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El franquismo (1939-1975)

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15.1. La creación del Estado franquista: fundamentos ideológicos y apoyos sociales. Evolución
política y coyuntura exterior. Del aislamiento al reconocimiento internacional. El exilio.

Simplificando, podríamos establecer dos fases, claramente diferenciadas en lo económico, para guiar la
evolución política y social de España en estos años.

1) De la autarquía a la apertura económica (1939-1951). Hay dos características fundamentales en esta


primera etapa:

a) Balance económico negativo - El modelo económico elegido, la Autarquía, fue el resultado de una
opción política relacionada con los modelos fascistas de dirigismo económico por parte del Estado.
Porque el problema fundamental era la producción de alimentos. Sin embargo la agricultura no
experimentó un desarrollo en su producción, sino que favoreció el mercado negro (Estraperlo) y la
distribución irregular de ayudas a aquellos que se habían significado en su apoyo a Franco durante la
guerra. Para afrontar el problema las autoridades franquistas recurrieron al dicho modelo económico de
autarquía y a partir de ahí se fijaron reglamentos que intentaban controlar todo el sistema productivo:
desde los precios a las importaciones y exportaciones.

En el sector industrial se creó el INI (Instituto Nacional de Industria), pero ello no fue suficiente para
activar las inversiones y los índices de producción se mantuvieron muy por debajo de los de preguerra,
situación especialmente dramática en el caso del trigo, afectado por varios años de malas cosechas. El
hambre y el racionamiento se extendieron a lo largo de toda la década de los cuarenta, arrastrando hacia
la miseria a amplios grupos de población. Y en medio de un país hambriento surgió el enriquecimiento
fácil a través del mercado negro en casi todos los artículos de consumo, empezando por los alimentos:
era la práctica del estraperlo, o mercado negro, ejercida al amparo de influencias de las jerarquías de la
Falange, la Administración o el Ejército.

b) En lo político el régimen franquista se caracterizó por el carácter constituyente del Jefe del Estado.
Esto es, Franco tenía el poder legislativo y podía establecer o modificar en cualquier momento
disposiciones que, en otra circunstancia, habrían estado incluidas en una Constitución. Así, entre 1938 y
1946 la dictadura fue creando una especie de Constitución formada por una serie de leyes orgánicas.
Entre ellas, son destacables el Fuero del Trabajo, que prohibía la existencia de sindicatos salvo la
Organización Sindical de la Falange, que controlaría las condiciones de trabajo, la Ley Consultiva de
las Cortes, que establecía una cámara elegida por sufragio indirecto por las corporaciones y por el propio
Franco, el Fuero de los Españoles, que constituye una especie de declaración de derechos y deberes
dentro del carácter católico y tradicionalista del sistema y la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, que
definía al régimen como reino y autorizaba a Franco a proponer a su propio sucesor.

La evolución del régimen estuvo muy condicionada por la política exterior. Así, cuando Hitler invadió la
URSS en el verano de 1941, la euforia anticomunista hizo que se enviara a la División Azul (formada por
unos cincuenta mil voluntarios) al frente ruso, en apoyo de las tropas nazis. Pero en 1942 se empiezan a
suceder las derrotas alemanas y la política exterior se orientó más hacia los aliados y las demostraciones
fascistas comenzaron a desaparecer. Aún así, en 1945 España estaba aislada. Los aliados habían
rechazado su ingreso en las Naciones Unidas y habían condenado el régimen de Franco como último de
una serie de dictadores fascistas en Europa. El bloqueo diplomático y económico se empezó a cumplir.
Solo la importación de petróleo de los EEUU y los acuerdos sobre cereales con Argentina podían paliar la
durísima posguerra española. A partir de 1948 la situación internacional comenzará a girar en favor del
régimen. EEUU necesitaba aliados en la Guerra Fría contra la URSS y comenzará a presionar para que
se alivien las restricciones comerciales y diplomáticas sobre España.

