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© Copyright 2018 by «Fondazione Centro italiano di studi sull’alto me-

dioevo», Spoleto (Italy) and by «Università degli Studi di Cassino e del


Lazio Meridionale» (Italy)
ISSN 2037-0245
ISBN 978-88-6809-258-0
Direttore
Oronzo Pecere

Vicedirettori
Franco De Vivo e Francesco Stella

Comitato scientifico
Massimiliano Bassetti, Daniele Bianconi, Lucio Del Corso, José Antonio Fernández Del-
gado, Paolo Fioretti, Anatole Pierre Fuksas, Roberto Gamberini, Anna Maria Guerrieri,
Jacqueline Hamesse, Alfredo Mario Morelli, Paolo Odorico, Inmaculada Pérez Martín,
Filippo Ronconi, Francesco Santi, Antonio Stramaglia, Michael Winterbottom

Periodico del Dipartimento di Scienze umane, sociali e della salute dell’Università degli
Studi di Cassino e del Lazio Meridionale

«Segno e Testo» è una rivista peer reviewed

Redazione
Laboratorio per lo studio del libro antico
Campus Folcara – via Sant’Angelo in Theodice
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Edizione e distribuzione
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Periodico annuale: Autorizzazione del Tribunale di Cassino nr. 75/03, del 9-6-2003
Direttore responsabile: Oronzo Pecere

Finito di stampare nel mese di dicembre 2018


presso Tipografia Tuderte s.r.l.
Loc. Torresquadrata, 202
I-06059 Todi (PG)
Indice generale

Cecilia Nobili
Εἰκὼν λαλοῦσα. Testo, immagine e memoria intervisuale
nell’epigramma greco arcaico p. 1
Lucia Floridi
Αὐδὴ τεχνήεσσα λίθου. Intermedialità e intervisualità
nell’epigramma greco p. 25
Mark de Kreij
The Practice of Praise P.Mil. Vogl. III 123 + P.CtYBR Inv. 4573
and the Hellenistic Encomium p. 55
Luciano Traversa
La liberta di un veterano in un’inedita epigrafe tarantina p. 99
Marco Cursi
«Sulle tavole dei vostri cuori»: le epistole di Paolo di Tarso
e l’affermazione della forma-codice p. 107
Juan Chapa
Book Format, Patterns of Reading, and the Bible:
The Impact of the Codex p. 131
Maria Boccuzzi
I fondamenti materiali della tradizione degli Opuscula
di Cipriano: la tarda antichità p. 155
Michael Winterbottom
Cyrus, On the Differentiation of Issues p. 209
466 Indici

Ciro Giacomelli
Appunti in margine alla tradizione degli scritti di
Giuliano l’Apostata: il Par. gr. 2964 p. 247
Christian Gastgeber
Der Chrysobullos Logos Iviron, Dok. 58/b:
paläographisch-diplomatische Aspekte und
die Entwicklung der Fettaugenmode p. 265
Massimiliano Gaggero
Identification de deux manuscrits italiens de la
Chronique d’Ernoul et de Bernard le Trésorier p. 291

Teresa Martínez Manzano


La biblioteca manuscrita griega de Diego Hurtado
de Mendoza: problemas y prospectivas p. 315
Stefano Parenti
Annotazioni sul trasferimento
 da Firenze a Roma
nel 1639 del Barberini gr. 336 p. 435

Indici p. 445
Teresa Martínez Manzano

La biblioteca manuscrita griega


de Diego Hurtado de Mendoza:
problemas y prospectivas*

1. La gallina de los huevos de oro


Diego Hurtado de Mendoza (1504-1575) resulta un personaje fas-
cinante en la historia del s. XVI español por las responsabilidades polí-
ticas que ejerció fuera de España como diplomático al servicio de Carlos
V – embajador en Inglaterra, en Venecia, en el Concilio de Trento y ante
la Santa Sede en Roma, además de gobernador de la República de Siena
– y dentro del país como sofocador de la sublevación de los moriscos en
Granada, pero en no menor medida por ser un aristócrata y militar a la
vez que poeta, un hombre de armas y de letras, un humanista formado en
Italia, de refinada educación y vasta cultura, y al tiempo un hombre de ac-
ción involucrado en la política imperial de los Austrias1. Pero atractivo es
también por haber poseído una biblioteca de manuscritos, conservada en
la actualidad en El Escorial, que puede considerarse, al menos en su sec-
ción griega, como „la joya de la corona“ del monasterio escurialense. No
es de extrañar que su personalidad arrolladora atrajese a un estudioso de la
literatura renacentista italiana y de la poesía española del s. XVI como es
Antonio Prieto, quien en 1988 publicó una novela histórica sobre Hurta-
do de Mendoza que lleva por título El embajador2.

* Trabajo elaborado en el marco del Proyecto de investigación FFI2015-67475-C2-1-P.

1. El trabajo clásico sobre Hurtado de Mendoza es el de González Palencia – Mele


1941-1943. Los datos referentes a su biblioteca se encuentran en el vol. I, pp. 253-263, pero
proceden exclusivamente de la monografía de Charles Graux de 1880. Más recientemente
puede verse Spivakovsky 1970 y algunos trabajos centrados en sus diferentes embajadas y en
la dimensión política del personaje, en especial De Bunes Ibarra 2001 y Losi 1998.
2. La novela, publicada por primera vez en Barcelona en 1988, fue reeditada en 2005
en Sevilla por la Fundación José Manuel Lara con un subtítulo que en unos ejemplares reza
Cortesanos y humanistas en la España del Renacimiento y en otros Cortesanos y humanistas en
316 Teresa Martínez Manzano

En varios pasajes de esa novela (pp. 11-13, 85, 104-105) Antonio


Prieto relata un episodio harto curioso y novelesco que explicaría la enor-
me fortuna de Mendoza, que le permitió entre otras cosas formar en muy
pocos años una espléndida biblioteca: el embajador guardaba bajo llave,
en una estancia anexa a su biblioteca, una gallina de los huevos de oro.
Sabedor de la importancia de mantener virgen a la gallina para conservar
su producción de huevos de oro, Mendoza la aleccionaba al amanecer le-
yéndole hermosos discursos sobre las virtudes de la virginidad para atem-
perar cualquier tentación sexual procedente de un gallo que vivía en las
inmediaciones. Y – apostilla el narrador (pp. 11-12) – :
la gallina moraba en una estancia próxima a la biblioteca de don Die-
go, lo que predisponía a pensar que le fuera traída por Nicolás So-
phianus en alguno de aquellos viajes que por encargo de Mendoza
realizaba por Grecia y Turquía para la adquisición de valiosos ma-
nuscritos. Si Sophianus fue el portador de la gallina estaríamos hacia
1541, cuando los manuscritos comenzaron a enriquecer la espléndida
biblioteca que cuidaría Arnoldo Arlenio, cuyos satisfactorios hono-
rarios provenían de algún huevo de gallina.

Es claro que Antonio Prieto, para el relato de parte de este episodio,


se había informado documentadamente sobre la estancia de Hurtado de
Mendoza en Venecia, sus contactos con el corfiota Nicolás Sofiano, al que
envió efectivamente a Grecia en busca de manuscritos, y su relación con
el flamenco Arnoldo Arlenio, que se convirtió entre los años 1542 y 1546
en su bibliotecario. Fruto de la fantasía del novelista parecería, en cambio,
la historia de la gallina de los huevos de oro férreamente custodiada por el
embajador, si no fuese porque una carta del cronista zaragozano Juan de
Verzosa parece hacer referencia a este singular episodio. Verzosa, que fue
secretario de Hurtado de Mendoza en Roma y Siena hasta 1552, escribe
efectivamente desde Roma el 10 de diciembre de 1547 una misiva a Jeró-
nimo Zurita que fue editada por José María Maestre en el Prólogo de las
actas del congreso sobre Humanismo y pervivencia del mundo clásico de-
dicadas precisamente a Antonio Prieto3. Merece la pena traer a colación
aquí el pasaje más significativo de dicha carta:
A veçes el alba me coge en la librería y allí medio dormido, entre pe-
numbras, he comprobado ser cosa çierta el rumor que ya comenté a V.
Md. en mi passada carta. Al primer canto del gallo el Sr. Embaxador

los albores del Imperio. Esta reedición viene acompañada de un prólogo de Manuel Alvar y de
un epílogo de Bartolomé Bennassar. Aquí se cita por la edición de 1988.
3. Maestre Maestre 2008, pp. 10-16.
La biblioteca manuscrita griega 317

abandona con priesa el lecho y encamina sus pasos a la librería. Con


una vela en la mano y, luego de comprobar que nadie lo obserua, saca
del faldón una extraña llaue y abre una alcoba secreta. Vençido por
mi natural curiosidad, lo qual confiesso a V. Md. no sin rubor, me
he atreuido a pegar el oído con sigilo a la puerta y he escuchado a
don Diego haçer largos discursos sobre la virginidad, cosa que no se
comprende en un hombre tan affiçionado a las mugeres como es él.
Siempre comiença su plática entonando aquel bello elogio de San Çi-
priano a las vírgenes consagradas: „Virgo flos est ille ecclesiastici ger-
minis, decus et ornamentum gratiae spiritalis, laeta indoles, laudis et
honoris opus integrum atque incorruptum, Dei imago respondens ad
sanctimoniam Domini, illustrior portio gregis Christi”, etc. Después
reçita no menos hermosos pasajes de Tertuliano, Metodio de Olim-
pia, San Basilio, San Agustín, San Juan Chrisóstomo, San Jerónimo y
San Gregorio Naçiançeno. Y, por último, como gran conoscedor de
las letras humanas, corona su defensa de la virginidad con aquellos
dos hexámetros de Ouidio en los que Daphne, perseguida por Apolo,
llega agotada a las aguas del Peneo y pide su aiuda:
“fer pater” inquit “opem. Si flumina numen habetis,
qua nimium placui, mutando perde figuram! (Ov. met. I 545-546)”
Dicho esto, el Sor. Embaxador sale de la alcoba con el semblante harto
contento cubriendo con un negro paño algo de tan grande valor que,
mirando de nueuo en su derredor que nadie lo obserua, pone bajo
llaue en una arca de hierro que está fixada al suelo con fuertes clauos
en una alcoba priuada cercana a la librería.
Tantas orationes pro virginitate han hecho pensar a muchos que el Sr.
Embaxador tiene pensado professar como anacoreta, mas nadie açier-
ta a explicar qué cosa guarda con tanta ocultaçion al alba cada ma-
ñana. Quiçá V. Md. pueda aiudarnos a resoluer tan grande misterio.

De modo que la carta de Verzosa corroboraría la costumbre de Diego


Hurtado de Mendoza de levantarse al alba, sacar algo oculto de una alco-
ba anexa a su biblioteca, recitarle discursos en defensa de la virginidad y
guardarlo después en un arca bajo llave4, una costumbre que provocaba
estupefacción entre sus allegados y con la que ha querido explicarse de
forma novelesca el origen de la fortuna de Mendoza. Hoy sabemos que
buena parte de esa fortuna, viniera de donde viniera, se invirtió en libros.

4. La más reciente novela histórica de Carlos Ballesta, Diego Hurtado de Mendoza, el


hombre del emperador, publicada en Granada en el año 2013, cuenta que fue el sultán turco
Solimán el Magnífico el que le regaló a Hurtado un ave exótica que ponía huevos de oro y que
se había extendido el rumor de que todo el oro que el embajador gastaba en comprar a los
políticos venecianos procedía de este ave.
318 Teresa Martínez Manzano

2. La biblioteca manuscrita griega de Mendoza


y sus inventarios
„Yo hago hacer un volumen en que pondré el índice de la librería del
papa y otro de la librería Nicena y otro de la librería del monasterio
de San Antonio en Venecia y otro de la del señor don Diego. Y hecho,
habiendo buena ocasión, le enviaré a vuestra merced sin falta: porque
todo lo que digo tenemos aquí en Trento“ 5.

Con estas palabras dirigidas a Honorato Juan en una carta datada


en Trento el 8 de junio de 1546, Juan Páez de Castro mostraba su inten-
ción de compilar en un único volumen los índices de cuatro de las colec-
ciones de manuscritos griegos más abultadas y prestigiosas del s. XVI en
Italia: la Biblioteca Vaticana, la Biblioteca Marciana, la del Monasterio de
Sant’Antonio di Castello en Venecia y finalmente la de Diego Hurtado de
Mendoza, embajador de Carlos V en Venecia hasta el año 1546 y patrono
en Roma del propio Páez. De esos índices hechos transcribir por Páez de
Castro en Trento sólo han podido ser localizados hasta el presente dos – el
de la biblioteca de Besarión6 y el de la biblioteca de Sant’Antonio di Cas-
tello7 – , pero el testimonio del erudito cronista pone de manifiesto que
la biblioteca de códices griegos que Hurtado de Mendoza había logrado
reunir durante los siete años que duró su embajada veneciana era parango-
nable a las otras tres, una biblioteca soberbia que a nadie dejó indiferente
y que, muerto Hurtado en 1575, ingresó en bloque en El Escorial en 1576,

5. Domingo Malvadi 2011, pp. 342-343.


6. Se encuentra en el Marc. lat. XIV 342, n. i. 374771, ff. 59v-65, 84-88, 92-96, 98-105v.
Para su localización ha sido decisiva la ayuda que nos ha prestado desde Venecia el colega y
amigo Niccolò Zorzi, que nos ha procurado una descripción pormenorizada de los papeles
sueltos que constituyen este Marcianus, distribuidos en ocho carpetas, cada una con un núme-
ro de inventario, y que todavía no ha sido propiamente catalogado. En una carta de Páez del
17 de febrero de 1547 (cfr. Domingo Malvadi 2011, pp. 361; 495), el cronista asegura
«Yo tengo el índice de la biblioteca Nicena; hasta que vaya a Roma no se podrá enviar, que le
cotejaré con el del señor don Diego», lo que indica que también Mendoza poseía un índice de
autores presentes en la Biblioteca Marciana. Por lo demás, habrá que añadir el Marc. lat. XIV
342 a la lista de manuscritos que contienen catálogos de la biblioteca de Besarión reunida por
Labowski 1979, pp. 497-499. Ya la propia Labowsky, p. 498, citaba este testimonio – que
conocía sólo indirectamente a través de la noticia de los Neue Jahrbücher für Philologie und
Pädagogik, suppl. VI del año 1840 (p. 591) (en donde venía identificado como proveniente de
la biblioteca de La Serna Santander) – como verosímilmente análogo al Vat. lat. 3945, apógra-
fo este último de dos (?) códices Marciani que contienen el inventario de 1545 de la biblioteca
de Besarión.
7. Se halla en el Marc. lat. XIV 342, n. i. 374771, ff. 68-82v. Véase más adelante el § 8
Mendoza y la biblioteca de Sant’Antonio di Castello. En cuanto al inventario de los manuscritos
de la Vaticana, Páez lo copiaría seguramente del que tenía Hurtado de Mendoza en su bibliote-
ca, el Escur. E II 18, desaparecido en el incendio de El Escorial, que contenía un Index omnium
librorum grecorum qui sunt Romae in bibliotheca palatina Pontificis.
La biblioteca manuscrita griega 319

dado que Felipe II se había comprometido a asumir las deudas contraídas


por su antiguo embajador a cambio de que el monasterio de San Lorenzo
de El Escorial recibiese en testamento su biblioteca.
Por ser la colección de códices griegos de Hurtado de Mendoza
una biblioteca de dimensiones extraordinarias, con volúmenes de todas
las épocas y de los más diversos contenidos, despertó la atención de los
estudiosos desde muy temprano, convirtiéndose así hasta la fecha en el
reclamo más famoso del fondo manuscrito griego de El Escorial. El pri-
mero que la estudió fue el joven helenista Charles Graux en la monografía
aparecida en París en 1880 que examinaba la formación de la biblioteca
griega escurialense en su conjunto. Graux dedicó a la colección Mendoza
la segunda parte de su libro, que constaba de tres capítulos8. Para anali-
zarla utilizó un Memorial de los libros griegos de mano de la librería del
Sr. Don Diego Hurtado de Mendoza conservado en el manuscrito Brit.
Lib., Egerton 602 (ff. 289-296) y del que extrajo una enorme cantidad de
información que, sumada al cotejo de los manuscritos in situ y al uso de
otras fuentes, le permitió avanzar con pasos de gigante en la descripción
del fondo Mendoza. Este Memorial conservado en el códice Egerton pa-
rece ser una copia realizada por Melchor Cano (1509-1560), catedráti-
co de teología de la Universidad de Salamanca desde 1546 y activo en el
Concilio de Trento, y es, desde el punto de vista textual, muy próximo al
Memorial de los manuscritos griegos de Hurtado que transcribió casi dos
siglos después, en 1739, Juan de Iriarte, ilustre bibliotecario de la Real Bi-
blioteca (hoy Biblioteca Nacional), a partir de un ejemplar perteneciente
al duque de Alba y que se conserva en la actualidad en la Biblioteca de
Bartolomé March. El Memorial-Egerton consta de 351 entradas agrupa-
das en tres series temáticas – teología, filosofía, literatura – y con las en-
tradas distribuidas en orden alfabético en cada una de las tres series, a las
que se suma una cuarta categoría titulada Los que dio el Turco, sobre la que
volveremos más adelante.
Como decimos, el Memorial se convirtió en un instrumento su-
mamente útil para Graux, quien sin embargo percibió con claridad de
inmediato cuáles eran los defectos de este inventario. El primero y más
llamativo es que se trata de una memoria incompleta: salvo alguna excep-
ción, se han omitido en bloque los manuscritos de contenido científico,
pero no sólo esos, sino también algunos códices de contenido patrísti-
co o literario, por lo que Graux concluyó que el Memorial era un elenco
sencillamente incompleto de libros poseídos por Hurtado de Mendoza

8. Graux – De Andrés 1880/1982, pp. 185-284.


320 Teresa Martínez Manzano

hasta 1546, año en el que abandona Venecia para trasladarse a Roma. Una
segunda desventaja del Memorial es una característica común a muchos
inventarios de libros de la época y consiste en que la correspondencia en-
tre un item y un libro no es exacta, lo que significa que 1. varias entradas
pueden corresponder a un único volumen, 2. una sola entrada puede co-
rresponder a varios volúmenes, 3. volúmenes duplicados pueden aparecer
inventariados en una sola entrada o 4. una entrada puede describir sólo
las primeras obras que contiene un volumen. Y, así, el carácter sumario e
impreciso de este tipo de listas de libros entorpece considerablemente la
identificación de los ejemplares. Podríamos resumir las dificultades que
comporta este Memorial diciendo que este documento no es en verdad
un catálogo de libros, sino un pínax de autores y obras presentes en la
biblioteca mendociana.
En cualquier caso, tanto el Memorial del manuscrito Egerton 602
como el inventario editado por Gregorio de Andrés a partir del manus-
crito 1284 de la Biblioteca Municipal de Besançon, que es un catálogo de
todos los manuscritos y parte de los impresos de Hurtado que ingresaron
en El Escorial en 15769, no reflejan el orden en que estaban colocados los
libros de Hurtado en su biblioteca privada. El inventario de Besançon es
una lista de los libros de Hurtado elaborada en el Monasterio de El Esco-
rial – o quizás realizada por Antonio Gracián inmediatamente antes de
que ingresasen los libros – en la que los ejemplares aparecen ya ordenados
en función de su contenido (theologici, philosophi, iurisperiti, mathemati-
ci, medici, historici, de re militari, poetae, oratores, grammatici), tamaño (in
folio, in quarto, in octavo) y antigüedad (literis antiquis, literis recentiori-
bus)10, que son las variables que los bibliotecarios de El Escorial tuvieron
en cuenta para ordenar todos los libros de la biblioteca del Monasterio.
Pero en la casa de Hurtado no parece que los libros estuviesen co-
locados merced a su contenido. Para conocer la disposición original de
la biblioteca del embajador ha sido decisiva una publicación de 1999 de
Anthony Hobson11. El estudioso británico encontró en el manuscrito de
Cambridge, University Library, Add. ms. 565 (ff. 136r-146v) una copia
del catálogo original de los códices griegos de Hurtado realizada en Roma
por Jean Matal ca. 1548-5012. La copia de Matal tenía como objeto infor-

9. De Andrés 1964, pp. 259-277 [estas páginas fueron reproducidas como Apéndice E
en Graux – De Andrés 1880/1982, pp. 520-539, por donde se cita].
10. Para los manuscritos de contenido teológico de gran tamaño se añade el dato del
material escriptorio: in membrana.
11. Hobson 1999, pp. 77, 233-243.
12. Véase previamente Hobson 1975a, p. 36.
La biblioteca manuscrita griega 321

mar a Antonio Agustín del contenido de los libros del embajador (en el
contexto de una ambiciosa operación que llevó a Matal a la búsqueda de
manuscritos relacionados con el derecho romano en diversas bibliotecas
públicas y privadas de Italia para Agustín) y por eso consigna únicamente
títulos y autores pero no se refiere nunca ni a la antigüedad de los libros
ni a su tamaño o material escriptorio13: es un simple inventario en el que,
eso sí, cada entrada tiene un número de orden – del 1 al 259 – que se
corresponde con la que debería ser la ordenación original de la biblioteca
de Hurtado e incluiría según Hobson sólo las adquisiciones realizadas en
Venecia y seguramente no aquellas que se incorporaron a la colección del
embajador en Roma. La copia de Jean Matal del Index Bibliothecae Iac.
Hurtadi Mendozae. Libri Graeci manuscripti conservada en el manuscri-
to de Cambridge tiene un enorme interés para nosotros: puesto que este
inventario no sigue una ordenación alfabética ni de contenido, Hobson
supuso que reflejaría las sucesivas adquisiciones a medidas que ésas se iban
produciendo y, por tanto, el crecimiento orgánico de la colección mien-
tras Hurtado de Mendoza estuvo en Venecia.
El inventario copiado por Matal no fue en cualquier caso un trabajo
de campo que partiese de la autopsia de los casi 260 códices griegos de
Hurtado, sino que es sencillamente una transcripción de títulos y autores
hecha a partir de un catálogo original de la bibliotheca graeca manuscrip-
ta de Hurtado que fue elaborado seguramente por Arnoldo Arlenio (ca.
1510-1582), bibliotecario del embajador español en Venecia. Este catá-
logo original de Arlenio – que no se conserva en la actualidad – era un
catálogo „crítico“ a juzgar por las anotaciones manuscritas que presen-
taba (algunas autógrafas del propio Hurtado) de las que dejaron cons-
tancia los bibliotecarios de El Escorial, que lo utilizaron en sus propias
labores de catalogación14. En esas anotaciones se señalaba la procedencia
de algunos códices, se subrayaba su importancia o se matizaba los pro-
blemas de autoría que presentaban determinados textos. Por poner un
ejemplo, el códice desaparecido en el incendio de El Escorial Escur. Δ IV
24 contenía el Comentario a la Física de Aristóteles de Jorge Paquimeres,

13. Excepcionalmente se indica el formato en las entradas 118 (Emmanuelis Brienij Mu-
sica et aliorum 4to), 127 (Chrysostomi aliquot Homiliae in 4to), 128 (Theodori Ducae Lascaris
Christianae Theologiae orationes octo sine fine 4to), 129 (Galeni Commentarij in Hippocratis
Prognostica et Aphorismos. Leontis Etymologiae in 4to), 236 (Theocritus in 4º) y 237 (Aesopi
fabulae in 8º).
14. Graux – De Andrés 1880/1982, pp. 215-218. Konrad Gesner se refiere al catálogo
en la dedicatoria de la cuarta edición de su Lexicon Graecolatinum de 1545 con las siguientes
palabras: «Ostendit nobis aliquando doctissimus vir Arnoldus Arlenius Peraxylus Graecae
supellectilis tuae catalogum».
322 Teresa Martínez Manzano

pero el título que encabezaba el manuscrito estaba semiborrado y en el


catálogo se advertía de que el verdadero autor del texto era el emperador
Juan Cantacuceno: lo sabemos porque señala esta circunstancia el copista
Nicolás de la Torre, scriptor de la biblioteca escurialense, en griego – ἐν
δὲ τῷ καταλόγῳ Διδάχου Μενδοκίου ἐγράφη ὅτι οὐκ ἔστι τοῦ Παχυμέρους,
ἀλλὰ τοῦ βασιλέως Ἰωάννου τοῦ Καντακουζηνοῦ – y otro bibliotecario o
amanuense del monasterio de El Escorial en latín: «in indice librorum
Didaci de Mendoça scriptum erat sic: Non est Pachymerae sed impera-
toris Cantacuzeni»15. Todo hace pensar pues que el catálogo de Arlenio
y Mendoza con este tipo de comentarios críticos ingresó en El Escorial
con todo el fondo Mendoza manuscrito pero desapareció en el fatídico
incendio de 1671.
Otra publicación que tiene gran interés porque ayuda, como la de
Hobson, a reconstruir el orden original de los libros de Hurtado de Men-
doza es la que Gregorio de Andrés escribió en 196116: en ella editaba dos
inventarios, el segundo de los cuales – con el título Theologici manuscripti
graeci <quos Hurtado de Mendoza collegerat>, conservado en el Vat. Reg.
lat. 349 (ff. 152v-160v) – incluye 103 entradas que corresponden a ma-
nuscritos de contenido teológico o eclesiástico: esas entradas conservan
el número original de la biblioteca mendociana, que en un caso17 es un
número más alto que el 259, que como se recordará es el número de la
última entrada del catálogo copiado por Jean Matal publicado por Hob-
son: se trata del número o entrada 26118. Por tanto, este documento pu-
blicado por De Andrés a partir del Vaticanus Reginensis incluye todos
los manuscritos griegos de Mendoza de contenido „cristiano“ reunidos en
Venecia y quizás en los años sucesivos en Roma, y el número de sus entra-
das indicaría que la biblioteca manuscrita griega del embajador llegaba al
menos hasta los 261 volúmenes. Otra ventaja de este inventario es que en
ocasiones indica el tamaño del libro distinguiendo entre mayor, mediano
y pequeño (mag. vol., med. vol., p. vol.).
Se conservan todavía tres inventarios más: uno de ellos está en el Vat.
lat. 3958 (ff. 232r-234v) y fue editado por Gregorio de Andrés en su artí-

15. Graux – De Andrés 1880/1982, pp. 216, 528.


16. De Andrés 1961, pp. 389-396.
17. Salvo que se trate de una errata material, como otras no infrecuentes en este artículo
de Gregorio de Andrés (véase la nota siguiente).
18. Efectivamente, la entrada que De Andrés 1961, p. 394, da como 277 (Libellus pri-
orum tractatuum) es una errata en lugar del correcto 217, número que en el catálogo de Matal
es descrito como Libellus diversorum priorum tractatuum cum aliquot dubijs eorumque soluti-
onibus.
La biblioteca manuscrita griega 323

culo de 196119: consta de 102 entradas que corresponden a 35 volúmenes,


pero no parece que reflejen – como cree el estudioso español – el núcleo
primitivo de la colección de Mendoza correspondiente a los años 1530-
1540. Por su parte, Alejo Revilla señaló la existencia de otras dos listas
de libros griegos de Hurtado20 que han permanecido inéditas hasta muy
recientemente, la del Vat. lat. 3958 (ff. 70r-73r) y la del Ambros. E 60 sup.
(ff. 52r-63r), esta última copiada en Salamanca en 1555. La publicación
de estos dos inventarios inéditos a cargo de Francesco Lo Conte ha per-
mitido establecer un parentesco textual entre los índices del Ambros. E 60
sup., Vat. lat. 3958, Brit. Lib., Egerton 602 y la copia de Juan de Iriante y
contribuye sin duda al mejor conocimiento de la génesis y crecimiento de
la colección mendociana21.
Pero no podemos concluir este apartado centrado en los inventarios
de la biblioteca de Mendoza sin dedicar unas palabras a dos testimonios
hasta ahora postergados. El primero es el del flamenco Antoine Morillon,
filólogo clásico y especialista en epigrafía y numismática22. Del mismo
modo que Konrad Gesner había compilado – según vamos a tener oca-
sión de ver – su Bibliotheca Universalis con el fin de dar a conocer autores
y obras inéditos hasta 1545, Morillon redactó en 1547 para su patrono
Antoine Perrenot – cardenal de Granvelle y estadista de Carlos V y Fe-
lipe II – un índice de los „mejores autores“ (Index meliorum auctorum
secundum artem) grecolatinos que incluía como apéndice una selección
de códices griegos de la biblioteca de Diego Hurtado de Mendoza. Este
documento se conserva en la Biblioteca Municipal de la ciudad francesa
de Besançon y ha sido recientemente editado23: la razón de que durante si-
glos haya estado en el olvido reside en la oscuridad que rodea a la figura del

19. De Andrés 1961, pp. 384-389.


20. Revilla 1936, pp. lxxxv-xci.
21. Lo Conte 2016 (agradezco vivamente a Francesco Lo Conte el haberme permitido
la lectura anticipada de su trabajo antes de ser publicado). Una inspección rápida del con-
tenido del manuscrito Ambrosiano que pudimos realizar en enero de 2016 ya nos permitió
concluir que se trata del mismo contenido del Memorial-Egerton utilizado por Charles Graux:
es un listado de autores y obras organizado alfabéticamente y agrupado en tres series temáticas
y fue transcrito a partir de un original proporcionado por el flamenco Hugo Helt, asentado
en Salamanca.
22. Crawford 1998.
23. Kimball Brooker 2014, pp. 93-102 y 116-118. En la Biblioteca Municipal de Be-
sançon se conserva la colección griega del cardenal Granvelle – 29 códices griegos de los que
tres o cuatro son antiguos – . Casualmente el documento que sirvió a Gregorio de Andrés para
reconstruir el número y contenido de los manuscritos e impresos de Hurtado que ingresaron
en El Escorial en 1576 procede de esa misma localidad gala: el Bisuntinus 1284 fue enviado
allí en torno a 1646 por el monje jerónimo Gabriel a Jules Chifflet, canónigo y gran vicario de
Besançon e hijo del médico de Felipe IV.
324 Teresa Martínez Manzano

propio Morillon, muerto además prematuramente, en 1556. Morillon fue


contratado por Granvelle como bibliotecario y secretario no más tarde de
1545 y enviado a finales de ese año a Venecia con el fin de incrementar la
biblioteca del cardenal. Para Granvelle compró Morillon un gran número
de incunables y ediciones aldinas que hizo encuadernar al artesano de-
nominado por Anthony Hobson „Fugger binder”. Pues bien, en Venecia
Morillon estableció contacto con Hurtado de Mendoza, el cual le ayu-
dó a seleccionar textos de filósofos e historiadores griegos y a contratar
copistas para confeccionar casi una veintena de códices para su patrono
Granvelle, manuscritos que, con el resto de la biblioteca del cardenal, se
encuentran en la actualidad en Besançon24. Tras una breve estancia en
Bruselas, Morillon volvió a Italia a finales de 1546, en concreto a Roma,
en donde sabemos que se encontraba también en 1547 y parte de 1548.
Allí reestableció el contacto con Mendoza (de hecho parece que residía
en el palacio imperial), que se había trasladado a Roma en calidad de em-
bajador imperial, y allí siguió buscando manuscritos griegos, aunque su
principal objetivo durante esa estancia romana fueron las obras de arte, ya
que se dedicó a encargar reproducciones de esculturas, pinturas, relieves
y obras arquitectónicas a fin de formar una colección de arte para Gran-
velle. En esa misión fue siempre auxiliado por Mendoza, que desde 1542
había establecido estrechos lazos de amistad con Perrenot de Granvelle y
que facilitó a Morillon y sus artistas – escultores, dibujantes – el acceso a
colecciones de arte privadas. Entre 1550 y 1552 Morillon estuvo de nuevo
en Roma realizando más encargos de reproducciones para Granvelle: su
estancia allí terminaría a la vez que la de Hurtado, que abandonó Italia
en junio de 1552. La selección de códices griegos mendocianos llevada a
cabo por Morillon es traída a aquí a colación a título puramente testimo-
nial, ya que no aporta luz sobre otros manuscritos que aquellos ya citados
por Matal o conocidos por otros inventarios. Morillon incluye 137 volú-
menes griegos del embajador que contienen en torno a 255 obras escritas
por 133 autores nominados25.
El segundo testimonio que no podemos pasar por alto es el de Gi-
rolamo Cardano (1501-1576). Este polígrafo y enciclopedista milanés es

24. Gollob 1908; Piquard 1964, pp. 12-14.


25. Kimball Brooker 2014, p. 18. La selección comienza con las palabras «hi sunt ex
omni numero selectiones». El primer item es «Cyrillus de adoratione in spiritu et veritate» y
el último «Bessarionis et Gemisti Plethonis varia». Las últimas palabras son «et quorumdam
extremi ordinis. Omnes sunt Graeci». Los autores y obras siguen una ordenación temática:
teología, filosofía, jurisprudencia, matemáticas, geometría, música, astronomía, astrología,
medicina, un grupo misceláneo, historia y otra miscelánea de literatura y gramática. No hay
ninguna referencia al tamaño, procedencia o antigüedad de los manuscritos.
La biblioteca manuscrita griega 325

autor de un tratado De rerum varietate, publicado en Basilea en 1557, en


cuyo último libro, el XVII (cap. xcviii), se incluye una lista de 68 títulos
de obras inéditas hasta ese momento y presentes en la biblioteca de Men-
doza, en su mayoría en griego salvo algunos textos latinos26. Los títulos
están ordenados según un criterio básicamente temático y responden a
los principales intereses de Cardano – medicina, ciencias de la naturaleza,
ingeniería, matemáticas, música, astronomía, geografía, adivinación o al-
quimia – pero no faltan otras áreas de conocimiento como la historia, la
gramática o la ascética. Tras las palabras «et pleraque alia graece scripta.
Nam horum maxima pars graece scripta est. Et apud don Diegum Hur-
tadum de Mendotia, Hispanum, Caesaris legatum, invenitur cum multis
aliis», añade Cardano dos entradas presentes igualmente en la biblioteca
mendociana, la conocida Biblioteca de Focio (Phocij de voluminibus quae
graece extant) y un extraño Damophyli de librorum selectu. La novedad de
este testimonio radica en que registra una serie de títulos – algunos con
serias alteraciones ortográficas – que no se encuentran en ningún inventa-
rio de los libros de Mendoza y que tampoco han podido ser identificados
con códices conservados27. Tal extremo no debe llevarnos a concluir de
manera automática que Cardano tuvo acceso directo a la biblioteca del
embajador, antes bien lo más probable es que conociese su contenido de
modo indirecto a través de los pínakes que circulaban por Venecia28, pero
quizás su fuente era sencillamente la Bibliotheca Universalis de Gesner.

