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CURSO DE

DERECHO CIVIL

TERCER AI\l O

SEGUNDA

PARTE

SEGUN EL PROGRAMA APROBADO POR LA FACULTAD

DEL. ESTADO

DE DERECHO DE LA UNNERSIDAD

Trata de la sucesión por causa de muerte y de las donaciones entre vivos

Explicaciones de la clase de don

ALFREDO

BARROS

ERRAZURIZ

Profesor del ramo en la Universidad Católica de Santiago

CUARTA EDICION CORREGIDA y AUMENTADA

EDITORIAL

N

A

S e '1 M

E

N

T

O'

SANTIAGO

1931

CHILE

 

Índice

SEGUNDA PARTE

CAP1TULO PRIMERO

. DEFINICIONES Y REGLAS GENERALES

1. Adquisiciones a título gratuito.-EI Código Civil estudia en

el Libro !II las dos formas de adquisiciones a título gratuito o lucrativo, que son: a) la sucesión por causa de muerte; y b) las donaciones en- tre vivos. Tienen de común .la gratuidad, de la cual se desprenden muchos puntos de contacto. 1. o Se rigen eri muchas materias por las mis.mas reglas. Así, las incapacidades de recibir herencias y legados, según los

artículos 963 y 964, se extienden a las donaciones entre vivos (art. 1391). Las reglas concernientes a la interpretación de las asignaciones testamentarias, al derecho de acrecer y a las substituciones, plazos, condiciones y modos relativos a ellas, se extienden a las donaciones entre vivos (art. 1416). 2.° La ley establece ciertas limitaciones a la generosidad de los tes· tadores y de los donantes. El testador tiene obligación de dejar asig- nacion~s forzosas, en favor del cónyuge y de los legitimarios, las que reducen la parte de libre disposición (título V del libro !II). El do- nante por su parte, necesita de la iJisJnuación o sea de autorización

.

.

-~

.

judicial, cuando la donación excede de dos mil pesos (art.

3. o La sucesión por causa de muerte y las clonaciones entre vivos están sujetas a la misma ley de contribuciones, que grava por igual, a

beneficio fiscal, a una y otra clase de actos

1401).

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4.° En materia de actos condicionales, tanto en las herencias y legados, como en las donaciones entre vivos, por tratarse de actos gratuitos, no se transmite a favor de los herederos la espectativa del acreedor bajo condición suspensiva, y en esto se distinguen de los actos onerosos, en lo~cuales se transmite a los herederos la espectativa (ar~ tículos 1078 y 1492). 5. o En lo que se refiere al contrato de arrendamiento, tanto el he~ redero y el legatario como e! donatario entre vivos, por ser adquiren~ tes a título gratuito o lucrativo, están obligados a respetar a favor de terceros todos los arriendos contratados por e! testador o donante, (art. 1962).

6. o Tienen ciertos puntos

de contacto, en lo que se refiere a los

gravámenes que pesan sobre la cosa legada o donada. El legatario que en virtud de una hipoteca o prenda sobre la especie legada ha pagado una deuda hereditaria con que el testador no haya expresamente querido gravarle, es subrogado por la ley en la acci6n del acreedor contra los herederos, porque éstos, al aceptar la herencia contraen la obligaci6n de pagar todas las deudas del testa~ dor; pero si la hipoteca o prenda ha sido accesoria a la obligaci6n de otra persona que el testador mismo--como en este caso no hay una deuda personal de! testador transmitida a los herederos-el gravamen pesa sobre e! legatario, el cual no tendrá acci6n contra los herederos (art. 1366); y esto Ocurre aún cuando la prenda, hipoteca o censo hayan sido constitufdos sobre la cosa legada, después de hecho el testamento. Dispone la ley que en este caso no se extingue el legado sino que queda gravada con dicha prenda, hipoteca o censo (art. 1135). De igual manera, el donatario de donaci6n gratuita no tiene ac~ ci6n de saneamiento contra el donante y soporta los gravámenes de la cosa donada, aun cuando la donaci6n haya principiado por una promesa. (Art. 1422). Y aun en el caso de donaci6n con causa onerosa, no tiene el donatario acci6n de saneamiento por evicción, sino cuando el do~ nante ha dado una cosa ajena a sabiendas (art. 1423). 2. Sueesión por causa de muerte.-Sucesión, en general, es la continuación en el dominio o goce de los derechos sobre una cosa, y se aplica a todo el que deriva su dominio de otra persona, ya sea por acto cntre vivos, como el comprador, o por causa de muerte, como el he~

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redero; pero en sentido estricto aplicable a la suceSión pcir causa de muerte" tiene dos significados: uno, es la' transmisión de los bienes, derechos y obligaciones de un difunto en la persona de su heredero,

es decir, lo que nuestro Código llama modo de adquirir; y otro sentido

es el de la unJversalidad o co~junto de los bienes, derechos y obligaciones que dej a el difunto. En este segundo sentido la' emplea el artículo 1801, al decir que la venta de una sucesión hereditaria no se reputa perfecta ante la ley, mientras no se ha otorgado escritura El artículo 588 del Código Civil dice que los modos de adquirir

el dominio son la ocupación, la accesión, la tradición; la sucesión por

causa de muerte y la prescripción. Hemos estudiado anteriormente cuatro de estos modos' de adquirir, y sólo nos resta ocuparnos de la sucesión por causa de muerte, que es la materia: principal del libro tercero del Código. Sucesión por causa de muerte es un modo de adquirir los bienes, derechos y obligaciones transmisibles de una persona difunta, o una cuota de ellos,como la mitad, tercio D quinto; o una o más especies o cuerpos ciertos, como tal· caballo, tal casa; '0 una o más especies ihde- terminadas de cierto género, como un caballo, tres vacas (art. 951). La sucesión por causa de muerte toma el nombre de tra"nsmisión,

y se contrapone a la palabra transferencia, que se aplica a la sucesión

por acto entre vivos, es decir, a los casos en que hay tradición.

de adquirir deriva-

.

~

,

La sucesión por causa de muerte es 'un modo

tivo, porque el dominio que en virtud de él adquieren el heredero yel legatario prOViene de un dominio anterior del testador, al cmil suceden en el dominio de la cosa con sus calidades y vicios; es Un modo de ad-- quirir por causa de muerte, pues la adquisición se opera~ par regla ge- neral, en el momento de fallecer la persona de cuya sucesión se trata, si el heredero o legatario no es llamado condicionalmente y necesita indefectiblemente que ocurra el fallecimiento del testador o causante, sin 1t;J cual no puede existir, por lo que se distingue esencialmente de la tradición, que es modo de adquirir entre vivos; es gratuitó, porque todo el beneficio lo recibe el heredero o legatario, el cual, por su parte, puede aceptar o repudiar libremente, porque a ninguno se puede hacer un beneficio contra su voluntad: Nemo irivitus. haere,$; sirve para. ad- quirir tanto los derechos reales como los personales, siempre que sean

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transmisibles; y finalmente, es un modo de adquirir yaa título uni- versal, ya a título singular, en lo que se diferencia· de los otros modos de adquirir, como la ocupación, la .accesión y la tradición, que son por su naturaleza modos de adquirir a título singular. La sucesión por causa de muerte es el modo ordinario y adecuado de adquirir la univer- salidad de los bienes, o sea, el patrimonio de otra persona; transmisión que sólo se opera al momento de la muerte y que no puede efectuarse durante la vida, porque la ley prohibe vender o donar en vida todo el patrimonio. La venta o donación de todos los bienes de una persona sólo es válida, dice la ley, respecw de las especies, géneros y calida- des que se designen por escritura pública; y esa designación, que im- porta individualizar las cosas, excluye toda idea de universalidad (ar-

tículos 1407 y 1811).

Para que la sucesión por causa de muerte sirva de modo de ad- quirir, es menester que el testador o causante sea verdadero dueño de la cosa transmitida al heredero o legatario, ya que se trata de un modo de adquirir derivativo, y que el sucesor no pueda ser de mejor

condición que su autor: Non debeo melioris esse conditionis quam auctor meus, a quo jus ad me transito

Si el testador o causante no era verdadero dueño de la cosa, el heredero o legatario no adquiere por medio de la sucesión por causa de muerte otros derechos que los transmisibles que aquel tenía. Si el testadar era poseedor regu:lar de la cosa, la sucesión por causa de muerte, que en este caso no transmite el dominio, puede transmitir la posesión regular de que gozaba el testador, siempre que el sucesor, sea heredero o legatario, quiera añadirla a la suya (en virtud del dere- cho de opción que le concede el artículo 717), y consumar a8Í la pres- cripción ya iniciada por su antecesor. Si el testador era simplemente un poseedor irregular, en virtud de la transmisión efectuada en favor del heredero o legatario, éste, si está de buena fe, queda en mejor condición de la que tenía el testador; porque la buena fe, unida al justo título que importa la sentencia de adjudicación en el juicio divisorio, o un acto legal de partición, o el decreto de posesión efectIva, lo convierten en poseedor regular y puede iniciar la prescripción ordinaria, de que no habría podido aprovechar- se el testador, que carecía de justo título. En este caso, la sucesión por

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causa de muerte no sirve de modo de adquirir, sino de simple título para adquirir la calidad de poseedor regular.

y esto. ocurre aunque el heredero o legatario sea p1.!.tativo, ,esto es, heredero o legatario aparente, que no 10 sea en realidad, v. gr.: por haberse revocado testamento. Al heredero putativo, a quien por decreto judicial se haya dado la posesión efectiva, servirá de justo tí- tulo el decreto; como al legatario putativo el correspondiente acto tes- tamentario que haya sido judicialmente reconocido. El heredero pu- tativo puede oponer, en este caso, a la acción de petición de herencia, la prescripción de diez años, contados como para la adquisición del dominio (arts. 704 y 1269). La sucesión· por causa de muerte, como modo de adquirir deriva- tivo, supone un título. Este título es el testamento, cuando la sucesión es testamentaria, y la ley, cuando la sucesión es intestada (art. 952). Este caso es disiin- to de lo que ocurre en la tradición, en la cual el título existe an,tes de que la tradición se efectúe. Aquí el título tiene valor legal al mismo tiempo ,en que se verifica la adquisición; el testamento es un acto jurídico·que no tiene pleno efecto sino después de la muerte del testador; antes eS un acto esencialmente reVocable y sujeto, por tanto, a la exclusiva voluntad del testador. Lo mismo, en cierto sentido, podemos decir de la ley, en el caso de la sucesión intestada; ella se aplica y produce su efecto sobre la base de la situación de familia exis1¡.enteal tiempo de la muerte del testador, en que quedan fijados irrevocablemente ,los derechos de los herederos ab-intestato. Este modo de adquirir tiene lugar por causa de muerte. Se entiende por muerte no sólo la natural, sino la civil (art. 953), porque, en virtud de esta última termina también la personalidad en lo relativo a los derechos de propiedad, y llega el caso en que sucedan en los bienes del muerto civilmente los llamados por el testamento o por la ley. En la muerte natural se comprende la muerte presunta en caso de desaparecimiento, la cual se rige por las reglas especiales de los artícu- los 80 y siguientes del Código Civil. Recuérdese que entre esas reglas figura una que dispone que no se procederá a la publicación y apertura del testamento, si el desaparecido hubiere dej ado alguno, ni se dará la posesión provisoria de la herencia a los herederos presuntivos, sino

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en virtud del decreto de po~esi6n proviSlJria, que s610 se dicta trans- curridos diez años desde la fecha de las últimas noticias, y mucho des- pués del decreto que declara la muerte presunta, que puede ser decla- rada transcurridos cuatros años desde la fecha de las últimas noticias. En otros términos, en el caso de muerte presunta, no se abre y publica el testamento ni se da la posesi6n de la he-rencia en virtud del decreto que declara la muerte presunta, sino en virtud del decreto de posesi6n provisoria_ Pero la fecha de la muerte, en caso de desapare-

cimiento, para el efecto importante de fijar los derechos de los here- deros presuntivos y saber, por tanto, quiénes son los llamados a la herencia, es la fecha fijada por el juez como día presuntivo de la muerte, que es el último del primer bienio, contado desde la fecha de las últimas noticias (arts. 80 y siguientes). La determinaci6n exacta de la muerte -de una persona es de la mayor importancia en este modo de adquirir, porque, como más ade- lante veremos, en ese momento se verifica la apertura de la sucesi6n

y la delaci6n de la asignación, esto es, el llamamiento al heredero ú legatario para que acepte o repudie, y aunque demore la aceptaci6n

o repudiación, sus efectos se retrotraen al momento en que esta haya

sido deferida, esto es, al momento de la muerte del testador: esa fecha influye, de tal manera, que los que no existen natural y civil- mente en ese momento son incapaces de heredar o de adquirir legados. En este mismo momento, cuando hay varios herederos, comienza entre ellos la indivisión o el dominio en común, y los actos jurídicos celebrados por los comuneros durante el tiempo de la indivisión pro- ducen efectos especiales. Así, un comunero puede durante la indivisi6n hipotecar su cuota; pero esta hipoteca queda en una condición espe- cial, porque verificada la divisi6n, la hipoteca afectará solamente a los bienes que en razón de dicha cuota se adjudiquen al comunero, si fueren hipotecables. Si no lo fueren, caducará la hipoteca (art. 2417). Por eso, la ley ha cuidado de que quede constancia del momento preciso de la muerte de las personas y de las demás circunstancias que comprueben la efectividad del fallecimiento. El título -IV de la ley N.o 4808, de 10 de Febrero de 1910, sobre

Registro Civil, reglamenta detailadamente todo lo que se refiere a la inscripción de las defunciones en el libro correspondiente, para garan-

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tir la seriedad de los certificados que deben dar los oficiales del Registro Civil, los cuales tienen el carácter de instrumentos públicos y surten los efectos de las partidas de muerte de que habla el inciso final del arto 305 del Código Civil. .Ordena que la inscripción de la defunción se haga en virtud del parte verbal o escrito de los parientes del difunto, d habitantes de la casa en que falleció, o en su defecto los vecinos; que se presente un cer- tificado médico que indique todos los datos que identifiquen la persona, el día y hora del fallecimiento, y la enfermedad o causa que haya pro- ducido la muerte:

Para evitar que se inscriban en el registro de defunciones las que se refieren a criaturas que no han tenido existencia legal, establece que no' se inscribirá en el registro ordinario, ei fallecimiento de una criatura que muere en el vientre materno, o que perece antes de estar completamente separada de su madré, o· que no haya sobrevi- vido a la separación ·un momento siquiera. Esas defunciones se inscri- birán en un registro especial. Hecha la inscripción de una defunción, el Oficial Civil expedirá el pase o licencia para la inhumación, que no podrá hacerse sino pasadas las veinticuatro horas después de la defunción. " . La inscripción· de una defunción debe contener como requisitos esenciales, la fecha del fallecimiento y el nomb~e,·apelhdo y sexo del difunto. Respecto a la prioridad de un fallecimiento sobre otro, que puede tener importancia decisiva en materia' de herencias, recordaremos la

disposición del art

79 del Código Civil, que dice:

<Si por haber perecido dos o más personas en un· mismo aconteci- miento, como eri un naufragio, incendio, ruina o batalla, o por otra causa cualquiera, no pudiere saberse el orden en que han ocurrido sus fallecimientos,se procederá en todo caso como si dichas personas hu- bieren perecido en un mismo momento y ninguna de ellas hubiere sobrevivido a las otras».

de muerte.-Se llaman asignacúmes

por causa de muerte las que hace la ley o ei testamento de una persona difunta, para suceder en sus bienes. Las que hace la ley son siempre a título universd; las que hace el testador pueden ser a título universal y

3. Asignaciones por causa

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a título singular. Con la palabra asignaciones se significan en el Li- bro 111 del Código Civil las asignaciones por causa de muerte, ya las haga el hombre o la ley. Asignatario es la persona a quien se hace la asignación. Se entiende por muerte no sólo la natural, sino la civil (art. 953). En la muerte natural va incluído el caso de presunción de muerte por desaparecimiento, la que sólo produce efecto en favor de íos here- deros presuntivos, una vez que se ha dictado el decreto de posesión provisoria. La muerte civil, para los efectos de la sucesión por causa de muerte,

ha sido equiparada por el legislador a la muerte natural; lo que no ocurre para otros efectos jurídicos, v. gr.: para la restitución de la pro- piedad fiduciaria, en caso de muerte, se entiende que es la natural, salvo disposición expresa del constituyente (art. 740).

di-

funta a título universal o a título singular. El título es universal cuando se sucede al difunto en todos sus bienes, derechos y obliga- ciones transmisibles, o en una cuota de ellos como la mitad, tercio o quinto. El título es singular cuando se sucede en una o más especies

o cuerpos ciertos, como tal caballo, tal casa; o en una o más especies

indeterminadas de cierto género, como un caballo, tres vacas, seiscien- tos pesos fuertes, cuarenta fanegas de trigo (art. 951). Las asignaciones a título universal se llaman herencias, y. las a título singular, legados. El asignatario de herencia se llama her~dero>

y el de legado se llama legatario (art. 954). Los asignatarios a título universal, con cualesquiera palabras que se les l!ame y aunque en el testamento se les califique de legatarios, son

para sucederle en

todos sus derechos y obligaciones transmisibles. Los herederos son también obíigados a las cargas testamentarias, esto es, a las que se cons- tituyen por el testamento mismo y que no se imponen a personas de-

terminadas (art. 1097). Los asignatarios a título singular, con cualesquiera palabras que se les llame, y aunque en el testamento se les califique de herederos, son legatarios, no representan al testaqor, ni tienen más derechos y car- gas que las que expresamente se les confieran o impongan. Lo cual,

4. Sucesión a título universal.-Se sucede a

una

persona

herederos,

representan

la persona

del

testador,

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sin embargo, se entenderá sin perjuicio de su responsabilidad, en sub- sidio de los herederos, y de la que pueda sobrevenirles en el caso de la acción de reforma (art. 1104). Como se ve, reconoce únicamente nuestro Código dos clases de títulos, determinados con la mayor claridad para evitar confusiones,

frecuentes

singular ° de legado. En e! título univ€fsal quedan comprendidos los que antiguamente se llarp.aban legatarios parciarios, esto es, los que su- cedían en una cuota de los biene~ del difunto y que respondían, por tanto, de las obligaciones transmisibles, a prorrata de su cuota. No distingue nuestro Código, como el Código francés los legata- rios universales de los legatarios particulares, división que da origen a

dificultades. En nuestro Código, todo asignatario a título universal, sea llama- do al total o a una cuota de la universalidad, es heredero; y todo asig- nataba a titulo particular es legatario. La frase legatario universal sería absurda y contradictoria dentro del sistema que sigue nuestro Código. La idea de legatario excluye la de universalidad. Para clasificar a un asignatario como heredero o legatario, no atiende el Código a las palabras con que los llama el testador, sino a la naturaleza de la disposición. Si se llama una persona a la universalidad de los bienes de! testadar o a una cuota de ella, es heredero; si se le llama a suceder en una espe- cie o cuerpo cierto, o en una o más espeCies indeterminadas de cierto género, es legatari::>o Este principio es conforme a la manera cómo quiere la ley· que ~e interprete un testamento. Dice el artículo 1069 que, sobre las reglas dadas por la misma ley para la inteligencia y efecto de las disposiciones testamentarias, prevalecerá la voluntád del testador claramente mani- festada, con tal que no se. oponga a los requisitos o prohibiciones le- gales. Para conocer la voluntad del testador se estará más a la .subs~ tancia de las disposiciones que a las palabras de qúe se haya servido. El asignatario a título universal es llamado a suceder al testador ensu patrimonio, esto es, a representar a su persona con.todos sus. de- rechos y obligaciones transmisibles, incluso las cargas testamentarias

en otras legislaciones: el título universal o de herencia y el

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Todos esos bienes y cargas forman lo que se llama una~uníversalidad de derecho, que es una unidad abstracta, general, distinta de los bienes y cargas aisladamente considerados. El asignatario universal, llamado heredero, representa la persona del difunto; y aun ambos se considetan como una misma persona:

Hoeres

censetur cum defuncto una eademque persona.

