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ES MAS FACIL OBEDECER CUANDO PAPÁ Y MAMÁ SE PONEN DE ACUERDO

Mg. Abel Cuzcano Zapata

Estimados padres:

La crianza es el proceso de educar y orientar a los niños en la aventura de la vida, para que
avancen armoniosamente en su crecimiento y desarrollo. Se trata de un acompañamiento
inteligente y afectuoso por parte de los padres y los adultos significativos en la vida del niño.
Tener esta responsabilidad de ayudarles a nuestros hijos a crecer despierta con frecuencia
ansiedades y tensiones en los padres. Nos enfrentamos a momentos difíciles con nuestros
niños y niñas en su recorrido hacia la autodeterminación, y es necesario aproximarnos a ellos
de manera asertiva, para que el diálogo, el ejemplo y el ejercicio de una autoridad serena y
firme les permitan entender que la adquisición de su autonomía es un proceso gradual en el
cual hay límites. En este espíritu ponemos a su disposición el presente documento, nuestra
intención es que este material sirva de apoyo a las familias y facilite la reflexión sobre sus
propios conceptos y formas de relacionarse a diario, sin pretender la promoción de un único
patrón de crianza y así puedan tener las familias la oportunidad de escoger lo mejor para sus
hijos y de entender que existen alternativas y posibilidades de reparar sus relaciones cuando
sus prácticas han dificultado un encuentro positivo y fraterno entre sus miembros.

… PARA REFLEXIONAR…

… ¿Enseñamos a nuestros hijos a adoptar una actitud positiva frente a la vida?


¿De qué manera?

… ¿Les demuestra que los quiere y los valora por ser quiénes son y no por la
belleza o inteligencia?

… ¿De qué manera les demuestra a sus hijos que está satisfecho y orgulloso con
sus logros?

… ¿Qué estrategias utiliza para corregirlos?

… ¿Qué tipo de actividades comparte con sus hijos?

… ¿Cuánto tiempo le dedica diariamente?

¿CÓMO INFLUYE EL CLIMA FAMILIAR EN NUESTROS HIJOS?


El ambiente familiar influye de manera decisiva en nuestra personalidad. Las relaciones entre
los miembros de la casa determinan valores, afectos, actitudes y modos de ser que el niño va
asimilando desde que nace. Por eso, la vida en familia es un eficaz medio educativo al que
debemos dedicar tiempo y esfuerzo. La escuela complementará la tarea, pero en ningún caso
sustituirá a los padres.

El ambiente familiar es el conjunto de relaciones que se establecen entre los miembros de la


familia que comparten el mismo espacio. Cada familia vive y participa en estas relaciones de
una manera particular, de ahí que cada una desarrolle unas peculiaridades propias que le
diferencian de otras familias. Pero el ambiente familiar, sea como sea la familia, tiene unas
funciones educativas y afectivas muy importantes, ya que partimos de la base de que los
padres tienen una gran influencia en el comportamiento de sus hijos y que este
comportamiento es aprendido en el seno de la familia. Lo que difiere a unas familias de otras
es que unas tienen un ambiente familiar positivo y constructivo que propicia el desarrollo
adecuado y feliz del niño, y en cambio otras familias, no viven correctamente las relaciones
interpersonales de manera amorosa, lo que provoca que el niño no adquiera de sus padres el
mejor modelo de conducta o que tenga carencias afectivas importantes.

El ambiente familiar no es fruto de la casualidad ni de la suerte. Es consecuencia de las


aportaciones de todos los que forman la familia y especialmente de los padres. Los que
integran la familia crean el ambiente y pueden modificarlo y de la misma manera, el ambiente
familiar debe tener la capacidad de modificar las conductas erróneas de nuestros hijos y de
potenciar al máximo aquellas que se consideran correctas.

