Sei sulla pagina 1di 266

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS C HRISTIAN J ACQ E

CHRISTIAN JACQ

EL GRAN

SECRETO

LOS MISTERIOS DE OSIRIS 4

Entro y vuelvo a salir tras haber visto

Lo he visto y estoy a salvo tras el sueño de la muerte.

lo que hay allí

Libro de los muertos, cap. 41

Grande es la Regla, duradera su eficacia. / No ha sido turbada desde los tiempos de Osiris. / Cuando el fin llega, la Regla permanece.

Ptah-Hotep, Máxima 5

/ Cuando el fin llega, la Regla permanece. Ptah-Hotep, Máxima 5 Digitalizado por el Portal Masónico
/ Cuando el fin llega, la Regla permanece. Ptah-Hotep, Máxima 5 Digitalizado por el Portal Masónico

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 3

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS
CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

1 Kilómetro

ABYDOS

1 Kilómetro ABYDOS 1 Tumbas reales de la I dinastía 2 Tumbas arcaicas 3 Templo de

1 Tumbas reales de la I dinastía

2 Tumbas arcaicas

3 Templo de Osiris

4 Templo de Seti I y Osireion

5 Templo de Ramsés II

6 Ciudades de los imperios Medio y Nuevo

7 Templo de Sesostris III

8 Cenotafio de Sesostris III

9 Cenotafio de Ahmosis

10 Templo de Ahmosis

11 Pirámide de Ahmosis

12 Capilla de Teti-Sheri

de Ahmosis 11 Pirámide de Ahmosis 12 Capilla de Teti-Sheri Digitalizado por el Portal Masónico del
de Ahmosis 11 Pirámide de Ahmosis 12 Capilla de Teti-Sheri Digitalizado por el Portal Masónico del

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 5

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS 1 El alba se levantaba

1

El alba se levantaba en Abydos, la Gran Tierra de Osiris. Era un alba esperada y temida al mismo tiempo, puesto que se trataba de la del año nuevo. ¿Señalaría aquella excepcional jornada el comienzo de la crecida de la que dependía la prosperidad de Egipto? A pesar del profundo estudio de los archivos y de las primeras medidas sugeridas por los especialistas de Elefantina, ningún técnico se consideraba capaz de proporcionar una previsión fidedigna. ¿Serían las aguas benéficas, devastadoras o quizá insuficientes? La angustia oprimía los corazones, pero todos mantenían su confianza en Sesostris. Desde que aquel faraón gobernaba las Dos Tierras, los asaltos del mal chocaban contra aquel gigante impasible. ¿Acaso no había vencido el egoísmo de los jefes de provincias, restableciendo la unidad del país y la paz en Nubia? El comandante de las fuerzas especiales encargadas de defender la seguridad del paraje no sentía temor alguno. Según su jefe, el viejo general Nesmontu, el rey dominaba al genio del Nilo. Gracias a los rituales y a las ofrendas, la subida de las aguas tendría lugar de una forma armoniosa. Sin embargo, dicha certidumbre no impedía al oficial cumplir con sus funciones rigurosamente, filtrando, todas las mañanas, a los temporales a los que se les daba permiso para cruzar la frontera del dominio sagrado. De los panaderos a los cerveceros, de los carpinteros a los canteros, iba controlándolos uno a uno y anotaba los días que permanecían allí. Todos aquellos que no justificaban su ausencia sufrían un inmediato despido. Ese día se presentó un hombre con la cabeza afeitada, imberbe, alto, y que vestía una túnica de lino blanco. ¿Cuál es hoy tu trabajo? Fumigar las moradas oficiales de los permanentes. ¿Te ocupará mucho tiempo? Tres semanas, por lo menos. ¿Quién es tu supervisor? El sacerdote permanente Bega. Semejante garantía bastaba para inspirar confianza. Dada la severidad de Bega y su bien conocida austeridad, a menudo sus empleados no debían de tener motivos para sonreír. ¿Volverás a salir esta noche? No respondió el temporal, estoy autorizado a dormir en un local de servicio. ¡Mínimo confort! Animo. El comandante ignoraba que estaba dando paso al enemigo jurado de Egipto, el Anunciador. Barbudo antaño y con la cabeza cubierta por un turbante, sustituía a un temporal a quien había eliminado su fiel lugarteniente, Shab el Retorcido, para introducirse legalmente en Abydos y esperar allí a su presa, el hijo real Iker.

Detentador de la revelación divina, depositario de la verdad absoluta, el Anunciador las impondría al mundo, de buen grado o por la fuerza. O los infieles se sometían o serían exterminados. Sólo había dos obstáculos para la expansión de la nueva creencia: el faraón Sesostris y los misterios de Osiris. Todos los intentos de asesinar al rey habían fracasado. El faraón estaba perfectamente protegido, y parecía fuera de alcance. Así pues, el Anunciador había decidido acabar con el joven Iker, a quien muchos consideraban ya como el

sucesor del soberano reinante. Al cometer aquel crimen en pleno corazón del reino de Osiris, la isla de los Justos, profanaría un santuario considerado inviolable, desecaría la fuente de la espiritualidad egipcia y arruinaría el edificio pacientemente construido. El Anunciador caminó con lentos pasos hacia la «Paciente de lugares», la pequeña ciudad de Sesostris, recientemente edificada en Abydos. ¿Estás satisfecho con tu puesto? le preguntó un jovial jardinero. Muy satisfecho. ¡Qué buen carácter, muchacho! Nos pagan bien, de acuerdo, pero no se trata de holgazanear. Y, además, los vigilantes no bromean. En fin, servimos al Gran

Dios. Es un gran orgullo, ¿no? Cuando pienso en todos los envidiosos que

qué te encargas tú? Fumigación de casas. ¡Buen oficio, ése! Al menos, no te estropeas las manos. Y a ti no te duele la espalda. Vamos, ánimo. Vas a necesitarlo, por el calor. En caso de una crecida de- masiado débil, o demasiado fuerte, ¡imagina los problemas! Que los dioses nos protejan de la desgracia. El Anunciador sonrió. Ningún dios podría proteger Abydos. Descubrir aquel paraje lo fascinaba. Mientras la policía y el ejército lo buscaban por todo el territorio egipcio, en la región sirio-palestina y en Nubia, él circulaba libremente en pleno reino de Osiris, al que pensaba aniquilar. Ciertamente, los temporales no accedían a sus lugares secretos, y el Anunciador sólo estaba rozando aquella fortaleza espiritual, indestructible hasta entonces. Pero el apoyo incondicional del sacerdote permanente Bega, discípulo del mal ya, le prometía un hermoso futuro. La «Paciente de lugares» no se parecía a las demás ciudades. Allí vivían ritualistas, artesanos y administradores que se encargaban del buen funcionamiento de los templos y de sus anejos. Directamente dependiente de la corona, aquel personal de élite no carecía de nada. Impregnado de la presencia de Osiris, adoptaba cierta gravedad y seguía haciéndose una angustiosa pregunta: - ¿era definitiva la curación del árbol de vida? El Anunciador dejaba que los optimistas se hicieran ilusiones. Ciertamente, el oro traído de Nubia y de Punt resultaba eficaz, y la gran acacia, verdeante de nuevo, fulguraba de vigor. Por sí sola, probaba la capacidad de resurrección del dios, pero era preciso que un nuevo maleficio no la abrumase. A distancia, y a pesar de sus poderes, el Anunciador ya no podía agredirla. De cerca, destrozaría las

¿De

ya no podía agredirla. De cerca, destrozaría las ¿De Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro
ya no podía agredirla. De cerca, destrozaría las ¿De Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 7

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS protecciones que rodeaban el árbol

protecciones que rodeaban el árbol de vida y lo vaciaría de toda su sustancia. La atmósfera del lugar lo turbaba. Puerta del cielo, tierra del silencio y de lo justo, Abydos empapaba el alma. ¿Acaso la Gran Tierra no albergaba el lago de vida? Desde el origen de la civilización faraónica, los ritos hacían eficaces las potencias de creación. Ningún ser, por insensible que fuera, escapaba a su irradiación. La misión del Anunciador no permitía ambigüedad alguna: Osiris no debía resucitar. Pondría fin a aquel milagro, y así propagaría la última religión. Sirviendo a la vez de doctrina y de programa de gobierno, sumergiría a la humanidad entera. Cada creyente repetiría diariamente unas fórmulas inmutables, no se toleraría la menor libertad de pensamiento. Aunque algunos dictadores se levantaran, aquí y allá, convencidos de tomar en sus manos el destino de ese o aquel pueblo, la maquinaria, en realidad, funcionaría por sí sola. La credulidad y la violencia no dejarían de alimentarla. El Anunciador se sacudió como un perro mojado. La energía procedente de los templos lo debilitaba y podía comprometer sus intervenciones. Sin embargo, sería un error apresurarse. Absorber la sal de Set preservaba sus poderes y su fuego destructor. Sabiendo incierto el resultado del combate decisivo, el predicador de los ojos rojos avanzaba prudentemente por territorio enemigo. Construida de acuerdo con las leyes de la divina proporción, la ciudad de Sesostris intentaba rechazarlo. En el momento en que el Anunciador llegaba a la arteria principal, un viento cálido lo dejó paralizado. Abrió la boca y absorbió aquella ráfaga adversa. ¿Algo va mal? le preguntó un criado, provisto de una escoba y algunos trapos. Admiraba nuestra hermosa ciudad. ¿No se anuncia magnífico el día? ¿Y si la crecida se transformase en catástrofe? ¡Esperemos que Osiris nos salve! El Anunciador prosiguió su camino hasta la morada del sacerdote permanente Bega, situada al comienzo de una calleja, al abrigo del sol. Apartó la estera que cubría la entrada y penetró en una pequeña estancia dedicada a los antepasados. Un hombre feo, de nariz prominente, dio un brinco en su asiento. Vos ¿No habéis tenido problemas? Ni el más mínimo, querido Bega. ¡Y, sin embargo, el comandante se muestra desconfiado! Me parezco lo bastante al temporal a quien reemplazo para no despertar sospecha alguna. Pasar por los controles me ha resultado muy divertido. Bega, cuyo nombre significaba «el frío», saboreaba cada una de las etapas de su venganza. Tras largos años pasados en Abydos, debería haber sido nombrado superior de la comunidad y haber conocido los grandes misterios. Pero Sesostris había decidido otra cosa, y aquella humillación iba a pagarla muy cara. Servidor de Set, el asesino de Osiris, en adelante, Bega, destinado a altas funciones, regiría

con puño de hierro los templos de Egipto. Todos reconocerían su valor y lo obedecerían ciegamente. Pero antes ejecutaría los audaces planes del Anunciador, pues sólo su nuevo dueño le permitiría satisfacer su odio. Gélido como un día de invierno, Bega abrasaba aquello que veneraba. Ya no quedaba nada de su pasado de ritualista y de servidor de Osiris. Abydos, centro por mucho tiempo de su existencia, se convertía ahora en el de sus resentimientos y sus acritudes. Violaría el gran secreto, y la desaparición de aquel dominio privi- legiado le procuraría un inmenso placer. Una vez aniquilados el faraón y los permanentes, excluidas las mujeres de cualquier función espiritual, poseería por fin los tesoros de Osiris. ¿Has vuelto a ver a Shab? preguntó el Anunciador. Se oculta en una capilla, junto a la terraza del Gran Dios, y aguarda vuestras instrucciones. ¿No hay rondas por este sector? Ningún profano está autorizado a penetrar aquí. A veces, algún sacerdote o alguna sacerdotisa vienen a meditar. He elegido un emplazamiento retirado donde Shab no será molestado. Descríbeme las protecciones del árbol de vida. ¡ Infranqueables! El Anunciador esbozó una extraña sonrisa. Descríbemelas exigió con una voz dulce que hizo estremecer a Bega. La minúscula cabeza de Set que llevaba grabada en la palma de la mano derecha enrojeció. El dolor lo incitó a hablar sin más demora. Se plantaron cuatro acacias en torno al árbol de vida. Están impregnadas de magia y engendran un campo de fuerzas permanente. Ninguna energía exterior puede franquearlo. En ellas se encarnan los cuatro hijos de Horus. Un relicario formado por cuatro leones refuerza su eficacia. Esos vigilantes, de ojos perpetuamente abiertos, se alimentan de Maat. El símbolo de la provincia de Abydos, un astil que tiene en lo alto un escondrijo que oculta el secreto de Osiris, anima ese relicario. Nadie puede tocarlo sin quedar fulminado. Y no olvidemos el oro de Punt y de Nubia: recubre el tronco de la acacia y la hace inatacable. Muy pesimista me pareces, amigo mío. ¡Realista, señor! ¿Acaso olvidas mis poderes? Claro que no, pero semejante dispositivo Cualquier fortaleza, por mágica que sea, tiene un punto débil. Y yo lo descubriré. ¿Es accesible el templo de Sesostris? Siempre que se cumpla con una función precisa. Cuando haya terminado las fumigaciones, encuéntrame una. No será fácil, porque Nada de excusas, Bega. Debo conocerlo todo de Abydos. ¡Ni yo mismo puedo cruzar el umbral de todos los santuarios!

— ¡Ni yo mismo puedo cruzar el umbral de todos los santuarios! Digitalizado por el Portal
— ¡Ni yo mismo puedo cruzar el umbral de todos los santuarios! Digitalizado por el Portal

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 9

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS — ¿Cuáles te están prohibidos?

¿Cuáles te están prohibidos? La morada de eternidad de Sesostris y la tumba de Osiris, cuya puerta debe permanecer sellada. Allí se oculta el recipiente que contiene la vida secreta del dios. ¿Lo sacan, a veces? Lo ignoro. ¿Por qué no te has informado, Bega? Porque la jerarquía me lo impide. Cada permanente, incluido yo, lleva a cabo una tarea precisa. Nuestro superior, el Calvo, vela por el perfecto cumplimiento de nuestros deberes. En caso de falta, venial incluso, el culpable es despedido. Entonces, no debes cometer ninguna. ¿Acaso un desfallecimiento por tu parte no equivaldría a una traición? Frente al Anunciador, Bega perdía su seguridad y sólo pensaba en obedecer. La voz incitadora de una joven lo hizo olvidar su espanto. ¿Puedo entrar? Os traigo el pan y la cerveza. El propio Anunciador apartó la estera para dejar libre el paso. Apareció una hermosa morena, de pechos pequeños y redondos. Con el brazo izquierdo sujetaba el cesto que llevaba en la cabeza. Con la mano derecha agarraba el asa de una jarra. Iba vestida con una falda de cuadrícula azul y negra, sujeta por un cinturón azul, y en las muñecas y los tobillos llevaba unos modestos brazaletes. Viva, sensual, atractiva, Bina dejó su carga, se arrodilló ante el Anunciador y le besó las manos. He aquí la reina de la noche declaró él, satisfecho-. Aunque ya sea incapaz de transformarse en leona, su capacidad para hacer daño sigue siendo considerable. ¡No no puedes entrar aquí! protestó Bega. Al contrario respondió ella, cortante, pues acabo de ser nombrada sirvienta de los sacerdotes permanentes, a quienes proporcionaré vestido y alimento todos los días. ¿Ha dado su conformidad el Calvo? El comandante de las fuerzas de seguridad lo ha convencido de que no encontraría temporal más abnegada ni más eficaz que yo. A pesar de su desconfianza, ese abrupto oficial sigue siendo un hombre. Mi modestia lo ha seducido. De modo que te acercarás a la cima de la jerarquía masculina observó el Anunciador. El sacerdote encargado de la vigilancia de la tumba de Osiris será tu objetivo prioritario. Sed extremadamente prudentes recomendó Bega, inquieto. Sin duda, el Calvo ha tomado precauciones que yo ignoro. Nadie sabe qué potencia pondréis en marcha al violar ese santuario. Sobre el primer punto, espero informaciones precisas de tu parte. No te

preocupes por el segundo. Señor, la irradiación de Osiris ¿Es que no comprendes que Iker y Osiris van a desaparecer para siempre?

2

Iker no había conocido a mujer alguna antes que Isis y nunca conocería a otra. Isis no había conocido a hombre alguno antes que Iker, y nunca conocería a otro. Su primera noche de amor sellaba un pacto eterno, más allá del deseo y de la pasión. Una potencia superior transformaba su porvenir en destino. Indisolublemente vinculados, unidos por el espíritu, el corazón y el cuerpo, comulgaban ahora en una misma mirada.

¿Por qué tanta felicidad? Vivir con Isis, en Abydos

rompería muy pronto! De modo que Iker abrió los ojos, esperando sin duda una cruel decepción. Pero allí estaba ella, a su lado. Sus ojos, de un verde mágico, lo contemplaban. Se atrevió a acariciar su piel de divina dulzura, a besar su rostro cuyos rasgos eran de inigualable finura. ¿Eres tú de verdad eres tú? El beso que le ofreció no parecía irreal. ¿Realmente estamos en tu casa, en Abydos?

En nuestra casa lo corrigió ella. Vivimos juntos, ya estamos casados. Iker se incorporó de pronto. ¡No tengo derecho a casarme con la hija del faraón Sesostris! ¿Quién te lo impide? La razón, las buenas formas, el La sonrisa de la muchacha le impidió encontrar otros argumentos. No soy nadie, yo Basta de falsa modestia, Iker. Hijo real y Amigo único, tienes una misión que cumplir. El se levantó, recorrió la habitación, tocó la cama, los muros y los cofres para guardar los enseres, luego la abrazó. Tanta felicidad ¡Quisiera que este instante durase para siempre! Durará para siempre prometió ella. Pero nos aguardan imperiosas tareas. Sin ti, yo no tengo ninguna posibilidad de conseguirlo. Isis lo cogió tiernamente de la mano. ¿No soy acaso tu esposa? Cuando estábamos lejos el uno del otro, sentías mi presencia y tú poblabas mis pensamientos. Hoy estamos unidos para siempre. Ni siquiera el soplo del viento podría deslizarse entre nosotros. Nuestro amor nos llevará más allá de los límites de nuestra existencia. ¿Seré digno de ti, Isis? En las pruebas o en el gozo, somos uno, Iker. Ninguna clase de muerte podrá separarnos.

¡Era un sueño que se

clase de muerte podrá separarnos. ¡Era un sueño que se Digitalizado por el Portal Masónico del
clase de muerte podrá separarnos. ¡Era un sueño que se Digitalizado por el Portal Masónico del

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 11

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS Por el camino que llevaba

Por el camino que llevaba al árbol de vida, Isis reveló a Iker que Sesostris le había pedido que se fijara en cualquier comportamiento sospechoso, tanto de los permanentes como de los temporales. Sus tareas rituales y su andadura iniciática no le permitían observar demasiado a sus colegas, y la sacerdotisa no albergaba sospecha alguna. Sin embargo, las inquietudes del faraón no podían tomarse a la ligera. ¿Acaso no presentía, más allá de las apariencias, una traición en pleno corazón de la cofradía más secreta de Egipto? ¿Cómo puede un iniciado de Abydos convertirse en un hijo de las tinieblas? se extrañó Iker. Me he hecho cien veces esa misma pregunta reconoció Isis. El camino de fuego abrasó mi ingenuidad. Algunos rituales magníficos no engendran, forzo- samente, individuos irreprochables. ¿Crees que algún ritualista es lo bastante hipócrita como para engañar? ¿No implica tu misión esa hipótesis? La pareja se detuvo a buena distancia de la acacia. La sacerdotisa rogó a los cuatro jóvenes árboles y a los cuatro leones custodios que les permitieran pasar. Casi de inmediato, Iker sintió un extraño perfume, dulce y apaciguador, e Isis le indicó por signos que avanzara. Al pie del árbol de vida, con el tronco cubierto de oro, el Calvo derramaba agua. Llegas con retraso, Isis. Toma el cuenco de leche y cumple con tu oficio. La muchacha así lo hizo. Sean cuales sean las peripecias de tu existencia añadió el superior de los permanentes con voz huraña, el rito debe predominar. No soy una peripecia intervino Iker, sino el marido de Isis. Las historias de familia no me interesan. Tal vez mi función oficial os interese más. El faraón Sesostris me ha encargado que disipe los trastornos que gangrenan la jerarquía de los sacerdotes y vele por la creación de nuevos objetos sagrados, con vistas a la celebración de los misterios de Osiris. Un largo silencio siguió a esta declaración. Hijo real, Amigo único, enviado del faraón ¡Impresionantes títulos! Yo vivo aquí desde siempre, preservo la Casa de Vida y sus archivos sagrados, verifico que se cumplan perfectamente las tareas confiadas a los permanentes y no acepto excusa alguna en caso de desfallecimiento. Ningún reproche se me ha hecho, y el rey sigue confiando en mí. Por lo que a los ritualistas se refiere, yo soy su garante. Su majestad no se muestra tan optimista. ¿No se habrá extinguido vuestra atención? ¡Joven, no te permito ! Mi edad no importa. ¿Aceptáis facilitar mi investigación, sí o no? El Calvo se volvió hacia Isis.

¿Qué piensa de ello la hija del rey? Enfrentarnos sería desastroso. Privado de vuestro apoyo, Iker no avanzará. Y el árbol de vida sigue amenazado. El Calvo se rebeló. ¡Está resplandeciente de salud! ¿O acaso no hunde sus raíces en el océano primordial para procurar a los justos el agua de regeneración? Osiris es el único en la acacia, en ella se unen vida y muerte recordó Isis. Hoy siento cierta turbación. Tal vez anuncie el asalto de nuevas fuerzas de destrucción. ¿Es que las defensas emplazadas por el rey no son infranqueables? se preocupó Iker. No nos hagamos ilusiones. Razón de más para eliminar a posibles ovejas negras insistió el hijo real. Inquieto, el Calvo no siguió con un duelo inútil. ¿Cómo deseas proceder? Interrogando a los permanentes, uno a uno, sin olvidar reunir a los artesanos y dictarles las voluntades del rey. Todos deberán tener las manos limpias. ¡Te preparas para un difícil futuro, Iker! Eres un extraño en Abydos, por lo que provocarás reacciones de rechazo. Yo lo ayudaré prometió Isis. ¿Y por qué iba a tener éxito el hijo real donde nosotros fracasamos? preguntó el Calvo. Ningún indicio nos orienta hacia la culpabilidad de un permanente. ¡Y no olvidemos nuestra principal preocupación! La constelación de Orión ha desaparecido desde hace setenta días. Si no reaparece esta misma noche, el cosmos se derrumbará y la crecida tan esperada no se producirá. Interrogaré la paleta de oro anunció Iker. El Calvo quedó estupefacto. ¿Te la ha confiado el rey? Tengo ese honor. El anciano inclinó la cabeza. Manéjala con prudencia. Y no lo olvides: sólo las buenas preguntas obtienen buenas respuestas. Ahora, encarguémonos de preparar las ofrendas para el genio del Nilo. El superior se alejó mascullando. Me detesta señaló Iker. Todo cuerpo ajeno a Abydos le parece indeseable. Sin embargo, le has impresionado mucho. Te toma en serio y no pondrá trabas a nuestras gestiones. ¡Qué dulce es oír ese «nuestras»! Solo, iba directo al fracaso. Nunca más estarás solo, Iker. Juntos, recorrieron la avenida procesional flanqueada, a uno y otro lado, por trescientas sesenta y cinco pequeñas mesas de ofrenda, provistas de alimento sólido y líquido. Evocando el año visible e invisible, sacralizaban cada una de las jornadas. Se celebraba así un eterno banquete, ofrecido al ka de las potencias

así un eterno banquete, ofrecido al ka de las potencias Digitalizado por el Portal Masónico del
así un eterno banquete, ofrecido al ka de las potencias Digitalizado por el Portal Masónico del

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 13

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS divinas. Y, en respuesta, éstas

divinas. Y, en respuesta, éstas cargaban de ka los alimentos. Dada la intensidad de la tarea, varios temporales ayudaban al permanente

encargado de la libación cotidiana. Faltaba ardor, pues circulaban inquietantes ru- mores sobre la crecida, y algunos, incluso, llegaban a predecir su total ausencia.

El

Calvo no había formulado desmentido alguno, por lo que ¿no debían pensar en

lo

peor?

A

Iker le habría gustado descubrir la totalidad del paraje y de sus monumentos,

pero su propia misión podría quedar cuestionada si las aguas fecundadoras fal-

taban. Los campos, privados de la aportación de limos fertilizantes, quedarían estériles. ¿Por qué se demora la constelación de Orión? le preguntó a Isis. El poder del perturbador afecta, a la vez, al cielo y la tierra. En ese caso, no se trata de un ser humano. El silencio de Isis angustió a Iker. Fueran cuales fuesen los poderes de los

iniciados de Abydos, ¿cómo iban a triunfar sobre semejante adversario? El árbol de vida sólo gozaba de un respiro, otras tormentas se preparaban. Probablemente,

el Anunciador disponía de uno o varios cómplices, tan ocultos que escapaban de

las miradas del Calvo. ¡Y él, el novicio, tenía que identificarlos e impedir que hicieran daño! Isis lo condujo hasta el templo de millones de años de Sesostris. Los permanentes salmodiaban allí las letanías que vinculaban la resurrección de Osiris al ascenso de las aguas. La joven le presentó a las siete tañedoras encargadas de hechizar el alma divina, al Servidor del ka que veneraba y mantenía la energía espiritual para que se reforzasen los vínculos de la cofradía con lo invisible, El que hacía la libación de agua fresca en las mesas de ofrenda, El que velaba por la integridad del gran cuerpo de Osiris y el ritualista capaz de ver los secretos. No sin asombro, cada uno de ellos comprobó que el hijo real poseía la paleta de oro. Dada la respetuosa actitud del Calvo, el joven Iker ejercía una indiscutible autoridad. Ignorando las miradas, admirativas a veces, suspicaces otras, el enviado del faraón descubría el santuario. Cruzó el pilono, experimentando el curioso sentimiento de haberlo conocido siempre, pasó entre las colosales estatuas del monarca como Osiris, penetró en una sala con columnas de techo cubierto de estrellas y se recogió ante las escenas que representaban al soberano comunicándose con las divinidades. Tras una larga meditación, se dirigió al colegio de los ritualistas. Estamos en el segundo día del mes de Tot, Orión no ha aparecido aún. El carácter excepcional de esta situación pone de manifiesto el empecinamiento de nuestro principal adversario, el Anunciador. De modo que no podemos limitarnos a la paciencia y a la inercia. ¿Qué propones, entonces? preguntó el Calvo.

Consultemos la paleta de oro. Iker escribió: « ¿Qué fuerza puede provocar la crecida?» Desapareció la pregunta e inscribió la respuesta: «Las lágrimas de la diosa Isis.» Las sacerdotisas permanentes deben intervenir decidió el Calvo. Que celebren los ritos apropiados. Reconociendo a Isis como su superiora, las siervas de Osiris subieron al tejado del templo. La hija de Sesostris pronunció las primeras palabras del poema de amor dirigido al cosmos: «Orión, que tu esplendor ilumine las tinieblas. Soy la estrella Sothis, tu hermana, sigo siéndote fiel y no te abandono. Ilumina la noche, proyecta sobre nuestra tierra el río de arriba, apacigua su sed.» Iker y los permanentes se retiraron. En el atrio del templo, el hijo real tuvo la sensación de que lo estaban espiando. ¿Espiado en Abydos, en aquel mundo de serenidad que sólo la búsqueda de lo sagrado debería haber animado? Iker se habría abandonado de buena gana a la contemplación de aquel paraje hechizador, pero era imposible olvidar su misión. No vio a nadie sospechoso, por lo que levantó los ojos al cielo. De su decisión dependía la suerte de Abydos y de Egipto entero.

