuar la suma algebraica de los potenciales, tendría un valor doble con respecto al de los elementos inmediatamente relacionados por ejercer su influencia desde un nivel superior. El caso complementario es que los valores de los elementos del nivel subordinado más próximo ejercerían la mitad de la influencia del nivel superior. El gráfico a considerar para determinar el efecto resultante del caso visto, se vería así:

Elemento Nuclear………………

+

5

Primer Nivel Asociado………….

-

2.5

(Valor original -5 % 2)

Si efectuamos la suma algebraica tendremos que el efecto derivado de las componentes sería beneficioso con un valor de 2.5. El potencial beneficioso del núcleo (+5) se ve disminuido por un registro de igual valor absoluto (-5) pero de menor importancia jerárquica para el estado actual del psiquismo en cuestión.

El caso puede llevarse a múltiples niveles en infinitas combinaciones en donde, a medida que descendemos un nivel, la cantidad se divide por dos para equiparar en importancia el valor del núcleo. Por ejemplo:

Elemento Nuclear……………… Primer Nivel Asociado…………. Segundo Nivel Asociado………. Tercer Nivel Asociado………….

Operando se convertiría en:

+

5 (No divide)

- 10 (Divide por 2) - 20 (Divide por 2x2) + 80 (Divide por 2x2x2)

Elemento Nuclear………………

+

5

Primer Nivel Asociado………….

-

5

Segundo Nivel Asociado……….

-

5

Tercer Nivel Asociado………….

+

10

Luego de efectuar la suma, tenemos que el efecto resultaría en un conjunto de registros de influencia agradable de valor 5 (o sea +5).

Por supuesto, los esquemas reales con seguridad manejarán una mayor complejidad de niveles y registros tales como, por ejemplo, el siguiente.

Elemento Nuclear………………

+5

Primer Nivel Asociado………….

-5

+11

Segundo Nivel Asociado……….

-29

Tercer Nivel Asociado………….

-28

+10

-1

-96

+8

Cuarto Nivel Asociado………….

-971

Quinto Nivel Asociado………….

+6

+479

-35

Sexto Nivel Asociado…………

-1 +15 +906

-93 +137 +18 +751

-2346

En este punto quiero hacer una aclaración a modo de salvedad y de respuesta anticipada a los lectores atentos que hayan comprendido lo expuesto y se interesen por esta rudimentaria hipótesis al punto de hacerse preguntas. Me planteo la cuestión de si el signo y el potencial del elemento nuclear le pertenece de manera directa o consiste en la sumatoria de los signos y los potenciales de todo el módulo. Inclusive contemplo la posibilidad de que existan en éste ambos valores, aunque, en principio, pareciera carecer de sentido. Me inclino por pensar que el núcleo puede contener la temática fría, y los registros posteriormente agrupados son los encargados de aportar el detalle activo del módulo. Si así fuese, es dable suponer que el elemento nuclear poseerá el valor resultante general del conglomerado, y no uno propio. Si nos ajustáramos estrictamente a este último concepto planteado, el gráfico se vería así:

Elemento Nuclear……………… Primer Nivel Asociado…………. Segundo Nivel Asociado………. Tercer Nivel Asociado………….

Operando tendríamos:

Elemento Nuclear……………… Primer Nivel Asociado…………. Segundo Nivel Asociado………. Tercer Nivel Asociado………….

n

-5 +10

-20

-20

+10

n

+2.5

-5

-2.5

-10

Por lo tanto, el valor del núcleo contendría el resultado de la sumatoria de los valores de los registros:

Elemento Nuclear……………… Primer Nivel Asociado…………. Segundo Nivel Asociado………. Tercer Nivel Asociado………….

-5

+2.5

-5

-2.5

Sumado a la facultad de actualización, los módulos poseen la capacidad de incorporación de elementos secundarios nuevos, de la misma forma y en el nivel correspondiente de acuerdo a como se han calificado y clasificado por el estado psíquico al momento en que se efectúe esta operación. Para aproximarnos un poco más aún a la realidad, podríamos incluir en el gráfico otro elemento faltante; se trata de los registros de potencial neutro.

Así podríamos encontrarnos con un módulo ejemplo tal como:

Elemento Nuclear………………

n

Primer Nivel Asociado………….

-1

+71

-891

Segundo Nivel Asociado……….

N1

+622

 

Tercer Nivel Asociado………….

-31

-15

N2

-86

+48

Cuarto Nivel Asociado………….

-577

Quinto Nivel Asociado………….

N3

-479

+134

+962

-1109

Sexto Nivel Asociado…………

-72

-18

+986

+113

+137

+18

N4

Podemos observar cuatro elementos desprovistos de carga afectiva codificados como Nn. Con respecto a los gráficos expuestos, deben tomarse como descriptivos de la mecánica global de proceso, y no como situaciones literales. Los casos planteados a lo largo de todo el libro son de extrema simplicidad y de carácter esquemático. La realidad del psiquismo total es de una complejidad tal que nunca podrá comprender el sistema de códigos que maneja el intelecto lineal. Más allá de la comprensión racional se encuentra la comprensión perceptual.

DINÁMICA DE LOS MÓDULOS PSÍQUICOS

Una de las tantas dudas que tuve cuando comencé a observar y a hacerme preguntas sobre la asombrosa psiquis humana, consistía en tratar de imaginar qué tipo de maniobra utilizaría ésta para sintonizar y transferir el control (activar un determinado módulo de proceso ante situaciones determinadas). Hoy creo haber llegado a tener una muy pequeña y personal idea del proceso implicado. Esta opinión se basa en algunas informaciones incorporadas por los medios habituales, pero, por sobre todo, se desprende de la observación de la conducta humana dentro del escaso alcance que permiten los parciales y subjetivos exámenes y conclusiones del hombre acerca de sí mismo. Nuevamente comencemos por un ejemplo que el lector, con seguridad, ya se habrá detenido a observar y a hacerse preguntas, al advertir sobre sí mismo lo que voy a plantear. Recordemos los momentos en que nuestro típicamente explosivo carácter se encuentra en reposo. Ampliemos el recuerdo a los momentos en que algo despierta nuestro enojo. En caso de que el lector sea un clásico exponente occidental y no reconozca sobre sí mismo esta inmadura actitud, bastará con que recuerde la situación en otra persona. Consideradas estas dos particularidades anímicas del ser humano desde un punto de vista objetivo y comparándolas, podríamos decir que “parece tratarse de dos personas distintas”. Recordemos cuantas sorpresas nos hemos llevado viendo en acción iracunda a una persona a la cual considerábamos tranquila. Y con seguridad hasta podemos haber sufrido una irreversible desilusión sobre ella. Hagamos algunas preguntas sobre la situación expuesta.

1- ¿Por qué medio el psiquismo puede sintonizarse en módulos de control de la conducta tan distintos y claramente diferenciados?

2- ¿Cómo toma la dirección del sistema un determinado patrón conductual?

3- ¿Cómo se mantiene durante un tiempo determinado en esos grupos de registros?

4- ¿Qué determina la duración de la permanencia del control en ese grupo?

5- ¿Cómo cede la conducción ese mismo patrón?

1- De acuerdo con mi manera de ver la mecánica psíquica humana, ésta sintoniza un determinado módulo de control por medio de la atención y haciendo uso de su capacidad para dirigirla. En todos los casos tengamos presente que el elemento nuclear es el registro que contiene la temática básica del módulo en cuestión, por lo tanto, dicha atención se dirigirá al módulo que considere necesario para procesar una determinada circunstancia de acuerdo con el contenido del núcleo que será similar al acontecimiento que está siendo experimentado. Sin adentrarnos en complejos detalles que nos conducirían a puntos ciegos luego de transponer el umbral de las posibilidades de la razón, quiero intentar un muy sencillo y básico esquema organizativo de la atención, tal cual lo he observado a lo largo de los años.

Atención consciente

- Control cierto

- Control incierto

- Mixto

- Indirecto

Atención preconsciente

Atención inconsciente

- Procesos Constantes

- Procesos Flotantes

- Procesos de Mantenimiento

A pesar de hacer distinciones entre las distintas formas de atención humana, considero que el control final de todo el sistema pertenece a nuestro psiquismo inconsciente o, si preferimos nombrarlo de otra manera, diremos el yo superior, los cuerpos sutiles, el Alma. En definitiva: la parte nuestra que no podemos conocer pero que continuamente nos encontramos sometidos a su influencia.

Atención Consciente

- Control Cierto: El control cierto o directo de nuestra atención es claramente verificable ya que se ajusta fielmente a la voluntad y decisión consciente. Podemos mover un brazo o detener su actividad. Podemos decir A o B. Pareciera que, en principio, somos dueños de nuestras acciones y de algunos pensamientos que no impliquen el compromiso de planos y de funciones superiores.

- Control Incierto: Hay momentos en que la dirección del proceso es

notoriamente incierta y aparecen componentes que ejercen influencia secundaria sobre nuestro sistema de pensamiento-acción, y no podemos delimitar con exactitud el grado de volición que poseemos para un procedimiento dado. Este control incierto puede ser mixto. Este es el caso de los gustos personales. Cuando nos encontramos eligiendo guiados por nuestras inclinaciones,

estamos realmente siguiendo los dictámenes de una parte inconsciente que tiene registrada una inconmensurable lista de preferencias previamente elaboradas y los motivos que las originaron. La elección consciente puede colaborar o decidirse entre una o más alternativas anteriormente calificadas y clasificadas; aún puede escoger en contra de la tendencia interna y hacer una elección consciente contraria a sus propios gustos. El caso de la atención indirecta está fuertemente relacionado con el anterior y su marcada diferencia radica en que el resultado de la decisión a tomar adquiere carácter de imperioso, encontrándose notoriamente disminuida la posibilidad de influencia volitiva consciente. Tomemos como ejemplo para este caso, nuevamente, las emociones violentas.

Atención Preconsciente

Sabemos que la zona del psiquismo conocida como preconsciente es una de las tantas divisiones ficticias que se realizan basadas en la diversidad de funciones que lleva a cabo la totalidad de ésta. Una de las más asombrosas posibilidades del ser humano consiste en la capacidad de automatización de los procesos. Sabemos que la manera más directa de automatizar y, por lo tanto, de incorporar algo a nuestra psique, es mediante la repetición. Cuando un proceso se encuentra automatizado en alguno de sus grados adquiere una característica fácilmente reconocible que consiste en que ya no requiere una gran concentración y dedicación de la atención consciente; se ejecuta utilizando un mínimo de dicha atención, convirtiéndose así su ejecución en semiconsciente. El control queda volcado mayormente hacia el preconsciente y la atención consciente queda casi totalmente liberada para otras operaciones más necesitadas de alta prioridad que pudiesen requerirla. En esta mecánica puede verse reflejada, una vez más, lo que se conoce como economía energética, en donde la naturaleza busca el máximo rendimiento con la menor inversión de energía en cualquiera de sus manifestaciones: desde combustible motor hasta tiempo. Un ejemplo claro de esta modalidad lo podemos observar en la conducción de un vehículo, donde al comienzo de la práctica debemos centrar fuertemente la atención consciente en las maniobras a ejecutar. Luego de adquirir práctica

(automatizar el proceso) es posible realizar un trabajo más preciso con un mínimo esfuerzo consciente. Otro ejemplo es el acto de mantener el equilibrio-caminar-hablar. Si bien las tres acciones necesitan de la atención consciente, el hecho de mantenernos en equilibrio y caminar nos es tan familiar debido a su cotidiana práctica que su control es transferido a la atención preconsciente por no ser necesaria la plena conciencia para ejecutar esas acciones simultáneamente. Aún podemos diferenciar entre el grado de atención necesario para mantener el equilibrio y caminar. Es evidente que para el primero se requiere todavía menos concentración que para el segundo. Recordemos que el equilibrio del cuerpo es una de las primeras habilidades que incorporamos a edades muy tempranas.

Llegamos así a la atención inconsciente. En este difícil punto nos encontramos con que el sistema psíquico ejecuta una enorme cantidad de funciones de manera constante y automática (vegetativas) siguiendo un detallado programa de control. Se conocen procesos que abarcan desde los de mantenimiento físico hasta los que gobiernan funciones superiores de percepción sutil. En este punto aparece la particularidad, de acuerdo con mi entender, más notoria de la psique y que nos habla una vez más de la relatividad de nuestra percepción consciente frente a la magnitud de una extensa vida inconsciente. Se trata de una diferencia fundamental en las posibilidades de proceso de ambas. Dicho de otra manera, en la asombrosa capacidad para ejecutar tareas de control con distintas características operativas. La atención consciente sólo tiene la posibilidad de ejecutar únicamente una tarea en el mismo lapso. Cuando decimos, por ejemplo, que leemos y escuchamos música simultáneamente, lo que sucede en realidad es que nuestra atención se dirige alternativamente a una u otra tarea. La sensación de simultaneidad está dada por el hecho de conmutar velozmente la atención entre ambas, dedicando muy poco tiempo a cada una. La impresión que nos queda en el caso planteado es que hemos comprendido todo lo leído y recordamos el tema musical escuchado cuando así lo deseamos. No olvidemos que el proceso de percibir con los cinco sentidos tiene una larga historia de entrenamiento y su control puede ser conciente o, como en el caso de leer y oír música, pasar la percepción auditiva a preconsciente y grabar lo oído en subzonas de memoria que pueden ser evocadas a voluntad y pasar con rapidez al estado de “disponible” para el acceso conciente (recuerdo). Esta atención puramente consciente (control cierto) podría calificarse de monocanal. De manera similar trabajan todos los computadores y no existen posibilidades, por el momento, de que un procesador principal ejecute dos instrucciones de manera simultánea. Si así fuese existiría el riesgo de superponer funciones contradictorias o de alterar secuencias imprescindibles. Si está capacitado para analizar una instrucción determinada y, en caso de ser necesario y viable (de acuerdo con la lógica global de proceso), derivar la tarea secundaria a procesadores menores mientras el procesador principal continúa procesando otra instrucción. Esta modalidad de atender tareas distribuyendo la atención velozmente entre todas, se conoce con el nombre de concurrente. Continuando con la atención inconsciente, podemos decir que ésta tiene la capacidad de ejecutar múltiples tareas simultáneamente mediante procesos combinados absolutamente automáticos (modelo de árbol multidimensional).

Basta detenernos en los detalles de algunos estados conocidos por todos nosotros y observar la multiplicidad de posibilidades sensoriales actuando simultáneamente. Por ejemplo, tomemos una muy elemental situación hipotética en la que alguien ha incurrido en un acto de negligencia que ha perjudicado a otra persona. Consideremos sólo el plano emocional. Podemos encontrarnos experimentando diversas sensaciones de este tipo, tal como por ejemplo, fastidio por lo acontecido, pena por el individuo afectado, vergüenza ajena por el causante del episodio. Si recordamos que la psique conciente sólo puede procesar una idea por vez y lo comparamos con lo visto, podremos observar con claridad la multiplicidad de funciones similares que puede ejecutar el plano inconsciente. En este caso nos referimos a emociones pero todavía podríamos verificar la existencia de sentimientos, recuerdos, sensaciones corporales diversas, percepciones inciertas, actuando paralelamente sin la menor posibilidad de interferencia entre ellas. Aún podemos utilizar el tan gráfico estado onírico y comprobar que, paralelo con la situación de cambio de estado de conciencia, se activan mecanismos operativos que manejan este complejo proceso con sus respectivas leyes y particularidades tales como emociones, pensamientos, sensaciones diversas, sin presentarse dificultades de control y sin la menor actuación del intelecto lineal y de la voluntad conciente. Por supuesto, los procesos corporales continúan de manera normal (sólo existe variación de algunas funciones metabólicas a fin de ajustar los parámetros operativos del sistema a esa particular situación). En cuanto al solapamiento de funciones inconscientes contradictorias, elijo omitir el análisis debido a la complejidad y el desconocimiento profundo de esa situación. Sólo creo que es clara la posibilidad de su ejecución. En lo referente a los procesos flotantes podemos decir que están relacionados con lo visto en la Teoría de los Complejos y en los Módulos Patológicos de Control de la Personalidad. Los llamo flotantes porque están siempre dispuestos a ser activados por situaciones que provean el estímulo adecuado. Estos conglomerados de instrucciones de estímulo-respuesta parecieran constituir la estructura base de nuestra modalidad de aprendizaje, y todo lo visto con anterioridad contribuyera aportando la logística para el mantenimiento del sistema. Son los módulos que conforman nuestra personalidad adquirida y actúan decidiendo la manera en que vemos el mundo y manejando las respuestas mediante las cuales nos conducimos en él. Sobre ellos debemos centrar el trabajo de vida que consistirá en operaciones de “limpieza” e integración de la personalidad para llegar a la conciencia total del ser. Los procesos de mantenimiento serán expuestos más adelante.

2- Vamos a ocuparnos de aquí en más de la atención inconsciente flotante dada su importancia en el proceso de restauración del equilibrio. Siempre de acuerdo con mi hipótesis, podemos observar que la dirección del sistema puede ser tomada por un determinado patrón conductual cuando la atención lo activa de manera directa o indirecta. La modalidad directa se verifica cuando algún suceso externo o registro de memoria interno se relaciona directamente con el núcleo del módulo, o sea, cuando coincide con el tema central que dio origen a su creación. La atención

se dirige directamente a ese patrón con independencia de la zona donde se encontraba previamente. Podemos decir que da un salto directo al núcleo. En este caso de salto directo vemos operando la variante dinámica (no estructural) de la organización radial ya descripta, en donde no existen niveles sino que todas la componentes se relacionan y dependen directamente del núcleo. Visto desde esta perspectiva podemos decir que todos los módulos de control pueden (y deben) actuar como centro del sistema psíquico por un tiempo determinado. En contraposición polar, existe la manera indirecta, que consiste en llegar al centro de este grupo mediante registros secundarios (los agrupados en torno al núcleo). Generalmente, la atención se desplaza por la red de registros relacionados, y puede provenir de módulos lejanos (vinculados indirectamente). Vemos aquí con claridad la dinámica operativa nativa de la organización jerárquica.

3-4- Sabemos por la Física actual que todo el universo al alcance del hombre tiene como materia prima fundamental la energía. Los registros y los procesos psíquicos no tienen por que escapar a esta ley aunque su constitución y su dinámica estén en un rango de frecuencia más allá del alcance de la verificación y la medición aparatológica. Por supuesto, el hombre posee sensores, en distintos grados de desarrollo, capaces de captar con absoluta claridad y precisión cualquier variación de la energética mencionada, tanto sobre sí mismo como sobre sus semejantes, pero elige la contradictoria postura de relativizar sus propias percepciones y depositar su confianza en los instrumentos creados por la misma psique de la cual desconfía (!?) Vimos que los módulos de proceso poseen un potencial energético adquirido de acuerdo con la importancia que el sistema general les otorgó en la fase de creación y que es actualizado mediante el valor que continúen teniendo para éste. No debemos olvidar que el psiquismo humano mantiene una dinámica continua y, por lo tanto, todos los valores de sus componentes son susceptibles de modificación. Precisamente en esta capacidad reside la posibilidad de resolución de conflictos y, en consecuencia, de crecimiento. Todos recordamos situaciones de nuestra vida que en algún momento poseían una importancia determinada y con el correr del tiempo fue mutando considerablemente la significación que el sistema le otorgaba y, por añadidura, también varió la influencia que estos registros de objetos, personas o sucesos ejercían sobre nosotros. Si unimos conceptos, tenemos que el sistema sintoniza y activa determinados módulos psíquicos de acuerdo con las necesidades de la situación a procesar, y lo hace por medio de la atención. Si sabemos que estos grupos de control acumulan energía de acuerdo con los parámetros descriptos y que todo lo conocido implica un proceso energético determinado, creo adecuado concluir que la atención se detendrá en un grupo de instrucciones tanto tiempo como cantidad de energía posea dicho módulo. Podemos ver la situación como un centro de energía que retiene un apuntador energético flotante (atención) hasta que se agota temporariamente su carga, perdiendo así su capacidad retentiva. Todos recordaremos como, luego de un típicamente latino arranque de ira (o alegría, claro), vamos gradualmente volviendo al estado de reposo, como si la situación que lo produjo fuese perdiendo importancia. También es común el

hecho de recordar con posterioridad el motivo que nos irritó (sintonizar con la atención voluntaria el módulo en cuestión) y revivir el acceso de ira con la misma intensidad. Pareciera que luego de agotarse temporariamente la energía disponible de un conjunto de instrucciones de control, el sistema lo recargará por medio de la atención inconsciente que se ocupa de los procesos de mantenimiento de módulos operativos. Posiblemente es procedimiento de agotamiento temporal de la energía de un punto específico, se trate de un dispositivo de protección natural para evitar la ira sostenida (o cualquier otra emoción) por un tiempo tal que ponga en situación de peligro al sistema debido al desgaste de energía ocasionado por una situación de emergencia excesivamente prolongada. El hecho de recargar con posterioridad ese grupo de registros puede tener la finalidad de mantener la cualidad real de la situación de nuestro estado psíquico, y lograr que el proceso evolutivo se realice conscientemente y sin omitir paso ni parte alguna, luego de mostrarnos por un determinado lapso la condición en que nos encontramos interiormente ante determinadas situaciones.

5- Existen tres posibilidades de transferencia de control entre módulos.

