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LA VIGENTE ESENCIA DE UN LIBRO CLÁSICO

¿Qué hacer?

En sus noventa años

Editado por el PARTIDO COMUNISTA Comisión de Propaganda Regional Sur H.Irigoyen 1625 – Avellaneda Abril - 1992

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l. INTRODUCCIÓN

Hace noventa años, más precisamente el 10 de mar- zo de 1902, el periódico bolchevique “Iskra” anuncia- ba la publicación de un libro que iría a tener significa- ción para el futuro del movimiento comunista interna- cional, ya que sus ideas se convertirían en fuerza or- ganizadora de los revolucionarios en los diferentes países capitalistas, en los países coloniales, semico- loniales y dependientes como el nuestro y otros paí- ses de Latinoamérica: “¿Qué Hacer?” 1 .

Nuestro propósito es celebrar este aniversario tratan- do de aplicar las enseñanzas de Lenin: el mejor homenaje es aquel que permita extraer elementos para enriquecer nuestra conciencia militante, posibili- tando ver con mayor claridad la realidad y la comple- jidad de las tareas que ella nos plantea. Volver nues- tra atención al leninismo se ha convertido en una ne- cesidad fundamental de nuestros días.

Observando la múltiple acción ideológica y psicológi- ca que a nivel mundial y latinoamericano despliega el imperialismo contra los pueblos, vemos la enconada lucha contra el socialismo científico * .

Se pueden escuchar distintas voces, observar diver- sas actitudes provenientes de las más variadas fuen- tes, que objetivamente entonan una misma letanía:

¡Hay que matar al leninismo!

No es la primera vez que ocurre una ofensiva ideoló- gica de esta especie, pero ¿cuáles son las causas de una situación tan particular como la que se da en el movimiento comunista y revolucionario internacional, que lo hace tan vulnerable a esta ofensiva?

A nuestro entender son diversas, aunque existe indudablemente una primera y principal: la crisis y calda del modelo de la U.R.S.S. y de los países del Este europeo ha producido una conmoción muy honda, muchos revolucionarios han perdido el rumbo, están confusos y embrollados, no alcanzan a desentrañar la situación actual ni los caminos a seguir. No son pocos los que, concientes del grave daño cau- sado por el dogmatismo stalinista al intento de cons- trucción del socialismo en la U.R.S.S. y en otros paí- ses, así como al movimiento comunista y revoluciona- rio de todo el mundo, corren el riesgo de no visualizar qué esencial contenido diferencia a Lenin del dogma- tismo stalinista; acometen contra las bases concep- tuales del leninismo, sin percibir que éste es parte in- disoluble del socialismo científico (al que el stalinismo abandonó).

* Para una mejor comprensión de este concepto, recomendamos la lectura del trabajo de Lenin «Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo", publicado recientemente en el Nº 2 de la revista "Nosotros mismos», de La Plata)

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Es un error que merece un fuerte alerta pues si así se diera se estaría “tirando al chico junto con el agua su- cia de la bañera” y perdiendo, en medio de la tormen- ta, una brújula imprescindible para corregir los errores dogmáticos, incorporar los aportes posteriores, desen- trañar el camino recorrido y definir nuevos rumbos revolucionarios. Se cometería el error de no analizar a fondo las causas de los errores, al ignorar o diluir la esencia que en efecto ha soportado la prueba de la vida exitosamente.

El enemigo imperialista como es característico, ha hecho todo lo posible para fomentar esta situación antes y hace todo lo posible para aprovecharla ahora, buscando desmontar el arma más formidable de los oprimidos y explotados: la doctrina del socialismo científico.

Pero son más llamativas actitudes de personajes co- mo el renegado Krassin (¡ex director del Instituto de Ciencias Sociales del PCUS!) quien, comenzando por estudiar y resaltar las diferencias entre la época de Lenin y la actual, las diferencias entre el imperialismo temprano y el imperialismo maduro, termina por negar la esencia expoliadora de éste, desconociendo los aportes del leninismo, calificándolo como una inter- pretación ultra-izquierdista del marxismo.

El vernáculo Isidoro Gilbert, por su parte, minimiza deliberadamente los aportes esenciales de Lenin a la construcción del Partido Bolchevique en el largo y difícil camino que llevó a la triunfante Revolución de Octubre, llegando a una simple ecuación según la cual su génesis surgiría de "parte de la literatura de Vladimir I. Lenin y de León Trotzky". 2

Al lado de estas impudicias de quienes todavía se di- cen "marxistas", no desluce para nada la encíclica ''Centesimus annus", donde el Vaticano aprovecha la oportunidad coyuntural para arremeter contra el socia- lismo científico,

Una mención especial merecen aquellos que desde la izquierda, deslumbrados por los importantes resulta- dos electorales de la izquierda latinoamericana (el P.T liderado por Lula en Brasil, el P.R.I. en México, el Frente Amplio uruguayo en Montevideo), proponen una caricatura oportunista y mecanicista del marxis- mo": dejar de lado la "ortodoxia" leninista, en pos de un "proyecto" capaz de captar votos de los "descon- tentos". Es decir, reducir todo a una mera alternativa electoral, dentro del sistema capitalista.

No podríamos cerrar la lista sin nombrar a otro grupo que también aporta lo suyo a la deshonrosa tarea de combatir al leninismo los promotores de un marxismo "profesoral". el marxismo "a secas" sería una corriente sociológica o cultural entre tantas, un simple método de conocimiento más. Esa corriente, que condena el

"dogmatismo" del marxismo leninismo como una doc- trina de transformación revolucionaria, ignora el leni- nismo y por ese camino termina matando la esencia viva del marxismo.

De más está decir que éstas son actitudes auspicia- das por el imperialismo.

Frente a esta ofensiva reaccionaria, reafirmamos nuestra profunda convicción de que el leninismo cons- tituye parte esencial, tiene entidad como categoría doctrinaria bien nítida de nuestra doctrina científica. Y consideramos que, efectivamente, a ésta le corres- ponde la denominación de marxismo-leninismo.

Afianzar, profundizar y hacer andar el viraje iniciado con el XVI Congreso partidario, que lleva varios años bajo la prueba de la vida, en medio de la dinámica situación nacional e internacional, pasando por el XVI Congreso y la Conferencia Nacional de diciembre de 1991, necesita de esa reafirmación de la creadora corriente marxista-lenista.

Porque cualesquiera sean los cambios las coyunturas y escenarios políticos, por violentos que sean, lo más perjudicial sería volver, en otros tiempos y con otras maneras, a lo que colectivamente hemos criticado:

la disolución del concepto de lucha por el po- der, fracturando lo social de lo político;

la subestimación del factor subjetivo, deterio- rando la relación vanguardia-masas y la rela- ción espontaneidad-conciencia;

la separación entre estrategia y táctica reca- yendo en la enfermedad de "coyunturalista" que tanto hemos padecido

el deterioro de la relación teoría-práctica, sin percibir que el pragmatismo, el eclecticismo y el positivismo son tendencias que resurgen constantemente.

La batalla de Resistencia al plan liberal menemista, buscando las iniciativas y las formas de confrontación política con el sistema, encontrando los caminos de reagrupamiento de la izquierda y de los revoluciona- rios, supone un enfoque global que contiene -y no en último lugar- la resistencia ideológica ante la ofensiva

y el contrabando que despliega la derecha aprove- chando la coyuntura internacional.

En el año del quinto centenario de la Conquista, su conmemoración nos convoca a un serio esfuerzo por la superación de limitaciones y errores, contribuyendo al conocimiento de la verdadera historia de nuestros pueblos latinoamericanos. El genocidio cometido por la conquista española contra 50 millones de indígenas se repite hoy en las formas de dominio del imperia- lismo sobre América Latina.

Hacer más profunda nuestra concepción del carácter nacional de nuestra revolución nos exige un renovado

y permanente estudio del proceso histórico, para lo

cual es imprescindible la metodología científica del marxismo-Ieninismo. Lo mismo puede decirse acerca del seguimiento de la relación permanente entre lo nacional, lo latinoamericano y lo universal.

Hay quien dice que no se es marxista-leninista por el hecho de proclamarlo. Estamos de acuerdo, de la misma manera que no se es revolucionario por el simple hecho de decirlo.

Pero seguramente no se es marxista leninista ocul- tándolo, diciéndolo a medias, retaceando su aprendi- zaje en las actuales condiciones o -pongamos por ca- so- alertando de antemano acerca de 'no copiar las recetas del "¿Qué Hacer?” ’ (¿qué recetas?).

Volver a las fuentes no con actitud dogmática, sino buscando la inagotable y vigente esencia, enriquecer- la con los aportes posteriores, proceder al análisis cri- tico de la experiencia histórica, es un desafío para los 'veteranos' de todas las edades y para los jóvenes revolucionarios que se incorporan a la lucha con las particularidades de este tiempo.

Esta tarea, a cumplir luchando contra los bloqueos e inhibiciones a que nos quiere someter el enemigo, tiene especial importancia hacia las nuevas genera- ciones de revolucionarios para que no se borre, ni se fracture, ni se distorsione la memoria histórica; para una visión nacional, latinoamericana y mundial del proceso revolucionario. Porque la búsqueda de clari- dad y firmeza teórico-ideológica desde el comienzo es una verdadera necesidad para avanzar junto a la práctica político social por singular que ésta sea.

Porque sólo así será fuente de inspiración, creatividad

y fuerza en la lucha por la liberación y el socialismo.

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lI. LENIN: SU CONTRIBUCIÓN AL DESARROLLO DE NUESTRA DOCTRINA

¿Cuáles fueron los aportes esenciales que realizó Le- nin, elevando sus contribuciones a la categoría de doctrina? Sería imposible hacer en un trabajo breve como éste un relato exhaustivo de esos aportes; pero sí se pueden enunciar algunas de sus puntualizacio- nes más significativas e ilustrarlas con citas textuales -inclusive algunas algo extensas-, ya que dan una idea elocuente, plena y sin distorsiones de los asuntos tratados.

A) Sobre el imperialismo:

rasgos, manifestaciones y vínculos.

Estudiando el desarrollo del capitalismo monopolista, Lenin pudo precisar al imperialismo como etapa supe- rior y última del capitalismo. Los principales rasgos del imperialismo han tenido completa confirmación en el desarrollo histórico desde su enunciación en 1916. ¿Cuáles son los principales de esos rasgos?

- “El imperialismo es la época del capital financiero y de los monopolios, los cuales introducen en to- das partes la tendencia a la dominación y no a la libertad”.

- “Cualquiera sea el régimen político, el resultado de esa tendencia es la reacción en toda la línea y una intensificación extrema de los antagonismos en este terreno”.

- “Se intensificó notablemente el yugo de la opre- sión nacional, y la tendencia a las anexiones, o sea la violación de la independencia nacional”. 3

Describiendo las cuatro manifestaciones principales del imperialismo dice (en el tomo XXIII, págs 420 y

421):

1. El monopolio surge de la concentración de la pro- ducción en un grado muy alto".

2. “Los monopolios estimularon la an niación de las más importantes fuentes de materias primas, en particular para las industrias fundamentales".

3. “El monopolio surgió de los bancos. De modestas empresas intermediarias que eran, los bancos se han convertido en monopolizadores del capital fi- nanciero".

Extendiéndose sobre el mismo tema, Lenin, en el ca- pítulo titulado "El papel de los bancos" (tomo XXIII, pág. 328), manifiesta lo siguiente:

“¡El monopolio! Esta es la última palabra de la "última etapa de desarrollo capitalista". Pero nuestra noción del poder real y de la significación de los monopolios modernos será en extremo insignificante, incompleta,

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reducida, si no tenemos en cuenta el papel de los bancos”.

