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CONOCE TU FE, ASI PODRAS CONOCER Y AMAR A JESUCRISTO Nadie logra amar a quien
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CONOCE TU FE, ASI PODRAS CONOCER

Y AMAR A JESUCRISTO

Nadie logra amar a quien no conoce bien.

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AMAR A JESUCRISTO

Nadie Nadie logra logra amar amar a a quien quien no no conoce conoce bien. bien.

Y AMAR A JESUCRISTO

Y

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a ser MISIONER@S Faced’DIOS.” Faced’DIOS.” A la escucha del Maestro El Paráclito, el Espíritu
A la escucha del Maestro El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en
A
la escucha
del Maestro
El Paráclito, el Espíritu Santo, que el
Padre enviará en mi nombre les
enseñará todas las cosas y les
recordara todo lo que
yo les he dicho” (Jn 14 26)
A la escucha del Maestro El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en
A
la escucha
del Maestro
El Paráclito, el Espíritu Santo, que el
Padre enviará en mi nombre les
enseñará todas las cosas y les
recordara todo lo que
yo les he dicho” (Jn 14 26)
Padre enviará en mi nombre les enseñará todas las cosas y les recordara todo lo que
Padre enviará en mi nombre les enseñará todas las cosas y les recordara todo lo que
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La lectio Divina es el ejercicio de un corazón dispuesto para el encuentro con Dios a través de la Palabra. La lectura se desarrolla bajo la moción del Espíritu en meditación, oración y contemplación. La clave es el Espíritu Santo quien hace de guía en la lectura

La lectura orante de la Biblia es una parte esencial del proceso de preparación de una predicación. Antes de empezar a “trepar el cerro”, antes de entrar en el estudio del texto bíblico, nos quitamos las sandalias en el desierto silencioso del corazón (o en el silencio de un grupo que practica lectura orante en comunidad), y como el joven Samuel, nos dirigimos a Dios: “Habla, Señor, tu siervo escucha” (1 Sam 3:9-10) Un monje del Siglo XII, Guido II, dividió la Lectura Orante de la Biblia en cuatro pasos: 1.- LECTURA: Leer y escuchar la palabra con una actitud orante, ¿Qué dice el texto?. 2.- MEDITACIÓN: Repetición meditativa; dejar que una palabra o frase del texto haga eco en el interior del corazón, ¿Qué me/nos dice el texto?. 3.- ORACIÓN: Responder a Dios, Fuente de la Palabra, con acción de gracias, preguntas, alabanzas, dudas, lágrimas, silencio, etc., ¿Qué me/nos hace decir a Dios el texto leído? 4.- CONTEMPLACIÓN: Dejarnos transformar por la Palabra-hecha-carne en nosotros. Esta es una acción gratuita de Dios, ¿Qué me/nos hace sentir y ver el texto?. 5.- PRAXIS:

Hablar de la Lectio Divina es hablar, también de un “método es decir, de un camino. Los pasos propuestos para este caminar son actitudes básicas del oyente de la Palabra de Dios, del discípulo del creyente. La Lectio Divina puede ser captada cuando “La Palabra se hace palabra”: La Palabra de Dios es palabra que “dice” y “hace decir” Cuando permanece operante en nosotros (1 Tes 2,13) nos hace pronunciar nuestra palabra auténtica, la que mejor expresa la verdad de nosotros mismos. Es como si la Palabra que habita en medio nosotros (cfr Jn 1,14) y específicamente entre nosotros mismos (Ver Jn 14,23), creciera de tal manera que al final emergiera fuerte en la oración, en la predicación, en la consolación en los hechos.

Hay, sin embargo, un paso previo que no se puede dejar de mencionar directamente: el silencio contemplativo. Este paso, previo a los demás, nos prepara para acoger la Palabra en la meditación. Lo llamamos el “paso cero”, porque no es un “hacer”, sino un “dejar de hacer”.

Llevar a lo cotidiano la práctica de la Palabra contemplada. La tarea de la Lectio Divina es ayudar a desplegar toda la eficacia de la Palabra, el poder escondido en la semilla (Ver Mc.4, 30-32) y su capacidad de generar algo nuevo, auténtico, de Dios. Este es su secreto.