- La primera puede realizarse por vía directa. Esta se efectúa por medio de una

inducción proveniente de la atención conciente que enfoca otro grupo de registros, pasando estos a ejercer temporalmente el control del sistema. En este punto creo adecuado hacer una aclaración de carácter fundamental al momento de considerar, desde cualquier ángulo que fuere, la psique humana y sus mecanismos. Cuando decimos “inducción proveniente de la atención conciente” o cuando hacemos referencia a cualquier proceso al que le otorgamos total conciencia y volición, estamos separando el consciente del inconsciente; y sabemos que esto no es correcto, ya que la diferencia es ficticia y no conocemos con

exactitud la interacción entre ambos estratos de nuestro único e integrado psiquismo, sumado a que la zona que separa las distintas especializaciones o diferencia de funciones de ésta es, lógicamente, también difusa. Cuando creemos estar actuando con plena conciencia: ¿hasta que punto es así? ¿qué grado de autonomía podría otorgarse a la volición conciente si no estuviese lógicamente apoyada por una inconmensurable cantidad de información previa

y por elementos de decisión adquirida y elaborados a lo largo de nuestra vida?

Considerando esto: ¿Sería desatinado suponer que el verdadero gobierno del sistema lo ejerce el plano inconsciente? En las oportunidades en que creemos estar actuando conscientemente: ¿no estaremos siguiendo los dictámenes del inconsciente que es el que posee la información y las instrucciones de las cuales derivan nuestras preferencias y conductas? Cuando el conciente, creyéndose dueño absoluto de su autonomía, ignora o desoye los dictámenes provenientes de su contraparte y fuerza una decisión con su consecuente acción: ¿No estará interrumpiendo y bloqueando la guía adecuada de los planos profundos del ser? ¿Qué consecuencias traerá aparejadas esta conducta? Teniendo en cuenta lo visto, no puedo menos que tener profundas dudas sobre el grado de autonomía real que posee el psiquismo conciente para sintonizar a

voluntad distintas zonas de control, por lo menos, en lo que hace a planos ligeramente más alejados de lo físico inmediato. De todos modos, tampoco podemos negar totalmente la capacidad de decisión conciente, ya que en ese caso, no tendría sentido ninguna de nuestras acciones voluntarias y, por lo tanto, seríamos seres automáticos sin posibilidad de crecimiento interno. La duda planteada se basa en el grado de volición y autonomía del plano conciente, y en las facetas de la vida a ser aplicado. De todos modos, en principio, pareciera existir libre albedrío en los niveles básicos y para algunos elementos determinados. Otra de las influencias que puede ejercer este aparentemente limitado plano psíquico, consiste en la firmeza sostenida de alguna convicción que, por paradójico que pueda parecer comparado con lo recientemente enunciado, terminará por generar o por influir sobre alguno de los módulos inconscientes relacionados con esa temática. Un vez más, tenemos la oportunidad de ver en funcionamiento inseparable otra de las polaridades que conforman el universo del hombre.

- La segunda puede lograrse por vía indirecta, cuando se llega a ellos por

desplazamiento asociativo entre módulos relacionados, del mismo modo en que se encontrarían vinculadas las ramas de un árbol de decisión multidimensional en el cual los registros de los distintos niveles estarían interconectados mediante todas las combinaciones posibles entre ellos. En este caso, la atención se desplazaría por medio de un mecanismo asociativo temático. La complejidad de los conglomerados de registros de control hace imposible analizar con precisión y, mucho menos aún, prever la trayectoria que seguirá la sintonía psíquica a través de la inmensa red de información relacionada que posee el ser humano. Cuando hablo de información relacionada no me refiero únicamente a registros de datos de memoria sino también a registros de instrucciones de control (aquí puede observarse con claridad la multidimensionalidad del árbol que planteo).

A

estos módulos psíquicos deben agregarse las particularidades inherentes a

la

naturaleza humana que son las que no permiten al hombre crear una

máquina inteligente y consciente de sí misma como él: las emociones, los sentimientos y las sensaciones asociadas a los registros de su psiquismo. Este biopotencial de alta sutilidad es el que le permite realizar funciones superiores tales como emocionarse, amar, percibir sensaciones inexplicables o intuir la existencia de otros estados de la conciencia y no ser una fría máquina. Si el hombre no poseyera carga afectiva sería un perfecto computador biológico capaz de realizar maravillas con su psique. Afortunadamente para

todos nosotros, no lo es.

- La tercera se efectúa por vía natural y errática (con seguridad el movimiento

que interpretamos como errático posea una impecable lógica que no llegamos siquiera a vislumbrar) a través de los oscuros laberintos del psiquismo. Agotado el potencial energético del patrón en cuestión, la atención pierde fijeza tendiendo a recuperar su capacidad flotante y quedando disponible para sintonizar otros registros.

De acuerdo con mi manera de pensar y de percibir la naturaleza humana, creo que este es el camino indicado que debiera tomar la atención siempre que no

se trate de procesar un asunto perteneciente exclusivamente al mundo material y, por lo tanto, sin ningún tipo de implicancia de procesos superiores como los nombrados en el punto anterior. Desafortunadamente, nuestro amo y señor consciente, imbuido de su inmerecida importancia y supremacía, suele tomar el timón del sistema en situaciones en las cuales no está capacitado para actuar debido a su desconocimiento de los factores profundos que se encuentran en juego en la mayor parte de los sucesos cotidianos y, por lo tanto, sin, aparentemente, ninguna importancia fundamental. Grave error

Veamos un rudimentario ejemplo de módulos relacionados temáticamente a fin de graficar la manera en que se asocian.

A

 

A11

A12

 

A21

A22

A23

B

 

A31

A32

B11

B12

B13

 

A41

 

B21

B22

A51

A52

A53

A54

A55

A56B31

B32

B33

B34

B35

B36

El modelo planteado consta de una porción aislada del psiquismo que se encuentra compuesta por dos módulos de control. Estos están formado a su vez por registros que contienen información sobre datos de memoria, instrucciones de control (formas de pensamiento y acción), emociones, sentimientos y percepciones superiores asociadas. Cada registro, por ejemplo, el A11, contiene innumerable cantidad de elementos de distinta naturaleza. El grupo “A” consta de cinco niveles de registros relacionados con el argumento básico del núcleo. El conjunto “B” posee tres niveles. Vemos que los registros A56 y B31 se encuentran asociados. Esto implica que su contenido (o una parte fundamental de éste) tiene suficientes elementos en común como para que el sistema los relacione. La correlación se lleva a cabo por medio de un tema común y una carga similar a un momento puntual de la psique. Recordemos que la actualización de estos módulos se realiza de manera continua a lo largo de toda la vida. Si el ser humano careciera de esta capacidad, no existiría manera de modificación de su comprensión del mundo y sería un ente constante y estático. Si la atención se dirigiera a alguno de estos módulos para entregarle el control del sistema, y al desplazarse por los distintos registros con una lógica que será determinada por la situación y por las tendencias personales, llegará al punto donde se encuentran los registros relacionados A57B31, podría llevarse a cabo un pasaje de un módulo a otros con el consecuente cambio de temática. Para obtener un claro ejemplo de este caso, basta recordar, nuevamente, las oportunidades en que una persona irritable comienza su proceso de exasperación, en el momento en que un suceso externo o interno coloca la atención en algún caso ya vivido. Luego de la manifestación inicial sobre el tema que detonó su estado de ánimo, termina cambiando a otro tema que también ha despertado su ira en otras oportunidades, perdiendo así en el olvido el caso original que motivó la entrada a ese estado anímico. Vemos claramente

en este episodio tan frecuente, como la atención pasa de un módulo

claramente definido a otro de características indirectamente relacionadas. En este caso, el registro asociado contiene algunos elementos comunes cuya temática nuclear central es la ira y el potencial de ambos eventos relacionados. Aún podríamos entrar en un mayor nivel de detalle tal como, por ejemplo, la ira despertada a través de situaciones que atenten contra el concepto que la persona tiene de justicia. En este caso, la temática y el análisis de la dinámica

verificada, se tornaría mucho más complejo. La complejidad de las situaciones a considerar puede llevarse hasta el mismo punto de las posibilidades humanas particulares. Los casos planteados son sólo descriptivos y generales. Creo adecuado reiterar en este punto una aclaración para los lectores que se cuestionen no sólo la dinámica psíquica operativa del ser humano sino también el origen y el significado de su estado de conciencia. He manifestado mi hipótesis de que la atención se dirige a un determinado módulo psíquico de control de la conducta (interna y externa) permitiendo así que este tome la dirección del sistema a fin de procesar una circunstancia determinada. Esta mecánica debe ser interpretada como un suceso de control

de

carácter operativo y aplicado a un hacer particular.

Si

recordamos algunas de la características básicas del Universo en el que

estamos insertos, veremos que para hacer necesitamos previamente ser, ya

que el primero mantiene dependencia directa con el segundo. De acuerdo con

mi hipótesis, creo que ser dependerá en todo momento de la resultante de las

características de todos los módulos de control psíquico que puedan existir en el plano y en el estado que fuere. Esta resultante nos habla del individuo completo, o sea, como centro único de conciencia de ser transitando un Camino.

ALGUNAS PAUTAS GENERALES DE CREACIÓN

- Vimos como se crean algunos módulos de control cuando nos vemos

expuestos a una nueva situación y, por lo tanto, no existen referencias anteriores relacionadas con el tema. Sabemos que la información que justificará la creación puede provenir del exterior y será evaluada por medio de módulos básicos existentes. De esta consideración inconsciente se desprenderá la naturaleza y el potencial con que será registrado. También se determinará su ubicación en interconexión con respecto a otros módulos. Pero existe otra mecánica de creación como polo opuesto complementario. Se trata de tomar información psíquica ya existente, de manera consciente o semiconsciente (opino que también podría existir la posibilidad de que suceda

de manera inconsciente) y elaborarla de tal forma que induzca al sistema a

crear módulos a partir de esta maniobra. Los módulos creados guardarán relación directa con la naturaleza del material procesado y con el tipo de tratamiento que se le proporcionó. Con esta operación, y por medio de la repetición podemos crear potentes patrones inconscientes que adquirirán mayor energía (y, por lo tanto, mayor fuerza e influencia) cuanto más se referencia voluntariamente a ellos el sistema. Pasado un determinado límite

energético ya no será necesaria la atención consciente; el módulo habrá

adquirido el suficiente potencial para lograr un ciento grado de autonomía en su acción. Los elementos a partir de los cuales podemos crear estos patrones de conducta (o pensamiento, o sentimiento) pueden consistir en actos conscientes, sentimientos, emociones, ideas, fantasías. La Física de nuestros días postula que en el Universo conocido no existen representaciones puras. Toda manifestación conocida pone en movimiento algún tipo y potencial energético. Los pensamientos no tienen por que ser la excepción. Dentro de su plano de existencia, estos manejan un potencial y frecuencias que la psique consciente no alcanza siquiera a vislumbrar, procediendo con ese plano como si se tratase de meras abstracciones sin ningún tipo de influencia, casi como una inexistenciaLos pensamientos son conscientes, pero la acumulación de energía que ellos llevan implícita, y los circuitos que se establecen entre los módulos creados, son inconscientes. Al ser inconscientes, los efectos se manifestarán en el plano consciente de formas impredecibles y con consecuencias acordes con su tipo y potencial. Por este motivo es que debemos prestar especial atención y evitar la creación de patrones de pensamiento y acción generados a partir de repeticiones impropias. Una vez creados estos en las profundidades del inconsciente, se establecen circuitos entre módulos que no es tarea fácil interrumpir y “superponerles” nuevas estructuras sanas.

- Con referencia al potencial de los módulos psíquicos podemos observar que,

ante un determinado suceso, la incorporación del nuevo módulo al sistema se realiza de manera inmediata, pero su carga y, por consecuencia, su significación, pareciera demorarse algún tiempo en adoptar la condición de estable. La observación permite apreciar que durante e inmediatamente después de la generación de un módulo existe en el sistema una condición de inestabilidad que no permite al módulo recientemente incorporado adquirir su estado de equilibrio sino hasta transcurrido un lapso que dependerá de muchas variables y circuitos registrado en nuestro psiquismo profundo. Por lo tanto podemos afirmar que la registración estable se realiza diferida con respecto del suceso generador.

ALGUNAS PAUTAS GENERALES DE ACTUALIZACIÓN

- El tiempo es una de las variables de influencia incierta que manejas muchas

disciplinas sin poder determinar su verdadero alcance. Aplicado esto a nuestra psique podemos decir que el tiempo no posee la capacidad de actuar de manera directa sobre el potencial de los registros psíquicos, pero al influir

inevitablemente sobre la evolución general del hombre, algunas de las componentes de los módulos de control pueden cambiar su significación (modificar su potencial y tal vez su signo) tanto en mayor como en menor valor con el transcurrir de éste. Este efecto pareciera tratarse de un recurso natural para evitar que el estancamiento en que se encuentran los individuos conocidos como “cerrados”, adquiera carácter de eterno.

- En el caso de los módulos que son objeto de una fuerte represión, su

actualización se efectúa por vía inconsciente toda vez que la temática lo requiera. Este proceso permanece oculto al consciente, y los resultados son impredecibles. Es obvio que esta situación insume una mayor cantidad de tiempo y,

posiblemente, mayor sufrimiento, ya que la vida trata continuamente de despertarnos con sucesos movilizantes. La actitud adecuada es trabajar conscientemente.

- Otra de las variables que experimentará la actualización de los módulos se

relaciona con las características naturales de cada etapa evolutiva. De estas

fases dependerá que módulos serán considerados para modificar y qué valores se manejarán.

A modo de ejemplo digamos que un ser humano medio, en sus primeras

etapas de vida mostrará una marcada inclinación a los aspectos materiales de

la vida. En contraposición con esta actitud involuntaria, el sistema de un

anciano, independientemente de su estado de conciencia, evidenciará una tendencia a operar sobre módulos relacionados con planos más profundos del ser.

DINÁMICA POLAR

Hemos visto en el punto Polaridad Resultante el llamado Efecto Resultante que consiste en la influencia ejercida por la sumatoria de potenciales parciales considerados cualitativa y cuantitativamente. De acuerdo con mi manera de considerar este tema, creo que aquí radica la posibilidad de superar un suceso traumático. Esto se logra insertando (grabando) registros de efecto benéfico a modo de compensación de los que poseen potencial traumático, y disminuyendo la carga de otros. Recordemos que la psique humana no posee capacidad de olvido real, pero pareciera que sí de compensación. La cualidad y cantidad del potencial con que se grabará cada uno de los registros mantendrá relación directa con el significado que posean para el sistema al momento de su incorporación. Si el sistema lo interpreta como

traumático (en cualquiera de sus grados de intensidad), esta será la cualidad, y

el potencial será dado por el grado mencionado. Por supuesto, existe la

posibilidad de ejecutar el proceso complementario. La influencia que estos ejerzan dependerá de la sumatoria de efectos en cada oportunidad en que se active ese módulo. No olvidemos que la actualización involuntaria se realiza toda vez que la atención se refiera a ese conglomerado,

y de acuerdo con la evaluación que efectúe el psiquismo sobre los elementos considerados en ese momento puntual.

MÓDULOS DESCONOCIDOS

Durante el transcurso de todo lo que he escrito, se relacione o no con Bioenergía, hago referencia de manera continua a lo desconocido del hombre para el hombre mismo, y a sus conceptos gráficos tal como, por ejemplo, lo consciente-inconsciente, lo inferior-superior, lo material-sutil, lo externo-interno.

Puede tildárseme con justificada causa de reiterativo, pero recordemos que la incorporación y la automatización de determinados conceptos y estados se logra precisamente por medio de ese recurso: la reiteración. Lejos de ser una

injusta justificación de lo expresado, manifiesto abiertamente la deliberación de

mi proceder, tal como lo he hecho al comienzo en el punto titulado Los

distintos planos psíquicos. Si no logramos la incorporación de este concepto,

difícilmente podamos obtener algún beneficio de la lectura de obras de

conocimiento y de adecuada literatura técnica distinto del que obtendremos de leer los carteles de la calle o de revistas que traten sobre los vaivenes personales de determinados ambientes sociales.

La mayoría de las obras existentes versan detalladamente sobre las zonas

conocidas y accesibles del hombre y sólo hacen mención secundaria o tangencial de la existencia de regiones de difícil verificación y acceso; regiones que muestran su influencia cuando hacen tambalear los principios establecidos sobre lo que se cree conocido, tipificado y constante.

Al internarnos en profundidad en la conciencia humana, a través de sus

laberintos, nos encontramos con la influencia de factores oscuros, inciertos y variables que nos hacen conocer, una vez más, las limitaciones de la razón. De esas profundidades emergen estos efectos que nos hacen saber, sin lugar a dudas de la presencia de módulos desconocidos. Si desconocemos su existencia, mucho más ignoraremos su contenido, su potencial y su efecto sobre el sistema. Por lo tanto, al momento de abordar cualquier tipo de trabajo sobre la conciencia humana incluyendo el personal-, debemos dejar un margen para ser utilizado por los factores psíquicos superiores, inaccesibles a la razón. Cualquier otra actitud con que se intente conocer, evaluar y tratar un sistema humano se encontrará con los resultados parciales y temporarios que estamos acostumbrados a verificar cuando la persona se somete a disciplinas superficiales que no se ajustan a la realidad total del hombre.

REGISTROS DE LOS MÓDULOS

Vimos que el nivel más básico de detalle lo tienen los elementos que

componen los registros. No me es posible siquiera imaginar cómo pueden estar compuestos realmente estos elementos, pero creo tener una vaga idea de las componentes necesarias (registros) que pueden necesitar poseer los módulos

de control. En algunos casos extiendo audazmente, y a alto riesgo, el concepto

desde los registros a algunos elementos cuando creo que la existencia diferenciada de estos últimos es clara.

La información contenida en los registros que conforman los módulos de

control puede tener distintas naturalezas. Voy a intentar esbozar algunas de ellas, y seguramente existirán muchas otras dentro de las insondables profundidades psíquicas. La primer diferenciación que se me ocurre adecuada está dada por:

Módulos Operativos Básicos que traemos incorporados por el diseño natural del hombre (inmodificables).

Módulos Generales

que controlan la conducta (modificables).

Módulos Gestores que se encargan de la creación y del mantenimiento de módulos generales.

Por razones obvias, los grupos que poseen la capacidad de generar otros grupos deben ser, necesariamente, de un nivel superior y de mayor complejidad. Parto de la premisa de que el ser humano nace con un sistema operativo básico que incluye los módulos psíquicos fundamentales con capacidad para crear otros y comenzar así el proceso vital.

Módulos Operativos Básicos

- Registros de Potencial Energía

Consiste en registros que poseen la facultad de poder actual como acumuladores de energía de los distintos tipos ya especificados. Estos contendrán la carga necesaria para ejercer su influencia de acuerdo con lo visto anteriormente.

- Registros encargados del funcionamiento autónomo del sistema

Consta de registros fundamentales que contienen los elementos mnémicos, las instrucciones, y los parámetros necesarios para manejar las funciones autónomas del cuerpo físico y energético, los instintos, las características básicas de la personalidad, y la dinámica esencial operativa general. Posiblemente las componentes de estos coincidan con las de los dos grupos detallados a continuación e incluyan otras más que no atino siquiera a vislumbrar.

- Selectores de memoria consciente Subgestores de procesos de disponibilidad de datos

Si bien esta función se encuentra englobada dentro de la descripción general

hecha en el punto anterior, elijo diferenciarla debido a su importancia y a su relación directa con el tema que nos ocupa. Estos efectuarían la tarea de seleccionar el grado de disponibilidad de la información registrada, relegando a niveles más profundos lo poco utilizado y manteniendo en la “superficie” el material de uso frecuente. Si bien la práctica parece indicar que algún tipo de información puede olvidarse definitivamente,

no coincido con esta aparente realidad, ya que la experiencia me indica que

bajo condiciones distintas de las habituales esos registros mnémicos pueden recuperarse.

Mi opinión es que la psique no posee capacidad de supresión real de lo

ingresado, pero sí puede hundirlo lo suficientemente profundo como para

aparentar ese efecto en caso de considerarlo necesario (muy a menudo se observa este mecanismo cuando el recuerdo resulta traumático).

- Componentes de automantenimiento ¿o tal vez exista un nivel superior?

Surge aquí una inevitable y clásica duda cuando nos adentramos en las profundidades humanas desde el intelecto: ¿dónde terminan los estratos psíquicos? ¿cuál es el regente de mayor nivel? Al no poder contestar estas preguntas, elijo la postura de “cerrar” la estructura psíquica en los módulos operativos básicos que se automantienen. Por supuesto que, considerando todo los visto hasta ahora, se trata de una visión absurda y encefalocéntrica pero, a los fines de transmitir lo que pretendo, creo que resulta útil.

Módulos Gestores

- Registros de Potencial Energía

Igual que para el caso de los Módulos Operativos Basicos.

- Registros Calificadores, Clasificadores y Registradores de módulos

nuevos Ingresos Estos registros serían los encargados de la detección y de la evaluación de los módulos nuevos, su incorporación al sistema psíquico, su ubicación relativa, y sus conexiones con otros registros. Para este caso se hace casi obligatorio contar con información actualizada de todo el sistema psíquico con sus correspondientes particularidades, ya que de nos ser así, no existirían posibilidades de ingresar módulos y registros de manera inmediata por no poder ser evaluados (aún de manera provisoria) de acuerdo con ese individuo en particular. Creo posible que existan módulos-resumen de la condición resultante del sistema o de las partes más relevantes de éste a fin de evitar la inmensa operación de rastreo necesaria para barrer todo un aparato psíquico. No afirmo esta última posibilidad ya que en muchas oportunidades se puede observar con claridad que la psique no cataloga de manera instantánea y de forma definitiva algunas situaciones determinadas, en especial si se trata de sucesos que poseen una alta significación y ponen en movimiento un alto potencial afectivo. Ya hemos visto que la evaluación firme se realiza diferida con respecto al momento del acontecimiento motivador de la operación de ingreso.