3. El Locus y el exlibris
La mayoría de los códices griegos de Hurtado presentan en el margen
inferior del primero de sus folios un exlibris cuya fórmula más habitual
es D. Dio de Ma y que fue añadido a los libros ya en España por Antonio
Gracián (tav. 1)29. Como quiera que a veces tal exlibris no se encuentra,

26. Tal lista ha sido reeditada y comentada por Socas 2007.


27. Por poner algún ejemplo, la entrada 5 Moschion de affectibus mulierum corresponderá
al tratado de ginocología de Muscio, una versión latina del tratado de Sorano; la entrada 6
Georgij Conatij antidota Persica in graecum sermonem conversa hace referencia a una obra de
medicina de Jorge Coniates; la entrada 56 Sirac narratio impia et voces animalium es men-
cionada por Gesner entre los manuscritos griegos de la Vaticana; la entrada 58 Phelli de rebus
variis se refiere quizás a una obra de Miguel Pselo.
28. Zardin 2002, pp. 362-363, 369.
29. Unos pocos códices presentan, además del exlibris puesto por Antonio Gracián, una
marca de posesión distinta – «De don Diego Hurtado de Mendoça»– : se trata de los Escur.
T II 14 (f. 19); Φ Ι 8 (f. 1); Χ Ι 9 (f. 1); X I 14 (f. 1); X II 4 (f. 1). A ellos se añade el Τ Ι 9, en
cuya contratapa anterior está escrito «Este libro es de don Diego Hurtado de Mendoça». En
el Ψ IV 17 (f. 1r) se lee, quizás autógrafo de Hurtado, «Hic liber est Jacobi Hurtadi Mendozae
326 Teresa Martínez Manzano

por ejemplo porque el códice haya perdido sus folios iniciales en el proce-
so de reencuadernación en el taller de El Escorial, Graux se vio obligado a
recurrir a otros datos codicológicos para poder determinar si un manus-
crito había pertenecido o no a la colección mendociana. Constató de este
modo que los volúmenes que conservaban su encuadernación original –
es decir, no la típica del Monasterio que fue puesta a los ejemplares que
llegaron en mal estado o con una encuadernación defectuosa o demasiado
sencilla, o desprovistos de encuadernación, sino aquella que lucían los li-
bros en la casa del embajador – presentaban en el lomo un número escrito
con tinta negra (que a veces es casi ilegible en la actualidad), que debía
corresponder al número de orden original de la colección de Mendoza.
De este modo Graux pudo deducir que el Escur. Y III 17 era el nr. 17 de
la biblioteca de Hurtado y que el Escur. Y III 14 era el nr. 3630: dos códi-
ces de contenido médico carentes de exlibris, pero con su encuadernación
original. Gregorio de Andrés se sumó a esta importante adquisición he-
cha por el joven helenista francés refiriéndose al número de orden «que
aparece todavía en el lomo, escrito a tinta, de los códices que conservan la
encuadernación característica de Mendoza»31.
Afortunadamente resulta que no pocos manuscritos de Diego Hur-
tado de Mendoza conservan su encuadernación original, que puede ser de
varios tipos como veremos más adelante: son en total 63 libros. Si se cru-
zan los datos del número que se lee en el lomo de todos estos manuscritos
con los números conservados en el inventario copiado por Jean Matal, se
constata que coinciden a la perfección. Tomemos como ejemplo uno de
los códices que acabamos de mencionar y veamos qué ventajas aporta el
reconocimiento de este número en el dorso del libro: el Escur. Y III 14
contiene una selección de textos médicos – Pablo de Egina, Juan Zaca-
rías Actuario, Teófilo, Galeno, Avicena, Nicéforo Blemides, parte de los
Ephodia – . Carece del exlibris de Hurtado de Mendoza pero su conteni-
do corresponde básicamente con la entrada 36 del listado de los libros de
Hurtado copiado por Jean Matal32, y 36 es el número que a duras penas
puede leerse aún en el lomo. Por consiguiente, dado que el manuscrito

Granatensis» (tav. 2). Ésta pudo ser una primera tentativa de dotar a los libros de una marca
de propiedad a la que después se renunció en favor de la signatura locus y que después, ya en
España, fue sustituida por el exlibris D. Dio de Ma. En el R II 11 (f. 271) aparece escrito Καίσα-
ρος ἐστίν por una mano desconocida.
30. Graux – De Andrés 1880/1982, pp. 242-243.
31. De Andrés 1961, p. 383.
32. De pulsibus nonnulla. Theophilus de Excrementis. Avicenna de Urinis translatus ab
Actuario. Nicephori Blemide στιχηρὰ τῶν ιγ ὑελίων. Achmerti 2º lib. Viatici. Collecta Varia de
Antidotis et accessionibus ἐπιθεμάτων.
La biblioteca manuscrita griega 327

en cuestión no presenta el exlibris mendociano, ahora contamos con un


elemento más para poderlo incluir entre los libros del embajador que no
sea únicamente la correspondencia del contenido: el número inscrito en
el lomo de su encuadernación original.
Pero, ¿qué hacer con los manuscritos que no conservan su encuader-
nación original y que fueron reencuadernados en El Escorial? ¿Cómo sa-
ber qué orden guardaban en los estantes de Mendoza o, en el peor de los
casos, si no conservan el exlibris D. Dio de Ma, cómo saber que le pertene-
cieron? Vamos a explorar aquí una nueva vía que nos evita apoyarnos, para
la identificación de los manuscritos mendocianos, en su solo contenido.
Lo haremos analizando varios ejemplos. Examinemos en primer lugar un
manuscrito partido en dos: Escur. Φ I 18 + X I 13, en verdad dos membra
disiecta que en origen eran un único códice. Entre los dos contienen un
corpus de discursos de Elio Aristides seguidos de una antología de textos
clásicos (Libanio, Luciano, Sinesio de Cirene, Filón de Alejandría y otros
muchos autores) seleccionados por el patriarca Gregorio de Chipre. Ya
en la descripción de los dos ejemplares del Catálogo de 1965 Gregorio de
Andrés se había percatado de que compartían copistas33, pero mientras
que consideró el X I 13 propiedad de Hurtado de Mendoza – en virtud
del exlibris D. Dio de Ma de su f. 1 – , atribuyó dubitativamente el Φ I 18
– que no tiene ninguna marca de propiedad – a la biblioteca de Angelo
Giustiniani34. Señaló, eso sí, que el Φ I 18 conservaba en el margen supe-
rior del f. 1 lo que denominó literalmente «el número de orden de alguna
antigua librería, Locus 22?», que podía verse – advertía De Andrés – en
otros ejemplares conservados en El Escorial, por ejemplo, en los Escur. Ω
I 13 ó Y III 13.
Posteriormente, ha podido demostrarse que Φ I 18 + X I 13 son dos
partes de un único manuscrito confeccionado, en función de una serie de
rasgos paleográficos, codicológicos y textuales, por un círculo de copistas
que trabajaba a las órdenes de Gregorio de Chipre35. Pues bien, cuando
uno lee el inventario copiado por Jean Matal encuentra este códice en la
entrada 221 Aristidis Orationes. Libanij Luciani Synesij quaedam (…). Ex-

33. De Andrés 1965, p. 257.


34. Y en un trabajo posterior consideró también la posibilidad de que pudiera pertenecer
al profesor de teología José Micón: De Andrés 1968b, p. 277.
35. La tesis de que los dos manuscritos eran en origen uno solo se lee ya en 1988, en un
trabajo de Pérez Martín 1988, en donde se atribuían parcialmente al copista tesalonicense
Juan Catrares. Esta misma estudiosa ha analizado después los dos manuscritos insertándolos
en el contexto más amplio de la producción literaria de Gregorio de Chipre: Pérez Martín
1996, pp. 36-50. Posteriormente se ha reconocido además la mano del erudito Nicéforo Gre-
gorás en el X I 13: cfr. Bianconi 2005, pp. 433-434 y tav. 12.
328 Teresa Martínez Manzano

cerpta ex orationibus Philonis Hebracej. Y la explicación de los hechos se


hace evidente: en la biblioteca de Hurtado este códice ocupaba el pues-
to 221 y estaba seguramente sin encuadernar, lo que ocasionó la separa-
ción de sus siete primeros fascículos, que constituyen el actual Φ I 18 y
que lucen en el primer folio la marca Locus 22<1>. Cuando en España se
marcaron los libros de Mendoza con el exlibris D. Dio de Ma ya se había
producido esa disgregación física de los primeros cuadernillos y sólo se
estampó el exlibris en el más voluminoso X I 13. Cuando una y otra uni-
dad llegaron al taller de encuadernación de El Escorial recibieron sendas
encuadernaciones escurialenses y fueron considerados como volúmenes
sin ninguna relación entre sí36.
Consideremos ahora el caso del Escur. y III 16, de contenido teológi-
co y filosófico, que tampoco presenta la marca de propiedad de Mendoza:
en este caso Graux dedujo su origen mendociano por razones de conteni-
do al cotejar sus textos con la información de los antiguos catálogos que
se realizaron en El Escorial en los ss. XVI y XVII37. De Andrés llegó a la
misma conclusión y por el mismo método38, sin percatarse sin embargo de
que el códice correspondía al nr. 245 en el inventario que él editaba y 245
era significativamente también el número que se lee en el margen superior
del f. 2 del códice, más concretamente Locus 245 tachado39. Ni Charles
Graux ni Gregorio de Andrés comprendieron que la marca Locus seguida
de un número que aparece en los folios iniciales de bastantes manuscri-
tos antiguos de Mendoza es la signatura antigua de sus libros e indicaba
por tanto la localización de cada volumen en los estantes de la biblioteca
veneciana del embajador. Y efectivamente en el inventario copiado por
Matal la entrada 245 Theophili Episcopi contra Iudaeos libri 5 (...) Et Pselij
quaedam philosophica fue puesta en relación acertadamente por Hobson
con el Escur. y III 16.
El dato de que la marca Locus seguida de un número arábigo en el
margen superior de alguno de los primeros folios de los manuscritos in-
dica el número de orden de la bibliotheca manuscripta graeca de Diego
Hurtado de Mendoza tiene notables implicaciones para comprender la
génesis de esta colección, en primer lugar porque complementa la infor-
mación que aporta la copia del inventario de Jean Matal y permite corre-

36. A los dos manuscritos se les sometió a un diferente guillotinado y por eso no tienen
exactamente el mismo tamaño: Φ I 18 es de mm 306 × 228 (y de hecho la paginación primi-
tiva ha quedado en parte cortada), mientras X I 13 es de mm 315 × 238.
37. Graux – De Andrés 1880/1982, p. 242.
38. De Andrés 1961, p. 395.
39. Y no locus 256 como se lee erróneamente en el catálogo de De Andrés 1965, p. 239.
La biblioteca manuscrita griega 329

gir algunas identificaciones llevadas a cabo por Anthony Hobson entre las
entradas de ese inventario y los manuscritos conservados o desaparecidos
de Hurtado. La dificultad creada por el hecho de que la lista de Matal
describe el contenido de algunos códices de forma muy genérica y vaga
sumada a que en El Escorial se conservan varios manuscritos con el mismo
contenido obligó a Hobson en ocasiones a identificar los libros mendo-
cianos sin otro auxilio que el de esa indicación del contenido.
Veamos algunos ejemplos: el inventario de Jean Matal consigna el
item 22 Actuarij varia opera medica, en referencia a un manuscrito con la
obra del médico bizantino Juan Zacarías Actuario. Hobson identificó esta
entrada 22 con el Escur. Y III 5, un manuscrito de contenido médico que
transmite los llamados Εφόδια o Viaticum peregrinantium, una suerte de
vademecum de origen árabe traducido al griego por Constantino el Afri-
cano. Este Escur. Y III 5 carece del exlibris D. Dio de Ma porque se ha cor-
tado el primer folio original del manuscrito (entre el folio de guarda III y
el actual f. 1), lo que ha ocasionado que los Εφόδια comiencen mútilos. La
encuadernación actual del manuscrito es la del taller de El Escorial, por lo
que el lomo no presenta el número de ordenación original en la biblioteca
de Mendoza. Cuando sea en El Escorial, sea en Alcalá (más probablemen-
te esto último) Antonio Gracián, secretario de Felipe II, examinó el con-
tenido del manuscrito, lo catalogó poniendo en el margen superior del f.
III el título curationes vel receptaria ad varia morborum genera sine princi-
pio et fine y tachando la señal Locus 188, que era la signatura del códice en
la colección mendociana. En el inventario de Jean Matal la entrada 188
reza Curationes vel receptaria ut vocant recentiores ad varia morborum ge-
nera adhibenda, que Hobson no pudo relacionar con ningún manuscrito
en concreto pero que corresponde en verdad al Escur. Y III 5.
¿Dónde está entonces el manuscrito 22 de Mendoza con la obra de
Juan Zacarías Actuario que ingresó efectivamente en El Escorial en 1576?
Un códice de El Escorial conserva la obra completa de Actuario – De uri-
nis, De spiritu animalium, De methodo medendi – , el Escur. Φ III 12, que
Gregorio de Andrés adjudico en 1965 a la colección de Francesco Patrizi.
Este manuscrito, al que Gracián intituló como Actuarii varia opera medi-
ca, es con toda probabilidad el códice del embajador40, que carece sin em-
bargo de Locus, de número en el dorso y del típico exlibris mendociano.
En consecuencia, el nº 22 de la biblioteca mendociana es probablemente
el Escur. Φ III 1241 y el nº 188 es con certeza el Escur. Y III 5.

40. De hecho, De Andrés apunta su origen mendociano (y no de Patrizi) en Graux –


De Andrés 1880/1982, p. 533. Véase a este respecto Martínez Manzano 2015b, p. 118.
41. Aquí no contamos, por desgracia, con otra orientación que la del contenido.
330 Teresa Martínez Manzano

Otro ejemplo: en el inventario de Matal se lee la entrada 241 Quatuor


Euangelia, liber antiquus. Hobson identificó este item con el manuscrito
desaparecido Escur. H IV 21, que De Andrés42 describe como «Antiquus,
membranaceus, in quarto. Quattuor Evangelia». Sin embargo, la entrada
241 ha de identificarse en verdad con un códice conservado, y no desa-
parecido: el Escur. X III 15, un Tetraevangelio en pergamino, del s. XIII,
ilustrado con cuatro imágenes de los evangelistas, que presenta en el mar-
gen superior de su f. 1 la marca Locus 241 y en el margen inferior el exlibris
mendociano.
Evidentemente, la abundancia de códices bíblicos en El Escorial, y
particularmente en la colección de Mendoza, hace especialmente difícil la
exacta identificación entre un item y un códice: la entrada 194 Euangelia
et Epistolae secundum ritum ecclesiae Graecae del catálogo de Matal fue
asignada por Hobson al Escur. X III 13, cuando en realidad corresponde
al Escur. X III 12, un pergamináceo del s. XI que lleva en el margen su-
perior del f. 1r el Locus 194 y en el margen inferior el exlibris de Hurtado
de Mendoza (tav. 3). A su vez, la entrada 203 Euangelia secundum ritum
ecclesiae Grecae cum tonis de la lista de Matal no es el Escur. X III 11 – se-
gún pensaba Hobson – , sino el Escur. X III 13, escrito en uncial litúrgica,
que lleva, como en el caso anterior, en el margen superior del f. 1 el Locus
203 y en el margen inferior del f. IV el exlibris D. Dio de Ma. Tiene además
una notación musical marcada con tinta roja que se corresponde con la
indicación cum tonis del inventario.
En otras ocasiones, el Locus no hace sino confirmar las acertadas iden-
tificaciones a las que había llegado Anthony Hobson en 1999 cotejando
las descripciones de la lista de Matal con el contenido de los manuscritos:
así, el Escur. Ψ III 15 (s. XIII) muestra el Locus 181; el Σ III 9 (s. XIII) el
Locus 225; el Y III 13 (s. XIV) el Locus 227; el Ω III 18 (ss. XIII-XIV) el
Locus 23043; y el X III 5 (s. XII) el Locus 231. Todos estos manuscritos que
acabamos de traer a colación tienen en común el hecho de ser antiguos y
presentar el exlibris de Diego Hurtado de Mendoza añadido por Gracián.
En otros casos la marca Locus ha desaparecido por el guillotinado a que
fue sometido el manuscrito en el taller de encuadernación de El Escorial,
o bien porque los primeros folios han sufrido especialmente los efectos
del fuego del incendio de 1671 y del agua con que se sofocó y están por
ello ennegrecidos o manchados, o bien porque el primer folio ha desa-
parecido, pero la presencia del exlibris de Gracián asegura la pertenencia

42. De Andrés 1968a, p. 178.


43. Raspado en el f. 3 – la única vez que hemos encontrado esta marca raspada – y por
tanto apenas legible.
La biblioteca manuscrita griega 331

de tales ejemplares a la colección mendociana. Valgan dos ejemplos para


demostrar este aserto: en el Ψ III 7, un Dionisio Areopagita del s. XI con
encuadernación escurialense y nr. 204 de la lista de Matal, falta el f. 1. El
manuscrito comienza actualmente en el f. 2 y el exlibris D. Dio de Ma se en-
cuentra en el f. 3. Es probable que en el margen superior de ese f. 1 ausente
se encontrase la marca Locus 204; en el Y II 1, una catena a las epístolas
paulinas y a los Salmos de los ss. XIII-XIV escrita en papel oriental, con
encuadernación escurialense y nr. 183 del listado de Matal, el f. 1 está muy
deteriorado, en verdad lo estaba ya a finales del s. XVI, dado que Nicolás
de la Torre le pegó en el margen superior una tira de papel en la que él y
Antonio Gracián añadieron el título: es bajo ese margen superior restau-
rado en el s. XVI donde muy probablemente se encontraba la señal Locus
183 que hoy ya no podemos leer.
En fin, con respecto a la marca Locus, todavía podemos hacer alguna
reflexión: la primera es que, en general, ningún libro moderno, es decir,
ningún recentior encargado por Mendoza entre los años 1539 y 1546, pre-
senta esa signatura original en el primer folio de texto: la razón es que
el número de orden escrito a tinta en el lomo de las encuadernaciones
originales aseguraba la colocación del libro en los estantes de la librería
de Mendoza44; la segunda es que el embajador pudo tomar la idea de mar-
car sus libros con el término Locus de la biblioteca del cardenal Besarión,
conservada en la Biblioteca Marciana de Venecia y fuente para la copia
de muchos recentiores mendocianos, ya que los libros de Besarión tienen
como es sabido un shelfmark en griego y latín señalado con los términos
τόπος y locus seguidos de un número de orden.
La tercera reflexión invita a otorgar a esta marca Locus un valor des-
tacado en la reconstrucción de la génesis de la biblioteca de Mendoza. En
este sentido, podemos tomar en consideración un manuscrito al que no
se ha prestado hasta ahora ninguna atención, el Escur. T III 16. Contiene
la Gramática de Teodoro Gaza en una factura de la segunda mitad del s.
XV realizada por dos copistas (¿cretenses?) con aire de estilo Hodegón45.

44. Hemos encontrado una excepción en el Ω I 11, un recentior de 1543 provisto de su


encuadernación original con la Varia historia de Eliano, excerpta de insidiis sacados de varios
historiadores antiguos y los Stratagemata de Polieno: corresponde por su contenido al nr. 156
de la lista de Matal, pero tiene además el nr. 156 escrito en el lomo, número que se lee asimismo
en el margen superior del f. 1r (sin la palabra locus). En esta misma situación se encuentra el Φ
II 1, ejemplar de los ss. XV-XVI, con la marca locus 197 tachada en su primer folio (tav. 1), y
el T III 16, manuscrito del s. XV con el nr. 277 en su primer folio y sin la palabra locus (sobre
este códice véase enseguida).
45. El manuscrito no es del s. XVI como se lee en Revilla 1936, p. 543. Significativa-
mente Fernández Pomar 1986, p. 8, asigna todo el códice a la mano del sacerdote Jorge
Gregorópulo.
332 Teresa Martínez Manzano

Importante para nuestras consideraciones es la nota de la mano de An-


tonio Gracián en el margen superior del f. 1 – «Grammatica Theodori
Gazae in 18 cuadernos» – porque demuestra que el manuscrito estaba
sin encuadernar cuando entró en El Escorial. En la lista de Matal formada
por 259 entradas este volumen no se encuentra46, pero hay que advertir
que de nuevo en el margen superior del f. 1, a la derecha, junto a la antigua
signatura escurialense IV Λ 11, se lee el nr. 277 (sin el término Locus), y
parece probable que éste sea el numerus currens que se asignó al volumen
en la biblioteca del embajador. El T III 16 sería por tanto una adquisición
realizada en Roma posterior a la copia del catálogo de Jean Matal, y gra-
cias a este Locus podemos deducir que la biblioteca de códices griegos de
Mendoza constaba al menos de 277 ejemplares.
Para cerrar este apartado, conviene hacer aquí una reflexión sobre las
posibles causas de la ausencia del exlibris puesto por Gracián D. Dio de Ma
en algunos ejemplares. En algunos casos es evidente que una pérdida ma-
terial de texto ha ocasionado tal ausencia. Así, la entrada 107 del listado
copiado por Jean Matal es un Boethius de Consolatione philosophica cum
Annotationibus. Homeri Centones, descripción que corresponde sin duda
al Escur. Σ III 11, que contiene la Consolación de la filosofía de Boecio
en la traducción de Máximo Planudes acompañada del Centón homérico
de Eudocia. Se trata de un ejemplar del primer tercio del s. XIV copiado
por Miguel Luludes47 pero carece del exlibris de Hurtado de Mendoza,
que probablemente se perdió con motivo de la restauración material que
sufrió la sección inferior del f. 1. Por su parte, el Escur. Ω I 13 (s. XII),
con el Pentateuco y los libros históricos del Antiguo Testamento, presenta
en su f. 2 el Locus 229. Antes del f. 1 hay un resto de un antiguo folio en
pergamino en donde Gracián escribió una nota (reproducida después li-
teralmente en el folio de guarda III por una mano anónima) que se refiere
al origen de este ejemplar:
Bibliorum hystoriae volumen a Genesi ad libros Machabeorum
XLIII quaternionibus de quo in indice Didaci de Mendoça scriptum
erat manu propria sic: antiquum ante quam invenirentur libri Esdrae
inventum in scriniis Cantacuzeni et missum ab imperatore turcarum.

De esta nota pueden extraerse dos conclusiones de interés, a saber,


que Gracián tenía a mano y trabajaba en su catalogación de los códices

46. No parece que pueda identificarse con el nr. 216 (Institutiones Grammaticae incerti
autoris), al que no se ha podido asociar ningún manuscrito concreto, ya que en el T III 16 se
señala muy claramente al comienzo de cada libro de la Gramática la autoría de Gaza.
47. Bravo García – Pérez Martín 1998.
La biblioteca manuscrita griega 333

escurialenses con el „catálogo crítico“ de Hurtado de Mendoza que ha


desaparecido y que este manuscrito es un regalo del sultán Solimán I so-
bre el que luego volveremos48. Es probable que el exlibris de Gracián se
leyese en el antiguo folio en pergamino del que sólo queda un fragmento,
pero el Locus 229 asegura que esta Biblia formaba parte de los libros del
embajador49.
Veamos otro ejemplo de un códice mendociano al que le falta el ex-
libris de Gracián: uno de los libros más sobresalientes de la colección de
Mendoza es el Escur. R II 11 (ca. 97550), que contiene un Hexacontabiblos,
es decir, la Synopsis maior 60 Basilicorum o Basílicas – las leyes imperiales
promulgadas en el reinado del León VI el Sabio que revisaban y adap-
taban la codificación previa de Justiniano – : Hurtado lo prestó y de su
ejemplar se hicieron entre 1564 y 1565 tres copias gracias a los servicios
del copista Nicolás de la Torre51. Es Diego de Covarrubias quien en julio
de 1565, refiriéndose al R II 11, relata al obispo Antonio Agustín que De
la Torre le ha copiado «otro libro que me prestó don Diego de Mendoza
que se intitula Ἐκλογὴ καὶ σύνοψις τῶν Βασιλικῶν κατὰ στοιχεῖον». Por
tanto, al menos entre los años 1564 y 1565, el Escur. R II 11 abandonó
la residencia de Mendoza en España y no sabemos cuándo regresó a ella.
Como quiera que este libro fue sustraído fraudulentamente de El Esco-
rial en torno a 1822 y devuelto en 184952, durante su breve estancia en
Alemania se le desposeyó de la encuadernación que tenía y de sus hojas
de guarda originales y se le rasparon antiguas signaturas y marcas de pro-
piedad, por lo que actualmente está cubierto de una encuadernación en
cartón tapizado de papel alemán53. Con certeza, la ausencia del exlibris
mendociano se debe en este caso a estas maniobras que pretendían elimi-
nar cualquier rastro del origen del Escurialensis robado54.

