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Miriam Arelis Quiñones

Textos Bíblicos Santa Biblia, Versión Reina Valera 1960 Publicado en Ponce, Puerto Rico Impreso en Ponce, Puerto Rico Printed in Ponce, Puerto Rico Por, Miriam Arelis Quiñones Santiago 2010

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Dios no se Equivoca

Dios no se Equivoca

Miriam Arelis Quiñones

Miriam Arelis Quiñones

Dios no se Equivoca

Dedicatoria:

Primeramente quiero dedicar este libro a mi hermanita Marta Mireli Gilbes

Santiago. A ti Martita, por ser una hermanita tan especial, porque llegaste a

nuestras vidas a traernos alegría y a contagiarnos con tu inocencia y ternura. Si

tuviese la oportunidad de volver a vivir mi vida volvería a tenerte en mi vida

sin importar las consecuencias.

Si tuviese la oportunidad de volver a vivir mi vida volvería a tenerte en mi vida

Miriam Arelis Quiñones

Quiero que nunca te avergüences de tu origen porque Dios no se equivoca y si

tu papá y mi mamá no se hubiesen casado no estarías en mi vida. Tus padres

te

concibieron,

pero Dios

fue

tu

creador.

no

eres

culpable de

las

actuaciones de otros. Tú eres un ser humano diferente si así tú lo quieres. Eres

la mejor hermana que cualquier ser humano quisiera tener. Te admiro y estoy

muy orgullosa de ti como joven, como hermana y como ser humano. Eres lo

más importante en mi vida. Eres lo mejor que nos ha pasado en la vida. Espero

que me puedas ver como un ejemplo y que puedas aprender de mis errores y

ser una persona exitosa y bendecida por Dios. Recuerda que más de lo que te

amo yo, te ama Dios. A ti en especial dedico este libro. Te amo.

También dedico este libro al ser que me dio la vida, mi madre, Miriam

Santiago Cruz. Mami, me siento sumamente orgullosa de ser tu hija. Si

volviese a nacer y tuviese la oportunidad de escoger quien sería el Ángel que

me cuidaría en este mundo te escogería a ti sin dudarlo. Por ser una madre

muy especial, luchadora incansable, valiente y amorosa. Porque se ha partido

el lomo para sacarnos adelante sola y darnos lo mejor a su alcance. Porque a

Dios no se Equivoca

pesar de haber sufrido abusos supo darnos amor. Te amo, Mami. A ti Sabala

González Rosado, mi esposo, el amor de mi vida. Por ser ese ángel que Dios

tiene para cada uno de nosotros. Dios no se Equivoca y siempre llega a

tiempo, así llegaste tú a mi vida cuando menos lo imaginé, cuando no pensé

que podía ser amada. A enseñarme que es posible a amar, creer y confiar. Que

es posible ser feliz. Que no todo estaba perdido en esta vida. Me has enseñado

a que el amor va más allá de las palabras, el dolor, la distancia, los años, las

personas y los problemas. Gracias por ser como eres y quien eres. Gracias por

tu amor hacia mí. Te amo, mi amor.

Por último, pero no menos importante dedico este libro a mi hermana en

Cristo y mi mejor amiga a Irma I. Muñiz Crespo. Querida Irma porque has

sido más que una amiga para mí. Eres como mi hermana mayor. Siempre le

preguntaba a Dios, porque yo tuve que ser la mayor y porque no tuve una

hermana mayor que me aconsejara y me entendiera. Y como Dios no se

equivoca luego de muchos años me regaló esa hermana mayor que siempre

quise tener. Gracias por tu cariño y por tu apoyo incondicional. Gracias por

Miriam Arelis Quiñones

ser como eres. El Señor me ha bendecido contigo en mi vida. Te amo mucho,

Irma. Dedico este proyecto a cada persona que se identifique con esta historia.

A cada persona que haya pasado por algunas de las situaciones por las que yo

pasé y pueda ser edificada con la obra que Dios ha hecho en mi vida. Que

pueda ser restaurada por la mano poderosa del Señor. A cada alma de

salvación que el Señor quiera hablar y rescatar para manifestar su gloria a

través de este trabajo. Hecho exclusivamente con el propósito de exaltar a

Dios. Dedico este trabajo a todos ustedes.

Les ama,

Miriam Arelis Quiñones

Dios no se Equivoca

Prólogo

Este libro más que una historia, revela en detalles mi testimonio, mi vida. El

testimonio de la obra milagrosa y restauradora que Jesucristo ha hecho en mi

vida. Conociendo de cerca lo que es un hogar disfuncional, la violencia

doméstica, el abuso verbal, psicológico y sexual, la infidelidad, la infertilidad

y el divorcio. Dios puede llenar el vacío en el corazón del hombre y llenarlo

de misericordia, amor y perdón. Cómo una joven rebelde con la vida y con

Dios se convirtió en una joven que ama, perdona y sirve a un Dios vivo. Cómo

una joven que pensaba que Dios se había equivocado, por haberla permitido

nacer en las circunstancias que nació, se convirtió en una joven que ahora

entiende que Dios no se Equivoca y que su vida tiene un propósito y todas las

circunstancias de su vida la han encaminado a ese propósito divino del Señor

para su vida.

un propósito y todas las circunstancias de su vida la han encaminado a ese propósito divino

Miriam Arelis Quiñones

Miriam Arelis Quiñones

Dios no se Equivoca

Dios no se Equivoca

Miriam Arelis Quiñones

La Historia

La historia de mi vida comenzó

un

24 agosto

de 1980

a

las 3:05

de

la

madrugada en la Sala de Partos del Hospital de Distrito en la ciudad de Ponce.

Fui la primera hija de un matrimonio de un año de casados quienes anhelaban

su primer retoño. Todo matrimonio que desea un hijo lo más lógico, es que al

saber la noticia de su nacimiento sus vidas se llenen de alegría, ese no fue mi

caso.

un hijo lo más lógico, es que al saber la noticia de su nacimiento sus vidas

Dios no se Equivoca

Para mi madre fue la mayor alegría, mi nacimiento la convertía en madre lo

que más deseaba en ese momento de su vida. Para mi padre mi nacimiento fue

una decepción, lo que más deseaba era un varón, su primogénito, su heredero,

pero fui niña por tal motivo mi padre no quiso ir a verme al cuidado natal en el

hospital, ni fue a buscar a mi madre cuando le dieron de alta conmigo en

brazos.

quiso ir a verme al cuidado natal en el hospital, ni fue a buscar a mi

Miriam Arelis Quiñones

Al estar en la casa ni me quería ver a la cara ni cogerme en sus brazos. Lo que

entristeció mucho a mi madre y la desilusionó de mi padre, por lo que decidió

separarse de él. Cuando mi padre se enteró, entró en razón, se acercó a mi

cuna y me contempló dándose cuenta de que yo era su misma imagen. Él lloró

amargamente y me tomó en sus brazos.

a mi cuna y me contempló dándose cuenta de que yo era su misma imagen. Él

Dios no se Equivoca

Mis padres con la ayuda de mi abuelo paterno compraron una casa en un lugar

muy hermoso. Al pasar el tiempo, mi padre perdió su trabajo y mi madre salió

a buscar trabajo. Comenzó a trabajar en un colegio como secretaria. Al poco

tiempo mi padre logró conseguir otro empleo y ambos decidieron conservar

sus empleos para darme un mejor futuro.

Al poco tiempo mi padre logró conseguir otro empleo y ambos decidieron conservar sus empleos para

Miriam Arelis Quiñones

Para poder trabajar mi madre me llevaba a un cuido en el que aún a veces

puedo recordar cómo me maltrataban. Me maltrataban y me mantenían en una

esquina, me gritaban y castigaban tanto que me enfermé de los nervios. A tal

gravedad que un día casi le arranqué un pedazo de piel de un mordisco a otro

niño, que cuidaban conmigo. Mi madre tuvo que llevarme a otro lugar a

cuidar, porque no me quisieron más allí. Me llevaron a otro cuido en el que

estuve poco tiempo porque mi tía, la hermana menor de mi madre, vino de los

Estados Unidos para vivir con mi familia. Mi madre le encargó cuidarme

como trabajo para que ella pudiera generar un ingreso. Aun siendo yo su

sobrina, no me cuidaba bien. Siempre que mi madre llegaba yo estaba con la

misma ropa, nunca comía y ella decía que yo nunca quería ir al baño con ella.

Mi madre comenzó a sospechar y dudar de ella, por lo que un día decidió salir

temprano de su trabajo y llegó pasando desapercibida. Escondida detrás de la

puerta de mi cuarto escuchó cuando llorando yo le pedía a mi tía que me

llevara al baño. Yo no sabía bajarme de la cuna y ella me gritaba que no.

Cuando mi madre entró, yo estaba llorando del dolor tan fuerte que tenía,

Dios no se Equivoca

inmediatamente mi madre me llevó corriendo al hospital, donde tuvieron que

hacerme una incisión.

Dios no se Equivoca inmediatamente mi madre me llevó corriendo al hospital, donde tuvieron que hacerme

Miriam Arelis Quiñones

De tanto aguantar, mi vejiga se cerró y ya no podía ir al baño. Mi madre se

desesperó porque al llevarme al médico, éste le indicó que si ella no dejaba de

trabajar para atenderme me podía traumatizar aún más y tal vez no iba a haber

solución para mí. Era muy pequeña para tantos cambios, maltrato y tanta

presión.

Al mismo tiempo me enfermé, lo que puso a mi madre en un corre y corre del

médico a la farmacia y de la farmacia a la casa. Al revisar mis medicinas y

colocarlas en el botiquín, se dio cuenta de que su menstruación estaba atrasada

hacía tres meses. Por tantos problemas conmigo no se había dado cuenta.

cuenta de que su menstruación estaba atrasada hacía tres meses. Por tantos problemas conmigo no se

Dios no se Equivoca

Mis padres estaban tratando de evitar los hijos por el momento, pero ya era

muy tarde mi madre estaba embarazada. Tenía tres meses de embarazo cuando

nos enteramos de que yo tendría un hermanito o hermanita. Mi padre estaba

muy feliz y en esa ocasión si deseaba una niña. Nació la nueva criatura y

como deseaba mi padre, mi madre dio a luz una niña.

Para mí fue una emoción grande, aún puedo recordar cuando fuimos a

buscarla al hospital, una hermanita para yo jugar. Pasó el tiempo y debido a

las fiestas y la bebida, mi padre perdió su empleo nuevamente y como mi

madre ya no trabajaba perdimos nuestra casa. Tuvimos que ir a vivir con

nuestros abuelos paternos por un tiempo.

y como mi madre ya no trabajaba perdimos nuestra casa. Tuvimos que ir a vivir con

Miriam Arelis Quiñones

Todo estaba muy bien, hasta que mi tío llegó también a vivir con su familia a

la misma casa. No cabíamos y mis padres tuvieron muchas discusiones porque

mis primos varones que eran mayores y más grandes nos golpeaban mucho.

Lo que provocó un día una ardua discusión entre mis padres. Éste se mantuvo

a favor de su familia y en contra de nosotras.

Mi madre se enojó y se fue de la casa con nosotras a casa de su familia de

crianza en otro pueblo. Allá estuvimos mucho tiempo hasta que mi padre

recapacitó y nos fue a buscar prometiéndonos que tendríamos una casa propia.

Mi madre pensó que mejorarían las cosas porque él le prometió que iba a

poner de su parte.

Mi madre le creyó y nos fuimos con mi padre a una casa que en la oscuridad

de la noche parecía hermosa, pero que al día siguiente a la luz del día era una

casa inhabitable en la orilla de la playa. Pero, ¿qué podía hacer mi madre? No

teníamos a donde ir, así que poco a poco ella trató de arreglar un poco la casa

haciéndola ver más linda. A mí me encantaba. Recuerdo que en las mañanas,

los fines de semana, yo bajaba a la playa a buscar caracoles, corría detrás de

Dios no se Equivoca

los jueyes y agarraba “cobitos”. Tenía cuatro añitos y me matricularon en un

preescolar que yo odiaba, no porque fuera malo, sino porque no me gustaba

separarme de mi madre. Todos los días llegaba llorando y aunque ya sabía

escribir y colorear muy bien, cuando llegaba de mal humor hacía todo mal.

Uno

de

esos

días

que

llegaba

llorando

desgarradamente,

mi

madre

se

compadeció y regresamos a la casa que quedaba muy lejos. Al llegar nos

percatamos que el portón, que era muy frágil, estaba roto. Nos asustamos,

sabíamos que alguien había entrado a la casa. Al entrar, todo estaba en

desorden y se habían robado el televisor, prendas, el radio y unas cosas más.

a la casa. Al entrar, todo estaba en desorden y se habían robado el televisor, prendas,

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Mi madre estaba muy nerviosa y le pidió a mi padre que fuera a hablar con

mis abuelos paternos para que lo ayudaran a buscar otra casa porque era muy

peligroso permanecer allí. En las noches, como vivíamos frente a una

autopista algo podía pasar y nadie podría ayudarnos. No había muchas casas

alrededor solo establecimientos como barras y restaurantes. Mi padre salió a la

casa de mis abuelos y no regresó.

Mi madre del miedo se comenzó a enfermar de los nervios y me asustaba

mucho. Me decía que si alguien entraba o escuchaba algún ruido que tomara a

mi hermanita de solo un añito y medio en los brazos, nos escondiéramos

debajo de la cama y escuchara lo que escuchara que no saliera ni hiciera ruido.

Lo que me mantenía la mayor parte de la noche despierta velando a mi madre

y a mi hermanita que dormíamos todas en un mismo cuarto. Luego de varias

semanas apareció mi padre a traer compra y se fue. Mi madre iba de mal en

peor, estaba en una especie de depresión, no se levantaba de la cama. Muchas

veces yo le daba la leche a mi hermanita. Recuerdo que una vez la bebé no

tenía leche preparada, intentando prender la estufa de gas me quemé un dedo

Dios no se Equivoca

con los fósforos. Me puse una media en la mano para que mi mamá no lo

notara. Cuando se dio cuenta comenzó a llorar y me pidió perdón por haberme

dejado la responsabilidad de atender a mi hermanita con tan solo cuatro años.

Ella se levantó y salió de la casa con nosotras con un dinero que tenía

escondido

debajo

de

la

cama

y

nos

fuimos

caminando.

Recuerdo

que

caminamos mucho bajo el sol hasta que conseguimos transportación pública y

llegamos hasta la casa de mis abuelos paternos. Quienes al enterarse de todo

se escandalizaron y nos consiguieron una casa alquilada en otro lugar. Como

siempre le resolvían todos los problemas a mi padre. Esta vez, sí era una casa

grande y hermosa en la cual yo tenía un cuarto para mí solita y tenía patio.

a mi padre. Esta vez, sí era una casa grande y hermosa en la cual yo

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Yo estaba muy emocionada con la nueva casa y con la idea de que iba para el

kindergarten”. Yo pensaba que las cosas serían mejores. Mi padre había

dejado la bebida y las fiestas. Pero no fue por mucho tiempo. Comenzó a

beber de nuevo, no pagaba las cuentas y mis abuelos tenían que resolvernos

los

problemas.

Recuerdo

que

muchas

veces

pasamos

días

sin

comer.

pagaba las cuentas y mis abuelos tenían que resolvernos los problemas. Recuerdo que muchas veces pasamos

Dios no se Equivoca

Yo buscaba en la nevera y comía hielo para mitigar el hambre. Mi abuela tenía

que hacer compra y pagar las cuentas. Así pasaron muchos años. Todos los

años fueron iguales. Discusiones y más discusiones. Todas las navidades mis

padres peleaban porque mi papá nunca tenía dinero para nuestros regalos. Para

los comienzos de clases mi mamá tenía que llorarles a mis abuelos para que

nos compraran la ropa y materiales escolares. El alcoholismo de mi padre era

tan grande que cada semana su sueldo se lo acababa bebiendo. Sin pensar en

la comida, las cuentas, ni en nosotras. Mi madre soportó durante once años

hasta que no pudo más. Cuando yo estaba ya en quinto grado mi mamá se

sentó y me explicó que su matrimonio con mi padre ya no funcionaba.

Él no era responsable con nosotras y su amor por él había acabado. Yo lloré

mucho, pero la entendí y sabía que tenía razón. Era mi papá y yo lo quería

viviendo con nosotras, pero nada pude hacer para impedirlo. Un día al regresar

de la escuela vi cuando mi padre recogía sus cosas y en vez de darme un beso

cuando llegué, me empujó y salió de la casa. Le gritó a mi madre que él ya no

tenía esposa ni hijas.

