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¿Que nos indica la CIC?

La Capacidad de Intercambio Catiónico (CIC) es una medida de cantidad de


cargas negativas presentes en las superficies de los minerales y componentes
orgánicos del suelo (arcilla, materia orgánica o sustancias húmicas) y representa
la cantidad de cationes que las superficies pueden retener (Ca, Mg, Na, K, NH4
etc.).

¿Cómo se calcula el CIC?


CICe = bases (Ca, Mg, K, Na) + (Al+3+H+) extractado con KCl. Uno de los
factores que determina el valor de la CIC es el pH, del cual depende la reacción de
la solución del suelo.

Retención de los cationes del suelo

Los nutrientes disueltos en la solución aquosa del suelo son facilmente disponibles por las
plantas, pero también pueden ser retenidos o lixiviados. Por ese motivo, los nutrientes en un
suelo deben ser absorbidos por las plantas o retenidos por el suelo, sinó se lavarán con el riego
o lluvias intensas.

El suelo dispone de dos componentes que tienen capacidad de retener cationes: la materia
orgánica y la arcilla. La materia orgánica del suelo tiene carga positiva y negativa, atrae y
retiene cationes y aniones por igual. Las partículas de arcilla generalmente tienen carga
negativa, atraen y retienen nutrientes cargados positivamente (cationes), entre otros.

Así pues, la Capacidad de Intercambio Catiónico es una medida que referencia cuantos sitios
cargados negativamente están disponibles en un suelo.

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Funcionamiento del intercambio de cationes

Los cationes quedan retenidos en la superficie de la materia orgánica o la arcilla mediante una
carga eléctrica estática débil, quedando adsorbidos, y pudiendo ser desplazadas por otras
partículas cargadas (iones) en la solución del suelo.

Las raíces de las plantas, así como los microorganismos edáficos, exudan o sueltan iones de
hidrógeno H+ al suelo, y cuando la concentración de hidrógeno en la solución del suelo es
suficientemente elevada, envuelven al nutriente catiónico y se aproximan más al sitio de
intercambio cargado negativamente que lo que está el nutriente. Entonces los iones H + llenan el
sitio de intercambio, neutralizan la carga negativa, y el nutriente queda liberado de su enlace
estático y queda libre para ser absorbido por las plantas o microorganismos. La manera en que
esto funciona, es que las raíces y los microorganismos expiran o respiran dióxido de carbono
(CO2) en el suelo, que se combina con el agua del suelo y forma ácido carbónico (H 2CO3). Los
iones de hidrógeno del ácido carbónico son los que reemplazan lo nutrientes catiónicos en el
sitio de intercambio.
Fuente: http://cienciasdelsuelodv.blogspot.com/2015/02/propiedades-quimicas_8.html
Por ejemplificarlo, un ion de calcio (Ca2+) retenido en el sitio de intercambio tiene una carga
positiva doble (2+), pero cuando suficientes iones H+ lo envuelven de manera que se acercan
más que él al sitio de intercambio, dos iones H+ reemplazan al ion Ca2+ y la planta o el
microorganismo puede disponer del calcio liberado.
Así pues, las raíces de las plantas y los microorganismos pueden donar un par de iones de
hidrógeno (H+) para llenar los dos sitios negativos ocupados por el ión calcio (Ca 2+), liberándolo
para ser absorbido como nutriente. Asímismo, se pueden producir cuantiosos intercambios:
2H+ por 1 Ca2+, o 2H+ por 1 Mg2+, 1 H+ por 1 K+, o 1 Mg2+ por 1 Ca2+, o 2 K+ por 1 Ca2+, etc…
Cuantos más iones H+ son incorporados al suelo, por acción de las raíces, de los
microorganismos o por el hidrógeno libre en la lluvia (recordar que el pH de la lluvia es de 5-
5,5), más espacios de la CIC son ocupados por H+, volviéndose el pH del suelo más ácido y
perdiendo los cationes del intercambio de la CIC.

