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La lengua en pedazos

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Cocina del convento de San José. Entra el Inquisidor Salazar, todavía
con capa como si viniese de extramuros. Observa el lugar, en que
nunca ha estado. Observa los alimentos, las especias, los fogones, el Eliminado: :

horno, la leña, los cucharones, los cuchillos, los pucheros… ¡Los


libros! Entra Teresa. Con respeto, ella se detiene a unos metros de él,
como esperando una palabra, un gesto, una mirada que tardan en
llegar.
Salazar- “Entre pucheros anda Dios”. Se os atribuye tan curiosa sentencia:
“Entre pucheros anda Dios”. Por eso he dispuesto que nos
encontremos aquí, entre pucheros. Porque de él se trata. Porque de él
se trata, he dispuesto que nadie nos interrumpa. ¿Sabéis quién soy?
Teresa- Sé quién sois.
Salazar- También sabréis entonces por qué os he hecho llamar.
Teresa- Eso no lo sé.
Silencio.
Salazar- Veintisiete años hace que tomasteis hábito. Durante lo más de ese
tiempo, tuvisteis el amor de vuestras hermanas de la Encarnación.
Nadie temía que vinieseis a ser causa de controversia. Mas de un
tiempo acá, desafiando a vuestra madre priora, a vuestro confesor y al
Provincial de vuestra orden, con otras que habéis arrastrado a vuestra
parte, habéis hecho trato de fundar esta nueva casa que llamáis
monasterio de San José. Ya no os parece bastante buena la casa de la
Encarnación, ya no os sirve para servir a Dios. Lo que habéis hecho
divide a vuestras hermanas y causa escándalo a la ciudad. Vuestro
Provincial, que todavía os quiere bien pese a lo mal que vos lo habéis
querido, deja en mis manos el juicio sobre vuestra empresa y vuestra
persona.
Por fin pone sus ojos sobre Teresa. La observa en silencio antes de
proseguir.
Nunca, Teresa, nos habíamos encontrado. Pero si vos sabéis quién soy,
tampoco vos sois para mí desconocida. He caminado vuestro camino.
He estado en la casa en que nacisteis, he encontrado a quienes os
vieron crecer, he escuchado a vuestros amigos y a vuestros enemigos.
He discutido con vuestros médicos sobre las penas con que el Señor ha
querido probaros. Elogios de vuestra voluntad y de vuestra fuerza he
oído tantos como informes sobre vuestra terquedad y vuestra soberbia.
Con pesar he conocido relatos acerca de los portentos que, según
presumís, os acompañan en la oración.

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Con un gesto, señala a Teresa dónde sentarse: un lugar incómodo.
Silencio.
Creo saber quién sois y a qué señor servís. Mas, aunque me han
advertido de vuestra elocuencia, no os condenaré sin haberos
escuchado. Quiero oír de vuestros labios una defensa. Quiero, si sois
capaz, que defendáis este monasterio rebelde que habéis fundado.
Quiero, si sois capaz, que defendáis una vida en la que sólo hallo
doblez, vanidad y egoísmo. Quiero, si sois capaz, que defendáis,
Teresa, vuestra vida.
Salazar espera respuesta. Silencio.
Si vos no me habláis de vos, me conformaré con lo que he sabido por
boca de otros. Pienso que lo que os llevó a tomar ese hábito no fue el
amor a Dios, que sin amor a Dios habéis vivido bajo hábito y que no
puede ser de Dios este convento, pues mala casa se ha de levantar
sobre tal vida. Mal puede ser reformadora de almas quien tiene en la
suya tanto que reformar.
Salazar espera respuesta. Silencio.
Sea así, si así lo queréis. Mando entonces que volváis ya a la
Encarnación, a esperar lo que se disponga para vos y para las que hasta
aquí os han seguido.
Esta noche, Teresa, buscaré justicia para vos. No estaréis sola en el
castigo. Os acompañarán Guiomar de Ulloa, Antonia de Henao,
Antonia del Espíritu Santo, María de la Paz, María de Ávila, Úrsula de
los Santos, Inés de Jesús y Ana de la Encarnación, como os
acompañaron el veinticuatro de agosto. Igual que Gaspar Daza, quien
se atrevió a poner los hábitos.
Esta noche, Teresa, haré deshacer esta casa.
Va a salir. La voz de Teresa lo detiene.
Teresa- Mi vida ha sido de muchos trabajos del alma. Fuera de eso, no veo
en ella nada que merezca contarse.
Salazar- Comenzad y yo veré si merece escucharse.
Silencio.
Teresa- La mañana que entré a la Encarnación, sólo traía conmigo…
Salazar- (Interrumpiéndola.) Comenzad, como debe hacerse, por el
principio. Si tuvisteis padres, habladme de ellos. A menudo se Eliminado: , como debe hacerse

entiende en el padre el acto del hijo. Mal hacen padres que no


procuran que sus hijos vean ejemplo de virtud.

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Teresa- En los míos no vi favor para otra cosa. Fueron el primer bien que
me dio el Señor. Aunque quisiera quejarme de ellos, no podría.
Salazar- Vuestro padre fue muy lector. He visto su biblioteca. He abierto
sus libros. ¿En ninguno hallasteis línea que no fuera virtuosa?
Silencio.
Teresa- Mi padre era hombre de mucha piedad con pobres, enfermos y
criados. Jamás tuvo esclavos. Nunca nadie le oyó jurar ni murmurar.
Gustaba de leer buenos libros y de que los leyésemos sus hijos.
Salazar- ¿Tenéis el “Amadís de Gaula” por buen libro? ¿Es buen libro, a
vuestro juicio, el “Tristán de Leonís”?
Silencio.
Teresa- Ésos fue mi madre quien los metió en casa. Buscaba en ellos, por
ventura, no pensar en sus muchos trabajos.
Salazar- ¿Queréis decir que hizo bien leyéndolos? ¿También dándooslos a
leer?
Teresa- Por ventura, quería ocupar a su hija para que no se perdiese en
cosas peores. Es verdad que gastamos algunas horas del día y muchas Eliminado: otras

de la noche en tan mal pasatiempo, escondidas de mi padre. A él le


pesaba nuestra costumbre, y habíamos de estar atentas para que no lo
viese. Tanto nos embebía que, si no teníamos libro nuevo, no teníamos Eliminado: Era t

contento. Fuera de eso, mi madre no era de menor honestidad que mi Eliminado: lo que

padre. Falta mía fue no tomar de lo mucho bueno tanto como de lo


poco malo.
Salazar- Si os pregunto por vuestros hermanos, me diréis que tampoco ellos
os desayudaron en servir a Dios.
Teresa- Todos se parecieron más que yo a nuestro padre en ser virtuosos,
aunque yo fuese la más querida de él. En la huerta hacíamos ermitas
con piedrecillas. También me gustaba, con mis hermanas, hacer
monasterios. Con Antonio, que era casi de mi edad, me juntaba a leer
vidas de santos. Cuando leíamos los martirios que pasaron, nos parecía
que compraban barato gozar de Dios, y concertamos irnos a tierra de
infieles a que nos descabezasen. Y así hicimos, pero mi padre nos echó
mano en el pueblo de al lado.
Silencio.
Salazar- Lástima que mudaseis de aficiones. Los que recuerdan vuestra
mocedad dicen que gustabais de galas y de aceites, y de andar en
compañía. Poco inclinada parecíais a ser monja. El camino del
convento no lo tomasteis hasta los veintiuno. Mucho tardasteis en
pensarlo. O en explorar otros caminos.

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Silencio.
Teresa- Puesto que tanto sabéis sobre mí, sabréis que quedé de doce años
cuando mi madre murió. ¿Sabéis también que, al entender lo que había
perdido, me fui a la imagen de la madre de Cristo y le supliqué que
fuese la mía? Aunque lo hice con simpleza, me valió, porque luego he
hallado a María en cuanto la he buscado.
Ahora me duele acordarme de las inclinaciones que el Señor me dio y
cuán mal supe aprovecharlas. Él nada dejó de darme para que fuera
toda suya, pero yo de todo me ayudé para ofenderlo.
Cada noche le digo: “¿Cómo consentiste que se ensuciase tanto esta
posada donde habías de morar? Cuántas veces me has sacado de las
cárceles y cuántas he tornado yo a entrar en ellas. ¿Antes me cansaré
yo de ofenderte que tú de perdonarme? Cuánto me has esperado. En tu
paciencia conozco tu amor. Me quieres más de lo que yo me quiero”.
Salazar- ¿Con tan atrevidas palabras, así le habláis?
Teresa- No sé otro modo de hablarle. Ni creo que él mire las palabras, sino
la voluntad con que se dicen.
Silencio.
Salazar- Pienso que sólo un dios pequeño atendería a palabras tan
pequeñas. Pero seguid, Teresa. Quiero oír cómo desaprovechasteis
aquellas buenas inclinaciones que el Señor os dio.
Silencio.
Teresa- Faltándome mi madre, no me mantuve en los deseos con que
comencé, sino en el ejemplo de una parienta que trataba en casa. De
no haber pasado por ello, no creería el daño que hace en mocedad
mala compañía. Si hubiera de aconsejar, diría a los padres que tengan
cuidado con las personas que tratan a sus hijos.
Salazar- Decís bien, Teresa, porque se va nuestro natural antes a lo peor
que a lo mejor.
Teresa- Fue en aquella compañía que comencé a querer contentar con mi
apariencia, con cuidado de manos y de cabellos y de olores y con las
vanidades que en esto podía tener, que eran muchas, por ser yo muy
curiosa. Aún no sabía que es mala la curiosidad de la limpieza
demasiada. Cosas que ahora veo cuán malas son, entonces no me
parecían pecado. Aunque no tuviese mala intención, porque no quería
que ningún hombre ofendiera a Dios por mí.
Salazar- Me asombra que vuestro virtuoso padre no apartase de su casa a
aquella mujer.