- Nómina de módulos a mantener Lista operativa

Aquí se encontraría registrado un índice de los módulos generales a ser asistidos y, tal vez, alguna información sobre su condición.

- Actualizadores de Módulos Existentes Mantenimiento

Consiste en módulos psíquicos encargados de mantener actualizado el signo y el potencial de los registros previamente ingresados. Lo mismo que sucede en el caso de los registros que manejan los ingresos, se hace imprescindible contar con información al instante de casi todo el sistema psíquico a fin de poder resignificar de manera adecuada los registros ya existentes. Es posible que obtengan alguna información de la nómina anteriormente descripta y actualicen ésta luego de la operación específica de mantenimiento, o tal vez extraigan datos de los módulos-resumen ya mencionados y actualicen la lista.

Considero aceptable también la posibilidad de que se combinen ambas operaciones y participen así en el proceso de actualización una posible nómina y resúmenes de la situación general.

- Componentes de detección y proceso de situaciones de riesgo Registros Sensores-Alarma La descripción de estos registros es un tema que me resulta muy dificultoso ya que su naturaleza y sus variadas manifestaciones se prestan con mucha facilidad a interpretaciones personales y dogmáticas. De todos modos intentaré algunas generalizaciones. Es sabido que todo sistema, independientemente de su naturaleza, posee límites operativos mínimos y máximos. Analicemos de manera breve, por ejemplo, un automóvil. Posee una velocidad mínima a la cual puede desplazarse, y también una velocidad máxima que no puede superar. Si intentáramos hacerlo operar por debajo del límite inferior, nos encontraríamos que no puede cumplir de manera adecuada su función. Si tratáramos de llevarlo más allá de sus límites máximos nos encontraríamos con una serie de anomalías en su funcionamiento. Este sencillo ejemplo lo podemos hacer extensivo a cualquier proceso corporal tal como, por ejemplo, la alimentación. Si ésta fuese insuficiente se producirán una serie de trastornos físicos por carencia. En el caso contrario observaremos la aparición de otro tipo de alteraciones causadas por el exceso. Hasta el momento nos limitamos a analizar la cantidad aplicada al funcionamiento, pero aún podríamos abordar el mema de la calidad operativa que, como hemos visto con anterioridad, es una variable fundamental a tener en cuenta, que hace a la adecuada operatividad del sistema. En el caso del automóvil, no es suficiente para asegurarnos el correcto estado de la máquina el sólo hecho de respetar los mínimos y máximos establecidos por los diseñadores sino también la calidad de los elementos requeridos para mantener un estado y funcionamiento adecuado, y también la calidad de la conducción. En cuanto a la alimentación del cuerpo físico sabemos que no es suficiente tener en cuenta la cantidad de alimento ingerido para lograr que el cuerpo mantenga su salud; debemos considerar con detalle la calidad de las sustancias incorporadas. El automóvil posee sensores y mecanismos de aviso que se encargan de comunicar al conductor las anomalías causadas por diversos motivos que abarcan desde una eventualidad en la máquina hasta otras producidas por error en su conducción. En el cuerpo humano existen mecanismos similares que todos conocemos en alguna medida. Los mecanismos de aviso y protección del aparato digestivo los hemos experimentado todos y no justifican mayor detalle. Una vez más, la psique no tiene por qué ser la excepción a tanta realidad coincidente. En líneas generales que dependen del estado de conciencia personal, prestamos atención a los mínimos y máximos operativos de nuestros sistemas, aparatos, órganos, y funciones corporales, pero muy rara vez tenemos en cuenta los límites operativos para cada rasgo de carácter. Es frecuente verificar lo poco que se conoce corporalmente el hombre medio. Imaginemos cuánto menos aún estará al tanto de sus procesos psíquicos. Contemplando esta situación, que se desprende de la observación de la

realidad, creo oportuno pensar que el hombre ha de exponerse continuamente a situaciones de riesgo psíquico. Algunos de esos efectos se manifiestan de manera clara, directa y visible, pero otros atraviesan por un proceso más complejo y muestran su influencia con posterioridad, y tal vez en zonas indirectamente relacionadas con el origen de la alteración. El diseño natural humano, teniendo en cuenta el estado de conciencia actual del hombre mayoritario, nos ha dotado de mecanismos psíquicos de aviso y protección. La gran mayoría de estos avisos son sistemáticamente ignorados o minimizados, obligando al sistema a utilizar instancias de autoseguridad cada vez mayores. Hemos visto que uno de los mecanismos de aviso y protección más conocidos, la pérdida temporal de la conciencia (desmayo, lipotimia, hipotensión), consiste en la desconexión temporal del plano consciente con la finalidad de recuperar fuerza para hacer frente a una situación traumática. Otros mecanismos similares pero que obedecen a distintas particularidades caracterológicas, consisten en situaciones atípicas (para las estadísticas) conocidas como brotes (pueden ser también, y en distintos grados, distracciones, ausencias, catatonia, y muchas otras. Todo lo existente en el sistema humano y en su Universo ha sido impecablemente diseñado y calculado para cumplir con una finalidad específica. El intelecto del hombre medio, erigiéndose en amo y señor de lo que no conoce, se apresura a imponer sus técnicas de interferencia sobre los mecanismos naturales de aviso y protección ignorando las consecuencias profundas de esta conducta.

Módulos Operativos Generales

- Registros de Potencial Energía

Se trataría de registros que contendrían sólo el potencial afectivo relacionado con un tema determinado. Estarían directamente conectados con registros o con elementos que tendrían el detalle de la temática de los registros secundarios (y tal vez del núcleo) asociados al elemento nuclear. Quizá algún lector atento se pregunte la necesidad de la existencia de registros que contengan elementos temáticos, registros de memoria fría, y otros que posean elementos de carga afectiva. La posibilidad que creo viable es que se trata de tipos de información codificada lo suficientemente distinta como para convivir en un solo registro. También poseen muy diferente tipo de mantenimiento ya que los registros temáticos casi no son modificados, los de memoria agregan eventualmente información debidamente codificada y clasificada, y los que registran potencial son actualizados de manera global e indiferenciada como si se tratase de una “bolsa de energía”.

- Nexo con Módulos de Mantenimiento Canales de comunicación con

Grupos Regentes Es posible que exista un elemento-entrada que actúe como vía de acceso al módulo a fin de permitir las operaciones de mantenimiento. Tal vez esta puerta se encuentre en el núcleo, ya que éste es el punto de partida de las interconexiones entre sus registros asociados. También creo posible que

durante el proceso de actualización, los módulos gestores operen conjuntamente con el elemento nuclear ya que es este último el que podría poseer la información necesaria para dicha operación. El grupo gestor aportaría la nueva información.

- Registros de Memoria Datos

En estos registros se encontraría registrado un tipo de información al que llamo información fría ya que no estaría relacionada con ningún tipo de energía afectiva, solo contendría en sí la bioenergía necesaria para su existencia. Podríamos compararlos con archivos de datos.

- Característica de Afecto Signo-Potencial

Ya hemos visto en detalle el efecto que pueden tener para la conciencia los distintos módulos. Es posible que el elemento signo-potencial también forme parte o se encuentre en un registro cercano al núcleo, a fin de evitar la operación de sumatoria toda vez que la atención se dirija al conglomerado en cuestión, y poder gozar así de la disponibilidad inmediata de su efecto. De manera similar es necesario un elemento de estos en cada registro secundario a fin de tener registradas sus características principales.

- Característica de Temática Motivo Central

De manera análoga a la temática que posee el núcleo, es necesario tener registrado el argumento sobre el que trata el registro en cuestión.

- Registros de Sentimiento Energía Afectiva de un tipo específico

No es mi intención inmiscuirme en un tema de la dimensión y el desconocimiento que de él se tiene como es el de los sentimientos humanos y su dinámica. Sólo pretendo dejar establecido con claridad que se trata de una modalidad de la bioenergía perfectamente diferenciada e inconfundible, a pesar de que en algunos casos se la tergiverse y se la confunda con las emociones. Es una de las posibilidades humanas de mayor calidad y sutilidad. En el terreno oscuro de los distintos tipos de potencial bioenergético que poseen los registros, es claramente identificable la energía del único sentimiento existente: el Amor.

- Instrucciones de Acción Respuestas

Es fácilmente comprensible que las operaciones de mantenimiento generarán registros que contendrán información sobre las respuestas que emanarán de los módulos. Creo lógico suponer que estas instrucciones serán elaboradas y grabadas luego de una precisa evaluación de la situación a través de toda la cadena de módulos asociados con el que está siendo actualizado. Por supuesto, esta operación no se efectúa de manera consciente.

- Componentes de nexo con otros registros Enlace

Necesariamente deben existir registros-nexo que conecten con otros módulos o registros que puedan contener información relacionada con la propia.

- Compuertas de Entrada/Salida asociadas al preconsciente Canales de

comunicación con el intérprete Es frecuente observar cómo en muchos casos se trata con superficialidad el tema de la interacción del consciente con el inconsciente, olvidando en la gran mayoría de las oportunidades la abismal diferencia de códigos existente entre ambos. Si a esto le agregamos el hecho inevitable de que el ser humano se ve obligado a considerar todo fenómeno desde el tan limitado intelecto consciente, es lógico suponer que las incógnitas superarán a las respuestas. De estas observaciones se desprende también la necesidad de la existencia de un plano intermedio de acuerdo con lo expuesto en LOS PLANOS PSÍQUICOS y ALGUNAS FUNCIONES. Visto esto, estimo adecuado inferir la presencia de registros que actúen como puerta entre el módulo y el intérprete. Otra de las posibilidades que creo viable es que el módulo operativo básico que controla el direccionamiento de la atención sea el encargado de acceder a la información contenida en el módulo activo y de transmitirla él mismo al preconsciente. En este caso, carecería de sentido la existencia de estas compuertas.

- Nexo con los Módulos Operativos Básicos Psicosomática

Creo que este es uno de los puntos de mayor relevancia dentro de lo expuesto, ya que se acerca considerablemente al tema central que nos ocupa. De acuerdo con mi entender, aquí radica la base de la medicina psicosomática actual, ya que los módulos operativos generales se encontrarían relacionados por medio de algunos registros a los módulos operativos básicos que contienen información sobre la anatomía y la fisiología del cuerpo físico, los procesos emocionales, los sentimentales y los energéticos.

Si tenemos en cuenta lo que veremos posteriormente sobre la relación psique-

cuerpo, es claramente viable la posibilidad de la existencia de nexos entre ambos grupos modulares. De hecho creo que es obligatoria su existencia para que el sistema psico-corporal pueda mantener su dinámica, aunque más no sea la de mostrar inevitablemente e involuntariamente en la expresión facial,

nuestros estados de ánimo.

CIRCUITOS

He planteado como parte de mi hipótesis que la psique humana se encuentra organizada de acuerdo con la disposición de la estructura jerárquica y, en ocasiones, puede comportarse dinámicamente con una organización radial.

A la modalidad de las combinaciones que se establecen entre los módulos y

tal vez se cumpla también para los registros-, las he calificado de árbol de

decisión multidimensional. Este concepto puede resultar oscuro al momento de

transmitirlo por medio de la palabra, ya que no proviene de teoría elaborada exclusivamente a través de consideraciones intelectuales- Del mismo modo que pueden experimentarse alteraciones en el transcurrir espaciotemporal mediante ejercicios adecuados, puede también tenerse vislumbres de la manera en que opera la psiquis en esas otras realidades. Explicar cuatro dimensiones utilizando tres; o cinco utilizando cuatro, sería comparable a intentar dar una clara idea de volumen (tres dimensiones) usando como único recurso un plano (dos dimensiones). Podría recordar, a modo ampliatorio y aún a riesgo de oscurecer todavía más el concepto, que el intelecto consciente es lineal y monocanal. La linealidad implica un inevitable orden temporal de los sucesos con su correspondiente asociación y ubicación espacial. La cualidad de monocanal describe la facultad de procesar un solo suceso psíquico consciente en el mismo lapso. Cuando analizamos las circunstancias bajo estas condiciones, sólo podemos movernos y conectar los acontecimientos siguiendo un solo camino. Podemos cambiar de dirección o saltar de una vía a otra vía relacionada con esa, o sin relación, pero siempre estaríamos limitados a recorrer un solo sendero en el mismo tiempo. El inconsciente posee la capacidad de realizar múltiples operaciones de la misma naturaleza simultáneamente, tal como hemos visto cuando consideramos las particularidades de la atención. Si aceptamos que posee la capacidad mencionada, debemos concluir, obligadamente, que su estructura organizada justifica y respalda esta aptitud. Si tuviese que graficarlo de manera sencilla, diría que el inconsciente consta de y opera como “n” cantidad de psiques conscientes relacionadas dimensionalmente de manera similar a como lo hacen entre sí el punto, la línea, el plano, el volumen y el espacio-tiempo. De aquí nace la imposibilidad de comprenderlo, ya que nunca un punto desde sí mismo podría entender completamente a la línea. Sólo podemos hacer el rudimentario intento de deducirlo observando sus manifestaciones, y proyectando la relación existente entre las dimensiones conocidas en otra superior. Las combinaciones establecidas por el psiquismo inconsciente para relacionar sus módulos forman circuitos. Como sucede en todo lo relacionado con el Universo conocido, estos circuitos son mantenidos por el inconsciente mediante bioenergía. Con seguridad todos nosotros hemos observado circuitos de pensamiento y de acción en muchos seres, y también en nosotros mismos. Si hemos agudizado la observación, habremos notado que éstos poseen distintas intensidades. Las diferentes intensidades se pueden verificar con claridad en la persistencia, más o menos acentuada, de una persona en mantener determinados patrones de pensamiento-acción. Si recordamos lo visto para el potencial de los módulos, podemos decir que determinados circuitos (en especial lo claramente definidos y de muy alta intensidad que se califican dentro de la psicopatología como estados fuera de los “normal”) están compuestos por módulos de potencial similar que conforman una potente cadena de control capaz de atrapar y sostener fuertemente la atención dentro de ella. Hasta en algunos casos parecieran controlar todo el sistema durante la mayoría del tiempo vital. Al momento de intentar actuar sobre ellos se hace imprescindible reconocer, aunque más no sea, algunos de los puntos nodales de la cadena considerable a fin de dirigir el trabajo a todos ellos simultáneamente. Caso contrario, el trabajo estaría dirigido

solamente a algunos módulos aislados que conforman al serie. En esta situación nuestro trabajo sería superado ampliamente por la sumatoria de potenciales de los módulos integrantes del potente circuito. Insisto en un minucioso análisis de los puntos estratégicos de la conducta de la persona a fin de optimizar el trabajo. Para realizar esta tarea se toma imprescindible la interconsulta con profesionales formados específicamente para ese fin.

RELACIÓN PSIQUISMO-CUERPO de Sistemas, Órganos y Funciones

Reiterando mi postura de intentar pontificar acerca de un tema al que se encuentran abocados grupos de profesionales en todo el mundo, creo oportuno

delinear algunas generalidades básicas para complementar la información general que intento transmitir, siempre de acuerdo con mi concepción del ser humano y sus procesos.

La postura habitual de la medicina psicosomática consiste en analizar

enfermedades y síntomas como punto de partida para relacionarlas con la

estructura psíquica del paciente y con los acontecimientos de su vida. Esto lo hace mediante el análisis de la simbología mostrada por el sistema humano considerado.

Mi enfoque considera, principalmente, rasgos de carácter y situaciones vitales.

Las enfermedades y los síntomas deberán estar relacionados, necesariamente,

con las características personales y con los aspectos vitales que el individuo aún tenga que aprender a integrar como partes componentes de un todo relacionado e indivisible. Con esta forma de observación evito incursionar mediante el limitado intelecto lineal en los tan complejos y desconocidos mecanismos inconscientes.

Lo que expongo a continuación tiene carácter de ejemplo y en ningún caso

debe considerarse un análisis exhaustivo de los temas tratados. La finalidad es solamente mostrar el lector otra manera de abordar la “realidad” del hombre y sus procesos vitales. Clasificaremos el material a exponer de distintas maneras, buscando relaciones a partir de todo lo visto hasta el momento en ambos libros de bioenergía.

PAUTAS OPERATIVAS BÁSICAS DEL SISTEMA

Para comenzar, presentemos el cuerpo físico considerando los principios operativos globales de sus sistemas, aparatos, órganos y funciones principales.

1 Si recordamos las características básicas de los sistemas que componen la totalidad humana, nos encontraremos con la primer particularidad en su funcionamiento.

Se trata de tres fases principales:

ENTRADA --- PROCESO --- SALIDA

Estos procesos se cumplen para TODAS las componentes conocidas que constituyen al hombre; desde la célula hasta su mecanismo nutricional. Desde sus procesos psíquicos hasta su sistema energético. Para que se inicie cualquier proceso propiamente dicho, debe necesariamente existir una fase de entrada durante la cual se ingresan al sistema los elementos a ser tratados. Luego se efectuará la elaboración de dichos elementos. Cumplidas estas dos etapas, el sistema procesador habrá generado los residuos necesarios que deberán ser eliminados de la manera adecuada, y también habrá asimilado los elementos que constituyen el beneficio que justifica el proceso en cuestión. Esta última fase se conoce como etapa de salida.

2- La segunda característica consiste que en todo proceso se retiene una parte para beneficio del sistema y se generan residuos. De no existir una retención benéfica de elementos, no se justificaría su existencia, ya que una de las leyes básicas del Universo nos habla del principio conocido como economía energética, y ningún elemento o proceso conocido es arbitrario, reemplazable o prescindible. Si no se generaran residuos estaríamos en presencia de un sistema de rendimiento óptimo que aprovecharía el 100% de lo ingresado, y el hombre se encuentra muy lejos de ese estado ideal.

3- Así aparece la tercera de las pautas básicas. Esta postula que la entrada de elementos puede provenir del interior o del exterior del sistema. Lo mismo podemos decir de la salida de residuos, ya que éstos pueden ser volcados dentro del sistema mismo o hacia el exterior, dependiendo de la naturaleza de la función. El beneficio permanece, obviamente, dentro del sistema. La función de alimentación del cuerpo físico toma sustancias del exterior y también al exterior se vuelcan los residuos del proceso. El hígado elabora sustancias procedentes del interior del cuerpo. El resultado también es volcado al mismo medio. En el caso del aparato urinario se combinan ambas posibilidades ya que la entrada del proceso proviene del interior del cuerpo y los residuos se emite hacia el exterior. Por lo tanto, los procedimientos pueden darse esquemáticamente como:

EXTERIOR --- PROCESO --- EXTERIOR INTERIOR --- PROCESO --- INTERIOR INTERIOR --- PROCESO --- EXTERIOR

4- La tercer particularidad aparece el observar que, para completar la secuencia vista, faltaría un procedimiento en el cual la entrada proviniera del exterior y la salida de residuos se efectuaría hacia el interior del sistema. No es posible para el sistema humano en su actual estado incorporar totalmente una sustancia proveniente del exterior sin generar residuos-, ni mantener en sí los desechos de los procesos vitales.

Al verificar la inexistencia de tal mecanismo, podemos tener una clara idea de la influencia recíproca y de la total dependencia del hombre con su medio ambiente.

5- La quinta particularidad nos habla de las cantidades de elementos actuantes que el sistema retiene y elimina. Tal como sucede en todo intercambio de sustancias (físicas o sutiles), existen distintos grados de participación de estas en los procedimientos. Dichos grados dependerán de muchas variables que estarán relacionadas con los materiales empleados y con el estado del sistema, Por ejemplo, de la cantidad de líquido ingerido, el cuerpo retendrá lo necesario para satisfacer la necesidad de ese momento; mantendrá un porcentaje en carácter de reserva y expulsará el remanente. Lo mismo hará el mecanismo que regula la respiración con respecto del aire inhalado. Tal vez algún lector se plantee el porcentaje de retención en caso de ingestión de sustancias tóxicas sabiendo que el cuerpo intentará eliminarlas en su totalidad. Lo que el sistema retiene en este caso no es material sino que trata de conservar información sobre el elemento tóxico procesado a fin de generar y conservar referencia histórica de su resolución para así avanzar un paso hacia la inmunidad a ese agente.

