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Tú eres yo

Estudio, desarrollo y casos


prácticos sobre el espejo,
la proyección y la sombra

Marta Salvat
Tú eres yo
Estudio, desarrollo y casos
prácticos sobre el espejo,
la proyección y la sombra

Marta Salvat

Diseño y maquetación: Mar de Paraules


Edición: Olga Prat
Impresión: Calidad Gráfica, S.L. (Zaragoza)

© 2015, Marta Salvat

Reservados todos los derechos.


Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida,
almacenada o transmitida por ningún medio sin permiso del editor.

ISBN: 978-84-608-1522-8
Depósito legal: V-2159-2015
Impreso en España
A mis padres.
Soy lo que soy gracias a ellos,
a la vida que me han dado,
a las sombras que me han mostrado y
al regalo del recuerdo de quien soy.
Índice
Prólogo………………………………………………………………… 9
Introducción………………………………….………………….……. 13
La base ..………………………………….……………………..…….. 17
La aportación de Un Curso de Milagros ……………...................... 21

El espejo directo o el espejo del momento .....……….....….....…..… 27


“Una persona amorosa vive en un mundo de amor. Una persona hostil
vive en un mundo hostil. Todo aquel que encuentre será su espejo.”
Ken Keyes

El espejo de los opuestos …………………………………..….....…... 39


“Cuando centras tu atención en alguien o algo,
vas en una de estas dos direcciones: la de lo deseado o la de lo no deseado.”
Esther & Jerry Hicks

El espejo de los juicios …………………………………………....…... 47


“Juzgar a alguien es como beber veneno y esperar que sea otro el que se muera.”
Dicho budista

El cuerpo como espejo de nuestras emociones …………………...... 59


“La enfermedad es el esfuerzo de la naturaleza para cuidar al hombre.”
Carl G. Jung

El espejo del árbol transgeneracional……………………………....... 61


“Lo pendiente del pasado familiar, se encuentra en nuestras propias huellas.”
Bert Hellinger

El espejo de lo que he perdido, entregado


o me han arrebatado………………………………………………..…. 67
“Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros.”
Sartre

El espejo de nuestros pensamientos inflexibles …………………….. 77


“La causa principal de infelicidad nunca es la situación
sino tus pensamientos sobre ella.”
Eckart Tolle
El espejo de nuestra noche oscura del alma………………..……...... 81
“Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones,
no las ha superado nunca.”
Carl G.Jung

El espejo de nuestros actos cotidianos


y el espejo del lenguaje corporal.…………………………..……..…. 85
“Cuida tus pensamientos porque se volverán actos,
cuida tus actos porque se volverán costumbres,
cuida tus costumbres porque formarán tu carácter,
cuida tu carácter porque formará tu destino, y tu destino será tu vida.”
Gandhi

“Lo más importante en una negociación es escuchar lo que no se dice.”


Peter Drucker

La disolución del espejo, la disolución de la sombra …………….... 91


“Y llegará el momento en que veas que todos somos uno
y que la vida fluye dentro y fuera de ti.”
George Harrison
Prólogo 9

Prólogo
“Estoy empezando por el hombre del espejo.
Estoy pidiéndole que no sea así.
Y ningún mensaje puede ser más claro:
si quieres hacer del mundo un sitio mejor
échate un vistazo a tí mismo y cambia.”
Man in the mirror, Michel Jackson

Estas páginas desarrollan el concepto de lo que se conoce como


la sombra, la proyección o el espejo, que viven en la Ley de
Causa y Efecto.
Hasta ahora estábamos convencidos de que la causa de nues-
tro estado emocional era nuestro entorno, y nosotros su efecto.
Relacionábamos las acciones, comportamientos y reacciones de
los demás con nuestro grado de bienestar. Había situaciones que
nos aportaban bienestar y otras, dolor. Con el dolor llegaba la
disconformidad, el enfado, la rabia, el miedo, la culpa... con lo que
intentábamos cambiarlo. Pero el intento de cambiar el exterior re-
sultaba ser un fracaso y una inversión de energía inútil. Convencer,
manipular, ordenar, chantajear o someterse nos alejaba cada vez
más de la paz.
Fruto de vivir y revivir repetidas veces las mismas situacio-
nes y sus estados emocionales correspondientes, y gracias a la
metafísica, hoy estamos comprendiendo e integrando que hay
que colocar la causa de nuestro grado de infelicidad y dolor, así
como la de la felicidad que hay en nuestra vida, en otro punto
distinto al exterior.
Así, si colocamos la causa en nosotros, en nuestra mente, por
la Ley de Causa y Efecto y por la Ley de la Atracción, po-
demos influir en nuestro entorno, manifestando nuestros más
profundos deseos y aceptando que también manifestamos todo
lo que tenemos en nuestro subconsciente.
El hecho de responsabilizarnos de que nuestro exterior es
como es por todo lo que tenemos en nuestro interior, puede des-
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estructurarnos temporalmente y provocar en nosotros una gran


resistencia. Pero por este mismo hecho, si entendemos que la
causa está en nosotros, ahora ya podemos decidir si cambiamos
o no dicha realidad. Ahora ya depende de nosotros. Ya no hay
excusa. Y si depende de nosotros, ¿por qué no hacerlo? Salir del
rol de víctima no ha sido tarea fácil hasta ahora. Pero en este ca-
mino en el que nos adentramos, entendemos que no hay víctima
ni victimario. Entendemos que no hay casualidad.

Sólo la Ley de Causa y Efecto.

Nuestro entorno no es casual, es causal.


No es casualidad lo que nos pasa en nuestra vida.
Lo que nos sucede es causa de lo que tenemos
en nuestro inconsciente.

Desde que en 2013 publiqué mi primer libro, Manual de su-


pervivencia, en el que abro las puertas a la Ley de Causa y Efecto
con la metáfora del espejo, he podido ir desarrollando, estu-
diando en profundidad e integrando más información sobre este
fenómeno aplicado a nuestro día a día.
Desde entonces, centenares de personas asisten a mis charlas
y conferencias, en las que desarrollo esta Ley con ejemplos cla-
ros y prácticos, que comparto ahora en este libro. Los asistentes
resuenan y despiertan ante este parámetro, entrando al princi-
pio con resistencia y adoptando después una actitud más abierta
y responsable.
Comprender que en nuestro inconsciente tenemos progra-
mas mecánicos que nos gobiernan, no es fácil de aceptar, pero
una vez lo hacemos, estar atentos a nuestro exterior para ver
qué nos dice nuestro inconsciente a través de él, se convierte en
el gran recurso para poder reconducir nuestra vida y responsa-
bilizarnos, como cocreadores, de la realidad que compartimos,
de lo que vibramos, de lo que sentimos y de lo que pensamos,
consciente e inconscientemente.
Prólogo 11

Autores como Carl Gustav Jung, Debbie Ford, Deepack Cho-


pra, Marianne Williamson, Louise Hay, Wayne Dyer, Hermes
Trismegisto, Gregg Braden, Ken Keyes, Osho, Miguel Ruiz,
Esther y Jerry Hicks, Yoshiniro Nogushi, Neale Donald Walsch,
Ken keyes, Ihaleakalá Hew Len, Enric Corbera, Annie Mar-
quier, entre otros, y cómo no, el libro Un Curso de Milagros, son
la fuente de inspiración en la que he basado este estudio y gra-
cias a los cuales he desarrollado lo que se conoce a nivel popular
como la Ley del Espejo.
Introducción 13

Introducción
“El verdadero origen de nuestras reacciones no es
lo que ocurre en el exterior, sino lo que pasa
en la dinámica interna, en la conciencia.”
Annie Marquier

El filósofo Hermes Trismegisto en la obra El Kybalion, expone lo


que son las 7 Leyes Universales y desarrolla cada una de ellas
haciéndonos ver la importancia de comprenderlas y llevarlas a
cabo para poder vivir en nuestro estado de gracia, como cons-
ciencias potenciales para manifestar lo que deseemos. Estas Le-
yes Universales son:

La Ley del Mentalismo


La Ley de Causa y Efecto
La Ley de la Correspondencia
La Ley de Vibración
La Ley de Polaridad
La ley del Ritmo
La Ley de Generación

Todas están relacionadas entre sí y regidas por la Ley de la


Atracción.
En base a la Ley de la Atracción entendemos que atraemos a
nuestra vida lo que vibramos en nuestro interior (lo que tenemos
en nuestra mente consciente y en el subconsciente). Lo incons-
ciente se hace consciente gracias a la manifestación, gracias a la
realidad que vivimos. Con la atención, el compromiso y la ob-
servación de nuestra vida, podemos integrar lo que no funciona
en nosotros, aceptarlo, liberarlo, perdonarlo y sustituirlo por lo
deseado.
De la misma manera, nuestro exterior también nos habla del
grado de armonía interna que tenemos (si en la mente hay armo-
nía, se crea una realidad con armonía; si hay conflicto, se crea
14 TÚ ERES YO

una realidad de dolor, fatiga, emociones densas, poca fluidez,


escasez de cualquier tipo, enfermedad…). Y lo hace a través de
un presente estable y libre de dolor, que nos nutre y al que po-
demos nutrir, y en el que podemos desarrollar y compartir todos
nuestros dones, o lo hace a través de un presente inestable, con
grados de dolor y desarmonía en general. De este modo, podemos
ver de otra manera el exterior, porque comprendemos que a través
de él:

Todas las situaciones y personas que tenemos a nuestro


alrededor están aquí para que tomemos consciencia de cuánto
nos amamos o cuánto nos lastimamos a nosotros mismos.

Para integrar este concepto, vamos a analizar en estas páginas


todas las variedades de reflejos que vemos en nuestro exterior
y que provienen, como decimos, de pensamientos y emocio-
nes que tenemos en nuestro interior y que, evidentemente, se
han ido gestando a lo largo de nuestra vida “gracias” a nuestra
cultura, creencias, miedos, dramas vividos, educación, salud, ex-
periencias económicas… En base a todo lo que hemos vivido,
hemos guardado en nuestro subconsciente recuerdos, impactos
emocionales, heridas… Todo lo que está pendiente de resolver
(todo lo que no está en paz, amor y perdón), más tarde o más
temprano saldrá a la luz a través de una situación concreta para
ser resuelto.
Independientemente de aquello sobre lo que nos esté infor-
mando el exterior, la moraleja siempre va a ser la misma:

Valorar el grado de amor o el grado de sufrimiento


que nos infligimos a nosotros mismos.

Suena extraño que nos podamos herir a nosotros mismos,


pero así es. No hace falta que sea de una manera consciente (aun-
que lo hacemos con afirmaciones como “no sirvo para nada”,
Introducción 15

“nadie me quiere”, “debo hacerlo mejor”…). Inconscientemente


tenemos muchas heridas. Cada situación de nuestra infancia no
resuelta, no atendida y no amada, es una parte de nosotros he-
rida (una parte de nuestra personalidad, de nuestro ego herido)
que se muestra en nuestro presente para recordarnos este dolor
ahogado. En estos casos tenemos un niño interior que sigue sin-
tiéndose vulnerable por lo ocurrido, y una de las maneras de
reconocerlo es observando en nuestra vida qué estamos atrayen-
do. De adultos seguimos teniendo momentos de dolor que no
sabemos gestionar con el nivel de conciencia de ese momento.
Esto se sigue acumulando a lo que ya había… y el resultado es
más infelicidad en el presente.
Estas situaciones, sumadas a las creencias, juicios, cultura,
educación, amor, dramas… causan una película en el exterior
que nos muestra el guión de la película que hay en el interior.
La base 17

La base
“Si lo ves, es porque lo tienes.”
Anónimo

Si quieres reconducir tu vida porque estás sufriendo, en el grado


que sea, sólo tienes que estar atento a lo que tienes a tu alrede-
dor. Fijándote en el tipo de relaciones que vives, el tipo de tra-
bajo, de pareja o de vida que llevas, puedes tomar consciencia
de lo que tienes en tu interior. Tu exterior te muestra y te habla
sobre lo que hay oculto en tu inconsciente.

¿Y qué es lo que está oculto?


Está oculto lo que no quiero reconocer en mí, lo que no
soporto de mí, lo que no acepto de mí, las heridas pendientes
de resolver, los juicios y reclamos hacia mi pasado, y
las partes de ego (de personalidad) que se han ido hiriendo
por el camino.

La ley del Espejo dice que “Todo lo que veo en ti, lo tengo yo,
tanto si me gusta como si no”. Ante esta situación, podemos ha-
cer caso omiso a este “código morse” que usa nuestro subcons-
ciente para comunicarse con nosotros, y la situación, en lugar de
mejorar o diluirse, puede hacerse mayor y más intensa, o bien
podemos empezar a entrar en el parámetro de no reaccionar ni
estar a la defensiva hacia fuera. Es importante parar y decirnos:

¡STOP! ¡Esto es mío!


Esta situación me está hablando a mí. Ahora comprendo.
¿Qué me está diciendo este espejo?
¿Qué necesito saber de mí, a través de ti, que aún no sé?

Este es un primer inmenso y gran paso. El más importante.


18 TÚ ERES YO

Todo aquello que nos llama la atención del exterior, tanto si


nos incomoda o remueve como si nos sorprende en positivo, nos
está hablando de nosotros. Por ello llamaremos a todo aquello
que vemos proyección.
Las proyecciones siempre vienen aumentadas para que nos
demos cuenta de que nos hablan directamente. Cuanto menos
caso les hacemos, más se distorsionan y persisten en el tiempo
hasta que por fin llegamos al punto de querer ver y saber qué
nos está diciendo de nosotros esta percepción, para poder
disolverla y seguir avanzando.

El subconsciente usa como espejos a personas con las


que tenemos lazos emocionales.

Esto es así porque el vínculo emocional hace que nos rela-


cionemos con más frecuencia con esas personas, aunque no ne-
cesariamente con buena calidad. La presencia continua de esas
personas en nuestra vida nos recuerda el punto prioritario que
hay que resolver. Padres, parejas, hijos, jefes o socios son nues-
tros mayores maestros. En ellos se proyecta lo que tenemos que
resolver en nosotros.
A continuación se exponen distintas situaciones. Se trata de
ejemplos, con lo que estas situaciones no tienen por qué ser así
en la realidad. Son casos escogidos de las charlas y conferencias
para mostrar al lector la manera de descifrar una proyección.
Si con uno de los ejemplos analizados el lector no obtiene
la respuesta a su posición o problemática, deberá avanzar en la
lectura para sacar más información de una misma situación en
otro espejo, teniendo en cuenta que una proyección jamás viene
dada por el análisis de un único espejo; siempre viene acompa-
ñada de uno o dos espejos más.
Gregg Braden, en su libro La matriz Divina, desarrolla cin-
co tipos de proyecciones o espejos: el espejo que refleja el mo-
mento; el espejo que refleja lo que juzgamos en el momento; el
espejo que refleja lo que hemos perdido, entregado o nos han
La base 19

quitado; el espejo que refleja nuestra noche oscura del alma; y el


espejo que refleja nuestro mayor acto de compasión.
Durante los últimos años he ido desarrollando y analizando
estos y otros espejos, hasta completar una gran lista que presen-
to en las próximas páginas.
Deseo que el lector se sumerja en estos parámetros lo más
neutro y libre de juicios posible, para que la información que
vaya recibiendo pueda navegar dentro de sí y pueda aportar luz
en algún o distintos aspectos de su vida.
La aportación de Un Curso de Milagros 21

La aportación de Un Curso de Milagros


“Un milagro es una corrección que yo introduzco en
el pensamiento falso. Actúa como un catalizador, disolviendo
la percepción errónea y reorganizándola debidamente.”
UCDM, Cap.1.37.1.2.