En el preciso instante que Iker miró en su dirección, el Anunciador se protegió detrás de un muro. En el peor de los casos, el joven sólo habría divisado a un temporal, a quien preguntaría la razón de su presencia allí. El hijo real se limitó a observar el ocaso. Seguir a aquella presa, aislarla y golpearla no se anunciaba como algo fácil. Sobrepasando los límites impuestos, el Anunciador corría el riesgo de ser detenido, expulsado incluso de Abydos. De modo que tomaría de forma lenta y segura la medida del vasto territorio de Osiris. Asesinar a Iker no era suficiente; su muerte debía conmover a los espíritus hasta el punto de desalentarlos y sembrar la desolación en aquel reino que se creía protegido de semejante desastre. Ágil y rápido a pesar de su talla, el Anunciador aprovechó la naciente noche para regresar a su modesto dormitorio. Shab el Retorcido le proporcionaba una suficiente cantidad de sal, la espuma de Set recolectada en el desierto del Oeste, durante los grandes calores. Lo saciaba, lo alimentaba y mantenía su energía de depredador.

Fascinado por la belleza de las constelaciones que adornaban el inmenso cuerpo de Nut, la diosa Cielo, Iker no se abandonaba al sueño. Pensaba en el encarnizado combate del sol contra las potencias oscuras, en su peligroso viaje nocturno, cuyo final seguía siendo incierto. Al recorrer el cuerpo de Nut captaba la luz de las estrellas y cruzaba, una a una, las puertas que llevan a la resurrección. ¿Acaso no conducía toda existencia a ese periplo? ¿Adecuándose a él, no le daba todo su sentido? Desde su primera muerte, en el seno de un mar desenfrenado, Iker había vivido

muerte, en el seno de un mar desenfrenado, Iker había vivido Digitalizado por el Portal Masónico
muerte, en el seno de un mar desenfrenado, Iker había vivido Digitalizado por el Portal Masónico

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 15

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS muchas pruebas, conocido crueles dudas

muchas pruebas, conocido crueles dudas y cometido graves errores. Pero no se había detenido en el camino, en aquel camino que llevaba a Abydos, a la inmensa

felicidad de vivir con Isis. En el último fleco de la noche, en el lindero del alba, el cielo cambió bruscamente

de aspecto, como si naciera un nuevo mundo.

Un profundo silencio se apoderó de la Gran Tierra. Las miradas convergieron hacia la estrella que, tras más de setenta días de angustiosa ausencia, acababa de reaparecer atravesando el portal de llamas. Una vez más, el milagro se realizaba.

A la altura de Abydos, el río se ensanchó, y el genio del Nilo, Hapy, brincó

amorosamente al encuentro de las riberas. Las lágrimas de Isis provocaban la crecida y resucitaban a Osiris.

3

Por fin, Menfis hacía estallar su júbilo. A pesar de un leve retraso, la crecida sería abundante pero no destructora. Desde el más acomodado hasta el más humilde, los egipcios cantaban las alabanzas del faraón, responsable del mantenimiento de

la armonía entre el cielo y la tierra. La celebración de los ritos había suscitado la

reaparición de la buena estrella, y el curso normal de las estaciones se desarrollaba de acuerdo con el orden de Maat. Una vez más, las Dos Tierras escapaban del caos. Aquellas excelentes noticias no devolvían la sonrisa a Sobek, jefe de todas las policías del reino. De impresionante poderío físico, autoritario, detestando a los cortesanos, a los diplomáticos y a los melosos, veneraba a Sesostris desde el

comienzo de su reinado. Protegerlo seguía siendo su obsesión. Por desgracia, el rey corría riesgos excesivos y no escuchaba demasiado sus consejos de prudencia. De modo que el Protector seguía formando personalmente a los especialistas encargados de la seguridad del soberano. En cuanto al palacio, a pesar de que no se había convertido en una fortaleza, era un abrigo que los terroristas, aunque fueran de primera magnitud, no conseguirían violar.

La llegada de las aguas fecundadoras liberaba a la capital de una capa de angustia. Sobek no había dudado en ningún momento de la capacidad del rey para mantener la prosperidad, pero le preocupaba la ceremonia del año nuevo, durante

la que los dignatarios y los gremios ofrecían regalos al faraón. Asegurar su sal-

vaguarda en semejantes circunstancias presentaba dificultades insuperables. Si un asesino se mezclaba con la multitud e intentaba abalanzarse sobre Sesostris, varios guardias le impedirían alcanzar su objetivo, pero si uno de los invitados de

alto rango pertenecía a la red del Anunciador, ¿cómo podrían interceptarlo? Próximo al monarca durante la entrega de sus presentes, tendría tiempo de actuar antes de que el Protector interviniera.

Registrar el cuerpo de la totalidad de los participantes hubiera sido una excelente solución. Lamentablemente, el protocolo y las buenas maneras lo impedían. A Sobek sólo le quedaba una extremada atención y un tiempo de reacción comparable con el relámpago.

El primero en presentarse fue el visir Khnum-Hotep, anciano y corpulento. Nada

había que temer del primer ministro de Egipto, competente y respetado. Ni tampoco del general en jefe, el viejo y abrupto Nesmontu, del ministro de

Economía Senankh, con físico de vividor y un carácter intransigente, ni del superior de todas las obras del faraón, el elegante y refinado Sehotep.

A los pies de la pareja real, los altos personajes depositaron un ancho collar,

símbolo de las nueve potencias creadoras, una espada de electro, mezcla de oro y plata, una capilla de oro en miniatura y una jarra de plata llena de la nueva agua, provista de virtudes regeneradoras. Los sucedió Medes, el secretario de la Casa

del

Rey, llevando un cofre que contenía oro, plata, lapislázuli y turquesas.

A Sobek no le gustaba demasiado aquel hombre bajo y gordo, de quien, sin

embargo, la burocracia menfita hablaba muy bien. Medes era el encargado de redactar los decretos y difundirlos por todo Egipto, Nubia y el protectorado sirio-palestino, y llevaba a cabo su tarea con una diligencia ejemplar. Numerosos dignatarios le auguraban una brillante carrera, pues se consagraba en cuerpo y

alma a la causa pública.

A Medes lo siguieron más de cincuenta cortesanos, que rivalizaron en obsequiosidad.

A medida que se desarrollaba la ceremonia, los nervios de Sobek se tensaban. El

Protector observaba cada actitud e intentaba adivinar cada atención. ¿Sería un terrorista lo bastante loco, o iría lo bastante drogado, como para agredir a Sesostris, aquel gigante de rostro severo y mirada tan intensa que dejaba clavado

en el sitio a cualquier interlocutor? Sus pesados párpados soportaban el sufrimiento y la mediocridad de la humanidad, sus grandes orejas percibían las palabras de los dioses y las súplicas de su pueblo. Sesostris había nacido faraón. Depositario de un poder sobrenatural, el ka, transmitido de rey en rey, ridiculizaba, con su mera presencia, a ambiciosos y rivales. ¿Acaso no hacía milagros, entre ellos el control de la crecida, la abolición

de

los privilegios de los jefes de provincias, la reunificación de las Dos Tierras y

la

pacificación de Canaán y de Nubia? La leyenda del soberano no dejaba de

enriquecerse, y su reinado se comparaba ya con el de Osiris. Sesostris, no obstante, indiferente a las alabanzas y detestando los halagos, nunca alardeaba de sus éxitos y sólo pensaba en las dificultades que debía resolver. Gobernar el país, mantenerlo en el camino de Maat, alentar la solidaridad, proteger al débil del fuerte y asegurar la presencia de las divinidades habrían

bastado para agotar a un coloso. Pero el rey no podía descansar y debía actuar de modo que sus súbditos, en cambio, pudieran dormir tranquilos.

Y el faraón se enfrentaba con un temible adversario, el Anunciador, un hombre

enfrentaba con un temible adversario, el Anunciador, un hombre Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro
enfrentaba con un temible adversario, el Anunciador, un hombre Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 17

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS decidido a propagar el mal,

decidido a propagar el mal, la violencia y el fanatismo. Egipto y la función faraónica eran los principales obstáculos para su éxito, y había intentado herirlos en pleno corazón, hechizando el árbol de vida, la acacia de Osiris en Abydos. Pese a su curación, Sesostris seguía inquieto y no creía en la muerte del Anunciador en algún rincón perdido de Nubia. ¿No ocultaría su desaparición una nueva maniobra, preludio de un próximo asalto? Ciertamente, la construcción de una pirámide en Dachur, de un templo de millones de años y de una morada de eternidad en Abydos, y de una barrera má- gica de fortalezas entre Elefantina y la segunda catarata, contrarrestaba los proyectos del enemigo. Sin embargo, el Anunciador era capaz de implantar de modo duradero una organización terrorista en Menfis, y sabía adaptarse, corromper, aprovechar las debilidades y las zonas de sombras. Lejos de estar vencido, aquel individuo seguía representando una terrible amenaza. Cuando el jefe escultor de los artesanos de Menfis se presentó, a su vez, ante la pareja real, Sobek no bajó la guardia. El hombre parecía digno de confianza, pero aquel término no tenía cabida en el vocabulario del jefe de la policía. Majestad declaró el artesano ofreciendo al faraón una pequeña esfinge de alabastro con su efigie, cien estatuas que representan el ka real están ahora a vuestra disposición. Cada provincia tendría por lo menos una, garante de la unidad del país. La diorita, cuyos matices variaban del negro al verde oscuro, confería a aquellas esculturas potencia y austeridad. Ninguna variedad en aquellas representaciones de un monarca de edad avanzada, con el rostro grave y unas grandes orejas, pero sí la voluntad de intensificar la irradiación del ka. De ese modo, una fuerza sobrenatural seguiría impregnando Egipto con sus beneficios y rechazando los maleficios del Anunciador. La ceremonia tocaba a su fin. Sobek se enjugó la frente con el dorso de la mano. Algunos ironizaban reprochándole su pesimismo y sus excesos de seguridad. Pero a él no le importaba, no estaba dispuesto a modificar su línea de conducta. El último portador de regalos, un tipo flacucho, llevaba en sus brazos un recipiente de granito. De pronto, los rebuznos de un asno, de sorprendente intensidad, lo de- tuvieron a menos de cinco pasos del estrado donde se encontraba la pareja real. Un enorme can empujó entonces a dos soldados, saltó sobre el flacucho y lo de- rribó. Del recipiente brotaron una decena de víboras que sembraron el pánico entre los invitados. Sobek y los policías de élite acabaron a bastonazos con los reptiles. El terrorista, que había sido mordido varias veces, agonizaba tendido en el suelo. Protegida por su guardia personal, la pareja real se retiraba tranquilamente. El mastín, orgulloso de su hazaña, recibió las caricias de un mocetón de rostro cuadrado, espesas cejas y redonda panza.

Sobek se acercó. Buen trabajo, Sekari. Felicita a Viento del Norte y a Sanguíneo. El asno ha dado la alarma, el perro ha actuado. Los dos amigos de Iker acaban de salvar a su majestad. ¡Merecen un ascenso y una condecoración! ¿Conocías al agresor? Nunca lo había visto. Sus propias serpientes no le han dado oportunidad alguna. Me habría gustado interrogarlo, pero se diría que esos bandidos sienten un maligno placer acabando con la menor pista. ¿Avanzan tus pesquisas subterráneas? Aun abiertos de par en par, mis oídos no recogen nada interesante. Sekari, agente especial de Sesostris, se infiltraba con idéntica facilidad en cualquier medio. Atrayendo las confidencias y haciéndose prácticamente invisible, intentaba descubrir elementos de la organización terrorista. Sin embargo, desde la desaparición de un aguador y el arresto de algunos subalternos no había obtenido ningún éxito notable. El enemigo, desconfiado, se ocultaba. Forzosamente hemos reducido sus posibilidades de comunicarse entre sí declaró el agente secretoy, por consiguiente, su capacidad de acción. ¿No parece ese intento un golpe desesperado? Es poco probable estimó Sobek. Proteger al faraón en ese momento y en ese lugar era un problema. El flacucho tenía muchas posibilidades de conseguirlo. Su organización ha sufrido algunos golpes duros, pero evidentemente permanece activa. No lo dudo ni un solo instante. ¿Estás convencido de la muerte del Anunciador? Sekari vaciló. Algunas tribus nubias sentían por él un odio feroz. Menfis ya ha sufrido mucho, numerosos inocentes han perecido por causa de ese demonio. Hacer creer en su muerte me parece una estrategia excelente. ¿Estará preparando algo peor? Vuelvo de nuevo a la cacería anunció Sekari.

Medes echaba sapos y culebras. ¿Por qué no lo habían avisado de aquel nuevo intento de asesinato contra el faraón? Robusto cuarentón, gordo a causa de su gula, con el rostro lunar y el pelo negro pegado a la cabeza, con las piernas cortas y los pies rechonchos, alto funcionario y trabajador infatigable, Medes daba plena satisfacción al rey y al visir. El era el encargado de dar forma a los decretos promulgados por el faraón y de difundirlos con rapidez, dirigía un ejército de escribas cualificados y organizaba los movimientos de una flotilla de embarcaciones rápidas. ¿Quién iba a sospechar que servía al Anunciador? Como su testaferro, Gergu, y el sacerdote permanente de Abydos, Bega, pertenecía ahora a la conspiración del mal. En la palma de la mano de los conjurados, una minúscula cabeza de Set, grabada en la carne, rojeaba, provocando intolerables sufrimientos ante la menor

rojeaba, provocando intolerables sufrimientos ante la menor Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro Page 19
rojeaba, provocando intolerables sufrimientos ante la menor Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro Page 19

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 19

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS veleidad de traición. ¿Por qué

veleidad de traición. ¿Por qué había derivado de aquel modo? No faltaban razones. Desde hacía

mucho tiempo, la Casa del Rey debería haber reclamado a un técnico de su competencia. Evidentemente, estaba destinado al puesto de primer ministro,

simple etapa antes de la obtención de poder supremo: gobernar Egipto

se sentía capaz de hacerlo, pues tenía excepcionales cualidades como administrador y conductor de hombres. Sin embargo, seguían negándole el acceso al templo cubierto y a la parte secreta de los santuarios, especialmente al de Abydos, donde Sesostris obtenía la parte esencial de su fuerza. La única solución, por tanto, era eliminar al monarca. Más allá de aquella legítima ambición, Medes debía reconocerlo: el mal lo fascinaba. Único detentador de la eternidad, ¿no derribaba acaso a cualquier adversario? Así pues, el encuentro con el Anunciador, a pesar de sus terroríficos aspectos, colmaba sus esperanzas. El extraño personaje estaba dotado de notables poderes y, sobre todo, no temía ataque alguno de la adversidad. Siguiendo una implacable estrategia, calculaba siempre con una jugada de adelanto, preveía el fracaso y lo integraba en los futuros éxitos. No lejos de su suntuosa casa en el centro de la ciudad, Medes se topó con un personaje gordo, visiblemente ebrio. ¿Sigue indemne Sesostris? preguntó Gergu, inspector principal de los graneros. Por desgracia, sí. Entonces, el rumor era falso. ¿Estabais informado del atentado? Por desgracia, no. Los gruesos labios de Gergu palidecieron. ¡El Anunciador nos abandona! Borracho y dado a acostarse con prostitutas, Gergu debía su carrera a Medes y, a pesar de ciertos desacuerdos, seguía sus directrices. Aterrorizado por el Anun- ciador, lo obedecía al pie de la letra, pues temía sus represalias. Nada de conclusiones apresuradas. Tal vez se trate de una iniciativa del libanés. ¡Estamos apañados! Tú sigues en libertad, yo también. Si Sobek el Protector sospechara de nosotros, estaríamos ya en la sala de interrogatorios. El argumento tranquilizó a Gergu. Sin embargo, la calma duró poco, ya que lo invadió una bocanada de angustia. ¡El Anunciador ha muerto! Sus discípulos, aterrados, intentan lo imposible. No pierdas los nervios le recomendó Medes. Un jefe de su temple no desaparece como un vulgar malhechor. Esta agresión nada tenía de improvisada. Su valeroso autor ha estado a punto de conseguirlo. Sin la intervención de un asno

Medes

y un perro, las víboras hubieran mordido a la pareja real. La organización menfita demuestra su capacidad de acción. ¡Imaginas la cara de Sobek el Protector: ha sido ridiculizado y tachado de incompetente! Si el faraón lo destituye de sus funciones, nos habremos librado de alguien muy molesto. ¡No lo creo! Una garrapata se agarra menos que ese policía. Un parásito ¡Buena comparación, querido Gergu! Aplastaremos a ese Protector bajo nuestras sandalias. ¿Cuáles han sido sus éxitos? ¡Unos miserables arrestos! ¿Acaso no sigue intacta nuestra organización? Con la lengua seca, Gergu experimentó una intensa sensación de sed. ¿No tendríais un poco de cerveza fuerte? Medes sonrió. ¡Que no la hubiera sería un crimen! Ven a refrescarte. Una pesada puerta de dos batientes cerraba el acceso a la gran mansión del secretario de la Casa del Rey. Junto a ella, la garita de un guardián que apartaba con brutalidad a los importunos. Este hizo una gran reverencia ante su dueño. Tras los altos muros, un jardín y un estanque rodeado de sicomoros al que daban unas puertas-ventanas compuestas por celosías de madera. Medes y Gergu acababan de sentarse, al abrigo de una pérgola, cuando un sirviente les sirvió cerveza fresca. Gergu bebió golosamente. Ignoramos la verdadera misión del hijo real Iker en Abydos manifestó Medes, preocupado. ¡Vos redactasteis el decreto oficial! se extrañó Gergu. No deja de ser sorprendente que disponga de plenos poderes, ¿pero para qué van a servirle? ¿No podríais saber más? Llamar la atención de los miembros de la Casa del Rey sería catastrófico. Y no soporto la ambigüedad. Ve a Abydos, Gergu. Tu posición de sacerdote temporal te permitirá obtener informaciones seguras.

4

Los materiales, primero. La piedra, la madera y el papiro debían ser de excepcional calidad. Todos los días, Iker hablaba con los artesanos sin mirarlos por encima del hombro. Así, lograba una reputación de responsable serio, intransigente y respetuoso con los demás. El Calvo observaba al hijo real con ojos críticos, y advertía su progresiva integración en Abydos. Temía la precipitación y el autoritarismo por parte del muchacho, pero le gustaba su sentido del trabajo. Los artesanos te aprecian le reveló a Iker. ¡Eso es una verdadera hazaña! Esos mocetones, más bien rudos, no conceden fácilmente su amistad. Sobre todo, no olvides los plazos: dentro de dos meses se inicia la celebración de los misterios de Osiris. No debe faltar ni un solo objeto.

de los misterios de Osiris. No debe faltar ni un solo objeto. Digitalizado por el Portal
de los misterios de Osiris. No debe faltar ni un solo objeto. Digitalizado por el Portal

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 21

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS — Los escultores trabajan en

Los escultores trabajan en la creación de la nueva estatua de Osiris, los carpinteros en la de su barca, y me dan cuenta de ello diariamente. Por mi parte, superviso la fabricación de las esteras, los sillones, los cestos, las sandalias y los taparrabos. Por lo que a los papiros se refiere, soporte de los textos rituales, deberán perdurar durante generaciones. ¿No deseabas ser escritor? Otras tareas me absorben ahora, pero la afición permanece intacta. ¿Acaso no son los jeroglíficos el arte supremo? En ellos se inscriben las palabras de poder transmitidas por los dioses. Ningún texto sobrepasa a los rituales. Si algún día puedo participar en su formulación, mi vocación se consumará. Puesto que detentas la paleta de oro, ¿no has alcanzado ya tu objetivo? Sólo la utilizo en caso de fuerza mayor, nunca para uso personal. Pertenece al faraón, a Abydos y al «Círculo de oro».

El Calvo pareció contrariado.

¿Qué sabes tú de ese círculo? ¿No encarna la cima de nuestra espiritualidad, lo único capaz de mantener las energías creadoras y de preservar la sabiduría de los Antepasados? ¿Deseas pertenecer a él?

Una sucesión de milagros jalonan mi existencia. Confío en éste. No caigas presa de los sueños y sigue trabajando sin descanso. Al anochecer, Isis se reunió con Iker. Poco a poco, ella lo hacía descubrir las innumerables riquezas del territorio de Osiris. Esta vez, se recogieron a orillas del Lago de Vida. No se parece a ningún otro reveló la mujer. Sólo los permanentes están autorizados a purificarse aquí y a impregnarse de la potencia del Nun. Vinculada

a los efluvios del dios oculto, alcanza aquí su punto álgido. Durante las

principales fiestas y en el período de los grandes misterios, Anubis utiliza el agua de este lago. Lava las vísceras de Osiris y las hace inalterables. Ningún profano podría contemplar ese misterio.

Tú lo contemplaste. Isis no respondió. Desde tu primera aparición, sé que no eres sólo una mujer. El otro mundo

anima tu mirada, me muestras un camino cuya naturaleza ignoro. Me abandono a

ti, mi guía, mi amor.

La superficie del agua brilló con mil reflejos que iban del plateado al dorado. Abrazados, los dos jóvenes saborearon un instante de felicidad de increíble inten- sidad. En adelante, Iker ya pertenecía a Abydos. Recuperaba su verdadera patria, la

Gran Tierra. ¿A qué se debe tu preocupación por el árbol de vida? le preguntó a Isis. Esa mejoría no es definitiva, una fuerza oscura acecha la acacia. Los rituales

diarios la mantienen alejada, pero regresa incansablemente. Si se fortalece, ¿conseguiríamos rechazarla? ¿Se toma el Calvo la amenaza en serio? No consigue descubrir el origen de esas ondas negativas, y eso le quita el sueño. ¿Acaso está en Abydos? La mirada de Isis se ensombreció. Es imposible descartar esa hipótesis. ¡Los temores del rey se confirman! Uno de los emisarios del Anunciador habrá cruzado, pues, las barreras y estará preparando el terreno con vistas al próximo ataque de su dueño. La sacerdotisa no puso objeción alguna. No nos tapemos los ojos recomendó Iker. Todavía no he procedido a los interrogatorios, pues antes debía descubrir este universo. Ahora me veo obligado a hablar con cada uno de los permanentes. No tengas miramientos con nadie y encuentra la verdad.

El comandante de las fuerzas de seguridad de Abydos registró personalmente a la hermosa Bina. Ella, dócil, no protestó lo más mínimo. Lo siento, hermosa mía. Las consignas son las consignas. Lo comprendo, comandante. Sin embargo, empiezas a conocerme muy bien. La seguridad exige tareas repetitivas. Y las hay más molestas, lo reconozco. Sonriente y relajada, Bina lo dejó hacer. ¿Qué podría ocultar yo en mi corta falda? Además, mi cesto está vacío. El oficial se apartó, ruborizándose de confusión. Aun cumpliendo estrictamente con su función, le costaba resistir la atracción que sentía por aquella magnífica morena, dulce y sumisa. ¿Te gusta tu trabajo, Bina? Servir a los permanentes me honra más allá de lo que esperaba. Perdóname, no quiero llegar con retraso. La reina de la noche acudió a uno de los anexos del templo de Sesostris. Allí le entregaron pan fresco y una jarra de cerveza, que debía llevar al sacerdote encargado de velar por la integridad del gran cuerpo de Osiris y verificar los sellos puestos en la puerta de la tumba del dios. Ningún temporal podía acceder allí. Como las demás siervas responsables de la comunidad de los permanentes, Bina se limitaba a verlos en sus domicilios, modestos alojamientos escrupulosamente cuidados. El encargado de los sellos estaba leyendo un papiro. Os traigo comida y bebida susurró Bina, tímida. Gracias. ¿Dónde pongo el pan y la jarra? En la mesilla baja, a la izquierda de la entrada. ¿Qué plato deseáis para comer? ¿Carne seca, filete de perca o costilla de buey asada?

comer? ¿Carne seca, filete de perca o costilla de buey asada? Digitalizado por el Portal Masónico
comer? ¿Carne seca, filete de perca o costilla de buey asada? Digitalizado por el Portal Masónico

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 23

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS — Hoy me bastará con

Hoy me bastará con el pan fresco. ¿Os sentís mal? Eso no es cosa tuya, pequeña. Aquel permanente se mostraba tan rebelde como sus colegas. Los encantos de Bina seguían sin surtir efecto. ¡Me gustaría ayudaros! No te preocupes, nuestro servicio médico funciona a las mil maravillas. ¿Debo avisarlo? Si es necesario, yo mismo lo haré. Bina bajó los ojos. ¿No comporta vuestra tarea algunos riesgos? ¿A qué te refieres? ¿No emite la tumba de Osiris una temible energía? El rostro del permanente se endureció. ¿Acaso intentas violar los secretos, jovencita? ¡Oh, no! Simplemente me siento fascinada y un poco asustada. Se cuentan muchas leyendas con respecto a Osiris y a su tumba. Algunas hablan de terrorí- ficos fantasmas. ¿No persiguen a sus enemigos para beberse su sangre? El ritualista calló. Era inútil criticar unas creencias que contribuían a la protección de la morada del dios. Estoy a vuestra entera disposición afirmó Bina, ofreciendo al arisco su más hermosa sonrisa. Pero en balde, puesto que él ni siquiera levantó los ojos. Vuelve a la panadería y a la cervecería, muchacha, y sigue con tus entregas.

Los interrogatorios de las sacerdotisas de Hator no le proporcionaban a Iker ningún elemento que pudiera alimentar sus sospechas. Convertida en su superiora tras la muerte de la decana, Isis le facilitaba la tarea. No se podía reprochar ninguna falta grave a sus hermanas, ningún quebrantamiento de su servicio diario. Durante sus largas entrevistas con cada una de ellas, el hijo real no sentía la menor turbación. Sus interlocutoras se expresaban con total naturalidad, y no disimulaban nada. Iker adquirió así la certidumbre de que el secuaz del Anunciador no se ocultaba entre las iniciadas. Mientras proseguía su trabajo en compañía de los artesanos, se interesó de cerca por los permanentes, que no disimularon su desaprobación. Aquel cuya acción es secreta y que ve los secretos fue fiel al título de su función. Escuchó las preguntas del hijo real y se negó a responder a ellas, puesto que sólo hablaría con el Calvo. Su superior debía decir lo que podía contarle al investigador.

El Calvo no se hizo de rogar y repitió, al pie de la letra, las declaraciones de su

subordinado. Una idea fundamental las resumía: sólo los iniciados en los misterios de Osiris accedían a sus secretos. Puesto que Iker no poseía esta cualidad, los ritualistas debían guardar silencio. ¿No parece sospechosa esa negativa a cooperar? preguntó el joven. Al contrario repuso el Calvo. Ese viejo compañero de viaje respeta estrictamente sus obligaciones, sean cuales sean las circunstancias. Sólo le importa la preservación del secreto. Pues bien, ninguno de sus aspectos esenciales ha sido divulgado. En caso contrario, si nos traicionara en beneficio del Anunciador, el árbol de vida habría perecido y Abydos desaparecido. El argumento convenció a Iker.

El Servidor del ka, encargado de venerar y mantener la energía espiritual, invitó al hijo real a celebrar en su compañía la memoria de los antepasados. Sin su presencia activa reveló, los vínculos con lo invisible se relajarían poco a poco. Y, una vez rotos, nos convertiríamos en muertos vivientes. El anciano y el joven honraron juntos las estatuas del ka de Sesostris, donde se concentraba la potencia que nacía de las estrellas. Lento, grave, el ritualista pronunció las fórmulas de animación de las almas reales y de los justos de voz. Todos los días, la precisión de su conocimiento mágico hacía fructífera su gestión. Igual que mis colegas, yo sólo soy un aspecto del ser universal del faraón explicó. Solo, no existo. Unido a su espíritu y al de los demás permanentes, contribuyo a la irradiación de Osiris, más allá de las múltiples formas de muerte. ¿Cómo semejante hombre podía ser cómplice del Anunciador?