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Palabras que se quedaron grabadas en mi pensamiento y en mi corazón,

palabras que crearon una raíz de amargura grande en mi alma y mi corazón.

Pasó un tiempo y mis padres se divorciaron. Era un hecho, ya no había marcha

atrás. Ese día mi padre vino y me pidió perdón por sus palabras y me prometió

que nos iba a buscar un fin de semana alterno y que en navidad y verano nos

iríamos con él por más días. En nuestro cumpleaños estaría con nosotras, al

igual que en todos los momentos más importantes y yo le creí. Pasaron los

meses y mi madre conoció a alguien más. Alguien que logró llenar su corazón

dolido y vacío. Alguien que con su dulzura y detalles la enamoró. Pagó las

cuentas atrasadas e hizo compra cuando vio la alacena vacía.

Nos dijo a nosotras que él no quería ocupar el lugar de nuestro padre, que nos

iba a querer mucho y esperaba que nosotras lo quisiéramos también. Él iba a

ser nuestro amigo y yo le creí. Pasó el tiempo y estábamos muy contentas. Nos

llevaba a pasear y nos compraba muchas cosas. Detalles que mi padre nunca

tuvo con nosotras. Lo que convenció a mi madre para darle el sí y casarse con

Dios no se Equivoca

él, luego de llevar varios meses conviviendo con él y al enterarse también de

que estaba embarazada.

La doble noticia nos llenó de alegría, tendríamos otro hermanito o hermanita.

También tendríamos otro papá, porque pensábamos en algún día llamarlo

papá. Pasaron los meses y nació la nueva criatura, otra niña. Una niña muy

hermosa a quien yo iba a ayudar a cuidar porque era la mayor. La bebé, la

reina, la querendona de la casa. Mi mamá ayudaba a su esposo en un negocio

estilo colmado y cafetería que tenían. Al llegar de la escuela, yo ayudaba a mi

madre con el cuidado de mi hermanita menor, porque ya tenía once años.

Tuve que aprender a cocinar, ya que el trabajo de mi madre en el negocio era

muy fuerte y a mí me obligaban a ayudarla con los quehaceres del hogar. Mi

hermanita menor tenía ya alrededor de un año.

Durante todo ese tiempo, vi muy poco a mi padre. Cuando nos iba a buscar

nos dejaba con mis abuelos con quienes vivía y se iba de parranda; no lo

veíamos hasta el día de devolvernos con mi madre. Recuerdo como el día de

mi graduación de sexto grado yo estaba muy emocionada. Mi padre había

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prometido ir a desfilar conmigo. Me iba a ver cuándo diera el mensaje a la

niña que recibiría el premio llamado “La Escalera Simbólica”; premio que yo

había recibido en quinto grado por mis notas sobresalientes.

Cuando me tocó desfilar, mi padre no había llegado así que tuve que desfilar

sola; porque las niñas tenían que desfilar con sus padres y los niños con sus

madres, por lo tanto, yo fui la única niña que desfiló sola. Me puse muy triste,

pero mi madre fue a mi asiento y me dio un beso. Me dijo que ella iba a estar

de pie cuando me tocara dar el mensaje especial y que cuando estuviese en el

podio que la mirara a ella y que no me pusiera nerviosa que todo me iba a salir

muy bien. Eso me dio confianza y seguridad. Así que al llamarme para el

mensaje me levanté muy segura y tranquila, pero al estar frente al público,

mirar y no ver a mi padre no me pude contener. Mis ojos se llenaron de

lágrimas y mi boca se cerró, no podía hablar. Miré de nuevo al público y vi

cuando mi madre se puso de pie y me hacía gestos de que todo saldría bien

Dios no se Equivoca

Dios no se Equivoca Cuando de momento mi padre entró apresurado por la puerta, me miró

Cuando de momento mi padre entró apresurado por la puerta, me miró y me

sonrió. Yo me sonreí y comencé a dar el mensaje, al terminar todos me

aplaudieron de pie. Se dieron cuenta de lo importante que era para mí, que mis

padres estuviesen allí conmigo. Al finalizar de entregar el premio a la niña,

caminé hacia mi asiento, en realidad quería correr hasta donde mi padre,

abrazarlo y lo hice. Mi emoción era tan grande, verlo allí conmigo en ese

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momento tan importante para mí. Era muy feliz al ver a mis padres allí,

aunque

ya

no

estaban

casados,

estaban

allí

conmigo.

allí, aunque ya no estaban casados, estaban allí conmigo. Esa felicidad se acabó cuando al finalizar

Esa felicidad se acabó cuando al finalizar la graduación y todos se retrataban,

mi papá fue a donde mí. Me dio un regalito de parte de mis abuelos y me dijo

que se tenía que ir. Yo le pedí que se quedara pues a todos los niños los iban a

retratar con sus padres. Teníamos que desfilar para salir y yo tenía que desfilar

con él, me dijo que no y se fue. Eso me dio mucha tristeza, entonces mi mamá

Dios no se Equivoca

al ver que mi padre se había ido ella me tomó de la mano y desfiló conmigo.

Eso me desilusionó de mi padre aún más. Lo que provocó que cada día lo

desconociera más y confiara menos en él para poder hablar con él y contarle

mis

cosas.

Mi

padre nunca nos sentó en su falda, ni nos dio un beso, ni nos dijo una

palabra de cariño. Para que eso ocurriera, primero debía estar borracho, lo que

me entristecía y comenzó a llenarme de rencor. Cuando menos lo esperaba

dejó de buscarnos.

Luego de unos meses sin verlo, una mañana mientras me preparaba para ir a la

escuela intermedia. Llegó mi papá llamándonos llorando. Mi abuelo había

fallecido. Mi corazón se rompió en mil pedazos, yo lo amaba mucho. Cuando

mi padre no nos abrazó ni nos besó él lo hizo. Nunca nos dijeron que estaba

enfermo. Luego me enteré de que el pidió vernos y no nos llevaron con él, lo

que me destrozó más pues murió con ganas de vernos. Ese día no fuimos a la

escuela y fuimos a la funeraria. Allí lloramos junto a su féretro por largas

horas. Yo no entendía porque mi abuelo había muerto. Si yo lo quería tanto.

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¿Por qué Dios se lo había llevado de mi lado? ¿Qué tenía Dios en mi contra?

Y le reclamé en mi llanto frente al cuerpo fallecido de mi abuelo. Le decía que

se había equivocado de persona que mi abuelito no debió de morir, él era tan

bueno.

que mi abuelito no debió de morir, él era tan bueno. Mientras mi padre se emborrachaba

Mientras mi padre se emborrachaba de la tristeza. Al tercer día lo enterraron.

Esa es la sensación más triste y desgarradora que un niño o cualquier ser

Dios no se Equivoca

humano puede pasar. Saber que ya no lo verás más. Mi padre no había llorado

durante el funeral, pero al cerrar el ataúd, sus emociones estallaron y lo vi

llorar desconsoladamente. Nosotras con él lloramos también. Desde ese día mi

padre perdió la noción de la realidad y se entregó mucho más al alcohol. Ese

día lo perdí para siempre. Si antes lo veíamos poco, mucho menos después de

la muerte de mi abuelo. Lo que ocasionó en mí un dolor y un gran vacío, yo

necesitaba a mi papá. Intenté buscarlo en el esposo de mi madre a quien había

aprendido a respetar, pero no lo encontré. Luego de que se casó con mi madre

y la bebé nació, su carácter cambió totalmente, era otra persona.

Se convirtió en un ser arrogante, pedante, agresivo y antipático. Lo que me

hizo entender que era un hipócrita. Demostró una cara para ganarse la entrada

a nuestra casa, pero luego dejó salir su verdadera personalidad. Ya no era

respeto ni estima lo que sentía por él sino terror y repudio por mentir y

engañarnos. Mi madre estaba ciega y no entendía razones.

Mi situación empeoró cuando ese hombre comenzó a hacerme acercamientos

que no eran correctos y que me aterraban. Me había convertido en una señorita

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y entendía sus actitudes e insinuaciones. Tenía tanto miedo, no podía hablar.

Hasta que esas insinuaciones se convirtieron en actos repudiables a los que fui

sometida cada vez que él quería. Me amenazaba con hacerle daño a mi mamá.

Un día lo rechacé y me negué a ceder a sus propósitos. Ese día pude ver de lo

que era capaz, de la nada comenzó a golpear a mi madre. Tuvimos que llamar

a la policía para que lo sacaran de la casa. Me sentí culpable, yo pude haber

evitado ese dolor a mi madre. Al pasar los días, él logró contentar a mi madre

y se reconciliaron por lo que mi madre decidió no radicarle cargos por

violencia doméstica. Lo que me aterrorizó, estaba nuevamente a su merced.

De nuevo volví a ser objeto de sus deseos más repugnantes y descabellados.

Dios no se Equivoca

Dios no se Equivoca Yo solo era una niña y él me tocaba a su antojo

Yo solo era una niña y él me tocaba a su antojo y me hacía tocarle. Cada vez

que su mano me tocaba sentía que una parte de mí moría, que una parte de mí

se perdía, que lo más valioso de mi vida era arrebatado. Lo que me provocaba

repugnancia y odio. Cada día que pasaba acumulaba más odio y rencor en mi

corazón.

Le tenía un miedo increíble que no me atrevía a hablar. Solo intentaba

proteger a mi madre y que “reinara” la paz en nuestra casa aunque yo tuviese

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que sacrificarme de esa manera. Así pasaban mis largos años en los que cada

vez veía menos a mi padre. Hasta que un día decidió irse a los Estados Unidos

lo que me hizo sentir aún más desprotegida.

Mi odio hacia ese hombre fue tan grande que lo expresaba en un diario que

guardaba con celo, pero en el cual no escribí nunca las verdaderas razones.

Lamentablemente en mi último grado de escuela intermedia, ese hombre con

un corazón lleno de maldad buscando entre mis cosas encontró mi diario. Lo

leyó y se lo enseñó a mi madre. Lo que indignó mucho a mi madre y me

castigó, ella pensaba que yo lo odiaba injustificadamente. Ese día odié a mi

madre, me castigó, mientras yo la protegía (aunque ella no lo sabía) y ella veía

como él nos trataba. Muchas veces él nos decía “bestias”, “animales”, “brutas”

nos insultaba con palabras soeces y obscenas. Me decía que yo no valía nada,

que yo no servía para nada. Cuando tenía coraje aunque no fuera por nuestra

culpa

nos

castigaba

y

nos

aprendiéramos a respetar.

dejaba

sin

comer,

ni

bañarnos

para

que

Dios no se Equivoca

Recuerdo una vez, que en su negocio estábamos cuidando la bebé y mientras

le cambiaba el pañal la bebé se volvió a ensuciar. Eso me causó risa; aquel

hombre, al verme reír, se indignó y nos haló por el brazo y nos sentó a mi

hermana y a mí en una silla. No nos dejó levantarnos en todo el día, solo para

ir al baño, sin comer ni tomar agua hasta la noche. Mi madre lo apoyaba, él le

llenaba la cabeza de ideas en nuestra contra, diciéndole que necesitábamos

disciplina.

También recuerdo como nos obligaba a comer cosas que no nos gustaban. Si

no las comíamos nos enviaba a acostar sin comer para que la próxima vez nos

comiéramos todo. Cuando decíamos que algo no nos gustaba hacía que mi

mamá lo cocinara más seguido para obligarnos a comerlo. En mi diario yo

había escrito que no quería que él fuera a mi graduación, porque yo lo odiaba

y no era mi padre para estar allí. Este hombre no fue, pero mi padre tampoco,

después que me había prometido que viajaría para verme graduar, nunca llegó.

Otro día importante para mí y mi padre no estuvo presente.

Miriam Arelis Quiñones

Miriam Arelis Quiñones Cuando recibí mis premios nuevamente entre el público la única cara que encontré

Cuando recibí mis premios nuevamente entre el público la única cara que

encontré fue la de mi madre. Nuevamente entre los retratos de graduación mi

padre no aparecería. Como había recibido muchos premios y honores por mis

calificaciones,

mi

madre

me

dio

permiso

para

salir

a

pasear

con

mis

compañeras y compañeros de clase. Luego de un día tan divertido y feliz,

Dios no se Equivoca

cuando regresé a mi casa mi madre no estaba. Un vecino me dijo que fuera a

casa de los suegros de mi mamá, que ella estaba allí, algo había pasado, que

me fuera con ella. Yo salí corriendo y llorando para ver qué había pasado.

Cuando llegué a donde ella estaba, la vi golpeada. Su cara estaba marcada y

lloraba sin parar junto a mis hermanas. Al preguntarle, me dijo que ella y su

esposo habían tenido una discusión por ella haberme dejado ir a pasear. Él la

golpeó hasta que ella logró zafarse y salió corriendo con mis hermanas.

Según él yo no me merecía salir a pasear por escribir que lo odiaba; él no era

mi padre y no lo quería ver en mi graduación. Ella decidió abandonarlo e irse

para los Estados Unidos, pues allá vivían sus padres y toda su familia. Yo no

quería ir para allá, yo no los conocía y le pedí que me dejara quedarme con mi

abuela paterna que vivía sola en otro pueblo.

Después de tanto tiempo me sentía feliz, sería libre de la esclavitud, sería libre

de la prisión del silencio. Aunque al mismo tiempo sentía tristeza, por primera

vez me separaría de mi madre y mis hermanas, me sentía feliz. No me

Miriam Arelis Quiñones

molestarían más, ya nadie me insultaría, nadie me ofendería, ni me humillaría,

ni me abusaría; al fin sería libre. Ya podría dormir tranquila, sin temor al otro

día., sin temor a la mañana, sin temor a ser tocada, ni abusada. En cuestión de

días todo estaba vendido, mi madre con gran tristeza vendió todas nuestras

pertenencias a muy bajos precios para irse de inmediato. En cambio por otro

lado,

mi

prima

y

mi

abuela

comenzaron

a

diligenciar

los

pasos

para

matricularme en la escuela superior del pueblo en donde iba a vivir. Comencé

también a mudar mis cosas y a decorar el que sería mi nuevo cuarto. Mi padre

al saber que viviría con mi abuela se alegró mucho y me dijo que me llamaría

todas las semanas para hablar conmigo. Mi prima que estaba casada, se iba a

mudar al lado de mi abuela por lo que no me sentiría tan sola.

Mientras pasaban las semanas mi abuela se entusiasmó con celebrar mi fiesta

de quince años, los que pensé nunca celebraría. Con tantos problemas y tanta

tristeza ni recordaba que cumpliría mis quince años. Época en que una niña se

convierte en mujer, la etapa más “hermosa” de una adolescente, que para mí

había sido tronchada. Como mi cumpleaños era en agosto al igual que el de mi

Dios no se Equivoca

abuela, ella comenzó a hacer los preparativos. Comencé a ilusionarme por

primera vez en tanto tiempo. Mi madre antes de irse me regaló el vestido que

usaría. No era el vestido normal que usaban las quinceañeras, no era largo ni

de princesa, pero para mí estaba bien era muy bonito. Era blanco, hasta la

rodilla y con unas piedras muy hermosas. Junto con el traje me regaló unas

zapatillas blancas y unos zapatos altos de color plateado, color que había

escogido para decorar todo en la fiesta. Eso me alegró y me animó mucho.

Yo misma me confeccioné un arreglo con flores para el pelo, ya que no tenía

una corona, pero aun así era feliz. La fiesta fue muy sencilla, celebrada en la

marquesina de la casa de mi abuela. Pude invitar a todos mis compañeros de

escuela, con quienes me había graduado lo que me dio mucha emoción. Entre

ellos había un joven que me agradaba y además también incluyó a mi mejor

amiga.

Casi a pocos días de la fiesta mi madre me dio la terrible noticia de que

regresaba de los Estados Unidos, digo terrible, no por el hecho de que

regresara. Eso me alegraba, sino que regresaba a reconciliarse con el padre de

Miriam Arelis Quiñones

mi hermanita, con su esposo. Éste la había amenazado con acusarle de

secuestro por haberse llevado a su hija sin su consentimiento. Al preguntarle si

iba

a ir a mi fiesta de quince años me dijo que no. Lo que me destrozó el alma.

