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Reforma constitucional / Aspectos de la Gran

Hambruna (I) / Decadencia universitaria


20 de Febrero de 2011 - 14:10:40 - Pío Moa

D. Pío, veo que algunos lectores del blog difunden este a sus conocidos. Yo, además, suelo colocar partes
de él en dos o tres blogs, con lo que llego a mucha gente más. En esos blogs, en general, sus comentarios
animan mucho las discusiones.
Pedro Gutiérrez Méndez
***

La necesidad de la reforma constitucional salta a la vista. Como también su imposibilidad actual o a


plazo medio, no solo por las dificultades puestas por el texto a su reforma, sino porque la casta política no
está interesada en ella, por lo menos en los aspectos que puedan debilitar sus privilegios. De ahí que solo
puede lograr algo un movimiento cívico que encauce el malestar existente y le dé un programa y objetivos
claros (entre ellos la propia reforma constitucional en puntos que deben concretarse con claridad). Este
movimiento va tomando cuerpo, de momento, como oposición a la colaboración del gobierno –e
indirectamente del PP rajoyano— con el terrorismo. Pero deben surgir o desarrollarse asociaciones y
movilizaciones por otros muchos problemas, como el de los parados, la inmigración islámica, los abusos
lingüísticos de ciertas regiones gobernadas por los nacionalistas, Gibraltar y tantos más.
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****Señor Moa,
Estoy muy de acuerdo con J L S sobre las profundas carencias de nuestra democracia, pero añadiré una
más, creo que también la ha tocado el señor Recarte. Podría resumirse así: ¿a quién representa la casta
política? Teóricamente, los diputados y senadores han sido elegidos por “el pueblo” y de ahí derivan una
supuesta legitimidad que nos hacen ver arrogantemente cada día. Pero preguntemos a un ciudadano
corriente, a un supuesto representado, a cuántos de sus supuestos representantes conoce. Estoy por decir
que casi nadie conoce a más de tres o cuatro, y eso porque son los que salen continuamente en la
televisión, no porque sepa que los ha “elegido”. Aquí entra el problema de las listas cerradas con
personas que no corresponden a gente que haya hecho nada práctico por sus conciudadanos.
Corresponden a gente que solo ha sabido medrar en las filas del partido. A saber con qué métodos. Por
consiguiente, en España no se elige a representantes, es decir, a personas, sino a partidos. Los diputados
no representan a los ciudadanos, sino a los partidos. Esta distinción es fundamental, a mi entender. No es
una verdadera representación democrática. Y siguiendo por ahí, hay que preguntarse por qué la gente
vota a esos partidos. Teóricamente es porque presentan un programa, pero de nuevo nos encontramos
con que la gente no sabe nada o casi nada de ese programa. Y cuando se enteran de algo es cuando unos
u otros denuncian que no se está cumpliendo lo prometido. Como usted ha citado en La Transición de
cristal, no recuerdo si citaba a Carrillo o a Pablo Castellano, las elecciones se convirtieron en una
especie de concurso de misses, ya desde el principio de la transición: al pueblo no se le informaba de casi
nada real, solo se buscaba el atractivo de los jefecillos de partido, a base de frases hechas. Estos males,
señor Moa, están ahí. Lo que no sé muy bien es cómo superarlos.
Joaquín L. González, Oviedo.

****No olviden que El Chafardero Indomable, alias El País, fue gran abanderado de Jomeini contra el
Sha. Recuerdo cómo nos informaba de que los ayatolás no se parecían nada al siniestro clero español: los
ayatolás estaban muy próximos al pueblo, comprendían sus necesidades y esas cosas. Lo mismo que el
propio Chafardero.

****Señor Moa:
Su libro "Nueva historia de España" es, como historia general, el más importante, con mucho, que
haya aparecido en España desde, por lo menos, la polémica Castro-Sánchez Albornoz. Y a mi juicio
supera también a aquella polémica. Creo que no peco de subjetivismo al decirlo, pues he leído todo o
casi todo lo que se ha publicado sobre esas cuestiones durante el siglo XX y lo que va de este: usted
aclara convincentemente innumerables cuestiones planteadas desde la crisis del 98 y el
regeneracionismo. Lo mismo sobre "La Transición de cristal": Stanley Payne lo ha considerado también
el mejor, y con diferencia, que se haya publicado hasta ahora. Pero no le escribo para halagarle sino
por otra razón: el silencio casi absoluto con que han sido recibidos estos dos libros, lo mismo desde la
izquierda que desde la derecha. No me extraña que sus tesis les sepan a rejalgar a casi todos ellos, pues
eso es normal en cualquier obra innovadora. Pero también lo normal en estos casos es que quienes se
sienten contradichos o contrariados se defiendan y ataquen las posiciones de usted. Eso es legítimo y en
realidad obligatorio pues, como usted ha recordado, quizá innecesariamente, nadie tiene la verdad
absoluta, si es que ella existe. Lo que no es legítimo es ese silencio vergonzante, ruin y malintencionado.
Y no hablo de los medios de comunicación, que ya sabemos lo envilecidos que están. Hablo de los
ambientes intelectuales y universitarios, a los que pertenezco. No imagina usted la irritación que causa a
tantos colegas míos el hecho de que usted venda tantos libros, a pesar del boicot que le hacen. Quiero
decir lo siguiente: no les cabrea lo que usted dice, que esto sería normal y legítimo, y podrían replicarle y
tratar de refutarle. Lo que les saca de quicio es que usted venda mucho más que ellos. Como puede ver,
el ambiente en la universidad ha dejado de ser intelectual. Sé incluso de profesores que prohíben
explícitamente a sus alumnos citarle a usted. Los departamentos son pequeñas taifas corporativistas,
ocupadas en sacar el mayor provecho profesional, la mayor promoción posible abultando currículos
perfectamente irrelevantes en su mayoría.