La voz heredero deriva, según unos, de la latina hems, que signi- fica señor o amo; y según otros, del verbo hoereo, que significa estar junto o pegado a otro, porque el heredero está próximo a la persona a quien hereda, como su pariente o muy amigo. Como el heredero repre- senta la persona de aquel a quien sucede, por lo que se llama ,rucessor

in uníversum jus quod quís tempore mortis habuit, pasan a él todos los

bienes, derechos y acciones que tenía el difunto a su favor al tiempo de su muerte, con las obligaciones y cargas que tenía en su contra. Esta es la regla general, o sea, suceder al difunto en sus bienes, derechos

y

obligaciones transmisibles.

El heredero puede ser instituído por el testamento, por la le;;"

y

una cuota de ellos, la que se mirará como una institución de heredero, que sólo tendrá efecto desde la muerte del donante, fecha en la cual deberá existir el donatario para que valga la donación. Sin embargo, podrá el donatario de todos los bienes o de una cuota de ellos ejercer los derechos de usufructuario sobre las especies que se le hubieren entregado (art. 1142, 1143).

Se-llaman actos de heredero las disposiciones que toma la persona llamada a una herencia sobre los bienes de ella, y que son de tal natu- raleza que no puede tomarlas válidamente sino con la calidad de he- redero y que suponen necesariamente su intención de aceptar la he- rencia, como son: enajenar alguno de· los bienes hereditarios, hipote- carlos, conceder servidumbre sobre ellos, pedir su partición etc.: Pro

Se exceptúa el caso de la

enajenación hecha con autorización del juez, protestando que no es su ánimo obligarse como tal (artículos 1241 y 1244).

No importan actos de heredero los puramente conservativos, ni los de inspección y administración ptovisoria urgente (art. 1243).

también por la donaci6n revocable de todos los bienes del donante o de

hoerede enim gerere est pro

domino gerere.

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El que hace acto de heredero, sin prev:io inventario solemne, sucede en todas las obligaciones transmisip1es a prorrata de su cuota, aunque le impongan un gravamen superior a los bienes que hereda

(art. 1245).

5. Bienes, derechos., obligaciones transmisibles.-El arto 951 del

Código Civil, dice que el título es universal, cuando se sucede al difunto en todos sus bienes, derechos y obligaciones transmisibles, o en una cuota de ellos. Interesa pues,· saber, cuáles bienes son transmisibles

y cuáles no lo son. La regla general es que todos los bienes, derechos y obligaciones son transmisibles, salvo que por su naturaleza especial o por disposici6n de la ley, no pasen al sucesor, o sufran alguna modificaci6n en sus efec- tos jurídicos. Esa transmisibilidadgeneral de los derechos y obligaciones arranca su origen de la ley y no puede derogarse por las convenciones de los particulares (arts. 1358 y 1359). Decimos que la regla general es la transmisibilidad de los derechos y. obligaciones del testador a la persona que le sucede a título universal,

o sea, al heredero; porque éste representa la persona del difunto y

aún ambos, se consideran ante la ley como una misma persona. Pasan pues, al heredero, todos los bienes, derechos y acciones que tenía el difunto a su favor, al tiempo de su muerte, con las obligaciones y

cargas que tenía en ~u contra. Son reglas generales con respecto a sucesores, las siguientes má- ximas del Derecho AJ:)tiguo:

«El que sucede en el derecho o propiedad de otro, debe usar del mismo derecho que él». «El sucesor no puede ser de mejor condición que su autor». «Lo que no hubiera podido perjudicar al autor no debe dañar tampoco al sucesor». «Lo que daña a los contrayentes daña igualmente a sus sucesores». Establecido el principio general de la transmisibilidad~ veamos las

modificaciones o modalidades que sufre en los diversos casos, siguiendo

el orden de los derechos, empezando por los reales y estudiando a con-

tinuación del dominio lo que se refiere a la posesión, que es la manifes"_ taci6n externa del dominio.

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a) EL DOMINIO, que es e! primero y fundamental de los derechos reales, es por su naturaleza perpetuo y transmisible al heredero, con la misma extensión y limitación que lo tenía el testador. Si tenía la propiedad plena, pasará la misma al heredero con todos sus atributos; y si sólo tenía la nuda propiedad, el heredero entrará a sucederle en ella con la carga de respetar e! derecho del usufructuario o usuario, (art. 773 C. C.). Si la propiedad era fiduciaria, se transmite al heredero con el cargo de mantenerla indivisa y sujeta al gravamen de restitución con las mismas condiciones de antes, (art. 751 C. C.); pero la expecta- tiva del fideicomisario que fallece antes de la restitución, no se trans- mite por testamento o ab-intestato, (art. 762). Al tratar del dominio, e! Código Civil da reglas especiales para la

transmisión de! uso y gocede las capillas y cementerios., situados en po-

sesiones de particulares y accesorios a ellas, y dice que pasará junto con ellas y junto con los ornamentos, vasos y demás objet0s pertene- cientes a dichas capillas o cementerios, a las personas que sucesivamente adquieran las posesiones en que están situados, a menos de disponerse otra cosa por testamento o por acto entre vivos, (art. 587). La propiedad literaria, hoy llamada intelectual. se transmite a los herederos del autor; pero expira a los veinte años contados desde el fallecimiento, (art. 7.° del Decreto-Ley N.O 345 de 17 de Marzo de

1925).

Así como el dominio de las cosas se transmite al sucesor, éste Po!

regla general. puede perderlo de la misma manera que su causante,

que el sucesor, no puede ser de mejor condición que su autor; pero est~ regla general sufre una modificación en lo relativo al plazo de la preso cripción adquisitiva 'que estaba corriendo contra el testador. Fallecidc éste, y transmitido a los herederos el dominio de una cosa determinada, el plazo de la prescripción ordinaria se suspende a favor de c·ierto~ herederos que no tienen la libre administración de sus bienes y que enumera la ley en el arto 2509 del C. C. b) posEsróN.-La transmisión del dominio de las cosas a favor de heredero, lleva envuelto el derecho de éste para exigir la posesión d( ellas, y entablar en caso necesario, la acción reivindicatoria; pero con- siderada la posesión como cosa separada del dominio, la ley establecE:

una regla fundamental en materia de sucesión en la posesión: «sea que

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se suceda, dice el arto 717, a título universal <> singular, la posesión del sucesor principia en él; a menos que quiera añadir la de su antecesor

a la suya; pero en tal caso se la apropia con sus calidades y vicios). «Podrá agregarse en los mismos términos a la posesión propia, la de una serie no interrumpida de antecesores». Este mismo principio repite el arto 2500, al tratar de la computa- ción del tiempo de posesión, para los efectos de la prescripción adqui- sitiva, que dice: «Si una cosa ha sido poseída sucesivamente y sin interrupción por dos o más personas, el tiempo del antecesor puede

o no agregarse al tiempo del sucesor, según lo dispuesto en el art, 717».

«La posesión principiada por una persona difunta, continúa en la herencia yacente, que se' entiende poseer a nombre del heredero), Pero conviene tener presente que la posesión no se inicia prime- ro en el conjunto de herederos que están en indivisión, para pasar des- pués al heredero al cual le correspondió la cosa en la división de la herencia; sino que este último se entiende haber poseído exclusiva- mente lo que en la división le cupo, durante todo el tiempo que ,duró la indivisión, (art. 718). c) LA HERENCIA, que alcanzó a deferirse al difunto antes de su fa- llecimiento, se transmite a su heredero con todos sus beneficios y cargas.

Si el difunto aceptó la herencia que se le defirió, los bienes, derechos y obligadones de ella. pasan al heredero junto con el patrimonio del difunto, con el cual están confundidos; salvo los casos excepcionales de separa- ción de patrimonios, producida por los beneficios de inventario y de se- paración, (arts. 956, 1247 y 1378). Si el difunto no alcanzó a aceptar o repudiar la herencia que se

le defirió antes de su fallecimiento, transmite a sus herederos el derecho

de aceptar o repudiar dicha herencia, aun cuando fallezca sin saber que se le ha deferido; pero no se puede ejercer este derecho, sin acep- tar la herencia de la persona que lo. transmite, (art. 957). Este caso espe-

cial es el aue llamamos derecho de transmisión. Las asignaciones hereditarias dejadas al difunto bajo condición suspensiva no se transmiten al heredero, si el testador murió antes de cumplirse la condición, porque todavía no se había verificado a su favor el llamamiento de la ley para aceptarla o repudiarla, y sólo tenía una simple expectativa, (art. 956, 962 Y 1078).

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Tampoco se transmiten al heredero las asignaciones puras y sim- ples dejadas al difunto, pero que no alcanzaron a deferírsele, por ha-

ber fallecido antes que la persona que hacía dichas as,ignaciones; en ese

caso, el difunto no adquirió derecho alguno, porque no era capaz de suceder, y en consecuencia, nada puede transmitir (art. 962). Las cargas y obligaciones del testador pasan al heredero; pero los títulos ejecutivos contra el difunto no pueden hacerse valer contra los herederos,sino pasados ocho días después de la notificación judiciial de sus títulos, (a'rt. 1377). Hay también 'otras obligaciones que sufren modificaciones al pasar al heredero y que estudiaremos al analizar la respectiva materia. d) EL USUFRUCTO, es intransmisible por testamento o ab-intestato (art. 773). En el caso excepcional de que el usufructuario haya cedido a otro el ejercicio de su derecho y que el cesionario haya fallecido antes que el cedente, se transmite a los herederos del cesionario el derecho de continuar en el goce del usufructo, durante la vida del cedente, que

es el titular del derecho y el directamente responsable al nudo propie- tario (art. 793 y 806). En este caso, no hay propiamente una transmisión del usufructo, sino una simple sucesión en el goce temporal de los fru- tos, que se opera sólo mientras vive el usufructuario titular. e) Los derechos reales de uso y HABITACIÓN son intransmisibles

a los herederos, (art. 819). f) LAS SERVIDUMBRES, como cosa accesorias e inseparables del oredio a que activa o pasivamente pertenecen, se transmiten juntos con la' propiedad del predio a los que sucedan en el dominio de éste; no varían en su ejercicio y son indivisibles, aunque se divida el predio dominante o sirviente. Dividido el predio sirviente, deben sufrirla aquellos o aquel a quienes toca la parte en que se ejercía y dividido

el predio dominante, cada uno de los nuevos dueños gozará de la ser-

vidumbre, pero sin aumentar el gravamen del predio sirviente, (arts. 825, 826 Y 827). g) El derecho real de PRENDA, se transmite al heredero activa y pa- sivamente considerado, y es indivisible. El heredero que ha pagado su cuota de la deuda, no podrá pedir la restitución de una parte de la prenda, mientras exista una parte cualquiera de la deuda; y recíproca- mente, el heredero que ha recibido una cuota del crédito, no puede re-

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TERCER

AÑO

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mitir la prenda, ni aún en parte, mientras sus' coherederos no hayan sido pagados (art. 2405). La acción prendaria se dirige en consecuencia, contra el heredero que posee en todo o parte la cosa empeñada, (art. 1526 inc. 1. 0 ).

h) El derecho real DE HIPOTECA, se tran~itetambién al heredero

activa y pasivamente considerado, y es indivisible. Cada una de las cosas hipotecadas a una deuda y cada parte de ellas son obligadas al pago de toda la deuda y de cada parte de ella (art. 2408). La acción real hipotecaria se dirige contra el heredero que posee en todo o parte la cosa hipotecada. La obligación principal, garantida con la hipoteca, ordinariamente es divisible y se transmite a los herederos a prorrata· de su interés en la sucesión; pero el heredero que ha pagado su parte de la deuda, no puede obtener la cancelación de la hipoteca, ni aun su parte, mien- tras no se extinga el total de la deuda; y el heredero acreedor a quien se ha satisfecho su ,parte del crédito no puede cancelar la hipoteca, ni aun en parte, mientras no hayan sido enteramente satisfechos sus cohe- rederos, (art. i) Para: la transmisión del derecho de CENSO hay que distinguir dos . casos: a) Si se trata de un censo que pertenezca' a una p~rsona, sin cargode restitución o transmisión ysin otro gravamen alguno, entonces se transmite por testamento o ab-intestato según las reglas generales (art. 2043) ; y b) Si se trata de un censo con t'ransmis ión forzosa, o hasta un límite designado, el orden de sucesión será el establecido en el acto constitutivo, o en la antigua vinculación; y en 10 que dicho acto no

hubiere previsto, se observará el orden regl!lar de sucesión de los censo~,

según el cual, dentro de la línea y grado preferidos, el varón excluye a la hembra, y dentro de cada sexo, el de más edad al de menos. Sólo en el caso de que esté agotada la descendencia legítima de todos los llamados, . el último censualista podrá transmitir el censo, por testamento o ab- intestato, según las reglas generales, (art. 2044, 2045). Por lo que toca a los DERECHOS PERSONALES Y a las obligaciones que ellos envuelven, la regla general es que se transmiten a los herederos activa y pasivamente con~iderados, y que, por ministerio de la ley, se dividen entre ellos tanto los créditos como las deud2s, a prorrata del interés que tienen en la' sucesión. Los títulos ejecutivos contra el

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ALFREDO

BARItaS

Ellll.ÁZUS.IZ

difunto lo serán igualmente contra los herederos; pero los acreedores no podrán entablar o llevar adelante la ejecución, sino pasados ocho días después de la notificación judicial de sus títulos (art. 1377). Por lo demás, los créditos se transmiten con todas sus garantías ac- cesorias de prenda e hipoteca y con todos sus privilegios. «Las prefe- rencias de la primera clase, dice el arto 2487, a que estaban afectos los bienes del deudor difunto, afectarán de la misma manera los bienes del heredero, salvo que este haya aceptado con beneficio de inventario,

o que los acreedores gocen del beneficio de separación, pues en ambos

casos, afectarán solamente los bienes inventariados o separados. La misma regla se aplicará a los créditos de la cuarta clase, los cua-

les conservarán iu fecha sobre todos los bienes del heredero, cuando no tengan lugar los beneficios de inventario o de separación, y sólo la con- servarán en los bienes inventariados o separados, cuando tengan lu- gar los respectivos beneficios». Veamos ahora los casos de modalidades especiales de ciertas obliga- ciones, que se apartan de los principios generales antes enunciados.

el derecho del acree-

a) En

las

OBLIGACIONES

CONDICIONALES,

dor que fallece en el intervalo comprendido entre el contrato condi- cional y el cumplimiento de la condición, se transmite a sus h~rede­ ros, y lo mismo sucede con la obligación dd deudor; pero esta regla no se aplica a las asignaciones testamentarias ni a las donaciones entre vivos. (art. 1492). En otros términos, se transmite la espectatíva del acreedor en los actos onerosos, porque el que contrata lo hace para sí

y para sus herederos, pero no se transmite en los actos gratuitos en que es preponderante la consideración de la persona. b) La OBLIGACIÓN SOLIDARIA, se transmite al conjunto de los here- deros en la misma forma que la tenía el deudor, de modo que entre todos son obligados al total de la deuda; pero no se puede intentar la acción por el total de la deuda contra cada heredero en particular, pues cada uno de ellos será SOlamente responsable de aquella cuota de la deuda que corresponda a su porción hereditaria (art. 1523). La razón de esto es porque el ser solidaria una obligación no le da el carácter de indivisible.

e) La OBLIGACIÓN INDIVISIBLE tiene una regla diversa. Como la

cosa debida no es susceptible de división, cada uno de los herederos

DEltECHO

CI'';IL

'TERCER

AÑO

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del que ha contraído una obligación indivisible, es obligado a satisfa~ cerla en el todo, aunque no se haya estipulado solidariedad, y cada uno de los acreedores de una obligación indivisible tiene igualmente dere- cho a exigir el total, (art. 1527); dé modo que la ohligaci6n indivisible, activay pasivamente considerada se transmite, como tal, a cada uno '

de los herederos. Lo anterior se refiere a las obligaciones' indivisibles por su naturá-

1cza. En lo refe~ente a las obligaciones que envtielven una' indivisibi- lidad de las llamadas de pago, hay también modalidades especiales para su transmisión a los herederos. Asi, si la deuda es de una especie

o cuerpo cierto, el coheredero que 10 posee es obligado a

entregarlo.

(N.O 2 del arto

1526).