Me

dijo que yo me podía quedar con mi abuela y de vez en cuando la podía

visitar a su casa, lo que me dio un poco de calma. El solo hecho de saber que

tendría que regresar al calvario del ultraje y el sufrimiento, me aterraba. El

gran día de la fiesta me levanté algo triste y deprimida. Mi hermana se había

quedado conmigo para celebrar mi fiesta al igual que mi mejor amiga, a quien

mi abuela invitó a quedarse conmigo para ayudarme a arreglarme.

De sorpresa, mi mejor amiga me había traído su corona de quinceañero para

prestármela y eso me animó un poco. Sentía mucho el no tener a mis padres,

las personas más importantes en mi vida. Un día tan significativo, mi fiesta de

quince años. Al medio día mi padre me llamó para felicitarme y me cantó feliz

cumpleaños por teléfono lo que me hizo llorar muchísimo. Comencé a

prepararme con la ayuda de mi amiga y mi hermana.

Dios no se Equivoca

Comenzaron a llegar los invitados y entre ellos llegó una tía de mi padre. Ella

me dio la noticia de que me tenía muchas sorpresas para mi fiesta. Al terminar

de arreglarme, salí y había un carro deportivo convertible que me daría escolta

hasta la plaza y a la iglesia para que me retrataran y me tomaran video. Me

emocioné mucho, yo quería una ceremonia, pero no, no tuve una ceremonia.

Quien se había ofrecido para pagar y reservar la fecha no lo hizo. Por lo que

solo me llevaron a retratarme a las afueras de la iglesia. Me dieron una vuelta

por el pueblo, al llegar todos los invitados estaban allí y me aplaudieron al

bajar del carro. Me sentía como una princesa.

Miriam Arelis Quiñones

Miriam Arelis Quiñones Por unas horas me olvidé de lo que en realidad era mi vida,

Por unas horas me olvidé de lo que en realidad era mi vida, de lo que en

realidad era yo y en lo que me habían convertido. Por un día me olvidé de mi

tragedia, de mi pasado, de mi infancia, de mi adolescencia, de mi tristeza, de

mi inocencia perdida, de mis ilusiones robadas, de mi desdicha. Por un día me

olvidé por completo de la equivocación de Dios con mi vida.

Dios no se Equivoca

Ese día todo fue diferente, todo fue nuevo, todo fue hermoso, nada podía

dañar ese momento, todo fue perfecto. Me habían preparado un mensaje de

agradecimiento el cual leí y al finalizarlo escuche mi canción preferida. Fue

otra de las sorpresas que me tenían y la bailé con mi pareja de quinceañero, mi

primo, “La magia de tus quince años.”

Bailé, sonreí y disfruté como hacía tanto tiempo que no disfrutaba de algo. Sí,

magia, de eso estaba disfrutando ese día. Fue un día mágico, donde por arte de

magia de mi mente y mi corazón desaparecieron todas las cosas terribles que

había vivido. Todo mi mundo giraba a través de ese momento lleno de magia,

como un sueño, como un cuento de hadas. Como las princesas en los cuentos

que luego de sufrir, llegaba un príncipe azul a rescatarlas. Bailaban al final de

la historia y eran felices por siempre. Fui a compartir con los invitados entre

los

cuales había un joven que me observaba sin detenerse. Era muy guapo, era

mi

vecino en ese lugar. Lo evitaba porque no lo conocía. Además de que

ningún muchacho me había hecho algún acercamiento en mi vida. Yo pensaba

que era muy fea. Pensaba que de lo que era víctima, se reflejaba en mi cara a

Miriam Arelis Quiñones

los demás. Nadie se iba a fijar en mí, me sentía indigna, me sentía impura, me

sentía sucia. Pensaba que nadie me iba a aceptar por lo que yo era; por lo que

me había convertido. Que ningún joven aceptaría a una chica con el pasado

que yo arrastraba. Si lo hacían era para aprovecharse de mí. Él continuó

mirándome hasta que me hizo sonreír y olvidé por un momento todos mis

complejos y traumas.

Casi al finalizar la fiesta el joven que me agradaba me dio la triste noticia, de

que tenía novia. Lo que me hizo perder las esperanzas de enamorarme algún

día y tener novio. Aun así la felicidad que sentía era tan grande que no me

importó nada, seguí bailando y disfrutando mi fiesta, la que para mí fue la más

bonita de todas las fiestas y que jamás olvidaría. Me permitieron tomar video a

mis invitados para que me dieran sus deseos en mi cumpleaños.

Pude

ver

cuanta

gente

me

quería

y

me

deseaban

cosas

muy

bonitas.

Incluyendo al joven que tanto me observaba, quien me deseo encontrar el

amor. Al finalizar la fiesta, abrí mis regalos, entre los cuales había cosas muy

bonitas y dinero el que iba a usar para salir a pasear con mi mejor amiga al

Dios no se Equivoca

cine. Mi abuela ya me había dado permiso. Al pasar los días mis primos, que

también eran mis vecinos, me invitaron a ir con ellos a reunirse al lado de mi

casa con los demás vecinos jóvenes para hacer chistes y hablar. Mi abuela era

muy buena y confiaba en mí, me dio permiso con la condición de subir a la

hora estipulada por ella.

Allí entre los vecinos se encontraba aquel joven de la fiesta, lo cual me puso

muy nerviosa. Él intentando buscarme conversación se sentó a mi lado a

preguntarme por los regalos de mi cumpleaños y comenzamos a dialogar. Me

preguntó por mi familia y porque estaba viviendo allí. Él solo me había visto

cuando me quedaba con mi padre cuando estaba viviendo allí.

No sé por qué comencé a contarle mi historia como si lo conociera de siempre.

Obviamente le oculté mi pesadilla diaria mientras viví con mi madre. Él

comenzó a contarme sus problemas. Él vivía con su padre y sus hermanos

porque su madre los había abandonado; lo que me causó mucha tristeza. Así

pasaron las horas, contándonos nuestras historias que aunque muy distintas,

nos unían por el dolor y la desilusión. Dolor y desilusión que nos unió en una

Miriam Arelis Quiñones

linda amistad que poco a poco se convirtió en amor. Un amor puro, un amor

verdadero, para mí el primer amor. La primera ilusión, algo hermoso en mi

vida en medio de tanta desdicha. Algo que por primera vez en mi vida sentía.

El amor fue creciendo, aunque no podíamos compartir mucho porque mi

abuela no me permitía salir con él sola para protegerme. Tampoco podíamos

hablar mucho, porque mis nervios me impedían hablar con él.

salir con él sola para protegerme. Tampoco podíamos hablar mucho, porque mis nervios me impedían hablar

Dios no se Equivoca

Nuevamente la vida se ensañó conmigo. Luego de varios meses en la escuela

y de conocer el amor; la maldad me encontró y nuevamente me hizo su

esclava. Aquel hombre sin amor ni sentimientos de compasión ni misericordia,

convenció a mi madre de que yo tenía que vivir con ellos. Me hicieron

regresar al martirio, al infierno, al calvario, a la angustia. Mi abuela no pudo

evitar tal maleficio. Tuve que regresar, esa vez ese hombre me prometió que

había cambiado y que jamás me volvería a molestar. Me prometió que podía

quedarme estudiando en la escuela en la cual estaba lo que me agradó y me

convenía. Allí podría ver a mi amigo especial, quien ya me había declarado su

amor y me había convertido en su “novia”.

Hablé con mi “novio” y sus intenciones eran de visitarme en mi casa y hablar

con mi madre. Expresarle sus sentimientos hacia mí, lo que me confirmaba sus

buenas intenciones y su amor genuino. Al pasar las semanas todo cambió,

todas las promesas que yo creí de un hombre que no tenía el sentido mínimo

de la honestidad ni de la bondad se esfumaron. Logró engañarme, un día

mientras estaba en la clase de español me enviaron a buscar para ir a la oficina

Miriam Arelis Quiñones

de la directora. Donde estaban mi madre y ese malvado ser dándome de baja

de la escuela porque no me podían seguir “buscando y trayendo a esa escuela”

teniendo cerca de la casa una escuela.

Me entristecí mucho, mis nuevas amigas lloraron mucho al igual que yo. No

quería irme, me gustaba mucho mi escuela, mis maestros y lo que estaba

estudiando. Yo era menor, solo tenía quince años y tenía que obedecer a mi

madre. Mientras íbamos de camino hacia la nueva escuela para matricularme,

me dijeron que no me entristeciera. Ellos querían conocer a mi “novio” para

que

me visitara en la casa

los

fines de semana, si yo prometía seguir

estudiando y sacando buenas calificaciones. Accedí muy contenta y mi

“novio” muy correcto fue con su padre a mi casa a pedir permiso para

visitarme. Estábamos muy felices al menos en los fines de semanas podíamos

hablar y compartir. Esta alegría nuevamente me duró muy poco. A cambio de

mi felicidad la maldad me hizo esclava nuevamente y me aprisionó con sus

cadenas;

Dios no se Equivoca

Dios no se Equivoca fue mucho peor. Su mente despiadada le hizo pensar que yo me

fue mucho peor. Su mente despiadada le hizo pensar que yo me había

entregado a mi “novio” y me obligó, amenazándome con matar a mi madre y a

mis hermanas, a sostener relaciones sexuales con él, lo que poco a poco fue

destruyendo mi alma. Cada día que era víctima de ese acto tan

vil

y

despiadado una parte de mí moría. Yo sabía de lo que este hombre era capaz

Miriam Arelis Quiñones

de hacer; siempre estaba armado y podíamos ver su arma cada vez que la

limpiaba frente a nosotras.

Cada día una parte de mí se destruía, simplemente desaparecía. Cada día un

pedazo de mi corazón era arrancado, era destrozado. Cada día que pasaba

perdía poco a poco el deseo de vivir. Nacía una raíz de amargura en mi

corazón. Mi alma día tras día perdía su inocencia y su magia. Comencé a odiar

con todas mis fuerzas a esa persona tan increíblemente malvada.

Comencé a odiarme a mí misma cada día más, por permitir ser ultrajada día

tras día. Me tenía repugnancia a mí misma, me sentía impura, indigna, sucia,

no merecía ser feliz. Pero ¿por qué? Nací para sufrir. ¿Qué había hecho yo

para merecerme tanta injusticia y tanto maltrato? ¿Por qué yo? ¿Qué Dios no

se acordaba de mí? ¿Por qué me permitió nacer si mi padre no me quería?

¿Por qué mi madre no me abortó? ¿Por qué Dios no me escuchaba? ¿Qué Dios

se equivocó de persona y me estaba castigando a mí? Eran mis preguntas

diarias a Dios al acostarme. Cada día le suplicaba a Dios que si en realidad

Dios no se Equivoca

existía me dejara quedarme en mis sueños, nunca más despertar; olvidarme del

mundo, que me dejara morir. Así pasaron los días, las semanas y los meses.

Cada vez que aquel hombre se levantaba de mal humor viajaba hasta la casa

de mi “novio” para que no fuera ese fin de semana a visitarme para castigarme

aún más. No me atrevía a decirle nada a mi novio. Me aterraba pensar que

algo terrible le pudiera pasar.

¿Qué no le bastaba con haberme robado mi inocencia y mi pureza? Sino que

también quería seguir hiriéndome y castigándome para que lo odiara aún más?

A mi “novio” le empezó a incomodar la situación y me dijo que si eso

continuaba, era mejor que nos escribiéramos cartas hasta que pasara el verano

y comenzara el nuevo año escolar.

Él comenzaría a estudiar en mi pueblo y me podía ir a ver a mi escuela. Yo lo

entendía, fueron muchos los fines de semanas que no pudimos vernos porque

a ese hombre no le dio la gana. Nos mudamos y al cabo de las semanas,

nuevamente fue aquel hombre a pedirle a mi “novio” que no me visitara. Yo

Miriam Arelis Quiñones

sabía que esa vez mi “novio” no regresaría más, ya me lo había advertido.

Regresó una última vez, para pedir permiso para que junto a sus padres yo lo

acompañara a su graduación de escuela intermedia a la cual me dieron

permiso. Increíblemente unos días antes de su graduación yo debía recoger

mis notas y cuando aquel hombre vio que había obtenido todas A y una B. Se

enfureció por la B y comenzó a recriminarme. Según él me había descuidado

en los estudios por estar pensando en mi “novio”, no le presté atención a la

clase. Esto colmó mi paciencia.

Perdí el control y comencé a gritarle que él no era mi padre, que él no tenía

que decidir sobre mí y que lo odiaba, que ya estaba harta de él. En unos

segundos al mirar hacia atrás solo sentí un golpe que llegó a mi ojo, el cual me

pudo haber causado daño permanente a mi visión. Allí comenzó una discusión

entre mi madre y él.

Yo lo amenacé con acusarlo con la policía. A lo que me retó diciéndome que

la fianza que le impusieran él la iba a pagar y luego iba a tomar venganza

sobre mi familia y sobre mí. Mi madre tuvo temor y me impidió ir a la policía.

Dios no se Equivoca

En ese momento se volcó mi odio contra ella y recogí mi ropa y mis cosas

para irme. No sabía a dónde ni con quién, solo quería salir de aquella prisión.

Pensé en llamar a mi “novio” y escapar con él. En una ocasión su padre me

había propuesto irme con ellos a los Estados Unidos y por allá casarme con él

al cumplir la mayoría de edad. En aquel momento no me atreví, no era

correcto.

En esta ocasión, no me importaba lo correcto, solo quería huir lejos de aquella

prisión que me ahogaba y me estaba matando lentamente. Mi madre me

suplicó llorando que no me fuera y las dejara solas. Yo era la columna fuerte,

la que me enfrentaba a ese hombre malvado, las defendía y que de noche les

leía versos de la Biblia hasta que se dormían.

Desistí de la idea de irme, lo poco que quedaba bueno en mi corazón, no me

permitió abandonar a mi madre y a mis hermanas a su suerte. Seguí viviendo

allí, si se puede llamar vivir, yo creo que más bien fue sobrevivir. Cada día y

cada noche era un reto, era una guerra por permanecer vivas.

Miriam Arelis Quiñones

Varios días después a escondidas del hombre aquel, mi “novio” fue a verme,

se enteró del golpe que aquel hombre me había dado. Con su mano acarició mi

rostro, pidiéndome que le escribiera. Vino a traerme su dirección y a decirme

que no nos veríamos más, que le escribiera hasta que empezaran las clases. El

primer día de clases él estaría allí esperándome a la hora del almuerzo para

hablar conmigo y yo le creí. Le escribí la primera carta y él me contestó con

una carta muy extraña. Él me expresaba que hablándole de mí a otras

personas.

Esas personas le indicaron que la actitud del esposo de mi madre hacia mí

daba a demostrar que al parecer ese hombre estaba enamorado de mí. Si él se

enteraba que era verdad, me iba a sacar de mi casa y que lo iba a matar a él.

Yo me aterroricé, porque tal vez él tenía razón. Yo no podía decirle nada.

Tenía miedo a lo que le pudiera pasar. Le escribí nuevamente para citarlo a un

centro comercial que iba a visitar con mi madre y mis hermanas para ir de

compras. Mi madre me había dado permiso para encontrarme con él allí.

Nunca recibí su carta de contestación. Asumiendo que había recibido la carta,

Dios no se Equivoca

el día de la cita lo esperé durante horas en el lugar acordado y al ver que no

llegaba me enfurecí y me entristecí.

La sola idea de que él se hubiese burlado de mí, o que me hubiese abandonado

me daba coraje, me llenaba de rencor y dolor. Mi madre intentó calmarme y

me insistió a volverle a escribir. Le escribí una carta dos cartas, tres cartas,

infinidad de cartas y ninguna fue contestada. Lo que me dió a entender que él

no tomó en serio nuestra relación, todo lo que me dijo y lo prometido era

mentira, que nunca me quiso. Destruí todas sus tarjetas de amor, los peluches,

los regalos y los retratos dando por terminada la relación que tuvo una

duración de nueve meses.

Al cabo de unas semanas, las clases del nuevo año escolar comenzaron y mis

ilusiones de verlo retornaron. Al llegar a la escuela, pasar la hora del almuerzo

frente a la escuela y ver que él no llegó destrozó mi corazón. Comencé a odiar

a los hombres, pensaba que todos eran igual de mentirosos.

Miriam Arelis Quiñones

Mi rebeldía con la vida y con Dios creció mucho más. En las noches lloraba

hasta quedar dormida. Le cuestionaba a Dios el haberme abandonado, el

permitir que sufriera tanto. Le preguntaba si en verdad existía o si era un

cuento de la gente. Si era una historia que alguien se había inventado para que

la gente tuviese algo en que creer.

