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Documentología

La Documentología (conjunción del latin documentum -enseñar, mostrar- y de la


raíz helena logos -tratado-) es la disciplina científica que tiene por objeto de
estudio, el análisis de los documentos modernos, públicos o privados, utilizando
distintos métodos y técnicas, a fin de establecer su autenticidad o falsedad,
plasmando las conclusiones a las que arriban a través de un informe escrito
denominado Pericia Documentológica.

Se ocupa del examen de documentos a efecto de dictaminar respecto de su


autenticidad o determinar las posibles alteraciones de que haya sido objeto.

Contenido
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• 1 Breve evolución histórica


o 1.1 Análisis de la fibra
o 1.2 Examen físico
• 2 Examen de las tintas
o 2.1 Antigüedad de las tintas
 2.1.1 Primera difusión de los cloruros
 2.1.2 Segunda difusión de los sulfatos
• 3 Defectos típicos de los rasgos
• 4 Análisis del texto
o 4.1 Falsificaciones por raspado y lavado
o 4.2 Falsificación por enmienda
o 4.3 Falsificación por calca
o 4.4 Falsificación sobre recortes
o 4.5 Falsificación por imitación libre o servil

• 5 Referencias

[editar] Breve evolución histórica


La primera alusión a una falsificación de un documento público que cobrara
relevancia es ubicada por los estudiosos del tema hacia el siglo V a.C., en Atenas,
Grecia. Sin embargo, en las épocas del Imperio Romano, fue más común el uso
de ardides con fines delictivos, tanto sobre monedas y testamentos, como sobre
disposiciones del César. Tanto así que, en el año 78 a.C fue promulgada por Lucio
Cornelio Sila la “Lex Cornelia de Falsis”, donde establecía la comparación de
escrituras cuando se sospechara la veracidad de un manuscrito, antecedente éste
considerado como una primitiva aprobación reglamentada del peritaje caligráfico
(Velásquez Posada, 2004), aunque el procedimiento era precario y poco fiable.

Con el inicio de la Edad Media, tras la caída del Imperio a finales del siglo IV de
nuestra era, se detuvo la evolución de las ciencias jurídicas, sustituyéndose la
prueba de testimonios y de comparación por la confesión del imputado,
generalmente obtenida a partir de torturas. Durante este período, proliferaron los
títulos nobiliarios falsos o adulterados, como así también, los privilegios reales y
las bulas papales que, al no existir un método para diferenciar lo falso de lo
verdadero, circulaban con total impunidad (Wallace, 1956).

Hacia el 1200, el rey de León y Castilla, Alfonso X “El Sabio”, elabora “El Libro de
las Leyes” que más tarde pasaría a ser conocido como “Las Siete Partidas”: un
cuerpo legal redactado con el fin de lograr uniformidad en la aplicación de la
justicia en el reino. Alude en él, por primera vez, a las modificaciones de la
escritura que no persiguen fines criminales o que fueran pensadas para engañar,
sino a aquellas que se dan por obra del tiempo y la naturaleza en una misma
persona: no es lo mismo la letra de una persona cuando es joven y sana, decía el
rey, que cuando está viejo y enfermo. Enumera, además, normas para evaluar los
escritos impugnados, erigiendo así los pilares de la profesión de perito en
escrituras y documentos controvertidos (Velásquez Posada, 2004).

Con el perfeccionamiento de la imprenta de tipos móviles por Johann Gutenberg


hacia mediados del siglo XV, se vio incrementada la circulación de libros y con
ello, la divulgación del idioma escrito con beneficios culturales y comerciales, pero
con la consecuencia negativa de la difusión de nuevas técnicas de falsificación y
adulteración de documentos, que iban evolucionaban a medida que avanzaba la
técnica.

Francia fue, sin duda, el origen de los más prestigiosos investigadores en el área
documental, principalmente de corte grafo-psicológico. Basta citar los nombres de
Michón, Crépieux-Jamin, Solange Pellat, Locard, etc. De esta escuela francesa
nacen las demás de Europa, principalmente la inglesa con Saubeir y Saudek, la
alemana con Preyer, Meyer, Klages y Scheneickert, y la italiana, con Morelli,
Andreani, Ottolenghi y Marchesan.

Es de mencionar, que Jean-Hippolyte Michón, es considerado el padre de la


grafología moderna porque fue él, junto a Desbarrolles, quien desarrolló el primer
método de interpretación psicografológica. Por su parte, Wilhem Preyer, afirmó
que la escritura era una manifestación de la actividad cerebral, y como tal,
presenta características similares independientemente del órgano que la ejecuta;
afirmación que unos años más tarde, Edmond Solange Pellat elevaría al grado de
“ley de la escritura”, como se verá más adelante.

