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De la interioridad a la espiritualidad, todo un camino de iniciación.

Alejandro Cowes, Viviana Aragno (IPA)

Intentaremos abordar un tema que nos parece nodal en los procesos de construcción

subjetiva que, habitualmente lo dejamos un tanto de lado, o lo suponemos presente.

Ahora bien, verán que el título presenta la palabra ‘espiritualidad’… hacia ella vamos, sólo que

para llegar a hablar de ella primero compartiremos qué se entiende por interioridad, y cuáles son

los puntos de vista para poder abordarla.

En segundo lugar intentamos una metáfora (habitual en el mundo juvenil) desde donde podemos

apreciar diferentes perspectivas en relación a la vida interior donde se hace posible centrarse,

reconocerse y saberse teniendo como eje el interior de sí mismo.

En tercer lugar, veremos cómo en el mundo católico es cierta e implícita la vida espiritual de los

cristianos, aunque poco acompañada.

Por último compartimos algunas reflexiones y experiencias prácticas en relación a esta temática, viabilizando el pasaje de la interioridad a la espiritualidad.

1. Caminos de interioridad

Hablar de interioridad es comprender que todo ser tiene un interior por descubrir, tiene un

mundo guardado que lo conecta con las cosas, situaciones, recuerdos, lugares, perfumes,

sensaciones más íntimos y a la vez más socializados y socializables de cada uno, tiene la posibilidad

de saberse conectado con la trascendencia, cualquiera fuera. Podríamos decir que esta es una de

las maneras de abordaje de la interioridad humana.

Podríamos también decir, desde otro punto de vista, que todo ser vive, habita en el interior del

mundo (por ejemplo), este modo de sabernos en-el-mundo, tal vez cambie las posibilidades de

comprender la interioridad, porque no sólo habrá un interior en nosotros (como decíamos más

arriba), sino que también podríamos afirmar que somos nosotros los que habitamos en el interior

de un ‘otro’, que puede ser el universo…, que puede ser Dios… cualquiera fuera su nombre.

De acuerdo al punto de vista desde el que comencemos nuestra búsqueda, serán los procesos,

serán los caminos, serán los desiertos, serán los hallazgos.

Lo cierto es que de un modo u otro podremos establecer diversidad de relaciones entonces: con

nosotros mismos, con los demás (con otros) y con Lo Otro (en términos de trascendencia).

El camino hacia la interioridad, es tal vez aquél que nos invita a vernos desde lo que netamente

somos, el que nos invita a sabernos estando…simplemente, siendo.

El cuerpo, la corporalidad, es la única mediación posible para conectarnos, nos conectamos ‘de mi a mi’, de mi a los otros, de mi al Otro; lo que San Agustín llamaría de yo a tú. Hasta que podamos establecer una relación un tanto menos yo-céntrica…ego-céntrica, en la que nos relacionemos desde dentro siendo perceptivos del estar de los otros y yo, del ser del mundo y yo, del Otro y yo; relaciones, en las que el yo, aparece en último lugar y no en primero. Dado que el cuerpo es ‘el’ modo de conexión y contacto, será interesante ver cómo trabajamos con los jóvenes la corporalidad, el conocimiento de sí, para adentrarse, sin distraerse, sin fugarse, sin perderse. Para que todas estas cosas pasen, es muy importante saberse, reconocer la propia corporalidad, y esto no es tema muy conquistado entre nosotros, al cuerpo lo suponemos…no lo sabemos (en términos de conocemos).

2. Sinfonías en el camino…

La interioridad es un camino que va de suyo hacia adentro, y que habilita (o no) un contacto con Lo Otro, con el Otro. Un contacto con el Espíritu del cual somos templo. El camino de la interioridad, es absolutamente necesario si queremos construir una espiritualidad. Reconocer el sí mismo, reconocer el instrumento con el que vamos haciendo música en el mundo, música acompasada con los sonidos de los otros, en el Otro. Espiritualidad es ese camino de encuentro con Dios que vamos transitando a medida que damos pasos interiores de encuentro con nosotros mismos y con los demás, en una sinfonía armoniosa (aunque claro no perfecta) de pasos y retrocesos, encuentros y pérdidas, admiración y decepciones, saberse llamado y, al mismo tiempo, saberse insignificante… A propósito, ¿tuviste el placer alguna vez de presenciar a una orquesta tocando en vivo? ¿Hiciste esa experiencia? Cuando hablamos de espiritualidad pienso en la orquesta y sus instrumentos. Pensemos en la precisión del músico con su instrumento, en su necesario conocimiento y reconocimiento. Pensemos en las interminables horas de estudio a solas con su instrumento, en los ensayos que le permite conocerlo a fondo, descubrirlo en sus virtudes y limitaciones. Pero también pensemos en el necesario reconocimiento de los demás músicos y sus instrumentos. Necesita saber y conocer qué sonido tiene cada uno de los demás instrumentos, dónde están ubicados, cómo armonizan unos y otros, cómo armonizan cada uno de los otros el propio.