Usted habla en su historia de España de un punto al que se ha prestado poca atención: la importancia
de la universidad española en el Siglo de Oro y cómo podría seguirse el rastro de la decadencia española
estudiando el de su enseñanza superior. La conclusión es que hoy vivimos una decadencia terrible, que,
además, rechaza con furia a los que proponen algo mejor.
CPB, Barcelona.
***

Aspectos de la Gran Hambruna irlandesa (I)

Ya he expuesto en otras ocasiones las decisivas similitudes entre los genocidios ucraniano e irlandés.
Hay también algunas diferencias. El primero tuvo mucho de venganza por la resistencia de los campesinos
a la colectivización y a pasar hambre por alimentar al Ejército Rojo. Fue un genocidio franco e
intencionado. En el caso inglés fue más bien un genocidio disimulado y de fondo racista-religioso,
aprovechando una catástrofe natural. Pues los efectos de esa catástrofe vinieron determinados por la
situación previa impuesta por la dominación inglesa, y magnificados por su política posterior. Tanto en
Ucrania como en Irlanda existía gran cantidad de alimentos, que fueron deliberadamente retirados del
acceso de las hambrientas poblaciones. La insensibilidad humana de quienes encontraban justificaciones o
excusas para la política de Stalin –que ha habido muchos-- no es menos chocante que la de quienes
pretenden disimular con argumentos, en el fondo parecidos, el genocidio irlandés. Iremos viendo algunos
aspectos del mismo. Tiene interés recordar estas cosas frente al ambiente servil hoy predominante en
España, que toma como veraz la leyenda negra y absorbe con la misma falta de espíritu crítico una
leyenda dorada sobre Inglaterra. ¡Imaginemos que algo como la Gran Hambruna lo hubiera perpetrado
“Madrid” en Galicia o en Cataluña o en Andalucía! El estigma para la España inquisitorial, atrasada,
enemiga de la ciencia y del progreso permanecería ya por los siglos de los siglos. En fin, no se trata de
fomentar un odio absurdo a Inglaterra (país y cultura tan admirables por muchos conceptos), sino de
combatir la beatería anglómana y de poner las cosas en su sitio.

Una de las medidas que tomó el gobierno inglés para paliar el hambre fueron unos comedores en que
se servía sopa. “El día 5 de abril de 1847 fue un acontecimiento importante no tanto para los
hambrientos, que estaban impacientes por ser alimentados, como para la aristocracia, que acudió para
probar una cucharadita de la famosa sopa y para observar cómo se alimentaban los hambrientos (…)
Informaba el Dublin Evening Packet: “Su Excelencia, el lugarteniente de la Corona estaba allí, las
damas Ponsonby y muchas otras personas distinguidas se dieron cita en aquel lugar; había condes y
condesas, (…) porque, lector, fue un día de fiesta –una gran gala”
Otro reportero irlandés dijo agriamente que “no le molestaba la posición que ocupaba la bandera de la
Unión ondeando triunfante sobre la chimenea del comedor; ese era su lugar, como emblema de lo que
había llevado a nuestro país a necesitar estos comedores, que no podían ser coronados por ningún
ornamento más adecuado que ese. Pude soportar la exhibición de ostentación, pero resultaba insufrible
el desfile de cientos de mendigos irlandeses (…)” Por el privilegio de ver a los hambrientos comiendo,
se pedía a la aristocracia que donase cinco chelines por persona, que más tarde serían distribuidos por el
lord mayor como caridad. “¡Cinco chelines cada uno! ¡Para ver el rubor ardiente de la vergüenza
tiñendo la palidez de la lívida mejilla de la pobreza! ¡Cinco chelines cada uno! ¡Y para ver a los
animales del zoo alimentándose hay que pagar seis peniques!” Tal vez nada simbolizó mejor la “ayuda”
de Inglaterra a Irlanda, durante los años de la hambruna, que el comedor de beneficencia de Soyer (un
reputado cocinero) en Dublín, pues fue allí, el 5 de abril de 1847, con el redoble de los tambores y el
sonido de los clarines, con la bandera británica ondeando con orgullo desde la chimenea del comedor y
con una aristocracia espléndidamente ataviada y dando su aprobación, donde el gobierno británico
alimentó a los irlandeses con una sopa que no serviría ni para mantener a un gato recién nacido. Como
decía un antiguo proverbio gaélico, “Cuídate de los cuernos del toro, de las patas del caballo y de la
sonrisa de un inglés”. Fue con una sonrisa inglesa como el Punch trató nuevamente de hacer mofa de
todo lo ocurrido, al decir que los irlandeses habían apodado a M. Soyer The broth of a boy (juego de
palabras: significa a la vez “un gran muchacho” y “el caldo de un muchacho”). En un número posterior,
la misma publicación señalaba que “un caballero de buen gusto, que conoce con profundidad las sopas
de M. Soyer, dice que los irlandeses saborearían mejor la sopa si éste tuviera un poco de Irish Bull (la
expresión significa a la vez “contrasentido” y “toro irlandés”)” A la semana de abrir su comedor de
beneficencia en Dublín, Soyer volvió al ambiente más agradable del Club de la Reforma, donde servía a
sus patrocinadores ingleses platos suculentos, con carne de vaca, de ternera, de cordero y de cerdo
llevadas desde Irlanda en los mismos barcos de vapor de Liverpool que tenían las cubiertas abarrotadas
de emigrantes irlandeses

