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A la memoria de mi abuelo Alfredo y a la entereza de mi abuela Berta, que dentro de poco apagará 90 velas.

AGRADECIMIENTOS

Guardo una invaluable deuda de agradecimiento con el Dr. Humberto Maturana, quien en estos últimos años siempre me ha brindado generosamente

su tiempo, su afecto y su estentórea risa. Con el Dr. Carlos Sluzki, quien no sólo

me ha honrado con su amistad, sino además, con su hospitalidad en los Estados

Unidos. También con el Dr. Barnett Pearce y el Dr. Vernon Cronen, a quienes conocí en distintos lugares y momentos; ambos, además de la atención a nuestras conversaciones, me proporcionaron material de apoyo para realizar mi trabajo acerca de su teoría. Con la Fundación Interfas de Buenos Aires y sus Directores Dora Schnitman y Saúl Fuks, a través de quienes pude tener contacto directo y conocer a personas de inestimable valor, como Harold Goolishian, Bradford Keeney, Lynn Hoffman, el Dr. Marcelo Pakman y el mismo Dr. Sluzki.

Tengo reconocimiento también para con la Universidad de Valparaíso, en la cual he completado 10 años de trabajo académico, durante los cuales he recibido el apoyo de muchos otros docentes como yo y de autoridades como el ex-Rector Jorge Espinosa y el Dr. Ernesto Fernández, quienes respaldaron mis primeras actividades de perfeccionamiento para cursar estudios de Post-título y luego de Post-grado. Igual disposición encontré en los Profesores Juan Pinto y Jorge Ruiz, mientras desempeñaron cargos en la División General Académica y, hasta hoy, en el Decano Dr. David Sabah y el Rector Agustín Squella, lo cual me compromete con el desarrollo y el futuro de esta Universidad.

A fin de cuentas, este libro representa la materialización de una diversidad de

formas de apoyo y, pertenece por tanto, a todos aquellos con quienes, en alguna medida, he compartido estos últimos 10 años, muy especialmente mis colegas de la Escuela de Psicología y las tres primeras promociones (1990, 1991 y 1992)

de la misma. Con este grupo humano hemos transitado un camino difícil, que

al mismo tiempo, creo yo, nos ha ido haciendo un poco mejores. De entre ellos,

mi reconocimiento por su conducta personal y su desempeño académico a

Osvaldo Corrales, Ayudante-alumno de la Cátedra Psicología de la Comunicación, de valiosa ayuda en la parte final de este trabajo.

PREFACIO

Creo que como todos los libros, éste también tiene un largo proceso de gestación. Comenzó a incubarse --sin que yo lo supiera entonces-- hacia finales de 1988. En esa época, me asomaba al mundo de la Terapia Familiar Sistémica como un estudiante más de un Programa de Post- Título en la especialidad, aunque mi interés por la Teoría de Sistemas propiamente tal, había partido unos 10 años antes, a través de la Psicología Organizacional, cuando aún era alumno de pre-grado en la Universidad de Chile.

Al término del Programa de Terapia Familiar, me encontré junto a dos colegas más, con un tema de Seminario final que nadie había tomado al hacer sus elecciones; en el pizarrón, lacónicamente rezaba: "Terapia Familiar de Segundo Orden". Nadie sabía tampoco, demasiado, por no decir nada, de qué se trataba aquello. Aceptamos el tema con una mezcla de resignación y curiosidad. El artículo "On Second Order Family Therapy", de S. Golann, editado ese mismo año, constituía -al parecer por lo mismo- toda una novedad de la que había que enterarse. El trabajo, sin embargo, partió con el pie cambiado. Ni nuestra asesora para el Seminario ni ninguno de nosotros, prestó suficiente atención al término "on" del título del artículo a partir del cual se nos indicaba trabajar. Y eso, en conjunto con nuestro precario inglés de entonces, nos jugó una mala pasada, pues el artículo en el que estábamos basándonos, era la réplica a una publicación previa que todos desconocíamos.

Según leíamos el artículo de Golann, aumentaba nuestra sensación de estar entendiendo poco, hasta caer en cuenta que nos faltaba el artículo original, publicado hacía 3 años en una revista que no estaba disponible en Chile. Inicié un acelerado intento por contactarme directamente con Lynn Hoffman, la autora. Años después tuve oportunidad de conocerla personalmente y ella aún recordaba mi carta y cierto tono angustioso con el que le pedía su artículo. Al parecer tocada por lo mismo, me lo envió con prontitud, acompañado de una nota muy cordial. Ese trabajo, "Beyond Power and Control: Toward a Second Order Family Therapy" (Hoffman, 1985) con el tiempo ha pasado a constituirse en uno de los más frecuentemente citados en la literatura sobre terapia familiar de los últimos años, pues de hecho, propuso un primer marco teórico referencial amplio, para el desarrollo de modelos aplicados en dicho campo, con consideración de los principios cibernéticos de segundo orden.

Al momento de presentar oralmente el trabajo, aún no habíamos recibido la respuesta de L. Hoffman, y pasamos un difícil momento tratando de representar -malamente- la operatoria del Reflecting Team de Andersen (1987), que aparecía referido en el artículo de Golann como una herramienta representativa de esta nueva concepción de Terapia Familiar.

Una vez que pudimos leer el artículo que constituía el primer eslabón del pretendido trabajo, la mayor parte de las cosas se aclararon, lo cual nos permitió, por lo menos, "salvar el honor y recomponer la dignidad" con la entrega posterior de la parte escrita del Seminario. No hubo calendario para resarcirnos exponiendo de nuevo el trabajo, así es que sólo dimos las explicaciones relativas al desencuentro con el artículo de L. Hoffmann a nuestro grupo-curso en la reunión evaluativa final del Programa.

En lo personal, esta experiencia constituyó un hito relevante: por primera vez, para mí, aparecieron hilvanadas en una trama teórica con proyecciones para el campo de la Terapia Familiar, las ideas de H.Maturana, F. Varela, E. von Glasersfeld y H. von Foerster.

En el simpático Anuario de la promoción 1988 del Programa de Post-título que se ha venido refiriendo, mis compañeros vaticinaron que, a partir de dicho episodio, yo estaba en vías de fundar la "Cibernética de Tercer Orden"; creo que lo personalizaron en mí y no en mis otros compañeros de Seminario, en tanto me percibían más vivamente interesado en este tipo de nociones y planteamientos. Y aunque la profecía, ciertamente no se ha cumplido, este libro constituye una síntesis integrada y largamente decantada, de los principios cibernéticos que empecé a conocer a partir de entonces.

Quise colocar en la portada el dibujo "Banda sin fin", del pintor holandés M.C. Escher (1956), pues al igual que gran parte de su obra, es una bella representación estética de la condición cerrada, autorreferencial y recursiva, que se ha venido develando en los últimos treinta años respecto de los procesos interactivos y cognoscitivos humanos, aspecto que constituye a la vez, el rasgo peculiar y distintivo de la Cibernética de Segundo Orden. Dichos hallazgos, provenientes de la neurofisiología, establecieron un nuevo referente para observar los procesos de interacción y comunicación humanas, aunque quizás ya estaban incorporados de manera intuitiva en la obra de artistas como Escher, célebre por la creación de mundos gráficos imposibles, donde las perspectivas se trastocan de modo tal, que los límites y condicionamientos de la percepción humana se ven fuertemente confrontados.

Creo que la epistemología cibernética con sus implicancias y aplicaciones en el campo de la Terapia Familiar es, probablemente, la dimensión que connota en forma más marcada, el sentido último de esta obra. De allí que aparezca incluida en el título mismo del libro, más allá de la importancia en extensión y alcances, que sin duda tienen por sí mismas, las teorías de comunicación que en él se revisan.

Valparaíso, Noviembre de 1994.

Prólogo

Mientras leo este volumen rico, complejo, de Guido Demicheli, psicólogo y académico chileno, me encuentro pensando en dos temas aparentemente no relacionados entre sí; a saber, cartografía y etimología.

Mi libertad como prologuista me permite imponer esas disquisiciones al lector desprevenido.

El famoso dictum de Korzibsky “el mapa no es el territorio, el nombre no es la cosa nombrada”, ha sido citado una y otra vez en la influyente literatura de Gregory Bateson. Su referente es, por cierto, el trazado

de mapas conceptuales, es decir, de los modelos mentales que utilizamos para orientarnos y organizar la

realidad (la metáfora compite con éxito, desde mi punto de vista, con la de Thomas Kuhn, quien describía a

los modelos como redes con las que cazamos o aprehendemos la realidad).

Los primeros mapamundis, trazados cientos de años atrás, resultan, desde nuestra sofisticada perspectiva actual, deliciosamente ingenuos y transparentes en su simplicidad: los diseños definían el punto de vista del cartógrafo y del observador, como localizado en el centro del universo (¡cómo podía ser de otra manera!), y al universo como todo aquello que el cartógrafo podía observar, o que los paseantes le informaban como existiendo más allá de su visión. El mundo era bidimensional, plano y simple, y de hecho el mapa cumplía sus funciones útiles para el viajero, informándole no sólo las características del territorio adyacente, sino dónde terminaba el universo de lo conocido: quienes incursionaban más allá de sus

confines no regresaban más, se los tragaba la tierra, caían en las cataratas al borde del fin del mundo plano, víctimas tal vez de la falta de contra – mapas que les permitieran re-trazar sus caminos de regreso, cuando

no de brigantes o tribus vecinas hostiles, cada una de ellas con sus propios mapas que definían sus propios

confines regionales. La competición de los grandes poderes europeos por nuevos mercados, durante la edad media, y la explosión informativa del Renacimiento, dando crédito a la tridimensionalidad de nuestro planeta y a su finitud, empujó la cartografía a nuevos niveles de complejidad. Los trazados de los continentes – en su tensión constante entre representación (detalle, precisión de imagen) y orientación (utilidad instrumental para los usuarios) – comenzó por los bordes, tal cual es el caso de esos portolanos medievales para cuyos diseñadores lo importante no era una representación adecuada del globo, sino su efectividad para orientar a los navegantes. Aparecieron, así, esos mapas que muestran continentes de terra incógnita, vacía de todo rasgo, rodeada por una costa plena de notaciones minuciosas conteniendo la información necesaria para su navegación. Con el paso del tiempo, las áreas en blanco fueron siendo

llenadas, trazadas y re-trazadas, y a la aventura del diseño cartográfico siguió la tarea no menos fascinante

de

ensamblar la información de modo de establecer las conexiones: no sólo se re-trazaron las observaciones

de

los viajeros originales, sino que se fue armando el conjunto con las piezas del rompecabezas de los

múltiples mini-mapas dibujados desde distintos puntos de vista o de partida, encajados entre sí como piezas dúctiles que se fueron dando mutuamente forma hasta llegar al acuerdo actual de cómo representar cartográficamente a nuestro navío espacial Tierra.

Cada disciplina tiene como puertos de partida los viajes de navegantes osados que propusieron mapas, modelos y visiones, que de hecho, más que permitir descubrir el territorio de la disciplina y sus confines, la inventaron. Guido Demicheli nos provee una cartografía rica, texturada y compleja de esos modelos, tomando como puntos de partida los primeros mapas que guiaron a quienes incursionaron en el territorio para entonces virgen de la Terapia Familiar, y nos alerta frente al proceso mediante el cual esos mapas influyeron selectivamente en esos viajeros, generando figuras donde hasta entonces sólo había fondo, permitiéndoles ver cosas nuevas y maravillosas, a la vez que sustrayendo selectivamente su atención de otros eventos no relevantes para los mapas/modelos usados como guía. Demicheli nos muestra luego, cómo otros mapas/modelos (algunos más influyentes, tales como los modelos intermedios del equipo reflexivo, algunos menos centrales pero no menos útiles, como la teoría CMM) se entrecruzaron con los anteriores, a veces enriqueciéndolos, a veces simplemente abriendo nuevas dimensiones de exploración, a veces compitiendo en términos de atraer la atención de los exploradores (de nosotros, exploradores) a nuevas dimensiones, a expensas de otras ya reconocidas, generando batallas en las que lo importante es

decidir cuál de las visiones mono-oculares es la “correcta”, a expensas de todo esfuerzo por conjugar visiones multi-oculares … lo que me lleva a pasar en mis divagaciones de la cartografía a la etimología.

El cibernetista Heinz von Foerster, en el curso de una presentación plenaria que le escuché en Bruselas, creo en 1987, hizo una disquisición fascinante acerca de las raíces etimológicas de epistemología, understanding (palabra inglesa lega aproximadamente equivalente a la primera, cuya traducción más apropiada al castellano es “comprender”) y verstehen (el término alemán equivalente). “Epistemología” tiene dos raíces griegas: epi – por encima - e histamein – donde se está -, lo que coloca al observador apropiadamente fuera del objeto de observación, o más precisamente, por encima. “Understanding”, a su vez, está compuesta por under – por debajo – y standing – estar parado o estar -, estableciendo una vez más esa relación de distancia de nivel entre el observador y lo observado, si bien colocándolo por debajo, y no por arriba, del objeto de observación, lo que va bien ya que mantiene la distinción de tipos lógicos tan propia del dualismo newtoniano. Y finalmente, el “verstehen” alemán contiene ver – delante – y stehen – donde se está - . Así, estos tres vocablos relacionados denotan la posición “meta” del observador para abarcar lo observado, a cierta distancia (arriba, abajo o adelante, según la lengua) o a otro nivel lógico.

El recuerdo de esta observación fascinante de von Foerster me empuja, a mi vez, a explorar las raíces latinas del vocablo hispano con que traducimos undertanding y verstehen, y aun con que simplificamos la compleja denotación de “epistemología”, a saber, “ comprender”. Y resulta que “comprender” deriva de dos vocablos latinos, cum o com, un prefijo colectivo por excelencia, que expresa la relación de dos o más personas en compañía o reunión (piénsese en con-fluir, con-versar, con-sentir, con-cordar, com-binar) y prendere, coger o aprehender. Así, para mi sorpresa, descubro que la raíz de este vocablo clave, usado por centurias en nuestra lengua, posee una base conceptual que resuena con la cibernética de segundo orden:

“comprender” realza la naturaleza consensual (más que la naturaleza “meta”) del proceso de aprehensión de la realidad: este proceso requiere acuerdo, requiere al otro, requiere consenso. Esta sabiduría etimológica, espero, sorprenderá también al lector que acompañe a Demicheli en su discusión crucial acerca del pasaje de la cibernética de primer orden – así llamada “cibernética de los sistemas observados” – a la de segundo orden – así llamada “cibernética de los sistemas observantes” -, punto clave para seguir los desarrollos de la Terapia Familiar desde sus albores a su estado actual.

Este libro constituye un mapa bienvenido que nos ayuda a familiarizarnos con aquellos modelos capturados por nuestro campo que lo han influido más acabadamente y que, a su vez, se vieron influidos por él. Comunicación en Terapia Familiar Sistémica, da cuenta cabal de la complejidad conceptual y política que subyace a los modelos influyentes en el campo de la Terapia Familiar, a la vez que su autor nos recuerda que estos modelos no son propiedad de dicho campo específico, sino que, a lo sumo, los hemos incorporado para ayudarnos a pensar y ver y hacer, al mismo tiempo que, tal vez, hemos contribuido un poco a su desarrollo. Este libro se inscribe así y, lo que es aún más importante, permite al lector participar en el doble proceso dialéctico enriquecedor de aprender y contribuir, de descubrir y construir.

Carlos E. Sluzki, M. D.

Santa Bárbara, abril de 1995.

INTRODUCCION.

Este libro pretende, principalmente, bosquejar el modo en que la Teoría General de Sistemas, la Cibernética, y las dos principales teorías de Comunicación de los últimos años (Pragmática de la Comunicación Humana de P. Watzlawick et al., 1967, y Coordinated Management of Meaning de B. Pearce y V. Cronen, 1980), han evolucionado, incidiendo de manera significativa en el curso seguido por la Terapia Familiar Sistémica durante estos 25 años.

El primer capítulo, reseña a grandes trazos la manera en que la Teoría General de Sistemas y la Cibernética (en su triple expresión) se generan y entrelazan, desarrollando progresivas conexiones con la Terapia Familiar de orden sistémico.

El segundo capítulo da cuenta, desde un punto de vista teórico, de los axiomas básicos de la Pragmática de la Comunicación Humana (PCH), así como de la comunicación paradójica y sus potencialidades patológicas y curativas.

El tercer capítulo está dedicado a revisar los aspectos centrales del Enfoque Estratégico en Terapia Familiar Sistémica, tanto en sus dimensiones teórico-clínicas, como en sus recursos técnicos.

Dado que los principios teóricos de la Pragmática y los fundamentos y modalidades propias del Enfoque Estratégico de los capítulos 2 y 3 son los de más amplia difusión, han sido aquí deliberadamente circunscritos a las dimensiones más medulares y expresivas de lo que ellos representan.

Por el contrario, los capítulos 1, 4 y 5 evidencian mayor extensión: el número 1, introduce al amplio campo de la Teoría de Sistemas, describe sus principios fundamentales y señala sus vínculos y diferencias con la Cibernética. Revisa los desarrollos teóricos de ésta última, y la derivación que tuvieron los principios cibernéticos haciendo que esta disciplina pasara de ser una teoría, a ser una epistemología.

El cuarto capítulo, revisa las proposiciones generales y específicas de la teoría CMM (Coordinated Management of Meaning), sus conceptos centrales, el modelo jerárquico de significaciones que propone para explicar la comunicación humana, y las reglas que gobiernan dicha dinámica. Esta teoría de comunicación -que aún no cuenta con versión hispana- parte de premisas medularmente distintas a las de la Pragmática y evidencia, como conjunto, diferencias significativas con esa proposición teórica.