Muchas veces tomaba la Biblia y llena de coraje le preguntaba si en realidad

lo que estaba allí escrito era verdad o si alguien se lo había inventado. Lloraba

sin consuelo, recriminándole mi desdicha y mi dolor, exigiéndole que me

ayudara. Preguntándole si se había equivocado de persona, yo nada incorrecto

había hecho en mi vida. Yo no tenía la culpa de haber nacido en un hogar con

unos padres que nunca se amaron, ni de ser niña, ni de ser cómo era. Mis

contestaciones no llegaban.

Hasta que comencé a ver que al abrir la Biblia después de aquel día de

recriminaciones

y

preguntas.

Todo

lo

que

leía

en

ella

contestaba

mis

preguntas. Leía en aquel libro, que yo no estaba sola, que Dios estaba conmigo

Dios no se Equivoca

hasta el fin, que él era mi luz y mi salvación, que él era mi pastor y que nada

me faltaría.

Que el que habitaba bajo la sombra del altísimo (que es Dios) moraría bajo la

sombra del omnipotente. Que ángeles acampaban a mí alrededor y me

defendían. Que aunque mi madre y mi padre me abandonaran él me recogería.

Que clamara a él y él me respondería.

Aunque no concordaban con mi realidad diaria, me dieron fuerzas para

levantarme. Me detuvieron las veces que estuve a punto quitarme la vida o

atentar contra la vida de ese hombre. Muchas veces estuve a punto de beber

pastillas para intoxicarme y morir, en esos momentos algo o alguien me hacía

recordar aquellas palabras escritas en el libro negro que escondía debajo de mi

almohada. Yo sentía que eran verdaderas y quien me las hacía recordar era

alguien sobrenatural. La maldad de ese hombre hacia mí seguía creciendo.

Haciéndome sufrir mucho más cada día. Me decía que yo nunca me iba a

casar porque ningún hombre se iba a fijar en alguien como yo, que yo no valía

nada, que los hombres me iban a buscar solo por mi cuerpo.

Miriam Arelis Quiñones

Que solo era un objeto sexual nada más y que nunca tendría una familia.

Endureciendo mi corazón a tal punto que no me importaba nada, me sentía

despreciada, mi autoestima estaba por el suelo. Me sentía tal como él me decía

que yo era, llegue a creer todo lo que él decía sobre mí.

Estudiaba y me encantaba la escuela, porque era mi refugio, mi pasatiempo,

en donde por un rato lograba olvidar mi pesadilla. Pasaron los meses, los años

y no volví a saber de aquel joven que luego de ilusionarme con el amor, de

haberme hecho conocer el verdadero amor me destruyó haciéndome ver la

realidad del desamor.

Haciéndome pensar que el amor también era sufrimiento, que en el amor no

había nada bonito que todo era una ilusión para luego arrojarte al suelo y ver

la cruda realidad. Logrando confirmar mis pensamientos de que había nacido

para sufrir. No había nadie que sufriera tanto como yo. Creyendo que todo lo

que ese hombre me decía era verdad, que nadie me iba a valorar, que los

jóvenes que se acercaran a mí iban a ser para tener relaciones sexuales

Dios no se Equivoca

conmigo y luego botarme como una basura. Que ningún joven me iba a amar,

porque yo no valía nada ni servía para nada.

Dios me había enviado al mundo a sufrir. Yo era un error en este mundo, una

equivocación. Siguió pasando el tiempo y mi odio seguía creciendo. Mi

corazón ya no podía dar amor, mi rostro no expresaba nada más que

desilusión. Mi padre había regresado de los Estados Unidos, había formado su

propia familia con una nueva hija y se había olvidado de mí que tanto lo

necesitaba.

Yo tenía que seguir viviendo en mi calvario, en mi prisión del silencio y del

dolor. Unos meses antes de finalizar ese año escolar, aquel hombre se levantó

un día, hecho un demonio, su cara era extraña, estaba totalmente desquiciado.

Nos levantó al amanecer a gritos y dando golpes en la puerta, ordenando que

nos vistiéramos para salir; mi madre no quería. Ella decía que él lo que quería

era montarnos en su carro para luego estrellarse o dejar el carro ir por un

barranco. Nosotras nos pusimos muy nerviosas y comenzamos a llorar. Mi

Miriam Arelis Quiñones

madre nos agarró por los brazos, nos estremeció y nos exigió que nos

vistiéramos

para

que

él

se

calmara.

A

la

primera

oportunidad

nos

escaparíamos. En un momento que él se fue al baño a prepararse, nos fuimos

corriendo a casa de su mamá que vivía una calle más arriba. Nos encerramos

allí a llamar a la policía.

Cuando aquel hombre se dio cuenta corrió hacia allá y comenzó a gritar y a

amenazar a mi madre con ir a buscar su arma para matarnos. Entonces él se

fue en su carro a buscar su arma de fuego la que escondía en una gallera donde

trabajaba y nosotros permanecimos en la casa de sus padres en espera de la

policía.

Al llegar la policía nos informaron que unos agentes lo habían interceptado a

la mitad del camino y que lo habían arrestado. Esta vez sí, mi madre radicó

cargos en su contra por violencia doméstica (ley 54). Fue un día muy difícil y

pesado, pero yo estaba muy feliz.

Dios no se Equivoca

Era libre de la pesadilla, ya dormiría sin miedo. Nos dieron una orden de

protección, ya que él pudo pagar la fianza y permanecería en la calle hasta el

juicio. Nos dio mucho temor, pero debíamos ser fuertes y seguir con nuestra

vida “normal”. Pasaron los meses y mi madre seguía firme en su decisión lo

que nos alegró mucho. Incluso mi hermanita, su hija, no quería que su papá

regresara a la casa. Ella le tenía mucho miedo; solo tenía cinco añitos. Una

mañana, luego de que mi

mamá se fue

a llevarla a

la escuela y mi

otra

hermana y yo estábamos preparándonos también para ir a la escuela; aquel

hombre llegó hasta el frente de mi casa a llamarme.

Me dijo que yo tenía que buscar una excusa para salir con él, pues necesitaba

decirme algo. Yo le dije que no, tenía miedo de lo que me fuera a pasar. Mi

madre no lo quería cerca de nosotras. Se enfureció y me amenazó con hacerle

daño a mi hermana, la del medio. Yo me fui para la escuela muy nerviosa y

comencé a llorar de camino.

Mi hermana se había quedado sola en mi casa. Yo tenía mucho miedo porque

él siempre me decía que cualquiera en un carro podía atropellar a mi hermana

Miriam Arelis Quiñones

y nadie saber que él lo había mandado. Además de que me decía que le podía

pasar lo mismo que a mí. Lo que me aterraba. Yo no quería que ella sufriera lo

que yo estaba sufriendo.

Al llegar a la escuela fui al comedor escolar a desayunar y allí me encontré

con mi mejor amiga. Al ver mis ojos llorosos me preguntó que me pasaba. Yo

estallé en llanto nuevamente y sentía mi pecho como si fuera a estallar.

Cuando escuché una voz que me susurró al oído y me dijo: “Hoy es el día en

que vas a hablar, hoy te voy a rescatar” como dice la palabra en el Salmo

103:4 “El que rescata del hoyo tu vida.” Inmediatamente abrí mi boca y le

conté a mi amiga sobre el calvario que llevaba viviendo durante seis años, le

conté sobre el ultraje al cual fui sometida día tras día.

Mi amiga comenzó a llorar y me dijo que ella me iba a apoyar, pero que yo

tenía que ir a decírselo a mi mamá inmediatamente. Así que agarró mi mano y

me acompañó hasta mi casa, en donde mi madre ajena a todo planchaba

tranquilamente. Al verme llegar con mis ojos llorosos, se puso muy nerviosa y

al verla así, mi boca se cerró y mis nervios me impedían hablar.

Dios no se Equivoca

Mi amiga le confesó todo a mi madre, quien quedó en un estado de “shock”

terrible.

Comenzó

a

brincar,

llorar

y

gritar

lo

que

me

hizo

llorar

desconsoladamente. Al recuperar la cordura me tomó de la mano y junto con

mi amiga fuimos al cuartel de la policía más cercano.

En donde mi madre radicó una querella contra el padre de su hija y su aún

esposo. En cuestión de minutos llegaron infinidad de policías, mujeres

oficiales,

agentes

de

delitos

sexuales.

Todos

comenzaron

a

hacerme

innumerables preguntas, que al contestarlas con detalles hacían sufrir cada vez

más a mi madre. Eso me partía el corazón, pero no soportaba más. Me

retuvieron en el cuartel, mientras se llevaron a mi madre a identificar a este

hombre a la casa de sus padres en donde lo arrestaron.

Luego de arrestarlo, en otra patrulla, la policía llevó a mi madre a buscar a mis

hermanas a sus respectivas escuelas para interrogarlas también por las dudas.

Mis hermanas llegaron muy nerviosas, llorando, sin saber lo que sucedía.

Inmediatamente se llevaron a mi hermanita menor a un cuarto aparte y

trajeron a mi hermana, la segunda, conmigo. Al ver el estado en el que me

Miriam Arelis Quiñones

encontraba comenzó a llorar y se sentó en una esquina en el piso y me

preguntaba en llanto que me había pasado. Al contarle comenzó a llorar

desesperadamente lo que le dio sospecha a las agentes de que algo le había

sucedido a ella.

Al interrogarla, ella negaba algún tipo de abuso sexual, pero al insistirle me

dijo que no quería que mis padres sufrieran. Yo le dije que si no decía la

verdad, el abuso quedaría impune y ese hombre no recibiría el castigo

merecido. Bajó su cabeza y asentando con su cabeza dijo que sí, él había

abusado de ella también. Lo que causó en mi madre un ataque de histeria y

nervios.

Tuvieron

que

sacarla

de

la

oficina

a

punto

de

un

desmayo.

Comenzaron a interrogarla para saber los detalles, en donde ella expresó que

guardó silencio porque él la amenazó con hacerme daño a mí y a mí me decía

lo mismo. Monstruosa trampa de aquel hombre, ambas sufrimos el mismo

daño por amor la una por la otra. Fueron a interrogar a mi hermanita menor,

pero ella indicó que nunca su padre la había tocado. Ese día fue uno de los

días más largos de mi vida. De allí nos llevaron en una patrulla con las agentes

Dios no se Equivoca

de delitos sexuales al Centro Médico para que nos examinara un ginecólogo y

certificara clínicamente lo que habíamos declarado y junto con eso nos

hicieran algunas pruebas de laboratorio.

Otro trago amargo, tener que volver a contar la historia que tanta vergüenza

me daba a la enfermera y a la ginecóloga. Esta última se conmovió tanto con

mi relato que comenzó a llorar y me dijo que contara con ella para testificar en

el tribunal, pues nunca había visto en su vida cosa semejante.

Le dieron los resultados a mi madre, quien guardaba la débil esperanza de que

solo hubiese sido superficial, pero lamentablemente recibió la noticia de lo

contrario, lo que la hizo llorar nuevamente durante horas. Al salir del

consultorio volvió a recriminarme el porqué no hablé antes y porque esperé

tanto tiempo, lo que me hacía sentir mucho más culpable e inútil. Nos llevaron

a

hacer pruebas de laboratorio las cuales me hicieron sentir muy avergonzada

y

humillada. Tuvimos que someternos a pruebas de sangre, orina y excreta en

donde verificaron si había posible embarazo, hepatitis, SIDA o cualquier

Miriam Arelis Quiñones

indicio de alguna enfermedad de transmisión sexual que hiciera aún más

culpable a nuestro agresor.

Las cuales salieron negativas lo que nos

dio un poco

de paz. Fuimos

trasladadas al tribunal en donde presentarían el caso para que el juez le

impusiera

a

aquel

hombre

una

fianza

hasta

la

radicación

de

cargos.

Lamentablemente, ese día solo le impusieron una fianza de mil dólares de los

cuales con cien dólares quedó en libertad hasta que sometieran los cargos y el

juez decidiera si había causa para arresto y se fijara la fecha para la vista

preliminar.

Nos dieron una orden de protección la cual le impedía acercarse a nuestra

escuela y hogar. Él vivía cerca de nuestra casa por lo que estábamos aterradas

y nos ausentamos a la escuela durante muchos días. Le dieron una orden de

protección también a mi amiga quien iba a servir como testigo, lo que me

demostró que era una verdadera amiga. De allí le pagaron un taxi para que la

llevara a su casa. Esa noche al llegar a la casa todas comenzamos a llorar y

nos abrazamos. Mi hermanita menor lloraba porque no entendía lo que había

Dios no se Equivoca

sucedido.

Mi

madre

le

mintió

diciéndole

que

atacarme. En su inocencia de niña lo creyó.

alguien

había

intentado

No podíamos dormir hablando de lo mismo. Mi madre, tarde en la noche, salió

a llamar a un teléfono público a mi padre a su casa para contarle todo y llegó

llorando pues él la culpó a ella de todo. Al cabo de media hora mi papá llegó

con su tía que lo trajo hasta mi casa y nos abrazó llorando.

Comenzó a recriminarle a mi madre el no habernos cuidado como debía,

entonces yo me separé de él y le dije que ella no tenía la culpa. Él le pidió

perdón, se abrazaron y lloraron juntos. Nosotras nos unimos a ellos y todos

lloramos tratando de consolarnos unos a otros. En realidad nada podía calmar

el dolor que sentíamos y que nos hacía impotentes, pero que nos unía al

mismo tiempo. Parecíamos una familia de nuevo, lamentablemente unida por

el dolor y la desgracia de nuestras inocentes vidas. Mi padre prometió estar

más cerca de nosotras y cuidarnos más. Ese día le revelé a mi madre el odio y

el coraje que sentía por ella por no haberse separado de su esposo antes. Por

no haberme dejado viviendo con mi abuela. Ella lloró desconsoladamente

Miriam Arelis Quiñones

porque yo la hice culpable de mi desgracia. Ella comenzó a contarme su

verdad, esa terrible verdad que ninguna de nosotras sabíamos.

Ella también fue víctima de aquel hombre enfermo de maldad. Ella también

fue esclava de la maldad. Ella también fue sometida a grandes abusos y

humillaciones. Ella también fue obligada a sostener relaciones sexuales en

contra de su voluntad y por tal de que él no tomara represalias contra nosotras,

soportó toda clase de ultrajes y humillaciones.

En ese momento mi mundo se derrumbó aún más. Había sido muy injusta con

ella. Pero aun así sentía que no podía perdonarla por quedarse callada. A los

pocos días la dueña de la casa vino para decirnos que teníamos que irnos

porque se había enterado de que aquel hombre había sido acusado por nosotras

de algo tan vil.

Y como ella lo apreciaba mucho, decía que todo era mentira. Para ella lo que

habíamos hecho era una injusticia. Teníamos un mes para desalojar la casa. Mi

madre comenzó a llorar y le suplicó que nos diera un poco más de tiempo. Ella

Dios no se Equivoca

no tenía familia a dónde acudir y que por favor no nos echara a la calle.

Implacable e injusta le dijo que no y nos dio tan solo un mes. Mi madre cayó

en un estado de desesperación y depresión terrible. Todo el día estaba en su

cama llorando, pensando que haría para darnos un techo en solo un mes. Le

pedimos ayuda a mi padre, pero como mi madre no tenía ningún ingreso nada

más que la asistencia nutricional, mejor conocida como el PAN y no podíamos

pagar un alquiler, él no nos podía ayudar.

Citaron a mi madre a la corte para resolver el problema con la casa y el juez le

concedió seis meses para desalojar la casa lo que nos dio un poco de alivio por

el momento. Mientras pasaban los días los vecinos comenzaron a enterarse de

nuestra situación por medio de las agentes de la policía que fueron a

entrevistarlos para la prueba del caso en el tribunal.

Muchos de ellos nos apoyaron, pero no quisieron ir a testificar a nuestro favor.

Otros nos rechazaron totalmente haciéndonos las culpable y a él la víctima.

Tanto así que cuando íbamos al colmado más cercano la gente nos huía como

si tuviésemos una enfermedad contagiosa. Para poder ir a la escuela sin

Miriam Arelis Quiñones

miedo;

mi

madre

nos

acompañaba.

