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CHILE EN RUTA AL CAPITALISMO.

Cambio, euforia y depresión


1850-1880
Luis Ortega Martínez

CENTRO
DE INVESTIGACIONES
DIEGO BARROS ARANA
CAPITULO II
El comienzo de una larga transición, 1850-1875

1. Todo comenzó en Santiago y Valparaíso.


A mediados de la década de 1850, la sociedad chilena comenzó a sacudirse de
los lastres de la economía de antiguo régimen e inició su tímido tránsito a la
modernización. Tal cual los comentaristas económicos de comienzos de la
década de 1870, Diego Barros Arana planteó que al concluir el gobierno de Manuel
Bulnes (1851), se apreciaba la "vitalidad que había cobrado el país al amparo de la
paz interna y de la regularidad gubernativa".1 Veinte años más tarde, Agustín
Edwards afirmó que en la década de 1860 se generó una "ola de optimismo y fervor
empresarial que barrió el país", que se manifestó en iniciativas públicas y privadas
que lograron "sacar a Chile de la indolencia económica en que hasta entonces había
vivido".2 ¿Qué 0currió a partir de mediados del siglo XIX en el ámbito económico
en el país? En realidad, lo que ocurrió en la década de 1850 fue que algunos
sectores de la economía experimentaron fuertes estímulos de demanda externa;
pero la mayor parte de ellos, tanto en el caso del agro como de la minería, estuvo
asociada a episodios de corta duración cuya espectacularidad opacó sus reales
efectos.
Si bien las exportaciones crecieron a la respetable tasa anual de 4,6 por
ciento, ello no es necesariamente un indicador del desempeño de la economía en
su totalidad. Según el modelo de Bulmer-Thomas, los incrementos en el quantum
de las exportaciones registrados en el país desde la década de 1850 en cuanto a
transmisión de aumentos de productividad al resto del sistema económico
pertenecieron a los tipos “integrador” y “destructivo”, es decir con baja incidencia
sobre el resto de la economía.3 Cálculos recientes del PIB sugieren modestas
tasas de crecimiento para los años 1850, 1,8 anual para el primer quinquenio, 2,9

1
. Un decenio de la historia de Chile, 1841-1851 (2 vols, Santiago, 1913), vol. II, pp. 34-36 y 609.
2
. Agustín Edwards, Cuatro Presidentes de Chile (2 vols., Valparaíso, 1932), vol. II, pp. 328-329 y 349.
3
. Bulmer-Thomas, pp. 83-84.

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para el segundo, con una tasa acumulativa anual de 2,8 para la década.4 Esto
sugiere que los efectos multiplicadores del crecimiento de las exportaciones
estuvieron limitados a áreas muy delimitadas del territorio, en particular a aquellas
zonas ligadas al eje Santiago-Valparaíso, y a la zona aledaña a Concepción, lo
cual se explica en parte por el escaso desarrollo de los medios de transporte
Durante los siguientes 20 años, el dinamismo y las transformaciones que
experimentó la economía siguieron vinculados al comportamiento de su sector
externo. Las exportaciones crecieron al 5 por ciento anual entre 1850 y 1873,
mientras que las importaciones lo hicieron a la misma tasa entre 1850 y 1874.
Entonces sí la dinámica adquirida por el sector externo parece haber impactado
más intensamente a la economía no-exportadora, pues la tasa de crecimiento
acumulativa anual del PIB entre 1860 y 1875 ha sido calculada en torno al 3,4 por
ciento, con un crecimiento ligeramente mayor entre 1870 y 1874, de 3,6 por
ciento.5 Ello, en gran medida, estuvo relacionado con el desarrollo de la
infraestructura de transportes, especialmente con la construcción de ferrocarriles.
Tan importante como la tasa de crecimiento de esas variables fue la
consolidación de la balanza comercial, que permitió al país reiniciar el servicio de
su deuda externa en la década de 1850. Ello a su vez le permitió concurrir
nuevamente al mercado financiero de Londres, el que se convirtió en un
importante financista de diversas obras de modernización, particularmente de la
infraestructura de transportes. Finalmente, el comportamiento del sector externo,
hasta mediados de la década de 1870 permitió que la moneda se estabilizara por
casi veinticinco años con relación a la libra esterlina, lo cual facilitó las operaciones
financieras externas y la adquisición de bienes de consumo, insumos para
procesos productivos y bienes de capital para el transporte y diversos ámbitos de
la producción.
Las experiencias comerciales de las décadas de 1820 a 1840, junto con el
desarrollo institucional que en cuestiones de administración económica se
experimentó durante el mismo período, le permitieron al país beneficiarse

4
. Juan Brown, et.al., Economía chilena 1810-1995: estadísticas históricas (Santiago, 2000), pp. 22-23.
5
. Ibid., pp. 22-23.

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plenamente de la expansión comercial internacional que comenzó a generarse
desde fines de la década de 1840; la que fue aumentada, en su expresión local,
por los breves pero importantes auges generados por los descubrimientos de oro
en California y Australia. De alguna manera tal desarrollo del sector externo y de
las instituciones económicas permitió al país enfrentar los rigores de la crisis
comercial de 1857 a 1861.6
Entonces, el desempeño de la economía chilena en el cuarto de siglo 1849-
1874 fue en su origen similar al de los demás países latinoamericanos que
lograron algún grado de éxito en sus esfuerzos por insertarse en las redes del
comercio internacional, pues fue sólo a partir de mediados del siglo XIX que la
nueva demanda en Europa creó “sustanciales salidas para los productos
pecuarios y agrícolas, [y] para las materias primas industriales”, de modo que,
“hacia fines del tercer cuarto del siglo, América Latina estaba firmemente integrada
a la economía transatlántica”.7 Chile, entre tanto, había avanzado a través del
entrepot de Valparaíso, pero además, en la nueva relación comercial internacional
Europa no sólo pudo “cumplir las funciones que desde la emancipación se habían
esperado vanamente de ella: no sólo iba a proporcionar un mercado para la
producción tradicional latinoamericana, ofrecerlo para un conjunto de
producciones nuevas; por añadidura, iba a ofrecer capitales que -junto con la
ampliación de los mercados consumidores- eran necesarios para la modernización
de la economía...”.8
Para Chile, las nuevas condiciones de la economía internacional fueron
particularmente favorables.9 Por prácticamente dos décadas los productores
nacionales gozaron de dos condiciones que se dieron por única vez: por una
parte, hasta fines de la década de 1860 la oferta de alimentos y materias primas
en los principales mercados europeos continuó siendo limitada, pues sólo
6
. Esta crisis, tal vez la primera de carácter cíclico que enfrentó el país, aún aguarda ser estudiada.
7
. D.C.M Platt, Latin America and British Trade, 1806-1914 (London, 1972), p. 3.
8
. Halperin, p. 216.
9
. Acerca del origen de esta nueva etapa, Halperin señala: “La eficacia que el cambio de la coyuntura
económica mundial tuvo para Latinoamérica fue acrecida por el modo en que se produjo. Una explicación
hoy impopular lo hace partir del descubrimiento del oro californiano; justa o no, ella tiene, en todo caso, el
mérito de recordar que el cambio de coyuntura comenzado hacia 1850 no sólo abre una fase destinada a durar
hasta 1873, sino también se acompaña de una ampliación del espacio económico, de una unificación del que
estaba organizado...”; p. 216

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entonces la puesta en marcha de grandes proyectos en los ámbitos de los
transportes y las comunicaciones hicieron posible su ampliación.10 Por otra, pero
relacionado con lo anterior, los precios de los bienes primarios se mantuvieran
altos en el mercado internacional, a lo cual también contribuyeron acontecimientos
como la guerra civil de los Estados Unidos y las guerras de Crimea y la franco-
prusiana.
De esta forma, las exportaciones de cobre que ya habían encontrado un
espacio en el mercado británico, a mediados de la década de 1840,
experimentaron un importante crecimiento, al cual no sólo contribuyó el
incremento en la demanda sino también mejoras en la metalurgia, en particular la
difusión del horno de reverbero.11 Desde comienzos de la década de 1850,
importantes inversiones se verificaron en el transporte de minerales, su fundición y
en proporción mucho menor, en la minería.12
Los factores externos también jugaron un importante rol en la expansión de
la economía rural. Una oferta limitada, la demanda en rápida expansión, los altos
precios y la mayor disponibilidad de navíos, le permitieron al trigo chileno situarse
con holgura en el mercado londinense en la década de 1860 y permanecer en él
hasta mediados del siguiente decenio. El punto culminante de estas
exportaciones se registró en 1874.
La transformación en marcha no estuvo confinada a los ámbitos de la
producción y del comercio. Otros observadores dejaron testimonios de diversas
transformaciones que se comenzaban a experimentar en la cotidianidad y que, en
pocos años, alteraron en forma definitiva las expectativas de consumo de amplios
segmentos de la población; según el novelista Alberto Blest Gana, en el ámbito de
la elite, sobre todo en sus nuevos componentes, comenzaba a emerger un nuevo
individuo, marcado por el afán de enriquecimiento; así, se había hecho
10
. En 1869 fue puesto en servicio el Canal de Suez, en tanto que en 1870 se completó el primer ferrocarril
transcontinental en los Estados Unidos. Estos dos acontecimientos se tradujeron en un reordenamiento de las
redes de comercio y de los servicios de transporte, la incorporación de nuevas tierras a la producción
agropecuaria y de nuevos yacimientos a la explotación de metales.
11
. Clark W. Reynolds, ‘Development Problems of an Export Economy: the Case of Chile and Copper`, en
Markos Mamalakis & Clark W. Reynolds, Essays on the Chilean Economy (Homewood, 1965), p. 211.
También capítulo III, parte 1.
12
. Harold Blakemore, British Nitrates and Chilean Politics, 1886-1896. Balmaceda and North (London,
1974), p. 62.