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La CIC y el suelo

La CIC está estrechamente relacionada con la textura de un suelo, es decir, el tamaño de sus
partículas. De manera general, un suelo arenoso tiene una baja CIC, mientras que suelos
arcillosos, dependiendo del tipo de arcilla, la CIC es elevada. A su vez, un suelo rico en materia
organica en forma de humus tiene una elevada CIC, mientras que poca materia orgánica
dispone de una CIC baja.

Datos orientativos de la capacidad


de intercambio catiónico de diversos sustratos y de distintas texturas de suelos. Adaptado por
Culturaedafica.

La materia orgánica (m.o.) procedente de compost, estiércol o de residuos de cultivo, no


disponen de mucha CIC hasta que no son transformados en humus, partículas muy pequeñas
de complejas estructuras de carbono (coloides), que pueden retener y liberar muchas veces su
propio peso en agua y nutrientes vegetales. Cuanta mayor sea la cantidad de humus del suelo,
mayor será su capacidad de intercambio. La manera directa de disponer de mayor cantidad de
humus es aplicar m.o. y disponer de buena microbiología en el suelo para su descomposición.

Para elevar la CIC del suelo se consideran aplicaciones de materia orgánica (con microbiología
en el suelo), carbón vegetal, arcillas de alta CIC (montmorillonita, bentonita), lignito
(leonardita) que contiene grandes cantidades de humus y ácidos húmicos, otras fuentes de
ácidos húmicos. Tanto el carbón vegetal como la montmorillonita ofrecen una capacidad de
intercambio permanente.
En referencia al pH del suelo (ver articulo pH), un suelo de pH 7 no tendrá nada de
H+ intercambiable adsorbido en los coloides, y si el pH es mayor, habrá más minerales
disponibles en el suelo de los que los sitios de intercambio podrían retener. En un suelo
correctamente balanceado, el pH tenderá a 6,5 que es el óptimo para la mayoría de plantas y
para el desarrollo de la microbiota.

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La equivalencia entre iones

Vamos a intentar comprender como se intercambian los iones.

Por ejemplo, una CIC de 1 necesitará 1 mg de H+ para llenar todos los sitios de intercambio
negativo en 100 gramos de suelo, así como una CIC de 300 necesitará 300 mg de H+. El
concepto equivalente (meq) significa que otros cationes pueden sustituir al H +. Por lo tanto,
para un suelo con una CIC de 1, ocupado por 1 mg de H+, éste puede intercambiarse por 20 mg
de Ca2+ o 12 mg de Mg2+ o 39 mg de K+…
Es curioso que se requiera más calcio, o magnesio, o potásio, que hidrogeno para llenar los
sitios de intercambio. Para ejemplificarlo esto, se deberán tener en cuenta sus pesos atómicos.
El hidrógeno tiene un peso atómico de 1, mientras el del potasio es de 39. Ambos tienen carga
simple (H+ y K+), por lo que la cantidad de iones para intercambiar de K + por H+ son los mismos,
es decir que se intercambia un H+ de peso 1 por un K+ de peso 39.
Por otro lado, el calcio tiene un peso atómico de 40, así pues, el calcio pesa 40 veces más que el
hidrógeno. A su vez, el calcio tiene carga doble (Ca 2+) a diferencia del hidrógeno que posee carga
simple (H+), de modo que cada ión de calcio llena dos sitios de intercambio. Así, se requieren la
mitad de iones de calcio que de hidrógeno para llenar los sitios de intercambio, necesitándose
20 mg de Ca2+ para sustituir el hidrógeno que ocupaba los sitios de intercambio.

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Valores de las equivalencias


El uso del equivalente de miligramo o miliequivalente (meq) es la unidad de medida de la CIC
que equivale a 1 miligramo de H+ intercambiable.