Nos

levantábamos

bien

temprano,

llevábamos a la pequeña y luego mi madre nos acompañaba a mi hermana y a

mí a nuestras escuelas y de igual forma a la hora de salida. Luego uno de mis

mejores amigos de la escuela me acompañaba al salir de la escuela hasta mi

casa y luego

se regresaba a pie hasta el

transportación pública.

pueblo

para

irse a

su

casa en

Sufrimos mucho a causa de la crueldad de la gente, la falta de piedad y

compasión. Con quienes único compartíamos y hablábamos era con los

vecinos del frente. Una familia compuesta por una pareja y seis hijos, dos

hijas y cuatro hijos. El mayor de los varones había estudiado conmigo en la

escuela, la menor de las hijas estudiaba con mi hermana y uno de los niños

menores estudiaba con mi hermanita menor.

Ellos nos ayudaron mucho, la mayor de las hijas tenía carro y nos sacaba a

pasear con ella y se la pasaba comprándonos regalos para alegrarnos. No sabía

en detalle lo que nos había pasado, pero se encariñó mucho con nosotras.

Dios no se Equivoca

El hijo mayor era un joven muy guapo, quien me agradaba, pero tenía tanto

miedo de ser herida nuevamente y con tantos problemas en mi cabeza que no

pensaba en tener ninguna relación ni en volver a enamorarme. Al pasar el

tiempo, un día él me declaró sus sentimientos hacia mí y me dijo que aunque

él no sabía que me había pasado él quería darme un poco de felicidad yo le

creí. En realidad tenía mucho miedo de estar cerca de alguien, pero al mismo

tiempo necesitaba sentir que alguien me apreciaba y me quería. Necesitaba

sentir que alguien me aceptaba y me podía respetar.

Necesitaba saber que sí era importante para alguien, que sí tenía valor para

alguien. Que en realidad podía haber alguien que me quisiera por mi persona

no porque quería también usarme. Lo consulté con mi madre y a ella le

pareció bien que me distrajera y compartiera con alguien, pero me dijo que

tenía que cuidarme de las habladurías de la gente.

En el juicio iban a tratar de dañar mi reputación y que iban a querer hacer ver

que yo ya había tenido relaciones sexuales y que estaba culpando a su aún

Miriam Arelis Quiñones

esposo. No podíamos salir solos, pero no importaba, fue una relación muy

pura y bonita.

Éramos felices aunque estuviésemos rodeados de personas. Éramos felices con

tan solo estar uno cerca del otro. Su cariño en ese momento me ayudó un poco

a comprender que no todas las personas eran malas. Mientras el “romance” iba

creciendo, mi madre hacía gestiones para conseguirnos un nuevo hogar. Llegó

la época navideña en donde recibimos regalos de la familia vecina. Pero

también pasamos muchas necesidades: El sustento de la casa era aquel

hombre; ahora solo contábamos con la asistencia nutricional que no era

suficiente para que mi madre sufragara todos los gastos y muchas veces nos

tuvimos que acostar sin comer.

Mi madre

consiguió

un

trabajo

planchando

ropa

para

unas

personas

adineradas, no era mucho, por lo que no nos pudo comprar ropa nueva ni

regalos para navidad. Nuestros vecinos incluyendo a mi “novio” se unieron

para regalarnos ropa muy bonita y accesorios para celebrar la Noche Buena y

el Año Nuevo con su familia.

Dios no se Equivoca

Nos regalaron unos trajes preciosos a mi hermana y a mí. Y mi madre pudo

comprar ropa para ella y para mi hermanita. Fuimos con nuestros vecinos a

celebrar las festividades navideñas con su familia. Unos días antes de la

despedida de año, nos citaron al tribunal a declarar en la vista para la

radicación de cargos.

Ese día estábamos muy nerviosas pues veríamos a ese hombre cara a cara de

nuevo. Al llegar al tribunal nos informaron que él había contratado el mejor

abogado de Ponce, por lo que mi madre se preocupó mucho. Al entrar a la sala

del tribunal, le tocó declarar primero a la agente de delitos sexuales y luego a

mí. El juez me hizo muchas preguntas. Fueron dieciocho cargos, desde actos

lascivos hasta violación. Al finalizar, el abogado de defensa objetó y dijo que

yo no había declarado completo y que faltaba mi hermana de declarar.

Declaró mi hermana y el juez dijo que era suficiente para él. Tal acto cruel fue

demasiado para él y le ordenó al abogado que diera su conclusión. El abogado

habló pidiendo al juez clemencia por aquel hombre diciendo que éste estaba

muy enfermo, que era muy pobre e inocente.

Miriam Arelis Quiñones

Añadió diciendo que su cliente quería renunciar a su derecho de permanecer

callado y que quería expresarse ante el juez. Le concedieron la palabra y

comenzó diciendo que yo siempre estuve en contra de su matrimonio con mi

madre.

Que siempre les hice la vida imposible. Que yo era una joven desajustada que

quería tener muchos novios a la vez y que él solo estaba tratando de educarme

bien, corregirme y disciplinarme y que en venganza yo estaba diciendo esas

mentiras de él. Sin embargo, dijo que mi hermana era muy buena y que él no

tenía quejas de ella. Entonces el juez le preguntó que si era tan buena, ¿Por

qué también le había hecho daño a ella? Después de estas palabras, el juez dijo

que no podía ser clemente ante la indignación que sentía por lo que nos había

sucedido por lo que le impuso una fianza de 540,000 dólares de los cuales le

negaba el derecho de pagar el diez por ciento.

No pudo pagar, por lo que tuvo que ser ingresado a la cárcel Las Cucharas y

se fijó la fecha para la vista preliminar al juicio para la cual quedamos todos

citados. Ese día salimos muy contentas, habíamos ganado la primera batalla de

Dios no se Equivoca

aquella guerra. Aquel hombre fue ingresado a la cárcel, por lo que teníamos

un buen motivo para celebrar el nuevo año que esperábamos fuera uno mejor.

Fuimos con nuestros vecinos a celebrar la despedida de año en la que minutos

antes de las doce de la noche mi madre quiso regresar a la casa. Le dio mucha

nostalgia y melancolía y se puso a llorar, nosotras con ella hicimos lo mismo.

Al pasar los días, nos informó la policía que en la cárcel los presos habían

tomado la justicia en sus manos, que aquel hombre había sido brutalmente

golpeado, abusado y estaba muy grave en el hospital. No lo podíamos creer. A

pesar de todo lo que me había hecho, sentí mucha pena por lo que le había

pasado aunque lo odiaba grandemente. Yo solo quería que él cumpliera en la

cárcel por el delito que había cometido contra nosotras. Pero en la cárcel las

leyes son distintas y quien abusa de una mujer, niña o envejeciente paga

terribles consecuencias. En ese lugar les castigan de la misma forma.

Miriam Arelis Quiñones

Al pasar los días festivos, mi madre continuó con sus gestiones para conseguir

una nueva casa. En un proyecto de vivienda subsidiada del gobierno la

ilusionaron diciéndole que en dos semanas iban a darnos un apartamento.

Todo fue un engaño y nunca nos dieron el apartamento. Lo que agotó todos

los esfuerzos realizados por mi madre. La desesperación llegó de nuevo a

nuestras vidas. El plazo para desalojar la casa se extinguía. Mi madre acudió

al Departamento de Servicios Sociales (hoy llamado Departamento de la

Familia) a presentarles nuestra situación para que nos ayudaran con una

vivienda.

En vez de ayudarla le dijeron que debíamos irnos a un refugio de mujeres

maltratadas con sus hijos. De los cuales, el único con espacio en aquel

momento, era en el pueblo de Juncos y tendrían que removernos de las

escuelas e incomunicarnos de nuestra familia y amigos. Además, yo, por tener

dieciocho años ya, no cualificaba para permanecer allí con mi madre y

tendrían que enviarme a un albergue de menores hasta cumplir los veintiún

años de edad o hasta que mi madre consiguiera una casa. Mi madre no quería

Dios no se Equivoca

otra frustración para mí y se negó. Ella no quería que nos volviéramos a

separar.

Al negarse, en el Departamento de Servicios Sociales le advirtieron a mi

madre que si se cumplía el plazo para irnos de la casa y mi madre no había

conseguido un techo “seguro” para nosotras, nos removerían del hogar para

enviarnos a un hogar sustituto.

Mi madre enloqueció y salió de aquella oficina muy decepcionada de quienes

se suponía debían ayudar a las familias en crisis para mantenerlas unidas, sin

embargo intentaban separarnos. Todas las noches nos dormíamos llorando,

pidiéndole a Dios que se acordara de nosotras y nos ayudara.

Yo le reclamaba a Dios, el por qué me había hecho hablar para ahora

quedarnos sin hogar y separada de mi familia. A dos semanas del plazo

impuesto por el juez, un tío de mi madre que hacía años que no veíamos llegó

hasta nuestra casa a decirnos que mi padre le había pedido que nos ayudara

dejándonos quedar en su casa. Él tenía un cuarto vacío en su casa el que

Miriam Arelis Quiñones

podíamos ocupar mientras podíamos conseguir un lugar mejor. Mi madre

comenzó a llorar de alegría al igual nosotras. Dios sí nos había escuchado.

Inmediatamente mi padre se llevó nuestra mudanza a la casa de mi abuela para

guardarla allí y nos llevó al lugar donde viviríamos. Era lejos de la escuela,

pero íbamos a estar seguras y tranquilas.

Mi “novio” prometió irme a visitar allá y así lo hizo. Todo parecía comenzar a

mejorar. Hasta que un día mi “novio” llegó desesperado y angustiado,

diciéndome que en la cancha en donde jugaba baloncesto con sus amigos,

habían llegado unos hombres armados a amenazarlo de muerte si no se alejaba

de mí y que le harían daño a sus hermanitos menores.

Él estaba muy preocupado, porque según él me quería y no quería dejarme,

pero temía por su familia. Yo lo entendía y le pedí que se alejara de mí por el

bien de su familia. Esa fue la última vez que lo vi. Nuevamente la vida me

golpeaba.

Dios no se Equivoca

Otra decepción, otra vez sola. Todo fuese por protegerlo a él y a su familia

que nada tenían que ver en mis problemas. Más coraje había en mi corazón,

más rencor, más odio, más amargura. Me habían quitado todo lo que había

querido en mi vida. Mi inocencia y mi pureza, mi abuelo, mi primer amor, mi

casa, la salud emocional de mi madre y también ese nuevo amigo con el cual

era feliz. Ese era mi destino, Dios me había enviado a este mundo a sufrir.

Pero ¿Por qué? ¿Por qué a mí? ¿Qué hice mal?

¿Por qué me merecía esto? Pensaba que Dios se había equivocado de persona.

Si yo era una buena persona, ¿Por qué me tocaba tanto sufrimiento y

desdicha? Dios se había equivocado en mi vida. Yo solo le había pedido ser

feliz. Él se equivocó y volvió a hacerme sufrir. Volvió a ser injusto conmigo.

Todo eso pensaba respecto a Dios. Ya no tenía fe en nada, no creía en nada ni

en nadie. Eso me deprimió mucho. No volví a ser la misma, era rebelde, no

me importaba nada, nada me interesaba, para mí ya no había nada hermoso ni

valioso. Todo lo valioso lo había perdido o peor me lo habían quitado.

Miriam Arelis Quiñones

Al pasar las semanas, voy a la casa de mi “ex novio” a llevarle unas cosas que

le pertenecían y yo tenía. Esperando a que le avisaran, llegó su antigua novia a

recogerlo, él no sabía que yo estaba allí. Al salir su rostro cambió totalmente y

me di cuenta de que toda la historia de la amenaza fue una excusa justificada y

conveniente para reconciliarse con su antigua novia. Ese día odié tanto a los

hombres. Maldije el día en que el primero llegó a mi vida. Me enfurecí tanto

conmigo misma por volver a creer en el amor. Por ser tan tonta e ilusa. El

amor no existía, era una mentira, solo se vivía en los cuentos de hadas.

Todo lo que había en el mundo era dolor, engaño, sufrimiento, tristeza,

amargura, desdicha, depresión, odio, mentira, maldad y abandono. Nada en el

mundo importaba para mí, ya nada tenía valor, ya no tenía ilusiones. Todo me

lo habían arrebatado. Todo lo había perdido. Desde que nací comencé a sufrir

y el sufrimiento no acababa. Solo tenía dieciocho años y todo lo que había

sufrido ya. El haber roto el silencio en cuanto al abuso al que fui sometida no

era todo. Mi vida seguía igual, libre de la esclavitud y la maldad, pero con la

misma tristeza y con la misma soledad. Yo había nacido para estar sola y

Dios no se Equivoca

triste. Dios se había equivocado cuando decía en la Biblia que él daba una

nueva vida y daba gozo. Yo nunca había experimentado alegría en mi vida.

Dios se había equivocado conmigo. Yo había cambiado totalmente, mi madre

decía que era otra y sí era otra. La persona tierna, llena de ilusiones, con

deseos de vivir, la que podía amar, había muerto. Solo quedaba el espíritu

vagante de una persona sin alma, sin corazón, sin sentimientos, sin ilusiones y

sin ganas de vivir. Solo pensaba en la venganza, en odiar, no perdonar, en no

permitir que nadie más me hiciera daño y en no tener misericordia ni

compasión con nadie. Si nadie había tenido misericordia de mí.

Yo no conocía la palabra compasión ni misericordia. Mi rebeldía fue tan

grande que en mi salón de clases un compañero me retó a tomar el examen

para ingresar a las fuerzas armadas y me ofendí tanto con su reto que lo tomé

con él. Al cabo de un mes recibiría los resultados.

Pasado el mes, un día iba camino de la escuela a las tiendas del pueblo y pasó

un carro rojo que bajó la velocidad y un joven me dijo adiós. Cuando miré era

aquel que fue mi primer “novio”, mi primer amor y mi corazón latió a mil por

Miriam Arelis Quiñones

segundo.

Mi

rebeldía

y

arrogancia

ganaron

y

lo

ignoré,

lo

desprecié

cruelmente y sin compasión ni misericordia. Al llegar a mi casa se lo comenté

a mi madre y ella me regañó.

Salí con mi hermana a la panadería que había muy cerca de mi casa y al salir

de allí, alguien dentro de un carro rojo estacionado me llamó por mi nombre.

Me puse muy nerviosa y comenzamos a caminar muy rápido. Teníamos miedo

de que fuese alguien que quería hacernos daño. De repente, del carro salió un

joven que volvió a llamarme por mi nombre, mi hermana miró hacia atrás. Era

él de nuevo, mi primer novio. Mi hermana me dijo quién era. Yo miré hacia

atrás y él me pidió cortésmente hablar conmigo. Yo le dije que no tenía nada

que hablar con él. Él me pidió nuevamente que lo escuchara. Así que lo

escuché. Comenzó a preguntarme como estaba, que porque estábamos en ese

lugar, si era que vivíamos cerca. Yo le contesté que sí, que nos habíamos

mudado. Al preguntarme por qué, le dije que mi madre había dejado a su

esposo y que estaba en proceso de divorcio. Me preguntó qué había pasado

Dios no se Equivoca

conmigo, que yo me veía diferente, que ya no era la misma. Yo le dije que sí,

que era otra persona.

Comenzó a hablarme de que él también era otra persona, de su nueva vida y

que había conocido al Señor. Estaba en la Iglesia, era músico y que su vida

había cambiado totalmente. Yo no entendía ni media palabra de lo que me

hablaba. Me preguntó que porque yo no quise recibir sus cartas.

Yo le pregunté que de qué cartas me hablaba. Yo le había escrito muchas

cartas y él nunca las había contestado. A lo que él me contestó que nunca las

recibió y que las que él me envió le regresaron marcadas como que nadie con

ese nombre vivía en esa dirección y las devolvían al remitente. Nos dimos

cuenta que algo extraño había pasado. Mi hermana, que se había ido antes

para la casa, llegó corriendo a decirme que me estaban llamando por teléfono.

Los resultados del examen de las fuerzas armadas ya habían llegado. Él me

preguntó, si iba a ingresar a las fuerzas armadas, le contesté que sí lo estaba

considerando y me pidió que antes de irme le permitiera verme de nuevo para

hablar conmigo con más calma.

Miriam Arelis Quiñones

Le di mi número de teléfono, en realidad no esperaba que me llamara. Mi

madre al saberlo se puso muy contenta creyendo que nos íbamos a reconciliar.

Yo le dije que no, que ya no confiaba en él y que no creía en nadie.