Como estudiante y acompañante del libro Un Curso de Mi-


lagros, creo imprescindible la aportación de su visión al desa-
rrollo de la Ley del Espejo.
Desde que nació el libro en la década de los 70 del pasado
siglo, son miles los simpatizantes que han hecho de la filosofía
que se expone en él su estilo de vida.
El libro es espiritualidad y metafísica, y nos lleva al recuerdo
y la comprensión de quienes somos, para qué estamos aquí y
cómo potenciar nuestros recursos divinos.
Uno de los métodos para recordar cómo nos hemos podi-
do olvidar tanto tiempo de nosotros y de las consecuencias de
este hecho (el presente distorsionado que vivimos) es usando las
imágenes que tenemos delante, que están en clave de relacio-
nes, situaciones, personas, pensamientos, emociones. Un Curso
de Milagros nos ayuda a reinterpretar nuestras vivencias desde
otra visión.
Si partimos de la visión de que entendemos que nuestra per-
sonalidad está en nuestra mente, que ésta es la que percibe cons-
tantemente y la que nos convence de lo que está sucediendo
“allí fuera”, entonces nada cambia, pues esta personalidad, este
ego, nos ha convencido y nos sigue convenciendo de que la cau-
sa de todo es el exterior. Y esto hace que nos sintamos separados
del exterior, como si no tuviera que ver con nosotros.
Como hemos visto anteriormente, si así fuera, no podríamos
hacer nada para cambiar la situación. Pero si ponemos la causa
en nuestra mente, entonces sí tenemos la oportunidad de cam-
biarla. Sólo necesitamos dejar a un lado la interpretación del ego
y permitir que sea otro el que reinterprete la situación.
22 TÚ ERES YO

¿Y qué mejor intérprete podría existir que el Amor?


¿Qué haría el Amor en esta situación? ¿Qué escucharía y en-
tendería el Amor de estas palabras? ¿Qué diría el Amor en estos
momentos? ¿Cómo ve el Amor y qué me hace sentir el Amor en
cada segundo de mi existencia?

El Amor todo lo disuelve.


El amor es lo opuesto al miedo, al odio, a la culpa, al dolor,
al sacrificio (que nos aporta el ego).
Por tanto, tenemos el libre albedrío de decidir
en cada ocasión: decidir si interpretar y vivir este momento
desde el Amor o desde el ego. Si decidimos vivirlo desde
el Amor, entramos en una paz inmediata.
Y éste es la señal de que vamos bien. La paz.

El libro Un Curso de Milagros define todas las proyecciones


como percepciones. Y estas percepciones provienen del ego. El
Amor, puro conocimiento, no necesita una proyección; simple-
mente precisa extenderse a través del otro, crecerse, contaminar
lo que es.
Y sólo puede contaminar Amor, porque sólo es Amor.
La elección es, pues, fácil. Ante una situación, podemos pro-
yectar o extender. Podemos seguir manteniéndola fuera o po-
demos contaminarla de Amor con la ayuda de nuestra parte más
pura: nuestra esencia, nuestro espíritu. Nuestra parte no conta-
minada por la personalidad.
Y el mejor acompañante que tenemos para esta aventura es
Jesús, quien en Un Curso de Milagros nos enseña los pasos para
poder recordar quienes somos. Nos susurra y nos anima a no
desalentarnos ante cualquier momento de duda o contamina-
ción por parte del ego.
Jesús aprovecha el Curso para defender lo que él vino a hacer
en la vida, en la que fue sacrificado y de la que tanto se ha hablado
a través de los tiempos, modificando y alterando su sentido más
auténtico.
La aportación de Un Curso de Milagros 23

En Un Curso de Milagros Jesús nos revela las claves para


conseguir la iluminación, que es la disolución total del ego.

Él mismo dice en el curso:

“Si quieres ser como yo, te ayudaré, pues sé que somos iguales.
Si quieres ser diferente, aguardaré hasta que cambies de parecer.”
Cap.8.IV..6.3.

Estas palabras reconfortan, pues recordamos que siempre es-


tamos acompañados. Este Jesús no es el que conocemos a través
de la religión. Si bien es el mismo personaje, él desea compartir
con nosotros cómo consiguió desarrollarse como Dios en esta
experiencia humana. E insiste en que nosotros también pode-
mos hacerlo. Nos da las claves y desea que sintamos que él es
uno más, como nosotros. Si él lo consiguió, nosotros podemos
hacerlo también.
A lo largo de este libro, en cada análisis de los espejos, in-
cluiremos la visión de Un Curso de Milagros para que el lector
pueda tener la más amplia visión de todo lo que nos ocurre,
sobre cómo podemos reconducirlo y, a través de esta correc-
ción, cómo podemos recordar quienes somos y para qué hemos
venido a este mundo.
Los espejos
“Sólo se volverá clara tu visión cuando
puedas mirar en tu propio corazón.
Porque quien mira hacia afuera sueña,
y quien mira hacia adentro despierta.”
Carl G. Jung
El espejo directo o el espejo del momento 27

El espejo directo
o el espejo del momento

Esta proyección habla alto y claro:


Yo soy lo mismo que tú.
Todo lo que veo en ti, soy yo.

Aquí entramos en la resistencia, porque quizás sí me apetece


saber que lo que veo que me gusta en ti es mío, pero no acepto
que lo que no me gusta de ti sea mío. Pero así es.
Veamos un ejemplo: si tengo delante a una persona que está
en la crítica constantemente y esto me remueve y no lo soporto,
evidentemente esto me está diciendo que soy una persona que
también critica. Pero... ¡No me está diciendo que yo critique a
los demás!

¡El espejo siempre me habla de cómo me comporto yo


conmigo mismo!

El espejo jamás me dice que yo también critico a otro, ¡pero


sí que me critico a mí mismo!
Las personas que critican son personas exigentes, que siem-
pre harían algo diferente a lo que hacen los demás, pues tienen
una verdad absoluta sobre cómo son o deberían ser las cosas.
Esto quiere decir que yo soy muy exigente conmigo mis-
mo y no me doy cuenta. Quizás sí me doy cuenta de que no me
conformo con mi manera de ser y actuar, pero no soy consciente
de cuánto esto repercute en mi ser. Por lo tanto, mi subcons-
ciente me muestra esta “agresión” que me estoy haciendo.
Si tengo en mi vida a alguien que me falta el respeto constan-
temente en el grado que sea (gritos, insultos, violencia, invasión
de territorio, agresión...), esto me está diciendo que yo no soy
28 TÚ ERES YO

nada respetuoso conmigo mismo, que me falto el respeto.


No me valoro y no sé poner límites. Una vez más, mi subcons-
ciente me muestra la “agresión” que me estoy haciendo a mí
mismo.

El exterior me muestra cómo me relaciono


yo conmigo mismo

Veamos un ejemplo. Eva participó en una de mis charlas y


compartió la queja de que su jefe era muy manipulador. Ella
consideraba que ella no lo era para nada. No aparentemente. No
hacia el exterior. No hacia otras personas. Pero sí era una mani-
puladora de sus sentimientos y emociones. La manipulación por
parte de su jefe le estaba mostrando que ella se autoconvencía de
que lo que realmente sentía en su vida no tenía importancia. Si
se sentía triste, automáticamente se ponía música y se olvidaba
de la tristeza. Si no tenía ganas de atender a su suegra, lo hacía
porque no había otra. De nuevo se estaba manipulando. Cada
vez que se adaptaba a los deseos de su pareja aunque a ella no le
apeteciera, se manipulaba y se convencía de que esa opción era
la mejor. Y así continuamente. En la charla, Eva entendió que
su vida, que ella creía que dominaba, estaba expuesta al bene-
plácito de su entorno, para que los demás estuvieran cómodos y
felices, pero que jamás anteponía sus necesidades y deseos. Los
bloqueaba. Los manipulaba.
Más adelante usaremos este ejemplo para definir otros espe-
jos que lleva implícitos, aparte del directo.

En las proyecciones directas nos encontramos


también efectos de nuestras emociones.

Pongamos otro ejemplo. Estoy tranquila y feliz en casa. Salgo


a la calle a dar un paseo y me cruzo con un conocido que me
cuenta su situación actual, penosa y triste. Al terminar la con-
El espejo directo o el espejo del momento 29

versación me siento triste, y puede que relacione esta tristeza


súbita en mí con el encuentro con este ser. Pero no es así. Esta
ocasión que se ha dado ha sido una oportunidad para que yo
tome consciencia de que tengo en mí una tristeza pendiente de
resolver. He olvidado que tengo esta emoción, y el hecho de que
él la haya sacado a la luz, me permite sanarla.
Ocurre de la misma manera si es al revés. Estoy en casa de-
primida y desanimada, y salgo a la calle. Si con un encuentro
fortuito con un conocido, éste me contagia de esperanza y ale-
gría, puedo pensar justamente que esta persona me ha contagia-
do de este nuevo estado anímico. Pero lo único que ha hecho
es recordarme que yo ya tengo la alegría y esperanza en mí,
aunque me he olvidado de ella.
En relación a este espejo, OSHO dice:

“Cuando experimentas alegría, sientes que proviene de afuera.


Te has encontrado con un amigo, y, obviamente, parece que la
alegría proviene de tu amigo al verlo. Pero no es así: la alegría está
siempre dentro de ti. El amigo es sólo una situación. Él ha ayudado a
que la alegría salga, pero estaba ahí. Y no sucede sólo con la alegría,
sucede con todo: con la ira, la tristeza, el sufrimiento, así es con todo.
Lo demás solamente son situaciones que provocan que aquello que está
oculto en ti se exprese. No son motivos. No causan algo en ti.
Lo que quiera que ocurra, te está sucediendo a ti. Siempre ha estado
ahí: el encuentro con el amigo ha creado una situación en la cual lo
que estaba oculto, se ha abierto, ha salido. Proviniendo de un origen
oculto se ha hecho aparente, manifiesto.”

Esto no quiere decir que si una situación concreta saca a la


luz una emoción que yo tengo inconscientemente dormida, ésta
represente a un estado anímico actual: puede recordarme que
tuve tristeza, o un sentimiento de abandono, o soledad, o celos...
hace tiempo (incluso puedo ni recordarlo). La activación de la
emoción me da la oportunidad de reconocer en mí la emoción
olvidada vinculada a una situación; me permite sanarla y libe-
rarla. Pero hay que tener en cuenta que, para nuestro sub-
30 TÚ ERES YO

consciente, el tiempo no existe, por lo que si tengo una herida


de mi pasado que aún sangra, la estoy viviendo en mi presente sí
o sí, en una situación que puede no ser igual a la que causó la he-
rida pero que sirve para activar la emoción relacionada con ella.
De una manera muy sutil, cuando se nos activan emociones
a través de situaciones “inocentes” o fortuitas, tenemos la opor-
tunidad de sanar algún aspecto de nosotros o recordar que no-
sotros somos ese valor que ha salido a la luz a través del otro.
Por ejemplo, cuando miramos una película y nos emociona
de alguna manera, en forma de tristeza, pena o nostalgia, sale a
la luz una emoción que no está en la paz y amor incondicional,
y que me conecta con el recuerdo pasado en el cual se originó
dicha emoción. Si la película nos transmite alegría, amor o gozo,
nos recuerda lo que ya somos pero que hemos olvidado o no
valoramos suficientemente, y este efecto en el exterior me da
la oportunidad de reconectarme con mi esencia.
Con este primer espejo ya nos podemos dar cuenta que el
exterior, aunque lo cataloguemos de causante, justamente es un
efecto de lo que tenemos dentro.

La causa está en nosotros y el efecto en el exterior,


en la proyección.

Entonces, ¿cómo íbamos a acusar el exterior de nuestro esta-


do emocional si ha sido el que nos ha ayudado a tomar conscien-
cia de lo que ocurre en nosotros? Esta situación, esta persona,
el exterior, no es un agresor, sino un maestro. Es un salvador.
Gracias a él puedo liberarme de la emoción que me provoca
este dolor y sanarme.
Estas situaciones se dan repetidamente en nuestros actos y ri-
tuales cotidianos, pero no les damos importancia y las asumimos
como que “las cosas son así”.
Como hemos dicho, los espejos siempre van a ser situacio-
nes o personas con las que tenemos lazos afectivos o una
relación cercana. La continua presencia de estos personajes
El espejo directo o el espejo del momento 31

nos hace de recordatorio. Si fueran personajes con los que no


tenemos mucho contacto o vínculo, nos olvidaríamos y pasaría-
mos por alto el mensaje que nos están dando. Si no comprende-
mos que estos personajes nos están hablando con una moraleja
de fondo, éstos van a ir exagerando más y más sus roles, y au-
mentando más y más la intensidad de la situación, para incomo-
darnos cada vez más.
Hasta que digamos:

¡STOP! ¡Esto es mío!

La familia es la gran maestra. En mis charlas me dicen a me-


nudo: “Ellos me usan para canalizar sus emociones. ¡Estoy har-
to/harta!”. Entonces yo respondo: “No es así. Tu subconsciente
los está usando para liberarte de todo lo que te atormenta dentro,
tu fatiga, tu enfado, tu querer estar en otro sitio y no en el que te
encuentras ahora, tu irritación por lo que crees que debería ser
de otra manera. Ellos sacan a la luz lo que tú no reconoces en ti.”

Gema está casada y tiene dos hijos. Su casa es una cueva de


gritos, quejas, un caos de horarios… Todos la reclaman, todos
la necesitan, todos le exigen, todos le llaman la atención por sus
nervios y poca comprensión, y se quejan de que ella es exigente
con ellos. Ella observa que cada uno va a su bola y hace lo que
quiere, cosa que la pone más nerviosa aún. Ella quiere tener
tiempo para ella misma, pero lo va posponiendo porque piensa
que su marido e hijos son prioritarios, y más dado el caos que se
vive en la casa. Con la charla ella comprende, sobre los espejos,
que ellos sacan a la luz las quejas que ella no expresa, las ganas
que tiene de tener tiempo para ella y lo exigente que es consigo
misma. Su familia, yendo a su bola, le muestra lo que ella sí tiene
ganas de hacer.

Otro ejemplo. Tus vecinos, los compañeros de trabajo o ami-


gos que llaman la atención, que son agresivos verbalmente, que
32 TÚ ERES YO

tienen un tono de voz más elevado de lo habitual, hecho que te


incomoda, te están diciendo que te estás chillando a ti mismo
para que tomes consciencia de algo. Te chillas a través de ellos.
Te reclamas a través de ellos.

Silvia comentaba en una charla que una compañera de traba-


jo siempre estaba chillando y que ella no lo soportaba. Insistía
en que chillaba a todos, no únicamente a ella. Eso puede ser
cierto, pero lo que importa es cómo gestionas tú esta situación,
qué te dice a ti. A cada uno de los compañeros le dará un mensa-
je diferente, y está claro que este personaje chilla por todos ellos,
por lo que tienen ganas de chillar o quejarse y no lo hacen (no
importa que tengan ganas de quejarse por un motivo personal o
familiar...que nada tenga que ver con el trabajo. Lo importante
es que se canaliza un acto bloqueado, una emoción reprimida).

Un claro ejemplo de espejo directo es un caso de corrupción.


