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BIOGRAFIA CARL VON CLAUSEWITZ

Militar prusiano (Burg, Magdeburgo, 1780 -


Breslau, Silesia, 1831). Se formó durante las
guerras contra la Francia de la Revolución y
de Napoleón, durante las cuales combatió
(desde 1793), fue hecho prisionero (1806),
participó en la reorganización del ejército
prusiano (1808) y sirvió al zar de Rusia para
seguir luchando contra los franceses tras la
derrota prusiana (1812). Reintegrado al
ejército prusiano una vez vencido Napoleón
(1815), se convirtió en director de la
Academia de Guerra (1818-30); poco
después se le encomendó también la
formación militar del príncipe heredero (el
futuro Federico Guillermo IV). Se le
considera el fundador de la doctrina militar
moderna por las teorías que acuñó durante
aquel periodo docente, lo esencial de las
cuales está recogido en su obra De la
guerra. Según su frío análisis «la guerra es la continuación de la política por
otros medios», por lo que en periodo de guerra se obtiene la máxima eficacia
unificando la dirección política y militar (como, efectivamente, se haría en
Alemania durante las dos guerras mundiales). Creó también el concepto de
«guerra total», que compromete todos los recursos y energías del país y toma
como objetivo de guerra el país enemigo en su integridad; dicho concepto se haría
realidad en las guerras del siglo XX.

Es conocido principalmente por su tratado De la guerra, en el que aborda durante


ocho volúmenes un análisis sobre los conflictos armados, desde su planteamiento
y motivaciones hasta su ejecución, abarcando comentarios sobre táctica,
estrategia e incluso filosofía. Sus obras influyeron de forma decisiva en el
desarrollo de la ciencia militar occidental, y se enseñan hoy día tanto en la
mayoría de las academias militares del mundo como en cursos avanzados de
gestión empresarial y marketing.

Clausewitz nació en el pueblo de Burg (Magdeburgo), Reino de Prusia, en el seno


de una familia de clase media no muy bien posicionada económicamente. El
abuelo paterno, Gottlob Benedict Clausewitz, quien a su vez era hijo de un pastor
luterano, había sido profesor de Teología. El padre de Clausewitz, Friedrich
Gabriel Clausewitz, sirvió como teniente en el Ejército Prusiano bajo las órdenes
de Federico II el Grande, hasta que fue retirado forzosamente tras la Guerra de los
Siete Años (1756-1763) cuando el rey ordenó la desmovilización inmediata de
todos los oficiales que no fueran de ascendencia noble. Carl era el cuarto y último
hijo. Clausewitz y dos de sus hermanos (también oficiales) fueron los primeros en
llevar la mención honorífica de von, por lo que existe una cierta controversia sobre
si se les concedió el título como recompensa por sus servicios, o si es que el
origen noble de la familia fue posteriormente reconocido.

Se alistó para el servicio en el Ejército Prusiano a principios del verano de 1792, a


los 12 años, como cabo del 34 regimiento de infantería, ya bajo el nombre de "von
Clausewitz". Su familia falsificó su fecha de nacimiento al 1 de junio con el fin de
aparentar que ya tenía 13 años. Participó en su primer combate durante las
campañas del Rin (1793-1794). Luego sirvió durante el asedio de Maguncia y la
invasión prusiana de Francia durante la Revolución francesa. Al retirarse Prusia de
la guerra, en 1795, pasó los cinco años siguientes en servicios de guarnición en
Neuruppin. Invirtió ese tiempo en educarse a sí mismo, incluso más allá de los
temas estrictamente militares: mostró interés en el arte, la ciencia, la educación, la
filosofía y la ética, sentando las que serían las bases de su posterior producción
literaria, en la que mostró influencias de todos estos elementos.

Su autoformación tuvo tal éxito que logró ser aceptado en la recientemente


fundada Kriegsakademie de Berlín en 1801, a los 21 años de edad. Además de los
temas propiamente militares, estudió a fondo las obras de Kant, quien ejercería
una gran influencia, y se convirtió en uno de los alumnos favoritos del General
Gerhard von Scharnhorst, director de la Academia y futuro primer Jefe de Estado
Mayor del nuevo Ejército de Prusia surgido en 1809. Clausewitz, junto con sus
íntimos amigos Hermann von Boyen (1771–1848) y Karl von Grolman (1777–
1843), sería uno de los principales aliados de Scharnhorst en sus esfuerzos por
reformar el ejército prusiano entre 1807 y 1814.

Miembro de la Militärische Gesellschaft, en 1804 se graduó como el primero de su


promoción y fue nombrado inmediatamente ayudante de campo del príncipe
Augusto Fernando de Prusia, iniciando así su contacto con la casa real prusiana y
la alta sociedad. Al año siguiente se publicó su primera obra, un artículo
inicialmente anónimo aparecido en la revista Neue Bellona en el que criticaba
algunos de los conceptos sobre estrategia desarrollados por Heinrich von Bülow.