Pasé el examen de las fuerzas armadas, fui la única joven de mi escuela que lo

pasó. Decidí ingresar a la Guardia Nacional y huir de todo y de todos. Quería

retarme, probar cuan fuerte era en realidad. Eso tomaba tiempo, tuve que pasar

por

exámenes

físicos,

pruebas

médicas,

investigación exhaustiva.

exámenes

de

inglés

y

una

Mientras aquel joven insistente comenzó a llamarme. Pasábamos horas en el

teléfono hablando. Él me hablaba de Dios, de un Dios diferente al que yo

conocía. Me habló de un Dios de amor, de perdón, de misericordia, de amor,

de compasión, de bondad, de justicia y que había muerto en una cruz por mí.

¿Murió por mí? Si en mi vida nadie había hecho nada por mí. Como dice la

palabra en Mateo 18:11 dice “Porque el Hijo del Hombre ha venido para

salvar lo que se había perdido.”

Dios no se Equivoca

En muchas ocasiones me hablaba como si alguien le hubiese contado lo que

me había sucedido. Eso me asustaba, porque me hacía pensar que en realidad

el Dios del cual él me hablaba existía y tenía el poder para conocer mi

condición. En realidad él no sabía nada. Era Dios mismo hablándome a través

de él y yo no me daba cuenta.

Un día me invitó a salir a dar una vuelta para hablar. Comenzamos a hablar

del pasado. Me contó que él me escribió y me enseñó todas las cartas y todas

las cosas que yo le había regalado que aún conservaba como un tesoro. Yo me

sentí muy culpable, pues yo había destruido todo lo que él me había regalado.

Yo se lo dije y me preguntó que por qué. Le hablé de la carta en donde lo

citaba para vernos y que él nunca llegó. Me contestó que nunca recibió esa

carta. Hablando y hablando llegué a la conclusión de que aquel hombre era

muy amigo del cartero que trabajaba en mi barrio. Al parecer éste no le

enviaba mis cartas y las suyas las regresaban como si nos hubiésemos mudado

o no queríamos las cartas. Él me pidió perdón por no haberme ido a ver a la

escuela, pero él pensó que yo quería terminar con él y no se atrevió ir a verme.

Miriam Arelis Quiñones

Me pidió que lo perdonara por no estar conmigo en todos mis problemas y

sufrimientos, yo le contesté que no sabía si lo podía perdonar. Él no sabía todo

lo que yo había sufrido después que lo dejé de ver y no había estado conmigo

cuando más lo necesité. Le conté lo que me había pasado con mi otro “novio”

y él lo lamentó mucho.

Me contó que tuvo una “novia” con quien estuvo a punto de casarse, pero se

arrepintió. Algo le hizo pensar que ella no era la mujer con quien debía formar

una familia y tener hijos. Al encontrarme de nuevo, luego de tres años, se dio

cuenta de que Dios nos quería unir de nuevo. Yo le dije que no quería volver

con él porque yo no lo quería.

En realidad yo no sabía ni lo que sentía. No quería expresar y dejar ver mis

verdaderos sentimientos. Me escondía detrás de una coraza. Al llegar a mi

casa, estallé en llanto, sentía que lo quería, que nunca lo dejé de querer, que

siempre guardé la esperanza de volverlo a ver. Sentía ganas de correr,

abrazarlo y olvidarme de todo. Dejar que me consolara y me hiciera creer en

el amor de nuevo. Sentía que a pesar de haber pasado tres largos años mi

Dios no se Equivoca

corazón latía más fuerte por él y que el amor que sentía por él no cabía en mi

corazón, que ahora ese amor era más fuerte y más grande. Aunque me había

herido en lo más profundo de mi corazón, no lo había podido dejar de querer.

Mi corazón estaba muy lastimado. Estaba muy confundida y tenía miedo de

volver a sufrir. El tiempo pasó y la vida comenzó a sonreírnos un poco. Mi

madre consiguió una ayuda del gobierno municipal para una nueva casa. Ese

joven nos ayudó a mudarnos. No perdía las esperanzas de reconquistar mi

corazón.

Un día yo salí de paseo con mis amigas y una maestra. Él fue a mi casa a

hablar con mi madre de sus sentimientos y de la nueva vida que llevaba. Al

regresar a mi casa lo encontré allí y me preguntó que si le permitía seguir

visitándome solo como amigos y yo acepté. Mi madre me pidió que pensara

mucho las cosas.

Él había cambiado mucho y si después de tres años estaba allí era porque me

amaba realmente. Yo no sabía qué hacer. Era mucho el odio, el rencor, la

Miriam Arelis Quiñones

tristeza y la amargura que sentía que no me permitían dejar ver lo que mi

corazón realmente sentía. Pasaron las semanas y se acercaba mi graduación,

antes de ese evento en mi escuela se realizaba una Noche de Logros en donde

se premiaba a los estudiantes del cuadro de honor y los estudiantes más

destacados. Yo no sé por qué lo invité. Le pedí además que les entregara una

invitación a mi abuela y a mi padre.

El gran día se acercaba y yo no tenía un vestido apropiado para ir por lo que

desistí de ir. No quería agobiar a mi madre con gastos y que hiciera sacrificios

enormes para poder participar de la actividad. Mi maestra de la escuela se

enteró por mi mejor amiga. A través de la escuela, por unos fondos especiales,

la trabajadora social me llevó a comprarme un vestido hermoso y la maestra

me regaló los accesorios. Lo único que mi madre tuvo que comprarme fueron

los zapatos.

Dios no se Equivoca

Dios no se Equivoca Ese día llegó y yo estaba muy contenta e ilusionada después de

Ese día llegó y yo estaba muy contenta e ilusionada después de tanto tiempo.

Me vestí, me arreglé y al mirarme en el espejo me sentí nuevamente bonita,

como si nada despreciable hubiese ocurrido en mi vida. Me sentía hermosa

otra vez como si aún conservara lo más hermoso de mí.

Me admiraba en el espejo y veía mi rostro como había cambiado, como el

brillo y la luz en mí habían desaparecido. Abrí una gaveta de mi coqueta en

donde escondía un retrato de él, mi primer novio, lo miré y sentí ternura.

Nuevamente miré al espejo y vi en mi rostro un destello de amor.

Miriam Arelis Quiñones

Eran tantas emociones y sentimientos encontrados que no sabía qué hacer.

Cuando ese joven llegó me dijo que me veía hermosa y nuevamente me sentí

como una princesa. Me sentí como cenicienta. Una joven triste que fue

maltratada y que por una noche se convirtió en una princesa.

Me

escoltó hasta su carro para enseñarme que había traído con él a mi abuela.

Mi

tía llegaría al evento con mi padre. Llegamos al lugar y al ver a mi tía le

pregunté por mi papá y ella me dijo que mi padre no llegaría, que me deseaba

lo mejor y que él iba a celebrar por mí (bebiendo). Me entristecí por un

momento, pero aquel joven me dijo que no llorara que disfrutara la actividad,

que esa era mi noche. Así lo hice, recibí medallas por materias en las que

obtuve promedio de A en los tres años. Recibí un premio de superación

llamado Julia de Burgos y también un premio por Esfuerzo Máximo del

Presidente de los Estados Unidos.

Para finalizar la actividad, iban a entregar el Mayor Galardón de la Noche de

Logros, el Premio Facultad, cuando pronunciaron el nombre del ganador era

Dios no se Equivoca

mi

nombre, no lo podía creer. Todo el mundo se puso en pie a aplaudirme y

mi

mamá se puso muy contenta y me dijo que fuera, que era yo.

mamá se puso muy contenta y me dijo que fuera, que era yo. Entonces aquel joven

Entonces aquel

joven me agarró de la mano

y

me

dijo ve,

eres tú. Me

escoltaron como a una princesa. Al llegar a la tarima me dieron un trofeo

hermoso, un certificado, una medalla y un sobre. Dijeron por el micrófono que

por ser el mayor galardón, yo podía hablar por sesenta segundos.

Miriam Arelis Quiñones

Al colocarme en el podio busqué entre el público y como en toda mi vida y en

todos mis momentos importantes no encontré a mi padre, solo estaba mi

madre sonriéndome con lágrimas en sus ojos, orgullosa de mí. Yo comencé a

agradecer primero a Dios y luego a la maestra y el personal de la escuela por

haberme regalado la ropa para poder asistir a la actividad y felicité a mis

amigos y amigas.

Por último, le dediqué el premio a mi madre por estar conmigo siempre y

sacrificarse por mí. Llegué a donde estaba mi madre a llorar con ella. Al abrir

el sobre había un cheque de cien dólares y se lo di a ella para que comprara

gas, pues no teníamos para poder usar la estufa y poder cocinar.

Llegó el día de la graduación a donde también me acompañó aquel joven

especial. Fue una graduación muy emotiva. En la misma me correspondió leer

la dedicatoria lo que me hizo sentir importante. El

gran baile llegó y

nuevamente él me acompañó. Ese día escogerían a los reyes del baile, en el

cual mi clase graduanda me escogió a mí como reina del baile. A la joven

insignificante

y

poco

popular.

Para

mi

sorpresa

muy

querida

por

mis

Dios no se Equivoca

compañeros de clase. Fue muy emocionante, me pusieron una corona y

realmente me sentí como una reina.

me pusieron una corona y realmente me sentí como una reina. Aunque mi traje fue prestado,

Aunque mi traje fue prestado, ese día sí me sentí como princesa cuando junto

con el rey del baile bailamos la primera pieza. Realmente me sentí como

cenicienta en la noche del baile con el príncipe. Me sentí querida, mi clase me

Miriam Arelis Quiñones

había escogido, me sentí hermosa con aquella corona tan preciosa, dando

vueltas en la pista de baile y todos me aplaudían.

Bailé como nunca y disfruté tanto aquella noche mientras aquel joven me

observaba, él no quiso bailar. Pasaron las semanas y un día él llegó a mi casa

para darme la triste noticia de que su padre quería irse a los Estados Unidos y

que tal vez él se iría también. En ese momento mi mundo se derrumbó. Estaba

a punto de perderlo otra vez si no hacía algo en ese momento.

El amor estaba justo frente a mí

y

lo

iba a

dejar ir. Me iba

a negar la

oportunidad de ser feliz, de volver a creer en el amor, de volver a amar y ser

amada. Por mi mente pasaron muchos pensamientos. No pude soportarlo y le

pedí que no se fuera. Él me dijo que se iba a tener que ir, porque acá no tenía a

nadie. No pude aguantar y le dije que sí tenía a alguien, a mí. Por más que

quise negármelo a mí misma, nunca lo había dejado de querer.

Solo necesitaba tiempo para volver a confiar, creer en él y en mí misma. Solo

le pedí paciencia, yo había sufrido mucho y era difícil para mí volver a creer

Dios no se Equivoca

en el amor y solo le suplicaba que no me hiciera sufrir de nuevo. Él me dijo

que me iba a dar todo el tiempo que yo necesitara y que luego yo decidiera

cuando aceptarlo como mi novio nuevamente.

El

14

junio

del

1998 le di

el

sí.

Ese día

la alegría volvió a mi

vida. Las

ilusiones regresaron a mi vida, aunque no me sentía totalmente bién. Mi

corazón aún guardaba secretos y un pasado que me atormentaba, pero la

alegría se asomaba a mi puerta dándome la oportunidad de volver a creer en el

amor.

pasado que me atormentaba, pero la alegría se asomaba a mi puerta dándome la oportunidad de

Miriam Arelis Quiñones

Volver a confiar en la ilusión, volver a creer en el amor y creerle a la vida.

Para mí la vida volvió a tener sentido. Nuevamente encontré el deseo de vivir.

Entendí que no todo era sufrimiento para mí. Necesitaba volver a sentirme

querida y respetada. Necesitaba volver a sentirme importante y valiosa. No

sabía que iba a suceder en el futuro conmigo, solo era feliz viviendo aquel

momento.

a sentirme importante y valiosa. No sabía que iba a suceder en el futuro conmigo, solo

Dios no se Equivoca

No le pedía nada más a la vida, solo la oportunidad de ser feliz, de amar y ser

amada por primera vez como era y por lo que era, no por mi pasado, por mis

circunstancias, ni por lo que había llegado a ser. Había alguien que me amaba

buscando en mí lo hermoso que yo no podía ver en mi ser. Para mí en mi

interior ni exterior había nada de valor ni nada hermoso. Pero él sí, veía algo

bonito en mí y eso me motivaba a querer despertar a un nuevo amanecer. Nos

reconciliamos luego de tres años. Tres largos años en los cuales él ni se

imaginaba todo lo que yo había vivido y como había logrado sobrevivir. Tres

años en donde experimenté la situación más triste, humillante y devastadora

que cualquier ser humano podía experimentar.

En especial que cualquier adolescente o mujer podía experimentar. Tres años

que me habían convertido en un ser totalmente diferente, un ser que se

escondía detrás de una coraza para protegerse del dolor y el maltrato. Tres

años que habían enterrado a la joven de quien él se había enamorado.

Ahora se tenía que enfrentar con el reto de encontrar en lo profundo de mi

devastado ser, el alma de aquella joven que fue destruida por la vida y la

Miriam Arelis Quiñones

maldad. Que había sido reemplazada por una joven fuerte, dura, poco

expresiva, amargada, vengativa y exageradamente madura para su edad.

Una joven con casi ninguna autoestima, con poco aprecio por sí misma e

incapaz de entender que existía la misericordia, la compasión, el amor, la

clemencia y la justicia. Incapaz de entender que Dios no se equivoca y que la

amaba desde antes de ella nacer. Ese Dios estaba en el asunto y usó a un

instrumento suyo. Alguien que tal vez para muchos era solo un joven, pero

que en mi vida fue importante y a través de esa persona Dios se reveló a mi

vida. Ese joven, mi “novio”, me invitó un día a su Iglesia. Todo eso era muy

extraño para mí, nunca había visitado ninguna Iglesia ni tan siquiera una

tradicional o católica. Aunque mi madre había sido sierva del Señor en su

juventud y nos habló de la palabra de Dios.

Dios existía y como Él había creado al mundo. Para mí era difícil de entender,

nunca pisamos una Iglesia. Mis circunstancias me habían mostrado la otra cara

de la vida. Por lo cual era muy difícil entender lo que era una Iglesia, lo que

Dios no se Equivoca

era Dios y en qué servían en mi vida. Lo acompañé y al llegar a aquel lugar

tan hermoso, todas las personas ya sabían de mí.

Mi “novio” les había hablado a todos sobre mí. Conocí a sus amigos o

hermanos como él les llamaba. Conocí a sus pastores y a sus compañeros del

Ministerio Musical como él le llamaba a la agrupación musical en la cual

tocaba durante el servicio en la Iglesia. Conocí muchas personas, todos me

abrazaron y besaron como si me hubiesen conocido de toda la vida y me

apreciaran. Eso me llamó mucho la atención. Tanto amor para alguien que

acababan de conocer. Era un lugar en donde se respiraba paz y donde se sentía

algo fuera de este mundo. Seguí acompañando a mi “novio” a ese lugar de

amor y donde se respiraba paz. Al escuchar los mensajes que siempre

hablaban en aquel lugar, comencé a sentir la necesidad de contarle a alguien

mis más ocultos secretos, mi pasado, ese pasado que me perseguía y me

atormentaba.

Mi “novio” me había comentado que al cumplir nuestros seis meses de

“novios” él quería regalarme una sortija de compromiso y fijar una fecha para

Miriam Arelis Quiñones

casarnos más adelante. De momento me emocioné muchísimo, era lo que más

deseaba.

Casarme con mi primer amor, con mi primer “novio”, con el amor de mi vida.

Aquel que en tres años no dejó de amarme. Aquel que tanto me había ayudado

y apoyado. Luego me entristecí y me deprimí, pues tenía mucho miedo; si se

enteraba de mi verdad y me rechazaba.

Yo no era virgen, no era una joven digna de casarme con un traje blanco, con

una corona y un velo. Por lo que, luego de pensarlo mucho, me decidí a

contarle mi verdad, aquella verdad que tanto me avergonzaba y que con tanto

celo guardaba. Esa verdad tan triste que me quemaba por dentro y no me

dejaba vivir. Luego de un par de meses que llevábamos de noviazgo le conté

todo lo que había vivido durante los pasados seis años de mi vida. Le di la

oportunidad de que si eso le hacía cambiar sus sentimientos o su manera de

pensar sobre mí, le dejaba el camino libre de buscar otra persona digna de su

amor y su respeto. Le conté toda mi verdad con lágrimas en mis ojos, era la

primera persona a quien le contaba mi pasado.

Dios no se Equivoca

Al finalizar, el silencio inundó aquel lugar donde estábamos. Sus ojos se

inundaron de lágrimas y me abrazó. Al abrir su boca, escuché las palabras más

llenas de amor que nadie haya podido escuchar de otro ser humano.