En cuanto a la oposición al franquismo, esta se agrupaba en:

 Oposición monárquica - las lejanas relaciones entre Franco y don Juan (hijo de Alfonso XIII)
estuvieron a punto de romperse cuando el pretendiente publicó el Manifiesto de Estoril, en el que
manifestaba su apoyo a una transición democrática, a unas Cortes Constituyentes y a una amplia
amnistía.
 Comunistas y Anarquistas. La oposición quedó prácticamente desarticulada con la Ley de Represión
contra la Masonería y el Comunismo. No obstante, en 1946 se producen las primeras huelgas en
Barcelona y en 1947 en Bilbao unos 50000 obreros pararon para exigir subidas salariales.

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A la vez se desarrolla el fenómeno de la guerrilla, formada por antiguos combatientes republicanos


que atacaba por su cuenta a las fuerzas del orden. Además, en 1944 el PCE organizó una entrada
masiva de guerrilleros o maquis por el Valle de Arán. Poco a poco las partidas fueron exterminadas o
capturadas, sin apoyo de los aliados europeos que apostaron por aislar y no por atacar a la dictadura. A
partir de 1948 el PCE renunció a la táctica guerrillera.

2) 1950-1959: de la apertura económica al desarrollismo.

Hacia 1950 el fracaso del régimen de autarquía era patente. Por sí fuera poco, en 1951 se sucede una
serie de huelgas en el País Vasco y Madrid, como resultado de la desesperación de los obreros para
hacer frente a la imparable subida de precios, mientras que los salarios apenas crecían. Franco
decidió dar un giro a su política y nombró a técnicos de la banca como asesores. A partir de 1952
empezó a llegar la ayuda americana y se decretó una liberalización de precios, comercio y circulación de
mercancías. Poco a poco comenzó a crecer el sector industrial y el sector agrario empezó a perder
importancia en el peso de la economía.

También en el plano internacional 1951 fue un año decisivo para España. Los diplomáticos españoles
habían insistido en el carácter anticomunista de Franco y EEUU presionó para que España fuera admitida
en los organismos internacionales, de manera que la ONU levantó la retirada de embajadores y organizó
la entrada en la Asamblea General.

La fecha oficial de la llegada masiva de ayuda norteamericana fue el 26 de septiembre de 1953 cuando
se firmó el Tratado hispano-estadounidense, compuesto de tres acuerdos: uno económico, otro de
asistencia técnica y otro defensivo. Este último suponía la instalación de cuatro bases militares (Morón,
Rota, Zaragoza y Torrejón de Ardoz), instalaciones de radar y seguimiento. Días antes se había firmado
un Concordato con el Vaticano que reafirmaba la alianza entre la Iglesia oficial y el franquismo. El
acuerdo confirmaba el derecho de presentación de obispos por Franco, la financiación estatal de la
Iglesia y el privilegio de establecer el Tribunal de la Rota en nuestro país. Tras la firma del Concordato,
obispos y gobernantes se intercambiaban elogios y adjudicaban a Franco calificativos como “espada del
altísimo” o “enviado de Dios hecho Caudillo”

En la política interior, los primeros años de la década se caracterizaron por la estabilidad, pero poco a
poco comenzó a surgir una tímida apertura en el ámbito cultural e ideológico a partir del ministro de
Educación Joaquín Ruiz Jiménez, que situó como rectores de las principales universidades a
intelectuales moderados como Pedro Laín Entralgo o Torcuato Fernández Miranda.

Pero en 1956 moría José Ortega y Gasset y los estudiantes aprovecharon los funerales para reivindicar
más libertades. Dos grupos se enfrentarán en las calles: el SEU falangista y la oposición a estos, dirigida
por Ramón Tamames, Enrique Múgica, Dionisio Ridruejo,.... la represión policial fue muy dura y Franco
derogó dos artículos del Fuero de los Españoles. También se producirán cambios dentro de la Falange,
donde saldrán del gobierno los elementos más antiguos siendo sustituidos por otros más jóvenes como
Camilo Alonso Vega.

Sin embargo, el cambio más significativo se producía en los ministerios de Hacienda y Comercio con
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la llegada de dos tecnócratas procedentes del Opus Dei , Mariano Navarro Rubio y Alberto Ullastres
que, junto a Laureano López Rodó (desde la Secretaría General Técnica del Ministerio de la
Presidencia), darán un giro radical a la política económica española y acabarán por normalizar la
organización del Estado. Las primeras medidas del nuevo equipo económico intentaron frenar el alza
de precios y el déficit del estado. En 1958, con el visto bueno de los EEUU, España entraba en el Fondo
Monetario Internacional y en el Banco Mundial. Ello quería decir que la peseta estaría sometida a los tipos
de cambio aceptados y que España podría beneficiarse de créditos para el desarrollo económico.