Iker habló con El que velaba por la integridad del gran cuerpo de Osiris. ¿Aceptáis mostrarme la puerta de su tumba? No. El rey me ha confiado una delicada misión, intento no ofender a nadie. Sin embargo, debo asegurarme de la buena ejecución de los deberes sagrados. Los vuestros forman parte de ellos. Me satisface oír eso. ¿Aceptáis revisar vuestra posición? Sólo los iniciados en los misterios acceden a la tumba de Osiris. Dudar de mi competencia, de mi seriedad y de mi probidad supondría injuriarme. Por consiguiente, deberá bastar con mi palabra. Lo siento, pero exijo más. La verificación de los sellos no os ocupa toda la jornada. ¿A qué dedicáis el resto de vuestro tiempo? El ritualista se puso rígido. Estoy a disposición del Calvo, y la jornada tiene más tareas que horas. Si él lo desea, os las revelaré. Precisamente ahora tengo que llevar a cabo una de ellas.

Considero a ese ritualista como mi mano derecha le confirmó el Calvo a

ese ritualista como mi mano derecha — le confirmó el Calvo a Digitalizado por el Portal
ese ritualista como mi mano derecha — le confirmó el Calvo a Digitalizado por el Portal

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 25

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS Iker — . Algo arisco,

Iker. Algo arisco, tal vez, pero eficaz y abnegado. Yo mismo controlo la solidez mágica y material de los sellos, y no encuentro defectos en ellos. También en ese caso, ¿imaginas el beneficio que el Anunciador habría obtenido de una traición? Sólo te queda conocer a Bega, el responsable de la libación cotidiana en las mesas de ofrendas.

Alto, con el rostro desagradable, frío y austero, el ritualista miró por encima del hombro a su visitante. La jornada ha sido dura, me gustaría descansar. Nos veremos mañana, pues aceptó Iker. ¡No, es mejor acabar cuanto antes! Mis colegas y yo respetamos vuestra dignidad y esperamos daros entera satisfacción. Sin embargo, vuestros procedimientos nos ofuscan. Unos sacerdotes permanentes de Abydos considerados sospechosos, ¡qué abominación! ¿Y no os gustaría demostrar su inocencia? ¡Nadie la pone en duda, hijo real! ¿No indica lo contrario mi misión? Bega pareció turbado. ¿Acaso el faraón no está satisfecho con nuestra cofradía? Percibe cierta falta de armonía en ella. ¿Y cuál es la causa? La presencia en el territorio de Osiris de un cómplice de nuestro enemigo jurado, el Anunciador. ¡Imposible! protestó Bega con una voz ronca. Si ese demonio existe, Abydos sabrá rechazarlo. Nadie podría alterar la coherencia de los permanentes. Esa convicción me consuela. ¿Acaso el hijo real había creído, por un solo instante, en la traición de uno de los nuestros? Estaba obligado a tenerla en cuenta. El esbozo de una sonrisa animó el firme rostro de Bega. ¿No consiste la astucia del Anunciador en dividirnos al hacer correr semejantes fábulas? Carecer de lucidez nos llevaría al desastre. ¡Qué razón ha tenido el fa- raón al designaros! A pesar de vuestra juventud, manifestáis una madurez impresionante. Abydos os lo agradecerá. Aquella fase de la

5

Ataviada con un collar de cuatro vueltas, unos finos pendientes y anchos brazaletes, vistiendo una larga túnica plisada y una capa que dejaba al descubierto el hombro derecho, la sacerdotisa de Hator se inclinó ante Isis, su superiora. A

Neftis, cuyo nombre significaba «la soberana del templo», la reina le había confiado la dirección del taller de las tejedoras de Menfis. Por orden de la soberana, acababa de abandonarlo para dirigirse urgentemente a Abydos. Nuestra decana ha fallecido le comunicó Isis. Otra iniciada debe sustituirla en seguida para completar el Siete. Tu conocimiento de los ritos te ha designado. Vuestra confianza me honra, intentaré ser digna de ella. Neftis se parecía extrañamente a Isis. Tenía la misma edad, la misma talla, la misma forma del rostro, la misma silueta esbelta. Entre ambas, simpatía y comunión de pensamiento fueron inmediatas. Algunos incluso las consideraron como hermanas, felices de volver a verse. Isis inició a Neftis en los últimos misterios. Tras ella, recorrió el camino de fuego y cruzó las puertas que llevaban al secreto de Osiris. Luego, la hija de Sesostris le contó con detalle los dramáticos acontecimientos que habían afectado Abydos y no le ocultó en absoluto sus inquietudes. Encargada de preparar el futuro sudario del dios con vistas a las ceremonias venideras, Neftis verificó de inmediato la calidad del lino recogido al finalizar el mes de marzo. Sólo los tallos muy tiernos servían para la fabricación de hermosos tejidos. Puestas en agua hasta la eliminación de las partes leñosas, algunas fibras sobrevivían a la podredumbre. Su purificación, concluida por los rayos del sol, permitía obtener un material noble y sin defectos. Isis y Neftis hilaron y tejieron. Ni una sombra de color mancillaría la túnica de lino blanco real que llevaría Osiris. Llama y luz, aquella vestidura preservaba el misterio. Tras haber preparado unos hilos trenzados de bastante longitud, las dos mujeres los anudaron. Tras obtener unos ovillos, puestos en recipientes de cerámica, utilizaron las antiguas ruecas, reservadas para las seguidoras de la diosa Hator, y observaron un imperativo: sesenta y cuatro hilos de urdimbre en cada centímetro cuadrado, por cuarenta y ocho de trama. Cuando Ra sintió una profunda fatiga, su sudor cayó al suelo, germinó y se transformó en lino recordó Neftis. Impregnado de claridad solar, alimentado por el fulgor de la luna, forma los pañales del recién nacido y el sudario del resucitado. Una capilla del templo de Osiris albergó la preciosa vestidura.

He fracasado, señor. Sea cual sea el castigo, lo aceptaré. A pesar de su encanto, de su fingida modestia y de su total abnegación, Bina no conseguía penetrar en el caparazón de los permanentes. Ni su sonrisa, ni la mejor cerveza, ni los suculentos platos los hacían menos adustos. Pasaba de uno a otro para no llamar la atención del ritualista encargado de verificar los sellos colo- cados en la puerta de la tumba de Osiris. El hombre se negaba a charlar y no prestaba la menor atención al espléndido cuerpo de la sierva. Pese a su talento y a sus esfuerzos, Bina no conseguiría su objetivo. El Anunciador le acarició los cabellos.

su objetivo. El Anunciador le acarició los cabellos. Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro Page
su objetivo. El Anunciador le acarició los cabellos. Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro Page

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 27

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS — Estamos en territorio enemigo,

Estamos en territorio enemigo, dulzura mía, y nada va a ser fácil. Esos sacerdotes no se comportan como individuos ordinarios. Tu experiencia demuestra que están más unidos a su función que a sus deseos. Es inútil correr riesgos desmesurados. ¿Me me perdonáis, entonces? No has cometido falta alguna. Bina besó las rodillas de su señor. Aunque lo prefería con barba y con la cabeza cubierta por un turbante, aquella nueva apariencia en nada alteraba su poder. Dentro de poco, el Anunciador rompería las fortificaciones espirituales y materiales de los servidores de Osiris. ¿Violaremos pronto los santuarios secretos? preguntó ella, inquieta. Tranquilízate, lo conseguiremos.

Iker habló largo rato con el comandante de las fuerzas de seguridad, para saber cómo funcionaba la organización de los temporales. Guardias, escultores, pintores, dibujantes, fabricantes de jarros, panaderos, cerveceros, floristas, portadores de ofrendas, músicos, cantoras y demás oficiantes estaban inscritos en un cuadro de servicios, en función de sus competencias y de su disponibilidad, sin tener en cuenta su edad ni su posición social. La duración del trabajo variaba de algunos días a algunos meses. Los temporales animaban una verdadera ciudad y los templos al servicio de Osiris, de modo que ningún detalle material mancillaba la armonía del paraje. Resultaba imposible convocarlos a todos y comprobar sus cualidades, pero el comandante se mostraba muy firme: ninguna oveja descarriada accedía al domi- nio divino. Naturalmente, algunos eran menos eficaces que otros; los jefes de equipo intervenían con rapidez y no se andaban con miramientos ante los mediocres. Cualquier queja que llegaba al Calvo se convertía, casi siempre, en una exclusión definitiva. Iker quiso conocer a los antiguos y a los asiduos, y esas entrevistas lo tranquilizaron. De hecho, aquellos profesionales conscientes de sus deberes no transgredían las fronteras impuestas.

Bina cruzó el umbral de la estancia donde el hijo real recogía las confidencias de un viejo temporal que deseaba morir en la tarea. Al ver a Iker de perfil lo reconoció en seguida y retrocedió, con el consiguiente riesgo de que cayera el cesto que llevaba en la cabeza. Gracias a un rayo de sol que penetraba oblicuo en la estancia, el anciano sólo divisaba una silueta. No nos molestes, pequeña. Deja los víveres fuera. La sierva obedeció y desapareció. ¡De modo que el hijo real no se limitaba a interrogar a los permanentes! Un paso más y la habría identificado.

Si deseaba ver a todos los temporales, ¿cómo podría escapar de él?

Aunque Abydos lo fascinara, Gergu detestaba aquel lugar. Se sentía incómodo, desestabilizado, y estaba al borde de la depresión. ¿Lo conducirían al éxito tantos riesgos? El inspector principal de los graneros se habría limitado de buena gana a su puesto, a su jarra diaria de cerveza fuerte y a las mejores prostitutas de Menfis, pero Medes y el Anunciador le exigían más. Fuera cual fuese su deseo de una existencia menos aventurera, Gergu no veía salida alguna. Tenía que dar satisfacción, esperando la rápida caída del faraón y el advenimiento de un nuevo régimen del que sería uno de los principales dignatarios. Esperando aquel ascenso, llevaba hacia Abydos un carguero de mercancías destinadas a los permanentes. El atraque se llevó a cabo perfectamente, y el comandante de las fuerzas de seguridad saludó a Gergu al pie de la pasarela. Siempre en forma, según parece. Me cuido, comandante. Lo siento, las consignas me obligan a inspeccionar tu cargamento. Hazlo, pero no estropees nada. Los permanentes son bastante maniáticos. No te preocupes, mis policías son expertos. Gergu esperó trasegando cerveza tibia, demasiado dulce para su gusto. Como de costumbre, no se descubrió nada sospechoso. El temporal acudió al local donde solía encontrarse con Bega. Gélido, con el rostro cerrado, el permanente no parecía muy contento de ver de nuevo a su cómplice. ¿A qué se debe esta visita? Una entrega rutinaria. ¿No despertaríamos sospechas si cambiáramos nuestras costumbres? Bega asintió con la cabeza. ¿Y la verdadera razón de tu viaje? Medes detesta la ambigüedad y quiere conocer la misión concreta de Iker, el hijo real. ¿No está mejor situado para saberlo el secretario de la Casa del Rey? Habitualmente, sí. Pero esta vez, el decreto oficial le parece muy sucinto. Tú, en cambio, sin duda posees la información. Bega reflexionó. Voy a entregarte una nueva lista de productos que debes procurarme. ¿Te niegas a responder? Vayamos hacia la terraza del Gran Dios. ¿Para reanudar el tráfico de estelas? ¡Me parece arriesgado! Los dos hombres tomaron un camino franqueado por mesas de ofrendas y capillas cuyo número aumentaba a medida que se aproximaban a la escalera de Osiris. Ningún cuerpo descansaba en los pequeños santuarios, precedidos por jardines; albergaban estatuas y estelas que asociaban a aquellos a quienes estaban dedi-

y estelas que asociaban a aquellos a quienes estaban dedi- Digitalizado por el Portal Masónico del
y estelas que asociaban a aquellos a quienes estaban dedi- Digitalizado por el Portal Masónico del

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 29

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS cadas, justos de voz, con

cadas, justos de voz, con la eternidad de Osiris. El lugar estaba desierto y apacible. De vez en cuando, Bega hacía arder incienso, «el que diviniza»; el alma de las piedras vivas lo utilizaba para subir al cielo y comunicarse con la luz. Bega entró en una capilla rodeada de sauces. Sus ramas bajas cubrían la entrada. «Sacaremos una o dos pequeñas estelas y las venderemos al mejor postor pensó Gergu. ¡Una buena ocasión para enriquecerse!» Sígueme exigió Bega. Prefiero quedarme fuera. Sígueme insistió. Finalmente Gergu obedeció, con paso vacilante. Aunque ausentes, los muertos le parecían presentes. Turbar así su reposo, ¿no provocaría una cólera devastadora? En el fondo del pequeño monumento, un fantasma. Un sacerdote de gran talla, con la cabeza afeitada y los ojos enrojecidos, lo miraba con tanta intensidad que lo dejó petrificado.

No, no es posible ¿No seréis

Quien me traiciona no sobrevive mucho tiempo, Gergu. Grabada en la palma de su mano, la minúscula cabeza de Set le quemó hasta arrancarle un grito de dolor. ¡Tened confianza en mí, señor! Tus palabras me son indiferentes. Sólo cuentan los resultados. ¿Por qué estás aquí? Medes se inquieta reconoció de inmediato Gergu. Quiere conocer los verdaderos objetivos de Iker y piensa que Bega puede informarle. ¿Y consideras legítima esa gestión? A Gergu se le formó un nudo en la garganta; tragó trabajosamente. ¡Vos lo decidís, señor! Buena respuesta consideró la ácida voz de Shab el Retorcido. Atacando por detrás, como siempre, el pelirrojo pinchó la nuca de Gergu con la punta de su cuchillo. Pequeño delincuente sin porvenir, había descubierto la verdadera fe al escuchar los sermones del Anunciador. Detestaba a las mujeres y a los egipcios, y nunca vacilaba en suprimir a un infiel para satisfacer a su señor. ¿Debo ejecutar a este renegado? ¡Yo no he traicionado! declaró Gergu, aterrado. Le concedo mi perdón decretó el Anunciador. La punta del cuchillo se apartó, dejando una pequeña marca sanguinolenta. Los tiempos no se prestan al tráfico de estelas indicó el dueño de la conspiración del mal. Más adelante te enriquecerás, mi buen Gergu, siempre que me sirvas ciegamente. Bega, ¿puedes responder a la pregunta de Medes? El hijo real y Amigo único Iker debe desempeñar un papel principal en la celebración de los misterios osiriacos. Al confiarle la paleta de oro, el rey lo hace

?

apto para dirigir las cofradías de permanentes y de temporales. Sé de buena fuente que Iker ha ordenado crear una nueva estatua de Osiris y restaurar su barca. Debe ganarse la simpatía de los artesanos y llevar a cabo la obra con rapidez. Otro aspecto de su misión: ha interrogado a cada uno de los permanentes y a cada una de las permanentes, pues sospecha que uno de ellos o una de ellas es cómplice del Anunciador. Gergu dio un respingo. ¡Estamos perdidos, pues! De ningún modo. En este punto, el hijo real ha fracasado. Sus laboriosas investigaciones no le han proporcionado ningún elemento que lo autorice a formular una acusación precisa. Desgraciadamente concretó el Anunciador, como también se interesa por los temporales, estuvo a punto de cruzarse con Bina. Y no olvidemos su matri- monio con Isis, cuya perspicacia podría perjudicarnos. ¿Qué proponéis? preguntó el sacerdote de feo rostro. Nada de precipitaciones y un mejor conocimiento de los lugares secretos gracias a ti, amigo mío. Bega hubiera preferido permanecer en la sombra y no implicarse de un modo tan directo. ¿Vacilas acaso? ¡De ningún modo, señor! Tendremos qué mostrarnos extremadamente prudentes y actuar sólo cuando estemos seguros. Nuestra implantación en Abydos nos procura una ventaja decisiva. Se llevarán a cabo varios ataques al mismo tiempo, Sesostris no se recuperará. Cuando admita la muerte definitiva de Osiris, su trono se derrumbará. La tranquila seguridad del Anunciador serenaba a sus discípulos. No olvidemos nuestro objetivo: Menfis. ¿Qué ocurre allí, Gergu? Un importante obstáculo se levanta ante nosotros, señor: Sobek el Protector. Temo que consiga dar con nuestra organización. Sería indispensable eliminarlo, ¿pero cómo hacerlo? He aquí la solución a ese problema. El Anunciador mostró el cofre de acacia que había contenido la reina de las turquesas. Te lo entrego, Gergu. No lo abras bajo ningún concepto. De lo contrario, morirás. ¿Qué debo hacer con él? El cofre saldrá de Abydos por el camino habitual, y lo depositarás en la

habitación de Sobek. No será fácil y No tienes derecho a fracasar, Gergu.

Los ojos del Anunciador llamearon.

6

En la dulzura de la noche iba desgranándose la melodía que Isis tocaba en una gran arpa angular, forrada de cuero verde. Sus veintiuna cuerdas permitían

forrada de cuero verde. Sus veintiuna cuerdas permitían Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro Page
forrada de cuero verde. Sus veintiuna cuerdas permitían Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro Page

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 31

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS múltiples variaciones, y la joven

múltiples variaciones, y la joven superiora de las sacerdotisas de Abydos utilizaba maravillosamente las dos octavas. Iker se dejaba hechizar. ¿Por qué iba a desvanecerse aquella felicidad, puesto que su esposa y él la construían y la reforzaban, día tras día, conscientes del inmenso presente que los dioses les ofrecían? A cada instante, intentaban percibir la magnitud de su suerte. Compartiendo el menor pensamiento, la menor emoción, vivían la más intensa de las comuniones amorosas. El paraíso terrenal adoptaba la forma de la pequeña casa de Isis. Aunque el Calvo la consideraba indigna de un hijo real y de la hija de Sesostris, ni el uno ni la otra deseaban una morada distinta. Sin duda deberían abandonarla antes o después, pero hasta entonces querían saborear el hechizo de aquel lugar donde se habían unido por primera vez. Iker apreciaba los muros blancos, el marco calcáreo de la puerta de entrada, los colores cálidos de la decoración interior y la sencillez del mobiliario. A veces, el joven quería creer que él e Isis, formando una pareja como las demás, vivirían una apacible existencia de ritualistas. Pero la gravedad de la situación y la dificultad de su misión lo devolvían muy pronto a la realidad. Su balance lo tranquilizaba y lo inquietaba al mismo tiempo. Aparentemente, nada demostraba que el Anunciador dispusiera de un cómplice en el interior del reino de Osiris, pero tal vez el joven no hubiera sido capaz de descubrirlo. Una sucesión de acordes, del agudo al grave, concluyó la melodía. Isis dejó el arpa y posó dulcemente la cabeza en el hombro de Iker. Pareces preocupado observó. Siento una especie de malestar, pues sin duda me han mentido; debería haber visto y permanecí ciego. La joven no contradijo a su marido. También ella compartía aquella turbación. Un mal viento agredía Abydos, ondas negativas perturbaban la serenidad de lo cotidiano. ¿Cuántos secuaces debe de tener el Anunciador, uno o varios? se preguntó Iker. En cualquier caso, no ha habido por su parte falta alguna. Ni tú ni el Calvo habéis advertido ningún desorden ritual, no hay novedad alguna entre los temporales. Sin embargo, estoy convencido de ello: el enemigo se ha deslizado entre nosotros. ¿Reanudar los interrogatorios? Es inútil. Habrá que esperar a que actúe, aunque de ese modo la Gran Tierra corra un terrible riesgo. Recuerdo la isla del ka, la gran serpiente dueña del país de Punt, y oigo de nuevo su advertencia: «No pude impedir el final de este mundo. ¿Salvarás tú el tuyo?» ¡Me considero incapaz de hacerlo, Isis! Ya no eres un náufrago, Iker, y la isla de los Justos 110 desaparecerá. Pienso en mi viejo maestro, el escriba de Medamud, mi pueblo natal, y en su único mensaje, más allá de la muerte: «Sean cuales sean las pruebas, yo »

« estaré siempre a tu lado prosiguió Isis, para ayudarte a cumplir un destino que ignoras aún.» Iker contempló estupefacto a su esposa. El faraón y tú ¿Cómo podéis conocer esas palabras? Muchos evolucionan al albur de los acontecimientos, otros responden a la llamada de un destino descifrando el significado real de su existencia. Su vo- cación consiste en vivir el misterio aquí abajo, sin traicionarlo, y en transmitir lo intransmisible. Procedente del templo de Osiris, tu viejo maestro identificaba a esos seres y los despertaba a sí mismos, gracias al aprendizaje de los jeroglíficos. Iker, trastornado, comprobaba la ausencia del azar en el inexorable encadenamiento de sus pruebas. ¿Quién lo mató? El Anunciador respondió Isis. También él te buscaba. Sacrificándote al dios del mar reforzaba sus poderes. Los seres maléficos se alimentan de sus vícti- mas, y nunca se sacian. El viejo escriba, el faraón y tú ¡Me guiabais, me protegíais! Interpretaste mal algunos acontecimientos, vagaste por el seno de las tinieblas, aunque buscando siempre la luz. Así ibas modelándote a ti mismo y dando un camino a tus pies. Puesto que te estrecho ya en mis brazos, ¿no se consuma mi destino más allá de cualquier esperanza? Nuestro amor sigue siendo el inquebrantable zócalo sobre el que te construyes, y nada podrá destruirlo. ¿Crees, sin embargo, que has cruzado todas las puertas de Abydos? La sonrisa de Isis lo desarmó. ¿Me perdonarás mi suficiencia? Cuando no tenemos ya elección, somos libres. Pero hay que permanecer en el camino de Maat. Ayúdame a avanzar. El rey me abrió la morada de eternidad de los escritores, en Saqqara, y sueño con descubrir la biblioteca de Abydos. No se parece a ninguna otra. ¿Me consideras indigno de ella? La guardiana del umbral debe decidir. ¿Te crees apto para enfrentarte a ella? Si tú me guías, ¿qué debo temer? Iker siguió a su esposa. Ninguna mujer caminaba con tanta ligereza y elegancia. Rozando apenas el suelo, parecía sobrevolar el mundo de los humanos. Los altos muros de la Casa de Vida impresionaron a Iker. Muy estrecha, la entrada sólo dejaba pasar a una persona. He aquí el lugar donde se elabora la palabra jubilosa, donde se vive de la rectitud, donde se sabe distinguir los vocablos. Del altar de las ofrendas levantado ante el acceso, Isis tomó un pan redondo. Inscribe las palabras «confederados de Set» ordenó al hijo real. Utilizando un fino pincel, Iker las trazó con tinta roja.

real. Utilizando un fino pincel, Iker las trazó con tinta roja. Digitalizado por el Portal Masónico
real. Utilizando un fino pincel, Iker las trazó con tinta roja. Digitalizado por el Portal Masónico

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 33

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS — Ahora, olvida tu miedo

Ahora, olvida tu miedo e intenta entrar. Apenas cruzado el umbral, el joven quedó inmóvil. Un amenazador rugido le heló la sangre. Levantó los ojos y vio una pantera, encarnación de la diosa Mafdet, dispuesta a saltar sobre él. Iker le ofreció el pan de los enemigos de Osiris. La fiera vaciló un instante, clavó en él sus colmillos y desapareció. Libre ya el paso, el escriba tomó por un corredor que desembocaba en una vasta sala iluminada por numerosas lámparas de aceite que no desprendían humo alguno. Cuidadosamente colocados en sus casilleros, los rollos de papiro mostraban títulos que maravillaron al descubridor. Iker, embriagado, comenzó por el gran libro que revelaba los secretos del cielo, de la tierra y del mundo intermedio; luego consultó el libro para preservar la barca sagrada y el manual de escultura. Visión de realidades desconocidas, caminos de un conocimiento inédito Cuando Isis le posó la mano en el hombro, Iker sólo había rozado el tesoro. Está a punto de amanecer, vayamos junto al árbol de vida. El Calvo quiere asociarte al ritual. Recogido, Iker ofreció a su esposa y al sacerdote los cuencos que contenían agua y leche. Acto seguido, éstos vertieron su contenido al pie de la acacia, que, apa- rentemente, gozaba de excelente salud. La muchacha confió al hijo real un espejo compuesto por un grueso disco de plata y un mango de jaspe adornado con el rostro de la diosa Hator. Oriéntalo hacia el sol y dirige sus rayos hacia el tronco. El acto ritual fue breve e intenso. Esta noche y esta mañana has superado numerosas etapas reveló Isis. Al aceptar el contacto de tu mano, el espejo de la diosa te reconoce como servidor de la luz. Es insuficiente replicó el Calvo. Esta noche te espero en el templo de Sesostris. El Anunciador vio cómo Isis, Iker y el Calvo se alejaban. Gracias a la intervención de Bega y a pesar de un retraso debido a la lentitud administrativa, acababa de ser transferido por fin al templo de millones de años de Sesostris. Encargado del mantenimiento de los cuencos y las copas, tanto los de las divinidades como los de los ritualistas, iba acercándose a los centros neurálgicos del paraje. El Anunciador, que estaba autorizado a dormir en un lugar de servicio, disponía de una excelente base de partida para suprimir, una a una, las protecciones de Osiris. Sus ojos de rapaz no tardaron en descubrir las cuatro jóvenes acacias plantadas de acuerdo con los puntos cardinales, alrededor del árbol de vida. Con gran sorpresa

por su parte, ni guardia, ni ritualista, ni temporal vigilaban el lugar. Su seguridad estaba, pues, tan bien defendida que ninguna presencia humana resultaba in- dispensable. Al avanzar, advirtió un relicario compuesto por cuatro leones, que se daban la espalda. En el centro, un astil con el extremo ocupado por un escondrijo, adornado con dos plumas de avestruz, símbolo de Maat. El Anunciador se sentó con las piernas cruzadas, postura propicia para la meditación. Los egipcios sabían manejar el pensamiento y adoptar las actitudes corporales favorables para su florecimiento. Adecuándose a ellas, cualquier profano se habría sentido atraído hacia lo sacro. El Anunciador, en cambio, no sufría influencia alguna. Solo y último depositario del mensaje divino, volvía sus propias armas contra el adversario. El relicario de los leones y las cuatro acacias: de aquel dispositivo simbólico emanaba un campo de fuerza. Atravesarlo exigía fórmulas precisas. Aunque las ignorase, el Anunciador tenía que hacerlo inoperante. ¿Dónde encontrar las indicaciones indispensables, si no en el interior del templo? Sin duda, los textos dictados por Sesostris le proporcionarían valiosas infor- maciones. Correctamente equipado, atacaría entonces el árbol de vida. El Anunciador regresó al santuario al que estaba destinado y recibió las consignas

de su superior. Sin refunfuñar ante el trabajo, aceptó sustituir, durante la noche, a un colega que estaba enfermo. Era una noche propicia para descifrar paredes y buscar las palabras de poder. Aguardó a estar solo para emprender su exploración, provisto de dos cuencos de alabastro. Si lo sorprendían, tendría una excusa preparada: estaba limpiando los preciosos objetos antes de depositarlos en un altar. La intensidad espiritual que reinaba en el lugar lo irritó. Cada figura jeroglífica lo rechazaba, cada estrella pintada en el techo proyectaba un fulgor hostil. Sus presentimientos se confirmaban: sin conceder confianza alguna a los humanos, los sabios encargaban a los símbolos la protección del edificio. Un mago ordinario habría emprendido la huida. Dolorido y afectado, el Anunciador sacó sus garras y su pico de halcón. La magia de los signos se deslizó por su carne de rapaz sin abrasarla. Permaneciendo en guardia, escrutó las escenas, estudió las palabras de las divinidades y del faraón.