También la fisiología hizo su aporte, de la mano del francés Hericourt, quien


realiza investigaciones sobre la repercusión de los estados pasajeros de la
personalidad en la escritura, centrando la atención en los movimientos reflejos y el
automatismo, desde la perspectiva de su ciencia.

Volviendo con el aspecto evolutivo de la forma de análisis de la escritura, merece


la pena recordar la intervención de Jacques Ravenau y su obra “Traité des
inscriptions en faux” donde consigna consejos para proceder al análisis
comparativo de escrituras, dándole importancia a los trazos que las constituyen
por encima de las semejanzas morfológicas del conjunto, que pueden ser imitadas
y llevar a falsas apreciaciones.

Durante el pasado siglo XX, con la propagación y perfeccionamiento de las


técnicas fotográficas, de la óptica, la informática, los estudios sobre fuentes
alternativas de iluminación y su aplicabilidad a la cuestión documentológica,
estudios químico-forenses, etc., también se fue mejorando, estructurando y
elevando al adecuado nivel de erudición a la Documentología y a los profesionales
responsables.

Análisis de papel ==

El perito analiza las características intrínsecas de elaboración del papel, sus


dimensiones, tamaño, textura, color, grosor, y los dispositivos de seguridad.

El invento del papel se atribuye a Tsai-lun de origen chino en el año 105 d.c., y se
dice que en el año 751, en la batalla de Samarcanda, los árabes hicieron
prisioneros a varios fabricantes de papel, a quienes les arrancaron el secreto
guardado celosamente durante varios siglos, extendiéndose este por todo el
imperio árabe, o sea, Egipto, Marruecos y España durante los siglos XI y XII.

Fue hasta a principios del siglo XIII cuando el papel fue actualizado por los
franceses, quienes lo importaban de España e Italia, pero fue Juan Gutemberg,
quien con el invento de la imprenta dio impulso a la fabricación del papel.

Por virtud de las diferentes pastas utilizadas en la fabricación del papel, tales
como bisulfito, sosa, etcétera, este nos da una fluorescencia especial bajo la
lámpara de Wood, mejor conocida como “luz negra”, y el microscopio nos permite
examinar las diversas fibras que entran en composición del papel, e incluso
apreciar el sistema de fabricación de este.

Análisis de la fibra
Este análisis deberá hacerse al microscopio-estéreo, con el objeto de utilizar el
menor papel posible; sin embargo, puede efectuarse a simple vista siempre y
cuando haya suficiente papel disponible; para ello existen fórmulas químicas que
en Francia se les denomina “Norma NF Q 03-001”, que es la que precisa las
coloraciones obtenidas por las fórmulas en las diversas fibras, siendo estas las
llamadas “Reactivo de Herzberg”, “Reactivo de Selleger” y “Reactivo de Lofton-
Merrit”.

Examen físico

El estudio del papel versa sobre los siguientes elementos:

• Dimensiones en milímetros.
• Anchura y espaciado del rayado si lo tuviera.
• Configuración externa, mediante fotografía a la luz refleja con 15 o 20
aumentos.
• Configuración interna, mediante microfotografía por transparencia, mojando
el papel con tretacloruro de estaño.
• Matiz del papel y del canto.
• Espesor del papel, utilizando el esferómetro, las irregularidades del espesor
y la presión de la escritura se podrán poner a descubierto por este método.
• Filigranas y marcas de agua.
• Opacidad y transparencia se mide mediante un diafanómetro, midiendo la
luz que pasa a trasluz.
• Fluorescencia, examen con lampara de Wood o de luz negra.

Examen de las tintas


Se establece su color, tonalidad, la posible existencia de tintas de seguridad y el
origen del solvente.

En el mundo moderno la experiencia y las investigaciones científicas enseñan


objetivamente cuales son las variaciones que la escritura puede sufrir por razón de
los elementos usados para su confección. Entre estos merece especial
importancia la tinta, cuya utilidad está al servicio del trazado de letras y dibujos
sobre el papel, y que por su resistencia y permanencia da testimonio de lo escrito.
En todo tiempo, los hombres se han preocupado por buscar las combinaciones,
composiciones y mezclas más adecuadas para su preparación, y señalar al mismo
tiempo sus coloridos, intensidades, grados de oxidación, fijación e indelebilidad,
etcétera, a fin de conocer con más facilidad los fraudes, correcciones, borrones y
otras anomalías que ocurren a menudo a consecuencia de su constante uso o
empleo.

