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LA TRADICIÓN PRIMORDIAL

Cap. II de Jean Tourniac, Melkitsedeq ou la Tradition primordiale, París,


Albin Michel, col. "Bibliothèque de l’Hermétisme", 1983.

TERMINOLOGÍA

Guénon refiere toda la doctrina tradicional y la legitimidad de las


organizaciones que vehiculan una "influencia espiritual", de naturaleza exotérica o
esotérica, al principio inicial de la "Tradición primordial".

¿Tradición primordial o Religión primordial? No entraremos en este debate, que


fue ignorado durante la vida de Guénon y en los círculos guénonianos, y que
apenas debía aparecer sino algunos decenios después de la muerte de Guénon,
cuando divergencias doctrinales opusieron, en algunos puntos -y especialmente
respecto a la naturaleza del Cristianismo- a los guénonianos rigurosos con el Sr. F.
Schuon.

Este autor emplea el término "Religio perennis" o Religión primordial; precisa


su pensamiento en una nota de su obra L’Esotérisme comme principe et comme
voie (Dervy-Livres, 1978, "Le Commandement Suprême", p. 151, nota 15):

"Decimos "Religión primordial", y no "Tradición", porque el primero de estos


términos tiene la ventaja de expresar una realidad intrínseca (religere = "religar" lo
terrestre a lo celestial) y no simplemente extrínseca como el segundo (tradere =
"entregar" los elementos escriturarios, rituales y legales). Cabe preguntarse si
podría ser cuestión de "tradición" en una época en que el conocimiento espiritual
era innato o espontáneo, o aún, si la necesidad de una "tradición", luego de una
transmisión exterior, no entraña ipso facto la necesidad de una pluralidad de
formulaciones".

Para Guénon, la norma y el eje, el germen imperecedero de todo lo "sagrado",


de todo el Universo manifestado macrocósmico y microcósmico, el fundamento de
todas las tradiciones secundarias y de las diversas religiones, el depósito eterno de
la doctrina y del Conocimiento, en una palabra, el Templo de la Verdad eterna, es la
Tradición primordial.

EL DHARMA

Guénon se explica de manera muy significativa cuando considera las


posibilidades incluidas en la noción hindú del Dharma, que incluye el punto de vista
tradicional en su integralidad. Se trata entonces de una Doctrina-Conocimiento, y
no de una simple teoría; postula la "realización efectiva" del ser e implica
aplicaciones que especialmente engloban todas las modalidades de la vida humana
sin excepción.

R. Guénon definió entonces la naturaleza del Dharma; es uno de los términos


sánscritos que más incomodan a los traductores, según escribió en un artículo de
1935 (reproducido en Etudes sur l’hindouisme, Editions Traditionnelles, 1976), pues
posee múltiples sentidos: el de "Ley", Orden -tal como podría concebirlo la divisa
de la Franc-Masonería escocesa: "Ordo ab Chao". Ciertamente, este Dharma "no es
la Tradición primordial", pero pronto veremos de qué manera se relaciona con ella.
Guénon recuerda que deriva de la raíz dhri, que significa llevar, soportar, sostener,
mantener, etc. Se trata, prosigue Guénon en el citado artículo, "de un principio de
conservación de los seres, y en consecuencia de estabilidad, al menos mientras sea
compatible con las condiciones de la manifestación, pues todas las aplicaciones del
Dharma se refieren siempre al mundo manifestado".
Este Dharma se presenta entonces como un reflejo de la "inmutabilidad principial"
en el orden de la manifestación. No es "dinámico", continúa Guénon, sino en la
medida "en que manifestación implica necesariamente devenir, pero es lo que hace
que este devenir no sea un puro cambio, lo que mantiene siempre, a través del
cambio mismo, una cierta estabilidad relativa".

Guénon hará observar a este respecto que la raíz dhri es casi idéntica en la
forma y el sentido a otra raíz, dhru, de la cual deriva la palabra dhruva, que
designa el "polo": "Efectivamente, es a esta idea de "polo" o de "eje" del mundo
manifestado que conviene referirse si se quiere comprender verdaderamente la
noción del Dharma: es lo que permanece invariable en el centro de las revoluciones
de todas las cosas, y que regula el curso del cambio porque no participa en él".
Señalamos esta última frase, pues es ya alusiva a la concepción guénoniana de
Tradición primordial.