Por muy llamativo que pueda resultar hoy, ni la absurda sopa de Soyer, ni la crítica que hizo de ella
The Lancet, ni las observaciones del médico de la Reina Victoria sirvieron para modificar la dieta de
hambruna que ofrecieron los ingleses a los irlandeses. El Parlamento había aprobado el Acta de Ayuda a
Irlanda, el proceso burocrático se había puesto en marcha y se había decidido cuál sería la comida a
distribuir. Por lo tanto, tras construir los comedores o centros de distribución en diferentes partes de
Irlanda, se proporcionó la misma dieta diariamente a quienes se había certificado que habían perdido
todo, a excepción del cuarto de acre de tierra, y que estaban en peligro de morir de hambre. Tener
apariencia de estar muriéndose de hambre no era suficiente; los receptores de la ayuda exterior debían
obtener la certificación, de un administrador del distrito, de no tener medios de subsistencia, no tener
animales para comer o vender, o haber perdido por completo la cosecha de patatas a causa de la plaga.
Además, excepto los niños menores de nueve años, los enfermos y los desvalidos, todos tenían que
encontrarse presentes para recibir la comida que les correspondía (…) A menudo la gente gastaba más
energía en recorrer las millas que les separaban del centro de distribución que la que podían recuperar
con la comida”. (…) El dinero que gastaba el erario británico no era una donación sin compromisos
para ayudar a los necesitados de un pueblo que vivía bajo el dominio británico, un pueblo que un año
antes había contribuido al erario británico, sino un préstamo que debía ser devuelto con intereses, por
ese mismo pueblo, en los siguientes años”

(T. Gallagher: Hambre en Irlanda: la elegía de Paddy, ed. Langre

Secretos del 23-f / España actual / El problema del Estrecho / Gran


Hambruna (II)
23 de Febrero de 2011 - 09:16:13 - Pío Moa - s

El 23-F puede considerarse el episodio final de la transición. Presentado como un golpe involucionista,
haciendo derivar todas las culpas a algunos militares y habiéndose ocultado a la opinión pública aspectos
esenciales del asunto, hoy sabemos con razonable certeza “el 70% de la trama”, según ha expresado Luis
María Ansón, que estuvo muy metido en todo ello. Lo sabemos gracias a los estudios de Jesús Palacios,
principalmente.

Lo que se ha ocultado después fueron sobre todo tres cosas: A) La desastrosa gestión previa de Adolfo
Suárez, que había dilapidado el ingente capital político heredado del franquismo y soliviantado a casi todo
el mundo (terrorismo brutal, paro masivo, demagogia antiespañola y separatista rampante, flirteos con
regímenes totalitarios y terroristas, etc.) B) La necesidad de un “golpe de timón”, propuesta por
Tarradellas y sentida entonces por casi toda la clase política, incluidos el rey y Felipe González. C) La
implicación de todos ellos en un golpe para llegar a un gobierno de concentración, mediante una operación
chapucera que trataba de imitar artificialmente el modelo francés que dio lugar a la vuelta de De Gaulle al
poder en 1958.

Alguien tenía que pagar el pato, y ahí se demostró la flojera y capacidad de embuste de la nueva clase
política española. Al fracasar aquella especie de autogolpe, el rey pudo corregir la situación gracias a una
autoridad heredada de Franco. Y fue la estabilidad social heredada del régimen anterior, que no la calidad
–muy baja—de sus políticos, lo que permitió que el montaje no tuviera consecuencias demoledoras.