El quinto capítulo trata, en su primera parte, aquellos aspectos provenientes de las Cibernética de Segundo Orden y del llamado Constructivismo, los cuales constituyen las bases teórico- epistemológicas del Enfoque Reflexivo en Terapia Familiar Sistémica. Seguidamente, se revisan los fundamentos de este enfoque psicoterapéutico, sus premisas epistemológicas, sus derivaciones éticas y su operatoria técnica; ésta última, a través de una descripción de los diversos tipos de 'preguntas, reflexivas' (Tomm,1987b) que constituyen la llamada 'entrevista interventiva' (Tomm, 1987a) y de la operatoria del 'Reflecting Team' (Andersen, 1987).

Es necesario, finalmente, señalar que el tipo de planteamientos (sistémicos y cibernéticos) utilizados y enfatizados en el presente texto, van más allá de los límites del quehacer psicoterapéutico; en efecto, las propuestas cibernéticas para los sistemas educacionales y políticos, por ejemplo, (Maturana, 1991) son una clara evidencia de ello, pues pareciera que la nociones de 'circularidad', 'recursividad' y 'pauta organizativa' (nódulos centrales de la Cibernética) son suficientemente aplicables a la diversidad de sistemas que el hombre ha ido configurando en su deriva como ser social.

En consecuencia, ha de entenderse que en esta obra, se ha hecho una opción preferente sobre un ámbito específico -el de la psicoterapia- y sobre otro más particular aun -el de la terapia Familiar Sistémica- sin que ello valide ninguna suposición que pretenda que las proposiciones globales aquí empleadas, se encuentran circunscritas sólo al campo particular del quehacer psicoterapeútico.

PREFACIO.

AGRADECIMIENTOS.

INTRODUCCION.

INDICE

CAPITULO 1. TEORIA GENERAL DE SISTEMAS Y CIBERNETICA: LOS ORIGENES DE UNA NUEVA EPISTEMOLOGIA.

1.1 BREVE PREAMBULO ACERCA DE EPISTEMOLOGIAS

1.1.1 Epistemología lineal.

1.1.2 Epistemología sistémico-circular.

1.1.3 Epistemología cibernética de la pauta.

1.2 TEORIA GENERAL DE LOS SISTEMAS.

1.2.1 Antecedentes históricos.

1.2.2 Definición y delimitación de los sistemas.

1.2.3 Los sistemas y su condición de apertura operacional.

A. Incorporación de energía/información.

B. El procesamiento.

C. El resultado.

1.2.4 Características generales de los sistemas abiertos.

1.2.4.1 Totalidad.

1.2.4.2 Homeostásis y estado estable.

1.2.4.3 Retroalimentación.

1.2.4.4 Diferenciación y especialización.

1.2.4.5 Equifinalidad.

1.3 CIBERNETICA.

1.3.1 Antecedentes históricos.

1.3.2 Desarrollo y etapas de la Cibernética.

1.3.2.1 Cibernética de Primer Orden.

1.3.2.2 Cibernética de Segundo Orden.

1.3.3 Los senderos de una nueva epistemología.

1.3.4 Hacia una epistemología cibernética para la psicoterapia.

CAPÍTULO 2. PRAGMATICA DE LA COMUNICACION HUMANA.

2.1 BASES EPISTEMOLÓGICAS DE LA PRAGMÁTICA DE LA COMUNI-CACIÓN.

2.2 AXIOMAS DE LA PRAGMÁTICA DE LA COMUNICACIÓN HUMANA.

2.2.1 Axioma I

2.2.2 Axioma II

2.2.3 Axioma III

2.2.4 Axioma IV

2.2.5 Axioma V

2.3 LOS AXIOMAS DE LA COMUNICACIÓN Y SU PATOLOGÍA.

2.3.1 La imposibilidad de no comunicarse.

2.3.2 El contenido y la relación.

2.3.3 Lo digital y lo analógico.

2.3.4 Simetría y complementariedad.

2.3.5 La puntuación de la secuencia de hechos.

2.4 LA COMUNICACIÓN PARADÓJICA.

Antinomias

Definiciones paradójicas.

Paradojas pragmáticas.

CAPÍTULO 3. ENFOQUE ESTRATEGICO EN TERAPIA FAMILIAR SISTEMICA. 3.1 LOS FUNDAMENTOS TEÓRICOS DEL ENFOQUE ESTRATÉGICO.

3.1.1 Las reglas de comunicación en sistemas familiares.

3.1.2 Las etapas del ciclo familiar.

I El galanteo.

II El matrimonio.

III El nacimiento de los hijos.

IV El período intermedio del matrimonio.

V La partida de los hijos.

VI El retiro y la vejez.

3.1.3 Las modalidades del cambio.

3.1.4 La noción de doble vínculo terapéutico.

3.2 LA CONCEPCIÓN OPERATIVA DEL ENFOQUE ESTRATÉGICO.

3.3 LAS TÉCNICAS DEL ENFOQUE ESTRATÉGICO.

3.3.1 Instrucciones directas.

3.3.2 Instrucciones paradójicas.

3.3.3 Redefinición.

3.3.4 Connotación positiva.

3.3.5 Prescripción del síntoma.

3.3.6 Desalentar.

CAPÍTULO 4. TEORIA CMM: COORDINATED MANAGEMENT OF MEANINGS.

4.1 ASPECTOS GENERALES.

4.2 PROPOSICIONES GENERALES DE LA TEORÍA CMM.

Proposición I.

Proposición II.

Proposición III.

Proposición IV.

Proposición V.

Proposición VI.

Proposición VII.

Proposición VIII.

Proposición IX.

4.3 PROPOSICIONES ESPECÍFICAS DE LA TEORÍA CMM.

4.3.1 Concepto de relaciones jerárquicas.

4.3.2 Concepto de reflexividad.

Proposición I.

Proposición II.

Proposición III.

Modelo jerárquico de significaciones. Patrones culturales. Guiones de vida. Relación. Episodios. Actos comunicativos. Contenidos.

Proposición IV.

4.3.3 El principio de transitividad en las reglas constitutivas.

4.3.4 Las bases culturales y experienciales de la transitividad.

CAPÍTULO 5. ENFOQUE REFLEXIVO EN TERAPIA FAMILIAR SISTEMICA.

5.1 LOS FUNDAMENTOS TEÓRICOS DEL ENFOQUE REFLEXIVO.

5.1.1 Cibernética de Segundo Orden.

5.1.2 Lenguaje.

5.1.3 Reflexividad.

5.1.4 Sistema observante.

5.1.5 Determinismo estructural, clausura operacional, autonomía.

5.1.6 La familia como sistema autónomo.

5.1.7 Objetividad.

5.1.8 Hipotetización, circularidad, neutralidad.

5.2 LA CONCEPCIÓN OPERATIVA DEL ENFOQUE REFLEXIVO.

5.2.1 El Reflecting Team.

5.2.2 Las Preguntas Reflexivas.

5.3 LOS TIPOS DE PREGUNTAS DEL ENFOQUE REFLEXIVO.

5.3.1 Preguntas orientadas al futuro.

5.3.2 Preguntas perspectiva-observador.

5.3.3 Preguntas de cambio inesperado de contexto.

5.3.4 Preguntas con sugerencia incorporada.

5.3.5 Preguntas de comparación normativa.

5.3.6 Preguntas que clarifican distinciones.

5.3.7 Preguntas que introducen hipótesis.

5.3.8 Preguntas de interrupción de procesos.

5.4 SISTEMAS TERAPÉUTICOS OPERANDO CON REFLEXIVIDAD.

CAPÍTULO 1: TEORIA GENERAL DE SISTEMAS Y CIBERNETICA:

LOS ORIGENES DE UNA NUEVA EPISTEMOLOGIA.

En los últimos 50 años se ha venido produciendo un cambio epistemológico verdaderamente radical para la ciencia y, por lo tanto, de extraodinaria significación para todo este ámbito de quehacer humano. El advenimiento de la Teoría General de Sistemas y el desarrollo casi paralelo de la Cibernética, juegan un papel fundamental en el curso que ha seguido el quehacer científico durante dicho período.

1.1 BREVE PREAMBULO ACERCA DE EPISTEMOLOGIAS.

Los usos, sentidos y alcances de los términos epistemología y cibernética han sido múltiples y diversos, en parte producto de la evolución de dichos términos dentro del código lingüístico de los científicos o, mejor dicho, de las transformaciones que la propia noción de conocimiento ha ido experimentando durante el transcurso de la historia misma de la ciencia.

En la tradición filosófica, por ejemplo, el término epistemología refiere principalmente a una pregunta global por el conocer usando como instrumento la reflexión; remite, por tanto, a un conjunto de procedimientos analíticos diversos, orientados, en última instancia, a definir los límites y la validez de lo que formalmente podemos saber/conocer.

En este ámbito, la epistemología es entendida como aquella "

investigación científica y su producto, el conocimiento científico " (Bunge, 1980).

rama

de la filosofía que estudia la

La "epistemología experimental" por su parte, denominación que dio W.S Mc Culloch, biólogo investigador del célebre M.I.T. a un conjunto de trabajos iniciados en la década del 30 en el campo de la neurofisiología y orientados a desentrañar la organización del sistema nervioso que hace posible el conocer, refiere a otra concepción de epistemología que muy poco o nada tiene que ver con la tradición filosófica. En efecto, Mc Culloch sostenía que el desarrollo de la Psicología como ciencia, pasaba por estudiar los sistemas de relaciones formales que, por decirlo de algún modo, corporizan la mente.

Según Dell (1985), Bateson utilizaba el término epistemología en a lo menos cinco sentidos distintos: como teoría del conocimiento, como paradigma, como cosmología biológica, como ciencia y como estructura caracterológica personal .

Globalmente, puede decirse que Bateson sostuvo siempre que mucho más básica que cualquier teoría en particular, era la epistemología, en tanto entendía a ésta como dando cuenta de las reglas de operación que gobiernan la cognición, el conocimiento como acto. Según sus planteos, en la epistemología de cada individuo se encuentran las premisas básicas que subyacen a las acciones y cogniciones de cada cual.

En la concepción de Bateson (1982), la epistemología gira en torno a las reglas que utilizamos para otorgarle sentido al mundo, para configurarlo coherentemente en cada uno de nosotros; es decir, la epistemología se ocupa de las operaciones que realizamos para conocer, pensar y decidir.

Atendidos los postulados de Bateson, en el dominio socio-cultural puede entenderse que la epistemología refiere al estudio del modo en que las personas --o sistemas humanos-- conocen cosas y al modo en que ellas piensan que conocen cosas; es decir, el estudio de la epistemología en este ámbito, conduce a la revisión de cómo las personas construyen y mantienen sus hábitos de cognición (Keeney, 1987).

Durante todo el libro, el término epistemología es utilizado en el sentido de Bateson y Keeney, es decir, se le emplea como una manera de aludir y enfatizar el modo --y los procesos que subyacen a éste-- en que los

Comunicación en Terapia Familiar Sistémica. Bosquejo de una epistemología cibernética. Universidad de Valparaíso-Editorial. 1995.

seres humanos construyen y organizan las distintas realidades en que participan. En síntesis, las principales distinciones que pueden realizarse en este ámbito, dicen relación con:

1.1.1 Una epistemología lineal-causal: basada en la noción que una cosa causa a la otra, es decir,

sustentada en la idea que todo fenómeno tiene un origen específico y que sus componentes específicos poseen propiedades inherentes que actúan como determinantes causales de su expresión última. Este entendimiento proviene de la Física newtoniana y fue adoptado con mayor o menor grado de analogía, por los modelos sociológicos y psicológicos clásicos. El psicoanálisis, por ejemplo, la teoría de mayor trascendencia en los inicios de la psicología, sostiene sus explicaciones y tratamiento del comportamiento humano, basado en premisas epistemológicas fundadas en un modelo de energía psíquica (la libido), en que participan distintas fuerzas (impulsos eróticos o tanáticos) y regulado por mecanismos de diverso orden. Si se presta atención a este planteamiento teórico, se verá que enfatiza lo intrapsíquico, lo monádico y los atributos inherentes; en consecuencia, su epistemología no puede ser sino causal y unidireccional.

1.1.2 Una epistemología sistémico-circular: basada en las nociones holísticas, que enfatizan la reciprocidad

de las relaciones y las dependencias entre los distintas partes que constituyen una realidad o fenoméno particular en estudio. Desde esta perspectiva, los organismos o sistemas se conciben como estructuras unificadas, coherentes en su dinámica interna e irreductibles a la suma de sus componentes, sin que se pierda una parte fundamental de lo que se pretende describir o explicar. El método analítico tradicional de descomponer lo más finamente posible el todo en sus partes, resulta aquí inaplicable, ya que el énfasis está puesto justamente en tratar de configurar una visión de conjunto que señale, con la mayor claridad, la mayor cantidad de relaciones posibles que se presentan en el fenómeno o sistema en estudio. De este modo, la consideración del medio o entorno en que se halla un sistema o se presenta un fenómeno, pasa a ser factor central para su comprensión. Se entiende que conforman el medio/entorno del sistema todos aquellos elementos no contenidos en éste, pero que en tanto cambian afectan su dinámica, al tiempo que se ven también afectados, como resultado de las modificaciones de estado del sistema. Desde esta perspectiva, no hay intento explicativo a partir de características inherentes al sistema (por ejemplo, elementos intrapsíquicos o rasgos de personalidad) o de causalidad lineal, sino una óptica en que se considera que causa y efecto son distinciones que realiza un observador al puntuar de una cierta manera la realidad, en tanto que en la dinámica de los procesos sistémicos operan de una manera circular en que la una y la otra resultan, de hecho, indistinguibles e inseparables.

Un ejemplo tomado de P. Watzlawick: en determinado momento de la crisis petrolera de los 70, en Estados Unidos circularon rumores que habría desabastecimiento de combustibles. Los automovilistas comenzaron a llenar sus estanques, por si se presentase la eventualidad. Comenzaron a hacerse filas en las gasolineras; eso llamó la atención de otra gente y pronto las estaciones de servicio se hallaban atestadas de personas que querían aprovisionarse de bencina en cantidades que no requerían habitualmente. En pocos días hubo crisis y el desabastecimiento efectivamente se produjo. ¿ Cuál fue el efecto y cuál fué la causa ?.

1.1.3 Una epistemología cibernética o de la pauta: focalizada en el intento por discernir los patrones o

pautas que organizan, configuran y/o corporizan ciertos eventos o sistemas, ya sean materiales o inmateriales. Dicho aspecto, (la materialidad) no tiene aquí importancia, en tanto esta epistemología claramente enfatiza la forma respecto de la materia. Lo que se quiere dilucidar es el modo en que están organizados los eventos o sistemas que se tratan de explicar, en términos del patrón que los constituye y hace posible distinguirlos como tales. En este mismo sentido, la epistemología cibernética está principalmente orientada a cambiar el foco desde la sustancia/materia a la forma/patrón y, por lo tanto, no hace el mismo énfasis en el todo por sobre las partes, como la epistemología sistémica, sino que examina tanto el todo como las partes, en búsqueda de sus respectivas configuraciones distintivas. Tampoco esto hace incompatible los aspectos físicos con los relacionales. Por ejemplo, en el caso de una máquina cualquiera, la pauta de relaciones que la configura como tal, está dada por la organización de sus componentes en una cierta forma particular. Dicha configuración puede además ser dintinguida --en tanto

Guido Demicheli M.

2

Comunicación en Terapia Familiar Sistémica. Bosquejo de una epistemología cibernética. Universidad de Valparaíso-Editorial. 1995.

relaciones--, con absoluta prescindencia de las propiedades materiales de dichos componentes. Al mismo tiempo, también se puede señalar el patrón que configura a cada componente material en tanto tal, para lo cual resulta irrelevante la distinción de la pauta que configura a la máquina como entidad.

Por razones de orden diverso, existe una tendencia a asociar la cibernética con el campo más circunscrito de la computación y, a partir de dicha asociación, a considerar que esta perspectiva epistemológica --como conjunto-- pretende aplicar un reduccionismo proveniente de las máquinas y la tecnología, a fenómenos humanos y sociales. Eso tiene un fundamento, aunque distorsionado, en los orígenes (matemáticos) de la Cibernética. G. Bateson, quien llevó estas ideas al campo de las ciencias sociales, aludía con el término 'mente' a la pauta organizativa, concibiéndola como aplicable no sólo a algo que estaría "dentro de la cabeza", sino que a todo fenómeno donde es posible señalar conexiones y distinguir configuraciones, sean éstos redes de conversaciones como las culturas, cadenas de componentes de la naturaleza como los sistemas ecológicos, o agrupaciones de seres humanos como las sociedades.

1.2 TEORIA GENERAL DE SISTEMAS.

1.2.1 Antecedentes históricos.

La Teoría General de los Sistemas comenzó a ser desarrollada desde los años 30 por el biólogo austro- canadiense L. von Bertalanffy, aun cuando fue formalizada en dos trabajos bastantes posteriores en los años 1955 y 1956. (En von Bertalanffy, 1976).

Haciendo un recuento de sus escritos, que se remontan a inicios de los 40, von Bertalanffy (1976), señala que él introdujo la expresión "teoría general de los sistemas" , deliberadamente en un sentido amplio. Lo que importaba, según este autor, era la incorporación del "sistema" como un nuevo paradigma científico, en contraste con el paradigma analítico, mecanicista, unidireccionalmente causal, de la ciencia clásica (pag. XV).

En 1937, durante el desarrollo de un Seminario de Filosofía en la Universidad de Chicago, él expuso --como una extensión de su trabajo en biología-- algunos elementos de lo que más tarde sería su proposición fundamental.