Guénon asocia la función del Dharma al símbolo del eje o del "árbol del
mundo", y señala la similitud entre esta noción y la del término sánscrito rita, que
tiene etimológicamente el sentido de "rectitud", conformidad al orden humano y
ante todo al orden cósmico. Se ve entonces que esta idea no se limita al hombre,
sino que se extiende a todos los seres e incluso a todos los estados de
manifestación, luego a toda la creación.
Es la "Norma" rectora del conjunto y la "Norma" particular de cada grupo, especie,
grado, mundo, ciclo, incluyendo las ideas de armonía, justicia, equilibrio,
legislación, objetivo asignado por las Escrituras tradicionales hindúes a la vida
humana cuando su realización depende del orden espiritual (más allá del cuerpo y
del psiquismo, pero más acá del "fin supremo", que no depende del dominio de la
manifestación)... por ello, se identifica con el "deber" más bien que con el
"derecho".
Así, el Dharma propio de un ser no puede expresarse sino por lo que debe hacer
por sí mismo, y no por lo que los demás deben hacer con respecto a él, "y que
depende naturalmente del Dharma de los restantes seres" (Etudes sur
l’hindouisme, Editions Traditionnelles, 1976, nota 1 de la página 73).

Ahora bien, este Dharma así "delimitado", si se nos permite la expresión, y que
quizá podría ser aproximado a la idea de "voluntad revelada" en los monoteísmos
occidentales (al igual que se podría, más justamente aún que para estas religiones,
asimilar a la definición que la Masonería anglosajona da de la Biblia: "Volume of the
Sacred Law", Volumen de la Ley sagrada), este Dharma nos va a conducir a su
fuente principial: la Tradición primordial, y es entonces a la noción de Sanâtana
Dharma a la que nos referiremos.

SANÂTANA DHARMA Y TRADICIÓN PRIMORDIAL


Guénon nos previene de que se trata de una noción sin equivalente exacto en
los términos o expresiones de Occidente, luego sin configuración o prefiguración en
el entendimiento occidental (cf. "Sanâtana Dharma", en Cahiers du Sud, 1949, nº
especial "Approches de l’Inde"; este artículo fue retomado en la rcopilación Etudes
sur l’hindouisme, ya citado). Ni siquiera la expresión Philosophia perennis, en el
sentido medieval del término, parece ser más que una aproximación lejana, debido
a las notables diferencias que pueden observarse entre el restringido dominio de la
Philosophia perennis y aquello a lo que se refiere de manera exhaustiva la noción
de Sanâtana Dharma.

Deberemos incluir aquí una extensa cita, pues es a propósito de esta noción de
Sanâtana Dharma que Guénon nos va a ofrecer una muy clara demostración de lo
que él entiende por Tradición primordial:

"…el término sanâtana implica una idea de duración, mientras que la eternidad,
por el contrario, es esencialmente una "no-duración"; la duración de que se trata es
indefinida, si se quiere, o más precisamente "cíclica", en la acepción del griego
aiônios, que no tiene el sentido de "eterno" tal como los modernos, por una
lamentable confusión, le atribuyen demasiado a menudo. Lo que es perpetuo en
este sentido es lo que constantemente subsiste desde el comienzo al fin de un ciclo,
y, según la tradición hindú, el ciclo que debe ser considerado en lo que concierne al
Sanâtana Dharma es un Manvantara, es decir, la duración de la manifestación de
una humanidad terrestre".

Guénon añade que el término sanâtana tiene también el sentido de


"primordial", y observa que "lo que es verdaderamente perpetuo no puede ser sino
lo que se remonta hasta el origen mismo del ciclo". Finalmente, precisa que

"…esta perpetuidad, con la estabilidad que necesariamente implica, si bien no


debe ser en absoluto confundida con la eternidad y ni tiene con ella ninguna medida
en común, es no obstante como un reflejo, en las condiciones de nuestro mundo,
de la eternidad y de la inmutabilidad que pertenecen a aquellos principios de los
que el Sanâtana Dharma es la expresión con respecto a ellos".

No incluiremos aquí todas las conclusiones que Guénon extrae especialmente


en relación con las transmisiones rituales y la naturaleza del rito; tampoco nos
demoraremos en las relaciones existentes entre este Sanâtana Dharma y la ley
escrita o religiosa que rige tal o cual religión o tradición.
Si hay un Dharma que preside la conservación de los seres y que reside en la
conformidad a su naturaleza esencial, propia de cada ser, luego de cada categoría
de seres, mundos, estados de existencia -porción determinada de éstos-, pueblo o
período, etc., hay evidentemente Sanâtana Dharma cuando se trata del conjunto
de una humanidad, y, como ya hemos visto, para toda la duración de su
manifestación, que constituye en la teoría hindú de los ciclos un Manvantara.
Se reencuentra aquí la idea de "ley", "norma" -y "matriz" original, en el sentido
matemático del término-, propia de cada ciclo y "formulada desde su origen por el
Manu que lo rige, es decir, por la inteligencia cósmica que refleja la Voluntad divina
y que expresa el Orden universal".
A la inversa, nos parece más importante citar el pasaje más sugestivo a
nuestros ojos de este análisis del Sanâtana Dharma, pues nos hace entrar de lleno
en la definición misma de la Tradición primordial:

Ahora, debe ser fácil de comprender lo que en realidad es el Sanâtana Dharma:


no es sino la Tradición primordial, lo único que subsiste continuamente y sin
cambios a través de todo el Manvantara, y que posee así la perpetuidad cíclica, ya
que su primordialidad misma la sustrae de las vicisitudes de las épocas sucesivas, y
es lo único que puede, en rigor, ser considerado como verdadera y plenamente
integral. Por otra parte, debido a la marcha descendente del ciclo y del
oscurecimiento espiritual que de ella resulta, la Tradición primordial se ha hecho
oculta e inaccesible para la humanidad ordinaria (1)".

Guénon añade que se trata del origen primero y del fondo común de todas las
formas tradicionales particulares, que proceden por adaptación a las condiciones
especiales de tal pueblo o tal época. Sin embargo, ninguna de ellas "podría ser
identificada con el Sanâtana Dharma mismo, o ser considerada como una expresión
adecuada, aunque no obstante sea siempre como su imagen más o menos velada"
(2).
Toda tradición ortodoxa aparece ante Guénon como un reflejo o un "sustituto" de la
Tradición primordial, en la medida en que lo permiten las circunstancias
contingentes (3)".
Si dicha tradición ortodoxa no es el Sanâtana Dharma, no obstante lo expresa
verdaderamente para aquellos que se adhieren a ella y participan de manera
efectiva. No pueden alcanzarlo más que a través de ella, pues para ellos expresa, si
no la integralidad, "al menos todo lo que les concierne directamente, y ello bajo la
forma más apropiada a su naturaleza individual (4). De ello se deduce que
finalmente todas estas diversas formas tradicionales están "contenidas
principialmente en el Sanâtana Dharma, puesto que son otras tantas adaptaciones
regulares y legítimas, y ninguno de los desarrollos de los que son susceptibles en el
curso del tiempo podría ser jamás otra cosa en el fondo" (5).
En suma, todas contienen el Sanâtana Dharma en su interioridad más "central".
Sus diferentes "grados de exterioridad" son entonces como velos que recubren la
Tradición primordial y que no dejan transparentar más que de una manera
atenuada y más o menos parcial. A ojos de Guénon, esto es innegable y "sería un
error pretender asimilar pura y simplemente el Sanâtana Dharma a una de ellas,
sea cual sea, por otra parte, por ejemplo a la tradición hindú tal como se presenta
actualmente" (6). Guénon constata que este error es a veces cometido por aquellos
"cuyo horizonte intelectual, en razón de las circunstancias en que se encuentran,
está limitado exclusivamente a esta única tradición" (7). Y observa que, si no
obstante esta asimilación "es legítima en cierta medida según lo que acabamos de
explicar, los adherentes de cada una de las demás tradiciones podrían decir
también, en el mismo sentido y al mismo título, que su propia tradición es el
Sanâtana Dharma; una tal afirmación sería siempre verdadera en un sentido
relativo, aunque evidentemente sea falsa en sentido absoluto" (8). Ahora bien, hay
una razón por la cual la noción de Sanâtana Dharma parece más especialmente
ligada a la tradición hindú:

Ésta es, de entre todas las formas tradicionales actualmente vivas, la que
deriva más directamente de la Tradición primordial, al ser en cierto modo como su
continuación en el exterior, y teniendo siempre en cuenta, por supuesto, las
condiciones en las cuales se desarrolla el ciclo humano y del que ella misma da una
descripción más completa que todas aquellas que podrían encontrarse en otras
tradiciones, de modo que participa en un mayor grado que todas las demás en su
perpetuidad" (9).

Guénon señala que la tradición hindú y la tradición islámica (10) son las

"…únicas que afirman explícitamente la validez de todas las tradiciones


ortodoxas; y, si ello es así, es porque, siendo la primera y la última en el curso del
Manvantara, deben igualmente integrar, aunque de modos diferentes, todas esas
formas distintas que se han producido durante el intervalo, a fin de hacer posible el
"retorno a los orígenes" mediante el cual el fin del ciclo deberá unirse a su principio,
y que, en el punto de partida de otro Manvantara, manifestará de nuevo al exterior
al verdadero Sanâtana Dharma".

Como acabamos de ver, para René Guénon, es la Tradición primordial lo que


verdaderamente constituye el Sanâtana Dharma en su propia esencia, no siendo el
resto en el fondo sino adaptaciones circunstanciales en el tiempo y el espacio, y el
carácter "universal" de la tradición hindú se debe al hecho de que procede
directamente de la Tradición primordial, y que incluso, como dice Guénon, "la
representa en cierto modo" (11).