En 100 gramos de suelo, 1 meq equivale a =

1 miligramo de H+
20 mg de Calcio Ca2+
12 mg de Magnesio Mg2+
39 mg de Potasio K+
23 mg de Sodio Na+ Un peso equivalente es igual al peso atómico del elemento dividido entre su
valencia:

En una analítica de laboratorio la CIC se mide en términos de la suma de las concentraciones


en partes por millón (ppm) de los cationes desplazados. Estos valores son convertidos a
meq/100 g de la forma siguiente:

meq/100 g = ppm del catión /(peso equivalente x 10)

A continuación, se indican los números de los pesos usados para lo conversión de cationes a
valores de miliequivalentes. Al especificar los datos en partes por millón (ppm), y considerando
que 100 gramos es 1/10 de 1 kilogramo, se multiplican los valores de meq por 10 para obtener
ppm o mg/Kg.

La convención usada para estimar la unidad de kilogramos por hectárea (kg/ha) es que los 15-
17 cm superficiales de suelo pesan 2.000.000 kg, de modo que 1 ppm = 2 kg/ha. Así pues, a
nivel de superficie, considerándose una hectárea a una profundidad de 15-17 cm, 1 meq =

20 kg de Hidrógeno H+
400 kg de Calcio Ca2+
240 kg de Magnesio Mg2+
780 kg de Potasio K+
460 kg de Sodio Na+

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Las unidades de la CIC


En la actualidad, las unidades aceptadas en los entornos científicos para expresar la CIC es
cmolc/kg (centimoles de carga por kg de suelo), aunque todavía se usa la nomenclatura antigua
de miliequivalente (meq), en la que se basan muchos de los conocimientos hasta hoy dia. La
magnitud se mantiene, siendo 1 meq/100g = 1 cmolc/kg.

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Proporción de los elementos del suelo para una óptima CIC para las plantas
En este apartado resulta inevitable mencionar al Dr. William Albrecht, y citar igualmente la
estupenda bibliografía El Suelo Ideal: Un manual para la nueva agricultura (2015), de Michael
Astera con Agricola, de recomendada lectura.
El Dr. Albrecht y sus compañeros de la Estación Agrícola Experimental de la Universidad de
Missouri experimentaron abundantemente entre 1920-1940 con diferentes proporciones de
nutrientes catiónicos. Concluyeron que los cultivos más saludables y nutritivos, eran
cosechados en suelos con una CIC saturada con alrededor del 65% de Calcio, 15% de Magnesio,
4% de Potasio, y de 1 a 5% de Sodio, y el resto será llenada con otras bases, como Cobre, Zinc,
Hierro, Manganeso, y finalmente ocupado por Hidrógeno intercambiable H+. Además, influye
en una buena estructura de suelo y del pH. No hay que plantear estas proporciones como una
norma, sinó como una orientación, que puede variar según tipo de suelo y otros factores.

En cuanto a nomenclatura, comentar que el porcentaje de la CIC que ocupa un catión también
se conoce como el porcentaje de saturación de bases. Y en cuanto al concepto de suelo ideal, se
refiere a la excelente combinación de la fracción inorgánica del suelo (elementos nutritivos),
citándose también con el concepto de suelo balanceado. A continuación se expone una tabla de
suelo ideal (de la capa arable 15-17 cm) de las conclusiones del Dr. Albrecht sobre los rangos en
porcentaje para la saturación de bases de los suelos, para la mayoría de las plantas. No
considerar los valores como un dogma, sino como datos orientativos, como una guía:
Fuente: El Suelo Ideal: Un manual para la nueva agricultura (2015), de Michael Astera con Agricola. También
se muestra una tabla en la web http://www.soilminerals.com/IdealSoilII.htm, aunque se presentan algunas
diferencias.

Estos datos no reflejan la importancia de un elemento en la salud de los seres vivos, sino
únicamente su rango aproximado de abundancia para un suelo fértil y balanceado.
Hasta alcanzar estos datos propuestos en la tabla, puede ser un proceso lento, los cambios no
se observan de manera inmediata, y su alcance (dependiendo de la situación inicial) puede ser
costoso. Se recomienda tender hacia ellos, poco a poco, sin tratar de conseguirlo de golpe.