La lectio Divina es el ejercicio de un corazón dispuesto para el encuentro con Dios a través de la Palabra. La lectura se desarrolla bajo la moción del Espíritu en meditación, oración y contemplación. La clave es el Espíritu Santo quien hace de guía en la lectura

La lectura orante de la Biblia es una parte esencial del proceso de preparación de una predicación. Antes de empezar a “trepar el cerro”, antes de entrar en el estudio del texto bíblico, nos quitamos las sandalias en el desierto silencioso del corazón (o en el silencio de un grupo que practica lectura orante en comunidad), y como el joven Samuel, nos dirigimos a Dios: “Habla, Señor, tu siervo escucha” (1 Sam 3:9-10) Un monje del Siglo XII, Guido II, dividió la Lectura Orante de la Biblia en cuatro pasos: 1.- LECTURA: Leer y escuchar la palabra con una actitud orante, ¿Qué dice el texto?. 2.- MEDITACIÓN: Repetición meditativa; dejar que una palabra o frase del texto haga eco en el interior del corazón, ¿Qué me/nos dice el texto?. 3.- ORACIÓN: Responder a Dios, Fuente de la Palabra, con acción de gracias, preguntas, alabanzas, dudas, lágrimas, silencio, etc., ¿Qué me/nos hace decir a Dios el texto leído? 4.- CONTEMPLACIÓN: Dejarnos transformar por la Palabra-hecha-carne en nosotros. Esta es una acción gratuita de Dios, ¿Qué me/nos hace sentir y ver el texto?. 5.- PRAXIS:

Hablar de la Lectio Divina es hablar, también de un “método es decir, de un camino. Los pasos propuestos para este caminar son actitudes básicas del oyente de la Palabra de Dios, del discípulo del creyente. La Lectio Divina puede ser captada cuando “La Palabra se hace palabra”: La Palabra de Dios es palabra que “dice” y “hace decir” Cuando permanece operante en nosotros (1 Tes 2,13) nos hace pronunciar nuestra palabra auténtica, la que mejor expresa la verdad de nosotros mismos. Es como si la Palabra que habita en medio nosotros (cfr Jn 1,14) y específicamente entre nosotros mismos (Ver Jn 14,23), creciera de tal manera que al final emergiera fuerte en la oración, en la predicación, en la consolación en los hechos.

Hay, sin embargo, un paso previo que no se puede dejar de mencionar directamente: el silencio contemplativo. Este paso, previo a los demás, nos prepara para acoger la Palabra en la meditación. Lo llamamos el “paso cero”, porque no es un “hacer”, sino un “dejar de hacer”.

Llevar a lo cotidiano la práctica de la Palabra contemplada. La tarea de la Lectio Divina es ayudar a desplegar toda la eficacia de la Palabra, el poder escondido en la semilla (Ver Mc.4, 30-32) y su capacidad de generar algo nuevo, auténtico, de Dios. Este es su secreto.

La lectio Divina es el ejercicio de un corazón dispuesto para el encuentro con Dios a través de la Palabra. La lectura se desarrolla bajo la moción del Espíritu en meditación, oración y contemplación. La clave es el Espíritu Santo quien hace de guía en la lectura

La lectura orante de la Biblia es una parte esencial del proceso de preparación de una predicación. Antes de empezar a “trepar el cerro”, antes de entrar en el estudio del texto bíblico, nos quitamos las sandalias en el desierto silencioso del corazón (o en el silencio de un grupo que practica lectura orante en comunidad), y como el joven Samuel, nos dirigimos a Dios: “Habla, Señor, tu siervo escucha” (1 Sam 3:9-10) Un monje del Siglo XII, Guido II, dividió la Lectura Orante de la Biblia en cuatro pasos: 1.- LECTURA: Leer y escuchar la palabra con una actitud orante, ¿Qué dice el texto?. 2.- MEDITACIÓN: Repetición meditativa; dejar que una palabra o frase del texto haga eco en el interior del corazón, ¿Qué me/nos dice el texto?. 3.- ORACIÓN: Responder a Dios, Fuente de la Palabra, con acción de gracias, preguntas, alabanzas, dudas, lágrimas, silencio, etc., ¿Qué me/nos hace decir a Dios el texto leído? 4.- CONTEMPLACIÓN: Dejarnos transformar por la Palabra-hecha-carne en nosotros. Esta es una acción gratuita de Dios, ¿Qué me/nos hace sentir y ver el texto?. 5.- PRAXIS:

Hablar de la Lectio Divina es hablar, también de un “método es decir, de un camino. Los pasos propuestos para este caminar son actitudes básicas del oyente de la Palabra de Dios, del discípulo del creyente. La Lectio Divina puede ser captada cuando “La Palabra se hace palabra”: La Palabra de Dios es palabra que “dice” y “hace decir” Cuando permanece operante en nosotros (1 Tes 2,13) nos hace pronunciar nuestra palabra auténtica, la que mejor expresa la verdad de nosotros mismos. Es como si la Palabra que habita en medio nosotros (cfr Jn 1,14) y específicamente entre nosotros mismos (Ver Jn 14,23), creciera de tal manera que al final emergiera fuerte en la oración, en la predicación, en la consolación en los hechos.

Hay, sin embargo, un paso previo que no se puede dejar de mencionar directamente: el silencio contemplativo. Este paso, previo a los demás, nos prepara para acoger la Palabra en la meditación. Lo llamamos el “paso cero”, porque no es un “hacer”, sino un “dejar de hacer”.

Llevar a lo cotidiano la práctica de la Palabra contemplada. La tarea de la Lectio Divina es ayudar a desplegar toda la eficacia de la Palabra, el poder escondido en la semilla (Ver Mc.4, 30-32) y su capacidad de generar algo nuevo, auténtico, de Dios. Este es su secreto.

La lectio Divina es el ejercicio de un corazón dispuesto para el encuentro con Dios a través de la Palabra. La lectura se desarrolla bajo la moción del Espíritu en meditación, oración y contemplación. La clave es el Espíritu Santo quien hace de guía en la lectura

La lectura orante de la Biblia es una parte esencial del proceso de preparación de una predicación. Antes de empezar a “trepar el cerro”, antes de entrar en el estudio del texto bíblico, nos quitamos las sandalias en el desierto silencioso del corazón (o en el silencio de un grupo que practica lectura orante en comunidad), y como el joven Samuel, nos dirigimos a Dios: “Habla, Señor, tu siervo escucha” (1 Sam 3:9-10) Un monje del Siglo XII, Guido II, dividió la Lectura Orante de la Biblia en cuatro pasos: 1.- LECTURA: Leer y escuchar la palabra con una actitud orante, ¿Qué dice el texto?. 2.- MEDITACIÓN: Repetición meditativa; dejar que una palabra o frase del texto haga eco en el interior del corazón, ¿Qué me/nos dice el texto?. 3.- ORACIÓN: Responder a Dios, Fuente de la Palabra, con acción de gracias, preguntas, alabanzas, dudas, lágrimas, silencio, etc., ¿Qué me/nos hace decir a Dios el texto leído? 4.- CONTEMPLACIÓN: Dejarnos transformar por la Palabra-hecha-carne en nosotros. Esta es una acción gratuita de Dios, ¿Qué me/nos hace sentir y ver el texto?. 5.- PRAXIS:

Hablar de la Lectio Divina es hablar, también de un “método es decir, de un camino. Los pasos propuestos para este caminar son actitudes básicas del oyente de la Palabra de Dios, del discípulo del creyente. La Lectio Divina puede ser captada cuando “La Palabra se hace palabra”: La Palabra de Dios es palabra que “dice” y “hace decir” Cuando permanece operante en nosotros (1 Tes 2,13) nos hace pronunciar nuestra palabra auténtica, la que mejor expresa la verdad de nosotros mismos. Es como si la Palabra que habita en medio nosotros (cfr Jn 1,14) y específicamente entre nosotros mismos (Ver Jn 14,23), creciera de tal manera que al final emergiera fuerte en la oración, en la predicación, en la consolación en los hechos.

Hay, sin embargo, un paso previo que no se puede dejar de mencionar directamente: el silencio contemplativo. Este paso, previo a los demás, nos prepara para acoger la Palabra en la meditación. Lo llamamos el “paso cero”, porque no es un “hacer”, sino un “dejar de hacer”.

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