48. Véase más adelante el apartado § 10. Los que dio el Turco.
49. Y además está incluida en la lista de los códices de Mendoza que ingresaron en El
Escorial en 1576.
50. Burgmann 1995, pp. 63-64.
51. Una en 1564 para el jurista Eduardo Caldera (Cambridge, University Library
Kk.V.11), otra en 1565 para Diego de Covarrubias (Salamanca, Biblioteca Universitaria
2737) y una tercera para el hermano de éste Antonio de Covarrubias (Escur. Σ I 8), igualmen-
te de 1565.
52. Junto con el R II 12, que había pertenecido a Antonio Agustín y contenía asimismo
un Hexacontabiblos.
53. Graux – De Andrés 1880/1982, pp. 244-246; De Andrés 1966.
54. Por otra parte, hay que señalar que, dado que el Memorial editado por Graux señala
la existencia de dos copias de las Basílicas propiedad de Hurtado (nr. 81: Legum liber qui
inscribitur Hexacontabiblos, per literas digestus y nr. 163: Legum liber Hexacontabiblos), salvo
que se trate de una entrada erróneamente duplicada, habrá que pensar que Hurtado de Men-
334 Teresa Martínez Manzano

En este mismo orden de cosas, examinemos ahora un manuscrito


de Ptolomeo, el Escur. Ω I 1. Se trata de un códice cartáceo in folio, de
formato imponente, que contiene cuatro importantes obras del científico
griego: Almagestum (o Syntaxis mathematica), Geographia, Tetrabiblos y
el apócrifo Centiloquium. Según informa la detallada suscripción del f.
118v, fue copiado en 1523 por Bernardino Donato, sobre el que volvere-
mos más adelante. Este manuscrito luce una encuadernación típica del ta-
ller de El Escorial – por tanto, no tiene ningún número en el dorso – y no
presenta el exlibris mendociano, pero se relaciona forzosamente con Men-
doza porque una de las últimas entradas del inventario copiado por Jean
Matal coincide con su contenido: 257. Claudij Ptolemei Almagestum.
Item Centiloquium. Item Geographia cum Tabulis y porque en la entrega
oficial de los libros mendocianos de 1576 figura – bajo el número 424 – el
lema Ptolemaei almagestum, geographia, quadripartium et centiloquium,
in folio maiori. Y no hay entre los manuscritos de El Escorial – ni entre
los conservados ni entre los desaparecidos – otro Ptolomeo que incluya
estas obras. ¿Por qué entonces, siendo necesariamente éste un libro del
embajador, no presenta el típico exlibris escrito por Gracián? Una posible
explicación se encuentra en una carta que Hurtado de Mendoza dirige
desde Granada a Jerónimo Zurita el 1 de diciembre de 1573, por tanto ya
en España y sólo dos años antes de su muerte. Dice así:
Vuestra merced me avise dónde paró el Theolomeo griego de mano
que llevó para el doctor Juan Páez porque le querría recoger junta-
mente con alguno otro libro griego de mano que quedó en poder del
obispo de Plasencia, del que tengo firma suya, el cual se había resuelto
a encargar su conciencia por libros ajenos55.

Estas palabras, que dejan por otra parte constancia de la liberalidad


de Hurtado de Mendoza a la hora de prestar sus libros, han de relacionarse
a su vez con un inventario de libros de Zurita que se encontraron entre

doza poseía un segundo códice con esta obra. El inventario copiado por Jean Matal menciona
bajo el item 14 un Liber legum qui inscribitur Hexicontabiblus, per ordinem litterarum dige-
stus, identificado con el R II 11, y bajo el item 27 unas Leges regales Imperatoriae innominati
auctoris. Manassae chronicon versibus politicis que no han podido ser relacionadas con ningún
manuscrito conservado. Según la lista en la que se hace entrega de los códices de Hurtado en
1576 al Escorial que publicó De Andrés, en esa fecha sólo entró un códice de jurisprudencia
(Basilicorum librorum compendium, ordine alphabetico), el R II 11. Es posible que ese otro
Hexacontabiblos de Hurtado sea el desaparecido Escur. Z II 19, que ingresó en El Escorial en
1570 con los libros de Páez de Castro, un antiquus in folio que Mendoza pudo prestar a Páez.
Cfr. Graux – De Andrés 1880/1982, p. 256; Domingo Malvadi 2011, pp. 281-282,
294, 320.
55. Graux – De Andrés 1880/1982, p. 204; Domingo Malvadi 2011, p. 531.
La biblioteca manuscrita griega 335

los libros de Juan Páez de Castro cuando éste murió en 1570. Al saber
de la muerte de Páez, Hurtado reclama el Ptolomeo que en su día le había
prestado con la intermediación de Zurita, a fin de poder incorporarlo a
la donación en bloque de sus manuscritos griegos para El Escorial. En ese
inventario, la entrada 9-10 dice:
Item las obras de Ptolomeo, en griego, en papel de marca grande, de
mano, encuadernado en pergamino, que se le prestó don Diego de
Mendoza y él le dejó en prendas unas obras de St. Cipriano, de mano,
en pergamino, de letra mayúscula56.

La noticia tiene gran interés – aparte de por desvelar que el Ptolomeo


tenía una sencilla encuadernación en pergamino que fue sustituida por la
típica y más robusta de El Escorial que luce en la actualidad, y por poner
de manifiesto que el préstamo a Páez era una permuta temporal de libros
– porque da pie a suponer que, en el momento en el que los manuscritos
griegos de Mendoza fueron provistos de la marca D. Dio de Ma, el Escur.
Ω I 1 no estaba entre ellos porque quizás se encontraba todavía en la casa
de Páez57. Por otra parte, el pasaje de la misiva a Zurita de diciembre de
1573 que acabamos de citar viene precedido de unas palabras de Hurtado
de Mendoza que son significativas:

56. Domingo Malvadi 2011, pp. 162-163.


57. Los libros de Páez de Castro, seleccionados, se incorporaron a la biblioteca de El
Escorial en diversas entregas, entre 1571 y junio de 1574, y por tanto, no en bloque. Al margen
de esto, también tiene interés, en el fragmento de la carta a Zurita de diciembre de 1573 que
acabamos de reproducir, la mención al obispo de Plasencia, que, según Hurtado, tenía en su
poder «alguno otro libro griego de mano» de Hurtado y además era persona propensa a
quedarse con los libros ajenos. El obispo de Plasencia es Pedro Ponce de León, nombrado
Inquisidor General en diciembre de 1572, muerto en los primeros días del año 1573 y muy
conocido entre sus contemporáneos por poseer una selecta biblioteca que fue donada por
testamento a Felipe II. En el inventario de la biblioteca de Ponce de León que el corregidor de
Plasencia hizo a su muerte figuran algunos manuscritos que estaban marcados como volúme-
nes prestados por diversas personas y que, en el momento de morir, el obispo había mandado a
su testamentario el licenciado Laguna para que fuesen restituidos a sus propietarios originales.
Por otra parte, el historiador real Ambrosio de Morales tenía instrucciones expresas del rey
de adquirir de sus legítimos propietarios también esos volúmenes prestados a Ponce de León,
que en principio se podían suponer como raros y de gran valor, porque se tenía noticia de que
«el obispo tenía libros griegos, de los quales no parece ha venido ninguno en el inventario que
hizo el corregidor». Lo cierto es que en El Escorial no hay constancia de que haya ingresado
ningún manuscrito griego procedente del testamento de Pedro Ponce de León y que su deseo
último de devolver los códices que tenía prestados se cumplió al menos en parte, ya que el
menologio de 1326 conservado en el manuscrito Villamil 26 de la Biblioteca Histórica de la
Universidad Complutense de Madrid y perteneciente al Colegio Mayor de San Ildefonso en
Alcalá ya desde 1512, después de prestado al obispo de Plasencia fue devuelto en 1572, según
consta en su folio inicial de guarda: «restituyóse el año mill y quinientos y setenta y dos años.
Teníale el obispo de Plasencia» (cfr. De Andrés 1974, pp. 232-234). Cabe pensar pues que
el libro o los libros de Hurtado prestados a Ponce de León y cuyo contenido ignoramos tam-
bién fueron efectivamente devueltos e ingresaron con todo el lote de Mendoza en El Escorial.
336 Teresa Martínez Manzano

Yo ando juntando mis libros y embiándolos a Alcalá por que el señor


dotor Velasco, que aya gloria, me escrivió que Su Magestad se quería
servir de ellos y mandarlos ver para ponellos en El Escurial58.

A la luz de esta carta queda claro que en los últimos años de su vida
Mendoza hizo un esfuerzo por recuperar algunos (quizás bastantes) li-
bros que había prestado a otras personas, con el fin de poder donar al
monarca su biblioteca de la forma más completa posible – biblioteca que
en 1573 el rey ya consideraba suya – , y que, como acabamos de ver con
el Ptolomeo prestado a Páez, algunos pudieron no llegar a tiempo para
recibir el exlibris.
Si embargo, me parece que la ausencia del exlibris D. Dio de Ma puede
encontrar otra explicación. Mendoza murió en la noche del 13 al 14 de
agosto de 1575. Pocos días antes, el 6 de agosto, había otorgado testa-
mento legando todos sus bienes a Felipe II, quien nombró procurador
general de la herencia a su secretario Antonio Gracián59. En la declaración
de bienes del testamento se dice: «Tengo los libros que parescen por el
inventario que está en poder de Gracián, griegos, latinos y arábigos, y más
destos fuera de inventario de mano y de molde libros de gran estimación y
valor». Estas palabras indican que una serie de manuscritos e impresos no
figuraban en el inventario entregado a Gracián, sino que se inventariaron
después junto con joyas y otros objetos de valor de Mendoza. Entre esos
volúmenes inventariados aparte figuraba el Ptolomeo Ω I 160 y otros doce
manuscritos griegos cuyo contenido no se especifica61. Por tanto Hurtado
había separado en una escribanía aparte, ya en España, una serie de ejem-
plares que quizás tenían un valor o un significado especial para él.
La tarea de examinar los códices mendocianos, determinar su conte-
nido, marcarlos con el exlibris y asignarles una eventual colocación en las

58. Graux – De Andrés 1880/1982, p. 204.


59. Revilla 1936, pp. lxxxvi-lxxxviii.
60. «Un libro de papel de marca mayor, escripto de mano, en griego, con cubiertas de
pergamino, que son obras de Tolomeo».
61. «En la villa de Madrid este dicho dia é mes (sc. 25 de agosto de 1575) (…) el di-
cho señor Secretario Antonio Gracián (…) fue a la posada del dicho Don Diego Hurtado
de Mendoza, é demás del inventario que está hecho, se abrió el escriptorio, cuya llave tenía el
Secretario Antonio Pérez (…) y en el dicho escriptorio había lo siguiente: (…) idem doce libros
griegos escriptos de mano, enquadernados». Agulló Cobo 2010, pp. 76-111, ha reeditado
el inventario de los libros de Hurtado que precede a su testamento dictado el 6 de agosto de
1575. Tal inventario incluye exclusivamente impresos, salvo la mención a este Ptolomeo (nr.
218) y a los otros doce manuscritos griegos (nr. 263-274) que quedan sin especificar. En pp.
118-124 Agulló Cobo describe el traslado de la biblioteca mendociana de Granada a Alcalá
y el fallido intento del antiguo embajador de no ceder todos sus libros en bloque a Felipe II,
sino de donar parte de ellos a su pariente el duque del infantado Ínigo López de Mendoza
(1536-1601).
La biblioteca manuscrita griega 337

baldas de El Escorial recayó en Gracián, quien a principios de marzo de


1576 estaba todavía inmerso en ese trabajo62. Pero Gracián estaba enfer-
mo y murió el 6 de abril. De hecho no pudo asistir a la entrega oficial de
la biblioteca real, que autorizó el 2 de mayo su hermano Lucas Gracián.
Como seguramente Antonio había procedido a examinar primero los ma-
nuscritos griegos según el orden del inventario que se le había entregado,
debió de dejar para el final los doce códices griegos más el Ptolomeo in-
ventariados con las joyas y otros objetos. Y ésta es probablemente la razón
que explica que, además del Ω I 1, tampoco muestre el exlibris autógrafo
de Gracián el Ω I 863, un gran compendio de medicina del s. XIV con ex-
cerpta de diversos médicos tomados de los llamados ᾽Εφόδια, aunque este
último sí presenta en su f. 1 el Locus 184, lo que confirma su pertenencia a
la biblioteca del embajador64.

4. El criterio organizativo de la biblioteca


Debemos abordar en este punto un problema no menor de la lista de
autores y obras copiada por Jean Matal, a saber, el del criterio que orga-
nizaba esa lista que incluye 259 entradas, en definitiva, el criterio por el
que se ordenaba la biblioteca en sí. Efectivamente, si a modo de muestra
examinamos los diez primeros títulos del inventario de Matal no recono-
cemos en ellos un orden de tipo temático ni tampoco alfabético:
1. Achmet medici filij Habramij libri VII (…)
2. Ioannis Cantacuzeni ad epistolam Sampsatine Persae missam (…)
3. ἄχμεθ Achmeth filij Habramij libri VII (…)
4. Dictionarium per ordinem litterarum (…)
5. Ioannis Damasceni logica et theologica capita (…)
6. De cura equorum varia capita (…)
7. Io. Curopalati historia (…)

62. «Querría en esta quaresma por entretenimiento y poco a poco acabarlos de ver, y
spero en nuestro Señor que mediada ella estaré para caminar y seguir, que agora todavia estoy
flaco». No aportan ninguna novedad sobre Gracián y sus trabajos de bibliotecario los tres
artículos de Llamas Martínez 1995, 1997, 1998, que están basados en las mismas fuentes
que ya utilizaran Charles Graux, Guillermo Antolín y Alejo Revilla.
63. Y quizás sea el caso también de los Escur. Φ III 12, Y III 14, Y III 17, y III 16, todos
carentes del exlibris.
64. Sorprendentemente el Ω I 8 no figura en el inventario de los manuscritos mendocia-
nos que ingresaron en El Escorial en 1576 en ninguna de sus secciones. Tanto Ω I 1 como Ω
I 8 son dos manuscritos de gran formato, en tamaño folio y de dimensiones espectaculares,
pero no parece que su tamaño fuese el único motivo para una colocación aparte en la casa de
Mendoza: el Escur. Ω I 9 es una manufactura de Zacarías Calierges del mismo formato que los
anteriores que sí presenta el exlibris D. Dio de Ma.
338 Teresa Martínez Manzano

8. Dioscoridis opera ordine litterarum (…)


9. Aetij libri V et VI.
10. Galenus de symptomatibus lib. VI (…)

Además de constatar que entre estos primeros diez libros prevalecían


los de contenido médico, vemos que los códices de medicina aparecen
mezclados con los de teología o historia y en ningún caso se sigue un
orden alfabético. De esta circunstancia, Anthony Hobson, el editor del
inventario de Matal, extrajo dos conclusiones, a saber, que la lista con las
259 entradas reflejaba cual estratos las sucesivas adquisiciones de la co-
lección y que los 259 items correspondían todos ellos a libros adquiridos
durante la embajada veneciana, entre 1539 y 154665. Se seguiría de estas
dos conclusiones del estudioso británico 1. que en la lista deberían estar
juntas todas las compras realizadas por Nicolás Sofiano en Oriente a ex-
pensas de Mendoza en el año 1543 (véase más adelante § 7) y también to-
dos los manuscritos donados por Solimán (véase más adelante § 10), pues
ambos lotes de códices habrían ingresado en bloque, y 2. que en aquellos
manuscritos recentiores dotados de fecha de copia los transcritos en los
primeros años de la estancia veneciana de Mendoza ocuparían los núme-
ros más bajos y los transcritos en los últimos años los más altos, puesto
que a medida que se iban copiando y haciendo encuadernar los libros es
de suponer que Mendoza o su bibliotecario los irían colocando ordenada-
mente en los estantes de la biblioteca. Hobson observaba asimismo que
había un grupo de entradas – de la 101 a la 130 – que englobaban más o
menos manuscritos antiguos y que podrían corresponder a las compras
de Sofiano en su expedición a Oriente de 1543, mientras que había otro
grupo de entradas – de la 200 a la 250 – también con códices de antigüe-
dad entre los que estaba el Escur. Ω I 13 regalado por el Turco y entre las
cuales debería estar, consecuentemente, la treintena de libros obsequio
del Sultán66.

65. Hobson 1999, pp. 73-77.


66. Hobson partía, por cierto, del presupuesto, discutible, de que todo aquello que Ni-
colás Sofiano compró y todo aquello que Solimán regaló eran manuscritos antiguos, a saber,
anteriores al s. XV, cuando es perfectamente posible que entre las adquisiciones de Sofiano y
entre los libros regalados por Solimán hubiese códices del s. XV y de la primera mitad del s.
XVI. En este punto hay que advertir, además, que muy poco se puede precisar sobre la fecha
de copia de los manuscritos desaparecidos en el incendio de El Escorial de 1671 (Gregorio
de Andrés establece, en función de los datos de los que disponía al elaborar su Catálogo de los
códices griegos desaparecidos de El Escorial, una distinción muy vaga entre antiquus – anterior al
s. XV– y recentior – ss. XV y XVI– ), y que no pocas de las dataciones que se leen en el catálogo
de Alejo Revilla de los volúmenes colocados en los plúteos R, Σ, T son erróneas, al punto de
que varios manuscritos que vienen asignados por Revilla al s. XVI son en realidad del s. XV o
incluso del s. XIV.
La biblioteca manuscrita griega 339

La realidad parece ser bien distinta de como ha sido descrita por


Hobson y creo que la composición del cuadro realizada por este estudioso
puede verse desmentida, en primera instancia, por las fechas de los ma-
nuscritos recentiores y su posición en la lista de Matal: basta ver en ella,
por ejemplo, que el item 45 está ocupado por un manuscrito de 1544, el
item 47 por uno de 1541, los items 72 y 73 por sendos códices de 1543,
los items 79 y 81 por otros dos ejemplares de 1542, el item 94 por un libro
de 1545 y el item 135 por uno de 1543. Es decir, no hay una ordenación
cronológica. Es evidente que los recentiores no iban siendo colocados en
los estantes del palacio del embajador a medida que iban llegando con su
lujosa encuadernación de Andrea di Lorenzo de forma ordenada uno tras
otro, sino que, según me parece, Arnoldo procedió probablemente hacia
el final de la embajada veneciana de Hurtado a una ordenación que incluía
dotar a cada libro de un numerus currens, número que fue escrito en el
primer folio del texto principal si el manuscrito no tenía encuadernación
y en el lomo si la tenía.
Hay otros argumentos que apuntan a que los libros no fueron colo-
cados de manera inmediata y en los bloques en que se sucedían las adqui-
siciones: en una de las listas de los manuscritos mendocianos editada por
Gregorio de Andrés en 1961 – la del Vat. lat. 3958 – se incluye al final un
elenco de seis libros bajo el epígrafe Libri vetustissimi qui nuper emit67.
Tal título hace pensar que serían seis libros comprados seguramente en
un mismo momento (pero ignoramos absolutamente cuál) y quizás pro-
venientes de una misma biblioteca. Tres de ellos pueden identificarse con
casi total certeza. La lista es la siguiente:
Acta Apostolorum et divi Pauli cum epistolis canonicis (X IV 9)
Novum Testamentum cum latina traslatione
Psalterium cum commentarium Hesyquii, Ephesini et aliorum (M IV 2)
Divi Ioannis Chrysostomi nonnullae homiliae
Ecloga et synopsis librorum Basilicarum cum ordine litterarum (R II 11)
De fide orthodoxa christianorum.

Pues bien, si buscamos en la lista de Matal los tres títulos que hemos
identificado con los Escur. X IV 9, M IV 2, R II 11, comprobamos que no
están próximos entre sí, sino que ocupan respectivamente los puestos 243,
205 y 14. No es éste, ciertamente, un argumento decisivo, pero puede ayu-
dar a apuntalar la hipótesis de que quizás en torno a 1545 Arnoldo pro-

67. De Andrés 1961, p. 389.


340 Teresa Martínez Manzano

cedió a una recolocación de los libros de Mendoza atendiendo a criterios


que no eran los del momento del ingreso efectivo de éstos en la biblioteca
del embajador.
Seguramente esta ordenación respondía, en no pequeña medida, a
un criterio de tamaño. Ello explicaría que todos los recentiores in folio es-
tén reunidos en grandes grupos – por ejemplo entre las entradas 42-96
– y que a lo largo de la lista de Matal encontremos también agrupaciones
significativas de manuscritos de tamaño pequeño – por ejemplo entre las
entradas 28-3668 – . Pero me parece que el criterio predominante, junto
con el del formato, era el del tipo de encuadernación: se trataba por tanto
de un criterio de orden estético. Para ahondar en este punto es necesario
saber, en primer lugar, cómo eran las encuadernaciones de los libros de
Mendoza.
Ya hemos adelantado que 63 manuscritos griegos mendocianos con-
servan su encuadernación original, y ésta puede ser de tres tipos69: 1) 34
ejemplares lucen una encuadernación veneciana bicolor (la tapa anterior
y la mitad del lomo es roja, mientras la tapa posterior y la otra mitad del
lomo es negra. También el corte lateral está teñido mitad en rojo, mitad
en negro) y alla greca decorada con medallones dorados en las tapas70; 2)
24 ejemplares conservan una encuadernación veneciana alla latina con
cubiertas en rojo trabajadas en seco71; 3) cinco ejemplares presentan una
encuadernación también en rojo aparentemente alla greca, que probable-
mente es una encuadernación bizantina restaurada en Italia mediante el
sencillo expediente de cubrirla con un nuevo forro de cuero72. El aspecto
de las encuadernaciones del segundo y tercer grupo es similar, porque, aun-
que estructuralmente se diferencian (uno es alla latina y otro alla greca),
desde un punto de vista ornamental son iguales: el cuero presenta el mis-
mo color y los motivos decorativos, trabajados en seco, son occidentales.
A estos 63 manuscritos se suman otros dos – Escur. Φ I 17, Ω II
8 – que presentan sendas encuadernaciones aparentemente realizadas en

68. 28. Γ V 4, in octavo; 29. Θ IV 11, in quarto minori; 30. Ψ IV 17, mm 188 × 143; 31. Y
III 15, mm 219 × 144; 32. A V 4, in quarto; 33. Ω IV 8, mm 198 × 145; 34. H V 20, in octavo;
35. Ψ III 13, mm 235 × 159; 36. Y III 14, mm 212 × 149.
69. Martínez Manzano 2016a. Previamente cfr. Hobson 1999, pp. 93-138.
70. Escur. R II 4, R II 6, R II 8, T I 8, T I 9, T I 10, T I 13, T I 14, T I 16, T II 4, T II 5,
Φ I 8, Φ I 10, Φ I 11, Φ I 12, Φ I 13, Φ I 15, Y I 10, Y I 11, Y I 15, y I 4, y I 5, y I 8, y I 10, X I
5, X I 7, X I 9, X I 10, X I 12, X I 14, Ψ I 6, Ψ I 9, Ψ I 10, Ψ I 13.
71. Escur. Σ I 17, Σ II 5, T I 15, T II 14, Φ I 2, Φ I 5, Φ I 6, Φ I 14, Y I 1, Y I 3, Y I 8, Y
I 9, Y I 12, Y III 2, Y III 11, Y III 14, Y III 17, X I 4, X I 11, X II 4, Ψ III 11, Ψ III 13, Ω I
11, Ω IV 8.
72. Escur. Σ III 4, T III 14, Φ III 18, Y III 15, Y III 16.
La biblioteca manuscrita griega 341

el taller de El Escorial. Decimos „aparentemente“ porque en verdad lo


único que se hizo con ellas en El Escorial – merced al buen estado en que
se encontraba su estructura – fue restaurar sus cubiertas mediante el fácil
recurso de encolarles un nuevo forro. El Φ I 17 lucía en origen la encua-
dernación bicolor alla greca, como podemos deducir por el tono bicolor
del corte lateral, mientras el Escur. Ω II 8, del año 1312, tenía una típica
encuadernación bizantina. Al haber sido forradas de cuero en el taller de
El Escorial no conservan el número de orden escrito a tinta en el lomo,
pero podemos deducir qué aspecto tenían en la biblioteca veneciana de
Mendoza.
A este cuadro de conjunto hemos de añadir el dato de que – a la espe-
ra de ser encuadernados o debido al agotamiento de los recursos económi-
cos de Hurtado – bastantes manuscritos tendrían en el palacio veneciano
del embajador una simple cubierta de pergamino, que fue sistemática-
mente eliminada en el taller de encuadernación de El Escorial, y que otros
códices carecerían de cualquier tipo de encuadernación. El primero de
estos extremos se deduce de un inventario de libros – al que nos hemos
referido en las páginas anteriores – en el que se elenca el Escur. Ω I 1, un
códice de Mendoza con obras de Ptolomeo prestado a Páez (y después en
manos de Jerónimo Zurita) y del que se dice que estaba «encuadernado
en pergamino»; el segundo se deduce del documento con la relación de
todos los manuscritos griegos de Mendoza que ingresaron en El Escorial
en 1576 en el que en varias ocasiones se hace referencia a los cuadernos o
folios sueltos de algunos volúmenes73.
Que el criterio adoptado por Mendoza y Arlenio para ordenar los
casi 300 volúmenes griegos de la biblioteca del César imperial era de or-
den estético se deduce de que 1. la gran mayoría de las encuadernaciones
originales de los grupos 2) y 3) – alla latina o alla greca, pero con idén-
tica decoración en rojo, con hierros en seco y motivos occidentales – es-
tán todas juntas, o mejor, agrupadas entre las entradas 1-36 y 140-179;
2. las encuadernaciones alla greca del modelo bicolor se localizan entre
las entradas 44-96. En consecuencia, diríase que lo que primaba era un
criterio formal por el que los libros se agrupaban en función de su aspecto
externo, siendo factores determinantes el tamaño y el tipo de encuaderna-
ción. La conclusión que extraemos de todo esto es que el nr. 1 de la lista

73. (510) «Un legajo en folio de fragmentos y hojas de libros griegos manuscritos en
papel y pergamino que se debe guardar, porque podría haber en él faltas y defectos de libros
hasta verse y concertarse»; (516) «Un legajo con 29 cuadernicos que contiene las obras si-
guientes…» (= Escur. Δ III 14); (517) «Otro legajo de fragmentos y hojas de libros en cuarto
que se debe guardar hasta verse y concertarse»; (525) «Theodori Gazae, decem et octo qua-
ternionibus» (= Escur. T III 16): cfr. Graux – De Andrés 1880-1982, pp. 537-539.
342 Teresa Martínez Manzano

de Matal, Achmet medici filij Habramij libri VII (…), que se correspon-
de al Escur. T II 14, no tiene por qué ser necesariamente el primer libro
que Hurtado compró al llegar a Italia, como creía Hobson. Si estamos
en lo cierto al proponer aquí una ordenación que atendía primeramente
al formato externo y (quizás subsidiariamente al criterio de antigüedad),
podemos corregir alguna identificación de Hobson: así la entrada 101 de
Matal Synesij orationes et epistolae. Libanij orationes declamationes et epis-
tolae no podría corresponder al Escur. T II 3, como propone Hobson, en
primer lugar porque este manuscrito contiene en realidad una síloge de
epístolas de muy diversos autores incluido el período bizantino medio,
pero ninguna oratio o declamatio (y apenas nada de Sinesio), pero tam-
bién porque por su colocación entre las entradas 98-107 esperaríamos en
este puesto un manuscrito antiguo en tamaño cuarto y no este recentior
copiado por Jorge Bebaines en Trento de mm 305 × 200. Creo que la en-
trada 101 habrá que identificarla con el deperditus Γ III 20, que contiene
exclusivamente obras de Sinesio y Libanio y es un antiquus in quarto. Por
este mismo motivo, el item 144 Theodoreti Cyrensis Episcopi Commentarij
in omnes D. Pauli epistolas tendría que ser en teoría un recentior in folio,
porque todas las entradas que anteceden y siguen a ese item 144 son ma-
nuscritos de esas características: no puede corresponder, por tanto, como
sugería Hobson a los ff. 1-268 del Escur. Y II 1, de los ss. XIII-XIV (que
además no contienen el comentario de Teodoreto de Ciro), sino segura-
mente al deperditus I I 5.

5. En el taller de encuadernación
Volvamos, sin embargo, sobre un aspecto de gran utilidad del inven-
tario copiado por Jean Matal ca. 1548-1550: éste nos ayuda a comprender
que algunos facticios actuales lo eran ya en la biblioteca de Mendoza. To-
memos como ejemplo la entrada 115:
115 Aristotelis Rhetorica. Explicatio quorundam proverbiorum. Me-
taphrasis succinta primi libri physicorum Aristotelis. Lucianus de amore
patriae. Galenus de his quae in universum accidunt morbis. Plutarchus
de animorum generatione in Timaeo. Dictionarium Grecolatinum.