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...bastante conocido el tipo de hombre que dirige a este fin [los negocios] todos
los pasos de su vida. Para tales vivientes, todo lo que no es negocio es
superfluo. Artes, historia, literatura, todo para ello constituye un verdadero
pasatiempos de ociosos. La ciencia puede ser buena a sus ojos si reporta
dinero, es decir mirada como negocio. La política les merece atención por igual
causa y adopta la sociabilidad por cuanto las relaciones sirven para los
negocios. Hay en esas cabezas un soberbio desdén por el que mire más allá de
los intereses materiales, y encuentran en la lista de precios corrientes la más
interesante columna del periódico.
Eran según el novelista y diplomático, los “... sectarios de la religión del
negocio...” que hacían evidente que en el país todo parecía ir “cediendo su puesto a
la riqueza”.13 Y cada uno de los segmentos de la sociedad urbana - hacía suya tal
devoción, en la medida de sus posibilidades. Así, en 1850 para un joven de una
familia acaudalada era posible desprenderse sin mayor problema de $2.000 [£385]
en una noche de juerga, en tanto que $1.000 [£192] eran para un personaje del
"medio pelo" una "suma enorme..." que era recibida "... como guardaría una reliquia
un devoto...". Pero un joven estudiante provinciano sobrevivía con $20 [£3,8] al mes
gracias a la generosidad capitalina que le proveía de alojamiento y alimentación. Por
aquellos años, el Presidente de la República tenía un ingreso mensual de £192, un
general de división y un vicealmirante de £56, mientras que el Decano de la Facultad
de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile percibía £16.14
En otros planos, algunos chilenos -especialmente los residentes de Santiago
y Valparaíso- tenían la oportunidad de percibir otras dimensiones de los nuevos
tiempos. En Octubre de 1840 en el puerto de Valparaíso el silencio de la bahía y la
diafanidad de sus cielos fueron rotos con la llegada de los vapores "Chile" y "Perú",
los primeros de su clase en surcar aguas nacionales con el objeto de establecer un
servicio regular a lo largo de la costa y hasta el Callao por el norte. Era el primer

13
. En Martín Rivas (Santiago, 1987), p. 142. Es importante recordar que este libro se publicó en 1861.
14
. Las tres primeras referencias corresponden a personajes de Martín Rivas, pp. 7, 95 y 160. Según Recaredo
Santos Tornero, por un lado el "medio pelo" era "una casta aparte; no fraterniza con el pueblo a quien llama
desdeñosamente rotos, y la sociedad no la admite en su seno". De otra parte, era "pobre o [contaba] con pocos
recursos; pero en su afán de lucir y aparentar lo que no tiene y lo que no es, no omite sacrificio alguno ni privación
de ningún genero", en Chile Ilustrado (Valparaíso, 1872), pp. 464-465. Los datos para funcionarios públicos en
Anguita, vol. I., pp. 441-467.

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"impacto tecnológico" de la "gran transformación" por la que ya atravesaban las
economías de Europa nor-occidental, una de cuyas dimensiones más notables fue,
precisamente, el desarrollo de los medios de transportes modernos.15 Siempre en la
esfera del transporte, nuevamente la ciudad de Valparaíso fue estremecida en
Septiembre de 1852. Entonces, una tronadura en el acantilado del sector Barón (en
la parte nororiente de la ciudad), marcó el inicio de los trabajos de construcción de
una obra capital, tanto por su importancia económica como por su simbolismo: el
ferrocarril entre Valparaíso y Santiago.16
Con el inicio de la construcción del ferrocarril en la zona central del país no
sólo se verificó la más importante de las innovaciones en el transporte terrestre, sino
que comenzó una etapa de transformaciones que se extendieron hasta mediados
de la década de 1870 y que fueron el fruto de una temprana transferencia de
tecnología. En ella, la máquina a vapor fue el eslabón perdido. Con su empleo se
pudieron utilizar grandes cantidades de equipos y capital en un lugar (las fábricas
y las maestranzas) o en operaciones integradas y geográficamente dispersas (los
ferrocarriles). Los trenes contribuyeron a la creación de mercados nacionales.
Con el motor a vapor y las grandes cantidades de equipos que podían
agregársele, la producción pudo alcanzar dimensiones desconocidas (por ejemplo,
en la producción de carbón) y el rendimiento aumentar proporcionalmente con
más rapidez que las inversiones. La mayor productividad condujo a más altos
ingresos, lo cual a su vez llevó a una mayor disponibilidad de bienes a y la
posibilidad de permitirse nuevos lujos que, rápidamente, se convirtieron en
necesidades.17 Por otra parte, asociado al ferrocarril llegó el telégrafo. A partir de
1852, las comunicaciones entre el puerto y la capital experimentaron una
transformación radical con la puesta en funcionamiento de ese servicio. Las

15
. Para una visión del efecto de la llegada de esos vapores, véase El Mercurio, 16.X.1840. El concepto de "gran
transformación", es el de Karl Polanyi, The Great Transformation (Boston, 1968), pp. 130-209.
16
. El Mercurio, 16.IX.1852; The Illustrated London News, 21.XII.1852, que se reproduce en páginas
centrales de este libro. Los problemas de todo orden que planteó la ejecución de esta obra (187 kilómetros de
tendido de línea) quedan reflejados en el tiempo que demandó su terminación: 9 años. El mejor estudio sobre los
trabajos es Robert B. Oppenheimer, " Chilean Transportation Development: The Railroads and Socio-
Economic Change in the Central Valley, 1840-1885", tesis doctoral inédita, University of California, Los
Angeles, 1976.
17
. Thurow, The Future, p. 10.

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comunicaciones más rápidas fueron de vital importancia para el mejoramiento de
la administración pública y el desarrollo de los negocios.
En todo caso, tales acontecimientos fueron sólo un anticipo de lo que ocurriría
en los siguientes veinte años y, que en la primera mitad de la década de 1870,
redundaba en un período de euforia económica, y también en una innegable
modernización.
Sin embargo, en sus orígenes los niveles de la actividad económica fueron,
desde todo punto de vista, modestos y quedan reflejados en, por ejemplo, las
variaciones en el valor del comercio exterior entre 1844 y 1849, que si bien registran
una tasa de crecimiento anual de 5,8 por ciento, son precarios si se les compara con
los de los años 1870-1874. Por otra parte, si se toman los mismos quinquenios y se
comparan los presupuestos de gasto del gobierno, se tiene que los valores
comprometidos para el período 1845-1849 representan tan sólo el 28,6 por ciento de
aquellos de los años 1870-1874.18

2. El escenario humano, institucional y económico para la transformación.

En 1849 la estadística registró un significativo incremento en el comercio exterior. El


valor de éste que entre 1844 y 1848 registró un crecimiento acumulativo anual de
sólo 1,5 por ciento, ese año experimentó un aumento de 30 por ciento, con las
exportaciones creciendo en 31,5 por ciento. Todo ello era el resultado de la
interacción de numerosos factores externos, que paulatinamente fueron imprimiendo
una nueva dinámica a la actividad económica nacional, dejando atrás las dificultades
que se examinaron en el capítulo anterior: las que decían relación con el
desplazamiento de los centros de actividad comercial de la región. La puesta en
explotación de las guaneras en la costa del Perú, los incentivos del gobierno de ese
país al comercio internacional directo -a través de rebajas tarifarias-, y la activación
por parte de Bolivia del puerto de Cobija, redundaron en la declinación del comercio
de tránsito y de la actividad económica en general en Valparaíso. Junto a esos

18
. Cálculos con datos de Chile, Dirección General de Contabilidad, La Hacienda Pública de Chile (Santiago,
1901).