Ofrendas y más ofrendas, siempre ofrendas

Y una comunión perpetuamente

repetida entre el rey y el más allá. Así le prometían millones de años e incesantes fiestas de regeneración. El propagador de la nueva fe rompería aquellos compromisos. Su paraíso sólo acogería a guerreros, capaces de sacrificarse para imponer su creencia, aunque fuera a costa de miles de víctimas. Los dioses abandonarían para siempre Abydos

y la tierra de Egipto, y cederían así el lugar a un dios único y vengador cuya vo- luntad nadie discutiría. Pero era preciso impedir que Osiris resucitara y hacer que el árbol de vida

impedir que Osiris resucitara y hacer que el árbol de vida Digitalizado por el Portal Masónico
impedir que Osiris resucitara y hacer que el árbol de vida Digitalizado por el Portal Masónico

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 35

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS muriera. A pesar de la

muriera.

A pesar de la agudeza de su mirada, el Anunciador no descubría herramienta

alguna que le permitiese atravesar las defensas mágicas. Paciente, se empecinó. El Anunciador se detuvo ante los colosos que representaban al faraón como Osiris, con los brazos cruzados sobre el pecho y sujetando dos cetros característicos, y sonrió. ¿Cómo no lo había pensado antes? Todo, allí, era de inspiración osiriaca, todo partía del dios y regresaba a él.

Una voz ronca lo alertó. Oculto tras la puerta entreabierta de una capilla lateral, vio cómo el Calvo e Iker entraban en el patio de los pilares osiriacos. Si lo descubrían, el final del combate sería incierto. Momentáneamente debilitado por los jeroglíficos, el hombre-halcón no disponía de su fuerza habitual. Los dos hombres dieron la espalda a la capilla y contemplaron una de las estatuas del faraón transformado en Osiris.

Molido al final de una jornada de trabajo especialmente duro, Iker no podía declinar la invitación del Calvo. Hoy, los artesanos se han mostrado más bien desagradables comentó el viejo ritualista. No puede decirse mejor. Y, sin embargo, ya no están lejos del objetivo. ¿Les habéis recomendado vos que me perjudicaran? Es inútil, ellos conocen la Regla. Tú la ignoras.

Estoy dispuesto a aprenderla y a practicarla. Al parecer, Menfis es una ciudad agradable donde jóvenes de tu edad gozan del máximo de distracciones. ¿No la echas en falta? ¿Realmente esperáis una respuesta afirmativa?

El Calvo farfulló una vaga injuria.

No podrás llevar a cabo tu misión sin cruzar una nueva puerta. Los artesanos lo

saben y no toleran ninguna prebenda. No la solicito. Mira esta estatua de Osiris. ¿Quién la creó, a tu entender? Los escultores de Abydos, supongo. ¡No todos, hijo real! Aunque excelentes técnicos, la mayoría de los artesanos

no son admitidos en la Morada del Oro. Allí se lleva a cabo el trabajo secreto que

da nacimiento a la estatua y transforma la materia prima, la madera, la piedra o el

metal, en obra viva. Convertidos en servidores de Dios, los verdaderos creadores, muy poco numerosos, conocen las palabras de poder, las fórmulas mágicas y los ritos eficaces. Así moldean materiales de eternidad que ningún fuego consume. O

te aceptan entre ellos, o abandonas Abydos. Puesto que sus funciones no lo dispensarían de aquella prueba, Iker no protestó. Ante la idea de descubrir una nueva faceta de Abydos, el entusiasmo se apoderó de él. ¿El oro utilizado en esta Morada es también el del «Círculo»? Durante la celebración de los misterios, sólo él permite la resurrección de Osiris. Por eso, incluso cuando lo ignorabas, tu existencia se consagraba a su búsqueda. Al traer ese metal a Abydos, tú mismo te obligabas a proseguir tu camino. Osiris reveló a los iniciados las riquezas de las montañas y del mundo subterráneo, les mostró las riquezas ocultas bajo la ganga y les enseñó a trabajar los metales. Debes ser consciente de una importante realidad: Osiris es la perfecta consumación del oro. 1

1. Nefer n nub (Estela de Turín, 1640).

7

Gergu estaba impaciente por abandonar Abydos. Provisto de la lista de géneros que debía proporcionar durante el próximo viaje, subía por la pasarela cuando una voz demasiado conocida lo dejó petrificado. ¡Gergu! Ignoraba que estuvieras aquí. El inspector principal de los graneros se volvió. ¡Qué alegría volver a verte, hijo real! ¿Te habrías marchado sin saludarme? También yo ignoraba tu presencia. ¿Una estancia agradable? preguntó Iker. ¡Trabajo, trabajo y más trabajo! Abydos no es famosa por su fantasía. ¿Y si me describieras concretamente tus funciones? Tal vez podría facilitarte la tarea. Debo regresar a Menfis. ¿Algo urgente? Gergu se mordió los labios. No, no hasta ese punto Ven entonces a tomar una cerveza a mi casa. No quisiera molestarte, yo La jornada está tocando a su fin, ahora no es momento para emprender un viaje. Partirás mañana por la mañana. Gergu temía las preguntas del hijo real. Al hilo de sus respuestas, podía traicionarse y poner en peligro la organización. Pero huir sería una confesión de culpabilidad. Temblando y con los ojos extraviados, Gergu acompañó a Iker. Varios temporales advirtieron aquel favor y pensaron, de inmediato, en un ascenso.

advirtieron aquel favor y pensaron, de inmediato, en un ascenso. Digitalizado por el Portal Masónico del
advirtieron aquel favor y pensaron, de inmediato, en un ascenso. Digitalizado por el Portal Masónico del

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 37

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS La cocinera acababa de preparar

La cocinera acababa de preparar la comida: codornices asadas, lentejas, lechuga y puré de higos. Aunque atraído por los apetitosos aromas, Gergu permaneció boquiabierto ante Isis, que regresaba del Lago de Vida, donde había celebrado un rito en compañía de las sacerdotisas permanentes. ¿Cómo podía ser tan hermosa una mujer? Si obtenía poder suficiente, Gergu la convertiría en su esclava. En cuanto lo exigiera, ella satisfaría sus pulsiones más perversas. Sin duda, el Anunciador apreciaría aquella humillación. ¿Cena con nosotros tu amigo? preguntó Isis. Por supuesto respondió Iker. Gergu esbozó una estúpida sonrisa. Hambriento y sediento, se comportó como un excelente comensal, esperando que la conversación sólo tratara de trivialidades.

¿Conoces a muchos temporales? preguntó el hijo real.

¡No, a muy pocos! Me limito a entregar los géneros destinados a los permanentes.

¿Varía el que da las órdenes?

No, siempre se trata de Bega. Un sacerdote autoritario y severo No te perdonaría error alguno.

¡Por eso no los cometo!

¿Conoces a otros permanentes, Gergu?

¡De ningún modo! ¿Sabes?, en realidad, Abydos me asusta un poco.

¿Y, en ese caso, por qué sigues encargándote de ese tipo de misión?

Gergu se atragantó. Mis funciones, la voluntad de ayudar, en fin ya me comprendes. Sólo soy un modesto temporal, sin verdaderas responsabilidades. ¿Has advertido algún detalle insólito o inquietante? Ninguno, te lo aseguro. ¿Acaso no protege Osiris el paraje contra cualquier maleficio? ¿Te ha solicitado Bega servicios inesperados, sorprendentes incluso? ¡Jamás de los jamases! Bega es la honestidad personificada. Perdona, pero tengo intención de partir al alba, y me gustaría acostarme pronto. Mil veces gra-

cias

Al regresar a su embarcación, Gergu cayó en la cuenta de que durante toda la cena Isis había permanecido en silencio. Aunque, de hecho, eso no tenía importancia, puesto que se había librado muy bien de aquella trampa.

¡Suculenta comida!

Tras una noche poblada de pesadillas, Gergu quedó encantado al ver aparecer a la sierva encargada de llevarle leche y pasteles. No obstante, el rostro irritado de Bina disipó aquella bocanada de optimismo. Anoche cenaste en casa de Iker. ¿Qué quería de ti? Reanudar nuestros vínculos de amistad.

¡Sin duda te acribilló a preguntas! No te preocupes, me las arreglé perfectamente. Iker no sospecha nada. ¿Qué te preguntó y qué le respondiste tú? Gergu resumió la entrevista atribuyéndose el mejor papel. De buena gana habría estrangulado a aquella hembra suspicaz, pero el Anunciador no se lo perdonaría. Apresúrate a regresar a Menfis y no vuelvas sin una orden formal de nuestro señor.

Bina se prosternó y besó las rodillas del Anunciador. El hijo real sospecha que Gergu está metido en algún asunto poco claro declaró. Todavía ignora de qué clase y no sabe si hay que vincularlo al combate principal. Excelente, dulzura. ¿No se convierte Gergu en un peligro? Al contrario, lleva a nuestros adversarios hacia Menfis, hacia Medes, pues. Ni él ni su ayudante sienten la verdadera fe. Sólo piensan en obtener más privilegios y creen poder utilizarnos. Bina soltó una sonrisa feroz. ¿Y ese error va a costarles la vida? Cada cosa a su tiempo. La hermosa morena se contrajo de nuevo. ¡Iker conoce los vínculos que unen a Gergu y a Bega! Si decreta el arresto del sacerdote, ¿no nos veremos privados de una pieza fundamental? En materia de hipocresía, nadie supera a Bega. Sabrá apaciguar a Iker. Además, el hijo real no vivirá mucho tiempo. Bina se acurrucó contra el muslo de su señor. Habéis previsto todas las etapas, ¿no es cierto? De lo contrario, no sería el Anunciador, ¿no crees?

La opinión de Isis obsesionaba a Iker: «Gergu me parece una fruta podrida.» Aunque no sintiera excesiva admiración por el inspector principal de los graneros, el hijo real lo consideraba un vividor más bien simpático. Durante toda la cena, su esposa había permanecido en silencio, y no había dejado de observar a su huésped, atenta a sus palabras y a sus actitudes. Y su sentencia desmontaba las ilusiones de Iker. El joven no ponía en absoluto en duda la lucidez de su esposa, y se reprochaba a sí mismo su ingenuidad. Vio claro entonces que Gergu no había dejado de halagarlo para obtener sus gracias y ascender en la jerarquía. ¿Acaso esa aspiración, mediocre y banal, ocultaría negros designios? ¿Se habría convertido aquel patán en discípulo del Anunciador? La hipótesis extrañaba a Iker, precisamente por el comportamiento de aquel aficionado a la buena carne, poco sensible a las argucias teológicas. Sin embargo, Gergu conocía a Bega, tan frío, tan rígido, tan metido en su saber, tan distinto de

tan frío, tan rígido, tan metido en su saber, tan distinto de Digitalizado por el Portal
tan frío, tan rígido, tan metido en su saber, tan distinto de Digitalizado por el Portal

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 39

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS él. ¿Simple encuentro circunstancial o

él. ¿Simple encuentro circunstancial o conspiración?

¡Inverosímil! Su carácter abrupto y su fealdad

no justificaban semejante acusación, pero, en efecto, Gergu trataba con él. Meditabundo, Iker se dirigió hacia la escalera del Gran Dios. La profunda paz del lugar tal vez le permitiera formarse una opinión

Bega, cómplice del Anunciador

definitiva.

En cuanto su instinto lo advirtió de un peligro, Shab dejó de masticar un pedazo de pescado seco. El Retorcido apartó una de las ramas bajas del sauce que cubrían la entrada de la capilla donde se ocultaba y descubrió a Iker. A lentos pasos, el escriba se acercaba. ¿Cómo lo había descubierto aquel maldito husmeador? Aparentemente, iba solo y desarmado. ¡Fatal error, ocasión inesperada! Puesto que el hijo real corría aquellos riesgos, pagaría muy cara su estupidez. Shab agarró el mango de su cuchillo. Iker se sentó en el borde de una pequeña tapia, a unos veinte pasos de la capilla. Por desgracia, no le volvía la espalda al Retorcido. Y Shab nunca atacaba de frente, pues temía la reacción de su presa. El escriba desenrolló un papiro y redactó algunas líneas. Pensativo, tachó. Evidentemente, no estaba buscando a nadie. Ocupado en aclarar sus ideas, el hijo real parecía turbado antes de tomar una decisión. Shab vaciló. ¿Matar a Iker aprovechando aquella inesperada situación satisfaría al Anunciador? Le correspondía a él, y no a su discípulo, elegir el momento de la muerte del hijo real. El Retorcido se acurrucó al fondo de su madriguera. Finalizadas sus reflexiones, el enviado de Sesostris se alejó. En su último mensaje, el viejo maestro de Iker hablaba de un extranjero que había llegado a Medamud y se entendía a las mil maravillas con el alcalde, aquel

corrupto que quería librarse del aprendiz de escriba. Un extranjero

¡Sin duda, el

Anunciador! Manipulador, asesino, no era sólo el jefe de un grupo de fanáticos, sino también la expresión del mal, de la implacable tendencia a la destrucción que sólo Maat, zócalo de la civilización faraónica y, al mismo tiempo, gobernalle de los justos de voz, conseguía combatir. Ahora, Iker percibía el sentido de su existencia y la razón de las pruebas sufridas:

participar en esa lucha con todas sus fuerzas, sin ceder jamás. Había que reco- menzar todos los días, y mirar de cara un mundo frágil, próximo al punto de ruptura. El amor de Isis le ofrecía un poder inesperado. Gracias a ella, ignoraba la duda corrosiva y el miedo paralizante. Al matar al general Sepi, gran conocedor de las fórmulas mágicas capaces de rechazar cualquier monstruo, el Anunciador había

demostrado la inmensa magnitud de sus poderes. ¿De dónde procedían si no de isefet, la opuesta a Maat, alimentada permanentemente por innumerables vectores de podredumbre y aniquilación? Era imposible eliminar isefet del mundo de los humanos. ¿Estaría la Gran Tierra de Abydos al abrigo de su asoladora avalancha? La sonrisa de Isis disipó aquellos sombríos pensamientos. Ya es hora de prepararse para tu próxima iniciación indicó. Ya no debes ignorar nada sobre Abydos. Iker se estremeció. En vez de llenarlo de alegría, aquella declaración lo aterrorizó. ¿Prefieres la ignorancia? ¡Todo va tan de prisa! Antaño, me consumía de impaciencia. Hoy, me gustaría tomarme tiempo, mucho tiempo, y saborear cada etapa. El mes de khoiak se acerca, y tendrás que dirigir, en nombre del rey, el ritual de los misterios de Osiris. ¿Realmente seré capaz de hacerlo? Esa es la consumación de tu misión. ¿Qué importa lo demás? De nuevo, ella lo condujo. Su conocimiento de los lugares secretos de Abydos fue el de Iker, que recorrió, a su vez, los caminos de fuego, de agua y de tierra, cruzó las siete puertas y vio la barca de Maat. Durante aquellas benditas horas, sólo formaron, realmente, un único ser, contemplaron la misma luz con la misma mirada y vivieron una vida única. Y, entonces, Iker e Isis se convirtieron para siempre en marido y mujer, en hermano y hermana. Su pacto se selló en el lugar más misterioso de Abydos, emplazamiento de la tumba de Osiris, presidido por una colina salpicada de acacias. Los sellos, que diariamente eran comprobados por el permanente encargado de aquel oficio, cerraban la puerta del último santuario, donde el dios asesinado preparaba su resurrección. Sólo el faraón podía romperlos y penetrar en el interior de aquella morada de eternidad, matriz de todas las demás. Aquí está el cuenco primordial 1 reveló la joven sacerdotisa. Contiene el secreto de la vida inalterable, más allá de la muerte. Las innumerables formas de existencia proceden de él. Permanece, pues, junto a Osiris.

1. La khetemet, que está en los orígenes del Santo Grial.

¿No será el secreto del «Círculo de oro»? El final de tu viaje se acerca, Iker. Aunque ningún humano pueda manipular ni abrir ese cuenco, su misterio debe ser revelado, sin embargo, y transmitido, aun permaneciendo intacto. Si la Morada del Oro te reconoce como un vivo verdadero, si te abre los ojos, los oídos y la boca, si el recipiente de tu corazón es un receptáculo puro y sin mancha, sabrás.

de tu corazón es un receptáculo puro y sin mancha, sabrás. Digitalizado por el Portal Masónico
de tu corazón es un receptáculo puro y sin mancha, sabrás. Digitalizado por el Portal Masónico

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 41

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS Un sentimiento de indignidad reemplazó

Un sentimiento de indignidad reemplazó el miedo. El, el aprendiz de escriba en Medamud, llegaba al centro de la espiritualidad egipcia, gozaba de una felicidad imposible y realizaba su ideal. ¿Subiría el último peldaño, cruzaría aquel último umbral que excedía sin duda a sus capacidades? Iker barrió sus angustias, sus despreciables tentativas de fuga y de vuelta atrás frente al destino que Isis trazaba. Era allí y ahora donde había que vivir el misterio cuya fuente ella le indicaba. Mostrarse digno de ella implicaba lanzarse a lo invisible, como el ibis de Tot, de inmensas alas, que atravesaba el crepúsculo para dirigirse hacia la luz del futuro amanecer. Sentirse preparado no significa nada estimó. Sólo sé avanzar, y te seguiré hasta el final de la noche. Extraños fulgores cruzaron el crepúsculo. La Morada del Oro comienza a brillar anunció Isis. Te aguarda.

8

Medes estaba seguro de ello: lo seguían. Había dejado a su esposa aturdida por un somnífero, dormidos a los criados, y había abandonado su opulenta villa del centro de la ciudad en plena noche para dirigirse a casa del libanés. En cada nueva visita, utilizaba un itinerario distinto, fingía perderse, se alejaba de su destino cuando estaba a punto de alcanzarlo, vol- vía sobre sus pasos y se daba la vuelta más de cien veces. Hasta ese día no había ocurrido ningún incidente. Siempre desconfiado, Medes vestía una basta túnica y se cubría la cabeza con un capuchón; con ese atavío, nadie reconocería al secretario de la Casa del Rey. Pese a los riesgos que corría, debía ponerse en contacto con el libanés y examinar la situación. Dada su prudencia y el lujo de precauciones, sólo había una explicación: Sobek el Protector había ordenado que lo vigilaran día y noche. ¿Medida especial o dispositivo previsto para el conjunto de los dignatarios? Medes carecía de cualquier información y preveía lo peor: ¿no estaría convirtiéndose en el principal sospechoso? Sin embargo, no había cometido error alguno. Inquietante hipótesis: ¡el arresto de Gergu en Abydos! Aquel cobarde, sin duda, hablaría y lo vendería. Elemento reconfortante: la marca de Set en la palma de su mano. En caso de traición, ¿no lo aniquilaría el Anunciador? Medes se sentó en la esquina de una calleja y fingió dormirse. Por el rabillo del ojo, vio pasar al que lo seguía, un hombre de talla mediana, flacucho, al que vencería fácilmente. Pero ¿no reconocería así su culpabilidad?

El policía, obligado a comportarse como un viandante ordinario, se alejó. En cuanto estuvo fuera de su vista, Medes corrió hacia la calleja opuesta y puso pies en polvorosa. Casi sin aliento, se ocultó tras un horno de pan y esperó. Nadie. Desconfiado, describió un gran círculo alrededor de la casa del libanés antes de dirigirse, finalmente, a su destino. Una vez allí presentó un pequeño pedazo de cedro al guardián exterior. El cancerbero, suspicaz, lo expuso a la luz lunar. Advirtiendo el jeroglífico del árbol, profundamente grabado, abrió la pesada puerta de madera. El guardián interior lo comprobó. Subid al primero. La rica morada del libanés, situada en el corazón de un barrio popular e invisible desde las calles adyacentes, tenía un aspecto engañoso. Ni siquiera un atento observador podía sospechar las riquezas que albergaba aquel edificio de aspecto vulgar. Medes subió la escalera de cuatro en cuatro. Ven, amigo mío le invitó la voz gutural del libanés. Tumbado en multicolores cojines, el obeso mordisqueaba deliciosas pastas regadas con alcohol de dátiles. Había renunciado definitivamente a seguir ineficaces regímenes, y seguía engordando. Le resultaba imposible resistirse a la admirable cocina egipcia, la única capaz de calmar sus angustias. Voluble, encantador, comerciante sin igual, perfumado en exceso y ataviado con recargadas ropas, el libanés se rascaba a menudo la horrible cicatriz que le cruzaba el pecho. Una vez, sólo una, se había permitido mentirle al Anunciador, y las garras del halcón-hombre habían estado a punto de arrancarle el corazón. Desde aquel drama, se comportaba como un celoso servidor, seguro de tener un papel de primer plano cuando se formara el nuevo gobierno de Egipto. La religión del Anunciador exigiría numerosas ejecuciones, seguidas por una implacable depuración de la que el libanés se encargaría. Habituado a los oscuros manejos, ya soñaba con dirigir una policía política de la que nadie escaparía. ¿Cómo están las cosas? preguntó Medes, agresivo. Debido a los nuevos controles, muy eficaces, nuestras relaciones comerciales con el Líbano se han interrumpido momentáneamente. Esperemos que la deplorable situación termine lo antes posible. No he venido a hablar de eso. Lástima, esperaba una intervención de tu parte. ¿Cuándo iniciarás la oleada de atentados? Cuando el Anunciador me lo ordene. ¡Si sigue vivo aún! El libanés sirvió vino tinto en las anchas copas. Calma, mi querido Medes, calma. ¿Por qué pierdes la sangre fría? Nuestro señor se encuentra a las mil maravillas y sigue gangrenando Abydos. La precipitación sería perjudicial. ¿Conoces la verdadera misión de Iker?

sería perjudicial. — ¿Conoces la verdadera misión de Iker? Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro
sería perjudicial. — ¿Conoces la verdadera misión de Iker? Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 43

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS — ¿No nos traerá informaciones

¿No nos traerá informaciones Gergu? ¡Ignoro si regresará! No seas pesimista. Ciertamente, desde la desaparición de mi mejor agente, los vínculos entre las distintas células implantadas en Menfis se hacen lentos y de- licados. Sin embargo, los investigadores de Sobek se empantanan, y ninguno de los combatientes de la verdadera fe ha sido detenido. Me han seguido reveló Medes. Un policía, sin duda.

El rostro del libanés se ensombreció.

¿Te ha identificado? Imposible. ¿Estás seguro de haber despistado al curioso? De lo contrario, habría regresado a casa. Así pues, Sobek ha ordenado que te vigilen, al igual que al resto de los dignatarios, probablemente. No confía en nadie y multiplica sus esfuerzos. Es molesto, muy molesto ¡Si no lo suprimimos, fracasaremos! Es un personaje muy molesto, lo admito, pero difícil de alcanzar. ¿Debemos sacrificar parte de nuestros hombres para acabar con él?

A la cabeza de la organización terrorista de Menfis, el libanés mandaba un

pequeño ejército de comerciantes, peluqueros y vendedores ambulantes, perfectamente integrados en la población egipcia. Algunos estaban casados, tenían hijos, y todos vivían en perfecta armonía con el vecindario. Sobek tiene que desaparecer insistió Medes. Lo pensaré. No tardes demasiado. Ese maldito policía tal vez se acerque más de prisa de lo

que supones.

El libanés perdió de pronto su aspecto de vividor, despreocupado y alegre. La

súbita ferocidad de su rostro sorprendió a Medes.

Nadie se cruzará en mi camino prometió.

La cólera de Sobek el Protector hizo temblar las paredes de su vasto despacho donde, todas las mañanas, escuchaba los informes de sus principales

subordinados y de los agentes enviados en misión especial. Era precisamente uno

de ellos quien sufría los rayos y truenos de su jefe.

Vayamos punto por punto exigió el protector. ¿A qué hora salió el sospechoso de la casa de Medes? En mitad de la noche. La ciudad dormía. ¿Y sus ropas?

Una túnica basta, con el capuchón muy bajo sobre el rostro. ¿Y en ningún momento le viste la cara? ¡No, lamentablemente!

Por su aspecto, ¿era un hombre joven o de edad? ¡En cualquier caso, lleno de energía! ¿Y su itinerario? Incomprensible. A mi entender, estaba vagando. ¡Intentaba despistarte, y lo consiguió! Cuando se sentó, me vi obligado a proseguir mi camino. Cuando me volví, ya había desaparecido. Inevitable. Os lo aseguro. Vuelve al cuartel. Barrerás el patio. Comento al no ser sancionado gravemente, el policía desapareció. Pese al fracaso final, el balance de aquella misión no carecía de interés. Estrechando la vigilancia alrededor del máximo de notables, Sobek obtenía un primer resultado que lo obligaba a avisar de inmediato al visir.

Tras comprobar el presupuesto de varias provincias en compañía del ministro de Finanzas Senankh, KhnumHotep pensaba descansar un poco. Tenía las piernas y la espalda doloridas, y ni siquiera sacaba ya a pasear a los perros, que sentían aquella triste innovación. Durmiendo mal, con el apetito a media asta, el viejo visir sentía que la vida se le escapaba de las manos. Pese a su calidad, los tratamientos del doctor Gua no conseguían retenerla. Todas las mañanas agradecía a Maat y a las divinidades que le hubieran concedido una fabulosa existencia y formulaba una postrera petición: morir trabajando y no en la cama. El jefe de la policía desea veros con urgencia le anunció su secretario particular.

Se acabó el reposo

¡Visir, pareces agotado! Bueno, ¿qué es tan urgente? Tiene dos aspectos: el uno, instructivo; el otro delicado. ¿Por cuál prefieres comenzar? Por el delicado. Hacer investigaciones exhaustivas, sobre todo entre los altos personajes, implica a veces cruzar ciertos límites y Por cierto, Sobek. ¿Has colocado a algunos dignatarios bajo vigilancia sin avisarme y sin instrucciones oficiales? Es una formulación brutal, pero de eso se trata, poco más o menos. Dado el pez que espero sacar de la ciénaga, me gustaría no tener problema alguno. ¡No te falta aplomo! No había un modo mejor de actuar. Así, no hay filtraciones. ¿Y el nombre de ese pez? Aún lo ignoro. Si quieres que te apoye, no te andes con remilgos. He aquí lo instructivo: el secretario de la Casa del Rey parece mezclado en un asunto turbio. ¿Qué tipo de asunto?

Sobek el Protector nunca lo molestaba en vano.

tipo de asunto? Sobek el Protector nunca lo molestaba en vano. Digitalizado por el Portal Masónico
tipo de asunto? Sobek el Protector nunca lo molestaba en vano. Digitalizado por el Portal Masónico

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 45

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS — Lo ignoro, en realidad.

Lo ignoro, en realidad. Sobek relató los resultados del seguimiento. Es extraño reconoció el visir, aunque insuficiente para sospechar que Medes esté vinculado a la organización terrorista. ¿Me concedes, sin embargo, autorización para proseguir la investigación? La obtuvieses o no, continuarías. Sé muy prudente, Sobek. Incriminar a un inocente sería una grave falta. El secretario de la Casa del Rey reaccionaría enérgicamente y obtendría tu cabeza. Correré ese riesgo.