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Teresa- No podía evitar que entrase, ni le aprovechaban sus diligencias
para alejarme de ella, pues era mucha mi sagacidad para cosa mala.
Por sacarme de esa compañía, mi padre me llevó a educar con las
agustinas de Santa María de Gracia. Allí conocí a alguien por cuyo
medio quiso el Señor darme luz. Yo gustaba de la conversación de una
monja vieja, y me holgaba de oírla hablar del Señor. Fue esta buena
compañía la que comenzó a desterrar las costumbres que había
sembrado aquella mala y a poner en mi pensamiento deseo de cosas
eternas. Veía a esa monja llorar cuando rezaba y habíala envidia, pues
era tan duro mi corazón que, aunque leyera la Pasión toda, yo no
tuviera una lágrima.
Salazar- ¿Dais a entender que fueron las lágrimas de una vieja monja lo que
os guió hasta el Señor?
Teresa- Pero todavía miraba más mi vanidad que lo que estaba bien a mi
alma. Si anhelos de ser monja se me venían, pronto se quitaban.
Aunque ya veía ser ése el más seguro estado, no me determinaba a
tomarlo. En esa batalla estuve meses.
Silencio.
Salazar- Si tanta enemistad teníais de ser monja, ¿por qué no pedisteis a
vuestro padre que os casara? ¿O es que casaros lo temíais más que ser
monja? Muchas eligen el convento menos por amistad de Dios que por
vivir en amistad de otras, evitando marido, embarazos y partos.
Teresa- Casarme nunca lo he querido, eso es verdad.
Salazar- ¿Tuvo algo que ver en vuestra preferencia por la Encarnación una
amiga de nombre Juana Juárez, que antes que vos era allí carmelita?
Teresa- Yo no entré a la Encarnación por seguir a Juana, ni a ninguna otra.
Silencio. Salazar toma del cesto dos cebollas. Las compara –sus
formas, sus pesos...-. Elige una y devuelve la otra al cesto. Observa la
elegida. La pela capa a capa hasta que, de pronto, como impaciente
por saber cómo es por dentro, toma un cuchillo y le pega un tajo que
la parte en dos. Salazar compara las dos mitades de la cebolla. Elige
una. La corta a su vez en dos mitades, que comparará. Y así
sucesivamente.
Salazar- Todavía no he comprendido cómo acabó de inclinarse vuestra
voluntad.
Teresa- El Señor la inclinó dándome una enfermedad por la que hube de
tornar a casa de mi padre. Allí coincidí con aquel hermano mío,
Antonio, cuyo ejercicio ahora eran los libros de espíritu. Antonio me
pedía que le leyese, y con la fuerza que hacían las palabras en mi

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corazón, entendí otra vez la verdad de cuando niña, que todo no es
nada y la vanidad del mundo, y a temer, si llegara la muerte, cómo me
encontrara. Al fin quise vencerme con la siguiente razón: los trabajos
de ser monja no podían ser mayores que los del purgatorio.
Mereciendo yo el infierno, no era mucho vivir como en purgatorio si
después me iría al cielo.
Salazar- De ese pensar, deduzco que fue más temor que amor lo que os
movió a ser monja.
Teresa- Fue amor lo que me hizo empujar a Antonio a que se metiese fraile
y lo que me llevó a mí a la Encarnación.
Salí de mi casa al alba y a escondidas, para que mi padre no supiese, y
no será más el sentimiento cuando muera. Cada hueso se me apartaba
por sí. No hay amor de Dios que quite el amor de padre. Si Dios no me
ayudara, no bastara mi voluntad para ir adelante. El demonio me decía,
de camino al convento: “Vuelve a tu casa, Teresa. Tú jamás podrás
sufrir los trabajos de religión, por ser tan regalada”. Mas yo le
respondía diciéndole los trabajos que pasó el Señor: “Si tantos pasó él
por mi, no es mucho que pase yo algunos por él. Me ayudará a
llevarlos”.
Salazar- Así que también conversáis con el demonio.
Teresa- Era el Señor el que por mi boca contestaba. De un manotazo
deshizo la maraña de mi confusión. “Si vas a tener trabajos por
servirme, te servirán de purgatorio. En la contradicción está la
ganancia”, me dijo como hablándome al oído. Me determiné padecer
por Dios y huyó el demonio. Quedé cansada de tal contienda, pero
riéndome de él. “Ya no temeré demonios”, me dije, “que ellos me
teman a mí. Ellos no se mueven si tú no lo permites, Señor. Yo digo
“Dios” y les hago temblar. Quien te tiene contento, puede aplastar el
infierno todo”.
Salazar- Yo temo a los que no temen al demonio.
Teresa- También yo. Mas entonces ignoraba que el demonio no dejaría
pasar hora sin tentarme, y que más de una vez lograría torcerme. Pero
en aquella el Señor me dio ánimo bastante para ir contra mí y llegar a
la Encarnación. Pronto también me dio a entender cómo favorece a los
que se hacen fuerza por servirle. En seguida tuve gran contento de mi
estado, un gozo nuevo que no podía entender de dónde venía y que
mudó en ternura la sequedad de mi alma.
Salazar- No os recuerdan en tal gozo vuestras hermanas. En el año de
noviciado, las otras os vieron procurar soledad y os vieron lágrimas.
Piensan que era descontento de ser monja.

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Teresa- Otro descontento era. De novicia pasé desasosiegos por culparme
sin tener culpa. A menudo tuve por pecado lo que es virtud, y por
virtud el pecado. El convento no me ayudó a distinguir.
Salazar- ¿Y la oración? ¿Tampoco ella os ayudaba a distinguir?
Teresa- El demonio fue más firme que todas mis oraciones. Mientras yo
oraba, él armaba contra mí una gran trama.
Salazar- ¿Pensasteis encontrar amigos contra tan gran enemigo fuera de la
Encarnación? ¿Fue por combatir al demonio que, a poco de haber
entrado al convento, salisteis al lugar de Becedas, en la serranía de
Béjar, a tener trato de curanderos y de algún sacerdote que manchaba
su sacramento?
Silencio.
Teresa- Yo quise probar a Dios el amor que le tenía. El demonio supo
aprovecharse de mi afán.
Salazar- Explicaos, si podéis hacerlo.
Silencio.
Teresa- Aún no amaba a Dios como después lo he amado, pero ya tenía una
luz de parecerme de poca estima lo que se acaba y de mucho precio lo
que es eterno.
Había en la Encarnación una monja enferma de grandísima
enfermedad. Si todas temían su mal, yo envidiaba su paciencia. Pedí a
Dios que, dándome paciencia, me diese las enfermedades que tuviese a
bien. Yo no temía ninguna, pues con cualquier medio estaba dispuesta
a ganar bienes que no mueren. El Señor me oyó y diome un mal de
corazón tan grande que me privaba del sentido, y en tanto extremo que
se temió por mi vida. Como los médicos no le encontraban remedio,
mi padre procuró llevarme a ese lugar de Becedas, donde había gente
con fama de sanar las peores enfermedades.
Allí encontré el sacerdote que decís. Comencé a confesarme con él
pensando que tenía letras, aunque luego entendí que no muchas.
Siempre he sido amiga de letras, pero gran daño hicieron a mi alma
confesores medio letrados. Buen letrado nunca me engañó, pero he
visto que es mejor no tener ningunas letras que pocas. Aquel hombre
se engañaba, y yo engañé a otros con repetirles lo que me decía. No
creo que me quisiese engañar, sólo que no sabía más. Yo pensaba que
sí sabía y que era obligada a creerlo.
Salazar- Ante Dios eso no os disculpa. Basta ser las cosas no buenas para
guardarse de ellas. Con letras o sin letras, aquel hombre decía misa
viviendo en pecado, y ello era cosa tan pública que tenía perdida honra

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y fama. ¿Cómo, siendo notoria su deshonra, no os apartasteis de tan
turbio amigo?
Teresa- Aquel hombre se aficionó a mí. No era afición mala, mas tan
excesiva que venía a no ser buena, y debiera haber sido con más
reserva. Ocasiones hubo para ofensas más graves si yo no hubiera
tenido delante a Dios. Pero a mí me parecía virtud tener ley a quien me
la tenía.
Salazar- Maldita tal ley si se extiende contra la de Dios. Es un desatino que
me desatina que se tenga por virtud, aunque sea ir contra Dios, no
quebrantar una amistad. Más vale ser ingrato contra el mundo que
serlo un punto contra el Señor. Sólo a Dios debemos el bien que los
demás nos hacen. Al pecador sólo debemos intransigencia. Doble
intransigencia si su pecado daña la fama de la Iglesia.
Grandísimo mal de religiosos. No hay que sorprenderse de que haya
tantos males en el mundo cuando quienes habrían de ser los mejores,
para que todos los imiten, tienen borrado el espíritu. Limpiar el mundo
empieza por limpiar la Iglesia.
Teresa- Yo pensé que era deber mío, si aquel hombre tuviera un resto de
espíritu, hacer lo posible por salvarlo.
Salazar- Ni siquiera por hacer un bien, por grande que sea, ha de hacerse un
mal, ni exponerse a hacerlo.
Teresa- Me confesó que la mujer con que vivía le tenía puestos hechizos en
un idolillo de cobre. Me lo mostró, que lo llevaba al cuello por amor
de ella. Yo le di la luz que pude, y pareció cosa del Señor el efecto que
mis palabras le hicieron. No dejé de hablarle de Dios hasta que vino a
darme el ídolo, el cual eché al río. Entonces, como quien despierta de
un sueño, se acordó de lo que había hecho aquellos años y, doliéndose
de su perdición, vino a aborrecer a la hechicera. Fue como si el Señor
se sirviese de mí para decir unas verdades.
Silencio.
Salazar- ¿Creéis vos eso de los hechizos? Que las cosas de materia tengan
fuerza sobre el espíritu, ¿no es contra el libre albedrío que nuestro
Señor predicó?
Teresa- Yo no digo que sea cierto eso de los hechizos, mas sé lo que vi, y
no pierdo ocasión de contarlo. A las mujeres, porque ellas, más que los
hombres, son obligadas a tener honestidad. A los hombres, para que se
guarden de mujeres que tal trato buscan. Huyan los hombres de las que
pierden la vergüenza a Dios, porque con la pasión que el demonio les
pone no miran nada más. Yo nunca forcé voluntad para que un hombre