LAS CONSECUENCIAS DE UNA PRIMORDIALIDAD TRADICIONAL PARA LAS


RELIGIONES

Muchas consecuencias pueden extraerse de esta teoría. Citaremos tan sólo


algunas que nos parecen fundamentales, pues es a propósito de ellas que los
monoteísmos occidentales y especialmente el Cristianismo, y más tarde, en el seno
de éste, el Catolicismo romano, negarán la doctrina de una Tradición primordial.
Esta actitud se traduce por el rechazo a admitir todo aspecto que iguale la tradición
cristiana a las otras tradiciones, y todo aspecto que por el contrario jerarquice los
modos de realización espiritual, pero esta vez en el interior del Cristianismo y en
razón de una distinción que ya no es simplemente la del clero (12). Ambas posturas
antitéticas, por un lado de igualización, y por otro de jerarquización, de
banalización "exterior" -al nivel horizontal de las comparaciones entre religiones-, y
de elección "interior" -al nivel vertical de profundización de cada religión- se
condicionan una a otra. Ahora bien, ambos aspectos están estrechamente ligados a
la concepción de una Tradición original de la que procederían todas las demás...

¿Y si Melkitsedeq detentara la clave del enigma? El rechazo al que hemos


aludido deja en silencio la presencia en el seno de los monoteísmos, y
especialmente del Cristianismo, de un "Testigo" o de un testimonio de la Tradición
primordial, si se juzga por las descripciones escriturarias, por el papel que le es
asignado y, justamente, por las controversias a las cuales ha dado lugar su función
tradicional. Este testimonio no solamente corrobora el vínculo de las tradiciones del
Libro y del "Dios personal" con la Tradición primordial, sino que además parece dar
al Cristianismo (sea consciente de ello o no, lo niegue o no) ese carácter de
indistinción (a veces "subversivo" en medio de otras tradiciones y civilizaciones)
propio de la Tradición primordial.
No entraremos ahora en esta discusión, reservada a otra parte de esta tesis y
que, como se habrá presentido, concierne más directamente a Melkitsedeq, el "rey
de Salem".

Ciertamente, Guénon ya había establecido esta aproximación en la


prolongación de sus estudios consagrados más especialmente al Rey del Mundo y al
"triple poder". En lo que nos concierne, son las controversias en torno a
Melkitsedeq las que nos interesan en la medida en que van a permitirnos situar al
"personaje" en el marco de las tradiciones bíblicas -judía, cristiana y musulmana- y
ello no sólo desde el punto de vista estrictamente relacional o concurrencial, sino
también desde el punto de vista de las perspectivas "esotéricas" o "místicas" menos
conocidas, que aclaran el asunto. Son además estas perspectivas las que corren el
riesgo de anular los argumentos religiosos que apuntan a rechazar la noción de
Tradición primordial o sus consecuencias, argumentos a los cuales ya hemos
aludido y sobre los que deberemos ahora regresar.

La consecuencia más "visible", podríamos decir, de la "primordialidad" de una


tradición, de las que todas las demás proceden en razón misma del sentido del
término "transmitir", consiste en que todas las religiones o tradiciones, para
merecer este doble calificativo de "transmitido por" o de "religado a", deben
descender históricamente de este origen común, de este "huevo" arquetípico. Se
hallarán entonces "banalizadas", ninguna podría excluir a las restantes, como
tampoco las hijas de una madre o los descendientes de estas hijas pueden negar la
herencia biológica de cada una de ellas.

Aquí, la herencia en cuestión consiste en la autenticidad tradicional y, al nivel


de los principios, en la Verdad. Inmediatamente se observa cómo esta doctrina
podrá molestar a los monoteísmos, es decir, a las religiones dotadas de un "Yo"
divino: supone que cada una de estas religiones no pueda alegar una detención
exclusiva de la Verdad y de la autenticidad única y absoluta.

