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REFLEXIONES SOBRE EL SIGNIFICADO DE LA BACIA

Por Guillermo Zúñiga Benavides.

Desde Pasto se propone que el recordatorio de la celebración de los


Cuatrocientos años de la primera edición del Quijote, sea la bacía. Hay varias
razones. Sea lo primero saber qué es una bacía y por qué y cómo, la obtuvo don
Quijote. La bacía es el sombrero que lleva Don Quijote como yelmo para proteger
su “majín” (cabeza).

Inicialmente, la bacía fue un utensilio que los campesinos de Europa, en la Edad


Media, utilizaron como recipiente para ordeñar sus animales; a las bacías viejas y
deterioradas les cambiaron de oficio, en el invierno fueron dejadas debajo de las
camas para usarlas por la noche como recipientes para orinar y evitar el intenso
frío. Luego tuvo una variación, a la bacía le hicieron, en el borde, una especie de
media luna por donde los barberos calzaban el cuello del cliente para poner sus
barbas en remojo.

En el Quijote los objetos que usan los personajes no son gratuitos; la bacía, Don
Quijote la obtuvo cuando vio venir un hombre a caballo, con algo en la cabeza que
relumbraba como si fuera de oro; le dijo, entonces, a Sancho… " si no me engaño,
hacia nosotros viene uno que trae en su cabeza puesto el yelmo de Mambrino…"1
Pero se trataba de un humilde barbero que viajaba sobre un burro, de un pueblo a
otro, a ejercer su oficio. Lo cierto fue que el tranquilo barbero se vio de pronto
embestido por don Quijote sobre su Rocinante; se asustó al ver la lanza cerca,
cayó de su burro y salió a correr. La bacía quedó en el suelo; Don Quijote mandó
a su escudero que le llevara el yelmo y luego el caballero se lo colocó en la
cabeza como una protección, pues el yelmo era una parte de la armadura antigua
que resguardaba la cabeza y el rostro; pero además el de Mambrino, que fue un
rey moro, célebre en los libros de caballería, era un yelmo encantado que lo hacía
invulnerable.

La bacía está llena de hondo significado; la parte cóncava, que constituye como la
copa de un sombrero, que forma una especie de esfera, representa la fase de la
luna llena y el ala que la rodea con su media luna, simboliza las fases creciente y

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CERVANTES, M. 1997 El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha. Panamericana Editorial. Bogotá. P.186.

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menguante. Es un símbolo del ciclo básico del tiempo, el de la luna.


No es gratuito, que el caballero andante lleve el ciclo de la luna en su cabeza,
con toda la carga simbólica que esto conlleva en términos de adecuar la vida a los
ritmos de la naturaleza, para tenerlos en cuenta en todas las decisiones que se
tomen, bien sea para iniciar procesos y proyectos cuando la luna está en cuarto
creciente o para terminar procesos o cambiar situaciones o actitudes que se
quieren superar cuando el ciclo apunta al cuarto menguante.

Es también aceptar que somos seres interdependientes e interrelacionados en un


gran ecosistema cósmico; donde todo lo que hacemos o dejamos de hacer tiene
profundas implicaciones no sólo a nivel individual sino también social. En términos
de energía significa caer en cuenta que fundamentalmente somos generadores,
transmisores y transformadores de energía: nuestros pensamientos, nuestras
palabras y nuestras acciones son expresiones de energía, que cuando tienen
características de positividad sembramos armonía y equilibrio, al igual que cuando
está signada por la negatividad se abre la puerta al conflicto y la desarmonía.

La validez de un escrito está en relación a su capacidad para producir un sentido.