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me la tuviera, pero sólo porque el Señor me guardó de eso. Si él me
dejara, haría el mal que otras.
Silencio.
Salazar- Veo que pusisteis el alma en gran peligro en ese sitio al que
llevasteis a curar el cuerpo. Y que poco reposasteis para estar tan
maltrecha. ¿O no lo estabais tanto? Dos de los que os trataron dudan
de vuestra enfermedad.
Teresa- Mi enfermedad fue tal que aun el cuerpo teme que el alma haga
memoria.
Silencio.
Cuantos médicos hace mi padre que me vean, todos me desahucian.
Eso me importa poco, pero el dolor es un ser de los pies a la cabeza,
parece imposible poderse sufrir tanto.
El mal de corazón se hace más recio. Dientes agudos me lo muerden,
tanto que temo que sea rabia.
La lengua hecha pedazos.
La lengua en pedazos de mordida. Como la garganta no traga, que aun
agua no puede pasar, me hallo sin fuerza y muy gastada, porque me
dan purga cada día, y con tristeza muy honda. Encogidos los nervios
en dolores que ni de noche me dan sosiego, me encojo yo en ovillo, sin
poderme mover más que si estuviera muerta.
Con tanto daño en el cuerpo y desatino en la mente, al pedirle una
noche que me traiga confesor, mi padre piensa que es miedo de
morirme y no consiente. Excesivo amor de la carne, que podría
haberme hecho gran daño. Esa noche pierdo el sentido. Me dan el
sacramento pensando que Teresa expira. Oigo la pena de mi padre por
no haberme dejado confesar. Oigo alrededor muchas oraciones.
Bendito sea el Señor, que también quiere oírlas. Teniendo abierta
sepultura esperando el cuerpo, si no es por mi padre, me entierran
viva. Cuando despierto ya tengo la cera en los ojos. Tiemblo al pensar
cómo parece que el Señor me resucitó.
Sabiendo los peligros que había pasado, me confesé con muchas
lágrimas y me hice llevar de prisa a la Encarnación. A la que
esperaban muerta, recibieron con alma. Mas el cuerpo peor que
muerto. El extremo de flaqueza no se puede decir, que sólo los huesos
traía.
Tocarme no había cómo, pues no lo podía sufrir. Me llevaban en una
sábana.

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Estar así me duró ocho meses. Estar tullida, tres años. Pero yo estaba
conforme con la voluntad de Dios, aunque me dejase así siempre.
Cuando comencé a andar a gatas, di gracias.
Silencio.
Salazar- Muchos son en el mundo los que al dolor suman soledad y no
tienen el consuelo que vos recibisteis de vuestras hermanas. A vos os
llevaba en una sábana; otros no encuentran manos que los lleven.
Según decís, os disteis prisa en volver a la Encarnación. Aún sentías
esa casa como vuestra.
Teresa- Quería que lo fuese. Pronto supe que no podía serlo, y el Señor me
hizo saber que sabía lo mismo.
No estaba ni está esa casa fundada en perfección. No se prometía, ni se
promete, clausura. Salen las monjas a muchas partes, y entran muchos.
Es gran peligro monasterio de mujeres con libertad, antes paso para
caminar al infierno las flacas que remedio para sus flaquezas. Si los
padres tomasen mi consejo, querrían más casarlas bajamente que
meterlas en monasterios abiertos, si no son bien inclinadas, o se las
tengan en casa, porque si quieren ser ruines lo podrán encubrir poco
tiempo, y en el monasterio mucho. Es lástima de muchas que llegan a
la Encarnación queriendo apartarse del mundo y se hallan allí en mil
mundos juntos, y se van por lo que hallan.
Silencio.
Salazar- Me duele oíros hablar con tan poco amor de la casa de la
Encarnación. Si en ella, además de afecto y de cuidados, encontrasteis
cosa que enmendar, nada os impedía encerraros en vuestra celda y en
vuestra oración. Pero ninguna falta que hayáis visto, por grave que
fuere, os diera razón para desobedecer vuestra regla.
Teresa- Encerrarme en celda y oración, eso quise hacerlo mucho tiempo.
Pero aun doblemente encerrada, sólo porque el Señor me ayudó no
pagué caro vivir en monasterio abierto. La libertad, al ser yo ruin, me
llevara al infierno si el Señor no me sacara de esos riesgos. Un día,
hallándome con una persona, el Señor vio que no me convenía aquella
amistad y se me representó dándome a entender lo que aquello le
pesaba…
Salazar- (Interrumpiéndola.) Así que el Señor no sólo os habla. También se
os ha representado.
Teresa- Yo quedé muy turbada, y decidida a no ver más a esa persona. Pero
el demonio me hizo creer que quien yo creía el Señor podía ser
demonio, y que no hacía mal por ir con aquella compañía. Hasta que
estando otra vez con ella vimos venir un gran sapo que andaba con

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más ligereza de la que ellos pueden tener, una sabandija de las que
nunca se ven en mitad del día. No se me ha de olvidar esto con que
volvió a avisarme contra esa persona, a la que nunca más quise tener
cerca.
Silencio. Salazar pone agua al fuego.
Salazar- Vuestras hermanas estarán hambrientas.
Con un gesto, invita a Teresa a cocinar. Ella empieza a hacerlo.
Decidme, Teresa. ¿Fue aquella la primer vez que el Señor se os
representó?
Silencio.
Teresa- La primera fue una noche que, estando en oración, me mostró las
manos solas. La noche siguiente me dio a ver su rostro.
Salazar- Se os mostró poco a poco. ¿Por qué no entero y de una vez?
Teresa- Me iba llevando conforme a mi flaqueza, porque tanta gloria aún
no la pudiera sufrir junta.
Salazar- No comprendo que sea menester esfuerzo para ver cuerpo tan
hermoso.
Teresa- Lo es tanto, que la gloria que trae ver tanta belleza desatina y da
temor, aunque yo por todos los deleites del mundo no lo trocara.
Silencio. Teresa cocina; Salazar la ayuda.
Salazar- Quisiera entender, Teresa, qué veis cuando decís que veis al
Señor.
Teresa- Veo que está junto a mí y me habla.
Salazar- Vos, ¿qué hacéis cuando él os habla?
Teresa- Al principio, yo no hacía sino llorar. Pero en diciéndome él una
palabra, quedaba sin temor. Ahora no necesito su palabra para no
temerle.
Salazar- Veis a Cristo junto a vos. ¿En qué forma?
Teresa- No veo en qué forma. Pero que está a mi lado derecho, lo siento
muy claro, y que es testigo de lo que hago.
Salazar- No entiendo que podáis ver que está a vuestro lado si no veis la
forma en que está.
Teresa- Con ojos del alma lo veo.
Salazar- Otros ojos que los del cuerpo, yo no los conozco.

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Teresa- Yo a él lo veo con los ojos del alma más claramente que lo pudiera
ver con los del cuerpo.
Salazar- Así como en los sueños.
Teresa- No es cosa de sueño.
Salazar- ¿Cómo sabéis que es Cristo?
Teresa- No sé cómo sé, mas no puedo dejar de saber que está junto a mí.
Salazar- Tenemos tiempo, Teresa. Buscad comparaciones para dar a
entender lo que yo aún no he entendido.
Teresa- Para esta manera de visión no hay comparación que cuadre.
Salazar- ¿Es como una persona ciega o a oscuras, que no ve a otra que está
a su vera, pero la siente?
Teresa- Alguna semejanza tiene, mas no mucha. Yo no le siento con los
sentidos, ni le oigo hablar o moverse, ni le toco. Aquí no hay nada de
eso, ni oscuridad, sino que se representa por una noticia al alma. Una
luz que, sin verla, alumbra el entendimiento.
Silencio.
Salazar- El confesor que tenéis señalado, ¿qué dice de todo eso?
Teresa- Mi confesor teme confesarme.
Me mandó que, cuando el Señor se me apareciese, le mostrase la cruz,
porque siendo demonio con esto se iría.
Salazar- ¿Hicisteis lo que vuestro confesor os mandaba?
Teresa- Con gran pena. Me hubieran hecho pedazos y no pudiera yo creer
que era demonio. Con hartas lágrimas, mientras le mostraba la cruz, le
pedía que me perdonase. El Señor me dijo que obedeciese a mi
confesor hasta que él hiciera que la verdad se entendiese. Pero cuando
otro día mi confesor me prohibió la oración, el Señor dijo que aquello
ya era tiranía y, para que entendiese que no era demonio, teniendo yo
la cruz en la mano, me la tomó con la suya y cuando me la tornó a dar
era de piedras más preciosas que diamantes, que el diamante es cosa
contrahecha en comparación con las piedras que vi. También vi sus
cinco llagas.
Silencio.
Salazar- ¿Siempre se os representa crucificado?
Teresa- Las más veces.
Salazar- Aquella cruz de piedras tan preciosas, ¿qué habéis hecho de ella?
Teresa- Aquella cruz el Señor se la llevó consigo.

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Silencio.
Salazar- Si alguna de esas ocasiones habéis estado entre gentes, ¿vieron
otros lo mismo que vos?
Teresa- Nadie lo ve sino yo.
Silencio.
Salazar- “La imaginación es la loca de la casa”. Otra curiosa sentencia
vuestra. “La imaginación es la loca de la casa”. De niña frecuentabais
libros de caballería. Gustáis, desde niña, de fantasías. También lo son
esas visiones del Señor. Creo que, como tantos alumbrados,
iluminados y charlatanes que en estos tiempos abundan, las inventáis
para asentar sobre ellas vuestras acciones. ¿Pensáis que nadie discutirá
lo que hacéis cuando lo que hacéis parezca dictado de Dios?
Teresa- Ser imaginación eso es imposible de toda imposibilidad. Son cosas
que van muy más alto de lo que puede concertarse en la cabeza. Sola
la hermosura de una mano es sobre toda nuestra imaginación, ni
alcanza la fantasía a pintar esa luz.
Salazar- Si nadie sino vos ve lo que veis y no sabéis dar a entender lo que
veis, ¿os extraña que muchos crean que es fingimiento? Que es teatro
vuestra oración y teatro el silencio en que caéis tras la oración.
Teresa- Tales ímpetus de Dios a quien no los pase es imposible darlos a
entender. Luego ando como perdida la cabeza y cansado el espíritu,
sin saber qué hacerme, porque nada cabe en mí ni sabe el alma qué
quiere ni qué tiene. Hablar no puedo, sino abrazarme con mi pena.
Cuando alguna vez he querido explicarme, hartas afrentas he pasado
en hacerlo. Personas muy santas en cuya comparación nada valgo,
como Dios no las lleva por este camino, al oírme es el temor en ellas y
me dicen que no tengo humildad, y les parece tan cierto que tengo
demonio que me quieren conjurar.
Salazar- ¿Y si soy yo quien os lo dice? Que no tenéis humildad y que es el
demonio, que hace que se os antoje.
Teresa- ¿Habría de creeros si me dijeseis que vos no estáis ante mí?
Salazar- Si no es teatro ni demencia, ha de ser demonio.
Teresa- ¿Dejaría de creer que he estado con quien me ha puesto en las
manos joyas por prendas de amor cuando antes yo no tenía ninguna y
ahora me veo rica cuando fui pobre? Esas joyas las puedo yo mostrar,
porque los que me conocían ven que mi alma es distinta y saben lo que
Dios ha puesto en ella. Dios me ha mudado tanto que no me conozco.
Si el demonio busca llevarme al infierno, ¿por qué toma medio tan
contrario como es quitarme vicios y ponerme virtudes?

