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LOS MÉTODOS EN TEOLOGÍA

Pbro. Lenín A. Bohórquez C.

Las líneas que presento a continuación corresponden al informe final del Seminario sobre “Métodos Teológicos” dictado en el Seminario Mayor Arquidicesano “Nuestra Señora del Socorro” de Valencia en convenio con la Universidad Javeriana de Bogotá en dos secciones de trabajo (noviembre, 2007 y junio, 2008). El programa del seminario se desarrolló a partir de la experiencia que en este campo ha desarrollado el grupo de investigación Didaskalia de la Facultad de Teología. La síntesis que tienen en sus manos presenta siete resúmenes, correspondientes a cada capítulo del libro: “Los métodos en Teología”, publicado por la Universidad Javeriana en el 2007; y una sección llamada “comentario” que recoge algunas reflexiones y observaciones personales. Los resúmenes se limitan al texto del libro, y los comentarios en algunos casos, no traspasan la información aportada por la misma lectura y la experiencia docente obtenida hasta el presente en el campo teológico. El conocimiento de los métodos de investigación en general y de la teología en específico, permite contar con las herramientas necesarias para emprender y culminar los estudios de especialización. Por otra parte, el Seminario ha deja en claro la importancia de aquilatar con las condiciones humanas, el medio intelectual y los recursos académicos necesarios acometer cualquier proyecto de investigación. Ha sido iluminador descubrir que la investigación teológica más allá de la actualización de los planteamientos contenidos en los tratados de teología que se estudian en los seminarios, y que está llamada a poner en diálogo la fe y la cultura, en el contexto latinoamericano.

1. Los métodos de la teología en la Edad Media.

Periodización histórica y cronología de la Edad Media.

La historiografía occidental ha dividido el devenir de la humanidad en 5 épocas:

primitiva, antigua, medieval, moderna y contemporánea; aun, cuando el término medieval ha tenido un carácter peyorativo, las investigaciones actuales trazan líneas de continuidad entre el pensamiento medieval y el moderno. Este largo período que va del siglo V al XV,

es sinónimo de fe cristiana en diálogo con el mundo judío y árabe Aproximación al contexto cultural de la E.M.

El pensamiento medieval de los primeros siglos (I-V) hizo un gran esfuerzo filosófico y

teológico por dar ciudadanía, a partir de la simbiosis revelación-helenismo, al cristianismo como estilo de vida.

La cultura medieval se ha presentado como una realidad monolítica y unitaria; sin embargo, las definiciones doctrinales y antiheréticas de los concilios, la resistencia al uso de la dialéctica, la difusión del arrianismo, los diversos caminos doctrinales que se desarrollan a partir de las tesis neoplatónicas y aristotélicas; la evidencia de las dos grandes escuelas del siglo XIII: dominicos y franciscanos; son algunos de los hitos que permiten demostrar el esfuerzo oficial por imponer criterios de unidad en medio de la diversidad. La progresiva imposición de la cultura cristiana (VIII-XI) degeneró en la superposición de los ideales seculares en la mentalidad eclesiástica generándose una nueva simbiosis entre el poder imperial y la jerarquía eclesiástica. Durante este período la teología se independizó de la especulación filosófica hegemónica y se convirtió en lectio sagrada en los monasterios. El conocimiento teológico en la E.M. y sus métodos La figura central de la patrística es San Agustín, quien elabora la primera síntesis del pensamiento antiguo, integrando helenismo y fe cristiana. El Hipona se esfuerza por presentar esta armonización entre el mensaje cristiano y lo mejor de la cultura romana en la Ciudad de Dios. Boecio, posteriormente, se mostrará mucho más radical al respecto. La Ciudad y la Universidad serán el espacio vital de la cultura cristiana; en ella el movimiento mendicante significará un cambio de paradigma del prototipo cristiano y un actor clave en el diálogo con el pensamiento islámico y el judaísmo hispánico. El método Escolástico es utilizado magistralmente por Tomás de Aquino en el siglo XIII, quien lo estructura a partir del pensamiento aristotélico, haciendo de la teología una ciencia aparentemente especulativa, pero profundamente comprometida con la institucionalidad, la tradición y la revelación.

A finales del siglo XIII e inicios del XIV, el movimiento franciscano más preocupado

por el carácter epistemológico de la teología rompe filas ante la racionalidad dominante y

monológica impuesta por el tomismo. El nominalismo es un esfuerzo por escindir la revelación de la lógica humana, lo espiritual de lo temporal.