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factores, los cambios que se comenzaban a registrar en la economía internacional
como producto del inicio de la "nueva etapa de la industrialización y de los cambios
en la política comercial en Gran Bretaña” contribuyeron a crear momentos de
incertidumbre y déficit constantes en la balanza comercial,19 que fueron cubiertos
con exportaciones de moneda metálica, lo cual redundó en la consiguiente reducción
en la oferta interna de dinero, en la contracción de la demanda y en una marcada
baja en las transacciones.
Fue en ese contexto que a partir de 1850, con el auge exportador a California
en pleno desarrollo, el crecimiento del valor de las exportaciones y del comercio
exterior adquirieron un dinamismo sin precedentes por su nivel y durabilidad.
Comenzaron a desaparecer paulatinamente los déficit en la balanza comercial,
aumentó el valor de retorno de las exportaciones, y se comenzó a generar una
demanda agregada interna, la que a pesar de su lento ritmo de desarrollo, fue cada
vez más significativa. Con ello, comenzaron a cambiar definitivamente el ritmo y el
carácter de la actividad económica del país.
Los auges cerealeros de California y Australia fueron de corta duración,
plenos de contradicciones, pero de gran importancia desde el punto de vista del
estímulo a la demanda. Pero también impusieron un ajuste comercial severo; no en
vano por aquellos años se afirmó que California en alguna medida fue una "mina de
pocos y ruina de tantos... [a raíz] de buques perdidos con grandes cargamentos y
trigos malbaratados... "20
Así, a lo largo de la década de 1850 se registró una total readecuación del
comercio externo del país, aparecieron de nuevas instituciones facilitadotas de la
actividad económica. La nueva coyuntura económica externa y el aumento de la
actividad interna dejaron en evidencia las falencias institucionales que trababan el
desarrollo de los negocios y obstaculizaban el crecimiento, en particular la
insuficiencia del sistema monetario y la carencia de instituciones financieras. Ante
ello, los establecimientos comerciales debieron diversificar sus operaciones, a fin de
ampliar el crédito y la oferta de medios de pago. Pero ello no era tarea fácil; por el

19
. Garreaud, pp. 180-185., y Capítulo I, sección 5.
20
. Blest, p. 65, pone esta aseveración en boca del personaje Rafael San Luis.

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contrario, muy pocos comerciantes chilenos estaban en condiciones técnicas como
para enfrentar con eficacia ese desafío. Persistían las prácticas tradicionales en las
operaciones comerciales, con una "sorprendente ignorancia de técnicas mercantiles
viejas, aprobadas y de uso ordinario en Europa desde centurias anteriores, como la
letra de cambio, la contabilidad por partida doble o las operaciones bancarias".21 El
desconocimiento, entre muchas otras cosas, de las propiedades y ventajas del
crédito en sus diferentes formas comerciales, jugó una mala pasada a los grandes
comerciantes nacionales. A raíz de estos cambios, muchos comerciantes
tradicionales fueron desplazados del comercio de importación-exportación y ese
espacio fue ocupado principalmente por grandes casas comerciales extranjeras, en
especial británicas: ya en 1849 el 63 por ciento de las casas comerciales dedicadas
al giro al por mayor en Santiago y Valparaíso era de propiedad de extranjeros (de
ellas el 39 por ciento pertenecía a británicos).22
Ese relevo fue importante en una doble dimensión. En primer lugar, implicó el
comienzo del copamiento de las operaciones comerciales y financieras del sector
externo por empresarios extranjeros, con sus consiguientes implicancias con
relación a las operaciones y a la apropiación de las ganancias. Pero más sugerente,
tal vez, sea la segunda: el comienzo del repliegue de los elementos chilenos de esta
área de actividad. Este ha sido un tema de debate recurrente en las discusiones
historiográficas y económicas que se han verificado en el país; constituyó, por
ejemplo, la piedra angular de la argumentación de Francisco Encina en Nuestra
inferioridad económica, y de allí en adelante, de un amplio segmento de la
historiografía nacional.23 Dada la importancia que esta línea de interpretación ha
tenido y su capacidad para crear una imagen equivocada de los eventos de
mediados del siglo XIX, es necesario detenerse en ella.
Según la historiográfica conservadora, lo que entonces se verificó fue una
suerte de desgaste de las mejores tradiciones "empresariales" heredadas de fines
del siglo XVIII y de los primeros años de la república, las que habían impreso un

21
. Fernando Silva Vargas, "Comerciantes, habilitadores y mineros. Una aproximación al estudio de la
mentalidad empresarial en los primeros años de Chile republicano (1817-1840), en Varios Autores, Empresa
Privada, (Valparaíso, s/f).
22
. Bauer, Chilean, Table 4, p. 38.
23
. Cf., primera edición de 1911 y seis hasta 1986; se emplea esta..

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vigoroso impulso al desarrollo económico del país -que no tenía precedente ni
continuidad.24 Ese desgaste se tradujo en el aumento de la presencia de
comerciantes extranjeros, causa fundamental de la decadencia.25 El por qué del
desgaste del supuesto "espíritu empresarial" ha sido, a través de los años, motivo de
varias reflexiones desde esa perspectiva analítica, registrándose una suerte de
consenso en torno al hecho de que emergió precisamente en el contexto de la
modernización que el país comenzó a vivir en esos años.
Para algunos historiadores, ello fue el resultado de la entronización del
"desdén por el trabajo manual, el menosprecio extranjerizante por las manufacturas
chilenas, el influjo de la enseñanza",26 cuyo carácter fue precisado por otro autor
años más tarde. En efecto, se aseveró que el menor "vuelo empresarial que [aquél
que] se observaba en sus antecesores", era atribuible, en palabras de Encina, a la
muerte de "Q esa iniciativa audaz, casi aventurera..., la primera víctima de la
educación clásica y de su hermana gemela y sucesora, la educación científica".27
El efecto persuasivo de las posturas de los autores de comienzos del siglo XX
tuvo mucha trascendencia, e influyó fuertemente tanto sobre importantes autores
desarrollistas, como en aquellos que dieron origen a la historiografía de izquierda de
28
las décadas de 1950 y 1960. Con relación a la primera, su más preclaro
exponente, Aníbal Pinto, coincidió cronológicamente con Encina en su propuesta
acerca del momento en que se verificó "la decadencia, por no decir desaparición del
ánimo pionero que resalta de modo sobresaliente frente a la situación del período
inicial [de la república]". Pero, a diferencia de los conservadores, Pinto buscó
razones en cuestiones relacionadas con la economía política (sobre todo en cuanto
al modo de financiar el Estado y con relación a la inversión) y con la política
económica (en sus dimensiones comercial, fiscal y monetaria) implementadas por la
elite. Así, acerca de la causa principal de la frustración, Pinto subrayó que ella no

24
. Encina, p. 132.
25
. Ibid., p, 135.
26
. Gonzalo Vial, Historia de Chile (1891-1973) (Santiago, 1981), vol. I, tomo II, p. 491; énfasis mío.
27
. Juan E. Vargas, José Tomás Ramos Font: una fortuna chilena del siglo XIX (Santiago, 1988), p. 269-
260; énfasis mío y destaca en la postura de este autor -reforzada por la cita de Encina- su visión concordante
con la de Vial.
28
. Un buen ejemplo en cuanto a la historiografía marxista en Julio César Jobet, Ensayo crítico del desarrollo
económico-social de Chile (Santiago, 1952), pp. 36-45.

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fue la falta de capitales, sino la baja propensión de la clase dirigente a invertir debido
fundamentalmente al "ejercicio de una concupiscencia refinada y estéril", que derivó
en un uso inadecuado de los excedentes y otros recursos generados externamente y
en retraso productivo, especial aunque no exclusivamente, en el sector agrario.29
¿Pero fue realmente así? ¿Existió, con anterioridad a 1850, una falange de
empresarios a la cual deba atribuirse grandes logros económicos, laque no tuvo
sucesores dignas de su estirpe? ¿Comenzó el país una etapa de decadencia en su
desenvolvimiento económico debido a esta carencia? El problema no es de simple
resolución, pero es vital para un enfoque del período 1850-1879. Las dificultades
van desde los conceptos mismos de empresariado y empresario, hasta las
características del sistema económico de la época. Respecto de lo primero -
empresarios y empresariado- existe una suerte de "sabiduría convencional" en Chile
acerca del "hecho histórico" de que en las primeras décadas de la república existió
un grupo empresarial caracterizado por gran vigor y empuje que desarrolló notables
iniciativas. Estas, especialmente en los sectores comercial y minero, los llevaron a
lugares remotos del territorio nacional y del desierto de Atacama en busca de
yacimientos mineros, y a plazas comerciales distantes en Centro América, California
y Calcuta, e incluso en Europa. Fue la generación de los Almeyda, Eyzaguirre, Del
Solar, Ossa, Ramos, Santos, Urmeneta, entre muchos otros.30
Después de la independencia, estos personajes se acomodaron con rapidez y
expedición a las prácticas económicas vigentes, especialmente en los ámbitos
comercial, minero y agrario.31 Pero, si bien fueron agentes de algún grado de
transformación e innovación, lo tradicional de su práctica los llevó al reforzamiento de
las prácticas productivas tradicionales.
En el ámbito comercial, el desplazamiento de los empresarios nacionales de
las operaciones al por mayor y del comercio exterior se debió a la falta de una
tradición y cultura comercial que hubiese hecho posible una adaptación adecuada al
cambio de mediados de siglo. En el marco histórico en que esos individuos se

29
. Chile. Un caso, p. 81 et. seq.
30
. La literatura sobre este grupo, sin ser sistemática, es voluminosa; el mejor trabajo es el ya citado de Fernando
Silva Vargas.
31
. Villalobos, Origen y ascenso de la burguesía chilena (Santiago, 1987), passim.