Se ve además que si estas religiones no pueden suscribirse a la afirmación de


una "Verdad una" que las funda todas en su autenticidad -lo que Schuon ha
llamado "la unidad trascendente de las religiones" (13)- en cambio las
organizaciones esotéricas o iniciáticas basarán precisamente su "tolerancia" sobre
esta concepción, ligada estrechamente por otra parte sea a sus perspectivas
metafísicas, como es el caso del Sufismo, sea a su enseñanza simbólica, como
ocurre en la Franc-Masonería. Evidentemente, el desacuerdo entre "religión" y
"organización esotérica" añadirá motivos a la lucha de las religiones contra los
"esoterismos", u organizaciones iniciáticas, bien estén en el "interior" de las
primeras, como es el caso del Sufismo con respecto al Islam, bien estén
específicamente ligadas a una actividad humana independiente de una confesión
determinada, como geográfica e históricamente puede constatarse en cuanto a la
Masonería y la construcción de lo "sagrado". En fin, este mismo desacuerdo explica
la hostilidad de dichas religiones frente a la aceptación de la tesis que acredita la
existencia de la Tradición primordial. René Guénon demostrará el fundamento de
una Tradición primordial que contenga "potencialmente" a todas las demás,
justificándolas precisamente al constituir una proyección de aquella, po el ejemplo
de una relación cognitiva y causal entre lo Uno y lo múltiple. Se verá una ilustración
de ello en el simbolismo de la rueda, en la que todos los radios están presentes in
principio en su centro común por un punto único, origen de todos los radios.
Igualmente, se deducirá de la constancia o persistencia de ciertos términos
simbólicos y de su significado "técnico" en formas tradicionales muy alejadas en el
tiempo y el espacio, la preeminencia y la primordialidad de una doctrina común.
Retomando los términos de algunos estudios de A. K. Coomaraswamy en diferentes
revistas de lengua inglesa, se verá la explicación de tales relaciones en la toma en
consideración de "formulaciones de una doctrina común" (Dharma-Paryâya), otros
tantos "dialectos de un solo y mismo lenguaje del espíritu", o ramas de una sola y
misma "tradición universal y unánime" (Sanâtana Dharma) (14).

El juicio de A. K. Coomaraswamy sobre el arte sagrado, que no podía satisfacer


a los especialistas de éste en el Cristianismo romano moderno, se refiere sin cesar
a la existencia de un arquetipo metafísico intemporal, luego fuera del marco de una
"confesión" particular.

Esto es válido tanto para el Cristianismo y el arte cristiano como para todo otro
arte tradicional que proceda siempre, por una continua derivación, de la "tradición
universal y unánime" (Sanâtana Dharma), y cuyo último origen sea una
"revelación" (shruti), recibida en el principio, de la "Luz de luces".

Otra deducción guénoniana extraída del concepto de Tradición primordial: la


idea de un retorno de todo a un estado eterno o al menos no "perecedero",
coincidente con el Paraíso terrestre y la Jerusalén celestial. Algunos verán aquí la
desaparición del "tiempo lineal" judeo-cristiano en beneficio del "tiempo cíclico" de
las tradiciones orientales, efectuándose las "adaptaciones" sucesivas de la Tradición
primordial, en el curso del ciclo, por una "presencia" de ésta y por el
"reconocimiento" que asegura a las mencionadas adaptaciones.

En esta perspectiva, toda religión monoteísta se halla de nuevo reducida a la


misma distinción que la que la precede o le sucede, o que todas las tradiciones que
coinciden con ella en un momento histórico determinado. Aún aquí, una religión
cualquiera no puede ya pretender a una absoluta superioridad con respecto a las
demás, en cuanto a la posesión de la Verdad. Al igual que no hay sino una Verdad,
tampoco hay sino una Tradición, principio de todas las demás. Evidentemente, este
punto de vista no puede ser el que se liga a cada confesión, por extensión del
principio "fuera de la Iglesia no hay salvación". Ahora bien, lo que se dice de una
también puede ser dicho de otra. El nivel de las pruebas no es ni demostrativo ni
objetivo, sino intuicional, "subjetivo", pues depende eminentemente de la Fe y de la
Gracia.

Es así que analizando de la obra de Paul Vuillaud sobre la cábala judía y lo que
este autor relata a propósito del gran sacerdote celeste Mikael, de Moisés, etc.,
Guénon hará observar que lo que se dice…

"…aquí de los israelitas puede ser dicho de todos los pueblos que poseen una
tradición verdaderamente ortodoxa: con mayor razón puede decirse de los
representantes de la Tradición primordial, de la que todas las demás derivan y a la
cual están subordinadas…"
En la misma lógica, al implicar el ciclo un retorno a los orígenes, Guénon
asimila el "retorno de todas las cosas a su estado primitivo", del que se trata en el
Zohar (III, 856, a propósito de Jeremías, XVII, 3) con el retorno al "estado
primordial", es decir, el estado del que la Tradición primordial mantiene la herencia.

Los comentaristas de Guénon extraen de esta visión histórica aplicaciones


relacionadas con el tema apocalíptico judeo-cristiano. Así, Gaston Georgel (Le
Symbolisme, nº 398-399, julio-octubre de 1971), en el artículo "Doctrina de los
ciclos y movimiento de la historia", escribe que:

"La cronología cíclica tradicional puede ser inscrita en un círculo, coincidiendo el


punto de tangencia con el punto de partida de ambas cronologías (cíclica y lineal),
e inmediatamente se observa que: 1. Cerca del punto de tangencia las dos
cronologías casi coinciden, pero 2. ellas difieren cuanto más se alejan del punto de
tangencia".