Estos tiempos, en los que han salido a la luz tantos personajes
públicos corruptos, algo nos dicen. Es comprensible que una
persona pueda afirmar que no es corrupta, pero eso no es así.
Cuando expongo esta situación en una charla, las caras de los
presentes van cambiando de expresión y empieza uno a tomar
más consciencia de sus propios pensamientos y actos.
¿Cuántas veces has intentado no pagar algo? ¿Cuántas veces
has intentado subir a algún transporte público sin pagar? Esto
es corrupción. ¿Cuántas personas cobran la prestación contribu-
tiva pero siguen trabajando en otro sitio? ¡Por no decir las que
trabajan sin querer pagar impuestos! Todo esto sigue siendo co-
rrupción. ¿Cuántas veces uno dice que quiere vivir del cuento?
¿Cuántas veces quieres que sea siempre el otro el que invite a
la copa? ¿Y qué hay de los trabajadores que toman “prestado”
material de la empresa o gasolina para su uso privado? Esto
también es corrupción.
Son dosis pequeñas de corrupción que pueden resultar anec-
dóticas para ti e incluso pueden convencerte de que te las mere-
ces. Pero si sumamos esta creencia a la de cada uno de nosotros,
El espejo directo o el espejo del momento 33

esto hace que reflejemos en aumento la corrupción no reconoci-


da en nosotros en personajes muy corruptos.
Estos parámetros nos deberían hacer reflexionar sobre la im-
portancia de nuestros pensamientos, creencias, juicios y senti-
mientos no reconocidos en nosotros.

Si hablamos de violencia, nos indignamos por casos en los


que hay una víctima de un victimario, y no nos damos cuenta
de que existe un victimario porque está mostrando la rabia y la
ira contenida en cada uno de nosotros, ni que sea en una pro-
porción pequeña. Y existen víctimas porque nosotros tenemos
oculta una parte herida y vulnerable que no hemos sanado. Es-
tos personajes, aunque no formen parte de nuestro decorado di-
recto, nos hablan de nosotros porque nos sigue afectando verlo.

Veamos otro caso. Es curioso observar lo que ocurre en las


carreteras: al conducir hay usuarios que tienen el hábito de usar
mucho el claxon, de adelantar agresivamente, de ir demasiado
lentos por el carril que corresponde, de adelantar y luego des-
acelerar impidiendo a otros vehículos llevar la velocidad que
llevaban… y así, numerosos ejemplos que hacen que otros con-
ductores puedan perder los nervios, reaccionar, querer ir más
deprisa para pillarlo. Todas estas situaciones que podemos haber
vivido y que seguramente seguimos viviendo si no analizamos
nuestra reacción, nos están diciendo algo a nosotros personal-
mente. Un conductor puede insultar o gesticular hacia otro, con
causa o no, y el que recibe la atención reacciona. Entonces se
pone al mismo nivel. Inconscientemente, al reaccionar, recono-
ce que lleva la misma emoción de rabia, indignación o ira del
que ha empezado, pero no resuelta. Esta situación sólo es una
oportunidad para sacar fuera lo oculto.
Para seguir con más ejemplos de espejos directos, me apoyo
en la frase de Carl Gustav Jung:

“Los niños viven y manifiestan las tristezas y alegrías inconscientes


y no manifestadas de los padres.”
34 TÚ ERES YO

Los niños, en casa, son grandes espejos. Pensamos que sus


actos, sus carácteres, sus toses y sus virus son producto de lo
propio de la edad. Entonces, ¿por qué no todos los niños son
iguales? ¿Por qué los virus sólo atacan a unos pocos? ¿Por qué
no todos chillan? ¿Por qué no todos son agresivos o más intro-
vertidos?
La psicóloga y terapeuta argentina Laura Gutman desarrolla
y defiende la teoría del espejo entre madre e hijo. Sus obras re-
flejan su compromiso de tomar conciencia sobre la importancia
de todo lo que ocurre en el útero materno en el período de la
gestación y durante la infancia. En su libro La maternidad y el
encuentro con la propia sombra, dice:

“Utilizar las manifestaciones del bebé como reflejo de la propia


sombra es una posibilidad entre otras para el crecimiento espiritual de
cada madre. En este sentido, el bebé es una oportunidad más. Es la
posibilidad de reconocernos, de centrarnos en nuestro eje, de hacernos
preguntas fundamentales. De no mentirnos más e iniciar un camino
de superación. El bebé se constituye en maestro, en guía, gracias a su
magnífica sensibilidad y también gracias a su estado de fusión con la
madre o persona que la suplante. Siendo tan puro e inocente, no tiene
aún la decisión consciente de relegar a la sombra los aspectos que todo
adulto decente despreciaría. Por eso manifiesta sin tapujos todo senti-
miento que no es presentable en sociedad. Lo que desearíamos olvidar.
Lo que pertenece al pasado. El bebé se convierte en espejo cristalino de
nuestros aspectos más ocultos. Por eso, el contacto profundo con un bebé
debería ser un período para aprovechar al máximo.”

¿Cuántas veces un padre o una madre no tiene ganas de escu-


char una serie de comentarios (provenientes del cónyuge, de un
jefe, del abuelo, o mejor aún, de escucharse a sí mismos) y el hijo
desarrolla una otitis? ¿Cuántas veces un progenitor no puede
chillar y expresarse libremente con quien sea (pareja, jefe, veci-
no, padre…) y el hijo tiene tos constantemente? Si hay alguna
situación que irrite a alguno de los cónyuges, el niño puede ser
propenso a tener diarreas. Y así, infinitos ejemplos.
El espejo directo o el espejo del momento 35

Está estudiado y demostrado que los hijos hasta los 14 años


van somatizando las emociones bloqueadas de los padres (inde-
pendientemente del programa que pueda llevar del árbol trans-
generacional, que comentaremos más adelante).

Si tenemos en nuestro entorno a personas que nos llaman


la atención porque siempre están dudando, porque les cuesta
tomar decisiones, o personas que expresan sus miedos o sus que-
jas, ellas están sacando a la luz nuestros propios miedos, nues-
tras dudas, nuestras quejas no expresadas. ¿Y seguimos pensan-
do que no tienen nada que ver con nosotros?

Lo no expresado tiene que salir a la luz.

Probablemente en más de una ocasión te has sentido como


que no vales suficiente, que no sirves para nada, no sabes qué
haces aquí… Puede ser que a nivel consciente no des mucha
importancia a este comentario que tienes sobre ti mismo, pero a
tu alrededor tienes a personas agotadas, con una actitud pasiva,
de victivismo. Ellas son tu reflejo para que tomes consciencia del
concepto que tienes sobre ti.

Silvia, por ejemplo, compartió que tenía personas a su alre-


dedor que se quejaban constantemente y que le contaban direc-
tamente a ella sus penas. Ella reconocía que era muy positiva y
no entendía qué le podía estar diciendo de sí misma esta pro-
yección. Algo no le cuadraba. Ella se convencía de que era
muy positiva, pero en el fondo se sentía cansada de que tanto
esfuerzo no le compensara: aún no veía el resultado de tanta
positividad, estudio y trabajo en sí misma… Su exterior, una vez
más, le mostraba una emoción que tenía que reconocer, aceptar
y liberar.

Hablemos de dinero. Si tu presente te muestra carencia, difi-


cultad para llegar a fin de mes, si entra poco dinero o el que en-
36 TÚ ERES YO

tra sale muy deprisa y no tienes opción de ahorrar, si no puedes


hacer cosas que te gustarían porque no te lo puedes permitir, si
tienes en tu entorno a gente con una situación similar a la tuya…
todo esto es un espejo directo de tu consciencia de carencia
o consciencia de pobreza.
Probablemente no seas muy consciente de ello, pues esto for-
ma parte ya de tu normalidad, creencias y educación. Afirma-
ciones como “hay que trabajar duro para ganar dinero”, “yo con
poco me conformo, con lo justo para poder cubrir gastos y poco
más”, “todo cuesta mucho”, “hay mucha gente así, ya cambiarán
las cosas”… hacen que en tu subconsciente haya un programa
de conciencia de pobreza. Pero de nuevo, como es un programa
que te hace sufrir, ahora sabes que tienes la opción de decir:

¡STOP! ¡Esto es mío!

Y reconducir la situación. Hemos recordado que el exterior


nos muestra cuánto nos herimos o cuánto nos amamos. Por tan-
to, nos estamos hiriendo a través de esta situación.
Esto no es consciente, pero sale a la luz lo que tengo que
resolver. ¿Y qué tengo que resolver? Si me siento poca cosa, si
creo que no soy suficiente, si creo que no valgo para trabajar,
si me comparo y veo en otros una situación más favorable, si a
todo esto le añado las creencias que tengo sobre el esfuerzo y
el dinero... todo ello muestra una consciencia de carencia im-
portante. Gracias a una situación que lleva mucho tiempo sin
cambiar, esforzándose en darme una información que yo creía
que no me hablaba a mí directamente, tengo la oportunidad de
recordar que yo no soy esto. En tiempo real se me ha reflejado
lo que directamente siento y pienso que soy, pero esto no es ver-
dad, porque yo no soy dolor, no soy carencia, no soy pobreza,
no soy poca cosa. Yo soy consciencia de abundancia.
Con este ejemplo se combina el espejo opuesto que desa-
rrollamos en breve, en el que gracias a lo que no soy, puedo
conectar y desarrollar lo que verdaderamente soy.
El espejo directo o el espejo del momento 37

Vamos ahora a aprovechar este apartado sobre el espejo di-


recto para incorporar a nuestras mascotas como un miembro
más del sistema familiar. Diversos estudios veterinarios, entre
ellos los de Richard Pitcain (Salud natural para perros y gatos) o
B.Lydecker (What the animals tell me), defienden que la salud de
una mascota refleja la salud mental o física de su amo y que,
para tratarla, hay que hacer una curación holística involucrando
a los miembros de la familia.
De la misma manera, hay estudios puntuales que reflejan si-
militudes entre los carácteres de un perro y el de su amo, e in-
cluso que sostienen que cada persona escoge a una mascota con
una personalidad afín a la propia y, “casualmente”, con algún
rasgo físico parecido.
Con todos estos ejemplos concluimos que:

Cuando reconozco en el exterior en clave de situación o


personaje, una conducta, una creencia o un parámetro que es
mío, automáticamente me doy cuenta que éste me está
ayudando y dejo de volcar en él la causa de mi emoción
o situación actual. Comprendo que mi subconsciente
está hablando a través de él.

Esta integración ya supone un 50% de la disolución de la


proyección. Pero lo que queremos es que el espejo desaparezca.
No necesariamente la persona, sino la emoción que nos causa
esta situación.

LA VISIÓN DESDE UN CURSO DE MILAGROS

“La imagen que el ego tiene de ti es la de un ser desposeído,


vulnerable e incapaz de amar.” VII.3.2.

“No veas esa imagen en nadie, o la habrás aceptado como


lo que eres tú”. VII.3.6.
El espejo de los opuestos 39

El espejo de
los opuestos

Tenemos muchas partes de ego heridas,


inconscientemente, por supuesto,
y éstas salen a la luz en formato
de proyecciones para poder sanarlas.

Neale Donald Walsch, en su libro Dios es felicidad, expone


los principios de la vida. Uno de ellos es el de La Ley de los
Opuestos, que nos otorga oportunidades. Otros principios son
los de la Energía de Atracción, relacionada con el poder; el Don
de la Sabiduría, que otorga discernimiento; la Alegría de la Ma-
ravilla, que otorga imaginación; y la Presencia de los Ciclos, que
otorgan eternidad.
En el caso de la Ley de los Opuestos:

Gracias a lo opuesto que reconozco en ti,


tengo la oportunidad de recordar quién soy.
Un espejo opuesto me dice:
Estoy en el lado opuesto de lo que veo y vivo.
Me siento al contrario de lo que veo y vivo.

Estas proyecciones son frecuentes y relevantes.


Regresemos a uno de los ejemplos que hemos usado anterior-
mente.
Si tengo cerca a una persona que me chilla constantemente,
que es agresiva y violenta en cualquier grado, esto me está di-
ciendo que estoy en el polo opuesto, vibrando sumisión. Me
está mostrando que debo recuperar mi centro, mi autoestima,
mis valores y saber usar los límites. Mientras no reaccione, este
opuesto seguirá mostrándose en mi presente y cada vez será
mayor y más exagerado.
40 TÚ ERES YO

Es el típico caso de violencia de género. No es casualidad que


en este tipo de agresión se junten un carácter dominante con
otro sumiso. Justamente es para que ambos aprendan que están
en el extremo opuesto de su centro, de la paz y total armonía.

Todos hemos tenido o tenemos en nuestro entorno a perso-


nas egoístas. Esto es totalmente anecdótico, a menos que nos
remueva. Si me molesta el comportamiento egoísta de una de-
terminada persona, es que es mío. Si no lo puedo soportar, es
que me está hablando directamente a mí. Y esa persona seguirá
“especializándose en egoísmo” hasta que me entere de que esto
tiene que ver conmigo.
¿Y qué podría decirme una persona tan egoísta? Ante todo
me puede estar diciendo que yo también soy egoísta, pero este
sería un análisis falso, porque el espejo no habla de uno mismo
en relación con el exterior. Habla de uno en relación a sí mismo.
El espejo opuesto de tener una persona tremendamente
egoísta es que yo estoy en exceso volcada en los demás. Qui-
zás antepongo el bienestar de los demás al mío (me estoy sacri-
ficando). Puede que haga todo lo posible para que todo esté en
paz y armonía sin tener en cuenta mis propios sentimientos (otro
sacrificio). Quizás me convenzo de que ayudar incansablemen-
te a los demás es normal y me esfuerzo por ser buena persona
(más sacrificio). Partiendo de esto, el exceso de egoísmo en mi
vida quizás me está hablando de mi exceso al pensar siempre en
los demás, y me está invitando a que sea un poco más egoísta
conmigo mismo/a. Que me centre. Que me ame. Que me respe-
te. Que atienda mis necesidades afectivas. Luego, el dar vendrá
naturalmente y libre de sacrificio.

Usando el ejemplo anterior de los vecinos que chillan, que


son agresivos verbalmente, que son ruidosos, podemos pen-
sar que lo son para todo el vecindario. Por supuesto, pero cada
vecino lo vive de una manera diferente. Si te molesta que los
vecinos chillen, quiere decir que o bien tu también te chillas
(estás enfadado/a contigo mismo/a), o bien tienes una rabia o
El espejo de los opuestos 41

una ira pendiente de sacar y no lo haces por protocolo, porque


no procede, por quedar bien. Quizás te apetece chillar y poner
límites a tu jefe, a tu pareja o a un padre. La educación social, el
no saber, el miedo a las consecuencias, hacen que bloquees esta
emoción en ti. Esta rabia, ira, celos, lo que sea que percibes en
el otro es tuyo y necesitas a alguien cercano que te recuerde
constantemente que tienes estos sentimientos de injusticia, re-
clamo o lo que sea pendiente de sacar. Estás en el lado opuesto
de esta ira (con buenos modales, con resignación, con protoco-
lo), renunciando a aceptar que es tuya, pero ahí está: hablándote
en primera persona.

Lo mismo sucede con aquellos vecinos sexualmente ruidosos


o los amigos que sólo saben bromear sobre temas sexuales o
que hablan constantemente sobre su vida sexual. Quizás no te
molestan especialmente, pero si te incomodan, ¡entiende que es-
tán sacando las ganas que tienes tú de tener sexo desenfrenado!
Estás en el lado opuesto de la actividad sexual y esas ganas que
no se pueden llevar a cabo salen a la luz para que las integres y
vuelvas a tu estado normal de armonía.