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desarrollaron "... no hubo... un margen para las clásicas maniobras del empresario
capitalista; el ritmo y la envergadura de la vida económica chilena no las requerían",
por lo cual muy prontamente canalizaron sus ganancias a la adquisición de bienes
raíces urbanos, en predios rústicos rurales o a la inversión en operaciones
financieras de diversa envergadura y riesgo.32 Esto derivó en que, paulatinamente el
espacio comercial se despoblara de chilenos, y los que quedaron optaran por
operaciones de menor escala; o que, en el caso de las de mayor envergadura, se
contentaran con una condición subordinada a las operaciones de las grandes casas
comerciales extranjeras.33 De allí que a mediados de siglo fuera común entre los
hombres ricos de Santiago el dedicarse como "principal negocio... [a] la usura en
grande escala", y no tener otra actividad diaria que salir "de su casa a dar una vuelta
por las calles y a conversar algunas horas en los almacenes de amigos... una
ocupación de la que muy pocos capitalistas de Santiago se dispensa[ban]", mientras
algún empleado u hombre de confianza le llevaba el negocio. El resto de su tiempo
lo dedicaban a la vida social y a la actividad política, esperando que las fluctuaciones
de ésta les diesen una mayor cuota de poder y, tal vez, "algún día, el sillón de
senador".34
La incorporación en el agro de las nuevas fortunas fue paradojal, pues si bien
ellas se tradujeron en mejoras materiales en la producción y en la calidad de algunos
cultivos, en particular en la vitivinicultura, no fueron suficientes para alterar los
sistemas de trabajo. Ello no hizo sino reforzar la ya arcaica estructura agraria, con
importantes efectos negativos en las posibilidades del desarrollo económico. El
campo, cada vez con mayor número de propietarios ausentes siguió siendo mucho
más que una empresa económica. El peso de sus tradiciones creó un espacio ideal
para aquellos que llegaron a él con intenciones de innovar, lo hicieran mas que nada
en lo formal, pero no en lo esencial como lo era la tenencia de la tierra y las
relaciones laborales. De allí que se diese con frecuencia el caso de arrendatarios y
propietarios ausentes. Para muchos de ellos, esos predios eran lugares visitados

32
. Silva Vargas, p. 38.
33
. Eduardo Cavieres, Comercio chileno y comerciantes ingleses 1820-1880: un ciclo de historia económica
(Valparaíso, Universidad Católica de Valparaíso, 1988), especialmente capítulos III y IV.
34
. Blest, pp. 133 y 302.

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casi exclusivamente "en la estación de baños", es decir, en la temporada estival.35
Incluso se registran casos de capitalistas extranjeros, de los países centrales,
quienes simultáneamente con introducir nuevos cultivos y razas de ganado,
mantuvieron instituciones señoriales como el inquilinaje.
Según Mario Góngora, los hombres de fortuna de la "etapa pionera" de las
primeras décadas de la república estuvieron caracterizados por rasgos tales como la
espontaneidad y el aventurerismo. "No tenían ni la austeridad ni el espíritu de
ahorro de los manufactureros de Manchester" y habría que agregar, ni la visión de
futuro de éstos. Sí se "asemejaban mas bien a los conquistadores españoles del
siglo XVI, a lo que Sombart denominó 'capitalistas aventureros'". Sin estar imbuidos
de una conciencia burguesa, los hombres que, por ejemplo, habían hecho sus
fortunas en la minería "ingresaban sin problema alguno en la aristocracia
terrateniente y en la política aristocrática".36 Góngora omitió señalar que, según
Sombart, este tipo de "empresario" fue demasiado débil como "para dirigir por
nuevos caminos la vida económica",37 no pudiendo así realizar otra de las facetas -
tal vez la más importante- del empresario moderno: la de agente de transformación
social y cultural.
Lo anterior no quiere decir, naturalmente, que no hubo empresarios
modernos, capitalistas, en Chile. Los hubo; pero ellos parecen haber sido un
porcentaje muy reducido de las grandes fortunas nacionales. Sus características -
las de un Matías y un Luis Cousiño, las de un Agustín Edwards Ross y Francisco
Subercaseaux38- los hicieron individuos de excepción, sobre todo por sus
incursiones en el ámbito productivo. Pero ellas no hicieron sino confirmar la regla: la
de un desarrollo empresarial limitado. Estos y algunos otros individuos, más los
extranjeros afincados en Valparaíso, fueron los encargados de responder al tirón de
la demanda externa y a la nueva demanda interna.

35
. Ibid., p. 224.
36
. Ensayo crítico sobre la noción de Estado en Chile en los siglos XIX y XX (Santiago, 1981), p. 38.
37
. El apogeo del capitalismo (2 vols., México, 1984), vol. I., p. 28.
38
. Thomas F. O' Brien, The Nitrate Industry and Chile’s Crucial Transition: 1870-1891 (New York &
London, 1982), especialmente capítulos V y VI.

73
Si bien a lo largo de la historia de Chile ha habido sin duda, muchos hombres
de fortuna -capitalistas- ello no necesariamente siempre se ha traducido siempre en
la disposición a invertir en proyectos de mediana y larga maduración, y en
innovación tecnológica y productiva; o a favorecer cambios en la composición de la
demanda y la oferta, y en las estructuras económica y social, expresadas en diseños
institucionales que favorecen la transformación. Estos últimos son los factores que,
grosso modo, caracterizan al empresario moderno, capitalista.

Gráfico II-1. Valor de las exportaciones de cobre 1845-1879 (en libras


esterlinas).

3500000

3000000

2500000

2000000

1500000

1000000

500000

0
45

47

49

51

53

55

57

59

61

63

65

67

69

71

73

75

77

79
18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

Fuente: Para 1845-1875, Oficina Central de Estadísticas, Sinopsis estadística y geográfica de Chile
(Santiago, 1876); para 1876-1879, Sociedad Nacional de Minería, Estadística minera de Chile en 1908 y
1909 (5 Vols., Santiago, 1910), Vol., IV, pp. 41-42.

Los hombres de fortuna chilenos, de mediados del siglo XIX, poseyeron en


escasa medida entre sus virtudes las anteriormente enumeradas. Incluso aquellos
cuyas fortunas fueron el fruto de aventuras de alto riesgo personal (aunque no
siempre financiero), una vez acumulado el capital, se dedicaron preferentemente al
negocio inmobiliario y a la especulación.

74
El dinamismo y las transformaciones que experimentó la economía chilena
hasta mediados de la década de 1870 se explican por dos factores; en primer
lugar, por el comportamiento de su sector externo (agentes privados nacionales y
crecientemente extranjeros) el que hizo crecer las exportaciones al 5 por ciento
anual entre 1850 y 1873, mientras que las importaciones lo hicieron a la misma
tasa entre 1850 y 1874. En segundo lugar, por la acción del sector público que,
en la década de 1850 llevó a cabo un par de iniciativas fundamentales. La primera
fue de orden institucional y consistió en crear un ámbito adecuado para el
desarrollo de la actividad económica; así en 1854 se promulgó la primera
legislación relacionada con la constitución de sociedades comerciales, la que fue
perfeccionada con las disposiciones del Código Civil de 1855. Así mismo, en 1860
se promulgó la ley que reguló el establecimiento y funcionamiento de los bancos; y
en 1874 y 1875 se promulgaron los códigos de Comercio y Minería,
respectivamente. Si bien estos últimos no respondieron cabalmente a las
demandas de los respectivos sectores productivos, sí representaron un importante
avance respecto de la situación anterior, normada aún por la legislación colonial.
La segunda contribución del sector público consistió en que, a partir de la década
de 1850, el gobierno comenzó a implementar una política fiscal crecientemente
expansiva, en el contexto de la cual -para financiar crecientes gastos en
infraestructura-, entre 1858 y 1874 contrató préstamos en el exterior por una suma
nominal de £7.348.074, mientras que en el mercado interno contrajo compromisos
por £3.912.387. Tal política permitió que el gasto público creciera al 6,8 por ciento
anual entre 1852 y 1874.
El resultado al final de ese ciclo fue ciertamente notable: el valor de las
exportaciones mineras se multiplicó 5 veces entre 1844 y 1875 (de £673.743 a
£3.380109) en tanto que en el mismo período las agropecuarias se multiplicaron
12,4 veces (de £167.039 a £2.076.095). El valor total del comercio exterior se
multiplicó 4,7 veces de 2.543.296 a £11.960.620.
La inversión extranjera directa, fundamentalmente británica y vinculada a la
minería y metalurgia del cobre, en el período 1850-1874 ha sido estimada en