Continuando con la línea de los visto hasta ahora, tengamos en cuenta que es el psiquismo el que posee los módulos con sus respectivas instrucciones para controlar los procesos enunciados; por lo tanto, es dable suponer que dicho psiquismo, no sólo no ha de ser la excepción a las propiedades mencionadas sino que la posibilidad más aceptable, de acuerdo con mi entender, es que ella misma funcione de modo análogo a los sistemas que controla. Infiero esta premisa ya que, para poder ser controlados por la psiquis, estos han de poseer, necesariamente, su misma estructura y dinámica. Caso contrario, nuestro psiquismo no podría reconocerlos, y mucho menos aún controlarlos. Creo que, casi sin darnos cuenta, nos encontramos ante la lógica básica de toda transformación de sustancias que ocurra en el sistema humano. Me refiero a los tres pasos ya enunciados: Entrada Proceso Salida. A esta lógica general de control que expongo, podemos, por ejemplo, “alimentarla” (investirla) con energía física y referirla al cuerpo. No encontraremos entonces frente a un proceso corporal. Si el mismo procedimiento pusiese en movimiento un tipo de energía que correspondiese al plano psíquico de las emociones, estaríamos ante un movimiento predominantemente emocional. Lo mismo podría decirse ante una mecánica que llevara consigo el tipo de energía correspondiente a los sentimientos y tuviese a su alcance los elementos necesarios para manifestarla. Igualmente sucedería con los sucesos puramente psíquicos (sin carga afectiva). Creo que podríamos relacionar este planteo con lo que hemos visto referente a la clave de inervación de los afectos. De todos modos, prefiero la visión desde el punto de vista energético ya que se me hace más amplia e integrativa. Desde este enfoque, las pautas comentadas conforman una serie de parámetros que otorgan al movimiento energético (afectivo y motor para la psicología) una particular cualidad y potencial.

Resumiendo los parámetros operativos básicos tenemos cinco puntos claramente definidos:

1-

Tres fases de procedimiento: Entrada-Proceso-Salida

2-

Todo proceso retiene una parte para su beneficio, genera residuos e irradia su estado

3-

La entrada y la salida pueden combinarse

4-

Nunca puede incorporarse la totalidad de un elemento proveniente del exterior

5-

Se observan distintos porcentajes de retención/eliminación (rendimiento)

¿Cómo resultaría un proceso psicoenergético regido por estas pautas?

1- Es claramente visible por medio de la observación que todo suceso psíquico tiene una fase inicial que lo activa y le provee los elementos necesarios para comenzar su acción. Esto constituye la etapa de ENTRADA. Cuando toma el control el módulo correspondiente o la rutina creadora de módulos (módulo generador de módulos), se produce una interacción entre los elementos ingresados de acuerdo con su tipo y potencial. Podemos considerar este paso como PROCESO de la información. Este proceso emitirá un resultado en forma de descarga motora que puede ser perceptible o NO para la conciencia. Esta descarga motora puede producir una muy variada gama de efectos que abarcarán desde el movimiento físico hasta un estado anímico particular, o puede tratarse también de un movimiento energético que pase desapercibido a la conciencia pero que producirá los efectos correspondientes de acuerdo con su naturaleza y carga. Parte de este paso consistirá en la emisión de residuos. Esta fase puede ser considera como de SALIDA.

2- La parte principal del beneficio obtenido por la psiquis durante los procedimientos consiste en la actualización de su situación potencial. Teniendo en cuenta que el estado general del hombre se basa en la sumatoria de los estados de los módulos que conforman su sistema psicoenergético, es lógico suponer que esta aptitud le permite cumplir con su tarea de vida:

aprender de sí mismo y del medio que lo rodea. La actualización de los valores del módulo en cuestión puede hacerse extensiva a otros que se encuentren relacionados. Los residuos pueden tener diversas naturalezas; la más frecuente es la generación de restos bioplásmicos que se descargarán al ambiente por medio de los circuitos energéticos correspondientes. De acuerdo con su origen y potencial pueden permanecer detenidos en el sistema. Estos residuos deben ser extraídos a fin de evitar efectos nocivos. Otros desechos pueden consistir en la contraparte que lleva implícita toda situación vital de acuerdo con la ley de la polaridad y el equilibrio. No vamos a analizar aquí el posible perjuicio que puede causar una situación en apariencia beneficiosa, ya que se trata de un tema de una profundidad y complejidad tal que merece tratamiento aparte y en otro tipo de obra.

3- La posibilidad de combinar la entrada y la salida del proceso psíquico de múltiples formas es uno de los instrumentos más útiles que posee la conciencia humana ya que le permite al hombre emplear el estímulo interno para sintonizar los registros que se desean trabajar, el estímulo externo para relacionarse con el mundo, la salida interna para incorporar información, y la salida externa para conducirse de múltiples maneras, y aprender de las respuestas que le da el medio. Aquí podemos apreciar una particularidad muy notoria del psiquismo que consiste en la posibilidad de verificación directa de los resultados de un proceso psíquico personal, ya que éstos se vuelcan al exterior en forma de respuestas elaboradas (salida).

4- Este es uno de los puntos que presenta mayor dificultad de verificación. De acuerdo con mi manera de ver, creo posible que la psique, aparte de los residuos energéticos generados por el procedimiento de generación o actualización de sus módulos, posea una zona de “desperdicios” de naturaleza similar a la de las componentes de los registros pero con información espuria. Tal vez algunos sueños o parte de ellos, o impresiones caóticas experimentadas durante esos momentos se trate de incursiones de la psique a esa áreas. Restaría aclarar el carácter de esas incursiones. La tendencia mayoritaria del hombre ante todo lo que no puede explicar, es adoptar la postura de atribuirle naturaleza casual, pensando que el Universo posee un ordenamiento determinado sólo para aquellos procesos que conoce el hombre. El solo hecho de considerar la posibilidad de que el acceso a esa región (o cualquier otro proceso psíquico) sea accidental y no posea una finalidad claramente definida me resulta pueril. Sí estimo posible que este paso se encuentre guiado por la voluntad inconsciente con algún propósito desconocido por el hombre en su actual estado de conciencia.

5- En los distintos porcentajes de retención-eliminación vemos graficada la evaluación que hace a cada momento el sistema de la información. Esto nos otorga diferentes matices caracterológicos a todos los seres humanos ante situaciones similares permitiéndonos así, junto con la capacidad de modificar conceptos, crecer. Por supuesto, todos estos pasos y particularidades del psiquismo humano pueden alterarse patológicamente (¿o evolutivamente?) más allá de los límites de lo considerado normal (¿quién puede asignar seriedad al concepto de normalidad tratándose de un resultado estadístico?). En caso de alteraciones patológicas pueden verificarse deformaciones de diversos tipos: interrumpirse alguna de las fases del proceso natural, sobrecargarse algunos elementos en perjuicio de otros, crearse circuitos psíquicos nocivos que se imponen a los naturales, y otras.

EL CUERPO

Retomando el tema de los procesos físicos, quiero ensayar la presentación del

cuerpo desde un ordenamiento distinto de lo visto en la medicina psicosomática tradicional.

A modo de preámbulo y para esclarecer el motivo de lo que expondré, quiero

recordar el concepto que he empleado en el punto DINÁMICA DE LOS MODULOS PSÍQUICOS para definir las interconexiones de los registros componentes de los módulos; lo he definido como árbol multidimensional en el cual los elementos se encuentran vinculados siguiendo una lógica que, en principio y rudimentariamente, he calificado de temática (directa o indirecta).

Recordemos que el encargado de determinar, establecer y mantener estas conexiones es, por supuesto, el psiquismo inconsciente. Nos encontramos ante una compleja red de decisión a la cual el acceso puede hacerse desde múltiples puntos, y el recorrido puede efectuarse por múltiples vías. Por lo tanto, esta estructura permitirá distintos esquemas de ordenamiento al momento de procesar la información. Considerando esto: ¿por qué no abordar la visión del cuerpo desde una lógica similar? Comencemos por recordar los sistemas y aparatos.

SISTEMAS: Óseo Muscular Nervioso Glandular Linfático Energético

APARATOS: Digestivo Circulatorio Respiratorio Reproductor

Agreguemos a esta lista algunas de las funciones básicas necesarias para el mantenimiento del sistema:

Alimentación Respiración Carga Energética Sostén y Protección Movilidad Intercambio de Comandos Regulación Eliminación de Residuos y Toxinas Irrigación Reproducción Contacto Sensorial con el Medio Descanso Distracción Higiene

Podemos ver que el cuerpo necesita de un muy amplio espectro de funciones para mantener el equilibrio. Muchas de ellas poseen una altísima complejidad anatómica, fisiológica y energética que el hombre conoce sólo parcialmente. Haciendo el habitual paralelismo entre cuerpo y psiquismo, surge de manera inevitable una pregunta: sabemos que la psique posee todos los módulos de control necesarios para ejercer la regulación de las complejas y variadas funciones enumeradas y aún de muchas otras; por lo tanto: ¿a qué grado de complejidad ascenderán los registros de mantenimiento del propio psiquismo humano tratándose de módulos de control que regulan y mantienen módulos de control de sí mismo…?

Es evidente que el nivel de complejidad que manejan estos registros excede la comprensión intelectual del hombre, ya que se encuentran en un plano superior

al conocido por el mundo de la razón.

La situación sería comparable a la de un empleado que recibe órdenes de un jefe sin saber que sobre éste existe un gerente con mucha más capacidad,

amplitud y conocimientos que se encuentra coordinando de manera indirecta las tareas, ya que para el tipo de trabajo que debe desempeñar dicho

empleado, con la dirección de un jefe es suficiente. Recordemos el principio de economía energética ya enunciado: la Naturaleza tiende a emplear el recurso justo, ya que de aplicar un recurso insuficiente no se alcanzaría el objetivo, y en caso de emplear un recurso excesivo habría un desperdicio innecesario. El empleado es el cuerpo físico; el jefe es el psiquismo que lo rige; y el gerente es la psique superior (¿Alma?) sobre la cual no tenemos más que vislumbres y manifestaciones indirectas, y siempre a través del jefe y sus limitadas posibilidades.

DISTINTOS ORDENAMIENTOS

Algunos de los ordenamientos que veremos aquí pueden ser opinables desde el punto de vista del rigor científico. Pero teniendo en cuenta que la rígida ciencia, con sus respectivos modelos, métodos, paradigmas y conclusiones, puede explicar sólo algunos procesos de origen puramente material, y todo lo demás es un misterio para ella, mi opinión no va “desentonar” con este panorama de incertidumbre. Vamos a considerar distintos órdenes de las componentes corporales, basados en algunos pares de polaridades. La idea es únicamente mostrar cómo el psiquismo humano refleja en el cuerpo sus propias posibilidades de evaluar y combinar la realidad. Estas combinaciones deben conocerse, ya que de ellas -y de muchas otras- y de la manera en que repartirá los potenciales entre las componentes la psiquis de un determinado individuo, dependerá de manera directa la figura específica que tengan sus síntomas y enfermedades. La primer clasificación habla de sistemas pasivos con su contraparte de sistemas activos. Con estos términos quiero diferenciar, en principio, aquellos sistemas, aparatos, órganos o funciones que muestren una actuación pasiva ante la totalidad. Cuando digo pasiva no quiero significar inmóvil, estático o inerte ya que toda componente del cuerpo lleva implícito algún intercambio de elementos, aunque más no sea para su propio mantenimiento (nutrición o combustible consumido para realizar su tarea). Con actuación pasiva pretendo significar que las partes consideradas como tal no procesan sustancias para beneficio del sistema global sino que realizan funciones mecánicas y motoras de diversos tipos. Podríamos decir de forma general que se trata de componentes estructurales. El complemento, que realizaría la actuación activa lo cumplen las partes o funciones que realizan alguna transformación (física, química o electromagnética) entre las sustancias sobre las que actúan, aparte de las propias de nutrición. Constaría de componentes procesadores. Presentados de esta manera se verían ordenados como sigue:

Sistemas Pasivos Óseo Muscular Nervioso Linfático

Sistemas Activos Glandular Energético

Aparatos Pasivos

Respiratorio Circulatorio

Aparatos Activos Digestivo Reproductor

Funciones Pasivas Sostén y Protección Movilidad Intercambio de Comandos Eliminación de Residuos y Toxinas Irrigación Contacto Sensorial con el Medio Higiene

Funciones Activas Respiración Alimentación Nutrición Energética Regulación Reproducción Descanso Distracción

La segunda clasificación se refiere a sistemas externos y a sus opuestos, los sistemas internos. La significación que pretendo dar a esta división se trata, en principio, de la comunicación directa que posean dichas partes con el exterior. Es cierto que todo proceso termina con alguna manifestación en el mundo físico (pueda percibirse o no de acuerdo a su grado de sutileza) pero lo que me interesa reflejar en este caso es la cualidad de intercambio directo con el medio ambiente. Tengamos en cuenta para este ordenamiento la aparición de elementos y funciones mixtas (las que figuran en ambas listas).

Sistemas Internos Óseo Muscular Linfático Nervioso Glandular

Sistemas Externos Energético Nervioso Glandular

Aparatos Internos Circulatorio

Aparatos Externos Digestivo Reproductor Respiratorio

Funciones Internas Sostén y Protección Irrigación Descanso Regulación Distracción Intercambio de Comandos

Funciones Externas Alimentación Respiración Nutrición Energética Reproducción Movilidad Eliminación de Residuos y Toxinas Contacto Sensorial con el Medio Higiene Descanso Regulación Distracción Intercambio de Comandos

La tercera posibilidad de ordenamiento se refiere a la cualidad de voluntario e involuntario que posea el ejercicio de ese sistema, aparato o función. Nuevamente es esperable la existencia de elementos mixtos dada la amplitud de funciones que abarcan algunas componentes del cuerpo humano. Dejemos, por el momento, de lado la posibilidad humana de hacer voluntarios la mayoría de los procesos involuntarios. Esto se logra a través de un profundo y prolongado entrenamiento como el que todos conocemos, por ejemplo, a través de la disciplina Yoga.

Sistemas Involuntarios Óseo Nervioso Energético Linfático Glandular Muscular

Sistemas Voluntarios Muscular

Aparatos Involuntarios Digestivo Circulatorio Reproductor Respiratorio

Aparatos Voluntarios Respiratorio

Funciones Involuntarias Sostén y Protección Irrigación Nutrición Energética Eliminación de Residuos y Toxinas Regulación Intercambio de Comandos Respiración Descanso Distracción Contacto Sensorial con el Medio

Funciones Voluntarias Alimentación Reproducción Movilidad Higiene Respiración Descanso Distracción Contacto Sensorial con el Medio

La cuarta clasificación puede hacerse teniendo en cuenta la posibilidad de verificar de manera consciente la existencia o la función de determinadas estructuras o procesos. Su polo opuesto habla de partes o procedimientos que existen o se efectúan de manera inconsciente. Este ordenamiento puede parecer a simple vista similar al anterior, pero si el lector se detiene a analizar punto por punto podrá percibir el concepto que intento transmitir.

Sistemas Inconscientes Nervioso Linfático Energético Muscular Glandular

Sistemas Conscientes Óseo Muscular Glandular

Aparatos Inconscientes Digestivo Circulatorio Respiratorio

Aparatos Conscientes Reproductor Respiratorio

Funciones Inconscientes Irrigación Nutrición Energética Eliminación de Residuos y Toxinas Regulación Intercambio de Comandos Respiración Descanso Distracción Contacto Sensorial con el Medio

Funciones Conscientes Sostén y Protección Alimentación Reproducción Movilidad Higiene Respiración Descanso Distracción Contacto Sensorial con el Medio

He manifestado anteriormente que la psiquis ha de poseer la misma estructura y dinámica que el cuerpo físico (mucho más compleja pero básicamente similar) ya que éste es su creación y está bajo su total control. Considerando esto, creo adecuado suponer que la conducta de cada individuo (manifestación directa de la psiquis profunda) mostrará características similares a algunos aspectos de su dinámica corporal; por ejemplo, de acuerdo con las polaridades enunciadas: Pasivo-Activo, Interno-Externo, Voluntario-Involuntario y Consciente-Inconsciente. Sin incurrir en una simplificación del sistema humano, podría decir que tanto la psiquis como el cuerpo se espejan, convirtiéndose uno en espejo recíproco del otro.

VISIÓN DEL CUERPO Y SUS PROCESOS

Uno de los recursos que empleo al momento de abordar las particularidades de la conciencia humana es el hecho de comenzar “al revés”. Tratándose de una maniobra táctica que me ha conducido a muchos resultados satisfactorios, quiero emplearla en este punto debido a la complejidad y la variedad del tema tratado, y del abordaje lineal que se hace habitualmente de él. Comencemos entonces por el final. Una de las grandes inquietudes del ser humano consciente ha sido, desde tiempos remotos, la pregunta del por qué de su existencia. Dicho de modo más moderno, el hombre se pregunta acerca de la finalidad de su vida; también por este motivo es que empiezo por el final, o sea, por la finalidad. No creo que el lector suponga que creo conocer la respuesta a este interrogante. Se trata sí de mantener la profunda convicción de que en el Universo conocido por el hombre nada existe ni sucede sin una finalidad determinada. Me resulta ingenua la idea de que el hombre existe solamente debido a causas meramente biológicas y para pasear dando vueltas por el espacio utilizado como vehículo la Tierra. Si tuviese que aventurar una muy audaz hipótesis sobre la finalidad de la existencia de todo lo conocido, me uniría a la tan antigua creencia y diría que

es un medio al servicio de la evolución. Hacia dónde se dirige y si existe un final en el proceso evolutivo, lo desconocemos. Entrando al tema y haciendo extensivo este concepto al cuerpo y sus procesos, tomaremos como pauta básica de trabajo el hecho de que TODO lo que él sea y le suceda tiene una finalidad perfectamente determinada. Algunos propósitos son nítidamente visibles, pero al internarnos cada vez más profundo en sus procesos nos encontramos con que va diluyéndose gradualmente la claridad de su finalidad. Uno de estos procesos se conoce superficialmente como enfermedad. Personalmente prefiero llamarla instrumento evolutivo, mecanismo de aviso, estado real de la conciencia o invitación a tomar conciencia.

GENERALIDADES

- En principio, y como sencilla regla general, podemos considerar a cada

órgano principal de un aparato o sistema como el “cerebro” de dicho dispositivo. Por ejemplo, el corazón sería el cerebro del aparato circulatorio. Los riñones serían el centro del aparato urinario. El estómago del aparato digestivo. El intestino grueso del aparato excretor de sustancias densas (dentro del aparato digestivo).

Resulta curioso observar como la mayoría de las disfunciones serias y profundas se dirigen a órganos principales, y rara vez lo hacen a partes secundarias con función pasiva, tales como, por ejemplo, el esófago, la tráquea, los uréteres, la uretra, la lengua, las orejas, los ligamentos, las membranas, las mucosas. Tal vez esto nos muestre una vez más la correlación entre las partes principales del sistema y sus funciones físicas, con sus correspondientes elementos psíquicos.

- Es casi frecuente ver casos en que algunas enfermedades calificadas de

crónicas o terminales por determinadas disciplinas, han remitido de manera espontánea y sin explicación científica cuando la persona logró hacer un importante cambio interior orientado a un reenfoque en su visión de la vida. ¿Sería absurdo pensar que en estos casos la enfermedad cumplió su finalidad y dejó de tener sentido gráfico?

Recordemos a dónde derivan al paciente muchos profesionales matriculados cuando la persona se cansa de las pomadas, pastillas, y otros, sin resultados definitivos al encontrarse ante casos de: culebrilla (herpes zoster), empacho (intensa generación y estancamiento de bioplasma de desecho en la zona abdominal y lumbar), mal de ojo (intensa generación y estancamiento de bioplasma de desecho en la zona frontal y cervical), y muchos otros para los cuales la ciencia aún no tiene respuestas.

Con seguridad Doña Rosa no tenga diploma alguno ni pueda explicar académicamente lo que hace, pero los efectos benéficos de sus prácticas suelen ser claros y están a la vista para cualquiera que quiera observarlos…

UN PANORAMA SOBRE LOS SISTEMAS Y APARATOS

Con el rudimentario análisis que haré pretendo mostrar sólo algunas situaciones en las cuales utilizamos nuestros sistemas y aparatos. En medio del desarrollo tal vez surjan de manera natural algunas preguntas o reflexiones. No pretendo darle estricto rigor técnico y mucho menos aún valor científico. Mi intención es sólo introducir al lector en el mundo de la realidad de su cuerpo, y estimular su capacidad de hacerse preguntas y percibir (intelecto lineal y psiquismo superior), a fin de lograr un adecuado balance entre lo que se puede analizar por medio de la razón y lo que debe “aprehenderse” por el medio adecuado: la percepción. Vamos a partir de las cinco grandes premisas ya vistas a lo largo del texto, y en las cuales nos apoyaremos a lo largo de todo el desarrollo:

1 TODO lo conocido en el Universo del hombre existe y ocurre con una

finalidad determinada, tanto si podemos conocerla totalmente, parcialmente o

desconocerla.

2 TODO lo que existe o sucede está constituido por dos dos polaridades con sus respectivas leyes (energía).

3 TODO proceso que se aparte del equilibrio dinámico entre los potenciales polares sufre algún tipo de alteración.

4 TODO lo que suceda en el cuerpo, incluyendo estados anímicos de

cualquier origen, es un reflejo de lo que ocurre en alguna parte de la psique ya

que es ésta la que lo rige.

5 TODO desequilibrio puede mostrarse de manera directa o mediante una manifestación opuesta compensatoria con el mismo potencial.

Sistema Óseo

Siguiendo en la tesitura de comenzar por el final, elijo este sistema ya que se trata del de mayor densidad. Lo considero así desde el principio que enuncia que todo lo que sucede en el mundo material es precedido invariablemente por un movimiento sutil que le da origen. La secuencia se verifica entonces desde los planos sutiles hacia los más densos. Si tenemos en cuenta que el subsistema conocido como cuerpo físico, considerado de manera aislada, es un aparato biológico diseñado para las condiciones del planeta en el que habita, veremos con claridad la finalidad del sistema óseo en una estructura como es la humana. Si recordamos lo visto en Anatomía en el colegio secundario, tendremos presente su función. Ésta consiste en aportar al cuerpo sostén y protección. En lugar de comenzar hablando del aspecto anatómico, fisiológico, histológico, para llegar a su contraparte psíquica, prefiero el camino inverso y más sencillo. Para estos casos creo adecuado el antiguo recurso de la pregunta.