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Yo me he visto crecer en amarle mucho. Aun durmiendo estoy en
oración. Cuanto hago procuro no le descontente, que veo él está por
testigo. Sin su guía, estuviera mi alma cayendo a cada paso, pero él me
ayuda a quitarme de las ocasiones. Aunque soy ruin, traigo temor de él
lo más continuo. Como tengo visto adónde he de parar, busco su mano
para no caer. Porque él ya me ha dado a ver el aposento que los
demonios me tienen aparejado y que yo merecería según mis culpas.
Salazar- ¿De qué habláis? ¿Qué diabólico aposento es ése?
Silencio.
Teresa- No sé si sabré dar palabras a lo que vi. Nunca antes intenté hacerlo,
por miedo a no ser entendida.
Silencio.
Estando un día en oración me hallé, sin saber cómo, metida en el
infierno. No entiendo cómo puede ser que, con no haber luz, se vea allí
tanto y dé tanta pena lo que se ve. La entrada es un callejón largo y
angosto. El suelo, de agua como lodo sucio y pestilencial olor y con
muchas sabandijas en él. Al final te recibe una concavidad en que la
pared te aprieta y te sientes desmenuzar. Los daños del cuerpo, con
haber pasado yo, según los médicos, los mayores que se pueden pasar,
no son nada en comparación de los que allí sentí y acrecidos porque
han de ser sin cesar y sin esperar consuelo. No hay dolor en
comparación del agonizar el alma: un desesperamiento que no hay
palabras para darlo a entender. Decir que es un arrancarse el alma es
poco, porque el alma misma se despedaza.
Largo silencio.
Salazar- Habéis sido muy franca dándome a oír ese grave relato. Yo quiero
corresponder a vuestra franqueza revelándoos algo que a nadie antes
me he atrevido a contar.
Desde hace años, cada noche después de la oración, oigo que me
llaman voces pronunciadas en lenguas que no entiendo. Pese a no
comprenderlas, yo las obedezco. Me mandan que las siga por el
bosque hasta un claro en que se alza una ermita. Mas cuando entro en
esa ermita, no hallo el Sacramento, sino una biblioteca de muchos
libros. Al acercarme descubro que no están ordenados según el
alfabeto, sino del Bien al Mal. El primero es la Biblia, el último uno de
páginas negras que arde sin consumirse. A él me empujan las voces
que me han guiado hasta allí, que ahora dicen como una sola: “Lee y
obedece”.
Silencio.

15
Palabras. Cuanto acabáis de escuchar no es sino palabras. He juntado
tres sueños y un par de fantasías como se juntan lentejas, cebolla y dos
puntas de tocino. Lo haré mejor la vez próxima, preparando más mi
cuento. Me ayudaré de libros donde se pintan las penas infernales.
También vos, según parece, conocéis esos libros.
Silencio.
Teresa- Leerlo no es nada con la pena que yo viví, como de dibujo a
verdad, igual que quemarse acá es nada en comparación del fuego de
allá. Las palabras apenas son sombra de aquellas cosas. Si la lengua
pudiera decir verdad sobre el cielo o el infierno, se rompería en
pedazos.
Salazar- No comprendo que el Señor haya querido mostraros vuestra
muerte antes de la muerte. ¿Quiso haceros sentir los tormentos que
padecerá vuestro espíritu como si ya el cuerpo los padeciera? ¿Quiso
anticiparos el castigo?
Teresa- No fue castigo, sino la mayor merced que me ha hecho, porque me
aprovechó para perder el miedo en esta vida. Cada vez que tengo dolor
me parece nada, y que me quejo sin propósito, pues el Señor quiso que
viese por vista de ojos de qué me libraba su misericordia.
De aquella visión gané también la pena que me dan los condenados y
un ímpetu de librar almas, que por una sola pasara yo de buena gana
muchas muertes. En cosa que tanto importa, no me contentaré con
hacer menos de lo que pueda. Al ver con dolor un cuerpo, nuestro
natural nos invita a compasión. Ver un alma en el sumo dolor de los
dolores, ¿qué corazón lo llevará sin tristeza? Acá nos mueve a
compasión el dolor aun sabiendo que se acabará con la vida. Ése de
allá no tiene final.
Después de haber visto aquel secreto que él me quiso mostrar, creció
en mi espíritu el desasosiego. Desasosiego de él, que había dado vuelta
a mi corazón. Desasosiego con que me pedía más de lo que hasta
entonces le diera…
Salazar- (Interrumpiéndola.) Y no bastando la Encarnación para contener
tanto desasosiego, habéis tratado de fundar esta otra casa con que
desasosegáis a vuestras hermanas. Muy malquista estáis entre ellas. Eliminado: hoy

Dicen que las afrentáis. Que ahora ven que nunca las tuvisteis amor. Eliminado: a la casa

Que mejor haríais procurando renta para la Encarnación que buscando Eliminado: vuestra casa

para otra casa. Las que menos me piden que os eche a la cárcel del
convento. Me preguntan: si Teresa no ha guardado la religión de esta
casa, ¿cómo piensa hacerlo en otra de más rigor?; ¿cree ser ella mejor Eliminado: guardarla

que las que aquí vivimos?; ¿o todo lo hace sólo para ser nombrada?

16
Teresa- Quien diga que obro para ser nombrada, me condena sin culpa. En
lo otro entiendo que dicen verdad. En que soy más ruin que muchas, y
en que no es seguro que pueda vivir en casa de más rigor.
Salazar- Y en que escandalizáis al pueblo. ¿No llega a vuestros oídos un
alboroto muy grande? No podéis dejar de oírlo: en la ciudad no se
habla de otra cosa desde que se supo que, en secreto de su Provincial,
monjas de la Encarnación querían fundar otro monasterio. Sabed que a Eliminado: del monasterio

esta hora están reunidos el corregidor, los regidores del Concejo y el Eliminado: han querido

cabildo catedralicio y todos dicen que en ninguna manera se ha de


consentir esta casa, y que se le ha de quitar el Sacramento. Han
llamado a las órdenes para que digan su parecer, de cada una dos
letrados. Han llamado a los señores don Francisco de Valderrábano y
don Pedro del Peso, y a don Diego de Bracamonte, y al prior de Santo
Tomás y Guardián de San Francisco y al prior de Nuestra Señora del
Carmen, y a los abades de Santispíritus y de Nuestra Señora de la Eliminado: de los monasterios

Antigua, y a los rectores del Nombre de Jesús, y a don Cristóbal


Juárez y a don Alonso de Robredo, para que haya de todos los estados
de la ciudad. Los que no os condenan, callan, sin que ninguno salga en
vuestra defensa. La ciudad ya ha apelado al Consejo Real y enviado a
Alonso de Robredo para llevar vuestra causa a Madrid.
Mas el Santo Oficio no esperará a lo que Madrid decida. El Santo
Oficio sabe que esta causa es suya, y que no es causa menor. Hace Eliminado: Hace tiempo os
observamos, Teresa.
tiempo sabíamos que llegaría esta hora.
He entrado a esta casa convencido de que había de cerrarla y de
castigar a sus moradoras. Os pedí que hablaseis por ver si me hacíais
mudar de convicción. Pero nada de lo que hasta ahora ha salido de
vuestros labios me aparta de mi primera voluntad. Al contrario, me
afirma en ella.
Eliminado: ¶
Largo silencio. Entré aquí convencido de que
habría de cerrar esta casa y
Teresa- No quiero teneros contra mí, pero no faltaré a la verdad para castigaros. Nada de lo que he oído
de vuestros labios me aparta de esa
teneros a mi lado. Soy enemiga de dar pesadumbre en lo que se puede voluntad.¶

evitar, pero no temo tener enemigos. No busco agradar a todo el Eliminado: .

mundo, sino sólo a él, porque sólo a él estoy obligada.


Eliminado: me acompañaron
El día de San Bartolomé, puesto en esta casa el Sacramento, entraron
conmigo las hermanas que antes nombrasteis. María de la Paz tomó el
nombre de María de la Cruz; María de Ávila, el de María de San José.
Antonia del Espíritu Santo aportó diecisiete mil maravedíes; Úrsula de
los Santos, trescientos ducados. También se remediaron cuatro
huérfanas pobres, porque en San José se toma sin dote y la oración es
nuestra única ansia. Todo ello sucedió con toda autoridad. Don Gaspar
Daza, con conocimiento del Obispo, impuso los hábitos. Eliminado: como delegado

17
Al saberse en la ciudad y crecer el alboroto, el Provincial me envió
mandamiento de volverme a la Encarnación. Supe que se me habían de
ofrecer hartos trabajos. Mas, como ya quedaba hecho, poco se me
daba.
Antes de salir para allí, quise rezar con mis hermanas. Estando con
ellas en oración, sentí que me vestían con ropa de mucha claridad,
pero no vi quién me la ponía. Al fin vi que era la Virgen, muy niña,
con un resplandor que no deslumbra. Cuando acabó de vestirme, me
asió de las manos y me dijo que la casa no se desharía, y para señalarlo
me dio una cruz de hermosura muy distinta de lo que podemos
imaginar, así como no alcanza el entendimiento a entender cómo era
de blanco mi vestido, que todo lo de acá parece mal dibujo. Vi a María
con manto blanco, y debajo de él nos amparaba a todas. Junto a ella yo
estaba con más contento que nunca y nunca quisiera quitarme de él. Al
verla subir al cielo con muchedumbre de ángeles, quedé con gran
soledad, pero con tanta paz que ni moverme podía, y con ímpetu de
deshacerme por Dios.
Salí de la oración determinada a pasar cuanto por el Señor fuese
servido. Le ofrecí lo que hubiese de pasar, y contenta, pero penada por Eliminado: Estando con mis
hermanas en oración, vi a María
dejar penadas a mis monjas, fui con creer que el Provincial me había con manto blanco y debajo de él
nos amparaba a todas. Ofrecí al
de echar en la cárcel del monasterio. Lo cual me hubiera dado Señor
contento por descansar en soledad, pues me trae molida tanto andar Eliminado: ,
con gente. En cárcel estaría contenta de no hallarme en tanto ruido. No
hay mayor descanso que huir de gentes. Tengo envidia de los que
viven en desiertos.
El Provincial me hizo gran reprensión. No me hizo ninguna pena,
aunque yo mostrase tener alguna porque no pareciese tener en nada lo Eliminado: poco

que me decía. Luego me mandó explicarme ante las monjas. Con gran Eliminado: Al fin,

quietud les di mi descuento. Entiendo que el Provincial, aunque no Eliminado: todas