La descripción de un códice con este contenido corresponde sin lu-


gar a dudas al Escur. Σ I 12, que muestra el exlibris D. Dio de Ma en el f.
1. Tal y como demostró Dieter Harlfinger en su detallada descripción de
este ejemplar en el volumen Aristoteles Graecus74 se trata de un konvolut, ya

74. Harlfinger en AG, pp. 150-153.


La biblioteca manuscrita griega 343

que contiene secciones codicológicas de procedencia y cronología diversa


– una de ca. 1470-1475, otra de en torno a 1400, una tercera del tercer
cuarto del s. XV y una cuarta de la segunda mitad del s. XV – . Ello nos
podría hacer llegar a la equivocada conclusión de que fue en el taller de
encuadernación de El Escorial donde se reunieron estas unidades de di-
versa procedencia y que venían sin encuadernar para conformar un único
volumen, facticio por la disparidad de temas y géneros. Pero gracias al in-
ventario de Jean Matal sabemos que el libro era facticio ya en la biblioteca
mendociana, en donde todas esas unidades – que contienen autógrafos de
Besarión, de Isidoro de Kiev, de Nicolás Melacreno y de Jorge Tribizías,
además de otras partes copiadas por manos anónimas – estaban reunidas
en un mismo ejemplar bajo el número 11575.
El trabajo en el taller de encuadernación del monasterio de El Es-
corial a cargo primero de Juan de París y después de Pedro del Bosque
debió de ser complejo al llegar en grandes hornadas y en poco tiempo
muchos manuscritos, bastantes de los cuales no tenían encuadernación,
otros presentaban las tablas de madera deterioradas y otros finalmente es-
taban cubiertos con simple pergamino. En ocasiones se encuadernaron en
un mismo volumen varios libros (o unidades codicológicas) de un mismo
propietario o incluso varios libros de varios propietarios distintos a fin de
no dejar fascículos sueltos de poco volumen sin encuadernar. Esta prác-
tica de reunir en un mismo volumen partes de libros o cuadernos sueltos
que pertenecían a diferentes lotes de manuscritos y que llegaban al Es-
corial desprovistos de cualquier tipo de envoltura era bastante habitual
y buscaba evitar la dispersión o pérdida de los cuadernillos y libros poco
voluminosos reuniendo (aunque no siempre) fragmentos de códices que
tenían una temática similar. El caso más paradigmático en este sentido
es el del Escur. Σ III 1, en el que se encuadernaron al menos cuatro li-
bros distintos: 1. uno del filósofo Francesco Patrizi (ff. 1-62v y 71a-c);
2. otro procedente del lote de Antonio Eparco (ff. 63-70v y 189-203v);
3. un tercero de Hurtado de Mendoza (ff. 72-141, s. XVI) con la obra
Varia Historia de Eliano y el exlibris en el f. 7276; y 4. otro códice, también

75. Con la salvedad de los ff. 71-74, que contienen varios crisóbulos y argiróbulos atribuidos
a Demetrio Paleólogo, Andrónico II y Manuel II Paleólogo, en verdad falsificaciones referidas
a la región de Monembasía que parecen haber sido propiedad del metropolita de Monembasía
Macario Meliseno (muerto en 1585), quien después de 1571 estuvo en España en la corte
de Felipe II. Sólo esos folios – completamente ajenos al contenido literario y científico del
manuscrito – fueron integrados por los encuadernadores en el actual Escur. Σ I 12, atendiendo
seguramente al único criterio de que estaban escritos en griego y de que su tamaño se asemejaba
al del resto del manuscrito.
76. El texto de Eliano es copia directa del Ambros. C 4 sup. (Dilts 1965), un autógrafo
en pergamino de Demetrio Damilás copiado antes de 1509 (Canart 1977-1979, p. 292). Por
344 Teresa Martínez Manzano

de Hurtado (ff. 142-188v), con el exlibris en el f. 142 y varios opúsculos


transcritos a mediados del s. XV relacionados con Besarión y su círculo.
Las unidades 3. y 4., procedentes del fondo Mendoza, no corresponden a
ninguna entrada del inventario de Jean Matal77, seguramente porque son
adquisiciones posteriores a la fecha en la que Matal copió ese inventario,
o bien porque, en tanto que fascículos desencuadernados, escasos y quizás
no bien identificados, podían no tener un status de libro propiamente di-
cho en la biblioteca mendociana78.
Examinemos un ulterior ejemplo, el del Escur. T I 11, en donde las
marcas de propiedad del embajador aparecen en los ff. 1 y 201. Convie-
ne detenerse brevemente en el análisis de este ejemplar para comprender
hasta qué punto la acumulación de trabajo en el taller de encuadernación
obligó a los encuadernadores a trabajar con cierta precipitación ante el
elevado número de libros y fascículos desencuadernados que se les acu-
mulaban, lo que tuvo como resultado el que en ocasiones reuniesen varios
códices distintos en un solo ejemplar y en ocasiones separasen equivoca-
damente fascículos de un mismo manuscrito.
El examen de este Escur. T I 11, un recentior mendociano dotado de
la encuadernación típica del monasterio de El Escorial, nos puede ayudar
a comprender además la posición de un copista al que se suele citar de for-

el momento no puede precisarse si la copia de Damilás fue llevada a cabo en Florencia antes de
1490 o en Roma a partir de esa fecha.
77. La Varia Historia de Eliano aparece en el listado copiado por Matal en una única
entrada, la nr. 156, que corresponde al Escur. Ω I 11, un recentior de gran formato que, además
de Eliano, incluye obras de Nicolás Damasceno, Dionisio de Halicarnaso, Juan de Antioquía,
Diodoro Sículo y Polieno y que lleva en el dorso de su encuadernación original precisamente
el número 156. La cuarta sección codicológica incluida en el actual Escur. Σ III 1 (ff. 142-
188v), con obras de Besarión y sus corresponsales en Roma tampoco figura en la lista de Matal,
ya que la entrada de la lista de Matal 174 Bessarionis varia opera. Orationes, Epistolae et alia
es identificada por Hobson – creo que acertadamente– con un manuscrito desaparecido, el
deperditus Escur. M I 3. En la lista de libros ingresados en El Escorial en 1576 estas secciones
codicológicas del Σ III 1 corresponden a las entradas 453 (Aelianus item de varia historia, in
papyro, dentro de la sección Historici graeci manuscripti in folio literis antiquis), 514 (Problem-
mata quaedam; item Bessarionis elenchus dictorum Trapezuntii in Platonem) y 515 (Bessarionis
collectanea et opera quaedam).
78. El caso del Escur. Σ III 1 con dos exlibris de Hurtado de Mendoza – y fruto por tanto
de la unificación de dos unidades codicológicas hecha en el taller de encuadernación de El
Escorial – no es único en la biblioteca del Monasterio de San Lorenzo: se observa asimismo
en el X III 2, un ejemplar de los ss. XIII-XIV. Este volumen es el nr. 254 de la lista de Matal
(en donde viene descrito como Abucherae Compendium diversorum Canonum et Conciliorum.
Iten Photij Concordantiae in nomocanona et summula quaedam Novellarum Iustiniani), pero
sus ff. 2-24 son parte del Escur. X II 10 que procede de la colección de Niccolò Barelli. El exli-
bris de Hurtado escrito por Antonio Gracián se lee en el margen inferior del f. 25 y la reunión
de los tres primeros cuaterniones de Barelli con el resto del libro de Hurtado se vio propiciada
por el papel oriental de aspecto similar en que están escritos los dos códices y por la similitud
de contenidos, ya que ambos preservan una colección de cánones.
La biblioteca manuscrita griega 345

ma un tanto indiscriminada dentro del amplio grupo de escribas griegos


que en la década de los 40 realizaron trabajos para Mendoza en Venecia
pero que en realidad tiene un status distinto: Valeriano Albini. Albini no
se distingue de los otros sólo por su nacionalidad – Albini era italiano,
natural de Forli, a diferencia de los otros copistas originarios de Corfú, del
Peloponeso y de otras regiones del antiguo Imperio Bizantino – , sino tam-
bién porque era un fraile que realizó labores de transcripción primero en el
monasterio de Sant’Antonio di Castello en Venecia (hasta 1529), después
en otros monasterios de su orden (1529-1538), más tarde ya como biblio-
tecario de nuevo en Sant’Antonio di Castello (1539-1545) y finalmente
como prior de San Lorenzo extramuros en Roma (desde 1545).
Comencemos diciendo que en el inventario copiado por Jean Ma-
tal encontramos la siguiente entrada referida a un libro de matemáticas:
218 Diophantis Arithmetica cum scholijs. Anthemij et Pappi quaedam. Este
item se relaciona necesariamente con el Escur. T I 11, que contiene en
ff. 1-160v la Aritmética de Diofanto de Alejandría copiada por Valeria-
no Albini en Roma en 1545, según informa su suscripción. Su modelo
de copia fue – acorde con la presencia del fraile en Roma – el Vat. gr.
200, según han demostrado los estudios del editor Paul Tannery79. Como
acabamos de ver, el inventario de Matal menciona también en la misma
entrada a Antemio de Tralles y a Pappo de Alejandría: el De mirabilibus
machinis de Antemio y la Collectio Mathematica de Pappo se encuentran
precisamente en el Escur. T I 11 (ff. 163-200) + Escur. y I 7 (ff. 1-243),
que son dos membra disiecta de un mismo manuscrito. El autor de la copia
(carente en este caso de suscripción) es nuevamente Valeriano Albini80,
que realizó la transcripción asimismo en Roma a partir de un manuscrito
de la Biblioteca Vaticana, en este caso el Vat. gr. 218, entre las fechas del 7
de diciembre de 1547 y el 9 de abril de 154881, que son las que figuran en
el registro de préstamos de la Vaticana. Recordemos que en 1547 Hurtado
de Mendoza se encontraba ya en Roma como embajador de Carlos V ante
la Santa Sede. Todavía en los ff. 245-280 del Escur. y I 7 se añadieron otros
textos matemáticos menores de Autólico, Hipsicles y Aristarco copiados
igualmente a partir de un códice de la Biblioteca Vaticana, el Vat. Barb.

79. Tannery 1891 y Tannery 1895, pp. xxx sigs. El antígrafo no fue, como se había
supuesto (Graux – De Andrés 1880/1982, pp. 266-267, y Bravo García 1978, pp. 286-
289), el Marc. gr. 308 con Cleomedes y Diofanto: tal hipótesis se había formulado a raíz del
dato de que Hurtado se hizo prestar este Marcianus entre el 28 de febrero de 1545 y el 24 de
marzo de 1546.
80. Sicherl 1982, pp. 347-348; 358.
81. Treweek 1957, pp. 200; 213-214.
346 Teresa Martínez Manzano

gr. 186. Todo parece indicar que precisamente esos ff. 245-280 del Escur.
y I 7 no son obra de Albini sino de Juan Mauromates82, copista que en Ve-
necia había trabajado para Hurtado pero que entre 1548 y 1553 se había
trasladado a Roma.
La situación que acabamos de describir sobre la confección de estos
dos Escur. T I 11 + Escur. y I 7 tiene algunas implicaciones de interés para
la interpretación que se ha hecho del inventario que fue copiado por Jean
Matal – recordémoslo – en Roma en torno a 1548-1550: según Hobson
ese inventario reflejaría el estado de la librería mendociana en Venecia,
pero parece claro, a la luz de lo dicho aquí, que la entrada 218 Diophantis
Arithmetica cum scholijs. Anthemij et Pappi quaedam corresponde a un
libro confeccionado primeramente en Roma por Albini en 154583 y al
que le fueron añadidas sucesivamente dos secciones a cargo, primero, del
propio Albini en 1547-48 y, después, de Mauromates ca. 1548. Por tan-
to, el inventario de Matal no reflejaría cual estratos las sucesivas compras
de Hurtado en orden cronológico, porque no se podría explicar entonces
que el Escur. T I 11 + Escur. y I 7 ocupe el nr. 218 de la colección de
Hurtado y, en cambio, el Vat. gr. 1444, copiado en Venecia en 1542 por
Nicolás Múrmuris y otros escribas, tenga el nr. 253.
El hecho de que T I 11 + y I 7 constituyan un códice de factura ro-
mana explicaría el que no luzcan la típica encuadernación bicolor del
taller veneciano de Andrea di Lorenzo. Es más, todo parece indicar que
debieron de quedar sin encuadernar. Sin encuadernar estaban asimismo
los cuatro últimos cuaterniones del Escur. T I 11 (ff. 201-223), que con-
tienen un fragmento de la Aritmética de Nicómaco de Gerasa y la novela
Hismine e Hisminias de Eustacio Macrembolita escritos por dos copistas
anónimos. Por esta razón, cuando Antonio Gracián marcó los libros de
Hurtado con el famoso exlibris, estampó uno en el f. 1 del Escur. T I 11 y
otro en el f. 1 del Escur. y I 7, sin percatarse de que los ff. 161-200 del Es-
cur. T I 11 constituyen en realidad los cinco primeros fascículos del Escur.
y I 7. Gracián marcó por otra parte en el f. 201 del Escur. T I 11 otro exli-
bris (porque ante sus ojos eran en verdad tres fascículos sueltos) y después
los encuadernadores de El Escorial reunieron acríticamente lo que eran
en verdad libros desencuadernados en la biblioteca del embajador, ya que,
si la Aritmética de Nicómaco de Gerasa es un texto acorde con los otros
contenidos en el T I 11, la novela de Macrembolita está absolutamente
fuera de lugar.

82. Bravo García 1983-1984, p. 70 n. 18; Cataldi Palau 2000, pp. 349; 391.
83. En esa fecha o poco después se incorporaría a la biblioteca veneciana, lo que explica
que Arnoldo pudiera incluirlo en su catálogo.
La biblioteca manuscrita griega 347

La reunión en el taller ligatorio escurialense de libros distintos de


Mendoza (o de Mendoza y otros propietarios) en un mismo volumen o,
al contrario, la disgregación de fascículos de un mismo libro mendociano
en volúmenes distintos ha de estar bien presente a la hora de reconstruir
la génesis de la colección del embajador y a la hora de tratar de compren-
der en qué estado se encontraban los manuscritos en los estantes de su
biblioteca veneciana. Traigamos a colación, para finalizar este apartado,
dos entradas sucesivas de la lista de Matal, las 219 y 220:
219. Theonis Commentarius in Canones Ptolemaei quos sive expeditos
dicunt.
220. Procli demonstrationes mathematicarum conclusionum. Eiusdem
Theologica Elementatio. Eiusdem Commentariorum in Platonis Ti-
meum libri quinque.

En el elenco de los manuscritos de Mendoza que ingresaron en El


Escorial en 1576 estas entradas corresponden también a dos volúmenes,
pero con un reparto de los textos diferente: la entrada 356, ubicada entre
los libros de filosofía in folio, reza Proclus in Timaeum Platonis, literis an-
tiquis, mientras que la entrada 418, situada entre los libros de matemáticas
igualmente in folio, reza Theon in tabulas Ptolemaei et Proclus de supposi-
tionibus astronomicis. El Comentario al Timeo de Proclo es sin duda el Es-
cur. T III 2, que no contiene ninguna otra obra del filósofo neoplatónico,
mientras que el Comentario a los cánones de Ptolomeo de Teón, la Insti-
tutio Theologica y la Hypotyposis astronomicarum positionum de Proclo se
encontraban en el desaparecido Escur. Z III 6. Gracias a la lista de Matal
sabemos que en la estantería de Hurtado el Z III 6 y el T III 2 estaban uno
al lado del otro, porque además tenían el mismo tamaño, y estaban se-
guramente desencuadernados. El inventario de Matal divide las entradas
219 y 220 de forma equivocada. La división correcta sería:
219. Theonis Commentarius in Canones Ptolemaei quos sive expedi-
tos dicunt. Procli demonstrationes mathematicarum conclusionum.
Eiusdem Theologica Elementatio (Escur. Z III 6).
220. Eiusdem (Procli) Commentariorum in Platonis Timeum libri
quinque (Escur. T III 2).

6. Libros de Hurtado de Mendoza en otras bibliotecas


Los libros de Hurtado de Mendoza viajaron con frecuencia porque
su propietario no ponía reparos a la hora de prestarlos. Lo pone de mani-
fiesto por ejemplo el Escur. y I 14, un voluminoso ejemplar de más de 650
folios que contiene los veinte libros de las Antigüedades judías de Flavio
348 Teresa Martínez Manzano

Josefo acabados de copiar por Juan Mauromates en Venecia el 26 de ene-


ro de 1542. Cuando Arnoldo Arlenio publicó la editio princeps de este
texto en Basilea en 1544, en la imprenta de Froben, se sirvió del códice
mendociano, hecho que el editor flamenco agradece al embajador en el
prefacio de la edición. Basta hojear el ejemplar para comprender que el y
I 14 es efectivamente la Druckvorlage de las Antigüedades judías, no sólo
por sus numerosas marcas para el cajista e indicaciones tipográficas84, sino
también por las continuas manchas de tinta que pueblan los folios del
ejemplar y por las correcciones de lecturas de la mano de Arlenio (tav.
4)85. Por tanto, el manuscrito viajó a Basilea y volvió a Venecia, lo que se
compadece bien con el dato, corroborado por las fuentes, de que Arlenio
interrumpió su estancia en Venecia para emprender un viaje a Basilea en
el año 154486.
No obstante, no todos los libros que el César imperial prestó corrie-
ron la misma suerte. Gracias al inventario de Matal sabemos que hay li-
bros de Hurtado de Mendoza que no ingresaron nunca en El Escorial.
A esta conclusión había llegado ya Graux en 1880 – sin conocer la lista
de Matal – porque el Memorial de los libros griegos de mano de la librería
del Sr. Don Diego Hurtado de Mendoza que el helenista francés manejaba
incluía títulos que nunca han llegado a estar presentes en la biblioteca lau-
rentina. A la luz de lo que hemos venido diciendo hasta aquí parece evi-
dente que para reconocer un libro de la colección de Hurtado conservado
en otra biblioteca que no sea la de El Escorial contamos con pocos ele-
mentos identificativos: no encontraremos el exlibris D. Dio de Ma, puesto
ya en España poco antes de la muerte de Hurtado en 1575 en aquellos
libros que iban destinados con seguridad al monasterio de San Lorenzo87,
pero sí podemos encontrar la signatura Locus en el margen superior del
primer folio, si se trata de un libro antiguo o de un volumen desprovisto
de encuadernación, o bien el número de orden marcado en el lomo de un
libro que conserve la encuadernación original. La propia encuadernación
bicolor de los libros mendocianos con sus medallones ovalados es otro
elemento esencial para reconocer manuscritos de la biblioteca de Mendo-
za: en este caso se tratará siempre de recentiores transcritos ca. 1539-1546
por copistas que son los que habitualmente se encuentran en los manus-

84. Ya fue observado por De Andrés 1965, p. 192. Cfr. asimismo Pérez Martín
2011, p. 64, n. 22.
85. Para este último aspecto cfr. Fernández Pomar 1986, p. 5.
86. Cataldi Palau 2000a, p. 345.
87. Salvo que se trate de un libro fraudulentamente sustraído de El Escorial entre los ss.
XVII-XX.
La biblioteca manuscrita griega 349

critos Escurialenses. Finalmente, la exacta concordancia entre la descrip-


ción del contenido ofrecida en la copia de Matal y los textos transmitidos
en un manuscrito puede darnos también la clave para recuperar un códice
griego mendociano.
Vamos a repasar aquí el caso de tres manuscritos de Mendoza rese-
ñados por Jean Matal en las entradas 69, 87 y 253 de su inventario que se
encuentran en bibliotecas extranjeras, intentando explicar las razones de
su localización actual. En el catálogo copiado por Jean Matal se lee:
87. Eusebij Pamphili disceptatio contra Marcellum Ancyrensem Episco-
pum sive ecclesiasticae historiae libri quatuor. Originis Dialogus contra
Marcionistas. Zacharie scholastici et episcopi Mitylenensis dialogus qui
inscribitur Ammonius. Aeneae Sophistae dialogus qui Theophrastus
inscribitur de animorum immortalitate. Theophili ad Autolicum libri
tres.

Una fuente de información fundamental para conocer qué autores


y títulos tenía el embajador español en su palacio veneciano la ofrece la
Bibliotheca Universalis de Konrad Gesner publicada en 1545. Charles
Graux ya comprendió en 1880 el interés de la obra del bibliógrafo lute-
rano para la reconstrucción de la colección mendociana y observó cómo
el estudioso suizo daba cuenta de la presencia de la Historia eclesiástica de
Eusebio y del Diálogo contra los marcionistas de Orígenes en la biblioteca
de Hurtado. La misma Bibliotheca Universalis informa de que la obra de
Teófilo de Antioquía Ad Autolycum en tres libros estaba entre los ejem-
plares de Hurtado pero había sido prestada a Juan Frisius ( Johann Fries),
colaborador de Gesner, para editar el texto en Basilea88. Fue precisamente
la encuadernación veneciana bicolor realizada para Mendoza por el arte-
sano Andrea di Lorenzo la que ayudó a descubrir que el manuscrito en
cuestión, que reúne estas obras de Eusebio, Orígenes y Teófilo de Antio-
quía más las de Zacarías de Mitilene y Eneas Sofista es el actual Oxonien-
sis Bodl. Libr., Auct. E. 1. 11. No sabemos si el libro viajó efectivamente
a Basilea para preparar la edición de Teófilo de Antioquía, pero sí parece
claro que, si lo hizo, después retornó a Venecia, en donde fue utilizado
para la edición del diálogo Ammonius de Zacarías de Mitilene aparecida
en Venecia en 1546 en las prensas de Niccolò Bascarini acompañado de
la traducción latina de Gentien Hervet89. Hurtado perdió de vista este
manuscrito recentior suyo al trasladarse de Venecia a Roma y ya nunca lo

88. «Eosdem (sc. libros) Io. Frisius noster nuper advexit secum ex Italia, curaturus ut
brevi publicentur». Cfr. Graux – De Andrés 1880/1982, pp. 238; 250; 380; 388.
89. Colonna 1973, pp. 67-70.
350 Teresa Martínez Manzano

recuperó. Pero gracias al prefacio de la edición veneciana de Ammonius,


dedicado por Hervet a Hurtado, podemos comprender el modo en que
el manuscrito pasó de las manos de Hurtado a las de Hervet, que no fue
otro que a través de cardenal Marcello Cervini, del que Hervet fue secre-
tario durante el Concilio de Trento: «Marcellus Cervinus (…) pulcherri-
mos aliquot libros ex tua copiosissima et instructissima bibliotheca ad se
allatos mihi legendos obtulisset», un préstamo a terceros que desembocó
en el extravío del libro90. El testimonio además es elocuente porque nos
informa de cómo Hurtado prestaba con generosidad sus libros a Cervini,
quien los ponía a su vez a disposición de sus familiares91.
El segundo manuscrito de Hurtado de Mendoza que se conserva fue-
ra de El Escorial ha podido ser reconocido también gracias a su caracte-
rística encuadernación bicolor veneciana: es el manuscrito F. II. 1b de la
Universitätsbibliothek de Basilea. Contiene varios comentarios de Olim-
piodoro a Platón, el De mysteriis de Jámblico y el De defectu oraculorum de
Plutarco y su presencia en la ciudad suiza ha de estar relacionada con Ar-
noldo Arlenio, el bibliotecario de Hurtado de Mendoza en Venecia92 que
después fue responsable de una serie de importantes ediciones de textos
griegos aparecidas precisamente en Basilea, ciudad en la que se conservan
otros códices de su propiedad93. El ejemplar de Basilea corresponde a la
entrada 69 del inventario de Jean Matal.
El tercer códice mendociano ubicado fuera de El Escorial – corres-
pondiente al nr. 253 de la lista de Matal – es el Vat. gr. 1444. Graux había
observado que en el Memorial-Egerton de los manuscritos de Mendoza
que él manejaba había un libro con un conjunto variopinto de obras y
autores – Proclo, Jámblico, Nicéforo Gregorás, Juliano el Apóstata, Pablo
de Alejandría, Hermes Trismegisto y otros autores de obras científicas –
que con seguridad no había estado nunca en El Escorial pero que por su

90. Recordemos por lo demás que la mano de Hervet ha sido reconocida en secciones de
varios manuscritos griegos Oxonienses (cfr. RGK I 47; III 85, s.v. «Gentianus Hervetus») y
que no sería extraño, dada la estrecha relación que existía entre él y Hurtado de Mendoza, que
Hervet fuese precisamente el revisor que plasmó su trabajo en los márgenes de algunos otros
códices mendocianos.
91. En fin, en Venecia el Oxoniensis fue adquirido en 1590 por Sir Ralph Winwood, qui-
en lo donó a la Bodleiana en 1604 (cfr. Hobson 1975b). Debe precisarse, sin embargo, que el
copista no es Camilo Véneto, como apunta Hobson 1999, p. 237, sino su padre Bartolomé
Zanetti, conocido principalmente como editor, pero también como copista de manuscritos
griegos, quien realizó la copia ca. 1539-1546: cfr. Cataldi Palau 1986b, p. 231; Cataldi
Palau 2000b, p. 99.
92. Véase Sicherl 1957, pp. 57-58, Taf. IV; Jenny 1964, pp. 26-28; Sosower 1993, p.
151; Hobson 1999, p. 236.
93. Cataldi Palau 2000a, pp. 340-347.
La biblioteca manuscrita griega 351

contenido era idéntico a un manuscrito del cardenal Guglielmo Sirleto,


que Graux no pudo localizar pero del que consideraba segura su existen-
cia en la Biblioteca Vaticana94. Se trata efectivamente del Vat. gr. 1444,
según pudo confirmar Martin Sicherl al estudiar la transmisión del De
mysteriis de Jámblico95, un códice autógrafo de Juan Mauromates termi-
nado en Venecia en noviembre de 1542 y en el que colaboraron Pedro
Carnabacas, Nicolás Múrmuris y el Anonymus Bruxellensis y que fue co-
rregido por Arnoldo Arlenio96. Por el momento no podemos precisar por
qué razón el códice abandonó la biblioteca de Mendoza y a través de qué
vía llegó a manos de Sirleto, ya que, efectivamente, en la biblioteca del
cardenal Sirleto había códices que habían pertenecido previamente, por
una parte, al cardenal Marcello Cervini y, por otra, a Arnoldo Arlenio,
dos personajes con los que Hurtado mantuvo estrechas relaciones y a los
que prestó sus libros97. No obstante, parece que lo más probable es que el
libro quedase en las manos de Cervini – gran bibliófilo y, recordémoslo,
bibliotecario de la Vaticana entre los años 1548 y 1555 – que durante el
Concilio de Trento fue el principal interlocutor de Hurtado de Mendoza
en lo referente al valor de los códices griegos: en su Diarium del Concilio
Angelo Massarelli, secretario del cardenal, da abundantes detalles sobre el
intercambio de libros griegos entre los dos eruditos98.
Los tres manuscritos mendocianos citados localizados fuera de El Es-
corial – Bodl. Libr., Auct. E. 1. 11, Basilea, F. II. 1b, Vat. gr. 1444 – tienen
en común el hecho de ser copias modernas. A ellos podemos añadir ahora
un códice más en cuya identificación la primitiva signatura del Locus ha
desempeñado un papel crucial. La entrada 187 de la lista de Matal descri-
be un códice del embajador en los siguientes términos: 187. Metrophanes
episcopus Smyrnensis adversus Haeresim Manicheorum. Basilij Antireticus
contra Eunomium. Es uno de entre las tres decenas de manuscritos griegos
de Hurtado que no llegaron a ingresar en El Escorial y sobre cuya locali-
zación actual no se tenían noticias. Sin embargo, que sepamos la obra de
Metrofanes de Esmirna Adversus Manichaeos más el Adversus Eunomium
de Basilio de Cesarea se hallan juntos únicamente en un manuscrito: el
Vat. Pal. gr. 216. Éste es un importante testimonio que ha interesado a los

94. Graux – De Andrés 1880/1982, pp. 238-240.


95. Sicherl 1957, pp. 51-57.
96. Cataldi Palau 2000a, pp. 339; 362; 396.
97. Graux – De Andrés 1880/1982, pp. 156; 175.
98. Intercambio del que fue beneficiario el propio Massarelli, a quien Hurtado prestó
parte de su colección de antiguas monedas: vd. Spivakovsky 1970, pp. 132-133, y más reci-
entemente Lucà 2012, p. 320.
352 Teresa Martínez Manzano

estudiosos desde varias perspectivas, en primer lugar desde un punto de


vista paleográfico porque se trata de un ejemplo de minúscula libraria de
finales del s. IX o principios del s. X99, y en segundo lugar desde un punto
de vista teológico y literario, ya que se ha discutido sobre la autoría de los
tratados Contra los maniqueos y Sobre la mistagogia del Espíritu Santo que
el manuscrito atribuye a Metrofanes el metropolita de Esmirna, pero que
más bien parecen obra de su enemigo el patriarca Focio100. Si examinamos
el primer folio antiguo de este Palatinus gr. 216 encontramos la constata-
ción de nuestras sospechas: en el margen superior derecho de su f. 1 se lee
Locus 187, señal inequívoca de su pertenencia a la colección de Hurtado
de Mendoza101.
Aún estamos en disposición de señalar aquí una nueva identificación.
En la lista de Matal ocupa el item 209 la siguiente entrada:
Dion Chrysostomus de Regno. Eiusdem Euboicus. Libanij declama-
tio pro Achille ad Ulyssem. Libanij de Legatione ad Antiochenos. Aristi-
dis et Synesii quaedam Declamationes et pistolae.
Como se ve, la entrada describe con bastante precisión el contenido
de la primera parte del manuscrito, ya que menciona dos obras concretas
de Dión de Prusa – De regno y Euboicus – y otras dos de Libanio – Achillis
ad Ulixem antilogia (decl. V) y Ad Antiochenos (or. XVI) – , a las que se
suman, de forma más inespecífica, Declamationes y cartas de Elio Aristi-
des y Sinesio. El códice que más se ajusta a este contenido es de nuevo sólo
uno: el Vind. Phil. gr. 168, datable en función de sus filigranas en los años
20-30 del s. XIV, que resulta ser testimonio primario (y uno de los más
antiguos) de la tercera familia en la transmisión del De regno de Dión de
Prusa102. Este manuscrito contiene los dos primeros discursos del Sobre la
realeza de Dión (ff. 1-20v), la Antilogia de Libanio (ff. 21-29v), la oratio
XVI de Libanio (ff. 30-34v), una oratio de Demóstenes y escolios demos-
ténicos (ff. 35-42), el De quattuor viris incompleto de Elio Aristides (ff.
43-64r), varias obras de Sinesio – Calvitii encomium, De dono astrolabii,

99. Agati 1991, pp. 48; 51-55; 59; 64, tav. 2; Agati 2000, p. 193.
100. White 1978, p. 24; Ead. 1979, pp. 24-25; Van Deun 2008, p. 364; Polidori
2014, pp. 200-201.
101. El manuscrito está enteramente digitalizado en http://digi.vatlib.it/view/MSS_Pal.
gr. 216. Habrá que investigar el modo concreto en que el códice abandonó la biblioteca del
embajador, aunque es de suponer que sería a causa de un préstamo. Las letras Cyp. que se
leen al lado de Locus 187 son una señal de que el manuscrito pasó seguramente por las manos
del chipriota Hieronymus Tragudistes, activo entre 1545 y 1559 y agente de Ulrich Fugger
(1526-1584), a quien perteneció el códice antes de pasar a la biblioteca de Heidelberg: cfr.
Montuschi 2014, p. 304.
102. Menchelli 2008, pp. 79-80; 206; 303-304.
La biblioteca manuscrita griega 353

De insomniis – más varias de sus epístolas (ff. 66-106v) y una colección de


cartas de Sinesio, Libanio y Fálaris (ff. 107-169v). La principal objeción
que podríamos hacer es que el códice no contiene el Euboico de Dión de
Prusa, que en la descripción de Matal del códice 209 de Hurtado ten-
dría que seguir al Sobre la realeza, pero en este punto Mariella Menchelli
ha hecho una importante observación103, al señalar que los ff. 41-63 de
otro códice de Viena, el Vind. Phil. gr. 223, – que conservan el Euboico
de Dión de Prusa y el Dión de Sinesio – constituyen una sección autó-
noma adscribible a la primera mitad del s. XIV que presenta las mismas
filigranas que el Vind. Phil. gr. 168. La estudiosa italiana ha propuesto, de
hecho, que se trata seguramente de dos membra disiecta de un mismo ma-
nuscrito. Me parece que hay muy poco margen para la duda: el Vind. Phil.
gr. 168 + Vind. Phil. gr. 223 (ff. 41-63) son dos partes de un mismo ma-
nuscrito104 que en la biblioteca de Hurtado de Mendoza ocupaba el pues-
to 209, aunque en este caso las severas manchas de humedad en el ángulo
superior derecho del principio del códice impiden verificar si allí estaba
escrito Locus 209. En cualquier caso, es interesante recordar que los dos
Vindobonenses tienen una historia común ya que presentan el exlibris de
Juan Sambuco (1531-1584) 105, que como se sabe compró manuscritos en
Padua y Venecia entre 1553 y 1556, por tanto pocos años después de que
el embajador español abandonase la República106.
Esta dispersión de manuscritos se debe, como ya se ha señalado, a los
frecuentes préstamos. Los ejemplos de la disponibilidad de Hurtado a la
hora de dejar sus libros pueden multiplicarse107. Este que sigue tiene como
protagonista a Gesner: en el prefacio de su segunda edición del Florilegio
de Estobeo, aparecida en 1549, el filólogo suizo se refiere a la ayuda que
recibió de Mendoza y Arlenio, que le prestaron el códice con el que pre-
paró esta edición. Este ejemplar no es otro que el Escur. Σ II 14, en perga-
mino, de los ss. XI-XII, el segundo manuscrito más antiguo del Florilegio