La validez del símbolo, de igual manera, se da en la medida en que se hace
conciencia de su significado, del sentido que tiene al usarlo. Si en la bacía se
simboliza el tiempo, que desde fechas inmemoriales se mide por el ciclo básico de
la luna, se desprende que tiene un sentido: se debe llevar el tiempo en la cabeza,
porque él es un término relativo, que cada uno lo acorta o lo alarga en la medida
en que se lo maneja como una categoría que depende de la actitud mental que se
tenga frente a él. Piense que no tiene tiempo y verá que efectivamente se le
escapa “como el agua entre los dedos”; siempre tenga en mente que dispone de
todo el tiempo del mundo y verá cómo puede cumplir a cabalidad con todos sus
compromisos. A veces nos decimos que somos muy racionales y obramos como
lo contrario.

El Quijote plantea, también, el problema de la realidad: “no existe una realidad en


sí y por sí, no hay más que versiones”; por tanto no existe una realidad en qué
apoyarse, con relación a la cual se defina una “locura” como la de Don Quijote. No
hay más que versiones, textos diferentes que se relacionan entre sí y que deben
ser descifrados. Sancho, por ejemplo, opone al texto de Don Quijote otro texto
muy colectivo y en parte también delirante, como son los refranes, que también
son un texto y una traducción de la vida. Toda la obra es una confrontación de
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textos de los diferentes personajes que son narradores de un mismo


acontecimiento sobre el que se entrecruzan diferentes puntos de vista.2

Sorprende que el Quijote se adelante a la actual interpretación de relatividad de


toda la existencia como consecuencia del descubrimiento de la Ley de la
relatividad en 1905 por Einstein. Desde esta fecha el hombre comenzó a
comprender que por fuera de él no existe una realidad objetiva, sino que ésta es
percibida en forma diferente y específica por cada uno, según su cultura, sus
preconceptos, su ubicación en el tiempo y en el espacio. Se habla, entonces, de
múltiples realidades, cada una sustentada por una percepción e interpretación
diferente. Por tanto, es necesario, mediante el diálogo, ponerse de acuerdo sobre
qué realidad se está hablando, sobre qué realidad es necesario concertar
opiniones para tratar de transformarla según sean los deseos e intenciones. Y
cuando se habla de transformar la realidad sobre la que no se está de acuerdo
aparece como un requisito indispensable la construcción de una visión de futuro
en la que se imagina como realidad la situación ya transformada. Se dispone,
entonces, de un rumbo hacia el cual dirigir todos los esfuerzos y todas las
acciones.

Se considera una afortunada herencia del pensamiento de Don Miguel de


Cervantes Saavedra el símbolo de la bacía. Significa que en cada espíritu, en
cada uno de nosotros debe existir un Quijote cuya misión sea la de “desfacer
entuertos”, que traducido a nuestro lenguaje cotidiano, significa el ir por los
cuatro costados de la tierra haciendo el bien a quien lo necesite; que cada uno
lleva a un Quijote con su locura para enfrentar situaciones cotidianas, un Quijote
que sin la supuesta razón puede llegar a “desfacer entuertos”, y muchos pueden
burlarse de aquello. Es el precio de tener opiniones divergentes de la mayoría. Se
puede decir es el precio de imaginar el futuro que deseamos para nuestros hijos
en términos del país y la sociedad que soñamos.

Tomemos éste como un regalo que sirve también de amuleto en este trajinar que
cada día se muestra más ensombrecido, que cada día parece no tener un rumbo
cierto por el cual buscamos el sitio de llegada a una planicie en donde la
concordia, en donde la hermandad, en donde la igualdad, y por lo tanto la paz nos
puedan hacer sentir más que nunca unos seres humanos.

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ZULETA, E. El Quijote, un nuevo sentido de la aventura. Hombre Nuevo Editores. Fundación Estanislao Zuleta. Medellín. 2001. Pp. 46-47
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Para lograr una determinada conquista, y en este momento se habla de llegar a un


puerto seguro, todos, han tenido unos determinados emblemas y por ellos han
luchado, se han sacrificado, y por ellos han vivido. Entonces, el emblema de la
bacía, hay que multiplicarlo, pero multiplicarlo no en la forma que tiene y repartirlo,
no! Multiplicarlo esencialmente, en el mensaje que lleva, en el mensaje que
tiene.