Otro ejemplo. Celia es una chica de 50 años separada y con


un niño adolescente, que regenta un negocio. Es muy fuerte y
luchadora y ha pasado por muchas adversidades. Económica-
mente le cuesta llegar a fin de mes porque no recibe ayuda del
padre de su hijo, pues éste no trabaja, por lo que ella soporta
el peso de todos los gastos del negocio, domésticos y del hijo.
Ella jamás se queja, pero tiene un compañero en el trabajo que
se queja continuamente, es muy expresivo cuando se enfada, y
tiene tal pronto que reacciona a la mínima que ve un error. No
obstante, ella sigue concentrada con su trabajo, ajena parece ser
a lo que le comunica su entorno. Se siente agotada, triste y sólo
desea que llegue su día de fiesta para no ver a nadie. Su exmari-
do sigue presente en su vida por la atención al niño, pero adopta
una actitud de víctima, de abandonado, dependiente de ella, de
familia desestructurada. El hecho de que ella lo vea así, la hace
42 TÚ ERES YO

sentir culpable de su felicidad, de la libertad y tranquilidad


que siente después de la separación. Y ella sigue atendiéndolo y
cuidándolo en la medida que puede, con dinero, tabaco, comi-
da… y sigue sintiéndose culpable.
Tiene espejos por todas partes. Por un lado, su compañero
de trabajo le muestra que debe quejarse, que debe exteriorizar
sus sentimientos y desahogarse en lugar de convencerse de que
todo va bien y de que las cosas ya cambiarán. Tiene que darse la
oportunidad de exteriorizar lo que siente, ni que sea chillando,
golpeando una almohada o cortando leña.
Ella también se queja, pero interiormente, sin reconocerlo. Y
su compañero de trabajo lo hace real. La ayuda a que se dé cuen-
ta de lo que debe hacer. En la charla “El espejismo” (en la que
desarrollo El Espejo), integró tanto este concepto y se dio cuenta
de cuánto se estaba hiriendo a sí misma que estalló en llanto. En
unos días su entorno laboral era un remanso de paz y alegría.
Su ex marido le muestra una vibración opuesta. Ella está en
la posición de atender, cuidar, procurar que el otro esté bien
(por el sentimiento de culpa que tiene a raíz de la separación), y
él, en la de dejarse cuidar y demostrar una posición vulnerable
y de víctima. Ella le complementa lo que a él le falta y esto la
agota y la hace sentir estancada en esta situación. Y él no ve en
ella lo que le está diciendo su subconsciente: que debe cuidarse
a sí mismo, atenderse y reconducir su vida.
Tras la charla, Celia tomó las riendas y se cuidó más, invir-
tiendo su tiempo en sí misma y dando espacio al otro para que
se sintiera libre y capaz de reconducir su vida sin ella.

La mayoría de las veces un espejo no llega solo,


sino que es una combinación de varios espejos a la vez.
Esto nos dice lo importante que es el mensaje que trae.

Hay situaciones que nos desbordan. Con todos los conoci-


mientos y recursos que tenemos, no conseguimos comprender
lo que está pasando. Es algo que nos supera y nos hace sentir
El espejo de los opuestos 43

muy impotentes y desgraciados. Un ejemplo de ello podría ser


el de Bego.

De pequeña observó que su padre atendía mucho más a su


hermana pequeña. Ella se esforzaba por agradarle, por llamar
su atención, pero no era suficiente para que ella sintiera que su
padre la quería. Empezó a sentir muchos celos de su hermana
y a expresarlos tal y como lo hacen los niños en circunstancias
similares y comprensibles. Sus padres la regañaban constante-
mente por estas muestras y ataques de celos y ella empezó a
aislarse y refugiarse en los libros. Al crecer, la situación quedó
en anécdota hasta que tuvo un novio. Este chico ya tenía una
hija de su anterior matrimonio. Al principio todo iba bien, pero
en poco tiempo se activó en ella una memoria. Su subconsciente
aprovechó la sinergia de la situación para decirle que tenía una
herida pendiente de solucionar y activó esta memoria de celos
aletargada durante tanto tiempo.
A ella le superaban los celos que sentía y la relación con el
novio iba de mal en peor. Le reclamaba atención y lo acusaba
de consentir y mimar a su hija. En las charlas sobre “El espe-
jismo” manifestó que no se reconocía, que él le sacaba lo peor
que tenía dentro. Había empezado a sentir ansiedad y no quería
medicarse por ello. Cuando le pregunté si recordaba cuándo fue
la última vez que vivió esta situación respondió que nunca, que
ella no era una persona celosa. Insistiendo, la invité a recordar
alguna situación de su infancia en la que pudiera haber sentido
celos, ni que fuera algo anecdótico. Su cara empezó a colorearse
y luego, con los ojos húmedos, reconoció la situación con su
hermana menor y su padre.
Comprendió que su presente le mostraba una memoria olvi-
dada, y que ahora se proyectaba en la situación que vivía con su
novio y la hija de éste.

¿Cuántas veces se comenta en las charlas “es que tengo un


jefe muy prepotente”? Pues ya sabes: o tienes una actitud conti-
go misma/o de prepotencia, juzgándote continuamente, o estás
44 TÚ ERES YO

en la zona opuesta, vibrando con excesiva humildad, sintiéndote


que no vales nada y sin tener en cuenta tus dones. Previamente
te has comparado con el “yo no soy como tú”. Esto es lo mismo
que decir “no me gusta ser como soy”. Entonces, al rechazar al
otro en el grado que sea, lo que ocurre es que te estás rechazan-
do a ti misma/o.
Si vas comprendiendo cómo te has tratado hasta ahora, e
integras esto gracias a que el otro te lo está mostrando, compren-
derás que no eres honesta/o contigo misma/o, con tus valores,
con tu manera de ser... Comprenderás que te castigas por no
amarte.
Porque está claro que:

O te amas o te maltratas.
Y lo haces a través del otro.

“Su conversación interior representa sus pensamientos y


sentimientos silenciosos, que atraen las reacciones
de los demás hacia usted.”
Joseph Murphy

Gracias a esta toma de consciencia puedes detectar y conec-


tar con tu parte pura, con tu alma y recordar quién eres. Quizás
no sabes quién eres, pero a través del opuesto, puedes afirmar
lo que no eres. ¿Por qué? Porque estás sufriendo. Y este sufri-
miento no puede venir de tu alma, pero es una oportunidad para
conocerte, para dejar de luchar, gastar menos energía y salir
antes de la situación.

A lo que te resistes, persiste.

Hablemos ahora del control.


José se quejaba de que todo el mundo lo quería controlar.
Se sentía oprimido. Hasta ese día había vivido agradando a los
El espejo de los opuestos 45

demás para complacerlos, pero se daba cuenta de que cada vez


más le exigían más. Se sentía un títere. No comprendía cómo
este exceso de control en su vida le hablaba de él y sólo a él, sin
duda. Se le estaba mostrando que debía coger las riendas de su
vida y empezar a controlarla sin necesidad de nadie y sin tener
que complacer a nadie.
Ken Wapnick, en su libro Cuando 2 + 2 = 5, dice:

“Actuar basándose en la idea mágica de que al controlar


las cosas externas se controlan las internas jamás funciona.
Lo que está dentro sigue estando dentro, y lo que permanece
inconsciente se proyectará automática e inevitablemente.”

Podemos resistirnos tanto como queramos a la situación ex-


terior y renunciar a que nos habla de nosotros, pero esto no
evitará que siga sucediendo.
Debbie Ford, en su libro El secreto de la sombra, comenta:

“Nuestra resistencia se desencadena cada vez


que decidimos que nosotros, los demás o el mundo,
están equivocados.”

“Y mientras continuemos culpando a los demás por


nuestras circunstancias no tendremos ninguna libertad,
porque nuestro resentimiento nos mantiene atados a
esas mismas personas –y a las mismas circunstancias–
que no nos gustan. Mientras llevemos en nuestros
corazones la semilla del resentimiento tendremos que
crear algún tipo de sufrimiento, de drama o
descontento en nuestras vidas para poder
mantener viva la culpa.”

Gracias a esta situación, a este grado de distorsión que te trae


un grado de dolor, puedes darte cuenta de que estás viviendo en
el ego, apartado de tu naturaleza divina, separado y desconec-
tado de tu alma.
46 TÚ ERES YO

Gracias a esta experiencia humana,


puedo desarrollar
mi parte divina.
Gracias a este opuesto recuerdo quien soy,
y estoy recordando que soy Dios.

Como dice Neale Donald: “Soy Dios, diosando”.

LA VISIÓN DESDE UN CURSO DE MILAGROS


“Comprende que no reaccionas a nada directamente,
sino a tu propia interpretación de ello.” XII.1.4.

“Si reconocieses que cualquier ataque que percibes se


encuentra en tu mente y sólo en tu mente, habrías por fin
localizado su origen, y allí donde el ataque tiene su origen,
allí mismo tiene que terminar. Pues en ese mismo lugar
reside también la salvación.” XII.10.1.
El espejo de los juicios 47

El espejo de
los juicios

Cualquier espejo siempre viene acompañado


del espejo de los juicios.

No te das cuenta que, juzgando a otro o a una situación, lo


único que estás haciendo es no señalar el dedo directamente en
ti mismo. Usas a la otra persona o situación para juzgarte, ¡pero
te estás juzgando a ti mismo!
Cuando juzgo algo o a alguien, lo estoy etiquetando, le estoy
poniendo un cartel amarillo en la frente que dice: Tú eres así.

Un juicio es una sentencia.


Y una sentencia es Amén, que así sea.

Como dice Jodorowsky: “Lo que criticas en otros está en ti. Lo


que no está en ti no lo ves.” Por lo que si etiquetas a alguien de
egoísta, independientemente de que te muestre en qué vibración
estás, te está diciendo que lo has sometido a un juicio, con lo
cual su subconsciente se va a esforzar en seguir el rol al que lo
has impuesto.
Si juzgas a alguien como criticón, así será. Si juzgas a alguien
como prepotente, así será. Y podríamos no terminar de poner
ejemplos porque, por defecto, juzgamos sin darnos cuenta.
Siempre nos fijamos en lo que hacen, dicen y piensan los
demás. Por algo será. Y los demás van a cumplir el mandato
impuesto, pues ellos reflejan nuestras creencias en tiempo real.
Ponemos energía al fijarnos en lo que percibimos, tanto si
nos gusta como si no, y por ello se sigue manifestando en el
tiempo, tanto si nos gusta como si no.
Hemos pasado momentos en los que hemos sentenciado: “Es
que siempre atraigo al mismo tipo de parejas”. Y así es y así
48 TÚ ERES YO

sigue siendo. “Es que siempre me pasa lo mismo”. Así es y así


seguirá siendo. “Es que esto no es justo”. Y la situación de “in-
justicia” persiste en el tiempo y se magnifica. “Es que esto es
difícil”. Y consigues que sea difícil. “Es que siempre me timan”.
Y es verdad, te timan siempre.
Una vez se me ocurrió decir: “Es que sólo atraigo hombres
casados a mi vida”. No era verdad, sólo fue una vez, pero enton-
ces sí llegaron a mi vida hombres casados, obviamente infieles.
Más adelante, con la perspectiva del tiempo, pude reconocer
que el hecho de atraer a uno o mil hombres infieles a mi vida, no
sólo me mostraba el juicio al que había sentenciado al colectivo
de hombres casados, sino que éstos me hablaban de que yo no
me era fiel a mí misma, a mis valores. Si yo defendía la fide-
lidad, la sinceridad, la nobleza que yo creía que tenía, no estaba
siguiendo estos valores, porque justamente estaba apoyando a
alguien que era infiel a su pareja.
Luego se me ocurrió sentenciar que los hombres que llegaban
a mi vida tenían miedo al compromiso. Por una situación que
viví, atraje después varias de ellas. Hasta que empecé a sospe-
char que tenía que aprender a callarme y a observar. Y com-
prendí otra vez, mientras estaba regodeándome en el dolor de
otro fracaso, que tenía que comprometerme más conmigo mis-
ma, con mis valores, con mi vida, con mi proyecto, con el plan
de mi alma. Esos hombres me mostraron el miedo que yo tenía
a comprometerme conmigo misma.

Cuando quieres comprender lo que el exterior te dice,


la respuesta siempre viene. Y cuando la sientes, entras
en un mar de gratitud, calma y libertad total y absoluta.
Hasta te puedes reír de ello con cariño y compasión, pues no
lo has sabido hacer mejor.

Juzgar a la suegra de pesada, al hijo de patoso, al hermano de


egoísta, a la vida de injusta, a los políticos como corruptos, a los
vecinos como ruidosos, a la pareja de maltratadora... y así con
El espejo de los juicios 49

todos los ejemplos que podamos, que son muchos, sólo hace que
sigamos manifestando en tiempo real dicho juicio. Con el detalle
de que el rasgo en cuestión cada vez se hará más presente en el
otro: cada vez la suegra será más pesada, cada vez me irritará
más que hagas ruido cuando comas, cada vez más no soportaré
que seas tan vanidoso, cada día estaré más pendiente de si sigues
siendo tan desordenado, o te seguiré reclamando que no me
haces caso nunca…

…¡Y seguiré preguntándome cómo esto me puede estar


diciendo algo a mí!

¿Cómo esto puede ser mío?

Pues es tuyo al 100%. No importa cómo vivan los demás la


misma situación. Importa cómo la vives tú y cómo la gestionas
tú. No importa que un compañero de trabajo sea cascarrabias
para toda la plantilla. Importa cómo disuelves este juicio en ti.
Probablemente después esta persona seguirá siendo cascarra-
bias, pesada, maníaca, ruidosa o lo que sea, pero ya no produci-
rá ningún efecto negativo en ti.
Cuando entramos en el mundo de los juicios, hay que aceptar
que un juicio no es nada objetivo. Aquí aprovecho para recalcar
que una opinión también es un juicio, pero “vip”. Puede parecer
objetivo e inocente, dependiendo de cómo esté formulado, pero
muchas veces lleva una carga e intención.
Como dice Neale Donald:
“Una observación dice: “Esto es así.
Un juicio de valor dice: “Esto no debe ser así”.

Cuando opinamos o juzgamos, siempre lo hacemos en base


a nuestro nivel de consciencia, a nuestra educación, a nuestros
miedos, a nuestras creencias, a nuestro entorno familiar y socio-
cultural, a la presión del árbol transgeneracional, a nuestro nivel
de evolución espiritual y, sobre todo, y como ya desarrollé en
50 TÚ ERES YO

el Manual de supervivencia, somos lo que somos, decimos lo que


decimos, pensamos lo que pensamos y actuamos como actua-
mos según el amor que hemos recibido y según el amor que no
hemos recibido.

Somos lo que somos por el amor que recordamos


que ya somos.

Por tanto, cuando vayamos a etiquetar a alguien, debemos


decir primero:

¡STOP!
Yo en su lugar hubiera hecho lo mismo.

Así es. Tú en su lugar hubieras hecho lo mismo y seguirías


haciendo lo mismo que él hace hoy. No entres en el error de de-
cir: “Es que mira lo que ha hecho”, “Mira lo que no ha hecho”,
“Yo hubiera hecho esto otro”, “Por qué me has hecho esto?”

¡NO!

Tú, en su lugar, tendrías su nivel de consciencia, su educa-


ción, hubieras crecido en su entorno, con su situación familiar,
con los recursos o no recursos económicos, tendrías sus creen-
cias y miedos, su nivel de consciencia…

Tú, en su lugar... ¡Serías él!