En un lenguaje no técnico, von Bertalanffy publica, en 1955, un artículo que contiene aspectos centrales (isomorfismo, entropía, retroalimentación, equifinalidad), de lo que será su formalización teórica posterior. Al año siguiente, General Systems Theory es el artículo inicial (pags. 1-10) -más formalizado y técnico que el de 1955- del primer Anuario de la Sociedad para la Investigación General de los Sistemas, creada por el mismo Bertalanffy, el bio-matemático A. Rapaport y el fisiólogo R. Gerard en 1954.

La Teoría General de Sistemas --biológica en sus orígenes-- corresponde a una formalización lógico- matemática que por la generalidad de sus principios básicos (totalidad, equifinalidad, entropía y otros) adquirió notoria difusión y aplicación en el ámbito de las ciencias sociales en los años siguientes a su formulación original. Distintas disciplinas como la Administración, la Psicología o la Comunicación, acogieron y adaptaron sus conceptos y desarrollaron modelos fundados en dicho corpus teórico. Al mismo tiempo, la llamada Ingeniería de Sistemas adquirió gran relevancia y llegó a establecerse como expresión predominante en el campo, durante los años 70. Dichos conceptos fueron rápidamente acogidos y adaptados en diversas disciplinas: en Psicología, la Teoría Organizacional de Katz y Kahn, (1966), la Pragmática de la Comunicación (Watzlawick, Beavin y Jackson, 1967) y el Modelo Estratégico en Terapia Familiar (Haley, 1973, Watzlawick, Weakland y Fisch, 1974), son expresión manifiesta de las primeras y principales aplicaciones de la Teoría General de Sistemas en esos ámbitos.

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De hecho, en Psicología sentaron las bases para el desarrollo de toda la Terapia Familiar Sistémica hasta

nuestros días.

Sistemas proporcionó una base sólida y coherente para comenzar a conceptualizar a la familia como un

Sistema.

En el ámbito específico de la Terapia Familiar, puede decirse que la Teoría General de los

Esta teoría proporciona un andamiaje conceptual divergente con el modelo médico tradicionalmente aplicado a la psiquiatría clásica, en tanto desplaza el énfasis de los intentos explicativos desde lo individual (aspectos intrapsíquicos), hacia la búsqueda de explicaciones en la interacción y la comunicación entre las personas (aspectos relacionales).

Aunque hubo también, otras formas de aplicación derivadas de la teoría de sistemas --principalmente en Terapia Familiar-- durante los años 70, las ciencias sociales tendieron a quedarse en el desarrollo de los hallazgos y proposiciones de la década anterior. Los aportes más significativos provinieron entonces de la Cibernética. 1

1.2.2 Definición y delimitación de los sistemas.

La definición más general de 'sistema', considera que se trata de totalidades que resultan de la relación existente entre las distintas partes que las componen, y que son indivisibles mediante análisis, en tanto dichas totalidades poseen condiciones cualitativas propias, que no pueden emerger o estar representadas mediante la sumatoria o agregación de sus partes componentes.

Un aspecto fundamental de esclarecer al tratar con entidades de cualquier tipo, definidas como 'sistemas', es la delimitación de éstas y consecuentemente, de lo que se entenderá como su entorno. De acuerdo a Hall y Fagen (1956), éste correspondería al conjunto de objetos y fenómenos que son modificados, o modifican al sistema, como resultado de su interacción con éste.

Watzlawick et al. (1974) sostienen que la conceptualización sistema-medio o sistema-subsistema y la

distinción de sistemas abiertos y cerrados, "

explica en considerable medida, la eficacia de la teoría de los

sistemas generales para estudiar los sistemas vivos, ya sea biológicos, psicológicos o interaccionales" (pag.

118).

Los seres humanos participan diariamente en múltiples sistemas sociales, adquiriendo y representando en ellos diversas identidades, todas ellas transitorias por definición, aun cuando unas más estables que otras

en el tiempo.

Así por ejemplo, considerando sólo la familia, puede verse que en tanto miembros de ella,

cada uno de quienes la integran, se comporta o comunica en, a lo menos, dos dominios diferentes todo el tiempo:

 

PADRE

MADRE

JOAQUIN:

----------

ALEJANDRA:

----------

ESPOSO

ESPOSA

1 La más relevante de las contribuciones teóricas en ciencias sociales con fundamento en la Teoría General de Sistemas en los últimos años, es sin duda la del sociólogo alemán Niklas Luhmannn, que en 1984 publicó su obra de mayor

amplitud y pretensión:

Teoría general).

Soziale Systeme: Grundrisse einer allgemeinen Theorie. (Sistemas Sociales: bosquejo de una

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HIJO

HIJA

ALBERTO:

-----------------

CONSTANZA:

----------------

HERMANO

HERMANA

Lo anterior, sin considerar las familias de origen y extensas de cada uno de los cónyuges, ni las distintas actividades laborales (estudiantiles), sociales, religiosas, etc., de cada una de las personas que conforman el grupo familiar.

Un aspecto relevante (y ciertamente reiterado), que un terapeuta familiar puede visualizar en las problemáticas que presentan las familias, dice relación con el manejo de los límites que ésta como conjunto hace, respecto de otros subsistemas con los cuales interactúan sus miembros como individuos, o ella como agrupación (trabajo o familiares políticos, por ejemplo).

Como la conducta de cualquier persona (un adolescente, por ejemplo), resulta ser una intersección de su actuar personal con otros sistemas de interacción (amigos, polola, padre que vive separado de él, etc.), es más o menos evidente que esos distintos encuentros y el manejo de la distancia o límites respecto de ellos, tiene incidencia en el funcionamiento del sistema familiar a que él pertenece de manera más predominante o permanente.

La consideración de este aspecto es relevante en la tarea del terapeuta familiar. La Teoría General de los Sistemas ha resultado crucial en tal sentido, pues ha proporcionado el fundamento para entender la interacción humana como un fenómeno que se constituye a partir de la recurrencia interactiva entre seres vivos, pero que se expresa al mismo tiempo en una multiplicidad de dominios sociales (y emocionales), que deben ser compatibilizados y armonizados permanentemente.

La preocupación por estas dimensiones y sus dinámicas asociadas, llevó al desarrollo de una de las primeras 'escuelas' dentro de la Terapia Familiar de orden sistémico: el llamado Enfoque Estructural (Minuchin, 1977).

1.2.3 Los sistemas y su condición de apertura operacional.

En una primera etapa, el estudio de los sistemas y sus procesos, estuvo centrado en las relaciones entre el todo y sus componentes, así como en las interrelaciones entre éstos últimos. No hay una noción cabal de sistema cerrado, pero el énfasis apunta claramente a una focalización en las relaciones internas de los sistemas.

Un avance significativo tiene lugar cuando el foco de interés se desplaza, desde la observación de las relaciones al interior del sistema (relaciones parte-todo), a la observación de las condiciones externas al sistema y de las relaciones de éste con aquéllas (relaciones sistema-ambiente). Las relaciones internas adquieren ahora un sentido, en relación con el ambiente; constituyen un recurso instrumental para la viabilidad y la sobrevivencia del sistema.

Dentro de esta etapa, hay un primer énfasis en los procesos morfostáticos, esto es, en aquellos que dan cuenta de la organización del sistema como contrarresto de las tendencias entrópicas, mediante operaciones que establecen y controlan selectivamente sus intercambios con el medio externo. Un segundo énfasis tiene lugar con los aportes de distintos teóricos (Maruyama, 1963; Beer 1970) en relación a las dinámicas

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vinculadas al modo en que los sistemas cambian como parte de su adaptación a los cambios del entorno; la atención se centra entonces, en los llamados procesos morfogenéticos.

El concepto de 'sistema abierto' se difundió rápida y ampliamente y pasó a formar parte de los planteamientos de las ciencias sociales desde mediados de los sesenta en adelante (Katz &Kahn, 1966; Watzlawick, Beavin & Jackson, 1967).

En tanto tales, los sistemas abiertos pueden caracterizarse mediante varias propiedades, tres de la cuales están más directamente relacionadas con su condición misma de apertura operacional:

A. Incorporación de energía/información: desde un punto de vista biológico, los sistemas abiertos toman

del ambiente externo alguna forma de energía. Los seres humanos, en tanto seres vivos, no escapan a ese tipo (constante) de intercambio con el medio en que se encuentran, ya que de ello depende su subsistencia biológica. Al mismo tiempo, es evidente que el mundo psicológico y social de las personas se construye en base a intercambios de otro orden.

En este punto es necesario, sin embargo, hacer la distinción entre energía e información. G. Bateson (1976) en un ejemplo ya clásico, se refirió a este punto, señalando que el desplazamiento de una piedra golpeada por el pie de una persona puede ser explicado en términos físico-energéticos, pero no así la conducta del perro al ser golpeado por el mismo pie y la misma persona, ya que en ese caso lo trasmitido ha de entenderse como 'información' más que como 'energía', si se quiere intentar una explicación más atingente.

B. El procesamiento: los sistemas abiertos transforman la energía incorporada de la cual disponen; en lo

bio-fisiológico, esos cambios son bastante concretos y ostensibles, dado que los 'insumos' también lo son.

En lo psicosocial, aun cuando lo incorporado es menos tangible (es información), la manifestación final no lo es. Por ejemplo, las personas modifican algunas de sus creencias políticas a partir de nuevos antecedentes que le entrega una campaña pre-electoral; un sistema familiar adopta nuevos hábitos alimenticios en virtud de los últimos hallazgos vinculados a nutrición y salud, etc. Lo que los sistemas humanos procesan es básicamente información.

C. El resultado: algún 'producto' se entrega finalmente al ambiente por parte del sistema, el que en alguna

forma es distinto a lo originalmente incorporado por éste. Lo que en el caso de organizaciones sociales productoras es una realización material --como un nuevo modelo de automóvil-- y en el caso de una universidad un nuevo profesional formado allí, en los seres humanos, individual o grupalmente, lo resultante son conductas en cualquiera de sus posibles niveles de integración, que se expresan en sus diversos dominios de existencia.

Por tanto ha de asumirse que cualquiera sea su naturaleza, los sistemas no sólo tratan con insumos energéticos, sino que a partir del procesamiento de éstos, en el caso de las máquinas y más allá de dicho tipo de insumos, en el caso de los sistemas humanos, existe otro orden de procesos que resultan ser fundamentales para el entendimiento de la dinámica y la operatoria de cualquier sistema, en tanto se trata, en última instancia, de información acerca de lo que el propio sistema hace y de los efectos que dicho hacer tiene en el medio en que éste se realiza.

1.2.4 Características generales de los sistemas abiertos.

Más allá de las propiedades vinculadas directamente con su condición básica de apertura operacional, los sistemas abiertos presentan otras condiciones que los caracterizan y determinan en su forma general de comportamiento como entidades globales.

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1.2.4.1 Totalidad.

La Teoría General de los Sistemas establece que un sistema es un conjunto en que los componentes y sus atributos (o propiedades), sólo pueden comprenderse como funciones del sistema total. Un sistema no es una agrupación azarosa de componentes, sino una organización interdependiente en que la conducta y expresión de cada uno influye y es influida por todos los otros. El concepto de totalidad implica no aditividad, en otras palabras, el viejo principio aristotélico acerca del todo, como constituido por algo más que la simple suma de sus partes.

En un sentido operativo, la noción de totalidad apunta a señalar que cualquier actividad de un sistema, sea ésta más o menos abarcativa, corresponde a una manifestación de dicha propiedad, esto es, al hecho que las partes son interdependientes entre sí y con respecto al sistema global, por lo que las actuaciones de los miembros de un sistema familiar, por ejemplo, son siempre expresión de un todo inseparable y coherente.

En la Teoría General de los Sistemas, el interés está focalizado en torno a los procesos transaccionales que tienen lugar entre los componentes del sistema mismo, así como entre éstos y sus propiedades. En términos prácticos, ello apunta a destacar la imposibilidad de comprender un sistema mediante el solo estudio pormenorizado de sus componentes por separado (análisis) y la operación aditiva posterior (síntesis) de lo obtenido en la fase previa.

En su aplicación a la psicología de la familia y la Terapia Familiar, el principio de totalidad dice relación con un nivel de abstracción más alto que aquél de las acciones de sus miembros como individuos: se trata de procesos transaccionales amplios (de interacción y comunicación) que involucran en distintos grados y maneras, a todos quienes componen un determinado sistema familiar.

Como se observará más adelante, en el campo de la Terapia Familiar, esta propiedad teórica de los sistemas, mostrará su aplicabilidad no sólo en la descripción de la familia misma, sino también para la conceptualización del sistema más amplio, que conforman el terapeuta y sus atendidos (sistema terapéutico).

1.2.4.2 Homeostasis y estado estable.

El concepto de homeostasis tiene su origen en la fisiología y fue desarrollado por W.B. Cannon en la década del 20; por lo tanto, es previo al desarrollo formal de la Teoría General de los Sistemas. Fue incorporado posteriormente al marco general de dicha teoría y ha constituido desde entonces un aporte significativo para las explicaciones biológicas, psicológicas y sociales, que se basan en la perspectiva sistémica.

En la presentación más precisa del concepto original de Cannon (1939), la homeostasis refiere a un mecanismo funcional y protector; no implica algo inmóvil, sino más bien alude a una condición que puede variar, pero que es relativamente constante. Los sistemas abiertos pueden ser caracterizados por la mantención de un estado estable que ha de entenderse referido a la preservación del sistema, por un lado, y a su modificación permanente, por otro.

La mantención de un estado estable por parte de un sistema, está basada en la incorporación y uso que éste hace de la información que retorna a él, proporcionándole indicadores acerca de su propia actuación. Es lo que se denomina retroalimentación, y que se revisará a continuación, como otra propiedad fundamental de cualquier sistema.

Es claro que todo sistema familiar requiere de homeostasis para mantener un cierto grado de seguridad y estabilidad respecto de su medio físico y social, así como en el funcionamiento derivado de la interacción

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entre sus propios miembros. Sin embargo, al mismo tiempo requiere plasticidad y posibilidades de modificación, para comportarse adaptativamente frente a las contingencias siempre cambiantes del entorno y/o de las manifestaciones individuales de sus miembros.

En un cierto nivel, la mantención del 'estado estable' se basa en un proceso homeostático destinado a mantener cierto tipo de intercambios que permitan detener la entropía y asegurar la subsistencia del sistema como tal. En otro nivel, se trata de la mantención del carácter del sistema, aun en el marco de las modificaciones que van teniendo lugar en él, como resultado de contrarrestar la entropía y aumentar los intercambios favorables con el medio.

Ciertos entendimientos restringidos acerca del concepto de homeostasis, han llevado a cuestionar este proceso como algo deseable para el buen funcionamiento familiar. Ello ocurre cuando se observa un sistema familiar que ha estabilizado un patrón interactivo que genera sufrimiento a sus integrantes. Más aún, en tales situaciones es frecuente (y naturalmente esperable), que en la medida que la persona que aparece como portador del problema mejora, las relaciones intrafamiliares empeoren y surjan otros nuevos problemas.

Al momento de consultar y siguiendo una ley básica de todo sistema, la familia presenta un estado homeostático (no podría no tenerlo); sólo que dicho estado se encuentra mantenido merced a una solución dolorosa, problemática. Intuitivamente, el grupo familiar advierte el riesgo de desestabilización debido a la acción terapéutica y 'resiste' el cambio, trasmitiendo a la vez un contradictorio mensaje al terapeuta:

ayúdenos a solucionar esto, pero sin cambiarnos.

En otras palabras, la familia se aferra al estado homeostático alcanzado. Sin embargo, forma parte de lo predecible que ello ocurrirá, y por lo tanto, el terapeuta deberá ser capaz de desmontar el dispositivo homeostático actual, cuidando a la vez de generar otro que no resulte (tan) problemático a la familia. A veces la solución terapéutica puede consistir, por ejemplo, en reemplazar un problema o conducta frecuente/inmanejable, por otra menos frecuente y manejable.

Ciertamente la funcionalidad de los estados homeostáticos está en estrecha relación con ciertos períodos de tiempo; los modos de interacción mediante los cuales un sistema familiar ha mantenido la estabilidad en determinado momento y condiciones, pueden resultar muy poco apropiados, y en última instancia patológicos, bajo otras circunstancias.

Por otra parte, el tipo o características básicas de un sistema no cambian directa o esencialmente, como consecuencia de la sola expansión numérica de éste. Se trata más bien de un cambio cuantitativo, que luego llega a manifestarse en una diferencia cualitativa del sistema. Quizás el ejemplo más visible de este tipo de dinámica a nivel familiar, está en el conjunto amplio y significativo de cosas que se modifican (al mismo tiempo que otras no lo hacen), a partir del cambio (cuantitativo) que tiene lugar con el nacimiento de un hijo. Los horarios cambian, las tareas se redistribuyen, se asignan nuevas responsabilidades (o se reasignan las anteriores), las prioridades se evalúan con otro factor presente, se evidencian nuevas aptitudes o destrezas, se redistribuye la auto-estima de los miembros de la familia, se manifiestan nuevos afectos (y también nuevos temores), cambian las relaciones y distancia con los familiares políticos, surgen nuevos compromisos con amistades, etc.

Desde la formalización de la Teoría General de los Sistemas y durante varios años, el debate teórico general y, consecuentemente, la atención de los terapeutas familiares estuvo muy focalizada en los procesos morfostáticos (de mantención o protección de lo ya existente), (Demicheli, 1988); con posterioridad a ello, distintos investigadores (Maruyama 1968, Beer 1970, Buckley 1973) se interesaron en los procesos vinculados a ampliaciones de diferencias, cambio y expansiones. A estos procesos se los denominó globalmente como morfogenéticos.

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Un principio significativo derivado del estudio de dichos procesos tiene que ver con el aumento de la diferenciación de las partes componentes del sistema, por medio de la cual cada una de ellas puede desarrollar complejidad propia, permaneciendo al mismo tiempo, en relación funcional con la totalidad.