Esta verdad del leninismo de conceptuar de suma importancia el papel de los bancos en la estructura- ción del capitalismo -y aconsejar su comprensión y estudio-, la podemos certificar los argentinos, al igual que los demás latinoamericanos y habitantes del Ter- cer Mundo que han quedado sometidos al "neocolo- nialismo", cuyos hilos manejan los grandes bancos del imperialismo. Si queda alguna duda, veamos de dón- de salen las exigencias, las imposiciones y las órde- nes que imparten a sus lacayos nativos. El dueño de la deuda (y por lo tanto del manejo de nuestro patri- monio) es el capital financiero, yanqui y de sus otros socios.

"4) El monopolio nació de la política colonial" (

) "Los

monopolios, la oligarquía, la tendencia a la dominación y no a la libertad, la explotación de un número cada vez mayor de naciones pequeñas y débiles por un pu- ñado de naciones más ricas o fuertes: todo esto da

origen a esas características distintivas del imperia- lismo, que nos obligan a calificarlo de capitalismo pa- rasitario o en descomposición".

y agrega luego:

sería “

un error creer que esta tendencia a la

descomposición excluye el rápido crecimiento del

capitalismo. (Obras Completas, Tomo XXIII pág 420/21 - el subrayado es nuestro)

Finalmente, analiza un tema de aguda actualidad: los vínculos que se crean entre el imperialismo y el opor- tunismo:

"La obtención de elevados beneficios monopolistas por los capitalistas de una de las muchas ramas de la industria, de uno de los muchos países, etc. les brinda la posibilidad económica de sobornar a ciertos secto- res obreros y por un tiempo a una minoría bastante considerable de ellos, y atraerlos al lado de la burgue- sía de una industria dada, de un país dado Contra to- dos los demás".

Más adelante agrega:

“ la extraordinaria rapidez y el carácter particular-

mente repulsivo del desarrollo del oportunismo no son,

de ningún modo, una garantía de que su victoria será duradera: la rápida maduración de un absceso doloro- so en un organismo sano sólo puede ayudar a que abra antes y libere así al organismo de él. Los más peligrosos, en este sentido, son aquellos que no de- sean comprender que la lucha contra el imperialis- mo es una farsa, una patraña si no está ligada in-

disolublemente a la lucha contra el oportunismo".

(ídem - pág 422/23 - el subrayado es nuestro)

B) La ley del desarrollo desigual del

capitalismo y la posibilidad de comen-

zar la construcción del socialismo en un solo país.

Lenin se refiere al desarrollo desigual diciendo:

"El capitalismo financiero y los trusts, no atenúan sino que acentúan las diferencias de ritmo de crecimiento de los distintos elementos de la economía mundial".

Esta es la base conceptual sobre la que elabora su tesis de la posibilidad de comenzar a construir el so- cialismo en un sólo país.

Y subrayamos comienzo y no "objetivo final" ya que,

como Lenin lo expresa, el propósito es

hacer el máximo de lo realizable en un sólo país para desarrollar, apoyar y despertar la revolución

en todos los países (el subrayado es nuestro)

Este concepto de Lenin fue el que no pudo compren- der Trotzky, quien lo contraponía con su tesis de "re- volución permanente.

La revolución madura ante los ojos de todos, no sólo de Europa, sino en todo el mundo, y la victoria del pro- letariado en Rusia la ha favorecido, acelerado y apo- yado. ¿Que todo esto no basta para el triunfo comple- to del socialismo? Desde luego, no basta. Un solo pa- ís no puede hacer más. Pero este solo país, gracias al poder soviético, ha hecho tanto, que incluso si maña- na el poder soviético ruso fuera aplastado por el impe- rialismo mundial, por una coalición, supongamos, en- tre el imperialismo alemán y el anglo-francés, aun en éste, el peor de los casos, hallaríamos que la táctica bolchevique ha prestado un servicio extraordinario al socialismo y ayudado al desarrollo de la invencible revolución mundial”.

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Esta afirmación se vio confirmada por todo el curso de la dura y sangrienta etapa histórica vivida.

La idea de liberación del yugo del capitalismo se ha extendido por todo el mundo; países dominados y sometidos al más feroz atraso y corrupción empren-

dieron su lucha por la liberación y hoy mantienen en alto la bandera de la lucha por construir el socialismo:

la pequeña e indomable Cuba, que a sólo 90 millas de

EE. UU. y en las más difíciles circunstancias lucha de todas las formas por su dignidad e independencia y en

el Oriente, la República Popular China, Vietnam y Co-

rea del Norte, nos demuestran que la batalla continúa,

a pesar de las derrotas temporales.

Con gran sacrificio y abnegación, los pueblos conti- nuarán su lucha para arrancar a la humanidad de la barbarie civilizada" del capitalismo y entrar en la ver- dadera historia humana. Los comunistas argentinos trataremos de estar a la vanguardia de esa lucha, cua- lesquiera sean los esfuerzos y sacrificios que ello nos imponga.

C) El problema del Estado

Otro de los temas esenciales que desarrolló Lenin fue el problema del Estado, particularmente en la etapa imperialista del capitalismo.

Comenta al respecto:

“Es uno de los problemas más complicados, más difí- ciles y quizás el más embrollado por los hombres de ciencia, los escritores y los filósofos burgueses”.

Más adelante continúa:

“Las formas de dominación del Estado pueden variar:

el capital manifiesta su poder de un modo donde exis- te una forma y de otro modo donde existe otra forma, pero el poder está siempre, esencialmente, en manos del capital ya sea que exista o no el voto restringido u otros derechos, ya sea que se trate de una república democrática o no; en realidad, cuanto más democrá- tica, más burda y cínica es la dominación del capita- lismo. Una de las repúblicas más democráticas del mundo es Estados Unidos, y sin embargo en ninguna parte es tan crudo y tan abiertamente corrompido co- mo en Norteamérica el poder del capital, el poder de un puñado de multimillonarios sobre toda la sociedad. Allí donde el capital existe, domina la sociedad entera, y ninguna república democrática, ninguna clase de derechos electorales pueden cambiar su esencia" .

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Esta es la justa definición del Estado capitalista en general y del imperialista en particular, con sus insti- tuciones fundamentales: la policía y los organismos de espionaje y represión, el ejército regular y el poder judicial, etc. En su obra "El Estado y la revolución", Lenin analiza estos temas y pone al descubierto todas las vacilaciones, incomprensiones y falsedades de la socialdemocracia, en sus diferentes variantes.

D) Sobre el materialismo dialéctico

Además de haber estudiado cabalmente la doctrina de Marx y Engels, Lenin estudió a los filósofos pre- marxistas, especialmente la filosofía alemana: Hegel, Feuerbach y otros. Desarrolló el materialismo dialécti- co haciendo aportes de tal importancia que junto a los de Marx y Engels se hace imprescindible su estudio

* Recomendamos, por lo breve y didáctica, esta conferencia de Lenin "Acerca del Estado", del 11-07-19, tomo XXXI, pág. 338

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para una comprensión más profunda de ese formida- ble instrumento que es el socialismo científico.

Su libro "Materialismo y Empiriocriticismo" 6 , además de hacer una exposición brillante de los fundamentos del materialismo dialéctico, de la teoría del conoci- miento como reflejo de la realidad objetiva exterior e independiente del sujeto, de haber enriquecido la re- lación entre la práctica y la teoría y precisado la con- catenación existente entre ser y conciencia social, etc., demostró, con argumentación contundente, que lo que en realidad trataban de hacer ciertos pretendi- dos "marxistas" (surgidos luego de la derrota de la revolución rusa de 1905 y alentados por los cambios ocurridos en las ciencias naturales) era:

“Una falsificación más sutil del marxismo y un disfraz cada vez más sutil de las doctrinas antimaterialistas presentadas como marxismo: tal vez lo que caracteri- za al revisionismo moderno tanto en el campo de la economía política, como en los problemas de táctica y en el campo de la filosofía en general, lo mismo en gnoseología que en sociología”. (Obras Completas,

Tomo XIV, pág 348)

En la obra, Lenin brinda una metodología para seguir la relación entre materialismo dialéctico e histórico y el desarrollo de las ciencias naturales y sociales.

Los apuntes de sus estudios, reunidos e impresos con el nombre de "Cuadernos Filosóficos" 7 , son de enor- me valor para ahondar tanto en los temas de la dia- léctica como en los de la teoría del conocimiento del marxismo.

E) Sobre el Partido

Es por todos conocido que Lenin contribuyó a funda- mentar la necesidad del partido y las líneas generales para su existencia y desarrollo.

Como éste será el tema central del escrito, sólo hare- mos mención de ello.

Son tan vastos los temas en los que incursiona y tan importantes sus aportes para precisar la etapa impe- rialista del capitalismo, que resulta totalmente justo enunciar que la base doctrinaria del socialismo cientí- fico está dada por el marxismo leninismo, tesis funda- cional a cuyo enriquecimiento han aportado una mi- ríada de pensadores revolucionarios, entre los que podemos mencionar en breve enunciación a Gramsci, Luckas, el Che Guevara (quien dejara planteada una interesante serie de problemas teóricos de suma im- portancia sobre la transición del capitalismo al socia- lismo) y podríamos agregar desde nuestra visión de latinoamericanos a José Carlos Mariátegui; sin dejar de mencionar los desarrollos creadores y originales de Ho Chi Minh en Vietnam y Mao Tsé Tung en China, etc.

Veamos ahora como opinan algunos marxistas (?) actuales sobre el leninismo:

Nos ocuparemos de las opiniones de Marta Harnec- ker, porque al parecer sus ideas tienen predicamento entre algunos sectores de nuestro partido y de la iz- quierda en general.

De un trabajo reciente (agosto de 1991) 8 , firmado por ella junto con Isabel Rauber, extraeremos algunos de sus conceptos principales sobre el tema:

“Si bien el marxismo sigue siendo un referente ideoló- gico para la mayor parte de la izquierda latinoameri- cana, no ocurre lo mismo con el leninismo. Muchos partidos socialistas, tanto los que llevan ese nombre como otros que participan de esa vertiente que nace diferenciándose de los partidos marxistas ligados a la

Tercera Internacional, que están más insertos en sus realidades nacionales y son desde un comienzo críti- cos al stalinismo y la política internacional soviética (intervención en Checoeslovaquia y Afganistán, para nombrar sólo las más recientes y relevantes), hoy tienden a declararse públicamente no leninistas", ex-

plicando luego que lo que se trató de "

durante muchos años fue la desviación stalinista del

pensamiento de Lenin y no su concepción original".

implementar

En este punto estamos totalmente de acuerdo con M.H. Nosotros hemos afirmado que "en la práctica el stalinismo se convirtió en la negación del leninismo, en su enemigo, su contrario antagónico" (ver el folleto "De la U.R.S.S. a la U.E.S.- Los que traicionan y los que luchan", del P.C. de Lanús, noviembre de 1991); por eso afirmamos que la tarea de los comunistas y revolucionarios es la de retomar las concepciones le- ninistas y no arrojarlas por la borda, como nos propo- nen algunos sectores "rnovimientistas". Nuestra crítica al "movimientismo" y a los "movimientistas" no se di- rige a los militantes con voluntad de encontrar cami- nos que terminen con la dispersión del campo popu- lar, la izquierda y los revolucionarios. De ninguna ma- nera. Nuestra crítica está enderezada contra la con- cepción política ideológica que rinde culto al esponta- neísmo, al posibilismo, que diluye el rol del partido y la teoría marxista leninista, lo que objetivamente con- duce a nuevas frustraciones.

El punto a destacar, sobre el que resulta obligatorio insistir todo lo necesario, es que entre Lenin y el dog- matismo stalinista no existe continuidad; por el contra- rio, existe ruptura.

Continúa M.H.

“en ese sentido yo me siento leninista, aunque consi- dero que Lenin nunca hubiera denominado su produc- ción teórica y política de esa manera; concuerdo con

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los que sostienen que ésa es una denominación que

surge del período stalinista".