Eliminado: , yo
quiso decir palabra en mi favor ante las monjas, tampoco halló por qué
Eliminado: mi
condenarme. No sabiendo qué hacer conmigo, me mandó volver a San
Eliminado: ,
José a esperar en qué venía a parar todo.
Eliminado: y por eso me dejó
Tres días llevo en oración, aguardando que lo que haya de suceder Eliminado: viene
suceda. Eliminado:
Eliminado: a la espera de
Sé que, entretanto, todos los que habéis nombrado y algunos más se
nos han puesto enfrente. Me espanta cuánto pone el demonio contra
unas pobres monjas. Si es daño lo que hagamos unas mujercitas, será
para nosotras, mas no para la ciudad. Pienso que se ha de servir mucho
al Señor en esta casa, pues el demonio pone tanto en que no se haga.
Como el Señor no deja que nos dejen solas, el padre Gonzalo de
Aranda fue a la Corte a abogar por nuestra causa, aunque muchos

18
pongan la vida en deshacerle. El caballero Francisco de Salcedo ha
hablado por nosotras ante el Consejo Real, pasando hartos trabajos. El
padre Gaspar Daza, quien puso el Sacramento y dio los hábitos, se ha
visto por ello en una batida que no cesa.
Largo sería decir por menudo la persecución que sufren quienes nos
ayudan. Yo tengo pena del trabajo que pasan, pero no del que yo haya
de pasar, que de eso huelgo. Acordándome del juicio que el Señor Eliminado: Así h
sufrió, cuán poca cosa es este mío. Es un bien pasar persecución por Eliminado: acercarme hasta
él, porque veo mucho acrecentamiento en mi alma. Eliminado: vos
Eliminado: quedarnos
Al saber que habíais llegado y me llamabais, he dicho al Señor: “Esta
Con formato: Fuente: Cursiva
casa no es nuestra, por ti se ha hecho”. Él me ha respondido: “¿No
Eliminado: El Señor no deja que
sabes que soy poderoso? ¿Qué temes?”. He entendido que mis nos dejen solas. El padre Gonzalo
hermanas, con sus oraciones, harán más que cuanto yo pueda negociar. de Aranda fue a la Corte a abogar
por nuestra causa, aunque tantos
Él nunca deja padecer mucho a sus pobres siervas, nunca en las pongan la vida en deshacerle. El
caballero Francisco de Salcedo ha
tribulaciones deja de socorrernos, y así será en ésta. hablado por nosotras ante el
Consejo Real, pasando hartos
He sentido contrariedad al entrar aquí, pero al veros he entendido que trabajos. El padre Gaspar Daza,
quien puso el Sacramento y dio los
podíais entenderme. He visto que sois un alma con don de Dios para hábitos, se ha visto por ello en una
batida que no cesa.¶
conocer otras, un pastor de los que hacen correr las almas. Largo sería decir por menudo la
persecución que pasan quienes nos
Aunque el Provincial no quisiera ser contra mí, tampoco se atreverá a ayudan. Me espanta lo que pone el
demonio contra unas pobres
ayudarme. No sosegándose la ciudad, no nos dará licencia de vivir en monjas. Si es daño lo que hagamos
unas mujercitas, será para nosotras,
San José. mas no para la ciudad. Pienso que
se ha de servir mucho al Señor en
Vos sí podéis dárnosla. Os pido esa licencia para mí y mis hermanas. San José, pues el demonio pone
tanto en que no se haga.¶
Lo pido también para otras monjas de la Encarnación que quieren Tengo pena del trabajo que pasan
los que nos ayudan, pero no de
unirse a nosotras: Ana de San Juan, Ana de los Ángeles, María Isabel cuanto se diga de mí, que de eso
e Isabel de Pablo. antes me parece que huelgo.
Acordándome del juicio que él
sufrió, veo cuán poca cosa es este
Sé que podéis, por el contrario, condenarnos. Mas lo que se ha hecho mío. He aprendido el bien que es
pasar persecución por él, porque
no se deshará, pues él no lo quiere. veo mucho acrecentamiento en mi
alma.¶
Silencio. Eliminado: Presumís
Salazar- Os jactáis de padecer por el Señor. Sólo lo ofendéis ofendiendo a Eliminado: El Señor me dice que
yo le he servido mucho y nunca
vuestra orden. ofendido. Tampoco c
Eliminado: la
Teresa- Contra mi orden no hallo haber ofendido en nada. Antes procuro
Eliminado: Por qué tantas
aumentarla y muriera por ella. hermanas vuestras me piden que os
condene? ¿Dónde están vuestras
Salazar- ¿No es ofensa a vuestro Provincial, siendo su súbdita, no darle razones contra las de tantos?¶
Teresa- Poco pueden muchos
obediencia? contra la voluntad de Dios. Y no es
menester buscar razones para lo
Teresa- El Señor me hizo ver que no convenía dársela. que quiere, porque sobre toda
razón él hace las cosas posibles.
No hay más que dejarlo todo por él
Salazar- ¿Decís que es el Señor quien os manda desobedecer vuestra regla? para que él todo lo haga fácil.¶

Teresa- Digo lo contrario. Un día, después de comulgar, viendo cuánto Eliminado: fue

hace él por mí, le pregunté qué podía yo por él. Me dijo que guardar Eliminado: mandó
Eliminado: hacer

19
mi regla con la mayor perfección. No estando la Encarnación fundada Eliminado: esta casa

en su primer rigor, pensé si no seríamos algunas para hacer otro Eliminado: un

monasterio. Mas como tenía gran gozo allí, por ser muy a mi gusto mi Eliminado: aquí

celda, aún me detenía. ¿Quién te mete en eso?, Teresa, me decía entre Eliminado: y hecha muy a mi
propósito
mí. Por desalentarme, me decía que el demonio nos pone deseos
imposibles para que no echemos mano de lo que tenemos cerca para
servir a Dios y nos contentemos con desear imposibles. Pero el Señor
no cesaba de alumbrar en mí deseo de una casa nueva. Andando en ese Eliminado: el

pensamiento, comencé a tratarlo con otras. Cuando un enfermo halla a Eliminado: t


Eliminado: lo
otro herido del mismo mal, se consuela de ver que no está solo. Doña
Guiomar fue la primera en venir a querer lo mismo. Ella es viuda y dio
trazas para dar la renta de su mayorazgo. Otras dijeron que ayudarían
con lo que pudiesen. Teníamos deseo de monasterio pequeño y de
pocas monjas. Doce y la priora, con encerramiento.
Eliminado: .
Salazar- Doce. Ni más ni menos, doce. Mucha es vuestra arrogancia.
También la hay en nombrar a la nueva casa “San José”.
Eliminado: manda
Teresa- El Señor mandó que se llamase así. También dijo que a una puerta
nos guardaría él y su madre a otra, y que él siempre andaría con
nosotras como estrella de gran resplandor. Eliminado: Y que dijese a mi
confesor lo que me mandaba, y
que él le rogaba no me lo
Ver tan claro ser San José su voluntad me causó gran alegría. También estorbase.
gran pena, porque se me representaron los trabajos que me había de Eliminado: Esta visión
costar y no me sobraban ni determinación ni certidumbre, por ser muy
sola y tener poquísima posibilidad. Mas debía ir hacia delante, pues Eliminado: veía tan claro ser su
voluntad, que dije a mi confesor lo
era voluntad del Señor. que él me había dicho

Silencio.
Salazar- Confundís la voluntad del Señor con vuestra propia vanidad. Así
os lo advirtió ya vuestro confesor. Viendo que no llevabais camino Eliminado: ¶
Salazar- Vuestro confesor pensó
conforme a razón, os mandó que lo trataseis con el Provincial y que Con formato: Fuente: Cursiva
hicieseis lo que él decidiese. Mas en lugar de tratarlo vos misma, os Eliminado: .
escondisteis detrás de otras. Eliminado: Os

Teresa- Yo no quería tratar con el Provincial por no tratar de mi visión. Fue Eliminado: dijo
Eliminado: lo
doña Guiomar quien trató con él que queríamos hacer monasterio. El
Eliminado: Por eso f
Provincial vino en ello y dijo que lo admitiría.
Salazar- No lo hubiera admitido de saber que estabais vos detrás de ello. Al
saberlo, mudó parecer.
Teresa- Si mudó fue porque, apenas se hubo comenzado a saber nuestro
afán, no se podrá decir lo que vino sobre nosotras, los dichos y las
Eliminado: y los dichos
risas. Como el demonio no dejaba de actuar de una persona en otra,
Eliminado: Pronto no había aquí
pronto no había quien no fuese contra nosotras. Tanto se alborotó el quien no fuese contra nosotras,
pues
Eliminado: .