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1 Como lo manifiestan estudios como los de Alain de Libera; y que cuestionan la tesis de la exclusiva identidad helénica de Europa, expuesta en el discurso de Ratzinger en Ratisbona.

La dialéctica del método y su rigurosidad argumentativa sirvieron de escudo ante la crítica protestante y el creciente secularismo.

Comentario

El pensamiento medieval en general ha tenido en el contexto universitario -ayer y hoy- unos cuantos detractores, incluso en ambientes eclesiásticos; las dificultades inherentes a la racionalidad medieval tan distinta del hombre y mujer contemporáneos coloca, además, una barrera entre esos escritos y nosotros. Este prejuicio se ha alimentado por las diversas intervenciones del Magisterio Pontificio favoreciendo la obra de Santo Tomás de Aquino, y la consiguiente normativa en torno a los estudios eclesiásticos en las Universidades Pontificias. Paralelamente a ello, hay que reconocer que, el mismo proceso conciliar del Vaticano II

y el Magisterio de Juan Pablo II pusieron en el tapete, no sólo los grandes autores del medioevo, sino también la continuidad en la formulación de la doctrina católica. También hay que reconocer que intelectuales contemporáneos han puesto de relieve las virtudes del método escolástico, valorando su carácter dialógico, ejemplo de ello Felicísimo Martínez; así como la importancia de autores como Scoto y Ockham para entender el pensamiento moderno; o algunos planteamientos de la lógica medieval que han servido de referencia para la filosofía del lenguaje contemporánea. Otra dificultad que los investigadores han tenido que superar es la visión monolítica y oficial de toda la teología medieval, incluso la supremacía el método escolástico como expresión única de esta época. Al respecto, sólo quisiera señalar la diferencia que existe entre la teológica monástica y

la teología académica; la distinción entre las dos escuelas más importantes del medioevo: la

franciscana y la dominica; las diversas posturas que mantienen los teólogos medievales al considerar la relación fe-razón; en fin, un conjunto de consideraciones que se entremezclan y que ofrecen matices sobre el método utilizado por los teólogos. Últimamente ha habido un esfuerzo por hacer una relectura de los textos medievales a partir de las preguntas sobre temas sociales, políticos, económicos; los cuales aportan una nueva síntesis y valoración de los mismos. En el caso de Latinoamérica, se nota sobre todo en la distinción entre la llamada teología académica y la teología profética. En este último campo son una muestra de la renovación de la escolástica la disputa entre Sepúlveda y las Casas sobre el derecho de los Reyes Españoles en el Nuevo Mundo; también es un digno ejemplo del desarrollo de la escolástica en el siglo XVI latinoamericano la Defensa de los Esclavos Negros de fray Epifanio Moirans. El método escolástico ofrece una forma blindada de argumentación que parte de las posiciones en contra sobre la tesis sostenida y termina presentando las respuestas a las mismas; ofreciendo un marco probable de diálogo con otras tendencias y corrientes; desde luego, esta posibilidad siempre estará mediada por la honestidad del investigador, quien no sólo debe conocer a fondo las objeciones de sus opositores, sino también tener una actitud dialogante con ellos.

Quizá lo más objetable es que los usuarios del método han pretendido llegar a verdades absolutas.

2. Aproximación a las racionalidades especializadas y sus métodos en el quehacer teológico

La modernidad se caracterizó por el surgimiento de la ciencia especializada, esta tendencia afectó también a la teología. El nuevo paradigma se erige a favor del método experimental y la definición clara del objeto de estudio. El prurito cientificista de objetividad y rigurosidad metodológico termina haciendo del conocimiento un instrumento de dominación. Contexto remoto Los nuevos descubrimientos geográficos, el desarrollo de la astronomía y las matemáticas; el contacto con culturas milenarias; aunado a la crisis interna por el cisma protestante permiten la emancipación de la conciencia europea del catolicismo. Trento aboga por el binomio fe-razón; mientras que el protestantismo, hundiendo sus raíces en la lectura neoplatónica de los escritos paulinos declara la supremacía de la fe y la gratuidad de la salvación. Los retos que plantean a la conciencia cristiana las empresas trasatlánticas produjeron un renacimiento de la escolástica, sobre todo en el tratado de la justicia. Por otra parte, el movimiento reformista ad interno de la estructura eclesiástica permitió aquilatar la dimensión espiritual del mensaje cristiano. Contexto próximo En la Escolástica renacentista Melchor Cano elabora lo que se ha considerado la primer obra de metodología teológica: De locis theologicis. Junto a ella se publican tratados apologéticos dogmáticos y morales. A finales del siglo XVI tuvo lugar la distinción de los tratados de moral. Dos especialidades más, vienen a crearse en respuesta a la novedad teológica: la teología mística y la espiritual, al margen del pensum universitario; mientras que la teología pastoral hará su aparición con honores dada la reforma liderada por María Teresa de Austria. A finales del siglo XVII nace la teología dogmática, en la cual se hace una exposición orgánica, segura y abstracta de la doctrina (Tesis, Contrarios, Pruebas, Respuestas y Consideraciones). El espíritu que animaba a la modernidad vino a dar un impulso a la teología histórica. Podemos indicar que la subdivisión ternaria de teología fundamental, dogmática y práctica, que nace en la modernidad seguirá presente en el transcurso del siglo XX. Las racionalidades especializadas y sus métodos El kerigma. Se parte del análisis textual (semántico, gramatical, estructural, estilístico e histórico-crítico) de la Sagrada Escritura para establecer el significado que el autor quiso expresar, ya que Dios se ha revelado en la palabra y por la palabra. Peligro: la reducción a una hermenéutica de índole textual.