Las tintas de nuez de agallas y de hierro, las de extractos tánicos, las de hulla, las
de anilina, las de glicerina y de azúcar, las de encinas, las de sulfatos ferrosos o
férricos, etcétera, suponían en otro tiempo la necesidad de llevarlas al laboratorio
para distinguirlas y fijarles su alcance y colorido, como también para averiguar sus
sustituciones y reactivos para establecer otras modalidades. El perito, en
consecuencia tuvo que apelar a la ayuda del químico, si es que quería obtener
resultados completos. Hoy, cuando la química despierta en un nuevo mundo y
transforma no solo Las cosas sino también las ideas mismas, su contribución en el
campo de las investigaciones policiacas adquiere un prestigio y un valor
incalculable; por eso, el perito moderno debe recurrir también, sin vacilaciones ni
temores, al servicio que dicha ciencia presta en sus laboratorios y puestos de
ensayo y, sobre todo, cuando se trata de analizar tintas hechas a base de distintos
ácidos y sustancias colorantes.

Las condiciones que debe presentar una tinta para ser buena –dice Guareschi- son
numerosas. En primer lugar su color debe ser intenso, ser fluidas y conservarse sin
alteración, resistiendo en cuanto sea posible a los agentes atmosféricos.

Hay tintas que difícilmente emanan de la pluma por exceso de densidad,


principalmente cuando se les mezcla goma, y hay otras demasiado sucias y
pesadas, hechas en masa, que presentan muchos inconvenientes para la
escritura, y también existen preparados poco resistentes, sobre todo los hechos
con sustancias vegetales, que pierden su coloración y su eficacia para los
trazados y cuyo uso debiera evitarse a toda costa.

Por nuestra parte, anotamos que deben desecharse las tintas que por su acidez
afectan las plumas de acero y las que, en razón a la transformación de las sales
ferrosas o férricas, son muy propensas a la oxidación.

Los libros sobre tintas abundan en fórmulas. Todas ellas presentan inconvenientes
y ofrecen ventajas. Hay tintas muy finas que se secan con mucha dificultad,
posiblemente por la presencia de azúcares, glucosas, etcétera. Ya vemos como
los papeles carbón y las tintas usadas para los mimeógrafos, así como las de
imprenta, deben llevar alguna sustancia higroscópica que impida una evaporación
rápida a fin de que los colorantes no se sequen inmediatamente. Las tintas para
escribir deben llenar todos los requisitos indispensables, con mira a que su
perduración sea más segura, toda vez que si ellas quedan sometidas a ser
borradas por obra del tiempo o de otros agentes, ninguna eficacia presentarían
desde el punto de vista de la conservación y permanencia de los escritos y los
documentos realizados con su ayuda o mediante su uso.

El índice de resistencia de las tintas debe ser elevado para que por medio de
reactivos y otras composiciones químicas no sea fácil borrarlas ni tampoco
someterlas al sencillo o cruel efecto de la acción mecánica del borrador, del
raspado, etcétera. De otra manera, la falsificación, adulteración y sustitución de
firmas y manuscritos tendría cabida sin obstáculo alguno y se presentarían para
un cumulo de injusticias, engaños y delitos. Aquí estriba la principal critica que los
expositores han hecho a las tintas de origen orgánico, que son muy propensas a la
descomposición, porque pese a que penetran fácilmente en el papel son de poca
firmeza y escasa estabilidad, lo cual no sucede con las hechas a base de polvo
fino de carbón, que cobran por ello mas dureza y persistencia.

El perito debe estudiar, mirando a lo dicho, la intensidad y fluidez de las tintas,


consistencia, viscosidad, grado de penetración, solubilidad y colorido. Esta labor
debe relatarse y exponer de una manera bastante detallada para que los jueces e
investigadores encuentren apoyo practico y fundamento dentro de la propia
realidad de los hechos producidos.

En la clasificación de la intensidad y colorido de las tintas, el examen debe partir


del termino medio o, mejor dicho, de un tipo que sirva de punto de relación para el
cotejo. Como en el orden de las cosas existen múltiples relaciones, es muy difícil
adoptar un sistema general de tinta-tipo o de estándar; nos limitaremos a decir que
para dicha base debe tenerse presente una tinta negra, de intensidad normal, no
muy subida, pero tampoco muy débil; todo con el fin de que el perito, en sus
dictámenes, pueda calificar de distintos tonos dentro de la graduación de muy
intensos, intensos, normales, débiles, muy débiles e ilegibles. Con todo, en la
determinación de matices y coloridos no puede desatenderse la diversidad de
tonos verdes, azules, rojos, morados, etcétera, que ofrecen variadas especies de
tintas existentes en el mercado y que cada industria, en su afán competitivo,
prepara para el consumo.