Palabras llena de ternura con las cuales me reiteró su amor verdadero e

incondicional. Me dijo que desde ese momento me amaba más, por mi

valentía y mi fortaleza. Me demostró que me amaba de verdad. Que no era

indigna ni impura como yo pensaba.

Que podía ser amada y aceptada como era y mi pasado no era impedimento

para que fuese feliz y pudiese formar una familia. Sus palabras me llenaron de

alivio. En realidad yo no quería perderlo, lo amaba con todas mis fuerzas. Pero

por su felicidad aceptaba su decisión de alejarse de mí, si no me consideraba

digna de su amor por mi pasado. Comencé a asistir a su Iglesia los viernes y

domingos. Un día que salimos a pasear, él me exhortó a que si yo en algún

momento quería pasar al “altar” para recibir al Señor como mi Salvador que lo

hiciera pues eso me iba a ayudar mucho.

Miriam Arelis Quiñones

Yo le expliqué que primero tenía que sacar de mi corazón y mi alma el rencor

y el odio que yo sentía antes de consagrarme a Dios. Eso era algo muy serio

para mí. Recuerdo sus palabras tan ciertas en las que me expresó que yo sola

no podía sacar el rencor y el odio de mi vida. Eso sólo lo podía hacer Dios, si

yo se lo permitía.

Su Iglesia se mudó a otro local más grande, un lugar que estaba muy destruido

y sucio. Entre todos los hermanos lo transformaron en el más hermoso de los

templos que yo había podido ver. En su inauguración invitaron a diferentes

personas a “predicar”, entre ellos se hablaba mucho de un hombre al que Dios

le devolvió la vida después de unas horas muerto y esa persona relató la

historia de su vida.

Le llamaban el “muerto vivo”. Fue un hombre con una vida muy trágica lo

que me hizo entender que yo no era la única que había sufrido en la vida. Que

más adelante había personas en condiciones y situaciones iguales o más

difíciles. Dios había transformado su vida de manera increíble para todos.

Sobre todo para mí. Yo sentía que me hablaba a mí directamente. Todo lo que

Dios no se Equivoca

él relataba era muy parecido a mi vida. Y todo lo que él necesitó era lo que yo

necesitaba en mi vida. Una transformación, un cambio, algo diferente, algo

especial que llenara mi corazón desolado y vacío.

Alguien que sanara mis heridas y me ayudara a superar mis complejos y

temores. Alguien que me demostrara verdadero amor. Alguien que me

ayudara entender el por qué de mi sufrimiento. Alguien que me ayudara a

perdonar y a sacar de mi vida todo aquello que me perturbaba.

Incliné mi cabeza a llorar y mi “novio” me preguntó si quería ir con él al

frente a lo que llamaban el “altar” para que oraran por mí. Caminé con él hasta

aquel lugar en donde se podía experimentar una atmósfera diferente. Algo

sobrenatural que yo no podía entender. Aquella persona pidió que los que

quisieran recibir al Señor Jesús en sus corazones que levantaran la mano. Yo

sin pensarlo levanté mi mano y ese día cambió mi vida para siempre. Yo sentí

en mi corazón algo que es difícil describir con palabras, realmente fue algo

sobrenatural. Algo que ningún ser humano puede hacer. Sentí como una paz

inundó mi vida y como mientras mis lágrimas bajaban por mi rostro, sentía

Miriam Arelis Quiñones

algo que me limpiaba, me purificaba. Sentía como me convertía de alguien

indigna, de alguien impura y de alguien insignificante.

indigna, de alguien impura y de alguien insignificante. Me iba convirtiendo en alguien digna, alguien pura

Me iba convirtiendo en alguien digna, alguien pura y alguien con propósito.

“En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al

propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin

Dios no se Equivoca

de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente

esperábamos en Cristo” como dice en Efesios 1:11,12. Ese día comencé a

entender que Dios no se equivoca. Mi vida tenía otro sentido, mi vida no era

un error.

Mi vida tomaba otro rumbo y nunca más sería igual. Ese día sentí que nunca

más estaría sola. Que nunca más sentiría deseos de morir. Había alguien que

murió para darme la vida a mí. Para darme felicidad, paz y el amor que yo

tanto había buscado y que tanto necesitaba.

Había alguien que desde los cielos dejó su trono de Gloria y murió por mí en

la cruz del calvario porque me amaba. Porque miró en mí lo hermoso que yo

no podía ver. Porque él veía su propósito cumplido en mí. Mi vida ahora tenía

un propósito. Encontré el verdadero amor, ese amor que llenaba el vacío de mi

corazón. Inmediatamente mis pensamientos cambiaron, el concepto que yo

tenía de mí misma comenzó a cambiar. Poco a poco Dios comenzó a trabajar

con mi corazón transformándolo de un corazón de piedra a uno de carne. A tal

punto, que un día sin darme cuenta, el odio había desaparecido de mi corazón,

Miriam Arelis Quiñones

el rencor ya no habitaba en mi alma. El perdón, la misericordia y la compasión

eran los sentimientos que ahora abundaban en mi ser. Sin darme cuenta pude

perdonar a aquel ser que tanto daño hizo a mi vida. Pude tenerle compasión,

pude comprender que sus actos eran consecuencia de la falta de Dios en su

vida.

Pude perdonar a mi padre por su abandono e indiferencia. Pude perdonar a mi

madre a quien culpaba de mis desdichas, logrando entender que ella también

fue una víctima de las circunstancias y que a pesar de todo estuvo siempre

conmigo porque me amaba. Pude perdonarme a mí misma por soportar tanto

abuso y tanto dolor.

Pude perdonarme por sentirme culpable de lo que había pasado. Pude

perdonarme por sentirme menos que nadie, por despreciarme a mí misma, por

sentirme que no tenía valor. Pude perdonarme por rechazar al Señor, por

haberle cuestionado a Él por mis desgracias. Pude perdonarme por sentirme

culpable de la desgracia de mi familia.

Dios no se Equivoca

Pude comenzar a amarme a mí misma y a valorarme. Entendí que era una

creación perfecta de Dios. Me había convertido en una hija de Dios por lo cual

tengo valor. El entregó su vida en una cruz para darme salvación a mí. Para

sanarme a través de su llaga, para pagar por mis pecados y darme vida eterna.

El Señor comenzó a hacer una obra transformadora y grande en mi vida. Aún

hoy no logro entender sus maravillas. Mientras pasaban los días podía ver las

bendiciones de Dios para mi vida. Comencé a conocer a ese Dios que me

presentó mi “novio”. Pude encontrar la verdad y entender que yo tenía un

propósito en este mundo. Logré comprender que yo era un milagro de Dios.

Mi manera de pensar cambió, mi hablar, mi forma de ser y vestir cambió. Las

cosas que hacía antes ya no las hacía más. Las cosas que una vez me dieron

placer, no me interesaron más. Solo me brindaron gozo pasajero, pero Dios

me había dado un gozo que no se acababa y una paz como nada podía

dármela.

Pasó el tiempo y el día de la Vista Preliminar llegó un momento muy difícil.

Ahora no iba sola, Jesucristo estaba conmigo. Me dió la fortaleza para declarar

Miriam Arelis Quiñones

nuevamente todo aquel martirio. Y obtuvimos la victoria, el juez dictó causa

probable para un juicio en su fondo. Comencé a buscar respuestas de Dios en

su palabra. Y su palabra me restauraba, me sanaba y edificaba mi vida de

manera impresionante. Pasaron los meses y mi “novio” me regaló una

hermosa sortija de compromiso un día de los enamorados, el 14 de febrero de

1999 cuando cumplimos ocho meses de novios. Lo que me llenó de mucha

emoción, me confirmaba su amor. Fue un día muy bonito que pude compartir

con mis seres queridos y amistades. Decidí renunciar a las fuerzas armadas;

mis planes habían cambiado. Quería servir a Dios, quería bautizarme, quería

estudiar en la universidad, quería casarme y formar una familia.

Quería servir a Dios, quería bautizarme, quería estudiar en la universidad, quería casarme y formar una

Dios no se Equivoca

Cosas que necesitaba hacer para sentirme completa en la vida, completa como

ser humano y como mujer. Comenzamos a orar para que el Señor nos guiara

en nuestros planes de boda. Era lo más que deseábamos, pero queríamos

hacerlo en su voluntad. Varios meses pasaron, Dios nos confirmó nuestra

unión y comenzamos los planes para casarnos. Estaba cursando mis estudios

universitarios en ingeniería y tenía un trabajo a tiempo parcial. Al igual mi

“novio”, se encontraba en su último año de escuela superior y estaba

realizando la práctica en su especialidad.

Ambos con nuestros escasos salarios comenzamos a comprar y a preparar

nuestra tan esperada boda. A los pocos meses, mi novio se graduó de escuela

superior lo que me llenó de orgullo. Él también había pasado por grandes

problemas familiares y su promedio había decaído. Yo le ayudé y logró subir

su promedio logrando graduarse.

Ese día él llego muy temprano a buscarme para acompañarlo. Al llegar al

lugar su madre no llegó. Él se entristeció mucho. Cuando le tocó el turno para

subir a buscar su diploma, miró al público y yo me puse de pie y le aplaudí, él

Miriam Arelis Quiñones

se alegró mucho. El enemigo quiso entorpecer la obra del Señor y su voluntad

en nuestras vidas.

Faltando un par de meses para la boda, mi futuro suegro había viajado a los

Estados Unidos y como él tenía la custodia de mi “novio” por ser menor de

edad. Él le había pedido de favor a la madre de mi novio y mi futura suegra

que si él no podía llegar a tiempo para el día de la boda que ella firmara el acta

para podernos casar. Ella accedió en aquel momento. Todo parecía marchar

muy bien. Luego nos enteramos que ella no quería firmar por que no estaba de

acuerdo con nuestra boda. No sabíamos que hacer ni que pensar. Lo que me

hizo sentir muy triste y despreciada nuevamente.

Eso me hirió mucho, yo amaba a mi novio y quería hacerlo feliz. Vivir con él

por el resto de mi vida, pero aparentemente ella no lo entendió. Nuevamente

llegó la tristeza a nuestras vidas. Eso me entristeció terriblemente y mi madre

se preocupó mucho por mí. Ella pensaba que mi estado de ánimo iba a decaer

de nuevo.

Dios no se Equivoca

A par de semanas de ese acontecimiento mi futuro suegro llegó de sorpresa.

Lo habían llamado para decirle que yo había dejado a su hijo, y que por eso él

estaba abusando de las drogas y durmiendo en las calles por la tristeza. Al

llegar a mi casa y encontrarse con mi madre, ella le desmintió todo.

Mi

madre le dijo que estábamos muy bien y que incluso mi novio iba a recibir

un

aumento de sueldo en su trabajo. Le comentó del problema que teníamos

para casarnos a solo dos meses de la boda. Ellos nos consultaron la idea de

casarnos por el civil antes de que mi suegro regresara a los Estados Unidos.

Cada uno de nosotros permanecería en su hogar y comportándonos con

respeto como hasta aquel momento, como novios hasta la ceremonia de bodas

en la Iglesia la cual era muy importante para nosotros. Lo consultamos en la

Iglesia con nuestros pastores quienes nos dieron su aprobación. Nuestros

padres arreglaron todo y en una semana nos casamos por el civil, ceremonia a

la cual ni mi padre ni la madre de mi novio asistieron.

Miriam Arelis Quiñones

Miriam Arelis Quiñones

Dios no se Equivoca

Dios no se Equivoca A los 19 años me casé con el amor de mi vida.

A los 19 años me casé con el amor de mi vida. Fue un día muy bonito para

nosotros. Mientras los preparativos de la boda por la Iglesia continuaban. En

las semanas posteriores, conseguimos una casa para alquilar lo cual nos añadió

otros gastos además de los de la boda. Contando con la ayuda económica de

mi suegro, quien nos había prometido pagar la oferta de boda que incluía mi

Miriam Arelis Quiñones

traje de novia, la etiqueta y demás. Utilizamos todos nuestros ingresos para

habilitar la casa que sería nuestro hogar y otros preparativos para la boda. Un

mes antes de la boda el padre de mi “novio” nos indicó que no podría pagar la

oferta. Al vernos sin dinero para costear la oferta, nos deprimimos mucho y

decidimos suspender la boda por la Iglesia e irnos a vivir a la casa juntos. Dios

sabía que ya estábamos casados y que nos habíamos respetado como “novios”.

Hablamos con nuestros pastores para que el día antes de la fecha que

habíamos escogido para la boda, en el servicio de la Iglesia bendijera nuestra

unión para poder irnos a vivir como matrimonio con una ceremonia sencilla y

recibir la bendición de Dios.

Cancelamos todo, la escolta, la recepción y la oferta de boda. No tenía un traje

de novia para la ceremonia de nuestro matrimonio. Como no tenía los recursos

para alquilar ni comprar uno, decidí usar el que había comprado para usar

como traje de desposada.

Dios no se Equivoca

No tenía corona, ni velo, ni flores, pero era feliz porque Dios daría la

bendición a nuestro matrimonio y eso era lo importante para mí. Nuestros

padrinos de boda se habían encargado de preparar una pequeña fiesta de

recepción para que luego de salir de la Iglesia pudiéramos celebrar en su casa.

El día llegó, al llegar a la Iglesia en el momento de la pequeña ceremonia, me

llamaron para pasar a la parte de atrás de la Iglesia donde la madrina de boda

me tenía como sorpresa una corona que me iba a prestar para tener mi ajuar

completo y un ramo de flores que me había preparado, además de un cojín

para llevar los anillos. Al disponerme para desfilar, alguien faltaba, mi padre,

no llegó para entregarme.

El día de mi boda, el día más importante de mi vida y nuevamente mi padre no

estaba conmigo. Lo que me entristeció y comencé a llorar. Al ver que no

desfilaba mi futuro esposo vino me tomó de la mano y desfilamos juntos hacia

el altar, ese día cambiamos la tradición de las bodas.

Allí nuestro pastor habló unas palabras muy hermosas de ambos y nos casó

como deseábamos. Recibimos la bendición del Señor, intercambiamos los

Miriam Arelis Quiñones

anillos y nos dimos el beso que selló aquel pacto. Al finalizar la ceremonia,

los hermanos de la Iglesia habían hecho una recolecta para regalarnos dinero

para comenzar nuestra vida juntos.

Fuimos a nuestra fiesta de recepción. Nos tenían un bizcocho precioso,

brindamos y compartimos con los seres que amábamos y nuestros hermanos

en Cristo. Quienes nos apreciaban y juntos habían preparado tan bonita fiesta.

Lamentablemente no pudimos tener fotos solo un video de esta ocasión tan

especial. Como no teníamos dinero para la luna de miel nos fuimos directo a

nuestra nueva casa. Donde nuestro amor fue consumado de la manera más

hermosa y delicada con la que sueña toda mujer y hombre enamorados y

recién casados. No fue fácil para mí. Tenía mucho miedo a aquel momento.

Dios permitió que mi esposo fuese una persona muy amorosa, paciente y

sobre todo tierna. Quien me ayudó a entregarme al amor sin temores ni

complejos siendo yo misma. Siendo amada y aceptada sin condiciones.

Ese día nuestra vida juntos comenzó. No éramos dos sino uno, una sola carne,

como dice la palabra en Génesis 2:24 “Entonces dejará el hombre a su padre y

Dios no se Equivoca

a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne.” No éramos él y yo

sino nosotros. No fue fácil poder conocernos como pareja. No fue fácil

entender nuestras diferencias de carácter. Pero Dios estaba en el centro de

nuestro matrimonio y de nuestras vidas por lo que pudimos salir adelante.

Al par de meses, me bauticé en las aguas. Es la experiencia más bella en la

vida de cualquier cristiano. Ese día pude sentir literalmente que Dios tomó

todos mis pecados, mi pasado, mi sufrimiento y los echó en el fondo del mar.

El caso continuaba en el tribunal, el día del juicio llegó luego de tantas

suspensiones. Aquel hombre pidió a través de su abogado llegar a un acuerdo

para declararse culpable. Que me dio a entender que Dios estaba haciendo

justicia. Aceptamos el acuerdo dándole la oportunidad de que la condena fuera

menor. Dios había cambiado mi corazón, ya lo había perdonado, no necesitaba

más.

Solo

le

pedía

al

Señor

que

le

permitiera

conocerle

para

que

pudiese

arrepentirse de sus actos y que su hija (mi hermanita) no lo odiara el día que se

Miriam Arelis Quiñones

enterara de la verdad. Le sentenciaron a quince años de prisión de los cuales

cumpliría cinco. El restante podría cumplirlos en libertad bajo palabra.