De barrio en barrio, de calleja en calleja, de casa en casa, Sekari recorría Menfis y acababa la jornada en una taberna donde las lenguas se desataban. Para obtener el máximo de informaciones, para ponerse en contacto, incluso, con simpatizantes del Anunciador, se había convertido en aguador, al igual que el terrorista re- cientemente eliminado. Viento del Norte llevaba los odres, Sanguíneo vigilaba la mercancía. El modesto negocio resultaba fructífero, siempre que no te permitieras echar unas siestas demasiado largas. La dificultad consistía en librarse de las garras de ciertas amas de casa, hechiceras unas, insaciables charlatanas otras. Lamentablemente, la cosecha era escasa. Parecía que los terroristas hubieran abandonado la ciudad. Sekari, sin embargo, estaba convencido de lo contrario. Trastornado, el enemigo se escondía y callaba, pues la conquista de Egipto implicaba la toma de Menfis. La gran ofensiva se iniciaría allí, una pandilla de fanáticos y asesinos sembrarían el terror y la desolación.

Todas las mañanas, el agente secreto elegía a un barbero distinto. Jovial, atraía las confidencias, y la conversación se entablaba con facilidad. Quejas, proyectos,

Pero ni un desliz, ni una crítica a Sesostris, ni

historias de familia, chistes verdes

una alabanza, ni siquiera velada, al Anunciador. Si aún existían terroristas entre los peluqueros, daban perfectamente el pego. Los demás vendedores ambulantes apreciaban a Sekari. Transmitiendo decenas de rumores, elogiaban los méritos del rey, protector de los débiles y garante de Maat. Estaban traumatizados aún por los atentados que habían golpeado con dureza Menfis, y esperaban no volver a vivir nunca semejante tragedia. Sekari recorrió los almacenes donde trabajaban numerosos extranjeros. Ninguno detestaba al faraón; al contrario. Gracias a él, gozaban de un empleo correcta- mente pagado, de un alojamiento decente, y podían formar una familia. Algunos protestaban contra la dureza de ciertos patrones, sólo uno añoraba su Siria natal, pero aun así no sentía deseos de abandonar Egipto. Superando su decepción, Sekari ofreció sus servicios a los habitantes del barrio norte, no lejos del templo de Neith.

El agente secreto advirtió el deplorable estado de sus sandalias, decidió buscar una tienda que ofreciera artículos sólidos y baratos. Cuando se acercaba a un vendedor dormido, Viento del Norte retrocedió bruscamente y Sanguíneo emitió un gruñido amenazador. Sekari no desdeñó las advertencias de sus dos colegas, cuya competencia demostraban sus precedentes hazañas. ¿Una tienda sospechosa? le preguntó al asno. La oreja derecha de Viento del Norte se levantó para asentir. ¿Un tipo que no es de fiar? La oreja siguió vertical, Sanguíneo mostró los colmillos y Sekari contempló al durmiente con otros ojos. Media vuelta ordenó. De pronto, la atmósfera le pareció muy cargada. Si el comerciante pertenecía a la organización terrorista, ¿no merodearían sus cómplices por aquellos parajes? Temiendo una trampa, Sekari se alejó con pasos tranquilos. Un viandante le pidió agua. El agente secreto miró a su alrededor, dispuesto a defenderse, pero vio que el asno y el perro se mostraban apacibles. Un barrio tranquilo comentó Sekari. Debe de ser agradable. No nos quejamos asintió el bebedor. ¿Y ese vendedor de sandalias hace poco que está aquí? ¡No, qué va, lo conocemos desde hace mucho tiempo! Un muchacho servicial. Necesitaríamos muchos como él.

9

Iker había pasado la noche meditando ante la Morada del Oro, tan resplandeciente como un sol. Aureolado por una claridad que alejaba las tinieblas, no sentía fatiga alguna. Hora tras hora, se apartaba de su pasado, de los acontecimientos, de las desgracias y de los gozos. Sólo subsistía Isis, inmutable y radiante. Al amanecer, el Calvo se sentó con las piernas cruzadas ante el hijo real. ¿Qué debe conocerse, Iker? preguntó. El fulgor de la luz divina. ¿Y qué te enseña? Las fórmulas de transformación. ¿Adonde te conducen? A las puertas del más allá y por los caminos que toma el Gran Dios. ¿Qué lenguaje habla? El de las almas-pájaro. ¿Quién oye sus palabras? La tripulación de la barca divina. ¿Estás equipado? Desprovisto de todos los metales, manejo la paleta de oro.

— Desprovisto de todos los metales, manejo la paleta de oro. Digitalizado por el Portal Masónico
— Desprovisto de todos los metales, manejo la paleta de oro. Digitalizado por el Portal Masónico

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 47

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS — Nadie penetra en la

Nadie penetra en la Morada del Oro si no se vuelve semejante al sol de oriente, como Osiris. ¿Deseas conocer su fuego aun a riesgo de ser abrasado? Lo deseo. Dos artesanos desnudaron a Iker y lo lavaron con mucha agua. No debe subsistir rastro alguno de ungüento indicó el Calvo. Sé purificado cuatro veces por Horus y por Set. Dos ritualistas que llevaban las máscaras de los dioses tomaron cada cual dos jarros. De su gollete brotó una energía cuyas brillantes parcelas adoptaron la forma de la llave de vida. Queda liberado así de lo que en ti hay de malo y descubre la vía que conduce a la fuente. Dioses y artesanos desaparecieron. Al quedarse a solas, el joven dudó sobre la conducta que debía seguir. No hacer nada sería, sin duda, un error fatal, pero aventurarse al azar, también. Solicitó, pues, la ayuda de Isis. Allí, como en cualquier parte, ella lo guiaría. Sintiendo que su mano tomaba la suya, avanzó hasta un bosquecillo de acacias, apartó las ramas y ascendió a lo alto de una colina. Contempla el misterio de la «primera vez» conminó la áspera voz del Calvo, es decir, este altozano nacido del océano primordial. La creación se produce aquí en todo instante. Ser iniciado consiste en percibir este proceso y practicar la transmutación de la materia en espíritu, y del espíritu en materia. Si sobrevives a las pruebas, verás el cielo en la tierra. Antes, los escultores te desbastarán, a ti, el mineral bruto extraído de las entrañas de la montaña. Tres artesanos jalaron una narria de madera hasta los pies del altozano. 1

1. Se evocan aquí los ritos del kikenu.

Soy el guardián del aliento declaró el primero. El embajador y el vigilante me ayudan. Trabajamos la piedra para que el viaje se realice hacia el lugar que renueva la vida. Agarró el pecho de Iker. Que el antiguo corazón sea arrancado, la antigua piel y los antiguos cabellos quemados. Que se forme un nuevo corazón, capaz de acoger las mutaciones. De lo contrario, el fuego consumirá la indignidad.

El Calvo cubrió al joven con una piel blanca y lo obligó a tenderse en la narria, en posición fetal. Se inició entonces un largo periplo. Iker tuvo la sensación de convertirse en un material, conducido hacia la obra que levantaría un templo. Piedra entre piedras, no se preocupaba de su emplaza-

miento, pues ya se sentía muy feliz tan sólo de pertenecer a la construcción. El hijo real no tenía edad. De nuevo embrión al abrigo cié aquella piel protectora, no sentía temor alguno. La narria se inmovilizó. El Calvo hizo que Iker se sentara sobre sus talones. Se desenrolló ante él un inmenso papiro cubierto de jeroglíficos dispuestos en columnas. En el centro, una representación sorprendente: Osiris, de frente, tocado con la corona de resurrección, llevando el cetro «Potencia» y la llave de vida. Alrededor del Gran Dios, círculos de fuego. He aquí el atanor, el horno de las transmutaciones. Contiene la muerte y la vida. Iker se creyó víctima de una alucinación. Brotando del techo, se le apareció el general Sepi. Descifra estas palabras y grábalas en tu nuevo corazón recomendó a su alumno. Quien las conozca brillará en el cielo al modo de Ra, y la matriz estelar lo reconocerá como un Osiris. Desciende al seno de los círculos de fuego, alcanza la isla inflamada. La silueta de Sepi se esfumó. Todo el ser de Iker, y no su memoria, preservó las fórmulas. Se convirtió en jeroglífico. El papiro volvió a enrollarse y fue sellado. Aparecieron entonces tres artesanos de aspecto hostil, un escultor, un desbastador y un pulidor. Que se deje actuar a quienes deben golpear al padre ordenó el Calvo. Incapaz de defenderse, Iker vio cómo se levantaban un cincel, un mazo y una piedra redonda. Ahora vas a dormir anunció el viejo ritualista. Roguemos a los antepasados que te saquen de tu sueño.

Tras haber cruzado barreras y controles, Bina se dirigió al anexo del templo, donde recibió pan y leche fresca, que debía entregar cuanto antes a los sacerdotes permanentes. ¿Debo comenzar por el Calvo? No, no está en su casa respondió el temporal encargado de distribuir las tareas. ¿Acaso ha abandonado Abydos? ¿El? ¡Nunca! Al parecer se encarga de la iniciación del hijo real. Bina adoptó un aire extrañado.

¿Del hijo real ¿Pero no dispone ya de todos los poderes?

¡Estamos en Abydos, pequeña! Aquí sólo cuenta la Regla de los misterios. Sea cual sea el título, todo el mundo se somete a ella. Bueno, me encargaré de los demás permanentes, entonces. Espero que estén en su casa. ¡Tú verás! Y basta ya de cháchara, no pierdas el tiempo. A los viejos ritualistas no les gusta esperar su desayuno.

?

A los viejos ritualistas no les gusta esperar su desayuno. ? Digitalizado por el Portal Masónico
A los viejos ritualistas no les gusta esperar su desayuno. ? Digitalizado por el Portal Masónico

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 49

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS La hermosa morena concluyó su

La hermosa morena concluyó su servicio con Bega. ¿Qué le sucede a Iker? El Calvo y los artesanos le están revelando los secretos de la Morada del Oro. ¿Los conoces tú? No pertenezco a la cofradía de los escultores respondió con sequedad Bega. ¿Por qué recibe Iker su iniciación? Sin duda porque resulta indispensable para llevar a cabo su misión. Bina tuvo que esperar hasta el final de la mañana antes de encontrarse con el Anunciador, que estaba terminando de limpiar unos grandes recipientes. Una decena de oficiantes los utilizaban durante la purificación de los altares. Estoy inquieta, señor. ¿Qué temes? Iker está obteniendo nuevos poderes. ¿Su iniciación en la Morada del Oro? ¿Lo lo sabíais? Puesto que ese escriba sobrevivió al naufragio de El Rápido y a la desaparición de la isla del ka, consumará su destino. ¿No habría que matarlo cuanto antes? ¡Pronto estará fuera de nuestro alcance! No se me escapará, tranquilízate. Cuanto más se eleva en el seno de los misterios, más se afirma como un ser irremplazable, sucesor de Sesostris. Eliminar a los mediocres no tiene demasiado interés. En cambio, suprimir a un personaje de esa importancia quebrará a Sesostris, pues Iker es su punto débil. Al ver cómo se derrumba el porvenir de Egipto, tan pacientemente construido, el faraón quedará desamparado y se volverá vulnerable.

La mano del Calvo tocaba su frente. Iker despertó. Estabas tendido, durmiendo. Hete aquí llegado al puerto de las transformaciones, sano y salvo. La piedra puede ser jalada hasta el lugar de la obra. Tres artesanos tiraron de la narria. No era ni de noche ni de día, en el cielo sólo había una dulce penumbra. Aquel nuevo viaje se desarrollaba sin sobresaltos, como un feliz regreso a una patria abandonada desde hacía demasiado tiempo. Iker vio el dintel de una puerta cerrada. Levántate y siéntate sobre tus talones ordenó el Calvo. Lentamente, el hijo real lo logró. Sólo Osiris ve y oye declaró el ritualista. Sin embargo, el iniciado participa de esta visión y de esta audición, y sus ojos se convierten en los del halcón Horas y su oído en el de la vaca Hator. Estos ojos actúan y crean, ese oído percibe la voz de todos los seres vivos, desde la estrella hasta la piedra. Esas son

las dos puertas del conocimiento. Ve hasta los confines de las tinieblas, escucha la palabra del origen, atraviesa el firmamento y asciende hacia el Gran Dios. Su tierra sagrada absorbe los braseros destructores. Sé lúcido, frío y tranquilo como Osiris, ve en paz hacia la región de luz donde vive para siempre. La puerta de la Morada del Oro se abrió. Modela tu camino, Iker. El joven se levantó, sintiendo el irresistible deseo de avanzar, y con lentos pasos cruzó el umbral del santuario. Ahora, camina sobre las aguas. El suelo de plata parecía líquido, los pies se le hundían. ¿Quien caminaba sobre las aguas de su dueño no se comportaba como un perfecto servidor? Iker prosi- guió. De pronto, la superficie se endureció y de ella brotó un fulgor plateado que envolvió al escriba. Sé presentado ante el Gran Dios declaró el Calvo ciñendo con una cinta la frente de Iker 1 . Ahora estás provisto de un símbolo capaz de dar a luz tu mira- da, de extraer lo vivo de las tinieblas y concederte la iluminación. El contacto de la tela reavivó el fulgurante poder del cocodrilo que animaba al hijo real desde su inmersión en las profundidades de un lago del Fayum. La unión de la tela y de aquella fuerza provocó un relámpago de formidable intensidad. Liberado de la piel blanca, Iker tocó el cielo, rozó el vientre de las estrellas y danzó con las constelaciones.

1. El seshed, que se evoca en los «textos de las pirámides».

Cuando el deslumbramiento cesó, descubrió a Sehotep, superior de todas las obras del rey y jefe de los artesanos. Hete aquí sucesor de Osiris anunció. Tú debes venerarlo y proseguir su obra. Sehotep revistió al joven con una túnica adornada con estrellas de cinco puntas. Con las manos puras, te conviertes en sacerdote permanente de Abydos y servidor del Gran Dios. Descubre el trabajo oculto de la Morada del Oro. Hace nacer la estatua y transforma la materia en obra viva. ¿Cómo se llama Osiris? preguntó el Calvo. Las fórmulas del conocimiento atravesaron el espíritu de Iker. El lugar de la creación, la culminación del acto ritual y la sede del ojo. 1 Fuente de vida, establece Maat y gobierna a los justos de voz. Construye el nuevo trono de Osiris. Iker levantó uno a uno los materiales de la obra: el oro, la plata, el lapislázuli y la madera de algarrobo. Estos se ensamblaron por sí solos para formar el zócalo sobre el que Sehotep levantó una estatua de Osiris. Decora el busto del señor de Abydos con lapislázuli, turquesa y electro, elementos protectores de su cuerpo. 2

turquesa y electro, elementos protectores de su cuerpo. 2 Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro
turquesa y electro, elementos protectores de su cuerpo. 2 Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 51

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS 1. Ésas son las principales

1. Ésas son las principales interpretaciones de la palabra Usir (Osiris).

2. Estas precisiones las proporciona la estela de Iker-Nofret, importante

testimonio sobre sus funciones en Abydos.

Las manos del hijo real no temblaron, y el pectoral puso el pecho de Osiris al abrigo del peligro. En tu calidad de superior de los secretos, equipa al dios con su corona. Flanqueada por plumas de avestruz, cubierta con una hoja de oro, perfora el cielo y se mezcla con las estrellas. Iker coronó la estatua. Luego colocó los dos cetros en sus manos, el flagelo del agricultor, símbolo del triple nacimiento, y el cayado del pastor, que sirve para reunir a los animales. La primera parte de la misión del hijo real se culmina señaló el Calvo. La nueva estatua de Osiris animará la próxima celebración de los misterios. Queda despertar a la Dama de Abydos. Tres lámparas iluminaron una capilla que albergaba la antigua barca del Gran Dios. A causa del maleficio, ya no circula libremente. De modo que debe ser restaurada y reanimada. Utilizando oro, plata, lapislázuli, cedro, sándalo y madera de ébano, Iker construyó una nao y la insertó en el centro de la barca portátil. Las estrellas presentes en el techo de la Morada del Oro brillaron, no subsistió zona de sombras alguna. Ra ha construido la barca de Osiris reveló Sehotep, el Verbo edifica la resurrección. Ra ilumina el día; Osiris, la noche. Juntos, constituyen el alma reunida. Osiris es el lugar de donde brota la luz, materia esencial de los misterios. Circula de nuevo comprobó el Calvo. El barquero restablece la unión entre el más allá y el aquí. El espíritu de los iniciados puede cruzar las puertas del cielo. La segunda parte de la misión del hijo real concluye. Así se convierte en digno de dirigir el ritual de los misterios. El Calvo abrazó al joven. Por primera vez, Iker sintió la profunda emoción del viejo ritualista.

10

Sobek el Protector recibió a Medes a primera hora de la mañana. Al secretario de la Casa del Rey le costaba dominar su cólera. ¡Exijo una investigación en toda regla! ¡Han entrado en mi casa para robarme y me han quitado varios objetos de valor! Te creía bien protegido.

¡Mi portero dormía, el muy imbécil! El bandido era especialmente hábil y podría volver a hacerlo. De modo que he contratado a dos guardianes que vigilarán mi casa día y noche. Excelente iniciativa. Hay que detener a ese malhechor, Sobek. Sin la menor indicación, no será cosa fácil. Dispongo de una descripción. ¿Quién te la ha proporcionado? Un criado que sufre de insomnio. Mientras contemplaba distraídamente el jardín, vio pasar a un hombre de talla mediana, ágil, ataviado con una túnica basta y con la cabeza cubierta por una capucha. Aun así, ¿le vio el rostro? Por desgracia, no. Lanza a buenos policías en su busca, Sobek. Cuenta conmigo, Medes. El rostro del secretario de la Casa del Rey se ensombreció. Tengo la sensación de que el ladrón no era un bandido ordinario. Sobek frunció el entrecejo. ¿Puedo saber por qué? Es una simple hipótesis, que tal vez deba tomarse en consideración. ¿Acaso no pretenden los terroristas suprimir a los principales dignatarios, incluidos los miembros de la Casa del Rey? En ese caso, el desvalijador sería un emisario encargado de examinar los lugares para preparar una agresión. ¡Y el robo, un engaño! Tomo en serio tu idea reconoció Sobek, pues se han producido otros intentos de robo en casa de Sehotep y de Senankh. Medes pareció aterrado. ¡La ofensiva parece inminente, pues! El Protector apretó los puños. La Casa del Rey permanecerá intacta, te lo prometo. Eres nuestra última muralla, Sobek. Cuenta con mi solidez. Sobek se quedó solo largo rato. ¿No estaría equivocándose al sospechar de Medes? Una vez más, aquel duro trabajador demostraba lucidez y afecto a la corona. Si sus previsiones resultaban exactas, la organización terrorista se disponía a dar un golpe.

Los aullidos de su esposa despertaron a Medes, presa de una pesadilla en la que se veía perseguido por una decena de hombres de Sobek, a cual más feroz. Empapado en sudor, irrumpió en la habitación de la histérica y la abofeteó. Llama en seguida al doctor Gua suplicó ella. De lo contrario, voy a morir y tú serás el responsable. Medes pensaba a menudo en estrangular a su esposa, pero, a causa de las circunstancias, no quería llamar más la atención. Cuando gobernara Egipto, se

no quería llamar más la atención. Cuando gobernara Egipto, se Digitalizado por el Portal Masónico del
no quería llamar más la atención. Cuando gobernara Egipto, se Digitalizado por el Portal Masónico del

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 53

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS libraría de aquel pesado fardo.

libraría de aquel pesado fardo. ¡El doctor Gua, pronto! Me encargaré inmediatamente de eso. Entretanto, tu peluquera y tu maquilladora te pondrán presentable. Medes mandó a su intendente a buscar al célebre facultativo. Era inútil prometerle una enorme remuneración, puesto que Gua, a pesar de su notoriedad, seguía siendo incorruptible. Demoraba a menudo la auscultación de un alto dignatario para cuidar a una persona modesta cuyo caso le parecía urgente. Ninguna presión modificaba su modo de actuar, y más valía no importunarlo. Ataviada, la esposa de Medes seguía, sin embargo, siendo presa de unas crisis de lágrimas que obligaban a la peluquera a recomenzar su trabajo sin emitir la menor protesta, so pena de despido inmediato y solapadas venganzas. Todos los miembros de su personal temían la maldad de la histérica. Con gran asombro de Medes, el doctor Gua llegó antes de comer con su eterna bolsa de cuero. Indiferente al jardín de la lujosa villa, se dirigió con paso rápido hacia la habitación de su paciente. Gracias por vuestra rapidez le dijo Medes, cálido. Supongo que tendremos que aumentar las dosis. ¿El médico sois vos o yo? Lo siento, no quería Apartaos y dejadme entrar. Sobre todo, que nadie nos moleste. Gua se hacía dos preguntas. En primer lugar, por qué Medes, funcionario concienzudo, íntegro, jovial, franco y que gozaba de una perfecta reputación, padecía de un hígado que no se correspondía con semejante descripción. Sede del carácter, aquel órgano no mentía. Medes estaba simulando, pero ¿por simple estrategia de político o por inconfesables motivos? Y, en segundo lugar, ¿cuál era la verdadera causa de la enfermedad de su esposa? Egoísta, agresiva, retorcida, hipernerviosa, acumulaba un número impresionante de defectos, pero el tratamiento debería haber mejorado su estado y acabado con sus crisis. Aquel fracaso terapéutico irritaba a Gua. ¡Por fin, doctor! He creído morir mil veces. Pues muy viva me parecéis, y demasiado gorda aún. Ella se ruborizó y adoptó la voz de una niña. A causa de mis angustias, no puedo resistir las golosinas y los platos con salsa. ¡Perdonadme, os lo suplico! Tendeos y dejadme ver vuestras muñecas. Voy a escuchar los canales del corazón. Relajada por fin, le sonrió. Aunque aquellos arrumacos le exasperaban, Gua prosiguió el examen. Nada alarmante concluyó. Unos drenajes fuertes mantendrán el buen

estado general. ¿Y mis nervios? Ya no me apetece cuidarlos. Ella se incorporó de un brinco. ¿No no iréis a abandonarme? Los remedios tendrían que hacer efecto, pero no es así. Por tanto, habrá que hacer un nuevo diagnóstico y comprender por qué vuestros males se resisten a los medicamentos. Yo no lo sé. Lo sabéis. ¡Sufro, doctor! Algo os obsesiona, algo tan intenso y profundo que ningún tratamiento surte efecto. Registrad en vuestra conciencia, aliviadla y curaréis. ¡Son mis nervios, sólo mis nervios! De ningún modo. Ella se agarró al brazo del médico. ¡No me rechacéis, os lo suplico! Él se soltó en seguida. El farmacéutico Renseneb preparará unas píldoras extremadamente potentes, capaces de apaciguar la máxima histeria. En caso de resultados negativos, estaré seguro de mi diagnóstico. Ocultáis en el fondo de vos misma una falta grave que os corroe y os lleva a la locura. Confesadla y quedaréis liberada. El doctor Gua cogió su maletín y abandonó la morada de Medes. Lo esperaba una chiquilla que sufría de los bronquios. ¿De qué habéis hablado? le preguntó Medes a su esposa. De mi estado ¡Tal vez no sobreviva mucho tiempo, querido! «Excelente noticia», pensó el secretario de la Casa del Rey. El doctor Gua preconiza un tratamiento de choque prosiguió, ansiosa. Confiemos en él. Ella se acurrucó a su lado. ¡Qué maravilloso marido tengo! Necesito perfumes, ungüentos y vestidos. Y, además, cambiemos de cocinero. ¡Y también de peluquera! Esa gente me aburre y no me sirve bien. Por su culpa, mi salud se degrada.

Por devoción hacia su patrón, generosamente pagado, el intendente de Medes sufría a veces humillaciones difíciles de soportar, como aquellos insultos del inspector principal de los graneros, Gergu. Estaba completamente borracho, y exigía ver de inmediato a su patrón. El intendente avisó a Medes. Os lo advierto: aliento pestilente y ropas hediondas. Que lo duchen, lo perfumen y lo vistan con una túnica nueva. Luego, que se reúna conmigo en la pérgola. Tambaleante pero presentable, Gergu se dejó caer en un sillón.

Tambaleante pero presentable, Gergu se dejó caer en un sillón. Digitalizado por el Portal Masónico del
Tambaleante pero presentable, Gergu se dejó caer en un sillón. Digitalizado por el Portal Masónico del

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 55

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS — Pareces agotado. — Un

Pareces agotado. Un viaje interminable, etapas demasiado largas, unas Pero tenías para beber y soñabas con desaparecer. El signo de Set te llamaba al orden, por lo que has proseguido tu camino hacia Menfis. Gergu bajó los ojos. Olvidemos esas niñerías y preocupémonos de lo esencial: las verdaderas intenciones de Iker. Según Bega, debe restaurar la barca de Osiris y crear una nueva estatua del dios. Dada su iniciación en la Morada del Oro, el hijo real se convertirá, probablemente, en sacerdote permanente, dirigirá el ritual de los misterios y no saldrá ya de Abydos. Una suerte de exilio dorado y definitivo. ¿Qué piensa de ello el Anunciador? Está seguro de su éxito final. De modo que acabará con Iker y destruirá las defensas de Abydos. Es probable. Careces singularmente de entusiasmo, Gergu. ¿Acaso has cometido algún error grave? No, tranquilizaos. Entonces, el Anunciador te ha confiado una misión que te asusta. ¿Acaso no hay que detenerse a tiempo? ¡Un paso de más y caeremos! Medes llenó una copa de un vino blanco y afrutado, cuyo sabor permanecía largo rato en la boca, y lo ofreció a su adjunto. Esta es la mejor medicina. Te devolverá a la realidad y te dará confianza. Gergu bebió con gula. ¡Estupendo! Diez años de ánfora, por lo menos. Doce. Una sola copa no le rinde homenaje. Volverás a beber cuando me hayas transmitido las directrices del Anunciador. Son del todo insensatas, creedme. Deja que yo lo juzgue. Gergu sabía que no podría escapar de Medes, por lo que decidió hablar. El Anunciador quiere liquidar a Sobek. ¿De qué modo? Me ha entregado un cofre que no debe abrirse bajo ningún concepto. Medes le dirigió una mirada colérica. Espero que hayas dominado tu curiosidad. ¡El objeto me aterroriza! ¿No contendrá mil y un maleficios? ¿Dónde está? Lo he traído aquí, claro, envuelto en un paño de lino basto. ¿Y las órdenes del Anunciador? Dejarlo en la habitación de Sobek. ¿Nada más?

¡Eso me parece imposible! No exageres, Gergu. Ese maldito sabueso goza de una constante protección. Se siente amenazado, por lo que se rodea de algunos policías de élite capaces de interceptar a cualquier agresor. Muéstrame esa arma inesperada. Gergu fue a buscar el cofre, Medes apartó la tela. ¡Una pequeña obra maestra! Acacia de primera calidad y la mano de un excepcional carpintero. ¡No lo toquéis, podría fulminarnos! El Anunciador no lo desea en absoluto; el blanco es Sobek. Si le entrego este objeto, desconfiará. No te pediré que corras ese riesgo, amigo mío. Nadie debe sospechar que hemos eliminado al Protector. ¿Imaginas lo que sería estar libres por fin de ese molesto sabueso? Ya hace demasiado tiempo que impide nuestro avance. Temo incluso que esté acercándose a nosotros, puesto que me hace seguir y vigilar. Gergu palideció. ¿Teméis un arresto? Probablemente Sobek lo ha pensado. He conseguido agrietar sus convicciones y tranquilizarlo por lo que se refiere a mi absoluta lealtad. Sin embargo, seguirá acosándome. Mientras tengamos tiempo aún preconizó Gergu, abandonemos Egipto con el máximo de riquezas. ¿Y por qué perder la sangre fría? Basta con obedecer al Anunciador preparando correctamente nuestra intervención. Ni vos ni yo podemos llevarle este cofre a Sobek insistió el inspector principal de los graneros. Otro lo hará, entonces. ¡No veo quién! Medes reflexionó durante largo rato. Al cabo, la solución le pareció evidente. Disponemos de un aliado cuya opinión ni siquiera solicitaremos indicó, pues voy a utilizar por segunda vez la única cualidad de mi querida esposa.