Por un momento piensa en tus padres. ¡Cuántos reclamos te-


nemos aún a los padres! A ambos o a alguno de los dos, incluso
si no los hemos conocido. ¡Cuán fácilmente juzgamos su com-
portamiento hacia nosotros o hacia el resto de la familia!
El espejo de los juicios 51

Les reclamamos la atención emocional, el soporte y el apoyo


que no nos han dado en la adolescencia. No soportamos o nos
resignamos a su manera de vivir, a sus creencias y conductas.
Hasta hay quien podría avergonzarse de los padres que ha teni-
do. O rechazarlos.
Con la terapia de constelaciones familiares, se recalca desde
el primer momento que honrar al padre y a la madre es básico
y vital para que tu presente esté armonizado, para que no sigas
atrayendo “patrones de conducta espejo” que reflejan el juicio a
tus progenitores. Y los atraes en tu pareja, relaciones o trabajo.
Cuando entendemos que cada uno de nosotros, en el lugar de
nuestros padres, hubiéramos hecho lo mismo, que no lo hubiéra-
mos sabido hacer mejor, por el nivel de conciencia, las heridas,
creencias, miedos, traumas, el peso del árbol transgeneracional
que llevaban... dejamos de mirar hacia arriba con menosprecio
y juicio y empezamos a mirar con respeto y honra.

“Una de las lecciones más bellas que he aprendido es a no juzgar,


definitivamente no debemos juzgar a nadie, sea quien sea.”
Chico Xavier

Al juzgar al exterior, en formato de colectivo, persona indi-


vidual o situación, debemos tener en cuenta que nos estamos
juzgando a nosotros mismos. Usamos al exterior o bien para
amarnos o bien para castigarnos. El otro solamente es “carne”
que usamos para no juzgarnos a nosotros directamente.
Este parámetro de “amarme” o “castigarme” parece que no
tenga importancia, pero la tiene.
Si no me amo conscientemente, reconociéndome, teniendo
compasión de mí, aceptándome tal como soy, diciéndome que
me amo, entonces, por defecto, no me acepto.

Si no me amo, me odio.
(Ambos parámetros no pueden convivir juntos)
Si no me siento inocente, me culpo.
(O soy culpable o soy inocente)
52 TÚ ERES YO

O me gusto, o no me gusto.
(No puedo gustarme unos días sí y otros no)

Por eso mi exterior me muestra el grado de amor que


me muestro a mí mismo o el grado de culpa
que llevo encima.

Algo que no reconozco en mí, que no soporto en mí,


lo proyecto en ti y lo juzgo en ti. Pero es mío.

Tan rápido tomo consciencia de los juicios que hago hacia el


exterior, tan rápido se disuelven. Cuando libero al otro del “rol”
al que lo había sometido, éste se relaja y deja de actuar así. Y
si sigue en este parámetro, a mí ya no me va a afectar. Cuando
entiendo que me estabas ayudando a que yo comprendiera esto,
te doy las gracias y te libero. Es como si dejaras de esforzarte en
el rol que llevabas para que yo entendiera. Te saco un peso de
encima.
Debbie Ford, en Luz en la sombra, dice:

“Cuanto más intentamos reprimir los aspectos de nuestra


personalidad que nos parecen inaceptables, más formas maliciosas
encuentran para expresarse.”

“La proyección es un mecanismo de defensa involuntario del ego.


En lugar de reconocer las cualidades que nos disgustan en nosotros,
las proyectamos en otras personas. Las proyectamos en nuestra madre,
hijos, amistades, o lo que es mejor, en algún personaje público al que
no conocemos personalmente. Todo lo que criticamos o condenamos
en otro es una parte repudiada de nosotros mismos.”

Aparte de los juicios hacia el exterior (que son juicios que


me hago a mí mismo inconscientemente), tenemos en un grado
muy elevado juicios hacia nosotros mismos que, conscientemen-
te, nos lanzamos sin tener en cuenta su repercusión en nuestro
El espejo de los juicios 53

subconsciente. Nos juzgamos y nos rechazamos continuamente


porque quisiéramos ser diferentes en uno u otro aspecto. Y estas
versiones de lo que no nos gusta de nosotros mismos salen en
formato de sombra en nuestro exterior. Nos repetimos conti-
nuamente, ni que sea sin darle importancia: “No soy suficien-
te”, “No valgo para nada”, “Debería evolucionar más”, “Tengo
que esforzarme más”, “¿Qué puede necesitar el mundo de mí?”,
“No tengo amigos”, “Soy una mala hija”, “Soy un mal padre”…
Faltaría papel para plasmar los juicios gratuitos con los que nos
etiquetamos.
Y pretendemos que nuestro presente sea diferente…
Por la Ley de la Atracción, es imposible.
Esther y Jerry Hicks dicen:

“Tu creencia de que no vales es lo que provoca tu falta de armonía,


no tu conducta física”.

Los juicios salen en mi presente inmediato, salen en tiem-


po real. Si estoy pensando esto de mí, es lo que tú me muestras
ahora. Si estoy actuando así conmigo mismo, es lo que tú me
muestras ahora. Por ello, hay que aprovechar este gran recurso
para no sufrir ni incomodarse innecesariamente.

A menudo, en mis charlas, alguna madre comparte que no


soporta que su hijo sea tan desordenado. De una manera desa-
fiante me cuestiona qué les puede mostrar este espejo, pues ella
para nada se considera desordenada. Es justo lo contrario, por
supuesto, justo lo contrario.
Al estar en un parámetro de riguroso orden, control y de
extrema pulcritud, sale el hijo totalmente al contrario para mos-
trarle que debe ser más flexible, que las creencias que ella ha
vivido sobre el orden y la limpieza le han servido a ella pero qui-
zás no a él, que se relaje, y que deje de juzgarlo. Lo ha some-
tido al juicio de “eres un desordenado” y allí está, esforzándose
en mantener este estatus. Vemos aquí dos espejos combinados:
el opuesto y el de los juicios.
54 TÚ ERES YO

También sale el ejemplo de alguna chica que expone que tie-


ne a su alrededor amigas que se cuidan demasiado físicamen-
te, que visten muy presumidas y que llaman la atención por lo
mucho que se arreglan. Estas chicas son todo lo contrario. No
dan importancia a su imagen y visten con un estilo más básico
y desapercibido.

Tenemos otros dos espejos combinados: el de los opuestos y


el de los juicios. Los extremos te dicen que ajustes tus creencias
y vibraciones, que puedes cuidarte y atenderte un poco más, y
el juicio mantiene en el tiempo lo juzgado, pues no permites que
lo que es, sea.
Cuando me doy cuenta de que el exterior, al que hasta ahora
había sentenciado como el responsable de mi situación pasada y
presente, sólo se expresaba para mi cambio interno, puedo agra-
decerle que haya estado todo este tiempo mostrándome lo que
tengo que armonizar en mí. Comprendo que no era nada per-
sonal entre esa persona determinada y yo (aunque me lo haya
parecido todo este tiempo); que simplemente mi subconsciente
me hablaba a través de ella. Al agradecérselo, la libero. Deja
de esforzarse tanto y toma el rol que le corresponde ahora.

Miguel Ruiz, en Los Cuatros Acuerdos, expone: “No te tomes


nada personalmente”. Este es el segundo acuerdo. Si todo lo
que te dicen te lo tomas de una manera personal, vas a reaccio-
nar y crearás una dependencia entre esa persona y tú. Debes
recordar qué te está diciendo esta persona de ti y comprender
también que lo que te dice, también se lo está diciendo a sí
misma. Si te hiere, se está hiriendo también. Si te ama, se está
amando también. El cómo reaccionas es lo que te va a dar el
parámetro de en qué punto te encuentras respecto a ti mismo.
Podríamos hablar de que “entonces puedo perdonar al que
he considerado agresor o culpable”.
Y esto no disolvería la proyección.
Cuando practicamos el perdón desde el sentido en que pon-
go énfasis en que tú me has hecho daño, o me has arruinado,
El espejo de los juicios 55

o me has abandonado…, seguimos dando importancia a lo que


está sucediendo y lo seguimos manifestando.
Me siento separado de ti. Me siento con el poder de perdo-
narte o seguir culpándote.
Es más que evidente que este perdón no funciona. En primer
lugar, porque ya hemos dicho que tú, en su lugar, hubieras he-
cho lo mismo. Con lo cual, hay que buscar otro tipo de perdón.

Recurrir al perdón cuántico, al perdón que nos ofrece


Un Curso de Milagros, según mi experiencia, es la clave
para ser libres, dejar la culpa atrás y seguir avanzando.
Este perdón desarrolla que debo perdonarme para no
sentirme culpable de nada.

Si vibro en la frecuencia de la culpa, por la Ley de Causa y


Efecto, voy a atraer situaciones en las que podré recrear mi cul-
pa (inconsciente). Si me siento culpable por algo, esto significa
que no me amo suficiente, que no soy tolerante conmigo mismo,
que no me amo incondicionalmente. Con lo cual, si no me amo,
me castigo. Y entonces llegan las proyecciones para recordarme
que me estoy olvidando de mí y que debo amarme física, mental
y espiritualmente.
Y me perdono, por haberme olvidado de mí, por haber ante-
puesto tus necesidades a las mías, por no aceptarme, por com-
pararme, por herirme a través de ti.

Al perdonarme a mí misma/o por la vibración que he tenido,


cambio conscientemente de vibración, entrando en otra
frecuencia, con lo cual, mi presente cambia.
Y siento paz.
Estoy liberada/o.

Esther y Jerry Hicks, maestros de la Ley de la Atracción, en


su libro El Vórtice, dicen:
56 TÚ ERES YO

“Tu atención a los problemas de tu amigo es una gran desventaja


para él, porque estás amplificando la vibración del problema, y,
por lo tanto, lo haces más grande.”

Aquí queda reflejado claramente que si sigues poniendo ener-


gía, etiquetando y juzgando a tu percepción sobre lo que hay,
lo sigues manteniendo y, como dice Esther, amplificando en el
tiempo.
Con este concepto corroboramos que verdaderamente somos
responsables de nuestra realidad, la inmediata y la que no
vemos.

“Cuando puede “ayudar” a alguien con un sentimiento de amor y


unicidad, simplemente lo hace porque así se siente bien.
Cuando siente unicidad con otro, no hay nadie que dé o reciba,
sólo hay el “nosotros que estamos aquí”.”
Ken Keyes, en Abre tu corazón al amor

Cuando juzgas o etiquetas a una persona de pobre, porque


percibes que vive en carencia, en ella se refleja una parte de ti
en la que te sientes carente de algo (no necesariamente de dine-
ro, puede ser de relaciones, de amor, de salud...), pero al poner
energía y atención a su situación, lo único que haces es que
esa persona se convenza de que es carente. Continuamente nos
encontramos a personas en la calle pidiendo comida o dinero.
Algunas incluso ya “forman parte del decorado” y llevan tiem-
po en su esquina, en la puerta del supermercado o la iglesia. Si
cuando los vemos les damos dinero, amplificamos su estado de
carencia y de vulnerabilidad. Y nosotros nos sentimos culpables
de nuestra buena o mejor posición.

Hablando sobre la empatía, en una sesión de Un Curso de


Milagros, una asistente compartió que daba dinero cada semana
a un señor que pasaba por su edificio con el carro de la com-
pra. Todas las vecinas le daban algo. Cada semana. Desde hacía
mucho tiempo. Genial. ¿Y qué se ha arreglado? ¿En qué hemos
El espejo de los juicios 57

ayudado? Ese señor ha entendido que necesita del exterior para


comer. Se ha convencido de que no sirve para nada más y lo
único que se la da bien es ir a pedir comida cada semana.
Estas afirmaciones pueden parecer poco solidarias, pero si
realmente queremos ayudar, una opción es seguir ofreciéndole
comida y pedirle si a cambio puede bajar el perro a pasear, o
limpiar los cristales... Puede decirnos qué sabe hacer para que
pueda tener la oportunidad de potenciar sus dones y sentirse
capaz de vivir por sí mismo.
Marianne Williamson, en el libro Luz en la sombra, apunta:

“Si realmente quieres que cambie una persona, el milagro reside en


tu capacidad para ver lo perfecta que ya es”.

Ken Keyes, en Abre tu corazón al amor, recalca:

“Si mantiene el amor cuando los demás tratan de herirlo, ellos em-
pezarán a encontrar ese espacio de amor que tienen en su interior y que
tanto quieren experimentar, pero que no sabían cómo encontrar.”

En el Ho’Oponopono, el Dr. Ihaleakalá Hew Len


usa las palabras “Lo siento, te perdono,
te amo, gracias”.

Estas afirmaciones se las dice constantemente a sí mismo


como responsable de la manifestación de su realidad. Así se co-
rrige un error inconsciente y sale a la luz la verdad y la correc-
ción. Sus principios se basan en:
• El universo físico es una realización de mis pensamientos.
• Si mis pensamientos son cancerígenos, ellos crean una
realidad física cancerosa.
• Si mis pensamientos son perfectos, ellos crean una realidad
física desbordando amor.
• Yo soy 100% responsable de crear mi universo físico tal
como es.
58 TÚ ERES YO

• Yo soy 100% responsable de corregir los pensamientos


cancerígenos que crean una realidad de enfermedad.
• Nada existe allí fuera. Todo existe como pensamiento en
mi mente.
• Lo siento mucho. Te amo. Gracias.

LA VISIÓN DESDE UN CURSO DE MILAGROS

“Los juicios siempre entrañan rechazo.


Nunca ponen relieve solamente en los aspectos positivos
de lo que juzgan, ya sea en ti o en otros.” Cap.3.VI.2.4.

“En presencia del conocimiento todo juicio queda


automáticamente suspendido, y éste es el proceso que le permite
al conocimiento reemplazar la percepción.” Cap.3.VI.3.6.

“Repudias lo que proyectas, por lo tanto,


no crees que forma parte de ti.” Cap.6.II.2.1.

“Por lo tanto, comparte tu abundancia libremente


y enseña a tus hermanos a conocer la suya.
No compartas sus ilusiones de escasez, pues, de lo contrario,
te percibirás a ti mismo como alguien necesitado.” Cap.7.VIII.7.7.

“Cualquier intento que hagas por corregir a un hermano


significa que crees que puedes corregir, y eso no es otra cosa
que la arrogancia del ego.” Cap.9.IV7.8.
El cuerpo como espejo de nuestras emociones 59

El cuerpo como espejo


de nuestras emociones

Tanto dolor físico tengo, tanto dolor emocional tengo.

Louise Hay es una de las pioneras que defendió y sigue de-


fendiendo que nuestro cuerpo físico es un reflejo de nuestras
emociones. El Dr. Christian Flèche y la medicina germánica del
Dr. Hamer defienden también que nuestros parámetros men-
tales derivan en emocionales, y éstos se plasman en el cuerpo
físico, en caso de que no se hayan liberado.
El científico Bruce Lipton nos demuestra la responsabilidad
que debemos tener con nuestros pensamientos. Tal como pen-
samos sentimos, y el cuerpo siempre va a reflejar la patología
relacionada con estos pensamientos.
Lo que pensamos, nuestras creencias y miedos, nuestras his-
torias, van a generar unas emociones que, si no son reconocidas
ni liberadas, se instalarán en alguna parte de nuestro cuerpo físi-
co. Nos podemos encontrar con problemas en el hígado porque
tenemos rabia e ira acumulada, un cáncer que nos desvele una
culpa muy profunda unida a un sentimiento de rencor, cualquier
disfunción digestiva relacionada con situaciones que no traga-
mos, no digerimos y no queremos soltar...
Hay un significado con sentido para cada patología.
Enric Corbera, con su método creado, La biodescodificación,
ha desarrollado extensamente la base de la medicina germánica,
ayudando a tomar aún más consciencia sobre la importancia de
estar en coherencia entre lo que pensamos, sentimos o hacemos.
Si no estamos en coherencia, nuestro cuerpo se queja.