Hoy, cuando el ciclo democrático nacido de la transición está llegando a su fin, debido precisamente a la
ínfima calidad de la mayoría de nuestros políticos, viene muy al caso el descubrimiento de la verdad, de la
que quizá podamos aprender unas cuantas cosas, aunque los necios se obstinen en “mirar al futuro”.

***

****La España actual se parece al jovenzuelo chisgarabís que ha heredado una gran empresa y no sabe
gestionarla, la echa a perder, derrocha el dinero y suelta pestes de sus padres. Dice la Burrianes que
España está preparada para una presidenta catalana. Se refiere a ella misma, claro. Y tiene razón. Después
de Zapo, incluso la Burrianes puede hacer un papel discreto, al menos por comparación.

La decadente derecha española tiene una gran desconfianza del pueblo común y corriente. Cree que es por
naturaleza muy inculto, mientras ella, sin ninguna razón especial, se considera muy culta, parte porque se
cree iluminada por el Espíritu Santo, otra parte porque sabe leer en inglés. Su idea más alta, hasta la fecha,
es que “la economía lo es todo”, y que la nena angloparlante nos sacará de nuestras miserias. De ahí que
sea incapaz de competir en el terreno de las ideas con la izquierda, que sí sabe lo que se juega. ¿Es posible
que, con el descontento que vemos, aunque confuso y disperso, no surjan un líder y un programa?

****El problema del estrecho de Gibraltar. El estrecho fue de vital importancia para Inglaterra. El
embajador Hoare lo explica así: “Durante siglos el dominio naval del Mediterráneo había sido uno de los
principios fundamentales de la política británica. Sin la facilidad de paso de los barcos británicos a través
del Mediterráneo, realmente habría sido imposible mantener el Imperio Británico”. De ahí el valor que
adquirió para Inglaterra conservar Gibraltar en su lucha con Alemania. El propio Hoare, en los momentos
álgidos en que la decisión de España podía tener valor decisivo, sugirió ofrecer a Franco la posibilidad de
recuperar Gibraltar después de la guerra, y Butler, subsecretario de Foreign Office había dicho al Duque
de Alba, embajador español: “Inglaterra está dispuesta a considerar más adelante todos los problemas y
aspiraciones españolas, incluido Gibraltar”. Churchill se oponía, porque “los españoles saben que, si
ganamos, las conversaciones no serán fructíferas, y si perdemos no serán necesarias”. Sin embargo
terminó por hacer la promesa, con intención de no cumplirla, a fin de atraerse al sector del régimen
español renuente a Hitler” (citas en Años de hierro)

Para Inglaterra ha sido muy importante, en efecto, el control del estrecho de Gibraltar. Vital en algunos
momentos. Y para España mucho más, como salta a la vista.

Comienzo aquí una serie de pequeños comentarios sobre el problema del estrecho de Gibraltar. Un
asunto sobre el que el ciudadano medio apenas tiene información y sí, en cambio, mucha desinformación.
Ruego a los lectores den la máxima difusión a estos breves artículos.
**** Dice la Burrianes: “Tenemos el ejército que Azaña soñó hace 80 años”. Suerte para esa “loquinaria”
que Azaña murió hace mucho. ¿Qué diría de esa traidora a la patria? Azaña dejó el ejército hecho
unos zorros, pero al menos tenía cierta altura intelectual y amor, aunque un amor extravagante, a
España. La Pajín, la Burrianes, la Aido, la Salgado, la Vicetiple… y se dicen representantes de las
mujeres. Las deshonran, más bien. Y, en el caso de Burrianes, al ejército. “Me preguntaron hace
tiempo si una mujer estaba preparada presidir el Gobierno y dije que sí”. Alguna habrá, desde luego.
En todo caso, ninguna de esas tiorrillas desvergonzadas. Pero hoy, cualquier niñato o niñata se
considera "preparado /a" para ello. A tal grado llega su desprecio por España.

En fin, Azaña definía muy bien a ese personal, que eran entonces sus correligionarios: ¿Tendremos que
resignarnos a que España caiga en una política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y
botín, sin ninguna idea alta?” No es menos contundente Marañón: “Todo en ellos es latrocinio, locura y
estupidez”. “Cuadrilla de escarabajos”. O Pérez de Ayala “Desalmados mentecatos”. Por limitarme a
estas tres bien fundadas opiniones de republicanos, sin poner los juicios, a menudo más suaves,
expresados por los franquistas. De aquella gente se sienten herederos los políticos e intelectuales de la
colaboración con el terrorismo, la “memoria histórica”, el ataque a Montesquieu, la corrupción rampante
en los órdenes intelectual, económico y sexual. Con mucho motivo se sienten herederos.