En el estudio de los colores se pasa fácilmente del negro al gris oscuro, y de este
al gris medio, para después invadir al claro hasta llegar, por ley de sucesión, al
blanco, fenómeno que se debe al impresión sensorial que van despertando los
cambios de tintas casi imperceptiblemente. Por eso el experto debe ejercitar su ojo
observador a fin de que las sensaciones cromáticas le lleguen con su valor bien
definido y exacto en cada caso; se necesita, en consecuencia, una buena
capacidad perceptiva que permita hallar aun las más mínimas discrepancias entre
los matices más cercanos contemplados en la escala de tonos y coloridos. Hay
colores casi semejantes que, al ser comparados con detenimiento, ofrecen serias
diferencias. Muchas veces el mismo examen de las manchas creadas en un
escrito o documento, por la acción del borrador o del raspado, indica la similitud
entre sombras y el color esencial del papel, y para buscar su claridad y definir con
exactitud su alcance resulta necesario observar de manera cuidadosa cada uno de
los detalles.

Así pues, cuando se habla del color es preciso atender sus propiedades
fundamentales: tono, claridad y saturación. La sensación visual ayuda a establecer
estas características, siempre y cuando se tenga en cuenta la ley del contraste
simultaneo, en virtud del cual la condición fisiológica en que esta la visión para
mirar el color de un objeto no es pura ni integra, ya que esta influida por sus
colores de los objetos vecinos, en razón a que el área de visión esta invadida
simultáneamente por distintas clases de coloridos. En consecuencia, hay que
evitar interferencias y apartar, en cuanto sea posible, el efecto de una luz o de un
color que compliquen o tiendan a desorientar y confundir el examen y verificación
exacta de la intensidad de los trazados hechos por medio de la tinta o del lápiz, no
sea que por ese influjo traiga como consecuencia inmediata el aumento de la
tonalidad de un color o se disminuya su claridad o que, por ley de proximidad, el
acto sensorial de una coloración despierta sufra alteraciones en su alcance y en
sus efectos.

Los defectos por la visión del color, muy principalmente la cromastenia común, o
dificultad en que se hallan aun los sujetos normales por falta de experimentación
para distinguir el tono de los colores y diferenciar exactamente su claridad y poder.
Otro de los defectos es la acromatopsia, o ceguera para el color. Son anomalías
que impiden el ejercicio de una prueba o de una observación bien detallada, pues
el experimentador entra al plano de la visión cambiada o anormal sin que logre
contrarrestar los inconvenientes de orden físico, como el contraste, y sin que
consiga adaptarse a la verdad del objeto que examina.

Un buen dictamen debe aspirar, por lo consiguiente, a que se alejen de él todos


los defectos e ilusiones de los sentidos. Los errores del juicio, las fantasías de la
imaginación, y a que se mantengan las conclusiones sin desvíos y sin asomos de
contradicción y de insuficiencia.

Por otro lado cabe anotar que hay tintas que cambian su colorido inicial entre los
tres y diez días siguientes a su uso, lo cual quiere decir que su intensidad no logra
estabilizarse sino mediante la acción del tiempo y del medio físico que la rodea. En
una experiencia y en un cotejo relativo a este fenómeno, debe expresarse
claramente el efecto proveniente del hecho indicado.

La pluma comprueba la fluidez de las tintas: hay tintas que emanan normalmente
de aquellas, y hay otras que, por su constitución grasa, no caen ni obran sino
mediante una fuerte presión. Finalmente, existen algunas que, por su natulareza
muy acuosa, fluyen con precipitación. Parece que con la fluidez anda acompañado
el factor referente a la densidad o al peso de la tinta, cuyo valor debe ser mayor
que el del agua, si es que se pretende un buen grado de flujo o emanación. Por
falta de este requisito conseguimos, a menudo, que las tintas se rieguen en el
papel y que obliguen la mayoría de las veces al retintamiento, resultando este
fenómeno no por obra y gracia de la labor de la falsificación, del calca, etcétera,
sino más bien como un efecto torpe aunque natural.

Igualmente, aquí se estudia la duración de las tintas, su conservación y su


consistencia, grado de penetración, viscosidad, etcétera. Se conocen tintas que se
borran fácilmente, como si se les desprendiera poco a poco el tono que las anima;
en cambio, las hay que, aun por medio de los disolventes más eficaces, conservan
su tonalidad y su valor. La práctica señal, como índice de poca consistencia, los
sedimentos y las placas formadas en algunas tintas, circunstancias que son fáciles
de comprobar llegado el caso.