Nuestro cuerpo es, pues, un espejo en el que se reflejan


las emociones pendientes de liberar. Y estas emociones
nacen de mis creencias y de mis pensamientos.
60 TÚ ERES YO

Así, tanto dolor emocional tengo,


tanto dolor físico tengo y
tanta culpa inconsciente tengo.

LA VISIÓN DESDE UN CURSO DE MILAGROS

“La salud es el resultado de abandonar todo intento


de utilizar el cuerpo sin amor.” Cap.8.IX.9.9.

“La enfermedad, no obstante, no es algo que se origine


en el cuerpo, sino en la mente.” Cap.8.IX.8.6.
El espejo del árbol transgeneracional 61

El espejo del árbol


transgeneracional

“Las experiencias vitales de los progenitores modelan


el carácter genético de sus hijos.”
Bruce Lipton

Son muchos los terapeutas que trabajan con el árbol transge-


neracional. Anne Schützenberger es una de las primeras psicote-
rapeutas, así como Samolon Sellam, Yoshiniro Nogushi, Doris y
Lise Langlois, Enric Corbera o Jodorowsky, entre otros.
Con la terapia transgeneracional se descubren los lazos y pro-
gramas emocionales que nos vinculan a nuestros ancestros, con
la oportunidad de que nosotros podemos liberarlos de sus dra-
mas, de sus culpas, de sus secretos. Pactamos inconscientemen-
te unas fidelidades para ayudarlos a comprender cómo podrían
haber gestionado sus emociones de otra manera, honrándolos y
respetándolos por encima de todo. Lo no resuelto, lo no integra-
do, pasa a la siguiente generación y así sucesivamente hasta que
alguien saca a la luz el conflicto y lo libera.
De la misma manera que heredamos de nuestros ancestros
rasgos físicos, de carácter, enfermedades... también heredamos
todas las emociones pendientes de resolver. Pendientes de estar
en el amor incondicional.
Si hay situaciones que han generado mucho dolor y éste no
se ha comprendido y liberado, pasa a otra generación que, in-
conscientemente y por fidelidad, la hereda para tener la oportu-
nidad de sanarla. Estos dolores pueden venir de muertes, inces-
tos, maltratos, desapariciones, traiciones, suicidios… La persona
afectada queda enganchada a este dolor tan grande y no puede
liberarse de él. Y alguien de la siguiente generación lo revive,
evidentemente en otro grado, para honrar al ancestro afectado
y liberarlo de este drama, comprendiendo lo que debía haber
sufrido y mostrándole dónde está el perdón.
62 TÚ ERES YO

Anteriormente ya hemos comentado la filosofía y eficacia de


las constelaciones familiares creadas por Bert Hellinger. Con
ellas se revisan y detectan los reclamos, juicios e injusticias vivi-
das en el sistema familiar, que siguen vivas en nuestro presente.
Con las constelaciones se puede llegar a siete o más generacio-
nes, y con el árbol transgeneracional a cuatro generaciones.
El fin siempre es el mismo:

Honrar, perdonar y liberar.

Cuando hablamos de honrar y perdonar a nuestros padres,


abuelos o a cualquier miembro del clan, las resistencias no tar-
dan en salir. La mayoría defiende: “Yo no hubiera hecho lo mis-
mo”. Ya hemos visto que tú, en su lugar, hubieras hecho lo mis-
mo, porque tendrías su nivel de conciencia, su educación, sus
recursos, sus dramas y creencias: ¡Tú serías él/ella!

Después de esta reflexión la resistencia es menor, pero aún


así, hay tanto rencor y odio, que hay que ver la situación desde
otra perspectiva. Tanto como tú juzgas, así serás juzgado. Si
juzgas a tus progenitores, por ejemplo, no dudes de que tienes
muchas posibilidades de que tus descendientes te juzguen a ti.
Está claro que no hay que dejar de juzgar sólo para que no
nos juzguen, pues si sentimos el juicio en nosotros, lo estamos
manteniendo aún. Pero sí podríamos comprender que hoy, en
pleno siglo XXI, pese a tener tantos recursos a nuestro alcan-
ce (información en Internet, libros de autoayuda y crecimiento
personal, vídeos para aprender, nuevas terapias...), aún así, se-
guimos equivocándonos en el día a día. Nosotros ya sabemos
gestionar emociones, hacer duelos, liberar miedos, practicar el
perdón, sanar nuestro niño interior, y aún así, seguimos equivo-
cándonos.
¿Qué hacían nuestros ancestros con sus dramas? Nada. Sobre-
vivirlos. Pasar página. Hacerse fuertes. Olvidarlos. El nivel de co-
municación en esas generaciones dejaba mucho que desear. No lo
El espejo del árbol transgeneracional 63

sabían hacer mejor. Sus niveles de consciencia no les permitían


hacerlo mejor. Entonces, ¿qué les reclamamos si ellos mismos
eran víctimas de sus programas, miedos y nivel de consciencia?
En una charla, una señora, cuando oyó estas palabras, se so-
focó y enfadó muchísimo, haciendo ademán de levantarse e irse
porque no estaba de acuerdo con esta posibilidad transgenera-
cional. Explicó que no podía perdonar los abusos que había su-
frido de su padre aunque podía reconocer que éste, de pequeño,
también había sufrido abusos y había sido abandonado por sus
padres (los abuelos de ella). Ella insistía que, en su lugar, hubiera
actuado diferente y no terminaba de comprender que ella, en su
lugar, tendría su nivel de consciencia y hubiera vivido las expe-
riencias con las mismas intensidades que vivió su padre.
Esto puede parecer una justificación.
Aquí se busca la compasión, pero... ¿Compasión hacia quién?
Primero, hacia ella misma. Respondió francamente a las pre-
guntas que le hice, afirmando que en su vida todo era muy difícil
y que eso era normal, porque era víctima de su propia vida. Aún
así, también valoró que era muy luchadora y buena persona.
Le expliqué que ella, hoy, era lo que era gracias a su padre.
Si no hubiera vivido esas experiencias con su padre, probable-
mente hoy tendría otro tipo de personalidad y valores. El hecho
de que hubiera experimentado un dolor tan grande con el pa-
dre, hizo que luchara, que buscara la fuerza en su interior y que
descubriera su valor.
Debía buscar la compasión en sí misma y respetarse por
todo lo que había logrado porque, aunque le pareciera poco,
había sido un reto. Y debía soltar su pasado para que su presente
fluyera.
Sintiendo respeto y compasión por sí misma, podría conse-
guirlo hacia su padre, ya fallecido hacía años, y liberarlos a am-
bos de la culpa y el dolor.
Al escuchar estas palabras estalló en llanto.

“El perdón nos permite dejar a nuestros padres.


Por el contrario, nuestro sufrimiento reprimido da lugar
64 TÚ ERES YO

a resentimientos que nos mantienen ligados a ellos y


nos obligan a revivir aún más, siempre, los mismos sentimientos.
El único beneficio que podemos sacar de nuestro niño herido reside
en que nunca tendremos que separarnos de nuestros padres.
Mientras sigamos gastando nuestra energía en odiarlos
secretamente, más nos ligaremos a ellos y menos oportunidades
tendremos de crecer. El perdón nos libera del resentimiento
hacia ellos y actúa de tal forma que nuestro niño, naturalmente
dotado, pueda acabar con las mortificantes voces de
nuestros padres, que hemos ido interiorizando.
El perdón es una forma de independizarse interiormente”.
John Bradshaw

El psicólogo Yoshiniro Noguchi, en su libro La ley del espejo,


relata el caso de una señora que observa conflictos de compor-
tamiento en su hijo y pide cita a un terapeuta para que revise lo
que puede estar sucediéndole a su hijo. El psicólogo la anima
para que sea ella quien haga la terapia, pues es ella la que tiene
reclamos pendientes con su padre. Después de mucha resisten-
cia accede a hacer la terapia, y reconoce que hace años que no
se habla con su padre, sólo lo justo, pues de pequeña (a la edad
de su hijo) ella sentía que su padre no la atendía suficiente ni la
apoyaba en lo que ella quería. Los juicios emitidos al padre, su
odio y desprecio, hicieron que se cristalizara esa herida, hasta
que el hijo activó el programa a su misma edad, sacando a la
luz el conflicto de su madre. Cuando la madre logró perdonar y
reconocer los valores del padre, el hijo automáticamente se des-
cargó del rol al que estaba sometido inconscientemente y todo
se puso en su lugar.

Este es el espejo del árbol transgeneracional. Relaciones con-


flictivas entre miembros de un clan (por ejemplo, entre una ma-
dre y una hija, que podría ser mi bisabuela y mi abuela) pasaría
a una relación también en desarmonía entre mi abuela y mi
madre, y de no resolverse, intentaríamos resolverla mi madre
y yo (o alguna de mis hermanas) también a través de nuestra
65

relación tortuosa. Tomaríamos consciencia de que este patrón es


repetitivo en el árbol y buscaríamos la comprensión y el perdón
en el punto en el que se originó; en este caso, entre mi bisabuela
y mi abuela.

Con las enfermedades pasaría lo mismo, y con los bloqueos


a nivel de relaciones, dinero, trabajo, la sensación de injusticia...
Cada generación es una imagen especular de la anterior, con el
objetivo de poner en orden lo desordenado. Y lo desordenado
es lo que está pendiente de vivirse desde el amor incondicional.

Una vez más, gracias a mi presente que me muestra


desarmonía en algún sentido, tengo la oportunidad
de sanarme.
El espejo de lo que he perdido, entregado o me han arrebatado 67

El espejo de lo que he perdido,


entregado o me han arrebatado

“Cuando reprimimos y negamos nuestros sentimientos


más íntimos con nuestra forma de ser, empleamos el mecanismo
de la proyección en lugar de sentirlos en nosotros.”
Enric Corbera en El arte de desaprender

En las charlas, cuando desarrollo este espejo, sigo sorprendién-


dome de las reacciones de los asistentes: cómo integran la infor-
mación y toman consciencia de situaciones que han vivido desde
un apego (inconsciente), y las consecuencias que se han derivado
de ello. Descubren que situaciones que parecen normales, son
fruto de un vacío emocional, de una herida muy profunda.
Si en algún momento de mi vida, por ejemplo en una rela-
ción, yo he entregado mi corazón, mis ilusiones y mi alegría, al
finalizar la relación y contactar con el dolor implícito, lo entre-
gado se va con ella y yo, sin ser consciente de ello, me quedo
sin. Y siento desgarro por la separación.
Pasa el tiempo y busco por el mundo a alguien que tenga
alegría, ilusión y amor, pues lo echo de menos. Encuentro a una
persona que me llama la atención por su alegría, entusiasmo y
amor, y “decido” enamorarme de ella. Necesito estar con ella. Y
me convenzo de que ella es la persona con la que quiero estar el
resto de mi vida. La hago especial porque siento que tiene algo
que me complementa. Siento que tiene algo que yo no tengo.
Y aquí nace una adicción. La necesidad de estar con alguien.
Reconozco en el otro algo que no tengo, pero que me es fami-
liar. Es lo que entregué en un pasado, en otra situación similar.
Y ahora quiero que te comportes como necesito, quiero que
siempre estés en el mismo nivel de atención y quiero que ne-
cesites estar conmigo. Y cuando no siento este nivel de amor,
vuelvo a sentir el desgarro de la separación de la primera vez en
la que perdí mi corazón.
68 TÚ ERES YO

Quizás en otro momento de mi vida, alguien me ha robado


mi inocencia, mi dignidad, mi respeto, mi honradez. Esto deja
una huella profunda en mí. Y sentencio inconscientemente que
ya no voy a vivir más la inocencia; siento que nadie me respeta
y no me siento digna de nadie.
Entonces empiezo a atraer situaciones en las que una y otra
vez sigo recordándome que me siento indigna, que me siento
poca cosa, que no me merezco más de lo que tengo.
En este mismo caso también podría atraer a alguien muy
honrado, que represente el respeto y la nobleza. Me enamoro
de esa persona porque tiene algo que yo no tengo. Porque me
recuerda inconscientemente algo que yo tuve hace tiempo.
Y otra vez vivo desde la adicción emocional.
Cuando uno pierde por el camino el respeto, la dignidad y
el amor propio, se siente culpable. Evidentemente, su realidad
serán proyecciones de esta culpa, insisto que consciente o in-
consciente. Su subconsciente va a necesitar decorados en los
que desarrollar, potenciar y magnificar la culpa que tiene, para
tomar consciencia de que puede sentir su integridad, que en rea-
lidad no perdió jamás y recordar quién es.

En estos decorados se pueden desarrollar historias como las


de Eva, una asistente a mis charlas en las que expresó que su día
a día la desbordaba de trabajo, de esfuerzo, de decisiones límite
que tenía que tomar con mucha responsabilidad. Su posición de
gerente en la empresa familiar a punto de quiebra, más la situa-
ción de su madre, que pasaba por momentos delicados de salud,
el intentar ayudar a otro hermano que pasaba por un divorcio y
una situación laboral precaria, más sus hijos con sus historias…
todas y cada una de estas películas con las que cada día tenía
que tomar decisiones la desbordaban. Y comprobaba que las
decisiones tomadas mejoraban muy poco la situación.
Con la charla tomó consciencia de su culpabilidad hacia tan-
tas cosas. De pequeña no se la había valorado suficientemente
y, por ello, su vida era un esfuerzo constante por demostrar su
valía. Pero esto era agotador. Y el reconocimiento no llegaba
El espejo de lo que he perdido, entregado o me han arrebatado 69

nunca. Esta situación, sumada a un divorcio y a un abandono


posterior con otra pareja, hacían que sintiera que había perdi-
do o entregado su energía, sus ilusiones, su fuerza. Y claro, no
hacía más que atraer escenas en las que su culpa salía a flote y
se recreaba como tal, fortaleciéndose, haciéndose cada vez más
grande.
Y comprendió. Comprendió que en su vida, estas películas
le estaban hablando de su culpa. De lo que ella había decidido
entregar o perder en cada momento clave de su vida, en cada
sentencia que hizo a consecuencia de una escena en concreto:
“Me abandona porque no soy suficiente, la empresa va mal por-
que no soy suficiente, mis hijos están en el caos porque no soy
suficiente, mi madre está mal y no sé ayudarla ni atenderla me-
jor, no sé qué será de mi hermano si no lo ayudo…”.
No hace falta ser un mago para ver que el sentimiento de
culpa está en pleno esplendor.
Cuando, después de esta exposición, hablamos de lo que es el
perdón, Eva quedó totalmente sorprendida. No se le estaba di-
ciendo que no ayudara ni atendiera sus responsabilidades, sino
que empezara a perdonarse.

Debía coger perspectiva e integrar todas


estas proyecciones que le mostraban su interior.
Y perdonarse.

Perdonarse porque no podía hacerlo mejor. Perdonarse por-


que se había olvidado de sí misma. Porque no se había aceptado
como era, y pretendía ser, actuar, pensar y sentir diferente. Per-
donarse porque esperaba en los demás, a través de su esfuerzo y
desgaste, el reconocimiento, en lugar de felicitarse por sus pro-
gresos, por reconocer sus propios dones sin necesidad de que
los demás la alabaran y reforzaran. Perdonarse por no aceptarse
ni física, ni mental ni espiritualmente. Y comprender que el ex-
terior se había esforzado hasta ahora en hacerle ver cuán grande
era su culpa.
70 TÚ ERES YO

En pocos días su vida dio un vuelco. Se sentía más libre al


empezar a perdonarse. Era más objetiva al tomar decisiones.
Y parecía que la intensidad de los problemas eran menor. Le
llegaron ayudas a nivel de trabajo, los comportamientos de los
miembros de su familia iban cambiando, y ella empezó a recu-
perar la ilusión, la esperanza y la inocencia que la caracteriza-
ban de pequeña. Reconoció que la fuerza siempre había estado
en ella, pero creía que se iba con cada situación que le suponía
un esfuerzo.
Todos hemos desatendido nuestras heridas de la infancia,
independientemente de si han llegado como sentimientos de
abandono, fracaso, culpa, atenciones emocionales pobres o nu-
las por parte de los padres, abusos o maltratos de cualquier tipo.
Estas heridas pendientes de resolver salen a la luz como sombras
unos años más tarde, para recordar que están allí pendientes de
curar. Todos los vacíos por naturaleza se llenan. Y hay muchas
maneras de llenarlos.