Para que el ambiente familiar pueda influir correctamente a los niños que viven en su seno, es
fundamental que los siguientes elementos tengan una presencia importante y que puedan
disfrutar del suficiente espacio:

1. AMOR
2. AUTORIDAD PARTICIPATIVA
3. INTENCIÓN DE SERVICIO
4. TRATO POSITIVO
5. TIEMPO DE CONVIVENCIA

1. AMOR

Que los padres queremos a nuestros hijos es un hecho


evidente. Pero que lo manifestemos con suficiente claridad ya
no resulta tan evidente. Lo importante es que el niño se sienta
amado. Para ello, además de decírselo con palabras, tenemos
que demostrar que nos gusta como es, que queremos su
felicidad, que sienta la seguridad que le damos, el apoyo y el
reconocimiento y ayudarle en todo lo que necesite. Y esto se
consigue mediante los pequeños detalles de cada día:
mostrando interés por sus cosas, preguntando, felicitando, sabiendo lo que le gusta e interesa,
y mostrándonos comprensivos y pacientes.

2. AUTORIDAD PARTICIPATIVA

Tiene que ver con la manera de ejercer la autoridad. Considero


indiscutible que los padres deben saber cómo ejercer la autoridad. La autoridad es un derecho
y una obligación que parte de nuestra responsabilidad como padres en la educación de
nuestros hijos. Pero la autoridad sólo tendrá una función educativa correcta si se ejerce de
manera persuasiva cuando los hijos son pequeños, y de manera participativa cuando ya sean
mayores. Difícilmente serán educativos aquellos mandatos que no vayan precedidos de
razones o que no hayan tenido en cuenta las opiniones y las circunstancias de los hijos.

3. INTENCION DE SERVICIO

La intención del servicio que brindamos los padres a los hijos tiene
que ver con la intencionalidad o la finalidad de nuestra autoridad y
de nuestras relaciones en general. Los padres debemos buscar la
felicidad de nuestros hijos y ayudarles para que su vida sea más
agradable y más plena. Nunca debemos utilizar nuestra autoridad
para aprovecharnos de nuestros hijos ni vivirla como un privilegio
o una ventaja que tenemos sobre ellos.

4. TRATO POSITIVO

El trato que brindamos a nuestros hijos y a nuestra pareja debe


ser de calidad y positivo, es decir, agradable en las formas y
constructivo en el contenido. Es frecuente que nuestros hijos
escuchen de nuestros labios más críticas que halagos. No debería
ser así. Debemos comentar todo lo bueno que tienen las personas
que conviven con nosotros y todo lo positivo de sus acciones.
También podemos y debemos comentar las cosas negativas, pero
no debemos permitir que nuestro afán perfeccionista nos haga
ver sólo los defectos que hay que mejorar. Pensemos que con ello
podríamos lesionar gravemente uno de sus mejores recursos: su
autoestima.

5. TIEMPO DE CONVIVENCIA

La quinta condición para un buen ambiente familiar es que


tengamos suficiente tiempo para compartir con los hijos y con
la pareja. Seguramente es una condición que muchas veces no
depende de nosotros y que a veces resulta difícil de conseguir.
Pero es necesario que exista tiempo libre para disfrutar en
familia y que permita conocernos los unos a los otros,
explicarnos lo que hacemos, lo que nos gusta y lo que nos
preocupa, y que podamos ayudarnos y pasarlo bien juntos.
Muchas veces no es necesario disponer de mucho tiempo, sino
que el tiempo que tengamos sepamos utilizarlo
correctamente. Algunos padres disponen de mucho tiempo para pasar con los hijos pero están
con ellos mientras está la tele encendida, hacen la cena, hablan por teléfono y otras mil cosas
a la vez, sin prestar demasiada atención a "estar" realmente con su hijo. Quizás es mejor para
el niño que sólo dispongas de un par de horas pero que estés con él dibujando, yendo en
bicicleta o explicándole un cuento. Ese es un tiempo de convivencia de calidad, porque tu
atención está centrada en tu hijo y eso él lo nota y lo agradece.

Cuanto mejor se cumplan estos 5 requisitos y más atención pongamos en ellos, mejor será la
educación que recibirá nuestro hijo de su entorno familiar, y gracias a ella él conseguirá:

• Recibir la información adecuada sobre aquellas actitudes y valores sociales y


personales que se consideran correctos, gracias al buen ejemplo de sus padres.