Aquí manifestamos nuestro franco desacuerdo: que Lenin no hubiera denominado su producción teórica leninismo es del todo comprensible; pero la cuestión

es analizar si "la producción teórica y política" de Le-

nin, elaborada bajo el rigor de la práctica más dura y

dificil de su época, si sus desarrollos son una conti- nuación del marxismo en una nueva etapa del capita- lismo -en su etapa imperialista- y si ésta configura una nueva serie problemática.

En cuanto a que las doctrinas llevan el nombre de sus creadores o de su principal creador, como en el caso

del

marxismo, es una práctica generalizada en todos

los

campos de la actividad humana: kantianos, hege-

lianos, darwinianos, etc.

Lo que en vida de Lenin él denominara bolcheviquis-

mo ya entonces era llamado leninismo por sus segui-

dores y detractores.

Y lo que sigue distinguiendo a unos y a otros es la disposición a continuar su legado o a combatirlo.

El leninismo se levanta con toda la enorme riqueza de

sus ideas revolucionarias, como arma indispensable

para despertar la conciencia creativa de los explota-

dos en su lucha por liberarse de la esclavitud capita-

lista.

Por eso creemos que cuando M.H. dice “el leninismo

es una denominación que surge del período stalinista" une, aunque no sea su propósito, a Lenin con el stali-

nismo. ¿Acaso M.H. olvida o subestima el significado

que tiene la insistente preocupación de Lenin acerca

cesidad de aplastar la contrarrevolución que en los aspectos de la democracia política de la nueva sociedad que pretendía construir". (Los subrayados son de M.H.)

Estas afirmaciones no se compadecen para nada con los hechos históricos: son una tergiversación Usa y llana de lo actuado y escrito por Lenin.

Él fue un apasionado, intransigente y ortodoxo defen- sor del socialismo científico (mal que le suene la pa- labra ortodoxo a los eclécticos), que supo penetrar como nadie en la médula de la dialéctica.

Al reducirlo a historiador erudito (o en el mejor de los casos a político), se omite lo esencial de sus aportes teóricos al desarrollo del marxismo: sus contribucio- nes a la filosofía, a la teoría de la revolución y a la fundamentación sobre el imperialismo, entre otros.

Como marxista consecuente, su preocupación central, manifestada durante toda su vida, fue la de elevar el protagonismo de las masas, ayudar a elevar su con- ciencia política y como camino conducente para' ello,

a elevar su nivel cultural.

Todos sus escritos, las resoluciones que impulsó des- de el poder soviético estaban dirigidas de una u otra forma a ese fin. Como consideramos a éste un tema de suma importancia, recordaremos algunos hechos que respaldan nuestras afirmaciones.

1º- En setiembre de 1917, a menos de dos meses de la toma del Poder, publica un folleto titulado "Las ta- reas del proletariado en nuestra revolución" (proyecto de plataforma del partido proletario).

de la personalidad de Stalin y sus recomendaciones al

En el punto 11, titulado "Un nuevo tipo de Estado sur-

CC

del PC Bolchevique para que no se lo eligiera co-

ge de nuestra revolución", explica que el nuevo Esta-

mo

su secretario?

Es significativo que, en la misma URSS, aún los miembros del PCUS no distinguieran con claridad las

Por

ello creemos que el juicio de M.H., en lugar de

do que se estaba gestando a través de los soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, era un tipo superior de estado, que como dijera Engels,

diferencias entre Lenin y Stalin. Es mucha la confu-

ya

no es un Estado en el sentido propio de la pala-

sión existente sobre este tema y se manifiesta esto de diversas formas.

bra”. “Se trata de un Estado del tipo de la Comuna de Pa- rís, un Estado en el que el ejército regular y la policía, divorciados del pueblo, son reemplazados por el ar-

aportar claridad, induce al lector a mayor confusión.

mamento directo del pueblo mismo.”

Concluye M.H. sus conceptos sobre Lenin diciendo:

"Acepto que si bien Lenin realizó aportes importantí- simos en algunos aspectos del desarrollo de la ciencia de la historia inaugurada por Marx y que fue el más extraordinario dirigente político de su época, también cometió errores, y que, producto de la lucha ideológi- ca contra las desviaciones social-demócratas de la época y, sobre todo, de la grave situación interna que existía en su país, puso un acento mayor en la ne-

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y más adelante agrega:

“La república parlamentaria burguesa dificulta y asfixia la vida política independiente de las masas, su participación directa en la organización democrática de toda la vida del Estado, de abajo arriba. Lo

contrario sucede con los soviets”(

decir, los soviets, no “implantan”, no se proponen implantar ninguna reforma que no haya alcanzado plena madurez, tanto en la realidad económica como en la conciencia de la aplastante mayoría del

) "La comuna, es

de la aplastante mayoría del pueblo”. (Obras,Tomo

XXIV - pág 485 -El subrayado es nuestro)

2º.- Después de la toma del poder, en marzo de 1919, en un período sumamente grave a consecuencia de la intervención imperialista y la guerra civil desatada por los contrarrevolucionarios, se realizó el VIII Congreso del Partido Comunista (b) de Rusia 9 . El informe de apertura estuvo a cargo de Lenin, quien en la parte referente al trabajo de organización dijo:

“El trabajo de organización nunca fue el lado fuerte de los rusos en general, ni de los bolcheviques en parti- cular, y hay que tener en cuenta que la tarea funda- mental de la revolución proletaria es la tarea de or- ganización. No en vano el problema de organización aparece colocado aquí en un lugar tan destacado. Es preciso luchar por esto, y luchar firme y decididamen- te, empleando todos los medios a nuestro alcance. Y nada lograremos en este punto sin un largo proceso de educación y reeducación. Este es un terreno en que la violencia revolucionaria y la dictadura pueden aplicarse abusivamente, y contra estos abusos quiero ponerlos en guardia. La violencia revolucionaria y la dictadura están bien, siempre que se apliquen contra quien deben aplicarse. Pero no deben aplicarse en el terreno de la organización. Es una tarea de educación y reeducación, de larga labor organizativa que aún estamos lejos de haber resuelto, y que debemos abordar sistemáticamente”. (Obras,T. XXXI - pág 30)

A las tremendas dificultades y sufrimientos que oca- sionaban la intervención extranjera y la guerra civil, se sumaba otra importante dificultad y era el hecho de que la tentativa de iniciar la construcción de una nue- va sociedad, por imperio de las circunstancias, se había producido en el eslabón más débil de la cadena imperialista, en el país con un desarrollo capitalista más atrasado. Esto traía como consecuencia que el problema de la burocracia se transformara en un "complejo y difícil problema".

En el mismo congreso, Lenin dice:

“Los burócratas zaristas comenzaron a ingresar en las instituciones soviéticas y a poner en práctica sus mé- todos burocráticos, comenzaron a disfrazarse de co- munistas, y a obtener el carnet de miembros del P.C.R. para lograr más éxito en su carrera. Los hemos arrojado por la puerta, pero vuelven a colarse por la ventana"( ) “Sólo podremos luchar contra la burocracia sin tregua, hasta la victoria total, cuando toda la población par- ticipe en el gobierno. En las repúblicas burguesas esto no sólo es imposible, sino que lo impiden las propias leyes; por muy democráticas que sean, tie- nen miles de obstáculos legales que impiden la parti- cipación de los trabajadores en el gobierno. Nosotros eliminamos estos obstáculos, pero hasta ahora no

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hemos conseguido que las masas trabajadoras parti- cipen en el gobierno, pues además de los leyes está el problema del nivel cultural, que no es posible supedi- tar a ninguna ley. Y el bajo nivel cultural hace que los soviets, que son por su programa órganos de gobierno de los trabajadores, sean en realidad órganos de gobierno para los trabajadores, por medio del sector avanzado del proletariado, pero no por medio de las masas trabajadoras". “Enfrentamos aquí una tarea que sólo puede resolver- se con una larga educación. En la actualidad esta ta- rea es extraordinariamente difícil para nosotros, por- que, como lo he señalado en más de una ocasión, el sector de obreros que gobierna en nuestro país es extraordinariamente, increíblemente pequeño". (los

subrayados son de V.I.L. - Obras, T. XXXI - pág 51)

En ese mismo discurso se refiere a otro problema,

sobre el cual nuestros enemigos han actuado manipu- lando el concepto, confundiéndolo, sobre todo toman- do los aspectos aberrantes de la práctica stalínista. Esta manipulación, sumada a la calda de la U.R.S.S.

y los países del Este europeo ha dado por resultado un aumento de la confusión de muchos de los que integran nuestra filas.

Dice Lenin:

“El problema de la privación de los derechos electora- les a la burguesía no lo consideramos, de ninguna manera, desde un punto de vista absoluto, ya que en teoría es perfectamente concebible que la dictadura del proletariado reprima a la burguesía a cada paso, pero no la prive de sus derechos electorales. Esto es perfectamente concebible en teoría, y no proponemos nuestra Constitución como un modelo para otros paí- ses. Lo único que decimos es que quien concibe el paso al socialismo sin reprimir a la burguesía no es socialista. Ahora bien, aunque es necesario reprimir a la burguesía como clase, no es necesario privarla de derechos electorales y de igualdad" (ldem, Tomo XXIII

- pág 52/53 -los subrayados son nuestros)

Para terminar de refutar las afirmaciones de M.H., mencionaremos sólo el criterio de Lenin sobre el pa- pel de los sindicatos, dejando de lado otros temas como el de su preocupación por la incorporación de la mujer al proceso revolucionario, etc.

En el "Proyecto de Tesis" sobre el papel y la función de los sindicatos bajo la NEP 10 , escrito entre el 30 de diciembre de 1921 y el 4 de enero de 1922, hace una definición muy clara de la importancia que les asigna- ba a estos para profundizar la democracia obrera y popular, para elevar el papel conciente del conjunto de la clase, en el manejo de sus intereses y de su gobierno. Dice:

“La vinculación con las masas, es decir, con la enorme mayoría de los obreros (y luego con todos los trabaja- dores), es la condición más importante, fundamental, del éxito de cualquier tipo de actividad de los sindica- tos”.

Analizando luego la contradicción que surge entre la defensa de los intereses de los trabajadores "en el

sentido más directo e inmediato de la palabra" y la

necesidad de participar en la defensa de los intereses del Estado soviético, en la dictadura del proletariado,

"que es la más encarnizada, tenaz y enconada guerra de clases" dice:

"Estas contradicciones no son casuales y persistirán en el curso de varias décadas".

Antonio Gramsci, el gran revolucionario e ideólogo italiano a quien también han querido utilizar para sus propósitos los pseudo-marxistas, estuvo manifiestamente de parte del leninismo. Véase solamente un concepto fundamental referente al tema, que tergiversa M.H.: En su articulo del 14 de noviembre de 1918 titulado "La obra de Lenin" y en referencia a la táctica de los bolcheviques, escribe:

Por "

lo tanto, había que seguir con la propaganda

clasista y convencer a los obreros de que mandaran a los soviets delegados convencidos de la necesidad de que esos organismos tomaran el poder del país. Tam- bién esto evidencia el carácter esencialmente demo- crático de la acción bolchevique, orientada a dar ca- pacidad y conciencia política a las masas para que la dictadura del proletariado se instaurara de un modo orgánico y resultara la forma madura de un régimen social económico-político». 11 También Gramsci de-

signaba los aportes de Lenin como leninismo. 12

La manifiesta tergiversación de M.H. al pretender ad- judicarle a Lenin el error de no poner el acento "en los aspectos de la democracia política" favorece las fal- sas aseveraciones en el sentido de que Stalin terminó matando la democracia obrera y popular porque Lenin la descuidó. Así, aunque no se lo proponga, M.H. ar- gumenta en favor de los enemigos del leninismo que son sin duda los enemigos de la revolución en Améri- ca Latina.

(De paso: “democracia política" es un concepto tan abstracto e inexistente como el de democracia "pura"; los marxistas leninistas caracterizan a la democracia según su contenido de clase).