1
Organización católica fundada por Jose María Escriva de Balaguer en 1928, y dedicada al fomento y
propagación de la moral católica, en todos los ámbitos, familiar, profesional y social. De planteamientos
integristas, sus miembros son sacerdotes y seglares. En la segunda mitad del franquismo muchos de sus
miembros ocuparon los puestos claves en los ministerios, especialmente los de tipo económico, llegando a
constituir un auténtico poder dentro del régimen.

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15.2. Consolidación del régimen. Las transformaciones económicas. De la autarquía al


desarrollismo. Los cambios sociales.

El déficit en los Presupuestos Generales del Estado y la fuerte inflación a mediados de los años cincuenta
propiciaron la aparición de huelgas y protestas sociales. Era evidente que el modelo autárquico era
insostenible. Por eso, el 25 de febrero de 1957 Franco procedió a remodelar su gobierno, desplazando de
éste a los ministros falangistas en favor de una mayoría de “tecnócratas” del Opus Dei. Éstos procedieron
a cambiar el modelo económico.

La reforma económica se aprobó en julio de 1959, no sin cierta oposición de Franco y de Carrero Blanco,
que no acababan de renunciar a su sistema económico de autarquía. El Decreto Ley de Nueva
Ordenación Económica trataba de liberalizar la economía creando las bases para un relanzamiento
económico que permitiera fuertes ritmos de crecimiento, una rápida industrialización y la entrada de
España en los grandes organismos económicos internacionales. Los resultados fueron inmediatos: caída
de precios y salarios, paro, migración en busca de trabajo,.... pero a partir de 1961 la economía española
crecerá a un ritmo altísimo, solo superado en aquellos años por Japón.

Así pues, iniciada la década de los sesenta las perspectivas de futuro para Franco y los dirigentes
políticos del régimen no podía ser mejor: los más graves problemas asociados a la fase de estabilización
parecían superados y se iniciaba así una época conocida como desarrollismo. Además, en 1966 en un
referéndum nacional se aprobó la Ley Orgánica del Estado, última de las leyes fundamentales. Y en 1969
el príncipe Juan Carlos de Borbón fue nombrado sucesor de Franco “a título de rey”. La continuidad del
franquismo parecía asegurada.

Sin embargo, en ese año, se había destapado el llamado “escándalo Matesa”, que afectaba a una
empresa textil, que se había beneficiado de créditos del Estado. El tratamiento de este tema enfrentó a
dos sectores dentro del régimen: los más inmovilistas, representados por los ministros tecnócratas, y un
grupo que pretendía realizar reformas del sistema político, representado por Fraga, Castiella y Solís.
Franco decidió que éstos últimos abandonaran el poder, apostando por el continuismo, pero dejando
claro los enfrentamientos entre el grupo dirigente del país.

A partir de 1960 el crecimiento económico en España fue espectacular. La industria se desarrolló gracias
al capital acumulado en los años cincuenta, a los bajos salarios y a la masiva introducción de capital
extranjero. Sin embargo, España dependía casi en un 100% de la tecnología extranjera. Era necesario
importarlo todo y ello generó un déficit en la balanza de pagos. Este déficit sería contrarrestado con tres
fuentes de ingresos: el turismo, inversiones extranjeras a largo plazo y las aportaciones de los emigrantes
desde el exterior, al enviar buena parte de sus ganancias para el mantenimiento de sus familias.

Porque, efectivamente, a nivel social el fenómeno más significativo fue el de la emigración. Así, Madrid y
Barcelona recibieron casi 700000 inmigrantes solo durante la década de los sesenta. Mientras, otras
ciudades como Valencia, Bilbao o Alicante superaban los cien mil. Además, otro gran contingente se
desplazó hacia Francia, Alemania o Suiza.