Cuándo en los interrogantes empleo la palabra “desprovistos”, pretendo mostrar mediante esta gráfica situación extrema el grado de importancia de los sistemas, de su correcto funcionamiento y de las connotaciones psíquicas que estos conllevan. Mi interés se centra especialmente en dar una idea clara de los significados exteriores-interiores que poseen para el ser humano las distintas partes de su cuerpo. En este caso se trata de la estructura ósea. La condición de carencia total de alguno de ellos es imposible de sustentar en

la realidad, lo mismo que el extremo opuesto.

Para la consideración de una situación real, debe tenerse en cuenta que, en caso de existir anomalías relacionadas con el sistema en cuestión, la manifestación física se mostrará mediante algún grado de alteración que estrá

ubicada entre los dos extremos planteados.

¿Qué sucedería si, repentinamente, nos encontrásemos desprovistos de huesos?

Las respuestas pueden abarcar una muy amplia gama, de acuerdo con las connotaciones psíquicas particulares que posea el sistema óseo para la estructura de personalidad de quien responde a este interrogante. Voy a intentar algunas que considero centrales a la hora de tratar este tópico.

-

Nos volveríamos instantáneamente blandos.

-

Caeríamos al suelo.

-

Perderíamos la capacidad de mantenernos derechos (erectos).

-

Nuestra postura carecería de firmeza.

,

-

Nuestro cuerpo perdería su rigidez.

-

Nos quedaríamos sin protección ante los impactos exteriores o caídas.

-

Perderíamos capacidad defensiva y agresiva tornándonos débiles.

-

Perderíamos movilidad por exceso de flaccidez.

Podríamos continuar con muchas otras respuestas que girarían en torno a los conceptos implícitos en ellas. En las respuestas vemos con claridad el juego polar constituido por los

opuestos complementarios duro-blando, rígido-flexible, móvil-amóvil, agresivo- defensivo, agresivo-pasivo, débil-fuerte, seguridad-inseguridad. Todo esto sucedería en distintos grados de acuerdo con el tipo de personalidad.

A partir de las respuestas tratemos de imaginar el estado anímico

psicoemocional- que se generaría en un individuo ante esta situación. Si el estado resultante de encontrarnos de repente sin estructura ósea promovería sensaciones de blandura, flexibilidad, inmovilidad por blandura,

indefensión, pasividad, debilidad, inseguridad, la situación opuesta de excesivas partes rígidas, llevada al extremo, nos pondría en situación de

dureza, inflexibilidad, inmovilidad por rigidez (o movilidad restringida), capacidad defensiva, agresividad (como sinónimo de avance hacia los objetivos), fortaleza, seguridad. Observemos en este caso que ambos extremos o el acercamiento a ellos- restringen el adecuado movimiento natural por el mundo. Destaquemos dos puntos que haremos extensivos a todos los sistemas, aparatos, órganos y funciones:

- Podemos ver con claridad como un sistema en este caso el óseo- y un

suceso físico asociado con él su pérdida-, pone en funcionamiento un grupo de cualidades anímicas inherentes a lo que esta estructura representa para el psiquismo del individuo, o, expresado de manera más propia: lo que representa para la relación dinámica entre los procesos psicofísicos.

- Si sabemos que los procesos encargados de construir y mantener toda la

estructura y función física se localizan en la psique, y hemos visto que modificando la conformación corporal se verifican cambios psicoemocionales, es claro que entre ambos sistemas óseo y psíquico- existe influencia recíproca.

Considerando esta situación, es dable suponer que, en caso de producirse en el psiquismo cambios o particularidades de la personalidad relacionados con las cualidades asociadas al sistema de protección y sostén, este podría sufrir alteraciones que reflejarían dichos sucesos internos. Si continuamos analizando bajo la óptica polar podemos incluir aquí otra bipolaridad que otorgará una nueva coordenada dimensional a la observación del cuerpo-psiquismo. Si consultamos la premisa -5- veremos que el ser humano tiene la posibilidad de mostrar una anomalía de manera directa o puede tratar de enmascarar esa particularidad o desequilibrio en su personalidad-conducta utilizando como recurso la maniobra compensatoria. Esta consiste en reprimir la tendencia original y “fabricar” otra acorde con lo que se desearía que fuese. Este recurso se conoce también como máscara. De acuerdo con su tendencia natural, el individuo se mostrará tan desequilibrado como realmente es o agregará un nuevo desequilibrio al ya existente que consistirá en reprimir la modalidad no deseada, y en generar y mantener otra ficticia. El costo psíquico y energético de esta conducta es realmente alto porque, no sólo se duplica el problema sino que se mantiene intacta la alteración original, ya que al adoptar la actitud de ignorarla se pierde la posibilidad de procesarla de manera adecuada y aprender e integrarla a la personalidad como un tema resuelto. Agreguemos una nueva componente a nuestro caso. Recordemos lo enunciado por la medicina oriental que muestra el cuerpo físico dividido polarmente en sus tres dimensiones: derecha-izquierda, arriba-abajo, delante-detrás. Si tenemos en cuenta lo visto podemos inferir que no ha de significar lo mismo una anomalía ósea en los miembros superiores que en los inferiores. También ha de observarse si el problema aparece del lado derecho o izquierdo del cuerpo, ya que todos conocemos la diferencia de funciones de ambos hemisferios cerebrales y la mitad corporal regida por estos. Por

supuesto, el resultado lo dará una combinatoria de todos los factores vistos y de muchos otros que deberán investigarse. Las variables a tener en cuenta se obtendrán mediante una adecuada y profunda observación de la estructura general y de la historia de vida de la persona considerada.

Subsistema Articular

Al considerar el sistema óseo no puede dejar de tenerse en cuenta el nexo entre sus componentes. Éste se efectúa a través de las articulaciones. Éstas cumplen la función de segmentar la estructura rígida a fin de permitir una mayor flexibilidad del cuerpo. Una parte de este subsistema actúa como amortiguador entre piezas óseas a fin de evitar las lesiones que se producirían por el contacto entre partes duras. Estas articulaciones también brindan al cuerpo mayores posibilidades de movimiento. Hagamos la pregunta que nos mostrará el significado psíquico de este subsistema complementario:

¿Qué sucedería si, repentinamente, nos encontrásemos desprovistos de articulaciones?

- Nos volveríamos instantáneamente rígidos.

- Dependiendo de nuestra estructura básica, perderíamos la capacidad de

desplazarnos velozmente por el mundo físico y, por lo tanto, sufriríamos una disminución de la capacidad de alcanzar objetivos que requieran velocidad física, con su consecuente sensación de minusvalía (algunos tipos de personalidad pierden la rigidez ante la necesidad de desplazamiento rápido).

- También de acuerdo con las características personales, experimentaríamos

una disminución de la capacidad de huida con su consecuente sensación de inseguridad.

La imagen sería muy similar a la que con seguridad tenemos registrada por haberla visto en tantas oportunidades cuando en alguna película se mostraba una momia en movimiento. La tan típica movilidad restringida es la característica de la inmovilización articular. Otro caso que seguramente todos recordarán se trata de los primeros robots que aparecieron en las pantallas con su inconfundible y limitado andar robótico. La falta de articulaciones trae aparejada la consecuencia de andar lento, ya que sin la facilidad que éstas brindan, sería doloroso y agotador un andar forzado para lograr velocidad. Una de las cosas que siempre me intrigó acerca de las momias es la connotación dañina que tenía su presencia. Jamás he visto (o no lo recuerdo por lo poco frecuente del caso) a una momia que haga el “bien”, aunque se tratase del cuerpo momificado de algún individuo que en vida no hubiese practicado actos perjudiciales.

Tal vez se trate de la limitada imitación de algunos seres humanos dedicados a tareas creativas que sólo conciben y asocian la muerte (o la conservación del cuerpo y la supuesta vida post-mortem que le asignan las películas a las momias) con algo nefasto. O tal vez la capacidad de daño representada por las momias inarticuladas se deba a lo afectivamente doloroso que resulta el contacto con personalidades que poseen características de dureza y rigidez. Quizá ante esta situación “sin articulaciones” nos convertiríamos en personas que sólo capten el lado duro y rígido de la vida, y hasta es posible que apliquemos la dureza y la rigidez a nosotros mismos (o a partir de nosotros mismos la proyectemos al mundo que nos rodea). Una situación corporal en la cual no existiesen articulaciones, nos convertiría en una masa compacta y homogénea sin la posibilidad de la tan necesaria adaptación a muchas formas y situaciones del mundo físico. Una condición con más articulaciones de lo habitual nos llevaría, gradualmente y dependiendo de la cantidad de estas, a un estado de excesiva flexibilidad corporal y, con seguridad, esta cualidad se trasladaría también a nuestra conducta. Un vez más nos movemos entre dos polos. En el caso de las articulaciones se trata del par de opuestos complementarios que conforman la condición de flexibilidad y adaptabilidad en oposición con la dureza y rigidez. El estado ideal es, tal como en todos los casos, un adecuado equilibrio entre ambos grupos de cualidades que conforman los extremos polares. Destaco aquí que cuando se habla de equilibrio entre polos no se intenta describir un estado estático de permanente estabilidad en el centro o punto medio neutro. Por el contrario, se hace referencia a un estado de equilibrio dinámico entre polaridades, en el cual el potencial se dirige alternativamente a uno o a otro polo de acuerdo con las circunstancias. El estado de equilibrio ejemplificado con el caso óseo-articular nos mostraría una situación interna del individuo tal que le permitiría una adecuada dosis de dureza al momento de necesitarla para enfrentar el mundo y, en la misma medida, poseería la capacidad de flexibilidad y adaptabilidad cuando las circunstancias así lo requiriesen.

Subsistema Muscular

Al tratar el tema de los sistemas óseo y articular, se hace necesario incluir el elemento dinámico que aporta el componente de movimiento. No sólo se ocupa de posibilitar los movimientos físicos externos y voluntarios sino también existe musculatura para llevar a cabo funciones internas e involuntarias tales como el peristaltismo intestinal o el bombeo cardíaco. Al vernos desprovistos de huesos nos convertiríamos en una masa blanda, y si se suprimiesen las articulaciones pasaríamos a ser una masa rígida.

¿Qué sucedería si, repentinamente, nos encontrásemos desprovistos de músculos?

- Nos encontraríamos convertidos en una masa inmóvil.

- Perderíamos la capacidad de desplazamiento tan necesaria para vivir insertos en el mundo cotidiano.

- No tendríamos posibilidades físicas de persecución de objetivos, de autoabastecimiento, de huida, de defensa, de ataque.

- También perderíamos la tan fundamental capacidad de expresión corporal.

Imaginen el estado anímico generado a partir de esta situación. Nos sentiríamos una masa inerte sin ningún tipo de capacidad de respuesta física. Se verían totalmente impedidos todos los movimientos habituales del cuerpo para conducirse de manera adecuada en el medio. Ya no tendríamos posibilidad de expresar abiertamente y naturalmente nuestras emociones primarias, ya que estas requieren de una alta participación del cuerpo. Para algunos tipos de personalidad, esta situación tal vez sea un alivio, en especial en caso de albergar un alto monto de agresividad, cualidad tan mal mirada e interpretada en el contexto sociocultural mayoritario (no confundir con violencia). En contraposición a la agresividad se encuentran las personalidades que, por diversos motivos, tienen miedo de contactarse afectivamente mediante sus expresiones corporales. ¿Qué mejor solución para estos casos que encontrarse desprovistos o disminuida su función en algún grado- de uno de los subsistemas imprescindibles para la ejecución de movimientos físicos? Si nuestro sistema muscular no respondiese ¿quién nos podría exigir algún movimiento físico?

Sistema Nervioso

Dentro del diseño del cuerpo humano, la comunicación directa de comandos y señales bioeléctricas se efectúa a través del sistema nervioso (omito deliberadamente considerar aquí las corrientes eléctricas que circulan por otras zonas, tales como la piel). Consta de una compleja red de conductores de bioelectricidad que van desde el cerebro hasta la periferia, y en el cual las corrientes circulan en ese sentido y en sentido contrario. A través de él se emiten estímulos a todo el cuerpo, y también desde ahí llega información al cerebro. Por medio de él se efectúan funciones de diversos tipos: desde las voluntarias hasta sus opuestas, las involuntarias; desde las estimulantes hasta sus complementarias, las depresoras. Esto implica funciones desde las que no actúa la voluntad hasta las que sí puede hacerlo. Cumple también tareas de activación y sus antagónicas de inhibición.

¿Qué sucedería si, repentinamente, nos encontrásemos desprovistos de nervios?

- Quedaríamos automáticamente aislados del medio y de nosotros mismos por falta de transmisión de mensajes.

- El entrono no podría influirnos.

- Perderíamos noción de lo que sucede en nuestro cuerpo.

Imaginemos una persona en una situación tal que el mundo le resultase sumamente hostil o doloroso por diversos motivos. Ante este panorama, no es difícil suponer que el mundo interior también le resultaría doloroso y confuso, ya que si este último fuese placentero, la visión del mundo exterior cambiaría por la existencia de una adecuada posición interna del observador. Si alguien tuviese esta disposición para con la vida ¿qué mejor solución para aislarse que impedir la transmisión de mensajes desde, hacia, y dentro de su sistema?

Sistema Glandular

Vimos en el punto anterior que el sistema nervioso es el encargado de la comunicación directa de comandos y señales bioeléctricas. Podíamos decir que el sistema glandular se encarga de la transmisión y recepción de comandos y señales bioquímicas. Por razones obvias, estos dos sistemas trabajan en estrecha comunicación. Alguien se preguntará no sólo las diferencias entre ambos tipos de señales sino también la justificación de la existencia de dos sistemas para manejar mensajes. De acuerdo con mi manera de considerar los diseños naturales, la diferencia reside en la velocidad de transmisión de información verificada entre ambos, teniendo en cuenta las características del medio que utilizan para la transmisión: las sustancias líquidas en su elemento homólogo y las señales eléctricas en una red conductora de este tipo de información. Creo que con una sencilla adaptación, la Naturaleza hubiese podido unificar las funciones que hoy cumplen los dos, y así suprimir uno de ellos. La consecuencia inmediata que se me ocurre es la disminución de la velocidad de transmisión tan necesaria para cumplir algunas funciones fundamentales en caso de que la unificación se hubiese hecho sobre el sistema glandular. Si la adaptación se hubiese realizado siguiendo las características del sistema nervioso, el resultado sería el aumento de la velocidad de transmisión en órganos y funciones en las que no es necesaria. Recordemos que la Naturaleza tiende a emplear el recurso justo y equilibrado, pero evitando una sobredimensión y complejidad innecesaria de diseño. Una vez más nos encontramos ante la tendencia de la Madre Naturaleza al equilibrio entre polaridades.

¿Qué sucedería si, repentinamente, nos encontrásemos desprovistos de sistema glandular?

- No podrían llevarse a cabo funciones metabólicas fundamentales.

- No existiría posibilidad de normalidad psicofísica.

Recordemos que la situación de carencia total planteada se trata de un recurso extremo a fin de acentuar los grafismos. El sistema glandular es una componente de tan básica y permanente influencia sobre la estructura corporal que la sola alteración de una de sus partes, por mínima que esta sea, produce efectos de gran importancia en el cuerpo y en el psiquismo. Creo que no es adecuado suponer, de acuerdo con lo visto, que si una persona tuviese serios problemas de adaptación al medio debido a su situación emocio- psico-física, sufriría alguna o algunas alteraciones en su sistema glandular como reflejo de su situación interna. Recordemos nuevamente que lo verificado en el cuerpo es un reflejo de lo que sucede en alguna zona de nuestro psiquismo. El ejemplo más gráfico de esta mecánica vital lo constituye nuestra expresión facial. No podemos fingir realmente un determinado gesto si la persona que nos mira posee un adecuado conocimiento de nosotros. De la misma manera, no podemos fingir un estado físico aún glandular- que no coincida con nuestra forma de conducirnos en la vida.

Sistema Linfático

Este sistema es uno de los encargados de la eliminación de toxinas de distintas naturalezas. Lo hace tomando los elementos a desechar del líquido intersticial y volcándolos al sistema circulatorio para su posterior expulsión. Podíamos decir que es el encargado de eliminar los desechos originarios de zonas profundas del cuerpo. Está y opera en estrecha relación con el aparato circulatorio.

¿Qué sucedería si, repentinamente, nos encontrásemos desprovistos de sistema linfático?

- No podrían cumplirse funciones de depuración de desechos de regiones profundas.

- Nos encontraríamos continuamente intoxicados de nuestros propios residuos.

Hemos visto que todo procedimiento vital, en cualquier plano que opere, genera residuos de naturaleza acorde con las sustancias que actúan en el proceso que los generó. El sistema linfático trabaja con los residuos generados en los espacios intercelulares. Podríamos decir que esta es una de las zonas más profundas del cuerpo (sólo es superada por la región intracelular). Si hacemos el habitual paralelismo entre el cuerpo y el psiquismo, sus elementos,

zonas y procesos, podemos suponer que, a una persona que no sea capaz de llegar a “limpiar” las profundidades de su propia psique-vida, la Naturaleza se encargue de reflejarle esta situación sobre su propio cuerpo por medio de un proceso análogo y sobradamente gráfico. Esta es sólo una observación de carácter general. Con seguridad, ante un caso puntual habría que detenerse a analizar en qué plano se generan los elementos de desecho psicoemocional. Tal vez se trate de desperdicios generados por un problema profundo relacionado con el cuerpo físico.

Aparato Digestivo

Este aparato es el encargado de la nutrición material del cuerpo. Su importancia orgánica es manifiestamente clara. Lo mismo podemos decir de su magnitud psicológica, ya que al asociarse de manera decisiva con la vida del cuerpo físico, la psiquis debe prestar especial atención y cuidado al permanente suministro de alimentos, tanto sólidos como líquidos. Paralelo a esta situación, debe conservar en adecuado estado este dispositivo a fin de mantener la capacidad de procesar eficientemente las sustancias ingeridas.

¿Qué sucedería si, repentinamente, nos encontrásemos desprovistos de aparato digestivo?

- Perderíamos la capacidad de ingestión y digestión de alimentos.

- Se degradaría en corto tiempo el estado nutricional del cuerpo.

Sabemos que el cuerpo humano, considerado en su totalidad, necesita de cuatro tipos de alimentos básicos: los sólidos, los líquidos, el aire, y la bioenergía. Siguiendo con la línea de análisis empleada hasta el momento, digamos que estos niveles alimentarios se encuentran relacionados y tienen en el psiquismo su correspondiente esquema reflejo. Una referencia, a modo de ejemplo, de la correlación mencionada lo constituye un par de meridianos conductores de energía corporal: el de pulmón y su opuesto complementario, el de intestino grueso. Vemos aquí asociados trabajando concurrentemente a dos dispositivos procesadores de tres tipos de alimento claramente diferenciados: el aire y los sólidos-líquidos. Agreguemos ahora un quinto alimento tan necesario como todos los mencionados y que habitualmente no se lo incluye de manera directa en la lista de las necesidades vitales del cuerpo-psique. Me refiero a las situaciones del hombre con respecto al mundo exterior-interior. Normalmente se subestima o se distorsiona el valor de la interacción del individuo con su medio ambiente, con otros seres y consigo mismo. Si estamos de acuerdo en que la finalidad de la existencia pareciera ser el desarrollo de la conciencia o, por lo menos, el aprendizaje parcial dentro de una vida,

comprenderemos la capital importancia de la manera en que nos encontremos insertos en el medio, y en las respuestas que éste nos de. Como todos los otros alimentos, éste es procesado por registros existentes en nuestro psiquismo; hablo del ya detallado sistema de control-creencias. Si seguimos con el concepto de la correlación entre sistemas, funciones, y sus correspondencias psíquicas, es dable suponer que también debemos ingerir, digerir, y eliminar residuos de situaciones vividas o por vivir. Es frecuente oír decir: “a determinada persona no la puedo tragar; la veo y me da náuseas”. Y también: “esta situación no la puedo digerir”. ¿Y cuántas veces quisiéramos eliminar de nuestra vida algunas molestas y repetitivas circunstancias? ¿Y los residuos de antiguas vivencias o personas que aún nos dañan y los sentimos como si se pudriesen dentro nuestro causando un intenso malestar? Creo que estas populares frases grafican ampliamente las connotaciones psíquicas que posee el aparato digestivo llevado a situaciones cotidianas de relación, con la vida material, emocional, y sentimental. Si nuestro aparato digestivo psíquico se encuentra en correcto funcionamiento sabremos que tipo de situación “ingerir”, luego sabremos procesarla de manera adecuada, para más tarde “eliminar” los residuos que esta pudiese haber generado, y conservar la parte benéfica que consistirá en aprendizaje de vida. Si este proceso no se efectuase de forma sana, es posible esperar alguna alteración en alguno de los sistemas digestivos, ya que estos trabajan estrechamente relacionados al servicio de la totalidad del cuerpo.

Aparato Circulatorio

Este aparato es el encargado del proceso de transporte de sustancias dentro del cuerpo. Se ocupa del transporte de nutrientes, oxígeno, residuos y hormonas. También cumple una función paralela a la mencionada que consiste en la regulación térmica del cuerpo.