Cristina tuvo una infancia digamos “normal”, pero su madre


la controlaba en exceso, no le dejaba espacio para expresarse,
y ella tenía que amoldarse a la voluntad de la madre. Esta si-
tuación fue creando un rechazo hacia la madre y, en la adoles-
cencia, Cristina desarrolló una anorexia. Hasta que no se inde-
pendizó y pudo hacer su vida (por cierto, lejos de la madre), no
pudo regular su cuerpo. Haciendo ya su vida, atraía a hombres
pero no conseguía estabilizar las relaciones.
En este ejemplo no entraremos en detalle de por qué atraía
a este tipo de hombres (aquí está relacionado con que su padre
estaba muy ausente en comparación a la excesiva presencia de
la madre).
Lo peculiar de este caso es que Cristina quería ser madre
pronto sí o sí. Parecía que le iba bien con un chico y forzó la
situación para tener un bebé. Ya con su bebé, se volcó en él,
y no se daba cuenta de que se comportaba con él igual que su
madre se comportaba con ella. Era muy exigente, controladora
y manipuladora, y no lo dejaba respirar. Siguió teniendo varias
El espejo de lo que he perdido, entregado o me han arrebatado 71

parejas, pues no cuadraba con ninguna, y su necesidad de volver


a ser madre la torturaba. No tenía suficiente.
Buscaba cómo suplir el vacío que se ocasionó en la infancia,
en la que perdió su amor propio y no se sentía suficiente para
nada (en especial para la madre). Una fase de su vida quedó
pendiente de sanar, de consolar, de atender y de amar incondi-
cionalmente, y en su presente buscaba la manera de compensar-
lo, hacia su hijo o sus parejas, en lugar de empezar a amarse y
aceptarse a sí misma.
Ahora está tranquila, tras haber comprendido lo que está pa-
sando dentro de ella. El deseo de ser madre otra vez ha dismi-
nuido y se está concentrando en reconducir la relación con su
hijo, adolescente y que empieza a sentir rechazo hacia ella (pa-
ralelamente, el hijo saca a la luz la relación pendiente de sanar
con ella y con su abuela, la madre de Cristina).

Veamos otro ejemplo. Muchos hemos pasado una etapa de


nuestra vida en la que hemos tenido la necesidad de ayudar
a los demás, incluso de una manera muy comprometida. Esta
situación es un espejo de lo que necesita nuestro subconsciente:
atender un vacío interno, mimar una herida causada por algu-
na situación pasada en la que hemos perdido la dignidad, nos
hemos sentido víctimas, desamparados…y ahora compensamos
aquello atendiendo al exterior, a los más vulnerables. Y nos sen-
timos bien. Pero no es suficiente. Hay que atender la herida in-
terna para poder ayudar después al exterior desde la libertad,
inspirando sin ansia, sin necesidad, sin apego y lejos de la empa-
tía. Pero sí con compasión.

Otro caso. José no consigue encontrar pareja. Esto se ha con-


vertido en una fijación para él y pasa períodos en los que está
verdaderamente desanimado porque sigue sintiéndose solo. A
los tres años su madre falleció y se sintió muy solo (por primera
vez). Sus hermanos mayores intentaban superar también la pér-
dida y el padre se vio superado por la situación a pesar de que
volvió a casarse muy pronto. José fue creciendo pero desatendi-
72 TÚ ERES YO

do emocionalmente. Su nueva madre no lo complacía ni llena-


ba, y echaba de menos a su verdadera madre (no comprendía
aún por qué se había ido). En su presente e inconscientemente,
iba buscando en las posibles parejas la figura femenina que per-
dió de niño (el amor de madre que la vida le arrebató). Y en
cada rechazo o fracaso revivía el abandono de la madre.
Ahora ha podido empezar a atender las heridas de niño, a
quererse, y el ansia por encontrar pareja ha cambiado conside-
rablemente.

Otra historia es la de Gabriela. Lleva muchos años trabajan-


do en sí misma, pero no consigue aún llegar al perdón y al reco-
nocimiento total. Su conducta en los círculos de amigos, centros
de crecimiento personal y situaciones varias es muy peculiar.
Necesita llamar la atención. Lo hace hablando mucho y no ce-
diendo espacio a que los demás participen de la tertulia. Cuando
habla siempre es de sí misma, de lo que ha vivido, de sus expe-
riencias, de lo bien que ha hecho en unas etapas de su vida, o de
lo víctima que ha sido en otras.
Cuando empezó a asistir a las charlas sobre los espejos, fue
cambiando. Ya no necesitaba preguntar constantemente, el tono
de su voz empezó a ser menos agresivo, sus ansias de que queda-
ra claro de que estaba allí presente fueron perdiendo fuerza, el
querer participar para demostrar que tenía muchos conocimien-
tos y que era muy válida fue convirtiéndose en algo equitativo
con respecto a todo el grupo. De hecho, hoy en día ya no se
sienta en primera fila para que que yo vea enseguida su mano al
levantarla. Ni hace ruido con su bolso ni con el móvil en el aula.
Ni tiene que salir casualmente un momento porque la requieren
al otro lado del teléfono.
Ha comprendido que la repercusión del abandono de su ma-
dre durante un tiempo en su infancia, hizo que no se sintiera
válida (para que su madre considerara que era suficientemente
importante para ella y no se fuera del país sin su hija). Perdió
su inocencia: se hizo mayor de golpe al tener que razonar con
una consciencia superior a la de su edad biológica. Ahora, en su
El espejo de lo que he perdido, entregado o me han arrebatado 73

presente, intentaba encontrar el reconocimiento de los demás,


que alguien la hiciera sentir importante.

Un caso similar es el de Paula. Ejecutiva de éxito y con un


sentido de la responsabilidad fuera de lo común (tiene 28 años),
sin saberlo busca la aprobación de sus jefes constantemente,
sube de peldaños en la multinacional a pasos agigantados pero
sigue sintiéndose vacía. Laboralmente es excelente, pero a nivel
personal está estancada. No entiende por qué no puede tener
pareja estable y crear la familia que tanto anhela, la familia que
ella no pudo vivir.
Después de nacer, su padre abandonó a su madre y ésta no
superó la ruptura y pasó el resto de su vida intentando suici-
darse. Paula, siendo muy pequeña, no comprendía por qué era
diferente del resto de amigas y, para no ser rechazada en su cír-
culo de amistades, a nadie contó la situación que vivía su madre.
Finalmente la madre falleció y ella empezó su vida sola, desde
cero, con 16 años. Había relacionado que no era suficientemen-
te buena para su madre; de lo contrario no se habría intentado
suicidar tantas veces y no la habría dejado sola en plena adoles-
cencia.
Ahora entiende que todos estos años ha estado buscando la
aprobación de la madre por todas partes. En el ámbito laboral
lo ha conseguido pero no le satisface. La inocencia que perdió
de niña la vive atrayendo a hombres muy maduros que le per-
miten ser niña, y con los que se deja cuidar y mimar. Pero esto
no la satisface. Ha empezado a comprender que su presente es
un reflejo de todo lo que no vivió. Necesita atenderse y amarse
incondicionalmente a sí misma. A día de hoy ha cambiado de
trabajo, está aprendiendo a no exigirse más y está a las puertas
del altar para empezar a construir su anhelada familia, pero aho-
ra ya, desde la libertad.

Otro ejemplo es el de María. Tiene 40 años, no ha tenido


ocasión de ser madre aún y está nerviosa y ansiosa porque pasa
el tiempo y aún no tiene una pareja estable. Su mayor deseo es
74 TÚ ERES YO

ser madre. De adolescente vivió abusos por parte de un chico


y se sintió muy indigna, sucia, hasta culpable de que hubiera
pasado esta situación (sin serlo). Ella estaba muy ilusionada con
esa relación pero el tema fue degenerando hasta que los abusos
pusieron fin a esa tortuosa situación. Parte de su vida se quedó
allí. Sin sanar. Sus ilusiones de formar una familia, de tener un
compañero noble, el hecho de no sentirse sucia… parecían im-
posibles.
Con el tiempo llegó a su vida un chico que reunía todos los
requisitos para crear una relación estable y tener hijos. Pero ella
ya entró en la relación desde la necesidad de ser madre, con el
ansia de vivir juntos. Él era un chico con un trabajo estable, di-
vorciado, y la respetaba mucho, cosa que a ella le parecía lo me-
jor. Básicamente era lo único que valoraba. Y lo etiquetó como
especial. Al poco tiempo ella empezó a tener muchos celos de
él, a exigirle atención, a presionarlo para que ella pudiera ser
madre. Él se apartó de la situación y ella volvió a revivir el re-
chazo, el sentirse no válida para crear una familia.
Cuando en la charla escenifiqué lo que es una adicción, Ma-
ría lloraba y entendía que todo le venía de esa primera relación
en la que ella misma no se atendió, no se amó ni respetó, sino
que dio poder al exterior, marcando así a su subconsciente hasta
su presente. En pocas semanas encontró la paz en sí misma. Re-
tomó la relación con el chico y el ansia de ser madre disminuyó,
pues con el espejo también reconoció que era un vacío para
suplir lo que su madre no le había dado de pequeña.

El Curso de Milagros expone largo y tendido el tema de las


relaciones especiales. Cuando yo hago especial a alguien es
porque reconozco en esa persona algo que yo no tengo. Me es-
toy comparando (error número 1) y etiqueto que necesito lo que
él tiene (error número 2) porque me hace sentir bien, porque
parece que llene un hueco que siento en mí (y que, claro, alguien
tiene que llenar). También es una relación especial el hecho de
que yo juzgue a alguien, pues al etiquetarlo lo estoy vinculando
conmigo energéticamente y va allí donde yo voy.
El espejo de lo que he perdido, entregado o me han arrebatado 75

LA VISIÓN DESDE UN CURSO DE MILAGROS

“Hacer comparaciones es necesariamente un mecanismo


del ego, pues el amor nunca las hace”. Cap.24.II.1.1.

“Si buscas amor fuera de ti, puedes estar seguro de que


estás percibiendo odio dentro de ti y de que ello
te da miedo.” Cap.16.IV.6.5.

“Cuando se examina la relación especial, es necesario antes


que nada, darse cuenta de que comporta mucho dolor.
Tanto la ansiedad como la desesperación, la culpabilidad
y el ataque están presentes, intercalados con períodos
en que parecen haber desaparecido.” Cap.16.V.1.
El espejo de nuestros pensamientos inflexibles 77

El espejo de nuestros
pensamientos inflexibles

“El estado de tu vida es nada más que un reflejo


del estado de tu mente.”
Wayne W. Dyer

Quieres un trabajo y lo quieres de una manera determinada:


con un horario concreto, unas seguridades concretas, quieres
que esté cerca de tu casa, con vacaciones compatibles a las de
tu pareja, en el que puedas hacer lo que estás habituado a hacer
(que no quiere decir que sea lo único que sepas hacer)… y no lo
encuentras.
Estás concentrado en buscar trabajo y entras en el parámetro
de: “Hay crisis”, “Esto está muy difícil”, “Con la edad que ten-
go...”, “Hay mucho favoritismo”, “En el fondo todos son unos
corruptos”… y no lo encuentras.
Has removido cielo y tierra mandando currículums, has he-
cho decenas de entrevistas, estás dispuesto a cambiar de ciudad
porque ya quieres trabajar de lo que sea, y sigues obcecado en
que el trabajo está en el exterior (fuera de ti)… y no lo encuentras.
Tienes pensamientos recurrentes: “No me va a dar tiempo
de ser madre”, “Me voy a quedar sola”, “No tengo manera de
ahorrar dinero para el futuro”, “Tengo que cuidar a mi madre”,
“Mi prioridad es el trabajo”, “Yo sólo sirvo para esto, no me veo
haciendo otra cosa”, “Es difícil vender el piso”, “No consigo
despegarme de mi antigua pareja”… Y así es.
Quieres tener un tipo de pareja determinada. Haces listas so-
bre el prototipo de hombre/mujer con la que deseas compartir
tu vida y vas descartando todo lo que vas atrayendo a tu vida.
El filtro es rápido. Y te sigues convenciendo de que sabes lo que
quieres. Y sigues sin tener pareja.
Tienes un cuerpo que no te gusta: el peso, el volumen, la
forma, el tamaño... lo que sea. Y a pesar que tienes actividad du-
78 TÚ ERES YO

rante todo el día, tu pensamiento está enfocado en lo que no te


gusta de tu cuerpo. Y el cuerpo cada día se esfuerza en mostrarte
aquello que no te agrada de él. Lo va haciendo más grande, es
más obvio cada vez más, con lo cual ratificas que no te gusta tal
defecto, tal complejo. Ya has entrado en la inflexión mental. Ya
estás poniendo energía en algo que no te gusta. Le das importan-
cia. Lo haces protagonista de tu vida.
Traslademos todos estos ejemplos a una imagen, a un nivel
muy práctico: es como ver un árbol de Navidad con todas las
luces encendidas menos una que se ha fundido. Pero sólo se te
van los ojos a la luz fundida, de modo que no puedes gozar de
la totalidad del árbol.
Ya hemos hablado que estos pensamientos pensados mil ve-
ces dan lugar a una creencia y esta creencia, inflexible, es la
que se muestra en tu presente.

Cuando alguien dice:


“Es muy difícil salir de esta situación”. Así es.
“Es imposible que salga de esta enfermedad”. Así es.
“Es muy difícil vender ahora la casa”. Así es.
“Nuestra relación es difícil”. Así es.
“Yo no puedo hacer nada para cambiar. Soy así”. Así es.

Con estas afirmaciones tan sentenciosas, no hay margen para


que entren otras posibilidades. Son un caso cerrado.
Así lo quieres. Así va a ser.
Y observas: te das cuenta de que cada día se repite la misma
situación. Parece que el tiempo se ha parado. No cambia nada.
Sigues esperando un milagro, algo o alguien que te saque de este
pozo en el que das vueltas pensando una y otra vez en la manera
de salir. Y lo único que consigues es una migraña impresionante.
Y entonces recuerdas la Ley del Espejo. El espejo de tus
inflexiones mentales… Ellas escenifican tu realidad mental para
que cambies tu manera de pensar.
Quizás estos pensamientos eran acordes a tu nivel de con-
ciencia de hace un tiempo. Y te sirvieron. Pero evolucionas cada
El espejo de nuestros pensamientos inflexibles 79

día, y hay que ir renovando los patrones mentales, adaptándolos


a la nueva apertura de consciencia. Probablemente hayas desa-
rrollado nuevos valores con el tiempo, tienes otra visión de las
cosas y otras prioridades. ¡Es normal que no pienses igual que
hace 20 años! Y si lo haces, da mucho que pensar.

Y entras en el perdón.