Por otra parte, Ashby (1978) señaló la importancia de la cantidad de información en la relación sistema- entorno y la consecuente capacidad selectiva del sistema, partiendo del supuesto que la variedad de estados posibles del ambiente es prácticamente infinita y que, por lo tanto, éste es siempre más complejo que el sistema.

Basado en dichas nociones, Beer (1970) desarrolló el concepto de viabilidad, considerando que la reducción de la variedad que presenta el medio por parte del sistema, así como su capacidad de respuesta ante la variedad significativa actual y de anticipación a la variedad futura, es lo que determina cuán viable resulta un sistema frente a sus contingencias.

De este modo, el equilibrio pasa a ser considerado como principio fundamental de lo orgánico (sistemas mecánicos y químicos); la homeostasis se entiende como proceso básico de los sistemas biológicos (superiores e inferiores), en tanto que la viabilidad, al implicar capacidad inherente de crecimiento y de cambio autodirigido, pasa a ser factor central en la explicación de los sistemas sociales.

La viabilidad describe un sistema capaz -en diversos grados- de procesos de crecimiento homeostático y morfogenético. El grado en que un sistema familiar es capaz de utilizar ambas modalidades, para manejarse apropiadamente respecto de su operar y sus propósitos, es lo que indica su viabilidad como sistema.

En síntesis, se entiende entonces que los sistemas se desenvuelven merced a una dinámica oscilante que calibra de manera permanente, la estabilidad y el cambio.

1.2.4.3

Retroalimentación.

El concepto de retroalimentación fue formalizado por N. Wiener (1948) junto con los desarrollos iniciales de la Cibernética. Básicamente, describe el proceso mediante el cual un sistema recoge información relativa a su propia actuación y la re-ingresa como parte de su operar, de manera tal de mantener o corregir su funcionamiento, con consideración de las condiciones del medio en que se desempeña. Por lo tanto, el tipo de insumo incorporado no es energético, sino informativo. Cuando la información re-ingresada a un sistema, permite que éste reduzca la amplitud de la desviación de su operar (en relación al medio), corrigiendo a partir de allí su posterior curso de acción, el proceso es denominado retroalimentación negativa.

El ejemplo más conocido de un sistema (físico) operando en base a retroalimentación negativa, es el de un sistema de calefacción que mantiene estable la temperatura ambiente de un recinto, mediante un termostato. Del mismo modo, los hijos en una familia cualquiera, pueden realizar conductas que contribuyen a aumentar la tensión intrafamiliar y el mal humor de uno o ambos padres; si dicho mal humor llega a manifestarse de manera poco grata, los hijos tienden en el tiempo a regular su conducta dentro de ciertos márgenes que permitan evitar la expresión desagradable final. Como se puede apreciar, los procesos vinculados a retroalimentación negativa tienen que ver directamente con la recuperación o mantención de la estabilidad de los sistemas. A la inversa, la retroalimentación positiva, se vincula con las distintas formas de cambio en los sistemas.

La retroalimentación positiva, alude al fenómeno antagónico al hasta aquí descrito; es decir, información que re-ingresa al sistema pero que no opera reduciendo, sino aumentando la desviación con que el sistema está

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actuando en relación a su medio; llevada a su extremo, esta forma de retroalimentación conduce a la desaparición del sistema.

Si se considera la noción de los sistemas operando en base a permanentes calibraciones entre estabilidad y cambio, la idea tradicional acerca de la retroalimentación positiva como no conducente a adaptación ha de repensarse. De hecho, los teóricos de la Cibernética de Primer Orden, (Segundo Onda) como Maruyama, Beekley y Beer, focalizaron su esfuerzo en explicar cómo los sistemas cambian y logran adaptación mediante ese proceder. Las mutaciones manifestadas y desarrolladas por una determinada especie, serían un buen ejemplo acerca de patrones secuenciales que han operado en base retroalimentación positiva, haciendo que se amplifique la desviación y sobrevenga un cambio estructural, que resulta ser finalmente adaptativo.

El quehacer psicoterapéutico también puede ser entendido como un operar que busca cambio, lo cual hace que esté más predominantemente basado en la retroalimentación positiva que en la negativa; en el trabajo con familias, por ejemplo, manejando los delicados hilos del conversar terapéutico, se pretende que la estructura de ese grupo que consulta, se reacomode de manera tal que, sin perder su organización como familia, sea algo distinto al final del proceso, de lo que ingresó a la oficina en la primera sesión. Lo que se hace, entonces, es ayudar a que desaparezca un sistema particular (el que llegó) y que en su reemplazo surja otro (el que se va) que no tenga contenido el dolor inicial que motivó la consulta.

1.2.4.4 Diferenciación y especialización.

Con el transcurso del tiempo, los sistemas abiertos van adquiriendo un funcionamiento crecientemente diferenciado y elaborado. Las pautas globales, en un principio difusas, van siendo definidas de modo paulatino y adquieren, a la vez, mayor especificidad y especialización funcional.

En lo biológico, los distintos órganos sensoriales y el desarrollo mismo del sistema nervioso, muestran notoriamente un progresivo evolucionar diferenciado y especializado; por ejemplo, motricidad y coordinación viso-motriz.

En lo psicológico, el desarrollo de un individuo se manifiesta en la creciente complejización de sus diversas formas de comportamiento cognitivo, afectivo y social; por ejemplo, las emociones que en las primeras etapas de la vida se remiten a tres grandes formas escasamente moduladas (rabia, temor y alegría), adquieren sutiles expresiones intermedias a través de una creciente modulación socialmente condicionada.

Por otra parte, todo sistema social sigue la deriva que las contingencias con su entorno le demandan, debiendo recurrir a modos crecientemente más específicos y diferenciados de respuesta según transcurre el tiempo, pues de lo contrario, la viabilidad global del sistema como conjunto se vuelve gradualmente más frágil, en tanto no cuenta con formas de comportamiento suficientemente afinadas para responder a la diversidad de requerimientos que el entorno le plantea. Por ejemplo, en la actualidad es tal la cantidad y diversidad de información existente, que ninguna organización o persona, puede pretender el manejo completo de ella. Las personas se especializan, las organizaciones incorporan especialistas.

En el plano conyugal, se ha mostrado (Altrocchi, 1959) que los sistemas interaccionales que se mantienen en el tiempo, son aquellos que logran pasar de una relación inicial predominantemente simétrica (indiferenciada), a otra forma en que prima una conducta complementaria (diferenciada) entre los miembros de la pareja. En una perspectiva familiar, lo que inicialmente es una dupla de personas más bien igualitarias en su comportamiento, evidencia la necesidad de diferenciarse con la sola llegada del primer hijo; de allí en adelante, las múltiples demandas intra y extra-familiares, requieren de repuestas diversas de todos y cada uno de sus miembros, más que de una sola conducta corporativa e invariable.

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Esta misma propiedad es la que se expresa dramáticamente en el contexto de la Terapia Familiar, cuando se está frente a lo que se ha denominado el 'paciente índice' o 'designado', entendiéndose que aquél, ha asumido la función de 'regular' el sistema (de un modo problématico/doloroso) ante la falta o imposibilidad de otra opción familiar.

1.2.4.5

Equifinalidad.

Esta característica de los sistemas alude a la posibilidad de éstos de arribar a un mismo estado final, aun habiéndose constituido en condiciones iniciales distintas y habiendo seguido cursos de acción diferentes.

En los sistemas con retroalimentación, los resultados o alteraciones del estado del sistema luego de transcurrido cierto tiempo, no están determinados por las condiciones iniciales, sino por la naturaleza misma del proceso. De esta forma, idénticos resultados pueden tener orígenes muy diversos; aquellos son independientes de las condiciones iniciales.

En la interacción humana, el comportamiento de las personas no está determinado por su origen y sólo adquiere sentido en el contexto en que se produce. La conducta no es el resultado de causas particulares, sino una parte integrada de un sistema global en curso.

El concepto de equifinalidad trae como implicancia el hecho que no es necesaria una hipótesis intrapsíquica (en última instancia imposible de verificar) para explicar el comportamiento humano, sino que ésta se puede obtener a partir de la observación y la descripción de la interacción, de la comunicación y las relaciones observables entre las distintas partes de un sistema.

Típicamente, por ejemplo, el 'síntoma' o 'conducta problema' en la familia constituyen sólo un fragmento de un arco o patrón más amplio, pero cuyos efectos pragmáticos alteran todo el sistema del cual ese síntoma o problema forma parte.

Una implicancia significativa de este principio para la psicología radica, entonces, en que es posible explicar el comportamiento de un sistema por el estado actual en que se encuentra y, por lo tanto, la búsqueda de causas deterministas en el pasado, se hace innecesaria.

1.3 CIBERNETICA.

1.3.1 Antecedentes históricos.

La palabra 'cibernética' proviene del griego kybernetike, que significa piloto/timonel y, literalmente, arte de gobernar o comandar. Platón la utilizó en La República para referirse al arte de dirigir una nave y a la vez de comandarla. Según Keeney (1987), que la palabra original se refiera tanto a la naútica como al control

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social, señala que ella se ocupa no sólo de los actos instrumentales, sino también de las personas mismas que los realizan.

El matemático Norbert Wiener, trabajando en el área de la Ingeniería durante la Segunda Guerra Mundial, estudiaba la conducta de tiro de los cañones anti-aéreos, enfrentado al problema que la velocidad de los aviones había aumentado considerablemente desde la Guerra anterior, lo cual hacía que los cañones fuesen inoperantes si no se contaba con un dispositivo que permitiese la auto-corrección de la trayectoria del proyectil, una vez que éste ya había sido lanzado. Así, Wiener desarrolló y formalizó matemáticamente el mecanismo de retroalimentación 2 .

Fue Wiener quien introdujo el uso del término Cibernética, para referirse a un cuerpo teórico todavía incipiente, que agrupaba un conjunto de trabajos referidos a analogías entre máquinas, seres humanos y modelos globales de sociedad y definió esta naciente disciplina (1948), como "la ciencia del control y la comunicación en sistemas complejos (computadoras, seres vivos)".

Por su parte, la Teoría General de Sistemas fue formulada y formalizada como tal en 1956 por Ludwig von Bertalanffy, pero como producto de un trabajo previo de casi 30 años, durante los cuales él fue haciendo sistemáticos aportes orientados en igual sentido. En ese mismo período surgieron muchas otras proposiciones teóricas en diversos campos científicos, las cuales también pueden entenderse con propiedad como teorías de sistemas, en tanto corresponden a enfoques en los que predominan los aspectos relacionales entre los componentes de los fenómenos estudiados, a la vez que se enfatiza el carácter de totalidad de ellos, amén de otras correspondencias con la noción de 'sistema' de Bertalanffy.

Las convergencias conceptuales, la utilización recíproca de términos, incluso la sobreposición de nociones e ideas fundacionales entre la Cibernética y la Teoría General de Sistemas, desarrollada desde la biología por von Bertalanffy, dieron origen a un cuerpo teórico amplio y a la vez ambiguo en sus delimitaciones, que desde su conformación misma, se ha denominado globalmente como "sistémica".

Hay algunos equívocos que se originan a partir de la circunstancia --ya enunciada-- que tanto la Teoría General de Sistemas como la Cibernética, se desarrollaron en forma paralela y casi simultánea en los tiempos iniciales; esto ha derivado en que la distinción entre ambas no siempre sea lo suficientemente clara y que, de hecho, se aluda a ellas (y a sus relaciones) de una manera un tanto confusa.

1.3.2 Desarrollo y etapas de la Cibernética.

Como ya fue señalado, las primeras investigaciones cibernéticas aplicadas se realizaron en el ámbito de la cohetería durante la Segunda Guerra Mundial; aplicaciones posteriores la llevaron al campo de la robótica y la inteligencia artificial. Sin duda que el concepto de feedback --como proceso autocorrectivo del operar de los sistemas-- tuvo significativa incidencia en ese quehacer inicial, así como resultó crucial para sus posteriores aplicaciones en otras áreas de conocimiento. De hecho, lo que pudiera no haber sido más que un logro tecnológico en un campo específico --el de los sistemas artificiales--, mostró también ser de utilidad

2 G. Bateson estuvo en el umbral de lo que más tarde Wiener formalizaría como Cibernética. Él reconoció en las exposiciones de Mc Culloch y Bigelow en las Conferencias Macy de 1942, el concepto de feedback negativo que le había faltado (Bateson, 1976, pag.9). En efecto, en 1936 --aunque sin utilizar el término-- había descrito el feedback positivo, al explicar las posibilidades de ruptura y mantención de la estabilidad de los sistemas sociales mediante acoplamientos entre lo que llamó cismogénesis simétrica y cismogénesis complementaria (Winkin, 1982, pag. 35).

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para la comprensión de los sistemas biológicos, naturales. Al mismo tiempo, sugirió prontamente gran potencialidad para su aplicación ampliada a sistemas sociales.

Según Pakman (1991), cuando los cibernetistas se percataron que la noción de 'circularidad' traía consigo muchas consecuencias, esta nueva disciplina desarrolló un lenguaje interdisciplinario por naturaleza y su red conceptual se amplió significativamente. El examen esas consecuencias muestra por ejemplo, que:

a) la idea de circularidad hace que la noción de causalidad incluya ahora no sólo la 'causa efficiens'

actuando desde el pasado, sino también la 'causa finalis' actuando desde el futuro. Además cuando en una secuencia a-b-c-d, ésta última (d) vuelve sobre la primera (a) se generan dos niveles distintos y simultáneos de causalidad: uno, en que puede distinguirse una cadena lineal-secuencial de elementos causales actuando desde el pasado al futuro, y otro, en que la distinción puede ser hecha sobre el conjunto como tal, cerrado sobre sí mismo, autónomo en relación al medio y con un propósito en el futuro, lo cual hace que se manifieste una 'endocausalidad' que opera en un nivel distinto al de los elementos causales descritos antes. Esto hace que el sistema estimulado 'desde fuera', no responda sólo en base a dicha perturbación, sino que también lo haga en virtud de aquello que el sistema --en tanto conjunto-- tiene como propósito, lo cual corresponde a una causalidad actuando 'desde dentro'.

b) al unir circularmente los componentes, generando el propósito o dimensión teleológica del sistema, se

establece la diferencia medular entre la Física y la Cibernética: el enlace circular de los elementos no establece sólo un circuito retroalimentador energético-material, sino más allá de aquello, la posibilidad de procesos de información y organización de ésta.

c) en los sistemas explicables en términos de circularidad, la historia juega un papel significativo; hay una acumulación de eventos pasados (información previa) que acota el sistema, determinándolo histórica y estructuralmente.

d) la noción de circularidad trae consigo la de 'regulación', la que a su vez complejiza la noción de control;

es decir, regular implica generar niveles de meta-estabilidad y no imponer un opción directa y predecible. Implica más bien establecer rangos de oscilación posible dentro de los cuales los componentes del sistema pueden rehacer permanentemente su organización.

De este modo, la Cibernética se encontró en condiciones apropiadas para manejarse no sólo con máquinas y sistemas artificiales, sino también con sistemas biológicos. Desde la década del 30, Bertalanffy había venido buscando leyes que resultasen aplicables a todos los sistemas, a fin de formular una teoría general para éstos, independientemente del tipo de componentes que tuvieran. Esto explica las sobreposiciones entre ambas disciplinas durante varios años de sus respectivos desarrollos; sin embargo, la Cibernética tuvo una acelerada evolución en las dos décadas siguientes a la formalización de Wiener, mientras que la Teoría de Sistemas permaneció más ligada, hasta ahora, al ámbito de la ingeniería, la administración y los sistemas artificiales. Durante dicho proceso evolutivo son distinguibles etapas y momentos particulares que a continuación se describen en sus aspectos diferenciales.

1.3.2.1 Cibernética de Primer Orden.

La Cibernética se constituye con Wiener en el mundo matemático y vinculada a la ingeniería en comunicación y a las ciencias de la computación; la premisa de fondo en este momento, es que el sistema observado es independiente del observador.

En esta etapa inicial de la Cibernética son distinguibles a la vez, dos momentos evolutivos: el que se acaba de describir, que tiene lugar con el advenimiento mismo de esta nueva ciencia y que se denomina Cibernética de Primera Onda y otro posterior, a fines de la década del sesenta, que da origen a la llamada Cibernética de Segunda Onda.

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Durante el primer período de esta etapa se presta atención principal a la retroalimentación negativa y al modo en que los sistemas mantienen su organización. Desde esta perspectiva, se enfatiza el estudio de la entropía y los procesos de feedback que la contrarrestan y detienen temporalmente. Esta tendencia a la desorganización es colocada como aspecto central de las relaciones entre hombre/máquina y su ambiente,

lo cual hace que los procesos de comunicación y regulación --en cuanto intercambio de información--,

resulten cruciales para el ajuste entre ambas partes. Al re-ingresar al sistema la información acerca de los

resultados o consecuencias que ha tenido la propia operatoria o conducta de éste en su entorno, esos mismos datos pueden ser empleados para las acciones futuras del sistema, lo cual hace que la operatoria general del sistema se haga más precisa y más estable.

De acuerdo a las concepciones de la Cibernética de Primera Orden, Primera Onda, los sistemas cibernéticos son sistemas abiertos a la incorporación de energía/materia o información proveniente del exterior, actúan en respuesta y concordancia con su entorno y tienden fundamentalmente a la preservación de su estabilidad. En este período se enfatiza el estudio de los procesos constrictivos (de mantención) y el desarrollo de conceptos tales como homeostasis, morfostásis, reglas y auto-corrección. Durante el segundo período de esta primera etapa el foco de atención se desplaza hacia la retroalimentación positiva y los procesos de cambio en los sistemas.