20
monasterio que el Provincial, por no ponerse contra tantas, desistió de
admitir la casa nueva. Eliminado: Salazar- ¿Y vuestro
confesor? ¿Qué os dijo al oír los
Salazar- Y os ordenó que os enmendaseis en querer salir de la Encarnación dichos y las risas?¶
Teresa
y que no hablase más de ello, a la vista del escándalo.
Eliminado: Dios quiso que
Teresa- Eso fue lo que más me afligió, parecer que yo fuese ocasión de que también de aquella parte, la que
más me había de doler, me viniese
se ofendiese al Señor. trabajo. Me
Eliminado: me
Salazar- Ver a vuestro confesor y a vuestro Provincial contrarios debería
Eliminado: Esto me
haber bastado para deteneros. Eliminado: y a vuestro confesor
Teresa- Mucho menos bastara para detener a esta pobre monja. Como me Eliminado: no bastó

parecía haber hecho cuanto podía, no pensaba ser más obligada para Eliminado: habría bastado

seguir adelante. Pero el Señor me dijo que así vería lo que pasaron los Eliminado: no dejó de
consolarme. M
santos que fundaron las reglas, y que mucha más persecución tenía por Eliminado: quedamos
pasar. Me dijo cosas que dijese a mis hermanas, y quedé con ánimo Con formato: Fuente: Cursiva
para resistir a todos. Con formato: Sangría:
Sangría francesa: 0,95 cm
Salazar- Si teníais contra vuestro Provincial el apoyo del Altísimo, ¿por
Eliminado: ¶
qué buscar contra aquél ayudas más bajas? ¿Por qué buscasteis ayuda Salazar- ¿No entendéis, Teresa, ser
grave falta haber obrado contra lo
de otras órdenes? que vuestro Provincial os mandó y
buscar frente a él la protección de
Silencio. otros?¶
Teresa- Para no ir un punto contra
obediencia, no he hecho cosa sin
Teresa- Por estar segura de que no iba un punto contra obediencia, quise oír parecer de letrados. Yo hubiera
parecer de letrados dominicos con fama de ser los mayores que hay en renunciado a mi llamamiento
cuando ellos pensaran que fuese
la ciudad. Estaba determinada a seguir lo que dijesen, y hubiera más servicio de Dios permanecer
en esta casa. ¶
renunciado a mi llamamiento cuando ellos dijeran que fuese más Fui a letrados dominicos con fama
de ser los mayores que hay en la
servicio de Dios permanecer en la Encarnación. Los letrados me ciudad. Ellos me preguntaron si
pidieron una hora de término para responder. Hoy sé que me estaba determinada a seguir lo que
dijesen. Dije que sí, aunque no se
recibieron con determinación de apartarme de mi idea, porque en me quitaba una seguridad de que
se había de hacer la casa, si bien
sabiendo que iba a ellos les enviaron aviso de que no me ayudaran. no veía camino de llevarlo
adelante. Si los medios me
Pero al mirar mi intento, se les asentó ser en servicio del Señor y parecían sin camino, aunque me
respondieron que me diese prisa en concluir la casa para provecho del dijeran que no la podíamos hacer
creo que yo buscara otro medio.
Carmelo. Y que quien me contradijese fuese a ellos, que ellos Ello
responderían. Eliminado: s
Eliminado: nos
Salazar- A los letrados de Santo Domingo, ¿les dijisteis todo diciéndoles de
Eliminado: diésemos
vuestras visiones? Eliminado: por ser provechosa
para
Teresa- A los letrados no les dije cosa de revelación sino las razones
Eliminado: nos
naturales que me movían porque no quería que me diesen parecer sino
Eliminado: Esa misma noche, el
conforme a ellas. Señor me dijo que buscase casa,
que después yo vería sus actos. ¡Y
Salazar- ¿No será que dudabais si vuestras visiones, esas visiones que no se cuán bien los he visto! Él siempre
encuentra medio para
ven, serían ilusión? favorecernos.¶
Eliminado: nos
Teresa- No.
Eliminado: nos
Eliminado: sería

21
Salazar- No hablasteis a vuestro Provincial de esa consulta a letrados. Eliminado: Nunca

Cuando os llamó por asegurarse de que os habíais enmendado de Eliminado: a vuestro Provincial
Eliminado: volvió a llamar
querer otro monasterio, vos, como reconociéndole razón, guardasteis
Eliminado: ya no queríais hacer
silencio.
Eliminado: sabía
Teresa- No queriendo decirle que era mandármelo Dios, no supe qué
responder.
Eliminado: Habéis pasado
Salazar- Pasasteis meses sin hablar de vuestra empresa, haciendo creer a
todas que estabais avergonzada. Mientras tanto, buscabais medios. Eliminado: las otras
Eliminado: seguíais buscando
Teresa- El Señor me mandó callar hasta que fuese tiempo de hablar de ello. Eliminado: Convenía el silencio.
Mi espíritu iba con ímpetus tan grandes que sentía tenerlo atado, pero Eliminado: mandaba
hice lo que él me mandaba. Convenía el silencio. Eliminado: tornar

Salazar- Incluso a vuestro confesor tuvisteis engañado. Eliminado: a

Teresa- Mi confesor seguía sin entender mi espíritu. “No te fatigues”, me


decía el Señor, “presto se acabará esta pena”. Yo me alegraba
pensando que era que me había de morir, pero era otra cosa lo que me
anunciaba. Él dispuso que saliese de rector de los confesores de esta Eliminado: tenía dispuesto

casa don Dionisio y entrase don Gaspar, que en seguida quiso


hablarme. El Señor me apretó para que tratase con franqueza del
nuevo monasterio y don Gaspar no dudó que fuese espíritu de Dios.
Llamó a mi confesor y le dijo que no había de qué temer, que no me Eliminado: y

llevase por camino apretado, que dejase obrar el espíritu y que no me


estorbase en mi empresa. Así me vi con licencia para poner en ella
todo lo que pudiere. Eliminado: Esa misma noche,
haciendo penitencia, me pareció
Salazar- Si al fin os visteis con licencia de vuestro confesor, ¿por qué que me vestían con ropa de mucha
claridad, pero no vi quién me la
seguir obrando entre sombras? ¿Por qué concertasteis con las otras ponía. Hasta que vi que era la
Virgen, muy niña, con un
seguir tratándolo en secreto? resplandor que no deslumbra.
Cuando acabó de vestirme, me asió
Teresa- Temía que el Provincial todo lo cesase. de las manos y me dijo que el
nuevo monasterio se haría, y para
señalarlo me dio una cruz de
Salazar- Fingisteis salir a cuidar a un cuñado, cuando era a buscar casa a lo hermosura muy distinta de lo que
que salíais. Por más disimular, fue ese cuñado quien la compró. Como podemos imaginar, así como no
alcanza el entendimiento a
no estaba más malo de lo que era menester para vuestro negocio, entender cómo era el blanco de mi
vestido, que todo lo de acá parece
siendo menester ganase salud para que os desocupaseis, se la dio el mal dibujo. Junto a la Virgen yo
estaba con más contento que nunca
Señor. Así pudisteis procurar los dineros, concertar la casa y hacer que y nunca quisiera quitarme de él. Al
tuviese forma de monasterio. Me admira vuestro talento para el verla subir al cielo con
muchedumbre de ángeles, quedé
disimulo, aunque al fin tanto teatro fracasases. Por mucho cuidado que con gran soledad, pero con tanta
paz que ni moverme podía, y con
trajeseis para que no se supiese, ¿pensabais que podía hacerse en ímpetu de deshacerme por Dios.
Salí de la oración determinada a
secreto tanta obra? pasar cuanto por Dios fuese
servido.¶
Teresa- Dios ordenó que mi cuñado cayese enfermo, y faltándole su mujer, Eliminado: ¿Por qué, s
mi hermana Juana, me dieron licencia para salir a cuidarlo. Es cierto Eliminado: seguisteis
que con esa ocasión no se entendieron los trabajos que al tiempo hice Eliminado: vuestras hermanas
por levantar San José. Que resultaron ser tantos que cada hora temí Eliminado: mos

22
que me mandasen volver sin acabar. Tantos que pensé si eran la cruz
que el Señor me había prometido, aunque hoy sé que ha sido poco para
la que he de pasar. Pero entonces me parecía que todo me faltaba. Si
no se me quitaba la seguridad de que se había de hacer la casa, no veía Con formato: Fuente: Cursiva

camino de llevarlo adelante. Un día, llorando, dije al Señor: “¿Cómo Eliminado: La obediencia, ¿se os
hacía bien no dársela, siendo sus
me mandas imposibles? ¿Qué puedo hacer yo, atada por tantas súbditas?¶
Teresa- El Señor me hacía ver que
partes?”. Pero él me dijo “No te faltará”, y no me faltó. Me dijo “Tú no convenía dársela.¶
verás mis actos”, ¡y cuán bien los he visto! Sin él no somos nada; con Salazar- Todo lo habéis hecho en
secreto. Para que no se entendiese,
él, todo lo podemos. fingisteis salir a cuidar a un
cuñado, cuando salíais a buscar la
casa. Por más disimular, fue ese
Silencio. cuñado quien la compró. Ninguna
otra estaba con vos, por más
Salazar- He visto con cuidado la casa. Se me hace chica para monasterio. disimular.¶
Teresa- Dios ordenó que cayese
¿Sois de los que creen que sólo pueden orar quienes viven en malo un cuñado mío, y faltándole
su mujer, mi hermana Juana, me
estrechura? dieron licencia para salir a
cuidarlo. Es cierto que con esta
Teresa- Vi otras más grandes y me apenó no tener con qué comprarlas. ocasión no se entendió nada,
aunque algunas no dejasen de
Pero él me dijo: “Codicia del género humano, que aun tierra piensas sospechar. Mas mi cuñado estaba
que te ha de faltar”. Entré a esta casita y tracéla y hallé, aunque malo de verdad.¶
Salazar- No estuvo más malo de lo
pequeño, monasterio cabal, y ya no procuré de comprar más sitio. El que fue menester para vuestro
negocio. Siendo menester tuviese
poco que haya será mucho si sabemos compartirlo. salud para que os desocupaseis, se
la dio el Señor. Me admira vuestro
Con los dedos, dibuja en harina el plano del nuevo monasterio. talento para el disimulo, aunque al
fin tanto engaño fracasase. Por
mucho cuidado que trajeseis para
La regla primitiva decía: “Ninguno de los hermanos tenga cosa propia, que no se supiese, ¿pensabais que
sino que todo sea común, y de las cosas que el Señor os diere, el prior podía hacerse en secreto tanta
obra? En procurar los dineros, en
las distribuya a cada uno”. concertar la casa y en hacer que
tuviese forma de monasterio,
debisteis de pasar grandes trabajos.¶
Salazar- ¿Quién os enseñó, mujer, tanto sobre reglas? Teresa- Tantos que cada hora temí
que me mandasen volver sin
Teresa- El Señor quiso que tuviese noticia de mí otra de nuestra orden, acabar. Tantos que pensé si eran la
cruz que el Señor me había
María de Jesús, que rodeó leguas por hablarme. Ella me ayudó a prometido, aunque hoy sé que ha
sido poco para la que he de pasar.
pensar cómo hacer el monasterio. Es mujer de mucha oración, con Pero entonces me parecía que todo
tantas ventajas en servir a Dios que yo tengo vergüenza de estar ante me faltaba. Estando en una
necesidad que no sabía con qué
ella. Ella me habló del Carmelo primitivo. Esa mujer, como Dios la pagar, dije al Señor: “¿Cómo me
mandas imposibles? ¿Qué puedo
enseña, tenía entendido, con no saber leer, lo que yo con tanto haber yo hacer, atada por tantas partes?”.
Mas él me dijo que no me faltaría,
leído ignoraba: que réglale Carmelo, antes que se relajase, mandaba no y no me faltó.¶
se tuviese bienes propios. Silencio.¶
Salazar- He visto la casa. Se me
hace chica para monasterio.¶
Salazar- Nada os impide vivir en la Encarnación tan pobre como queráis.
Eliminado: Fui a la
¿Por qué hacer que otras padezcan lo que vos?
Eliminado: .
Teresa- Esa consideración a veces me detiene. A ser yo sola, nada me Eliminado: Y
detuviera, porque aun lo necesario no querría tener, y si mirase mi Eliminado: Salazar- ¿Sois de los
que creen que sólo pueden orar
voluntad, a los pobres daría lo que traigo vestido. Quien sabe la quienes viven en estrechura?¶
riqueza que está en la pobreza y los muchos cuidados que trae tener Teresa-
Con formato: Sangría:
propio, no deja de ser amador de la pobreza. Primera línea: 0 cm
Eliminado: una beata
Eliminado: nuestra regla