75
£1,378.000.39 La oméstica, sólo en lo que dice relación con infreaestructura,
edificos públicos y obras de mejoramiento urbano se expone en el Cuadro II-1
qué, si bien no es enterantemente representativo, es un buen indicador de
tendencias.
Si bien impactantes en términos absolutos, el crecimiento de las
transacciones externas, que en algunos momentos causó el entusiasmo de los
historiadores económicos,40 tuvo un efecto transformador limitado sobre el
conjunto del sistema económico. Las formas de tenencia de la tierra en el agro y
la propiedad minera no experimentaron mayores alteraciones, en tanto que en
ambos sectores los sistemas laborales tradicionales fueron reforzados. En el
cuarto de siglo 1850-1875 los únicos signos tangibles de innovación en las
tecnologías de productos y de procesos se verificaron en los sectores emergentes
de la economía: los servicios –en particular en el transporte-, la producción de
combustible sólido y en la elaboración de bienes industriales.
Lo anterior no implica que en algunas áreas de las actividades
tradicionales no se hayan verificado importantes innovaciones tecnológicas, pero
ellas tuvieron lugar en el procesamiento más que en la producción. En la década
de 1850, la molinería del trigo alcanzó niveles tecnológicos que la situaron entre
las más avanzadas en el ámbito internacional. En la metalurgia de la plata, y en
particular en la del cobre, la presencia de personal británico se tradujo en la
adopción de nuevos métodos de trabajo, en la apertura de nuevos mercados, y en
inversión; en particular en la metalurgia.41

39
. Irvin Stone, “British Long-Term Investment in Latin America, 1865-1913” en Business History Review,
vol. XLII, Nº 3, 1968, pp. 325 y 329.
40
. El mejor ejemplo es Roberto Cortés Conde, Hispanoamérica: la apertura al comercio mundial. 1850-
1930 (Buenos Aires, 1974), pp. 83-107

41
. Para el caso del cobre, capítulo III. Para la molinería del trigo, Bauer, Chilean, pp. 64-67.

76
Cuadro II-1. Estimación de inversión pública y privada, 1855-1879 (con datos del texto).
Inversión pública £ Inversión £ bruta £ “neta.* “Bruto” “Neto”
privada
Muelle alparaíso 789.963 Bancos a 1878 8.604.269 8.604.269
Ferrocarriles a Sociedades
1876 5.747.126 anónimas 21.905.678
Exposición 101.593 Sociedades en 3.060.481
Internacional 1875 comanditas 3.060.481
Mercados 9.124
Valparaíso Canales Quillota 25.500 25.500
Edificios
municipales de Canal
Valparaíso 43.843 Waddington 10.500 10.500
Liceo Valparaíso 49.442
Edificios
municipales de
Valparaíso 111.732
Teatro municipal
de Santiago 28.736
Ibid.,
reconstrucción 44.061
Agua potable
Sant5iago 54.054
Mercado Central
Santiago 40.641
Calles Santiago 11.940
Camino Cintura y
avenidas 74.691
Cerro Santa Lucia
Total 45368159 27843617
7.106.946 38.261.213 20.736.671
• Con inversión en capital pagado en sociedades anónimas al 20%.

Sin embargo, los auges del trigo y del cobre fueron de muy corta duración. Hacia
mediados de la década de 1870 tanto las exportaciones de cobre como las de
trigo perdieron sus mercados internacionales. Ello generó una aguda recesión.42
En todo caso, las exportaciones del tercer cuarto de siglo, fueron
fundamentales para encauzar al país por la senda de la modernización. Ello,
como se examina en el capítulo III, fue particularmente importante en el caso de la
minería. Este sector, que sólo empleaba el 3,4 por ciento de la población
económicamente activa, contribuía directamente con alrededor del 15 por ciento
de los ingresos públicos corrientes.43 Las exportaciones de cobre fueron
fundamentales en el desarrollo de la capacidad para importar del país; y, con ello,

42
. Para la recesión, capítulo VI:
43
. QCJP (Valparaíso, 1876), pp. 621-622.

77
del ingreso público y el crédito nacional. Si desde 1858 Chile pudo concurrir
nuevamente al mercado financiero de Londres, ello en buena medida se debió al
auge en las exportaciones de este metal; una de las claves del éxito económico
del país a mediados del siglo XIX radicó en el cobre.

Gráfico II- 2. Exportaciones de cebada y trigo 1865-1879 (en


toneladas métricas).

180000

160000

140000

120000

100000

80000

60000

40000

20000

0
1865 1866 1867 1868 1869 1870 1871 1872 1873 1874 1875 1876 1877 1878 1879

Trigo Cebada
Fuente: Estadística comercial de la República de Chile, años 1866-1880.

Cuadro II-2. Tonelaje promedio de los navíos que recalaron y zarparon; Valparaíso,
1845-1879.
Período Tonelaje promedio
1845-1849 223,8
1850-1859 304,7
1860-1869 367,0
1870-1879 638,6
Fuente: Estadística Comercial de la República de Chile años 1845 a 1880.

78
El movimiento marítimo por Valparaíso es un buen indicador de la manera
como el sector externo experimentó una fuerte expansión, sobre todo después que
se superaron las dificultades que creó la “guerra con España” en los años 1865-
1866. Así, entre 1845 y 1867, el número de navíos que recaló en el puerto aumentó
en 113,1 por ciento, mientras que los que zarparon lo hicieron en 126,1 por ciento;
desde 1868 -el primer año en que hubo servicio regular de vapores a Gran Bretaña-
y 1874, los que recalaron aumentaron en 65,3 por ciento, mientras que los que
zarparon aumentaron en 54 por ciento. Pero no sólo llegaban más cobre fueron
fundamentales en el desarrollo de la capacidad para importar del país; y, con ello,
del ingreso público y el crédito nacional. Si desde 1858 Chile pudo concurrir
navíos; el servicio marítimo había experimentado un importante mejoramiento, en
términos del aumento de la capacidad de desplazamiento de carga de los navíos; el
tonelaje medio por navío aumentó 2,9 veces entre el quinquenio 1845-1849 y la
primera mitad de la década de 1870.44
La expansión del sector externo se trasmitió al interior del país a través de un
aumento de la demanda agregada, la que a su vez requirió de la readecuación y
expansión del sistema monetario, hasta entonces un obstáculo para la circulación
de bienes, la acumulación de capital y el desarrollo del mercado. Teniendo en
cuenta las rigideces del sistema monetario, los establecimientos comerciales
mayoristas se enfrentaron a la necesidad de extender su práctica de emitir
documentos negociables. Sin embargo, la presión para que se flexibilizara la política
monetaria fue tal, que a partir de mediados de la década se inició la creación de
bancos, los que emitieron documentos negociables que tuvieron una amplia
circulación.
En 1860, la promulgación de la Ley de Bancos de Emisión sancionó una
situación de facto, pues ya existían por lo menos cuatro instituciones, y proveyó el
marco en el cual se registró un espectacular crecimiento del sistema bancario y de la
cantidad de dinero en la economía. En diciembre de 1876, el capital nominal
agregado de catorce bancos de emisión era de £8.604.269, mientras que el monto

44
. Ello fue fundamental para el transporte de grandes volúmenes de bienes primarios con escaso
procesamiento, como los que exportaba el país.

79
del capital pagado era de £2.710.273. El valor de los billetes en circulación era de
£1.476.354, y, y dos años más tarde se elevó a£2.338.709, a lo que se deben
agregar préstamos por £2.521.034 colocados por la Caja de Crédito Hipotecario.45
Esa inyección de liquidez, sumada al creciente ingreso derivado de las
exportaciones, pronto derivó en una paulatina ampliación y en una modesta pero
creciente integración del mercado interno.

Gráfico II-3. Recaladas y zarpes en el puerto de Valparaíso 1844-


1879.

7000

6000

5000

4000

3000

2000

1000

0
4

8
4

7
18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18
Racaladas Zarpes

Fuente: Estadística Comercial de la República de Chile, 1844-1880.

Un área de vital importancia en que se sintieron efectos de esa expansión fue


en la de infraestructura de transportes y comunicaciones, los que una vez
satisfechos, cambiaron la fisonomía del país en forma considerable, por lo menos en
sus provincias centrales.

