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Titulo: EL ADIÓS DE UN GRANDE Autor: Emilio J. Cárdenas Páginas: 96 a 97 Edición:

Titulo: EL ADIÓS DE UN GRANDE Autor: Emilio J. Cárdenas Páginas: 96 a 97 Edición: Agosto 2010. Tomo 70. Nro. 1

“The study of law qualifies a man to be useful to himself, to his neighbours, and to the public”.

Thomas Jefferson

La lectura diaria de los excelentes diarios uruguayos me deparó, de pronto, una simpática sorpresa. Encontré recientemente una carta inusual. Escrita por uno de los mejores profesionales del derecho que he conocido en mi vida. Un señor, además: Conrado Hughes Delgado, quien -hasta hace poco- fuera socio de un estudio oriental de primera línea, que lleva el apellido de la familia. El que en su momento fundara su abuelo, heredado por él de su padre, todos ellos abogados de nota.

Contiene algunas reflexiones profundas emanadas de la mente de un hombre lúcido que dedicó 52 años de su vida al derecho, apasionadamente como muchos. Quizás por eso parece ahora despedirse serenamente de su profesión, no sin un dejo de nostalgia comprensible.

Esas reflexiones, por su particular naturaleza, me parecen importantes. Aún más allá de la otra orilla del río que nos separa y une a la vez de los uruguayos. Particularmente para los abogados jóvenes, porque tienen que ver con cuestiones sobre las que, en una vida profesional cada vez más acelerada y tecnificada, no siempre existe la oportunidad de escuchar o leer. Sobre temas que creo centrales en una profesión para la cual la ética debe ser un evangelio irrenunciable.

Por eso, me parece oportuno compartirlas desde estas columnas con mis colegas argentinos.

Dice Conrado Bannister Hughes:

“Hoy, al dejar la casa, siento el deber de repasar en voz alta lo que pude aprender de los sabios que escuché y de la vida que hice. Se concreta en ejes básicos que son permanentes, porque sin ellos no hay ni personas, ni derechos, ni legalidad, ni paz.

Honor. El derecho al honor, la honra y la reputación están estrechamente ligados, aún cuando generalmente la última se asocia más a la imagen externa que a la vida interior.

El honor se adquiere con el comportamiento honesto que pone en evidencia la propia dignidad para merecerlo. Es la cualidad moral que obliga al hombre al más estricto cumplimiento de sus deberes. Consigo mismo y con los demás. Es un símbolo de la vida virtuosa y un elemento esencial de la dignidad humana.

Lealtad. Es una obligación de fidelidad. Traicionarla es renegar con dichos o acciones un compromiso hacia una idea, un grupo familiar, una asociación o un patrocinado.

Respeto. Supone el reconocimiento de que cada persona tiene valor. Se lo puede definir como la base del sustento de la moral y la ética. Consiste en saber valorar los intereses y necesidades de otro individuo como si fuera uno. El respeto consiste en el reconocimiento de los intereses y sentimientos del otro en una relación.

No es simplemente la consideración o tolerancia hacia las diferencias, sino que implica un verdadero interés no egoísta por el otro, más allá de las obligaciones explícitas que puedan existir. El respeto es una actitud que nace con el reconocimiento del valor irremplazable de cada persona.

Fidelidad. En su significado original está vinculada a la lealtad. Es la decisión de crear la vida de cada uno conforme al proyecto establecido en el acto de la promesa. Es la capacidad de no engañar, no traicionar.

Es el valor moral que obliga al ser humano a cumplir con los pactos y compromisos adquiridos. Se

refiere a la persona cuyas acciones no traicionan la confianza, el amor, la amistad, el deber.

Valores Éticos y Morales. Cuando una nación, una sociedad, una institución o una persona se aparta de los sagrados valores éticos y morales, está condenándose a la desaparición o, en el mundo de las cosas, al desprecio de la colectividad a la que sirve y se debe.

Los valores morales son un cúmulo de buenas enseñanzas que se nos inculca, que se nos prende en los sentidos a través de la experiencia de la vida, a través de la familia y de la experiencia sana impuesta por nuestros mayores.

Esto, tan simple pero tan valioso, es lo que recibí y quise inculcar a quienes hoy integran lo que fue mi Estudio.” Claro, como el agua. Por allí pasa la posibilidad de cerrar una vida profesional con la conciencia tranquila y, más aún, con la natural satisfacción del deber que se sabe bien cumplido. No se equivoca.

(*) Ex Director del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires. Ex Presidente de la International Bar Association (IBA). Ex co-Presidente del Instituto de Derechos Humanos de la IBA.