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© Cortesía CLAUDIA RUBIO

La seguridad ciudadana:

tema obligado

L a presencia de las bandas posdesmovilización con 4.000 hombres en 151 muni- cipios de 17 departamentos del país; los 15.400 asesinatos

registrados en Colombia durante 2010, el 47% cometidos por sicarios, y las casi cuatro de cada diez muertes el año pasado por into- lerancia son algunas de las problemáticas de inseguridad, violencia y convivencia que enfrenta la ciudadanía. Estas realidades de seguridad y convi- vencia que evidencian las cifras de la Policía Nacional y el Ministerio de Defensa son la causa de preocupación de muchos colombia- nos y de alerta por el temor de que algunos de estos problemas se conviertan en una ame- naza para la seguridad del país y, todas, en un desafío para la seguridad ciudadana. Como autoridades que tienen la respon- sabilidad constitucional y legal de enfrentar los problemas de seguridad en sus jurisdic- ciones, el primer compromiso que deben asumir los próximos alcaldes y gobernadores es garantizar la vida, la integridad y los bienes de los ciudadanos de sus territorios y dar una atención especial a aquellas poblaciones en estado de mayor vulnerabilidad. “La primera salida siempre es la represión policial y el uso de la fuerza y no intervenciones que puedan resolver los problemas de fondo. Las próximas autoridades deberán pasar de la seguridad represiva a la seguridad ligada a la justicia y a la protección. Esto

exige la articulación con el Gobierno na- cional y creatividad”, señala Jorge Restre- po, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos. Si bien se requiere aumentar el pie de fuerza, una mayor presencia de la Policía Na-

cional y acciones contundentes de la justicia, también son fundamento de la seguridad las políticas preventivas. “Estas políticas deben buscar prevenir riesgos a través de mecanis- mos como el control a las armas de fuego, al consumo de drogas y alcohol, y el estímulo y creación de programas de resolución pacífica de conflictos interpersonales, comunitarios

y familiares”, afirma el asesor en seguridad

ciudadana Hugo Acero Velásquez, para quien también es necesario trabajar en un aspecto sobre el cual a veces no se presta mayor aten- ción: la recuperación de los espacios urbanos, públicos y privados, que por su condición de deterioro facilitan la acción delincuencial. Para él, la prioridad debe ser la elaboración de “un plan de convivencia y seguridad ciu- dadana que contemple acciones preventivas, disuasivas y coercitivas, dando de esta forma

un tratamiento integral a los problemas de violencia y delincuencia” y al que se vincule la sociedad civil en su diseño, implementación

y seguimiento, indica en su investigación

Planeación de la convivencia y la seguridad

ciudadana. Para que sea una acción integral, hay que hacer ese vínculo entre la seguridad

y los programas de desarrollo, como lo señala

Restrepo: “es decir, unir seguridad con es-

Las agendas no pueden dejar de lado los programas de desarme ciudadano y para prevenir el reclutamiento.

de desarme ciudadano y para prevenir el reclutamiento.   • •• Hechos Hechos de de

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 • •• Hechos Hechos de de Paz Paz cuelas, con educación, con normalización de asentamientos
 • •• Hechos Hechos de de Paz Paz cuelas, con educación, con normalización de asentamientos

cuelas, con educación, con normalización de asentamientos subnormales, con la agenda de formación de los jóvenes, con la renova- ción de la infraestructura urbana… Se trata de romper las barreras de la exclusión. Todo esto tiene relación con la seguridad”. En el mismo sentido, se requiere que el tema de la juventud haga parte integral de las agendas programáticas con propuestas con- cretas para reducir el riesgo de que los jóvenes sean reclutados por el crimen organizado, para que cuenten con oportunidades, para promover y fortalecer nuevos liderazgos, para que reciban una capacitación integral que los ayude a enfrentar el futuro y para desestimular el consumo de alcohol y otras drogas y promover el desarme ciudadano. La seguridad ciudadana también incluye sanar heridas, lo que requiere que las próxi- mas autoridades tengan programas para con- tribuir a la restitución de bienes y la reparación integral, a identificar a las víctimas, a construir la memoria histórica y a lograr la verdad. Y teniendo en cuenta que muchas proble- máticas de seguridad ciudadana y convivencia empiezan en conflictos menores que no se atienden a tiempo, sería aconsejable que los programas políticos incluyeran accio- nes para “promover, a nivel institucional y ciudadano la capacitación y utilización de los Mecanismos Alternativos de Solución de Conflictos; construir y poner en funciona- miento unidades donde funcionarios y co- munidades resuelvan conflictos de manera pacífica y crear y/o fortalecer las comisarías de familia y unidades de mediación y conci- liación”, señala el estudio. En síntesis, un plan integral debería tener en cuenta al menos ocho ejes, advierte Acero en su investigación: fortalecer la institucio- nalidad para el manejo de la convivencia y la seguridad ciudadana, fortalecer la acción de las autoridades de seguridad y de justicia, acercar la justicia restaurativa a los ciuda- danos, reducir los factores de riesgo, atender a grupos vulnerables y minorías, recuperar y mejorar los entornos urbanos deteriorados que facilitan los actos delictivos, mejorar la percepción de seguridad promoviendo el uso adecuado del tiempo libre y el espacio públi- co y definir un conjunto de metas a las cuales estén dirigidas todas las acciones del plan.