• Recibir información sobre sí mismos, sobre cómo son, a través de nuestras opiniones,
reacciones y juicios de valor y de la calidad del trato que les otorgamos.

• Desarrollar la confianza en sí mismo y la autoestima gracias a las manifestaciones de


amor y de reconocimiento que colman sus necesidades afectivas básicas: necesidad de
afecto, necesidad de aceptación y necesidad de seguridad.

ALGUNOS DE LOS MODOS DE SER FAMILIA

Para entender un poco mejor los modos de ser familia a continuación veremos algunas de sus
características más importantes:

Familia Rígida: Dificultad en asumir los cambios de los hijos/as. Los padres brindan un trato a
los niños como adultos. No admiten el crecimiento de sus hijos. Los hijos son sometidos por la
rigidez de sus padres siendo permanentemente autoritarios.

Familia Sobreprotectora: Preocupación por sobreproteger a los hijos/as. Los padres no


permiten el desarrollo y autonomía de los hijos/as. Los hijos/as no saben ganarse la vida, ni
defenderse, tienen excusas para todo, se convierten en "infantiloides". Los padres retardan la
madurez de sus hijos/as y al mismo tiempo, hacen que estos dependen extremadamente de
sus decisiones.

La Familia Centrada en los Hijos : Hay ocasiones en que los padres no saben enfrentar sus
propios conflictos y centran su atención en los hijos; así, en vez de tratar temas de la pareja,
traen siempre a la conversación temas acerca de los hijos, como si entre ellos fuera el único
tema de conversación. Este tipo de padres, busca la compañía de los hijos/as y depende de
estos para su satisfacción. En pocas palabras "viven para y por sus hijos".

La Familia Permisiva: En este tipo de familia, los padres son Incapaces de disciplinar a los
hijos/as, y con la excusa de no ser autoritarios y de querer razonarlo todo, les permiten a los
hijos hacer todo lo que quieran. En este tipo de hogares, los padres no funcionan como padres
ni los hijos como hijos y con frecuencia observamos que los hijos mandan más que los padres.
En caso extremo los padres no controlan a sus hijos por temor a que éstos se enojen.

La Familia Inestable: La familia no alcanza a ser unida, los padres están confusos acerca del
mundo que quieren mostrar a sus hijos por falta de metas comunes, les es difícil mantenerse
unidos resultando que, por su inestabilidad, los hijos crecen inseguros, desconfiados y
temerosos, con gran dificultad para dar y recibir afecto, se vuelven adultos pasivos-
dependientes, incapaces de expresar sus necesidades y por lo tanto frustrados y llenos de
culpa y rencor por las hostilidades que no expresan y que interiorizan.

La Familia Estable: La familia se muestra unida, los padres tienen claridad en su rol sabiendo el
mundo que quieren dar y mostrar a sus hijos/as, lleno de metas y sueños. Les resulta fácil
mantenerse unidos por lo tanto, los hijos/as crecen estables, seguros, confiados, les resulta
fácil dar y recibir afecto y cuando adultos son activos y autónomos, capaces de expresar sus
necesidades, por lo tanto, se sienten felices y con altos grados de madurez e independencia.

¿LOS PADRES SOMOS MODELOS PARA NUESTROS HIJOS?

Lo más importante en la familia es ser buenos modelos para los


niños, porque queramos o no, los niños aprenden todo de nosotros.

En la familia se produce de un modo natural uno de los métodos de


aprendizaje más importantes, el llamado aprendizaje vicario o
modelado. Consiste en aprender por observación, observando a los
que son sus modelos, en este caso padres, hermanos, etc. El niño
observa nuestra manera de responder a las diferentes situaciones,
observa nuestra manera de comunicarnos, nuestras prioridades,
nuestros valores, nuestras actitudes... así como las consecuencias de todo ello, y van
aprendiendo comportamientos, van aprendiendo a responder de determinadas maneras ante
determinados estímulos...