Desde 1963 el gobierno español intentó controlar el crecimiento mediante los Planes de Desarrollo, que
trataban de conseguir, en un plazo de tres años, una serie de objetivos de crecimiento en sectores clave.
Así, se crearon los llamados Polos de Desarrollo en zonas deprimidas, intentando promocionar la
instalación de industrias en estos lugares.

En conjunto, el crecimiento económico español entre 1961 y 1973 fue elevado y constante, significó
un profundo cambio en la economía y en la sociedad españolas y supuso la superación definitiva del
retraso de la posguerra para la mayoría de los españoles. A partir de 1974, con el alza de los precios del
petróleo, la expansión económica en España comienza a detenerse y se empieza a vislumbrar la
recesión y la crisis. Pero la sociedad de consumo deseada por los dirigentes del régimen había llevado a
los españoles a un progresivo alejamiento de los valores defendidos desde la dictadura.

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El desarrollo económico propició un aumento del bienestar social, pero como el progreso no fue
acompañado de apertura política creció la conflictividad. Pronto se evidenciaron las señales de un cambio
profundo en la sociedad española.

La sociedad española comenzaba a dar un gran vuelco en su estructura. De un país agrario y rural se
pasaba a una población industrial y urbana. El resultado inmediato fue el abandono de muchos núcleos
rurales (13000 en 1950 y menos de 8000 en la actualidad), pero también el alza de salarios en el campo y
la mecanización del mismo, lo que sirvió para que la industria española abasteciera al sector agrario
español. Se calcula que cuatro millones de personas abandonaron sus pueblos de origen para dirigirse a
Europa, a las regiones prósperas de España o a las capitales de provincia. No solo eran clases
trabajadoras las que dejaban el campo, sino que también clases medias campesinas huían a la ciudad.
Esto hizo que grupos rurales conservadores se integraron en una sociedad urbana más abierta y
receptiva.

El campo se despoblaba con la misma rapidez con la que las ciudades crecían. Pero el crecimiento
urbano se hizo de una forma descontrolada y especulativa, creando graves problemas de medio
ambiente que tendrían repercusiones en los años setenta: barrios mal comunicados, espacios naturales
contaminados, núcleos turísticos excesivos,.... La Ley de Costas, aprobada en los años ochenta, que
prohibía construir edificios al borde del mar, llegó tarde. Por todo ello España llegará a ser un país
desarrollado, pero mal desarrollado, con evidentes desigualdades regionales. Entre 1960 y 1973 la parte
del PIB correspondiente al País Vasco, Madrid, Cataluña, Baleares y Canarias creció hasta representar el
46%. Este elevado crecimiento urbano hizo que las grandes ciudades se convirtieran en áreas
metropolitanas y absorbieran suburbios y pueblos periféricos. A finales de la década de los sesenta se
calcula que existía un déficit de casi un millón de viviendas, lo que no impedía los negocios especulativos,
tanto en zonas ricas (Puerto Banús,..) como en los suburbios, donde se construían barrios enteros sin
infraestructuras ni equipamientos sociales y urbanos.

También hay que reseñar la modificación del sistema de prestaciones sociales y sanitarias. Su
crecimiento recayó fundamentalmente sobre las cotizaciones de los trabajadores y permitió extender la
red de hospitales y cubrir prestaciones por enfermedad, jubilación y desempleo, aunque en cuantías muy
cortas e insuficientes. En realidad, el gasto público en España era escaso y mal distribuido y contribuía a
mantener un bajo nivel de vida, que contrastaba llamativamente con el de los trabajadores europeos que
venían a veranear a las costas españolas.

Y es que el contacto con los turistas que llegaban masivamente al país contribuyó a variar el modo de
vida y la mentalidad. Igualmente, la televisión estatal, que había comenzado sus emisiones en 1956,
afectó profundamente al modo de vida y al comportamiento social, pese a la rígida censura. Así, en 1969,
dos terceras partes de los hogares del país disponían de un receptor de televisión. A ello hay que añadir
la extensión de la luz eléctrica, la posesión de electrodomésticos y hasta de vehículo particular (en 1969
un 25% de las familias poseía coche propio), que permitía el acceso a lugares de veraneo en la costa.

Por último, también se produjo un lento incremento de la población activa femenina, que alcanzaba ya en
los años setenta los 2’3 millones de trabajadoras.