El factor concerniente al grado de penetración de las tintas tiene en su contenido


un gran interés, ya que de él depende el alcance de muchas enmiendas,
emborronaduras, raspados, falsificaciones, superposiciones, uso de ácidos,
etcétera. El grado de penetración de una tinta está en relación directa con el
encolado del papel, pero todo depende esencialmente de los ácidos que la
constituyen. A medida que es mayor también la naturaleza ácida, mayor es la
penetración y más honda es la zona abierta por la tinta en el papel, mientras
menor o más reducida es la capa de encolado.

Pudiéramos resumir lo que se refiere a la viscosidad y a la seguridad de las tintas


diciendo que, si estas son pegajosas, blandas y húmedas, dichos factores
arrojarían una escritura defectuosa y vulgar, restándole de esta manera fijeza al
colorido y al trazado y estética al dibujo o al manuscrito.

Hay que agregar, además, que la tinta no funciona sola, ya que por su finalidad
esta destinada a ser recibida en el papel. Los papeles para escribir cartas,
contratos, cheques, etcétera, tienen un grado normal de encolado, que dejan que
las tintas penetren en ellos casi insensiblemente. Sin embargo, primitivamente el
papel usado par a tales efectos adolecía del exceso de encolado que permitía la
facilidad de borrar lo escrito en razón de su muy escasa penetración, o de la
deficiencia del mismo, que propiciaba el hecho de que la tinta penetrara
exageradamente, rompiendo las fibras y regándose el color con detrimento
muchas veces de la superficie escrita. Previendo esto se ideo la formación de una
tinta que, aparte de reunir los requisitos anunciados anteriormente contuviera
alguna sustancia que afectara o atacara en algo el papel, sin dejar huellas muy
profundas, pero en todo caso bien definido. El ácido clorhídrico, por ejemplo, que
tiene la ventaja o cualidad de permitir la penetración del carbón en la tinta china
hasta un punto ligero, pero en todo caso suficiente para mantener una fijación bien
definida del color de la tinta a través del papel. El procedimiento data de tiempos
remotos y fue adoptado, según se sabe por la Societe de Encouragement, de
París.

Por esta razón interesa saber igualmente la calidad del papel porque, según su
constitución, será mayor o menor el efecto de los reactivos o medios usados para
borrar lo escrito. No basta, pues, que la tinta pueda hacerse desaparecer
fácilmente, sino que es necesario que el falsificador, al hacer caer el reactivo
sobre el papel, sepa que con él no se alteran la fibra, el color y el encolado.

Entre las tintas mas usuales en la actualidad, se encuentran la agallotánica (a


base de ácido tánico extraído de las nueces), la crómica (que se extrae del palo de
Campeche), y la de anilina. Existen además, las tintas de colores, la tinta china, la
tinta de la India y otras como la de vanadio y la de volframina.

Una de las más usadas actualmente es la tinta para “bolígrafo”, que no es en


realidad una tinta en el sentido químico; sin embargo, en esta clase de “tinta” es
factible usar, con el objeto de identificarla y analizarla, el examen bajo rayos
ultravioleta o bien recurriendo a la lámpara de Wood, pudiendo utilizar de igual
manera los rayos infrarrojos.
Antigüedad de las tintas

Mucho se hablado de la edad de las tintas y la investigación sobre la antigüedad


de lo escrito, por lo que no vamos a sostener una polémica que no nos conducirá
a ninguna parte, solamente mencionaremos los distintos métodos usados, y el
último descubrimiento por los investigadores de la Organización Internacional de
Policía Criminal.

Por principio de cuentas, debemos distinguir previamente entre dos clases de


edades, la llamada “edad absoluta ”y la “edad relativa”, siendo la primera la que
corresponde a una tinta desde su fabricación, y la segunda es la antigüedad de
una tinta con respecto a otra, pues como sabemos, una tinta puede tener un
proceso natural de envejecimiento dentro del frasco en el que se envasa y, por
consecuencia, aun cuando determinados la edad, esta no puede estar acorde con
el documento en cuestión, tomando en cuenta, además del proceso que sufre con
la exposición a la luz, aire, o sea factor ambiental, humedad, etcétera, lo que nos
indica que esto es solo un factor teórico.

Por esta razón, conocer la edad absoluta de una tinta solo nos llevara a errores,
para ello existen varios métodos señalados, pero por las razones expuestas, creo
que no nos interesaran en el presente estudio.

