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civilizaciÓn global y derecho del hombre

robert spaemann

¿existe una civilización mundial? los fenómenos parecen se


contradictorios. por una parte, observamos los hechos
incuestionables de la globalización. en la base de esta globalización
reside como hecho fundamental el trastorno experimentado por la
civilización europea a raíz de la ciencia moderna, de galileo, descartes
y newton. esta ciencia sustituye el antropomorfismo de la visión
tradicional del mundo por un antropocentrismo radical. el hombre ya
no se considera la cima de una pirámide de seres ni los seres no
humanos se visualizan como semejantes en mayor o menor grado al
hombre, con identidad precisa, una tendencia o un deseo, vivos o al
menos existentes como él. anteriormente la existencia se comprendía
por anatomía con la vida. vivere viventibus est esse, decía aristóteles.
la nueva ciencia, en cambio, reduce las cosas a la exterioridad, a su
condición de objetos para el hombre. es por eso que hablo de un
antropocentrismo en reemplazo del antropomorfismo. se renuncia a
comprender el mundo renunciando a la interpretación teleológica de
las cosas. como señala francis bacon, dicha interpretación esterilis et
tamquam virgo deo consecrata quae nihil parit. ahora ya no se
necesitan vírgenes consagradas. conocer una cosa ya no significa,
como era para el hebreo y aún para aristóteles, unirse con ella –
intelligibile in actu et intellectus in actu sunt idem- sino fijarla como
objeto desde el punto de vista de su eventual manipulación. conocer
algo -dice thomas hobbes- quiere decir to know what we can do with
it when we have it (saber qué podemos hacer con ello cuando lo
tenemos). la técnica moderna nos revela la esencia oculta de la
ciencia moderna. ambas son esencialmente universales, indiferentes
ante las condiciones individuales o colectivas de las personas, los
grupos, las culturas y las épocas, ya que hacen abstracción de todo
cuanto está dotado para la simbiosis del hombre y sus convivientes y
coexistentes. ahora bien, al mismo tiempo, con el dualismo radical de
la res cogitans y la res extensa, el hombre descubre que él también
es parte tanto del mundo de los objetos como del dominio de la
subjetividad. el cuerpo del hombre se percibe como mero objeto, es
decir, como máquina; pero muy pronto también su alma, sus
sentimientos e incluso su conciencia son sometidos a una objetivación
naturalista. al comienzo de la era moderna, el hombre no se permitía
considerar las cosas como seres parecidos a él; al final, se considera
parecido a las cosas, es decir, el hombre llega a ser para sí mismo un
antropomorfismo. siendo el antropomorfismo denunciado como
ilegítimo, es también ilegítima la consideración humana del hombre y
debe ceder su lugar a la visión científica. ¿y quién es entonces el
sujeto de esta ciencia? si éste desaparece, la ciencia misma se
convierte en un hecho natural, en una etapa en el largo camino de
una evolución ciega y debe renunciar a su pretensión de verdad.
hay un fenómeno incompatible con este dualismo del sujeto y el
objeto: es la vida. la vida es interioridad y exterioridad al mismo
tiempo, es fenómeno objetivo y tendencia vivida. descartes
comprendió esto muy bien cuando le escribió a la princesa elisabeth
señalando que para vivir se requiere dejar de pensar, porque la vida
no es una “percepción clara y neta”. santo tomás de aquino había
dicho en cambio: qui non intelligit non perfecte vivit sed habet
dimidium vitae. la reducción idealista del mundo a su condición de
objetividad con miras a una subjetividad trascendental desconoce el
hecho de la vida tanto como la reducción naturalista de la
subjetividad a un estado complejo en la evolución de la materia. cada
explicación de la subjetividad, de la interioridad mediante la
exterioridad es una petitio principii en cuanto pretende ser una
explicación verdadera. no hay verdad sin subjetividad. ahora bien, por
razones de efectividad, se admite desde hace mucho tiempo
peticiones de principio. y por estos motivos la ciencia y la técnica
occidentales se han convertido en los hechos fundamentales de una
civilización mundial que no podemos negar y cuyos elementos no
necesito enumerar. la globalización de los mercados no es sino el
último de dichos elementos. y las guerras mundiales sólo son uno
más de los factores. la guerra es también una forma de relación social
y asimila inevitablemente las partes beligerantes. y en definitiva se
requiere poner fin a cada guerra mediante un armisticio,
negociaciones y un tratado de paz, lo cual no es otra cosa que la
mera coexistencia en el mismo planeta. ahora, esta civilización