La hermenéutica. Parte de la interpretación de los acontecimientos para comprender la acción salvífica de Dios en la historia de la humanidad. Peligro: Hacer del pasado y su memoria el eje articulador del acontecer salvífico. Político-Social. Parte de la reflexión crítica la realidad, porque Dios se revela en los procesos de liberación del pobre, oprimido y cautivo. Peligro: supeditación de la teología a las ciencias sociales.

Comentario

La sensibilidad contemporánea ha ido superando la separación de las especializaciones teológicas; lo mismo que en otras áreas del saber. Aún cuando se sigue suponiendo la importancia de la claridad y especificidad del tema de estudio; también se valora la interdisciplinariedad y se tiene más conciencia del valor de las ciencias auxiliares de la teología. El programa de teología de la Universidad Católica Cecilio Acosta tiene una orientación claramente dogmática; se complementa con otras áreas: Bíblica, Sacramental y Pastoral; y otras auxiliares: Canónica e Histórica. El carácter eclesiástico del programa se convierte en otro aspecto de la tranversalidad del mismo; que privilegia el perfil ministerial del egresado. La referencia a teólogos latinoamericanos no ha significado un compromiso con las opciones ni con el método; sino más bien expresan el carácter ecléctico y repetitivo de buena parte de la academia. Por otra parte, en el panorama de la teología latinoamericana se ha emprendido una actividad más creativa y generado un proceso de discernimiento y distinción entre la investigación propiamente teológica y otros campos de las ciencias sociales; ya que en la década de los 60 y 70 se puede notar un solapamiento del fin teológico por el discurso sociológico, antropológico, histórico-crítico, arqueológico, etc. El desarrollo de las ciencias sociales también ha significado una ampliación de la base humanística de la teología, la cual siempre estuvo vinculada estrechamente con la filosofía. El teólogo es consciente de la necesidad de la especialización pero al mismo tiempo de la unidad del mensaje que pretende conocer e interpretar; por ello se hacen cada vez más necesarios los equipos especialistas y el carácter interdisciplinario del trabajo intelectual. Resulta insinuante la división ternaria de la teología: kerigmática, hermenéutica y político-social, considerando que cada una tiene su método específico y atiende al desarrollo del quehacer teológico como tal. La vuelta a las fuentes y el valor de la tradición; la interpretación a partir de los retos e interrogantes que se presentan a la consciencia cristiana contemporánea y la dimensión pastoral, o compromiso socio-político que contiene el mensaje revelado.

3. El método antropológico trascendental

El contexto histórico del método antropológico trascendental Según Rahner el método pretende superar el estancamiento de la vida de la Iglesia frente