¿Qué sucedería si, repentinamente, nos encontrásemos desprovistos de aparato circulatorio?

- Perderíamos la capacidad de comunicación por el medio fluido.

- Los nutrientes no llegarían a los tejidos, incluyendo el oxígeno.

- En poco tiempo moriríamos por intoxicación.

- Los órganos no cumplirían sus funciones.

- No podríamos mantener la temperatura vital necesaria.

- Se degradaría en corto tiempo el estado general del cuerpo.

Sin llegar a esta hipotética e imposible situación de carecer de aparato circulatorio, podemos imaginar algunas de sus anomalías más comunes para graficar su importancia. Cuando sufrimos una lipotimia (descenso brusco de la presión sanguínea), experimentamos de manera instantánea una transición hacia otro estado que consiste, principalmente, en una pérdida de conciencia. Este recurso es utilizado como medio temporal para paliar situaciones repentinas que conllevan una carga traumática tal que el sistema no puede soportar. Pasado este momento, el psiquismo reorganiza sus recursos y hace frente a la nueva situación. Si disminuimos este subterfugio natural de la psiquis y lo llevamos a una condición menos severa pero permanente como es la baja presión sanguínea, con seguridad veremos que la persona vive en un estado de sopor o adormecimiento que le ayuda a suavizar las asperezas de la vida. No es extraño que el psiquismo nos ayude graficando con claridad nuestros estados de conciencia con la finalidad de darnos la posibilidad de trabajar voluntariamente en nuestro crecimiento personal. El caso opuesto-complementario de éste lo componen las personas que sufren de hipertensión. El rasgo caracterológico de ellos consiste en la tendencia al desborde emocional. En su temperamento, todo movimiento emocional, por pequeño que sea, adquiere una significación y un potencial desproporcionado con la ocasión, en especial por supuestos ataques o menosprecio a su persona). Algo similar podemos observar en las distintas tendencias de carácter asociadas a los diferentes grados de densidad de la sangre. Así como existen personas más “fluidas, livianas”, nos encontramos con personas más “pastosas, densas”. Con seguridad el individuo que presenta rasgos de personalidad “fluidos” mostrará tendencia a ingerir líquidos en mayor abundancia que su opuesto que posee rasgos “densos”. No me resultaría sorprendente comprobar que las personas fluidas poseyeran una sangre más líquida, y las más densas mostrasen una sangre más espesa. La capacidad adaptativa (a los cambios de la vida y a la modificación de ideas) será mayor en el primer caso y menor en el segundo ya que los elementos menos densos poseen posibilidades superiores de adaptación. Lo dicho puede verificarse tanto en el mundo material como en el mundo de las ideas. Si por algún motivo, que suele ser el dolor emocional, no quisiéramos tener sensibilidad en alguna zona relacionada psíquicamente con el origen del conflicto, no resultaría extraño verificar problemas circulatorios en esa región; por ejemplo, várices, baja temperatura local. Si con los recursos mencionados no fuese suficiente y la realidad de nuestra vida nos resultase dolorosa al punto tal de hacerse insoportable, todavía el sistema nos permite una posibilidad mayor: reducir el diámetro de los vasos conductores, u obstruirnos completamente alguna zona mediante sedimentos depositados en sus paredes internas. Ya casi no existirían sensaciones en la región elegida. Por supuesto, tampoco quedarían muchas posibilidades de contactarnos con alguna parte de nuestra realidad interior y, por lo tanto, de vivir completos, con pleno conocimiento de nosotros. En un estado de lentitud y densidad circulatoria el proceso de eliminación de toxinas se encontraría reducido; por lo tanto, éstas permanecerían mayor

tiempo del adecuado dentro de nuestro cuerpo, con las consecuencias que producen estos casos de semi-intoxicación permanente. Esta situación puede compararse con la manera de ser de las personas que ignoran o demoran la solución de los problemas, con la secreta esperanza de que desaparezcan espontáneamente. No sólo no desaparecerán los conflictos sino que se acumularán, y requerirán un mayor esfuerzo para su solución. Esfuerzo que, pasada cierta edad, no es fácil realizar. Otro de los recursos del psiquismo asociados con la necesidad de pérdida de sensibilidad local consiste en reducir la temperatura del lugar relacionado simbólicamente con el conflicto. Todos conocemos lo insensibles que se ponen, por ejemplo, nuestras manos o pies cuando los sobreenfriamos. Podemos considerar también el caso de una persona en un estado tal que sus emociones estén, conscientemente o no, a punto de estallar. Creo que sus vasos sanguíneos acompañarían esta situación (estallarían) y se producirían derrames de fluido vital ante la mínima presión exterior o aún sin esta.

Aparato Respiratorio

Este aparato se ocupa de la nutrición gaseosa del cuerpo. Su fundamental importancia orgánica es conocida por todos nosotros. En cuanto a su significancia psíquica podemos decir que es claramente mayor a la de los dos primeros alimentos mencionados, ya que ésta debe asegurar el suministro permanente de aire independientemente de las condiciones exteriores. Nuestra psiquis sabe, tanto consciente como inconscientemente, que un pequeño error de evaluación del estado del medio gaseoso puede significar la muerte del cuerpo físico en muy poco tiempo. Haciendo el paralelismo habitual podemos decir que existen circunstancias que el sistema humano evalúa como con poco margen de error debido a la importancia vital que poseen para él.

¿Qué sucedería si, repentinamente,nos encontrásemos desprovistos de aparato respiratorio?

- Perderíamos la capacidad de ingestión y digestión del tan perentorio fluido gaseosos.

- La supervivencia del cuerpo sólo podría asegurarse por algunos minutos.

En otros puntos hemos detallado los alimentos. Recordemos que el aire es el tercero en orden decreciente de densidad. Sólo es más sutil que éste la Bioenergía. Hagamos una ligera mención del aire como uno de los elementos con los que se identifican algunos tipos de manifestaciones de la energía básica que constituye el ser humano: Fuego, Aire, Agua y Tierra. Estos tipos de energía se relacionan también con determinadas particularidades o tipos de conciencia que caracterizan a los hombres.

La modalidad del elemento Aire se caracteriza por una marcada actividad del intelecto asociada a un pronunciado movimiento emocional (no confundir con sentimental). Su especialidad es el intento de comprender la Verdad de la conciencia de ser por medio de la razón. Este intento se acompaña muy a menudo de una marcada agitación emocional. Teniendo en cuenta este panorama, no sería aventurado suponer que una persona de fuertes características aéreas (intelecto lineal y emociones muy activas) se encuentre sufriendo problemas de “indigestión broncopulmonar” ante situaciones experimentadas como hostiles que pongan en movimiento este tipo de cualidades personales relacionadas con esa manifestación energética arquetípica. También podemos asociarlo con otro principio de la medicina oriental, el cual postula que en los pulmones se registra la pena y la negatividad junto al polo opuesto complementario: el colon. En algunos casos, creo que no sería impropio suponer que las situaciones adversas sufridas por una estructura como la planteada generen fuertes sentimientos de pena y negativismo al verse contradichos los claros razonamientos de un pensador “aéreo”. ¿Y qué sucede cuando impedimos físicamente el normal desenvolvimiento de la función respiratoria? Vemos que la persona tiende a sofocarse y a mostrar un alto monto de ansiedad producido por la disminución de esta función tan apremiante. Luego de lo visto ¿sería impropio suponer que si alguna persona o situación ahogase con su personalidad o con su proceder a alguien, éste mostrase signos de alteración en su función respiratoria?

Aparato Reproductor

La función de este aparato es la de conservar la especie humana. Para asegurar este cometido, el acto sexual ha sido dotado de un gran potencial de placer, y también de épocas o momentos definidos en que su práctica toma carácter de imperiosa. El psiquismo humano ha distorsionado la orientación natural de esta función y suele utilizarla mayormente con fines de gratificación personal debido a su sencilla práctica, sus amplias posibilidades, su interés renovable, y su capacidad de proporcionar una muy alta satisfacción.

¿Qué sucedería si, repentinamente, nos encontrásemos desprovistos de aparato reproductor?

- Quedaría eliminada la capacidad de descendencia.

- Nos sería suprimida la posibilidad del mayor goce físico al alcance del hombre medio.

- Perderíamos la posibilidad de uno de los más profundos intercambios con otro ser.

El hombre, a medida que transcurre su vida se hace gradualmente más consciente de lo efímero de la duración de su cuerpo físico. Esta sensación, que angustia a todos los seres humanos en algún momento y en distintos grados, suele intentar paliarse con el recurso más inmediato: reproducirse. Nos empeñamos en vernos reflejados en esa nueva vida que generamos, como una ilusión de permanencia luego de la muerte corporal. Después de ponerles nuestros nombres, inculcarles nuestras creencias, y retenerlos todo lo posible, nos sentimos un poco más aliviados ya que tenemos la absurda sensación de permanencia… sólo un poco aliviados… Esta situación, como todas las planteadas, tiene su contraparte. Si el individuo fue fuerte y negativamente impactado por una niñez infeliz, la tendencia anterior puede revertirse, y la persona podría mostrar tendencia inconsciente a no reproducirse. ¿Qué mejor situación para cumplir con este objetivo inconsciente que sufrir problemas en el aparato o en la función sexogenital? De modo tangencialmente similar puede hacerse extensivo a la función de éste como proporcionadora de placer. Si una persona no se considerase lo suficientemente valiosa como para ser merecedora de experimentar tan alto grado de placer, tal vez podría verse afectada su actividad sexual. Lo mismo podría suceder en el caso inverso. Esto ocurriría si alguien se considerase demasiado valioso como para dar ese placer a otro, y para disfrutar de un ser humano “inferior a él”. Otra de las posibilidades cuando se verifican alteraciones en este aparato o en su función es la de hallarse dificultada la posibilidad de intercambio con otro ser debido a una muy amplia variedad de motivos que abarcan desde el miedo y la angustia de muerte que significa el orgasmo (por la vía de la entrega total) hasta el autocentrismo llevado a sus más altas expresiones en donde la realidad es experimentada exclusivamente dentro de sí mismo.

OTROS ÓRGANOS Y FUNCIONES

Sentidos

La función básica de los órganos sensoriales consiste en mantenernos en contacto con el medio ambiente. Por medio de ellos conocemos y reconocemos el mundo. De acuerdo a cómo procesemos la información captada por los sensores, sumada a la que ya poseemos, se irá conformando nuestro sistema de creencias con el cual nos desenvolvemos en la “realidad”. Destaquemos que, debido a lo personal y subjetivo del proceso evaluativo, existirán tantas “realidades” como seres humanos. Es extremadamente frecuente en la mayoría de los individuos que los órganos sensoriales sufran alteraciones anatómicas y funcionales, muchas de ellas inexplicables o atribuibles a factores externos o inciertos. ¿Por qué motivo el psiquismo ordena tantas y tan frecuentes alteraciones de unas partes tan necesarias para el contacto con el medio.

Antes de intentar contestar la pregunta, observemos que los sentidos más frecuentemente alterados son: primero el de la vista y segundo el del oído. Las disfunciones en los demás parecieran verificarse con marcada posterioridad a las de los dos mencionados y con mayor levedad (aunque también creo posible que, por su función relativamente secundaria, no se perciba o se ignore la disminución de la sensibilidad olfatoria, táctil o gustativa). De las personas que han realizado el suficiente trabajo personal como para evaluar situaciones y evaluarse a sí mismos con notoria objetividad y precisión, se suele decir que ven con claridad. Esta popular y sabia calificación se desprende del valor interno del sentido de la vista. Por medio de éste captamos desde las crudas imágenes que vemos en el espejo hasta las expresiones de otros seres en respuesta a nuestras palabras o a nuestro proceder, así como también una serie muy amplia de visiones del mundo. Para el que quiere ver con claridad, estas imágenes constituyen un material valioso para su crecimiento permanente. Pero ¿qué sucede con la persona que no quiere ver ni verse con claridad, ya sea por resultarle doloroso o sea por el enorme esfuerzo y trabajo a realizar cuando tomamos conciencia de nuestra manera de pensar y de actuar? Creo que la reacción del sistema sería comparable a cuando nos vemos enfrentados repentinamente a una luz fuerte: cerramos los ojos de manera automática a modo de protección. Dentro de este contexto no sería improcedente suponer que el psiquismo intentaría cerrar o disminuir el caudal y la claridad de las imágenes recibidas. Creo posible que por medio de este método también se reflejaría nuestro grado de ceguera interior. Para tomar un ejemplo de una de las alteraciones más frecuentes de este sentido, veamos qué sucede con la presión ocular. Recordemos la característica de personalidad vista en Aparato Respiratorio. Ésta nos habla de individuos con repentino y explosivo movimiento emocional (personas del tipo de las que enseguida levantan presión). ¿Qué sucedería si la mayoría de los motivos que producen los estallidos emocionales proviniese de estímulos visuales? Es dable suponer que el psiquismo reflejaría también en esos órganos el aumento de la presión sanguínea generado por la desproporcionada reacción emocional, ya que por medio de ellos ingresó al sistema la información detonante. De esa misma manera quedaría advertido el plano consciente por medio de esta alteración corporal, para que el individuo trabaje conscientemente sobre su desajustada personalidad. Para el caso de nuestro aparato auditivo, el proceso psíquico es similar. Si logramos encontrar en nuestro camino seres humanos que nos aprecien y nos valoren lo suficiente como para no ser cómplices pasivos de nuestros errores y defectos, con seguridad, si no podemos huir de ellos, trataremos de cerrar nuestros oídos para no escuchar en boca ajena el estado real en que nos encontramos, ya que éste, en general, se contradice con lo que creemos ser. Si alguien tiene dudas acerca de esta mecánica y no le preocupa ganarse un “enemigo”, haga la prueba de decirle a una persona algo de lo que todos somos en algún grado: que es ignorante, egocéntrica, y que no se conoce en lo más mínimo. No olviden anotar las respuestas, ya que serán un muy importante material de trabajo personal.

En lo que concierne a los tres sentidos restantes, podemos decir que habitualmente se le otorga menor importancia a las alteraciones que sufran. En lo referente al sentido del gusto decimos que una persona le tomó el gusto a algo, o que saborea la vida, o que tiene buen gusto. Utilizamos estas expresiones como sinónimo de la sensación de agrado o disfrute que nos produce alguna persona, objeto o situación. No creo impropio suponer que si una persona no lograse tomarle el gusto a algo de significación para su vida, el psiquismo se lo graficase con una pérdida de sensibilidad de este sentido, a fin de que el individuo corrija la situación. La función psíquica complementaria que justificaría esa disminución, tendría la finalidad de evitar el dolor continuo que produce el mal gusto o disgusto. La disminución notoria de este sentido es muy frecuente y no se le otorga mayor importancia. En cuanto al sentido del olfato decimos que una persona tiene buen olfato como sinónimo de sagacidad, perspicacia, atención. Se trata de individuos que prestan atención sutil a los detalles del mundo y poseen una gran capacidad de observación. Con pocos elementos (pocos si se los considera desde el punto de vista de la desatenta mayoría) pueden arribar a precisas conclusiones, ya que su permanente y aguda atención los hace poseer una abundante cantidad de información útil al momento de sacar conclusiones o de llegar a una síntesis. El caso opuesto lo conforman los distraídos. Suelen ser personas con marcadas características autocéntricas, en donde la mayor parte de la atención consciente se vuelca hacia sí mismos impidiendo la captación amplia de la realidad circundante. Esta característica personal puede asociarse de manera indirecta con lo visto en Aparato Circulatorio al describir las personalidades densas o pastosas. Suelen ser personalidades psíquicamente torpes y lentas para relacionarse con el mundo aunque puedan mostrar una actividad física normal o incluso superior a lo normal (no olvidemos la posibilidad de mostrar un desequilibrio de manera opuesta-compensatoria). En lo que concierne al sentido del tacto, la empírica y tan gráfica sabiduría popular dice que una persona tiene tacto como sinónimo de sutileza, delicadeza, consideración. La manifestación más claramente expresiva de esto lo constituye la caricia. Todos hemos experimentado muy dispares sensaciones cuando nos han acariciado. Muchas de estas impresiones pudimos explicarlas ya que eran claramente diferenciables, pero otras constituían percepciones sin definición precisa en palabras. Lo claro y discernible con facilidad son las sensaciones de atracción o placer, en oposición a las de rechazo o desagrado. Al momento del contacto entre dos seres humanos es claramente diferenciable, mediante los efectos vistos, el grado de afinidad o empatía. Recordemos que nuestro estado es la resultante de la combinación dada por lo que somos y por lo que hemos hecho con nuestra vida. Si sabemos que este estado está prolijamente y completamente registrado en el psiquismo y totalmente estructurado en el cuerpo, es lógico inferir que por medio de cualquier manifestación estaremos exhibiendo dicha condición. Cuanto más al momento de tocar con las manos, y mucho más aún cuando acariciamos. En ese acto transmitimos únicamente lo que somos en esencia. Imaginen el caso de una caricia proveniente de una persona que no tuviese tacto. Se trataría de una caricia sin sutileza, delicadeza ni consideración: ¿cómo podría sentirse ese

contacto? Todo lo que somos se transmite con absoluta certeza y claridad por medio de nuestras manos. Una de las pautas principales con las que trabajo, dice que el hombre puede mentir sólo con la palabra…

Descanso

La gran mayoría de las disciplinas dedicadas al restablecimiento del equilibrio del sistema humano tienen serias dificultades para trascender la marcada tendencia natural hacia el plano consciente y su correspondiente mundo material; se trata del hacer. Esta situación puede verificarse con claridad cuando una persona escucha que para equilibrarse no tiene que hacer sino que tiene que ser. La cara de desconcierto del oyente suele ser digna de presenciarse. El hombre mayoritario, y en distintos grados que dependen de la zona sociocultural del mundo en donde habite, se maneja en una realidad física en la cual se valora enorme y desproporcionadamente el hacer, siendo muy mal mirado su tan necesario opuesto complementario, el no hacer, en especial si supera los límites de lo establecido culturalmente. Una vez más, la consecuencia de este desbalance entre polaridades produce efectos de diverso tipo e intensidad. Cuando este resultado se aplica al cuerpo físico se le llama ENFERMEDAD. Para tener una idea un poco más completa de la importancia real del descanso veamos algunos tipos diferenciados de éste. El caso más común es el referido al reposo del cuerpo. No podemos eludirlo por mucho tiempo ya que si hiciéramos el intento, la Naturaleza se encargaría de obligarnos a cumplirlo por medio del recurso del agotamiento con todos los síntomas que ese estado implica: disminución de la fuerza y de la energía física, reducción progresiva de la atención consciente, desconexión gradual de los sentidos. Con estos conocidos síntomas podemos ver que no es posible ir en contra del diseño natural por mucho tiempo o sin experimentar consecuencias. Si en estado de agotamiento persistiéramos en nuestra actitud de ignorar las necesidades del cuerpo y no nos retiráramos a descansar, el sistema recurriría gradualmente a instancias mayores en importancia con la finalidad de cumplir su irreversible cometido de desconectar la realidad exterior y recuperar fuerzas. Imaginen ahora el caso de que alguien insistiese en la idea de ingerir alimentos sin la adecuada pausa. El aparato digestivo se encargaría de hacernos saber con absoluta claridad cuando hemos superado el límite admisible, y nos obligaría a desistir de la actitud con el fin de descansar, no sin antes eliminar los excesos y producirnos un fuerte y gráfico malestar corporal. Vamos ahora al aparato circulatorio. ¿Qué sucedería si el corazón no tuviese posibilidades de descanso? Se encontraría en una situación de fatiga muscular y estaría naturalmente obligado a descansar y a suspender su función circulatoria durante un tiempo tal que resultaría mortal. Lo mismo puede decirse para nuestro psiquismo. No se conocen con exactitud los procesos efectuados durante el período de reposo; ni siquiera pueden establecerse con claridad esos períodos.