Cuando por testamento o por convención entre los herederos,o por la partición de la herencia, se ha impuesto a uno de los herederos la obligación de pagar él total de una deuda, el acreedor podrá dirigirse. contra este heredero por el total de la deuda, o contra cada uno de los herederos por la parte que le corresponda a prorrata. Si expr~amente se hubiere estipulado con el difunto que el pago de una obligación por su naturaleza divisible, no pudiese hacerse por partes, ni aún por los herederos del deudor, cada uno de estos podrá ser obligado a entenderse con los coherederos para pagar el total de la deuda, o a pagarla él mismo, salva su acción de saneamiento. Pero los herederos del acreedor, si no entablan conjuntamente su acción, no podrán exigir el pago de la deuda, sino a prorrata de sus cuotas. (N.O 4 del arto 1526). Si se debe un terreno o cualquiera otra cosa indeterminada, cuya división ocasion~re grave perjuiCio al acreedor, cada uno de los cohe- rederos podrá ser obligado a entenderse con los otros para' el pago de la cosa entera, o a pagarla el mismo salva su acción par.a ser ind~mniza­ do 'por ¡os otros. Pero los herederos del acreedor no podrán exigir el pago de la cosa entera, sino intentando conjuntamente su acción, (N.O 5. 0 del arto 1526). " d) En 10 tocante al PAGO DE LAS" OBLIGACIOl'.'ES·, la ley considera como válidamente hecho al acreedor mismo el que se hace a la persona del que le ha sucédido a título universal o singular' y deciara válidó también, el pago hecho de buena fe a la persona que estaba entonces

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ALFREDO

BARROS

ERRÁZURIZ

en posesión del crédito, aunque después aparezca que el crédito no le pertenecía (art. 1576); V. gr.: el pago hecho a un heredero puta- tivo que había obtenido la posesión efectiva de la herencia, pero que no era en realidad heredero, por existir otro testamento posterior que no se conocía. En general, junto con la obligación misma se transmiten todas las circunstancias de su pago o extinción; pero la ley dispone que la f acui- tad de recibir por el acreedor, no se transmite a los herederos o represen- tantes de la persona diputada por él para este efecto, a menos que lo haya expresado así el acreedor (art. 1583). Tampoco se transmite a los herederos el BENEFICIO DE COMPETEN- CIA de que gozaba un deudor, en consideración a circunstancias estric- tamente personales o de parent.esco contempladas en la ley, (arts. 1625 y 1626). La CONFUSIÓN de las obligaciones, que es un modo de extinguir- las, se opera entre los. créditos y deudas del heredero y las deudas y créditos hereditarios, porque el heredero representa la persona del difunto y el patrimonio del difunto se confunde con el del heredero, excepto el caso del heredero que acepta con beneficio de inventario, (art. 1669). La ACCIÓN RESCISORIA, que podía entablar el testador, sufre una modificación en lo relativo al plazo de su duración, cuando dej a here- deros menores, porque a éstos empieza a correr el cuadrienio o su re- siduo, desde que hubieren llegado a la mayor edad; pero ni éstos podrán pedir la declaración de nulidad, pasados treinta años desde la celebra- ción del acto o contrato (art. 1692). En materia de CONTRATOS, se transmiten al heredero, por regla general, todos los derechos y obligaciones que de ellos nacen; pero hay también ciertas modalidades o reglas especiales. a) En el contrato de VENTA, la acción de saneamiento, en cuanto se refiere a la obligación de amparar al comprador en la posesión de la cosa vendida, es indivisible y puede intentarse in solidum, contra cualquiera de los herederos del vendedor; pero desde que a ella sucede la de. indemnizarle en dinero, se divide la acción, y cada heredero es responsable solamente. a prorrata de su cuota hereditaria (art. 1840).

DERECHO

'.

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~CER: AÑO

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b) La DONACIÓN ENTRE VIVOS, es-t}fl contrato gratuito, syi generis,

qUEf requiere el consentimiento expreso de ambas. partes y que la acep- tación del donatario sea notificada al donante. Mientras la' donación no ha sido aceptada y notificada no hay contrato (art. 1412). S~ el dO!1atario muere en el tiempo intermedio entré la oferta yla acentación, nada transmite a sus herederos, ni siquiera el derecho, de ·aceptar o re-

pudiar. El derecho de transmisiÓh establecido para la sucesión por causa de muerte no se extiende a las donaciones entre vivos. Si muere el donante antes de la aceptación del donatario, no se transmite obligación alguna a los herederos del donante, p0rque toda- vía no 'estaba formado el .contrato.

e) En,€11contrata de ARRENDMlIENTO, estableq:~ expresamente la ley que el heredero, que es un adquirente a título·lucr~tiv~,está ~bligado

a 5espetar todos los arriendos convenidos por ;el testador (art. 1962

N.O 1.0). En 10 relativo al arrendamiento de criados domfst icos , falle-

ciendo el amo se entenderá subsistir. el contrato. can los herederos y no podrán é,stQS. h~cerlocysar, sino GomQ hu]Jiera· Pddido. el difunto (art. 1994). Los contratos para la confeccíónde t!na.o~ra material se. resuelven por la muerte del artífice o empresario y no pasan a 10$ he- rederos del artífice las obligaciones de éste; que suponen cond,iciones

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1

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2

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personales de competencia. Si hay trabajos o materiales preparfldos que puedan se~'{ltilésa la obra de que se trata,: el que la e~cargóserá óbligado a recibirlos y a. pagar su valor. Laque .corresponda en razón de los trabajos' hechos, ~se calculará propordonal~eJ:?te.'tomando en

consideración el precio estipulado para toda la obni

gla en caso de muerte del que encargó la obra: entonces no se re$uelve

el contrato y las. obligaciones de éste pasan a sus herederos,' conforme

Distinta :es la re-

aja fI:¡gla general, (art. 2005). En el arrendamiento de tran:&jJorte, la m~~¡;te del acarreador o del pasajero no pone fin al contrato yl!¡1s obli- g~dón~ se transmiten a los respectlvos herederos, sin perjuici~ de lo

di1JfH~ftogeneralmente ~obrefuerza mayor o caso fortuito, (art

, ,rf) El contrato de SOCIEDAD se disuelve por la muerte natural o civil 'de cualquiera de los socios, porque se entiende. celebrado en con-

sid,era,s~6.? a la Prrsona, menos cuando por disposici6n de la ley o por el a7~o pÓ,l)StitutiVP') haya de continuar entre los sociOs sobrevivientes

con

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2020).

lo~.herederos del difunto o sin ellos.

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Los herederos del socio difunto, como sucesores en sus derechos, s610 podrán reclamar lo que tocare a su autor, según el estado de los negocios sociales al tiempo de saberse la muerte; y no participarán de los emolumentos o pérdidas posteriores, sino en cuanto fueren con- secuencias de las operaciones que al tiempo de saberse la muerte es- taban ya iniciadas. La estipulación de continuar la sociedad con los herederos del difunto se sub-entiende en las que se forman para ei arrendamiento de un inmueble, o para el laboreo de minas y en las anónimas, (arts. 2103,

2104 Y 2105).

e) El contrato de MANDATO termina por ia muerte del mandante o del mandatario; pero no se extingue por la muerte del mandante e! mandato destinado a ejecutarse después de ella, ni el mandato para negocios judiciales, ni el de los abogados. Los herederos suceden en este caso en los derechos y obligaciones de! mandante. Si el muerto es el mandante, sabida su muerte natural o civil, cesará el mandatario en sus funciones; pero si de suspenderlas se sigue perjuicio a los herederos del mandante, será obligado a finalIzar la ges- tión principiada. Si el muerto es el mandatario, sus herederos que fueren hábiles para la administración de sus bienes, darán aviso inmediato de su fa- llecimiento al mandante y harán en favor de éste lo 'que puedan las circunstancias 10 exij an; la omisión a este respecto los hará res- ponsables de los perjuicios (arts. 2163, 2168, 2169 Y 2170 del C. Civil, 397 y 405 de la Ley Org de íos Tribs.). f) El COMODATO, no se extingue por la muerte del comodante y los herederos de éste deberán respetarlo hasta su terminación. En caso de muerte del comodatario, tratándose de un contrato gratuito ce!eb ado en consideración a su persona, los herederos del comodatario no ten-

drán derecho a continuar en el uso de la cosa prestada, sino en el caso excepcional de que la cosa haya sido prestada para Un servicio particular que no pueda diferirse o suspenderse, v. gr.: el préstamo de una má- quina para trillar, (arts. 2180, 2186 y 2190).

no

cabe transmisión a los herederos cuando tienen fijado como término la muerte de la persona que los goza; pero como pu~den constituirse

g) En los contratos de RENTA VITALICIA

Y CENSO

VITALICIO,

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fijándose como tbrmino la vida de un tercero, si éste de cuya existencia depende la duración de la renta, sobrevive, aunque sólo sea natural':

"

,

mente a la persona que debe gozarla, se transmite el derecho de ésta ti los que la sucedan por causa de muerte. En el casO de muerte civil del acreedor, tambiéri se transmite su derecho a los que le sucedan Por causa de muerte, sin perjuicio del derecho de acrecer, o de lo que a este respecto se haya estipulado en el contrato; pero si la renta equivale sólo a una pensión alimenticia, se- guirá gozando de ella el religioso, aún después de la prof~ión, (artí- culos 2264 y 2274). h) En el contrato de FIANZA, establece expresamente la ley que los derechos y obligaciones de los fiadores son transmisibles a sus herede- "

i) El contrato de ANTICRESIS, debe ser respetado por el sucesor en el dominio de la cosa raíz entregada al acreedor para que se pague con sus fnltos, en las mismas condiciones que en el contrato de arrenda- miento (art. 2438). Se transmiten igualmente las obligaciones que nacen de los CUASI CONTRATOS, Y hay una disposición especial para el cuasi contrato de AGENCIA OFICIOSA según la cual el que ha tomado a su cargo la gestión de un negocio ajeno debe continua,rla, 'aunque el interesado fallezca, hasta que los herederos dispongan, (art. 2289). , Las obligaciones que nacen de Jos DELITOS y CUASI-DELITOS, se transmiten a los heredero's activa y pasivamente consideradas; de modo que pueden pedir la indemnización correspondiente y están obligadós a pagarla en su caso (arts.2315 y 2316) . .Se trasmiten también por reglagenérallos derechos y obligaciones ~ue nacen de LA LEY, excepto aquellós derechos que la ley, otorga en consideración a circunstancias personales del favorecido y lós que son inherentes a una calidad o estado civil determinados, o, que miran ala capacidad personal, o a la facultad de celebrar ciertos actos () contratos. Así, la obligación de pagar los impUestos ;étrans'IDite a los herederos. En materia de 'ALIMENTOS, la óbHga~ión del testador, se transmite

a ro's herederos, cuándo se trata de, los q'ue el difu~ta ha debido por ÚY, a ciertas personas; y esta deuda grava la masa heredita~ia,menos cuando el testador haya impuesto esa obligación a uno o más rartíci-

ros (art. 2352).

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ALFREDO

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ERRÁZURIZ

2 6 ALFREDO BARROS ERRÁZURIZ pes de ~a sucesión mo ha sido hecho en el testamento,

pes de ~a sucesión

mo ha sido hecho en el testamento, los herederos como continuadores de la persona del difunto, deben darle los alimentos a que sería obliga-

do e! testador si viviese, pero sin efecto retroactivo (art. 1169). Pero el derecho de pedir alimentos que tenía e! testador y que mira auna situación personal de él, no puede transmitirse por causa de muerte (art. 334). Hay ciertos derechos que miran al buen orden de la familia y que

pasan al heredero, como el derecho para reclamar de la legitimidad de un hijo, cuando el padre no alcanzó a ejercitarlo dentro del plazo, o cuan- do se trata de un hijo nacido después de la disolución de! matrimonio

(art. 1168); Y si el reconocimiento de un hijo ilegíti-

(arts.

184, 185,

186 y

198) .•

También cuando ha muerto el hijo que se trata de legitimar o reconocer como natural, hay que hacer la notificación a sus descendien- tes legítimos, los que pueden aceptarla o repudiarla, conforme a las

reglas generales (art. 213 y 273). También pueden reclamar los herederos contra una maternidad supuesta (art. 295).

En materia de JUICIOS DE ESTADO CIVIL, los herederos representan

al contradictor legítimo que ha fallecido antes de la sentencia y el fallo

pronunciado a favor o en contra de cualquiera de ellos, aprovecha o perjudica a los herederos que citados no comparecieron (art. 318). Finalmente, al tratar de las PERSONAS JURíDICAS DE DERECH~ PRI- VADO, la ley establece una regla que parece una verdadera excepción a los principios generales sobre transmisión de obligaciones. Los miembros de una corporación no responden en general con sus bienes de las deu- das de una corporación; pero pueden expresándolo, obligarse en par- ticular al mismo tiempo que la corporación se obliga colectivamente. Ahora bien, esta responsabilidad no se extiende a los herederos, sino

cuando los miembros de la corporación los hayan obligado expresa- mente (art. 549).

6. Herederos uniTersales '1 herederos de cnota.-Se

llama

he·

redero universal aquel que ha sido llamado a la sucesión en términcs

generales, que

o 4CDejo mis bienes a fulano:.

no designan cuotas, como 4CSea fulano mi heredero»

(art. 1098).

DERECHO

ClVILTERCER

AÑO

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En otros ténninos, es heredero universal el que ha sido llamado a la totalidad de la herencia; el objeto de su asignación es toda la univer~ salidad, sin distinción de cuota. El heredero universal puede ser uno o varios, siempre que todos ellossean llamados al mismo objeto, que es la universalidad de la herencia; para determinar la calidad de heredero universal hay que considerar no el beneficio que recibe, slno el llama,. miento a la totalidad de los bienes. Hered.ero de cuota es aquel que ha sido llamado al goc;:e de una cuota de,Ja herencia, v. gr.:, «dejo la tercera parte de mis bienes a Pedro». En este caso, se ve claro que la voluntad del testador es que reciba solamente esa cuota. Los herederos universales y los de cuota están comprendidos en la denominación genérica de asignatarios. a título universal; pero exis- te entre ellos una notable diferencia; entre los primeros, hay derecho de acrecer, en caso de faltar uno de ellos, porque el mismo objeto ha sido destinado a dos o más asignatarios;' entre los segUndos, no, porque la ley dispone terminantemente que el acrecimiento no tendrá lugar entre los asignatarios de distintas partes o cuotas en que el testador haya dividido el objeto asignado, ya que cada parte o C,uota se consi- dera en tal caso como un objeto separado (arts. 1147 y 1148). Toma el nombre especial de heredero del remanente el heredero llamado a recibir lo que resta después de hechas las otras asignaciones;

si éstas son todas a título particular, esto es, legados, el asignatario del

remanente es heredero universal; si algunas de las otras asignaciones son de cuotas, el asignatario del remanente es heredero de la cuota que

reste para completar la unidad (art. 1099). El heredero del remanente puede ser, por tanto, o heredero uni- versal, o heredero de cuota, según los casos. El heredero del remanente puede ser instituído tal, por el testador

o hamado por la ley; se entienden llamados por la ley como, herederos

del remanente los herederos ab-intestato, en el caso de que no: haya herederos l,Iniversales sino de cuotas, y que las distintas cuotas desig- nadas en el testamento no compongan todas juntas unidad entera

{arto

1100).

La ley hace también otras calificaciones del heredero,

v.

gr.:

heredero testamentario y heredero ab-tntestato; heredero bmeficiario

continuar

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ALFREDO

15A!I.!l.OS

E!I.!l.ÁZU!l.IZ

ir atrás

(art. 1259); heredero putativo (arts. 704 y 1269); heredero presl!:n- tivo (art. 85); heredero usufructuario y heredero fiduciario (art. 1356); heredero legitimario (arts. 1181 y 1182). 7. Deudas bereditaria21 1 cargas testamentarias.-Acabamos de ver que el heredero responde de todas las deudas del testador; pero también es obligado a las cargas testamentarias (art. 1097). Veamos en qué se distinguen unas de otras. Deudas hereditarias son las contraídas en vida del testador, esto es, las que lleva consigo la herencia; se dividen entre los herederos a prorrata de sus cuotas y deberán pagarse aunque valgan más que la herencia que reciben, salvo el caso del heredero beneficiario, de que más adelante hablaremos (art. 1354). Se pagan primeramente, con- forme a la regla «donde hay deudas no hay herencia»; y s610 se entien- de por herencia, para el efecto de llevar a cumplimiento las disposi- ciones del difunto o de la ley, lo que queda una vez deducidas las deudas hereditarias y demás cargas de que trata el artí~ulo 959. Cargas testamentarias son las que se constituyen por el testamento mismo: tienen su origen en él, pues antes no existían. Los herederos también son obligados a las cargas testamentarias, cuando en el testa- mento ellas no se imponen a determinadas personas (art. 1097). Las cargas testamentarias no se mirarán como cargas de los here- deros en común, sino cuando él testa dar no hubiere gravado con ellas en particular a alguno o algunos de los herederos. Las que tocaren a los herederos en común se dividirán entre ellos como el testador lo hubiere dispuesto; y si nada ha dicho sobre la di- visi6n, a prorrata de sus cuotas, o en la forma prescrita por la ley para ciertos casos especiales que pueden ocurrir (art. 1360). Las cargas testamentarias se pagan después de cancelarse las deu- das hereditarias. 8. Sucesi6n a título singular.-Las asignaciones a título singu- lar se llaman legados; y el asignatario se llama legatario. La palabra legado, según su etimología, deriva de la palabra latina a lege, que significa que el testador, como dueño y legislador de sus cosas, determinaba 10 que se hacía con ellas después de su muerte,

pues su última voluntad era ley: pater familias uti super familia pe- cuniave sua legassit, ita jus esto. En ese sentido la palabra legar com

;

DERECHO

CIVIL

TER.CER

AÑO

29

prendía la facultad de instituir heredero, nombrar legatarios, establecer tutores, etc.; pero en nuestra legislaci6n la' p~labra lega~lo se aplica

s610 a cierta clase de asignaciones a título singular, y se contrapOne

a la palabra herencia, que significa la asignación a título universal. El Código Francés, a diferencia del nuestro, reconO".,e tres clases de legados: legados universaleS, que corresponden a' los herederos uni- versales de nuestro Código: legados a titu.1o uníversul, que correspon- den a nuestros herederos de cuota; y legados a título particular, que co- rresponden a los que nosotros llamamos simplemente legados. Como se ve, el Código Francés califica de legatarios a los que nos- otros llamamos herederos. Más sencilla es la clasificación de nuestro Código, que no acepta sino dos clases de asignatarios: a título univer- sal, llamados herederos, y a título singular, llamados legatarios. La palabra legado tiene dos ácepciones: una, la que acabamos de ver; esto es, el acto o disposición por el cual se hace una asignación

a título singular; y otra, que significa la cosa particular y determinada que el difunto ha dejado al legatario, v. gr.: esta casa ,eS uniegado. Son legatarios los asignatarios a título singular! llamados a suce- der en una o más especies o cuerpos ciertos, como tal caballo" tal casa; o en una omás especies indeterminadas de cierto género, co- mo un caballo, tres vacas; y lo son, cOn cualesquiera palabras que se

les llame, y aunque en el testamento se les califique de herederos. Así,

una cláusula testamentaria que diga: «instituyo a Pedro heredero de

mi casa calle Catedral N.O 20», es legado, porque es una asignación

a título singular de una especie o cuerpo cierto individualmente deter-

minado; de modo que, aunque el testador lo llame heredero, es sólo legatario. Lo que distingue la herencia del legado es 1a naturaleza de la asig- nación'y no el nombre que el testador emplea. Los legatarios, llamados a suceder en una cosa singular y no en ]a universalidad de los bienes del testador ni en una cuota de ella, no ,representan al testador, ni tienen más derechos ni cargas que las que ex- presamente se les confieran o impongan. Los legatariQs sólo suceden ,en la cosa singular que el testador les ha dej ado, con las cargas y dere- chos que esa cosa tiene.