a la crisis que representa la filosofía moderna (Kant, Hegel y Heidegger). En Kant el término trascendental es concebido en una dimensión horizontal, y aparece como algo necesario e inevitable en el contexto de las condiciones a priori de posibilidad del conocimiento humano; Rahner, asume esta dimensión y le agregaotrta vertical, que consiste en la posibilidad del conocimiento del ser en general, que en última instancia sería el ser absoluto, Dios. Con ello, Rahner afirma que el sujeto cognoscente tiene posibilidad de un conocimiento metafísico de Dios y darse la experiencia trascendental del absoluto. El influjo de Heidegger. De él aprendió el arte de releer los textos de otras épocas y el método existencialista. El planteamiento básico del sistema de Rahner parte del ser-sujeto heideggeriano, pero autocomprendiéndose como sujeto trascendental. Lo trascendental rebasa toda experiencia categorial, todo lo empírico y dice referencia al ser absoluto. El método. Parte de la autocomprensión del hombre mismo en su situación presente y concreta; la cual es producto de un análisis de las estructuras apriorísticas percibidas en su autoexperiencia como ser cognoscente. Las experiencias trascendentales sólo suceden en la experiencia categorial. Aquí, lo categorial se refiere a todo saber, conocimiento y experiencia a posteriori. Lo trascendental, en cambio, es una estructura a priori que es condición de posibilidad de su saber y de su actuar y por tanto, también del ser del hombre. El método consistirá en un conjunto de operaciones que permitan pasar de la conciencia implícita (apriorística) al plano de la conciencia explícita y refleja. Se plantea una determinada manera de interrogar y su campo de operación es la experiencia trascendental

y su posibilidad. La revelación que Dios hace de sí mismo al hombre implica esencialmente tres elementos: a) la revelación trascendental; b) la revelación categorial; c) el objeto revelado, la acogida auténtica del acto creador continuo, o su voluntad. La tarea del teólogo será diferenciar las motivaciones profundas del comportamiento humano y discernirlas bajo el criterio fundamental de la revelación en su totalidad, a saber, la autotrascedencia del hombre.

Comentario:

La propuesta de K. Rahner se inscribe en el giro que dio la filosofía y la teología hacia la persona humana; la importancia del hombre como destinatario de la revelación y la condición de ser redimido son algunos de los aspectos que veo resaltados. Lo que más me hace ruido del planteamiento de Rahner sigue siendo su postura intelectualista de la noción de sujeto cognoscente. Mantiene la relación sujeto-objeto descartando la propia condición trascendental del objeto que se lanza al sujeto para ser

conocido como tal en el orden horizontal; mientras que se convierte en pura apertura en el orden vertical al punto de llegar al completo anonimato. Los ejemplos que coloca Rahner para referirse a la experiencia trascendental tienen que ver con el comportamiento moral del hombre, lo cual puede tener cierto paralelismo con lo que la ley natural (cfr. p. 66-67). Sin embargo, el autor a diferencia de la teología tomista, se inclina por la facilidad del hombre para, inadvertidamente (cfr. cita p. 67), comportarse según tales principios. Al referirse a la libertad, Rahner afirma que no es necesaria la consciencia explícita de la operación; lo cual no implica la irracionalidad, sino más bien la atematización del acto de conocer o de accionar libres. El método pretende entrar en diálogo con el hombre secularizado a partir de los principios que rigen su consciencia, de tal manera que haciéndolos explícitos asuma críticamente su propia libertad. Rahner pretende demostrar que la estructura humana (persona-sujeto) verifica apriorísticamente su participación en la realidad trascendental, para concluir que toda experiencia categorial en el fondo es una experiencia de Dios ya que la experiencia trascendental le es concomitante.

4. Bernard Lonergan, un itinerario metodológico para la teología

Bernard Lonergan (1904-1984) es considerado como uno de los más grandes pensadores del siglo XX. Su reflexión sobre el método se concentran en dos de sus obras: Insight (1957) y Método en teología (1972). Para él, Método es un esquema de operaciones recurrentes y relacionadas entre sí que producen resultados progresivos y acumulativos. Y Teología es “una mediación entre una determinada matriz cultural y el significado y función de una religión dentro de dicha matriz”. La propuesta de Lonergan pretende reemplazar el método aristotélico, marcadamente deductivo, que ha regido la teología desde el siglo XIII, por otro más empírico que responda más efectivamente a la época que se vive a mediados del siglo XX. La evolución de las ciencias naturales y sobre todo de la crítica histórica, vendría a impactar significativamente en el quehacer teológico. Tantos los textos bíblicos, como la tradición fueron interpretados a partir de sus contextos históricos, proporcionando una nueva perspectiva del presente. Lonergan considera que el principal aporte de la filosofía es el esclarecimiento de las operaciones que se deben realizar en el quehacer teológico. El método.