Nos resulta indudable, a pesar de no coincidir con M.H., que ella se expresa con mayor franqueza que otros "revolucionarios" latinoamericanos que, hacien- do pases mágicos, han dejado "caer" al leninismo, reduciendo nuestra doctrina a un marxismo lavado y confuso. Sin pretender en esta oportunidad cuál es su "marxismo", queremos sí destacar que, al dejar redu-

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cida nuestra concepción teórica al marxismo, lo que logran es un retorno a la época pre-monopolista del capitalismo, pasando por alto al imperialismo y todas sus nefastas consecuencias. Estos "marxistas" pro- claman la existencia de una "evidente insuficiencia del desarrollo de la teoría marxista respecto de los problemas del Tercer Mundo y de América Latina". La pregunta es: ¿cómo piensan "renovar el marxismo", dejando de lado el leninismo?

Ese rumbo, falso sin ninguna duda, inevitablemente terminará por llevarlos al pantano del reformismo, convirtiéndolos en una de las variantes necesarias del sistema capitalista para maquillarse el costado iz- quierdo. Lenin decía:

“Lo que ocurre ahora con la teoría de Marx ocurrió repetidas veces en el curso de la historia, con las teo- rías de los pensadores revolucionarios dirigentes de las clases oprimidas que luchaban por su emancipa- ción. En vida de los grandes revolucionarios, las cla- ses opresoras los acosan constantemente, reciben sus doctrinas con la perversidad más salvaje, el odio más furioso, con la campaña más inescrupulosa de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se in- tenta convertirlos en íconos inofensivos, canonizarlos, por así decirlo, y santificar hasta cierto punto sus nombres para “consuelo” de las clases oprimidas y con el fin de engañarlas, despojando al mismo tiempo a la teoría revolucionaria de su esencia, mellando su filo revolucionario y vulgarizándola”. 13

La experiencia histórica en la URSS nos mostró últi- mamente a un grupo de traidores (en particular M. Gorbachov), que utilizaron la técnica de la falsa invo- cación a Lenin para tratar de matar el leninismo.

La profusión de retratos les servía también para ocul- tar sus intenciones.

Hoy, como creen haber logrado sus objetivos, se muestran tal cual son: infames traidores a la causa del socialismo y de la revolución, escribas y consejeros del imperialismo Pero la última batalla no se ha libra- do aún. En nuestras filas, vemos a algunos que bajo el impacto de la derrota, no son capaces de hacer un análisis que les permita hallar las causas principales de la actual situación y, confundidos, se resignan a tratar de "sobrevivir" de cualquier manera, aunque ello signifique enterrar el leninismo y prestarse para ado- cenar el marxismo.

lII. ALGUNOS RASGOS ESEN- CIALES DEL LIBRO “¿QUÉ HACER?”

En mayo de 1901, el número 4 de “Iskra” publica un artículo de Lenin titulado "¿Por dónde empezar?", que serviría de esbozo de su futuro libro. Resultaría muy difícil evaluar toda la importancia que sus ideas han tenido para el desarrollo del movimiento revoluciona- rio mundial, pero es de destacar que se ha convertido en un clásico insoslayable de la literatura del socia- lismo científico.

Su gran riqueza teórica y práctica está dada en que aborda los principales temas emergentes de la lucha contra la opresión del sistema capitalista, dentro de los cuales resulta inevitable enfrentar y vencer a las diferentes formas de coerción y represión estatal.

Transcurrido hoy un largo y complejo período históri- co, con éxitos y derrotas, al reexaminar sus enuncia- ciones, sus principales aforismos, surge su vigorosa esencia. Pensamos que la preocupación fundamental de los comunistas y de Iodos los revolucionarios cuando estudiamos los escritos de pensadores marxistas y revolucionarios es la de tratar de aden- trarnos en lo esencial (lo vigente de una u otra forma), diferenciándolo de lo circunstancial (lo que se limita al tiempo y a las circunstancias en que fue escrito).

Sin pretender quedar excluidos del error, considera- mos necesario destacar dos tendencias principales, históricamente delineables, que han tergiversado y tergiversan la interpretación del socialismo científico.

Una es la dogmática, libresca, que pretende el apren- dizaje textual, como recetario universal que interpreta todo a través de "modelos para copiar". El stalinismo fue su ejemplo más acabado y aberrante; sus desas- trosas consecuencias nos eximen de hacer mayores comentarios acerca de ella.

La otra es la de los vacilantes, los eclécticos ( ), que debido a las actuales circunstancias históricas han tomado gran auge y se han desarrollado con fuerza en la mayoría de los países.

Incompetentes para el estudio de la realidad presente, se complacen con generalizaciones y declaraciones rimbombantes; hablan ampulosamente de reactuali- zar, reinterpretar, renovar al marxismo pero lo único que consiguen es correr detrás de la última “novísima terminología”. No desconocemos la necesidad de es- tudiar todas las novedades, correctas o no, para con- tribuir en su afirmación o polemizar con ellas y enri- quecer y hacer más precisa nuestra visión de la reali- dad. Fue por ese camino que el leninismo alcanzó su madurez. Pero no se lo puede hacer negando o par-

Eclecticismo: Mezcla de diferentes concepciones filosóficas, políticas, de diferentes premisas teóricas, que no obedecen a principios bien determinados.

cializando la esencia que soportó exitosa la prueba de la vida, ni adoptando como "nuevo": el viejo error dis- frazado de novedad.

Así se convierten en demagogos.

(Decía Lenin: “Yo no pongo en duda la pureza de las

intenciones de ustedes; ya he dicho que la ingenuidad política basta para convertir a una persona en un de-

magogo “(

magogos son los peores enemigos de la clase obre-

ra". (¿Qué Hacer? - Obras, Tomo 5 - pág 516))

)

“y no me cansaré de repetir que los de-

Las dos tendencias aparentan ser diferentes, pero en realidad se realimentan mutuamente, se transforman una en la otra. Muchos de los actuales eclécticos tu- vieron su formación en el dogmatismo. Pues, como lo demostrara Lenin, existe una base común que une ambas tendencias y es la subestimación, el descui- do, la desaprensión hacia el estudio de la realidad y el desconocimiento del materialismo dialéctico y en forma más específica, de la dialéctica como teoría del conocimiento del socialismo científico.

Las nuevas formas de dominación que ha desarrolla- do el imperialismo a través de la utilización de la lla- mada Revolución Científica Técnica han aumentado su extravío. Pretendiendo encontrar salidas "milagro- sas", no advierten que están recorriendo el viejo y deshonroso camino hacia el pantano reformista, que hace tiempo transitaron Bernstein, Kautsky y otros.

Proponemos volver a la lectura de este clásico, re- examinar su rico contenido a la luz de la compleja y difícil realidad actual en la lucha por la liberación y el socialismo en nuestra patria y en toda Latinoamérica.

Su vigencia, como la de todos los clásicos del socia- lismo científico, no reside en "modelos para copiar" o en "recetas milagrosas", sino en su esencia, en lo que sustenta actualidad para una etapa histórica concreta, esencia que es necesario adecuar y desarrollar con- forme a las exigencias que plantean las particularida- des de lugar y tiempo.

Primer aspecto: La necesidad de la defensa del socialismo científico y de la lucha teórica.

Este es el punto básico, primero, a partir del cual Le- nin desarrolla toda la construcción de su argumenta- ción. Hoy debemos subrayar esto, puesto que algu- nos, con procedimientos sofistas § , pretenden fragmen- tar la construcción leninista, separando las partes del razonamiento para luego elaborar su propio proyecto "movimientista".

El libro parte del criterio de que el desarrollo alcanza- do por el marxismo lo ha convertido en ciencia y, co-

§ Sofismo: lo importante no es la verdad o falsedad de una afirmación, sino la habilidad para hacerla pasar por verdadera.

10

mo subraya Engels, “exige que se lo trate como tal, es decir, que se lo estudie".

Y la defensa del socialismo científico, el no permitir traficar con sus principios, no hacer concesiones teóricas, es una condición irrenunciable para un parti- do comunista, pues ésta es la razón misma de su existencia.

Lenin, frente a la ola revisionista (encabezada por Bernstein) que clamaba por la "libertad de crítica", decía lo siguiente:

“Vemos pues, que las frases altisonantes, contra la fosilización del pensamiento, etc, disimulan la despre- ocupación y la incapacidad para desarrollar el pensa- miento teórico. El ejemplo de los socialdemócratas rusos, ilustra con particular evidencia un fenómeno general en Europa (consignado también hace ya tiem- po por los marxistas alemanes: la famosa libertad de crítica no implica la sustitución de una teoría por otra, sino la libertad de prescindir de toda teoría coherente y meditada- significa eclecticismo y falta de principios".

(Obras Completas, Tomo V - pág 418)

Al mismo tiempo que afirma la necesidad de la defen- sa del socialismo científico, deja perfectamente claro que esto no presupone no realizar alianzas con otras agrupaciones políticas, con otros grupos no comunis- tas, por el contrario, dice:

"Sólo quienes no están seguros de sí pueden temer las alianzas, aunque sea con gente poco digna de confianza, y ningún político podría existir sin esas

alianzas". (ídem -pág. 417)

Como corolario a su argumentación, Lenin formula el

conocido axioma “sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario", que en el mismo

capítulo completa diciendo: "sólo un partido dirigido

por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de vanguardia". (ldem-pág425-426)

El comandante "Che" Guevara adhería a este concep- to, expresándolo así:

"El marxismo es solamente una guía para la acción. Se han descubierto las grandes verdades fundamenta- les, y a partir de ellas, utilizando el materialismo dia- léctico como arma, se va interpretando la realidad en cada lugar del mundo. Por eso ninguna construcción se hará igual; todas tendrán características peculiares, propias a su formación". 14

El dogmatismo stalinista desvirtuó estos aforismos, dejándolos reducidos a consignas, etiquetas autosufi- cientes que justificaban el autoritarismo y la política de ordeno y mando.

Estas aberraciones condujeron a la nefasta concep- ción de vanguardia autoproclamada, a despreciar y subestimar los numerosos "torrentes" que se originan en el proceso revolucionario, sobre todo en situacio-

11

nes de tremenda opresión imperialista como es el ca- so de la Argentina y toda Latinoamérica.

Por su parte, los "rnovimientistas" se "olvidan" del so- cialismo científico, ignoran los aportes de Lenin al marxismo y proclaman, ocultando su intencionalidad reformista, la “evidente falta de desarrollo del marxismo como teoría política y ciencia social".

Así manifiestan abiertamente su abandono de la de- fensa del socialismo científico con el propósito de de- jar las puertas abiertas al reformismo socialdemócra- ta.

La afirmación de "falta de desarrollo del marxismo" es hecha para justificar sus propósitos de sustituir nues- tra doctrina revolucionaria por un "movimientismo" anodino que terminará inevitablemente, como ya hemos dicho, en variante de "izquierda" necesaria para el sistema.

Simulan polemizar con el stalinismo, pero en realidad luchan contra el marxismo leninismo, su objetivo es construir un conglomerado de izquierda que actúe en

la disputa electoral. Nadie puede subestimar la con- frontación comicial con los partidos del sistema, pero

si la acción política de las fuerzas antisistema no se

asienta en coincidencias sólidas, estratégicas y tácti- cas, termina diluyéndose, o desbarrancando hacia el reformismo. Para suma, no podemos ignorar una vi- sión existente entre "movimientistas", que pretenden utilizar la estructura del PC para sus fines oportunistas de derecha.

En este punto resulta oportuno recordar lo que decía Fidel Castro el 4 de abril de 1982 en la clausura del IV Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas:

“Porque el marxismo-leninismo tiene que continuar desarrollándose en la práctica de todos los días en su sentido revolucionario y veremos si hay revolución que retrocede si se aplican los principios del marxismo leninismo y si se aplican creadoramente y, sobre todo, si se aplica el principio de aplicar los principios. Porque luego surgen los problemitas, cuando no se aplican correctamente los principios que tanto explotan los enemigos del socialismo, que tanto explotan los capitalistas, para tratar de darle oxígeno a su sistema decrépito, inhumano, prehistórico. Pero esa porte nos corresponde a nosotros, los revolucio-

narios. 15 (El subrayado es nuestro).

