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APUNTES DE ESPIRITUALIDAD Tema 9: Donde está la Iglesia, allí está el Espíritu de Dios.

APUNTES DE ESPIRITUALIDAD

Tema 9: Donde está la Iglesia, allí está el Espíritu de Dios.

Curso de actualización para CFTS de Pontevedra Curso 2011-2012

Olga López Míguez

20/12/2011

está el Espíritu de Dios. Curso de actualización para CFTS de Pontevedra Curso 2011-2012 Olga López

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Tema 9: Donde está la Iglesia allí está el Espíritu de Dios.

Contenido

ORACIÓN INICIAL

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Benignísimo Dios

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PRIMER TIEMPO: MIRADA A LA

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SEGUNDO TIEMPO: ILUMINACIÓN DE LA REALIDAD

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TERCER TIEMPO: PARA ACTUAR:

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ORACIÓN FINAL

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Por la Iglesia (Card. Newman)

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ORACIÓN FINAL 9 Por la Iglesia (Card. Newman) 9 ORACIÓN INICIAL Benignísimo Dios Benignísimo Dios, de

ORACIÓN INICIAL

Benignísimo Dios

Benignísimo Dios, de infinita caridad, que nos has amado tanto y que nos diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor, para que, encarnado y hecho nuestro hermano en las entrañas de la Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; te damos gracias por tan inmenso beneficio.

En retorno te ofrecemos, Señor, el esfuerzo sincero para hacer de este mundo tuyo y nuestro, un mundo más justo, más fiel al gran mandamiento de amarnos como hermanos. Concédenos, Señor, tu ayuda para poderlo realizar. Te pedimos que esta Navidad, fiesta de paz y alegría, sea para nuestra comunidad un estímulo a fin de que, viviendo como hermanos, busquemos más y más los caminos de la verdad, la justicia, el amor y la paz. Amén.

Padre Nuestro

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3 PRIMER TIEMPO: MIRADA A LA REALIDAD. He elegido como título de hoy un fragmento de

PRIMER TIEMPO: MIRADA A LA REALIDAD.

He elegido como título de hoy un fragmento de una frase muy conocida de San Ireneo que dice así: Donde está la Iglesia ahí se encuentra el Espíritu de Dios, y donde está el Espíritu de Dios ahí está la Iglesia y toda gracia, ya que el Espíritu es la verdad. Me gusta mucho porque refleja la íntima y profunda relación entre Iglesia y Espíritu. Pero hoy voy a procurar que este primer tiempo sea, por mi parte, más breve que el del martes pasado en que me pareció que quedasteis con ganas de hablar y dejo para comentar en nuestro segundo tiempo un trocito de esa frase.

Tengo la impresión, no, tengo la seguridad -porque ellos así me lo han manifestado- de que muchos cristianos no se sienten a gusto en la Iglesia y de que tienen muchas dificultades personales para permanecer fieles a ella.

A

la vez también hay otros que nunca se han sentido defraudados.

Y

otros tratan de aprovechar todos los beneficios que la Iglesia

ofrece pero rechinan cuando se sienten interpelados o exigidos en su

forma de comportarse y se les pide un poco de coherencia.

¡Hay católicos para todos los gustos! ¿No os parece? Curiosamente todos ésos que se sienten vinculados a la Iglesia, de un modo u otro, se creen con derechos para defenderla o para criticarla.

Todos sabemos de situaciones, llamadas católicas, que son un poco corrientes (en el sentido de vulgares), mediocres o asfixiantes. Sabemos también de la desavenencia entre la fe que se expone y la manera en que luego se vive. Sabemos que la Iglesia puede ser una decepción en la realidad concreta cuando al observar la lucha por la justicia, la ejecución de lo humano o la vivencia de la libertad descubrimos que esas realizaciones podrían encontrarse en alguna otra parte con mayor calidad.