Para mí fue suficiente saber que reconoció su culpabilidad y que yo sí había

dicho la verdad. Pasaron meses de matrimonio y anhelábamos tener un bebé.

Para mí era sentirme realizada como mujer y esposa. Los meses pasaban y no

podía quedar embarazada lo que comenzó a deprimirme.

El enemigo trató de burlarse de mí haciéndome recordar las palabras de aquel

hombre. Cuando me decía que nunca iba a ser feliz y que nunca sería madre.

Dios me levantó y me demostró su amor. Todo llegaría a su tiempo. Hacen

casi once años de eso y aún espero la promesa del Señor de un hijo. Mis años

de matrimonio no fueron fáciles. Poder superar los distintos problemas que se

enfrentaban en un hogar y en la pareja. Mucho más para mí, el poder superar

todo mi pasado y entender que no era culpable de nada de lo que había

sufrido. Que las relaciones íntimas podían ser hermosas entre dos seres que se

amaban y se respetaban.

Dios no se Equivoca

He pasado por altas y bajas, salud y enfermedad, alegrías y tristezas,

depresiones y desánimos porque somos humanos. Fui víctima de un accidente

de tránsito aparatoso en el que pude haber muerto. Recibí fuertes golpes en la

cabeza. Fui tratada por los fuertes dolores de cabeza por muchos meses hasta

que Dios me sanó.

Solo fueron golpes superficiales ningún hematoma fue detectado en los

exámenes. Dios me ha levantado con su misericordia y su amor. Porque él

cumpliría

su

propósito

en

mi

vida.

Ha

sido

muy

difícil

enfrentar

la

problemática de no poder tener hijos, pues me encantan los niños. Ese amor

que siento por los niños me llevó a trabajar con niños. Me fascina estar

rodeada de niños. Lo más hermoso es que esa vocación la descubrí al servicio

de Dios, dando escuela bíblica.

estar rodeada de niños. Lo más hermoso es que esa vocación la descubrí al servicio de

Miriam Arelis Quiñones

Me ha regalado muchas otras bendiciones que tengo que compartir contigo.

Me ha regalado talentos que jamás pensé tener. Me dio la oportunidad de ser

líder de jóvenes. Me dio la oportunidad de enseñar en la escuela bíblica a

adolescentes, jóvenes y a niños. Regresé a la universidad luego de tres años

porque nada de lo que había estudiado me llenaba. Me dediqué a estudiar

educación elemental. Para ese tiempo estaba estudiando y trabajando en el

cuido de niños.

Me dediqué a estudiar educación elemental. Para ese tiempo estaba estudiando y trabajando en el cuido

Dios no se Equivoca

Fue muy fuerte estudiar, trabajar y mantener mi hogar a la vez. Tanto así que

me di de baja de la universidad. Esta no me proveía opciones para poder

estudiar de forma nocturna. Por lo que me vi obligada a darme de baja de la

universidad.

Al poco tiempo, encontré una universidad que me ofrecía la opción de estudiar

de noche. Luego de pensarlo, decidí solicitar para transferirme a esa nueva

universidad.

Al

concentración.

transferirme

de

universidad

me

cambié

nuevamente

de

Tantos cambios de concentración se debieron en parte a la inseguridad que

tenía. Nos mudamos y decidimos llevarnos con nosotros a vivir a una sobrina

de

mi

esposo.

Durante

esos

días

se

me

presentó

también

una

nueva

oportunidad de trabajo. Esa oportunidad de trabajo era en un ambiente

totalmente diferente, pero me ofrecía un mejor salario. Muchos cambios al

mismo tiempo.

Miriam Arelis Quiñones

Mientras fui asistente de maestra en el centro de cuidado de niños fui amada

por niños maravillosos que alegraron mi vida. Le dieron sentido a mí existir.

Pude

ejercer

mi

vocación

de

enseñar

a

niños.

Pero

quería

progresar

económicamente. Al comenzar en mi nuevo trabajo, en la nueva universidad y

con la niña en la casa, empecé a sentirme bajo mucha presión. Fue muy fuerte

para mí. Tenía más cargas de las que yo podía llevar. Sumado a todo eso,

habíamos sido víctimas en nuestra Iglesia de injusticias. Por la falta de

madurez espiritual y por conformarnos con solo asistir a la iglesia, pensando

que era suficiente, nos llevó a no poder superar la persecución de la que

fuimos víctimas. No pudimos entender que nadie es perfecto y que a la Iglesia

va toda clase de personas. Heridos nos alejamos de la Iglesia y por ende del

Señor. Error que nos costó muchísimo. En mi trabajo fui víctima de terribles

humillaciones. Nada de lo que hacía parecía agradar a mi jefe. Me insultaba,

haciéndome sentir totalmente inútil. En la universidad iba excelentemente

bien, logré subir mi promedio. La niña mejoró muchísimo en la escuela. Pero

Dios no se Equivoca

mi

matrimonio

comenzó

a

verse

afectado

por

tantas

presiones.

matrimonio comenzó a verse afectado por tantas presiones. Todo ese estrés provocó que siempre estuviese de

Todo ese estrés provocó que siempre estuviese de mal humor. Mi carácter es

uno muy fuerte dada las circunstancias en las que crecí y me desarrollé. Al

convertirme mi carácter cambió muchísimo. Logré con la ayuda de Dios a

controlar mis arranques e impulsos negativos. Adquirí mayor tolerancia,

paciencia y aprendí a dialogar. Pero al dejar al Señor la vieja criatura empezó

a resurgir de nuevo en mí.

Miriam Arelis Quiñones

Mi relación matrimonial comenzó a cambiar. Por todo discutíamos, nos

gritábamos. Comencé a sentir el rechazo por parte de mi esposo. Total

indiferencia de parte de mi esposo. Él era muy cariñoso y detallista. ¿Qué

estaba pasando? Y el amor tan grande que nos teníamos. Ese amor que nos

juramos en el altar ante Dios. Él comenzó a cambiar, su carácter, su forma de

expresarse.

Ya no conversábamos. Ya no me decía que me amaba, en fin todo había

cambiado. Comenzó a salir con “amigos” y llegaba de madrugada. El dinero

no

alcanzaba, apenas podíamos pagar las cuentas del hogar. Tuve que entregar

mi

carro al banco porque no lo podía pagar. Él apenas traía dinero a la casa.

La

niña comenzó a afectarse por nuestras discusiones. Me sentía ahogada en

tantas cosas que mi carácter comenzó a empeorar. Siempre estaba de mal

humor y con coraje. Comenzamos a tener grandes y serias discusiones en las

que ambos nos expresamos estar hartos el uno del otro bajo la ira. ¿Qué estaba

pasando? No se suponía que estaríamos juntos en las buenas y en las malas.

¿Qué pasó ahora que llegaron los momentos malos? No entendía. No teníamos

Dios no se Equivoca

intimidad como siempre. Apenas me miraba o me tocaba. ¿Qué estaba

pasando? ¿Habría alguien más? ¿Pero cómo? Si él me amaba tanto. Si yo

siempre había estado ahí para él. Eran las interrogantes que pasaban por mi

cabeza día tras día. Llegaron las fechas importantes como aniversario, día de

enamorados, cumpleaños y no hubo ni un detalle. Ya no había palabras

bonitas ni expresiones de cariño.

Algo había cambiado ¿Pero qué? Al pasar los meses, la joyería donde

trabajaba fue asaltada y yo vi a los asaltantes y los pude identificar. Acción

que me llevó a un estado de nervios bien crítico. Tuve que ser atendida a

través de la Corporación del Fondo del Seguro del Estado por Trastorno de

Estrés Postraumático.

Diagnóstico que me impidió continuar trabajando. Ese trastorno se convirtió

posteriormente en un Trastorno de Estrés Agudo. Por este

motivo me

recetaron una serie de antidepresivos y medicamentos para los ataques de

pánico que sufría. Mi estado emocional decayó a tal punto que dormía durante

todo el día. No quería regresar a trabajar por lo decidí renunciar. Las cosas

Miriam Arelis Quiñones

comenzaron a empeorar. Cada vez que me correspondía ir al tribunal a

declarar por el caso del robo mi esposo nunca me quiso acompañar. Eso me

dolía mucho, me aterraba la idea de ir sola y que algo me pudiera pasar. Su

indiferencia y desilusión eran tan grandes que al parecer nada le importaba.

Yo me sentía viviendo con un compañero de cuarto. No con mi esposo, aquel

ser cariñoso y amoroso con quien me había casado. Su cara había perdido el

brillo y la alegría que lo caracterizaba. Al pasar las semanas, buscando en su

teléfono celular me percaté de que había recibido mensajes de texto y

llamadas de otra mujer con insinuaciones amorosas. Lo que destruyó por

completo mi vida. No lo podía creer.

de texto y llamadas de otra mujer con insinuaciones amorosas. Lo que destruyó por completo mi

Dios no se Equivoca

El amor de mi vida, en quien yo había confiado. A quien le entregué toda mi

vida, quien juró amarme y prometió no hacerme sufrir. ¡Tenía una amante!

Esa fue una notica devastadora. Él lo negó en todo momento. Hasta que no le

quedó otra opción que confesarme “todo”. Me pidió perdón y yo lo perdoné,

lo amaba, pero había algo que no me dejaba dormir tranquila a su lado.

Pensando en que me había traicionado.

Pensando si tal vez cuando teníamos intimidad me besaba a mí pensando en

otra mujer. Lo que me consumía por dentro. Por lo que, ignorantemente,

decidí que nos separáramos por un tiempo para darnos espacio. Para poder

pensar y sanar mis heridas e intentar comenzar de nuevo. Él, al principio, no

estuvo muy de acuerdo por miedo de que yo me sumergiera en una depresión

mayor. Pero luego aceptó y se marchó a vivir con su madre.

Quedamos

de

acuerdo

en

comenzar

desde

cero.

Pero

no

fue

así.

Su

indiferencia continuó y su dejadez también. Yo estaba sufriendo mucho. Lo

amaba con todas mis fuerzas. Habían pasado casi dos meses y decidí hablar

con él para intentar arreglar las cosas entre nosotros y salvar nuestro

Miriam Arelis Quiñones

matrimonio. Él me dijo que sí quería salvar nuestro matrimonio, pero que no

quería regresar a la casa rápido. Eso porque no estaba seguro de lo que sentía

por mí. No sabía si me quería o no. Algo totalmente humillante y triste para

mí. Mi esposo no sabía si me quería. Después de tantos años de matrimonio.

Después de haber sobrepasado tantas situaciones juntos. Después de haber

luchado tanto por mantenernos unidos.

Él ¿no sabía si me quería o no? Pero ¿qué pasó con el amor tan grande que

decía tenerme? ¿Adónde se fue el amor? ¿Se acabó el amor? ¿Pero qué estaba

pasando? Dios se ha equivocado de nuevo. Donde estaba el propósito de Dios

conmigo y con mi matrimonio. ¿Qué nunca seré feliz? Es que nunca tendré

una dicha completa.

¿Qué solo había venido a este mundo a ser humillada y despreciada? Pero

¿por qué? ¿Por qué yo? Preguntas para las cuales no encontraba respuesta.

Aun así mi amor por él era tan grande, pese a la desilusión y la tristeza de no

saber si mi esposo me quería o no. Esperé pacientemente a que decidiera

regresar.

Dios no se Equivoca

Esperando que pudiéramos salvar nuestro matrimonio y superar aquel trago

amargo. Intentamos comenzar de nuevo. Al mismo tiempo decidimos regresar

a los caminos del Señor y buscar dirección y refugio en él. Gracias a un

hermano de la Iglesia a quien amo como si fuera mi padre. Parecía que ahora

sí estábamos en la senda correcta y que todo marcharía bien. Decidimos

también que su sobrina debía regresar con la madre. Necesitábamos tiempo

para nosotros y liberarnos de presiones y responsabilidades que no nos

correspondían.

Necesitábamos concentrarnos en el Señor y en buscar llenarnos de su

presencia. Pero su actitud era la misma. Seguía la frialdad, la indiferencia y la

dejadez. Yo me aferré a buscar de Dios y dejar que fuese él sanando mis

heridas y mi dolor. Pero nuestra relación seguía igual.

El vacío entre los dos era tan grande, que cada día parecía que nos separaba un

abismo. Mis sospechas comenzaron a surgir de nuevo. ¿Seguirá con aquella

mujer? ¿Tendrá otra amante? ¿Se habrá enamorado de otra persona y no tiene

el valor de decírmelo? ¿Qué voy a hacer? ¿Me dejará por otra?

Miriam Arelis Quiñones

¿Qué voy a hacer sin él? ¿Podré vivir sin él? ¿Qué no soy lo suficientemente

buena como esposa o como mujer para hacer feliz a un hombre? ¿Para hacer

feliz

a

mi

esposo?

Preguntas

diarias

que

me

hacía

contestación. Había días que sentía que sí me quería

y

que

no

recibía

y otros

días me

despreciaba sin compasión. La relación seguía deteriorándose, pero yo me

aferraba a la esperanza de que él volviera a amarme como al principio. Que

todo volviera a ser como antes, pero no fue así. A pesar de que estábamos en

la Iglesia las cosas seguían igual o tal vez peor. Lo más triste era que yo

sospechaba que él seguía siéndome infiel. Nos separaba algo más grande que

el amor que yo sentía por él.

Comencé a perder la fe y la esperanza. Al ver que oraba y Dios parecía no

escucharme. Dejé de creerle a Dios. Era algo más fuerte que yo. Era algo

contra lo que no podía luchar más. Por más que le pedía a Dios no podía

luchar contra eso. Parecía que Dios no me escuchaba. Así siguió pasando el

tiempo, hasta que descubrí que aún él seguía con la misma persona con la que

me había engañado la primera vez. Que me había seguido engañando después

Dios no se Equivoca

de yo haberle dado una oportunidad y de haber confiado de nuevo en él. Me

había mentido de nuevo. Después de tanto tiempo y aún seguía con ella.

¿Pero por qué? Esta vez no quise cometer el mismo error. No quise pedirle

que se fuera. Le exigí que me dijera toda la verdad. Así lo hizo, me pidió

perdón y me prometió cambiar. Yo seguía esperando a que él cambiara y se

diera cuenta del grande amor que sentía por él. Conseguí otro trabajo el cual

me ofrecía grandes beneficios salariales. Debía mudarme a Juana Díaz para

ser la directora de un hogar de envejecientes. La idea me agradó mucho,

porque de esa forma lo alejaría (pensaba yo) de aquella mujer. Lo dialogamos

y a ambos nos pareció una gran oportunidad para progresar económicamente y

comenzar de nuevo. Regalamos muchas de nuestras pertenencias y otras las

guardamos en un almacén. Empecé a entrenarme en aquel nuevo oficio. Era

un área totalmente distinta y desconocida para mí. La cual descubrí a través de

esos misterios que tiene Dios para nuestras vidas.

Aprendí a conocer y a amar el trabajo que allí se hacía. Un hogar para

envejecientes, población que muchos dejan al olvido y que trajo a mi vida

Miriam Arelis Quiñones

muchas satisfacciones. Al igual que muchas tristezas al ver como el ser

humano va dejando esta vida y como muchos sufren el abandono de los que se

suponen son su familia.

Nos mudamos y comencé a trabajar junto a mi madre y mi hermana en aquel

lugar. Se trabajaba muy fuerte. Era un trabajo de prácticamente veinticuatro

horas. Apenas tenía tiempo para comer o para dormir. Comencé a bajar de

peso. Seguía estudiando lo que me mantenía aún más ocupada. Apenas podía

visitar la Iglesia. Mi salud se deterioró mucho. Comencé a sufrir de ataques de

asma severos y frecuentes. Pensando que aquel cambio ayudaría en nuestra

relación. Pero no fue así. Al contrario cada día lo sentía más lejos de mí. Cada

día sentía que lo perdía más y más. Aunque decidí darle otra oportunidad,

cada día que pasaba, con cada gesto, cada palabra, cada actitud, me dejaba

saber que me despreciaba, que no me quería, que ya no quería seguir a mi lado

y yo me rehusaba a creerlo. Yo seguía aferrada a mi trabajo y a mis estudios.

No tenía nada más. No podía salir ni compartir con mi familia. Lo que

comenzó a llevarme a un estado de soledad terrible.

Dios no se Equivoca