¡Qué justa y oportuna respuesta a los vacilantes, a los eclécticos!

Sobre esto deberían reflexionar los «movimientistas", que tartamudean sobre lo ocurrido en la URSS y en su embrollo no encuentran en lengua española pala- bra alguna que lo defina, viéndose obligados a acudir

a un giro idiomático inglés que les permita expresar

falsamente la "vuelta atrás" (roll-back) de un socialis- mo inexistente (Va siendo hora de avanzar un poco más en la valoración del proceso histórico, superando

la parcial -e interesada- definición de 'caída del mode- lo'.)

Segundo aspecto: La necesidad de la relación indisoluble del elemento conciente con el espontáneo

El segundo aspecto que analiza el libro es la necesi- dad de establecer una unidad indisoluble entre el ele- mento conciente ("socialdemócrata" ** decía Lenin) y el elemento espontáneo.

El elemento conciente, desde el punto de vista leninis- ta (es decir, desde el punto de vista del socialismo científico), es el que surge de conocer y asumir los puntos de vista del materialismo dialéctico y el mate- rialismo histórico, base científica sobre la que se de- sarrolla la doctrina elaborada por Marx y Engels y

continuada y desarrollada en la etapa Imperialista del capitalismo por Lenin.

Lo conciente implica por sí la obligación de un desa- rrollo constante e ininterrumpido, así como es cons- tante y permanente el desarrollo de los conocimientos humanos y constantes son los cambios en el mundo. Lenin sintetiza esto diciendo que “El hombre no sólo

refleja el mundo exterior, sino que lo crea”.

En cualquier proceso revolucionario la existencia de distintas corrientes de izquierda y revolucionarias que desde sus enfoques, concepciones ideológicas y polí- ticas, pugnan por ser el "elemento conciente", que conduzca el proceso de rebelión espontánea contra el imperialismo y el capitalismo, es un fenómeno natural e inevitable.

Esto resulta acentuado en los países de capitalismo dependiente como el nuestro y en toda Latinoamérica, donde la política expoliadora del imperialismo afecta gravemente a un muy amplio espectro de clases y sectores sociales. A ello se deben agregar el itinerario de la lucha histórica de los pueblos, la lucha de cla- ses, los errores de la izquierda, los virajes bruscos de la situación internacional -ya sea en momentos de triunfos o derrotas-, la propia acción reaccionaria y represiva del imperialismo y los grupos dominantes en cada país, la peculiar composición demográfica, etc.

Así se configura una problemática contradictoria, dada por la existencia de objetivos y enunciados comunes en la lucha contra el imperialismo, incluso en la lucha por el socialismo, en la que coexisten diversidad de enfoques teóricos, doctrinarios, de identidad y de for- mas de hacer política, de la más variada índole e im- portancia.

** Socialdemócrata, Partido Socialdemócrata: se refiere al partido bolchevique, revolucionario (que respondía originalmente a la sigla POSDR: Partido Obrero Socialdemócrata Ruso) también llamado en los primeros tiempos revolucionarios rusos Maximalista y cuyo nombre se cambió después definitivamente por el de Partido Comunista. Ese nombre antiguo no tiene entonces nada que ver con la corriente doctrinaria y política a la que hoy se denomina "socialdemócrata" y más bien es su antítesis: una es revolucionaria y la otra reformista)

Se genera así una contradicción difícil de resolver sobre la cual operan intensamente el imperialismo y todas las fuerzas que éste influencia. Mientras crece la base social de la revolución y se va manifestando una predisposición política de izquierda critica hacia las injusticias del sistema, el problema sustancial a resolver sigue siendo el de la unidad de los revolucio- narios.

Es necesario consignar que, si bien crece la concien- cia de la unidad en la militancia, los esfuerzos que se hacen por ella tienen resultados dispares (e insuficien- tes) y esas diferencias de criterio no se resuelven de manera lineal. Es más: suelen reaparecer con más o menos crudeza ante cada cambio brusco de situación, especialmente ante la derrota.

El problema de la unidad imprescindible con otras fuerzas revolucionarias no puede imaginarse como un camino rectilíneo, que se recorre con llamamientos de "buena voluntad". Es un problema complejo y exigen- te, donde no sólo actúan los obstáculos inherentes a la cuestión sino que se suman todos los que el enemi- go agrega.

El viraje iniciado en el XVI Congreso del PC dio un aporte sustancial en la lucha contra los errores pre- vios: la lucha verbal contra el reformismo y la ausen- cia de un proyecto revolucionario en el PC, lo que lle- vaba a no desempeñar nuestro rol de vanguardia a la vez que a desconocer con soberbia los esfuerzos de otros revolucionarios que -cometiendo otros errores- tampoco cumplieron aquel papel.

Este fue seguramente uno de los aspectos principales del congreso, a partir del cual se viene realizando una experiencia intensa. Es una visión y una práctica que ayuda al proceso real, y que a su vez merece ser ana- lizada en sus aciertos y errores para cumplir un rol más efectivo.

El reconocimiento de que son vitales para construir el movimiento revolucionario afluentes distintos e impor- tantes como el nacionalismo popular revolucionario, el cristianismo de liberación y el marxismo, es un con- cepto que necesita un tratamiento adecuado. En nues- tra acepción, el desarrollo natural y lógico del marxismo es el marxismo-leninismo. En el campo marxista hay otras acepciones, con las que no com- partimos muchos de sus puntos de vista -trotskystas, no leninistas, populistas-. Con ellas bregamos por confluir en la vanguardia y por superar en el seno de ésta el eclecticismo, que soslaya el necesario debate ideológico para alcanzar la unidad y una acción con- tundente contra el enemigo común.

En la confluencia de estos torrentes hay un potencial inmenso y para aportar constantemente a su concre- ción es necesario hacerlo sin la ingenuidad que con- lleva el oportunismo, el sectarismo y el hegemonismo.

12

Tanto la teoría en general como la práctica latinoame- ricana, nos muestran que la vanguardia no se diseña

y decide en un gabinete sino en el combate, coordi-

nando el aporte particular de cada afluente. En su concreción los comunistas haremos todos los esfuer- zos políticos, ideológicos y organizativos para elevar al máximo nuestro aporte.

En ese sentido el concepto de "unidad y debate", “uni- dad y disputa", es totalmente correcto, pero vemos como en los momentos difíciles para la gestación de la unidad reaparecen tendencias peligrosas y frustran- tes.

Así, en el proceso previo al XVII Congreso, el grupo encabezado por Francisco Alvarez nos instaba a di- solver el partido para integrarnos en otra organiza- ción, como una exigencia perentoria de la hora y co- mo premisa para contribuir decididamente a un auge de la resistencia popular ("ahora o nunca", se decía).

Hoy se puede percibir dónde nos hubiera conducido y cómo reaparece esa tendencia en momentos en que el enemigo avanza y “cuesta mucho" generar luchas de resistencia. Son expresiones que muestran la ac- tualidad de la polémica con los que quieren la disolu- ción del rol del Partido y utilizan a éste en sus mez- quinos intereses oportunistas.

Así, hemos leído en Propuesta Nº 114 del 27/2/92)

un artículo de Federico Soñez -tan extenso y de difícil comprensión para el militante por lo intelectualoide que acostumbra ser- en el que nos convoca a encon-

trar

“una herramienta para la lucha y el rearme ideoló- gico que, en lugar de apoyarse en un paradigma cientificista, sea capaz de mezclar los referentes éticos, estéticos y los míticos"

o sea: nos invita al más vulgar eclecticismo.

A su vez, en el mismo número de Propuesta, se pue-

de leer, acerca del seminario nacional de la F.J.C.,

que se observaría

"la existencia objetiva de un retraso teórico no tan- to ni tan sólo a una falta de incorporación de ele- mentos (que forman parte de siglos de combate mundial contra la opresión), sino a una escasez de producción y recreación actual que deviene de un tipo de práctica revolucionaria, muy ligada al pragmatismo".

Por el contexto, se hace evidente la subestimación o el rechazo a la incorporación del núcleo del marxis- mo-leninismo y una tendencia objetiva al pragmatis- mo y al eclecticismo.

Es contra esta forma de concebir el reagrupamiento de la izquierda, de concebir el “movimiento", que nos manifestamos.

El respeto que merece la construcción de la confluen- cia, el respeto que nos merecen otros revolucionarios, nos exige estar atentos tanto al dogmatismo stalinis- ta-reformista que hemos padecido, como al oportu- nismo de derecha hoy dominante y al revolucionaris- mo pequeño-burgués, con toda su carga de esponta- neísmo, subestimación de la clase obrera, incompren- sión del problema juvenil y, por todo ello, su distancia del leninismo.

El Partido Comunista, una fuerza con 74 años de lu- cha, sacrificio y heroísmo y que siempre se reconoció en el marxismo leninismo, tiene por un lado los méri- tos de su histórico combate y por el otro la necesidad de superar las desviaciones dogmáticas en que ha incurrido. Los militantes marxistas leninistas tenemos la convicción de que en la doctrina del socialismo científico encontraremos la fuerza para desempeñar el papel rectificador que nadie puede hacer por nosotros

Tenemos la convicción de que una conducta conse- cuente y firme para transitar los caminos que nos conduzcan a la unidad, al agrupamiento y reagrupa- miento de fuerzas dentro de la estrategia del FLNS y a la construcción de la vanguardia revolucionaria, nos plantea la necesidad cotidiana de buscar acuerdos políticos y al mismo tiempo coincidencias teóricas en el marco de la lucha ideológica.

Retornando el problema de la unidad necesaria con otras fuerzas revolucionarias: el camino se hace exi- gente, desafía nuestra voluntad y creatividad para vencer y además es condición insoslayable para el triunfo de nuestra justa causa. Se nos plantea ser todo lo amplio y flexible que sea necesario y posible. En el libro que comentamos, Lenin hace una reflexión que resulta valiosa en torno a este tema:

"La ruptura no se produjo, desde luego, porque los

"aliados" resultaran ser demócratas burgueses. Por el contrario, los representantes de esta tendencia son aliados naturales y deseables de la socialdemocracia, siempre que se trate de tareas democráticas, llevadas

a primer plano por la situación actual de Rusia. Pero

es condición indispensable para esta alianza que los

socialistas tengan plena posibilidad de revelar a la cla- se obrera que sus intereses y los de la burguesía son antagónicos. Mas el bernsteinismo y la tendencia “crí- tica”, hacia la cual evolucionó la mayoría de los marxistas legales, había eliminado esta posibilidad y corrompían la conciencia socialista al vulgarizar el marxismo, predicar la atenuación de las contradiccio- nes sociales, proclamar que era absurda la idea de revolución social y de dictadura del proletariado, redu- cir el movimiento obrero y la lucha de clases a un tra- deunionismo estrecho y a la lucha “realista” por refor- mas pequeñas y graduales. Era exactamente lo mis- mo que si la democracia burguesa negara el derecho

a la independencia y por lo tanto su derecho a existir;

en la práctica, significaba esforzarse por convertir el incipiente movimiento obrero en un apéndice de los

liberales". (ídem - pág. 418)

13

La relación que el leninismo establece entre el ele- mento conciente y el espontáneo se expresa como unidad indisoluble, contradictoria y mutuamente con- dicionada, relación que establece un enriquecimiento recíproco y que se expresa, en última instancia, por la elevación de la práctica revolucionaria.

El dogmatismo stalinista desvirtuó esta concepción hasta llevarla a su agotamiento total, a su negación. Su práctica autoritaria era de por si una tergiversación del rico contenido leninista. La jactancia, la autosufi- ciencia y el criterio stalinista de subordinar de cual- quier manera al elemento espontáneo generaron una tendencia irrefrenable hacia la ruptura.