Distingue 4 niveles de operaciones que la subjetividad realiza: a) empírico; b) intelectual; c) reflexivo; d) decisión.se deben realizar en el quehacer teológico. El método . Tiene una función crítica, sistemática, heurística

Tiene una función crítica, sistemática, heurística y constitutiva.Distingue 4 niveles de operaciones que la subjetividad realiza: a) empírico; b) intelectual; c) reflexivo; d)

Surge como generalización de los métodos empleados en las ciencias particulares, estableciendo él mismo como

Surge como generalización de los métodos empleados en las ciencias particulares, estableciendo él mismo como patrón normativo los niveles operativos. Lonergan concibe la filosofía como metodología fundamental, y se compondría de tres partes: a) una teoría cognitiva, ¿qué hacemos cuando conocemos?; b) una epistemología, ¿cómo operamos para conocer?; metafísica, ¿qué conocemos cuando conocemos? Señala dos direcciones y ocho especialidades al acometer el trabajo teológico:

1ra. Dirección

Recuperar la

tradición

teológica

Investigación de los datos

Comunicación

Interpretación

Sistemáticas

Historia

Doctrina

Dialéctica

Fundamentos

2da. Dirección

Asumir los

retos de

actualización

Cada una de estas especializaciones tiene unas operaciones particulares que al integrarse pueden constituir la mediación teológica. Se produce en ello el doble proceso de inculuración del evangelio y de evangelización de la cultura. Por último, el fin del proceso (comunicaciones) constituye el inicio del proceso, al mantener la actitud abierta y crítica del quehacer teológico.

Comentario Lonergan concibe la teología como una actitud de búsqueda, una reflexión; se inscribe entre los intelectuales que conciben la ciencia como un proceso de construcción y no tanto en la repetición de conocimientos dados. Se respira además, una actitud de diálogo permanente entre la tradición recibida y las interrogantes que plantea el contexto cultural en el que se realiza la reflexión teológica. La Teología es un tipo de “mediación”, cuyas particularidades pretenden explicar una racionalidad específica; pero entiendo no tiene pretensiones de establecerse como una verdad absoluta y definitiva sobre las cosas. También me parece importante la consideración de definir la “función religiosa” de la interpretación teológica, lo cual es una característica que marca el resultado de la investigación misma. En cuanto al método, la propuesta de Lonergan es realmente esclarecedora y convincente; no pretende ser exhaustivo en todas sus implicaciones ya que asume que cada una de las ocho especialidades tiene a su vez herramientas propias. El movimiento dialéctico entre tradición y actualización permite entender la dinámica misma del conocimiento y su implicación práctica o pastoral. Lonergan presenta las herramientas del método, pero también deja claro la importancia de la maestría del investigador en la calidad de los resultados obtenidos.

5. La racionalidad hermenéutica en Teología

Etimológicamente, hermenéutica, se refiere el manejo de un conjunto de técnicas conducentes a interpretar o explicar la realidad; sin embargo, en el curso de la historia ha desarrollado su identidad epistemológica. En la tradición católica, los orígenes de la hermenéutica se ubican en la Edad Media, que la definición como el Ars interpretandi. Antecedentes Los cambios que se producen a partir del siglo XVI establecen las bases de la hermenéutica moderna; el desarrollo de la filosofía del lenguaje y los nuevos descubrimientos abren las puertas del debate ciencia-teología. En el campo teológico, la interpretación bíblica de Lutero (1483-1546) representa una fuerte revolución hermenéutica en cuanto a la forma de entender la fe y su dinámica histórica; basada, hasta ese momento, en la interpretación alegórica de los Padres de la Iglesia y el magisterio eclesiástico. Este desarrollo sufre una transformación sustancial entre los siglos XVI y XX, gracias a los aporte del existencialismo de Schleiermacher. «La subjetividad del intérprete, en cuanto sujeto, queda comprendida en la actividad hermenéutica, siendo así que el texto ya no es un fin, sino el medio o vehículo de nuevos acontecimientos comprensivos, que vuelven a ser por su cuenta objetos de comprensión» (p. 107). W. Dilthey (1833-1911) lleva la h. al rango filosófico al plantear la afinidad que se establece entre el autor y el lector en el horizonte de comprensión vital (círculo hermenéutico). Heidegger (1899-1976) lleva más lejos la idea de h. como fundamentalmente ontológica del ser-en-el-mundo. Bultmann (1884-1976), incorpora a la tradición teológica protestante el horizonte existencialista, analizando críticamente la historicidad de los evangelios; teólogos como Ernst Fuchs y Gerhard Ebeling, asumirán una posición menos escéptica, siguiendo a Gadamer (1900- 2002), quien profundiza sobre el reconocimiento de la distancia entre el intérprete y lo interpretado. Paul Ricoeur (1913-2005) desarrolla más los criterios de comprensión del texto-realidad que los elementos subjetivos. A partir de la segunda mitad del siglo XX el quehacer hermenéutico se ha int eresado más por la captación del sentido de la vida y la acción humana (antropología cultural, sociología, política, economía); el Concilio Vaticano II abrió el camino para la búsqueda de una identidad hermenéutica católica. Así pues, la recepción de la hermenéutica en la tradición protestante se fundamenta en el profundo reconocimiento de la centralidad de la Palabra escrita, la cual es necesario comprender; en cambio en la tradición católica se ha caracterizado por la búsqueda en el campo de la exégesis bíblica y teológica, con una fuerte orientación pastoral. El desarrollo hermenéutico muestra que lo realmente importante es: 1º. La capacidad de:

a) entender el texto; b) su campo semántico; y, c) la capacidad de incorporarlo al mundo del lector. 2º. La comprensión y el balance que se establece entre los tres componentes que están en juego: autor, lector y texto. 3º. El reconocimiento del valor mediador de los contextos, el lenguaje y los pretextos en relación con el autor, lector y texto. El interés por la hermenéutica en el campo teológico se funda en el marco de la comprensión de la vida cristiana desde el texto normativo de la sagrada escritura. Entendida de esta manera, “la teología es un nuevo acto de interpretación del acontecimiento de Cristo” (p. 127)

Comentario:

El desarrollo de la hermenéutica y su imbricación con las ciencias ha sido un gran aporte tanto para la interpretación del pasado como para la explicación del presente. La hermenéutica ha pasado de ser una interpretación de texto a una interpretación de la realidad humana. La pregunta por la cotidianidad de nuestra existencia creyente, por el significado que le damos a los acontecimientos, experiencias, relaciones que tenemos en la vida. La teología se convierte entonces en una interpretación de la condición de fronteriza en la que vive el hombre; el intento de la búsqueda de sentido de la historia y el mundo. El método como tal ha permitido salir de posturas absolutistas del pensamiento; contextualizando sincrónica y diacrónicamente los resultados obtenidos. Esto tiene profundas consecuencias, ya que hablar de la hermeneutización de la teología implica romper con “una verdad” entendida y reservada, para pasar a una reflexión recreadora e interpretativa. La importancia del método es que va más allá de lo afirmado en el texto, para desvelar ideologías, condicionamientos sociales e históricos, etc. En la teología, la hermenéutica ha permitido ver la Sagrada Escritura como un texto que puede ser estudiado e interpretado; y se ha proyectado a la interpretación de la realidad, en la cual Dios ha querido manifestar su plan salvífico a través de los signos de los tiempos. La hermeneutización de la teología también ha permitido superar la actitud “actualizante” de la teología; en la cual se confundía el dogma como la dogmática; La reflexión teológica se manifiesta en algunos aspectos fundamentales que le permiten entrar en diálogo con la tradición, sentirse cuestionada por la realidad e interpretar el significado que tiene para el hombre de hoy y la búsqueda de sentido. De esta manera el teólogo ya no es el experto, en sentido técnico del término, sino el testigo; es decir, aquel que puede darle significado trascendente a lo real y al quehacer humano (cf. Rocco Ronchi, 1996). La mirada crítica a la tradición no implica tener una postura negativa ante ella, sino más bien un propósito de desvelamiento del significado, muchas veces ocultado por lo remoto del tiempo, del lenguaje, de la cultura, de la época; para hacer posible la comprensión de nuestro mundo.

6. Teologías negativas en Occidente, aproximación a sus métodos

La Teología Negativa (TN) tiene como característica principal afirmar a Dios como el incomprensible; bien por la incapacidad de la razón humana para acceder a Él, bien por la impenetrabilidad del misterio divino. Por ello se presenta como una crítica al discurso de la teología positiva, enfatizando la limitación del lenguaje para abordar la divinidad; insistiendo en la distancia insalvable entre lo divino y lo humano. La TN hunde sus raíces en el diálogo del cristianismo con la cultura neoplatónica antigua en la figura del Pseudo Dionisio; y en su desarrollo nos llega a través de Karl Barth en el siglo XX. Su poca popularidad en el cristianismo occidental se debe a que éste se