Y hay algo que trasciende al músico, su instrumento y la orquesta: la música.

Como músicos, somos parte de algo que nos trasciende, nos emociona y nos conecta. Somos parte de algo que existía antes que nosotros, y que existirá después de nosotros, pero que en este momento tenemos el placer y el privilegio de ser parte responsable. Somos responsables de la ejecución del instrumento…somos responsables del conocimiento y el dominio sobre el mismo…somos responsables de saber usar lo que se nos ha dado… somos responsables de afinar, de afinar con un afinador universal… el sonido individual, al Sonido (¿de Dios?) que nos excede, para poder tocar juntos armónicamente. Somos responsables de saber y poder leer ‘la clave’ con la que nuestro instrumento suena, hay muchas claves, intentar ejecutar un instrumento en una clave inadecuada, no habilita sonido, o lo excluye de armonizar con otros. Pero todas las claves son necesarias, cada instrumento responde a una y hay que saber tener claro que toda clave es como un ángulo de toma de la realidad sonora… No soy yo quien hace posible la música, es la música que nos hace entrar en armonía con los demás, que permite descubrirme/nos para poder brindar lo mejor de mí mismo, de nosotros mismos, pero no para lucirme/nos, sino para que ella se exprese en toda su dimensión. Cuando nos maravillamos del sonido logrado entre todos, es cuando más valorados nos sentimos y cuando más valoramos a los demás… En bueno pensar en la espiritualidad como la capacidad del músico de conectarse y emocionarse, desde su lugar con su instrumento y en armonía con el resto de la orquesta, con la música que llega a sus oídos, de la que a la vez es parte pero que lo trasciende, de la que da sentido a su ser.

3. Caminos en el mundo católico

Encontramos en este subtítulo la palabra católico viene del griego καθολικός, katholikós, 'universal, y quiere decir ‘que comprende todo'. Es una palabra referida habitualmente al Pueblo que cree en el Dios de Jesús y pretende dejarnos en claro que el mensaje de Jesús es para todos. No obstante es importante diferenciar el término católico de cristiano; dado que en el imaginario social, el primero, suele remitir a la doctrina y a la jerarquía eclesiástica; y el segundo está más en relación con la Palabra de Dios revelada en la Biblia, especialmente en el Nuevo Testamento. Creemos importante esta aclaración porque habitualmente en el mundo católico es cierta e implícita la vida espiritual de los cristianos, y creemos, no obstante que no siempre se puede suponer esa vida espiritual o esa vida interior, tan sólo por pertenecer o proclamarse católico; y que más de una vez, adentrarse en las verdades del evangelio con sus metáforas y escenarios, nos

ayuda a posicionarnos en situaciones y lugares que promueven y alientan el camino hacia la

interioridad de la mano de la propuesta de Jesús.

Podríamos preguntarnos por esa vida, y suponer que no tiene mucho que ver con la corporalidad

de los hombres y mujeres creyentes, decíamos anteriormente que el cuerpo es nuestra única

mediación; que no es bueno sostener ‘tengo un cuerpo’, sino más bien saber que ‘soy mi cuerpo’.

Podríamos preguntarnos también cómo desde las propuestas catequísticas se han habilitado

procesos de construcción de la vida espiritual que superen la oración memorística, o la

ritualización de la oración entendida como única vía para la comunicación con la trascendencia.

Podríamos también preguntarnos qué diferencias establecemos entre: la interioridad, la

espiritualidad y la oración. Podríamos preguntarnos también cómo los documentos del magisterio

presentan la experiencia humana a la hora de pensar la interioridad, la espiritualidad y por qué no

la catequesis.

En este caso, acercamos algunos documentos del magisterio donde se da lugar a estas

conceptualizaciones para que cada uno pueda reflexionar en torno de ellas.

En el CATIC:

2720 La Iglesia invita a los fieles a una oración regulada: oraciones diarias, Liturgia de las

Horas, Eucaristía dominical, fiestas del año litúrgico.

2721 La tradición cristiana contiene tres importantes expresiones de la vida de oración: la

oración vocal, la meditación y la oración contemplativa. Las tres tienen en común el recogimiento del corazón.