Sobre la investigación de la edad relativa, los ingenieros químicos y tratadistas


forenses contemporaneos: Eleazar Navarro y Felix Navarro, de nacionalidad
mexicana; han desarrollado la estandarización de un método cromatográfico,
fundamentado en la separación de lechos fijos dentro de la asignatura de
transferencia de masas, mismo que aporta una técnica de aplicación práctica y
metódica para la determinación de la aludida “edad relativa”. Por otro lado, se
encuentra el método de Metzger, Rall y Hess, al que se le denomino “Proceso de
ionización”, ya que se basa en la difusión iónica, y se debe a la investigación sobre
las propiedades de los ácidos clorhídrico y sulfúrico contenidos en las tintas, libres
de difundirse sobre el papel.

Marc Payot, en su escrito titulado “Determinación de la edad de las tintas según


los métodos de Metzeg, Rall y Hess”, en la Revue Internationale de
Criminalistique, 1936, pag. 495, nos dice que estos elaboraron unas tablas de
difusión que citamos a continuación:

Primera difusión de los cloruros

• Unos días: comienza la difusión.


• Una semana: los bordes de los trazos comienzan a perder nitidez.
• Un mes: la imagen del trazo aparece en el reverso del papel.
• Dos meses: trazos muy visibles al dorso, donde ofrecen doble anchura que
en el anverso.
• Cuatro meses: presentan triple anchura.
• Seis a ocho meses: los trazos parecen muy extendidos, ofreciendo mayor
intensidad en los bordes que en el centro.
• Un año: difusión completa. Se observan manchas extendidas por las
regiones inmediatas a aquellas en que se encontraba el trazo, que aparece
en blanco al revelar los cloruros.

Segunda difusión de los sulfatos

Es más lenta que la de los cloruros y casi no se puede comprobar hasta pasado
un año. Se produce aproximadamente de la misma manera que la de los cloruros,
con una equivalencia de un año por mes. Se calcula que habrá terminado al cabo
de doce años.

Defectos típicos de los rasgos


Los saltitos microscópicos y las manchas de tinta a lo largo de los trazos son
altamente típicos. Estos dos defectos, muy parecidos a los de las primeras
estilográficas, son todavía muy frecuentes en la actualidad, incluso en
instrumentos de las mejores fabricas.

El blanco es debido a la circunstancia de que, al escribir el trazo, una misma parte


de la bola establece dos veces contacto con el papel sin haberse cargado de tinta
entre una y otra. También se puede imputar esta anomalía del trazo al frotamiento
de la órbita que enjuga en parte la tinta de la superficie de la bola; pero este último
fenómeno se traduce más bien en surcos en la anchura del trazo, que entonces
muestra dos huellas análogas a las producidas por las puntas de una pluma. El
microscopio, especialmente con iluminación lateral, muestra que el blanco no
corresponde a un “levantamiento de la pluma”: el rasgo prosigue de modo normal,
pero no se imprime a consecuencia de la falta de tinta.

A menudo, sobre todo después de curvas bruscas, se encuentran manchas de


colorante debidas al arrastre y depósito sobre el papel de la tinta acumulada en
exceso en los labios de la órbita.

Estas pequeñas manchas sobre los trazos son características de las escrituras
con bolígrafo. Los de mala calidad e incluso acumulan tinta en tal cantidad, que el
exceso llega a rozar con la superficie del papel: manchas oscuras o surcos
acompañan a los rasgos de diversos puntos. Desde luego, la manera de sostener
el bolígrafo influye en el fenómeno y la anomalía del rasgo hace pensar
injustamente en un fraude, siendo así que es perfectamente normal y debida solo
a la mala calidad del instrumento empleado. Este defecto puede mitigarse con la
limpieza periódica de la punta del bolígrafo.

Análisis del texto


Es la parte esencial de un documento. Es en el texto donde se detecta con
facilidad la mayoría de las falsificaciones, ya sea por adición, alteración, sobre
posición o supresión.

Falsificaciones por raspado y lavado

Las falsificaciones por raspado y lavado las veremos conjuntamente por ser
sistemas muy semejantes. El microscopio es de gran ayuda, pues nos revela los
deterioros dejados por el borrador; el lavado y el raspado pueden emplearse
indistintamente en los escritos con tinta liquida ordinaria, con bolígrafo y en los
escritos a máquina o impresión digital.

Muchas veces el falsificador solamente suprime una palabra, otras sustituye esta
por otra. En estos casos se aplica el método de los rayos infrarrojos que vimos
antes, o se revela la palabra primitiva a base de química, pero esta tiene el
inconveniente de dañar el papel.