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La especie legada pasa al legatario con sus servidumbres, censos y demás cargas reales (art. 1125); de manera que los acreedores pren- darios o hipotecarios pueden perseguir la cosa hipotecada o empeñada, aunque los legatarios no sean personalmente responsables de la deuda; y si en virtud de una hipoteca o prenda, pagan una deuda hereditaria con que el testador no ha querido expresamente gravarlos, se subrogan por el mmisterio de la ley en la acción del acreedor contra los here- deros. Si la hipoteca o prenda ha sido accesoria a la obligación de otra persona que el testador mismo, el legatario no tendrá acción contra los herederos, pero si contra esa otra persona para el reembolso de lo' que pagó por él (art. 1366). Los legatarios, como sucésores del testador, pueden añadir a su posesión propia, la del testador, su antecesor; pero apropiándosela con sus calidades y vicios. Podrá agregarse en los mismos términos a la pos~siónpropia la de una serie no interrumpida de antecesores (art. 717) 'El Jegado es un módo de adquirir el dominio. En efecto, según el artículo 588 del Código Civil, la sucesión por causa de muerte es uno de los modos de adquirir la propiedad, y como en virtud del artículo 951 se sucede a una persona a título universal o a título singular, esto es, a título de herencia o de legado, y como según el artículo 956, la herencia o legado se defiere al heredero o legatario en el momento de fallecer la persona de cuya sucesión se trata, y en virtud de esa declara- ción son llamados a aceptar o repudiar la asignación, resulta que tanto las herencias como los legados son modos de adquirir, que producen su efecto desde que se defieren. El legatario que acepta una asignación, adquiere el dominio de la cosa legada desde el momento de la muerte del testador, y desde ese momento tiene derecho a los frutos y accesorios de la cosa (art. 1338, núm. 1). Pero esta adquisición de dominio se verifica sólo respecto de los

legados d~ especie o c~erpo cierto, y no tiene lugar en los legados de gé-

nero y cantidad. Los legatarios de género y cantidad, dada la naturaleza de estas asignaciones, no adquieren en el momento de la muerte del testador la propiedad de la cosa legada, por ser ello imposible; y sólo la adquieren desde el momento en que el heredero o albacea les hace entrega del género o cantidad legada. En virtud del testamento, sólo

DERECHO' élVIL

TERCER

AÑO

31

tienen un derecho ,personal contl>a el .obligado al pago del legado. Por esta raz.6n. los legatarios de cantidades o géneros no tienen 'derecho a frutos al~ps, sino desde él momento en que la person'aobligada a prestar diCh'as cantidades o géneros se hubiere constituído en mora

. El testador puede dejar en legados sólo la parte de bi~nesde que le es permitido disponer libremente, si tiene herederos forzosos; pero si no los tuviere", podrá distribuir en legados cuantos bienes posea. Si no hubiereenla sucesi6n lo bastánte para él pago de todos l~ lega- dos, se rebajarán a prorrata (art. 1376). Todos íos legad~sson voluntarios, esto es, dependen enteramente de la voluntad. del testador, que los hace a favor de quien quiere y del , modo que. le pat:ece más conveniente; no hay actualmént~ en nuestra legislación legados forzosos que él testador tenga la obligación de dejar con algún fin determinado. Se suprimieron las antiguas mandas for- zosas que tenían obligación de dej ar los testadores para <::1: Instituto Nacional. P)Jeden legarse,. ~o sólo las cosas existentes ~ino tambiéri las fu- tura~, con tal qlJe lleguen a existir; no sólo las corporales, 'sino los de- rechos y acciones; no sólo las cosas del dominio del testador, sino. tam- b,ién las de su her~dero y aún las ajenas, obligando al últim.b 'a que dé las suyas ,o a que compre las de otra persona para'ellegat~rio, o le en- treguésu estimácjóri .en dinero; y, por fin, pueden legarke las cosas que él testador tuviere empeñadas.

9. Legados de especies o cuerpo cierto y legados de género 1 o

(art.

1338, N,o 2).

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cantida~.-El tí~ulo es singular, dice el artículo 951, cuando se suce- de en una o más especies o cuerpos ciertos, o en una o más especies in- determinada,s de cierto género; de aquí se deduce que hay dos clases de legados: legados de especie o cuerpo cierto, y legados de cosas inde- terminad?$. de ci,er.to género, los que se llaman legados ,de género o cantidad. EstiJdjemos separadamente estaS clases de legados Legados de e'specie. o cuerpo Cierto.-Son aquellos en que e1testador dej a una o varias cosas individualmente determmadas o' explicadas, ~nuiherando:itís circunstancias particul~res de cada objeto, de modo 'que no pu'edaconfundirse ni equivocarse con otro; v. gr.:, la casa tal,

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32

ALFREDO

:SAltROS

EltRÁZUIlIZ

=======================================-

situada en tal calle, con tal número y tales deslindes; o el caballo. tal de tal pelo, edad y altura. La palabra especie está aquí tomada como sinónimo de individuo

o de cuerpo cierto; de modo que no tiene el mismo significado que se

le da en Filosofía. El dominio de! legado de especie o cuerpo cierto, hecho pura y simplemente o bajo condición resolutoria, se transmite al legatario en e! momento mismo de la muerte del testador, de modo que el lega- tario puede reclamarlo como cosa suya, por medio de la acción rei- vindicatoria; si la cosa perece, se pierde para el legatario y no para el heredero, a no ser que haya mediado culpa o mora de éste. Al legata- rio no s610 corresponde la cosa específica que le fué designada, sino todo 10 perteneciente a ella, destinado a su uso y que con la misma exista, como también sus frutos y accesiones desde el momento de la muerte del testador (arts. 1118, 1338).

Legados de género o cantidad.-Son aquellos en que e! testador

dej a indeterminadamente una o varias cosas de una clase o género determinado; v. gr., seis caballos, cien fanegas de trigo, mil pesos. En esta clase de legados, deben señalarse por 10 menos el género

y la cantidad. Así, el legado hecho, en general, de animales, de granos,

de dinero, sin designar la clase de animales o de granos ni el peso, me- dida o cantidad, sería nulo por falta de determinaci6n, porque el asig- natario obligado podría cumplir con 10 dispuesto, entregando un gato, o dos granos de trigo, o tres pesos, burlando así la disposici6n de! cons- tituyente. Pero, no es necesario qUé el testador· fije numéricamente la cantidad, o indique el género o clase en el acto mismo del testamento; basta que se determinen de algún modo, o se den las reglas o bases para determinarlos conforme a las indicaciones de! testamento. ASÍ, el le- gado «de vino que el legatario necesitare anualmente para el consumo y e! de su familia», sería válido, porque podría fácilmente determinarse la cantidad legada, atendiendo al número y calidad de las personas (arts. 1066 y 1112). La cosa genérica que se lega puede tener sus límites impuestos

por la naturaleza, como un caballo, o por obra de los hombres, como una

casa u otro edificio. En el primer

caso,

se paga el

legado

aunque

DERECHO

crvn.

TERCER

AÑO

no existan cosas de ese género en el patrimonio del testador, y en este evento, se dará una cosa de mediana calidad o valor, p,ero del mis- mogénero. En el segundo caso, como se trata'de cosas cuyo valor no tiene límites impuestos por la naturaleza, sino que su mayor o menor impor- tancia depende exclusivamente de la obra de los hombres, es difícil,

-casi imposible algunas veces, hacer la determinación necesaria para el cumplimiento del legado, cuando no existe ninguna del mismo gé- nero entre los bienes del testador; y por esta razón, la ley dispone que -estos legados no se paguen, ni aún a los descendientes, ascendientes le- gítimos o cónyuge del testador, en el caso de que no existan cosas del mismo género entre los bienes del testador (art. 1116). Como dij irnos anteri,ormente, el legatario de géneros o cantidades tiene en virtud del testamento sólo una acción personal contra el he- redero para la entrega de la coSa, y no adquiere el dominio sino en vir- tud de esa entrega; ni tiene derecho a frutos sinó desde el momento -en que la persona obligada a prestar dichas cantidades o géneros se hubiere constituído en mora; y este abono de frutos se hará a costa

d 1 1 heredero o legatario moroso (art. 133,8)

Entendiéndose que el géner9 y la cantidad no perecen, si se ha legado un caballo o la suma de un mil pesos, sin más determinación, y un ladrón robare el caballo o los dineros qestinados al pago, no por eso el heredero queda exento de su obligación de cumplir el legado, porque no se ha dejado al legatario un ca.ballo determinado, ni precisamente los mil pesos que se robaron.

Las cosas fungibles, ordinariamente, son indeterminadas dentro de cierto género, de manera que se rigen por las reglas. de los legados de género; pero si se determinan demodo que queden individualizadas, se convierten en legados de especie .0 cuerpo cierto. Así, el iegado de las treinta fanegas de trigo que se hallan en tal parte, es propiamen- te de especie. Ijay también otras clasificaciones de los legados que estudiaremos más adelante, como el legado de 'COyl ajena, el legado de derechos y

acciones, el legado de deuda, el legado de libeiación, ~tc. ,

10 •. Diferencias entre el heredero y ellegatario.-Del estudio ante-

diferencias. importantes entre el

,

rior resulta que hay las siguientes

heredero y el legatario:

34

ALFREDO

BARltOS

mutÁZUlUZ

1) El heredero representa la persona del testador; le sucede en todos los derechos y obligaciones transmisibles, quedando, por tanto, obligado al pago de todas las deudas hereditarias; es obligado también al pago de las cargas testamentarias que no se impongan a determina- das personas. Su patrimonio se confunde con el del testadar• y sólo por excepción, cuando ha aceptado con beneficio de inventario, no se opera la ctmfusión de los patrimonios ni queda responsable de las obli- gaciones hereditarias y testamentarias sino hasta el valor totaí de los bienes que ha heredado. El legatario no representa la persona del testador; sólo sucede en la cosa singular que se le ha dejado, ni tiene, con relación al patrimonio del testador, más derechos o cargas 'que las que expresamente se le confieran o impongan. Por excepción, en ciertos casos especiales, pue- de ser responsable del pago de las deudas hereditarias, en subsidio de los herederos, y puede también sobrevenirle responsabilidad en el caso de la acción de reforma del testamento. 2) El heredero puede ser testamentario o ab-intestato, esto es. instituído por el testamento o por la ley. El legatario sólo puede ser instituído por testamento; la ley no hace legados. En las sucesiones ab- intestato los llamados por la ley son siempre herederos. 3) El heredero, desde que la herencia se defiere, esto es, desde el momento de la muerte del testador, adquiere el dominio de las cosas de que el testador era dueño. El legatario sólo adquiere en el momento de la muerte del testador, el dominio de la cosa legada, cuando es le- gatario de especie o cuerpo cierto; pero no, cuando es legatario de gé- neros o cantidades; en este caso, necesita que el heredero le efectúe la entrega. 4) El heredero adquiere en el momento de deferírsele la herencia. la posesión legal de ella, o sea, se le confiere la posesión por el ministerio de la ley. El legatario no adquiere por el sólo hecho de la muerte de} testador, la posesión legal de la cosa legada; dicha posesión continúa en el heredero, como representante del difunto poseedor, y el legatario necesita recibirse de la cosa para tomar posesión de ella, y esa po- sesión comienza para él desde el momento de la entrega. Al tratar de la posesión legal, la ley sólo se refiere al herederO y

DEREcHo CIVIL' 'rERC:ER. A:€40

35

no habla de legatario; de modo que quedan excluídos de la posc.Si6n legal todos los legatarios, incluso los de esp~ie o cuerpo Tampoco existe para los legatarios la institución de fa posesión efictiva, que es exclusiva de los herederos, y en virtud de la cual p~~den éstos disponer de los bienes inmuebles de la herencia (art. 688). 5) Ei heredero puede suceder, ya por derecho personal, ya por de- recho de representación; esto último ocurre en la sucesión intestada

y en oiertas descendencias. El legatario sucede siempre por derecho personal y sólo en E'l caso excepCional, de un legado que se deje inde- terminadamente a los parientes, puede tener lugar el derecho de re- presentación (art. 1064).

se su- de un testamento, la s~cesión se llama testame~taria, y

11. Sucesión

testamentaria

y

sucesión

intestada.-.Si

cede en virtud

si en virtud de la ley, intestada o ab-i,!testato. La sucesión en los bienes

de una persona difunta puede también ser en parte, testamentaria y en parte, intestada (art. 952). Tanto el Derecho.antiguo como el mo- derno establecen la división de la sucesión en testamentaria e intesta- da, como lo hace nuestro Código Civil.

Sucesión testamentaria es la que se defiere en virtud de un testa- mento, esto es, de un acto jurídico en que se manifiesta la voluntad de

la persona; y se llama así, porque hace pasar los bienes según el testa-

dar dispone. La ley reconoce el derecho de testar y establece la forma en que se ha de disponer de los bienes, la que necesariamente será la de testa- mento; pero no ha reconocido nuestro Código la libertad absoluta de testar, establecida por algunos legislaciones, como la inglesa. Establece nuestra ley las asjgnaciones forzosas que el testador está obligado a hacer, y que se suplen cuando no las ha hecho, aún con perjuicio de las disposiciones testamentarias expresas. Esas asignaciones forzosas son en favor del c6nyuge, de los legiNmarios, de mejoras para Jos des- cendientes legítimos y de los alimentos que el t~ador debía por ley; en algunos casos, absorben las tres cuartas partes de la herencia, como ocurre cuando el testador tiene descendientes legítimos, que- dándole sólo uria cuarta parte de libre disposición. La sucesión testamentaria prefiere a la sucesión intestada; de modo que no tienen opción los herederos ab-intestato, sino a falta de herederos

36

ALFREDO

B~ROS

ERRÁZUruz

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testamentarios. In ult im is voluntat ibus d isposit io hom in is tollit d ispo- sitionem legi~, lege permitente.

El testain~nto.sirve de título; de modo que el que pide una he- rencia como heredero testamentario o reclama un legado hecho por testamento, debe presentar el testamento en debida forma; y no está obligado a probar que ese testamento no ha sido revocado por otro posterior; pues s610 al que quiere prevalerse de una revocaci6n le corresponde acreditarla. En la sucesi6n testamentaria se cumple la voluntad del testador siempre que sea conforme a derecho; pero hay un caso en que dentro de la sucesi6n testamentaria se aplican las reglas de la sucesi6n in- testada, y es cuando ·se deja una asignación, indeterminadamente, a Jos parientes, la cual se entenderá dejada a los consanguíneos del grado más pr6ximo, según el orden de la sucesión ab-intestato, etc. (art.

1064).

Sucesión intestada o ab-inte,stato es la que tiene lugar en virtud de

la ley, cuando no existe testamento válido, o éste ha quedado sin efecto.

Esta sucesión se llama también legítima, porque se defiere por la sola disposición de la ley. La ley llama para la sucesión intestada a los parientes consanguí- neos legítimos, a algunos parientes naturales y al cónyuge sobreviviente;

y 10 hace, tomando como norma las relaciones de consanguinidad y de

familia, e interpretando, en .10 posible:-, la voluntad del testador, po- niéndose en el caso de que éste hubiera podido manifestarla.

Todas las asignaciones que hace la ley en la sucesión intestada son

a título universal: o la totalidad o una cuota de la herencia. La ley no

hace asignaciones a título singular. Algunos creen ver una asignación a título singular hecha por la ley en las asignaciones alimenticias forzosas, para las cuales es indis- pensable apartar una suma determinada; pero esas asignaciones son consideradas por la ley en la misma categoría que las deudas heredi-

tarias, como deducciones previas que hay que hacer del acervo o ma- sa de bienes, pagadas las cuales, el resto es el acervo líquido de que

dispone el testador o la ley (art. 959).

Como se ve, la ley s610 dispone de los bienes, una vez pagadas esas obligaciones. Dentro de esas ideas, el Código, en el artículo 1170,

DEREC¡'¡:O

CIVIL

TER.CEÍ\.~ AÑO

37

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establece que los asignatarios de alimentos no-estarán obligados a de- volución alguna, en razón de deudas o cargas q!-le grávaren el patri- monio del difunto; en otras palabras, los considera como acreedores hereditarios y no como legatarios. S610 considera como legatarios

a los alimentarios voluntarios, es decir, a aquellas personas a las cua-

les graciosamente se les dej a una pensión alimenticia, sin que por ley

tengan derecho a ella (art. 1171). En la sucesión testamentaria los asignatarios son llamados por el

testador y suceden por derecho personal en. virtud' del testamento;

si a la fecha de la muerte del testador no e'xiste el asignatario, la asig-

nación queda sin

pretender OCupar su lugar, porque el llamamiento fué personal. Diversa cosa ocurre en la sucesión intestada, en que los llamamien- tos los hace la ley, presumiendo el orden de las afecciones del testador. En la sucesión intestada, los parientes más próximos no excluyen ne- cesariamente a los más remotos, sino que éstos, en algunos casos, su- ceden con los más próximos, representando a la persona en cuyos de- rechos están subrogados. Así, si fallece una persona dejando un hijo y tres nietos legítimos, hijos de otro hijo premuerto, estos nietos vie- nen a la sucesión de su abuelo por representación de su padre, y entre los tres no toman más parte que la que tomaría su padre si yiviese. La herencia se dividirá en dos partes; una para el hijo vivo y la otra para repartirla entre los tres nietos. El hijo vivo ,sucederá por derecho personal, y los nietos, por derecho de representación. Hay, pues, en la sucesión intestada, dos medios de suceder: por

efecto, y

nadie, ni aún sus hij os legítimos, pueden

derecho personal y por derecho de representación.

.

Los que suceden por derecho personal heredan por cabezas, esto es, cada uno por su propia persona y no por representación de otra. Cuando todos heredan por cabezas, la herencia se divide en tantas par- tes cuantos son los herederos que concurren. ' Los que suceden por derecho de ~epresentación heredan por es-

tírp~o troncos, de suerte que los que la representan, aunque sean mu- chos, no llevan entre todos ellos sino la porción que le hubiere t.ocado a la persona representada, si eIta hubiera existido.

parteintestada.-La su-

cesión en los bienes de una persona difunta puede ser parte testamen

12. Sucesi6n· parte

testamentaria

y

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ALFREDO

BARROS

ER,RÁZURlZ

=

taria y parte intestada (art. 952). Por el testamento se puede disponer del todo o de una parte de los bienes (art. 999); la parte de que el tes- tador no dispone se rige por las reglas de la sucesión intestada; de mo- do que puede haber en una misma sucesión herederos testamentarios y herederos ab-intestato. Si una persona dice: «instituyo a Pedro heredero en la mitad de mis bienes», la otra mitad no acrece a Pedro como heredero testamenta- rio, sino que corresponde a los herederos ab-intestato. En el Derecho Romano no podía morirse parte testado y parte intestado; y los bienes de que el testador no disponía acrecían a los herederas testamentarios en vez de pasar a los ab-intestato. Nema

partem testatus

partem

intestatus

decedere

potest.