La observación de las consecuencias de una conducta es uno de los aspectos que mejor
predice el aprendizaje de la conducta observada. Así, por ejemplo, si el niño observa cómo su
padre consigue sus objetivos gritando a los demás, es muy probable que cuando quiera
conseguir algo, lo pida a gritos, y si tiene éxito, volverá a repetir su conducta, fortaleciéndola
cada vez más...

Las típicas respuestas como: “lo lleva en los genes”, “él es así”, “es igual que su padre, madre,
etc.”, son respuestas erróneas, y lo único que nos llevan a hacer es a rendirnos ante la
situación, a aceptarla como normal y por tanto a no hacer nada para mejorarla. En el contexto
conductual no hay nada más equivocado, ya que está demostrado que la conducta del niño se
puede modificar, incluso se puede eliminar por completo, y añadir otras nuevas. La manera de
hacerlo es seguir las leyes comportamentales. No es tan difícil, hay buenos métodos para
modificar la conducta, y los resultados son visibles, lo que ayuda a que se mantengan las
“buenas costumbres”. Y aunque ciertamente hay una parte genética en todo esto, lo que
llevamos en los genes son potencialidades, es decir, son semillas que pueden o no
desarrollarse, dependiendo de cómo las tratemos...

Destacamos entonces la importancia de ser buenos modelos para los niños. Démonos cuenta
de que los padres somos los primeros y principales maestros de los niños, y les enseñamos con
nuestra actuación, no podemos tomarlo a la ligera, tenemos la responsabilidad de hacerlo
bien.
Nuestras conductas inadecuadas y negativas (aversivas, agresivas, coercitivas, autoritarias...)
no sólo son observadas por nuestros hijos, sino también aprendidas. Y lo mismo ocurre con
nuestras conductas adecuadas y positivas.

HABLEMOS ACERCA DEL CASTIGO

Todos los padres tienen


firmes opiniones sobre el
castigo y todos, lo admitan
o no, usan el castigo como
una forma para enseñar al
niño la conducta
adecuada. Si se manda al
niño a su habitación, se le
restringe el tiempo para
ver televisión, se le retira
un juguete que adora o se
exclama con firmeza ¡No!
cuando un niño que anda a
gatas intenta encaramarse
al fogón, se están
empleando los principios del castigo para modificar conductas.

Sería maravilloso poder educar a los niños utilizando sólo técnicas positivas, pero no es
posible. Para enseñarles patrones de conductas deseables, hay que hacer uso de las
consecuencias positivas y negativas. El castigo no debe considerarse necesariamente como
bueno o malo. Los autores no están en contra de su aplicación. Están a favor del uso eficaz del
castigo, con una buena técnica. Pero el castigo solo no produce los efectos deseados. Ello se
debe a que es totalmente negativo. Enseña al niño lo que no debe hacer en lugar de lo que se
debe hacer. Cuando se utiliza aislado, sin el equilibrio de refuerzos positivos para conductas
adecuadas, no enseña al niño cómo reemplazar la mala conducta por otra más aceptable.

El consejo de los autores es el de observar los efectos que tiene el castigo. Si la conducta
indexada decrece, entonces la consecuencia debe ser el castigo. Si no es así, no vale la pena
repetir la acción. Hay que probar otra Use el castigo con moderación Si se usa el castigo
demasiado a menudo, el niño se habitúa y deja de ser eficaz. Cualquier acción -incluso si es
eficaz- como la regañina, la prohibición de televisión y el azote, se verá debilitada con el abuso
y no tendrá los efectos deseados cuando se necesite.

No retrase el castigo.

Si se va a castigar al niño, hágalo tan pronto como sea posible después de la mala conducta.
Las conductas se controlan mediante consecuencias inmediatas, así que no hay que esperar
«hasta que venga papá». No espere hasta la tarde, o hasta mañana, o la semana que viene.
Todo castigo pierde su eficacia si se retrasa y el niño puede no relacionarlo con la mala
conducta que lo causó. Explique siempre las consecuencias El niño debe saber qué conductas
le desagradan y lo que va a ocurrir si continúa perseverando. Explíquele cuáles son las reglas y
las consecuencias que seguirán si no las tiene en cuenta. Sea firme El castigo eficaz no es
solamente repentino, sino que también es predecible. Debe darse siempre y en cada ocasión
en que ocurra la mala conducta. Si se le ha dicho al niño que si tira un módulo de construcción
lo perderá, se le debe quitar el módulo inmediatamente después de que lo haya tirado.