Las concentraciones de los elementos mostrados en esta tabla son perfectamente seguras para
las plantas una vez que han sido asimilados por el suelo vivo. Muchos suelos contienen
naturalmente niveles más altos de minerales disponibles que los que se requieren en la tabla. A
tal efecto, resulta necesario realizar una analítica del suelo para conocer el punto de partida.

El método del Dr. Albrecht está diseñado para trabajar con el análisis Mehlich 3 (explicado
brevemente a continuación), puesto que se considera un pH de 6,5 el óptimo para la mayoría
de las plantas.

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Analítica de suelo

Para conocer el potencial de nuestro suelo en su capacidad de intercambio iónico y en que


proporción de elementos, es imprescindible realizar una analítica del suelo, de la capa
superficial (alrededor de los 15 cm).

Para poder realizar un correcto balanceo del suelo, se recomienda disponer de una analítica de
(en ppm):
 Cationes primarios: Calcio, magnesio, potasio y sodio.
 Aniones primarios: Fósforo y azufre.
 Elementos secundarios: Boro, hierro, manganeso, cobre y zinc.
Hay dos tipos principales de analíticas de suelos según su pH: recomendablemente se usa
Mehlich 3 (M3) para suelos con pH menor de 7 [para más información del M3, está bien este
artículo], y mediante acetato de amonio como extractante (AA8,2) para suelos con pH mayor de
7. Un método rápido y barato para conocer si estamos por encima o por debajo de pH neutro
consiste en agregar vinagre (ácido acético) al suelo y ver si burbujea, lo que se conoce como
prueba del vinagre, y si se observa reacción significa que el suelo es alcalino; o usar las tiras
tornasol de medición de pH, que también son baratas.

Los distintos métodos pueden aportar cierta discrepancia de datos, por lo que resulta
importante realizar la analítica apropiada a cada caso. En Cataluña, así como en la Península
Ibérica, la mayoría de suelos son calcáreos (pH mayor de 7), auqnue las zonas norte y otras
áreas de elevada precipitación anual presentan suelos ácidos. Normalmente los laboratorios ya
usan las analíticas pertinentes.

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Proporción Calcio/Magnesio
El calcio y el magnesio son los dos elementos mayoritarios en los suelos balanceados, y su
proporción es la base elemental. Si hay demasiado calcio, el suelo perderá textura y cohesión, y
drenará fácilmente incrementándose la erosión, y si hay demasiado magnesio, el suelo quedará
compacto, evitando que el agua y el aire se muevan libremente a través de las partículas del
suelo. La proporción ideal sería Ca:Mg de 68%:12%, tal y como se indica en la tabla.

De esta manera, suelos muy arcillosos quizás necesiten desapelmazarse, y requieran una
proporción Ca:Mg de más calcio y menos magnesio (75%:10%); mientras que suelos arenosos
necesiten compactarse un poco para retener agua y prevenir la erosión, y requieran una
proporción Ca:Mg inversa (60%:20%). Aún así, en ningún caso la saturación de calcio debe
estar por debajo del 60% o la de magnesio por debajo del 10%, a menos que se siembren
cultivos especiales, como arándanos o rododendros, que requieran suelos ácidos o mucho
magnesio o mucho calcio.

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Cálculo de la CIC

La convención usada para estimar kilogramos por hectárea (kg/ha) es que los 15 a 18 cm
superficiales de suelo pesan 2.000.000 kg, de modo que 1 ppm = 2 kg/ha.

Para convertir estos números a kg/ha o lb/ac, multipliquemos por 2:

200 ppm = 400 kg/ha o 400 lb/ac

Tal y como se ha comentado anteriormente, por 100 gramos de suelo:

El cálculo de la CIC depende del pH del suelo, si éste es básico o ácido. Las formulaciones,
según El Suelo Ideal: Un manual para la nueva agricultura, serían:
Veamos un ejemplo… Se analiza un suelo del municipio de Aguiló, en la comarca de la Conca de
Barberà, en Cataluña. Es un campo que anualmente se planta de cereal de invierno. La analítica
nos confirma que su textura es franco-arcillosa. Veamos un extracto de la analítica del suelo:

Observamos que el pH del suelo es mayor de 7, por lo que usaremos la fórmula para calcular la
CIC en suelo básicos:

Una vez calculada la CIC, veámos la capacidad de intercambio catiónico simplificado que plantea
Albrecht.
Resumen de nuestro suelo:

Capacidad de Calcio encontrado Magnesio encontrado Potasio encontrado Sodio encontrado


Intercambio (ppm) (ppm) (ppm) (ppm)

36,35 6836 215 126 14

La capacidad de intercambio catiónico del suelo es 36,35 meq. Multipliquemos cada elemento
por la cantidad necesitada (en ppm) para saturar la CIC al 100%:

Ca: 36,35 x 200 = 7.270 ppm

Mg: 36,35 x 120 = 4.362 ppm

K: 36,35 x 390 = 14.176,5 ppm

Na: 36,35 x 230 = 8.360,5 ppm

La tabla de arriba muestra cuántas partes por millón encontró el análisis de suelos. Para saber
el porcentaje de saturación de bases que ocupa cada elemento en nuestro ejemplo, dividamos la
cantidad medida por el laboratorio entre la cantidad necesitada para saturar al 100%:

Ca: 6836 / 7.270 = 0,94 o 94%

Mg: 215 / 4.362 = 0,05 o 5%

K: 126 / 14.176,5 = 0,008 o 0,8%

Na: 14 / 8.360,5 = 0,002 o 0,2%

Calcio Magnesio Potasio Sodio

94% 5% 0,8% 0,2%


Porcentaje de saturación de bases de la muestra de suelo

Recordemos que queremos un 68% Ca, 12% Mg, 4% K, y 1.5% Na. Para calcular lo que sería la
proporción “ideal” en este suelo, simplemente multiplicamos la capacidad de intercambio
(36,35) por la cantidad necesitada para saturar 100% del 1 meq, y luego multiplicar ese
resultado por el porcentaje de saturación deseado.

68% Calcio: 36,35 x 200 x 0,68 = 4.943,6 ppm

12% Magnesio: 36,35 x 120 x 0,12 = 523,4 ppm

4% Potasio: 36,35 x 390 x 0,04 = 567,06 ppm

1.5% Sodio: 36,35 x 230 x 0,015 = 125,4 ppm


A continuación restaremos la cantidad medida en la analítica de suelos a la cantidad ideal que
calculamos arriba para averiguar la cantidad que necesitamos agregar o reducir:

Ca: 4.943,6 – 6836 = -1.892,4 ppm

Mg: 523,4 –215 = 308,4 ppm

K: 567,06 – 126 = 441,06 ppm

Na: 125,4 – 14 = 111,4 ppm

Calcio Magnesio Potasio Sodio

-1.892 ppm 308 ppm 441 ppm 111 ppm


Cantidad necesaria para aumentar o reducir la saturación de bases al nivel ideal
Se concluye pues, que en este suelo deberemos reducir mucho la cantidad de calcio (en 1.892 ppm), y
por el contrario, aumentar la concentración de magnesio, potasio y sodio.
Como mencionamos anteriormente, diferentes suelos podrían necesitar una proporción
diferente a la proporción “ideal”. Suelos arcillosos pesados podrían necesitar hasta 80% o más
de saturación de Ca, y suelos arenosos ligeros hasta 20% de Mg. Como regla general, la
cantidad de Potasio K debería igualar la cantidad de Magnesio Mg en peso, pero el nivel de K no
debería ser más de 5% de la saturación de bases. El % de Sodio Na no es crítico mientras esté
por arriba de 0.5 % y abajo de 5%; sin embargo, si el % de Na está por abajo de 2% nos da la
oportunidad de agregar sal de mar al suelo, una excelente fuente de todos los minerales traza
disueltos en el océano.

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Incrementar la CIC del suelo

Aumentar la capacidad de intercambio de un suelo normalmente es una faena de largo plazo.