2722 La oración vocal, fundada en la unión del cuerpo con el espíritu en la naturaleza

humana, asocia el cuerpo a la oración interior del corazón a ejemplo de Cristo que ora a su Padre y enseña el "Padre nuestro" a sus discípulos.

2723 La meditación es una búsqueda orante, que hace intervenir al pensamiento, la

imaginación, la emoción, el deseo. Tiene por objeto la apropiación creyente de la realidad

considerada, que es confrontada con la realidad de nuestra vida.

2724 La oración contemplativa es la expresión sencilla del misterio de la oración. Es una

mirada de fe, fijada en Jesús, una escucha de la Palabra de Dios, un silencioso amor. Realiza la unión con la oración de Cristo en la medida en que nos hace participar de su misterio.

En Evangelii Nuntiandi

N° 15: En ella, la vida íntima la vida de oración, la escucha de la Palabra y de las enseñanzas de

los Apóstoles, la caridad fraterna vivida, el pan compartido no tiene pleno sentido más que

cuando se convierte en testimonio, provoca la admiración y la conversión, se hace predicación

y anuncio de la Buena Nueva. Es así como la Iglesia recibe la misión de evangelizar y como la actividad de cada miembro constituye algo importante para el conjunto. En el Directorio Catequístico General

La experiencia humana en la catequesis 152. La experiencia ejerce diversas funciones en la catequesis, a la luz de las cuales la existencia misma debe ser siempre debidamente valorada.

a) Hace que nazcan en el hombre intereses, interrogantes, esperanzas e inquietudes, reflexiones y

juicios, que confluyen en un cierto deseo de transformar la existencia. Es tarea de la catequesis procurar que las personas estén atentas a sus experiencias más importantes, ayudarlas a juzgar a la luz del Evangelio las preguntas y necesidades que de estas experiencias brotan, educar al hombre a vivir la vida de un modo nuevo. De esta forma la persona será capaz de comportarse de

modo activo y responsable ante el don de Dios.

b) La experiencia ayuda a hacer inteligible el mensaje cristiano. Esto se ajusta al modo de obrar de

Jesús, que se sirvió de experiencias y situaciones humanas para anunciar realidades escatológicas

y transcendentes e indicar a la vez la actitud ante ellas. En este aspecto, la experiencia es

mediación necesaria para explorar y asimilar las verdades que constituyen el contenido objetivo de la Revelación.1

c) Estas funciones indican que la experiencia asumida por la fe viene a ser en cierto modo ámbito

en el que se manifiesta y realiza la salvación, en la que Dios, de acuerdo con la pedagogía de la encarnación, se acerca al hombre con su gracia y lo salva. El catequista debe ayudar a la persona a leer de este modo lo que está viviendo, para descubrir la invitación del Espíritu Santo a la conversión, al compromiso, a la esperanza, y así descubrir cada vez más el proyecto de Dios en su propia vida. ¿Cómo estas apreciaciones ‘afectan’ nuestras prácticas?

¿Qué lugar se les da a los jóvenes desde estas perspectivas? ¿Cómo pensamos, sentimos, vivimos los adultos que acompañamos jóvenes estas propuestas? ¿Generamos otras?

1 La negrita es nuestra.

4.

Interioridad… intencionalidad… incertidumbre

En este punto de la reflexión, no podemos evitar preguntarnos qué lugar ha ocupado y ocupa en nuestro trabajo con los adolescentes su propia interioridad-espiritualidad. En términos de la orquesta antes mencionada, ¿basta con que enseñemos a tocar un instrumento? ¿es suficiente con que eduquemos y generemos espacios para que reconozcan otros instrumentos y sepan tocar juntos? ¿O todo esto tiene sentido sólo si los acompañamos para que se conecten con la música, aquello que los trasciende? Y en términos musicales, no podemos “enseñar” a gustar de la música a partir de la lectura de la partitura de la 5° sinfonía de Beethoven. No se enseña conceptualmente por qué ha de emocionarnos una canción. Se vive, se experimenta. Por lo tanto no se enseña, se acompaña. Pero evidentemente si queremos que alguien se conecte con una pieza musical o canción, debiéramos ponerlo en contacto con ella, es decir, debiéramos acercar a aquél, con aquello para que puedan encontrarse. Debiéramos intencionalmente facilitar su conexión.