****El Rey ve "legítimas" las revueltas en el mundo árabe ¿Quiere decir que está bien rebelarse contra
sus hermanos o primos, como solía llamarlos? La verdad es que ni son legítimas ni ilegítimas. Y que
no tenemos la menor idea de lo que saldrá de ellas. No sé quién habrá obligado al rey a decir
vaciedades, no creo que estuviera obligado a hacerlo. Quizá se lo haya indicado Zapo, ese “hombre
íntegro” de la alianza de civilizaciones…

****Blog, Egarense: Cuando los rusos dejaron de ser el enemigo #1, necesitaban otro "enemigo" para
distraer la atención de la opinión pública. No eran los rusos, sino los soviéticos, y eran un enemigo muy
real, no solo de Usa, sino de todos los países libres. Y los islámicos son también un enemigo radical de las
libertades y del occidente (más o menos) cristiano. Quienes intentan distraer a la opinión pública son los
que disimulan o niegan una amenaza real.

****¿A quién beneficia la balcanización de España? A la Unión Europea, desde luego que no. Ni a Usa.
Aunque ellos no estén demasiado dispuestos a sacarnos las castañas del fiuego si somos tan estúpidos de
seguir por ese camino. Por lo pronto beneficia a los países islámicos y a los separatistas. Con el apoyo de
la descerebrada izquierda que padecemos y la inhibición de una derecha sin otra idea que la economía y la
angloparlancia.

****Sabía que el célebre presentador Iñigo, hizo su carrera en la televisión franquista y después mentía
sobre, por ejemplo, Solzhenitsin. Ha dicho demasiadas estupideces. Ahora es partidario de ir a Eurovisión
con canciones en inglés. La lumbrera se las da de progresista y moderno. Me recuerda la época de
introducción del aceite de soja, de procedencia useña, en España. De repente oíamos por la radio y
leíamos en la prensa opiniones de distinguidos especialistas señalando los peligros de la acidez del aceite
de oliva… La bellaquería del rebaño, en fin. ¡Y que necios por el estilo tengan tanta influencia…!

Aspectos de la Gran Hambruna (II) La ley y el Acta de Unión.

Uno de los aspectos más repulsivos de los genocidios irlandés y ucraniano fue la actitud fríamente cínica
adoptada por los gobiernos y otros muchos justificadores de los hechos, actitud que prosigue hoy cuando
se afirma que Irlanda vivía en plena prosperidad, solo unos pasos por detrás de Inglaterra, que toda la
culpa recae sobre una desgraciada plaga y… Argumento usado también por algunos irlandeses, pues
siempre existieron los Don Julián y los Don Oppas en todo país invadido y oprimido. El argumento se
asemeja al que explica un personaje de Vida y Destino, de Grossman: gracias a lo que se habían apretado
las clavijas a la población para construir el socialismo, era posible resistir a los alemanes; y algún otro
abunda en que la presión debió haber sido mayor todavía. Es cierto que la industria construida en aquellos
años con terribles sacrificios y hechos como el Holodomor, permitió resistir a la invasión, pero el
elemento decisivo fue el trato brutal de los alemanes a una gente que odiaba la opresión soviética y que
los recibía como libertadores. Sin ello es muy probable que la URSS se hubiera derrumbado pronto. Valga
el inciso.

En Irlanda, la situación queda resumida en el hecho de que el grueso de la población, desde mucho
antes de la hambruna, vivía en la miseria (un caso único en la historia: una nación de pobres, constataba
un investigador francés). Había ricos, naturalmente, algunos también católicos, pero la masa de ellos eran
los terratenientes y empresarios ingleses y protestantes, en su mayoría absentistas, que habían despojado a
los irlandeses de sus mejores tierras reduciéndolos a arrendatarios en míseras condiciones. Las
especulaciones de algunos beatos anglómanos recuerdan a un alguacil que contestaba a las peticiones de
aplazamiento hechas por los arrendatarios a quienes los terratenientes expulsaban en plena hambruna:
“¿Qué diablos nos importáis vosotros o vuestras patatas negras? No somos nosotros quienes las hacemos
negras. Tenéis dos días para pagar el alquiler, y si no lo hacéis ya conocéis las consecuencias”. Masas de
arrendatarios hambrientos fueron así desahuciados, sus chozas demolidas y ellos expulsados de las tierras
en que habían vivido por generaciones, y de las que se habían adueñado los propietarios “legales”.

Pocos años antes de la Gran Hambruna, El reformador francés Gustave de Beaumont describía los
procesos criminales en Irlanda como “la mentira formalizada” y las deliberaciones como “un preludio a la
venganza”. La ley estaba hecha por y para los protestantes: “Resulta difícil hacerse una idea del desprecio
y la insolencia con que los abogados irlandeses (protestantes) tratan a las clases bajas (católicas). El juez
y el jurado tratan al acusado como una especie de idólatra salvaje (…) como un enemigo que debiera ser
aniquilado, culpable de antemano y destinado al castigo”. Las horcas eran una visión permanente delante
de las numerosas prisiones, algunas con refinamientos especiales, en advertencia permanente a la
población.