Como resultante de esto se afectó el centralismo de- mocrático, núcleo central en la vida del partido comu- nista, sin el cual queda comprometida su propia exis- tencia. La historia reciente nos brinda una lección que todos los comunistas y revolucionarios debemos asi- milar en profundidad.

En el campo de los "movimientistas", M.H. se ocupa bastante extensamente del tema; aquí sólo tomare- mos los conceptos centrales, dejando para otra opor- tunidad una contestación más puntual y detallada a sus formulaciones.

En el trabajo que ya mencionamos, cuando se refiere a la relación entre el elemento conciente y el espontá- neo, toma un ejemplo que daba Trotsky: "El movi- miento espontáneo de masas es como el vapor de una locomotora a la que le falta el pistón".

M.H. dice:

"evidentemente que la fuerza motriz es el vapor, es decir, la energía misma de las masas y sus luchas, y no el pistón que comprime el vapor en el momento decisivo; el vapor, por más potente que sea, es des- perdiciado sin lograr llevar a cabo su cometido. El movimiento popular, por muy combativo que sea, abandonado a sus impulsos espontáneos no puede sobrepasar el marco dentro del cual se mueve, que está impregnado hasta la médula de la ideología bur- guesa dominante. Y aunque no pueda darse una con- ducción política revolucionaria si no es capaz de comprender y asumir como propios los intereses de todas las clases, capas y grupos de la población que se encuentran oprimidos por el régimen imperante, no se puede caer en una deificación de las masas por- que, paradojalmente, esto no significa otra cosa que ponerse a la cola de ellas." (pág 8 - trabajo citado).

M.H. hace un desarrollo "casi" marxista del problema, bastante parecido a lo que dijo Lenin; pero justo se olvida de lo esencial que, como decíamos, es el punto básico, primero, a partir del cual se construye toda la argumentación de Lenin. Este punto es la ne- cesidad de defender el socialismo científico.

Así, aunque no se lo proponga, M.H. construye una formulación sofista, destinada a justificar su tesis de

constitución de vanguardias pluralistas, como suma ecléctica de ideologías y enfoques diversos las que, así como las plantea, terminarán inevitablemente en variante necesaria para el sistema.

En cuanto al ejemplo de Trotsky, escogido para ilus-

trar su pensamiento, no creemos que sea el más ade- cuado, ya que es unidireccional y no establece la rela-

ción de mutuo enriquecimiento. Así el dogma puede

convertirse en el pistón que comprime.

No resulta ocioso volver a recordar la insuficiencia de los ejemplos, punto sobre el que insistió Lenin (ver “En torno a la cuestión de la dialéctica” - Obras, Tomo

XLII págs 326 a 330)

Veamos cómo entendía el comandante "Che" Gueva- ra esta relación.

“En todos los lugares la función del cuadro a pesar de ocupar frentes distintos es la misma, el cuadro es la pieza maestra del motor ideológico que es el partido unido de la revolución. Es lo que pudiéramos llamar tornillo dinámico de este motor: tornillo en cuanto a pieza funcional que asegura su correcto funcionamien- to, dinámico en cuanto no es un simple transmisor hacia arriba o hacia abajo de lemas o demandas, sino un creador que ayudará al desarrollo de las masas y a la información de los dirigentes, sirviendo de punto de contacto con aquéllas. Tiene una impor- tante misión de vigilancia para que no se liquide el gran espíritu de la revolución, para que ésta no se duerma, no disminuya su ritmo. Es un lugar sensible; transmite lo que viene de la masa, y le infunde lo que orienta el partido”. 16

Tercer aspecto: sobre la formación de la conciencia política de la clase obrera

La idea que desarrolla Lenin es que el sistema capitalista, en cualquiera de sus formas políticas, república parlamentaria burguesa, autocrática o dictatorial, monarquía constitucionalista, etc., da origen a innumerables situaciones de tremendas

injusticias, arbitrariedades, opresiones, persecuciones, privilegios, escándalos financieros, negociados, etc.

que afectan en primer lugar a la clase obrera y luego

a un amplio sector que abarca distintas capas y clases

sociales. Lenin indica que hay que dirigir principalmente la

atención a elevar el nivel de conciencia de la clase obrera, a través de la denuncia política de las injusti-

cias del sistema capitalista, ayudando así a promover

su rol político para que pueda jugar su papel histórico universal en la creación de la sociedad socialista.

Estas ideas están expresadas fundamentalmente en los siguientes párrafos:

"La conciencia de la clase obrera no puede ser una auténtica conciencia política si los obreros no están

14

acostumbrados a hacerse eco de todos los casos de arbitrariedad y opresión, de las violencias y abusos de todo tipo, cualesquiera sean las clases afectadas; y además, si no están acostumbrados a interpretarlos, no con cualquier criterio, sino desde el punto de vista socialdemócrata. La conciencia de las masas obreras no puede ser una auténtica conciencia de clase si los obreros no aprenden, sobre la base de los hechos y acontecimientos políticos concretos, y además de ac- tualidad, a observar a cada una de las otras clases sociales en todas las manifestaciones de su vida inte- lectual, moral y política; si no aprenden a aplicar en la práctica el análisis y la apreciación materialistas de todos los aspectos de la actividad y de la vida de to- das las clases, capas y grupos sociales de la pobla- ción. Quien concentre la atención de la clase obrera, su capacidad de observación y su conciencia exclusi- vamente, o aunque sólo sea en forma preferente, en ella misma, no es un socialdemócrata; pues el cono- cimiento de sí misma por porte de la clase obrera está vinculado en forma inseparable, no sólo a una com- prensión teórica absolutamente clara -o mejor dicho, no tanto teórica como práctica de las relaciones entre todas las clases de la sociedad actual, comprensión adquirida a través de la experiencia de la vida política"

(ídem - pág 467)

Y luego completa su idea diciendo:

“Para llegar a ser un socialdemócrata, el obrero debe formarse una idea clara de la naturaleza económica y la fisonomía social y política del terrateniente y del cura, del dignatario y el campesino, del estudiante y el vagabundo; conocer sus lados fuertes y sus lados dé- biles, saber orientarse en medio de la fraseología usual y de los más diversos sofismas con los que ca- da clase y cada capa encubre sus apetitos egoístas y su verdadera “naturaleza”; saber distinguir qué institu- ciones y leyes reflejan unos u otros Intereses y cómo los reflejan. Pero esta “idea clara” no puede obtenerse en los libros: sólo puede surgir de la realidad, así co- mo de las denuncias formuladas en caliente sobre to- do cuanto sucede a nuestro derredor, sobre lo que todos comentan o murmuran, sobre lo que se revela en determinados acontecimientos, estadísticas, sen- tencias judiciales, etc., etc., etc. Estas denuncias polí- ticas que abarcan todos los aspectos de la vida, son una condición indispensable y fundamental para edu- car a las masas en la actividad revolucionaria”. (ídem -

pág 468 )

La situación actual de la Argentina y de toda Latinoa- mérica, sometida al dominio expoliador del imperia- lismo yanqui y sus socios, nos muestra un cuadro de creciente miseria y degradación; en la misma medida que aumenta el saqueo a través del perverso meca- nismo "neocolonialista" de la llamada deuda externa, crecen nuestros sufrimientos, se deterioran gravemen-

te el nivel de vida de nuestros pueblos, aumenta la

marginación de sectores cada vez más extensos, cre- ce la desprotección social y la salud pública está en profunda crisis, cuya manifestación más evidente y

despojada de retórica alguna es la vergonzosa epi- demia de cólera que se expande por todo el continen- te, retrotrayéndonos a una situación que se creía su- perada hace un siglo.

Drogadicción, prostitución a todo nivel, SIDA, son las "flores del mal" del sistema capitalista.

EE. UU. es el país con mayor cantidad de drogadic-

tos, con más de 20 millones de enfermos y en ten- dencia creciente; en cuanto al SIDA, tiene en la actua- lidad más de un millón de pacientes enfermos mien- tras las muertes por esta enfermedad orillan las

200.000.

En el otro extremo tenemos a la pequeña Cuba, con un sistema de salud similar a los de los países más avanzados, con la menor incidencia del SIDA de toda América.

La mortalidad infantil, índice inexcusable del nivel de vida de un pueblo, sigue en ascenso: República Do- minicana, el 67 por mil, Ecuador, el 68 por mil; la Ar- gentina, el 40 por mil; Brasil, el 64 por mil.

En el otro extremo, la RFA, con 10 por mil, y la pe- queña Cuba, con 11 por mil.

Como ejemplo de la tremenda marginación de vastos sectores de nuestros pueblos, los niños de la calle en Latinoamérica y en los países del Tercer Mundo son la acusación más rotunda y concluyente contra este sistema inhumano y prehistórico, salvaje, que no sólo les niega el derecho a tener un hogar, sino que trafica con ellos, utiliza sus órganos, su sangre y, cuando le estorban, los mata.

Junto a estas tremendas injusticias, reducidos grupos de privilegiados amasan inmensas fortunas con todo tipo de negociados y negocios entre los cuales el nar- cotráfico no figura en último lugar.

Los grupos gobernantes utilizan la función pública pa- ra amasar fortunas, entregando la soberanía, ven- diendo las riquezas y expoliando a la clase obrera y a todo el pueblo trabajador.

El menemismo se ha convertido en un paradigma de este tipo de grupos entreguistas y corruptos.

Este es, a grandes trazos, el marco para nuestras de- nuncias políticas.

Los "dogmáticos", debido a su formación autosuficien- te y autoritaria, nunca tuvieron ni podrán tener una preocupación seria para realizar una labor paciente y continuada destinada a elevar el nivel de conciencia política del proletariado y ayudarle a "cumplir su papel histórico universal como creador de la sociedad socia- lista".

Creyéndose poseedores de la "verdad", jactanciosos y autosuficientes, no desarrollaron jamás el "Iargo pro-

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ceso de educación y reeducación" que reclamaba Le- nin. Al contrario, se contentaron y se contentan con elaboraciones desde la "cúpula", para luego enviarlas "abajo" como "directivas a cumplir".

Los "movimientistas", por su parte, por toda la con- cepción que tienen y que hemos venido desarrollando, han abandonado la defensa de lo esencial de nuestra doctrina y con un disfraz de pluralismo (eclecticismo sin principios es lo que lo define) se han transformado en los nuevos cultores de la "espontaneidad", de lo que ellos denominan más cuidadosamente "movi- miento real", y aparentando replicar al dogmatismo stalinista arrojan por la borda al leninismo. As! los es- cuchamos decir que "en los movimientos sociales se dan nuevas formas de articulación político social" y luego, mostrando toda su esencia oportunista y de nuevos cultores del movimiento espontáneo, procla- man solemnemente:

"Nos hace aprender de ellos y establecer con ellos relaciones en pie de igualdad, no manipulatorias, ni hegemonistas, respetando su autonomía".

Como decía Lenin,

“es deseable la lucha que es posible y es posible lo que se desarrolla en un momento dado. Esta es la tendencia al oportunismo ilimitado, que se adopta en forma pasiva a la espontaneidad" (ídem - pág 447)

Los "movimientistas" aparecen como abanderados del horizontalismo pseudo democrático, en realidad de- magógico y sin principios, apto para sus fines de cap- tar votos en la franja social golpeada por la política que el imperialismo yanqui lleva adelante a través del neoliberalismo menemista. Abandonan la defensa del socialismo científico, niegan el papel de la teoría, del elemento conciente marxista-leninista, todo lo cual realizan cubriéndose con la motivación de luchar co- ntra el stalinismo. Como demagogos, necesitan de lo "amorfo" y con ese propósito se esfuerzan por vaciar de contenido programático y estatutario a nuestro par- tido para poder acoplarse, cuando las circunstancias lo permitan, a la heterogeneidad del conglomerado electoral que están construyendo.

Las experiencias electorales del PT en Brasil y del PRI en México han incrementado su falta de princi- pios y oportunismo.

