Sei sulla pagina 1di 5

DEBER

Aleister Crowley

Una observación acerca de las reglas maestras de conducta práctica a ser observadas por aquellos que aceptan

La Ley de Thelema

"Hacer tu voluntad será el todo de la Ley"

"No hay ley más allá de Haz tu voluntad"

"(

voluntad, no atenuada por el propósito, libre de la lujuria del resultado, es perfecta en todo sentido".

tú no tienes más derecho que hacer tu voluntad. Haz eso, y ninguno dirá que no. Pues pura

)

"El amor es la ley, el amor bajo la voluntad".

"Todo hombre y toda mujer es una estrella".

A. TU DEBER PARA TI MISMO

1. Ubícate en el centro de tu propio Universo.

"Soy la llama que arde en cada corazón de hombre, y en el núcleo de cada estrella".

2. Explora la Naturaleza y Poderes de tu propio Ser.

Esto incluye todo lo que es, o puede ser, para ti; y debes aceptar todo exactamente como es en sí mismo, como uno de los factores que contribuyen a formar tu Ser Verdadero. Así, este Ser Verdadero incluye en última instancia a todas las cosas; su descubrimiento es la Iniciación (la peregrinación hacia el interior); y como la Naturaleza, que está en continuo movimiento, este Ser Verdadero no debe ser comprendido como algo estático, sino dinámico, no como un Sustantivo, sino como un Verbo.

3. Desarrolla cada facultad que poseas, en su debida armonía y proporción.

"La sabiduría dice: ¡sé fuerte! "¡Mas excede! ¡excede! "¡Sé fuerte, oh hombre! goza todos los objetos de los sentidos y el arrebato: no temas que ningún Dios te negare por esto".

4. Contempla tu propia Naturaleza.

Considera cada elemento de tu Naturaleza a la vez separado y relación con el resto, para así juzgar con precisión el propósito verdadero de la totalidad de tu Ser.

5. Encuentra la fórmula que exprese a este propósito o "Verdadera Voluntad", expresada de laforma más simple posible. Aprende a comprender claramente la mejor manera de manipular

las energías bajo tu control, para así obtener los resultados más favorables de su interacción con la parte del Universo que todavía no controlas.

6. Extiende al máximo los dominios de tu conciencia, así como su control sobre todas las

fuerzas que le son ajenas.

Haz esto aplicando tus facultades cada vez más fuerte y hábilmente, a la percepción más fina, clara, abarcadadora, y precisa; a la mejor comprensión; y al gobierno más sabiamente organizado, de ese Universo externo.

7. Nunca permitas que los pensamientos o la voluntad de cualquier otro Ser interfieran con los

tuyos.

Manténte constantemente vigilante para resentirte de, y en alerta para resistirte a, cualquier intento de cualquier otro Ser por influenciarte de cualquier otra manera que no sea aportar nuevos datos a tu experiencia del Universo; o ayudarte, mediante una apasionada fusión, a alcanzar una síntesis superior de la verdad. Debes mantener esta vigilia con un ardor inconquistable, con la vehemencia de una pasión que no puede ser apagada.

8. No reprimas ni limites ningún instinto verdadero de tu Naturaleza; pero dedícalos todos en su perfección al solo servicio de tu Verdadera Voluntad.

"Sé magnánimo por lo tanto"

"La palabra de pecado es Restricción. ¡Oh hombre! ¡No rehuses a tu esposa, si ella desea! ¡Oh amante, si tu quieres, parte! No hay vínculo que pueda unir lo dividido que no sea el amor: todo lo demás es una maldición. ¡Malditos! ¡Malditos sean por los eones! Infierno".

"Así con todo lo tuyo; no tienes más derecho que hacer tu voluntad. Haz eso, y nadie dirá nada. Pues pura voluntad, no atenuada por el propósito, liberada de la lujuria del resultado, es perfecta desde todo punto de vista".

"Harán acopio de bienes y provisión de mujeres y especias; llevarán ricas joyas; excederán a las naciones de la tierra en esplendor y orgullo ; pero siempre en el amor a mí, y así vendrán a mi alegría".

9. ¡Regocíjate!

"Recuerden todos ustedes que la existencia es pura alegría; que todas las penas no son más que sombras; pasan y están concluidas; pero hay aquello que resta".

"¡Pero ustedes, oh mi pueblo, sublévense y despierten! ¡Que los rituales se lleven a cabo

correctamente, con alegría y belleza (

fiesta para la vida y una fiesta mayor para la muerte! ¡Una fiesta cada día en vuestros corazones, en la alegría de mi arrebato! Una fiesta cada noche a Nu, y el placer del deleite más entrañable!

¡Sí! ¡Festejad! ¡Regocijáos! No hay miedo de aquí en más. Hay la disolución, y el éxtasis eterno en los besos de Nu".

)

¡Un fiesta para el fuego y una fiesta para el agua; una

"¡Ahora regocíjate! ¡ahora entra en nuestro esplendor y arrebato! ¡Entra en nuestra paz apasionada, y escribe dulces palabras para los Reyes!