Para dar apariencia de legalidad y voluntariedad a aquella opresión, impuesta de siglos atrás a sangre y
fuego, se firmó el Acta de Unión de Irlanda al Reino Unido, en 1800. Byron definió el Acta de Unión
como “la unión del tiburón con su presa”. Samuel Johnson, igualmente realista, había advertido años atrás
a unos amigos irlandeses que Inglaterra “solo se uniría a su país para robarle”. El método para lograr la
unión fue un soborno a gran escala a líderes angloirlandeses (método aplicado también para la unión con
Escocia, combinado con amenazas de boicot comercial que habrían arruinado a los escoceses). Un
irlandés protestante, Jonah Barrington, dijo que se trató de “uno de los casos más escandalosos de
corrupción pública en los anales de la historia”. Gladstone calificó la unión como “el producto de la
tiranía, el soborno y el fraude”, que “nunca fue aceptada por la nación irlandesa”. Solo 45 años después la
Gran Hambruna certificaría la feliz coyunda.

La legitimidad del rey y el desprecio a la verdad / Gibraltar y casta política


/ Emigración irlandes
25 de Febrero de 2011 - 07:58:14 - Pío Moa - 65 comentarios

Los campeones de la manipulación insisten en que el rey “ganó su legitimidad al parar el golpe del 23-
F”. Olvidan, claro está, que lo paró gracias a la legitimidad y la autoridad que le había dado Franco, hecho
indudable que he recordado en La Transición de cristal. Hoy sabemos, pese al sistemático
embaucamiento de la opinión pública, que en el golpe o autogolpe estaban comprometidos desde el rey a
Felipe González, y que su origen estaba en la situación desastrosa creada por Suárez. Para comprobarlo no
tienen que leer solamente el libro de Jesús Palacios: les basta observar el tipo de “desmentidos” tan
característico de dictaduras y no de un país de prensa libre (tomo de los excelentes resúmenes de prensa
de Pilar Díez): “Teorías conspiratorias trufadas de conjeturas chismosas” dice Ignacio Camacho
¿Cuáles, en concreto? ¿Podría rebatirlas? “Es asombroso que publicistas y otros contemporáneos que no
hicieron nada por oponerse al golpe den pábulo ahora a teorías conspiratorias que consideran
inspirador de la intentona a quien la paró", nos cuenta el Chafardero Indomable, también conocido por
El País ¿A qué hora la paró, en concreto, y por qué? Eso nunca se ha explicado oficialmente. El
Chafardero reproduce su titular de entonces: Viva la Constitución. El mismo periódico que ha contribuido
más que ningún otro a hundirla y a colaborar con la ETA (¡Ah, la “solución política” para los asesinos!)
Quizá lo más gracioso sea lo de José Antonio Vera: centra su "información" en el supuesto robo de
bebidas y similares por los invasores del Congreso, análisis político do los haya. El Mundo repite la
letanía de que el rey “se ganó ese día su legitimidad”, aunque en el contexto de la frase lo pone, por lo
menos, en duda. El propio rey dice, contradiciendo otras palabras suyas, que sabe perfectamente lo que
ocurrió el 23-F. Cierto que lo esencial se sabe, pero no es nada seguro que coincida con su versión. En
cualquier caso ¿podría explicar esta, en detalle, a los españoles, o podrían explicarla sus portavoces?

Lo único que queda claro es que esa gente no tiene modo de rebatir las investigaciones de Jesús
Palacios. La política tiene en España, desde hace muchos años, un repulsivo aire de truco de malabaristas
cutres. El país vive en estado de farsa. ¡Y algunos creen que es la única manera de salvar las instituciones!

***

****Tele Cinco, la televisión basura por excelencia, está poniendo a votación la demolición del Valle de
los Caídos, exigida por los chorizo-talibanes. ¿Por qué no exige alguna asociación la demolición de esa
televisión-basura y la pone a votación “democrática”? En fin, la vileza que no cesa. Ya lo decían Azaña,
Marañón y tantos otros: aquella mezcla de botarates y delincuentes ha dejado amplia herencia.

****Blog, Sinrocom: Ellos tienen la flema y nosotros la flama. No sabemos argumentar sin agredir
dialécticamente a nuestros adversarios. Ellos saben como discutir sin levantar la voz, lo cual es casi
imposible para un español. Son culturas muy diferentes. Creo que en el caso español es más cuestión de
incultura, de mala educación, aunque ni todos los ingleses ni todos los españoles son así. Los debates en
los países anglosajones pueden ser mucho más duros que en España, en el fondo y a veces en la forma. Y
a quien le gusten las algarabías puede disfrutar con las que se arman a veces en el Parlamento británico.
Aquí me sorprende, en los blogs, por ejemplo, sin excluir este, la agresividad y hasta el odio con que se
olvidan los argumentos para caer en el mero insulto, casi siempre sin otro motivo que la discrepancia de
quien insulta, y sin el elemento de ingenio que podría darle alguna gracia. No es un signo de españolidad,
sino de impotencia intelectual. No tienen más que ver la respuesta que he obtenido a las sugerencias de
debate en torno a las cuestiones planteadas en mis libros: una mezcla de injurias torpes, insidias, intentos
de censura y boicot. Si verdaderamente esto fuera una característica “española”, habría que tirar la toalla,
porque todo esfuerzo en contra resultaría inútil. ***