45
. Acerca de los problemas monetarios, Frank W. Fetter, Monetary Inflation in Chile (Princeton, 1931),
pp. 4-18; Pierre Vayssiere, "Au Chili: de l'economie coloniale a l'ínflation", en Cahiers des Ameriques
Latines, Nº 5, 1970, pp. 4-31, y René Millar, Políticas y Teorías Monetarias en Chile. 1810-1925
(Santiago, 1994), capítulos I a III. Datos sobre bancos de MH 1876, pp. 73-74 y MH 1878, p. 50. Un
análisis pormenorizado en capítulo V, sección 3.

80
Mientras el sector privado acometió la construcción de ferrocarriles y de
instalaciones portuarias en el norte minero a partir de 1850, en la zona central el
Estado se convirtió en un activo agente constructor de instalaciones destinadas a
hacer más expedito el comercio exterior. La actividad del sector público en ese
ámbito comenzó a partir de 1851, cuando por primera vez se emprendió la total
remodelación de las instalaciones portuarias de Valparaíso. Pero ellas fueron
seriamente dañadas por el bombardeo de la flota española en 1866, por lo cual, en
el año siguiente, se procedió a la total reconstrucción del puerto mediante obras que
comprendieron nuevas bodegas, vías de acceso y, por primera vez, un muelle al
cual pudieron atracar navíos de diversos tamaños. Las actividades se prolongaron
hasta 1883 y demandaron de una inversión de £789.963. Si bien este segundo
proyecto portuario de Valparaíso se hizo inevitable como consecuencia de la
devastación causada por el bombardeo, el crecimiento de las operaciones del sector
externo también jugó un rol decisivo. Según el Ministro de Hacienda, Alejandro
Reyes, esas obras respondían a una
absoluta e imprescindible necesidad. Estamos próximos -argumentó- a llegar a
una situación imposible. Como el honorable Senado sabe, la mala cosecha de
trigo en Inglaterra hace necesaria nuestra exportación de esta mercancía; esto ha
de hacerse en buques que vendrán con dicho objeto, los cuales naturalmente, no
han de venir desocupados sino cargados de mercaderías. Antes se creía que los
almacenes de aduana serían bastante para el depósito; pero vino de repente una
gran demanda y se encontró que el puerto no estaba preparado para satisfacer
esta gran necesidad.46
Junto con responder a esta necesidad, y como parte de un esfuerzo orientado
a la agilización del comercio exterior, hasta 1875 el gobierno invirtió importantes
sumas a través de la Superintendencia de Aduanas en la construcción de nuevos
edificios y en la reparación de antiguos pertenecientes al servicio en diversos puertos
del país.47

46
. CD. SO, 16.XII.
47
. MH 1875, p. XXXVI. “Memoria del Superintendente de Aduanas, 1877”, p.105, en MH 1877.

81
Con el fin de facilitar la circulación de productos y su acceso a los puertos,
desde 1852 el gobierno inició en el valle central proyectos ferroviarios -en los
cuales inicialmente participó el sector privado- de modernización de las
comunicaciones, y de ampliación y mejoramiento de la red vial. Con relación a lo
último, la red caminera fue extendida en forma considerable entre 1865 y 1875. Si
en 1864 la extensión total de caminos era de 14.488 kilómetros -en muy mal
estado- diez años más tarde alcanzaba a 40.657 kilómetros: 22.794 de caminos
principales y 17.863 de secundarios.48 Además, desde 1868 el gobierno puso en
marcha un plan permanente de mejoramiento y mantención de caminos, el que
sólo fue interrumpido en 1877.49 También en 1852 el sector público dio comienzo
a la construcción de la red telegráfica, la que en 1877 unía al puerto de Caldera por
el norte con el río Malleco por el sur, con una extensión total de 5.523 kilómetros50.
Pero el factor de cambio de mayor trascendencia como generador de
transformaciones, entre 1852 y 1878, fue la construcción de ferrocarriles,
especialmente de aquellos entre el valle de Aconcagua por el norte y Angol y Los
Angeles por el sur. Si bien en la zona minera del norte en el mismo período la
construcción ferroviaria también fue considerable -se completaron 739 kilómetros
de tendido-, en la región central sus efectos fueron más dramáticos. En 1861, en
la zona central había sólo 159 kilómetros de vías que conectaban a Valparaíso
con Quillota y a Santiago con Requinoa.51 En 1878 la extensión de la red central
y de sus ramales alcanzó a los 950 kilómetros, que unían a Valparaíso con Angol
y Los Ángeles, existiendo además dos importantes ramales, uno a Los Andes, en
la provincia de Aconcagua y un segundo a la Palmilla en la provincia de
Colchagua.

48
. QCJP, p. 654.
49
. MI 1879, p. 16.
50
. Ibid., y John Johnson, Pioneer Telegraphy in Chile (Stanford, 1948), passim.
51
. AE 1862, p. 73.

82
Gráfico II-4. Carga transportada por el ferrocarril de Valparaíso y
Santiago 1863-1878 (en toneladas métricas).

500000
450000
400000
350000
300000
250000
200000
150000
100000
50000
0
63

64

65

66

67

68

69

70

71

72

73

74

75

76

77

78
18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18

18
Fuente: “Memoria del Superintendente del Ferrocarril del Norte”, 1864-1800, en MI años respectivos.

Hasta 1876 el Estado había invertido £5.747.126 en la construcción de


ferrocarriles, equivalentes al 72 por ciento de la deuda externa, al 51 por ciento de la
deuda pública y a dos veces el valor de las exportaciones de ese año. 52
Históricamente, la construcción de ferrocarriles en formaciones económicas
atrasadas ha tenido efectos transformadores trascendentes.53 Chile no fue una
excepción. Por una parte, la introducción de tecnología, de fuerza de trabajo con
diversos grados de calificación, de nuevos métodos de organización y administración
de la empresa, y los beneficios asociados al ahorro de tiempo en el desplazamiento
de bienes y personas iniciaron una nueva etapa e introdujeron una nueva lógica en
la producción y venta de bienes y servicios. En cuanto a las nuevas oportunidades
de negocios, a poco de inaugurado el servicio regular entre Valparaíso y Santiago –

52
. Sinopsis Estadística i jeográfica de Chile (Santiago, 1882), p. 17. Acerca del efecto de la llegada del
ferrocarril a la "Frontera", ver Robert N. Boyd, Chili: Sketches of Chili and the Chilians During the War
1879-1880 (London, 1881), especialmente capítulos 2, 3, 4, 7, 10 y 11.
53
. Alexander Gerschenkron, Economic Backwardness in Historical Perspective (New York, 1965),
especialmente capítulos I y II.

83
ocasión para la que se organizó “un Gran Baile de Máscaras y sin ellas para el
Sábado 12 de Septiembre de 1863 en celebración del inmediato estreno del
ferrocarril”- la prensa del puerto anunciaba los servicios del Expreso Americano de
Encomiendas, con oficinas locales en la Plaza del Orden y en la calle de los
Huérfanos en Santiago, donde se recibía “dinero en pequeñas y grandes cantidades
y toda clase de encomiendas y equipaje para remitir diariamente sin dilación por el
ferrocarril entre Valparaíso y Santiago”. Desde la oficina de la capital operaba la
“agencia de coches Carpenter” que recibía “encomiendas para mandar diariamente
a San Fernando, Curicó, Molina y Talca y de estos puntos a Santiago”.54
De otra parte, los efectos de eslabonamiento derivados de la demanda de
fuerza de trabajo, materias primas e insumos en la etapa de construcción, y de
mantención y reparación en el período de explotación, no sólo expandieron las
dimensiones del mercado interno tanto para los servicios como para nuevas
posibilidades en unidades productivas ya existentes, sino demandaron de la
instalación de talleres y maestranzas ad hoc.55 Ello explica, junto al desarrollo
paulatino de la navegación a vapor, el que desde mediados de la década de 1850 se
instalaran en Valparaíso -primer centro naviero y cabecera de ferrocarril- numerosos
establecimientos metalúrgicos de diversas dimensiones.56 El ferrocarril fue uno de
los primeros y, sin duda, de los más importantes incentivos al desarrollo fabril del
país.57
Acerca del impacto económico de los ferrocarriles sobre el mercado y en el
crecimiento de la producción, los propios contemporáneos legaron importantes
testimonios acerca de los beneficios, especialmente con relación a la reducción de
costos de transporte. En 1870, al discutirse en el Congreso el proyecto del ramal
entre San Fernando y Palmilla, al evaluar el impacto de las líneas ya en operación, el
Ministro Alejandro Reyes alegó que:

54
. El Mercurio, 8.IX.1863 y 22.IX.1868. La agencia en Valparaíso estaba a cargo de Yoacham y Compañía
y la de Santiago era gestionada por W. C. Ferguson.
55
. Albert O. Hirschman, The Strategy of Economic Development. (New Haven, 1958), pp. 100-117; son los
efectos de eslabonamiento hacia “atrás” y hacia “adelante”.
56
. QCJP, p. XV.
57
. Como se analiza en el Capítulo IV.