"¡Estremécete con el goce de vida y muerte! ¡Ah! tu muerte será hermosa: quienes la vean se alegrarán. Tu muerte será el sello de la promesa de nuestro longevo amor. ¡Ven! ¡Eleva el corazón tuyo y regocíjate!".

"¿Puede Dios vivir en un perro? ¡No! mas los encumbrados son de los nuestros. Se regocijarán, nuestros elegidos: los que se lamentan no son de los nuestros. Belleza y fortaleza, risa cantarina y delicioso langor, fuerza y fuego, son nuestros".

B. TU DEBER HACIA OTROS INDIVIDUOS, HOMBRES Y MUJERES

1. "El amor es la ley, el amor bajo la voluntad".

Únete apasionadamente con toda forma de conciencia, destruyendo así la sensación de estar separado del Todo; y creando en el Universo un nuevo patrón con el cual medirlo.

2. "¡Como hermanos, pelead!"

"Si él es un Rey, tú no puedes herirlo"

Sacar a la luz las diferencias entre dos, resulta útil a ambos para medir la posición de cada uno con respecto a la totalidad. El combate estimula la energía viril o creativa; y, como el amor, del cual es una forma, excita la mente hasta un orgasmo que le permite trascender su torpeza racional.

3. Abstente de toda interferencia con otras voluntades.

"¡Cuidáos de que ninguno fuerce al otro, Rey contra Rey!"

(El amor y la guerra a los que se refieren las sentencias anteriores son de la misma naturaleza que el deporte, donde uno respeta a su oponente y aprende de él, pero nunca interfiere con él fuera del juego). Buscar dominar o influenciar a otro es buscar deformarlo o destruirlo; y él es una parte necesaria de nuestro propio Universo, es decir, de nuestro ser.

4.

Busca,

si

es

esa

tu

voluntad,

iluminar

a

otros

cuando

surja

la

necesidad.

Esto puede ser hecho, y siempre respetando estrictamente la actitud del buen deportista, cuando la persona esté sufriendo por su incapacidad para comprenderse claramente, y especialmente cuando pide la ayuda, pues su oscuridad puede impedir la propia percepción de la percepción.

(Incluso su oscuridad puedes servir como advertencia, o para despertar el propio interés.) También es admisible la ayuda cuando su ignorancia lo ha llevado a interferir con la propia voluntad. En todos los casos, toda interferencia es peligrosa, y exige el ejercicio de una extrema habilidad y un buen juicio fortalecido por la experiencia.

Influenciar a otro es dejar sin guardia la propia fortaleza; y el intento generalmente termina con la pérdida de la soberanía sobre uno mismo.

5. ¡Adora todo!

"Todo hombre y toda mujer es una estrella". "Sea la piedad dejada de lado: ¡malditos los que se compadecen!"

"Nada tenemos con el descastado y el incapaz: que mueran en su miseria. Pues no sienten. La compasión es el vicio de los reyes: aplasta al miserable y al débil: esta es la ley del fuerte: esta es nuestra ley, y el goce del mundo. No pienses, oh rey, en esa mentira: Que Tú Debes Morir:

verdaderamente no has de morir, sino vivir. Ahora que sea comprendido: Si el cuerpo del Rey se disuelve, permanecerá por siempre en puro éxtasis. ¡Nuit! ¡Hadit! ¡Ra-Hoor-Khuit! El Sol, Fuerza y Visión, Luz; son estos para los siervos de la Estrella y la Serpiente."

Cada ser es, exactamente en la misma forma que tú, el único centro de un Universo que no es en absoluto idéntico, ni siquiera asimilable, al tuyo. Aquél Universo impersonal de la "Naturaleza" es sólo una abstracción, aproximadamente cierta, de aquéllos factores que por conveniencia se consideran comunes a todos. El Universo de otro ser, es por lo tanto necesariamente desconocido e incognoscible para ti; aunque es capaz de inducir corrientes de energía en tu Universo, determinando en parte tus reacciones. Por lo tanto sírvete de hombres y mujeres, con absoluto respeto a los inviolables estándares de medida; verifica tus propias observaciones cotejándolas con similares juicios emitidos por ellos; y, estudiando los métodos que determinan su éxito o fracaso, adquiere para ti mismo el ingenio y la habilidad necesarios para hacer frente a tus propios problemas.

C. TU DEBER PARA CON LA HUMANIDAD

1. Establece la Ley de Thelema como la única base de conducta.

Siendo el bienestar de la raza, en muchos aspectos, necesario para el tuyo propio, y ambos principalmente el resultado de la sabia e inteligente observancia de la ley de Thelema, es de

primerísima importancia para ti que todo individuo acepte con franqueza esa Ley, y se gobierne

a sí mismo en estricto acuerdo con ella. Puedes considerar el establecimiento de la Ley de

Thelema como una parte esencial de tu propia Verdadera Voluntad, ya que cualquiera sea la naturaleza última de esa voluntad, es evidente que la condición necesaria para ejecutarla es la libertad con respecto a toda interferencia externa .