En concordancia con este énfasis, el interés se centra en los procesos que amplifican las diferencias y la desviación del estado estable del sistema, es decir, en aquellas operatorias que dan origen a estados nuevos y formas diferentes de las anteriores; modalidades morfogenéticas como la diferenciación, la expansión, la acumulación progresiva de diferencias, etc., pasan a ser el centro de atención de los investigadores cibernéticos.

M. Maruyama (1963), afirma que hay sistemas en que la participación de procesos de retroalimentación positiva es visible y no poco frecuente. De hecho sus planteamientos y aportes enriquecen notoriamente las posibilidades descriptivas acerca de los sistemas sociales. Fenómenos de cambio económico como la acumulación de la riqueza en el capitalismo, de cambio político o religioso como las revoluciones, de cambio psicológico como la psicotización o la psicoterapia, o de cambio social, como el racismo y las migraciones, pueden ser complejizados y explicados de manera más acabada que sí se considera sólo la estabilidad y la retroalimentación negativa.

El mecanismo común a estos fenómenos pareciera incluir, de distintas maneras, procesos causales mutuos

de amplificación de desviación, es decir, de feedback positivo. Si se considera que éstos son procesos de

'diferenciación', se entiende entonces que los sistemas de cualquier orden --incluso biológicos-- siguen una deriva que no está pre-determinada en un particular punto de inicio, sino que va siendo determinada momento a momento en la interacción misma. El estado particular de un sistema en un instante específico, resulta explicable por la acción de procesos que amplían diferencias, sobre un fondo también necesario de invariabilidad. Durante este período entonces, los quehaceres de la Cibernética estuvieron más vinculados

a la noción de cambio y orientados a desarrollar y formalizar conceptos tales como desbalance, morfogénesis, escalada, amplificación, divergencia, etc.

La Cibernética de Segunda Onda, claramente complementaria con la anterior, proveyó la contraparte imprescindible para tener una descripción más integral respecto del modo en que los sistemas responden a las contingencias y manejan sus estados. De allí en adelante, 'estabilidad' y 'cambio' pudieron ser entendidos y conceptualizados como dos momentos de un mismo proceso, que al igual que el equilibrio de una malabarista sobre la cuerda floja, no puede ser explicado sin considerar que él logra mantenerse estable sobre su precario soporte, sólo en virtud de casi imperceptibles, pero permanentes, cambios de posición.

1.3.2.2 Cibernética de Segundo Orden.

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En 1958 se creó el Laboratorio de Computación Biológica en la Universidad de Illinois, Urbana, que von Foerster dirigió desde ese año, hasta su retiro en 1976. Probablemente, por allí pasaron los pensadores más fecundos ligados a esa área del conocimiento, H. Maturana entre ellos. Durante dos décadas, von Foerster y sus colaboradores propiciaron y desarrollaron investigación basada en principios cibernéticos, pero

orientada principalmente hacia el fenómeno del conocer y los distintos modos de organización del sistema nervioso en seres humanos y seres vivos en general, más allá de las aplicaciones al ámbito de la ingeniería,

la

computación y la física.

El

interés inicial de los cibernéticos por diseñar sistemas, dio paso al interés por entender aquellos sistemas

que no habían sido creados por ellos, sino que les antecedían en su constitución, como por ejemplo, seres vivos --incluidos los humanos-- y sistemas sociales. Dichos sistemas comparten la característica de ser auto- organizadores, propiedad que hace que las nociones de autonomía (regulación por reglas propias y posibilidad de modificarlas) y autorreferencia (posibilidad de una operación cualquiera de tomarse a sí misma como objeto de su propia operatoria), pasen a ocupar un lugar preponderante en la comprensión de los sistemas biológicos y sociales.

En 1974, Howe y von Foerster establecieron la distinción entre una Cibernética de Primer Orden que supone la observación de un sistema con independencia del observador (cibernética de los sistemas observados) y una Cibernética de Segundo Orden, que parte del supuesto que ninguna observación puede darse con independencia del observador (cibernética de los sistemas observantes) y asume que éste, forma parte del proceso mismo de observar. Esta Cibernética de Segundo Orden considera principalmente el

carácter autorreferencial y recursivo de los fenómenos que se pretende describir, explicar, o con los cuales

se

está operando. La realidad ya no es concebida como independiente de los supuestos del observador que

la

organiza.

En una célebre conferencia dictada en la Universidad de Pennsylvania en 1974, H. von Foerster basándose en el aforismo de H. Maturana 'todo lo dicho lo dice un observador', enlazó el observador como ser biológicamente capaz de hacer descripciones, con el lenguaje como capacidad humana para contactarse con otros humanos y, la sociedad como unión de a lo menos dos observadores. Estos tres componentes entrelazados configuran un sistema cerrado e interdependiente, que no permite (ni hace necesario) establecer cuál de ellos fue primero o es más importante. Esa misma conferencia dio origen después al artículo 'Cibernética de la Cibernética' y se lo considera la propuesta original de von Foerster acerca de la Cibernética de Segundo Orden.

A partir de datos neurofisiológicos, von Foerster da cuenta del fenómeno visual humano del 'punto ciego'

que hace que los humanos 'no veamos que no vemos', esto es, que habiendo una parte de nuestro campo visual en el que no tenenos visión, no percibimos allí un agujero o mancha negra como sería esperable. Von Foerster denomina a este fenómeno 'ceguera de segundo orden'.

El paradigma tradicional en ciencia, indaga en los objetos y los observa como si sus propiedades o características estuvieran 'allí afuera', en los objetos mismos, y eso representa --según von Foerster-- otra expresión de ceguera cognoscitiva propia de nuestra civilización occidental: la que ha dado origen a la noción de objetividad.

En el quehacer científico esta idea rectora se manifiesta en la regla básica: las propiedades del observador no

deben entrar en la descripción de sus observaciones. Al examinar esta proscripción, von Foerster se pregunta de qué manera podría un observador hacer las descripciones que hace si no contara con dichas propiedades. Y

continúa

Foerster, 1991, pag.91).

" de allí que yo diga, con toda modestia, que proclamar objetividad ¡ no tiene sentido !. (von

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De este modo, cuando la Cibernética se cuestionó de manera radical el principio de la objetividad y como disciplina se hizo la pregunta por el conocer como interrogante válida de la cual hacerse cargo, se produjo el salto cualitativo que marcaría, en ese momento, una diferencia fundamental con la Teoría de Sistemas. Al querer dar cuenta de algo más que la 'realidad observada', la Cibernética pasó de ser una ciencia, (interesada en ciertos fenómenos) a ser una epistemología, (interesada en el fenómeno mismo del conocer, en sus limitaciones y posibilidades).

1.3.3 Los senderos de una nueva epistemología.

G. Bateson y M. Mead, ambos antropólogos, fueron los precursores de estas ideas en el campo de la Ciencias Sociales. A través del primero de ellos, pasaron al campo de la psiquiatría y la comunicación (Bateson & Ruesch, 1951) y se desarrollaron después en el campo de la Terapia Familiar Sistémica desde los años 60 en adelante, a partir del trabajo inicial del llamado Grupo de Palo Alto en el Mental Research Institute de California.

Según L. Hoffmann (1985), Bateson no sólo era un científico, sino que tenía una gran capacidad de visualizar anticipadamente eventos que el resto de la gente ni siquiera sospechaba. " Ya en 1970, Bateson había llegado a ser algo así como un 'cruzado' para la integridad de la biosfera. El comenzó a hablar más y más acerca de los peligros del pensamiento lineal-no holístico y de los errores epistemológicos involucrados en las nociones de control y poder" (pag. 1).

En sus distintos planteamientos epistemológicos, Bateson prioriza de manera reiterada la forma por sobre la materialidad o la acción de 'fuerzas' (término que denota y connota una concepción físico-mecánica) y hace preponderar la comunicación por sobre la energía, apuntando esencialmente a la búsqueda de las 'pautas organizativas' de los fenómenos en estudio. También señaló tempranamente (1951) el fenómeno de la 'puntuación' que hace cada persona respecto de las situaciones en que participa. Ahí ya estaba implícita su idea de la epistemología como una 'estructura de carácter' (u observador participante), que entra en juego toda vez que una persona cualquiera interactúa con otra. Bateson fue un precursor del uso de la teoría de los tipos lógicos de Whitehead y Russell en Ciencias Sociales y la empleó como un instrumento para describir la comunicación y la interacción humanas, modificando el sentido inicial que sus propios creadores le dieron, esto es, como un recurso para eludir o proscribir las paradojas.

En su libro póstumo (1979), fue más explícito aún respecto del modo en que él visualizaba y concebía para

ese entonces la idea de 'tipificación lógica', señalando que "

abstractos habitados por los filósofos, matemáticos, al alborotado mundo de los organismos, toma una apariencia bien distinta. En vez de una jerarquía de clases, tenemos ante nosotros una jeraraquía de órdenes de recursividad" (p. 179).

cuando ésta es trasplantada de los reinos

Cuando M. Mead y H. von Foerster (1968, 1974) comenzaron a hablar de Cibernética de la Cibernética, se referían a una disciplina que tomaba rumbos epistemológicos al girar sobre sí misma e incluir conceptos de segundo orden, es decir, conceptos con capacidad autológica o autorreferencial. A partir de ese movimiento las preguntas cambiaron, centrándose en la búsqueda de explicaciones acerca de la propia operatoria cognoscitiva del observador. En otras palabras -al decir de von Foerster-, se hizo necesaria una teoría del observador, que debía ser biológica, lingüística y social a la vez.

Como ya se ha enunciado, el advenimiento de las nociones de segundo orden transformó la tarea científica de la Cibernética en una práctica epistemológica, al hacerla focalizarse en la exploración de los procesos mismos con que el ser humano intenta conocer su mundo. De manera análoga y en consecuencia, la Psicología y su quehacer terapéutico comenzaron a verse afectados por esta nueva concepción desde mediados de los años ochenta.

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La Terapia Familiar, particularmente ligada desde sus inicios a los desarrollos de la Teoría de Sistemas y la

siempre a la búsqueda de nuevos modelos para

Cibernética, y a la vez como ha dicho Sluzki (1991) "

enriquecer su vocabulario, de nuevos paradigmas para difundir su visión y, tal vez de nuevos íconos para

adorar

prácticas, según ellas han ido emergiendo en este nuevo campo, vasto y fascinante a la vez.

menos por un tiempo" (pag.9), ha mostrado una rápida resonancia de estas ideas en sus

al

Algunos aspectos que podrían ser de más ostensible implicancia teórica y epistemológica para la Psicología, se delinean a continuación. Otros que tienen que ver con el ámbito de sus aplicaciones en el campo específico de la Terapia Familiar se describen más detalladamente en el capítulo V.

1.3.4 Hacia una epistemología cibernética para la psicoterapia.

Al igual como las nociones de segundo orden modificaron radicalmente el quehacer de la Cibernética, cuando dichas nociones se asumen en el ámbito de la Psicología cambian de manera sustancial el ejercicio psicoterapéutico, configurándolo como una actividad con fuerte connotación epistemológica. Las relaciones entre Cibernética y psicoterapia se redefinen sustancialmente; ya no se trata de un nuevo modelo intermedio basado en ciertas conceptos teóricos particulares, sino de un referente epistemológico general (que incluye planteos acerca de realidad, verdad, objetividad y acerca del proceso mismo de conocer), a partir del cual se puede generar una diversidad de nuevas herramientas técnicas y conceptuales aplicables a la psicoterapia. Esta postura epistemológica global de segundo orden, es lo que se ha resumido y difundido con el término de constructivismo

Desde una perspectiva constructivista, resulta inevitable preguntarse cómo emergió la realidad en la que se participa; ante cualquier observación, descripción o prescripción, el terapeuta de segundo orden se preguntará por el proceso que generó dichas distinciones y al mismo tiempo asumirá que hay otras alternativas posibles, al menos potencialmente. Al mismo tiempo, una parte esencial de la práctica psicoterapéutica pasa a estar en la capacidad del terapeuta para meta-posicionarse y abrirse permanentemente a nuevas posibilidades de entendimiento, revisión, valoración, alternativas de solución etc., en conjunto con quienes le han consultado.

Desde esta posición, el terapeuta ya no es más alguien que describe el sistema desde fuera, sino alguien que construye un sistema (terapéutico) del cual él también es parte activa; más aún, él sólo puede emerger como tal mediante dicha participación, al mismo tiempo que la viabilidad y efectividad de esa relación, dependerá del modo en que todos los participantes en dicho sistema se acoplen en pos de su propósito común.

El campo psicoterapéutico se complejiza al dejar de ser el terapeuta alguien que habla de un sistema externo a él y, por lo tanto, descriptible con 'objetividad', para pasar a considerar las propias limitaciones, restricciones y determinantes de su 'hablar acerca del sistema', así como para operar promoviendo una revisión de las premisas invisibles que limitan, restringen, y determinan, lo que los pacientes dicen acerca de los sistemas en que participan. De igual modo, actuando desde una perspectiva de segundo orden el terapeuta se abocará menos a desentrañar la verosimilitud de la realidad en que encuentra y más a promover realidades que contengan menos restricciones para los consultantes dentro del dominio que ha sido definido, con ellos, como problemático.

La perspectiva de segundo orden invita y empuja a la búsqueda permanente de nuevos contextos, escenarios, marcos, galerías, encuadres, etc. para la conversación, con la sola acotación --ni más ni menos-de las restricciones que impone la capacidad humana para operar más allá de ciertos niveles de complejidad (meta-meta-posición). Evidentemente, este tipo de ejercicio sólo puede hacerse incluyendo la mirada de los

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otros participantes. Esta manera de afrontar el quehacer terapéutico proporciona un medio para abrir paso

a la curiosidad y hacer espacio a la aparición de nuevas visiones; para tantear caminos inexplorados e

invitar a la novedad y a la diversidad a sentarse en la mesa de conversaciones en que, consultantes y consultados, buscan una nueva forma de 'construir la realidad', que pueda ser menos problemática o dolorosa de lo que era antes de empezar a dialogar.

El establecimiento de un nexo recursivo entre observador, lenguaje y sociedad, que se ha señalado previamente, muestra un aspecto distintivo de la mirada cibernética sobre los sistemas y debiera llamar la atención de los que están en el campo de la psicoterapia, a lo menos en dos sentidos: 1) por una parte, pone de relieve que lo central del planteamiento cibernético es el vínculo, la pauta, la organización, y que las localizaciones cerebrales, las dinámicas químicas de los neuro-trasmisores, las interacciones lingüísticas o los modos y estilos de convivencia, presentan cada uno su propia organización y, al mismo tiempo, ciertos nexos de continuidad descubiertos o por descubrir, más que dicotomías o categorías analíticas independientes, 2) por otra, al reconocer las propiedades y limitaciones del acto biológico de conocer, la práctica básica de la psicoterapia (de segundo orden) pasa necesariamente por un mirarse a sí mismo del terapeuta a través de la conversación con quienes le consultan y de su (eventual) interacción con otros sistemas involucrados en el caso (profesionales derivantes, servicios de asistencia social, co-terapeutas, asesores tras el espejo, etc.), con vistas a examinar y trascender las limitaciones del propio mirar/operar.

Una de las posibles formas contribuyentes a este propósito, sugiere que el terapeuta se comunique con los consultantes, siguiendo un procedimiento abductivo, es decir, un estilo de dialogar que no considere las narraciones de éstos sólo como un caso particular de algo más general (deducción), ni establezca apreciaciones generales a partir de un relato o situación particular (inducción), sino que se realice moviéndose siempre dentro de un mismo nivel lógico (Pakman, 1991).

Es pertinente señalar en relación a este punto, que no se pretende una malentendida igualdad entre el

terapeuta y quienes consultan, porque de hecho ambos tienen propósitos y expectativas diferentes en torno

al motivo que los convoca; al mismo tiempo, existen también atribuciones sociales que definen de distinta

manera el papel que cada uno ha de jugar en ese encuentro. De lo que se trata --y ha sido señalado ya en otro lugar-- (Demicheli, 1991), es de cómo maneja el terapeuta esa diferencia socialmente asignada y establecida.

Todo participante en una interacción (de cualquier tipo o naturaleza), puede realizar (y de hecho lo hace) puntuaciones propias y particulares acerca de su participación en dicha interacción. Puede hacer lo mismo en relación a el/los otro (s) interactuantes y también respecto de la situación global en que ambos/todos toman parte.

Dicha perspectiva individual fue comparada por Bateson (1979) con la visión monocular, estableciendo la analogía con los ojos, al señalar que al igual como en el funcionamiento de éstos, en donde la visión binocular (amplia del conjunto) se obtiene por la participación de ambos, la perspectiva relacional sólo es posible cuando se funden las versiones de las dos partes en proceso.

Del mismo modo en que un consultante se halla restringido para mirar la situación que lo aproblema de un manera distinta que le resulte liberadora, la biología de la percepción nos ha mostrado que el terapeuta --al igual que quienes le consultan-- no puede distinguir entre ilusión y percepción y no tiene ningún acceso privilegiado a 'cómo las cosas son en realidad', sino que es otro humano con iguales restricciones, sólo que en otros ámbitos y momentos. De allí la importancia de la exploración auto-referencial respecto del proceso (terapéutico) mismo en que se participa, entendido éste como un espacio donde co-construir con los consultantes versiones alternativas 'pertinentes', desde un punto de vista ético, estético y pragmático.

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Pakman (1991) ha propuesto interesantes referentes para evaluar dicha pertinencia en la construcción de

realidades psico-terapéuticas alternativas: en lo ético, que la terapia promueva un contexto que salvaguarde

la autonomía de cada participante, de manera que cada cual pueda definir sus propósitos sin imposiciones

desde ni hacia los demás. En lo estético, que la terapia constituya un dominio que resguarde la trivialización

de la experiencia humana, permitiendo revalorizar sus aspectos distintivos y originales. En lo pragmático, que la terapia genere posibilidades efectivamente nuevas y diferentes de entendimiento y/o acción en aquel espacio consensualmente definido como problemático para los consultantes.