11

Durante toda una noche, Sekari observó las idas y venidas alrededor de la tienda sospechosa. Al principio quedó decepcionado, pues sólo vio algunos ociosos, gente que conversaba de manera más o menos animada, borrachos remolones,

perros en busca de compañeras en celo, gatos cazando

habitual de un barrio popular. Sin embargo, los ejercitados ojos del agente secreto advirtieron un detalle insólito: había un centinela oculto en la esquina de una terraza, vigilando la plaza y las calles adyacentes.

En resumen, la vida

vigilando la plaza y las calles adyacentes. En resumen, la vida Digitalizado por el Portal Masónico
vigilando la plaza y las calles adyacentes. En resumen, la vida Digitalizado por el Portal Masónico

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 57

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS No se trataba de un

No se trataba de un residente que tomaba el fresco, sino de un atento vigía. A intervalos regulares, dirigía una señal con la mano a un cómplice al que Sekari le costó mucho descubrir. Y ciertamente había otro. Eficaz peinado, notable dispositivo. Quienes vigilaban el lugar no eran unos aficionados. Sekari sintió que estaba en peligro. ¿Se habría fijado en él algún terrorista? No obstante, en vez de correr, caminó arrastrando los pies hacia el centro de la plaza, y se dirigió a un grupo de noctámbulos que estaban en plena discusión. Hermosa noche, muchachos. Yo no tengo sueño. ¿No conoceréis a alguna moza simpática, por estos alrededores? Tú no vives aquí soltó un gruñón. Yo lo conozco dijo uno con el pelo rizado. Es el nuevo aguador, sus precios son buenos. No faltan mozas simpáticas por aquí. Por el rabillo del ojo, Sekari descubrió a uno de los vigías que se movía. La maniobra del intruso turbaba la habitual tranquilidad. Todo trabajo merece una recompensa, amigo. Si me llevas a una profesional acogedora, no lo lamentarás. El Rizos se pasó por los labios una lengua golosa. ¿Te va una siria? ¿Te satisface a ti? ¡Yo acabo de prometerme! Pero los habituales hablan muy bien de ella. Vamos, entonces. Sekari se sentía observado por varios pares de ojos. El Rizos se metió por una calleja oscura y silenciosa. Y el Gruñón los siguió. Detrás de su guía, el agente secreto cruzó el umbral de una coqueta casa de dos pisos. ¿Nos acompaña el Gruñón? No, regresa a su casa. ¿Vive por aquí, pues? Subamos al primero, voy a presentártela. Cerró cuidadosamente la puerta tras de sí. Ni un solo perfume embriagador, ninguna decoración que evocase los juegos del amor, ni recibidor amueblado con esteras y almohadones, ni copa de cerveza ofrecida al nuevo cliente. El lugar no parecía muy destinado al placer. No te decepcionará, ya lo verás predijo el Rizos, subiendo lentamente la escalera. De pronto, Sekari lo empujó y corrió. En el primer rellano lo esperaba un asesino provisto de un garrote. De un cabezazo en el vientre, el agente secreto lo derribó y subió de cuatro en cuatro hasta el segundo piso. La hoja de un puñal rozó su mejilla cuando llegó a la

terraza. La única posibilidad de escapar de los terroristas era saltar de tejado en tejado, aun a riesgo de romperse la cabeza. Abajo, el Gruñón daba la alarma. Saliendo de las tinieblas, algunas siluetas convergieron hacia el fugitivo. La agilidad de Sekari sorprendió a sus perseguidores. El más rápido falló en el salto y cayó entre dos casas. Escaldados, sus acólitos retrocedieron. El Rizos ordenó a sus hombres que regresaran a sus cubiles; una excesiva agitación provocaría la intervención de la policía.

Sobek comía una costilla de buey asada, una ensalada y fruta fresca, y bebía una copa de vino mientras estudiaba los informes de sus principales subordinados. Propicia a la reflexión, la noche permitía adquirir cierta perspectiva y separar lo esencial de lo secundario. Elemento nuevo, decisivo tal vez. Sekari creía tener una pista seria. Prudente, efectuaba una última comprobación. En cuanto regresara, el Protector adoptaría las medidas necesarias. Llamaron a su puerta. Adelante. Lamento molestaros, jefe se excusó el centinela. Os mandan un cofre y un mensaje que dice «urgente». Sobek rompió el sello y desenrolló un pequeño papiro de excelente calidad.

He aquí un objeto para que guardes tus archivos confidenciales, es obra de uno de nuestros mejores artesanos. Apreciarás su robustez, como los demás responsables a quienes su majestad ofrece este regalo. Hasta mañana, en el gran consejo.

SEHOTEP

«Soberbio objeto», reconoció el Protector, levantando la tapa. Pero ante su gran sorpresa, el cofre no estaba vacío. Contenía seis pequeñas figuritas que parecían «los que responden», 1 encargados, en el otro mundo, de efectuar diversos trabajos en vez de los justos de voz, especialmente la irrigación, el transporte del limo fértil de oriente a occidente y el cultivo de los campos.

1. Los uchebtis o shauabtis.

Fabricados en terracota, aquellos personajes ofrecían sorprendentes particularidades: en vez de sujetar azadas y hachuelas, blandían puñales. Su rostro, barbudo y amenazador, no era en absoluto egipcio. ¿Un regalo del faraón, esto? ¡Una siniestra broma! Cuando el jefe de la policía tomó una de las estatuillas, ésta le clavó con violencia su arma en la mano. Cogido por sorpresa, la soltó. Las seis figurillas se abalanzaron juntas sobre él y lo golpearon una y otra vez. Aunque incapaz de detener la totalidad de los golpes, Sobek creyó poder vencer a aquella horda en miniatura, pero las estatuillas se movían a tanta velocidad que el

pero las estatuillas se movían a tanta velocidad que el Digitalizado por el Portal Masónico del
pero las estatuillas se movían a tanta velocidad que el Digitalizado por el Portal Masónico del

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 59

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS Protector ni siquiera conseguía dañarlas.

Protector ni siquiera conseguía dañarlas. Sufriendo por decenas de heridas, poco a poco perdía sus fuerzas. La punta de los puñales atravesaba su carne incansablemente. Sin concederle respiro alguno, los agresores parecían sonreír ante la idea de destruir al coloso. Sobek tropezó con el cofre y cayó pesadamente al suelo. Sobreexcitadas, las estatuillas la emprendieron con su cuello y su cabeza. Su víctima, casi desvanecida, se protegió los ojos. Furioso por morir así, el Protector lanzó un aullido de bestia feroz, tan poderoso y desesperado que el centinela se atrevió a penetrar en el despacho. ¿Qué pasa, jefe? ¡Jefe! El policía, atónito, soltó algunas patadas a las figurillas e intentó liberar a Sobek. Pero éstas, incansables, volvían al ataque. El centinela trató de sacar al Protector de aquel infierno arrastrándolo por los brazos, pero al retroceder, chocó con una lámpara y la derribó. El aceite ardiendo cayó sobre una estatuilla, que se inflamó de inmediato. ¡Auxilio! gritó. Varios colegas acudieron y descubrieron el increíble espectáculo. Cubierto de sangre, Sobek no se movía. ¡Quemad esas cosas! recomendó el centinela. Las llamas inflamaban a los agresores. Resquebrajándose, las terracotas emitían atroces gemidos. El centinela no se atrevía a tocar el cuerpo martirizado de su jefe. ¡Llamemos al doctor Gua!

Fuera de peligro ya, Sekari cerró los ojos y respiró hondo. Esta vez había rozado la catástrofe. Nunca se había enfrentado, aún, a una banda tan bien organizada cuya capacidad de reacción demostraba coherencia. El agente secreto comprendía por qué la policía no conseguía descubrir a los terroristas. Profundamente implantados en aquel barrio, y probablemente también en otros lugares, trabajaban, fundaban una familia, entablaban amistades y en nada se distinguían de los egipcios de pura cepa. Nadie los trataba de extranjeros, nadie sospechaba de ellos. Inquietante conclusión: el Anunciador aplicaba un plan concebido mucho tiempo atrás. ¿Cuántos años hacía que sus asesinos vivían ya en Menfis? ¿Diez, veinte, treinta tal vez? Olvidados, anónimos, convertidos en buena gente apreciada por sus vecinos, aguardaban las órdenes de su señor y sólo golpeaban con seguridad. Ninguna investigación tendría éxito. ¿Acaso algunos informadores de la policía no pertenecían, también, a las tropas del Anunciador? Mentían, tranquilizaban y daban irrisorias informaciones que permitían detener a pequeños delincuentes, pero nunca a un fanático.

Cada uno de sus barrios, rigurosamente organizados, era tan seguro como una

fortaleza. Al descubrir a un curioso, los centinelas avisaban de inmediato a la organización. Sekari se había condenado al cruzar ciertos límites. Viendo su comportamiento,

el enemigo no lo tomaba por un simple pasmarote y tenía que eliminarlo.

«¡Qué imbécil he sido! pensó el agente secreto. No alarman al vecindario y se muestran discretos, pero no renuncian a suprimirme. No hay ninguna jauría siguiéndome los pasos, sólo un verdugo, rápido y discreto.» El asesino saltó del primer piso de una casita y derribó a Sekari al suelo. Medio aturdido, el agente secreto reaccionó con retraso y no consiguió liberarse. El terrorista le puso una gruesa cinta de cuero al cuello y apretó con todas sus fuerzas. El último respingo de su víctima lo divirtió. Con la laringe aplastada, el egipcio moriría asfixiado. La violencia del impacto obligó al asesino a soltar el lazo. No comprendió, primero, lo que le ocurría; luego sintió que los colmillos de un mastín se clavaban en su cabeza y la aplastaban. Realizada su tarea, Sanguíneo lamió las manos de un Sekari que recuperaba, a trancas y barrancas, el aliento. ¡Tienes el sentido de la oportunidad, compañero!

Y acarició largo rato a su salvador, con los ojos brillantes de satisfacción.

«Debo avisar a Sobek.» Titubeante aún, Sekari se recuperaba rápidamente. Pero en ese momento lo asaltó una duda angustiosa: ¿el enemigo habría mandado a un solo asesino? Apretó el paso, salió de la maraña de callejas y llegó a una explanada donde lo aguardaba Viento del Norte, cargado con varios odres. El agua fresca calmó el ardor de su garganta.

A buen ritmo, el trío se dirigió hacia palacio.

No lejos del despacho de Sobek, una insólita agitación: salía humo de él, y los aguadores corrían hacia el interior del edificio.

¿Qué ocurre? le preguntó Sekari a un policía de guardia. Un conato de incendio. Vuelve a casa, ya nos encargamos nosotros. ¿Está sano y salvo el jefe Sobek? ¿Y qué te importa a ti eso, amigo? Tengo que transmitirle un mensaje.

La urgencia de la situación obligaba a Sekari a violar su regla de absoluta discreción.

El policía lo contempló de cerca.

Tienes en el cuello una marca extraña ¿Te han agredido? Nada grave.

Me gustaría saber más detalles. Se los proporcionaré a Sobek. ¡Sobre todo no te muevas, amigo mío!

a Sobek. — ¡Sobre todo no te muevas, amigo mío! Digitalizado por el Portal Masónico del
a Sobek. — ¡Sobre todo no te muevas, amigo mío! Digitalizado por el Portal Masónico del

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 61

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS El policía amenazó a Sekari

El policía amenazó a Sekari con un garrote. De inmediato, Viento del Norte y Sanguíneo lo flanquearon. El asno arañó el suelo con sus cascos, el mastín gruñó, amenazador. Calma, amigos míos. Este no quiere hacerme daño alguno. Prudente, el policía retrocedió. ¡Contén a esos dos monstruos! Varios colegas acudieron en su ayuda. ¿Problemas? preguntó un oficial. Desearía ver al jefe Sobek solicitó humildemente Sekari. ¿Motivos? Personal y confidencial. El oficial vacilaba. O metía a aquel individuo excéntrico en la cárcel o lo llevaba ante uno de los miembros de la guardia personal del Protector, para que comprobase la seriedad de aquella petición. Tras una larga vacilación, se decidió por la segunda opción. El oficial de seguridad reconoció al agente secreto y lo llevó a un lado. Hay que avisar a Sobek de inmediato dijo Sekari. Debemos invadir un barrio al norte del templo de Neith. ¿Qué temes? El lugar alberga un nido de terroristas. El oficial habló con voz rota. Sobek ya no puede dar órdenes. ¿Problemas administrativos? ¡Si sólo fuera eso! No querrás decir que Sígueme. Sobek descansaba en una estera. Bajo su cabeza, un almohadón. El doctor Gua desinfectaba las innumerables heridas. Sekari se aproximó. ¿Está vivo aún? Apenas. Nunca había visto a un hombre con tantas heridas. ¿Lo salvaréis? En ese estado, sólo el destino decide. ¿Se sabe quién lo ha agredido? El oficial llamó al centinela. Con entrecortadas frases, describió el horrible espectáculo al que había asistido. El oficial mostró a Sekari un pequeño papiro manchado de sangre. Conocemos el nombre del culpable. El fabricó las estatuillas, envió el cofre y firmó su crimen.

12

Una vez lo hubo sabido todo sobre el templo de millones de años de Sesostris, el Anunciador no consideró necesario destruir textos, mancillar objetos o embrujar estatuas. El conjunto de aquel mecanismo ritual, en constante estado de marcha, sólo servía para alimentar el ka del faraón y producir una energía reservada a Abydos. Reducirla produciría mediocres resultados. Pero ahora era preciso destrozar al adversario. Como de costumbre, el Anunciador llevó a cabo a la perfección su servicio matutino y luego cedió su lugar a otros temporales encargados del mantenimiento del santuario. Fingió dirigirse a su domicilio, comprobó que no lo observaban y se acercó al árbol de vida. Ni sacerdote ni centinela. Realizado el ceremonial del alba, la acacia de Osiris permanecía sola, bañada por el sol. El campo de fuerzas producido por los cuatro arbustos bastaba para protegerla. Del bolsillo de su túnica, el Anunciador sacó cuatro frascos de veneno. Durante las noches pasadas en el templo, había penetrado en el laboratorio sin dejar huellas y había elaborado una mixtura mortal, a medio plazo. Aunque pareciesen en buen estado de salud, los vegetales irían desecándose en su interior y dejarían de actuar. Cuando el Calvo lo descubriera, ya sería demasiado tarde. En primer lugar, el oriente. El Anunciador derramó al pie de la joven acacia el contenido del frasco, un líquido incoloro e inodoro. Que la luz renaciente no te caldee ya y que te dañe, como el gélido viento del invierno. Luego, el occidente y el segundo frasco. Que los fulgores del poniente te abrumen con una mala muerte y te envuelvan con tinieblas. Luego el mediodía y el tercer frasco. Que los rayos del cenit te abrasen y aniquilen tu savia. Finalmente, el norte y el cuarto frasco. He aquí el frío de la nada. Que te abrume y te corroa. Al día siguiente, el Anunciador podría comprobar ya los efectos del veneno. Si todo salía tal y como él esperaba, el campo de fuerzas protectoras desaparecería; la emprendería entonces con los cuatro leones.

Iker revivía cada instante del ritual de iniciación a la Morada del Oro, cuya magnitud seguía deslumbrándolo. ¿Cómo un simple individuo podía percibir tantas dimensiones y captar los múltiples significados de los símbolos? Tal vez no dividiendo, no intentando analizar, sino desarrollando una inteligencia del corazón y penetrando, con vigor, en el centro del misterio. El universo no se explicaba. Tenía sentido, sin embargo. Un sentido eterno, que brotaba sin cesar de sí mismo y llevaba más allá de los límites de la especie

de sí mismo y llevaba más allá de los límites de la especie Digitalizado por el
de sí mismo y llevaba más allá de los límites de la especie Digitalizado por el

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 63

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS humana. Nacida de las estrellas,

humana. Nacida de las estrellas, la vida que se había hecho consciente regresaba a ella gracias a la iniciación. Y él, el aprendiz de escriba de Medamud, acababa de cruzar una puerta que se abría a fabulosos paisajes. Isis se había levantado muy pronto y celebraba ahora un ritual con las sacerdotisas de Hator. Desde su salida de la Morada del Oro, donde la estatua y la barca de Osiris se convertían en energía, guardaba silencio. Habiéndose enfrentado a pruebas análogas a las de Iker, conocía la importancia del recogimiento, tras momentos de semejante intensidad. En la iniciación se reunían fuerzas dispersas, que presidían el nacimiento de una nueva mirada. Iker regresaba progresivamente a la tierra y nada olvidaba de su viaje más allá del tiempo y del espacio. Salió de la modesta casa blanca y contempló durante largo rato el cielo, que ya nunca miraría del mismo modo. De aquella matriz procedían obras amasadas con inmortalidad, hechas visibles por los artesanos. Pero, por desgracia, también existían otras realidades mucho menos entusiasmadoras, y el hijo real, el Amigo único y enviado del faraón, debía enfrentarse con ellas.

Leche infecta y pan mediocre juzgo Bega. Vigila más los productos que llevas a los permanentes. Si uno de ellos se queja, serás despedida. La hermosa Bina se encrespó. ¿Sirve de criterio tu gusto? Aquí, nadie lo desdeña. ¡Tal vez por eso Abydos se pudre! No te pases de los límites, pequeña, y haz correctamente tu trabajo. Bega odiaba a las mujeres. Frívolas, insolentes, incitadoras, perversas, tenían mil defectos incurables. En cuanto accediera al poder supremo, las expulsaría de Abydos y les prohibiría participar en los ritos y los cultos. Ninguna sacerdotisa mancillaría ya los templos de Egipto, reservados a los hombres. Sólo ellos eran dignos de dirigirse a lo divino y de recoger sus favores. La doctrina del Anunciador le parecía excelente: apartar a las mujeres de cualquier función religiosa, excluirlas de las escuelas, cubrir por entero su cuerpo para que no tentaran ya al sexo opuesto y confinarlas en la morada familiar, al servicio de su marido. La civilización faraónica les concedía tantas libertades que se comportaban como seres independientes, ¡e incluso podían reinar! Bina miraba al ritualista con ironía. ¿Beberás y comerás o debo llevarme esta leche y este pan? Por esta vez, pase. Mañana, exijo algo mejor y Vete pronto, llega Iker. La muchacha se esfumó rápidamente. Encorvando la espalda, Bega se concentró en la comida. Perdonadme que os importune a una hora tan temprana. Todos estamos a disposición del hijo real. ¿Habéis desayunado ya?

Todavía no. Hacedlo conmigo, pues. Gracias, no tengo hambre. No vayáis a caer enfermo. Tranquilizaos, las pruebas refuerzan mi salud. Felicitaciones por vuestra iniciación en la Morada del Oro. Pocas veces concedido, semejante privilegio os confiere inmensas responsabilidades. Y estaremos orgullosos de veros dirigir los ritos del mes de khoiak. La fecha me parece muy próxima, y yo, muy incompetente. El conjunto de los permanentes, comenzando por mí, os ayudará a preparar este gran acontecimiento. No debéis preocuparos en absoluto, dominaréis la situación. ¿Se desarrolla bien vuestra misión? La Morada del Oro da a luz una nueva estatua de Osiris y su nueva barca, y espero que no subsista trastorno alguno en la jerarquía de los sacerdotes. Mi in- vestigación os ha escandalizado, a vos y a vuestros colegas, pero era indispensable. Incidentes olvidados aseguró Bega. Apreciamos vuestra discreción y vuestro comportamiento desprovisto de arrogancia. Era preciso que comprobarais el rigor de los permanentes y su profunda vinculación con los ritos osiriacos. Abydos es el centro espiritual de Egipto, y no puede sufrir mancha alguna. Es, pues, conveniente asegurarse de ello a intervalos regulares. Su majestad demuestra su lucidez procediendo a este examen y eligiendo al hombre capaz de llevarlo a cabo. Bega permanecía gélido, su voz era ronca, pero su discurso reconfortaba a Iker. El abrupto ritualista a menudo no concedía su benevolencia y se mostraba avaro en cumplidos. Su juicio, eco del conjunto de los permanentes, manifestaba su aprobación y disipaba las tensiones. Confiar la paleta de oro a un dignatario tan joven, que ignoraba nuestros ritos y nuestros misterios, fue algo que nos sorprendió reconoció Bega, y pocas veces había visto al Calvo tan descontento. Demasiado encerrados en nosotros mismos, cometíamos el error de subestimar la amplitud de la visión real. ¡Despreciable vanidad, excusable falta! La edad y la experiencia nos adormecen. Todos los días, la obra de Dios se consuma y nuestro deber consiste en prolongarla humildemente, olvidando nuestras ridículas ambiciones. Vuestra llegada, Iker, nos da una buena lección. No existía mejor medio para reanimar nuestra atención y recordarnos firmemente las exigencias de nuestras funciones. Si un faraón se aleja de Abydos, Egipto corre el riesgo de desaparecer. Si se aproxima, la herencia de los antepasados dispensa innumerables beneficios y las Dos Tierras conocen la prosperidad. Las decisiones de Sesostris son ejemplares, su reputación y su popularidad merecidas. Vos y nosotros tenemos la suerte de servir a un monarca excepcional cuyas decisiones iluminan nuestro camino. Iker no esperaba semejantes confidencias por parte de aquel ritualista austero e ingrato a la vista, y apreció su sinceridad, testimonio del irreversible compromiso

y apreció su sinceridad, testimonio del irreversible compromiso Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro Page
y apreció su sinceridad, testimonio del irreversible compromiso Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro Page

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 65

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS de los permanentes de Abydos.

de los permanentes de Abydos. Sin embargo, no dejó de hacer las preguntas que lo obsesionaban, como consecuencia de la afirmación de Isis: «Gergu parece un fruto podrido.» Creo que los permanentes no salen a menudo de Abydos. Casi nunca. Sin embargo, la regla no nos impone en absoluto la reclusión. ¿Pero qué podríamos ir a buscar al exterior? Adoptamos libremente nuestro modo de existencia, amamos el dominio de Osiris y tocamos lo esencial de la vida. ¿Qué más podemos exigir? Un detalle me intriga: ¿cómo conocisteis a Gergu? Bega frunció el entrecejo. Una casualidad. Superviso el aprovisionamiento de los permanentes y la entrega de los diversos objetos necesarios para su comodidad. Gergu se ofreció, y yo comprobé su competencia. ¿Quién lo envió a Abydos? Lo ignoro. ¿Acaso no se lo preguntasteis? No soy curioso por naturaleza. Pasaba los controles, así que, ¿por qué mirarlo con ojos suspicaces? Le exijo puntualidad y seriedad, Gergu no me decepciona. ¿Y no os hace preguntas fuera de lugar? En este caso, lo habría hecho expulsar de Abydos. No, se limita a recibir mis listas de productos y a entregarlos en los más breves plazos. ¿Y cada vez se desplaza personalmente? Gergu es un funcionario muy escrupuloso. No cede a nadie la tarea de verificar los cargamentos y llevarlos a buen puerto. Dados sus buenos y leales servicios, fue nombrado temporal. Su carácter, más bien zafio, no le impide admirar Abydos y apreciar su puesto. Bega se aclaró la garganta. ¿A qué vienen esas preguntas? ¿Acaso sospecháis que Gergu ha cometido alguna fechoría? No dispongo de prueba alguna. ¡Sin embargo, desconfiáis de él! Su puesto de inspector general de los graneros, ¿no debería ocuparle todo su tiempo? Responsables de alto rango vienen a menudo de Menfis, de Tebas o de Elefantina. Dada la importancia de Abydos, la distancia no cuenta. Algunos sólo se quedan una semana o dos, otros más. Ninguno renunciaría a sus tareas, por modestas que sean. Gergu pertenece a esa comunidad de temporales, fieles y abnegados. Gracias por vuestra ayuda, Bega. Hoy sois nuestro superior. No vaciléis en recurrir a mí. Viendo alejarse al hijo real, el confederado de Set masticó nerviosamente un

pedazo de pan. Lamentaba haber defendido a Gergu, pero hacerle algún cargo o acusarlo habría puesto en marcha una investigación más profunda de Iker que, fatalmente, habría terminado cayendo sobre él, sobre Bega. ¿Convencerían sus declaraciones al hijo real de la inocencia de Gergu? Sin duda, no. El tal Iker se estaba volviendo muy peligroso, investido ahora con importantes poderes, reconocido digno de los misterios de Osiris, el enviado de Sesostris adquiría una dimensión inesperada. Creyendo que Abydos lo rechazaría, Bega se había equivocado gravemente. Una extraña luz animaba a aquel joven y los ritos osiriacos lo alimentaban. Por un instante, por un breve instante, Bega se preguntó si no valía más renunciar a la conspiración y a la traición, volver a ser un auténtico permanente y seguir el camino de Iker. Irritado, se frotó los párpados. ¡La pureza de Iker, su ideal, su respeto de los valores tradicionales conducían a un callejón sin salida! Sólo el Anunciador representaba el porvenir. Y, además, Bega había llegado demasiado lejos. Renegando de su pasado y de su juramento, participando en la conspiración del mal, el ritualista ya no podía dar marcha atrás. Aquella decisión liberaba pulsio- nes contenidas durante mucho tiempo, el deseo de enriquecerse y la voluntad de poder. Los seres de la naturaleza de Iker tenían que desaparecer. El Anunciador debía intervenir rápidamente.

Shab el Retorcido encontró a su dueño junto a la escalera del Gran Dios, fuera de la vista de los soldados que patrullaban por el desierto, por el exterior del paraje. Terminados los rituales del ocaso, las lámparas se encendían en casa de los permanentes y los temporales autorizados a dormir en Abydos. Después de la cena, los especialistas en la observación del cielo subirían a lo alto del templo de Sesostris, anotarían la posición de los astros e intentarían descifrar el mensaje de la diosa Nut. ¿Has conseguido acercarte a la tumba de Osiris? No hay protección aparente respondió el Retorcido. Un viejo ritualista comprueba los sellos y pronuncia unas fórmulas. ¿No hay centinela? Ni uno. De acuerdo con vuestro consejo, me mantuve a unos treinta pasos de la puerta de la tumba. Sin duda existe un dispositivo de seguridad invisible. Es imposible que un monumento de tanta importancia sea de fácil acceso. El carácter sagrado del lugar y el fulgor de Osiris bastan para disuadir a los curiosos estimó el Anunciador. Temen la cólera de Dios. ¿No han instalado los sacerdotes una barrera mágica? No me detendrá, mi buen amigo. Poco a poco, derribo las murallas de Abydos. ¿Debo seguir oculto en esta capilla, señor? No por mucho tiempo.

seguir oculto en esta capilla, señor? — No por mucho tiempo. Digitalizado por el Portal Masónico
seguir oculto en esta capilla, señor? — No por mucho tiempo. Digitalizado por el Portal Masónico

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 67

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS El Retorcido esbozó una sonrisa

El Retorcido esbozó una sonrisa maligna. ¿Obtendré el privilegio de matar a Iker? Los ojos del Anunciador se volvieron de un rojo vivo. De su cuerpo emanó un calor semejante al de un brasero. Asustado, Shab retrocedió. Mis estatuillas salen del cofre dijo con voz amenazadora. Al abrirlo, Sobek el Protector acaba de cometer su último error. Esta noche nos habremos librado de él, y nuestra organización en Menfis podrá lanzar su ofensiva.