El mismo principio reconocían las leyes de Partidas; pero mucho antes del Código Civil, una ley española de la Novísima Recopilación había mandado que la sucesión en los bienes de una persona difunta, podía ser parte testamentaria y parte intestada. 13. Convenciones sobre sucesión.-Sólo puede sucederse a una persona difunta en virtud de la ley o en virtud de un testamento; no hay otro título reconocido por la ley. Salvo un caso de excepción que luego veremos, en esta materia la ley no reconoce convenciones o pactos. La ley establece el principio general de que el derecho de suce- der por causa de muerte a una persona viva, no puede ser objeto de una donación o contrato, aunque intervenga el consentimiento de la misma persona (art. 1463); e)1. esos contratos, hay objeto ilícito y su nulidad es absoluta. La ley reprueba estos contratos entre cualesquiera personas, con o sin consentimiento del testador, para evitar que alguno de los contra- tantes, arrastrado por el interés, maquine la muerte deLotro, y en res- guardo también de la facultad que todo hombre tiene para testar libremente, sin trabas o compromisos anteriores. Por la misma razón y para asegurar también la revocabilidad de os testamentos, la ley prohibe los testamentos conjuntos y dispone ue el testamento es acto de una sipla persona y que son nulas todas las sposiciones contenidas en el testamento otorgado por dos o más rsonas a un tiempo, ya sea en beneficio recíproco de los otorgantes

DERECHO

CIVIL

TERCER AÑO

,'O de una tercera persona (a.rL 1003). Ni siquiera permite la ley la re· nuncia andcipada 'de un derecho hereditario en la sucesión"de-'uÍ)a persona viva, porque eso importaría un c~ntratosobre sucestÓn futura. No tendrá valor alguno, dice el artículo 1226,el permisó concedido por un legitimario al que le debe la legítima para que pueda testar, sin

,consideración a ella.'

. La única convenciÓn qtle por excepción autoriza la ley, relacio-

nada con la sucesión futura de una persona viva, es la que puede cele- brarse entre la persona que debe una legítima y el legitimario, relativa

a la cuarta de mejoras; de la cual trata el artículo .1204, que dice:

«Si el difunto hubiere prometido por escritura pública entre vivos, a un descendiente legítimo que a la sazón era legitimario, no donar ni .asignar por testamento parte alguna de la cuarta de mejor~s, y des-, pués contraviniere a su promesa, el dicho descendiente legítimo ten- <irá derecho a que los asignatarios de esa cuota le enteren lo que le ha- bría valido el cumplimiento' de la promesa, a prorrata de lo que su infracci6n les aprovechare, Cualesquiera otras estipulaciones sobre la 'sucesi6n futura, entre un legitimario y el que le debe la' legítima, serán nulas y de ningún valo~», . , También relacionada con '¡as mejoras es la disposición excepcional

<lel inciso 2. 0

para el pago de his deudas de un legitimario, descendiente legítimo, -dice que se imputarán a su legítima; pero que si el dif~nto hubiere

dec1ara~:l<:rexpresamente por acto entre vivos, que no se imputen a la

legítima, en este caso se considerarán como una U. 'Apertura de la sucesión.-La sucesión de. los bienes de una persora se abre al momento de su muerte en su último domiciiio, salvo los casos expresamente exceptuados, y se regla por la ,ley dé! domicilio .en que s~ abre, salvo las excepciones legales (art. (55). La apertura de la sJ.lcesi6n es un hecho jurídico consecuencial del hecho natural de la muerte de -una persona, y en virtud del cual los bienes del difunto pasan a los herederos y legatarios, qando nacimiento al derecho real de herencia y al modo de adquirir .llamado sucesión por causa de muerte. Para que se verifique la apertura de la sucesión es necesario qu~ haya muerto natural o civilmente la persona a quien se trata de suce

delart. 1203, que, tratando de losd~embolsos hechos

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ALFREDO

BARROS

ERRÁZUR~

der; de otro modo no hay sucesión ni derecho de herencia: Nulla est

11iventis hereditas.

La apertura de la sucesión se verifica en el momento m4mo de la muerte de la persona. La determinación del momento preciso de la muerte es de importancia capital, porque abriéndose la sucesión en ese momento quedan fijados los derechos de los herederos y de los lega- tarios. En ese momento preciso debe tener capacidad el heredero, y respecto de los bienes gananciales comienza la indivisión, entre el cónyuge sobreviviente y los herederos del difunto. Si la sucesión es testamentaria, todas las disposiciones contenidas en el testamento, aunque se haya otorgado con mucha anterioridad, estarán subordinadas a la ley vigente a la época en que fallezca el testador, que es cuando se abre su sucesión. En consecuencia, las le- yes que rigen al tiempo de la apertura prev~lecerán sobre las leyes anteriores a su muerte, en todo lo relativo a la incapacidad, indignidad, legítimas, mejoras, porción conyugal y desheredamientos. y si el testamento otorgado en época anterior contuviere disposi- ciones que según la ley bajo la cual se otorgó no debían llevarse a efecto, lo tendrán sin embargo, siempre que ellas no se hallen en opo- sición con la ley vigente al tiempo de morir el testador. Lo mismo ocurre con el derecho de representación, el cual se rige por la ley bajo la cual se hubiere verificado su apertura y con todo lo relativo a la adjudicación y partición de una herencia (arts. 18, 19, 20, y 21 de la ley de efecto retroactivo). Puede demorarse la aceptación de una herencia o legado hasta algún tiempo después de la muerte del testador; pero los efectos de la aceptación se retrotraen al día de la apertura de la sucesión; de manera que en cualquier momento que acepte el heredero, es lo mismo que si hubiera aceptado en el momento en que muri6 la persona: Hcures

jam tune amarle sucessisse de/uncto intelligitur (art.

1239).

Tendrá, pues, derecho a los frutos de la herencia desde el falle- cimiento del testador, como si hubiere aceptado entonces, porque los frutos son un accesorio de la herencia: fructus enim omnes auzent

(ar-

hoereditatem, sive ante illam aditam, sive post aditam accesrerint.

tículo 1)38).

DERECHO

CIVIL

TEllCER

AÑO

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Si son varios los herederos; cada uno de ellos se reputará haber sucedido al difunto inmediata y exclusivamente, desde el día del fa- llecimiento, en todos ios efectos comprendidos en su lote y no haber tenido parte alguna en los otros efectos de la sucesión, aunque la par- tición se haya hecho mucho tiempo después (arts. 718 y lJ44f Si el heredero es acreedor o defdor del difunto, su deuda activa o pasiva queda extinguida por la confusión desde la muerte de este último, en el todo, o por la 'cuota correspondiente si sólo es heredero de cuota (art. 1357). Aun en el caso de muerte presunta, en que no se abre y publi- ca el testamento ni se da la posesión provisoria de la herencia sino en virtud del decreto de posesión provisoria, los derechos de los herederos presuntivos quedan fijados con relación al día establecido por el juez COmo día presuntivo de la En virtud de la apertura de la sucesión nacen los, derechos de los herederos y de los legatarios. En resguardo de su derecho, todo el que tenga interés en una sucesión o se presuma que pueda tenerlo, podrá pedir, desde el momento de abrirse una sucesión, que los muebles y papeles se guarden bajo llave y sello hasta que se prOceda al inventa- rio solemr1e de los bienes hereditarios (art. 1222). 15. Lugar de la aperiura de la sucesión.-La sucesión de los bienes de una persona se abre en su último domicilio, salvo los casos expresamente exceptuados (art. 955). En la necesidad de determinar de un modo uniforme y fijo el lu- gar en que se debe abrir la sucesión de una persona, la ley ha elegido el lugar del último domicilio, con preferencia al lugar donde el difunto tenía propiedades o a cualquier otro, a fin de que el heredero, como cOntinuador de la persona del difunto, atienda al ejercicio de los de- rechos y al cumplimiento de las obligaciones de éste, en el mismo lugar en que éste 10 hacía; ordinariamente el difunto habrá tenido en su do- micilio su familia, sus relaciones y negocios. ' . En el caso de presunción de muerte por desaparecimiento, la su- cesión se abre en el último domicilio que el desapareCido tuvo en Chile. Conviene tener presente que o hay personas que tienen domicilio impuesto por la ley.eí cual puede ser diverso del lugar de la residencia efectiva, y. áun habit;ual de esas personas, y en estos casos hay que

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ALFltEDO

BARROS

ERRÁZURIZ

considerar el domicilio legal, para los efectos de la apertura de la suce-

si6n.

Así, la mujer casada no divorciada sigue el domicilio del marido mientras éste resida en Chile (art. 71). En consecuencia, si una mujer casada, no divorciada, fallece en el extranjero donde residía ordinaria- mente, pero conservando su marido, del cual no estaba divorciada, su domicilio en Chile, la sucesión de esa mujer casada, fallecida en el ex- tranjero, se abre en Chile y se rige en todo por la ley chilena. La fuerza de la disposición legal que establece que la sucesión de una persona se abre en su último domicilio no puede destruirse por la voluntad del testador, porque es de orden público. Si el testador declara en su testamento un domicilio diverso del que realmente tenía o del que le corresponde legalmente, esa declara- ción no debe tomarse en cuenta para los efectos de determinar el lugar en que debe abrirse la sucesión. La fijación del lugar preciso en que se abre la sucesión tiene dos objetos. a) Determinar la competencia del tribunal para todas las cuestio- nes relativas a la sucesión a saber: apertura y publicación del testa- mento, formación de inventarios, tasación y partición de bienes, po- sesión efectiva, juicio de petición de herencia, desheredamiento, vali- dez o nulidad de las disposiciones testamentarias, etc. (arts. 1009 del Código Civil y 221 de la ley de Tribunales). El juez letrado del departamento en que está el último domicilio del fallecido conocerá, pues, de todas esas diligencias. b) Determinar la ley que ha de regir la sucesión. Toda sucesión por causa de muerte se rige por la ley del domicilio en que se abre; si la sucesión se abre en Chile, se regirá por la ley chilena; si en Francia, por la francesa, etc. 16. Le)' que rige la sueesión.-El inciso final del artículo 955 dispone: la sucesión se regla por la ley del domicilio en que se abre; salvo las excepciones legales. Diversos sistemas existen para determinar la ley que rige las su~ cesiones:

a) Un sistema atiende a la situación de los bienes que componen

DERECHO

CIVIL

TEllCBR.

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la herencia, es decir, a la ley del territorio, la que hacen prevalecer so- bre toda otra consideración. Este sistema se presenta mitigado en. algunos países,· que lo apli- can sólo a la sucesión· de los inmuebles, dej ando que los muebles se rijan por la ley del domicilio, como ocurre en Inglaterra y Estados Unidos. b) Otro sistema hace prevalecer la nacionalidad del testador, como la ley española que dice: «Las sucesiones legítimas y las testa- mentarias, así respecto al orden de suceder como a la cuantía de los derechos sucesorios y a la validez intrínseca de sus disposiciones, se reglarán por la ley nacional de la persona de cuya sucesión se trata, cualquiera que s~a la naturaleza de los bienes y el país en que' se en- cuentren». e) Otro sistema atiende a la ley del domicilio, como lo hace nuestro C5digo, que, en materia de sucesión por causa de muerte, prescinde de la regla general del artículo 16, aplicable a los bienes situados en Chile y sólo hace prevalecer la ley del territorio, en los casos excepcio- nales que más addante indicaremos. Nuestra legislación procede con bastante liberalidad en esta ma- teria, no haciendo (salvo casos muy calificados), para la adquisición y goce del derecho de sucesión, diferencia alguna entre el chileno y el extranj ero; ni siquiera establece el principio de reciprOcidad, como lo

hace

El principio de que la sucesión se rige por la ley del domicilio en que se abre tiene algunas excepciones. 1. o Si un chileno fallece en el extranjero, donde también tenía su último domicilio, su sucesión se rige por la ley del país extranjero donde fallece. Pero, como el artículo 15 dd Código Civil prescribe que las leyes patrias siguen al chileno, no obstante su domicilio en país extran-

en lo tocante a las obligaciones y derechos que nacen de las rela-

ciones de familia respecto de su cónyuge y parientes chilenos, resulta

que si ese chileno tdomiciliado en el extranjero dej a cónyuge y parientes chilenos, éstos tienen derecho para reclamar su parte en la herencia,

por excepcióñ, se

con arreglo a la ley chile!)a, la que en este caso, y aplica en favor de ellos.

'1

otras legislaciones.

jero,

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BARROS

ERRÁZURIZ

Si los bienes dejados por un chileno fallecido en las condiciones dichas, están todos en Chile, no se presenta dificultad alguna, pues, tanto los parientes chilenos como los extranjeros son llamados del mismo modo y según las mismas reglas. Si los bienes están todos en el extranjero, por la fuerza de las cosas y a pesar de la disposición del artículo 15 del Código Civil, esa sucesión se regirá en el hecho por la ley de la situación de los bienes, y a ella tendrían que acogerse los chilenos; nada podrían reclamar ante nuestros tribunales, por cuanto ellos no tienen jurisdicción fuera de nuestro territorio. Si los bienes están situados, parte en Chile y parte en el extranjero, la sucesión del chileno que fal1ece domiciliado en el extranjero se rige, en general, por la ley del país en que tuvo su último domicilio; pero para este caso contiene nuestro Código una disposición importante, destinada a favorecer a los chilenos. Temió el Código que la ley extran- jera no autorizase a los parientes chilenos para recoger su') derechos hereditarios en los bienes situados en el extranjero, y que los parientes (:xtranjeros, al contrario, pretendieran concurrir con los chilenos al reparto de los bienes situados en Chile. Para evitar esto, dispuso que, en este caso, los chilenos tendrían a título de herencia, porción conyu- galo alimentos, los mismos derechos que, según las leyes chilenas, les corresponderían en una sucesión abierta en Chile; y para hacer efec- tivo este derecho, estableció que podrían pedir que de los bienes exis- tentes en Chile, se les adjudicara todo lo que les corresponda en esa sucesión. De esta -manera no hay temor de que sean burlados los pa- rientes chilenos, ya que la ley chilena y los tribunales chilenos tienen jurisdicción sobre los bienes situados dentro del territorio (art. 998).

en territorio extranjero fallece

ab-intestato dej ando en Chile algunos bienes y parientes chilenos, su sucesión, según el principio general, se rige por la ley del domicilio, pero su cónyuge y parientes chilenos, si los tuviere, gozan de los mis- mos derechos que, según las leyes chilenas, les corresponderían en la sucesión de un chileno, y lo mismo que en el caso anterior, pueden hacer efectivo su derecho, pidiendo que se les adjudique en los bienes del extranjero existentes en Chile, todo lo que les corresponda en la sucesión del extranjero (art. 998).

2. o Si un extranjero domiciliado

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CIVIL

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. El artículo 998 es incompleto en su redacción y sólo contempla el caso de la sucesión ab-intestato de un extranjero, sin aludir al caso de la sucesión testada, en que debe aplicarse el mismo principio; ya que el legislador ha sentado una regla general sobre la materia. 3." En caso de declaració';' de muerte presunta, decretada en Chile por desaparecimiento, la sucesión del desaparecido se regirá por la ley chilena, aunque se ignore cuál haya sido su último domicilio y se pre- suma razonablemente que lo haya tenido en otra parte (inciso l." del arto 81). 4.° La ley de contribución de herencias N.O 4533, de 21 de Enero de 1929, dispone en su arto 25: «Cuando la sucesión se abra en el extran- . jera, y no obstante lo dispuesto en el art: 955 del Código Civil. deberá pedirse en Chile la posesión efectiva de la herencia, respecto de lOs bienes situados dentro del territorio chileno, .para los efectos del pago de los impuestos establecidos por esta ley». «La posesión efectiva, en este caso, deberá pedirse en el lugar en que tuvo el causante su último domicilio en Chile, o en la capital de la República si no lo hubiere tenido~.

17. Delación de la asignación.-La delación es el actual llama-

miento de la ley a aceptarla o repudiarla. Es palabra de origen latino, del verbo deferir, que significa poner una cosa delante de una per- sona para que diga si quiere o no. Este llamamiento de la ley para que el asignatario acepte o repu- die, que se produce desde el 'momento de la muerte del testador, tiene especial importancia, porque constituye un derecho, un bien incor- poral que aumenta el patrimonio del heredero o legatario llamado; de manera que si éste muere después dei llamamiento que le hace la ley y antes de manifestar si acepta o repudia, transmite a sus herederos el derecho de aceptar o repudiar en los mismos términos. La' delación de la asignación tiene lugar en el momento de la muerte del testador, si el heredero o legatario no es llamado condicionalmente,' o en el mo- mento de cumplirse la condición, si es condicional el llamamiento ; sal- VD que la condición sea de no hacer algo que dependa de la sola volun- taq del asignatario; pues en este caso la asignación se defiere en el mo- mento de la muerte del testador, dándose por el asignatarió caución

,

.

suficiente de restituir la cosa asignada con sus accesiones y frutas en

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ERRÁZURIZ

caso de que a la condici6n se contravenga; lo cual, sin embargo, no tendrá lugar cuando el testador hubiere dispuesto que mientras penda la condici6n de no hacer algo, pertenezca a otro asignatario la cosa asig- '

nada (art. 956). En otros términos, en el momento de la muerte del testador se produce la delaci6n de las asignaciones puras y simples y de las asig- naciones bajo condici6n resolutoria, porque esta condici6n, por su cum- plimiento, extingue un derecho sin suspender su adquisición. Pero no se produce la delación de las asignaciones bajo condici6n suspensiva, porque esta condición, dada su naturaleza, suspende la adquisición del derecho mientras no se cumple; en este caso, el llamamiento es con- dicional y no puede considerarse hecho mientras la condición no se realice. Verificada la delaci6n, esto es, deferida al asignatario la herencia o legado, si este fallece antes de aceptar o repudiar, tranSmite a sus he- rederos el derecho de aceptar o repudiar, aun cuando fallezca sin saber que se le ha deferido; pero no se puede aceptar este derecho sin acep- tar la herencia de la persona que lo transmite. (art. 957). La delaci6n se verifica por ministerio de la ley, y no necesita la voluntad, ni siquiera el conocimiento del asignátario llamado, el cual puede fallecer sin saber que se le ha deferido la asignación, y sin em- bargo transmite a su heredero el derecho de aceptarla o repudiarla. 18. Diferencia entre la delación y la apertura de la suce- si6n •.-Hay, pues, diferencia entre la apertura de la sucesión y la de- lación.

a) Aquella es un hecho general que fija los derechos de los intere-

sados en la sucesi6n; ésta es un hecho particular que se produce de dis- tinta manera, según los casos.

b) La apertura de la sucesión tiene siempre lugar en el momento

preciso de la muerte del testador; la delación se verifica al mismo tiem- po que la apertura de la sucesión cuando la asignación no está some- tida a una condición suspensiva; pero si está sometida a una condición

suspensiva, la delación no tiene lugar hasta el cumplimiento de la con- dición. En este último caso, es decir, cuando hay condición suspen- siva, el asignatario debe ser capaz de suceder, no s610 en el mo- mento de la muerte sino también en el momento de cumplirse la con-

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CIViL

TEIlCER. AÑO.

