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Llamamos células madre, o células troncales, a un tipo especial de células

indiferenciadas que tienen la capacidad de dividirse indefinidamente sin perder sus


propiedades y llegar a producir células especializadas.

CÉLULAS MADRES: En muchas ocasiones las enfermedades diezman las células de


un tejido (así sucede, por ejemplo, con la enfermedad de Huntington y el
Alzheimer). Y hasta hace poco no se tenían esperanzas de poder recuperar esas
vitales células perdidas. Las células madre, de las que tanto se habla últimamente,
han cambiado esta triste situación, arrojando un informado rayo de esperanza.

Para entender qué son las células madre hay que saber, en primer lugar, que
muchas de las células —los «átomos» de la vida, de la humana

ciertamente (se conocen 216 tipos diferentes de células humanas)— del cuerpo
sólo son capaces de reproducirse a sí mismas: una célula hepática, por ejemplo,
sólo produce células hepáticas. Con las denominadas «células madre» es diferente:
pueden generar distintos tipos de células.

Una razonable definición de célula madre es la siguiente: es una célula


progenitora de otros tipos celulares, que posee dos propiedades básicas. La primera
que cuando se divide, puede dar dos hijas iguales, y la segunda que puede
diferenciarse en otros tipos celulares. Y de estas propiedades se sigue el corolario
de que las células madre pueden colonizar y regenerar un tejido.

Desde el punto de vista puramente científico, esta clase de células plantea un


profundo problema: ¿cómo es que es posible tal «ductibilidad»? ¿cuáles son los
«detonadores moleculares» responsables de esa dinámica celular? Para responder a
estas preguntas será preciso comprender el «mecanismo» de estas células, lo que
constituirá un avance fenomenal. Sucede, sin embargo, que cuando se habla de
células madre no se habla sólo, la mayor de las veces, ni siquiera
fundamentalmente, de ciencia, sino de valores morales.

Aunque se pueden encontrar células madre en los adultos, parece que éstas suelen
carecer de la habilidad que sí poseen las que se encuentran en los embriones: la
capacidad de diferenciarse en cualquier tipo de célula. Por eso, a las células madre
que se obtienen después de la formación de la mórula (embrión temprano que,
durante el periodo de segmentación, tiene forma de una mora) se las denomina
«pluripotentes», y a las que son anteriores a esa formación, «totipotentes». Y hay
quienes consideran (muchos de ellos animados por creencias religiosas) que utilizar
células madre totipotentes es como cometer un crimen, atentar contra la vida.
La célula madre pluripotente no puede formar un organismo completo, pero puede
formar cualquiera otro tipo de célula proveniente de los tres linajes embrionarios
(endodermo, ectodermo y mesodermo), así como el germinal y el saco vitelino.

Desarrollo embrionario:

El cigoto formado tras la fecundación de un óvulo por un espermatozoide es una


célula capaz de generar un nuevo individuo completo. Se trata, pues, de una célula
totipotente: capaz de producir un espécimen completo con todos sus tejidos.

Entre los días primero al cuarto del desarrollo embrionario, la célula original va
dividiéndose en varias células más. Cada una de estas células, si es separada del
resto, es capaz de producir un individuo completo. Son también células
totipotentes.

A partir del cuarto día del desarrollo embrionario humano se forma el blastocito. El
blastocito está formado por dos tipos de células y una gran cavidad interior:

Capa externa: forma la placenta y las envolturas embrionarias. Es el trofoblasto.

Masa celular: formará todos los tejidos del cuerpo humano. Se denomina
embrioblasto.

Las células de un blastocisto ya no son totipotentes, puesto que una sola de estas
células ya no es capaz de generar un individuo completo. Las células de la masa
celular interna del blastocisto son células pluripotentes.

Estas células pluripotentes del interior del blastocisto son las células madre
embrionarias, y tienen capacidad de originar cualquier tipo de tejido.

Una característica fundamental de las células madre es que pueden mantenerse (en
el cuerpo o en una placa de cultivo) de forma indefinida. Puesto que al dividirse
siempre forman una célula idéntica a ellas mismas, siempre se mantiene una
población estable de células madres.

ETICA Y MORAL: Sabemos que los valores morales son muy personales, y que es
difícil poner de acuerdo a los que están a favor y a los que están en contra, aunque
también todo se puede argumentar racional y compasivamente. Y tanto desde la
racionalidad como desde la compasión, mi opinión es que debemos explorar con
decisión este mundo científico, con la intención de utilizar lo antes posible (aunque
aún transcurrirán algunos años en el mejor de los casos) todas sus posibilidades,
para combatir el dolor y las enfermedades.

Una mórula es un agregado de células, sin ninguna característica, sin ningún tipo
de sistema nervioso, por ejemplo, que la asimile a un ser humano. No soy el único,
como pueden ustedes suponer, que defiende estas investigaciones. Así, James
Watson, el codescubridor de la estructura en doble hélice del ADN, ha escrito: «A
mi juicio, sería una tragedia para la ciencia y para toda la gente que al final se
pueda beneficiar de la terapia con células madre el que las consideraciones
religiosas impidan las investigaciones». La naturaleza ha sido generosa con
nosotros ofreciéndonos esta posibilidad. Aprovechémosla, eso sí, con sabiduría y
precaución.