103. Menchelli 2008, p. 80.


104. Sus medidas son similares: el Phil. gr. 168: mm 235 × 150; el Phil. gr. 223: mm 212
× 152.
105. Hunger 1961, pp. 273, 333.
106. E incluso se hizo con algún códice de la Biblioteca Marciana, como el Vind. Theol.
gr. 94 (Crisóstomo), que presenta el exlibris de Besarión en f. 1v. Cfr. Irigoin 1977, p. 411.
107. Uno de los prestatarios de Hurtado fue su primo Francisco de Mendoza y Bovadilla,
conocido como el Cardenal de Burgos. Se constata el préstamo de varios códices mendocianos
en Roma, donde Diego Hurtado de Mendoza y Francisco de Mendoza coincidieron durante
algunos años: así, los códices de la Biblioteca de Focio Escur. Ψ I 9 y Ψ I 10 sirvieron de modelo
para los Matr. 4721 y 4722, que Francisco de Mendoza mandó transcribir en 1552; el Escur.
Y I 15 (Olmpiodoro) fue el antígrafo del Matr. 4718; el Escur. y I 12 (Asclepio de Tralles) fue
el modelo del Matr. 4719.
354 Teresa Martínez Manzano

después del famoso Vind. Phil. gr. 67 del s. X108. Gesner comparó el texto
del manuscrito mendociano con la editio princeps de Estobeo de Vittore
Trincavelli109 y los resultados de su colación se encuentran en los márge-
nes de un ejemplar de la primera edición de Estobeo de Gesner (1543)
que se conserva en el Museo Británico110.
Otr ejemplo de la generosidad del embajador tiene que ver con el
texto de la Poética de Aristóteles: el bresciano Vincenzo Maggi (1498-
1564) elaboró un comentario a la Poética111 en cuya dedicatoria afirma
haber buscado para su redacción «vetusta manuscripta exemplaria». De
la lectura de su obra se desprende que trabajó con dos manuscritos, uno
de Benedetto Lampridio y otro de Diego Hurtado, ninguno de los cuales
ha sido identificado112.
En fin, la liberalidad de Hurtado llevaba al extremo de que el embaja-
dor no sólo prestaba sus propios libros, sino también los que tenía presta-
dos de San Marco113. Esta situación se produjo principalmente durante el
Concilio de Trento, al que Hurtado asistió de manera intermitente entre
el 25 de marzo de 1545 y el 3 de diciembre de 1546. Hurtado se había
llevado allí parte de su biblioteca, que puso sin reparo a disposición de los
asistentes más cultos e interesados. Él mismo hacía referencia a este extre-
mo en su catálogo crítico perdido respecto del Escur. Y III 2, que contiene
una colección de textos de ascética escritos a principios del s. XIII: «usi
sunt hoc libro in Concilio Tridentino Patres ut testat D. Didacus de Men-
doça manu propria in suo indice» 114.
Importantes en este sentido son dos testimonios: el primero es de

108. Dindorf 1861; Piccione 1994, pp. 193-194; Speranzi 2010a, p. 321.
109. Curnis 2008, pp. 72; 78-79; 116.
110. Arnott 1967. Además de constatar que este préstamo no tuvo como consecuencia
la pérdida del libro, uno no puede dejar de preguntarse de dónde pudo sacar Hurtado este
ejemplar vetus de Estobeo, y en este sentido hay que recordar que el Escur. Σ II 14 presenta en
el f. IV de guarda una antigua signatura seguida de un exlibris en caracteres griegos – 218 K τοῦ
Καίλιου Μιχαήλος τοῦ Μαρίνου Γραδίου παιδὸς ὑποθῆκαι καὶ φίλων ἁπάντων – que hasta ahora
nadie ha sabido interpretar, pero que quizás haya que relacionar con el patricio de Ragusa
Marin Gradić.
111. En parte, en colaboración con Bartolomeo Lombardi: Maggi – Lombardi 1550.
112. Porro 1983, pp. 316-318, n. 53. En la biblioteca de Hurtado no se encuentra la
Poética salvo en dos ediciones del s. XVI, pero Maggi (Maggi – Lombardi 1550, p. 116)
habla explícitamente de un «codex manu exaratus». En una carta de 1540 de Hurtado
(Vázquez – Rose 1935, p. 37) aparece en una ocasión una referencia a un «Vinçentio de
Magis». Este personaje (Magius), también bresciano, parece distinto del filólogo: fue enviado
por el rey francés Francisco I en 1538 a Constantinopla para llevar cartas al embajador francés
en aquella ciudad Antonio Rincón.
113. Zorzi 1987, pp. 448-449 n. 240.
114. Graux – De Andrés 1880/1982, p. 525.
La biblioteca manuscrita griega 355

Páez de Castro, que en una carta del 10 de agosto de 1545115 asegura que
en Trento prácticamente no había libros que no fuesen los de Hurtado
(«libros no hay ningunos, porque los que el señor don Diego tiene, que-
darse han para su lugar»), que Páez se los llevaba a su casa para estudiar
(«tengo la casa llena de cuantos libros quiero suyos impresos y de mano y
sus cartapacios») y que los libros que el embajador había trasladado tem-
poralmente a Trento y prestaba eran manuscritos e impresos y también
libros de contenido luterano («los libros que aquí ha traído son muchos
y son en tres maneras: unos de mano griegos en gran copia, otros impresos
en todas facultades, otros de los luteranos y todos estos están públicos
para quien los pide, si no son los luteranos, que no se dan sino a los hom-
bres que tienen necesidad de los ver para el concilio»).
El segundo testimonio es el de Angelo Massarelli, secretario de Cer-
vini según acabamos de recordar116, quien el 26 de julio de 1545 cuenta
que devolvió a Hurtado cinco libros suyos prestados a unos familiares de
Cervini «e mi diede l’originale greco della 8. sinodo constantinopolitana
con la Vita di Ignatio, molto antico libro, quale è della signoria di Venetia
et fu di Bessarione Cardinale Niceno». El manuscrito que Hurtado tenía
prestado de la Biblioteca Marciana era el Marc. gr. 167, que contiene los
extractos de las actas del llamado VIII Concilio Ecuménico de 869/70, al
que Focio acudió en calidad de acusado, acompañadas de la Vida de Igna-
cio, rival de Focio. En los registros de préstamo figura que Hurtado con-
servó este Marcianus en préstamo entre el 29 de marzo (o mayo) de 1545
y el 26 de septiembre de ese mismo año, y ahora sabemos que aprovechó
esos meses de primavera y verano, no sólo para hacerse confeccionar una
copia de esta colección de textos antifocianos – en el actual Escur. X I
5117 – , sino también para que su amigo Cervini pudiese sacarle provecho
al libro118.
Añadamos todavía, para finalizar este apartado dedicado a los códices
de Mendoza conservados fuera de El Escorial, alguna información sobre

115. Domingo Malvadi 2011, pp. 318-320.


116. Concilium 1901, p. 226; Canfora 2001, pp. 17-18.
117. Y precisamente el período de préstamo de unos pocos meses de 1545 nos permite
deducir que el Escur. X I 5 fue confeccionado en ese escaso margen de tiempo y precisar de este
modo la vaga datación que ofrece De Andrés 1965, p. 245, «saec. XVI med.».
118. Por otra parte, quizás el cardenal Cristoforo Madruzzo, presente en Trento, pudo
proporcionar a Hurtado antiguos manuscritos teológicos y litúrgicos, al menos a tenor de la
información porporcionada en los Diaria de Angelo Massarelli según la cual el 7 de abril de
1545 le hizo ver dos volúmenes de su propia colección, un «papirum antiquum literis Gothi-
cis descriptum una cum psalterio antiquissimo». Recuerda este testimonio Lo Conte 2016,
p. 182, n. 20.
356 Teresa Martínez Manzano

fragmentos de manuscritos del embajador arrancados fraudulentamente


y conservados por esta vía en otras bibliotecas. Al Escur. y I 2, que contie-
ne las obras sobre historia de la Iglesia de Sócrates, Sozomeno y Evagrio
Escolástico, le fueron sustraídos sus ff. 521-567 (con el Epítome de Focio
de la Historia Eclesiástica de Filostorgio) y ff. 567-575 (con los excerpta
de Nicéforo Xantópulo de la Historia Eclesiástica de Teodoro el Lector):
estos folios constituyen en la actualidad el Brit. Lib., Harley 6316119. El
responsable de este robo fue Matthias Palbitzki (1622-1677), enviado a
España por la reina Cristina de Suecia en 1651 en misión diplomática,
la cual le pidió que, al margen de sus labores como embajador, explorase
las posibilidades de conseguir algún manuscrito raro para su biblioteca120.
Palbitzki sobornó a un fraile del monasterio de El Escorial con ochenta
florones y se llevó varias piezas además del Filostorgio, según cuenta en su
propio diario 121. De otro expolio, éste menos llamativo pero igualmente
sangrante, fue objeto el también mendociano Escur. X III 13, un evange-
liario en uncial litúrgica del s. X y con notación musical al que el filólogo
y bibliotecario Daniel Gotthilf Moldenhawer arrancó en 1784 el último
folio (f. 228), que se conserva en la actualidad en la Biblioteca Real de
Copenhague122.

119. Jeep 1899; Bidez 1913, pp. xxvi-xxviii; De Andrés 1965, pp. 179-180.
120. Graux – De Andrés 1880/1982, pp. 122; 213; Callmer 1977, pp. 157-158.
En vista del éxito Cristina envió más tarde a Vossius para hacerse con otras gangas, esta vez
sin resultado.
121. En concreto, un Corán en letras doradas y varios fascículos de distintos manuscritos
griegos, a saber, la mencionada Historia Eclesiástica de Filostorgio que está contenida en el ma-
nuscrito mendociano Brit. Lib., Harley 6316, unos excerpta De legationibus Romanorum ad
gentes, sin identificar, y las Babiloníacas de Jámblico. Especialmente interesante es la mención
por parte de Palbitzki del relato novelesco de Jámblico, porque excerpta de esta novela se con-
servaban en el códice Escur. E IV 18, un manuscrito quizás de Pedro de Toledo que contenía
una colección de epistológrafos griegos y que se quemó en el incendio de 1671. Ahora sabe-
mos que veinte años antes del incendio, Palbitzki arrancó los ff. 185-217v de este ejemplar, que
constituyen el actual Brit. Lib., Harley 5610 – formado por 33 folios en papel del s. XIV – y
que paradójicamente, gracias a este hurto, se salvaron del desastre. En época bizantina Escur.
E IV 18 + Harley 5610 tuvieron una prolija descendencia que ha sido estudiada por Diller
1983. En este contexto (aunque sin relación con Mendoza) hay que mencionar un tercer ma-
nuscrito Harleianus: el Harley 5795, copiado por Manuel Glinzunio para Antonio Agustín.
Como en los casos anteriores, se trata de los folios originales arrancados de un manuscrito de
El Escorial, en concreto los ff. 239-337 del Escur. Φ II 4, que contienen las obras del pitagórico
Jámblico Abamonis responsio ad epistolam Porphyrii y De mysteriis Aegyptiorum (cfr. Sicherl
1957, pp. 123-127). Es muy probable que también este manuscrito formase parte del botín de
Palbitzki, que quizás estaba interesado en las obras de Jámblico o creyó que el relato novelesco
Babiloníacas y los tratados pitagóricos eran obra de un mismo autor. Los tres códices Harleiani
olim Escurialenses, que conservan su foliación originaria, compartieron un mismo destino, ya
que pertenecieron al filólogo clásico Johann Georg Graevius, muerto en 1703.
122. Adler 1910, pp. 316-317, pl. IV.
La biblioteca manuscrita griega 357

7. Manuscritos antiguos y modernos,


de Italia y de Levante
Pese a que lo que se conserva de la biblioteca de Mendoza tras el in-
cendio de El Escorial del s. XVII es más o menos la mitad de lo que había,
podemos hacernos una idea aproximada de cuál era la naturaleza y con-
tenido de esa colección gracias a los manuscritos conservados, gracias a
la descripción de los manuscritos desaparecidos de Gregorio de Andrés,
gracias a la relación de los libros de Mendoza que ingresaron en El Esco-
rial en 1576 y gracias finalmente al inventario copiado por Matal. Sabe-
mos que un número considerable de ejemplares eran recentiores, es decir,
copias realizadas en el período de 1539-1546 y en el más breve período
romano que le siguió a partir de modelos más antiguos conservados en bi-
bliotecas próximas. En general eran manuscritos en tamaño folio que eran
transcritos por uno o varios copistas a la vez en un trabajo en equipo que
se veía facilitado por la pertenencia de todos ellos a un mismo taller de co-
pia. Los nombres de varios de estos copistas son conocidos – Andrónico
Nuccio, Nicolás Múrmuris, Pedro Carnabacas, Nicolás Marulo Gaitano,
Juan Mauromates – , mientras otros permanecen en el anonimato: todos
ellos han sido detenidamente estudiados desde una perspectiva paleográ-
fica en varios trabajos de Antonio Bravo García123. Cuando se conservan
los antígrafos originales, el valor de estas copias modernas para la historia
de los textos suele ser mínimo, dado que son descartados por los editores
en calidad de codices descripti. Sin embargo, para Mendoza – y, en general,
para todos aquellos hombres de cultura que a lo largo del s. XVI crearon
grandes colecciones privadas a base de encargos de copias – tales ejempla-
res incrementaban objetivamente el valor de su biblioteca. Ésta es la razón
por la que mandó encuadernar muchos de ellos con la vistosa vestidura
alla greca obra de Andrea di Lorenzo con el cuero y los cortes teñidos mi-
tad en rojo mitad en negro y las tapas decoradas con unos medallones con
motivos clásicos. Si un recentior mendociano presenta la encuadernación
del taller de El Escorial ello significa, por regla general, que su factura ha
de situarse o bien en los últimos años de la embajada veneciana, cuando
quizás Mendoza no disponía ya de recursos económicos para hacerse en-
cuadernar los manuscritos, o en el período de la biografía de Mendoza
transcurrido en Roma entre 1547 y 1552.

123. Bravo García 1981; Id. 1982; Id. 1983-1984. Varios de estos copistas están in-
volucrados asimismo en la copia de manuscritos de la biblioteca de Guillaume Pellicier: cfr.
Cataldi Palau 1986b.
358 Teresa Martínez Manzano

Esta riquísima biblioteca de en torno a 260 manuscritos griegos124


formada por Diego Hurtado de Mendoza durante su embajada venecia-
na entre 1539 y 1546 y que después se incrementaría – según tendremos
ocasión de ver – hasta casi los 300 volúmenes era, a ojos de sus contempo-
ráneos, especialmente valiosa por sus ejemplares procedentes de Levante,
pero también de Italia. En este sentido podemos traer a colación aquí el
testimonio de Arnoldo Arlenio, que, como hemos adelantado, fue biblio-
tecario de Mendoza desde finales de 1542 hasta 1546 y que conocía mejor
que nadie la calidad de la colección del embajador. En la dedicatoria a
Mendoza que antepone a su edición de Flavio Josefo aparecida en 1544
en Basilea Arnoldo dice:
Dum labores infinitos ac sumptus maximos in exquisitissimos inven-
tuque rarissimos codices insumeres, quos tum in Italia tum in Graecia
defossos quasi thesauros aliquos eruendos, ac in tuam pulcherrimam
bibliothecam deferendos curasti.

Subraya el bibliotecario de Mendoza que éste tenía «los códices más


exquisitos y raros sacados a la luz como tesoros enterrados tanto en Italia
como en Grecia». De estas palabras, que están referidas explícitamente a
los manuscritos antiguos – no a las copias encargadas por Hurtado duran-
te su estancia en Venecia – , se deduce que parte de la biblioteca de Men-
doza procedía del ya extinguido Imperio Bizantino, mientras otra parte
provenía del mercado librario italiano. Es lógico pensar que la primera
ciudad italiana a la que Hurtado dirigió sus pesquisas fue Venecia, centro
del comercio de libros manuscritos e impresos en el s. XVI a donde venían
llegando sin interrupción desde el s. XV manuscritos procedentes de los
territorios orientales bajo el dominio de la Serenissima y lugar de acogida
de una importante colonia griega que proporcionaba mano de obra para
elaborar copias de textos.
A propósito del valor que Arlenio concedía a los manuscritos anti-
guos de la biblioteca mendociana procedentes tanto de Bizancio como
de Italia, debemos recordar que en 1543, concretamente entre febrero
y septiembre, el embajador financió una expedición al monte Athos de
Nicolás Sofiano que tenía como objetivo la compra de manuscritos grie-
gos. Sofiano es un personaje fascinante: un corfiota que se estableció en
Venecia, en donde ejerció como copista, traductor, gramático, cartógrafo
y editor125. Aunque no tenemos ninguna referencia del propio Sofiano a

124. Irigoin 1977, p. 402, la califica como «superbe collection».


125. Sobre Nicolás Sofiano puede verse la panorámica ofrecida por Layton 1994, pp.
460-472.
La biblioteca manuscrita griega 359

este viaje, son varios los testimonios más o menos contemporáneos que
hablan de esa expedición a los monasterios de territorio otomano en bus-
ca de originales de textos inéditos con intención de traerlos o de sacar
copias de ellos126. Entre esos testimonios destaca precisamente el de Jean
Matal, quien en una carta a Antonio Agustín del 6 de febrero de 1543127
se refiere al viaje de Sofiano en los siguientes términos:
Jacobus Mendoza Nicolaum Sophianum Corcyrensem in montem
Athum misit procul a Thessalia centum milliaribus, ut quicquid li-
brorum nondum editorum graeceque scriptorum inveniret, ad se de-
ferret aut describi curaret.

Por desgracia, no disponemos de detalles concretos sobre los libros


comprados por Nicolás Sofiano en Oriente a expensas de Mendoza ni
sobre las estaciones concretas de su viaje. En realidad, la única huella ma-
terial de la presencia de Nicolás Sofiano en el monte Athos en 1543 es la
copia de un quinión con varios opúsculos de geógrafos menores conser-
vada en el manuscrito de Cambridge, University Library, Gg II 33 (ff.
122r-131r). Según ha demostrado Aubrey Diller128, Sofiano consultó el
códice Vatopedi 655 en el propio monasterio atonita, anotando incluso
sus márgenes, y sacó de él una copia de los textos que todavía se hallaban
inéditos, el mencionado quinión del Cantabrigensis, que se llevó consigo
a Venecia129.
Con respecto al itinerario seguido por Nicolás Sofiano en esta ex-
pedición, una de las estaciones del viaje a la ida o al retorno pudo haber
sido la isla de Corfú, de la que Sofiano era oriundo, a tenor de la siguiente
información: un manuscrito del fondo Mendoza hoy desaparecido – Es-
cur. A II 6 – que contenía los libros VI-XVIII de las Historias de Polibio
y fragmentos de la Biblioteca de Apolodoro fue utilizado para preparar la
edición de Johann Herwagen (Hervagius) de Polibio aparecida en Basilea
en 1549130. En el prefacio de la edición, dedicado a Hurtado de Mendo-

126. Graux – De Andrés 1880⁄1982, pp. 190-196; 206-208.


127. Flores Sellés 1980, p. 142.
128. Diller 1937, pp. 182-184. Cfr. también Diller 1952, pp. 15-17; RGK I
318.
129. En su Bibliotheca Universalis de 1545, Gesner dice haber coincidido con Sofiano du-
rante su viaje a Venecia de finales de 1543 o principios de 1544 y haber conocido de este modo
el texto de tres de los geógrafos menores (Agatemero, la Diagnosis geographiae y la Hypotyposis
geographiae), que constituían una gran novedad por no haber sido publicados todavía. Los tres
textos alcanzaron pronto difusión a través de varias copias contemporáneas, entre ellas la del
Escur. Ω I 11, ff. 334-348, propiedad de Mendoza (cfr. Guzmán Guerra 1977).
130. Moore 1965, pp. 109-112.
360 Teresa Martínez Manzano

za, Arnoldo Arlenio asegura que el manuscrito mendociano que sirvió de


modelo para editar el texto había sido adquirido en Corfú de los libros de
Juan Mosco131. Mosco fue un erudito activo en la isla jónica en la segunda
mitad del s. XV cuyos libros han pasado a Occidente gracias sobre todo
a las adquisiciones efectuadas in situ por personajes como Ianos Láscaris
o Antonio Eparco132. Cabe pues la posibilidad de que el manuscrito de
Apolodoro y Polibio le fuese vendido a Hurtado de Mendoza por Anto-
nio Eparco, natural de Corfú y persona, como tendremos ocasión de ver,
estrechamente ligada a la génesis de la biblioteca del embajador, pero me
parece igualmente aceptable que el responsable de esta adquisición fuese
el también corfiota Nicolás Sofiano, que pudo hacer escala en su isla natal
con ocasión de la expedición a la Montaña Sagrada133.
Sea como fuere, hasta ahora quienes se han acercado al fondo Men-
doza de El Escorial han relacionado incuestionablemente la proveniencia
de un determinado manuscrito del monte Athos con la expedición de
Sofiano de 1543 a los monasterios atonitas. Esto es lo que ha sucedido
con el Escur. T III 14, un famoso códice con la Ciropedia de Jenofonte
copiado en Constantinopla a principios del s. X134: una nota en el f. Iv
atestigua que el manuscrito ingresó en la primera mitad del s. XIV en el
Monasterio de la Lavra de San Atanasio135. De ahí se ha deducido automá-

131. «Quam a Corcyra, ex doctissimi senis Jani Moschi suppellectile nactus eras».
132. Puede verse sobre este asunto Speranzi 2005a, Speranzi 2007 y Mondrain
2008, con toda la bibliografía anterior.
133. Resulta poco creíble pensar que una persona tan involucrada en el acrecentamiento
de la biblioteca de Mendoza como lo fue Nicolás Sofiano no haya dejado huellas de su trabajo
en ningún manuscrito de su patrón, o al menos en ningún manuscrito conservado en El Esco-
rial, máxime si se tiene en cuenta que después de su expedición a Grecia de 1543 Sofiano siguió
residiendo en Venecia durante algunos años y emprendió iniciativas editoriales con Antonio
Eparco (cfr. Tolias 2006, pp. 152-153). La mano de Sofiano parece encontrarse, según los
autores del RGK I 318 (cfr. asimismo II 437, III 517), en uno de los poquísimos códices de
Mendoza conservados fuera de España: Bodl. Lib., Auct. E. 1. 11 (Misc. 25), en concreto en
las adiciones de los ff. 35rv, 38, 121v, 181v y en los epígrafes de los ff. 122, 272. El principal
escollo a la hora de identificar a Sofiano en los códices escurialenses radica en la disparidad de
los specimina que se han publicado con su escritura, principalmente el del Schirò 1969, pp.
210-212, tavv. 1 y 2 (Par. gr. 1305, de 1533; Vat. gr. 2214, quizás de ante 1533), el de RGK IB
318 (Par. gr. 1963, de 1534) y el de Cataldi Palau 1986a, pp. 107, 123-124, n. 37, tav. 13
(Genova, Biblioteca Franzoniana, Urbani 23, con la anotación πόνημα χειρῶν τάλανος Νικο-
λάου, de ante 1528). Véase asimismo Canart 1966. Por otro lado, la atribución por parte de
Revilla 1936, p. 279, a Nicolás Sofiano de los ff. 148-230 (Plotino) del Escur. Σ I 19, adqui-
rido por Benito Arias Montano en Flandes, es totalmente gratuita.
134. Perria 1988.
135. Hasta tres veces lo escribe una mano anónima en distintos lugares del manuscrito.
En f. Iv: βιβλίον προστεθὲν ἐν τοῖς κατεχουμεναίοις τῆς ἱερᾶς Λαύρας τοῦ ἁγίου Ἀθανασίου παρὰ
τοῦ τιμιωτάτου ἐν ἱερομονάχοις κυροῦ Ἰγνατίου τοῦ καλοθέτου; en f. 1r: βιβλίον τῶν κατεχουμέ-
νων τῆς ἱερᾶς Λαύρας; en f. 146r: βιβλίον τῶν κατεχουμένων τῆς ἱερᾶς Λαύρας τοῦ ἐν τῷ Ἄθῳ.
La biblioteca manuscrita griega 361

ticamente que fue Sofiano quien lo adquirió allí. Sin embargo, un reciente
trabajo de Michele Bandini ha desvelado que en el margen izquierdo del
f. 1v se encuentra como signo de reclamo una ramita con hojas con for-
ma de sigma que abraza al lado derecho una pequeña eta indicando por
tanto el habitual ση(μείωσαι) de los códices griegos: se trata de un diseño
cuidadosamente elaborado y característico del profesor de la Universi-
dad de Padua Niccolò Leonico Tomeo (1456-1531), filósofo, traductor
y comentarista de Aristóteles, pero también estudioso del platonismo y
neoplatonismo136. No fue por tanto en el Athos, sino en Padua – y en la
casa de Tomeo que habitaban sus sobrinos y en donde se conservaron sus
libros hasta que pasaron a manos de Pietro Bembo – donde adquirió esta
conocida Ciropedia Diego Hurtado de Mendoza137.
En cualquier caso, el Escur. T III 14 no es el único códice mendocia-
no que procede en última instancia del monte Athos. Un origen atonita
puede constatarse asimismo para el Escur. Y III 14, un ejemplar con obras
de medicina138 que presenta un núcleo primitivo de 1323-1324 (ff. 188-
241v) copiado por el monje Jorge, médico del hospital imperial (ἰητροῦ
τοῦ βασιλικοῦ ξενῶνος), según la suscripción del f. 236, y que fue completa-
do en 1486 por varios escribas, entre ellos el monje Nicéforo (ff. 22-148v,
156-187) en el Monasterio de Vatopedi139. Pues bien, aquí la paleografía
puede proporcionar una ayuda inestimable para un mejor conocimiento
sobre la formación de la biblioteca mendociana, ya que, según hemos po-
dido constatar, este Escur. Y III 14 incluye parcialmente al mismo copista
que aparece en otros dos ejemplares: Y III 17, T II 14. Se trata de tres
manuscritos mendocianos de contenido médico – respectivamente los nr.
36, 17 y 1 de la lista de Matal – , lo que significa que seguramente compar-
ten una historia y un camino común hacia Italia.
Veámoslos brevemente. En el Y III 14 un cuaternión que contiene un
brontologio, el De urinis de Nicéforo Blemides y varios praecepta medica

136. Bandini 2007-2008, p. 480.


137. También es errada la interpretación que se ha hecho hasta ahora de la encuaderna-
ción del Escur. T III 14: De Andrés 1955, pp. 236-237, la consideraba mudéjar y por tanto
encargada por Hurtado de Mendoza en Granada, en donde el político pasó algunos años de su
vida a su regreso de Italia. En verdad, el manuscrito luce una „falsa“ encuadernación alla greca:
se trata, creemos, de una encuadernación bizantina restaurada en Italia mediante el sencillo
expediente de forrarla de nuevo decorando las cubiertas con motivos occidentales.
138. Pablo de Egina, Juan Zacarías Actuario, Teófilo, Galeno, Avicena y los Ephodia,
según hemos tenido ocasión de ver en § 3.
139. Cfr. la suscripción del f. 187: ... ὃς καὶ μονάσας ἐν τῇ σεβασμίᾳ μεγάλῃ μονῇ τῆς ὑπε-
ραγίας μου ἐν τῷ Βατωπαδίῳ, ἐν ᾧ γέγραπτε καὶ τὸ παρὸν βιβλίον. Una breve mención a este
manuscrito, por mor de sus circunstanciadas suscripciones, se encuentra en Gamillscheg
1999, p. 481, n. 23 y 24.
362 Teresa Martínez Manzano

(ff. 149-155) ha sido escrito con tinta muy negra y epígrafes en rojo por
un copista anónimo del s. XV coetáneo del Nicéforo al que nos acabamos
de referir. Este mismo copista vuelve a aparecer en el Escur. Y III 17 como
responsable de la copia de casi todo el libro (ff. 23-206, 212-215v, tav. 5),
que contiene principalmente los Aforismos de Hipócrates con un comen-
tario anónimo más el comentario de Galeno a los Aforismos y Pronóstico
hipocráticos. Este manuscrito es datado por Gregorio de Andrés, en fun-
ción de sus filigranas, a mediados del s. XV140, pero conviene advertir que
en su f. 3v contiene una carta escrita en el s. XVI en caracteres griegos pero
en lengua árabe o turca en Estambul, la antigua Constantinopla. Sería éste
un claro indicio de que el códice se encontraba en territorio otomano a
principios del s. XVI, antes de llegar en Venecia a manos de Diego Hurta-
do. El tercer manuscrito en el que vuelve a aparecer el mismo copista anó-
nimo es el Escur. T II 14, un códice de principios del s. XV que contiene
los Ἐφόδια y presenta en f. 41 una filigrana de segura identificación: Monts
11898 Br., de 1418. La mano principal del manuscrito es la de un escriba
llamado Jorge Catrario141, si bien el libro ha sido restaurado y completado
en distintos momentos a lo largo del s. XV y quizás también a principios
del XVI. Hasta el momento no había sido advertido que este Escurialen-
sis presenta varios pínakes142 correspondientes a los libros III-VII de los
Ephodia de la pluma de Esteban de Medea, hieromónaco y skeuophylax
del monasterio de Pródromo-Petra en Constantinopla y al menos desde
1431 metropolita de Medea en Tracia (tav. 6)143. Tratándose de un libro
de contenido médico y teniendo en cuenta los lazos que unieron a Este-
ban de Medea con el cenobio de Pródromo-Petra, ligado como se sabe al
hospital del Kral, es razonable pensar que el manuscrito proceda de aquel
centro de copia. Pues bien, en este Escur. T II 14 hay una mano que inter-
viene en los ff. 17-18v, 178-191v, 201v, 217-234v, 235rv, que ha restaura-
do el libro reescribiendo en rojo los títulos desvanecidos por la humedad,
realizando algunas adiciones textuales, reforzando los márgenes lateral e
inferior con tiras de papel nuevo y renumerando los fascículos (tav. 7). Se
trata del mismo copista que ya encontrábamos en los Escur. Y III 14 (ff.
149-155) e Y III 17 (ff. 23-206, 212-215v), una persona conocedora de la