Todo ello conformaba una situación que, a principios de la década de los setenta, nos permite hablar de
un cambio de mentalidad profundo en una sociedad en la que contrastaba la clase dirigente
ultraconservadora y las generaciones más jóvenes, que evolucionaban hacia posiciones muy distintas.
Síntoma de ello era la progresiva relajación de las costumbres y la aceptación de movimientos culturales
que venían de fuera.

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15.3. Elementos de cambio en la etapa final del franquismo. La oposición al régimen. Evolución de
las mentalidades. La cultura.

Aunque el régimen intentaba cambiar su imagen y demostrar un talante aperturista la oposición era
creciente. Así, en 1962 liberales, monárquicos y demócrata-cristianos se habían reunido en Munich para
aprobar una declaración en la que se desaconsejaba la admisión de España en las instituciones
europeas en tanto no se restaurasen las libertades. La prensa franquista descalificó el llamado
“Contubernio de Munich” y aceleró las detenciones de dirigentes opositores.

También había protestas en las fábricas y en el País Vasco. Aquí había surgido la organización terrorista
ETA, que aumentó su apoyo social debido a la acción indiscriminada de la Policía en la lucha contra este
grupo. En Cataluña la oposición nacionalista demandaba tanto la libertad política como la recuperación
de la identidad nacional.

Entre los trabajadores, había surgido en 1962 Comisiones Obreras (CCOO) como alternativa al
sindicalismo oficial del Movimiento. A finales de los sesenta era el sindicato clandestino de referencia y
buena parte de su dirección estaba conectada con el PCE.

Entre otras fuentes de oposición también hay que citar el movimiento estudiantil, cada vez más amplio
y organizado, de manera que las manifestaciones estudiantiles constituyeron el principal quebradero de
cabeza de las autoridades franquistas en la etapa final del régimen. A estos grupos debemos sumar
movimientos católicos de base, colectivos profesionales y asociaciones de vecinos.

Los gobiernos de Franco eran cada vez más débiles, mientras estallaban algunos escándalos de
corrupción y aumentaba la oposición estudiantil y obrera. Además, el envejecimiento de Franco suscitó el
debate sobre la continuidad de la dictadura y dentro del régimen se fue produciendo una ruptura entre los
llamados “aperturistas”, partidarios de reformar el sistema para ir acercándolo progresivamente al
modelo parlamentario, y los sectores inmovilistas, opuestos a cualquier cambio, y que pronto fueron
denominados como el “búnker”.

En junio de 1973 Franco renunció por primera vez a sus funciones de Jefe de Gobierno y traspasó la
labor a su ayudante Luis Carrero Blanco. Su mandato era, como mínimo, de cinco años y, por tanto, su
presencia podía ser impuesta al mismo rey. El nuevo gobierno de Carrero Blanco tenía como objetivo
sofocar las reformas y aplastar la oposición. Era un gabinete “duro”, con Carlos Arias Navarro como
ministro de Gobernación y ministro Secretario General del Movimiento. Los dos problemas con los que
hubo de enfrentarse Carrero fueron: el mantenimiento del orden público y la exigencia de una apertura
que contemplase la legalización de las asociaciones políticas.

Pero la respuesta del gobierno fue la dureza: en el Proceso 1001 contra diez miembros del sindicato
comunista CCOO, las penas de prisión fueron muy elevadas. Poco antes de abrirse la sesión en el
Tribunal de Orden Público Luis Carrero Blanco fue asesinado el 20 de diciembre de 1973. La política
represiva del régimen quedaba en entredicho al demostrarse la fragilidad de las fuerzas de orden público.
Además, Franco enfermo, quedaba sin un sucesor fiable. Fue un durísimo golpe para las aspiraciones
franquistas. La elección del sucesor de Carrero, Carlos Arias Navarro, fue la última decisión política
importante, en la que influyó su entorno familiar.

Ese mismo año de 1974 eran ejecutados un anarquista, Salvador Puig Antich, y un delincuente común,
lo que provocó la crítica del obispo de Bilbao y el primer enfrentamiento abierto entre la Iglesia y el
Estado, hasta el punto de que el Vaticano amenazó con excomulgar a Franco. Además llegaban los
efectos de la crisis mundial del petróleo y el IPC se disparaba al 17%. Todo ello conducía inevitablemente
a la conflictividad laboral y a la represión policial de la misma.