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Si los motivos para permanecer en la Iglesia o para apostatar de ella son de índole sociológica me temo que la permanencia no va a resultar duradera o va a ser intermitente. Si son de otra índole tal como vivir en comunidades fraternales, hacer amistad con personas generosas o tratar con personas muy inteligentes es posible que el grado de satisfacción fuese más alto en otros lugares, grupos o instituciones. Así que, casi a bocajarro, preguntémonos cada uno a sí mismo:

1. ¿Qué es lo que me atrae de la Iglesia o, de dicho de otro modo, qué me mantiene en Ella?

Iglesia o, de dicho de otro modo, qué me mantiene en Ella? 2. ¿Qué busco y

2. ¿Qué busco y no encuentro en Ella?

SEGUNDO TIEMPO: ILUMINACIÓN DE LA REALIDAD

Vamos

a

ver

si San Ireneo

nos

ayuda a poner luz en nuestra

reflexión. En el libro tercero de su gran obra Adversus Haereses dice:

Conservamos esta fe, que hemos recibido de la Iglesia, como un precioso perfume custodiado siempre en su frescura en un buen frasco por el Espíritu de Dios, y que mantiene siempre joven el mismo vaso en que se guarda. Es por esto que a la Iglesia ha sido confiado el Don de Dios, del mismo modo como el aliento fue dado a la plasmación, para esto: para que todos los miembros de la Iglesia al haberlo recibido sean vivificados. Y en ella, es decir, en la Iglesia, ha sido colocada la comunicación de Cristo, esto es, el Espíritu Santo, arras de incorruptibilidad, confirmación de nuestra fe y escala de ascensión a Dios. En efecto dice Pablo- colocó Dios en la Iglesia apóstoles, profetas, doctores (1 Cor 12, 28) y toda la otra obra del Espíritu, de la cual no participan todos aquellos que no acuden a la Iglesia, sino que se privan a sí mismos de la vida por su mala doctrina y pésima conducta. Pues donde está la Iglesia ahí se encuentra el Espíritu de Dios, y donde está el Espíritu de Dios ahí está la Iglesia y toda gracia, ya que el Espíritu es la verdad. Por tanto, quienes no participan de Él, ni nutren su vida con la leche de su madre, tampoco reciben la purísima fuente que procede del cuerpo de Cristo. Cavan para sí mismos cisternas agrietadas (Jer 2,13), se llenan de pozos terrenos y beben agua corrompida por el lodo; porque huyen de la fe de la

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Iglesia para que no se les convenza de error, y rechazan el Espíritu para no ser instruidos. A.H. III, 24, 1

Ahí aparece esa frase que os dije al principio. San Ireneo mantiene que donde está la Iglesia está el Espíritu Santo y que es en ella, a quien se le confió ese Don, donde todos podemos beber para ser vivificados. Fijaos en que la definición del Espíritu Santo como Don, como comunicación de Cristo y como escala de ascensión a Dios aparece en el evangelio según San Juan, con quien San Ireneo a través de Policarpo, como el mismo Ireneo nos refiere y, a través de otros de su época, es de suponer- se conecta íntimamente.( Jn 4, 10; Jn 14,16-21.26; 16,12-15; Jn 1,51)

Así describe cualidades clave del Santo Espíritu: Éste es quien nos da vida, nos conforma con el cuerpo de Cristo y nos confirma en la fe. La relación entre Iglesia y Espíritu es indeleble porque Él nos hace Cuerpo suyo al proporcionarnos la similitud y unión con Cristo.

Hay que tener en cuenta que para San Ireneo el objetivo del Espíritu es ir acostumbrándose en Jesús a afincarse en la humanidad, auto- habituarse a ejercitar la voluntad del Padre y refrescar al hombre reordenándolo en Cristo.

Desconozco si sabéis que San Ireneo escribe, como buen pastor que era, para refutar ciertas herejías que estaban surgiendo y que no están desaparecidas del todo en nuestros días: ahora en el siglo XXI como entonces, siglo II, la Iglesia se ve confrontada con corrientes ideológicas, sistemas de pensamiento, reivindicaciones políticas y opiniones polémicas. Bastantes personas dicen creer en Cristo pero no en la Iglesia como si se pudiera ir directamente al Evangelio sin pasar por la Iglesia. Supongo que esto no os pasa a vosotros y aclarar la relación entre Iglesia y Espíritu es tema de toda una tesis que no podemos ver aquí en unos minutos pero, por lo menos, me gustaría que dejásemos asentadas firmemente unas cuantas ideas.