Sería interesante tener claro que el fin es el disfrute de la música y no la buena lectura de partituras o la correcta división de los compases solamente o que una suma de instrumentos indiscriminada construye una orquesta. De la admiración y de pasión por la música surgen las ganas de ser parte de ella y la intención de estar en armonía con los demás, porque de otra forma mi sonido sería un solo” eterno…un tanto aburrido, egocéntrico.

Para ser más claros y concretos: ¿qué espacios/prácticas/propuestas/reflexiones pensamos y ponemos a su disposición para acompañarlos en el camino hacia su propia interioridad?

Cuando lo pensamos desde nuestra realidad, puede que tengamos la impresión de que a veces hemos dejado que la interioridad se desarrolle como una consecuencia probable a partir de las propuestas concretas de acción. En otras ocasiones puede que hayamos percibidouna sensación de “invadir” la libertad de los chicos/as, o al menos de coartar sus capacidades.

Esta reflexión catequística la pensamos como un tema en nuestra experiencia pastoral con adolescentes. ¿Será porque lo consideramos implícito en todos los otros temas? ¿O será porque la interioridad no es exclusiva ni determinante de una postura política-religiosa- ideológica sino común y “universal”? ¿O será porque la interioridad es “universal” y va mas allá de cualquier postura política-religiosa- ideológica y eso no nos gusta?

5. Caminos desde la interioridad a la espiritualidad

Más de una vez al hablar de interioridad, de espiritualidad, nos viene a la cabeza ‘la oración’ como puerta, como llave, como rito, como posibilidad… si pensamos un poco en lo que quiere decir la palabra oración, podríamos acercar algo así como la razón que dice la boca (oris ratio) porque orare es hablar y decir. La oración sería un contexto de palabras con sentido, si no existiera un contexto con sentido no estaríamos hablando de una oración porque no hay una razón de la boca (o palabra). Habrá que ver entonces cómo construye sentido nuestra boca, en sentido orante…

¿Cómo se produce sentido o razón entonces? ¿Cuáles son las palabras con sentido que salen de nuestras bocas cuando sólo cumplimos con rituales? Quisiéramos reproducir aquí un texto que nos parece que no tiene desperdicio a la hora de intentar comenzar un pequeño camino con jóvenes….

La nube del no saber (texto del siglo XIV de autor desconocido):

Dios puede ser amado, pero no puede ser pensado; puede ser percibido por el amor, jamás por los

conceptos. Así que

La meditación que va más allá del pensamiento es popular en el mundo moderno. Después de hablar de meditaciones buenas y piadosas sobre la vida y muerte de Cristo, introduce al discípulo a un camino que no dejará de ser atractivo también para el lector moderno, es decir, el mantra o palabra sagrada:

Si quieres centrar todo tu deseo en una simple palabra que tu mente pueda retener fácilmente, elige una palabra breve mejor que una larga. Palabras tan sencillas como ”Dios” o ”Amor”

menos pensar y más amar.

resultan muy adecuadas. Pero has de elegir una que tenga significado para ti. Fíjala luego en tu mente, de manera que permanezca allí suceda lo que suceda. Esta palabra será tu defensa tanto en la guerra como en la paz. Sírvete de ella para golpear la nube de la oscuridad que está sobre ti y para dominar todas las distracciones, fijándolas en la nube del olvido, que tienes debajo de ti. Si algún pensamiento te siguiera molestando queriendo saber lo que tú haces, respóndele con esta única palabra. Si tu mente comienza a intelectualizar el sentido y las connotaciones de esta ”palabrita”, acuérdate de que su valor estriba en su simplicidad. Haz esto y te aseguro que tales pensamientos desaparecerán. ¿Por qué? Porque te has negado a desarrollarlos discutiendo con ellos. Como puede verse, la palabrita se usa para barrer de la mente toda imagen y pensamiento dejándola libre para amar con el ímpetu ciego que tiende hacia Dios. Primero es el rechazo de todos los pensamientos acerca de qué soy yo y qué es Dios, con el fin de quedar consciente únicamente de que yo existo y de que Dios existe. Quisiera llamar a esta oración existencial, por razón de su abandono de todas las esencias o modos de ser. Pero es sólo el primer paso. El segundo es el rechazo de todo pensamiento y sentimiento de mi propio ser, para estar consciente solamente del ser de Dios”.

Pequeñas palabras que nos habiliten sentidos… (oración/es) Pequeños pasos que habiliten caminos y tránsitos… (cartografías) Pequeños compañeros de caminos… (discipulado/os)

Pistas para el camino es lo que quisimos intentar en este escrito…palabras en voz alta, escritas en este papel para todos…

Abrazo, Ale y Viviana Equipo IPA