Las Guerras Napoleónicas

Al estallar las Guerras Napoleónicas, tanto Clausewitz como von Boyen sirvieron
con el ejército prusiano durante la Cuarta Coalición. Cuando Napoleón Bonaparte
invadió Prusia en octubre de 1806, se le enfrentó un masivo ejército pruso-sajón
liderado por Carlos Guillermo Fernando, Duque de Brunswick. Clausewitz, que
ocupaba el puesto de ayudante, participó en la batalla de Jena (14 de octubre de
1806), que, al igual que la librada paralelamente en Auerstädt, acabó con una
aplastante victoria francesa y la desintegración completa del ejército prusiano.
Carlos Guillermo resultó gravemente herido (moriría varios días después), Prusia
se convirtió en un Estado satélite de Francia y Clausewitz pasó a ser uno de los
25.000 prisioneros capturados aquel fatídico día. Tenía entonces 26 años, y
permaneció cautivo en Francia hasta 1808.
La tremenda derrota producida actuó, tanto en Clausewitz como en la mayoría de
las mejores mentes militares prusianas, como un revulsivo. La considerada como
una de las mejores maquinarias bélicas de su época había sido aplastada sin
remisión por un ejército de base popular y origen revolucionario. Tras volver de su
cautividad, se unió definitivamente al movimiento reformador impulsado por
Scharnhorst y August Neidhardt von Gneisenau, con quien también trabaría
amistad en breve. Enseñó en la Academia en la que se había formado y contrajo
matrimonio con la que sería el amor de su vida, la Condesa Marie von Brühl,
pasando a codearse con las élites literarias e intelectuales de Berlín.

En 1810 fue nombrado tutor militar del príncipe de la corona, Federico Guillermo
(que más tarde sería el rey Federico Guillermo IV), para quien escribió el ensayo
titulado "Los más importantes principios del Arte de la Guerra para completar mi
curso de instrucción para su Alteza Real el Príncipe de la Corona" (más
comúnmente conocido como Principios de la Guerra), texto en el que asentaba las
bases, aunque de forma rudimentaria, de la que sería su obra posterior. Sin
embargo, no todas sus ideas posteriores estaban aquí completadas o incluso
presentes, especialmente en lo que respecta a la profundidad filosófica del De la
Guerra. De modo que la interpretación popular (totalmente errónea) que se hizo
posteriormente de este ensayo, como una especie de resumen de su obra más
extensa, ha generado una gran cantidad de confusiones y malentendidos a lo
largo de los años.

En 1812, durante la preparación de la invasión napoleónica de Rusia, se opuso,


como muchos otros, a la postura oficial prusiana de apoyo a Francia. Gran
cantidad de oficiales prusianos (entre los que se contaban Gneisenau, Boyen y el
propio Clausewitz) solicitaron la baja voluntaria del ejército y se dirigieron de forma
clandestina a Rusia, donde se pusieron al servicio del Zar Alejandro I, con la
esperanza de que el ejército ruso liberara a los prusianos de la dominación
francesa. Aunque adscritos todos ellos a la Legión Alemana, Clausewitz sirvió -
debido a su historial y formación - como ayudante de campo y jefe de Estado
Mayor en diversas unidades. No obstante, su total desconocimiento del idioma
ruso y la falta de confianza generalizada hacia los prusianos (cuyo Estado al fin y
al cabo había declarado la guerra a Rusia) impidieron que recibiera el mando de
tropas. Sin embargo, no permaneció inactivo: participó en la retirada rusa,
combatió en el baño de sangre de la batalla de Borodino y, como jefe del Estado
Mayor de un cuerpo de ejército ruso, fue testigo directo de la retirada francesa
desde Moscú, incluyendo el desastroso cruce del Beresina. También participó en
la redacción de la Convención de Tauroggen, que ocasionó el paso del cuerpo
prusiano a las filas rusas, y acabaría provocando la alianza forzosa de Prusia con
Rusia y el Reino Unido de Gran Bretaña, dando paso a la Sexta (y definitiva)
Coalición que finalmente lograría derrotar a Bonaparte y sus aliados.
Húsares prusianos en la batalla de Leipzig (1813).

Cuando en 1813 Rusia devolvió


el control de la Legión Alemana a
Prusia, Clausewitz y el resto de
los prusianos volvieron a entrar
en servicio en su ejército de
origen. Sin embargo, la posición
de Clausewitz a ojos de la Corte
(y especialmente del rey) había
quedado muy dañada por su
defección, su postura contraria a
la oficial y su papel en la
redacción y aceptación de la
Convención que había forzado al
rey a cambiar su política. De
modo que, a pesar de ser ascendido a coronel, no logró ningún destino.
Afortunadamente, su amigo Gneisenau, ascendido a General y nombrado Jefe de
Estado Mayor del Mariscal de Campo Gebhard Leberecht von Blücher, le reclamó
como ayudante, posición en la que jugó un papel destacado en las batallas
posteriores. Participó en la mastodóntica batalla de Leipzig y se distinguió en la de
Lützen, en la que resultó herido tras liderar personalmente varias cargas de
caballería. En la misma batalla resultó mortalmente herido su mentor, Scharnhorst,
falleciendo unos días después.