La generalidad de los intentos explicativos en psicología y en psicoterapia se han basado en descripciones simples; es decir, en pretender la explicación del conjunto, en base a alguna de las mitades que configuran las pautas amplias de relaciones.

Keeney (1987), ha señalado que la doble descripción es una herramienta epistemológica fundamental, en tanto permite generar y/o distinguir diversos órdenes de pautas. Son los contextos de la acción --dice este autor siguiendo a Bateson--, los que determinan la forma en que se conectan las acciones simples en la organización social, es decir, el modo en que las manifestaciones de unos individuos se ordenan en el tiempo, frente a las manifestaciones de otros individuos (pag. 54).

Si se siguen estos planteamientos se bosqueja clara la necesidad que no sólo la psicoterapia, como un quehacer específico, sino que la Psicología, como disciplina científica, tienen de contar con una epistemología que considere la participación del observador en sus observaciones y los procesos recursivos entre los distintos niveles de significación y acción social en que transcurre la vida humana.

En concordancia con Keeney (1987), se propone aquí que dicha epistemología ha de estar basada en nociones cibernéticas, en el sentido de priorizar la observación de la pauta más amplia y la recursividad que constituye a todo proceso como tal. Y se agrega que dicha manera de observar ha de incluir los fundamentos biológicos del conocer humano que han propuesto Maturana y Varela (1984) y la reflexividad propia de los procesos de comunicación e interacción social postulados por Pearce y Cronen (1980).

De alguna manera, este conjunto de principios rectores acerca de la capacidad humana de auto-observarse

y sus raíces biológicas, así como la consideración de los procesos recursivos y de la reflexividad en los

procesos de comunicación/interacción humana, pueden apreciarse en lo que aquí se propone denominar Enfoque Reflexivo en Terapia Familiar Sistémica (capítulo V); dicha modalidad de trabajo psicoterapéutico, parece constituirse como una forma suficientemente coherente de psicología aplicada, que emerge desde el tipo de premisas epistemológicas antes referidas.

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CAPÍTULO 2:

PRAGMATICA DE LA COMUNICACION HUMANA.

La PCH fue desarrollada por P. Watzlawick y un grupo de investigadores del Mental Research Institute en Palo Alto, California (Grupo MRI) durante la segunda mitad de los años 60.

Siguiendo los planteamientos previos de Bateson y utilizando la Teoría General de los Sistemas de von Bertalanffy y la Teoría de los Tipos Lógicos de Russell y Whitehead como referentes teóricos principales, Watzlawick, Beavin y Jackson (1967), postularon cinco axiomas básicos para la comunicación humana y, al mismo tiempo, las formas en que estos procesos comunicativos pueden verse alterados, dando origen a trastornos o patologías que se manifiestan en la convivencia cotidiana de las personas.

Sin embargo, Pragmática de la Comunicación Humana no representa sólo una teoría más acerca de la comunicación humana. Hasta el momento de su aparición en 1967, las formulaciones previas en esta materia constituían todas, representaciones de una epistemología lineal-causal respecto de la conducta humana. Esta teoría constituye un cambio de paradigma en el entendimiento de los procesos comunicativos, pues forma parte de una nueva epistemología, discontínua con la anterior: aquella en que lo central es la circularidad, las relaciones y la interacción. A continuación, se revisan algunos de dichos fundamentos.

2.1 BASES EPISTEMOLÓGICAS DE LA PRAGMÁTICA DE LA COMUNICACIÓN.

Las teorías previas a la Pragmática de la Comunicación en dicho campo (Retórica, Teoría de la Información, Teoría de D. Berlo) compartían un mismo entendimiento epistemológico básico: estaban basadas en la lógica aristotélica y la física newtoniana. En el caso de las dos últimas, extrapolaron el modelo clásico de la ciencias exactas y como conjunto, conceptualizaron la comunicación como un proceso unidireccional.

Dicha conceptualización describe el proceso comunicativo como una secuencia de hechos temporalmente ordenados, que se inicia con la acción de un emisor que envía un mensaje y concluye con la recepción de dicho mensaje por parte de un receptor.

El entendimiento lineal y unidireccional, supone que una persona actúa sobre otra y que esta última re- acciona a lo que aquella ha hecho inicialmente; dichas reacciones se consideran como una variable dependiente del comportamiento inicial del primero. Si se invierte el proceso (como se hace al decir que el receptor también tiene, a continuación, la posibilidad de actuar como emisor), no hay ningún cambio sustancial en el modelo porque el entendimiento en sí, es monádico; es decir, la unidad de análisis sigue siendo el individuo. Cualquiera sea la dirección del proceso, cada evento es ordenado como parte de una secuencia que implica una relación lineal-causal entre emisor y receptor.

La Pragmática de la Comunicación, por su parte, se desarrolló fundada en los planteamientos de la Teoría General de los Sistemas y en la Cibernética. Ello proporcionó un soporte epistemológico radicalmente distinto para todos sus planteamientos.

Desde el entendimiento sistémico-cibernético, la comunicación es conceptualizada como un proceso predominantemente circular, que no puede ser comprendido a partir de cada uno de los individuos que participan en ella, sino a partir de la interacción y las relaciones que ellos establecen. Eso hace que la unidad mínima de análisis en esta perspectiva sea la díada.

Comunicación en Terapia Familiar Sistémica. Bosquejo de una epistemología cibernética. Universidad de Valparaíso-Editorial. 1995.

A diferencia de la epistemología newtoniana que adscribe realidad a las cosas excluyendo el contexto y las

relaciones, la epistemología sistémica aplicada a la comunicación examina las relaciones y el contexto, más allá de las cosas mismas (en este caso, los contenidos).

En los procesos de comunicación humana, los mensajes y los contenidos de éstos, en última instancia dependen del contexto en que se dan y del tipo de relación establecida entre los comunicantes.

Dado lo anterior, es que la Pragmática de la Comunicación focaliza su atención en los efectos que la conducta comunicativa de alguien (en interacción), tiene sobre el comportamiento de otro (s). Asimismo, considera que la comunicación (en su sentido más global) está gobernada por reglas, de una manera análoga a cómo el lenguaje está determinado por su gramática y su sintaxis.

Dichas reglas estarían, usualmente, fuera de la percatación de quienes se comunican, pero al igual como el conocimiento formal de la gramática no hace menos determinante su papel en los actos lingüísticos entre las personas, los principios básicos de la pragmática comunicacional estarían presentes en todo intercambio comunicativo humano.

En consecuencia con lo anterior, la Pragmática de la Comunicación postula cinco axiomas básicos que vienen a ser las reglas operativas fundamentales, que guían la acción de todo comunicante en interacción.

2.2 AXIOMAS DE LA PRAGMÁTICA DE LA COMUNICACIÓN HUMANA.

2.2.1 No es posible no comunicar (se).

Este axioma está basado en una premisa inapelable: no hay nada contrario a comportarse; en otra palabras, no existe el no-comportamiento. Si además se acepta que en situaciones de interacción, toda conducta tiene un valor de mensaje, resulta que aun intentándolo, la comunicación no se puede evitar.

Ello ocurre porque, en última instancia, dicho acontecer no tiene que ver con las intenciones de que ello ocurra o no por parte de los interactuantes, sino con la condición que, participando éstos de una realidad compartida, resulta de hecho, imposible no hacerlo. Desde esta perspectiva y dentro de un contexto interaccional, conducta y comunicación se entienden entonces como sinónimos.

Todo gesto, toda forma de comportamiento en una instancia compartida con otras personas, constituye una forma de comunicación; no importa que no haya palabras. El silencio, el acercamiento o el alejamiento, la sonrisa o la indiferencia en presencia de otro (s), tienen un valor comunicativo y se manifiestan en tanto tales, es decir, operan como conductas y generan conductas en un entrelazamiento que sólo tiene fin, cuando alguno de los participantes abandona transitoria o definitivamente la situación.

Resulta difícil entonces, pretender que "no hay comunicación" en situaciones de convivencia cotidiana. La vida diaria de una persona en los distintos sistemas sociales en los que participa, se realiza inevitablemente en el lenguaje y la comunicación.

2.2.2 Toda comunicación tiene un aspecto de contenido y un aspecto de relación, tales que el segundo

clasifica al primero, y es por ende una metacomunicación.

El presente axioma asume que la comunicación humana no se presenta en un solo nivel, sino que conlleva

operaciones en dos niveles distintos. Uno que alude al contenido de lo comunicado y que se realiza mediante

el uso de diversos sistemas de signos (en el caso humano, predominantemente lingüísticos) y otro, que

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refiere a la relación entre los comunicantes; dicho aspecto relacional opera como un 'calificador' que da un cierto marco de entendimiento a todo aquello que se expresa en el contenido de lo comunicado.

El nivel del contenido corresponde al nivel denotativo simple o, en otras palabras, a lo que es explícito dentro de un cierto mensaje. Incluye, entonces, todo lo que es comunicable, más allá de que sea cierto o no, válido o preciso. En el caso humano, se expresa por lo general a través de palabras o de lo que globalmente se denomina 'discurso', pudiendo ser éste hablado o escrito. Puede decirse, por tanto, que el nivel de contenido en la comunicación humana, principalmente trasmite información.

En lo relacional, por otra parte, aun cuando también hay trasmisión de información, ésta corresponde a otro orden lógico (superior), pues se trata de información acerca de la información; es decir,son 'instrucciones' respecto del cómo debe entenderse la información. Este aspecto está centrado en la relación entre los comunicantes. Acorde como ella se defina, se entenderá lo comunicado entre los interactuantes.

Lo relacional no es habitualmente explícito, sino por el contrario, corresponde a un aspecto meta- comunicacional del cual no se es conciente la generalidad de las veces. No por ello la relación entre los comunicantes (cualquiera sea su forma o tipo), no se manifiesta, sino que es omnipresente en todo intercambio comunicativo humano, sea éste de la naturaleza que sea.

Las distintas formas que constantemente asumen las relaciones entre las personas, producto de las diversas definiciones que de dichas relaciones hacen quienes participan en intercambios comunicativos de breve o prolongada duración, hacen que todo lo dicho o comunicado de cualquier modo, resulte en un cierto tono que matiza todo aquello que ocurre en la reciprocidad del convivir.

Así, aquellas relaciones definidas como de cooperación mutua, tiñen todo intercambio conductual- comunicativo con esa coloración y generan un sistema de convivencia particular, mientras se mantenga dicha definición de relación. Si cambia, por ejemplo, por una definición de relación competitiva, consecuente y contingentemente la calificación de todo lo dicho o hecho también cambia y el patrón global de interacción y comunicación se modifica.

Por tanto, la forma en que las personas llegan a definir sus relaciones de convivencia con aquellos que le rodean, no es un mero agregado a dicho convivir, sino que resulta ser un aspecto medular que señala los confines dentro de los cuales se entenderá la generalidad de los intercambios propios del compartir un espacio social, cualquiera que sea (trabajo, familia, escuela, grupo de amigos, club social, iglesia, etc).

2.2.3 Los seres humanos se comunican tanto digital, como analógicamente. El lenguaje digital cuenta con

una sintaxis lógica compleja y poderosa, pero carece de una semántica adecuada en el campo de la relación, mientras que el lenguaje analógico posee la semántica, pero no una sintaxis adecuada para la definición de relaciones.

La tercera proposición axiomática de la teoría aquí revisada, se refiere a las dos grandes modalidades mediante las cuales se realiza el proceso de comunicación humana: lo digital, que se refiere a texto, palabras, discurso, etc. en última instancia contenido propiamente dicho y lo analógico, que alude a todas aquellas formas comunicativas distintas de lo que se quiere decir, diferentes de la temática, el contenido o el discurso.

Lo digital se circunscribe al qué de la comunicación, independientemente de que sea materializado mediante signos lingüísticos hablados o escritos, e incluso mediante señas particulares, como en la utilización de ciertos códigos específicos, al modo del utilizado por los sordomudos.

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Lo analógico, remite al espacio del cómo de los procesos comunicativos y guarda relación por tanto, con la diversidad de manifestaciones que acompañan --pero no en un sentido secundario--, a aquello expresado como contenido, ya sea mediante la verbalización, o el uso de cualquier otro código particular.

De la misma manera en que puede observarse que lo digital se halla estrechamente ligado a lo denotativo del intercambio comunicacional, es visible también que lo analógico se vincula con la dinámica de la connotación de todo mensaje intercambiado. Al mismo tiempo y por lo general, lo digital asume aquella parte del comunicarse que tiene que ver con la transmisión de los contenidos, en tanto que lo analógico se hace cargo de transportar los aspectos vinculados al tipo de relación existente entre los comunicantes, pudiendo ocasionalmente ser a la inversa.

La comunicación digital corresponde a un mayor nivel de abstracción que la analógica (ligada a lo presente

y lo concreto) y se rige por principios lógicos de no contradicción. Esto permite mayor versatilidad y

complejidad al mensaje digital. En tanto la lógica misma es producto de lo lingüístico (digital) esta

modalidad conlleva la posibilidad de representar términos como 'no', 'si', 'dado que', 'y', 'o', 'ninguno', etc.

y permite dar cuenta de conceptos que no tienen un referente concreto, tales como 'sabiduría', 'valor', 'fe',

etc.

En lo analógico, en cambio, nada de lo anteriormente descrito es posible, o sólo lo es dentro de márgenes muy restringidos. En dicho espacio, todo se define positivamente, es decir, a través de comportamientos. No existe el no-comportamiento y, por lo tanto, la negación sólo es posible en el lenguaje digital.

En el modo analógico, la negación sólo se puede representar mediante la realización (primeramente) de aquello que se quiere negar o a través de la ejecución de una conducta claramente antogónica. Ambas formas pueden resultar ambiguas o confusas, pues el lenguaje analógico carece de los calificadores explícitos del lenguaje digital, para indicar cuál es el significado implícito. Por su parte, el modo digital no posee expresiones propiamente adecuadas para definir el aspecto relacional.

2.2.4 Todos los intercambios comunicacionales son simétricos o complementarios, según estén basados en

la igualdad o en la diferencia.

Dentro de la diversidad de tipos de relaciones que pueden establecer personas que interactúan y se comunican (circunstancial o regularmente), la Pragmática de la Comunicación postula dos grandes categorías agrupadoras: las relaciones simétricas y las relaciones complementarias. Las primeras, conllevan una definición de relación que hace que ambos interactuantes realicen, o puedan realizar, el mismo tipo de comportamiento, y de hecho, están basadas en esa modalidad de intercambio. Quienes participan de ella, pueden jugarse bromas, llamarse la atención, realizar tareas domésticas, etc.

Por otra parte, las segundas, se basan en una definición de relación que implica comportamientos disímiles de ambas partes, y si así no fuera, la relación (o comunicación) no podría tener lugar. Los participantes en ella, deben aportar un comportamiento diferencial respecto del otro comunicante, de modo tal que la conducta de éste último, pueda tener lugar y sentido. Así, alguien ha de aceptar ser "regaloneado", para que otro alguien pueda expresar cuán cariñoso es. Algunos han de querer seguir directrices y permitir que otro tome la iniciativa, para que la conducta de liderar de éste último, pueda tener lugar y su liderazgo pueda, a la vez, tener algún sentido.

Si bien las relaciones complementarias implican la existencia de dos posiciones distintas, ello no debe considerarse como indicativo de una posición superior (positiva, buena, etc.) y otra inferior (negativa, mala, etc.). Este tipo de relaciones pueden constituirse a partir de convenciones sociales (médico-paciente, entrenador-jugadores), o del particular modo de relación de dos partes en interacción (amigos, pololos). Sin

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embargo, lo medular de la complementariedad consiste en que cada uno aporta a la relación, aceptando de un modo u otro, la definición que ambos hacen de ella.

2.2.5 La naturaleza de una relación depende de la puntuación de las secuencias de comunicación entre los

comunicantes.

El quinto axioma aquí revisado, considera la comunicación como una secuencia ininterrumpida de hechos, mientras dos interactuantes permanezcan compartiendo una situación. Al ser de este modo, la interacción humana puede dar cabida a versiones parciales, pero igualmente válidas, de parte de cada uno de quienes participan de una cierta relación.

Cada individuo puede tener un entendimiento particular de las relaciones o realidades en que participa, a partir del punto o momento en que éste realiza su particular "lectura" de ellas, proceso al que globalmente se denomina puntuación. De hecho ésta no es buena ni mala, pero evidentemente 'organiza' los hechos en que las personas participan, y por lo tanto, resulta crucial para el curso que sigue la interacción entre ellas. Como se verá en la siguiente parte (2.3), las divergencias en el modo de puntuar la secuencia de hechos, se encuentran a la base de una gran parte de los conflictos en las relaciones interpersonales.

Así, la naturaleza o tipo de relaciones que se desarrollan, van siendo determinadas por la puntuación que los interactuantes realizan, acerca de los intercambios que están teniendo lugar en el proceso comunicativo global en que participan.

2.3 LOS AXIOMAS DE LA COMUNICACIÓN Y SU PATOLOGÍA.

Dado su carácter de tales, los axiomas que se han descrito precedentemente, se suponen principios fundamentales e ineludibles en el proceso de comunicación humana. Del mismo modo, las teóricos de la Pragmática de la Comunicación postulan que dichos axiomas conllevan la posibilidad de generar dificultades de distinto orden y grado, que se manifiestan en una comunicación conflictiva o patológica entre las personas.

2.3.1 La imposibilidad de no comunicarse.

Lo más medular de este axioma, consiste en afirmar que las personas no pueden evitar la comunicación, cuando comparten una situación de interacción.