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Y he recogido literalmente unas palabras del Cardenal Jean Danielou S.I. que son mejores que las mías:

Yo dejo a los muertos que entierren a los muertos. Yo dejo a los necrólogos disecar una escritura muerta. Yo dejo a los excavadores de tumbas descubrir, según dicen ellos, una tibia de Jesucristo, y esto, agregan, no cambiaría nada. Si Cristo no resucitó, es decir si su cuerpo no fue transfigurado por el Espíritu Santo, que es la garantía de que mi propio cuerpo se transfigurará por el Espíritu Santo, entonces mi fe es inútil, como lo ha dicho ya San Pablo. Para mí Jesucristo está vivo y Él está vivo en la Iglesia. Y es a través de la Iglesia viviente que Él está hablando conmigo hoy, "haciéndome entender por el Espíritu Santo todo lo que Él me ha enseñado". Es a esta palabra viva que mi fe se adhiere. Estoy interesado en lo que los exegetas dicen. Pero creo lo que la Iglesia enseña.

Otra razón que me lleva a mantenerme en la Iglesia son los sacramentos. Si permanezco en la Iglesia es porque Ella es un entorno vital. Ella es el paraíso dónde las energías del Espíritu Santo están laborando. Éste es el lugar donde los grandes ríos de agua viva me lavan de mis manchas, dónde el árbol de vida me nutre con su fruta. Tertuliano decía: "Nosotros, pequeños peces no podemos vivir fuera del agua". Yo no puedo vivir fuera del entorno de los sacramentos. No hay vida espiritual real sin que se bañe en este entorno vital, pues el amor de Dios se difunde en nuestros corazones por el Espíritu Santo, y es a la Iglesia que el Espíritu Santo fue enviado y es por los sacramentos que es comunicado. JEAN DANIELOU. Estoy en la Iglesia

Bueno, volviendo a San Ireneo de quien la Iglesia ha recogido enseñanzas valiosísimas a pesar de que estuvo olvidado durante siglos, hay una idea que él fundamenta en otros pasajes de su obra: solo la Iglesia es el lugar del Espíritu y Cuerpo de Cristo. Los que pertenecemos a ella tomamos las aguas del Espíritu que es quien nos confirma en la fe transmitida desde los Apóstoles. La Iglesia es lugar del Espíritu y por tanto está llena de carismas que ha recibido al quedar constituida en Pentecostés. Así se efectuó la promesa hecha en la antigüedad y que se cumplió plenamente en la humanidad de Cristo tal que el Espíritu se acostumbrase gradualmente a vivir en nuestra carne para ser derramado a todos los seres humanos. El Espíritu no destruye la carne, lo más genuino nuestro, al contrario, la humedece, la unge, la impregna, de las propiedades o cualidades del propio Espíritu y, consecuentemente,

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también a la Iglesia la va estructurando de modo que sea fiel presencia de Cristo en la historia y en el mundo.

El término carne no tiene en Ireneo la significación de pecado, de cosa

mala, como ocurre por ejemplo en el mismísimo San Pablo, sino que la corporalidad es donde sucede la realidad de la Encarnación del Verbo que, por poseer el Espíritu en plenitud, lo derrama a toda la humanidad. A nuestro santo no le incomoda la materia porque sabe que es querida por Dios como lugar donde se reflejan las maravillas divinas, es débil, imperfecta y pecadora pero salvable y amada por el Creador. Presenta a Jesús, carne de Dios, no solamente como ejemplo a seguir sino como la referencia fundante de la creación y de la salvación, el que abrazando la carne hizo posible la unión de ésta con el Espíritu, con todos los seres

humanos sin sectarismos, llevando a cabo la plenitud al resucitarnos.