84
Antes de que se construyera el ferrocarril central, Chile producía bastante trigo,
pero no exportaba por la mala calidad de los caminos. No se podía atender a los
pedidos, no había precios fijos, y los mercados se imponían. Con el ferrocarril el
inconveniente ha cesado. De allí que los precios se han normalizado... se ha
conseguido mayor exportación y mayor importación en retorno.58
Aunque tal vez un tanto exageradas, las afirmaciones de Reyes estaban
respaldadas por un aumento sostenido en el valor de las exportaciones agrícolas
desde 1858, año en que entraron en servicio las primeras líneas en la zona central.
Por su parte, Julio Menadier, el activo editor del Boletín de la Sociedad de
Agricultura, argumentó que como consecuencia de la inauguración del servicio
continuo entre Santiago y Valparaíso, el flete de los productos destinados al
embarque había bajado en 1863 a la tercera parte o más.59
También la construcción ferrocarrilera parece haber tenido un importante
efecto sobre el ritmo del desarrollo urbano. Según Recaredo Tornero, en 1872 los
habitantes de Talca esperaban con entusiasmo ver pronto realizado el proyecto de
unir la ciudad con Curicó, hasta donde llegaba entonces el ferrocarril proveniente de
Santiago. Se esperaba que la materialización del proyecto trajera grandes ventajas
para la ciudad, hasta entonces dependiente en sus comunicaciones de los pesados
caminos de tierra.60 Dos años más tarde un reportaje sobre los efectos de la
terminación de la línea de Chillán a Talcahuano, en Concepción, apoyaba las
esperanzas de los talquinos pues se informaba que:
El ferrocarril ha producido un maravilloso cambio en la ciudad. Nuevos
edificios se levantan en todas las direcciones y se les da una nueva cara a los
antiguos. Una extraordinaria actividad, en comparación a aquella de los
tiempos anteriores al ferrocarril, se observa en todas partes.61

58
. CD. SO., 5 I 1870.
59
. Julio Menadier, "Estudios económicos sobre el carbón de piedra", en Boletín de la Sociedad de Agricultura,
vol. I, Nº2, 1869, p.18.
60
. Tornero, p. 301.
61
. VWCM, 14:III.1874.

85
Naturalmente, el impacto del ferrocarril no fue el mismo en todas partes; en
todo caso, en las ciudades cabeceras de línea, sus efectos fueron de
trascendencia.
Así, no fue sólo la expansión del sector externo lo que llevó a algunos
autores a plantear el comienzo de la “la edad moderna del país [hacia] la década
de 1860”.62 Fue a partir de aquellos años que la administración del Estado
comenzó a ser efectiva, que tecnologías hasta entonces desconocidas
comenzaron a ser de uso habitual, en particular en las esferas del transporte y las
comunicaciones. En 1866, cuando José Joaquín Pérez inició su segundo período
presidencial, en las provincias en las que vivía el 69 de la población por ciento del
país el país contaba, con una red telegráfica, con otra de ferrocarril y con un
servicio regular de navíos a vapor. En el ámbito productivo, fue también en esa
década que comenzaron a aparecer las primeras fábricas modernas.63 En esos
años, “la larga y estrecha República de Chile se encontraba entre los lugares de
América Hispana más prometedores del siglo XIX para una exitosa transformación
en una sociedad moderna desde el punto de vista de su economía”.64
Para que esta promesa se materializara se necesitaba más que una
actualización tecnológica; era necesario experimentar, según Gunnar Myrdal, el
“movimiento ascendente del sistema social en su totalidad”, el que demandaba
para la oligarquía incursionar por el poco grato camino de la transformación social.
Y ello no era ni necesario ni deseable para ella. Así, el país comenzó a
experimentar mejoras materiales de indudable trascendencia como la construcción
de ferrocarriles y el nuevo puerto de Valparaíso; adquirió un sistema bancario que
le fue extraordinariamente funcional; vio desarrollarse su comercio y con ello
desarrolló su acceso a más y mejores bienes. Desde el punto de vista político, la
expansión de la participación ciudadana a través de la ampliación del sufragio en
1874 y la limitación de las prerrogativas presidenciales, liberalizaron en parte el

62
. Harold Blakemore & Clifford T. Smith, Latin America. Geographical Perspectives (London, 1971), pp.
509-510.
63
. Acerca de las fábricas, capítulo IV.
64
. William P. Glade, The Latin American Economies (New York, 1969), p. 231.

86
sistema impuesto en la década de 1830.65 Esa liberalización corrió paralela a la
liberalización de las prácticas económicas, en particular, aunque no
exclusivamente, en materias financieras y comerciales. Pero para la mayoría del
71,4 por ciento de la población que vivía en el campo y para la masa de
trabajadores mineros ello no se tradujo, por ejemplo, en acceso al mercado.
Hasta la víspera de la Guerra del Pacífico, “Chile continuó siendo el modelo de
una política oligárquica exitosa”.66
En términos prácticos, los éxitos sociales, políticos y económicos del
período 1850-1875 descansaron sobre una ecuación simple: en la creciente
inserción a una economía internacional en proceso de fuerte expansión; en la
mantención de las bases productivas y de la propiedad nacional de ellas; en el
refuerzo de los regímenes laborales preexistentes; en el aumento de las
importaciones y el saneamiento de las finanzas públicas; y en la apertura de
espacios para nuevas actividades económicas y para el capital extranjero.
En ese contexto, la economía chilena se expandió, pero también
experimentó sus dos primeros ciclos recesivos. También la estructura productiva
tradicional comenzó sus primeras transformaciones, las cuales estuvieron
vinculadas a la producción de carbón, de bienes industriales y a una oferta más
fluida en servicios de transporte y comunicaciones.
Un ámbito en el cual las transformaciones fueron profundas fue en el del
transporte y las comunicaciones. Hacia fines de 1874, ya una persona podía
abordar un tren por la mañana en Valparaíso y arribar al medio día a Santiago;
luego de unas horas de espera, la misma persona podía subir a un nuevo tren
ahora con destino a Concepción, ciudad a la que llegaba en la mañana del día
siguiente. Pocos años antes ese trayecto podía demandar hasta dos semanas de
viaje.
Esa persona sabía sus horas de salida y de llegada. Es cierto que muchas
veces los trenes experimentaban importantes atrasos, cuando no accidentes que
interrumpían el servicio por días. Pero era una nueva forma de enfrentar los

65
. J. Samuel Valenzuela, passim.
66
. Halperín, p. 269.

87
desplazamientos, y no sólo de personas, sino también de bienes. En este sentido,
ahora era probable que esa misma persona despachase un objeto por tren a
Valparaíso y que para tener certeza del feliz término de la operación enviase un
telegrama notificando del envío al receptor. Esta última operación se completaba
en cuestión de horas. El contraste con lo que todo ello demandaba un cuarto de
siglo antes era enorme.
Los desplazamientos fueron uno de los más importantes factores en un
cambio de percepción del tiempo, del espacio y del destino del país, del que
quedaron registros en diferentes manifestaciones y eventos organizados por la
elite. El más ambicioso y trascendente de ellos tuvo lugar en septiembre de 1875
en la Quinta Normal de Agricultura, en el límite poniente de la ciudad de
Santiago.67
Desde la década de 1850 se realizaban anualmente en la capital
exposiciones “de productos y artes nacionales; el primero de estos torneos, con el
doble carácter de agrícola e industrial se abrió en el mes de septiembre de
1854”.68 El de mayores dimensiones en los primeros quince años fue el de 1869.
A comienzos de 1872, el nuevo Intendente de Santiago, Benjamín Vicuña
Mackenna, promovió la iniciativa de realizar una exhibición internacional, la cual
encontró acogida en el gobierno. Eran años de auge y el gobierno realizó una
considerable inversión para la habilitación del espacio. Una vez completadas las
obras las inversiones llegaron a la suma de £101.593.69
Tal como en las numerosas exposiciones que se realizaban en diversos
países por aquellos años, los grupos dirigentes chilenos hicieron uso de la ocasión
para hacer un balance de sus logros en cuanto a modernización, así como para
explicar su visión del futuro. Con motivo de la apertura de la Exposición
Internacional de Santiago de 1875, la prensa publicó numerosos artículos en los
que se relacionaba el evento con un pasado satisfactorio en lo político y lo material

67
. Algunas de las instalaciones aún existen en la “Quinta Normal” de Santiago, como el actual Museo de
Historia Natural.
68
. Domingo Amunátegui Solar, Historia social de Chile (Santiago, 1932), p. 313.
69
. El Correo de la Exposición, 16.IX.1875.

