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Un ruido secreto. El arte en la era póstuma de la cultura. José Luis Brea.

Duchamp construyó, en 1916, un enigmático objeto llamado “readymade”. La intención de Duchamp era entregarnos un texto ilegible y al agregarle un ruido secreto que no llega casi nunca a producirse. Nietzsche una vez escribió “ he olvidado mi paraguas” y esta simple frase fue considerada como un pensamiento o aforismo más, lo que llevo a preguntarse a los investigadores que quería decir Nietzsche con esto. Según estos dos ejemplos, se dice que las obras son máquinas interpretativas que autoproducen un enigma, ya que el significado verdadero puede permanecer secreto para siempre o incluso puede no existir y simplemente simular una verdad oculta. En el caso de la escritura, con lo referido al ejemplo de Nietzsche, presenta una hipotética intención de significancia que nunca desciframos. Todo esto se simplifica a que esa intención de significancia no se debe atribuir a un autor sino al efecto que provoca estas máquinas interpretativas en el público, sin espectador no hay obra. Joseph Kosuth planteaba que para seguir haciendo arte había que hacer un análisis del lenguaje de las propias obras de arte, que toda obra maestra era una metáfora de si misma, una alegoría de su propia lectura, pero también de la lectura con toda obra en función de su disposición epocal. Es la misma cultura la que nos da libertad de soñar y a la vez la que hace esos proyectos inviables, porque aparece el orden de la necesidad, el principio de realidad, éste es el carácter antinómico de la cultura. Nos encontramos en una era póstuma de la cultura, donde estamos carentes de ella. En los tiempos de moribundia que vive la cultura, el arte se a cargado de un poder simbólico, que la propia cultura ha perdido, nos acercamos al arte con el fin de escuchar ese sordo ruido para intuir lo que la obra nos expresa. En la época del capitalismo tardío, de espectáculo las exposiciones universales son muy populares, la entronización de la mercancía y el fulgor de disipación que la rodea, pero ¿que hace que estas exposiciones tengan una imparable corriente de visitantes? Las exposiciones son hijas del espíritu de la Ilustración lo que las sostiene son los marcos de pensamiento, el modernismo. La entronización de la mercancía es como una fase industrial del capitalismo. Es la promesa de una vida cotidiana “estetizada” lo que se ofrece como espectáculo. En el “grado EXPO” el arte se ve reducido a un espectáculo puro de la industria del entretenimiento lo que ha producido una estetización del mundo que ya no nos pertenece, el arte ha muerto absorbido por la vida, ya no rinde culto mas que a su restauración y a llegado a ser una simple determinación al consumo. En una época en que la tecnología y el capitalismo afectan el arte, la fotografía expresada como una reproducción mecánica se encarga del aquí y ahora irrepetible y la presencia inmóvil y eterna de su representación ésta copia natural induce a la pérdida del aura de la obra. Gracias a la irradiación infinita de copias se rompe ésta estructura que ponía a las obras de arte en el cielo, se pierde la significación cultural que imponía la presencia casi mágica del original. En la fotografía el medio de reproducción de la imagen constituye el mismo lugar de su distribución y recepción social por esto se produce la desmaterialización de la obra ya que ésta es su propio impacto, en el lugar mismo de su recepción pública. La tarea de la crítica tiene que ver con la interpretación, con la lectura, el sentido del texto su contenido, se expresa en la lectura de los versos, de lo significantes. Se manejan dos teorías respecto de los textos y su contenido, la primera dice que éstos son interpretables, legibles y la tesis contraria, que mundo y textos son ilegibles en su totalidad y que no existe el sujeto que pueda ofrecer garantía alguna de plenitud de la presencia del sentido o del ser. La obra “readymade asistido” de Duchamp es una obra ilegible porque nunca se podrá dar una interpretación definitiva de su contenido, de su significado. Esta obra es una Alegoría de la Ilegibilidad. La obra nos dice que no se puede triunfar por completo en el decir, en el escribir, en el expresar, en el leer. En la ilegibilidad del lenguaje, es el propio sujeto el que vive un desvanecimiento, un extravío. Ser y ser luz coinciden, son lo mismo. Se puede afirmar que la luz es la materia misma del ser. Es la luz, la que en su expansión, en su viaje, viene a producir el espacio. La medida del universo es justamente la distancia recorrido por la luz desde el comienzo. La luz rebotada de cada lugar, de cada rincón del sistema, viaja y puebla cada lugar mínimo, cada parcela íntima del espacio. Si uno pudiera introducirse en una esfera perfecta, sin ninguna clase de junturas o rebabas, cuyo interior tuviera la calidad reflexiva de un espejo impoluto, quizás uno seria capaz de ver verse a si mismo infinitamente repetido en todo lugar y a todas las proporciones, aquí se proyecta la hipótesis de una conciencia-plena-pasividad (cpp) y al imprimirse un movimiento de la voluntad haría que esta conciencia pasiva se volviera conciencia de-sí (cds). Pensar no sería entonces simplemente conocer: sino más bien seleccionar, distraer, un dejar perderse ecos del mundo. La luz trama órdenes de reciprocidad: en su infinita expansividad ella todo lo hace posible. Porta el arte su luz justamente como luz negra, como opacidad interpuesta que creando una ceguera, le otorga al ojo un descanso que le permite solo tenerse a sí, apropiarse de lo que en él ya estaba. La actividad del arte ha se ser ciega incluso a la luz que ella misma emite. Es capaz de introducir la presencia pura de una imagen transfigurada no ya como acontecimiento sino justamente como conciencia de él, como aprehensión latente, ciego saber. Un saber que lo es no del orden luminoso de aquel platónico sol de las ideas sino al, contrario, del orden de una noche transfigurada que da cuenta de la interminable resistencia del ser a someterse a los órdenes de la representación de la identidad. Es así que una obra de arte, sol o agujero negro, es la semilla invertida de todo el acontecer de lo que existe en un instante del mundo. “A mayor significación, mayor sujeción a la muerte, pues es la muerte la que excava más profundamente la abrupta demarcación entre la physis y la significación” planteaba Walter Benjamin y establecía la relación entre significación y muerte. El sida hace que al hombre, se le

evidencia que es la presencia de la muerte la que devuelve lo real, al mismo tiempo constituirse en ocasión y lugar de reposicionamiento de la vida del sujeto en el orden puro de lo real, existencial y experiencia vivida del sentido.