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dici6n; de manera que si fallece en el tiempo intermedio entre la muer· te del testador y el cumplimiento de la condición, nada ha adquirido y, por cOnsiguiente, nada transmitirá a sus herederos. e) Producida la delación de la asignación, el asignatario puede libremente aceptarla o repudiarla y si fallece antes de haber aceptado o repudiado transmite a su heredero el derecho de hacerlo. Si sólo se ha abierto la sucesión y se trata de una asignación con condición suspen- siva que no ha sido todavía deferida, el asignatario. no pu~de acep- tarla; pero puede repudiar la asignación incondicional, aunque esté pendiente todavía la condición, con· tal que haya muerto la persona de cuya sucesión se trata (art. 1226). d) Deferida la asignación, el heredero y el legatar'io de especie adquieren la propiedad de la herencia o legado.

.

.

También, al momento de deferirse la herencia, la posesión de ella se confiere por el ministerio de la ley al heredero; o sea, éste adquiere la posesión legal (art. 688). Estos dos efectos son propios de la delación.

19. Herencia.-La herencia es un derecho real que tiene por ob-

jeto la universalidad de los bienes del difunto o una cuota de ellos, como la mitad, el tercio o el quinto (arts. 577 y 951); El asignatario de herencia se Uamá heredero. Es peculiar de este derecho su carácter universal, ya se refiera a todo el potrimonio o a una cuota de la universalidad, y en esto se dis~

tingue fundamentalmente del dominio, que versa sobre una cosa sin- gular. Támbién es propio de este derecho, su adquisición por la sucesión por causa de muerte. Mientras no fallece la persona, no nace en su sucesOr, testamentario o ab-intestato, el derecho de herencia. Aunque la herencia comprende todos los bienes muebles e ir:Ímue- bies del difunto, sin emb~rgo, es una cosa incorporal, es un derecho ~listinto de los bienes que la componen. En efecto, se entiende por bienes lo que queda después de pagadas las deudas; pero la herencia comprende tanto el activo como el pasivo del patrimonio, tanto los derechos como las obligaciones. La venta de una herencia ya deferida es un acto solerniie y no se

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reputa perfecta ante la: ley mientras no se ha otorgado escritura pú-

blica (art. 1801). El que vende un derecho de herencia, sin especificar los efectos de que se compone, no se hace responsable sino de su calidad de here- dero (art. 1909). La adquisición hecha por herencia es una adquisición a título gratuito; y si se trata de un cónyuge sometido al régimen de comuni- dad, no se agrega a la sociedad conyugal, sino a los bienes propios del cónyuge heredero (art. 1726). No es de ia esencia de este derecho el que comprenda bienes de- terminados. Una persona que al morir no tiene bienes conocidos, deja, no obstante, una herencia: Hereditas eliam sine ullo corpore, juris intellectum habet.

El derecho real de herencia se defiere al heredero en el momento de fallecer la persona de cuya sucesión se trata, si no es llamado bajo condición suspensiva; pero como nadie puede ser obligado a aceptar una herencia, ya sea testamentaria o ab-intestato (porque cada cual es libre de renunciar a su derecho, Nemo hoeres invitus) , resulta que para adquirir la calidad de heredero y contraer las responsabilidades consiguientes, es menester la aceptaci6n voluntaria de la herencia. Se puede aceptar la herencia pura y simplemente, o con beneficio de inventario. El que la acepta pura y simplemente queda obligado a pagar las obligaciones hereditanas y las cargas testamentarias, aunque impor- ten más que los bienes que hereda. El que acepta con beneficio de inventario no es responsable de las deudas hereditarias y testamenta- nas, sino hasta concurrencia del valor total de los bienes que ha here- dado (art. 1247). La aceptación puede ser también expresa o tácita: expresa, cuan- do se toma el título de heredero en escritura pública o privada, obli- gándose como tal, o en un acto de tramitación judicial; y tácita, cuando se ejecuta un acto que necesariamente supone la intención de aceptar, y que no hubiera tenido derecho de ejecutar si no se reconociese here- dero (arts. 1241 y 1242).

Se llama yacente ia herencia que no ha sido aceptada por el here- dero ni tiene albacea con tenencia de bienes; y se dice yacente, porque

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mientras no la acepta o entra en ella el heredero, parece que descansa . . La declaración de 'yacencia se hace por el juez, a>instancia de alg{tn

interesado, cuando no ha sido aceptada dentro de los quince días después de abrirse la sucesión. A la herencia yacente se le nombra un eurador de bienes que la administre (art. 1240). Como la aceptación de una herencia trae graves responsabilida- des para el heredero, se le concede un plazo para que inspeccione los objetos de que se ¡;:ompone la herencia, las cuentas y papeles de la su-

cesión, y

perjuicio de la aceptación. Este plazo, llamado plazo para deliberar,

es de cuarenta días, contados desde que se interponga demanda ju-

dicial para obligarlo a declarar si acepta o repudia (art. 1232). Si nadie 10 apremia, puede aceptar en cualquier tiempo, mientras sus derechos no hayan prescrito. . El derecho de herencia, como cosa universal no puede reivindi- carse, sino gue tiene su acción propia, que se llama petición de herencia y que es la acción que se concede al heredero de un difunto para exigir los bienes hereditarios, .de cualquiera persona que, no sndolo, los ocu-

pare en' calidad de heredero (art. 1264).

Esta acción puede intentarse dentro de treinta años; pero expira antes, si el individuo que posee una herencia es heredero putativo que la posee de bl,lena fe (v.gr.: ignorando que por un testamento posterior perdió su calidad de heredero) y cotijusto título. En este ca-

so le sirve de tal el decreto judicial de posesión efectiva y puede oponer

a la acción la petición de herencia la prescripci6n de diez años canta·,

dos como para la adquisición del dominio (art: 1269). El heredero puede también intentar la acción reivindicatoria res- pecto de cada uno de los bienes singulares que ha adquirido por medio de la sucesión por causa de muerte. 20. Posesión de la herencia.-La pospión de la herencia es de dos ciases: posesión legal y posesión efectiva. Se llama posesión legal

la que se confiere por el ministerlo de la ley al heredero ~.nel momento

de deferirse la herencia y que se adquiere desde ese momento, aunqúe el heredero lo ignore; salvo el caso del que válidamente repudie la he- rencia, >que' se entiende no habeda poseído jamás (art. 722). Se' llama posesión efectiva, la que se concede por decreto judicial, inscrito en

resuelva lo que le parezca más ventajoso sobre la utilidad o .

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ALFIl.EDO

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EIlRÁZuruz

el Registro Conservador del departamento en que haya sido pronun- ciado. Si la sucesión es testamentaria, debe inscribirse al mismo tiempo el testamento. La posesión efectiva de la herencia debe pedirse al juez del último domicilio, que tuvo el testador o causante. A la solicitud de posesión efectiva deben acompañarse el testamento, si lo hay, y un inventario de los bienes de la herencia, o bien, pedir aljuez que decrete la formación de inventario solemne, en los casos en que éste es necesario. También debe comprobarse el hecho de la muerte y la calidad de heredero del solicitante. La resolución por la cual el juez concede la posesión efectiva, y

que se llama decreto o auto de posesión efectiva, debe publicarse en ex-

tracto por tres veces, en un periódico del departamento o de la cabece- ra de la provincia, cuando ahí no lo hubiere, y debe además, fijarse durante quince días hábiles, por carteles colocados en la Oficina del Conservador de Bienes Raíces del departamento que corresponda al Juzgado que dictó el auto.

La inscripción en el Consen>ador respectivo del decreto de posesión

efectivo no puede hacerse mientras no la autorice expresamente el juez, previa comprobación de tres circunstancias: 1.° Que se han hecho

las publicaciones legales; 2.° Que se ha efectuado la fijación de cartel

en el Conservador; y 3. ° Que se ha

bienes o que se ha hecho inventario solemne de ellos, agregándose al expediente copia autorizada del inventario simple pro"tocolizado o del solemne. Se llama protocolización del inventario el acto por el cual un notario inserta en sus libros el texto del inventario y lo certifica así. Antes de resolver el juez debe oír a la Dirección de Impuestos Internos. (Ley N.O 4533, de 21 de Enero de 1929). Sólo la posesión efectiva debidamente inscrita y seguida de las demás inscripciones especiales habilita al heredero para disponer de los bienes inmuebles de que se compone la herencia. La posesión legal no lo habilita para disponer de los bienes in- muebles; pero obsérvese que esta prohibición de la ley no le impide disponer de su derecho de herencia, que es cosa distinta de los bienes de que ella se compone.

protocolizado el inventario de los

Puede un heredero, aun antes del decreto de posesión efectiva.

continuar

DERECHO

ClVll.

'fERCEl\.

AÑO

ir atrás

¡,

vender válidamente su derecho de herencia, siempre que esté abierta la sucesión. Decimos que hay otras inscripciones especiales ordenadas por la ley, además de la del decreto de posesión efectiva, para poder disponer de Jos inmuebles. En efecto, fallecida una persona que deja bienes inmuebles y Va-· dos herederos entre los cuales se hace partición, ha):'. que hacer necesa- riamente las siguientes inscripciones:

1." Inscripción del decreto ju~icial que da la posesión efectiva; este decreto se inscribirá en el Registro Conservador de Bienes Raíces del departamento en que haya sido pronunciado, que es el del último domicilio del testador; y si la sucesión es testamentaria, se inscribirá al mismo tiempo el testamento; 2. a Inscripción a nombre de los herederos en común, del título de dominio y de cualquier otro de los derechos reales sobre bienes

raíces que existan

de la anterior, se hará en el Registro COnservador del departamento donde estuviere situado el inmueble; y si éste, por su situación, perte- nece a varios departamentos, deberá hacerse la inscripción en el Re- gistro de cada uno de eUos. Si el título es relativo a dos o más inmpe- bIes, deberá inscribirse en los Registros Conservatorios de todos los departamentos a que por su situación pertenecen los dichos inmuebles. En virtud de la inscripción del decreto de posesión efectiva y de ésta especial del título de dominio de cada inmueble, los bienes raíces· de la sucesión quedan inscritos y figuran en el Conservador ~ nombre de los herederos, como dueños en común y pro-indiviso. Una vez hechas esas inscripciones,los herederos, de consuno, esto es, de acuerdo entre ellos, podrán, compareciendo todos al acto, disponer de los in-

muebles hereditarios. 3." Si para hacer cesar la indivisión se efectúa partición entre los herederos, y por un acto de partición se adjudican a una o a varias personas los inmuel?les o parte de los inmuebles que antes se poseían pro-indiviso, el acto dé partición, en lo relativo a cada 'inmueble C? a cada parte adjudicada, se inscribirá en el departamento o departamentos a que por su situación corre~~~~PJ.:t~inmueble 0. parte.

en la sucesión. Esta inscripción especial, distinta

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En virtud de esta última inscripción, el heredero adjudicatario de uno o varios inmuebles podrá disponer por sí solo, sin intervención de los otros, del inmueble o inmuebles que en la partición le hayan cabido, y en dicho inmueble o inmuebles se reputará haber sucedido inmediata y exclusivamente al difunto (arts. 687, 688 y 1344). No hay, pues, como pudiera creerse, transferencia de los derechos de los herederos en común a los adjudicatarios separadamente considerados, pues cada adjudicatario, por disposición expresa de la ley, sucede in- mediatamente al difunto y no a la comunidad de todos los herederos; en otras palabras,' el título del adjudicatario no es traslaticio sino

declarativo de derechos.

21. Transmisión.-Trata del derecho de transmisión el artículo 957 del Código Civil, que dice: «Si el heredero o legatario cuyos dere- chos a la sucesión no han prescrito, fallece antes de haber aceptado o repudiado la herencia o legado, que se le ha deferido, transmIte a sus hereoeros el derecho de aceptar o repudiar dicha herencia o lega- do, aun cuando fallezca sin saber que se le ha deferido. No se puede ejercer este derecho sin aceptar la herencia de la persona que lo transmite» . Se llama derecho de transmisión la facultad que tiene el heredero de una persona cuya herencia ha aceptado, para suceder en los derechos que esta persona tiene respecto de una herencia o legado que le dejó un tercero y que no alcanzó a aceptar o repudiar. Este derecho de transmisión tiene lugar, tanto en la sucesión tes- tada como en la intestada, y por su medio pueden adquirirse las he- rencias y los legados. Esto que se llama derecho de transmisión no es una novedad; por el contrario, es una consecuencia lógica de los principios generales que hemos establecido respecto a la sucesión por causa de muerte. En efecto, sabemos que al momento de la muerte del testador se defiere la herencia o legado, y que el asignatario adquiere desde ese instante, en virtud del llamamiento que le hace la ley, el derecho de aceptar o repudiar la asignación deferida. Si el asignatario acepta y muere, transmite a sus herederos, incorporada a su patrimonio, la propiedad de la herencia y del legado de especie o cuerpo cierto, y un derecho personal, si se trata de un legado de cantidad o género.

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Si e! asignatario repudia y muere, nada transmite, pues por la repudiación válidamente hecha, renunció a todo derecho hereditario. Pero no son éstos los dos únicos términos en que la situación se colo- ca; entre la delación y la ¡lceptación o repudiación puede mediar un tiempo más o menos largo, y e! asignatario puede morir antes de ha- ber.aceptado o repudiado. En este caso, transmite con su propia heren- cia el derecho que tenía de aceptar c repudiar lo que ya con anterio- ridad se le había deferido, pero sobre lo cual aun no se habia pronunciado. En esto 'consiste el derecho de transmisión. Decimos que esto no es una novedad, porque según el artículo 951, el heredero sucede al difunto en todos sus bienes, derechos y obliga- ciones transmisibles o en una cuota de ellos, y entre esos derechos va envuelto el que tenía el difunto para aceptar o repudiar la herencia

o legado a que la ley lo llamaba. Es condición propia de! título universal recoger todos los dere- chos de! difunto, aun aquellos cuya existencia ignoraba él mismo; por eso la transmisión se verifica, según dice el artículo 957, aun cuan- do fallezca sin saber que se le ha deferido. Para la debida comprensión de este derecho, hay que considerar

a tres personas que intervienen:

a) El primer causante, que deja el legado o herencia aun no acep- tada o repudiada; b) El transmitente, que es el llamado a la herencia

o legado que se le ha deferido, y que muere antes. de haberla aceptado

o repudiado, por lo cual transmite a su heredero del derecho de acep- tar o repudiar; y c) El heredero~ que es el que habiendo aceptado la herencia del transmitente, ha adquirido junto con ella e! derecho de aceptar o repudiar la herencia o legado dejado por el primer causante. Para que tenga lugar este derecho se necesita, pues:

l." Que el transmitente sea persona capaz y dij{na de suceder, pues

si no lo fuera no se hábría verificado a su ·favor el llamamiento de la

ley para aceptar o repudiar la asignación; y si nada tiene, nada puede

transmitir;

2. o Que la persona a quien se transmite este derecho sea heredero testamentario o ab-intestato del transmitente, porque sólo en virtud del título universal se recogen todos los derechos de otra persona.

Este derecho no se transmite a los legatarios (arts. 951 y 9571 :

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3. o Que el heredero testamentario o ab-intestato del transmiten te haya aceptado la herencia de éste, porque el derecho de que tratamos se adquiere juntamente con los otros que forman la herencia del trans- mitente, para lo cual es indispensable aceptar la herencia en que va incluído ese derecho (art. 957); Y 4. o Que los derechos del transmitente a la sucesión del primer causante no hayan pr~scrito. Si'esos derechos están prescritos, no tiene lugar el derecho de transmisión, porque al heredero no pueden trans- mitirse derechos que no se tienen. La prescripción se produce cuando entre la delación y la muerte del asignatario que no ha manifestado que acepta o repudia, han transcurrido más de treinta años, tratándose de una herencia poseída por cualquiera que no sea heredero putativo con decreto de posesión efectiva. Si se trata de una herencia poseída por un heredero putativo, los derechos prescriben en diez años. Y si se trata de legados, habrá que atender a la clase del legado y aplicar las reglas generales (arts, 957 y 1269). Tampoco tendrá lugar el derecho de transmisión cuando requerido judicialmente el asignatario para declarar si acepta o repudia, se haya constituído en mora de declarar, porque en este caso según la ley, se entiende que repudia (art. 1233). Un ejemplo de derecho de transmisión sería el siguiente:

Juan fallece dejando un testamento cerrado en el que instituye como heredero universal a Pedro. Pedro, que vivía a la fecha de la muerte deJuan, muere pocos días después, pero antes de la publicación del testamento de Juan e ignorando sus disposiciones; en el testamento que dej a Pedro nombra su heredero a Andrés. Andrés acepta la herencia de Pedro, y como consecuencia de su calidad de heredero de Pedro, adquiere el derecho que éste tenía de aceptar o repudiar la herencia de Juan. En este ejemplo, Juan es el primer causante; Pedro, el transmi- tente; y Andrés, el heredero. Como se ve por este ejemplo, la transmisión se verifica cuando al morir una persona pasan a' su heredero los derechos hereditarios que han descansado sobre' su persona aunque no sea más que un momento, y aun cuando, por ignorarlos, no haya hecho respecto de ellos, acto al¡uno como heredero.