Sin embargo, quienes interactúan pueden intentar, y de hecho realizar, una serie de maniobras tendientes a transgredir este principio pragmático.

Cuando en una situación social cualquiera de interacción obligada (es decir que, por lo menos transitoriamente, no permite el abandono), alguien (A) toma la iniciativa de conversar con otra persona (B), la alternativa menos conflictiva y no tendiente a transgredir el axioma por parte de B, es aceptar la conversación y comportarse en consecuencia; sin embargo, existen también tres gruesas maneras de pretender evitar el compromiso que trae consigo el comunicarse:

a) Rechazar la comunicación: esto es, señalar explícitamente a quien ha tomado la iniciativa, que no se desea conversar. Sin embargo, dada la condición de obligatoriedad situacional, ello no evita la comunicación, sino que genera una relación incómoda y tensa entre ambos, que se mantendrá mientras la interacción prosiga y no se pueda abandonar la situación.

b) Descalificar la comunicación: esto es, acceder a conversar, pero de un modo tal que lo dicho por él

mismo B o por A, vaya siendo invalidado en el mismo proceso de conversar. Existen variadas formas de

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descalificación comunicacional; por ejemplo, malentender, literalizar lo metafórico, metaforizar lo literal, cambiar de tema, usar formas idiomáticas rebuscadas o modismos poco comprensibles para el otro, etc.

c) Usar síntomas como comunicadores: esto es, invocar algún tipo de deficiencia o dificultad como

condición imposibilitante para poder comunicarse (sueño, malestar, sordera, etc.); este recurso en cualquiera de sus formas, trasmite siempre un mensaje similar: yo conversaría, pero algo que no depende de mí, me lo impide. Al igual que las anteriores, esta modalidad tampoco permite, efectivamente, evitar la comunicación; quien la emplea, sabe que está fingiendo y, por lo tanto, debe mantenerse cuidadosamente atento a seguir comunicándose de manera congruente con lo expresado inicialmente como justificación.

Otra posibilidad es que la persona que utiliza el ardid, entre en efectiva correspondencia con la excusa; por ejemplo, que verdaderamente se duerma (para no conversar), se desmaye (por no presenciar algo) o paralice sus piernas (para no concurrir).

En una dimensión más dramática, algunas de las formas comunicativas presentes en la esquizofrenia, pueden ser entendidas como un intento de doblegar este imperativo comunicacional. Puesto en la circunstancia de no querer comunicarse, como resultado de otras dinámicas que no es del caso detallar aquí, el esquizofrénico se ve enfrentado a la vez, al problema de no poder dejar de comunicarse. Entonces, para negar que la negativa a comunicarse es tambien comunicación, adquiere sentido la proclama del esquizofrénico, por ejemplo, en orden a que no es él quien realmente habla, sino Dios o cualquier otro ente superior, quien lo hace a través suyo. Un lenguaje ininteligible, plagado de disgregaciones y neologismos, puede también servir al mismo intento. Una postura catatónica y un comportamiento autista global, pueden pretender comunicar que ni siquiera se está allí y que la situación no existe.

2.3.2 El contenido y la relación.

El axioma referido a estos aspectos de la comunicación, destaca que ambos están estrechamente ligados en su dimensión pragmática, y que es el aspecto relacional el que porta información indicativa acerca de cómo debe entenderse el contenido.

Existen seis posibilidades relativas al modo en que los interactuantes pueden manejar los aspectos de contenido y relación durante sus intercambios comunicativos:

a) La más favorable, es aquella en que los interactuantes están de acuerdo, tanto en lo relativo al contenido

de sus comunicaciones, como en la definición de su relación.

b) Una de favorabilidad predominante, en que los interactuantes no están de acuerdo en el nivel del

contenido de sus comunicaciones, pero sí concuerdan en la definición de su relación.

c) Una de desfavorabilidad (potencial) predominante, en que los interactuantes están de acuerdo en el

contenido, pero no en la definición de relación. Esto da origen a situaciones de frágil estabilidad, que terminan apenas desaparece la necesidad de seguir estando de acuerdo respecto al contenido.

d) La más desfavorable, en que los interactuantes muestran desacuerdo, tanto a nivel del contenido, como

en lo relativo a su definición de relación.

e) En la interacción, también pueden presentarse confusiones respecto de los niveles de contenido y

relación. Los interactuantes pueden intentar resolver problemas de relación en el nivel donde no existen (el

del contenido), o pretender manejar un desacuerdo de contenido mediante una maniobra relacional.

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f) Una última posibilidad es que una persona se vea obligada de un modo u otro, a dudar de sus propias

percepciones en el nivel del contenido, para no poner en peligro una relación vital con otra persona. Esto implica el tipo de comunicación paradójica que se revisará en 2.4

Por otra parte, toda expresión de un contenido conlleva una propuesta de relación; es decir, cada vez que alguien manifiesta algo a otra persona, conjuntamente le propone una definición de relación entre ambos, respecto de la cual el segundo debe pronunciarse.

En el nivel relacional, las personas no comunican nada relativo a hechos externos a la relación, sino que proponen definiciones acerca de esa relación, y por implicación, de sí mismos. El mensaje metacomunicativo es siempre del tipo "así me veo yo, en relación a ti en esta situación" .

Ante el imperativo de pronunciarse frente a cada proposición de definición de relación inherente a todo intercambio comunicativo, existen tres posibilidades concretas de manejo:

a) Confirmar la definición que el otro hace de la relación y de sí mismo, lo cual constituye el factor básico

para que la comunicación humana se haya desarrollado en sus actuales dimensiones.

b) Rechazar la definición que el otro hace de la relación y de sí mismo, lo cual aunque resulte conflictivo, no

niega la realidad de la imagen que aquél tiene de sí, pues el rechazo supone un reconocimiento, aunque sea limitado, de lo que se rechaza.

c) Desconfirmar al otro, negando la realidad (o validez) que éste tiene como posible fuente de definición de

relaciones. Esta posibilidad es la más significativa desde el punto de vista psicopatológico, pues dice

relación con la pérdida de 'mismidad', es decir, con la alienación.

2.3.3 Lo digital y lo analógico.

Además de la simultaneidad de ambas formas y de la exclusividad de dicho fenómeno en el género humano, este axioma hace ver las dificultades que encierra el hecho de contar con ambos 'lenguajes' en la comunicación humana.

En tanto el ser humano es el único que utiliza ambos modos de comunicación, requiere inevitablemente hacer traducciones permanentes de uno a otro. Esto presenta dificultades como la pérdida de información al traducir de lo digital a lo analógico, o la cosificación al hacerlo desde lo analógico a lo digital. En este último caso, como ejemplificó Haley (1966), cuando algo fundamentalmente analógico como el galanteo, se digitaliza con el matrimonio, la definición inequívoca acerca de su relación, se vuelve, de hecho, más problemática para los miembros de la pareja. Ya no pueden tener certeza de estar juntos solamente porque así lo quieren. En efecto, los trastornos de la comunicación referidos a lo digital y lo analógico, se relacionan principalmente con errores de traducción de un modo a otro.

Digitalizar lo analógico, por ejemplo, presenta una dificultad de base: el material de los mensajes analógicos es de por sí ambiguo. Esto abre la posibilidad que, al traducir, cualquiera de los interactuantes digitalice de modo tal, que lo comunicado (analógicamente) por el otro, calce con la propia apreciación que el que traduce tiene de la relación entre ambos. Por ejemplo, alguien puede realizar cierto acto como un gesto de cortesía; el otro lo puede traducir como un intento de comprometerlo.

Por otra parte, al intentar traducir el material digital al modo analógico, se está ante la dificultad de encontrar expresiones adecuadas de ese tipo, para conceptos que no poseen referentes concretos.

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Cuando se pierde o se encuentra bloqueada la capacidad de hablar acerca de la relación (metacomunicarse digitalmente), el trastorno comunicacional se expresa recurriendo a la somatización (modo analógico) de ciertos contenidos digitales, como los expuestos en 2.3.1, c).

2.3.4 Simetría y complementariedad.

El axioma relativo a estos aspectos, enfatiza que la naturaleza misma de la relación entre los comunicantes depende de si éstos realizan intercambios de igual o distinto tipo.

Una de las formas en que la comunicación entre dos personas (instituciones o países) puede adquirir ribetes patológicos, es aquella en que uno de los interactuantes considera (a partir de su particular puntuación de

los hechos o de la relación misma), que se encuentra en una posición de desmedro respecto del otro e inicia,

a partir de allí, la realización de conductas destinadas a 'equiparar' su posición o, en otras palabras, a establecer una relación simétrica entre ambos.

Al mismo tiempo, el otro interactuante realiza una puntuación exactamente igual, pero opuesta: considera que la relación es simétrica, que no hay nada que equiparar y que es él quien quedará en una posición desmejorada, como consecuencia de las maniobras del otro. Por lo tanto, reacciona con comportamientos destinados a restablecer la 'verdadera' simetría, que a su vez el otro interpretará como un nuevo intento por superarlo. Y así sucesivamente, ad infinitum. Esta progresión, teóricamente sin fin, es lo que se ha denominado escalada simétrica.

El otro posible trastorno comunicacional vinculado a este axioma, se presenta cuando la forma en que ha sido definida (y aceptada) una relación durante un cierto período o etapa de la relación, deja de ser adaptativa porque las circunstancias han cambiado, o porque alguno de los interactuantes ya no quiere mantener la definición pretérita.

En dicha circunstancia, un interactuante A pretende (y exige) que B lo confirme en su propia definición, aun cuando éste último no está de acuerdo en como A se ve a sí mismo en su relación con él. Por ejemplo, un padre que insiste en brindar protección a un hijo, que a la vez siente que ya no la requiere.

En esta disyuntiva, para que la relación (complementaria) pueda seguir su curso (y evitar así el conflicto), B debe modificar la propia definición que tiene de sí mismo, corroborando la definición que A tiene de sí y de

la relación con B.

Esta dificultad relacional y comunicativa se denomina complementariedad rígida, en tanto tiende a la conservación poco flexible de patrones interactivos y comunicacionales, que en virtud de las circunstancias dejaron de ser los más apropiados.

2.3.5 La puntuación de la secuencia de hechos.

Este axioma destaca el hecho que la naturaleza misma de la relación entre los comunicantes va siendo determinada, según la forma en que cada uno ellos puntúe las distintas realidades que comparten.

Una de la dificultades que trae consigo este principio pragmático, es que uno de los interactuantes (A) puede contar con distinta cantidad de información respecto de un cierto asunto, en comparación con B, y al mismo tiempo no saberlo. A partir de eso, evidentemente A puntuará los hechos en correspondencia con su supuesto; esto es, que el otro tiene la misma información. Consecuentemente, atribuirá intención y significación a la (s) conducta (s) del otro, basado en dicha premisa. Es fácil, entonces, que en el

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desconocimiento de la diferencia de información que ambos tienen, A haga atribuciones erróneas e interprete de un modo equivocado todas y cada una de las conductas de B de allí en adelante.

Por otra parte, sin duda la conducta de A resultará inexplicable para B, lo cual no evitará que éste último, a su vez, responda a ellas, basándose en su propia puntuación. El conflicto, que en virtud de su origen puede permanecer implícito o silencioso, se mantendrá indefinidamente, hasta que por decisión de ellos mismos, o por alguna circunstancia, descubran o decidan averiguar qué pasó.

Maniobrar en este último sentido, implica de parte de los interactuantes, la capacidad de salir del círculo vicioso y colocar la comunicación misma como tema de comunicación; en otras palabras, se requiere que ellos puedan meta-comunicarse.

Otro aspecto que está en la base de una parte considerable de las dificultades comunicacionales humanas, es la tendencia de las personas a organizar (puntuar) secuencialmente los hechos en términos de causa y efecto. Es decir, las personas tienden a ordenar de manera lineal las secuencias comunicativas, en vez de considerarlas como partes de un proceso circular, donde causa y efecto resultan, en última instancia, indistinguibles. Al tener este entendimiento en relación a los procesos interaccionales y comunicativos en que participan, las personas quedan en una disposición predominante para ver sus propios actos comunicativos sólo como una reacción ante ciertas formas de conducta (o comunicación) de los demás, soslayando (sin que sea su deliberada intención) la condición de estímulo (o causa), que su propio comportamiento tiene, a la vez, en relación a los demás.

Esta perspectiva de no considerar los procesos comunicativos e interaccionales en su naturaleza circular o sistémica, se vincula estrechamente con la disposición a considerar que existe una sola realidad, que en tanto tal, ha de ser compartida por todos. Dicho tipo de creencia o convicción genera, también, una parte considerable de los conflictos interpersonales y comunicativos, que las personas, ignorantes de su propia cosmovisión, vivencian como incomprensión (hacia o desde el otro), maldad, o en última instancia, enfermedad mental y locura.

Finalmente, otra forma en que las dificultades provenientes de la puntuación se manifiestan, es mediante la llamada profecía que se cumple a sí misma. Este fenómeno interaccional y comunicativo es también un problema de puntuación, dado que se origina en la creencia --ya descrita-- que una persona tiene, en cuanto a estar 'solamente' reaccionando frente a las formas de comunicación o conducta de los demás, sin alcanzar a percatarse que una o más de sus formas conductuales tienen incidencia (actuando como estímulo) en que las otras personas manifiesten hacia él ciertas formas de conducta, que son las que él visualiza, a su vez, como generadoras de la propia, sin alcanzar a darse cuenta de la contribución que él mismo hace al ciclo.

Desde otro punto de vista, puede decirse que las profecías que se cumplen a sí mismas constituyen una forma de relación complementaria, es decir, invariablemente requieren de una contraparte que posibilite que lleguen a manifestarse.

Un ejemplo recurrente en la vida cotidiana es aquel de las personas celosas. Dado cierto guión particular de historia de vida, quienes sufren celos inician sus relaciones de pareja predipuestos a que, en uno u otro momento, serán engañados por la otra persona. En consecuencia con su convicción, duda, revisa, husmea, interroga, acosa, sin percatarse que con su propia conducta genera dos posibles efectos en la relación, ambos aumentadores de la posibilidad que su pareja, efectivamente, se vincule a un/una tercera.

1) Cualquier otra persona resulta --dentro de un cierto plazo-- más atractiva o grata, que alguien que duda, revisa, husmea, interroga y acosa.

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2) Si las conductas controladoras --como suele suceder al inicio de una relación-- son gratuitas e infundadas, no deja de ser una buena alternativa para el/la perseguido (a), descargar su molestia, involucrándose con un (a) tercero (a), cuando se presente la oportunidad.

No es difícil visualizar que cualquiera sea el fundamento que permita la materialización de la infidelidad, cuando ello ocurre, para el que había 'profetizado' el engaño, no es sino la confirmación de lo predicho. Y aquí radica, probablemente, la parte más dramática de las profecías que se cumplen a sí mismas; esto es, que además de ser recurrentes, son recursivas, es decir, no sólo iteran en el tiempo, sino que cada evento al ser confirmativo, profundiza la creencia de la persona, disponiéndola más firmemente que antes en la misma dirección para situaciones análogas futuras. Afortunadamente, el hacer profecías no discrimina signo, por tanto, el ejemplo anterior puede ser contrarrestado con facilidad por uno más positivo, como aquel de las personas autoafirmativas, que consolidan progresivamente su seguridad en sí mismas con cada una de sus actuaciones.

2.4 LA COMUNICACIÓN PARADÓJICA.

En el capítulo siguiente se revisará el Enfoque Estratégico desarrollado en el ámbito de la Terapia Familiar Sistémica; allí se verá que una parte medular de sus planteamientos y modalidades de intervención están fundados en la noción de lo que globalmente se denomina comunicación paradójica. Esta parte aborda dicho fenómeno y establece las distinciones y precisiones necesarias para comprenderlo como sustento comunicacional de la modalidad psicoterapeútica antes señalada.

El planteamiento central de Watzlawick et al. (1974), es que las paradojas, más allá del asombro, la fascinación y también la frustración que han generado por no saber cómo tratarlas, tienen implicancias pragmáticas directas, ya que afectan la conducta, la interacción y la salud mental de las personas.

La paradoja puede definirse como "una contradicción que resulta de una deducción correcta, a partir de premisas congruentes". (Watzlawick et al., 1974) Es posible diferenciar tres tipos de paradojas:

1) Las antinomias, que son contradicciones lógicas que surgen de modos aceptados de razonamiento o, en otras palabras, son aseveraciones contradictorias y demostrables a la vez. En un cierto nivel, hay contradicciones que solamente evidencian que se ha trasgredido una ley básica de la lógica; por ejemplo, en el típico caso de afirmar que algo es (A) y no es (-A), al mismo tiempo. Sin embargo, en un nivel lógico superior al recién descrito, como 'la clase de los conceptos' se puede ver que ésta puede, además de ser 'clase', ser un 'concepto' en sí misma. En este nivel, ello implica una división entre las clases que son miembros de sí mismas y aquellas que no lo son. Una aseveración en tal sentido (que una clase sea y no sea miembro de sí misma), puede desecharse sin problemas, en tanto simple contradicción; sin embargo, si se repite esta operación en el nivel superior siguiente, ocurre que una clase resulta ser miembro de sí misma sí y sólo sí no es miembro de sí misma y viceversa. Ya no se está en una simple contradicción, sino ante una paradoja, que surge de una rigurosa deducción lógica y no de una mera trasgresión a las leyes de la lógica.

En dicha situación, la teoría de los tipos lógicos de Russell y Whitehead postuló que ninguna clase puede ser miembro de sí misma, a la vez que ningún miembro puede constituir una clase en sí mismo: es decir, una clase corresponde a un nivel lógico superior al de sus miembros. Hay que ascender un nivel en la jerarquía, para poder afirmar que la clase de los conceptos es un concepto en sí misma; de hecho, eso se puede hacer, no es falso, pero carece de significado.