No amenace en vano.

No hay que amenazar al niño con castigarle y luego no seguir adelante. No hay que darle una
segunda, tercera , décima oportunidad antes de entrar en acción. Se debe decir lo que se va a
hacer y hacer lo que se ha dicho en todas las ocasiones.

La falta de consistencia y las amenazas vanas conducen a la mala conducta, que se convierte
en más firme y más resistente al cambio. Dar una oportunidad para la buena conducta El
efecto inmediato del castigo es enseñar al niño lo que es correcto, pero hay que darle la
oportunidad de que demuestre lo que ha aprendido.

Los castigos prolongados no permiten que se dé esto último. Por ejemplo, tomemos el caso de
volver a casa. El niño llega tarde a casa cada noche o ha ignorado diversas llamadas para entrar
en casa a cenar. Usted, en el enfado, le mantiene en casa durante un mes. Durante este mes,
el niño no puede demostrar que ha aprendido a entrar en casa o a responder a las llamadas.
Puede estar tan resentido por el castigo, que se escape o actúe inadecuadamente.

Si se le castiga teniendo que ir directamente de la escuela a casa durante dos días entonces
tiene la oportunidad de demostrar que ha aprendido las reglas. A lo largo de un mes tiene
muchas oportunidades para volver a ganarse la confianza de los padres.

Como principio general, no se recomienda el castigo físico, pero existen algunas excepciones
aisladas. Si, por ejemplo un niño de dos años quiere introducir un objeto metálico dentro de
una toma de corriente, se debe gritar ¡No!, coger el objeto metálico y darle al niño un golpe en
las manos. Para los niños que todavía gatean, esto es mucho más eficaz que una conferencia
sobre los peligros de la electricidad.

Una actitud alternativa, realmente más eficaz con algunos niños, es seguir sujetando la mano
del niño al tiempo que se le dice ¡No! enfáticamente. La restricción momentánea funciona bien
a menudo con niños pequeños. También es una buena alternativa cuando los padres están tan
frustrados que se dan cuenta de que pueden perder los estribos y pegar al niño con demasiada
fuerza.

Nunca se debe aplicar el castigo físico en un estado de ira.

Si se decide pegar al niño, hay que hacerlo como una elección consciente en vez de como una
respuesta emocional del momento. La acción del padre debe ser breve, con propósito y
controlada. Se cree que los límites del castigo físico deben ser un cachete en la mano o en el
trasero con la mano abierta. Cualquier cosa que sobrepase ese límite podría llegar a ser
peligrosa. Nunca se deben usar cinturones, varas, o cualquier otro objeto para pegar a un niño.

En su lugar, se deben intentar las técnicas de control no físico como son la de ponerle de cara a
la pared, la sobre corrección y otras formas de castigo como las restricciones y supresión de
privilegios u objetos. Hay que recordar siempre que las mejores técnicas de disciplina incluyen
consecuencias tanto positivas como negativas previstas como forma de cambiar una conducta.

RECUERDE:
Al incorporar estos roles en la crianza diaria de sus hijos, usted puede convertirse en un mejor
padre o madre de familia. Los cinco papeles fundamentales que los padres pueden poner en
práctica son:

 Responder a su hijo en forma adecuada


 Prevenir comportamiento arriesgado o problemas antes de que ocurran
 Supervisar las relaciones de su hijo con el mundo que lo rodea
 Aconsejar a su hijo para apoyar y fomentar comportamientos deseados
 Servir de modelo con su propio comportamiento para dar un ejemplo coherente y
positivo a su hijo

Ser padres más eficaces, coherentes, activos y atentos es una decisión que sólo usted puede
tomar

. ¡Disfrute de esta aventura!