Se deduce entonces que, en el límite, el tiempo rectilíneo tiende al infinito,


mientras que el tiempo cíclico vuelve a su punto de partida, "al menos
análogamente".

La consecuencia de este aspecto tradicional cíclico reside en un completo


desarrollo de la presente humanidad sobre una tierra con sus polos y su aspecto
propio,

"…pasando por diferentes fases sucesivas hasta el agotamiento total de sus


posibilidades, tras lo cual un cataclismo cósmico terminal invertirá la posición del
globo y el aspecto del cielo -la inversión del eje de los polos-, para dejar lugar a
nuevos cielos y a una nueva tierra, sede en principio paradisíaca de una nueva
humanidad que estará regida por el Manu del nuevo Manvantara".

Se descubre aquí la similitud entre la doctrina de los ciclos y la de la Tradición


primordial y las teorías orientales referentes a la escatología, así como con las
predicciones del Vishnu-purâna relativas a las características de nuestra era final, la
edad sombría del Kali-Yuga, descritas como sigue :

"Razas de esclavos serán los señores del mundo.


Los jefes serán de naturaleza violenta.
Los jefes, en lugar de proteger a sus súbditos, los explotarán.
Sólo los bienes conferirán rango.
El único vínculo entre los sexos será el placer.
La tierra ya no será apreciada más que por sus riquezas minerales.
El tipo de vida será uniforme en el seno de una promiscuidad general.
Quien distribuya más dinero dominará a los hombres.
Cualquier hombre se imaginará ser igual a un brahman (autoridad espiritual).
La gente experimentará terror a la muerte, y la pobreza les espantará.
Las mujeres serán simplemente un objeto de satisfacción sexual".
No obstante, todas estas inversiones acabarán en el retorno a la Norma
encarnada por la Tradición primordial, tal como leemos en un estudio de Jean-
Pierre Schnetzler, autor de La Méditation bouddhique (15):

"Cuando los ritos enseñados en los textos tradicionales estén a punto de


desaparecer, y el término de la edad sombría esté próximo, una parte del Ser
divino existente por su propia naturaleza espiritual según el carácter del Principio,
que es el Comienzo y el Fin, descenderá sobre la tierra… y dará nacimiento a una
raza que seguirá las leyes de la edad primordial".

Se notará además que, en el universo conceptual descrito por Guénon, el


postulado isotrópico de Tradición primordial conduce a admitir otras afirmaciones
legendarias negadas no solamente desde el punto de vista epistemológico, sino
también en razón de los "retoques" que presuponen en el nivel doctrinal, retoques
efectuados por las propias religiones.

Tal es, por ejemplo, la idea del Paraíso terrestre identificado con el Centro
original y simbolizado por la posesión del Grial -pudiendo sus beneficiarios ser
contados entre los conservadores de la Tradición primordial. Debemos citar en este
contexto una serie de extractos de la obra de René Guénon, Le Roi de Monde, que
vienen a aclarar las constataciones indicadas a este propósito:

a) de la idea del Grial y de la conservación de la Tradición primordial en los


"centros espirituales" secundarios: Guénon nota que el Grial fue confiado a Adán en
el Paraíso terrestre, pero que, tras su caída, Adán lo perdió; no pudo llevárselo con
él cuando fue expulsado del Edén. Así, el sentido de la leyenda es claro: el hombre,
apartado de su centro original, se halla desde entonces encerrado en la esfera
temporal; ya no puede unirse "al punto único en que todo es contemplado bajo el
aspecto de la eternidad". Y he aquí su comentario:

La posesión del "sentido de eternidad" está ligado a lo que todas las tradiciones
llaman (…) "el estado primordial", cuya restauración constituye el primer estadio de
la verdadera iniciación, siendo la condición previa para la conquista efectiva de los
"estados supra-humanos". El Paraíso terrestre, por otra parte, representa
propiamente el "Centro del Mundo"; y lo que a continuación diremos sobre el
sentido original de la palabra Paraíso todavía podrá hacerlo comprender mejor".