2) las definiciones paradójicas, en que la paradoja tiene lugar cuando un mismo término, por ejemplo 'concepto', se utiliza en dos niveles distintos como si fuesen lo mismo. El problema está entonces en el

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dominio del lenguaje, donde por falta de indicadores apropiados (de tipo lógico), se crea una ilusión lingüística que los hace aparecer como idénticos.

La más conocida de las definiciones paradójicas es la de Epiménides de Creta que afirma que "todos los cretenses son mentirosos". En su conclusión lógica, esta aseveración puede ser verdadera sólo si no lo es y viceversa. Además, a diferencia de lo que ocurre con las antinomias lógicas antes descritas, aquí se trata de

una antinomia semántica, en que la teoría de los tipos lógicos no permite eliminarlas, dado que las palabras y las combinaciones de ellas que constituyen el lenguaje, no cuentan con una jerarquía de tipos lógicos.

Un equivalente a la teoría de los tipos lógicos fue desarrollada como teoría de los niveles del lenguaje, distinguiendo lo que podría llamarse el nivel objetal del lenguaje y el nivel meta- lingüístico que se refiere al primero y así sucesivamente, ad infinitum. Con este marco de entendimiento, en la paradoja de Epiménides se observa que ambos niveles están simultáneamente presentes. Sin embargo, dicha teoría referencial tampoco permite resolver el problema y conduce sólo al mismo resultado que la teoría de los tipos lógicos en la que está basada: la afirmación carece de significado.

3) Las paradojas pragmáticas, refieren a aquellas situaciones comunicacionales de la vida real y cotidiana (a diferencia de las hasta aquí empleadas que remiten al mundo de la lógica y de la semántica respectivamente), en donde por absurda que pueda parecer una afirmación, solicitud o mandato, ello no obsta para que dicho intercambio comunicativo se presente y no evita las consecuencias comportamentales y emocionales que de allí se derivan.

Existen tres condiciones gruesas que, cuando concurren, permiten que se presente el tipo de comunicación paradójica que aquí se está refiriendo. En primer lugar, debe existir una relación clara de complementariedad entre los comunicantes; en segundo término, el mensaje paradójico ha de presentarse dentro del marco definido por el tipo de relación antes descrito, y en tercer lugar, quien ocupa la posición inferior en la relación complementaria, por el hecho mismo de ser esa su posición, no puede salirse del marco relacional y comunicarse respecto del tipo de comunicación (y situación) que se está dando.

Watzlawick et al., (1974) afirman que una persona en la situación recién descrita, se encuentra en una posición insostenible, lo cual hace la diferencia entre estudiar este fenómeno desde un punto de vista puramente lógico y hacerlo en el ámbito de la interacción humana, donde la pragmática de la comunicación paradójica resulta crucial para la estabilidad y la cordura de los involucrados, sean éstos individuos o sistemas sociales de cualquier naturaleza o tamaño.

Las condiciones señaladas anteriormente para la aparición de la paradoja pragmática, sirvieron de fundamento para el desarrollo de la teoría comunicacional del doble vínculo, extensamente desarrollada durante los años 50-60, lo que a su vez sirvió de punto de partida para su conceptualización y empleo como recurso psicoterapéutico en el Enfoque Estratégico en Terapia Familiar Sistémica, materia de la cual es objeto el siguiente capítulo.

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CAPÍTULO 3: ENFOQUE ESTRATEGICO EN TERAPIA FAMILIAR SISTEMICA.

Con posterioridad a la formulación de la Pragmática de la Comunicación Humana, el grupo de investigadores del Mental Research Institute en Palo Alto, California, continuó su trabajo acentuando el énfasis de la comunicación como herramienta útil para el cambio en psicoterapia. A partir de allí, se desarrollaron nuevas técnicas para el trabajo en psicología clínica.

Esta nueva modalidad de trabajo, que viene a ser la resultante de las aplicaciones de la Pragmática de la Comunicación en el ámbito de psicoterapia. se difundió y se conoce hasta ahora como Enfoque Estratégico en Terapia Familiar Sistémica.

3.1 LOS FUNDAMENTOS TEÓRICOS DEL ENFOQUE ESTRATÉGICO.

Esta modalidad de trabajo psicoterapéutico, considera que todo sistema interaccional está gobernado por una especie de “cálculo” comunicacional que se expresa en la pragmática y tiene un funcionamiento análogo al de la lenguas, en que los hablantes hacen uso de ellas sin tener ni necesitar conocimiento formal de su operatoria. Los sistemas familiares no escapan a esta condición sino, por el contrario, estructuran una sofisticada y compleja trama comunicacional que permite, en última instancia, la preservación de los mismos. En esta misma característica radica el hecho que pueden verse atrapados en intentos fallidos e inconducentes de solución, al reiterar en pautas pre-establecidas de interacción/comunicación, en circunstancias que ya no les sirven ni les permiten salir del círculo en que se hallan atrapados, repitiendo 'más de lo mismo'.

El Enfoque Estratégico considera también las distintas etapas por las que atraviesa un familia como grupo, durante el ciclo de vida que desarrolla; cada una de dichas etapas tiene sus peculiaridades en cuanto a las relaciones intra y extra-familiares y sus consecuentes definiciones y re-definiciones a través del tiempo. Todas ellas son potencialmente transitables sin problemas, siguiendo ciertas tendencias naturales, pero también dicho tránsito entre una y otra puede generar serios problemas, cuando por diversas razones surgen dificultades de ajuste y respuesta a las condiciones que cada una de ellas demanda.

Por otra parte, la distinción hecha por Watzlawick et al. (1974) respecto de las paradojas pragmáticas, indica que quien enfrenta ese tipo de situaciones se encuentra en una posición insostenible, dado que las alternativas con que cuenta no son tales, en tanto en un nivel lógico superior la posibilidad misma de elección tampoco existe. Al mismo tiempo, percatarse que las opciones presentadas constituyen sólo una ilusión, significa que la persona afectada debiera ser capaz de darse cuenta no sólo de la característica de las 'alternativas', sino también de la condición doble-vinculante global en que se encuentra. Y como se ha expresado anteriormente (en 2.4), la posibilidad de ponerse en una meta-posición respecto de los intercambios comunicativos en que participa, es una acción que le está vedada a quien se halla involucrado en situaciones del tipo descrito.

Cuando un patrón de comunicación paradójica llega a establecerse, la conducta emergente crea una situación de doble vínculo para ambos participantes. De allí en adelante, tiene poco sentido el cómo, cuándo o por qué, se estableció, pues este tipo de intercambios tienen una fuerte capacidad de auto- perpetuación. Estos patrones comunicacionales evidencian una imposibilidad de generar cambio desde dentro y parecen estar sujetos a la necesidad que los cambios provengan desde fuera.

La descripción del párrafo anterior, señala un pilar fundamental del entendimiento que sustenta al Enfoque Estratégico como modalidad de acción psicoterapéutica. Una vez que se ha constituido una modalidad comunicacional e interactiva que atrapa a los participantes en un juego sin fin, una posibilidad es recurrir a

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un terapeuta, como alguien que puede contribuir a generar un cambio allí donde el sistema está bloqueado, esto es, en sus propias reglas de operación.

3.1.1 Las reglas de comunicación en los sistemas familiares.

D. Jackson, primer Director del M.R.I. de Palo Alto, California, publicó en 1965, "The Study of the Family", dando cuenta de los principios teóricos acerca de la Terapia Familiar que había estado desarrollando el Instituto. Allí propuso la idea de la familia como un sistema homeostático esencialmente gobernado por reglas que, operando repetitivamente, regulan y organizan la comunicación y el comportamiento de sus miembros.

Todo proceso de comunicación implica un aspecto de contenido y un aspecto de relación, dado lo cual, el definir la naturaleza de la relación en que participan no puede ser soslayado ni dejado al azar por los comunicantes que interactúan de manera sostenida en el tiempo. Sus intercambios comunicativos estabilizan la relación o provocan su ruptura, pero no pueden evitarla. Así, se entiende que toda interacción mantenida en el tiempo, tiene a la base una definición relativamente estable acerca de la naturaleza de la relación entre los interactuantes. Esto supone cierto grado mutuo de aceptabilidad respecto del modo en que la relación está definida o, por lo menos, acerca los límites aceptables de discrepancia dentro de la relación. Dichos acuerdos han sido conceptualizados como reglas familiares y no implican una necesaria percatación conciente de ellas por parte de los interactuantes, sino más bien al revés, la mayor parte de las reglas de relación entre las personas no están presentes en su conciencia.

En el mismo sentido anterior, las reglas familiares son inferencias, abstracciones que un observador hace para describir ciertos patrones redundantes de comportamiento/ comunicación que él distingue en la dinámica familiar.

Poder realizar esta distinción en términos sistémicos suficientemente amplios tiene importancia, pues cualquier conducta por compleja que sea, puede finalmente ser señalada como parte de un patrón más amplio en el que ella tiene sentido, a diferencia de cuando se la mira aisladamente como la manifestación interna de un individuo.

Una regla es, en última instancia, un indicativo acerca de cómo deben comportarse (relacionarse) los miembros de un grupo familiar, entre ellos y con los ajenos al sistema. Un ejemplo de regla familiar podría ser el siguiente: "en esta familia no se discute, porque no hay diferencias; somos todos iguales". Dicha regla importa un bloqueo, descalificación o sanción a las peleas internas y una presentación de igualdad y unidad hacia los no-familiares. Lo exactamente opuesto, conlleva también los mismos poderosos efectos sobre la conducta y la comunicación intra y extra-familiar de los miembros, sólo que en la dirección inversa.

Las reglas que regulan las relaciones familiares son propias de cada familia, a la vez que presentan ciertos grados de sobreposición y/o referencia respecto de las normas culturales donde la familia se inserta. Las reglas familiares pueden ser descritas como referentes centrales, en torno a los cuales oscilan los comportamientos de los distintos miembros de la familia.

La noción de la familia como un sistema homeostático (Jackson, 1965), considera que las reglas familiares son mantenidas y reforzadas mediante procesos homeostáticos que operan mediante restricciones a la conducta de los componentes de un grupo familiar, de manera tal que ésta resulte adaptativa a la regla. De este modo, cuando alguna manifestación individual dentro de la familia se desvía sobrepasando el rango que permite la norma, se activan mecanismos homeostáticos (en este caso, la conducta de otros miembros en cualquiera de sus manifestaciones), tendientes a colocarla de nuevo dentro del rango permitido por la regla, restituyendo, al mismo tiempo, el equilibrio que esa regla cautela.

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Una parte significativa de esta operatoria homeostática descrita se da mediante el uso de la meta- comunicación; los comportamientos que representan intentos de retornar la conducta de otros a los

márgenes posibles o de restringirlos dentro de ellos, son manifestaciones meta-comunicativas, es decir, no

se dan a través del contenido de lo comunicado, ni son habitualmente explícitos.

Los llamados procesos estocásticos dicen relación con la redundancia en comunicación, esto es, con aquellas secuencias de configuración repetitiva y más probables que otras. Al observar las interacciones humanas, también es posible detectar en ellas configuraciones redundantes de conducta, bajo las cuales se puede suponer, subyace algún tipo de reglas. Esta redundancia pragmática puede, a la vez, considerarse análoga al concepto matemático de cálculo; es decir, se puede pensar que al igual que éste, la comunicación también sigue un método, con presencia de reglas que generan su congruencia.

A diferencia de la matemática, que cuenta con el lenguaje natural para referirse a ella misma (éste

constituye la meta-matemática), para comunicarse acerca de la comunicación (meta-comunicación) el ser humano cuenta con un sólo y mismo lenguaje. Y dado el hecho que comunicación y meta-comunicación

corresponden a niveles lógicos distintos, esta situación peculiarmente humana establece las bases para que

se genere la comunicación paradójica, al mezclarse ambos niveles.

Como se señaló en 2.4 , en la condición antes descrita se origina una fenómeno comunicativo --la paradoja pragmática-- particularmente complejo y conflictivo para la interacción humana. Al mismo tiempo, como

se

describirá más adelante (3.3), a partir de allí también se ha buscado la forma de generar intervenciones -

-el

doble vínculo terapéutico o contraparadoja-- que contribuyan a manejar los mismos problemas que esta

condición genera.

3.1.2 Las etapas del ciclo familiar.

La consideración del proceso evolutivo familiar como una transformación que puede ser visualizada mediante etapas, parte de la base que aquellos períodos se hacen distinguibles uno de otro en tanto presentan características propias, que a su vez implican demandas particulares sobre cada uno de los miembros de la familia y sobre el sistema familiar como conjunto. Esto sustenta la premisa del Enfoque Estratégico, que en cada una de dichas etapas, así como en la transición de una a otra, pueden surgir dificultades que se expresan mediante un síntoma o conducta problemática de uno o más de sus miembros. Haley (1980b), ha indicado las etapas que se revisan a continuación.

I. El galanteo. A diferencia de todas las otras especies animales, el ser humano es el único que con la

acción de elegir una pareja, involucra a otras familias y adquiere con ello parientes políticos. Cuando el matrimonio se consuma, éste no constituye la sola unión de dos personas, sino un acto de convergencia de dos familias extensas que de uno u otro modo ejercen influencia, al mismo tiempo que construyen una nueva y compleja red de interacciones y significaciones.

En

la especie humana hay un período relativamente largo durante el cual cada miembro ha de establecer

su

propia identidad, diferenciándose y, al mismo tiempo, intengrándose de una nueva manera con los

demás; una parte significativa de dicho proceso se vincula con la elección de una compañera para las siguientes etapas de su vida.

Desde el momento en que un hombre o mujer joven evidencia alguna forma de interés serio por una

persona del sexo opuesto, por lo general, dos parejas de padres pasan a formar parte de un proceso global

de decisiones que los involucra a todos. El humano en proceso de conseguir pareja enfrenta una situación

muy particular: el inicio de una relación que lo involucra simultáneamente en tres ámbitos; su pareja misma y ambas familias, cada cual con sus propias expectativas y demandas.

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II. El matrimonio. El inicio mismo de la convivencia implica establecer un conjunto de acuerdos,

imprescindibles para cualquier par de personas que asumen una vida íntima en conjunto. De manera explícita o implícita, requieren definir una gran cantidad de aspectos imposibles de haber previsto antes de casarse. Esto incluye elaborar el modo en que habrán de manejar los desacuerdos; áreas de discrepancia inicialmente no tocadas por razones diversas, comienzan a emerger paulatinamente. Las soluciones intentadas pueden resultar insatisfactorias, provocando un creciente descontento que, en uno u otro momento, se puede expresar con inesperada fuerza emocional. La forma en que cada pareja avanza en este proceso de manejar sus diferencias, no sólo está influida por las condiciones actuales en que ellas se presentan y por la propia apreciación que cada uno de los cónyuges tiene al respecto, sino también por la propia historia que cada cual trae consigo al matrimonio y por la trama todavía vigente (en diversos grados) con sus respectivas familias de origen.

En esta etapa, la pareja enfrenta, entonces, el desafío de abrirse a consideraciones distintas de las familiarmente aprendidas respecto de ciertos aspectos del convivir en pareja; al mismo tiempo, requiere establecer una distancia apropiada y suficiente de las respectivas familias de origen, para evitar que se involucren en aspectos que deben resolver por sí mismos.

III. El nacimiento de los hijos. Con la llegada de un nuevo miembro a la familia, lo que antes era una

díada, se convierte de manera automática en un triángulo, con la particularidad que se trata, además, de un tercero especialmente significativo: no es un extraño, ni un miembro de la familia extensa. Un hijo no sólo impone una cantidad casi innumerable de nuevas demandas que la pareja deberá saber satisfacer, sino que define de una manera hasta entonces inédita la relación misma de los cónyuges. Si la unión matrimonial ha sido considerada inicialmente como una prueba, la separación puede empezar a considerarse menos posible. Si los miembros de la pareja se veían a sí mismos como muy comprometidos, pueden percibir ahora la fragilidad de ese compromiso en contraste con el que implica un hijo en común. Si la separación ha estado cerca, pueden comenzar a pensar que seguirán casados por el hijo, imposibilitados de allí en adelante de saber, a ciencia cierta, si en ausencia del hijo se habrían separado o no.

Por otra parte, el nacimiento de un niño vuelve a actualizar la convergencia de ambas familias de origen; el calibrar su participación en la nueva etapa y la necesaria delimitación de los territorios de pertinencia de ambas, se constituye en una tarea relevante para la pareja y puede, de hecho, generar disputas y dificultades entre los cónyuges por aspectos que los trascienden a ellos y que son más bien propios de la relación con la familia extensa.

Al mismo tiempo, el nacimiento de un hijo gatilla toda una re-estructuración en cada componente de la

pareja, respecto de su propia relación con su familia de origen; como expresa Haley (1980b), "

nacimiento de un hijo, la joven pareja queda más distanciada de sus familias y a la vez más involucrada en el sistema familiar. Siendo padres, son menos hijos y se individualizan en mayor medida como adultos, pero el niño los introduce más en la red total de parientes, en cuanto se modifica la índole de los viejos vínculos y se forman otros nuevos" .

con el

Un momento en que las dificultades tienden a intensificarse es cuando el/los niño(s) inician su vida escolar; parecieran ser dos los factores que contribuyen principalmente a que esto ocurra en dicho momento. Por una parte, la salida de los niños al colegio es una primera representación, aunque atenuada, de la casi inevitable partida definitiva del hogar una vez que terminen su educación, lo cual volverá a dejar a los padres solos el uno con el otro. Por otra parte, las concepciones y modelos de crianza que cada padre tiene, se expresan de manera más ostensible cuando el niño objeto de la crianza, amplía su mundo y contactos sociales y la forma en que los padres están llevando a cabo la tarea de criarlo, queda expuesta a la evaluación de los demás.

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