encuentra en un ambiente muchas veces marcadamente pluralista, ateo y agnóstico que evidencian la nota negativa de Dios. En la Sagrada Escritura son muchos los textos que nos refieren que Dios se revela y permanece en lo secreto; por otra parte, la tradición neoplatónica plotiniana afirma: a) que todo es por el Uno, que es el principio del Ser; b) El mundo deviene como una gradación de formas más o menos perfectas; c) El hombre expresa la conexión que hay entre el mundo inteligible (alma) y el mundo sensible (cuerpo). De acuerdo con esto, el camino de ascenso al Uno comporta las etapas de purificación, iluminación y unión. De esta manera, Plotino proveyó de la cosmovisión y el método particular para plantear el mensaje cristiano. Posteriormente, en su obra Los nombres de Dios, el Pseudo Dionisio afirma lo impropio del lenguaje y el pensamiento para acceder a la divinidad. En la TN «se intenta negar todo atributo concebido desde la multiplicidad para subir al principio, quitando todo lo que impide conocer desnudamente al Incognoscible» (p. 139) El pensamiento del Pseudo Dionisio fue acogido y divulgado por Máximo el Confesor (s. VII) y Juan Scoto Erígena (s. IX). Santo Tomás (s. XIII) reconoce la importancia de la vía negativa, aunque no lo siga. Guillermo de Ockham (s. XIV) a través de sus tesis nominalistas abre un abismo en la síntesis fe-razón expuesta por la teología escolástica que pretendía hacer un discurso racional sobre Dios. Un siglo después, Lutero (1483-1546) apunta a purificar el cristianismo de toda filosofía; el Dios revelado por Jesucristo continúa estando oculto a la razón humana. El giro antropológico producido en la modernidad (s. XIX) propone al sujeto humano y su autonomía como principios centrales de la realidad. Kant realiza una lectura antropológica y ética del cristianismo, justificando un vacioamiento de su elemento sobrenatural: el Dios inaccesible a la razón se convierte en un presupuesto inseparable de la exigencia ética que se impone a través del imperativo categórico. A todo ello se le suma e l desarrollo de la crítica histórica y su impacto en el texto sagrado. A. Harnack (1851-1930) sintetizó en La esencia del Cristianismo (1900), las líneas constitutivas de la teología liberal, con una clara tendencia historicista. A este planteamiento responde K. Barth (Carta a los romanos, 1918) que más allá de la investigación histórica, se debe examinar el mensaje que se intenta comunicar en el texto. El planteamiento de Barth se inscribe en la tradición luterana-calvinista que separa dialécticamente el orden inmanente (humano) del trascendente (divino) y está profundamente influenciado por su experiencia y la lectura de Kierkegaard y R. Otto. Para él, la única vía real de acceder a la divinidad, es Dios mismo: Jesucristo.

Comentario Como refiere el artículo sobre las teologías negativas, a lo largo de la historia de la teología se ha presentado la contraposición entre la aspiración del hombre de acceder por la razón al misterio de Dios y la incapacidad de poder hacerlo. En los primeros siglos del cristianismo se constata esta bipolaridad, luego durante la primera escolástica también se verifica esta tensión en la discusión entre dialécticos y antidialécticos.

Después de la fuerte influencia que tuvo en la teología la escolástica, Scoto y Ockham irrumpen con sus planteamientos que pretenden desmontar todo el discurso que pretende presentar el misterio de Dios como algo lógico y demostrable; llegando a afirmar que la esencia de Dios consiste en su propia liberalidad, que puede decidir como bueno algo completamente distinto a lo que apreciamos como tal hoy. El Maestro Eckart, Pascal, entre otros; mantendrán una postura de abierta crítica a toda explicación que pretenda mostrarse como una verdad absoluta sobre el Ser Divino. El carácter apologético de buena parte de la teología del siglo XIX frente a “enemigos” como el modernismo, el protestantismo y el comunismo impregnó los manuales de teología. Hay que reconocer que el carácter pastoral del Concilio Vaticano II y la cualidad humana de los últimos papas, sobre todo el magisterio de Juan Pablo II, han permitido poner la mirada en la teología oriental cuya característica más resaltante ha sido el apofatismo. Contrario a lo que se opina comúnmente, el apofatismo no implica una ignorancia o ausencia de la filosofía, si no más bien, la utilización de aquellas filosofías que manifiestan que ante el misterio lo mejor es hacer silencio para escuchar. La aproximación no se realiza desde la lógica o la ontología, sino más bien rescata lo simbólico, lo icónico. Por ello, las teologías negativas refieren el valor estético, litúrgico y místico del conocimiento sobre Dios.

7. El método de la Teología de la Liberación

Toda teología de la liberación (TL) nace en el contexto de los pueblos latinoamericanos que luchan por el reconocimiento de la dignidad personal, reconociéndose como hijos de Dios.