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y con un futuro promisorio; un periódico especialmente editado para la ocasión
invitaba a medir
las proporciones del catálogo, contémplese con legítimo orgullo las naves de este
nuevo templo erigido a la industria, al comercio y las artes; admírese el culto
ferviente de esta muchedumbre que acude a extasiarse ante los deslumbrantes
altares del progreso: mírese por do quiera y por do quiera se verá una hoja de
laurel para la diadema de la civilización; por todas partes se dejará oír una nota
sublime que, armónicamente ligada a otras, forman el himno al trabajo, la oda
inspirada a todo un pueblo libre y feliz, por los genios protectores que fundaron su
soberanía.
Había en aquella muestra, en todo caso, un sustrato en que se fundían,
felizmente, diversas vertientes, entre las que la solidez de las instituciones del país,
fruto de la emancipación política, se destacaba con perfiles propios. Era lo que
permitía situarse al nivel de los países de mayor desarrollo en el mundo y dejar atrás
un pasado ingrato:
Dichosa la nación que consagra sus riquezas a estas solemnidades; !bendita
mudanza! no hace un siglo aun, el pueblo chileno no conocía más esplendor ni
otro entusiasmo que la celebración en días de gala, de aquellos besa-manos
oficiales, ridícula procesión del servilismo y la desgracia; fastuosas ceremonias de
que el plebeyo no sacaba mas fruto que la contemplación de una decoración
teatral, entre cuyos bastidores se representaba, al mismo tiempo que un sainete
burlesco, la afrentosa tragedia de la tiranía.
En su discurso de inauguración, el Presidente de la República, Federico
Errázuriz Zañartu hizo una síntesis de los sentimientos que embargaban, y tal vez
embriagaban, a la elite en aquel día invitando a admirar “... tan espléndido
monumento al progreso y a la civilización de la República de Chile”.70 ¿A qué se
refería el Presidente?71

70
. Ibid.
71
. Ibid.

89
Desde el punto de vista de lo tangible, aludía a un evento de singulares
características, pues a pesar de que muchos potenciales exponentes que habían
asegurado su participación desistieron de hacerlo en el transcurso de 1874, cuando
se comenzaron a sentir los efectos de la recesión internacional, fue una muestra que
congregó a numerosos productores nacionales y extranjeros. Desde el punto de
vista físico la Exposición Internacional fue un evento inédito, pues el gobierno
habilitó edificios con una superficie construida de 31.993 metros cuadrados,
además de parques, jardines, lagunas, ferrocarriles y plazoletas; con una superficie
total de 78.000 metros cuadrados. Tan sólo el edificio central de la muestra
comprendía una superficie edificada de ocho mil metros cuadrados. Además de las
salas y pabellones de la exposición, se construyeron dos restaurantes y kioscos. El
acceso al recinto fue facilitado mediante la instalación de una estación del ferrocarril
Valparaíso-Santiago, y una parada especial para los “carros de sangre” que llevaban
a los visitantes desde diversos sectores de la ciudad.
El día de la inauguración esperaban a los visitantes más de 3.000 expositores
de 28 países. El evento se puso en marcha con la asistencia de las más altas
autoridades civiles, militares y eclesiásticas del país.72 Sin embargo, debido al alto
costo de la entrada ($2 ó £0,36) “fue escasa la concurrencia... no pasaron de
seiscientos los boletos vendidos, y bajo el gran pabellón de la plazoleta se veían
muchas filas de asientos vacíos”.73 La Comisión Organizadora tomó debida cuenta
de la situación y el 11 de octubre rebajó el costo de la entrada a $0,50, con el
resultado de que “... ocho mil visitantes acudieron, y fue tal la aglomeración de gente,
que la circulación en el recinto se hizo imposible”.74
La muestra de bienes fue muy amplia, pero como en todas estas ocasiones
hubo algunos que captaron la atención de los visitantes. Uno de ellos fue un tonel
de grandes dimensiones para la producción de cerveza y las maquinarias exhibidas
por un establecimiento metalúrgico de Valparaíso. También atrajeron la atención las
maquinas para las faenas agrícolas y los equipos para la minería. Sin embargo, el

72
. Respecto de este evento El Correo de la Exposición, que acompaño a su realización. Reportaje acerca
del acto inaugural en el Nº 1 de 20.IX.1875.
73
. El Mercurio, 17.IX.1875.
74
. Ibid., 13.X.1875.

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objeto que constituyó el foco indiscutido de atracción fue “una máquina de calcular
que permitía multiplicar ocho cifras por ocho en 18 segundos, dividir 16 cifras por 8
en 24 segundos y extraer la raíz cuadrada de 16 cifras en uno y medio minutos”.75
El pabellón de mayores dimensiones fue el de la casa comercial Rose Innes
y Compañía, hecho de estructura de fierro traída expresamente de Inglaterra y de
las mejores maderas de Chile. Medía 125 metros de largo por 20 de ancho. Sus
murallas, como el techo, eran de fierro, madera, zinc y cristal. La construcción fue
avaluada en £7.299, y la muestra, que comprendía maquinaria agrícola y minera de
última generación, en £54.745.76
La Exposición Internacional de 1875 representó mucho más que el esfuerzo
material que ella demandó. Fue una muestra del grado de desenvolvimiento que
habían alcanzado algunos sectores de la producción, como el fabril y el energético y
constituyó una buena muestra de lo que eran hasta entonces los más tradicionales,
como la agricultura y la minería metálica. Según Agustín Edwards, la presencia de
alguna industria fabril –metálicas, del cuero y madera- constituyó una sorpresa para
muchos visitantes, que ignoraban la existencia de ese tipo de unidades productivas
en el país.77 También fue un llamado de atención; por ejemplo, para las actividades
tradicionales la exhibición de maquinaria –trilladoras, segadoras, taladros
neumáticos y trituradoras de minerales, entre otras- constituyó una advertencia
acerca del momento tecnológico que vivían esas actividades en otras latitudes, en
particular en las nuevas tierras y nuevos yacimientos que, precisamente, en esos
años se incorporaban masivamente a los mercados de los alimentos y los metales y,
por lo tanto, acerca de la formidable competencia que con la ayuda de esos
instrumentos aquéllas áreas comenzaban a plantear al país. Pero de acuerdo con
las informaciones de la prensa, el evento constituyó una verdeara fiesta, lo que
explica que haya sido un gran éxito de público, pues se calculó en más de 500 mil
las personas que la visitaron hasta su clausura en el mes de diciembre. El fin de la
Exposición Internacional coincidió con un mal cierre de año para el país. Por

75
. Las ilustraciones de bienes que incluye El Correo de la Exposición son particularmente hermosas. La
cita es de Edwards, Cuatro, vol. II, p. 321
76
El Correo de la Exposición, 23.IX.1875.
77
. Cuatro, vol. II., p. 324.

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primera vez en cinco años cayó el valor de las exportaciones agropecuarias y
mineras; por primera vez desde su inauguración el volumen de carga y pasajeros
transportados por el ferrocarril entre Valparaíso y Santiago disminuyó. En lo
propiamente urbano, el auge de la construcción, medido en el número de permisos
concedidos anualmente por los municipios para nuevas edificaciones, que se había
iniciado en 1867, también llegó a su fin.
Lenta y casi imperceptiblemente el país había terminado un prolongado
período de auge, al cual habían contribuido fundamentalmente los factores
macroeconómicos. Las repercusiones fueron de largo aliento y, las más destacadas,
se dieron en el ámbito urbano.

3. La cuestión empresarial.

No es el propósito de este trabajo el análisis del comportamiento “empresarial” –en


el sentido schumpeteriano-78 entre mediados de siglo y 1879. Es por ello que la
observación de este crucial factor en el desarrollo capitalista se realiza a través de
las múltiples manifestaciones de crecimiento y desarrollo que experimentó el país
en ese período. Una de ellas dice relación con la formación de empresas, que en
este caso se entiende como la formación de sociedades anónimas, colectivas y
comanditas.
No resulta fácil seguir esta variable a través de las fuentes disponibles. Los
archivos de Conservadores de Comercio, que registran la instalación definitiva de
un negocio, sólo consignan registros de empresas para Valparaíso entre 1850 y
1866. Allí, las iniciativas empresariales se concentraron, en una muy alta
proporción, en las formas de hacer negocios; en donde el conocimiento de las
personas y de su patrimonio constituía los factores más importantes en el proceso

78
. Es decir conductas de individuos que realizan “combinaciones nuevas”, que comprenden la introducción
de bienes nuevos, la introducción de nuevos métodos de producción (en otras palabras nuevas tecnologías de
procesos y de productos), apertura de nuevos mercados, conquista de una nueva provisión de materias primas
y una nueva organización de industria; Joseph A. Schumpeter, The Theory of Economic Development
(Oxford & New York, 1961), p. 88. Schumpeter no era un gran entusiasta del capitalismo, acerca del cual
demostró una fuerte indiferencia por su futuro, ni de los empresarios a quienes, declaró, nunca quiso ensalzar.
Es más, en una nota a pie de pagina de la primera edición inglesa (1934) sugirió que su función económica no
podía distinguirse de la de los ladrones; p. 90.

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