Por no atenderte, por no valorarte, por no estar abierto al


Universo y fluir en lo que te trae y no en lo que tú quieres
que te traiga. El Universo sí sabe lo que necesitas, sí sabe tu
nivel de consciencia, sí sabe lo que necesitas para evolucionar a
través de tu presente.
Y te sigues perdonando. Por haberte herido durante tanto
tiempo con estos pensamientos de ataque que te han mantenido
en la inflexión, que han hecho huella en ti, convenciéndote de
que eres así. Te perdonas por no permitirte la felicidad en tu
presente y por obcecarte sólo en un aspecto que nubla el resto
de un día soleado.
Y empiezas a observar lo que sí te gusta de ti. Aquellos as-
pectos de tu personalidad o partes de tu cuerpo que sí te gustan.
Y pones energía en ellas. Y descubres maravillada/o que tienes
un cuerpo que te da la oportunidad de vivir y experimentarte,
que estás en un entorno que también te ofrece infinitas posibili-
dades, y que probablemente puedes trabajar de otra manera, sin
depender de nadie. O haciendo algo totalmente opuesto a lo que
hacías hasta ahora. Y anotas todas las cosas que te gusta hacer,
tus habilidades (o hobbies), cosas con las que el tiempo te pasa
volando… y descubres otras posibilidades de trabajo.

LA VISIÓN DESDE UN CURSO DE MILAGROS

“El miedo es siempre un signo de tensión que surge cuando


hay conflicto entre lo que deseas y lo que haces.” Cap.2.VI.5.1.
80 TÚ ERES YO

“Tu Ser nunca ha dejado de estar en paz, a pesar de que


tu mente está en conflicto.” Cap.3.VII.5.8.
El espejo de nuestra noche oscura del alma 81

El espejo de nuestra
noche oscura del alma

“La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir


y lo nuevo no acaba de nacer.”
Bertott Brecht

San Juan de la Cruz, en su poema Noche oscura del alma, usa la


descripción del encuentro entre dos amantes como metáfora de
la unión entre el alma y la Divinidad después de que ésta deje
el cuerpo físico y se desconecte ya de los cinco sentidos. Dentro
del cuerpo el alma está perturbada, no recuerda quién es, está
condicionada por las creencias de la mente, por el miedo, por la
culpa, por el dolor. Pero gracias a que el alma puede vivir inten-
samente con estas emociones, tiene la oportunidad de recordar
quién no es y conectar con su parte divina.
Tenemos miedos y de todo tipo. Algunos conscientes y otros
inconscientes. Y estos miedos nos alejan de nuestra parte divina.
Los tenemos aquí para confundirnos. Al vivirlos y sentirlos en
primera persona, tenemos la oportunidad de decir “Yo no soy
este miedo”. Para liberar un miedo consciente o no, hay que
reconocerlo en uno mismo, abrazarlo (debo vivirlo como algo
mío) y después soltarlo (porque me ha recordado que yo no soy
esto. ¡Gracias por recordármelo!).
Una noche oscura del alma es un período de tiempo o ciclo
de tu vida en el que vives un miedo muy profundo. Mientras lo
vives tienes la posibilidad de darte cuenta de que el miedo pro-
viene del ego, de la personalidad, con lo que puedes liberarlo y
conectar con tu parte divina.
Si tienes miedo a la soledad, probablemente experimentes un
período en tu vida en el que la vivas intensamente... Entonces te
darás cuenta de que no pasa nada. Irás conviviendo con la sole-
dad, verás que sigue saliendo el sol cada día y te darás cuenta de
que en realidad no pasa nada. Te irás acomodando en tu estado
82 TÚ ERES YO

hasta que estés bien contigo mismo/a y luego puedas llegar a de-
cidir desde la libertad (y no condicionado porque estás solo/a) si
quieres vivir con alguien o no. La consciencia de soledad nos da
la oportunidad de conectar con nuestra consciencia de unidad.
Si tienes miedo a no tener suficiente dinero, a no poder pagar
las facturas, a un futuro sin ingresos asegurados, tienes muchas
posibilidades de vivir una noche oscura del alma, en la que sen-
tirás en todos los sentidos lo que es la consciencia de pobreza…
teniendo la oportunidad en esta crisis de conectar con la cons-
ciencia de abundancia que ya eres.
En caso de temer a la enfermedad, quizás vayas a vivir alguna
desarmonía física para sacar a la luz este miedo tan arraigado
que tienes y liberarlo, abrazando así tu consciencia de salud físi-
ca, mental y espiritual.
Si vives en el desánimo, en la ansiedad, en la depresión, desu-
bicado… ya sabes que estás viviendo una crisis con la que tener
la oportunidad de conectar con lo que eres por naturaleza: paz
en estado puro.
Si tienes miedo a no tener trabajo, a no conseguir un obje-
tivo, a no ser madre, a no poder controlar las cosas, a no tener
pareja, a no sanar, a perder lo que tienes… ya sabes: con mayor
o menor intensidad vas a vivir esas situaciones para darte cuenta
de que te has identificado con este miedo, has incorporado este
miedo a tu vida. Pero tú no eres este miedo. Y podrás sentir
que eres consciencia de lo opuesto: de armonía, de equilibrio,
de paz, de salud, de amor. Porque lo opuesto al amor es el mie-
do. No importa a qué. Con lo cual:

Cada noche oscura del alma que pasas es una ocasión


que tienes para conectar con el amor que eres.

La noche oscura es una invitación de tu alma para que con-


tactes con ella ya, para que recuerdes que la tienes a ella para
guiarte en esta experiencia humana. Te dice que es hora de evo-
lucionar y de que subas un peldaño más.
El espejo de nuestra noche oscura del alma 83

Ella sabe que estás preparado/a para superarlo. Ella sabe que
lo vas a conseguir.
Es el resurgir de las propias cenizas. Un renacer. Una toma de
consciencia en estado puro. Un liberarse de unas creencias que
han conducido a unos miedos que ya no me sirven para la nueva
versión de mí mismo que estoy creando.
Tardaremos más o menos en superar una noche oscura, de-
pendiendo de nuestro grado de resistencia de conectar con
nuestro amor. Cuanto más luchemos contra la situación, más se
resistirá ella en irse. Por eso los problemas muchas veces se eter-
nizan: porque no entendemos que hay que sacar una moraleja.
No comprendemos que el problema nos está hablando. Lo úni-
co que hacemos es reaccionar contra él, evitarlo, soportarlo…y
claro, él se mantiene firme, apoyándonos en esta lucha.

LA VISIÓN DESDE UN CURSO DE MILAGROS

“Cuando te sientas triste, reconoce que eso no tiene


por qué ser así. Las depresiones proceden de una sensación
de que careces de algo que deseas y no tienes.
Recuerda que no careces de nada, excepto si así lo decides,
y decide entonces de otra manera.” Cap.4.IV.3.1.
El espejo de nuestros actos cotidianos y el espejo del lenguaje corporal 85

El espejo de nuestros actos cotidianos y


el espejo del lenguaje corporal

“El cuerpo nunca miente.”


Martha Graham

Nuestras conductas y el espacio en el que vivimos reflejan


también nuestra personalidad y necesidades, nos muestran lo
que es prioritario armonizar en nosotros.
Una limpieza obsesiva del hogar está diciendo que hay nece-
sidad de limpiar heridas abiertas pendientes de curar.
Un riguroso y meticuloso orden en las cosas y en el com-
portamiento sacan a la luz la necesidad de tener las emociones
controladas o la necesidad de poner orden en ellas.
Perder las llaves puede ser algo anecdótico, pero esconde el
mensaje de que no se tiene ganas de ir a donde se iba, no se
quiere volver a casa o se quiere demorar la llegada a un sitio.
Tener la costumbre de llegar tarde a las citas refleja una nece-
sidad de protagonismo y de llamar la atención.
Cuando la batería del móvil queda descargada, puede pare-
cer una situación también cotidiana y normal, pero está dicien-
do que uno necesita cargar las propias pilas.
Diferenciales de la luz que saltan, hornos que se estropean,
coches que se recalientan… significan que la persona está a tope
y necesita coger perspectiva, relajarse y desconectar.
Todos estos “contratiempos” justamente nos dan un tiempo
para que valoremos lo que realmente deseamos o necesitamos,
y nos pongamos en coherencia.

Veamos ahora otra cuestión:

“Ser perceptivo significa ser capaz de detectar las contradicciones


entre las palabras de una persona y el lenguaje de su cuerpo.”
Allan Pease
86 TÚ ERES YO

El lenguaje corporal (o la kinésica) nos muestra un fiel reflejo


de lo que realmente sentimos, independientemente de lo que
estemos intentando mostrar. Quizás estamos en una reunión fa-
miliar o de trabajo, y el protocolo nos exige un tipo de compor-
tamiento. El lenguaje corporal nos delata si estamos realmente
cómodos o no en una situación: brazos o piernas cruzadas, arru-
gas forzadas en una sonrisa o mandíbula apretada. El cómo ges-
ticulamos, ladeamos la cabeza o colocamos las manos revelan
también qué grado de aceptación tenemos en este momento con
la persona con la que nos estamos relacionando.
Paul Ekman está considerado como uno de los más presti-
giosos psicólogos, pionero en el desarrollo de la relación entre
las emociones y el lenguaje corporal. En sus libros y estudios
plasma al detalle el lenguaje facial que delata el verdadero sentir
hacia la situación que se está viviendo, así como el lenguaje de
las manos, piernas, pies y todo el cuerpo, que muestra el grado
de conformidad, comodidad o disconformidad con la situación.
Nuestra posición al dormir también refleja un lenguaje muy
significativo.

Fijémonos ahora en otro ejemplo:

“La gordura es crear un búnker alrededor de un alma que


teme que le den en la herida que ya tiene.”
Jodorowsky

“Lo que pensamos genera emociones, pero también lo que comemos.”


Montse Bradford

“Cuando el espíritu se silencia, el cuerpo habla: cuando


nuestra boca no pronuncia lo que sentimos, traga para aliviar
la tensión emocional. Detenernos a pensar lo que nos ocurre, y
ponerle palabras, puede ayudarnos a contener el ansia de comer.”
Isabel Menéndez

El tipo de alimentos que ingerimos y cómo comemos nos


describe el tipo de amor que nos tenemos a nosotros mismos, o
El espejo de nuestros actos cotidianos y el espejo del lenguaje corporal 87

el grado de vacío emocional que suplimos con la comida o la be-


bida. Es otro espejo de cómo nos sentimos, consciente o incons-
cientemente. La preferencia por alimentos salados es propio de
personalidades muy inteligentes, mientras que la debilidad por
los dulces delata la falta de dulzura en la propia vida. Comer
picante o comidas fuertes refleja a personas más aventureras, y
la comida tropical a personas más tranquilas y relajadas.
El tiempo que invertimos comiendo, masticando o engullien-
do también nos habla de lo que sentimos por dentro. Si nos
adaptamos a todo tipo de comida, esto nos muestra nuestra fle-
xibilidad ante la vida y hacia nosotros mismos.
Cuando tenemos un nudo en el estómago no somos capaces
de comer nada, o como mucho beber; y si estamos en armonía y
sintiendo felicidad, nos apetece de una manera natural alimen-
tarnos bien, con comida nutritiva.

Veamos un ejemplo más.

“Cuando me miro al espejo ya no busco a la que fui


en el pasado…sonrío a lo que soy hoy…me alegro
del camino andado y asumo mis contradicciones.”
Carolina Herrera

La ropa que usamos y los colores que preferimos nos mues-


tran inconscientemente el estado emocional que tenemos o que
queremos tener.
La parte superior del cuerpo representa la parte emocional
de la persona y sus necesidades emocionales, y la parte inferior
las necesidades materiales y su energía física. Cómo las tapamos
o mostramos y con qué tipo de ropa, refleja nuestro grado de se-
guridad o autoestima, o nuestras ganas de pasar desapercibidos
Reconociendo cómo nos vestimos, podemos reconocer nues-
tro estado interno y, de creerlo necesario, poner manos a la obra
para cambiarlo.
La disolución
del espejo
La disolución del espejo, la disolución de la sombra 91

La disolución del espejo,


la disolución de la sombra

Gregg Braden apuesta por el espejo de nuestro mayor


bien como el espejo que disuelve todas las proyecciones.

Cuando entiendo que el exterior me habla de lo que tengo en


mi interior, no puedo más que reconocer que es una ayuda para
mejorar en mí lo que está en desorden y potenciar lo que sí me
gusta. Cuando entiendo que mi presente y todo lo que he vivido
es fruto de mi nivel de consciencia, ¿cómo no podría estar de
acuerdo con ello? Esto me da la oportunidad de entender qué
ha pasado y empezar de cero. Cuando entiendo que se me ha
mostrado el grado de amor y de no amor que me he profesado
a mí mismo, amo y bendigo mi vida.
Imaginemos una pintura que pueda hacer un niño pequeño
dentro de sus posibilidades. Entendemos que no lo puede hacer
mejor. Su manifestación es fruto del nivel de consciencia que
tiene en este momento. Por tanto, ¿cómo no íbamos a enten-
der que, igualmente, nuestra manifestación es fruto del nivel de
consciencia que hemos tenido hasta ahora? ¿Cómo íbamos a
luchar contra ello?
Justamente esa experiencia me da la oportunidad de subir
un peldaño y empezar a vibrar mejor y, con ello, cocrear con el
Universo y con mi alma conjuntamente, practicando y aparcando
el miedo, la culpa, el ego. ¿Cómo íbamos a rechazar lo que hemos
hecho? No lo hemos sabido hacer mejor…

Así, el mayor acto de compasión es comprender que esto soy


yo. Que no me he amado, y que necesito hacerlo y recordar
quien soy. Mientras, me seguiré perdonando, entendiendo que
tengo una culpa inconsciente muy profunda y lejana, pero que
no me priva de manifestar desde el amor, en la medida en que
voy sanando mis heridas.
92 TÚ ERES YO

Podríamos resumir de este modo la fórmula para disolver


los espejos:

• Estar dispuesto/a a ver la situación de otra manera.


• Reconocer cuanto antes que el exterior me está hablando
directamente a mí, con lo cual, comprendo que soy el/la res-
ponsable de mi creación.
• Agradecer este presente (y a los personajes que están invo-
lucrados en él) pues, a pesar de que puede estar haciéndome
sufrir, es el que necesito para elevar mi nivel de consciencia.
Si me resisto, si lucho contra él o si tomo una actitud de vícti-
ma, seguirá manifestándose y distorsionándose más.
• Perdonar. Me perdono por haberme olvidado de mí. Me
perdono porque no me he amado, no lo he sabido hacer me-
jor. Me perdono porque he querido ser diferente y no me he
aceptado incondicionalmente.

Sobre el concepto de la responsabilidad, Debbie Ford, en El


secreto de la sombra, dice:

“Asumir la verdadera responsabilidad es un proceso, y es la única


manera de salir de la historia de la víctima. Significa reconocer
que somos cocreadores de los dramas que hemos vivido.
Asumir la responsabilidad exige que extraigamos la sabiduría
de nuestras experiencias de vida y que encontremos
los regalos que tienen para nosotros.”

LA VISIÓN DESDE UN CURSO DE MILAGROS


“Te estoy enseñando a que asocies la infelicidad con el ego
y la felicidad con el espíritu.” Cap.4.VI.5.6.

“El amor no conquista todas las cosas, pero sí las pone


en su debido lugar” Cap.4.VI.7.6.
La disolución del espejo, la disolución de la sombra 93

“Curar o hacer feliz es, por lo tanto, lo mismo que integrar


y unificar” Cap.5.2.5.
“El despertar de nuestra conciencia es inevitable.
Sigue el dulce despertar de este sueño que creemos que es real.
Y en este sueño estamos recordando que somos Amor,
y que el sentido de nuestra vida es vivir el Amor en la Tierra,
pues como dice Un Curso de Milagros:
Sólo el Amor es real.”

Marta Salvat, Junio 2015