De acuerdo con mi manera de considerar la psiquis humana, creo que, tratándose de un sistema de enorme complejidad y teniendo en cuenta que realiza funciones de control de todo el sistema, debe descansar modularmente. Con esto pretendo significar que se alternan los distintos sectores operativos para recomponerse. Creo posible que se deba también a esta mecánica la urgencia del período de sueño, ya que en esos momentos reposaría el plano consciente. El caso inverso es la imposibilidad de prolongar durante mucho tiempo esta etapa, porque la parte inconsciente reclamaría su merecido descanso luego de haber realizado su trabajo de actualización de los módulos que conforman nuestro psiquismo profundo. Habitualmente tenemos un concepto equivocado de esta función vital y la practicamos de acuerdo con esa idea. Permitimos que los períodos de reposo sean regidos por las obligaciones y no por las necesidades corporales; esto es aplicable tanto al momento de de descanso como a su duración. El despertador es un útil herramienta social y un poderoso enemigo del cuerpo-psique ya que es él quien decide sobre la finalización de nuestro descanso en reemplazo de la decisión natural. El efecto de esta situación puede verificarse con claridad observando las sensaciones experimentadas durante los primeros minutos de vigilia luego de un despertar forzado (existen casos en que el malestar o la sensación de extrañeza se prolonga por horas). Otra de las particularidades consiste en los ritmos vitales que indican al sistema los momentos adecuados en que es necesario ejecutar distintas funciones. En las diferentes épocas del año existen variaciones en nuestros ritmos psicocorporales, siendo el alimentario y el del descanso los que registran las mayores y fundamentales fluctuaciones. Una vez más, el hombre tiende a imponer sus nocivas e inalterables rutinas a los designios naturales. Las consecuencias de esta conducta suelen contribuir con la generación de la enfermedad. El período vacacional lo planteamos considerando los factores externos y difícilmente nos detengamos a pensar y a percibir qué es lo que pide nuestro cuerpo. Existen inclusive ocasiones en las que las personas no vacacionan por muchos años o lo hacen durante unos pocos días. El resultado inmediato de la falta de un adecuado descanso, tanto en cantidad como en calidad, es una creciente sensación de fastidio e insatisfacción con el medio que nos rodea y hasta con nosotros mismos. Una de las anomalías que he observado en las ciudades es que las personas, aún mostrando un importante estado de agotamiento psicofísico, tienen serios problemas para conciliar o mantener el sueño. Sabemos que, si bien existen rutinas naturales básicas de control que ejercen su influencia de manera independiente de nuestra voluntad, también existe la posibilidad de sobreimponer a éstas nuestras propias rutinas por medio de la repetición sistemática. Si a los módulos de control que regulan el adecuado balance entre el pensar y el percibir, entre el hacer y el ser, o entre el consciente y el inconsciente le imponemos otros hábitos por medio de la práctica que vuelquen el equilibrio mencionado hacia el polo tan habitual en la cultura en que vivimos tal como es el pensar y el hacer consciente, no será de extrañar que al momento de efectuarse la transferencia de control entre los planos para lograr el estado de reposo, el consciente se rehúse a cederlo. El efecto resultante se manifestará como una negación del sistema a entregarse con naturalidad al estado de quietud. Las consecuencias suelen ser el agotamiento psicofísico y

energético seguido de los más variados tipos de alteraciones físicas que estarán de acuerdo con la estructura vital de la persona.

Distracción

Comencemos diciendo que la palabra distracción, en la acepción que se le da habitualmente expresa una falacia con respecto a la función que intenta definir. El término significa no-tracción. Esto implica dejar de tirar. Aplicado al hombre quiere representar el acto por el cual se logra que nuestra atención consciente se mantenga en reposo sin ser “tironeada” por ningún factor. Lo contrario es la abstracción, acto por el cual se puede concentrar la atención en un determinado punto. Si recordamos las prácticas a las cuales calificamos de distracción veremos que consisten en realidad en concentrar la atención en entretenimientos, o sea, en otra forma de abstracción. La verdadera distracción radica en un estado de no-tracción, o sea, de vacío psíquico consciente. Comúnmente se lo llama “mente en blanco” y se trata por cierto de un estado que requiere de una sostenida práctica para poder ejecutarlo por tiempo prolongado y para que brinde los resultados que el sistema requiere.

Higiene

La higiene humana es uno de los puntos más desconocidos y subestimados por la mayoría. Si tomamos en concepto en su sentido amplio, podemos decir que consiste en proporcionarle al sistema humano los elementos y las condiciones adecuadas para su correcto desenvolvimiento. Está de más aclarar la magnitud de planos y condiciones que abarca esta actividad. Podemos hablar desde la higiene exterior del cuerpo físico hasta la higiene de nuestros intestinos; desde la higiene en nuestros hábitos externos hasta la higiene de nuestros pensamientos. Incluyamos la higiene alimentaria en sus cuatro planos. Cada uno de estos ítems abarca una detallada lista de consideraciones que recomiendo investigar mínimamente ya que se trata de uno de los puntos estratégicos de nuestra salud y nuestro aprendizaje.

Excreción

Estas funciones se llevan a cabo por medio de tres dispositivos: los intestinos, los riñones y la piel. Podemos advertir que por medio de los intestinos ingresamos fluidos al sistema corporal, y por medio de los riñones los extraemos. La piel merece ser considerada aparte.

Los alimentos que no pudieron ser elaborados y absorbidos durante el procedimiento digestivo son sometidos a un proceso de deshidratación y putrefacción para ser posteriormente eliminados. El caso de los riñones es distinto ya que actúan como filtros precisamente calibrados que seleccionan diferentes tipos de elementos de desecho que han

sido vertidos a la sangre por diversos órganos, utilizando agua como diluyente

y medio de transporte.

Ya hemos visto en Sistema Digestivo una aproximación al hecho de eliminar residuos, sean éstos orgánicos o su habitual contraparte psíquica de acontecimientos de vida. Considerando lo expuesto hasta aquí y siguiendo la misma línea de razonamiento, creo adecuado suponer que si una persona tuviese alguna particularidad en su personalidad que le limitase en algún grado la capacidad natural de eliminación de elementos residuales generados por las situaciones de su vida, con seguridad mostrará alguna alteración física anatómica o fisiológica- relacionado con ese rasgo psíquico. Aún podemos diferenciar dentro de los dos sistemas excretores. Es posible que

si la dificultad de eliminación se relacionase con los aspectos materiales de la vida (económicos, de adaptación al medio exterior, de sometimiento o limitación física, y otros) la anomalía se verificaría en los intestinos, prevalecientemente en el grueso, ya que es este el encargado de la etapa final

y pareciera simbolizarla con claridad. Recordemos las características del denso

elemento Tierra. En cambio, si la dificultad de expulsión de elementos nocivos psíquicos se encontrase relacionada con los afectos y con las emociones profundas, es posible que la anomalía se viese registrada en el aparato o en la función urinaria. Tengamos en cuenta las particularidades del elemento Agua. Si tomamos como válidos los conceptos vistos, podemos pensar que una persona con tendencia a la rigidez de ideas, resistencia a los cambios, dura, seca y conservadora (de las del tipo todo tiempo pasado fue mejor), mostrará un intestino constipante que acompañará estas características de personalidad. Su opuesto lo constituiría la personalidad excesivamente cambiante, susceptible e influenciable, con fuertes y profundas emociones. En este caso, es posible que nos encontremos ante un intestino que se inclinará por eliminar sus residuos con abundante contenido de agua. He visto casos en que se verifica una inestable y pendular combinación de ambas tipologías, y los intestinos siguen fielmente los vaivenes anímicos. Por supuesto, el intestino no es el único órgano que refleja las cualidades mencionadas; lo que sucede es que de acuerdo con el biotipo personal, el cuerpo mostrará tendencia a graficar los desequilibrios en algunas zonas más que en otras.

La Piel

La piel constituye uno de los órganos que más ha ocupado a los investigadores del psiquismo humano; inclusive Freíd ha hecho una clasificación de los significados psíquicos de este órgano.

Existiendo tan abundante y rica bibliografía sobre este tema, considero inadecuado repetir una vez más los mismos conceptos. Elijo la postura de hacer algunas preguntas y agregar algunos comentarios. Si consideramos la manifestación anímica conocida como brote, y la relacionamos con el brote cutáneo, se me hace correcto suponer que tal vez alguien que reprime el hecho de brotarse emocionalmente se brote por medio de la piel. Todos conocemos en mayor o menor grado el dolor de perder un gran afecto. Este dolor y el tiempo que se tarde en resolverlo dependerá, como una de las variables, del nivel de sensibilidad del individuo. Cuanto mayor sea este último tanto mayor será el miedo experimentado, aún ante la pérdida hipotética de ese afecto; en especial, en caso de haber sufrido una situación similar de niño. ¿Qué mejor recurso entonces para evitar la angustia por la posible pérdida afectiva que alejarlo por medio de una desagradable alteración en la piel? Si logramos distanciarlo por medio de nuestra enfermedad en la piel eliminamos el riesgo de perderlo de manera involuntaria y repetir dolorosas historias. Otra de las formas de dolor afectivo la constituye el hecho de necesitar cariño, ternura o contacto de seres muy allegados y queridos, y que esto nunca llegue. ¿Qué mejor grafismo que mostrar por medio de algún problema en la piel todo el dolor producido por las caricias que esperamos y no recibimos en ella? Y lo mismo podemos decir de exhibir silenciosamente, por medio de llamativas manchas, erupciones, forúnculos, los golpes físicos y afectivos recibidos de niños. Si por algún motivo no estuviésemos totalmente conformes con nuestra condición o nuestra posición en la vida, por ejemplo, por no haber podido complacer con nuestra manera de ser a nuestro progenitor más fuerte o admirado ¿qué mejor recurso que cambiar permanentemente la piel en la cual no nos terminamos de reconocer y hallar cómodos, por ejemplo, por medio de un muy útil síntoma como es la psoriasis? ¿No es acaso la piel el órgano más grande? ¿No se presta inmejorablemente como cartel dada su permanente exposición al medio? ¿Será inadecuado suponer que nuestro psiquismo inconsciente conoce estas propiedades publicitarias y sabe muy bien cómo utilizarlas?

Hemos visto algunas partes, procesos y situaciones aisladas del ser humano y su entorno. A esta altura poseemos algunos pequeños elementos de observación para comenzar a desarrollar la capacidad de hacernos pregunas y buscar relaciones entre las enfermedades, los síntomas, el ser humano, y la vida. Como complemento de la investigación personal, recomiendo, una vez más, la formación adecuada y permanente en distintas vertientes.

LOS ESTRATOS EVOLUTIVOS

CARACTERÍSTICAS

He enunciado en otros textos un esquema de las fases del desarrollo del ser humano asociado con el espectro cromático visible. La idea de incluir aquí un

ítem similar es aportar algunas cualidades psíquicas de cada una de estas etapas debido a que esta obra trata de la visión psicoenergética humana con miras al trabajo interior. De modo similar a lo expuesto en otras oportunidades, lo que veremos constituye sólo una breve síntesis orientativa a fin de servir como base para futuras investigaciones a cargo del lector. No debe tomarse ni emplearse como una tabla a ser aplicada en todos los casos ya que se trata de un esbozo general para facilitar y estimular el estudio del psiquismo en relación con le energética humana.

Gestación Física

De acuerdo con el resultado de múltiples investigaciones, sabemos de la influencia que recibe el ser humano durante la etapa de gestación. Considerando esto podemos inferir que todo lo recibido de la madre será de fundamental importancia, teniendo en cuenta la proximidad física, el profundo vínculo natural, y la etapa de formación en la que se encuentra el ser considerado. Lo que recibirá durante este período no es exclusivamente lo dirigido voluntariamente y directamente a él. El ser en formación estará incluido durante nueve lunas al sistema materno; por lo tanto, todo proceso que ponga en movimiento alguna forma de energía espiritual, sentimental, psíquica, emocional o física- afectará y dejará registros grabados en los planos profundos de esa psique en desarrollo. Tengamos presente que esta fase se caracteriza por carecer del predominio consciente sobre el sistema, y lo registrado, al no sufrir la interferencia de éste, impacta directamente sobre el plano inconsciente. En esta fase aún no se tiene conciencia del mundo.

Infancia

Esta etapa pareciera ser una continuación física del proceso anteriormente descripto, con el agregado de que comienza a actuar de manera lenta y gradual el plano consciente. En este nivel el hombre empieza a realizar su trabajo de reconocimiento del mundo físico y su intento de adaptación a éste, teniendo aún como figura central a la madre pero incorporando progresivamente otros modelos humanos con sus correspondientes grados de importancia. Ya comienza a registrarse y a tenerse en cuenta la afinidad (a través de la mecánica de atracción-rechazo primarios) con otros seres. Si bien comienza a desarrollarse y a actuar el plano consciente, aún es notorio el predominio del psiquismo inconsciente para controlar los procesos, en especial los preceptúales de alta sutileza. En esta fase tiene gran importancia el grado de afinidad del infante con respecto a las personas a las que es expuesto con frecuencia, y el afecto desarrollado mutuamente en sus vínculos inmediatos. Aquí comienza a formarse la calidad del sentimiento de amor que mantendrá a lo largo de toda su vida.

También es claro que el psiquismo registra en su memoria todos los estímulos provenientes del mundo físico, incluyendo lo escuchado, aunque aún no sea capaz de una interpretación inmediata. Es posible que estos registros, en especial los que provienen del lenguaje, sean recuperados y comprendidos de manera inconsciente en etapas posteriores cuando se conozcan los códigos y se hagan claros los significados que ellos representan. Aquí el infante descubre el mundo y trata de conocer sus códigos para conducirse en él.

Adolescencia

Es en este período donde el ser humano llega a la cúspide de su potencial energético en todos los planos y procesos implicados. Al faltar aún un adecuado equilibrio (madurez) para procesar con eficiencia la gran cantidad de energía puesta en movimiento, las funciones muestran una tendencia a tornarse caóticas. Generalmente se manifiestan síntomas de desequilibrios físicos típicos y una marcada hiperactividad corporal, aunque en algunos casos estos rasgos son fuertemente reprimidos, y el adolescente evidencia signos de depresión (al poseer una gran intensidad y no poder ser controlados de manera consciente suelen causar miedo). El subsistema emocional acompaña a los desórdenes de toda la estructura con altibajos causados por motivos que estarán de acuerdo con las particularidades caracterológicas del individuo. La psique, generadora de esas tormentas, sufrirá también alteraciones características de los estados de inestabilidad. Las tendencias más marcadas son, con frecuencia, una gran susceptibilidad, una aún mayor inclinación a mostrarse fácilmente influenciable por el entorno de sus “ídolos” iguales en edad, y la propensión a variar con absoluta facilidad los principios básicos de su ideología en todas sus facetas de acuerdo con la conveniencia del momento. Este proceso con frecuencia asusta a los mayores y es tenazmente criticado y combatido bajo absurdas e indefinidas etiquetas tales como rebeldía. Este necesario período establecido por la Naturaleza, lejos de tratarse de algo perjudicial, prepara al sistema para un nuevo ordenamiento vital. Al considerar esta etapa de la vida debe prestarse especial atención a las respuestas que el entorno inmediato dio al individuo en esos críticos y decisivos momentos de grandes definiciones. El adolescente explora y evalúa el mundo.

Juventud

Se adquiere un grado mayor de estabilidad general ya que el individuo comienza a sentirse partícipe activo del entorno y toma conciencia del derecho natural a buscar, conseguir, y ocupar un lugar psicofísico en él. En esa búsqueda identificatoria agrega sus sentimientos más profundos y explora la posibilidad del reconocimiento y la integración con una contraparte afectiva a fin de conformar una pareja. Si tenemos en cuenta la intensidad y la

profundidad del sentimiento del amor (motor de la vida y nexo entre niveles

inferiores y superiores), creo dable suponer que el mayor de los aprendizajes profundos debe provenir necesariamente de este plano y de su respectiva dinámica.

A modo de aclaración digo que el aprendizaje nombrado no tiene que implicar

necesariamente la figura social de pareja exitosa, ya que los mayores saltos

evolutivos de la conciencia están signados con frecuencia por el dolor, por el supuesto fracaso, y por la supuesta pérdida conceptos y terminología de la limitada comprensión intelectual de la vida-. La psiquis se estabiliza y adquiere preponderancia la tendencia intelectual a encauzar las actividades personales. Es la fase de afirmación del proceso de reconocimiento del lugar propio en el mundo. De aquí se deriva la cualidad de

la autoimagen con respecto al entorno; dicha imagen se mantendrá, con muy

pocas variaciones de fondo, a lo largo de toda la vida.

El joven se inserta y comparte el mundo mediante los elementos incorporados.

Madurez

Comienza le segunda etapa de reconocimiento (puede ser sólo intuitivo y perceptual) de la totalidad psíquica que nos compone. De manera gradual aparecen signos claros de la existencia de una parte más sutil del ser. El mundo de las ideas, las emociones, y los sentimientos comienza a ser complementado por estados y percepciones inciertas, pero que se intuyen de mucho mayor alcance, que subyacen en las profundidades de la conciencia de ser. La psiquis comienza a orientarse hacia la exploración de esa realidad y empieza a aparecer la sensación de lo limitado de la existencia del cuerpo físico. Al tomar conciencia de su temporalidad, el psiquismo consciente comienza a dar cabida a una realidad vital un poco menos material; se inicia lentamente y en distintos grados que dependerán del estado de conciencia de cada persona, la etapa de desapego físico. El psiquismo lineal comparte con mayor apertura la visión de la vida con la psique atemporal.

Madurez-Vejez

El control del sistema comienza a ejercerlo la psiquis inconsciente de acuerdo con el diseño natural y en caso de no existir deformaciones patológicas de esa etapa. Con deformaciones patológicas me refiero a una conexión forzada con

lo material inducida por una sociedad de hábitos orientados a lo superficial y

externo. La psiquis comienza a percibir la comunicación, gradualmente más clara, de fuerzas desconocidas u olvidadas durante el proceso de adaptación terrenal. Si estas fuerzas son aceptadas y consideradas, el psiquismo sufre un proceso de rápida transformación hacia un nivel superior. En caso de ser ignoradas o minimizadas, el proceso de aprendizaje se demora el tiempo necesario hasta

que la conciencia comprende y acepta que el plano físico, con todas sus

componentes, es sólo una herramienta temporal para ascender en la escala evolutiva hacia la totalidad de la conciencia de ser. El adulto mayor se deja guiar por una realidad más allá del mundo.

Vejez

De acuerdo con mi manera de ver el Camino de la evolución, en esta última fase la psique se encuentra alineada en uno de tres estados claramente diferenciados. Estos estado dependen del grado de amplitud de conciencia que haya logrado el individuo durante su Camino. El primero consiste en una situación interna de confusión-irritación, ya que la conciencia no ha logrado superar las barreras que le permitirían una visión más amplia del proceso evolutivo. Al no haber logrado la capacidad de ver más allá y vislumbrar una existencia superior, agregado al hecho de percibir que la existencia física (a la cual se encuentra arraigado con firmeza por no conocer ni intuir otra posibilidad de la conciencia) llega a su fin, la persona cae en un estado de resentimiento en la más pura acepción del término. Ese ser re- siente, o sea, vuelve a sentir, los episodios relevantes (cargados de algún tipo de significación) que ha vivido, ya que carece de la capacidad de pre-sentir, o sea, de sentir con anticipación, los estados de conciencia que tiene reservada la vida superior para él. El segundo estado se caracteriza por un vislumbre incierto y confuso de las realidades inminentes. Es una condición intermedia entre el mundo material y lo que se percibe de manera difusa por venir. La utilidad que pueda obtenerse de esta situación dependerá del estado logrado mediante el trabajo de vida y la tendencia a volcarse a una o a otra realidad. La tercer posibilidad que debiera ser mayoritaria si fuésemos lo suficientemente sabios como para vivir de acuerdo con el diseño natural, consiste en abandonar el control y la guía de esta etapa de balance y conclusión al plano que le corresponde por designio de las fuerzas formativas del hombre. Si así fuese, nuestra generalmente caótica psique consciente se encontraría integrada a una realidad de la conciencia que poco tiene en común con el mundo conocido hasta el momento en la actual vida física. La supremacía del control lo ejercería nuestro ser superior, y la transición hacia el próximo paso del Camino sucedería con absoluta naturalidad y con una alegría indescriptible. La felicidad que sólo conocen aquellos que… El Gran Anciano ya no pertenece al mundo.

BIOHISTORIA

La medicina alópata occidental nos ha habituado al hecho de registrar en un archivo todos los sucesos físicos relacionados con la enfermedad:

-

Síntomas

- Diagnóstico

- Evolución de los procesos

- Tratamientos administrados

- Estado temporario del sistema

A este conjunto de información lo llama Historia Clínica, y el criterio de registro

empleado se basa en las consecuencias derivadas de causas inmediatas que difícilmente exceden los estrechos límites de lo conocido sobre el cuerpo físico. De acuerdo con lo expuesto reiteradamente sobre la totalidad humana, no es difícil advertir lo incompleto de esta forma de registro y de su consecuente alcance dentro de las mismas disciplinas que lo emplean. Pero si tomamos esta modalidad, a la cual llamo de lo visible solamente, y la utilizamos para interpretar los síntomas como emergente físico final de la cadena de sucesos que constituyen la enfermedad, podemos ver en ellos una imagen simbólica, y en muchos casos muy clara, del origen y de la finalidad de la alteración. Si a esta visión estructural de la dinámica hombre-vida le adicionamos la observación y el análisis de los sucesos da la vida de esa persona, tendremos

a la vista un argumento coherente en el cual la enfermedad es una componente

perfectamente acorde con el tipo de individuo considerado, o sea, con su manera de pensar, de sentir, y de actuar. Una componente representativa en la que cada acontecimiento de su vida posee un sentido y una significación que mantendrán una relación bidireccional con su manera de ser. El cuerpo lleva al plano de lo visible y experimentable lo que tiene origen no visible. Si queremos comprender realmente una enfermedad y superarla de manera definitiva no

se conoce otro camino que el de aprender lo que aún nos falta.

Considerando este concepto creo que es lógico registrar en la historia vital de

la persona las características relevantes de su personalidad, y también los

sucesos acontecidos que puedan tener significación, junto con los ítems físicos enumerados al comienzo. Agrego una particularidad a esta modalidad de historia. Comúnmente se registran los sucesos asociados con la alteración propiamente dicha, y se hace

con un criterio exclusivamente patologista. Una vez más, el ser humano se queda varado en una de las polaridades del Universo manifiesto y pierde la

posibilidad de reconstruir la totalidad de un objeto, ser, o suceso. La modalidad de registro que recomiendo es atender también a los acontecimientos gratos de

la vida de la persona tratada y otorgarle la misma importancia que a los

patológicos, ya que estos actuarán como elementos demoradores de los síntomas de la enfermedad por tratarse de sucesos con capacidad de promover, en algún grado, salud en el sistema. Un terapeuta que apunte a la integración no debe olvidar que el estado puntual analizado desde el individuo consiste en la sumatoria de TODAS las experiencias de su vida y, obviamente, esto incluye a ambas descriptas. Tengamos en cuenta que en el estado considerado existen elementos de memoria, con su respectivo potencial afectivo asociado, que contribuyen a la elaboración de respuestas para el desenvolvimiento de la persona en circunstancias determinadas. Cualquier otra actitud se dirige hacia la desintegración o hacia la integración incompleta y, por lo tanto, a favorecer el desarrollo de la enfermedad.