Debemos tener en cuenta que muchas veces la supresión de una palabra no es


necesariamente un hecho fraudulento, pues pudiera ser una equivocación en la
redacción de un documento, y haberse efectuado por la misma persona que
manufacturara el escrito o documento.

Entre las sustancias más usadas para hacer desaparecer los trazos de tinta se
encuentran los siguientes: agua clorada, cloruro de etano, ácido oxálico, bisulfito
de sodio, ácido crómico en solución sulfurosa, etcétera; pero los más usados en la
actualidad y que han sido comercializados o industrializados, se encuentran los
cloruros decolorantes, tales como el hipoclorito de sosa, llamado también agua de
javel; igualmente, tenemos el permanganato de sosa o de potasa, que por lo
común se les encuentra en el mercado la solución dosificada, envasada en un
frasco pardo, juntamente con otra solución de bisulfito de sosa; al aplicarse el
permanganato la tinta palidece de manera progresiva hasta dejar solo una mancha
castaña de bióxido de manganeso, y la solución de bisulfito hace desaparecer
cierta mancha; por lo regular un lavado reciente es invisible en circunstancias
normales, pero la mayoría de las veces, aunque no siempre, el papel, con el
tiempo adquiere un tono amarillento en el lugar del lavado.

Por regla general, estas sustancias empleadas para el lavado atacan al encolado
del papel y desprenden parcialmente las fibras superficiales, pero esto no es muy
visible, y en la mayoría de los casos el falsificador los vuelve a alisar o es tan
insignificante que no se nota.

El método especifico más usual y el único que tiene aplicación universal es el que
nos dice Ch. Sannie y J. Pinel en su artículo “Busca de los lavados en los
documentos”, publicado en Revue de Criminologie et de Police technique, Vol. IV,
1950. Hablan de la medición comparativa de la conductibilidad eléctrica del
documento, entre la zona sospechosa y la que con toda evidencia no ha sufrido
ninguna alteración, ya que el lavado modifica la carga mineral del papel y, por
ende, su conductibilidad eléctrica. Las sales minerales de la carga pueden ser
disueltas y arrastradas por el lavado; pero también es posible que suceda lo
contrario: el reactivo puede añadir a esta carga nuevos elementos minerales.

Falsificación por enmienda

La falsificación por enmienda contempla no solamente el aspecto de los borrones


y de las intercalaciones hechas, sino mira por igual al campo de las
superposiciones y de las agregaciones que el falseario idea para sus fines. En
todos casos es necesario un examen detenido sobre cada uno de los rasgos
sospechosos, examen que según, los autores, puede tener cabida dentro del
método microfotográfico, si es que se trata de señalar la discrepancia entre las
tintas usadas, o para buscar partículas infinitesimales de materias usadas para
esta clase de falsificaciones, o puede ser también el consistente en una sola
amplificación hecha por medio de lentes de aumento, si lo buscado se relaciona
con la fijación de la diferencia de gruesos o de perfiles entre varas plumas.

Por regla general, el falseario no esta en capacidad de reproducir el mismo pulso y


la misma intensidad del sujeto que trata de imitar; de aquí que la intercalaciones
aparezcan con retintamientos, con matices indebidos y con distancias mal
guardada, sobre todo en lo que se refiere a espacios y márgenes. Las tintas
usadas para la enmienda o para la intercalación a menudo van muy cargadas o,
mejor dicho, sobre cargadas, o bien pueden encontrarse disminuidas en su
coloración; si el autor de la falsificación apela al raspado del papel, por causa de la
destrucción del encolado, la tinta puede correrse o regarse a través y a lo largo de
las fibras constitutivas de dichos elementos; otras veces, las superposiciones
vienen a ser las huellas y forman la prueba que denuncia el intento o la realización
de una firma alterada o de un documento falso.

Una de las tareas más difíciles que suele plantearse dentro de este tema es la que
se refiere a la determinación de si una escritura es anterior o posterior a otra, y a
la par que es difícil es de gran utilidad, ya que por este sistema se puede llegar a
saber si una frase o una cifra fue puesta maliciosamente, con anterioridad o
posterioridad a una firma, a una fecha o a una parte cualquiera del documento;
todo con mira a producir determinados efectos jurídicos. Se ha llegado a concebir
o, mejor dicho, se efectúa en la actualidad para resolver este problema y del de las
enmiendas y sustituciones, el método de microfotografía, mediante el cual el nivel
de los cruzamientos y el relieve de los rasgos resaltan con mayor poder y
visibilidad en uno y otro caso. La enmienda hecha encima de un número o de una
palabra, por ejemplo, cobra en el objetivo y en la fotografía una intensidad mayor,
muy a pesar de que las tintas usadas sean iguales, o todo el producto dependa de
una misma mano; sin embargo, cuando se trata de tintas diferentes, la tarea es
más sencilla; con todo, en este caso el experto debe tener mucho cuidado en la
fotografía mal tomada llegue a ser sorprendido y sometido por confusiones reales
o aparentes y por serios errores.
Por este motivo es bueno advertir que siempre ha sido indicio de grave sospecha
el hecho de que en un mismo documento se presenten rasgos contrarios o
discordantes. En este caso, la prueba de la enmienda o de la intercalación se
dirige simplemente al establecimiento de tales discordancias, usando, hasta donde
sea posible, el sistema general de identificación.