En 1815 Clausewitz fue nombrado Jefe de Estado Mayor del III Cuerpo de Ejército
prusiano, bajo el mando del General Johann von Thielmann. Ocupando dicho
puesto durante la Campaña de Waterloo, participó en la batalla de Ligny, en la que
su unidad logró escapar relativamente indemne de la derrota general prusiana el
16 de junio de 1815 a manos de las tropas dirigidas personalmente por Napoleón.
Este, sin embargo, no logró destruir totalmente a las fuerzas prusianas. Su
segundo intento llevó a la batalla de Wavre los días 18 y 19 de junio, en la que el
Cuerpo de Ejército de Thielmann, superado en proporción de más de dos a uno,
logró proteger la retaguardia del resto del contingente prusiano. A pesar de ser
finalmente derrotado, el esfuerzo de la unidad en la que servía Clausewitz permitió
tanto la llegada providencial de las fuerzas de Blücher a la crucial batalla de
Waterloo como el bloqueo de la fuerza francesa lanzada para destruirles (dos
cuerpos de infantería y uno de caballería), que podrían haber cambiado el signo
de la batalla en caso de lograr llegar a la misma.

En 1818 fue ascendido a Mayor General y nombrado director de la Academia


Militar Prusiana en Berlín. Pese a que sufría aún el desprecio de la corte, y con
Prusia dominada por una corriente cada vez mayor de conservadurismo opuesto
frontalmente a las reformas sociales y militares de las que había sido tan ferviente
defensor, Clausewitz se mantuvo en dicho puesto hasta 1830, ignorado por todos
en una especie de retiro dorado. A pesar de ser el director (o seguramente por esa
causa), no podía dedicarse directamente a la enseñanza ni aplicar sus teorías
pedagógicas, por lo que ocupó su tiempo en preparar diversos libros y ensayos
sobre campañas militares, especialmente lo que posteriormente sería su obra
magna, De la Guerra.

[editar] Posguerra y muerte

En 1830, el estallido de diversos movimientos revolucionarios por toda Europa y


una crisis política en Polonia parecían presagiar una nueva guerra a nivel
continental. Clausewitz volvió al servicio activo como Jefe de Estado Mayor del
único ejército que Prusia podía movilizar en ese momento, liderado por su buen
amigo el ahora Mariscal de Campo Gneisenau. Mientras permanecieron
estacionados en la frontera, un estallido de cólera iniciado en Polonia diezmó al
ejército prusiano. Gneisenau enfermó y murió el 23 de agosto de 1831. Tras unos
meses, Clausewitz regresó a su hogar en Breslau, aparentemente sano, pero en
poco tiempo empezó a mostrar síntomas de la misma enfermedad. Falleció el 16
de noviembre de 1831, a los 51 años de edad.

Su viuda publicó en 1832 los manuscritos inacabados que Clausewitz había


dejado antes de partir hacia la frontera polaca, con el ya conocido título de De la
Guerra.

Pensamiento

A menudo suele citarse el concepto más provocador de su obra: "La guerra es la


continuación de la política por otros medios". Sin embargo, esta idea no tenía el
menor matiz de cinismo en el contexto del libro. Clausewitz pensaba que la guerra
moderna es un "acto político", y esta manifestación ponía en juego lo que él
consideraba el único elemento racional de la guerra. En su concepción, los otros
dos elementos de la guerra son: a) el odio, la enemistad y la violencia primitiva, y
b) el juego del azar y las probabilidades. "El primero de estos tres aspectos
-escribió- interesa especialmente al pueblo; el segundo, al comandante en jefe y a
su ejército, y el tercero, solamente al gobierno. Las pasiones que deben prender
en la guerra tienen que existir ya en los pueblos afectados por ella; el alcance que
lograrán el juego del talento y del valor en el dominio de las probabilidades del
azar dependerá del carácter del comandante en jefe y del ejército; los objetivos
políticos, sin embargo, incumbirán solamente al gobierno."

En la teoría de Clausewitz, los elementos del odio, el cálculo y la inteligencia


(dicho de otro modo, la pasión, el juego y la política) forman una "trinidad"
inseparable. Así pues, Alemania se basó en Clausewitz para unificar la conducción
militar y la política durante las dos guerras mundiales del siglo XX. Observada con
rigor, su filosofía indica que el cálculo de los militares (la estrategia) y la
conducción política tratan de dirigir e instrumentar una tendencia a la violencia y la
hostilidad preexistente. Sostenía que, aun cuando un conflicto se iniciara sin esa
base emocional, su desarrollo necesariamente influiría en este plano.
Clausewitz concebía la guerra como una empresa política de alto vuelo, sin
desconocer la sangre y la brutalidad que implica. Por eso, consideraba que todos
los recursos de una nación deben ponerse al servicio de la guerra cuando se
decide su ejecución. Y pensaba que la guerra, una vez iniciada, no debe
detenerse hasta desarmar y abatir al enemigo. Su definición de la guerra es:
"Constituye un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a
acatar nuestra voluntad".