Por nuestra parte, subrayamos que esas experiencias, junto con la del Frente Amplio del Uruguay, muestran las importantes reservas revolucionarias de nuestros pueblos y la posibilidad de utilizar como parte de nuestra lucha, el parlamento burgués y la lucha elec- toral de las "democracias restringidas". Este tema se ha tornado de gran actualidad, debido a los cambios de táctica del imperialismo yanqui en su lucha contra los pueblos y contra el movimiento comunista y revo- lucionario en particular. Así aparece esta forma como la preferida, la que ha puesto en primer piano el ene- migo, sin dejar de anotar que se reserva otras más

sangrientas y dictatoriales para una etapa de mayor agudización de la lucha de clases.

Cuarto aspecto: Obligación de construir la vanguardia para que la clase obrera hegemonice la lucha contra el imperialismo yanqui y por la liberación y el socialismo.

Este es un tema central, al que arriba el análisis leni- nista a partir de las premisas que descubre Marx. Esta centralidad de enfoque condicionó toda la táctica y estrategia de los bolcheviques durante toda la vida de Lenin y es una verdad válida para todo el período de la lucha para derrocar al capitalismo y durante el pe- ríodo de transición al socialismo, cualquiera sea el grado de desarrollo del capitalismo en un país dado.

Los procesos revolucionarios triunfantes en los países de Oriente, como China, Vietnam y la República Po- pular de Corea, confirman esta verdad del marxismo (En China, en 1940, en un país de más de 400 millo- nes de habitantes, los obreros industriales oscilaban entre los 2,5 y los 3 millones).

Esta idea que, como decimos, fue centro de las pre- ocupaciones de los bolcheviques, que no la abando- naron ni un solo instante, la vuelve a expresar Lenin de la forma más acabada y completa en sus Tesis al IIº Congreso de la Internacional Comunista:

“El proletariado es una clase verdaderamente revolu- cionaria y actúa de manera realmente socialista sólo cuando se manifiesta y comporta como vanguardia de todos los trabajadores y explotados, como su líder en la lucha por derribar a los explotadores, cosa que no puede ser realizada sin que la lucha de clases sea llevada al campo, sin agrupar a las masas de trabaja- dores rurales en tomo al partido comunista del proleta- riado urbano, sin que éste eduque a aquélla". 17

("Tesis para el IIº Congreso de la Internacional Co- munista", junio de 1920 –Obras, T XXXIII, pág. 229)

En "¿Qué Hacer?" Lenin desarrolla en detalle y demuestra que

“la conciencia política de clase sólo puede llegar al obrero desde el exterior, es decir, desde un campo ubicado fuera de la lucha económica, al margen de las relaciones entre obreros y patronos. La única esfera de la que puede extraer estos conocimientos es de las relaciones de todas las clases entre sí".

Luego agrega:

“Para dotar de conocimientos políticos a los obreros, los socialdemócratas deben ir a todas las clases de la población, deben enviar a todas partes los desta- camentos de su ejército"

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"El ideal del socialdemócrata” –agrega- “no debe ser el de un secretario sindical, sino el del tribuno popular capaz de reaccionar contra cualquier manifestación de arbitrariedad y de opresión, donde quiera que se pro- duzca y cualquiera sea la capa o clase social a la que afecte; capaz de generalizar todos estos hechos y ofrecer un cuadro único de la brutalidad policial y de la explotación capitalista; capaz de aprovechar el menor detalle para exponer ante todos sus convicciones socialistas y sus reivindicaciones democráticas, para explicar a todos la importancia histórica mundial de la lucha emancipadora del proletariado". (pág. 477-478)

Hoy, cuando una pretendida reformulación "marxista" (un nuevo intento de castrar el socialismo científico, diríamos nosotros) nos habla de la pluralidad del lla- mado "sujeto social" y de superar la "visión obrerista y la rigidez clasista del esquema europeo" (¿se referirán al Manifiesto Comunista?), es oportuno reflexionar en profundidad sobre el papel que le asigna el marxismo a la clase obrera, lo que Lenin no sólo reafirma sino que desarrolla creadoramente con formas universales para contribuir a que esta clase que, como dice el

Manifiesto, "es una clase verdaderamente revolucio-

naria", pueda cumplir su misión histórica universal. Así lo expresa Lenin:

"Lo fundamental en la doctrina de Marx es el esclare- cimiento del papel histórico universal del proletariado como creador de la sociedad socialista." (18) (del artí-

culo "Viscisitudes históricas de la doctrina de Carlos Marx", marzo de 1913)

Este eje central de la construcción leninista, entende- mos, no debe ser perdido de vista en ningún instante. Nuestro deber es el de contribuir de todas las formas, con diferentes iniciativas, a que la clase obrera pueda cumplir su "papel histórico universal".

Algunos párrafos más de Lenin pueden servir para aclarar mejor sus ideas:

“Los comunistas apoyan cualquier movimiento revolu- cionario; por lo tanto, debemos exponer y subrayar nuestros objetivos democráticos generales ante todo el pueblo, sin ocultar ni un solo instante nues- tras convicciones socialistas. No es socialdemócrata quien olvida en la práctica que su deber consiste en

ser el primero en plantear, acentuar y resolver todos

los problemas democráticos generales.” (

basta con rotularse “vanguardia”, destacamento avan- zado: es preciso obrar de manera tal que todos los demás destacamentos vean y estén obligados a reco- nocer que estamos en primera fila. Preguntamos al lector: ¿acaso los representantes de los demás "des- tacamentos» son tan estúpidos que nos reconocerán como “vanguardia” sólo porque nosotros lo digamos?”

(pág 480)

) “Pues no

“Para llegar a ser una fuerza política ante los demás tenemos que trabajar mucho y con tenacidad a fin de elevar nuestra conciencia, iniciativa y decisión; no bas-

ta con poner el rótulo de “vanguardia” a una teoría y una práctica de retaguardia" (pág. 486)

Vale también la reflexión en cuanto a un tema cierto cual es la crisis de identidad política de las masas, en particular las peronistas, su desconfianza en la política y en los políticos. Esto, según una visión, presupon- dría la fatalidad de un largo periodo de trabajo en el tejido social hasta que, "de alguna manera y en algún momento" (?), surja una nueva representación política que esta vez "debiera" (!) ser inclinada hacia la iz- quierda. Se fundamenta ello de diversas formas, to- das parcialmente atendibles, entre otras la situación de extinción en que se encontraría la representación política nacida del modelo distribucionista de 1945, hoy agotado.

Afirmamos que una representación política de izquier- da sólo será posible como expresión del desarrollo de la conciencia política, que supere la actual desorien- tación y sea producto de una lucha político ideológica decidida, en el marco de la fusión entre el factor es- pontáneo y el conciente; sólo será factible si se traba- ja en la base social y mediante iniciativas superestruc- turales y electorales.

Resulta paradójico: mientras ciertos textos partidarios resultan cada vez más difíciles de entender, se ma- chaca acerca de las características y la "nueva di- mensión" que adquieren los vínculos con las masas.

En realidad, la calidad de tribuno revolucionario se refiere al militante revolucionario íntimamente vincu- lado a las masas en su medio, profundamente cono- cedor de sus problemas, de su estado de ánimo, y que sepa hablar de las cosas más profundas de forma sencilla y convincente.

El dogmatismo stalinista convierte el desarrollo crea- tivo, en rótulo, en letra muerta, lo transforma en con- signa autosuficiente, autoritaria. Para no extendernos más sólo mencionaremos las formulaciones de Stalin que de por si expresan lo que decimos: "El Partido es el jefe político de la clase obrera". "El Partido es el Estado Mayor del combate del proletariado". "El Parti- do tiene que ser ante todo el destacamento de van- guardia de la clase obrera". Al matar la condicionali- dad dialéctica, transformó el planteo leninista en un absurdo.

¿Cómo apreciaba el Comandante "Che" Guevara el planteo de Lenin? Así:

"Nadie puede solicitar el cargo de partido de vanguar- dia como un diploma oficial dado por la universidad. Ser partido de vanguardia es estar al frente de la clase obrera en la lucha por la toma del poder, saber guiarla a su captura, conducirla por los atajos, incluso. Esa es la misión de nuestros partidos revolucionarios, y el análisis debe ser profundo y exhausitivo para que no

haya equivocación". (19) (de su artículo "Guerra de guerrillas: un método", setiembre de 1963)

17

En su trabajo "El socialismo y el hombre nuevo en Cuba", de marzo de 1965, dice:

“El partido es una organización de vanguardia. Los mejores trabajadores son propuestos por sus compa- ñeros para integrarlo. Este es minoritario pero de gran autoridad por la calidad de sus cuadros. Nuestra aspi- ración es que el partido sea de masas, pero cuando las masas hayan alcanzado el nivel de desarrollo de la vanguardia, es decir, cuando estén educadas para el comunismo. Y a esa educación va encaminado el tra- bajo. El Partido es el ejemplo vivo: sus cuadros deben dictar cátedra de laboriosidad y sacrificio, deben llevar, con su acción, a las masas al fin de la tarea revolucio- naria, lo que entraña años de duro bregar contra las dificultades de la construcción, los enemigos de clase, las lacras del pasado, el imperialismo” (20).

Y ahora bien, ¿qué opinan nuestros "movimientistas"

del tema de la vanguardia?

Veamos primero algunas de las ideas principales de M.H.

En su libro "Vanguardia y crisis actual" (21), de marzo de 1990, nos dice lo siguiente:

“Hay quienes en lugar de emplear el término de van- guardia prefieren usar el término fuerza dirigente del cambio, para dar cuenta de este concepto más amplio de la conducción política y obviar las discusiones con quienes se aferran al concepto dogmático de van- guardia, el que atribuye este carácter exclusivamente

a la clase obrera y a su partido.” (los subrayados son nuestros)

Luego agrega:

"La concepción estrecha y dogmática de vanguardia está siendo actualmente superada. Un número cre- ciente de dirigentes revolucionarios marxistas leninis- tas" (?) Iatinoamericanos habla hoy de vanguardia colectiva o compartida y algunos incluyen en ella a todos los agentes del cambio social".

¿A todos los "agentes" del "cambio social" por igual? ¡Esto si que es un cambalache discepoliano! Es meter

a la clase obrera entre la Biblia y el calefón.

Así que, de acuerdo a M.H., para no ser dogmático estrecho (y stalinista, agregamos nosotros) hay que aceptar su concepto de vanguardia pluralista, compar- tida, ecléctica. Debería por lo menos tomar en cuenta que esa forma compulsiva de argumentar no tiene nada de común con su tan preconizado democratis- mo. Con el fantasma del dogmatismo stalinista pre- tende intimidar y silenciar las opiniones de quienes defendemos el marxismo leninismo, el socialismo científico. A falta de argumentación, la democracia -tan elogiada y utilizada para diversos propósitos por M.H.- es sustituida por la adjetivación descalificadora.

En el trabajo más reciente al que hicimos mención, después de repetir conceptos anteriores dice:

"Ahora bien, esta vanguardia compartida de origen pluralista conduce a una revisión de la necesidad del partido único como una de las condiciones para que la revolución se consolide. Hoy se tiende cada vez más

a pensar que un régimen pluripartidista es mucho más

acorde con el pluralismo ideológico y social existente

y favorece el desarrollo democrático de la transición al socialismo".

Estas afirmaciones de M.H. no se compadecen para nada con el socialismo científico y son su negación lisa y llana. Esto no sería lo más importante, ya que todos tenemos el derecho de opinar de acuerdo con nuestro mejor saber y entender, pero lo que resulta inadmisible es que M.H. se diga "marxista" y en cierto sentido también leninista" (con un cierto barniz o con algún matiz leninista, diríamos nosotros).

Esto es hablar para confundir: ¡Niega el fundamento primero del marxismo, pero se autotitula marxista!

Pero dejemos para mejor oportunidad a M.H. y su barniz "marxista".