Falsificación por calca

En repetidas ocasiones se ha dicho que una excesiva identidad entre dos firmas o
entre dos manuscritos, es prueba evidente de que asistimos a una falsificación por
calca.

El sistema de calca por interposición admite la colocación de la pieza o firma que


se desea calcar sobre una superficie plana, que ayude al trazado de los contornos
que el lápiz o el punzón han de verificar. Si se emplea papel carbón o transparente
para estos casos, pudiere suceder que la investigación presentase algunos
problemas ya que los resultados obtenidos de esta forma son mejores. El
procedimiento pantográfico, usado también para la calca, llega a descubrirse por
la marcada precisión de los trazados que, a la larga, resultan como un producto
artificioso y mecánicamente dibujados.

También debemos tomar en cuenta el hecho de que, en toda tarea de falsificación


por calca, el falseario lleva la mano con mayor o menor lentitud, con mayor o
menor precisión y con un sentido más alto o más bajo de lo que acontece o suele
pasar al sujeto normal. Por ello es que los autores hablan de los dedos
entorpecidos, de la incertidumbre en los enlaces y en la terminaciones y, en fin, de
las proyecciones recortadas, retardadas o anuladas.

Falsificación sobre recortes

La falsificación por recortes se hace con partes del material auténtico y el falseario
lo utiliza con mira a reconstruir textos o manuscritos al parecer originales. Por lo
regular, su técnica se verifica con la ayuda de las artes gráficas (fotografía y
litografía), aunque bien puede hacerse en forma directa, caso en el cual es más
fácil de descubrir.

Estas en la práctica se identifican por ciertas diferencias sospechosas en el ritmo,


en la continuidad y en el acabado de las letras, y se revelan a través de los
calibres y de las alturas crecientes o decrecientes de los grafismos, ya que por lo
común la escritura contempla disminuciones o aumentos parciales, cosa esta que
viola el falseario lo cual lo acusa o lo delata.

Falsificación por imitación libre o servil

Toda falsificación debe seguir, por lo menos la finalidad de que la producción


conseguida sea formalmente suficiente, en la falsificación por imitación libre es
necesario seguir de cerca el verdadero sentido o significado de las palabras y de
los rasgos buscados para su exacta reproducción. Y cada vez que se desfigure, se
trastrueque o se desvíe la naturaleza de la escritura que se trata de imitar, puede
decirse que los resultados son negativos y fáciles de descubrir.

La falsificación por imitación servil, por su parte se conoce por las interrupciones,
tropiezos, retoques, tembelequeos y variabilidad intensiva de las tintas. El falseario
desconoce la acción dinamográfica de la letra imitada y por eso incurre en
desviaciones micrométricas y en retintamientos subyacentes, muy fáciles de
precisar a través de la lente o microscopio, y esto cuando no incurre en una
identidad excesiva o plagiaria que lo denunciaría a la sola luz de los datos
grafométricos.

La imitación servil es el sistema más vulgar de falsificación y, por ende, el más


rápido de advertirse. Su uso es frecuente, pero por demás de alcance nugatorio.

Referencias
• ALBARRACÍN, Roberto (1971). Manual de criminalística. Buenos Aires:
Editorial Policial.

• BONILLA, Carlos (2005). Tratado de documentología. Buenos Aires:


Ediciones La Rocca.

• DEL VAL LATIERRO, Félix (1963). Grafocrítica. El documento, la escritura


y su proyección forense. Madrid: Editorial Tecnos, S.A..

• SABINO, Carlos (1992). El proceso de investigación. Buenos Aires: Editorial


Lumen-Humánitas.

• VELÁSQUEZ POSADA, Luis (2004). Falsedad documental y laboratorio


forense. Buenos Aires: Ediciones La Rocca.

• NAVARRO QUINTERO, Felix F. (2007). «Estandarización del método de


cromatografía en capa fina para su aplicación en las ciencias forenses».
Tesis de Investigación Científica 1 (1). http://www.serviciospericiales.org.