23
Salazar- Vos que gustáis tomar parecer de letrados, a ninguno hallaréis en
eso de vuestro parecer. Nadie que lo mire dará razones para no hacer
sin renta un monasterio.
Teresa- Digan lo que digan letrados, yo no puedo poner a paciencia ser
rica. En esta casa se ha de tener la pobreza de la cruz. Viviremos de Eliminado: nuestra

limosna.
Salazar- Una guerra entre descalzos y calzados, ¿eso buscáis abrir en el
Carmelo? ¿Una guerra en la Iglesia entre calzados y descalzos?
Teresa- Iglesia y monasterio han de ser casa de iguales, como iguales nos
hace a todos el bautismo. En la Encarnación hay monjas que pagan
celda grande y tener criadas y hasta esclavas. Haber conocido esas
señoras me enseñó lo poco en que se ha de tener el señorío. Una Eliminado: ha enseñado

mentira que dice el mundo es llamar señor a quien es esclavo de mil


cosas. No habrá señoras en San José. “Entre pucheros anda Dios”
también significa que todas trabajaremos en lo que podamos.
En la alegría que aquí vivimos se ve ser eso lo que conviene. Y a quien
pareciere áspero, culpe a su falta de espíritu y busque monasterio
conforme a su espíritu. El Señor, no yo, escogió las almas que trajo a
esa casa, y yo no supiera desearlas tales para propósito de clausura,
pobreza y oración. Cada una se halla indigna de haber merecido venir
aquí y a todas ha mudado en mejor. A la que viene de la gala del
mundo, le da tan doblados los contentos que entiende haber ganado
ciento por uno. A la de poca edad, conocimiento para no desear otra
cosa. A la más vieja, fuerza para llevar lo que todas.
No vemos estrecho el camino que lleva hasta él. Otros, creyendo ir por
camino ancho, van entre despeñaderos. Si amas al Señor y no al
mundo, marchas seguro por ancho camino. Si tropiezas, él te da su
mano. Si sus ojos están en ti, no has miedo se ponga el sol. Si tú no lo
dejas a él, él nunca te deja.
Nada envidiaremos del mundo si no estamos en el mundo. Nuestra
pobreza se nos hace tan suave como nuestro encerramiento. Sabemos
cuántos peligros hay en andar con el hilo de la gente. No pensamos en
ver a nadie porque a nadie necesitamos para amar a nuestro esposo.
No es nuestro lenguaje sino hablar de Dios, y no entendemos ni nos
entiende sino quien habla el mismo.
Gran gozo es para nosotras estar aquí. No pudiéramos escoger en la
tierra lugar más sabroso. Las persecuciones las damos por bien
empleadas, pues vemos cuán quería él que se hiciese ese rincón suyo,
paraíso de su deleite.

24
Salazar- Me forzáis a condenaros, pues os empeñáis en hacerme pensar que Eliminado: ¶

estáis fuera del orden. ¿No os enseñaron a medir las palabras antes de Eliminado: forzaréis
Eliminado: Teresa, si
llevarlas a la boca? Las vuestras suenan a utopía, a república de
mujeres, a disparate. Advertid que no es sólo la nueva casa lo que
ponéis en juego. Se trata de vuestra vida.
Teresa- Mi vida sólo deseo que el Señor me ofrezca en qué perderla. Todo
se gana en perderlo todo por él. Perder la vida por él, no hay mayor
ganancia. Perdición es tener en mucho lo que no es nada.
Eliminado: ¶
Silencio. A las monjas de San José nuestro
encerramiento se nos hace en
Salazar- “Perder la vida por él, no hay mayor ganancia”. “Todo se gana en extremo suave porque sabemos
cuántos peligros hay en andar con
perderlo todo por él”. Sois amiga de paradojas, como suelen serlo los el hilo de la gente. No pensamos
en ver a nadie que no nos ayude a
aficionados a hablar torcido. encender el amor a nuestro esposo.
Nadie irá a nuestra casa sino que
Saca un escrito. trate de eso. No es nuestro
lenguaje sino hablar de Dios, y no
entendemos ni nos entiende sino
Vuestros escritos están llenos de ellas. Y de extrañas imágenes: “La quien habla el mismo.¶
loca de la casa”. “Castillo interior”. ¿Es poesía o lenguaje cifrado? Soy En la alegría que se vive en nuestra
casa se ve ser esto lo que conviene.
buen cazador, me han educado para distinguir el amigo del enemigo Y a quien pareciere áspero, culpe a
su falta de espíritu y busque
detrás de las palabras, pero las vuestras me confunden. No sé si monasterio conforme a su espíritu.
El Señor, no yo, escoge las almas
muestran o esconden. Parecen dictadas por ángel o demonio, tanto que lleva a esa casa, y yo no
exceden capacidad de mujer. supiera desearlas tales para
propósito de clausura, pobreza y
oración. Cada una se halla indigna
Teresa- A poco que hagamos las mujeres, se juzga exceso lo que hagamos. de haber merecido ir a tal lugar y a
todas ha mudado en mejor. A la
No hay acierto de mujer que no se ponga bajo sospecha. “Disparate de que viene de la gala del mundo, le
mujeres”, dicen en seguida. Nos tiene el mundo acorralado, como da tan doblados los contentos que
entiende haber ganado ciento por
mariposas cargadas de cadenas. Pero el Señor hace a una viejita sin uno. A la de poca edad,
conocimiento para no desear otra
letras más sabia que al obispo más letrado. Yo envidio a los que tienen cosa. A la más vieja, fuerza para
llevar lo que todas.¶
libertad para dar voces, pero no dejaré de decir mis verdades aunque Gran gozo es para nosotras estar
sea en voz baja. allí. No pensamos que pudiéramos
escoger en la tierra lugar más
sabroso. Las persecuciones las
Salazar- Vos que tanto habéis leído, ¿no leísteis que San Pablo ordenó que damos por bien empleadas, pues
vemos cuán quería él que se
las mujeres no enseñaran? hiciese ese rincón suyo, paraíso de
su deleite.¶
Teresa- Jesús no nos aborreció cuando andaba por el mundo. Antes nos No vemos estrecho el camino que
lleva hasta él. Otros, creyendo ir
favoreció. por camino ancho, van por senda
entre despeñaderos. Si amas al
Silencio. Señor y no al mundo, marchas
seguro por ancho camino. Si
Salazar- En encerramiento no ha de ser difícil a una mujer fuerte gobernar a tropiezas, él te da su mano. Si sus
ojos están en ti, no has miedo se
doce más débiles que no puedan escuchar otras voces. ponga el sol. Si tú no lo dejas a él,
él nunca te deja.¶
Encerramiento significa también que nadie desde fuera mire y nadie Con formato: Sangría:
Primera línea: 0 cm
desde fuera oiga.
¿Qué palabras se dicen en esta casa? ¿Qué palabras se leen? Temo que
este pequeño San José se convierta en base de un gran cisma. Una sola
manzana puede pudrir a muchas.

25
Silencio. Lee otro escrito. Eliminado: ¶
Eliminado: Salazar l
Salazar- “Oración mental es tratar a solas de amistad con quien sabemos
que nos ama”. Un libro sobre oración mental, ¿eso preparáis? ¿Será
ésta la guía del nuevo monasterio?
Teresa- Esas líneas las he escrito para una hermana que ha perdido la fe
con que tomó el hábito.
Salazar- No os bastaba con hablarla. Mucho gustáis de escribir.
Teresa- Pienso hacerlo mientras mi mano pueda sostener la pluma.
Salazar- Lo que escribís, ¿lo presentáis a vuestro confesor? ¿O ya no
precisáis de confesor?
Eliminado: Sé que
Teresa- Mis escritos los presento a mi confesor, pues debo hacerlo.
Eliminado: También las cartas,
Salazar- ¿Y qué dice él sobre lo que escribís? pues debo hacerlo.¶
Eliminado: A veces, c
Teresa- No hay escrito que me devuelva sin notas y tachaduras. Con
grandes cruces borra párrafos enteros. Eliminado: ,

Eliminado: Sabemos que s


Salazar- Se ha vuelto costumbre entre gentes de la iglesia esconder escritos
por si fuesen llevados a examen.
Teresa- No tengo yo esa costumbre.
Salazar- He aprendido que la mística es disfraz que a veces toma la
subversión. Se llama a veces espiritualidad a lo que es desorden.
Teresa- A veces se llama desorden a lo que es espíritu.
Silencio.
Eliminado: mucho
Salazar- Bartolomé de Carranza predicó de oración mental y de relación
directa con Dios. Se empeñó en traducir la Biblia a lengua vulgar para
que la leyesen las mujeres. Su proceso ha sido tan ruidoso que algo de
ello os habrá alcanzado. No le protegió ser obispo de Toledo.
Tampoco a Agustín Cazalla haber sido confesor del Rey.
Eliminado: aquí
Teresa- Hasta mí ha llegado noticia de esos autos. Algunas se acercan a
advertirme que andan los tiempos recios y que podría ser que me
levantasen algo y fuesen a los inquisidores. A mí que me adviertan de
inquisidores me hace reír. Jamás los he temido. Malo sería para mi Eliminado: Harto mal

alma si en ella hubiese cosa de suerte que yo temiese la Inquisición. Si


alguien me calumniase ante ella, el Señor me libraría. Y si hubiese
para qué, yo misma iría a buscarla.
Eliminado: Silencio.¶
Salazar- El Santo Oficio tiene memoria. Recordamos a todos los
encausados, a cada uno de ellos. También a Juan Sánchez, reo de
herejía y apostasía. Condenado a llevar siete viernes el sambenito, aun
hay quien lo recuerda por las calles de Toledo con el capuz amarillo.