Los gobiernos a menudo exhiben la más deplorable estupidez, sin importar cuán iluminados puedan ser los hombres que los componen y constituyen, o las gentes cuyos destinos dirigen.

Concierne por lo tanto a todo hombre y mujer, el dar los pasos necesarios para revisar a la luz de

la Ley de Thelema todos los estatutos existentes. Siendo ésta una Ley de Libertad, la meta de la

legislación debe ser asegurar la más amplia libertad para cada individuo del estado, absteniéndose de la presuntuosa suposición de que cualquier ideal positivo es digno de ser obtenido.

"La palabra de Pecado es Restricción".

El crimen es, esencialmente, la restricción de la libertad del individuo ultrajado. (Por ejemplo, el asesinato restringe la libertad de vivir; el robo restringe el derecho a gozar los frutos de la propia labor; la emisión indiscriminada de moneda restringe el derecho del individuo a la seguridad del cambio; etc.) Es entonces el deber común prevenir el crimen segregando al criminal, y mediante la amenaza de las represalias; también enseñando al criminal que sus actos, correctamente analizados, son contrarios a su propia Verdadera Voluntad.(Esto a menudo puede llevarse a cabo quitándole al criminal el mismo derecho que él ha negado a los demás; de modo que al dejar fuera de la ley al ladrón, éste se sienta constantemente ansioso por las seguridad de sus propias posesiones, sin la protección del Estado.) La regla es bien sencilla.

Aquél que viola cualquier derecho está declarando mágicamente la inexistencia de dicho derecho; por lo tanto así es, para él.

Siendo el crimen una directa violación espiritual a la Ley de Thelema, no debe ser tolerado dentro de la comunidad. Aquéllos que posean este instinto deben ser segregados en un asentamiento donde puedan construir un estado propio, aprendiendo así, de ellos mismos, la necesidad de imponer y mantener leyes de justicia. Todos los crímenes artificiales deben ser abolidos. Cuando desaparezcan las restricciones exageradas, será la mayor libertad del individuo la que le enseñe a evitar los actos que realmente restringen a los derechos naturales. De esta forma, el verdadero crimen disminuirá dramáticamente.

La forma de administrar la Ley debe ser simplificada merced a hombres entrenados, de probadas rectitud y discreción, cuya voluntad sea cumplir con esta función en la comunidad, resolviendo todos los reclamos por el principio abstracto de la Ley de Thelema, y dando su fallo en relación a la restricción real causada por la ofensa. El fin último es por lo tanto la reintegración de la conciencia, sobre la base de verdaderos principios científicos, como el guardián de la conducta, el monitor de la gente, y la garantía de los gobernantes.

D. TÚ DEBER PARA CON TODOS LOS DEMÁS SERES Y COSAS

1. Aplica la Ley de Thelema a todos los problemas de capacidad, uso y desarrollo.

Es un abuso de la Ley de Thelema el abusar de las cualidades naturales de cualquier animal u objeto separándolo de su función apropiada, función que está determinada por las consideraciones de su historia y estructura. Por lo tanto, entrenar niños para realizar operaciones mentales , o para cumplir misiones para las que no están cualificados, es un crimen contra la naturaleza. Similarmente, construir casas con materiales de mala calidad, adulterar alimentos, destruir selvas, etc., etc., es ofensivo.

La Ley de Thelema debe ser aplicada sin hesitaciones para resolver cualquier interrogante de conducta. La capacidad inherente de cualquier cosa, para cualquier fin determinado, debe ser el único criterio a considerar.

Los conflictos entre intereses surgirán con frecuencia, a veces sólo en apariencia, a veces realmente. Estos casos deben decidirse por la valoración general de las partes contendientes, según la escala de la Naturaleza. Así, por ejemplo, un árbol tiene derecho a su vida; pero siendo un hombre más que un árbol, si surge la necesidad puede cortarlo para obtener combustible o cobijo. Incluso en este caso, que se le recuerde que la Ley nunca deja infracciones sin vengar:

como cuando la deforestación lasciva ha arruinado un clima o un suelo; o cuando la importación de conejos como sustituto alimenticio barato ha creado una plaga.

Observa que la violación de la Ley de Thelema provoca enfermedades acumulativas. El drenaje de las poblaciones rurales hacia las grandes ciudades, principalmente porque se las convence de abandonar sus ideales naturales, no sólo ha vuelto al campo menos tolerable para el campesino, sino que ha degradado las ciudades. Y el error tiende a incrementarse en progresión geométrica, hasta que cualquier solución resulte inconcebible y toda la estructura de la sociedad resulte amenazada por la ruina.

La sabia aplicación de la Ley de Thelema, basada en la observación y la experiencia, debe funcionar en consciente armonía con la Evolución. Los experimentos relativos a la creación, concernientes a la variación de los tipos ya existentes, no sólo son lícitos, sino también necesarios.

Su valor debe ser juzgado por su capacidad para permanecer como testigos de su armonía con el curso de la naturaleza hacia la perfección