·PERECHO

CIVIL

TERCER

AÑO

en

(:iertos casos, el derecho de

produce el efecto de hacer entrar a úna o varias personas en el lugar y,por consiguiente, en el grado de parentesco y en los derechos here-

22. Representaeión.-En la sucesión

intestada tiene

lugar,

repre~entación, que es una ficción legal que

ditarios que tendría su padre o madre, si éste o ésta no quisiese o no pudiese suceder. El derecho de representación existía en ei Derecho Romano y en la antigua legislación española; pero nuestro Código, apartándose de otras legislaciones que sólo permiten representar a una persona muerta, ha ampliado su aplicación, permitiendo representar no sólo a una per~ . sana muerta sino a una persona viva. Así, permite representar al in~ capaZ, al indigno, al desheredado y al que repudió la herencia del di- . funto (art. 987). Pensó nuestro Código que no era justo que las faltas de los padres recayesen sobre los hijos, o que éstos pudiesen perjudi- carse por repudiaciones caprichosas de sus padres o ascendientes. Estos bienes forman el peculio adventicio extraordinario del hijo, y en ellos no tiene el padre la administración ni el usufructo (arts. 243 y 247). Este derecho, que algunos lliiman derecho de sangre, porque su- pone parentesco de consanguinidad, se funda en el orden natural de las afeccic¡,nes del difunto. Por esta razón, el derecho de representación tiene lugar sólo en la des.cendencLa; en la descendencia legítima del difunto. en la descendencia legítima de sus hermanos legítimOs yen la descendencia legítima de sus hijos o hermanos naturales. Fuera de estas descendencias legítimas no hay lugar a la representación (art. 986). La representación no tiene lugar en favor de los a,scendientes; los más . próximos excluyen siempre a: los más remotos y si hay un solo .ascen- diente en el grado más próximo, sucederá éste en todos los bienes o en toda. la porción hereditaria de los ascendientes (art. 989). Así, si

.

--

dejando madre viva y también

abuelos paternos, no concurren éstos a la herencia con la madre del difunto, la cual lleva total y exclusivamente 10 que por ley corresponde a loS ascendientes. La ley no admite la representación en la ascendencia, porque los afocto.s del hombre se extienden de preferencia a su descendencia, según

muere una persona sin hijos legítimos,

$que! adagio: «el amor que baja es más fuerte que el amor que sube».

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Además, como el hijo habría encontrado los bienes del asc~ndiente en la sucesión de su padre si éste no hubiese muerto antes o renunciado, es natural que lo represente para conformarse a lo que de ordinario ocurre; por el contrario, siendo de presumir que los ascendientes de más avanzada edad hayan de morir antes que su hijo o nieto, no exis- te por regla general para. ellos el motivo de la representación. Obsérvese también que la ley sólo establece la representación en la descendencia legítima del difunto, de sus hermanos legítimos o de sus hijos o hermanos naturales. Para que tenga lugar la representación, y entren los descendientes legítimos a ocupar el lugar y grado del representado, es menester que éste falte, porque si él intermediario no falta, no puede el descen- diente subir al grado superior a ocupar su puesto; y se entiende que falta el intermediario, cuando ha muerto antes que el testador, o sea, cuando no es capaz, cuando es indigno de heredar, cuando ha sido des- heredado y cuando repudió la herencia del difunto. En todos esos casos puede el representante ocupar el lugar y grado del representado. Explicando el fundamento de esta disposición, dice Don Andrés Bello: «Sería duro que la incapacidad, indignidad, desheredación o repudiación del padre perjudicase a los hijos. Los descendientes del difunto tienen derecho a sucederle en sus bienes desde el momento que dej a de haber una persona intermedia entre el difunto y ellos; el de- recho de representación no hace más que determinar las porciones hereditarias de los representantes>.'. En cuanto a la extensión en cada línea del derecho de represen'7 tación, nuestro Código, de acuerdo con todas las legislaciones, admite la representación indefinidamente, yen todos los casos que puedan pre- sentarse dentro de la línea recta legítima descendente, sea que se en- cuentren entre sí los descendientes en grados iguales o desiguales; de modo que puede concurrir un hijo del difunto, con un nieto de otro hijo premuerto, y con un biznieto que carece de padre y que desciende de otro hijo también premuerto. Como los representantes ocupan el lugar y, por consiguiente, el grado de parentesco y los derechos hereditarios que tendría la persona representada si pudiese o quisiese suceder, no tienen en ning(¡n caso

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-p

más derechos y obligaciones que la persona representada y deben ser capaces y dignos de heredar. Consecuencia necesaria de la naturaleza de la representación es que los que suceden por representación, heredan en todo caso por estirpes o troncos, es decir, que cualquiera que sea el número de los hijos que representan al padre o madre,. toman entre todos y por igua- les partes la porción que hubiere cabido al padre o madre representado. Si :un mismo ·tronco ha producido muchas ramas, la sub-división de la' herencia se hace también por estirpes en cada rama, y sólo los miembros de una misma rama vienen a dividirse por cabeza la parte que tocó a la rama. Se puede representar a una persona, aunque se haya renunciado a su sucesión, Expresamente lo dice el artÍCulo 987: «Se puede repre- sentar al ascendtente cuya herencia, se ha repudiado». Así, muerto un padre de familia, puede el hijo renunciar a su herencia y, por con- siguiente, a todos los derechos y obligaciones. que la misma contiene. Si después ocurre la muerte del abuelo paterno a cuya sucesión habría sido llamado el difunto si viviese, puede el hijo concurrir a la herencia del abuelo, por dere ,ha de representapión, aunque haya renuncia,do a la herencia del padre, porque si él creyó esto conveniente, no por eso re- nunció el derecho de representación, que le pertenece por disposición especial de la ley. Los que suceden por representación ocupan el lugar y grado del representado, pero no suceden por intermedio de éste, ya que acabamos de ver que pueden renunyiar la herencia del representado. Suceden di- rectamente, en virtud de un llamamiento especial de la ley, y no son reSPonsables de las deudas del representado, sino en el caso de que acep- ten su herencia. Más aún, puede una persona ser indigna de suceder a su padre y no ser indigna de suceder a su abuelo. La- representación· tiene lugar, por regla gene~al, en la sucesión intestada; pef{) tam,bién se aplica enlas legítimas, en las cuales dice la ley que los legitimarios concurren y son excluidos según el orden y reglas de la sucesión intestada (art. 1183); y en las asignaciones tes- tamentarias hech?S indeterminadamente a los parientes (art. El derecho de representaCión que da al representante el lugf!r y grado del representado, tiende a acercar al. represmtado cop. el te,sca-.

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ALFR.EDO

BAltROS

ERR.ÁZUl\.IZ

dor, dándole un grado de parentesco más cercano del que realmente tiene, y esta circunstancia le servía, aun para el pago del impuesto de herencia, que era menor cuando el parentesco era más cercano; pero la última ley de contribución de herencias, N.o 4533, de 21 de Enero de 1929, innovó en esta materia y estableció que el impuesto se pagaría sobre el valor líquido de la respectiva asignación, con arreglo a la es- cala progresiva, que aumenta la contribución a medida que es más dis-

tante el parentesco, aun cuando se suceda por derecho de representa-

ción (art. 2. o). En otros términos,

su grado propio de parentesco y no sobre la base del grado de paren- tesco del representado. La ley de efecto retroactivo da reglas para el caso de conflicto entre leyes dictadas en diversas épocas, relacionadas con la represen- tación. En las sucesiones forzosas o intestadas, dice el arto 20 de esa ley, el derecho de representación de los llamados a ellas, se regirá por la ley bajo la cual se hubiere verificado su apertura. Pero si la sucesión se abre bajo el imperio de una ley, yen el testamento otorgado bajo el imperio de otra se hubiese llamado voluntariamente a una persona que, faltando el asignatario directo, suceda en el todo o parte de la herencia por derecho de representación, se determinará esta persona por las reglas a que estaba sujeto ese derecho en la ley bajo la cual se otorgó el testamento. 23. Diferencias entre ]a transmisión y ]a representación.- Las diferencias más importantes entre la transmisión y la representa- ción son las siguientes:

l. a Los que suceden por transmisión sacan su derecho exclusiva- mente de su calidad de heredero del transmitente, mientras que los que suceden por representación sacan su derecho de la ley, que los llama a ocupar el iugar del representado. 2." Consecuencia del principio anterior es que la transmisión sólo se verifica cuando la herencia o legado han sido deferidos a la per- sona que los transmite, y cuando se ha aceptado la herencia del trans- mitente, en cuya virtud pueden reclamarse todos los derechos que en dicha herencia se encuentran, y entre ellos, el de aceptar o repudiar la herencia o legado transmitido. En la representación, no es necesario

el representante paga sobre la base de

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CIVIL

'tERCER

AÑO

,9

que, la herencia o legado hayan sido deferidos, por haber muerto el representado antes de la delación, ~ni es necesario aceptar la herencia del ascendiente al cual se representa. 3." Otra consecuencia del principio fundamental antes sentado, es que en la transmisión, en que los derechos se adquieren por la cali- dad de heredero, se transmiten la herencia o legado y la facultad de aceptarla o repudiarla con los vicios de incapacidad e indignidad del transmitente, mientras que en la representación, en que llama la ley precisamente para no castigar en los hijos las culpas de los padres, va ia herencia purgada de todo vicio. Por excepción, cuando se representa a un incapaz, indigno, des- heredado o que, repudió la herencia, si este había recibido donaciones a título de iegítima, las donaciones imputables a su legítima se impu- ta~án a las de sus descendientes legítimos que 10 representan (arts. 1200 y 1202). 4." La transmisión aprovecha a cualquiera que invoque la cali- dad de heredero del transmitente, aunque no tenga con él ninguna relación de parentesco, mientras que la representación sólo tiene lugar en favor de los parientes que la ley, en especial determina. 5." La transmisión tiene lugar tanto en la sucesión testada como en la intestada: y el derecho de representación, por regla general, sáio tiene lugar en la intestada. 6. g Por la transmisión se adquieren herencias y legados, y por la re- presentación, sólo herencias; y 7.° El representado puede ser incapaz, indigno, desher~dado y aun haber repudiado la herencia; mientras que el transmitente debe· ser capai y digno de suceder.'

24. Acrecimiento.-Derecho de acre.cer es aquel en virtud dd cuai,

cua,ndo un mismo objeto es destin~do por el testadora dos o más asig- hataríos, sin determinaci6n de cuota y de manera que todos ellos sean llamados a la totalidad del mismo objeto, la porción del asignatádo que faIta-se junta, es decir, acrece o aumenta las porciones de los otros. Este derecho se funda en la voluntad del testadar, que al llamar a varios coasignatarios aun mismo objeto, no ha querido dividirlo en distintas cuotas, una para, cada asignatario, sino que lo ha dejado en

todo su conjunto a las personas llamadas.

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ALFREDO

BARROS

ERRÁZURIZ

El derecho de acrecer es de peculiar aplicación a las herencias y legados, como que deriva su origen de la voluntad expresa o presunta del testador, y no debe por tanto hacerse extensivo a otros casos en que no haya sido declarado expresamente. Si a la fecha de la muerte del testador existen todos los asignatarios llamados al mismo objeto y todos ellos aceptan, no mediando incapa- cidad o indignidad, es indispensable entonces hacer entre ellos la divi- sión, y no tiene cabida el derecho de acrecer. Pero si uno o varios de los llamados no concurren a recoger su porción, por haber fallecido an- tes que el testador, o por no haber aceptado, etc., entonces las porciones de los que faltan aumentan el derecho de los que quedan, y si s610 que- da uno, puede llegar el caso de que ese único se lleve, en virtud del derecho de acrecimiento, toda la herencia u objeto asignado. Se supone en el acrecimiento que todos los asignatarios tienen dere- cho a recoger en su totalidad el mismo objeto, y que cada uno de ellos tiene un llamamien to eventual al todo, en el caso de faltar los otros. Los asignatarios llamados a una misma cosa se llam~n asignatarios conjuntos. Este derecho es de origen muy antiguo. El Derecho Romano establecía dos especies de acrecimiento: uno, nece~rio, por disposici6n ::le la ley, fundada en el principio de que nadie podía morir parte tes- tado y parte intestado, acrecimiento que no podía el mismo testa- ::Ior impedir, y en virtud del cual, el heredero de cierta cosa o cuota recogía los bienes restantes; y el otro voluntario, que dependía de la voluntad del testador, y que la ley presumía cuando dos o más per- 50naS eran llamadas a una misma cosa. Al principio, las leyes españo- las aceptaron ambos acrecimientos, pero posteriormente la Novísima Recopilación abolió el primero, suprimiendo el principio antiguo en :¡ue se basaba, y llamando al heredero ab-intestato a la parte de que

d testador no dispuso.

De igual manera, nuestra legislación, que establece que la suce- ,Íón de una persona puede ser parte testada y parte intestada, no re- ;onoce la primera especie de acrecimiento, esto es, el acrecimiento 'lecesario, Sólo reconoce el acrecimiento voluntario, que depende de

la voluntad del testador, y en su silencio, entra a presumir dicha

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TERCER

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voluntad, cuando así se desprende. de la naturaleza de la disposición testamentaria. Para que haya acrecimiento es menester:

1.0 Que la sucesión sea tes El acrecimiento supone la

voluntad expresa o tácita del testador, que llama a vários asignatarios

a un mismo objeto y tiene cabida tanto en las herencias como en los

legados:

un

tamentaria.

2. o Que haya varios coasignatarios llamados juntamente a

mismo objeto, que puede ser una herencia o un legado, y a todo él, sin división de cuotas. Este llamamiento a la totalidad de un mismo ob- jeto es el fundamento del derecho de: acrecer, basado en la voluntad expresa o presunta del testador, de dejar el objeto entero a los asigna- tarios y no, dividido en cuotas. Desde el momento en que el objeto asignado por el testador ha sido dividido en distintas partes o cuotas, cada parte o cuota se consi- dera como objeto separado desapareciendo ya la ra.zón de ser del acre- cimiento. En ese ca'so, sólo puede haber acrecimiento entre los coa- signatarios de una misma parte o cuota (art. 1148). Dijimos que los coasignatarios llamados a un mismo objeto .se llamaban conjuntos.: Los coasigílatariosconjuntos se reputaran por una sola persona para concurrir con otros coasignatarios; y la persona colectiva formada por los primeros, no se entenderá faltar, sino ¡;U€ill- do todos éstos faltaren. Se entenderán por conjuntos los coasignatarios asociados por una

expresión copulativa como Peflro y Juan, o comprendidos en mía de- nominación colectiva como los hijos de Pedro (art. 1150). «ASÍ, dice Don Andrés Bello, cuando se dej a un legado a Pedro y Juan, a los hijos de Antonio y a Diego, hay separadamente derecho de acrecer entre Pedro y Juan, y entre los hijos de Antonio; y sólo fal- tando Pedro y Juan, acrecerá su porción a la de los hijos de Antonio y

a la de Diego; 'y de la misma manera es necesario que falten todos los hijos de Antonio para que la porción de éstos acrezca a la porción de Pedro y Juan y a la de Diego». Hay conjunciones que sólO son de palabra y que no dan derecho

a acrecimiento Veamos las tres especies de conjunción:

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ALn.EDO

BARROS

EJUlÁZURIZ

a) Conjunción real, o en la cos'a.-Tiene lugar cuando se deja un

mismo objeto a dos o más personas en cláusulas separadas de un mis- mo instrumento testamentario, v. gr.: Dejo mi casa a Pedro. Dejo mi casa a Juan. En este caso hay acrecimiento (art. 1149). Para que haya conjunción real es menester que las cláusulas sean del mismo instrumento testamentario. Si el llamamiento se hace en dos instrumentos distintos, el llamamiento anterior se presumirá revocado en toda la parte que no le fuere común con el llamamiento posterior (art. 1149). b) Conjunción verbal, o de palabra.-Se denomina así cuando se llama en una misma cláusula a varias personas, pero a objetos distintos, o cuando se deja a cada uno una parte o cuota de la misma cosa, v. gr.:

Dejo a Pedro mi casa y a Juan mi fundo, o dejo a Juan la mitad de mi viña y la otra mitad a Pedro. En estos casos, la conjunción es 0010 de palabra o de frase, y por tanto, no hay acrecimiento. Por excepción, dispone la ley que si se asigna un objeto a dos o más personas por iguales partes, habrá derecho de acrecer (art. 1148). Vién- dose dudosa en este caso la intención del testador, la ley creyó prefe- rible resolver la dificultad en favor del acrecimiento.

e) Conjunción mixta, de palabra y cosa.-Se opera cuando se llama

a varios coasignatarios a una misma cosa y en una misma cláusula. Este llamamiento puede hacerse valiéndose de una expresión copula- tiva, v. gr.: Dejo mi casa a Pedro y Juan, o bien, valiéndose de una denominación colectiva, v. gr.: Dejo mi casa a los hijos de Pedro. Hay acrecimiento. 3. o Para que haya acrecimiento es menester que en el momento de abrirse la ~ucesión falte alguno de los coasignatarios llamados en conjunto a la totalidad del objeto. Se entiende faltai un coasignatario cuando fallece antes de la apertura de la sucesión, cuando repudia la asignación, cuando es incapaz o indigno. Si el asignatario existe en el momento de abrirse la sucesión y fallece poco después, pero antes de aceptar o repudiar, entonces no fal- ta el asignatario, porque en virtud del derecho de transmisión la asig- nación pasa a su heredero, quien verá si le conviene aceptar o re- chazar; así 10 manda expresamente el artículo 1153, que dice que el . derecho de transmisión excluye el de acrecer.

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==================.,

Si el asignatario que no existe, que renuncia, que es incapaz o indigno, tiene substituto designado por el testador, tampoco falta en este caso, porque su lugar lo ocupa el sustituto designado. El derecho de substitución excluye también al de acrecimiento (art. 1163). El acrecimiento queda, pues, en último lugar, a falta de transmi- sión y de substitución. El acrecimiento se verifica, por regla general, en el momento de abrirse la sucesión; pero por excepción, los coasignatarios de usufructo, de uSo, de habitación o de una pensión periódica conservan el derecho de a,crecer mientras gozan de dicho usufructo, uso, habitación o pen- sión; y ninguno de estos derechos se extingue hasta que falte el último coasignatario (art. 1154). 4. o El derecho de acrecimiento es un derecho a.ccesf?Tio, que supone como cosa principal una porción propia del asignatario, debidamente aceptada. Será, pues, indispensable para que el acrecimiento se verifi- que, que el coasignatario h~ya previamente aceptado su propia por- ción. Si hubiera repudiado su porción propia, no podría aceptar la segunda, esto es, la que viene por acrecimiento, porque en este derecho de acrecimiento la porción acrece a la porción, y es por tanto indis- pensable la existencia de la primera porción d~bidamente aceptada, para que a ella se junte la segunda. Pero siendo el acrecimiento un beneficio, puede un coasignata~io contentarse, si lo desea, con conser- var su propia porción y repudiar la que se le defiere por acrec~entoJ sobre todo si ésta va muy gravada (art. 1151 y 1129). Obsérvese que al tratar del derecho de acrecer, nuestro Código Civil contrapone las palabras porción y cuota, indicando con la primera, los casos en que hay ~~reciri1iento, y con la segunda, los casos en que no 10 hay. En el lenguaje del Código, la palabra porción indica, pues, un llamamiento en conjunto con otros coasignatarios a una misma co~a, pero con opción al todo, esto es, sin división; y la palabra C1.!0ta indica la idea de división de la cosa, de llamamiento a sólo una parte de la cosas, sin opción al todo. La porción que acrece' lleva consigo todas sus obligaciones y cargas transferibles, excepto fas que suponen una calidad o aptitud personal del coasignatario que falta; lleva, además, el derecho de 8,cep- tarta o repudiarla separadamente (arts. 1068 y 1152).