Guénon examina el enigma de Seth, que pudo entrar en el Paraíso terrestre y


recobrar el precioso vaso. El nombre de Seth expresa, en verdad, las ideas de
fundamento y estabilidad, y, por consiguiente, indica en cierto modo la restauración
del orden primordial destruido por la caída del hombre:

Debe comprenderse que Seth y quienes tras él poseyeron el Grial pudieron por
ello mismo establecer un centro espiritual destinado a reemplazar al Paraíso
perdido, y que era como una imagen de éste; y entonces esta posesión del Grial
representa la conservación integral de la Tradición primordial en un tal centro
espiritual (16).
Guénon piensa que el origen céltico que se reconoce a la leyenda del Grial debe
sin duda dejar entender que los druidas tuvieron una parte en ello y que "deben ser
incluidos entre los conservadores regulares de la Tradición primordial".

b) Las relaciones de los centros secundarios con el centro supremo: Guénon


estima que la pérdida del Grial o de alguno de sus equivalentes simbólicos
corresponde a la pérdida de la Tradición con todo lo que ella implica; pero piensa
que ésta está más bien oculta que perdida, y que en todo caso no puede perderse
sino "para algunos centros secundarios, cuando éstos dejan de estar en relación
directa con el centro supremo". El centro supremo en cuestión contiene
invariablemente el depósito de la Tradición, y no es afectado por los cambios que
sobrevienen en el mundo exterior, de donde se sigue que "según diversos Padres
de la Iglesia, y especialmente san Agustín, el diluvio no pudo alcanzar al Paraíso
terrestre", que es "la morada de Henoch y la Tierra de los Santos", y cuya cumbre
"toca la esfera lunar", es decir, se encuentra más allá del dominio del cambio
(identificado con el "mundo sublunar"), en el punto de comunicación entre la Tierra
y los cielos (Le Roi du Monde, pp. 43-44).

c) las relaciones entre la existencia de una Tradición primordial y la noción de


"estado primordial" del hombre: para Guénon, el Grial representa a aquel que
posee integralmente la "Tradición primordial y que ha llegado al grado de
conocimiento efectivo que implica esencialmente esta posesión. Debido a ello está
reintegrado en la plenitud del estado primordial". A ambas nociones, "estado
primordial" y "Tradición primordial", le parece deber referir el doble sentido
inherente a la propia palabra Grial:

"…pues, por una de esas asimilaciones verbales que a menudo desempeñan en


el simbolismo un papel nada despreciable, y que tienen por otra parte razones
mucho más profundas de lo que pudiera imaginarse a primera vista, el Grial es a la
vez un vaso (grasale) y un libro (gradale o graduale); este último aspecto designa
manifiestamente a la tradición, mientras que el otro concierne más directamente al
estado mismo" (pp. 44-45).

d) las "funciones" representativas de esta Tradición sagrada, de origen "no


humano", y existente en el interior de organizaciones depositarias de esta Tradición
o gobernando a una humanidad: Guénon cita a este respecto al Legislador o Manu,
identificado con el Principio rector o "central" de la Tradición primordial, con el jefe
supremo de un centro o región mítica llamada Agarttha según Saint-Yves
d’Alveydre, con el Pontífice supremo, con el Rey-Pontífice detentor de los podres
profético, sacerdotal y real, con el "Rey del Mundo":

"Por lo que acabamos de decir, puede ya comprenderse que el "Rey del Mundo"
debe tener una función esencialmente ordenadora y reguladora (y se advertirá que
no carece de razón el que esta última palabra tenga la misma raíz que rex y
regere), función que puede resumirse en una palabra como "equilibrio" o
"armonía", lo que precisamente indica en sánscrito el término Dharma: lo que
entendemos por ello es el reflejo, en el mundo manifestado, de la inmutabilidad del
Principio supremo" (op. cit., cap. "Realeza y Pontificado", pp. 20-21).
e) En fin, el carácter "válido" de las tradiciones secundarias que proceden de la
Tradición primordial, siendo esta misma validez atestiguada por un
"reconocimiento" de auténtica filiación. Teniendo en cuenta lo que hemos indicado
en d), es evidente que este "reconocimiento", al epifanizar el estrecho vínculo entre
la Tradición primordial y la tradición derivada o secundaria, se ejercerá por
mediación de "personajes" que simbolizan las funciones supremas señaladas
anteriormente, o representativos de la Tradición original.

Un pasaje del Roi du Monde es significativo a este respecto: Guénon compara


el sentido del "doble poder sacerdotal y real" con las distinciones que separan a
cada una de las funciones tradicionales en las doctrinas hindúes, y escribe:

"…al Brahâtmâ pertenece la plenitud de los dos poderes sacerdotal y real


considerados principialmente y en cierto modo en estado indiferenciado; ambos
poderes se distinguen después para manifestarse. El Mahâtmâ representa más
especialmente el poder sacerdotal, y el Mahânga el poder real. Esta distinción
corresponde a la existente entre Brahmanes y Kshatriyas; pero, por otra parte,
estando "más allá de las castas", el Mahâtmâ y el Mahânga tienen en sí mismos, al
igual que el Brahâtmâ, un carácter a la vez sacerdotal y real".

Este propósito le llevará a precisar un punto que hasta entonces no le parecía


haber sido explicado de una manera satisfactoria, a pesar de su importancia, y que
concierne a la función de los "Reyes Magos" del Evangelio, que unen en ellos los
dos poderes; estos misteriosos personajes representan en realidad a los tres jefes
del Agarttha.