140. De Andrés 1965, pp. 167-169.


141. ἐγράφη παρ᾽ἐμοῦ Γεωργίου τοῦ Κατράρι, copista no recogido en el RGK. Véase Vo-
gel – Gardthausen 1909, p. 78.
142. En ff. 55v, 74r, 95v, 127r, 146v.
143. Sobre él véase RGK I 366, II 503, III 584 y Cataldi Palau 2008a [reproducido en
Cataldi Palau, 2008b, pp. 303-344, en esp. 305-316].
La biblioteca manuscrita griega 363

literatura médica que vive en la Bizancio otomana144. Estos tres manuscri-


tos han de venir de un mismo centro de copia activo en época otomana y
quizás lo hicieron a través de la expedición de Nicolás Sofiano por oriente
de 1543.
Pese a todo, entre tanto no salgan a la luz nuevos datos que permi-
tan relacionar sin ambages un códice mendociano con el viaje de Sofiano,
quizás sea preferible concentrarse en los manuscritos griegos antiguos – y
con ello queremos decir no recentiores de mediados del s. XVI – que Hur-
tado pudo adquirir en Italia, pero sin repetir el tópico habitual, no exen-
to de verdad pero tampoco de imprecisión, de que el embajador compró
sus manuscritos en Venecia. Acabamos de constatar, a propósito del T III
14 con la Ciropedia, que para formar su biblioteca el embajador español
no recurrió (o no sólo) a las bibliotecas o a los marchantes de Venecia,
sino a la capital intelectual del Véneto, que era la ciudad de Padua con su
universidad. Padua no sólo era un centro universitario de primer rango,
sino que para Mendoza había sido en parte su alma mater, junto con la
Universidad de Salamanca y el Studium romano, tal y como confirma el
cronista regio Ambrosio de Morales (1513-1591) en la dedicatoria de las
Antigüedades de las ciudades de España al decir de Mendoza que «assis-
tiendo los veranos en la guerra, los inviernos se yva a Roma y a Padua y a
otras universidades, donde avia insignes maestros, como eran Augustino
Nympho, Montesdoca y otros, para oyrles logica, philosophia y mathe-
maticas»145. Y en Padua estaban no sólo los libros de Leonico Tomeo, que
había muerto como hemos visto en 1531, ocho años antes de la llegada de
Mendoza a Venecia, sino también la espectacular biblioteca y residencia
de Pietro Bembo, con quien Hurtado tuvo ciertas rencillas.
Es el momento de traer a colación otro códice mendociano antiguo
cuyo iter italicum reviste gran interés desde el punto de vista de la histo-
ria de las bibliotecas humanísticas y del paso de los manuscritos por las
manos de destacados intelectuales: el Escur. T III 2 con el Comentario al
Timeo de Proclo. Según hemos podido demostrar en otro lugar146, este

144. A tenor también de que en el margen inferior del f. 19 del Escur. T II 14 se han
escrito en árabe los nombres Ahmet aben Abraham aben Halet.
145. Abascal 2012, p. 40. En esa misma dedicatoria (p. 41) De Morales subraya la im-
portancia de los textos patrísticos y algunos científicos e históricos de la colección mendoci-
ana: «Deste grande amor que Vª Sª ha tenido a las letras, ha resultado el singular provecho
de tener, como tenemos tantos y tan insignes authores Griegos, que antes no teniamos: pues
nos hizo traer de Grecia muchas cosas de los santos Basilio, Gregorio Nazianzeno, Cyrilo y
de otros excelentes authores a todo Archimedes, mucho de Heron, de Appiano Alexandrino
y de otros».
146. Martínez Manzano 2015a, pp. 211-242.
364 Teresa Martínez Manzano

Escurialensis y el Par. gr. 1839, que contiene la misma obra de Proclo, fue-
ron producidos en la segunda mitad del s. XIV. Ambos se encontraban
en Constantinopla en la tercera década del s. XV, cuando los incorporó
a su biblioteca Francesco Filelfo, quien, al finalizar su estancia de siete
años en la capital bizantina, entre 1420 y 1427, los llevó consigo a Italia y
escribió en sus últimos folios sendos exlibris autógrafos, en el f. 402v del
Escurialensis y en el f. 522 del Parisinus: ἡ βίβλος αὕτη τοῦ <Φραγκίσκου
τοῦ Φιλέλφου> ἐστὶν καὶ τῶν φίλων αὐτοῦ τῶν καλῶν. El paso fraudulento
de los dos manuscritos a otros propietarios propició el que se borrase el
nombre de Filelfo para eliminar cualquier huella de su pasado147. Efecti-
vamente, los dos manuscritos de Filelfo acabaron, como casi toda la colec-
ción del humanista de Tolentino, en la biblioteca de Lorenzo el Magnífico
al menos ya en agosto de 1482. Con ocasión de un préstamo solicitado
por el maestro ateniense Demetrio Calcóndilas el 13 de enero de 1489148
los dos Proclos salieron de la Medicea Laurenziana y ya nunca regresaron a
esa biblioteca. Calcóndilas confiesa el 3 de octubre de 1491 en ese mismo
registro que los dos libros siguen estando en su poder, y es de suponer que
en sus manos seguían aún el 6 de noviembre de ese mismo año, cuando
Calcóndilas acepta la invitación de Ludovico el Moro y se traslada a Mi-
lán tras quince años de magisterio en Florencia149.
A la muerte de Calcóndilas los dos Proclos de Filelfo siguieron cami-
nos distintos: el Par. gr. 1839 pasó a manos de Niccolò Leonico Tomeo,
filólogo, filósofo, editor y coleccionista – como hemos tenido ocasión de
mencionar antes – y también discípulo de Calcóndilas: sin duda Leonico
Tomeo utilizó el códice para realizar su traducción humanística del Co-
mentario al Timeo aparecida en las prensas en 1525. Por su parte, el Escur.
T III 2 acabó en Venecia en el palacio de Diego Hurtado de Mendoza,
pero no tenemos ninguna certeza sobre quién pudo ser el intermediario

147. En el caso del códice de El Escorial, el exlibris sufrió además colateralmente los
efectos del incendio de la biblioteca de 1671 y está parcialmente quemado.
148. Que habrá que entender como 1490, si la fecha del registro de préstamos está escrita
en estilo florentino.
149. En Florencia Calcóndilas había mantenido estrechos contactos intelectuales con el
filósofo neoplatónico Marsilio Ficino y también con el bizantino Ianos Láscaris. En el caso de
este último – que había sido previamente alumno suyo en Padua y que ahora era su colega en
la ciudad del Arno – la relación había pasado a ser de franca amistad, al punto que el contacto
entre los dos expatriados se mantuvo mientras el ateniense vivió en Milán, en donde acogió
a Láscaris en una fecha imprecisa en 1509 o 1510. En casa de Calcóndilas el rindaceno vivió
hasta la muerte de su antiguo maestro sucedida el 9 de enero de 1511. Dado que Láscaris
y Calcóndilas habían trabajado juntos en Florencia sobre los mismos libros y habían tenido
ocasión de coincidir después en la capital de la Lombardía, no sorprende que el Escur. T III 2
muestre huellas de Láscaris en bastantes de sus folios. Para otros ejemplos de manuscritos de
Filelfo en las manos de Ianos Láscaris cfr. Speranzi 2005b.
La biblioteca manuscrita griega 365

en este traspaso. Por una parte, si Mendoza consiguió la Ciropedia del Es-
cur. T III 14 en la casa de Leonico Tomeo – como hemos visto antes – ,
otro tanto podría haber pasado con el T III 2, aunque en este caso ningu-
na guirnalda, ningún ramillete, ninguna manícula ni ninguna dedicatoria
amorosa, tan típicas de los libros de Leonico Tomeo, nos ayude a con-
firmar que el comentario procliano de El Escorial estuvo efectivamente
en sus manos. Por otra parte, es posible pensar que el códice Escurialen-
sis estuviese temporalmente en poder de Aulo Giano Parrasio, yerno de
Calcóndilas y receptor parcial de su biblioteca, ya que algunas apostillas
marginales en latín en los ff. 1-21, 37 y 39 que ponen de relieve la apari-
ción en el texto de ciertos nombres o títulos150 podrían atribuirse quizás
a su mano. Cabe finalmente suponer que el manuscrito fue propiedad de
Paolo Giovio, alumno de Calcóndilas en Milán y persona estrechamente
relacionada con Mendoza en Venecia151.
Está claro que el espectacular crecimiento de la biblioteca de Diego
Hurtado durante su breve embajada veneciana sólo puede entenderse si
se tiene en cuenta la amplia red de contactos que tejió en Italia. Examine-
mos aquí el caso de un manuscrito de Ptolomeo del que ya hemos tenido
ocasión de hablar en páginas anteriores a propósito de la ausencia en él
del conocido exlibris de Gracián: el Escur. Ω I 1. Contiene varias obras
ptolemaicas – Almagesto, Tetrabiblos, Geografía – y fue transcrito en 1523
en Carpi, cerca de Modena, por Donato Bonturelli. La suscripción del f.
118v aporta mucha información sobre esta copia152 y debería sernos de
alguna utilidad, teniendo en cuenta que Donato asegura en ella que el
antígrafo, al menos el del texto del Almagesto – que es la obra que precede
a la suscripción – era no sólo propiedad de Giorgio Valla, sino también
un autógrafo del humanista de Piacenza153, que ese modelo había pasado
después a manos del príncipe Alberto Pio de Carpi154 y que la copia del

150. Algunos de estos lemas son: Aristoteles, Porphyrius, Nilus, De inventione, Era-
tosthenes, Iamblichus, Aristides, Orpheus, Angelus, Longinus, Origenes, Homerus, Aegyptus,
Panetius, Theodorus.
151. González Palencia – Mele 1941-1943, p. 184, hacen referencia a Paolo Giovio
como un miembro – junto con Pietro Aretino, Sansovino o Vasari – del círculo más próximo
a Mendoza. Giovio era consejero del cardenal Alessandro Farnese.
152. Pese a lo cual el manuscrito apenas ha sido estudiado desde una perspectiva cultural
e histórica. Burri 2013, pp. 107, 534, 539, no ensaya ninguna reconstrucción de la genealogía
de los códices de la Geografía de Ptolomeo ni aclara cuál haya podido ser el antígrafo del Escu-
rialensis, de hecho, duda de si el manuscrito de El Escorial es de pergamino o papel.
153. Δωνᾶτος ὁ Βοντουρέλλιος ἐξέγραψεν ἀπὸ ἀντιγράφου ὃ πρὶν μὲν κτῆμα ὑπάρχον τοῦ
Γεωργίου τοῦ Βάλλα, καὶ γὰρ ὁ αὐτὸς ἐγεγράφει τῇ ἰδίᾳ χειρί.
154. Siguiendo así el destino común a casi todos los manuscritos griegos de Giorgio Valla.
Hay que advertir que en el f. 1 el Escurialensis contiene un breve fragmento del tratado de
366 Teresa Martínez Manzano

Escurialensis se había ejecutado cuando Alberto Pio había sido expulsado


de sus dominios «por el escorpión más malvado de los seres vivos»155.
Que sepamos, el manuscrito de Ptolomeo que sirvió de antígrafo no
ha sido localizado156, pero aquí al menos conviene advertir de que este
Δωνᾶτος ὁ Βοντουρέλλιος no era un mero copista: el verdadero nombre de
este veronés era Bernardino Donato (1483-1543)157, helenista, gramáti-
co, editor y traductor. No es casualidad que Donato copiase su Ptolomeo
tomando como modelo un códice que era propiedad de Alberto Pio de
Carpi, ya que Donato estuvo activo en Carpi en la corte de los Pio y fue
preceptor de Rodolfo Pio, sobrino del príncipe Alberto y futuro carde-
nal. Lo que nos interesaría a nosotros es saber de qué manera Hurtado
de Mendoza se hizo con este Escur. Ω I 1. Ante el dilema de si el códice
estuvo en poder de Donato hasta su muerte en 1543 y de ahí llegó direc-
tamente a la biblioteca mendociana o, por el contrario, pasó a manos de
Rodolfo Pio, pupilo de Donato, y de ahí a Hurtado, creo que es preferi-
ble esta segunda opción, contando con la posibilidad de que Rodolfo Pio
formase parte del círculo del embajador como lo hicieron muchos otros
cardenales158.
Añadamos en este apartado una última reflexión sobre las bibliote-

Arquímedes De dimensione circuli (Heiberg 1910-1915, I, p. 236, lín. 7-10; cfr. asimismo
p. xxxvii), de lo que razonablemente puede deducirse que Donato tuvo acceso en 1523 al
famoso códice de Arquímedes de Valla hoy perdido y sobre el cual puede verse Rollo 2012,
p. 131, n. 3.
155. τοῦ αὐτοῦ Ἀλβέρτου ἐκβληθέντος ἤδη τῆς ἰδίας ἀρχῆς ὑπὸ τοῦ σκορπίου τοῦ μιαρωτά-
του τῶν ζῴων, quizás una referencia a Cesare Borgia.
156. Mercati 1938, p. 60, n. 4. El antígrafo no puede haber sido el autógrafo de Valla
Modena, Biblioteca Estense α.V.7.6, como creen Vogel – Gardthausen 1909, p. 114, n. 2,
y Mercati 1938, pp. 205, 231, que no contiene el Almagesto. De los manuscritos griegos de
Giorgio Valla vistos por Ianos Láscaris, el erudito rindaceno deja constancia en su cuaderno
de notas del Vat. gr. 1412 de unas Ἐπισημειώσεις τῆς τοῦ Πτολεμαίου γεωγραφίας (cfr. Müller
1884, p. 383).
157. Puede verse sobre él Bernardinello 1979, p. 70 (nr. 76) y tav.; y sobre todo Pe-
senti 1992. Sólo en el manuscrito de El Escorial y en la mención que un alumno suyo hace de
él como Bernardino Donato Bonturello recibe este apelativo «Bonturelli».
158. Al referirse a un impreso de Aristóteles propiedad de Mendoza – el primer tomo de
la aldina, dedicado a Alberto Pio de Carpi, Escur. 54 IV 3 – Hobson 1999, p. 84 y fig. 36,
sugiere que el embajador pudo conseguirlo en Roma a través precisamente de Rodolfo Pio. En
este contexto no está de más llamar la atención sobre una carta de Páez de Castro a Jerónimo
Zurita escrita desde Trento el 14 de diciembre de 1545 en la que Páez dice: «Del ejemplar de
la Geografía de Ptolomeo que dice vuestra merced que tiene Lactancio Ptolomeii, pregunté
al señor don Diego. Y dice que es un libro muy bien escrito, mas que no hay nada nuevo. Yo
procuraré que se haga colación» (cfr. Domingo Malvadi 2011, pp. 326, 474). Lattanzio
Ptolomei, embajador de la República de Siena y sienés él mismo, había muerto en realidad dos
años antes de esta carta, el 23 de noviembre de 1543, y había sido propietario del Ptolomeo
Par. gr. 1404. En cualquier caso, el testimonio de esta carta es interesante porque indica que
Hurtado tenía acceso a los libros de Lattanzio.
La biblioteca manuscrita griega 367

cas italianas y Hurtado: es evidente que entre las venecianas, la Biblioteca


Marciana desempeñó un papel determinante en la elaboración de las co-
pias de Mendoza. También se recurrió, parece que sólo ocasionalmente,
a la colección custodiada en el convento dominico de San Zanipolo y en
cambio mucho – lo vamos a ver de inmediato – a la del monasterio agus-
tino de Sant’Antonio di Castello. Pero en la región véneta había más bi-
bliotecas en las que Hurtado pudo comprar libros. Sabemos, por ejemplo,
que Jean Hurault de Boistaillé, embajador francés en Venecia entre los
años 1561 y 1564, quince años después que Hurtado, compraba libros a
Andrés Darmario y a Nicolás de la Torre que muchas veces procedían de
Sant’Antonio y de San Zanipolo, pero que en otros casos provenían de
otros conventos de Venecia o Padua, como los conventos venecianos de
Madonna dell’Orto y San Francesco della Vigna o el convento paduano
de Santa Giustina159.
Ciertamente a estas bibliotecas conventuales podría haber accedido
también el embajador español para sus compras. De hecho, alguno de sus
libros presenta signaturas más antiguas que debían de corresponder a las
bibliotecas primitivas: es el caso del Escur. Y III 18, un ejemplar del s. XIII
con la Metafísica de Aristóteles cuyo primer folio antiguo (actual f. IV) es
un fragmento de papel con el nr. 45 seguido del título Aristoteles, sin duda
un número de orden dentro de una biblioteca antigua160. Por otra parte, la
presencia de un códice italo-griego en la colección mendociana – Escur.
Y III 3, con una síloge de obras de Máximo Confesor, copiado por varios

159. Así, de entre los manuscritos de Hurault, el Par. gr. 2877 y el Bern. 547 llevan el
exlibris «Iste liber est sancte Marie ab orto», de Venecia; los Par. gr. 504 y 940 proceden de
Santa Giustina, en Padua (el segundo de los dos llevado allí por Palla Strozzi); finalmente,
los Par. gr. 2941 y 2942 proceden de San Francesco della Vigna, en Venecia: cfr. Jackson
2004, pp. 219, 220, 232. Recordemos por lo demás que uno de los más valiosos manuscritos
de Mendoza, el Escur. Y III 11, con un corpus de poliorcética de los ss. X-XI acompañado de
ilustraciones (se trata de la segunda parte del Neap. III C 26), procede del monasterio de San
Pietro en Perugia, según se lee en varias notas del f. 1, lo que confirma que los monasterios eran
un buen lugar de aprovisionamiento de manuscritos. A San Pietro lo había donado Francesco
Maturanzio (cfr. Hoffmann 1983, pp. 118-119). No está de más señalar que – pese a que
De Andrés 1965, p. 159 y Bravo García 2008, p. 50 – consideran que la encuadernación
de este ejemplar es la típica de El Escorial, en verdad es una encuadernación occidental vene-
ciana con el cuero muy desgastado. Maturanzio poseyó de hecho otros códices provistos de
encuadernación veneciana (cfr. Hoffmann 1982, pp. 746-757). El hecho de que el volumen
no aparezca entre los libros elencados por Matal indicaría que se trata de una adquisición po-
sterior a la estancia veneciana de Hurtado: por tanto, la encuadernación no sería un encargo
del embajador español, sino que habría sido pagada décadas antes por Maturanzio, lo que
explicaría además su acusado deterioro.
160. En lugar de la palabra Aristoteles, De Andrés 1965, p. 169 consigna equivocada-
mente locus 104. El manuscrito corresponde al nr. 250 de la lista de Matal y ha sido descrito
pormenorizadamente por Harlfinger, en AG, pp. 175-176. Véase también Harlfinger
1979, pp. 10, 18, 27.
368 Teresa Martínez Manzano

amanuenses calabreses de la escuela „niliana“ en los ss. X-XI161 – , en ver-


dad el único ejemplar que el embajador poseía de la Italia Meridional, no
significa que fuese comprado en alguna abadía del sur de Italia, ya que los
códices italogriegos podían circular igualmente en el mercado librario de
Venecia162.

8. Mendoza y la biblioteca de Sant’Antonio di Castello


Comenzábamos estas consideraciones sobre la biblioteca de Diego
Hurtado trayendo a colación una carta de Juan Páez de Castro escrita des-
de Trento el 8 de junio de 1546 (cf. § 2) en la que el cronista real mostraba
su interés por reunir en un único volumen los índices de cuatro grandes
bibliotecas con fondos manuscritos griegos, la Pontificia Vaticana, la Mar-
ciana de Venecia, la del Monasterio de Sant’Antonio di Castello y la del
propio Hurtado de Mendoza, estas dos últimas sitas en Venecia: «porque
todo lo que digo tenemos aquí en Trento». Estas últimas palabras dan a
entender que entre los humanistas y eruditos presentes en el Concilio de
Trento circulaban catálogos o índices en los que constaban los títulos y
autores presentes en esas cuatro bibliotecas citadas163.
Quienes se han acercado a la biblioteca del embajador español tra-
tando de explicar su génesis han mencionado siempre la Biblioteca Mar-
ciana como origen de los recentiores de los estantes de Hurtado: es decir,
en la Marciana, en donde se preservaba el legado del cardenal Besarión,
se conservaban los códices que Hurtado mandaba reproducir en copias
modernas. Pero muy pocas veces se ha tenido presente la biblioteca que
poseía el convento veneciano de Sant’Antonio di Castello. Como se sabe,
esta biblioteca era depositaria de los manuscritos griegos del cardenal Do-
menico Grimani, que la había hecho trasladar a Venecia desde Roma en
1522, una año antes de su muerte. Parte del atractivo de la biblioteca de
Grimani a ojos del investigador moderno radica en que éste se había he-
cho con la colección de Giovanni Pico della Mirandola en 1498164 y en
que en el fondo Grimani se conservan también apógrafos de códices de

161. Lucà 2007, pp. 58, 60.


162. Véase lo que decimos a propósito del Escur. Σ III 18 de Matteo Dandolo, de origen
meridional pero dotado de una encuadernación cretense: Martínez Manzano 2014, p.
180.
163. Sobre la circulación en Venecia de tales índices de autores y obras véase Irigoin
1977, pp. 407-408. No en vano, el Memorial con el que trabajó Charles Graux (ms. Egerton
602) no es propiamente un catálogo de códices, sino más bien un índice de autores y obras
presentes en la biblioteca del embajador.
164. Tura 2009.
La biblioteca manuscrita griega 369

Marsilio Ficino (transcritos en su mayor parte por el copista griego Juan


Escutariota) 165 e incluso códices del bizantino Juan Argiropulo166.
En 1687 un incendio devastó la biblioteca de Sant’Antonio y por
mucho tiempo se pensó que su tesoro bibliográfico se había perdido para
siempre, pero en los últimos tiempos ha podido constatarse que algunos
manuscritos se salvaron de aquel incendio y que otros muchos habían
abandonado Sant’Antonio antes del fatídico acontecimiento, como los
códices árabes y hebreos comprados por el banquero Jakob Fugger, los
manuscritos griegos adquiridos por el húngaro Juan Sambuco167 o los
ejemplares hebreos y griegos comprados por el embajador del rey de Fran-
cia en Venecia entre 1561 y 1564 Jean Hurault de Boistaillé168 y por su
hermano André Hurault169. En definitiva, la biblioteca del monasterio
veneciano fue objeto de un sistemático expolio que explica la presencia
de manuscritos de procedencia Grimani en diversas bibliotecas de con-
servación europeas y que paradójicamente ha salvado a estos libros de su
destrucción. Si Henri D. Saffrey logró en 2003 identificar 43 códices grie-
gos de Domenico Grimani en diferentes localidades170, en 2008 Donald
F. Jackson, no sólo ha corregido algunas de las identificaciones de Saffrey,
sino que ha ampliado sensiblemente ese número171 encontrando códices
con señales de una procedencia Grimani – con exlibris conservados o bo-
rrados, con antiguos números de orden etc. – en numerosas bibliotecas
de Europa.
Al tiempo que estudiábamos la relación que la colección mendociana
tiene con el fondo manuscrito griego del convento de Sant’Antonio, he-
mos encontrado, de manera incidental, un dato de interés para la recons-
trucción de otra biblioteca española renacentista, precisamente la de Juan
Páez de Castro, colaborador de Hurtado de Mendoza en Roma172. Los
estudios sobre la biblioteca de Páez de Castro señalaban la existencia entre
sus libros de un índice de los códices griegos de la biblioteca de Sant’An-
tonio. Este índice con el título Libri mss. Graeci qui habentur Venetiis in
Bibliotheca Santi Antonii se encontraba en un lote propiedad del biblió-
filo Sir Thomas Phillipps (nr. 4135) de papeles españoles procedentes de

165. Según ha podido demostrar Sicherl 1982, pp. 323-358.


166. Vendruscolo 2006-2007, pp. 289-297.
167. Jackson 1999.
168. Jackson 2004.
169. De Conihout 2007.
170. Diller – Saffrey – Westerink 2003, p. 106.
171. Jackson 2008.
172. Cfr. supra nn. 7 y 8.
370 Teresa Martínez Manzano

las bibliotecas de Juan de Iriante, Carlos Antonio de La Serna Santander


y los marqueses de Astorga. En 1977 este lote fue vendido a H. P. Kraus,
que lo incorporó a su biblioteca privada. Estando en esa ubicación, Paul
Oskar Kristeller pudo describir el contenido de esos papeles en su Iter
Italicum173. En 1994 la firma H. P. Kraus trató de vender el lote como una
colección, pero sin éxito174 : se trataba de unas 468 páginas desencuader-
nadas con papeles de Páez de Castro entre los que estaban una serie de
listas y catálogos de libros. A partir de ahí se perdía la pista de tales do-
cumentos, que Arantxa Domingo Malvadi en su estudio integral sobre la
biblioteca de Páez de 2011 no pudo localizar175. Pues bien, para describir
el contenido de la biblioteca de Domenico Grimani, en el año 2003 Henri
D. Saffrey utilizó, además del conocido como Documento A (Vat. lat.
3960), un segundo documento, siglado por él con la letra C y conservado
en el códice Marc. lat. XIV 342. Gracias a la amabilidad de Niccolò Zorzi
he podido conocer con detalle el contenido del códice y saber algunos
detalles de su adquisición por parte de la Biblioteca Marciana en 1996 en
el mercado anticuario, ya que este ejemplar no está catalogado: es, de he-
cho, la última adquisición de la Marciana, razón por la cual el manuscrito
lleva la ultimísima signatura de la serie de los Marciani latini: XIV 342. El
códice no tiene todavía un número de colocación: está formado por una
carpeta de cartón que contiene ocho separadores o envolturas, cada una
con un número de inventario (n. i.), del 374771 al 374778. Cada una de
estas envolturas contiene fascículos de extensión variable, desde un bifo-
lio hasta algunas decenas de folios. En el n. i. 374771 figura según el Regis-
tro d’ingresso «A Renaissance catalogue of Bessarion’s library» autógrafo
de Páez, un conjunto de 81 páginas entre las cuales hay dos cuaterniones
marcados con sendos custodios (A, β) en el margen inferior derecho y
con el título Libri Greci qui habentur Venetiis in Blibiotheca (sic) Sancti
Antonii. Este inventario del que, como decíamos, Saffrey se sirvió para
reconstruir la colección de Domenico Grimani pertenecía por tanto a la
biblioteca de Juan Páez de Castro: según las filigranas se trata de un docu-
mento de ca. 1545176 que finalmente ha podido ser localizado.
No está de más añadir en este contexto que una de esas bibliotecas
con antiguos fondos Grimani es la de El Escorial. En el artículo citado
de Jackson aparecido en 2008, el estudioso norteamericano señala haber

173. Kristeller 1990, p. 359ab.


174. Catalogue. Antiquarian Bibliography together with Some Later Selections, nr. 196,
lote 127: cfr. Domingo Malvadi 2011, p. 102.
175. Domingo Malvadi 2011, pp. 100-102; 202; 294; 484-485.
176. Diller – Saffrey – Westerink 2003, pp. 103-105.
La biblioteca manuscrita griega 371

identificado tres item de los libros de Grimani con dos volúmenes de El


Escorial: las entradas 86 (Aristotelis Topica) y 87 (Ioannes Grammaticus
contra Proclum de aeternitate mundi sine principio et sine fine) del inventa-
rio de la colección de Grimani conservado en el Vat. lat. 3960 correspon-
derían respectivamente a la primera y segunda unidad codicológica del
Escur. Σ III 19 (ff. 1-65 y ff. 66-237) y la entrada 323 no sería otra que la
famosa Ilíada del s. XI Escur. Ω I 12. En un artículo aparecido igualmente
en el año 2008 David Speranzi ha podido delinear en todos sus detalles,
con argumentos mucho más circunstanciados de orden codicológico, pa-
leográfico, catalográfico y textual, la historia de las dos unidades codicoló-
gicas del Escur. Σ III 19, que, según ha podido reconstruir este estudioso,
no sólo fueron de Grimani, sino anteriormente de Pico della Mirandola,
y la segunda de estas partes – la que contiene la obra de Juan Filópono (ff.
66-237) – incluso, antes que de Pico, de la Biblioteca Medicea Laurenzia-
na177. El códice con sus dos partes fue adquirido por Benito Arias Monta-
no y dotado en Amberes de una encuadernación flamenca y se tuvo buen
cuidado de borrar concienzudamente el exlibris de Grimani en el margen
inferior del f. 1 que iba acompañado de la antigua numeración del códice
en la colección del cardenal.
En lo que respecta al Escur. Ω I 12, las implicaciones que la reciente
identificación de Jackson puede tener son de enorme transcendencia178,
en la medida en que se trata de uno de los testimonios más antiguos y
más importantes de Homero y de la exégesis homérica179. Por su conexión
con la filología humanística conviene recordar que Anna Pontani señaló
significativas coincidencias entre los escolios transmitidos por este Escu-

177. Speranzi 2008.


178. Hay que explicar que la propuesta de Jackson de identificar este manuscrito con un
códice de la colección Grimani se basa en el exlibris del f. 216v – Liber mei Benedicti Cornelii
quem emi meis pecuniis pretio ducatorum viginti quinque – , que hace referencia a un Benedictus
Cornelius cuya marca de propiedad se lee igualmente en otros dos códices olim Grimani: se
trata del Monac. gr. 521 (Arriano, con exlibris de Cornelius en la contraguarda y exlibris de
Grimani en f. 1: cfr. Jackson 2000, p. 33) y del Vind. Phil. gr. 160 (Ptolomeo, Proclo, Isaac
Argiro, Teón de Alejandría, con exlibris en f. II fechado en 1490 y exlibris de Sambuco en f.
165: cfr. Jackson 1999, p. 4). El personaje en cuestión es Benedetto Corner, un noble vene-
ciano de quien Grimani adquiriría su discreta colección de libros griegos. A los tres códices
con el exlibris de Corner podemos añadir ahora el Brit. Lib., Add. 58224 (Apiano), que en su
f. 338 muestra la nota de propiedad Liber mei Benedicti Cornelii quem emi meis pecuniis. Este
último manuscrito, sin embargo, no parece haber pertenecido a la colección Grimani.
179. Para dar cuenta del alcance de su interés basta remitir al reciente trabajo de Dué –
Blackwell – Ebbott – Smith 2014, con toda la bibliografía anterior. Conocido como
E4 (= West F), el Escur. Ω I 12 muestra una exégesis en distintos estratos cronológicos y una
disposición de texto y escolios distinta a las del Venetus A, Venetus B y Escur. y I 1: «E4 is the
product of multiple channels of transmissions, and cannot be made to fit easily into a conven-
tional stemma» (cfr. p. 6).
372 Teresa Martínez Manzano

rialensis y las apostillas transcritas por el bizantino Ianos Láscaris en el in-


cunable homérico I 50 de la Biblioteca Vaticana180. En cualquier caso, este
manuscrito homérico entró en El Escorial con la colección que Niccolò
Barelli, activo en Venecia, donó a Felipe II en 1572, y nada tiene que ver
con Hurtado de Mendoza.
Como acabamos de ver, ninguno de los dos Escurialenses olim Gri-
mani mencionados procede de Diego Hurtado de Mendoza, pero uno
puede legítimamente preguntarse si también entre los mendocianos de
El Escorial se conservan ejemplares que antes fueron de Grimani y si el
embajador pudo tener acceso a los fondos de la preciosa colección con-
servada en Sant’Antonio di Castello. La respuesta a la primera de estas
cuestiones parece negativa: el expolio masivo de la biblioteca al que antes
hemos hecho referencia parece haber tenido lugar después de la estancia
de Hurtado en Venecia que, recordemos, finalizó en 1546181. Pensemos
que los diez manuscritos Grimani conservados en la localidad de Udine
estaban en la biblioteca conventual todavía en 1650, poco antes del in-
cendio, y que las adquisiciones de Sambuco y de Hurault tuvieron lugar
dos décadas después de la embajada veneciana de Hurtado. El marchante
griego Andrés Darmario así como el copista cretense Nicolás de la Torre
parecen también haber tenido fácil acceso a la biblioteca conventual182
pero entre los años 1560 y 1580, no antes. En la década de los 40’ segura-
mente no se produjeron sustracciones del fondo de Sant’Antonio, quizás
debido a que al frente de la biblioteca estaba el fraile Valeriano Albini,
que ejerció de bibliotecario entre 1539 y 1545. Lo que hizo Albini fue
facilitar la copia de los ejemplares Grimani a todo aquel que lo solicitase: a
Georges de Selve, embajador francés en Venecia entre 1534 y 1537, a Gui-
llaume Pellicier, sucesor del anterior entre 1539 y 1542, y por supuesto a
Hurtado de Mendoza.
En cuanto a la segunda pregunta, podemos darle una rotunda res-
puesta positiva: sí, el embajador se benefició del rico fondo manuscri-
to griego de Sant’Antonio encargando copias de muchos de sus textos.