A esto han de añadirse las noticias de Portugal, donde el régimen del general Salazar era sustituido por
otro democrático en lo que se ha dado en llamar la Revolución de los Claveles.

Con Franco enfermo un grupo muy variado de fuerzas políticas dirigidas por el PCE constituye la Junta
Democrática, que propone una ruptura democrática para salir de la dictadura. Felipe González
constituyó en junio de 1975 la Plataforma de Convergencia Democrática, como alternativa a la junta al
considerar que esta solo servía a los intereses de los comunistas.

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Desde el gobierno se echó marcha atrás en la política de apertura y un atentado de ETA en la Calle del
Correo de Madrid causaba doce muertos. Así, el desmoronamiento del “orden” acompañaba los últimos
meses de vida del dictador. ETA continuó sus atentados, y a ella se unía el Grapo, que perpetra su
primer asesinato en octubre de 1975. Como respuesta el gobierno endurecerá la represión con un
decreto ley que preveía la pena de muerte para terroristas. El 27 de septiembre dos activistas de ETA y
tres del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico) son ejecutados entre las protestas
internacionales.

Franco convocó una manifestación de adhesión, pero su mensaje era el mismo y los síntomas de su
decadencia física eran escandalosos. Este hecho también fue aprovechado por Hassán II de Marruecos
para organizar la Marcha Verde sobre el Sahara español con el objeto de incorporarlo a su territorio.
Arias Navarro ordenó la retirada y el abandono de la colonia (a pesar de las promesas efectuadas a los
saharauis) a Mauritania y Marruecos.

Después de una larga agonía moría en Madrid el 20 de noviembre de 1975 Francisco Franco.

Evolución de las mentalidades: la cultura.

Los años cincuenta trajeron cambios significativos en la cultura española. Una nueva generación, que no
había vivido la guerra, llegaba a las universidades, en las que se produjo un cierto despertar cultural.

La nueva literatura española la encabezaban novelistas como Rafael Sánchez Ferlosio, Miguel Delibes,
Carmen Martín Gaite o Luis Martín Santos. En poesía destacaban Gabriel Celaya, Blas de Otero o
Salvador Espriu. En el teatro Buero Vallejo o Alfonso Sastre. Y en el campo del pensamiento apuntaban
Julián Marías, Xavier Zubiri, Ferrater Mora o José Luis López de Aranguren.

En el exilio Juan Ramón Jiménez, Arturo Barea, Ramón J. Sénder, Max Aub, Alberti, Cernuda, León
Felipe o María Zambrano, entre otros, siguieron produciendo una obra literaria de extraordinaria calidad,
que era leída en España, a pesar de las censuras y prohibiciones.

También hay que destacar a una extraordinaria generación de cineastas, como Luis García Berlanga,
que rodó “Bienvenido Mr. Marshall” o Juan Antonio Bardem, que estrenó “Muerte de un Ciclista” y “Calle
Mayor”. Ellos abrieron camino a otra generación de directores, como Carlos Saura, Basilio Martín Patino
o José Luis Borau.

La etapa final del franquismo se caracterizó por la ruptura total entre el ámbito de la cultura y el régimen,
que era incapaz de controlar todas las publicaciones, aunque se continuó censurando, sancionando y
secuestrando publicaciones. Al mismo tiempo la educación sobre los valores tradicionales se cuestionaba
y la llegada de nuevos profesores a los recién creados institutos de bachillerato suponía para los alumnos
el descubrimiento de ideas y conocimientos que habían permanecido prohibidos para la generación
anterior.

Las artes experimentaron la misma tendencia que las letras. En la posguerra predominaba las corrientes
clasicistas del arte del fascismo. A partir de los años cincuenta surgieron corrientes artísticas distintas. En
la pintura el grupo Dau al Set en Barcelona, o la abstracción de Zóbel en Cuenca. También hay que
mencionar a Tàpies o Antonio Saura. En escultura sobresale Eduardo Chillida y en la arquitectura Miguel
Fisac o Sainz de Oiza.