Queremos polemizar francamente en torno a algunas

opiniones manifestadas por el secretariado de la Capi- tal Federal y publicadas en el Boletín Nacional prepa- ratorio de la Conferencia Nacional de diciembre de

1991.

Al referirse a la necesidad de construir políticamente el espacio de la Resistencia superando su contenido de fragmentación y alienación derivadas de la hege- monía burguesa, en una parte señala:

"Lo esencial es tener en cuenta que una nueva fase unitaria de la izquierda no es, en última instancia, una operación cupular de partidos y dirigentes, sino una operación político-social en el movimiento real de los trabajadores y el campo popular".

Es una afirmación que muestra la necesidad que tie- ne el "movimientismo" de recurrir al sofisma, para sustentar sus argumentos. Con el pretexto de comba- tir un error cierto cual es el acuerdismo cupular, arre- meten contra el enfoque de clase, contra la concep- ción leninista de partido y por ese camino se deslizan hacia el reformismo socialdemócrata. No corrigen el error orientándose con nuestra doctrina y rinden plei- tesía al movimiento espontáneo. No exageramos. Por un lado, la redacción puntillosamente se aleja de cualquier contenido clasista en sus expresiones: "or- ganizaciones de lucha de los trabajadores por abajo"; "operación político-social en el movimiento real de los trabajadores y el campo popular". Como venimos diciendo, expresiones como éstas no son casuales, sino acordes con los propósitos de 1, reformulación" marxista apuntando a objetivos socialdemócratas.

En cuanto al partido, se dice:

18

"En ocasiones se acude a Lenin y al “¿Qué Hacer?" para extraer de allí un presunto modelo, olvidando que Lenin se esforzó por explicar (en debate con Rosa Luxemburgo) que él no defendía un modelo particular sino el modo de concretar una herramienta política de vanguardia en aquellas condiciones concretas. No es en la tradición política de Marx y Lenin donde se de- ducen presuntos criterios de organización política abs- traídos del movimiento real de los trabajadores:

donde el organicismo se convierte en teoría, el partido en un fetiche y su estructura o aparato en el lugar desde el cual se “proyectan" objetivos y políticas del "

movimiento real

¿Cuál es el sofisma? Describir una práctica dogmática stalinista, que de por sí niega el socialismo científico. En lugar de utilizar esa experiencia errónea para es- tudiar las causas que la generaron, con el fin de co- rregirla y transformarla en práctica más elevada, se usa como argumento para abandonar nuestra doctrina y justificar la concepción movimientista, socialdemó- crata, castradora del marxismo leninismo.

Para finalizar no podemos dejar de mencionar a los que prometen construir una vanguardia de pluralismo ideológico por medio de llamamientos de buena vo- luntad y ¡sin eclecticismo! Es lo mismo que el milagro de caminar sobre las aguas sin hundirse. En cuanto a la mención de que Lenin "no defendía un modelo par- ticular", es una apreciación que confirma lo que de- cíamos sobre la manera de "interpretar" el marxismo leninismo que tienen los dogmáticos y los hoy conver- tidos en movimientistas.

Buscar "modelos" resulta tan absurdo que expresa de por si la insuficiencia aguda de comprensión de quien lo manifiesta.

En nuestra opinión, cuanto más afirmado esté nuestro partido en su concepción marxista leninista, despo- jándose en lucha constante del dogmatismo y el eclecticismo; cuanto más enraizado se encuentre en la realidad latinoamericana y nacional, profundizando en nuestro proceso histórico; cuanto más se atenga a una concepción de partido como sistema de organiza- ciones, que no sólo trabaje con la dirigencia política, sino que se funda por medio de sus células en las raí- ces de la clase obrera y el pueblo, más efectivamente podrá aportar a la conformación de la vanguardia.

En un proceso donde cada afluente aporte lo suyo en el plano ideológico, nos encontraremos en el Movi- miento de Liberación como necesidad del movimiento revolucionario. Eso lo demuestra la experiencia histó- rica.

Otros aspectos que desarrolla el libro

Además de las mencionadas facetas que considera- mos esenciales, Lenin desarrolla otros temas signifi- cativamente clarificadores sobre el proceder militante, entre los que consideramos necesario remarcar:

Plan de un periódico para toda Rusia, como forma de extender y consolidar la organización revolu- cionaria del partido:

“La organización de un periódico político para toda Rusia” -se decía en Iskra- “debe ser el hilo fundamen- tal, ateniéndonos al cual podamos desarrollar, profun- dizar y extender sin desviaciones esta organización (es decir, la organización revolucionaria, siempre dis- puesta a toda protesta y todo estallido)”.

Y luego agrega:

“¿No vivimos acaso un momento de esto índole en nuestra vida de partido, cuando tenemos piedras y

albañiles pero falta la plomada, visible para todos y a la cual todos puedan atenerse? No importa que griten que, al tender el hilo, lo que pretendemos es mandar”.

) (

manos libres para desarrollar una lucha intransigente contra toda clase de seudo socialdemócratas; quería- mos que nuestro hilo, si estaba tendido en forma co- rrecta, fuese respetado por su justeza y no por haber sido tendido por un órgano oficial”.

)”toda (

puesta por una infinita serie de eslabones. Todo el arte de un político consiste en encontrar y asir con fuerza el eslabón que menos pueda ser arrancado de sus manos, que sea el más importante en un momen- to determinado, que garantice lo más posible a quien lo posea de apoderarse de todo la cadena”.

“pero no lo hemos hecho: queríamos tener las

la vida política es una cadena sin fin com-

Y finalmente:

“El periódico no es sólo un propagandista y un agita- dor colectivo, sino también un organizador colectivo”.

Características que deben reunir los cuadros dirigentes del partido:

En este punto formula un conocido concepto:

“Un revolucionario blando, vacilante en los problemas

teóricos, limitado en su horizonte, que justifica su iner- cia por la espontaneidad del movimiento de masas, más semejante a un secretario de tradeunion que a un

tribuno popular” ( mísero artesano!”

)

“¡no es un revolucionario, sino un

Sobre el trabajo de organización dice:

“La sociedad proporciona un número muy grande de personas aptas para la “causa”, pero nosotros no sa- bemos utilizarlas a todas. En tal sentido, el estado crí- tico, de transición, de nuestro movimiento puede for- mularse del modo siguiente: no hay hombres y hay infinidad de hombres”.

En una reflexión que hace casi al final del libro remarca un aspecto que, en estos tiempos confu-

19

sos y de "bochorno", como dijera Fidel Castro, es necesario tener muy presente:

“El objetivo de la socialdemocracia consiste en la transformación radical de las condiciones de vida de toda la humanidad, y por ello es imperdonable que un socialdemócrata se asuste, por la duración del trabajo

Finalmente, hay un tema de gran actualidad, que debe estar siempre presente: la lucha contra el oportunismo. Ya que, como lo demostró Lenin, el oportunismo y el imperialismo constituyen (inde- pendientemente de la voluntad de los oportunis- tas) una unidad. Lenin caracteriza al oportunismo de esta manera:

“Es difícil cazar a un oportunista con una simple fór- mula, porque no vacilará en suscribir cualquier fórmula y con la misma facilidad renegará de ella, ya que el oportunismo consiste precisamente en la falta de prin- cipios más o menos definidos y firmes”.

En su libro "Un paso adelante, dos pasos atrás", escrito entre febrero y mayo de 1904, insiste sobre el tema y dice:

“Al hablar de lucha contra el oportunismo, no debe olvidarse nunca un rasgo característico de todo el oportunismo contemporáneo en todos los terrenos: su carácter indefinido, difuso, inaprehensible. El oportu- nista, por su misma naturaleza, esquiva siempre plan- tear los problemas de un modo preciso y definitivo; busca el equilibrio, se arrastra sinuosamente entre dos puntos de vista que se excluyen mutuamente, esfor- zándose por 'estar de acuerdo' con uno y otro, redu- ciendo sus divergencias a pequeñas correcciones, a dudas, buenos deseos inocentes, etc.” (22)

POR LA DEFENSA DEL SOCIALISMO CIENTIFICO Y DE SU BASE CONSTITUTIVA ESENCIAL:

EL MARXISMO LENINISMO

Nosotros nos manifestamos con la convicción más firme y razonada de que existe un solo camino supe- rador de la confusión y el bochorno para la liberación de nuestros pueblos, derrotar el infame y corrupto sis- tema capitalista y comenzar la construcción de una sociedad socialista en nuestro país, en toda Latinoa- mérica y en el mundo entero.

Ese único camino -infinitamente múltiple en sus parti- cularidades- es la defensa irrestricta del socialismo científico y de su base constitutiva esencial: el marxismo leninismo.

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Por la senda trazada por Marx, Engels y Lenin, en- sanchada y prolongada por los iluminadores aportes de otros grandes revolucionarios de distintas épocas y pueblos, avanzaremos hasta realizar nuestros inclau- dicables ideales, dispuestos a cualesquiera esfuerzos o sacrificios que ello demande.

La figura del revolucionario ejemplar, del símbolo de la entrega total y sin vacilaciones que es el Coman- dante "Che" Guevara, nos alentará en esta dura y jus- ta lucha. En el vigésimo aniversario de su caída en combate, Fidel Castro recordó la frase de Marti:

“¡Si hay hombres sin decoro, hay hombres que llevan en sí el decoro de muchos hombres!”

Recalcamos: existe un héroe que resume en sí el honor del mundo en lucha comunista: el Che Gueva- ra.

¡Viva el marxismo leninismo! ¡Fidelidad al socialismo científico! ¡Gloria inmortal a nuestro grandes pensadores y guías del proletariado mundial: Marx, Engels y Lenin!.

BIBLIOGRAFIA

De V. 1. Lenin: Las citas fueron tomadas de sus Obras Completas, en la edición realizada por editorial Carta- go en 1971.

1 “¿Qué hacer?”; marzo de 1902; Tomo V, pág. 400 - 581.

2 “El largo verano del 91”; pág. 47; 1991; Ed. Legasa.

3 “El imperialismo etapa superior del capitalismo”; enero a junio de 1916, publicado como folleto a mediados de 1917. Tomo XXIII; pag 302 a 425.

4 La revolución proletaria y el renegado Kautsky”; no- viembre de 1918; Tomo XXX; pag. 144.

5 Conferencia "Acerca del Estado" pronunciada en la Uni- vesidad de SverdIov el 11 de julio de 1919; Tomo XXXI; pag. 338.

6 “Materialismo y Empiriocriticismo”; setiembre de 1908; Tomo XIV.

7 “Cuadernos filosóficos”; 1914 - 1915; tomo XLII.

8 Una izquierda que se renueva”; 1991; Ed. "Centros de Estudios y Difusión Social", Quito, Ecuador.

9 VIII Congreso del P.C. (b) de Rusia; 18 a 23 de marzo de 1919; Tomo XXXI.

10 "Proyecto de Tesis sobre el papel y las funciones de los sindicatos bajo la nueva política económica"; 30 de di- ciembre de 1921; pag. 113 - 115.

11 Antonio Gramsci: "La obra de Lenin"; 14 de noviembre de 1918; pag. 51.

12 "Leninismo y marxismo" de Rodolfo Mondolfo; 15 de mayo de 1919 "Antología de Antonio Gramsci"; de M. Sacristán, pag. 57, 1987.

13 El Estado y la Revolución"; setiembre de 1917; tomo XXVII; pag. 15.

14 "Sobre la construcción del Partido"; Ernesto Che Gue- vara; pag. 371; marzo de 1963; del libro "Ernesto Che Guevara; Obra revolucionaria"; Ediciones ERA, 1985.

15 "Discurso de Clausura del IV Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas", Fidel Castro; 4 de abril de 1982.

16 "El cuadro, columna vertebral de la Revolución"; pag. 543, setiembre de 1962.

17 "Tesis para el 11 Congreso de la Internacional Comu- nista"; junio de 1920; tomo XXXIII; pag. 299.

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