180. Pontani 1992, p. 431. Nuestra autopsia del ejemplar no ha revelado datos signif-
icativos en este sentido, más allá de que se aprecia la intervención puntual de alguna mano
occidental, por ejemplo en el f. 146v.
181. A este respecto podemos traer aquí a colación el mendociano Escur. Ω I 9 (Eurí-
pides, Sófocles), copiado por Zacarías Calierges a partir del antígrafo del s. XIV Par. gr. 2712
(cfr. Turyn 1952, p. 190; Id. 1957, p. 365). Chatzopoulou 2010, p. 207, n. 4, ha podido
concretar la fecha de confección del manuscrito entre 1497 y 1503. Es conocido que varias
manufacturas de Calierges eran propiedad de Domenico Grimani, pero no parece probable
que este Ω I 9 proceda de la colección Grimani, ni tiene signos externos de haber pertenecido
a esa o a ninguna otra biblioteca.
182. Jackson 1999, p. 3, n. 11; Id. 2000, p. 31; Id. 2004, passim.
La biblioteca manuscrita griega 373

La contribución de Martin Sicherl Die Vorlagen des Kopisten Valeriano


Albini183 ha dado cuenta de las copias modernas realizadas por copistas
pagados por Mendoza – principalmente por Andrónico Nuccio – y con-
servadas en El Escorial que tuvieron como antígrafos manuscritos de la
colección del cardenal Domenico Grimani. En su condición de biblio-
tecario Albini facilitó el acceso a los códices y la ejecución de copias y
él mismo transcribió algunos ejemplares para Mendoza. Y así, los textos
de Jorge Gemisto Pletón del Escur. T II 1 (ff. 7v-54v) fueron copiados
del Grimani 72 (Vind. hist. gr. 78)184; el Escur. y I 10, con Porfirio, fue
transcrito del autógrafo de Albini Vat. Barb. gr. 252 que, a su vez, es una
copia del Grimani 85 (Monac. gr. 461)185; las obras de Temistio y Juliano
del Escur. T II 1 (ff. 154-199) proceden del Grimani 194 (sin identificar
pero copia del Monac. gr. 461) y las de Dexipo de ese mismo Escurialen-
sis (ff. 200-235v) del Grimani 1 (Par. Coisl. 332)186; los Stratagemata de
Polieno del Escur. Ω I 11 (ff. 198-324v) son copia del Grimani 308 (sin
identificar)187; los escolios de Paladio a Epidemias VI de Hipócrates del
Escur. y I 8 (ff. 82-159) han sido copiados del Grimani 345 (Monac. gr.
481); el conjunto de textos matemáticos y científicos del Escur. Φ I 10
desciende del Grimani 4 (Vat. gr. 1411); el comentario de Juan Filópono
a la Aritmética de Nicómaco de Gerasa de los Escur. Y I 12 (ff. 1-80) y Es-
cur. X I 9 (ff. 95-266) deriva, bien del Grimani 213 (sin identificar), bien
del Grimani 4 (Vat. gr. 1411); el De bello Persico y el De bello Vandalico
de Procopio del Escur. Y I 8 son seguramente copia del Grimani 154 (Par.
Mazarine 4462); y la Thesaliae Chorographia de Gemisto Pletón del Escur.
T II 1 (ff. 122-131) es copia del Grimani 185 (Augustanus deperditus).
A estos ejemplos tenemos que añadir el del Escur. T I 14, cuya pri-
mera unidad codicológica (ff. 1-381) contiene el tratado De primis prin-
cipiis de Damascio y la segunda (ff. 383-536v) un comentario anónimo
al Tetrabiblos de Ptolomeo y la Eisagogé de Porfirio a la Apotelesmatica
de Ptolomeo. Ambas secciones fueron transcritas por Andrónico Nuc-
cio para Mendoza. Martin Sicherl llegó a la conclusión de que la sección
de Damascio había tenido como antígrafo el códice Grimani 269 – que
no se había podido localizar – , mientras que la sección con el comen-
tario al Tetrabiblos y la Eisagogé de Porfirio descendía directamente de

183. Sicherl 1982.


184. Sicherl 1982, p. 333; Diller – Saffrey – Westerink 2003, p. 121, y pre-
viamente Diller 1956, p. 40.
185. Sicherl 1982, pp. 334-335.
186. Sicherl 1982, pp. 336-338; Diller – Saffrey – Westerink 2003, p. 139.
187. Para éste y los siguientes ejemplos cfr. Sicherl 1982, pp. 341-345.
374 Teresa Martínez Manzano

un manuscrito de Besarión, el Marc. gr. 314188. Más recientemente, sin


embargo, Venetia Chatzopoulou ha podido corregir parcialmente estas
conclusiones stemmáticas deduciendo que el códice Grimani 269 corres-
ponde en realidad al Par. gr. 1989 (Damascio) + Par. gr. 2411 (ff. 98-204v,
Comentario al Tetrabiblos, Eisagogé de Porfirio): dos membra disiecta de
un mismo ejemplar de la pluma de Zacarías Calierges (copiado en Venecia
entre 1504 y 1511) que a mediados del s. XVI reposaba en los estantes de
Sant’Antonio di Castello y que fue adquirido entre 1561 y 1564 por Jean
Hurault de Boistaillé y dividido en dos debido a su gran tamaño189. Por
tanto, la totalidad del Escur. T I 14 (ff. 1-536v) es copia de un antiguo ma-
nuscrito de Sant’Antonio, el Grimani 269 hoy felizmente recuperado190.
Todos los ejemplos aducidos nos sirven para relativizar el peso que se
había concedido hasta ahora al fondo de la Biblioteca Marciana de Venecia
como origen de las copias mendocianas. No cabe duda de que la Biblioteca
Nicena fue el depósito que albergó no pocos antígrafos de los manuscritos
del embajador191: los textos de Autólico de Pitana, Hipsicles, Aristarco y
Teodosio Tripolita del Escur. X I 4 (ff. 113-216v) proceden, por ejemplo,
del Marc. gr. 304 y la obra de Teón de Esmirna de este mismo Escur. X
I 4 (ff. 217-264) fue copiada del Marc. gr. 307192 – todo ello escrito por
el propio Valeriano Albini – . Podrían citarse también como ejemplo los
dos volúmenes mendocianos obra de Juan Mauromates que contenían la
Biblioteca de Focio – Escur. Ψ I 9, Ψ I 10 – que fueron transcritos en 1543
a partir del Marc. gr. 451193; el Escur. X I 14 de Arquímedes, cuyo modelo
sabemos que fue el Marc. gr. 305194; el Escur. Y I 15 de Olimpiodoro, que
fue copiado del Marc. gr. 197195; el Escur. T I 18 con el comentario a la Ética

188. Sicherl 1982, pp. 325; 341.


189. Chatzopoulou 2012, pp. 9-15 (y previamente Westerink 1986, pp. xcvii-x-
cix). Véase también Caballero Sánchez 2013, pp. 171-172.
190. Podemos añadir un comentario más sobre Valeriano Albini: del mismo modo que
copió para Hurtado, también se sirvió de manuscritos antiguos de la colección del embajador
para hacer transcripciones modernas para otros clientes. Mendoza ponía a su disposición su
colección rica en códices vetusti para que otros obtuviesen de ellos copias. Así, los ff. 170v-
196v del Escur. y III 3, todo él del s. XII, le sirvieron a Albini para hacer una copia de dos
obras de Máximo Confesor en el Basil. F II 1c (ff. 1-36), que perteneció a Arnoldo Arlenio
(cfr. Sicherl 1982, p. 346).
191. La Biblioteca Marciana sirvió asimismo a Mendoza de fuente para la copia de có-
dices latinos (cfr. Sosower 1993, p. 152). Sin duda, es un aspecto que los especialistas en la
transmisión de los textos latinos habrán de valorar y estudiar.
192. Sicherl 1982, p. 344. Véase asimismo Mathiesen 1988, pp. 120-123.
193. Canfora 2001, pp. 34-38, 45-47.
194. Heiberg 1910-1915, III, p. xxxvii.
195. Westerink 1956, p. vii.
La biblioteca manuscrita griega 375

Nicomáquea de Jorge Paquimeres, cuyo antígrafo fue el Marc. gr. 212196; el


Escur. Φ I 2, con obras de Rufo de Éfeso, Oribasio, Pablo de Egina y Ale-
jandro de Tralles, que parece haber sido transcrito parcialmente del Marc.
gr. 295197; el Escur. Φ I 12 (ff. 1-140), con el texto de Teofilacto Simocata,
transcrito a partir del Marc. gr. 397198; o el Escur. T I 9 con el corpus com-
pleto de Dión de Prusa, que fue copiado directamente del Marc. gr. 421199.
Pero el embajador se hizo copiar muchos otros textos de ejempla-
res que estaban en otras bibliotecas venecianas o que circulaban entre los
marchantes venecianos: sin dejar el Escur. X I 4 que acabamos de citar
hace poco, las obras de Euclides conservadas en su parte inicial (ff. 1-111)
son una copia hecha por Albini a partir del Par. gr. 2352, un códice au-
tógrafo del calígrafo Juan Roso que adquirió en la década de los sesenta
Hurault de Boistaillé con la mediación de Nicolás de la Torre (emi a Ni-
colas Greco) y que estaba por tanto en Venecia, pero no precisamente en
Sant’Antonio di Castello200.

9. El embajador, Pietro Bembo y la biblioteca de Besarión


Visto que al menos un manuscrito de Hurtado de Mendoza, el vetus
Escur. T III 14 de Jenofonte, fue adquirido de la biblioteca paduana de
Niccolò Leonico Tomeo, muerto en 1531 (cf. § 7), podemos en este pun-
to hacer alguna observación sobre los contactos de Hurtado de Mendoza
con Pietro Bembo, íntimo de Leonico Tomeo y receptor de su bibliote-
ca: parece efectivamente que a principios de los años cuarenta del s. XVI
Magno Tomeo, el sobrino de Niccolò Leonico, puso en venta toda la co-
lección de su tío, de la que se quedó una parte conspicua Pietro Bembo, el
cual murió en 1547.
En la relación entre Hurtado y Bembo en Venecia llama la atención
un episodio que relata Juan Páez de Castro en una carta que dirige a Jeró-
nimo Zurita del 8 de junio de 1546201:
El criado de mi primo no me halló en Trento, porque a la sazón yo
estaba en Padua, que había ido a visitar al señor don Diego de Mendoza
y a importunarle se quisiese venir a Trento, donde era bien deseado (…).
La Historia de Bembo no hay memoria que se estampe. Sé decir a vuestra

196. Zorzi 2015, pp. 269-271.


197. Diels 1905-1907, II, p. 11. Véase asimismo Zipser 2005, pp. 213, 234.
198. De Boor 1887, pp. vi-viii.
199. Menchelli 2008, pp. 130-132; 175-178; 188-189; 195-198; 273-274.
200. Sicherl 1982, pp. 343-344.
201. Domingo Malvadi 2011, pp. 337-340; Martínez Manzano 2015a, pp. 237-240.
376 Teresa Martínez Manzano

merced que tiene en Padua una casa muy buena en que tiene su librería
muy copiosa y de muchas antigüallas de estatuas y tablas, principalmente
una tabla de bronce con ciertas pinturas de animales, que dicen ser de
letras hieroglyphycas. Tiene también un huerto con muchas hierbas y ár-
boles exquisitas, a imitación del cual la señoría de Venecia hace ahora uno
en Padua para la Universidad, que dicen será la mejor cosa del mundo.
Tiene entre sus libros unos Aristóteles y un Xenophon de mano, los cua-
les quisiera prestados el señor don Diego y no se los quisieron dar: págase
en decir mal de su estudio y antigüallas y huerto, no sé con cuánta razón.
El pasaje citado desvela, en primer lugar, que Hurtado de Mendoza
frecuentaba la ciudad de Padua, pero además da a entender que la rela-
ción entre el embajador español y Pietro Bembo distaba mucho de ser la
mejor. La negativa por parte de Bembo de prestar a Hurtado sus propios
ejemplares de Aristóteles (quizás el Windsor, Eton College Library 122,
con la Ética Nicomáquea) y Jenofonte (con seguridad el Vat. gr. 1335) y
la actitud desairada de este último que se traduce en desprecio y maledi-
cencias podrían explicarse pensando que Bembo había alimentado una
clara animadversión hacia el embajador porque sabía que Mendoza había
„echado el ojo“ a la biblioteca de Niccolò Leonico Tomeo, fallecido hace
pocos años e íntimo amigo de Bembo. Pero también podría considerarse
que siendo Bembo, como es sabido, el bibliotecario de la Marciana entre
los años 1530 y 1543 y habiendo sido él quien facilitó a los estudiosos por
primera vez la consulta y préstamo de los fondos de la biblioteca dona-
dos por Besarión, en definitiva, quien hizo de la Biblioteca Nicena una
biblioteca „pública“ según el expreso deseo de su fundador202, el compor-
tamiento de Hurtado en la devolución de algunos manuscritos pedidos
en préstamo para hacerlos copiar pudo distar de ser el más honesto. En
este sentido resultan reveladoras las acusaciones de contemporáneos del
embajador que vieron seriamente limitadas sus posibilidades de consulta
de los fondos de la Marciana al parecer debido a los precedentes sentados
por el español. Es el caso del filólogo Georg Tanner, que estuvo en Venecia
en los años 1554 y 1555 y sólo una vez pudo acceder al tesoro biblio-
gráfico de la Biblioteca Marciana a causa de las restricciones impuestas
para la consulta de libros debidas, según él, a las iniquidades cometidas

202. Zorzi 1987, pp. 105-110. Bembo fue, entre otras cosas, el responsable del traslado
de los libros desde el Palacio Ducal a la Iglesia de San Marco, una solución provisional que
permitió a los estudiosos disponer de un lugar en el que poder consultar los manuscritos con
comodidad. Se ha destacado con acierto sus dotes en la administración de la biblioteca, el es-
fuerzo que invirtió en recuperar libros prestados desde hace tiempo y las medidas que adoptó
para que los préstamos fuesen seguros.
La biblioteca manuscrita griega 377

por Mendoza203. A lo largo de los ss. XVII y XVIII esta acusación se hizo
recurrente y circulaba la especie de que en El Escorial podían encontrarse
los códices con el nombre y la marca de Besarión204.
Es cierto que en los dos registros de préstamos publicados por
Omont – que incluyen los años 1545-1548 y 1552-1559 y por tanto los
dos últimos años en los que Hurtado residió en Venecia antes de tras-
ladarse a Roma – figura que todos los ejemplares prestados a Hurtado
fueron convenientemente devueltos205; pero también es verdad que entre
los libros de Mendoza que ingresaron en El Escorial en 1576 había cua-
tro volúmenes con Homilías de Gregorio de Nisa (Escur. Λ I 1-4), por
desgracia desaparecidos en el incendio de 1671, que parecen haber sido
propiedad del cardenal Besarión. El testimonio de esta procedencia no
viene de ningún extraño, sino del propio Hurtado, quien en su catálogo
crítico desaparecido certifica el origen de estos cuatro tomos206. En la lista
de libros mendocianos copiada por Jean Matal figuran, efectivamente, en
las entradas 234, 235 y 258 sendos manuscritos de Gregorio de Nisa que
han sido descritos en el Catálogo de los códices griegos desaparecidos de El
Escorial de Gregorio de Andrés207. Sea como fuere, el problema sobre la
honorabilidad de Hurtado en la devolución de los ejemplares que le eran
prestados de la Marciana o en su posible sustracción ha tenido diversas
respuestas por parte de los estudiosos: Charles Graux defiende al embaja-
dor de la acusación de pertenencia ilícita de libros y sugiere que Mendoza
pudo adquirir códices de la biblioteca nicena en el mercado, ya que mu-
chos manuscritos desaparecieron de la Libreria en el período anterior al

203. Bibl 1898, pp. 409-410: «Don Diego Mendoza in tota Italia effecit aditum in
bibliothecas difficillimum»; «Paucissimis iam aditus ad bibliothecam Marcianam visendam
patet, quod ante biennium Diegus (...) non solum Venetas, verum etiam Italicas suppilaverit
bibliothecas omnes, libros optimos quosque commodato datos raro restituerit» (la carta, fe-
chada el 4 de febrero de 1554 y dirigida a Bonifacio Amerbach, está reproducida en Hart-
mann 1942-1995, IX, 1, 81982), nr. 3718, pp. 232-247, en esp. 238). En 1549 se endurecie-
ron de manera notable las condiciones de los préstamos, siendo necesaria para cada solicitud
la aprobación de dos reformatori y un importante depósito de dinero: cfr. Zorzi 1987, p. 112.
204. Zorzi 1987, pp. 112-113.
205. Se utiliza para ello la fórmula «el contrascritto libro fo restituito, e posto al loco
suo». Cfr. Omont, 1887. En Graux – De Andrés 1880/1982, pp. 394-400, se publicaron
extractos del primero de los registros cuando hacían referencia a los préstamos de Hurtado de
Mendoza.
206. «Gregorii Nysseni sermones quatuor tomis; fuit Bessarionis cardinalis et est liber
rarus, integer ut Didacus de Mendoça propria manu testatur in suo indice»: cfr. Graux – De
Andrés 1880/1982, p. 523.
207. De Andrés 1968, nr. 551-554. Los tres primeros eran del s. XV y el último recens
sin una datación más concreta, todos en papel. En la lista de Matal se consignan tres códices de
Gregorio de Nisa en lugar de cuatro.
378 Teresa Martínez Manzano

nombramiento de Andrea Navagero208, mientras Marino Zorzi se mues-


tra cauto avisando de que es infundado el argumento de que „nada falta“
en la Biblioteca Marciana (ya que faltan efectivamente bastantes libros
que estaban en los antiguos inventarios) y advirtiendo de la dificultad de
identificar códices en función de las sumarias indicaciones de los inventa-
rios. Considera el estudioso italiano que no es fruto de la casualidad el que
a lo largo de 1546 Hurtado pidiese por tres veces el préstamo de sendos
volúmenes de Gregorio de Nisa – los nr. 386, 419 y 420 en el registro
de préstamos209 – , el autor precisamente del que llegó a poseer cuatro
volúmenes que, según sus propias palabras, habían sido de Besarión210.
Por su parte, Anthony Hobson cree que la acusación de sustracción es
infundada, ya que los manuscritos de Gregorio de Nisa siguen estando en
la Marciana: en opinión del estudioso británico los códices en poder de
Hurtado podrían ser sencillamente copias mandadas hacer por el embaja-
dor211. Pero en contra de esta opinión tan benévola hacia Mendoza habla
el hecho de que en la descripción que De Andrés hace de estos códices
desaparecidos se constata que al menos tres de ellos eran copias del s. XV
y, por tanto, no eran ejemplares encargados por Mendoza.
A todos estos juicios debemos añadir el dato de que nada sabemos de
los préstamos (y las devoluciones de préstamos) de Hurtado que tuvieron
lugar entre 1539 y 1544212. De manera que – retomando el hilo de nuestra
argumentación – cabe pensar que Pietro Bembo evitó ayudar al embaja-
dor español y prestarle sus Aristóteles y su Jenofonte porque le constaba que
éste se había apoderado ilícitamente de algún ejemplar de la Marciana,
de cuya custodia Bembo en calidad de bibliotecario era responsable, aun-
que si las cosas hubieran sucedido realmente de esta manera, deberíamos
preguntarnos cómo Bembo no hizo nada para recuperar los manuscritos
sustraídos de forma ilegal. No obstante, para poder abordar el asunto con
mayor fiabilidad hay que introducir en la discusión un elemento más, que

208. Graux – De Andrés 1880/1982, pp. 197-198.


209. Graux – De Andrés 1880/1982, pp. 398-400.
210. Y concluye lapidariamente: «qualche dubbio, insomma, rimane»: Zorzi 1987,
pp. 113-114.
211. Hobson 1999, pp. 81-82.
212. El trabajo de Coggiola 1908 no aporta información que ataña a Diego Hurtado
de Mendoza. Sin embargo, la contribución de Castellani 1896-1897, pp. 314-316, recuer-
da el testimonio de Giuseppe Valentinelli (en su obra Delle biblioteche della Spagna aparecida
en 1860), bibliotecario de la Marciana que, a raíz de las denuncias de que El Escorial conser-
vaba libros de Besarión, emprendió un viaje para examinar in situ los manuscritos griegos de
Mendoza, sin encontrar en ninguno señales de haber pertenecido previamente al cardenal
niceno.
La biblioteca manuscrita griega 379

era desconocido al menos a Graux a finales del s. XIX: la existencia en


la biblioteca de Mendoza de dos secciones autógrafas de Besarión en los
Escur. Σ III 1 y Σ I 12. Examinemos brevemente el contenido de estas dos
unidades.
El Σ III 1 es un facticio que ha aglutinado bajo una encuadernación
elaborada en el taller del monasterio de El Escorial a finales del s. XVI
cuatro unidades codicológicas de diversa procedencia y en parte de tama-
ño ligeramente distinto213. Ya hemos aludido más arriba a la práctica de
reunir en un mismo volumen partes de libros o fascículos sueltos que per-
tenecían a diferentes lotes de manuscritos y que habían llegado al Escorial
desprovistos de cualquier tipo de envoltura. En el caso que nos ocupa se
encuadernaron juntas – también lo hemos visto (cf. § 5) – una unidad
procedente de la colección de Patrizi, otra procedente del lote de Eparco y
dos más que habían pertenecido a la biblioteca de Hurtado de Mendoza:
la segunda de esas unidades mendocianas, que engloba los ff. 142r-188v,
copiados por tres manos de mediados del s. XV, es la que nos interesa aquí
de modo más particular. John Monfasani ha editado en una contribución
de 1992 los textos inéditos conservados en esa unidad codicológica y ha
explicado las circunstancias de su génesis214. En orden cronológico el pri-
mero (1) es el preservado en f. 151rv, que contiene una carta de Besarión a
Teodoro Gaza. En ella Besarión consulta a su compatriota dos problemas
filosóficos, uno es la cuestión de si la naturaleza delibera y otro trata de
un argumento utilizado por Platón en el Fedro en favor de la inmortali-
dad del alma. Razones de orden interno hacen pensar a Monfasani que
la carta ha de fecharse en torno a 1464-1465. El texto conservado en los
ff. 142r-145r del Escurialensis es la respuesta de Gaza a estas cuestiones
(2): se trata de ocho Problemata, de los que los tres primeros están re-
dactados en forma de pregunta-respuesta y los cinco últimos en forma de
proposición-respuesta215. Los Problemata 1-6 abordan la cuestión de la
deliberación de la naturaleza y los dos modos en que Aristóteles entiende
el término naturaleza, mientras que los Problemata 7 y 8 se refieren al

213. Una descripción más reciente del manuscrito, actualizada bibliográficamente, se en-
cuentra en la ficha elaborada por Eleuteri – Cuna 1994, p. 459, nr. 72.
214. Monfasani 1992. Más recientemente ha subrayado la importancia de los textos
contenidos en el Escur. Σ III 1 para comprender el método de trabajo de Besarión Mariev
2013, pp. 369-370.
215. Estos Problemata deben distinguirse de un grupo de siete problemas filosóficos con
sus correspondientes soluciones fruto de las discusiones mantenidas por Gaza con otros mi-
embros del círculo besarioneo en Roma y que recibieron el título de Λύσεις. Sobre este último
texto puede consultarse Monfasani 2002, pp. 272-275, y Martinelli Tempesta 2013,
pp. 141-153.
380 Teresa Martínez Manzano

argumento de Platón sobre la inmortalidad del alma. A estos dos opús-


culos hay que añadir otros tres: un tercer texto (3), que se conserva en el
f. 148rv, es parte de un tratado de Besarión sobre el sentido de sustancia
en las Categorías de Aristóteles. Debido a que el argumento abordado es
tratado por Besarión en otra obra suya en la que se intenta, como aquí,
armonizar las doctrinas de Platón y Aristóteles, Monfasani cree que este
texto, interrumpido abruptamente a causa de la pérdida de folios, fue re-
dactado por Besarión en los años cincuenta y desechado por su autor, que
habría quedado insatisfecho por el resultado. El cuarto texto (4) ocupa
los ff. 146r y 147v: se trata de dos cartas de Besarión escritas en griego
moderno ajenas a la controversia filosófica y dirigidas a los tres príncipes
de la familia Paleóloga216. Finalmente, los ff. 152r-185v217 son un borrador
primitivo del Libro IV del In calumniatorem Platonis (5), la obra magna
de Besarión sobre la controversia entre platónicos y aristotélicos. El libro
IV fue redactado después de 1459 y antes de 1466. Este borrador, que no
fue utilizado por Mohler en su edición del texto, es el reflejo más fiel de
un trabajo en curso, lleno de tachaduras y adiciones en los márgenes y en
la interlínea, y fue escrito cuando el Libro IV era todavía el Libro III en
la primera redacción del In calumniatorem Platonis. No carece de interés
para el análisis de la redacción de esta obra que el «amanuense di Bes-
sarione» 218 que escribe parte de las adiciones marginales no es otro que
Andrónico Calisto (cfr. f. 164r, tav. 8).
Salvo los ff. 146rv y 147rv con el texto (4), copiados, según ha podi-
do establecer el propio Monfasani, por Jorge Hermónimo219, copista del
círculo de Besarión, y salvo los ff. 152-185v con el texto (5), el resto de los
folios conserva huellas de haber sido plegados con ocasión de su envío en
forma de carta o de paquete. Y no sólo eso: los textos (1), (2), (3) y (5)
son „ejemplares de autor“, es decir, son los originales autógrafos de los
protagonistas de estas elucubraciones filosóficas, el cardenal Besarión y
Teodoro Gaza, y están escritos en sus grafías cursivas, que tienen un carác-
ter funcional antes que caligráfico220.