mundial es inevitablemente una civilización multicultural, ya que la
potencia espiritual que reside en la base de la misma es una potencia
sin contenido substancial, sin orientación humana, sin moral, cuyo
único valor es el incremento del poder humano para cualquier
objetivo material, es decir, un poder abstracto. en esta civilización
mundial hay una tendencia totalitaria, una tendencia a ocupar el
lugar de las culturas tradicionales, a reemplazar los sistemas de fines
por un sistema universal de medios en permanente búsqueda de
fines, que sólo son medios de los medios. es una sociedad donde la
producción es más importante que el uso y el consumo, lo cual era un
horror para la tradición occidental de inspiración platónica.
una de las características de la civilización científica es el hecho de
ser una civilización hipotética. la ciencia moderna es una ciencia
hipotética en dos sentidos. en primer lugar, sólo formula hipótesis
válidas mientras no se pruebe lo contrario. sus modelos, por estar
dotados de ciertas características, son preferibles a otros modelos. la
inquisición era en cierto modo más moderna que galileo cuando le
exigía admitir que su teoría era una hipótesis. un físico moderno
habría respondido: “eso y nada más, evidentemente”. en segundo
lugar, la ciencia es hipotética en cuanto sus proposiciones no
formulan conocimientos esenciales, sino relaciones de tipo “si x,
entonces y”. en el fondo, ya no alude a la relación ontológica de
causa y efecto, sino a funciones. y esto se aplica igualmente a las
ciencias sociales, que consideran relaciones funcionales, es decir,
transforman los contenidos de la vida en hipótesis sustituibles por
alternativas equivalentes, o sea, funcionalmente equivalentes. la vida
resulta ser hipotética, experimental, sobre todo sin nada definitivo,
sobre todo sin verdades absolutas, sin convicciones puestas a
disposición de un discurso infinito, sin relaciones personales
definitivas. el divorcio, el aborto y la eutanasia son elementos
derivados de semejante forma de vida. los votos religiosos perpetuos
son un elemento extraño en una civilización como ésta. la oposición a
poner en esa forma cada elemento substancial a disposición de una
vita beata se estigmatiza rotulándola con la palabra
“fundamentalismo”. no quiero analizar ahora el fenómeno del
fundamentalismo. cada hombre y cada mujer que no sea un canalla
es el fundamentalista de algo. y la patrona de la oposición
“fundamentalista” al totalitarismo de una razón funcionalista sigue
siendo para siempre antígona, que rehúsa poner a disposición de un
discurso fundamentalista la obligación tradicional de enterrar al
hermano. antígona no hace política. la política es el terreno del
funcionalismo, del condicionamiento, y es siempre la corrupción del
fundamentalismo si éste adquiere en sí mismo un carácter político.
una antígona política sería terrorista. ahora bien, el fundamentalismo
de antígona se expresa en estas palabras: “estoy presente no para
coodiar, sino para coamar”. así, ella no mata, pero se deja matar.
desde el punto de vista de la moral funcionalista, es decir, utilitaria y
consecuencialista, adoptada por lo demás por muchos teólogos
católicos, las personas como antígona o los mártires cristianos son
fanáticos fundamentalistas. los mártires no tenían interés en el
porvenir del cristianismo, sino únicamente en la salvación de sus
almas; pero precisamente gracias a ellos el cristianismo tenía un
porvenir.
acabo de decir que la civilización mundial es una civilización sin
contenido ni fines. no obstante, sugiere un contenido: el hedonismo
individualista. el único fin reconocido por ella es la satisfacción de las
preferencias individuales. al no disponer de criterios para evaluar
estas preferencias, cada evaluación no es sino la expresión del hecho
que los intereses de unos prevalecen sobre los de otros. Éste era
precisamente el punto de vista de karl marx. para marx, la idea de la
justicia social no es sino un velo ideológico sobre el hecho de la
opresión. para él, la única posibilidad de establecer armonía entre
intereses antagónicos es la eliminación de parte de los mismos en
beneficio del resto, la homogeneización de las preferencias y el
desarrollo de la sociedad de la abundancia, donde ya no es necesaria
la justicia distributiva porque todos pueden contar con cuanto deseen.
evidentemente, la promiscuidad sexual es parte integrante de ese
sistema. y se entiende asimismo que toda identidad histórica, cultural
nacional y religiosa debe desaparecer con el fin de hacer posible esta
homogeneidad de intereses. los individuos que conservan