Como aquí prescindimos de tecnicismos, de dar una serie de citas bibliográficas y huimos de la erudición de una tesis apuntalada con rigor científico, habéis de creerme si os digo que San Ireneo prueba la unicidad de Dios y la unidad de Cristo frente a los que argumentaban que había dos dioses, varias naturalezas y tres clases de seres humanos. Y en ese contexto, a partir de las palabras de los testigos oculares, hila lo siguiente:

si en la Iglesia está el Espíritu y si en Éste está la Verdad, entonces en la Iglesia está la Verdad. Por eso los que están fuera de la Iglesia se automarginan de la Verdad.

Recordemos: ¡siempre en un trasfondo trinitario!

A través de la Iglesia que es el Cuerpo visible de Cristo recibimos la

fuente purísima que es el Espíritu, el mismo que se había acostumbrado a morar en el ser humano, el mismo que descendió en el Jordán, el que fue entregado en la cruz por Cristo, por el cual Dios ha puesto apóstoles, profetas y doctores en el lugar donde se encuentra la fe verdadera. (Cuando decimos “lugar” nos referimos a un espacio de dimensión espiritual obviamente porque al Espíritu no se le puede determinar en las coordenadas en las que nosotros nos movemos). Así que, para San Ireneo,

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los que se apartan de la Iglesia no pueden ser vivificados, confirmados en la fe y reordenados a Cristo como los que sí están en la Iglesia: la prioridad se debe a la efusión del Espíritu que netamente constituye la Iglesia en Pentecostés.

No podemos alargarnos más: en la teología de San Ireneo se da una inigualable composición entre el Verbo encarnado que, por estar lleno del Espíritu, lo derrama sobre todo ser humano, este ser humano que llega a poseer las cualidades del Espíritu y podrá ver a Dios y la Iglesia que es la posibilidad de creer rectamente en el Hijo de Dios encarnado y el lugar donde recibimos ese Espíritu que permite ser salvados.

donde recibimos ese Espíritu que permite ser salvados. TERCER TIEMPO: PARA ACTUAR: Ya podemos sacar algunas

TERCER TIEMPO: PARA ACTUAR:

Ya podemos sacar algunas sugerencias para nuestro actuar. Ya sabemos por qué se ama a la Iglesia. ¡Porque buscamos la vida! Y ocurre que el término de la labor divina en Cristo, a través del Espíritu, es conseguir que todas y cada una de las personas ¡viva!

La finalidad de la obra divina es abrirnos al misterio de Dios, llevar al ser humano a la profundidad más rotunda de la realidad, hacernos entender que el fundamento del ser es el amor eterno de la Santísima Trinidad y la participación del ser humano en ese Amor. Así nos sentiremos inmersos en la caridad teologal que nos mueva a ayudar a los demás tanto en las dimensiones materiales como en la llamada a una realización espiritual.

En este sentido la Iglesia es una ayuda grande con sus propias exigencias, a pesar de las contradicciones en las que nos podamos encontrar, porque en sociedades donde unos sistemas se oponen a otros, donde tenemos una gran tentación de subjetividad, la Iglesia considera que podemos lograr un conocimiento más hondo de la realidad y que la coherencia de ese conocimiento con la realidad constituye la verdad.

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Sugerencia: amar a la Iglesia porque es consciente de que hay errores y de que hay Verdad.

Valorar

que

opiniones.

respete

y

defienda

a

las

personas

más

allá

de

las

Considerar que defiende la presencia de Dios, la eternidad del ser humano y una ética que va más allá de sensaciones subjetivas.

y una ética que va más allá de sensaciones subjetivas. ORACIÓN FINAL Por la Iglesia (Card.

ORACIÓN FINAL

Por la Iglesia (Card. Newman)

Oración por la Iglesia

Que no olvide yo ni un instante

que tú has establecido en la tierra un reino que te pertenece;

que la Iglesia es tu obra, tu institución, tu instrumento;

que nosotros estamos bajo tu dirección, tus leyes y tu mirada;

que cuando la Iglesia habla, tú eres el que hablas.

Que la familiaridad que tengo con esta verdad

maravillosa no me haga insensible a esto;

que la debilidad de tus representantes humanos no me lleve a olvidar

que eres tú quien hablas y

obras por medio de ellos. Amén.