26
Desde Toledo vino a Ávila, y aquí compró certificado de hidalguía y
cambió apellidos. Abandonó el Sánchez, tomó el segundo, Cepeda, y
añadió Ahumada, el de su madre, nacida, ella sí, de cristianos viejos.
Teresa- No conocí a ese abuelo mío. Se lo llevó la peste del año siete. Me
dicen que murió cristianamente, como vivió.
Silencio.
Eliminado: habéis contado
Salazar- Me hablasteis de un hermano Antonio que fue el primero en poner
ante vos otros libros que de caballería. Entre ésos que os dio a leer,
¿estaba el “Tercer Abecedario” de Francisco de Osuna?
Teresa- No lo creo.
Salazar- Me alegra oírlo, pues es muy leído de conversos.
Con formato: Fuente: Cursiva
Saca un ejemplar.
Éste lo hallé en la casa de vuestro padre.
Eliminado: ¶
Silencio. Salazar saca una lista.
Decidme, Teresa. Entonces o más tarde, ¿leísteis alguno de éstos?
Teresa lee la lista.
Teresa- No lo creo.
Pero no puedo prometer que no los abriera si los tuviera cerca.
En algunos libros he encontrado el consuelo que no me han dado las
gentes. Siempre tengo deseo de libro y de tiempo para leerlo, y
procuro no tener oración sin libro. Mi alma teme ir sin libro a la
oración porque entra en ella como si con mucha gente fuese a pelear.
En cambio, teniendo soledad y libro, me parece que no tengo peligro.
El libro es escudo que frena los golpes de los pensamientos.
Faltándome libro, siento el alma desbaratada y perdidos los
pensamientos. El libro los recoge y los eleva. Muchas veces, en
abriendo libro, no es menester más. En cuanto lo abro, se me va la
lectura en oración. El Señor me tiene prometido: “Yo te daré un libro
vivo”. Él lee conmigo.
Salazar- También el demonio gusta de leer, y de hacerlo en compañía.
Teresa- Jamás conmigo.
Largo silencio.
Eliminado: esta noche
Salazar- Si vos y las que con vos están volvéis ahora a la Encarnación, yo Eliminado: otras
haré que os reciban y que lo que se ha hecho se olvide. Eliminado: estáis

Silencio. Eliminado: en San José volvéis


Eliminado: os perdonen y
Eliminado: hizo

27
Teresa- La relación que os he hecho va muy corta para las maravillas que el Eliminado: esta noche

Señor ha obrado. Si algún día tuviere que escribir, hasta donde me Eliminado: en San José
llegasen las palabras, un libro de mi vida, sé que, viva cuanto viva, las
páginas más importantes contarían la fundación de San José. Pediré a
mis hermanas más jóvenes que la guarden en su memoria y la repitan a
las que aquí entren, para que vean lo mucho que puso Dios en hacer Eliminado: allí entraren
tanto por medio de cosa tan baja como yo. Hará mucho mal y será
muy castigada la que relajare la perfección que aquí se ha comenzado. Eliminado: en San José
Faltar algo en una virtud basta para adormecerlas todas, y con
pequeñas cosas va el demonio barrenando agujeros por donde entran
las muy grandes.
Eliminado: Sabed que e
El pueblo comenzará pronto a tener devoción a esta casa. Algunos de Eliminado: comienza
los que más nos persiguen pronto nos favorecerán, pues rendirán su Eliminado: nuestra
parecer a que es obra de Dios, ya que con tanta contradicción él ha Eliminado: persiguieron
querido que vaya adelante. Personas que nos son contrarias entenderán Eliminado: ya
que llevamos camino de perfección, porque el Señor los despertará. Eliminado: y
Segura estoy que, si procuramos seguir adelante en su servicio, él Eliminado: rinden
tendrá cuidado de nosotras como hasta aquí. Eliminado: pues
Eliminado: tenían
Yo quisiera vivir el resto de mis días en San José. Sólo eso deseo, estar
Eliminado: entienden
a solas con él solo. Mas si él me lo manda, saldré a fundar otras casas,
Eliminado: y nos proveen de
y me meteré en mitad del mundo para ayudar las almas, y daré voces limosna sin haberlo demandado
para decir la ceguedad que tuve, si aprovecha a otros para abrir los Eliminado: despierta
ojos. Sé que habrá recios soles y nieves en esos caminos, mas él Eliminado: Segura estoy que, si
procuramos ir adelante en su
caminará a mi lado. Ésa es toda la fuerza de esta pobre monja. Los servicio, él tendrá cuidado de
nosotras como hasta aquí.
caminos, en cuanto él me los mande andar, me parecerán poco.
Siempre tendré poca salud, pero el me dará la que necesite. Alguna
vez daré en quejarme y le preguntaré cómo quiere que haga lo que no
puedo. Con lo que él me responda, me olvidaré de mí. ¿Ha de faltarme
ánimo para servir a quien tanto debo?
Con formato: Fuente: Cursiva
Silencio.
Con formato: Sangría:
Salazar- ¿Por qué tantos me piden que os condene? ¿Dónde están vuestras Sangría francesa: 0,95 cm
razones contra las de tantos?
Teresa- Poco pueden muchos contra la voluntad de Dios. Y no es menester
buscar razones para lo que quiere, porque sobre toda razón él hace las
cosas posibles. No hay más que dejarlo todo por él para que él todo lo
haga fácil.
Eliminado: ¶
Silencio.
Salazar- ¿Nunca dudáis, Teresa?
Silencio.

28
Teresa- Si nunca dudo, decís. Cada instante dudo. Y en tanto extremo la Eliminado: segundo

duda me aprieta que me pone en la mayor aflicción


Eliminado: la
Cuando pienso en esta casa, me consuela ver hecho lo que el Señor me Eliminado: de San José
mandó. No porque me parezca haber hecho nada, pues entiendo que lo Eliminado: da
hace el Señor y que sólo en su poder se puede, sino porque me es gran Eliminado: o
regalo ver que me haya tomado por instrumento. Estoy contenta por el Eliminado: siempre
contento que me da haberlo contentado.
Eliminado: pone delante
Mas al poco me revuelve el demonio. Me hace dudar si hemos de tener
sosiego en casa tan estrecha, si nos ha de faltar de comer, que quién
me metía en eso teniendo ya monasterio. Si he de sufrir yo tanta Eliminado: Me pone cómo

penitencia, dejando casa deleitosa y amigas, que quizá las nuevas no


sean a mi gusto. Si ha sido pretensión suya, del demonio, por quitarme Eliminado: Me pone que

la paz para que no tenga oración y hacerme perder el alma. Si todo ha Eliminado: Me pone s

sido desobediencia. Dudas de tanta hechura me pone delante que no es Eliminado: Cosas

en mi mano pensar otras cosas. La oración de años la quita el demonio


con un soplo. Mi fe queda suspendida y yo sin fuerza para defenderme
de tantos golpes, y con una oscuridad en el alma tan honda que aun
encomendarme al Señor no puedo, ni atreverme a hablarlo con nadie.
¿Si nunca dudo, decís?
Así es esta vida de miserable. No hay contento sin mudanza. Tan
pronto no me cambiara por ninguno como me atormento de suerte que
no sé qué hacer de mí.
Pensando que he caído en su enemistad, estoy como quien está en
agonía. ¿Dónde estás?, le pregunto, ¿por qué me dejas sola? No sé
tener paciencia con él, siendo él conmigo tan paciente.
¿Si nunca dudo, decís? Tanto y tan hondo que pienso si el Señor lo
permite para que sepa qué es descontento de vivir y así, si alguno viese
caído en ello, le sepa consolar.
Pero siempre puede al fin más el ángel bueno que el malo, y el Señor
me saca de ello con mejoría de mi alma.
Eliminado: de mi celda
Hoy, en la oración, se me representaron ángeles sin verlos. Uno había
junto a mí al lado izquierdo, pequeño, hermoso en extremo, el rostro
tan encendido que parecía abrasarse. Le veo en las manos un dardo de
fuego que me entra por el corazón y me llega a las entrañas. Al sacarlo
me deja abrasada en amor de Dios. Es tan grande el dolor que me hace
dar quejidos. Dolor del espíritu, aunque participa todo el cuerpo. Dolor
tan fuerte que corta el cuerpo.
Cualquier medicina sería baja para tan subido mal. Ni pies ni manos sé
mover, me siento como cosa transportada que no puedo ni aun
respirar.

29
Y la lengua, en pedazos, se niega a dar palabras.
Sólo da gemidos, porque más no puede.
El Señor se esconde del alma y le da gran pena, y hace al alma no
saber de sí. Pero es esta pena tan dulce que no hay deleite que más
contento dé, ni se contenta el alma con menos. El Señor aprieta al Eliminado: la

alma con abrazo que nunca querría ella salir de él. Cautiva de quien Eliminado: ella

ama, consiente el alma que se la encarcele. Y no anhela sino la muerte, Eliminado: el alma

que sólo en ella podría gozar del todo su bien.


Ni puede la razón recoger tanto amor, pues, como fuego que ardiese
demasiado, no cabe a la razón matar la llama. Se levanta en el alma un
vuelo porque, loca, no mira diferencia a Dios, y habla desatinos. La
lengua está en pedazos y es sólo el amor el que habla.
Pero nadie puede hablar de ello.
Es mejor no decir más.
Eliminado: El Inquisidor se
Silencio. inclina ante Teresa.

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