preferencias no homogeneizadas son declarados enfermos y en
cuanto tales son objetos de la ciencia, mientras las identidades
históricas desaparecen ante la mirada de la ciencia.
el escenario que he descrito es evidentemente una abstracción y una
extrapolación. esta extrapolación corresponde a una poderosa
tendencia de la civilización científica y técnica a eliminar todo
contenido que no se defina en los términos de la ciencia, pero está
lejos de ser la realidad. hasta ahora la realidad es el hecho de que la
civilización mundial es una civilización multicultural. en sí misma, no
es fuente de sentido. debe alimentarse de fuentes provenientes de
culturas específicas, de tradiciones premodernas. es muy
comprensible el hecho de que dondequiera la civilización mundial
gana terreno, al mismo tiempo avanza el regionalismo. los hombres
se aferran a sus propias tradiciones porque éstas les otorgan algo
más necesario que el pan de todos los días, que la civilización
mundial no puede darles: una identidad. por el contrario, la
civilización tecnocientífica exige la disponibilidad total del individuo,
beyond freedom and dígnity (más allá de la libertad y la dignidad),
como era el título del famoso libro de skinner. la idea de la dignidad
del hombre es premodema y no puede reconstruirse en términos de
la ciencia. no considera al hombre como objeto ni como subjetividad
trascendental, sino, por así decir, como subjetividad objetividad,
subjetividad que llega a ser fenómeno objetivo, como ser vivo, como
persona. la idea de la dignidad humana se transmite en diversos
contextos tradicionales y encuentra su representación fenoménica
más convincente en culturas arcaicas. un nómade ante su carpa es
una representación más evidente de la dignidad que el astronauta
apretado en el asiento de su proyectil. con todo, no la idea de la
dignidad, sino la operatividad de la misma mediante los derechos
humanos es una conquista de la cultura occidental y surge en el
momento en que esta civilización comienza a adquirir carácter
universal como civilización científica.
esto no debe asombramos. debemos recordar en primer lugar el
hecho de que la cultura europea es desde su origen una cultura de
inspiración universalista tanto en la lógica aristotélica como en la idea
grecorromana del derecho natural y en el mensaje del cristianismo.
en los últimos años ha habido un encarnizado debate en tomo a la
interrogante sobre el carácter específicamente europeo americano de
los derechos humanos codificados y sobre si la proclamación de su
universalidad es una forma de eurocentrismo e imperialismo
occidental.
ahora puedo resumir mi respuesta a esta interrogante. en aquellos
lugares donde todavía existen sociedades arcaicas viviendo al margen
de la civilización científica técnica, sería imperialismo puro y simple
implantar nuestra idea de los derechos humanos destruyendo al
mismo tiempo las estructuras que conservan sus propias formas de
dignidad, aun cuando esta dignidad sea violada en muchos casos;
pero una sociedad que ha ingresado a la civilización global,
adoptando la técnica moderna, es decir, la técnica científica
occidental, debe necesariamente introducir al mismo tiempo la
codificación de los derechos humanos y es preciso exigirle que lo
haga, ya que la ciencia objetivista y la técnica científica constituyen
una amenaza singular e incomparable a la dignidad humana, a la
condición de persona, aun cuando la idea de persona sea de origen
europeo. la objetivación progresiva del hombre por la ciencia y por
consiguiente por la técnica científica, permite instrumentalizar y
manipular al hombre incluso en su estructura genética transgresión
que supera todo tipo de humillación del hombre en la historia. en la
civilización moderna y global las garantías tradicionales de respeto a
la dignidad humana ya no son suficientes, puesto que son
progresivamente destruidas por la ciencia. son demasiado débiles
para sobrevivir en medio del discurso utilitarista. debemos recordar
que los antisemitas nazistas de alemania argumentaban en términos
científicos, mientras aquellos que ocultaban a algunos perseguidos
eran campesinos o religiosos y religiosas. la codificación de los
derechos humanos corresponde con la amenaza a estos derechos por
la civilización moderna. el occidente, que exportó la técnica científica,
con sus ventajas y horrores, está obligado a insistir en que todo aquel
que adquiera el veneno debe adquirir al mismo tiempo el antídoto.

discurso pronunciado con ocasión del acto en que el autor fue


[∗]

recibido como miembro honorario de la academia de ciencias


sociales, políticas y morales del instituto de chile.