13

Sesostris se alegraba del feliz resultado de la iniciación de Iker en la Morada del Oro. Según el Calvo, el joven se comportaba de un modo notable y cumplía su misión con rigor y competencia. Sin saberlo, había cruzado la primera puerta del «Círculo de oro» de Abydos y se convertía, pues, poco a poco, en un Osiris. Muy pronto, mientras dirigiera el ritual del mes de khoiak, sería también su centro y penetraría, con plena conciencia, en el corazón de la cofradía más secreta de Egipto. Así, Iker iba construyéndose como la piedra de luz de la que nacen todas las pirámides, todos los templos, todas las moradas de eternidad. Y sobre aquella piedra, el faraón fortalecía su reino, no para su propia gloria, sino para la de Osiris. Mientras las Dos Tierras prolongaran su obra, la muerte no mataría a los vivos. Según un persistente rumor, Sesostris nombraría muy pronto a Iker corregente y lo asociaría al trono con el fin de prepararlo para reinar. Pero la visión del monarca, que no excluía esta eventualidad, la superaba. Al igual que sus predecesores, debía transmitir el ka osiriaco a un ser digno de recibirlo, de preservarlo, de hacerlo crecer y, luego, de transmitirlo a su vez. Creador de la barca y de la estatua del dios, Iker desempeñaría ese papel esencial. Alcanzaría el conocimiento de los misterios y los celebraría. En su caso, muy excepcional, no había ninguna diferencia entre la contemplación y la acción, el descubrimiento y la puesta en práctica. Abolido el transcurso de las horas, el hijo real viviría el tiempo de Osiris, origen de la duración sobrenatural de los símbolos, amasados con materia y espíritu. Se reuniría con Isis más allá del camino de fuego y vería el interior del árbol de vida. Las amenazas del Anunciador convertían en primordial el papel de la joven pareja. A su doctrina de fanático y a su voluntad de imponer violentamente sus siniestras creencias, Isis e Iker oponían una espiritualidad alegre, sin dogma, formada por mutaciones e incesantes reformulaciones, alimentada por una luz creadora. Pero la victoria no se había logrado. Sesostris no creía en la desaparición del Anunciador. Como una víbora del desierto, sabía ocultarse antes de golpear. ¿Percibía la importancia real de Iker o se empecinaría, sólo, en luchar contra el

faraón, provocando nuevos atentados en Menfis? A pesar de ciertos éxitos, Sobek temía la facultad de hacer daño de la organización terrorista, tan bien implantada que incluso a Sekari le costaba descubrir buenas pistas sobre ella. En plena noche, el general Nesmontu interrumpió las reflexiones del rey. Traigo una muy mala noticia, majestad. Sobek ha sido víctima de un atentado. Unas estatuillas mágicas transportadas en un cofre entregado al Protector le han infligido una increíble cantidad de heridas. Sólo el fuego las ha vencido. El doctor Gua intenta salvarlo. Su pronóstico es muy grave. ¡Y nuestras desgracias no ter- minan ahí! Cuando lo han llamado, el médico estaba a la cabecera del visir, víctima de un grave malestar. Según Gua, Khnum-Hotep ya no tiene fuerzas.

Intervengamos de inmediato insistió Sekari. Si tardamos demasiado, los terroristas se largarán. Los policías de élite, encargados de la protección de Sobek, estaban desolados. Sólo él podía tomar semejante decisión recordó su adjunto. ¡Mira de frente la realidad! Sobek está agonizando. Conocía detalladamente mis investigaciones y esperaba mi informe. Todo eso se resume en una palabra:

actuemos. El Protector habría utilizado todos los medios, no lo dudes. Destrozado, el oficial parecía incapaz de reaccionar. Sólo Sobek sabía coordinar el conjunto de nuestras fuerzas y montar una operación de esta envergadura. Sin él, estamos perdidos. No delegaba, estudiaba a fondo el conjunto de los expedientes y decidía. Al eliminarlo, el enemigo nos deja maniatados. Nunca encontraremos un jefe de ese temple. Tan buena ocasión no se presentará antes de que pase mucho tiempo. Insisto, procúrame el máximo de hombres bien entrenados. Hay una pequeña posibilidad de destruir una de las ramas de la organización del Anunciador. El doctor Gua salió del despacho de Sobek. ¡Id a buscarme una jarra de sangre de buey! ¿Vive vive aún? preguntó el adjunto. ¡Apresuraos! Despertaron al maestro carnicero del templo de Sesostris, que sacrificó dos bueyes cebados y proporcionó al médico el valioso líquido, que hizo beber al herido a pequeños tragos. ¿Lo salvaréis? preguntó Sekari. La ciencia no hace milagros, y yo no soy el faraón. Puedo ayudarte afirmó el monarca entrando en la estancia. De inmediato, magnetizó largo rato al Protector, alejando así las garras del fallecimiento. El herido recuperó la conciencia. Majestad Tu trabajo no ha terminado aún, Sobek. Deja que te cuiden, duerme y restablécete. El doctor Gua no creía lo que estaba viendo. Sin la intervención del monarca, el

lo que estaba viendo. Sin la intervención del monarca, el Digitalizado por el Portal Masónico del
lo que estaba viendo. Sin la intervención del monarca, el Digitalizado por el Portal Masónico del

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 69

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS Protector, pese a su robusta

Protector, pese a su robusta constitución, se habría extinguido. El magnetismo y la sangre de buey le devolvían ya cierto color. Que el farmacéutico Renseneb me proporcione sus mejores reconstituyentes exigió el médico. El rey y Sekari se retiraron. La policía parece desorganizada, majestad. Necesito a Nesmontu para invadir un barrio de Menfis donde se ocultan unos terroristas. Únete a él y guía a sus soldados. El adjunto de Sobek se aproximó al soberano. Majestad, conocemos al responsable de la agresión. ¿No se trata del Anunciador? No, majestad. ¿Por qué estás tan seguro? El crimen ha sido firmado. ¿Tienes pruebas? Este papiro, escrito por la mano del asesino que ha enviado el cofre a Sobek, que afirma actuar de parte vuestra. Sesostris leyó el documento, que acusaba formalmente a Sehotep.

Rejuvenecido por la idea de detener a una pandilla de terroristas, Nesmontu dirigía la maniobra a marchas forzadas. Había despertado personalmente a los soldados del cuartel principal de Menfis y se había puesto a la cabeza de varios regimientos, que se desplegaban en función de las indicaciones del agente secreto. En plena noche, las callejas y las plazas estaban desiertas. Desconfiemos de una eventual emboscada le recomendó Sekari a su hermano del «Círculo de oro». Esos malhechores no me harán la jugarreta que les hice yo en Siquem prometió Nesmontu. Primero, cerraremos el lugar; luego, pequeños grupos de infantes registrarán cada casa. Apostados en los tejados, unos arqueros los cubrirán. Las órdenes del general se ejecutaron con rapidez y método. El barrio comenzó a hervir. Brotaron las propuestas, lloraron algunos niños, pero no estalló pelea alguna y nadie intentó huir. Acompañado por una decena de infantes, Sekari registró la morada de la que había escapado por los pelos. Restos de comida, lámparas usadas, viejas esteras La madriguera había sido abandonada precipitadamente. Pero no había ni el menor indicio significativo. Quedaba la sospechosa tienda del vendedor de sandalias. En compañía de su esposa y de su aterrorizado chiquillo, el comerciante gritaba su inocencia.

Registro ordenó Nesmontu. ¿Por orden de quién? preguntó el sospechoso. Asunto de Estado. ¡Me quejaré al visir! En Egipto, no se trata así a la gente. Debes respetar las leyes. Nesmontu clavó su mirada en la del hombre que protestaba. Soy el general en jefe del ejército egipcio y no tengo por qué recibir lecciones de un cómplice del Anunciador. Cómplice Anunciador ¡No comprendo! ¿Tal vez deseas algunas explicaciones? ¡Las exijo! Sospechamos que eres un terrorista y deseas asesinar egipcios. ¡Estás estás diciendo tonterías! ¡Un poco de respeto, mozalbete! Unos especialistas se encargarán de ti mientras yo registro de cabo a rabo tu madriguera. A pesar de sus gritos, los soldados arrastraron al escandaloso. Participando en el registro, Sekari buscó desesperado la prueba de la culpabilidad del comerciante. Cueros de mediana calidad, decenas de pares de sandalias en stock, papiros contables y muchos objetos necesarios para la cotidianidad de una pequeña familia. No encontraremos nada deploró. Tal vez existan escondrijos con armas sugirió Nesmontu. Los discípulos del Anunciador han tenido tiempo para sacarlas. Interrogaremos a cada uno de los habitantes de este barrio. ¡Hablarán, créeme! No, general. Si quedan terroristas, se han dejado capturar voluntariamente. Preparados para la eventualidad de caer prisioneros, callarán o mentirán. El viejo general no replicó al agente secreto. Sin embargo, llevó hasta el fin la operación. Lamentable fracaso. Ni Gruñón ni Rizos. Y además tuvieron que soltar al vendedor de sandalias presentándole sus excusas.

Al finalizar los ritos del alba, Sesostris habló con el doctor Gua. Sobek se recuperará predijo el terapeuta. Mi medicación es adecuada para un toro salvaje cuya constitución, afortunadamente, él posee. Sin embargo hay un delicado problema: obligarlo a permanecer acostado hasta que cicatricen las profundas heridas. Ningún órgano ha sido alcanzado gravemente, por lo que recuperará todo su vigor. ¿Y Khnum-Hotep? El doctor no ocultó la verdad. No le quedan ya esperanzas, majestad. El corazón del visir está cansado, y pronto dejará de latir. El único objetivo de mis últimas prescripciones es impedir

El único objetivo de mis últimas prescripciones es impedir Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro
El único objetivo de mis últimas prescripciones es impedir Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 71

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS que sufra. — Encárgate prioritariamente

que sufra. Encárgate prioritariamente de él exigió Sesostris. El general Nesmontu hizo al rey un desengañado informe de sus investigaciones nocturnas. La policía debía estudiar minuciosamente el pasado de cada habitante del barrio incriminado y verificar sus declaraciones. Era una tarea larga, enojosa y de resultado incierto. Los terroristas se habían mezclado tanto y tan bien con la población que resultaban invisibles. El adjunto de Sobek exige el arresto de Sehotep indicó el soberano. Ni Sekari ni yo creemos en su culpabilidad protestó el general. Un miembro del «Círculo de oro» de Abydos no puede pensar en suprimir al jefe de la policía. Hay documentos que lo acusan. ¡Es una falsificación! Una vez más, se intenta desacreditar a la Casa del Rey. El gran consejo no se reunirá esta mañana decidió el monarca. Debo oír a Sehotep.

No quiere decir su nombre, general, pero afirma que es grave y urgente. Encárgate tú de él dijo Nesmontu a su ayuda de campo. Sólo hablará con vos. Al parecer, está en juego la seguridad del faraón. Si se trataba de un extravagante, comparecería ante un tribunal por insultos al ejército y propagación de falsas noticias. Treintañero, alto, y con una cicatriz cru- zando su antebrazo izquierdo, el hombre parecía ponderado e inquieto. Se expresó con voz pausada. Por orden de Sobek revelóme infiltré en el servicio administrativo que dirige Medes. Mi misión consiste en observar su actuación y la de su personal. Nesmontu emitió una especie de gruñido. ¡Realmente el Protector no confía en nadie! ¿Dispone de un observador en cada administración? Lo ignoro, general. Al primer incidente notable, debía avisar de inmediato a mi jefe. El caso acaba de producirse y, puesto que Sobek no puede recibirme, he creído necesario exponeros a vos mi descubrimiento. Excelente iniciativa, te escucho. Ocupo un puesto de responsabilidad y puedo, pues, consultar la mayoría de los documentos tratados por Medes y sus principales colaboradores. Obtener su confianza y conservarla presenta serias dificultades. Se comporta como un verdadero tirano, exige un trabajo considerable y no tolera el menor error. Por eso su servicio funciona a las mil maravillas estimó Nesmontu. Nunca la Secretaría de la Casa del Rey fue tan eficaz. Medes da el ejemplo añadió el policía. Profesionalmente, no hay nada que reprocharle. Hasta ayer, nada anormal o sospechoso. Yo me encargo de cerrar los locales y examiné los expedientes que al parecer consultó Medes esa mañana.

Entre ellos, había una carta anónima. Este es su contenido: «Un traidor manipula la Casa del Rey. Ha inventado la leyenda del Anunciador, un revoltoso sirio muerto hace ya mucho tiempo. Ese monstruo frío y decidido dirige la organización terrorista de Menfis, autora de abominables crímenes, y proyecta matar al jefe de la policía. Luego, organizará un nuevo atentado contra el faraón. Un asesino fuera de toda sospecha. Sehotep.» ¿Te apoderaste del documento? No, pues la reacción de Medes resultará instructiva. ¿Hablará de ello o callará? Este asunto ya no me concierne, puesto que he presentado la dimisión por razones de salud. Prefiero regresar a mi unidad antes de ser identificado. Nesmontu corrió a ver al monarca.

14

Tras la desaparición del aguador, su mejor agente, el libanés se quejaba de la lentitud de las comunicaciones entre las células terroristas implantadas en Menfis. Bajo la apariencia de repartidores, sus delegados se ponían en contacto con su portero y recogían las directrices. El libanés podría haber contratado a un sustituto, pero desconfiaba de los adeptos del Anunciador y sólo recibiría en su casa a un hombre seguro, de probada sangre fría. Únicamente Medes gozaba de ese privilegio, pues el secretario de la Casa del Rey, marcado con el signo de Set, ya no podía retroceder. El portero le entregó un mensaje cifrado cuyo texto le alegró: vaciado de su sangre como consecuencia de las heridas infligidas por unas estatuillas mágicas, Sobek el Protector estaba agonizando. El Anunciador acababa de dar un golpe decisivo. Decapitada, la policía de Menfis perdería su cohesión y la organización de los atentados se vería facilitada. El libanés, encantado, tragó, uno tras otro, tres cremosos pasteles. El portero reapareció. El Rizos desea veros urgentemente en el mercado. El jefe de la organización menfita raras veces salía de su antro. Semejante petición implicaba hechos graves, inquietantes incluso. Su peso dificultaba sus desplazamientos y el trayecto le pareció largo. Se detuvo ante un puesto cubierto de higos, cuyo dueño pertenecía a la organización. El Rizos se puso a la altura del obeso. ¿No hay policía por los alrededores? Dos en la entrada del mercado, otros dos mezclados con los curiosos. Los vigilamos. Si se acercan, nos avisarán. ¿Qué ocurre? Nos ha descubierto un espía egipcio. Dos intentos de eliminación han fracasado. Estoy convencido de la inminencia de una redada policial, por lo que mis adjuntos y yo abandonamos de inmediato el barrio cuidando de no dejar

y yo abandonamos de inmediato el barrio cuidando de no dejar Digitalizado por el Portal Masónico
y yo abandonamos de inmediato el barrio cuidando de no dejar Digitalizado por el Portal Masónico

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 73

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS huella a nuestras espaldas. Con

huella a nuestras espaldas. Con gran sorpresa por nuestra parte, fue el ejército el que invadió las callejas y registró las casas. ¿Resultado? Completo fracaso de los militares y fuertes protestas de los residentes, incluidos los valientes que se quedaron allí. ¡El vendedor de sandalias ha recibido, incluso, excusas oficiales! En Egipto no se bromea con la ley y no se trata de un modo arbitrario a los súbditos del faraón. Esta debilidad provocará la pérdida del régimen. ¿Han arrestado a alguno de los nuestros? A ninguno. Los rumores que hablan de la muerte de Sobek parecen fundados, puesto que el poder tuvo que utilizar el ejército y no la policía, completamente desorganizada. ¡ Imagino el desamparo de las autoridades! Despliegue de fuerzas, intento de infiltración, investigaciones exhaustivas, ¡nada ha tenido éxito! Seguimos siendo inalcanzables. Debemos dar gracias a nuestro maestro supremo, el Anunciador. Su protección nos hace invulnerables. Claro está, claro está aprobó el libanés, pero el aislamiento y la prudencia siguen imponiéndose. ¿Acaso no nos procura la eliminación de Sobek una ventaja decisiva? No desdeñemos al general Nesmontu. ¡Ese vejestorio sólo sabe arengar a sus tropas! Serán incapaces de reprimir una guerrilla urbana. ¿Dónde pensáis esconderos, tú y tus comandos? Donde nadie piense en buscarnos: en el barrio que acaba de ser registrado de punta a punta. Dado nuestro nuevo dispositivo, será imposible descubrirnos. La reciente idea del libanés garantizaba, en efecto, una seguridad absoluta a los terroristas encargados de llevar a cabo los primeros ataques. No nos obliguéis a languidecer. Este tipo de alojamiento es más bien incómodo. Espero la orden del Anunciador. La respuesta colmó al Rizos. A veces, dudaba del compromiso espiritual del libanés, demasiado esclavizado por la buena carne, y se preguntaba si su posición de jefe de la organización no estaría subiéndosele a la cabeza. Aquella actitud lo tranquilizó. Llegado el momento, mis hombres y los de mis homólogos atacarán en nombre del Anunciador y de la nueva doctrina. Exterminaremos a los infieles, sólo los conversos salvarán su vida. La ley de Dios se impondrá, los tribunales religiosos perseguirán a los impíos y a las hembras impúdicas. Tomar Menfis no resultará fácil atemperó el libanés. La coordinación de nuestras diversas células todavía plantea serios problemas. ¡Resuélvelo! Sea como sea, el Anunciador elegirá el momento justo. A los egipcios les gusta tanto el gozo y los placeres de la existencia que quedarán

desarmados frente a nuestra oleada purificadora. Centenares de policías y de soldados se arrodillarán y nos suplicarán que respetemos su vida. Cuando exhibamos sus cabezas cortadas en la punta de nuestras lanzas, sus oficiales huirán y abandonarán al faraón en su soledad. A Sesostris se lo ofreceremos vivo al Anunciador. Aun apreciando aquellas magníficas perspectivas, el libanés no subestimaba al adversario y desconfiaba de sus propias tropas. En caso de victoria, y en cuanto se lo nombrara jefe de la policía religiosa, haría ejecutar al Rizos y a sus semejantes acusándolos de depravación. Muy útil durante las fases de conquista, aquel tipo de hombre exaltado se transformaba luego en una criatura incontrolable y perjudicial.

Dos píldoras por la mañana, una a mediodía y tres por la noche, así como varias infusiones durante la jornada: la esposa de Medes seguía al pie de la letra la receta del doctor Gua. En cuanto tomó los medicamentos preparados por el farmacéutico Renseneb, se sintió ligera y relajada. Un sueño casi apacible, sin crisis de histeria, unos largos períodos de calma. Su nueva peluquera y su nuevo cocinero satisfacían sus menores caprichos. El último le preparaba platos de extremado refinamiento y admirables postres con los que se atiborraba. Provista de inesperada energía, se encargó de nuevo de su casa. Ya al amanecer, convocó a un ejército de artesanos a quienes dio varias órdenes: volver a pintar las paredes exteriores, limpiar el cuarto de baño, podar los árboles y comprobar los conductos de evacuación de las aguas residuales. Aquella orgía energética la hizo olvidar las graves faltas que la obsesionaban. Así pues, no tendría que confesárselas al doctor Gua y romper el silencio que su marido le imponía. ¡Qué resplandeciente salud! advirtió él, asombrado. El doctor Gua es mi genio bueno. Supongo que estarás orgulloso de mí. Esta casa necesitaba muchas mejoras, y por fin puedo ocuparme de ello. Felicidades, querida. Ejerce tu autoridad y, sobre todo, no permitas que te pisoteen. Los obreros sólo piensan en robar. Con la sonrisa en los labios, Medes se dirigió a casa del visir. El falso escriba, agente de Sobek infiltrado en su administración, debía de haber leído la carta anónima puesta entre sus expedientes confidenciales. Como era el último en abandonar el lugar, el policía husmeaba un poco por todas partes. ¡Un descubrimiento de aquella importancia recompensaba su paciencia! Naturalmente, esperaba la reacción de Medes. En caso de disimulo y de silencio, ¿no demostraría el secretario de la Casa del Rey su complicidad con Sehotep y su participación en una conjura de excepcional gravedad? En los despachos del visirato reinaba una siniestra atmósfera. La salud de Khnum-Hotep nos preocupa le reveló a Medes uno de sus más cercanos colaboradores. Hemos creído perderlo tras un serio malestar. Por fortuna, el doctor Gua lo ha

tras un serio malestar. Por fortuna, el doctor Gua lo ha Digitalizado por el Portal Masónico
tras un serio malestar. Por fortuna, el doctor Gua lo ha Digitalizado por el Portal Masónico

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 75

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS reanimado. — ¿Descansa un poco

reanimado. ¿Descansa un poco el visir, por fin? Desgraciadamente, no. Entrad, os aguarda. Como todas las mañanas, Medes iba a buscar las instrucciones del primer ministro. La degradación física del imponente personaje lo asombró. Estaba muy delgado, demacrado, tenía la tez terrosa y respiraba mal. No tengo que daros consejo alguno declaró Medes, afligido, ¿pero no sería más razonable que aliviarais un poco vuestras abrumadoras tareas? ¿Olvidas que el trabajo se dice kat y nos ofrece ka, la energía indispensable para la vida? Morir trabajando es el modo más hermoso de desaparecer. ¡No habléis de desgracias! No maquillemos la realidad. El propio doctor Gua renuncia a curarme. Otro fiel a Sesostris me sustituirá y servirá mejor a nuestro país. El secretario de la Casa del Rey adoptó un aire turbado. Me han enviado un extraño documento. Evidentemente, es un tejido de mentiras no firmado. Esa carta anónima ensucia a uno de los miembros de la Casa del Rey. He dudado en destruirla, tanto me indignaba, pero he creído preferible ponerla en vuestro conocimiento. Medes entregó el texto al visir. En efecto, era mejor avisarme.

Sehotep había pasado una noche maravillosa en compañía de una joven experta en los juegos del amor. Divertida, aficionada a bromear, no existía para ella tabú alguno. Se oponía ferozmente al matrimonio, y pensaba aprovechar al máximo su juventud antes de suceder a su padre y administrar el dominio familiar. De excelente humor, los dos amantes se habían separado tras un copioso desayuno. Poniéndose en las precisas manos de su barbero, Sehotep pensó en su intervención en el gran consejo. Hablaría allí del estado en que se encontraban las distintas obras distribuidas por el conjunto del territorio. En cuanto llegó a palacio, un oficial de seguridad lo acompañó al despacho de Sesostris y no a la sala donde se reunían los miembros de la Casa del Rey. En cada uno de sus encuentros, el elegante Sehotep sentía más admiración hacia aquel gigante que desafiaba los límites de la fatiga y no retrocedía ante ningún obstáculo. Con su alta talla, dominaba su época y a sus súbditos, viviendo plenamente su función. ¿No tienes nada que revelarme, Sehotep? Al superior de todas las obras del faraón, aquello lo cogió desprevenido. ¿Debo haceros mi informe en privado? ¿No desapruebas el comportamiento de Sobek?

Aunque antaño se equivocó con respecto a Iker, lo considero un excelente jefe de la policía. ¿No acabas de enviarle, en mi nombre, un cofre de acacia que contenía unas estatuillas mágicas? Pese a la vivacidad de su espíritu, Sehotep permaneció unos instantes boquiabierto. ¡De ningún modo, majestad! ¿Quién ha sido el autor de esa siniestra broma? Esas estatuillas, animadas por un perverso espíritu, intentaron matar a Sobek. Sufrió numerosas heridas, y se desangró. Creemos que se encuentra fuera de peligro, pero hay que identificar y castigar a su asesino. Pues bien, firmó su crimen. Y esa firma es la tuya. ¡Imposible, majestad! Mira ese papiro. Sehotep, turbado, leyó el texto manchado de sangre que habían encontrado junto al cuerpo de Sobek. Yo no he redactado esas líneas. ¿Reconoces tu escritura? ¡El parecido me deja asombrado! ¿Quién habrá podido fabricar una falsificación tan perfecta? Otro documento te acusa añadió el rey. Según una carta anónima, tú eres el jefe de una organización terrorista de Menfis que está decidida a suprimirme. Para alejar de ti las sospechas, habrías inventado el espectro del Anunciador inspirándote en un bandido que hoy ya está muerto. Sehotep parecía atónito hasta el punto de no encontrar una sola réplica. El adjunto de Sobek y la jerarquía policial exigen tu arresto reveló Sesostris. Ese papiro les basta para presentar una denuncia ante el visir. ¿No os parece muy grosera esa ofensiva? Si yo fuera el monstruo incriminado, no habría cometido la estupidez de firmar mi fechoría. Y una carta anónima no tiene valor para nuestra justicia. Sin embargo, Khnum-Hotep se ve obligado a abrir un expediente, instruir la denuncia que se refiere a ti y suspenderte de tus funciones. Majestad ¿Dudáis de mí? ¿Te hablaría yo de ese modo? Una intensa alegría animó la mirada de Sehotep. Mientras gozara de la confianza del rey, combatiría. ¿Pero cómo descubrir a los autores de la falsificación? Debido a tu acusación prosiguió Sesostris, debo renunciar a reunir a todos los iniciados del «Círculo de oro». Tu asiento permanecerá vacío hasta que se proclame tu inocencia. Mi peor enemigo será el rumor. ¡Las malas lenguas se desatarán! Y la

hostilidad de la policía no nos facilitará la tarea. El ataque ya no me parece tan

El visir, Senankh y Nesmontu son, forzosamente, los próximos

objetivos del Anunciador.

grosero

forzosamente, los próximos objetivos del Anunciador. grosero Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro Page 77
forzosamente, los próximos objetivos del Anunciador. grosero Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro Page 77

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 77

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS — La salud de Khnum-Hotep

La salud de Khnum-Hotep se degrada de modo irreversible indicó el monarca. Pero el doctor Gua Esta vez, se reconoce vencido. Optimista por naturaleza, Sehotep vaciló. ¡El mal quiere golpearos a vos, majestad! Aislándoos, apartando a vuestros fieles, desorganizando uno a uno los servicios del Estado y afectando la integridad del «Círculo de oro» intenta hacerlos más frágil. Nada de acción masiva, nada de lucha frontal, sólo un veneno sabiamente destilado, de temible eficacia. Es urgente sustituirme, pues la reputación de la Casa del Rey no debe quedar mancillada. Es preciso también que se prosigan las obras en curso. No sustituiré a nadie decretó el faraón, todos permaneceréis en vuestro puesto. Destituirte sería reconocer tu culpabilidad antes incluso de que se pronuncie el tribunal del visir. Seguiremos, pues, el procedimiento normal, tan aplicable a los grandes como a los pequeños. ¿Y si no se reconociera mi inocencia? Suponiendo que parte de la policía sea manipulada y se arroje contra mí, mis posibilidades de éxito se anuncian muy débiles. Continuemos por el camino de Maat, y la verdad saldrá a la luz. Sehotep se estremeció. Malos vientos soplaban sobre el país y amenazaban con asolarlo. Imperturbable, el faraón se preparaba para un combate cuya magnitud e intensidad habrían aterrorizado al más valiente.