PACIENTE y MEDICINA

Hemos visto que para facilitar el estudio de una estructura de la complejidad que posee la humana, y debido a la duración promedio de la vida del hombre, se hace necesario dividirla en los planos que la constituyen. De esta situación se desprenden distintas especialidades y, dentro de éstas, diferentes corrientes de pensamiento. Tomemos como ejemplo la medicina tradicional occidental y la misma en Oriente. Mientras la primera centra su atención en el cuerpo físico para el diagnóstico y para el tratamiento, ignorando prácticamente todos los procesos fuera de todo lo causal biológico, la segunda lo hace en las profundidades del hombre. Lo curioso de esta situación es que ambas son oficiales en sus respectivos lugares de aplicación. Pareciera que el ser humano no posee la misma estructura básica en Oriente que en Occidente. Algo similar puede aplicarse a la psicología, ya que abarca desde una corriente de pensamiento que basa su trabajo en las rígidas y repetitivas bases interpretativas vistas en la escuela tradicional cuyo origen se remonta al siglo pasado, hasta la psicología transpersonal, junguiana, sistémica, bioenergética,

y otras que tienen una visión más global del ser humano y su universo interno.

Ya he comentado que el problema sobreviene al momento de integrar las partes divididas, puesto que pareciera que una de las actitudes más acentuadas de la conducta humana consiste precisamente en esa postura:

dividir. La tarea de reconstrucción de la totalidad no debe omitirse ya que estamos hablando de un sistema dinámicamente relacionado, y no de módulos aislados con capacidad para operar de manera independiente. La recomposición de las partes luego de su estudio individual se omite en la mayoría de las formas de tratamiento conocidas (por supuesto, incluyendo muchas líneas pseudo evolutivas) y se centra la atención en la persecución de los síntomas ignorando la verdadera causa de la enfermedad, y peor aún: ignorando a la persona. Visto desde la perspectiva del paciente, el panorama es desolador ya que no cuenta con ninguna seguridad de ser considerado un ser humano completo. En lugar de esto se lo hace sentir y se lo trata como a una mera maquinaria biológica. Aún podemos agregar la deficiencia de los sistemas de salud y la marcada inclinación al lucro. Debido al estado de la situación en la que se ve inmerso el paciente, no le queda otro recurso que hacerse cargo de manera activa del

proceso de coordinación de los distintos profesionales intervinientes para llegar

a la reconstrucción de su propia totalidad. La situación es comparable a la de

un niño que deba guiar a sus maestros en el decurso de su propia instrucción,

o a la de los pasajeros de un avión que deban darle indicaciones al piloto para llegar sanos a destino. Hasta que no evolucione de manera significativa el estado de conciencia del ser humano medio en determinadas regiones del mundo, el paciente deberá encargarse del seguimiento detallado de su propio proceso de restauración del equilibrio, o lograr dar con un verdadero

profesional de la salud cuyo número aumenta día tras día de acuerdo con la verificación propia.

Para lograr una mínima eficiencia requerida en el desempeño de esta función, la persona debe contar con una base indispensable de formación en lo referente al sistema humano y a sus alteraciones. No pretendo decir que deba convertirse en un profesional especializado, ya que esto demandaría muchos años de profunda formación y adecuada práctica; pero sí trato de invitarlo a que comience por INFORMARSE de la constitución básica del hombre, de las distintas propuestas existentes en salud, de la manera en que actúan, de cual es el origen real de las enfermedades y, en especial, debe tener el mayor conocimiento posible sobre sí mismo. En ningún caso debemos olvidar que es el paciente quien elige las disciplinas y los profesionales que lo acompañarán en su proceso de restauración de la salud. Ninguna persona en su sano juicio acudiría a comprar una herramienta a una panadería. Tampoco solicitaría un servicio de jardinería a un técnico en electrónica. Imaginen a alguien acudiendo a un psicoterapeuta para buscar solución a un problema de caries dentarias. Si no conociéramos, aún mínimamente, cómo está constituida y cómo operan las distintas instalaciones de nuestra casa, es posible que no encontrásemos recurriendo a un albañil ante un problema en la instalación eléctrica, o requiriendo los servicios de un gasista si deseamos revertir con alfombra el piso de nuestras habitaciones. Esto no ocurre porque poseemos información precisa sobre los distintos conocimientos y posibilidades que ofrece cada uno de estos rubros, y de muchos otros. Paralelo a conocer los productos y los servicios que pueden brindar, también conocemos las limitaciones de cada actividad y, por lo tanto, lo que no podemos pedir ni esperar de cada uno de ellos. Exactamente la misma actitud debemos tener al momento de acercarnos a una forma de medicina. Nuestro cuerpo opera como nuestra casa persona: debemos proceder con responsabilidad.

ENFERMEDAD y SÍNTOMA

He comentado en distintas partes de lo expuesto hasta el momento la actitud con la que se suele abordar la enfermedad. Es obvia la existencia de disciplinas que se concentran en los planos profundos de hombre así como también las que se limitan a lo visible. Son estas últimas las que motivan este punto. Estas disciplinas de lo externo tienden a ignorar o a minimizar la influencia de todo factor que exceda los límites de lo causal-material. Su cadena de sucesos comienza y termina en el último eslabón correspondiente a un suceso físico claramente registrado, estudiado, y tipificado como si el sistema humano fuese una compleja masa de reacciones químicas y bioeléctricas sin más sustento que el meramente neurológico. Lo que ocurra más allá de ese punto es sistemáticamente descartado aunque no pueda justificarse el por qué último de la enfermedad por medio de este abordaje.

Desde una visión más global y, por lo tanto, más aproximada a la conformación humana, se sabe que las alteraciones son el factor emergente y simbólico de un proceso no visible que se origina en planos de tal sutileza que el hombre debe poseer un estado de gran apertura de conciencia para tener aunque más no sea vislumbres de ellos. En medio de este pandemónium de disciplinas, técnicas, y prácticas, existe una confusión que se puede observar en especial en los pacientes al momento de

analizar su propia disfunción. Estos no distinguen con claridad y pocos colaboran al esclarecimiento- la diferencia entre enfermedad y síntoma. A modo de generalidad, y sin intención de pontificar sobre un tema tan complejo, comento como sencilla definición global que el síntoma es el eslabón visible por

el cual se representa la enfermedad en la conciencia. Si alguien tiene jaqueca,

ninguna persona con un mínimo de sentido común podrá pensar que al cuerpo se le ocurrió autoproducirse un dolor de cabeza sin la existencia de una causa orientada a cumplir la finalidad de emitir un aviso al mundo de lo visible de que

algo no funciona bien en el sistema, y debe ser corregido. Por lo tanto, creo adecuado pensar que ese síntoma se debe a un problema determinado que se

manifiesta por medio de él. Podemos citar el caso de la fiebre. La fiebre es sólo uno de los síntomas corporales de un proceso infeccioso, y a nadie se le ocurriría confundirla con una enfermedad. Si vemos un automóvil que ha sido chocado, sería una actitud absurda pensar que la causa reside en el vehículo mismo, e ignorar la participación del conductor, sabiendo que este actúa como una inteligencia rectora inmaterial influyendo y controlando un medio mecánico material. Podemos relacionar en este caso las partes dañadas del vehículo con los síntomas, y el error de conducción del conductor con la enfermedad. Los daños y las alteraciones en

la máquina averiada son visibles. Hasta la maniobra física errónea puede ser

identificada, pero el proceso psíquico que llevó al conductor a esa situación no está a la vista.

Si alguien decidiera que ya no desea que ese vehículo choque, ¿la acción adecuada sería arreglarlo lo mejor posible y reforzar sus partes mecánicas, o educar al conductor? ¿Por qué entonces muchas disciplinas tratan, por ejemplo, el síntoma conocido como asma como si este fuese la enfermedad? ¿Creerán que la zona del psiquismo, a través del sistema nervioso, que emitió las órdenes correspondientes al cuerpo para lograr este estado, se dejará “convencer” y depondrá su actitud se le aplican medios externos?

Y en caso de tumores, ¿la cirugía debe ser física o psíquica?

La actitud de perseguir los síntomas es comparable con la de intentar combatir

las hormigas de algún jardín tapando uno de sus agujeros de entrada-salida, y creer que así queda solucionado el problema porque momentáneamente las hormigas “desaparecen” de ese lugar puntual. Al momento de enfrentarnos con la enfermedad debemos ser claramente conscientes de que los síntomas son factores físicos que actúan como representantes de procesos psíquicos, y aún de planos más profundos que exceden el alcance de esta exposición. Las verdaderas enfermedades residen en las profundidades del ser, y es desde ahí que deben ser trabajadas. La actitud de confundir síntoma con enfermedad y actuar de acuerdo con eso, sólo conduce a perder tiempo de vida y a agregar

más confusión a la ya confusa historia de vida del paciente: nunca a la salud real y duradera aunque pueda lograrse un pseudo y temporal estado de equilibrio externo.

MEDICINAS COMPARADAS

La idea de este punto es exponer una muy breve descripción de la manera que diagnostican y tratan algunas de las medicinas más comunes y aceptadas en Occidente. Existen muchas más formas de medicina y técnicas de diagnóstico y tratamiento que nos muestran, nuevamente, la fragmentación a la que se autosomete el hombre, y la escasa capacidad de trabajo grupal y de visión integrativa que este posee. A modo de resumen inicial hago una pregunta sobre cada una de ellas. Esta pregunta intenta graficar la actitud con la que abordan la enfermedad. Una vez más, mi intento es estimular la necesidad de investigación en el lector, y, en este caso, despertar la capacidad de observación detallada, ya que de las conclusiones obtenidas a partir de lo observado podría depender su salud y su bienestar.

ALOPATÍA: ¿Podría un mecánico explicar la conducta del conductor de un automóvil?

HOMEOPATÍA: ¿Podrían ser cambiadas las particularidades psíquicas del conductor desde la zona del campo energético humano accesible por medios físico-sutiles?

PSICOLOGÍA TRADICIONAL: ¿Podría conocerse a fondo el psiquismo, y corregirse definitivamente la conducta del conductor sólo desde la palabra?

PSICOSOMÁTICA: ¿Podría conocerse a fondo el psiquismo, y corregirse definitivamente la conducta del conductor desconociendo las profundidades y la totalidad humana?

ALOPATÍA

DIAGNÓSTICO: Lo efectúa sobre los síntomas observados en el cuerpo físico utilizando medios mecánicos. (va aumentando gradualmente la tendencia a considerar lo anímico como factor determinante de la enfermedad).

TRATAMIENTO: Lo aplica al mismo cuerpo físico sobre el que diagnostica. Los medios empleados son también exclusivamente mecánicos: físicos, químicos, electrónicos, radiantes.

Existe una curiosa particularidad de esta forma de medicina que ha llamado la tención y ha asombrado a muchos estudiosos. En algunos casos el diagnóstico apunta a desórdenes atribuidos al sistema nervioso (diagnóstico general e indefinido que explica nada). Pero aún en estos casos, el tratamiento sigue aplicándose sobre el cuerpo físico (por ejemplo: úlcera gástrica). Considerada así, la medicina alopática pareciera carecer de utilidad profunda, pero, por supuesto, no es así. De acuerdo con mi manera de ver la realidad, creo que este tipo de disciplina fue creada y se presta de manera inmejorable para emergencias y urgencias físicas. Si alguien sufre una fractura, el sentido común nos dice que debe emplearse alopatía. Lo mismo podemos aplicar, por ejemplo, a una peritonitis o a una quemadura, ya que sería absurdo en esos momentos que requieren una acción rápida, detenernos a buscar el factor profundo causante del problema mientras el cuerpo físico necesita atención física inmediata. El error consiste en mantener ese criterio de aplicación ante todas las enfermedades por el solo hecho de reflejarse éstas en el cuerpo físico sin detenerse a considerar toda la cadena de sucesos hasta llegar a la verdadera causa de la alteración.

HOMEOPATÍA

DIAGNÓSTICO: El diagnóstico de esta forma de considerar los desequilibrios del ser humano se aproxima notoriamente a una integración de planos, ya que lo efectúa teniendo en cuenta el sistema psique-energía-cuerpo. Ocasionalmente lo complementa con medios mecánicos, ya que los profesionales homeópatas deben primero estudiar alopatía (?!).

TRATAMIENTO: En este punto nos encontramos con una de las tantas paradojas que he podido comprobar en la conducta humana. Si bien esta disciplina conoce y diagnostica de acuerdo al sistema psicoenergético, el tratamiento lo administra por medio de sustancias materiales portadoras de sustancias sutiles con la finalidad de lograr la corrección energética necesaria en el sistema. Cada vez que observo en acción a esta disciplina me surgen indefectiblemente algunas preguntas. Si el diagnóstico contempla un psiquismo con sus particularidades y conflictos, ¿qué profundidad puede tener la influencia energética? La desconocida psique humana ¿podrá ser corregida desde lo energético de manera real y duradera? Aún logrando una modificación en el plano energético sutil que respalda la estructura psíquica, ¿el psiquismo no intentaría manifestarse de otro modo equivalente? ¿Qué papel ocupa en esta disciplina el trabajo personal de evolución que justifica la existencia de la vida? ¿Sería inadecuado llamarla alopatía energética?

PSICOLOGÍA TRADICIONAL

DIAGNÓSTICO: En esta forma de abordaje de la enfermedad, el diagnóstico se lleva a cabo sobre el plano psíquico. El medio empleado consiste en el discurso, tanto escuchado como guiado a través de un personal interrogatorio. En algunos casos se complementa con diversos tests preplaneados. La conclusión a la que se llega está tabulada desde hace más de un centenar de años por los precursores de esta disciplina, y sufre escasas modificaciones en la psicología tradicional. Si tenemos en cuenta la profundidad de la psique y el desconocimiento que

tenemos de ella, agregado a las notorias diferencias existentes entre todos los seres, creo que cabe preguntarse: ¿será adecuado limitar el psiquismo humano

a una tabla combinada con los aportes personales del terapeuta y llegar a este encuadre desde una sola disciplina?

TRATAMIENTO: Podemos ver aquí otra de las asombrosas particularidades del hombre en el desesperado intento de buscar el equilibrio y la solución a sus enfermedades. Todos nosotros tenemos una idea más o menos clara respecto de la gran cantidad de investigaciones, teorías, escuelas, corrientes, y tendencias existentes sobre el tema del diagnóstico psicológico y el funcionamiento del psiquismo humano. En abierta contraposición con esta situación existe escaso y muy personal material de tratamiento. Un psicólogo académico se encuentra casi obligado a elaborar su propio sistema psicoterapéutico tomando elementos “de donde pueda”. Agreguemos a esta situación la postura de la mayoría de los profesionales experimentados, que consiste en guardar celosamente el producto de esa experiencia, o transmitir sólo las partes que no comprometan sus intereses. Por lo tanto, al momento del tratamiento, el paciente se encuentra con un método que consiste en algunas pautas básicas de un sistema semitabulado, y con abundantes técnicas, recursos, y modismos personales del terapeuta. Como comentario final agrego que no sería tarea fácil establecer un sistema de tratamiento consistente en pautas fijas, ya que estamos tratando con un plano ilimitado, insondable, y continuamente variable como es el psiquismo humano.

PSICOSOMÁTICA

DIAGNÓSTICO: Se realiza mediante la observación de los síntomas y signos físicos, así como también de las particularidades psicológicas, para luego relacionarlos con esquemas psíquicos de conducta cuyo emergente es la enfermedad. Se observa que ésta refleja con claridad los patrones de vida perjudiciales. La información para compaginar la historia del paciente- enfermedad es tomada de los síntomas, del desarrollo de la patología y, principalmente, de los sucesos y momentos traumáticos que conforman la historia de la persona tratada.

Debido a que es una disciplina en franco desarrollo en Occidente, la conclusión

a la que se arriba está repartida entre la información tabulada existente

proveniente de casos previos sumado al aporte personal de acuerdo con la experiencia de los terapeutas intervinientes. Destaco en este punto que habitualmente el caso se trabaja en grupo permitiendo así una muy valiosa

riqueza y variedad de consideraciones, ya que el tema es abordado desde distintos puntos de vista.

TRATAMIENTO: Nuevamente nos encontramos ante el casi constante contraste entre la profundidad y precisión del diagnóstico, y las escasas posibilidades de tratamiento real, efectivo y definitivo. Los métodos de tratamiento de la medicina psicosomática consisten en una combinación basada principalmente en alopatía y psicoterapia, variando las técnicas, una vez más, de acuerdo con la visión personal de los terapeutas intervinientes.

Quiero agregar un comentario sobre el hecho de haber omitido deliberadamente considerar a la psiquiatría. Creo que ésta, tal como sucede con las demás disciplinas, habla por sí misma a través de sus principios, sus métodos, y sus resultados. La psiquiatría es una de las más expresivas. Las conclusiones pueden obtenerse observando la realidad.

TRABAJO PERSONAL

Siguiendo una antigua ley que ya he enunciado y que se cumple para la interacción humana en general, recordemos que no podemos transmitir aquello que no poseemos o que no somos capaces de reproducir en nosotros. Si pretendemos trabajar sobre la estabilización de un sistema humano debemos poseer el mínimo equilibrio indispensable para ver y para actuar sobre otro ser de manera adecuada. El primer e imprescindible nivel de comprensión que debemos poseer se conoce como CLARIDAD. Como seres aún necesitados de una estructura material no estamos capacitados para poseer un alto nivel de comprensión y, por lo tanto, de equilibrio, ya que si nuestro estado de conciencia fuese alto no tendríamos necesidad de habitar una densa y problemática estructura física. Siguiendo esta ley, debemos ser conscientes de que el primer caso a tratar seremos nosotros mismos hasta el fin de la vida física. El proceso que debemos abordar de manera responsable y clara se conoce como toma de conciencia. Esta transformación debe ser vivida en profundidad y no sólo como un opaco reflejo intelectual: debe sentirse en las profundidades de nuestro SER. Recordemos a uno de los amigos-enemigos del ser humano: el hábito. En algunos casos nos permite automatizar conductas beneficiosas, pero en otros hace que la manifestación del desequilibrio enfermedad o simple incomodidad- se vuelva costumbre y aprendamos a convivir con resignación con el símbolo externo del problema (síntoma). Así se alejaría lentamente de la conciencia hasta silenciarse por completo el llamado de alerta de nuestro sistema. De esta forma quedaríamos separados de nuestro interior por una muralla de oscura ceguera. Debemos tener en cuenta que en la actualidad el hombre se ve requerido continuamente por el hacer exterior (actividades externas, entretenimientos vacíos, y una marcada obsesión por adquirir dinero) y lo interior está olvidado para él: tan olvidado como él mismo para sí mismo…

A fin de evitar sumergirnos en ese destructivo estado, debemos cultivar

diariamente la facultad de sumergirnos en lo profundo de la vida. Debemos esforzarnos por llegar a ese lugar donde, bajo un atractivo envoltorio publicitario, late la verdadera vida. Agudicemos la atención para poder captar lo interno de lo externo, recordando que la profundidad de las “cosas” depende de

la posición del observador. Cuando surjan dudas acerca de nuestra conducta

personal, recordemos que la mejor manera de verse por dentro es mirarse desde afuera. Otra de las nocivas prácticas del hombre consiste en mostrar y en mostrarse los logros y los aspectos de la personalidad que gozan de salud, y tapar hábilmente las partes que aún no puede resolver, olvidando que si algo está

bien, debe estar bien en todos los niveles ya que somos un TODO relacionado

e interdependiente. Una persona en un aceptable estado de equilibrio

(evolución, conciencia) estará equilibrada en todos los niveles. Caso contrario,

la idea de autoequilibrio puede ser calificada de autoengaño y, por lo tanto, de

desequilibrio. El trabajo verdadero de ampliación de conciencia se concentra en la no generación del deseo (plano inconsciente, causa), y nunca sobre la inhibición o liberación del impulso (plano consciente, efecto). Como ejemplo de este último concepto podemos imaginar una situación en la que un individuo sienta deseo de dejar su rutinario trabajo por considerar que está perdiendo la vida sin crecer por dentro. El trabajo de resolución de este conflicto no debe apuntar a lograr que la persona reprima, controle, o canalice por otra vía su insatisfacción sino a crear las condiciones adecuadas en su actividad laboral (y en todas las actividades vitales) para que esta sensación no se produzca. La armonía y la felicidad son estados de la conciencia de ser que sobrevienen por designios naturales luego de un prolijo y sostenido trabajo de vida, y nunca por construcciones o manipulaciones intelectuales. Delante de ti se encuentra abierto el libro de tu propia vida: de vos depende observar en profundidad y aprender.

PRÁCTICA

Todos conocemos la enorme cantidad de material existente en lo que respecta

al intento de comprender al ser humano en su totalidad y, por lo tanto, al

diagnóstico de sus desequilibrios. Mi trabajo escrito no puede constitu