El Mahânga ofrece al Cristo el oro y le saluda como "Rey"; el Mahâtmâ le ofrece


incienso y le saluda como "Sacerdote"; finalmente, el Brahâtmâ le ofrece la mirra
(el bálsamo de incorruptibilidad, imagen del Amritâ) y le saluda como "Profeta" o
Maestro espiritual por excelencia. El homenaje así rendido al Cristo naciente, en los
tres mundos que son sus dominios respectivos, por los representantes auténticos
de la Tradición primordial, es al mismo tiempo, nótese bien, la prueba de la
perfecta ortodoxia del Cristianismo con respecto a ésta" (17) (cap. "Las tres
funciones supremas", p. 36).

Hemos puesto en cursivas la última frase de este extracto a propósito, bien en


ella se halla la aplicación al Cristianismo de los principios guénonianos que
acabamos de recordar.

La conclusión se impone por sí misma: jamás los intérpretes de los dogmas o de la


historia religiosa en las Iglesias cristianas han querido atribuir a los Reyes magos la
"función" que según Guénon les corresponde en la economía tradicional del
monoteísmo, y ello por alguna razón.

Se trata entonces de un nuevo motivo de desacuerdo entre el monoteísmo y la


noción guénoniana de Tradición primordial.

Antes de examinar más en profundidad las perspectivas de René Guénon,


enumeraremos los puntos de su obra relativos a esta noción de Tradición
primordial, ligada en el judeo-cristianismo, tal como ya hemos sugerido, al
personaje de Melkitsedeq.

LAS OBRAS DE RENÉ GUÉNON Y LAS REFERENCIAS A LA TRADICIÓN


PRIMORDIAL

No indicaremos, en esta nomenclatura, los pasajes en relación directa con


Melkitsedeq; los detallaremos en otra parte de esta obra. En efecto, más adelante
ofreceremos una clasificación detallada, por obras, tema tratada, página, etc.; por
ahora nos limitaremos a indicar de la forma que sigue las obras de Guénon en las
que se trata de la Tradición primordial:

1. Symboles fondamentaux de la Science sacrée: introducción, caps. I, II, III, IV,


VI, VII, VIII, X, XI, XII, XVII, XVIII, XXII, XXIII, XXIV, XXV, XXVIII, XXXI, XXXV,
LIV, LXIV y LXX.
2. La Grande Triade: prólogo, caps. XXVI y XXV.
3. Le Roi du Monde: caps. I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, X y XI.
4. Comptes rendus: pp. 28, 125, 188 y 200.
5. Aperçus sur l’ésotérisme chrétien: pp. 30, 33, 34, 35, 37, 38, 86, 97 y 102.
6. Etudes sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage:
Tomo I: p. 22.
Tomo II: pp. 26, 27, 29, 35, 42 y 54.
7. Formes traditionnelles et cycles cosmiques: pp. 45, 46, 48, 49, 50, 66, 72, 101,
103 y 166.

NOTAS

1. Etudes sur l’Hindouisme, pp. 112 y 113.


2. Ibid.
3. Ibid.
4. Ibid.
5. Ibid.
6. Ibid., pp. 113 y 114.
7. Ibid.
8. Ibid.
9. Ibid.
10. No vamos a discutir aquí el fundamento de esta afirmación, limitándonos a
reproducir, en este extracto, el pensamiento de René Guénon.
11. Op. cit., pp. 174 y 175, reseña de la obra de R. Krishnaswami Aiyar, Thoughts
from the Eternal Law.
12. A veces se olvida que la "igualdad de las formas tradicionales" concierne a los
fines metafísicos del Universo y del hombre, al retorno a Dios, objetivo último y
original del Universo y del hombre. En cambio, esta igualdad bien puede conciliarse
con el beneficio de medios privilegiados en el interior de una forma tradicional
particular: "Para Dios todo es posible" (Marcos, 10, 27). Así debe comprenderse la
"economía de la salvación" en el Cristianismo por la Gracia de Cristo y de su
Resurrección.
13. Cf. F. Schuon, De l’unité transcendante des religions, Gallimard, NRF, col.
"Tradition", 1948.
14. Cf., especialmente, su reseña de los artículos de A. K. Coomaraswamy en
Speculum, revista de estudios medievales publicada por la Mediaeval Academy of
America: "Formes traditionnelles et cicles cosmiques", cap. "La Kabbale juive", pp.
100-101.
15. Dervy-Livres, 1979.
16. Remarcado por nosotros.
17. Remarcado por nosotros.

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LA TRADICIÓN PRIMORDIAL - TEXTOS TRADICIONALES