Son variadas las materias que se pueden agregar al suelo y que ayudan a éste incremento,
dónde año tras año mejoraremos su aptitud:
 Materia orgánica: la m.o. en el suelo se degrada por acción de los microorganismos, mediante la mineralización o
degradación a forma de elementos minerales solubles que servirán de nutrición a las plantas, o mediante la humificación o
degradación a forma de humus estable que permanece largo tiempo en el suelo. Es decir, la m.o. primero se mineraliza
rápidamente y cuando ya no puede degradarse más aparece el humus estable. El humus estable tiene una CIC de hasta 200
meq.
 Humatos minerales (leonarditas o bernarditas) y ácidos húmicos y fúlvicos: Las fuentes de humatos de mayor calidad
tendrán un contenido de ácido húmico por encima de 70% en peso y una capacidad de intercambio de 200 a 300 meq. La
tasa de aplicación varía dependiendo del tipo de suelo, pero en suelos con baja CIC, se puede aplicar alrededor de 400
kg/ha como máximo.
 Carbón vegetal o biochar: Investigaciones de la capacidad de intercambio del biochar, por ejemplo hecho de serrín de
pino, con mediciones de entre 22 y 138 meq. En el uso del biochar hay ventajas e inconvenientes que vale la pena
conocer:

– Ventajas:
La evidente es que aumenta la CIC.

Su deterioro es muy lento, por lo que resulta estable a lo largo del tiempo (puede mantenerse
inalterable durante siglos). Su estabilidad convina muy bien con aportes de m.o. y humus, que
son materiales de descomposición más rápida.

Se puede elaborar con productos de la misma finca o de fácil adquisición.

Se puede utilizar en grandes cantidades.

– Inconvenientes (las desvantajas son generalmente a corto plazo):

El biochar recién hecho es hidrofóbico y difícil de humedecer.

El biochar puede necesitar algunos años hasta alcanzar su máxima capacidad de intercambio.

El biochar aplicado recientemente puede bajar la concentración de nutrientes esenciales por


medio de disolución simple.

El biochar fresco puede adsorber fuertemente grandes cantidades de nutrientes aniones y


cationes de la solución agua/suelo, haciéndolos temporalmente menos disponibles para las
plantas y microorganismos del suelo.
 Fragmentos de cerámica cocida a fuego bajo: Este tipo de fragmentos se ha encontrado también en los suelos de terra
preta, dónde se reportan abundantes fragmentos de cerámica cocida a fuego lento del tipo terracota. Estas arcillas
altamente porosas y ligeramente fundidas han sido usadas por su habilidad de capturar y retener elementos. Por el
contrario, arcillas cocidas a altas temperaturas, como la porcelana o el gres, no son porosas y no ayudaran a incrementar la
CIC del suelo.
 Vermiculita expandida: La vermiculita es una mica hidratada, un tipo de arcilla laminar. La vermiculita expandida tiene
una CIC de alrededor de 100 meq por 100 g. La vermiculita expandida es muy ligera y tiene unas excelentes propiedades
de retención de agua, así como una elevada CIC. Su principal desventaja es que cuando está fresca, sus sitios de
intercambio están saturados con magnesio y hierro, los cuales pueden agregar niveles indeseados de Mg y Fe al suelo.
 Arcillas con elevada CIC: Ejemplos de este tipo de arcillas son la bentonita cálcica o la montmorillonita. Las bentonitas
cálcicas tienen una CIC de 70 a 100 meq. Por el contrario, en suelos muy arcillosos con una CIC reducida, seria
indeseable añadir más arcilla, siendo más recomendable usar otros elevadores de CIC como biochar, humatos, zeolita
granular o un aumento de la materia orgánica. La bentonita cálcica funciona mejor cuando se combina con un compostaje
maduro.
 Zeolitas: Aunque existen más tipos de zeolitas, la que se usa generalmente en agricultura es la clinoptilolita, un compuesto
de arcillas duras de elevada CIC. La clinoptilolita posee una CIC de 254 meq en 100 gramos.

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