Gibraltar

Es evidente que gran parte del valor que tenía Gibraltar para Inglaterra se ha ido con su imperio. Pero la
mentalidad inglesa sigue siendo en buena medida imperial. Retiene territorios menores y bases militares
en diversos puntos del mundo, y es el país de Europa occidental que más gasta en fuerzas armadas: casi
70.000 millones de dólares en 2009, comparados con 67.000 Francia, 61.000 Rusia o 48.000 Alemania.
Solo dos países tienen mayores gastos militares: Usa y China, pero RU dedica a ellos una mayor
proporción de su PIB: 2,5% frente a 2% de China. El porcentaje useño, en cambio, llega al 4,3%.
Gibraltar tiene además un carácter simbólico que sería idiota desconocer para un país apegado a sus
tradiciones y muy respetuoso con los símbolos. (http://www.libertaddigital.com/opinion/pio-
moa/gibraltar-a-la-espera-9133/. El artículo está publicado en 2002)

Con todo, no por eso la economía deja de contar mucho, muchísimo, para Londres. El régimen
franquista le causó una seria perturbación en ese terreno al cerrar la verja del peñón y simultáneamente
acosarlo en la ONU, con bastante éxito: el franquismo dispuso de una buena diplomacia, realmente
brillante si la comparamos con todo lo que vino después.
Hoy, España ha perdido todas las posiciones ganadas hasta la transición, en gran medida por esa
aberración histórico-política de negar el origen de nuestra democracia en el régimen de Franco y cultivar
un antifranquismo grosero hasta lo analfabeto. Para colmo, esos peculiares antifranquistas han
revalorizado la posesión inglesa de Gibraltar no solo para la propia Inglaterra, sino también para Usa y la
OTAN, por la simple razón de que el control de un punto estratégico de tal importancia debe estar en
manos de un país estable. Y la política exterior española desde Suárez ha sido un modelo de demagogia,
por no decir de tontería: cesión casi permanente ante Marruecos, chalaneos con países totalitarios o con
grupos terroristas como la OLP, “pacifismos” antioccidentales, corrosión del propio ejército y del espíritu
militar, etc., todo ello combinado con fáciles cambios de postura ante otras presiones internacionales, e
incapacidad para sacar partido de las propias ventajas. Un ejemplo clásico sería la actitud del PSOE
flirteando con Moscú y contra la OTAN para cambiar radicalmente en cuanto le llamaron la atención
desde otras instancias, y entrar en la Alianza en condiciones pésimas, no solo dejando seguir la colonia
inglesa en Gibraltar, sino facilitando a esta convertirse en un emporio de negocios turbios. Véase también
la actitud abiertamente traidora de PSOE en la crisis de Perejil, su apoyo al terrorismo islámico en Irak, o
ahora mismo la adopción de medidas ante la crisis solo por exigencia imperativa de Obama y de Merkel.
Un país en manos de una casta política como la que padecemos, no puede ser serio ni estratégicamente
fiable. Un Gibraltar en manos inglesas significa algo para la defensa occidental. En manos de politicastros
como los que ahora tenemos, de izquierda y de derecha, no significaría casi nada.

Quiero decir con esto que el problema de Gibraltar es ante todo el de nuestra casta política. Como lo es
el de la ETA y tantos más. Por eso denunciar la presencia de la colonia inglesa es denunciar a una clase de
políticos corruptos que empieza por conculcar la democracia en sus propios partidos: unos partidos no
democráticos pretenden dirigir una democracia. El resultado lo vemos cada día. En Gibraltar también, que
no es un problema de tercer orden, como algunos suponen.

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Gran hambruna (III) Aspectos de la emigración

La terrible cifra de muertos por hambre (estimada entre uno y más de dos millones) pudo haberse más
que duplicado de no haber emigrado, desesperados y en las peores condiciones, otros tantos irlandeses,
sobre todo a Usa. Generalmente tenían que reunir dinero todos los familiares para pagar el billete de barco
a un hijo o una hija, que una vez en Usa, si encontraba trabajo, enviaba dinero a su familia para que
pudieran pagar otro pasaje. Así se formaba una cadena de auténticos huidos de la muerte. El camino a los
puntos de embarque era ya una prueba física extremadamente dura para una gente muy debilitada, y
muchos fallecían por el camino. A menudo pasaban ante grupos de chozas quemadas por las autoridades
que desahuciaban a los desgraciados. Existía una política implícita, y a veces explícita, según la cual
Irlanda debía perder gran parte de su población, a fin de dedicar la tierra a pastos. La hambruna fue vista
por numerosas autoridades –y desde luego las más influyentes—como una gran oportunidad de eliminar
el “problema”, por muerte y emigración.