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ALFREDO

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ERRÁZURlZ

5. o El acrecimiento se funda en la voluntad del testador, expresa o presunta, en los casos que la ley lo indica. No tiene, pues, lugar en contra de la voluntd del testador, el cual puede en todo caso prohibir el acrecimiento (art. 1155). Hemos tratado del acrecimiento que tiene lugar cuando los asig- natarios testamentarios son llamados a un mismo objeto; pero hay también casos de acrecimiento ordenado por la ley. Así, cuando el testador tiene legitimarios, acrece a las legítimas rigorosas toda aquella porción de bienes de que el testador ha podido disponer a título de mejoras, o con absoluta libertad, y no ha dispues- to, o si 10 ha hecho, ha quedado sin efecto la disposición (art. 1191). También establece la ley derecho de acrecer entre los propietarios fiduciarios (art. 750); entre los usufructuarios de una misma cosa, salvo disposición en contrario del constituyente (art. 780); y a favor del marido respecto a la porción de gananciales renunciada por una parte de los herederos de la mujer (art. 1785).

25. Substitución.-La substitución trae su origen de! Derecho Ro-

mano, pues, según sus disposiciones, si el heredero nombrado no lle- gaba por cualquier motivo a serlo en realidad, caducaba o se anulaba el testamento; y a fin de evitar este inconveniente solían nombrar otro u otros que en aquei caso sucediesen en la herencia. Se conocían diversas clases de substitución: vu.l¡,ar, fideicomisaria, pupilar y ejemplar. Nuestro Código sólo acepta las dos primeras y no reconoce ni la pupilar, que era la institución de heredero hecha por el padre que testaba por su hijo impúber, que por no haber llegado a la edad de la pubertad no podía hacer testamento, ni la ejemp(ar, que era la institución de heredero hecha por el padre, madre o abuelo, respec- to de los bienes del descendiente furioso o mentecato, incapaz de tes- tar, para el caso de que muriese en ese estado. Nos ocuparemos, pues, sólo de la substitución vulgar y de la fidei- comisaria. En nuestra legislación se llama substitución el llamamiento que hace el testador para el caso de que falte el asignatario o para e! evento de cumplirse una condición; en e! primer caso se líama vulgar, y en el segundo, fideicomisaria.

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CIVIL

'I'ERCER, AÑO

6>

En nuestro Derecho toda substitución es testamentar ip; la ley no dis- pone substituciones, ni aún en el caso de Jos descendientes legítimos. Si el asignatarb fuere descendiente legítimo del testador, dice el artículo 116?-, los descendientes legítimos del asignatario rió por eso se enten- deránsubstituídos a éste; salvo que el testador, haya expresado 'volun- tad contraria. Supone, pues, la substitución una manifestaéión exp.resa de la voluntad del testador, único que puede hacerla. Substítución vulgar.-Es aquella en que se nombra un asfgnatario para que ocupe el lugar de otro que no acepte o que, antes de deferÍr- sele la asignación, llegue a faltar por fallecimiento, o por otra causa que extinga su derecho eventual. No se entiende faltar el asignatario que una vez aceptó, salvo que se invalide la aceptación (art. 1156). Toda substitución, en nuestra ley, se presume vulgar, esto es, pura

y simp!e; para que sea fideicomisaria es rmenester que de un modo claro aparezca establecida una condición, la cual, como· modalidad que es, debe expresarse; en caso contrario, y siempre que el tenor de la dispo- sición no excluya manifiestamente la vulgar, se presumirá que la sus- titución es vulgar (art. 1166). Esta clase de substitución es útil en los testamentos, porque el testador, que pu~de sobrevivir mucho tiempo al otorga.'TI.iento de 'su testamento, puede así prever el caso de que el asignatario nombrado faite o no acepte, y disponer en favor ,de otro que reemplace al nom- brado. En la substituci6n vulgar, además del testador, figuran necesa- , rianiente dos personas: el asignatario directo o primer llamado y el sub3tituto para el caso de que falte el asignatario directo. También se puede nombrar substituto al primer substituto, y así sucesivamente. Pero, aunque aparezcan varios llamados, en realidad no hay dos· o más liberalidades que deban producir sucesivamente su efecto,· sino

ulla .sola liberalidad,

El substituto no recoge nada sino en el 'caso de que no tenga efecto la liberalidad hecha en favor del asignatario directo; su llamamiento es sólo eventual, para el caso. de que caduque la primera liberalidad. En uno u otro caso, se cumple una sola liberalidad a favor del asigna"; tario directo. si existe; o a favor del substituto, si aquel falta.

¡

66

AL~EDO BARROS ER~ÁZ~

La substituci6n vulgar no ofrece peligros ni está sometida a reglas

o iimitaciones especiales, como la fideicomisaria. Puede ser de varios

grados, como cuando se nombra un substituto al asignatario directo, y otro al primer substituto. Se puede substituir uno a muchos y muchos

a uno. Se pueden también substituir, recíprocamente, y si falta uno de

ellos, la porción de éste se dividirá entre los otros a prorrata de los va- lores de sus respectivas asignaciones, porque, como dice don Andrés Bello, «estos valores indican aproximativamente el afecto de! testador hacia ellos». Presumiendo la voluntad del testador; la ley la extiende

a casos análogos, aunque no hayan sido previstos: así, la substitución que se hiciere expresamente para alguno de los casos en que pueda fal- tar el asignatario, se entenderá hecha para cualquiera de los otros en que llegare a faltar, salvo que el testador haya expresado voluntad contraria. De igual modo, e! substituto de un substituto que llega a faltar, se entiende llamado en los mismos casos y con las mismas cargas que éste,

sin perjuicio de lo que e! testador haya ordenado a este respecto (arts.

1157,

1I58,

1159,

1160 y

1161).

Substitución fideicomisaria.-Es aquella en que se llama a un fi- deicomisario que, en e! evento de una condición, se hace dueño absoluto de lo que otra persona poseía en propiedad fiduciaria.

La substituci6n fideicomisaria es un verdadero fideicomiso y se rige por las mismas reglas del título De la prOPiedad fiduciaria (artícu- lo 1164). La substituci6n fideicomisaria es de origen antiguo: en todo tiem- po los donantes y los testadores han querido disponer de sus bienes indefinidamente para ei porvenir, prolongando la influencia de su voluntad durante varias generaciones. En su forma primitiva, en el Derecho Romano, e! fideicomiso servía para hacer llegar los bienes a una persona que no habría podido ser instituída directamente como heredero o legatario. Se llamaba entonces a un intermediario llamado fiduciario, porque en él se tenía confianza, y se le rogaba restituir los bienes a la persona que e! testador le designaba y que era llamado

fídeicomisflTio,

porque se beneficiaba con el fideicomiso. Practicada

ai principio como un' simple encargo de conciencia, quedaba abando- nada en absoluto a la buena fe del fiduciario, y de aquí el nombre de

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CIVIL

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AÑO

f::7

fidei commissum con que se le designaba; después la restitución del fideicomiso se hizo obligatoria bajo Augusto. En esta forma simple el fi<;ieicomiso no era peligroso, porque la restitución al dueño definitivo era más o menos inmediata; pero des- pués se establecieron fideicomisos de varios grados: el primer fideico- misario, convirtiéndose a su turno en fiduciario, quedaba gravado con un segundo fideicomiso en favor de una tercera persona, y así sucesivamente. Cada fiduciario sucesivo tenía el goce y posesión de los bienes-comprendidos en el fideicomiso, por un tiempo más amenos largo, pero sólo Este fideicomiso gradual y sucesivo tomó el nombre de substitu- ción y sirvió dl,.uante mucho tiempo para garantir a la nobleza en la posesión de sus bienes inmuebles, evitando la partición y asegurando la, transmisión indefinida de la fortuna. Las legisladones modernas han reaccionado en esta materia. Como dice el Mensaje con que se presentó al Congreso nuestro Código Civil, este derecho, admitido en toda su extensión, pugna con el inte- rés social, embaraza lar circulación de los bienes y amortigua aquella solicitud en conservarlos y mejorarlos que tiene su más poderoso es- tímulo en la esperanza de un goce perpetuo, sin trabas, sin responsabi- lidades, y con la facultad de transferirlos libremente entre vivos y por causa de muerte. Nuestro Código conserva, sin embargo, la sul5stitución fideicomi- saria, aunque abolida en varios Códigos modernos, porque ha recono- cido en ella una emanación del derecho de propiedad, ya que todo pro- pietario parece tenerlo para imponer a .sus liberalidades las limitacio- nes y condiciones que quiera. Pero al permitir la sustitución fideicomisaria, lo hace nuestro C6- digo, con graves limitaciones, que le quitan todo su peligro. En efecto, admite el fideicomiso o la substitución de un grado, de manera que cum- plida o fallida la condición, quede radicada a firme la propiedad en el fideicomisario o fiduciario, según el caso; pero prohibe terminante- mente las substitucion~graduales, aunque no sean perpetuas, y la cons- titución de dos o más fideicomisos sucesivos, porque embarazan la ~irculaci6n y entibian el espíritu de conservación y mejora que da vida y movimiento a la industria.

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ALFREDO

BARROS

BlRÁZURIZ

Admite nuestro Código, pues, la substitución fideicomisaria por una vez, con intervención de un fiduciario, que tiene la propiedad condicional de las cosas mientras se cumple la condición, y de un fidei- comisario, que tiene la espectativa de adquirirla, siempre que al cum- plirse la condición exista. Pero dentro de lo que e! Código permite, puede ocurrir que falte el fideicomisario antes de cumplirse la condi- ción, y para ese caso pueden nombrarse uno o más substitutos, y estas substituciones se entienden vulgares. Ni el fideicomisario de primer grado ni substituto alguno llamado a ocupar su lugar, transmiten su espectativa, si faltan (art. 1165). La substitución fideicomisaria se diferencia substancialmente de la vulgar. En la fideicomisaria, hay siempre dos personas que pueden entrar al goce de la cosa: el fiduciario y el fideicomisario, el uno des- pués del otro, pues a la muerte del testador pasa inmediatamente la cosa a manos del fiduciario, quien la conserva hasta el cumplimiento de la condición, época en que la restituye al fideicomisario para que quede radicada definitivamente en manos de éste, si cumplida ·la con- dición existe en esa fecha. En la vulgar, hay una sola liberalidad, una sola persona que goza de la cosa desde el momento de la muerte del testador, y esa persona es el asignatario directo, si existe en esa época,

y si no, su substituto. Pero sea que entre al goce de la cosa el asignatario directo o el substituto, ya no se opera más cambio en dicho goce, y la cosa queda radicada a firme y desde e! primer momento, en manos del uno o del otro; no hay en ella cambio de dominio de una persona a otra.

En la substitución fideicomisaria hay siempre una condición im- puesta por el testador y cuyo cumplimiento es indispensable para que la cosa pase de manos del fiduciario a manos de! fideicomisario ;en la vulgar, basta. que el asignatario directo falte de cualquiera manera al momento de abrirse la sucesión para que entre el substituto, sin necesidad de esperar el cumplimiento de condición alguna posterior. En la substitución vulgar se admiten substitutos de varios grados, porque el que los haya no perjudica al libre juego del dominio, ya que al momento de abrirse la sucesión, queda determinado de un modo

definitivo si el dueño de la cosa es el asignatario directo, o el primer

o segundo substituto.

DERICHO

CIVIL' TERCER

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Esos diversos llamamientos sólo sirven para ese único instante; si falta el asignatario directo entrará el primer substituto; a falta de éste, el segundo, y así sucesivamente; y eso no importa afectar con con- diciones o incertidumbres el dominio de la cosa, el cual queda radica- do exclu!,ivamente en el que entre al goce de ella, según el orden de

substitución

figuran un fiduciario con un derecho condicional y un fide icomisario. con

espect~tiva, hay siempre incertidumbre sobre el dominio, y la ley no permite prolongar ni perpetuar esa incertidumbre, por 10 cual prohibe estabiececsubstituciones fideicomisarias de más de un grado; y si se nombran substitutos para el caso de faltar el fideicomisarib, esas se en- tienenden vulgares y no fideicomisarias. Establecer substituciones fideicomisarias de varios grados equivaidría a dejar incierto por mucho tiempo el dominio de las cosas constituídas en fideicomiso. 26. Orden de preferencia entre los derechos de transmisión, substitución y acrecimiento.-Estudiados 'los derechos de representa- ción, de transmisión, de substitución y de acrecimiento, conviene es- tudiar el orden de preferencia entre ellos, caso. que se encontraren en pugna, Desde luego, debemos apartar el derecho de representación, que no puede encontrarse en pugna con los otros, pues sólo tiene lugar en la sucesión intestada y entre los legitimarios, o parientes, es decir, entre aquellas personas a quienes la ley llama u ordena dej arles por testamento una parte de la herencia, por razones. de parentesco. Las

dificultades en el orden de preferencia de la transmisión, substitución y acrecimiento se presentan en la sucesión testamentaria, pues sólo por

los substitutos, y. el acrecimiento supone 'la

testamento se nombra

voluntad expresa o tácita del testador. ' Como ya hemos dicho otras' veces, en la sucesión testamentaria no tiene lugar el derecho de representación. Si el ascendiente, llamado por el testador a una herencia o legado, no existe a la fecha de la aper- tura de la sucesión, sus descendientes no pueden pretender represen- tarlo en esa herencia o legado, porgue ellos no son Ilamaclosni por el

testador ni por lá ley. El llamamiento de la ley para representar a un ascendiente que

establecido. En la substitución fideicoIpisaria, en la que

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70

ALFREDO

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ERRÁZUruz

falta, sólo tiene lugar en la sucesión intestada; y en la testada, a favor de bs legitimarios y parientes. Quedan en juego los derechos de transmisión, substitución y acre- cimiento, que pueden encontrarse en pugna en una sucesión testamen- tGria. Estudiaremos cuál de ellos prefiere. a) Prefiere a todos ellos el derecho de transmisión, el cual excluye tanto al derecho de acrecer como al de substitución (arts. 1153 y 1163). La ra7.ón es muy clara. En el derecho de transmisión, el asignatario no faltó; por el contrario, existió a la fecha de la muerte del testador y adquirió entonces el derecho de aceptar o de repudiar la asignación ya deferida; derecho que a su vez transmitió a su heredero cuando él falleció, La circunstancia de que no haya expresado si aceptaba o repudiaba no es bastante para privarlo de la asignación, y su heredero verá después si acepta o si repudia. Los derechos de acrecimiento y de substitución parten de la base de que falte un asignatario y, por tanto, no pueden tener cabida cuando el asignatario no ha faltado, como ocu- rre en la transmisión. b) Si no tiene lugar el derecho de transmisión, por haber faltado el asignatario antes de la apertura de la sucesión, queda la cuestión reducida entre los derechos de substitución y de acrecimiento. Entre estos dos, la substitución es preferida y excluye al acreci- miento (art. 1163). En efecto, si falta el asignatario directo, hay que ver si tiene o no substituto designado por el testador; si lo tiene, quiere decir que ese subs- tituto reemplaza y ocupa el lugar del asignatario directo, no produ- ciéndose en realidad, falta o vacancia alguna. La porción del asignatario directo que falta pasa a la persona designada como su substituto por voluntad expresa del testador, y no queda en estado de acrecer a los otros coasignatarios, lo que sólo ocu- rre con las porciones vacantes. El acrecimiento supone falta absoluta de asignatario directo o de substituto llamado al goce de una porción; se funda en una voluntad presunta del testador y no tiene, por tanto, aplicación cuando éste ha nombrado expresamente un substituto que reemplace al asignatario directo en el goce de su porción. e) El acrecimiento viene en último lugar, a faltar de transmisión

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CIVIL

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y de substitución. Sólo se aplica cuando no se ha recogido una porción por haber faltado el asignatario y no haber nadie Uainado por el testa- .oor a recogerla en reemplazo del asignatario directo. Es una dispo- sición supletoria de la ley, la que interPreta la voluntad d~ltestB;dor, -cuando .éste no la ha manifestado expresarn,ente.

27. Acervos.-Se llama acervo, en general, a la masa indivisa o

-conjunto de bienes que fonnan el patrimonio de una persona. Hay -varias clases de acervos que conviene conocer.

28. Acerv-o común o cuerpo común de bienes es e! patrimonio del

'¿ifúnto que se encuentra unido a otros patrimonios, de los cuales aun no ha sido separado o liquidado. Compréndese en esa denominación la masa total foonada por dos o más patrimonios confundidos. ' Ocurre comúnmente que el patrimonio del difunto no está separado sino confundido con bienes pertenecientes a otras personas, por razón de bienes propios o gananciales del cónyuge, contratos de sociedad, su- cesiones anteriores indivisas, u otro motivo cualquiera. En estos casos, la primera operación que debe hacerse es proceder a la separactón de patrimonios. Si el patrimonio de! difunto, dice el arto 1341, estuviere confundi- DO con bienes pertenecientes a otras personas por razón de bienes propios o gananciales del cónyuge, contratos de sociedad, sucesiones an- teriores indivisas, u otro motivo cualquiera, se procederá en primer lu- gar, a la separación de patrimonios, dividiendo las especies comunes según las reglas precedentes (se refiere a las dadas al tratar de la par-

tición de bienes) . .EI caso en que esto ocurre con más frecuencia es el de la sucesión:

de una persona casada, cuyos bienes están confundidos, con los del otro cónyuge; es menester liquidar previamente la sociedad conyugal, .separando los bienes de cada cónyuge y diviendo los gananciales. He~ cha la liquidación de la sociedad conyugal, quedan separados los pa- trimonios, formándose el de cada cónyuge con sus bienes propios, otros derechos y su mitad de gananciales. La li~idacióri de la socie; dad conyugal es una operación previa y distinta de -la partición de los bienes del difunto; de modo que el partidor nombrado por éste no tie- ne jurisdicción para hacerla. El nombramiento de liquidador deben

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ALFREDO

.BARROS

ERRÁZURIZ

hacerlo todos los .interesados en la liquidación, que son los herederos del difunto y el cónyuge sobreviviente.

29. Acervo ilíquido