Tres son los presupuestos de comprensión de la TL: Históricos: Aunque se desarrolla en

el

siglo XX, sus raíces teológicas se encuentran en la tradición profética de evangelizadores

y

misioneros desde la colonización. Políticos: La polarización entre comunismo y

capitalismo y la acentuación de las relaciones de dominación-dependencia a través del programa “Alianza para el progreso” de EU, entre otros aspectos; comienzan a ser analizados desde el materialismo histórico. Eclesiales: Los obispos latinoamericanos reunidos en Medellín (1968), animados por el Concilio Vaticano II, realizan una lectura contextualizada del mensaje cristiano. La TL se caracteriza por su opción por el excluido; sin dejar de hablar de Dios elabora un discurso antropológico, personalista y encarnado. Asume la definición política del quehacer teológico, en cuanto tiene su punto de partida y de llegada en la praxis social.

Las implicaciones del binomio teología-praxis son: a) la práctica ofrece la materia prima

de

la teología; b) el quehacer teológico debe iluminar la praxis que se realiza; c) el teólogo

es

un militante; d) es una teología abierta a la reformulación por los aportes realizados. La TL se ha diversificado sus campos: unas tienen carácter intra-teológico, depurando

los conceptos de tendencias etnocéntricas y dominadoras; otros realizan una reflexión desde la eclesiología de comunión, otra tiene un carácter más socio-político, por ejemplo.

Los momentos del método clásico de la TL son tres: el socio-analítico o pre-teológico; el hermenéutico o teológico; y el, práctico, o del actuar. 1er. Momento. El teólogo buscará en las ciencias sociales los datos que le permitan tener una aproximación crítica de la realidad sobre la que va a reflexionar; superando el dogmatismo teológico y el cientificismo. 2do. Momento. Elaboración de su interpretación de la realidad a la luz de la Sagrada Escritura. Corresponde al círculo hermenéutico: contexto-texto-pretexto. 3er. Momento. La praxis que busca la transformación de la realidad a través de una acción pastoral crítica en tres niveles: a) Intrateológica, superando el uso de categorías que han adquirido una carga de opresión y dominación; b) Intraeclesial, proponiendo nuevas estructuras de participación, comunión y de animación; c) compromiso social de la fe.

Comentario El tema del individuo y la libertad ha sido uno de los temas más relevantes de la filosofía y la teología en la modernidad. Autores medievales como Scotto y luego Guillermo de Ockham significan un antecedente importante al respecto. La libertad es el valor fundamental de la cultura contemporánea a tal punto que en varios escenarios, la libertad individual ha puesto en entredicho la libertad colectiva. La liberación se convirtió en la idea fuerza de un movimiento intelectual a mediados del siglo XX, especialmente en el contexto latinoamericano. No sólo hablamos de teología de la liberación, sino de filosofía de la liberación, pedagogía de la liberación, sociología de la liberación; es decir, todo un movimiento que asumió la liberación como eje de interpretación de la realidad total. El materialismo histórico influyó fuertemente en el desarrollo de las ciencias sociales y humanas en general, incluyendo pensadores cristianos, quienes optaron en los años 60 y 70 a una simbiosis entre cristianismo y marxismo. La teología de la liberación ha sido asumida en diversos ámbitos del quehacer eclesial; tanto como reflexión sobre el misterio de Dios, en la cristología de John So brino, la eclesiología de Leonardo Boff o Gustavo Gutierrez; también como teología de las realidades temporales como la de Clodovi Boff o Franz Hinkellamert; como teología de la pastoral urbana y rural: Ernesto Cardenal, Casaldaliga. El método teológico latinoamericano tiene una impronta pastoral, por lo que no sólo busca la divulgación de los resultados arrojados por la investigación, sino que pretende intervenir en el quehacer eclesial para transformarlo. Por ello, el método en sí mismo parte del conocimiento de la realidad para discernir los signos del paso liberador de Dios en el pueblo y no obstaculizar la dinámica del Reino. Los Encuentros de Filósof@s y Teólog@s de la liberación han traspasado el subcontinente latinoamericano y también han diversificado los temas, haciendo una traslación del sujeto oprimido, referente inicial de la reflexión al sujeto excluido. Por ello, la reflexión teológica de la liberación se ocupa de la mujer, de los inmigrantes, de los afrodescendientes, de los indígenas, etc.; cuya nota característica es la exclusión. La reflexión actual se ha venido integrando a diversos movimientos emergentes como los mencionados anteriormente y sigue siendo un reto académico e intelectual que cada día

toma más los retos que implican el desarrollo teológico en el marco de la institución eclesiástica con una fuerte tendencia romanizante y etnocéntrica.