Así, el Times de Londres se felicitaba ante aquella marea humana: “Dentro de poco será tan raro ver a un
celta en las orillas del Liffey como a un piel roja en las orillas del río de Manhattan”. “La ley ha cruzado
Irlanda. Ha instruido con las bayonetas y se ha explicado mediante la ruina. Las poblaciones destruidas,
las columnas extraviadas de exiliados, los asilos que se han multiplicado pero continúan abarrotados, todo
esto conduce a la determinación legislativa para rescatar a Irlanda de su vieja y astrosa barbarie y para
implantar allí las instituciones de esta tierra más civilizada”. Por cierto que la expulsión masiva y violenta
de campesinos se había practicado en Inglaterra ya en el siglo XVI y volvería a hacerse en Escocia en el
XIX (las Highland clearances, o “limpieza” de las Highlands. El término “limpieza” ya indica una
concepción genocida, más o menos consciente. En España, aunque con menos brutalidad, ocurrió con la
Desamortización de Mendizábal). A veces, los propios terratenientes ayudaban a pagar el pasaje para
librarse de la gente, aunque muy a menudo los expulsaban sin más. Los que pagaban, afirmaban que la
emigración era voluntaria y pregonaban su contribución como un acto de amor fraterno, cuando se trataba
de un cálculo desvergonzado. Decían también que querían “limpiar” sus tierras de los malos aparceros y
quedarse con los buenos. Los navieros anunciaban facilidades y créditos para “los caballeros que
deseasen “enviar fuera el exceso de arrendatarios”, tratados así como ganado. El periodista John Mitchel,
indignado ante una política que podía calificarse justamente de genocida, escribió con desesperada ironía
que recordaba a Swift: “Mis queridos hermanos excedentes, tengo un proyecto simple, sublime y
patriótico que sugerirles. Deben tener muy claro que ustedes son un excedente, del que hay que librarse de
un modo u otro. No esperen vergonzosamente a que el hambre se los lleve. Si deben morir, mueran
gloriosamente, sirvan a su país con su muerte y rodeen sus nombres con un halo de gloria patriótica: elijan
dos millones de árboles en toda la isla y cuélguense de ellos”.

Cada barco que transportaba para su escala en Liverpool a cientos de emigrantes amontonados en la
cubierta, sufriendo el mareo de la gente inhabituada al mar y expuestos al mal tiempo frecuente, llenaba
asimismo sus bodegas con carne, granos y mantequilla producidas en Irlanda. Los mismos cerdos iban
alojados más confortablemente en la entrecubierta. Las numerosas protestas y peticiones eran inútiles: los
soldados protegían siempre eficazmente los víveres contra los hambrientos. La tremenda afluencia de
gente dio a las navieras inglesas unos beneficios fantásticos, porque los precios no fueron rebajados, tal
como justificaría alguna interpretación de la ley de la oferta y la demanda. Tampoco se aumentaron las
lanchas salvavidas, irrisoriamente insuficientes. Algunos ingleses, el propio Times mostraban cierta
aprensión ante el odio que estas conductas estaban generando entre sus víctimas.

****Nuestro simpático a la par que fanático anglómano intenta rebatir el carácter genocida de la Gran
Hambruna mostrando una increíble insensibilidad hacia las víctimas y reproduciendo la más greuesa
propaganda justificativa inglesa. Que, por cierto, no difiere esencialmente de la propaganda justificativa
staliniana. Y luego se sale con la confesionalidad del estado en España para justificar el ataque
sistemático a los católicos en RU. Olvida que en España apenas había protestantes, no eran un verdadero
problema, mientras que los católicos eran una parte muy significativa de la población de RU. Y que por
eso mismo se les aplicó una política que, no por casualidad, desembocó en la Gran Hambruna. Nada ni
remotamente parecido ocurrió en España con los muy escasos protestantes que había (y que solían
promover la Leyenda Negra). El problema protestante en España se remonta al siglo XVI, y a quien quiera
tener una visión un poco amplia de él me permito recomendarle mi Nueva historia de España, ante todo
porque ofrece un punto de vista poco habitual por estos pagos.

**En cuanto al libro de Gallagher, dice Percy que es “un libelo”. Declarar libelo a una investigación
desagradable exige algo más que la declaración. Y menos defender implícitamente las interpretaciones
justificativas, a menudo auténticos libelos con pretensiones de objetividad que naufragan ante los hechos
indiscutibles: millones de irlandeses murieron o fueron forzados a huir de su país. La dimensión de esa
catástrofe resume el balance entre las buenas y las malas intenciones y medidas tomadas por los ingleses:
resume la política practicada desde Londres. No fue la plaga de la patata, sino la política inglesa previa la
que causó el desastre, primero, y luego lo empeoró, aunque incluyera algunas medidas paliativas, cuya
eficacia ponen de relieve las crudas cifras. El libro de Gallagher no es un panfleto, aunque a veces
exprese indignación. No del todo injustificada, a decir verdad. Está bastante bien documentado y si sus
datos se pretenden refutar al estilo anglómano, pues la cosa queda todavía más clara.