15

El comandante de las fuerzas especiales de Abydos detuvo a Bina. ¿Adonde vas tan de prisa? Ella le sonrió. Como de costumbre, a buscar al templo los alimentos que debo llevar a los permanentes. Bastante fastidioso, ¿no? Me gusta mucho mi trabajo y no querría cambiarlo. ¡A tu edad, no se habla así! Sigue haciendo bien tu tarea y obtendrás un ascenso. Sólo deseo ser útil. ¡Vamos, vamos, no te hagas la remolona! Tengo muchas ganas de registrar tu cuerpo. ¿Por qué razón? ¿No lo adivinas? Una moza tan hermosa como tú no puede limitarse a servir el desayuno a unos viejos sacerdotes que sólo están preocupados por los ritos y los

símbolos. A mi entender, te reúnes con algún enamorado. Dadas mis funciones, quiero conocer su nombre. Siento decepcionarte, pero no trato con nadie. ¡Es difícil de creer, hermosa! Comprendo que intentes proteger al elegido, pero yo debo estar informado de todo lo que ocurre en Abydos. ¿Cómo convencerte de tu error? El comandante se cruzó de brazos. Admitámoslo En ese caso, forzosamente piensas casarte. No hay prisa. ¡Desengáñate, Bina! Sobre todo, no te arrojes a los brazos de cualquier bribón, y deja que un hombre experimentado te aconseje. ¿Tú, por ejemplo? Muchas jóvenes seductoras revolotean a mi alrededor. Sólo aguanto por tu causa. Bina fingió conmoverse. Me siento muy halagada. Por desgracia, sólo percibo un salario muy bajo y no podría mostrarme digna de un personaje de tu importancia. ¿Acaso algunos dignatarios no se casan con muchachas del pueblo? La hermosa morena bajó los ojos. ¡Me coges desprevenida! No sé qué responderte a eso. Él le acarició el hombro. No te precipites, dulzura. Tendremos todo el tiempo del mundo para ser felices. ¿Realmente lo crees? Confía en mí, ¡no quedarás decepcionada! ¿Me concedes el derecho a pensarlo? El comandante soltó una sonrisa bobalicona. Decide libremente, mi pequeña codorniz. Espero no languidecer demasiado. Bina escapó contoneándose. La situación se complicaba. No conseguiría rechazar por mucho tiempo a aquel aficionado a las chicas fáciles. Les hablaba a todas del mismo modo. Se cansaba muy pronto y pasaba de una a otra sin dejar de proponerles matrimonio por la noche y olvidar sus promesas por la mañana. Bina esperaba una rápida intervención del Anunciador. Cuando éste lanzara el ataque decisivo contra Abydos, ella mataría al comandante con sus propias manos.

Envenenadas, las cuatro jóvenes acacias sólo emitían un débil campo de fuerzas, incapaz de molestar al Anunciador. Sólo sentía como si estuvieran clavándole alfileres en las piernas, y eso lo divirtió. Solamente quedaba una última protección del árbol de vida: los cuatro leones cuyos ojos no se cerraban nunca. Infatigables vigilantes, fulminaban a quien in- tentaba herir a la acacia de Osiris. Un astil con un escondrijo en lo más alto,

la acacia de Osiris. Un astil con un escondrijo en lo más alto, Digitalizado por el
la acacia de Osiris. Un astil con un escondrijo en lo más alto, Digitalizado por el

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 79

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS símbolo de la Gran Tierra,

símbolo de la Gran Tierra, les procuraba una temible fuerza. El Anunciador se guardó mucho de tocarlo. Mientras no hubiera matado a Osiris, aquel fetiche difundiría una peligrosa energía. En cambio, tras haber trans- formado a Bina en la terrorífica leona, no temía enfrentarse a las fieras. Su única duda estaba relacionada con la estrategia que debía seguir. Cada guardián mostraba una expresión distinta. El Anunciador eligió al más austero, al norte, y pasó por sus párpados un líquido rojizo compuesto con cizaña, arena de Nubia, sal del desierto y sangre de Bina. Frotó pacientemente la piedra calcárea hasta que la sustancia penetró y cegó al primer león. Los otros tres sufrieron la misma suerte. Sur, este y oeste perdieron la vista. Muy pronto, colmillos y zarpas no servirían para nada, y los custodios quedarían reducidos al estado de piedras inertes.

Iker, portador de la paleta de oro, celebró el rito matutino ayudado por el Calvo. En su compañía, comprobó el trabajo de los permanentes, luego los dos hombres meditaron ante la tumba de Osiris. No has cometido ningún error observó el viejo ritualista, y realmente te has convertido en el superior de nuestra cofradía. Sólo soy el enviado del rey. Vos dirigís la jerarquía. Ahora ya no, Iker. En un tiempo muy corto, has recorrido un inmenso camino, has evitado mil y un escollos, has superado gran cantidad de obstáculos y cumplido una delicada misión. La edad no importa. Los permanentes te reconocen ahora como mi sucesor, y yo no podría soñar con nada mejor. ¿No os parece prematura esa decisión? Algunos seres tienen tiempo para prepararse para sus futuras tareas, otros aprenden a dominarlas practicándolas. Tu destino te obliga a crear, avanzando, tu propio camino. Deseabas a Abydos, y Abydos te ha respondido. El «Círculo de oro» Ya estás en su interior. Queda por cruzar una última puerta, durante la celebración de los misterios. Su preparación debe ser, pues, rigurosa. Esta misma noche procederemos al inventario de los objetos indispensables. Luego, examinaremos las fases del ritual. Cuando Iker regresó a la pequeña casa blanca, Isis lo recibió con una maravillosa sonrisa, y ambos se abrazaron de inmediato. ¿Estaré a la altura de mi tarea? se preguntó él, inquieto. No debes plantearte eso. ¿Quién puede creerse digno de los grandes misterios? El espíritu de Abydos nos llama, nuestro corazón se abre a su luz y cumplimos con los ritos poniendo nuestros pasos en los pasos de los ancestros. Frente a ese deber esencial, ¿qué importan nuestros estados de ánimo? Subieron a la terraza, protegida del sol por una tela de lino fijada a cuatro columnitas de madera.

La felicidad, la perfecta reunión de lo cotidiano y lo sacro, del ideal y de su consumación. Viviendo con la misma mirada y el mismo aliento, Isis e Iker agradecieron a las divinidades que les concedieran semejante oportunidad. ¿Mi hermana del «Círculo de oro» me acoge realmente sin reticencias? Lo he pensado mucho y he vacilado mucho se divirtió ella. Pero como pareces ser el menos malo de los postulantes Adoraba la risa ligera de su voz y la dulzura de sus ojos. El amor nacido en su primer encuentro no dejaba de crecer. Ambos sabían que el tiempo no lo alteraría, sino más bien al contrario. Solapadas inquietudes alcanzaron al hijo real. Bega ha elogiado a Gergu. Sin embargo, yo no le he ocultado mis sospechas, a causa de tu perentorio juicio. Sorprendente reacción. Nunca elogia a nadie. Su frialdad no lo hace muy agradable, pero me parece sincero. Las entregas del inspector principal de los graneros respetan las exigencias de Bega y le dan entera satisfacción. Queda, sin embargo, una duda: ¿llegó Gergu por sí mismo a Abydos o lo envió alguien? ¿Qué opina Bega? Le importa un pimiento, puesto que Gergu cumple perfectamente con su trabajo y pasa los controles sin ganarse la menor crítica. Es una actitud extraña viniendo de un hombre tan puntilloso. ¿Llegarías a decir que es sospechoso? No, no tengo ningún reproche que hacerle, salvo la sequedad de su corazón. ¿Apariencia o realidad? Bega no se relaciona con las sacerdotisas precisó Isis. Sin embargo, intentó ganarse mi simpatía, aunque en balde. Dado tu rango, ¿no estará rumiando su rencor? Visto su malhumor crónico, es difícil de decir. El rigor personal y el respeto por la Regla no deberían provocar semejante ausencia de alegría. Ni siquiera el Calvo, a pesar de su carácter abrupto, carece de calidez y de buen humor. Bega me ha prometido su ayuda. Ha admitido que mi llegada y mi investigación provocaron muchos remolinos, que hoy han cesado. Deseémoslo. ¡Tu escepticismo me intriga! No conoces tu poder, Iker. Los experimentados ritualistas se inclinan ante ti porque ese poder se impone a ellos. Se saben incapaces de hacerte frente, a pesar de tu corta edad. Resignación en unos, frustración en otros. Y no olvidemos la advertencia del rey. No debemos bajar la guardia ni un solo instante. Voy a pedirle a Sobek el Protector que lleve a cabo una minuciosa investigación de las actuaciones y las relaciones del tal Gergu. Si está metido en asuntos poco claros, lo sabremos. Por lo que a Bega se refiere, le dedicaré una atención especial. A lo largo de la preparación del ritual de los misterios solicitaré

largo de la preparación del ritual de los misterios solicitaré Digitalizado por el Portal Masónico del
largo de la preparación del ritual de los misterios solicitaré Digitalizado por el Portal Masónico del

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 81

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS sus consejos. ¿Aceptará ayudarme la

sus consejos. ¿Aceptará ayudarme la superiora de las sacerdotisas de Hator? La Regla me lo impone le recordó ella sonriendo.

Desde su llegada a Abydos, la hermosa Neftis dormía poco. Debía participar en los ritos de la comunidad, preparar numerosas telas indispensables para la cele- bración de los misterios, comprobar el material simbólico en compañía de los

No sentía transcurrir las jornadas y vivía horas inolvidables, más

allá de todas sus esperanzas. Su encuentro con Isis era una especie de milagro. Ella la guiaba, le evitaba los pasos en falso y le facilitaba la tarea en todas las circunstancias. Entre las dos hermanas reinaba tal comunión de pensamientos que apenas sentían la necesidad de hablarse. Neftis acudió al templo de millones de años de Sesostris para comprobar el estado de las copas y los cuencos, algunos de los cuales se utilizarían durante el mes de khoiak. Una vez allí, se dirigió al supervisor de los temporales y solicitó ver al responsable. Este la condujo hasta una capilla donde trabajaba un hombre apuesto, de gran talla, distinguido y altivo. De su fuerte personalidad emanaba un extraño encanto

al que fue sensible, de inmediato, la joven sacerdotisa. Iba cuidadosamente afeitado y perfumado con gusto, ataviado con un largo taparrabos de inmaculado lino, y sus gestos eran dulces y meticulosos. Estaba acabando de limpiar un hermoso jarro de alabastro, que databa de la primera dinastía. ¿Puedo molestarte? El temporal levantó lentamente los ojos, de un sorprendente y encantador color anaranjado. Estoy a vuestra disposición respondió con una voz suave. ¿De cuántas obras maestras tan antiguas dispone el tesoro de este templo? De más de un centenar, la mayoría de granito. ¿En buen estado? Excelente. ¿Utilizables, pues, durante un ritual? A excepción de una, que he entregado al maestro escultor para una

¿No seréis la hermana gemela de la

restauración. Perdonad mi curiosidad

superiora de las sacerdotisas de Hator? La muchacha sonrió. Nos parecemos mucho. Me llamo Neftis y la reina me ha concedido el inmenso privilegio de reemplazar a una ritualista fallecida.

¿Vivíais en Menfis? En efecto, y no añoro aquella soberbia ciudad. Abydos colma todos mis deseos.

permanentes

Yo no conozco la capital mintió el Anunciador. Soy originario de una aldea vecina, y siempre soñé con servir a la Gran Tierra. ¿Deseas convertirte en permanente? Se necesitan cualidades que yo no poseo. Me gano la vida haciendo cuencos. Dos o tres meses al año, tengo la gran suerte de trabajar aquí. Poco importan las tareas que me confíen; lo esencial es sentirse próximo al Gran Dios. Le hablaré de ti al Calvo. Tal vez acepte emplearte por más tiempo. ¡Eso sería un sueño! Gracias por vuestra ayuda. ¿Cómo te llamas? Asher. Asher, «el hirviente». Un nombre que le convenía, a pesar de su calma, pensó Neftis. Aquel seductor debía de encender muchas pasiones. Ahora me toca a mí mostrarme indiscreta: ¿estás casado? Mi profesión me proporciona demasiado poco para alimentar a una esposa y unos hijos. Me desesperaría hacerlos infelices. Ese altruismo te honra. ¿Y si encontraras a una mujer independiente que ejerciera un oficio, incluso a una temporal de Abydos? El Anunciador pareció asombrado, casi escandalizado. Me concentro en mi labor Te felicito por ello, Asher. La técnica de fabricar cuencos de dura piedra me apasiona. ¿Aceptarías hablarme de ella durante una cena? El impudor de aquella mujer era típicamente egipcio. Bajo el reinado del verdadero Dios, una falta tan grave sería inmediatamente castigada con unos azotes, seguidos de un apaleamiento y una lapidación. El Anunciador contuvo su rabia y siguió mostrándose untuoso. Sois una sacerdotisa y yo un simple temporal. No quisiera importunaros. ¿Te parece bien mañana por la noche? Aunque hubiera decidido castigar a aquella mujer, al Anunciador le parecía una hembra muy seductora. Asintió.

16

No lo creo dijo Sobek el Protector a su adjunto. Sírveme más solomillo y una copa de vino. Aunque acostado y, oficialmente, cercano a la muerte, el jefe de la policía recuperaba su energía a increíble velocidad. La sangre de buey y los reconstituyentes del farmacéutico Renseneb le sentaban muy bien. Con todos mis respetos, jefe, ¡os equivocáis! Las pruebas son evidentes. ¿Acaso no disponemos de la firma de Sehotep? ¿Lo tomas por un imbécil? ¡No es hombre que se comporte de un modo tan estúpido! Si el cofre no os lo hubiera enviado un amigo, habríais desconfiado. Las estatuillas tenían que asesinaros y luego destruir el papiro. De ese modo, no hubiera quedado el menor rastro del culpable.

De ese modo, no hubiera quedado el menor rastro del culpable. Digitalizado por el Portal Masónico
De ese modo, no hubiera quedado el menor rastro del culpable. Digitalizado por el Portal Masónico

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 83

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS El razonamiento no carecía de

El razonamiento no carecía de interés. Los dioses os protegen, jefe, pero no juguéis demasiado con el destino. Os ofrece la ocasión de poner fuera de juego, sin posibilidad de seguir haciendo daño, al criminal que se oculta en el interior de la Casa del Rey. Sehotep, jefe de una organización terrorista de Menfis ¡Eso es impensable!

i Al contrario! Por eso no conseguimos desmantelarla. Sehotep era el primero en ser informado de los proyectos del faraón, y avisaba a sus cómplices en caso de peligro. Suprimiros resultaba indispensable porque os acercabais demasiado a él. Debido a las investigaciones realizadas sobre cada dignatario, perdió los nervios. Al eliminaros, decapitaba a la policía y detenía en seco sus investigaciones. ¿Acaso un miembro de la Casa del Rey no sabe manejar la magia y animar estatuillas asesinas? Sobek, turbado, se sirvió de nuevo de la sanguinolenta carne. ¿Y tus intenciones? Mis compañeros del cuerpo de élite de la policía y yo hemos presentado una denuncia ante el visir Khnum-Hotep. Hechos establecidos, prueba material, expediente claro y sólido. Exigimos que se ponga bajo control judicial a Sehotep y que comparezca ante el tribunal, acusado de intento de asesinato con premedita- ción. Sanción aplicable: la pena de muerte. ¿Acaso no es el justo castigo para un criminal de esa envergadura? Con la Casa del Rey deshonrada y Sesostris debilitado, los fundamentos del país

Las consecuencias de semejante condena resultarían desas-

se conmoverían

trosas. No obstante, había una perspectiva halagüeña: privada de su cabeza pensante, la organización terrorista de Menfis se vería obligada a dispersarse o a

desordenadas reacciones, fáciles de contrarrestar.

Y la pesadilla desaparecería.

No cabía duda alguna: el dispositivo de vigilancia en torno a la propiedad de Medes había sido levantado. Gracias al talento de su mujer como falsificadora y a

la carta anónima, las sospechas se dirigían a Sehotep. La policía se concentraba

en el alto dignatario cuya inculpación hacía inútil los demás seguimientos e investigaciones. Medes triunfaba. ¿Acaso Sehotep no ofrecía a las autoridades un soberbio chivo expiatorio y una magnífica pista falsa? Sus colegas, deseosos de vengar al Protector, no soltarían la presa. Medes, por su parte, seguía pareciendo un funcionario irreprochable y un perfecto servidor del monarca. Desconfiado, ordenó que procedieran a varias verificaciones para comprobar que ningún policía merodeara por los parajes, incluso cuando caía la noche. Cuando estuvo seguro de ello, aguardó que la casa estuviera dormida, se puso una túnica parda distinta de la que utilizaba de ordinario y se cubrió la cabeza con un

capuchón. Pese a todos los riesgos, debía entrevistarse con el libanés. Menfis dormía. De pronto oyó un ruido de pasos. ¡Una patrulla! Medes se pegó contra la puerta de un almacén, algo más atrás que las viviendas. Los soldados tal vez pasarían junto a él sin verlo. Cerró los ojos, pensando en las explicaciones que daría si lo detenían. Transcurrieron unos interminables minutos. La patrulla había dado media vuelta. Medes cambió diez veces de itinerario, hasta tener la certeza de que no lo seguían. Tranquilizado, se dirigió a casa del libanés y respetó el procedimiento de identi- ficación. Una vez cruzado el umbral, tres personajes con cara de pocos amigos lo flanquearon. El patrón ordena que registremos a cada visitante dijo un barbudo. ¡Ni hablar! ¿Ocultas una arma? Claro que no. Entonces, no te resistas. De lo contrario, te forzaremos. La aparición del libanés tranquilizó a Medes. ¡Que se aparten estos brutos! exigió el secretario de la Casa del Rey. Que respeten mis instrucciones exigió el obeso. Medes, pasmado, se resignó. Al entrar en el salón donde no había pasteles ni grandes caldos, regañó a su anfitrión. ¿Pero te has vuelto loco? ¡Tratarme, a mí, como a un sospechoso! Las circunstancias me obligan a ser extremadamente prudente. Por primera vez desde que se conocían, Medes consideró que el libanés estaba muy nervioso. ¿Es inminente la acción? El Anunciador lo decidirá. Yo estoy listo. No sin dificultades, por fin he conseguido conectar a mis diversos grupos de intervención. Gracias a mi estratagema, la policía se concentra en Sehotep, acusado de dirigir la organización terrorista y de haber intentado asesinar a Sobek el Protector. ¿Ha sobrevivido? Está gravemente herido. La cólera de sus colaboradores más próximos nos será útil. Inculpar a Sehotep supone socavar los fundamentos de la Casa del Rey. Aunque Sesostris crea en la inocencia de su amigo, el visir aplicará la ley y paralizará así parte del ejecutivo. El libanés se tranquilizó. Es un momento ideal ¡Que la orden del Anunciador no se haga esperar demasiado! Tienes que ayudarme más, Medes. ¿De qué modo? Mi organización necesita armas. Puñales, espadas y lanzas en gran cantidad.

necesita armas. Puñales, espadas y lanzas en gran cantidad. Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro
necesita armas. Puñales, espadas y lanzas en gran cantidad. Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 85

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS — Es difícil. Muy difícil.

Es difícil. Muy difícil. Nos acercamos al objetivo, la tibieza queda excluida. Estudiaré el problema, sin garantizar el resultado. Se trata de una orden declaró secamente el libanés. No ejecutarla equivaldría a una deserción.

Los dos hombres se desafiaron con la mirada. Medes no tomó la amenaza a la ligera. De momento, debía aceptar quedar en ridículo. Una vez lograda la victoria, se vengaría. Sobornar a los centinelas de la armería principal me parece imposible. Propongo una expedición contra el almacén del puerto por donde transita la producción de los talleres antes de la entrega al ejército. Gergu reclutará a algunos malhechores, ellos llamarán la atención de los centinelas. Luego, tendrán que intervenir tus hombres. Demasiado llamativo. Busca otra solución. Apoderarse de un cargamento destinado a una ciudad de provincias No es imposible. Sustituir los albaranes y, por tanto, modificar la naturaleza de la carga. ¡Pero no podemos reiterar ese tipo de manipulación! El error forzosamente será descubierto y los responsables sancionados. Una vez, sólo una vez podría li- brarme haciendo que acusaran a algunos inocentes. Apáñatelas como puedas, pero consíguelo. No es la policía la que ha amenazado a una de mis células, sino el ejército. Sobek el Protector ya no nos molesta, por lo que sólo nos queda un obstáculo importante que eliminar para desmantelar la protección de Menfis. Privados de su legendario general, los oficiales superiores se desgarrarán entre sí. ¿Te atreverías a emprenderla con Nesmontu? ¿Acaso admiras a uno de nuestros peores enemigos? ¡Goza del máximo grado de protección! Pues no, precisamente. El viejo Nesmontu se cree invulnerable, y se comporta como un hombre de tropa. Su desaparición será como un terremoto. El ejército y

la policía en plena crisis

¿Podemos soñar con algo mejor?

Fiel a sus costumbres, Nesmontu ofreció una cena de gala a los jóvenes reclutas. Vino tinto, buey en adobo, puré de legumbres, queso de cabra y pastas regadas con licor figuraban en el menú. El general contó algunos recuerdos de batallas y alabó los méritos de la disciplina, fermento de las victorias. Asaltado a preguntas, respondió de buena gana y prometió una exaltante carrera a quienes se entrenaran con dureza y no refunfuñaran ante ningún ejercicio, por fatigoso que éste fuese. Algunas canciones que no podían escuchar todos los oídos clausuraron aquel bien regado banquete. Levantarse al amanecer y una ducha fría anunció Nesmontu. Luego,

carrera a pie y manejo de armas. Un joven de anchos hombros se aproximó a él. Mi general, ¿me concederíais un inmenso favor? Te escucho. Mi esposa acaba de dar a luz. ¿Aceptaríais ser el padrino de mi muchacho? ¿Un vejestorio como yo? Precisamente, mi mujer piensa que vuestra longevidad será una bendición para el chiquillo. ¡Le gustaría tanto presentaros a nuestro hijo! Vivimos muy cerca del cuartel, no perderéis demasiado tiempo. De acuerdo, hagámoslo en seguida. Caminando a buen paso, el nuevo recluta precedió al general. Una primera calleja, una segunda a la derecha, la tercera de través, muy estrecha. De pronto, un siniestro crujido rompió el silencio y el joven soldado puso pies en polvorosa. ¡Cuidado! aulló Sekari, que seguía a los dos hombres, temiendo un atentado contra Nesmontu. El general dudó unos instantes entre perseguir al terrorista o retroceder, y esa vacilación le resultó fatal. Las vigas de un andamio desarticulado por los cómplices del falso soldado cayeron sobre Nesmontu, que quedó enterrado bajo aquel sudario de madera. Sekari intentó liberarlo.

Nesmontu

Viga tras viga, el agente secreto multiplicaba sus esfuerzos. Por fin, el cuerpo del general. Nesmontu tenía los ojos abiertos. Estás perdiendo el olfato, muchacho masculló. Ese cerdo ha huido. Por mi parte, tengo el brazo izquierdo roto, diversos hematomas y contusiones múltiples.

Puedo levantarme solo. Ha sido un atentado bien preparado señaló Sekari. Podrías haber muerto. Oficialmente, he muerto. Los terroristas querían matarme, así que démosles esa satisfacción. La noticia de mi muerte los invitará a salir de su madriguera.

¿me oyes? ¡Soy yo, Sekari! ¡Responde!

Firmar el acta de inculpación de Sehotep, su hermano del «Círculo de oro» de Abydos, era desgarrador para el visir Khnum-Hotep, pero tenía que aplicar la ley sin indulgencia ni preferencias personales. Y el expediente de la acusación no le permitía cerrar el asunto. Sin embargo, no cabía ninguna duda de la inocencia de Sehotep. El enemigo era tremendamente hábil: pretendía manipular a la policía y utilizar el sistema judicial egipcio para resquebrajar la Casa del Rey y hacer vulnerable a Sesostris. El visir no soportaba aquella derrota. De modo que intentaría convencer a Sobek de que su adjunto y sus colegas, al presentar la denuncia, estaban ayudando al Anunciador. Khnum-Hotep sufrió un vahído, y durante unos instantes perdió el conocimiento.

un vahído, y durante unos instantes perdió el conocimiento. Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro
un vahído, y durante unos instantes perdió el conocimiento. Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Digitalizado por el Portal Masónico del Guajiro

Page 87

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS

CHRISTIAN JAC - EL GRAN SECRETO - LOS MISTERIOS DE OSIRIS Al volver en sí, caminó

Al volver en sí, caminó hacia una ventana, se acodó en ella e intentó en vano respirar a fondo. Sintió entonces un dolor insoportable en mitad del pecho, que lo obligó a sentarse de nuevo. Privado de aire e incapaz de pedir ayuda, supo que no se recuperaría de aquel malestar. Los últimos pensamientos del visir volaron hacia Sesostris, rogándole que no abandonara la lucha y agradeciéndole que le hubiera concedido tanta felicidad. Juntos, sus perros aullaron a la muerte.

Construida a unos cincuenta metros al norte de la pirámide de Dachur, la espléndida morada de eternidad de Khnum-Hotep recibió la momia del visir en presencia de todos los miembros de la Casa del Rey, de Medes y de Sobek el Protector. Un pesado calor gravitaba sobre el paraje. Preparada rápidamente pero con gran cuidado, la momia fue bajada hasta el fondo de un pozo y depositada en un sarcófago. El rey en persona celebró los ritos funerarios. Tras la apertura de la boca, de los ojos y de las orejas de la momia, animó las escenas y los textos jeroglíficos de la capilla, donde un sacerdote del ka mantendría viva la memoria de Khnum-Hotep. Aquella muerte ofrecía a Medes una formidable esperanza. Con Sehotep fuera de juego, Senankh muy ocupado en su ministerio y considerado insustituible, ya no tenía competidores para el puesto de visir. Considerando al secretario de la Casa del Rey como un trabajador infatigable y un dignatario modelo, Sesostris elevaría a la dignidad de primer ministro a un cómplice del Anunciador. La muerte accidental del general Nesmontu aumentaba más aún la profunda tristeza de la concurrencia. Medes, que a duras penas podía poner cara de circuns- tancias, se extrañaba ante la presencia de Sobek. Este, muy desmejorado, se apoyaba en un bastón. Cuando salió de la capilla, Sesostris contempló largo rato la tumba de Khnum-Hotep. Luego se dirigió a los dignatarios. Debo acudir de inmediato a Abydos. Después de tantos acontecimientos trágicos, todos somos conscientes de los peligros que amenazan Menfis. En mi ausencia, el nuevo visir se encargará de la seguridad de los habitantes y manifestará una firmeza extrema ante eventuales disturbios. Que el sucesor de Khnum-Hotep se muestre digno de ese ser excepcional. Tú, Sobek el Protector, inspírate en su ejemplo y cumple esta función tan amarga como la hiel.

17

Mientras trasegaba un vino suave y azucarado, el libanés se felicitaba por haber tratado a Medes con la dureza necesaria. ¿Acaso el secretario de la Casa del Rey,

muy acostumbrado a su comodidad, no estaría adormeciéndose? El jefe de la

organización terrorista de Menfis, hundiendo un aguijón en su inconmensurable vanidad, lo obligaba a demostrar la magnitud real de su compromiso y su capacidad de acción.

Y el resultado no decepcionaba al libanés.

De barrio en barrio, la noticia dejaba pasmada a Menfis: Nesmontu había muerto. Atentado según unos, accidente según otros.

La muerte de Khnum-Hotep, la acusación de Sehotep, la desaparición del viejo