216. Estas cartas fueron editadas por Mohler 1923-1942, III, pp. 536-538.
217. En blanco han quedado los ff. 186r-188v.
218. Monfasani 1992, p. 231, n. 7.
219. Para este copista puede consultarse RGK I 61, II 80, III 102.
220. La autografía de Besarión fue propuesta con acierto por Revilla 1936, p. 337, pero
véase también Mioni 1976, pp. 274, 283, y Patrinelis 1958-1959, p. 71. De especial interés
para los paleógrafos es la escritura de Teodoro Gaza, que, como ha sido puesto de manifiesto
en un reciente trabajo, hace uso, según la finalidad de sus copias, de un llamativo digrafismo:
cfr. Speranzi 2012, p. 336. La carta de Besarión a Gaza (1) viene precedida en el f. 150v del
nombre del destinatario, Domino Theodoro, escrito por el propio Besarión, lo que hace pensar
La biblioteca manuscrita griega 381

Al margen de que esta unidad codicológica del Escur. Σ III 1 (ff. 142-
188v) nos permite asistir desde una posición privilegiada a la redacción de
algunas obras de dos de los más señeros representantes de la intelectuali-
dad bizantina y activos partícipes de las discusiones filosóficas que enfren-
taron a platónicos y aristotélicos a mediados del s. XV, hay que decir que,
si bien los ff. 142-188v de este manuscrito corresponden a dos entradas
sucesivas en la relación de los libros de Hurtado que ingresaron en El Es-
corial en 1576 – Problemata quaedam; item Bessarionis elenchus dictorum
Trapezuntii in Platonem y Bessarionis collectanea et opera quaedam221 – ,
no podemos identificar su contenido en la lista de Matal, como ya hemos
indicado anteriormente. Es probable que en la biblioteca de Hurtado fue-
sen sencillamente fascículos sueltos sin encuadernar, lo que contribuiría a
que no figurasen en el catálogo crítico del propio Hurtado222.
El otro manuscrito digno de atención es el Escur. Σ I 12. Descrito
pormenorizadamente en el Aristoteles Graecus por contener parcialmente
la Retórica aristotélica en sus ff. 1-44223, este ejemplar de Hurtado de Men-
doza es también un facticio que reúne, según hemos visto más arriba (cf.
§ 5), diversas secciones codicológicas de distintas épocas del s. XV224. Del
códice nos interesan aquí especialmente los ff. 54r-56r que contienen el
principio de la paráfrasis de Besarión del Libro I de la Física de Aristóteles,
en los que Harlfinger reconoció la mano del propio Besarión225. Sus inter-
venciones radicales en el texto a base de tachaduras y añadidos indican
que nos encontramos ante un „ejemplar de autor“: Besarión pergeña ante
nuestros ojos en un primer esbozo su paráfrasis del texto aristotélico226.

que el f. 150r hacía las veces de sobre de la carta. Y otro tanto cabe decir de la respuesta de Gaza
(2), precedida del nombre del destinatario, R(everendissi)mo Domino, escrito por Gaza en el
f. 145v y con huellas incluso del sello de cera, de lo que se deduce que el f. 145r era a su vez el
sobre de la misiva: cfr. Monfasani 1992, pp. 232-234.
221. Dentro de la sección de los Oratores graeci manuscripti in quarto.
222. Más complicado es pensar que Hurtado haya adquirido estos fascículos proceden-
tes de la escribanía de Besarión ya durante su embajada en Roma: esta hipótesis explicaría su
ausencia en la lista de Matal.
223. Harlfinger, en AG, pp. 150-152. Véase anteriormente Harlfinger 1971, pp.
409, 414.
224. El manuscrito contiene en sus ff. 91-293 un extenso léxico grecolatino que ha sido
recientemente estudiado por Ötvös 2014. La autora ha establecido una clara conexión textu-
al entre el manuscrito Escurialensis y el Vind. Suppl. gr. 45, si bien en su estudio se echa en falta
una aproximación de corte histórico, y también paleográfico, que intente al menos clarificar el
ambiente humanístico del que ha partido la iniciativa de transcribir y ampliar este léxico. Véase
también más recientemente Ötvös 2015, pp. 45-46, 96-103.
225. Véase Harlfinger 1996, p. 47 y Taf. 9.
226. No es cierto, como cree Eleuteri 1994, p. 191, que los folios transcritos por Be-
sarión hayan sido añadidos en España: es claro que formaban parte del códice mendociano Σ
Ι 12 ya en Venecia.
382 Teresa Martínez Manzano

Los dos códices parcialmente autógrafos del cardenal niceno traídos


aquí a colación nos sirven para reflexionar sobre su origen. ¿Por qué no
pensar que procedan de los „papeles“ de Besarión y que, careciendo de la
prestancia de los otros códices donados a la Serenissima en 1468, perma-
neciesen hasta su muerte en la biblioteca privada del cardenal, entre los pa-
peles de su escritorio? Hay que tener en cuenta, en lo referente al Escur. Σ
I 12, que este ejemplar contiene secciones transcritas por Isidoro de Kiev
(ff. 60-67v), íntimo de Besarión227, por Nicolás Melacreno (68-70av), per-
teneciente probablemente al círculo de los últimos años de Jorge Gemisto
Pletón en Mistra228, y por Jorge Tribizías (ff. 75-87)229, estrecho colabora-
dor del cardenal niceno. En definitiva, parece probable que los Escur. Σ
III 1 y Σ I 12 no hayan pertenecido a la Biblioteca de San Marco230, pero
sí provengan de la biblioteca personal de Besarión y hayan sido adquiridos
por Mendoza en Venecia; en definitiva, no son un elemento que permita
dilucidar si Diego Hurtado se apropió efectivamente de forma ilícita de
códices de la Marciana. Y en este mismo orden de cosas, también es po-
sible pensar que las cuatro copias „modernas“ (varias del s. XV) en papel
con las obras de Gregorio de Nisa adquiridas por Hurtado habían sido
propiedad de Besarión pero no formaban parte del munus entregado a la
Biblioteca Marciana en 1468.
Debemos hacer referencia todavía a un último elemento que podría
ponerse en relación con las prácticas poco éticas del embajador a la hora
de acrecentar su biblioteca. Se sabe que estando en Trento con motivo
de las reuniones conciliares Mendoza consigue que Juan Páez de Castro
traiga de Venecia un ejemplar con una obra novedosa, el Sobre los oradores
áticos de Dionisio de Halicarnaso, ejemplar que procedía de una biblio-
teca veneciana y que llevaba la cadena que lo aseguraba a los estantes de
su estantería. El objetivo era sacar de él una copia231. El caso es que en la
biblioteca escurialense ingresó en 1576 procedente del legado de Hurtado
un manuscrito en el que se hallaba esta obra. En la lista de ingreso del lote
mendociano este ejemplar se incluyó en el apartado dedicado a los manus-
critos Theologici graeci in folio in membrana literis antiquis. Se trataba por

227. RGK I 155, II 205, III 258.


228. RGK I 313, II 433, III 504.
229. RGK I 73, II 94, III 123.
230. Labowsky 1979, pp. 484-485 y 509.
231. Graux – De Andrés 1880/1982, pp. 156, 202, 264, 271. Lo cuenta Páez en una
carta dirigida a Honorato Juan y datada en Trento el 8 de junio de 1546: «Lo de Dionysio
Halicarnaseo Περὶ τῶν ἀττικῶν ῥητόρων hallé en una librería de Venecia y la trujimos aquí con
su cadena. Yo habré un traslado» (cfr. Domingo Malvadi 2011, p. 343).
La biblioteca manuscrita griega 383

tanto de un manuscrito pergamináceo y antiguo que se incluyó entre los


de contenido teológico porque contenía en primer lugar la Exposición so-
bre la liturgia griega de Nicolás Cabasilás, a la que seguía inmediatamente
un comentario de Teodoro Pródromo a los Analíticos posteriores y la Elec-
tra de Eurípides, cerrando el libro el Sobre los oradores áticos de Dionisio
de Halicarnaso232. Retrocediendo en el tiempo, encontramos el volumen
en la biblioteca de Hurtado en Venecia porque Jean Matal lo incluye en su
lista bajo la entrada 239233. Por otra parte, entre las novedades que Konrad
Gesner encontró en la colección del embajador en 1545 sólo menciona
las Antigüedades Romanas de Dionisio de Halicarnaso, pero no el tratado
Sobre los oradores áticos234.
La carta en la que Páez habla del descubrimiento de esta obra es de
1546 y en ella el cronista anuncia que se procuraría una copia del texto.
Charles Graux pensó que efectivamente se llegó a hacer una copia moderna
que acabó en la biblioteca de Mendoza235: se trataría del Escur. H I 9, des-
aparecido en el incendio de El Escorial236. No obstante, como quiera que
este Escurialensis deperditus era un códice en pergamino y antiguo, parece
más lógico pensar que lo que ingresó en El Escorial – y después desapare-
ció entre las llamas del fatídico incendio – no era la copia, sino el original
que, proveniente de una biblioteca veneciana desconocida para nosotros y
trasladado a Trento con su cadena (¿de resultas de las acusaciones que ya pe-
saban sobre Hurtado?), acabó de facto en poder del influyente embajador.

10. Los que dio el Turco


Ya nos hemos referido a la expedición de Nicolás Sofiano y al mer-
cado librario italiano como principales fuentes para la adquisición de
códices orientales por parte del embajador de Carlos V en Venecia (véa-
se supra § 7). Pero existió una tercera vía por la que Diego Hurtado de
Mendoza acrecentó su biblioteca: un regalo hecho por el sultán Solimán I

232. Graux – De Andrés 1880/1982, p. 521.


233. Aunque menciona únicamente la primera de las obras contenidas en él: Expositio
Nicolai Cabasellae in sacram missam.
234. De hecho, Gesner confiesa conocer solamente una parte del Sobre los oradores áticos,
la dedicada a los discursos de Isócrates – «Haec solum ex opere De characteribus oratorum
extare vidi; nescio an integrum inveniatur» – , lo que significa que no dio con ella íntegra en
ninguna de las bibliotecas venecianas que inspeccionó, las de San Zanipolo, San Marco, la de
Hurtado de Mendoza y «aliae quaedam» que no especifica.
235. Graux – De Andrés 1880/1982, p. 115. Véase asimismo Domingo Malvadi
2011, p. 485.
236. De Andrés 1968, p. 165.
384 Teresa Martínez Manzano

(1520-1566). Éste donó al embajador español, a cambio de un prisionero,


no sólo trigo para los venecianos237, sino también una remesa de códices
griegos, una treintena de ejemplares que fueron transportados en seis ca-
jas. Testimonio de este regalo es nuevamente el cronista real Ambrosio de
Morales, quien en la dedicatoria que antepone a sus Antigüedades de las
ciudades de España relata238:
Y en la manera de averlos avido (scil. las obras de autores antiguos) ay
otra singular alabança. Porque aviendo enviadole al gran Turco Soly-
man libremente y sin ningun rescate un su cautivo, aquel gran señor
le mando dezir, que le pidiesse todo lo que quisiesse. Entonces Vª.
Sª. le pidio dos cosas dignissimas de su grandeza y amor de las letras.
Pidiole saca de trigo para los Venecianos, que padecia gran hambre a
la sazon y libros de los que avia en Grecia. Assi con aver dado la saca
de trigo muy abundante, embio a vuestra Señoria seis caxas de libros y
mas verdaderamente de inestimables thesoros de sabiduria 239.

Que estas seis cajas de libros contenían una treintena de volúmenes


parece deducirse de que el Memorial de los libros griegos de mano de Men-
doza que manejó Charles Graux conservado en el manuscrito Egerton 602
de la British Library incluye – después de las tres series temáticas dedica-
das a los libros de teología, filosofía y literatura – un cuarto grupo de 31
entradas (de la 321 a la 351) encabezado por el título Los que dio el Turco.
Graux demostró con inteligentes argumentos que tal epígrafe estaba colo-
cado en ese Memorial fuera de lugar240, por varias razones, principalmente
porque varias de sus entradas corresponden con seguridad a recentiores
elaborados para Mendoza en sus años venecianos241 o a manuscritos de
otra procedencia probada242, pero también porque el único manuscrito

237. Venecia estaba sumida por entonces en una grave crisis económica que se vio incre-
mentada por varios años de malas cosechas, lo que obligaba a veces a los venecianos a practicar
el corso. De hecho, uno de los modos por los que los embajadores en Venecia intentaban atra-
erse a la Señoría era ofertando abastecimiento de trigo. El problema se resolvió parcialmente
cuando Diego Hurtado logró que Venecia pudiese comprar trigo procedente del Reino de
Nápoles: cfr. De Bunes Ibarra 2001, pp. 595, 598.
238. Abascal 2012, p. 41.
239. Del relato de Ambrosio de Morales dependen los testimonios posteriores del fla-
menco Andrés Schott 1608, p. 544, y del sevillano Nicolás Antonio 1672, pp. 290-292
(s.v. «D. Didacus Hurtado de Mendoza»).
240. Graux – De Andrés 1880/1982, pp. 191-196; 377-378.
241. Por ejemplo, los nr. 330 y 331 corresponden a los Escur. Ψ I 9, Ψ I 10, de 1543; los
nr. 332-335 al Escur. y I 2 + Harley 6316, de mediados del s. XVI.
242. Así, los nr. 328 y 329 corresponden al deperditus Escur. A II 6 de Polibio y Apolodo-
ro, que procede de la colección del erudito Juan Mosco, activo en Corfú en la segunda mitad
del s. XV; el nr. 347 al Escur. T III 14, sacado de la biblioteca paduana de Niccolò Leonico
Tomeo.
La biblioteca manuscrita griega 385

para el que tenemos la certeza de que fue regalado por el sultán – Escur. Ω
I 13 – no se encuentra en esa lista. Pero la mera presencia de un epígrafe
titulado Los que dio el Turco indica que el modelo del que deriva en última
instancia el Memorial del manuscrito Egerton contaba con una sección en
la que se enumeraba el contenido de los códices regalados por Solimán243.
Por tanto, de la existencia del regalo del sultán no cabe dudar y a na-
die se le escapa el enorme interés que tendría conocer tanto la fecha del en-
vío244, como la lista exacta de códices que constituyeron tal obsequio, que
provendrían de antiguas bibliotecas constantinopolitanas. Sin embargo,
hasta hoy sólo se conoce con certeza un manuscrito de los ofrecidos por
Solimán a Mendoza: el Escur. Ω I 13. Se trata de un ejemplar del s. XII
con el Pentateuco y los libros históricos del Antiguo Testamento en cuyo
primer folio en pergamino (muy recortado) se lee una nota escrita por
el secretario de Felipe II Antonio Gracián (cfr. supra § 3)245 en la que se
constata que en su catálogo crítico Hurtado apuntaba que este libro había
sido inventum in scriniis Cantacuzeni et missum ab imperatore turcarum.
En otro lugar hemos propuesto con argumentos en los que no merece
la pena insistir aquí246 que la expresión in scriniis Cantacuzeni no hace
seguramente referencia a la biblioteca del fanariota Miguel Cantacuceno,
ejecutado por los turcos en 1578, tal y como propuso Hobson247, sino a la
escribanía del mismísimo emperador y literato Juan VI Cantacuceno (ca.
1295-1383), que pasó varias décadas en la capital del Imperio convertido
en monje y dedicado a una intensa actividad literaria. Quizás los libros
del emperador estaban en Estambul en la casa de un miembro del clan fa-
nariota de los Cantacucenos, que se proclamaban descendientes en línea
directa de la familia imperial. Como quiera que también hemos podido
demostrar que otro manuscrito de Hurtado de Mendoza procede del cír-
culo más próximo a este emperador – se trata del Escur. Σ III 4, un códice

243. En esta misma dirección apunta el inventario de manuscritos griegos de Hurtado


contenido en el Ambros. E 60 sup., en cuyos ff. 62v-63r hay un elenco de las mismas 31 entra-
das del Memorial, encabezado en esta ocasión por el título latino Librorum quos dono accepit
a Turca index.
244. Cabe preguntarse si las seis cajas con manuscritos griegos no habrán llegado a Vene-
cia de la mano de Andrónico Nuccio, ya que Nuccio emprendió en 1545 un viaje a Constan-
tinopla acompañando a Gerard Veltwick, embajador de Carlos V, para negociar con Solimán
una tregua. Se sabe que ambos regresaron a Venecia antes de emprender nuevas misiones di-
plomáticas: cfr. Graux – De Andrés 1880/1982, p. 201.
245. Que después fue reproducida literalmente en el folio de guarda III por una mano
anónima. Puede verse una lámina de esta última nota en Pérez Martín 2008, p. 181, lám. 4.
246. Martínez Manzano 2015a, pp. 243-248.
247. Hobson 1999, p. 75. Sobre los libros del bibliófilo Miguel Cantacuceno puede
verse Papazoglou 1988 y Cantacuzène 2002.
386 Teresa Martínez Manzano

del tercer cuarto del s. XIV que contiene varias obras apologéticas de Juan
Cantacuceno contra el Islam y los judíos248 – , es posible pensar que si
los Escur. Ω I 13 y Σ III 4 procedían en última instancia de la biblioteca
del exemperador bizantino, quizás ambos códices pudieron compartir un
mismo destino y llegar por idéntico camino a manos de Hurtado: si el Ω
I 13 es con certeza un regalo de Solimán sacado directamente del tesoro
bibliográfico acumulado en la antigua Constantinopla, quizás el Σ III 4
formase parte también del obsequio del Gran Turco249.
En cualquier caso, dado que no contamos por el momento con una
lista de los manuscritos que constituyeron el regalo del sultán a Mendoza
durante su embajada veneciana, ante un ejemplar bizantino debemos uti-
lizar otros métodos para constatar si ese manuscrito pudo ser trasladado
de la antigua Bizancio en el s. XVI o si, por el contrario, ya estaba en Italia
previamente y fue utilizado por algún humanista. Veamos un ejemplo de
este tipo de aproximación: el Escur. Φ III 12 es un códice bizantino de
contenido médico que, según la suscripción del f. 419v, fue terminado
en 1433250. Contiene la obra completa de Juan Zacarías Actuario, más al-
gunos otros textos breves de Galeno, Hipócrates y Pablo de Egina. Uno
de esos textos es el tratado hipocrático De flatibus, que se lee en sus ff.
461-466v. Cuando Jacques Jouanna editó este opúsculo, apuntó que el
manuscrito de El Escorial había sido el modelo utilizado por Francesco
Filelfo para llevar a cabo su traducción latina de ese texto, una versión que
junto con la del tratado hipocrático De passionibus realizó a principios
de los años 40 del s. XV en Milán y dedicó a Filippo Maria Visconti251. Si
el Escur. Φ III 12 fue efectivamente el antígrafo del que se sirvió Filelfo
para elaborar su versión del De flatibus, ello significaría que el códice se
encontraba en Italia en época humanista ya un siglo antes de que lo adqui-
riese Mendoza, lo que permitiría descartar que estuviese entre los libros
donados por el sultán252.

248. Martínez Manzano 2015a, pp. 203-208. La obra literaria de Juan Cantacuceno
fue difundida gracias a la labor de un círculo de escribas que trabajaban en el entorno más
cercano del emperador y que empleaban en sus copias las mismas pautas codicológicas, pautas
que son compartidas por este Escur. Σ III 4.
249. En la lista de Matal ambos libros ocupan lugares muy distantes – el Σ III 4 es la en-
trada 2, mientras que el Ω I 13 es la entrada 229 – , lo que no es óbice para pensar que puedan
haber llegado juntos a Venecia en las seis famosas cajas enviadas por Solimán, ya que, según
hemos visto anteriormente (cfr. supra § 4), la ordenación de la biblioteca de Mendoza llevada
a cabo por Arlenio responde a criterios de formato y aspecto y no a los distintos momentos en
que fueron llegando los manuscritos.
250. ἐτελειώθη κατὰ μῆνα ὀκτωβρίου τῆς νῦν τρεχούσης ἰνδικτιῶνος ια τοῦ ςϡμα.
251. Jouanna 1988, p. 72 y n. 1. Puede verse sobre esta versión Fortuna 2015.
252. La tesis de Jouanna se ve obstaculizada, en nuestra opinión, por el hecho de que en el
La biblioteca manuscrita griega 387

11. Entre Arnoldo Arlenio y Antonio Eparco


Volviendo al taller de copistas que realizaron trabajos para Men-
doza y a la confección de los propios recentiores, hay un nombre que
habitualmente se relaciona con todo el trabajo organizativo en la elabo-
ración de las copias y con la configuración de la biblioteca mendociana
en general, el del flamenco Arnoldo Arlenio. Sin embargo, no creo que
Arlenio se dedicase propiamente a la distribución del trabajo entre los
amanuenses253. En realidad, Arlenio – que además hizo su aparición en
Venecia a finales de 1542 – era filólogo y editor y su participación en los
códices mendocianos tiene lugar siempre a título de revisor de los tex-
tos, completando pasajes lacunosos o corrigiéndolos254. Más probable
parece que el jefe del taller que proveía de recentiores al César imperial
fuese Antonio Eparco, el marchante corfiota que abandonó en 1537 su
isla natal Corfú para establecerse en Venecia. Eparco era seguramente
quien compraba el papel y mandaba elaborar las copias de recentiores a
un amplio grupo de colaboradores que trabajaban para él. Lo probaría,
por ejemplo, el Escur. T II 4, con la obra de Apiano, que fue transcrito
por Andrónico Nuccio y en cuyo f. 1 se reconoce la mano de Antonio
Eparco, quien tras el título Ἀππιάνου Ἀλεξανδρέως ῥωμαικὰ ἱστορία pre-
cisa el epígrafe que aparece en un segundo antígrafo que se está cola-
cionando o que se está tomando como referencia para corregir el texto

f. 470v del Escurialensis hay unas anotaciones en griego referidas al nacimiento y muerte de un
Jorge, hijo de Lázaro, en un ámbito familiar griego, así como un segundo natalicio referido a
un Andrónico, hijo de quien escribe la nota, datadas respectivamente en 1451 y en 1455 (μηνὶ
ἀπριλλίῳ γ ἡμέρᾳ σαββάττῳ περὶ ιβ ὥρας τῆς ἡμήρας τοῦ ςϡνδ ἔτους τῆς ιδ ἰνδικτιῶνος ἐγεννέθη
τῷ δεσπότῃ τῷ κῦρ Λαζάρῳ υἱός, καθ᾽ ἣν ἡμέραν ἔψαλλε ἡμῖν μνήμη τοῦ μεγάλου Γεωργίου, διὸ
καὶ ὀνομάσθη Γεώργιος, ὃς δὲ ἀπέθανε κατὰ τὴν κβ τῆς αὐτῆς ἡμέρας. μηνὶ σεπτεμβρίου κς τῆς τοῦ
ςϡνη ἔτους ἰνδικτιῶνος ιγ ἐγεννέθη υἱός μου ὁ Ἀνδρόνικος). Ello da a entender que el códice se
encontraba en la década de los cincuenta en un milieu griego y nos hace preguntarnos cómo
pudo entonces Filelfo utilizarlo en la capital lombarda en torno a 1440. Por otra parte, sin de-
sautorizar la opinión de Jouanna – que está basada en datos textuales – pero sin darle tampoco
un crédito absoluto, Fiaschi 2015, pp. 293-294, ha sugerido que el manuscrito utilizado por
Filelfo podría haber sido, no el Escurialensis, sino un códice que cumpliese dos requisitos, a
saber, que contuviese las dos obritas hipocráticas, De flatibus y De passionibus, y que presentase
una glosa en griego que hace referencia a la opinión de Galeno de que el tratado De passioni-
bus no es de Hipócrates, sino de Polibio (con una fórmula τοῦτο Πολύβου φησὶ ὁ Γαληνός o
similar). La estudiosa italiana propone tres códices que cumplen estos dos requisitos y se aju-
stan a los límites cronológicos adecuados: Marc. gr. 269 y sus apógrafos Par. gr. 2141 y 2144.
La autopsia del Escur. Φ III 12 por nuestra parte no ha revelado ninguna anotación humanista
ni de Filelfo ni de ningún otro erudito; tampoco los ff. 461-466v con el De flatibus presentan
ninguna indicación de que el tratado fuese en verdad obra de Polibio.
253. Y menos aún que estuviese «copiando manuscritos para él (sc. Mendoza)» como se
afirma en un estudio reciente de Caballero Sánchez 2014, p. 238, n. 10.
254. En la entrada que le dedica el RGK I 28 (véase asimismo RGK II 39; III 48) se insiste
en su función de revisor de textos.
388 Teresa Martínez Manzano

del T II 4: ἐν ἄλλῳ Ἀππιάνου σοφιστοῦ Ἀλεξανδρέως ῥωμαικῆς ἱστορίας


προοίμιον255.
Especialmente relevante para conocer la relación entre Eparco y
Mendoza es la correspondencia del propio Eparco, quien en una carta al
cardenal Marcello Cervini del 28 de febrero de 1544 a propósito de algu-
nos textos que podrían interesarle256 se refiere a «di libri che mi parono
boni di esser transcritti sono l’infrascritti» y cita cuatro obras, dos presen-
tes en la colección del patricio veneciano Matteo Dandolo, la Alexíada de
Ana Comnena y el Comentario al Pentateuco de Procopio de Gaza, y otras
dos en la de Diego Hurtado de Mendoza, los Logoi de Máximo de Tiro y
el Comentario al Alcibíades de Proclo. Estas dos últimas obras, de las que
Eparco dice que «gli ha don Diego; libri necesarii. Questi libri gli posso
haver ogni volta che voglio», se conservan en el mendociano Escur. R II
6, copiado en parte por Andrónico Nuccio. Las palabras de Eparco sobre
su fácil acceso a los libros de Mendoza son suficientemente elocuentes
de la relación comercial o laboral que unía al embajador y al marchante
corfiota257.
Hay entre los recentiores mendocianos algunos manuscritos que pre-
sentan correcciones autógrafas de Antonio Eparco: además del T II 4 de
Apiano que acabamos de mencionar, esta labor correctiva se aprecia en el
Ω I 11, una miscelánea de obras literarias y técnicas. Podemos destacar
aquí algunos aspectos importantes de la confección de ambos códices. El
Escur. T II 4 de Apiano es, como acabamos de apuntar, un autógrafo de
Andrónico Nuccio realizado en 1542. Su modelo no fue un manuscrito
de la Biblioteca Marciana258, sino un códice – y esto es de gran interés –
que a mediados del s. XVI se encontraba en otra biblioteca veneciana, la
de San Zanipolo: Marc. gr. VII 10, un manuscrito de pergamino de finales
del s. XV realizado por César Estratego259. El Escur. T II 4 tiene muchas

255. Sosower 1993, p. 154; Martínez Manzano 2015c, p. 93; Ead. 2016b, p. 258.
256. Dorez 1893, p. 305 (carta nr. 10).
257. Pero al margen de estas copias modernas, no tenemos pruebas gráficas o documen-
tales de que Eparco haya vendido manuscritos bizantinos antiguos a Hurtado de Mendoza. De
hecho, Eparco se especializó en la venta de grandes lotes de manuscritos, el primero de los cua-
les donó en 1538 al rey de Francia Francisco I, por tanto un año antes de la llegada de Mendoza
a Venecia. Parece probable, en ausencia de otros datos, que Eparco proporcionase a Hurtado
de Mendoza transcripciones modernas elaboradas por Nuccio y otros copistas, mientras que
está por demostrar que le facilitase códices orientales.
258. En la Marciana se encontraba el Marc. gr. 387 de Besarión.
259. Jackson 2011, pp. 35-36; Speranzi 2013, pp. 85, 365. En otro orden de cosas pero
en relación todavía con Hurtado de Mendoza, Jackson 2011, p. 51, propone que el Escur. Φ
III 7, cuyo primer texto importante (ff. 9-66v) es el Comentario al Pronóstico de Hipócrates de
Galeno, puede ser un libro procedente de San Zanipolo que correspondería a la entrada 22 Ga-
La biblioteca manuscrita griega 389

adiciones y variantes en los márgenes, desde el primer al último folio, to-


das ellas de Antonio Eparco, que son fruto de la colación de otro códice, el
Monac. gr. 374, un manuscrito que Eparco vendió en 1544 a la ciudad de
Augsburgo260. Nuccio o Eparco tenían por tanto acceso a San Zanipolo261,
pero fue Eparco quien corrigió posteriormente el T II 4 con ayuda de otro
códice de su propiedad (también anotado por él).
En cuanto al Escur. Ω I 11, seguramente se trate del recentior más
interesante del fondo mendociano para los investigadores de la historia de
los textos, ya que transmite fragmentos de una serie de obras perdidas que
fueron tomados de un arquetipo que a día de hoy es desconocido. El códi-
ce está formado por cuatro unidades262 la primera de las cuales (ff. 1-72v)
nos interesa aquí especialmente: es obra de Andrónico Nuccio, que la ter-
minó el 12 de marzo de 1543, y contiene la Varia Historia de Eliano más la
Política de Heraclides Lembos. Como se sabe, estas dos obras tienen una
transmisión común y un estudio de Mervin R. Dilts ha demostrado que
esta sección del Escurialensis fue copiada directamente del Vat. gr. 998.
El Vaticanus era, como en el caso anterior, propiedad de Antonio Eparco,
quien en 1551 lo vendió a Marcello Cervini para la Biblioteca Pontifi-
cia263. El Escur. Ω I 11 está anotado, en la sección de Eliano, sucesiva o

lenus in Prognost. Hippocratis en la lista de los manuscritos griegos de este monasterio que com-
piló Martin Richter en 1528. A falta de otros elementos de juicio la hipótesis es inverificable.
260. Dilts 1971, pp. 50, 60-61. Sobre el Monac. gr. 374, copiado básicamente por Jorge
Basilicós y Jorge Cocolós y en el que Eparco ha transcrito el f. 1, y sobre el Escur. T II 4 véase
Sosower 1993, pp. 151, 154.
261. También el Escur. Y I 2 (Diodoro Sículo) – copiado por Nicolás Marulo Gaitano
en 1542 y por otro copista anónimo – procede recta via de un códice de San Zanipolo: Marc.
gr. VII 8, un pergamináceo autógrafo igualmente de César Estratego: cfr. Bertrac 1993, pp.
lxxvii-cxxiii; Mondrain 2002, pp. 480-481. El manuscrito de Mendoza, que no tiene
anotaciones de Eparco, pero sí de Arlenio, sirvió a su vez de modelo para el Bisuntinus 835 de
la colección del cardenal Granvelle.
262. La tercera unidad codicológica (ff. 198-324v) contiene los Stratagemata de Polieno
copiados por Pedro Carnabacas (a partir de un modelo perdido – Grimani 308 – descendi-
ente del Vat. Urb. gr. 107: cfr. Schindler 1973, pp. 88-101). La segunda sección, transcrita
por los copistas Nicolás Múrmuris (ff. 74-105) y Juan Mauromates (ff. 107-196v), contiene
una selección de excerpta de insidiis de varios historiadores antiguos que sólo han conocido
una edición a partir del s. XIX y que proceden, como decimos, de un arquetipo desconocido:
Nicolás de Damasco, Juan de Antioquía, Juan Malalas, Jorge Mónaco, Diodoro Sículo, Dio-
nisio de Halicarnaso y Polibio. De las Antigüedades romanas de Dionisio de Halicarnaso, por
ejemplo, el manuscrito transmite extractos de los libros XII-XX (cfr. Pittia 2002, p. 49). La
cuarta sección (ff. 326-353v) está transcrita por una mano desconocida: contiene parte de las
Constituciones tácticas de León VI el Sabio y, sobre todo, tres textos de geógrafos menores –
Agatemero, la Diagnosis geographiae y la Hypotyposis geographiae – cuyo origen pudo rastrear
Diller 1937, pp. 182-184: se trata de los tres opúsculos que Nicolás Sofiano encontró en un
manuscrito del monte Athos, el Vatopedi 655, y transcribió para sí (cfr. supra § 7).
263. Dilts 1965, p. 63. Véase asimismo Sosower 1993, p. 154.
390 Teresa Martínez Manzano

contemporáneamente por Antonio Eparco y por Arnoldo Arlenio264: los


dos parecen igualmente involucrados en la corrección de este ejemplar.
Podemos mencionar un tercer manuscrito que pone de manifiesto
asimismo el no desdeñable papel desempeñado por Antonio Eparco en la
génesis de la parte más moderna de la colección de Mendoza proporcio-
nando manuscritos que servían de antígrafos o en su defecto de correcti-
vos: el Escur. Ω I 10, de ca. 1542, contiene la Historia de Jorge Paquime-
res y fue copiado directamente de un códice besarioneo, el Marc. gr. 404,
pero, además de por Arlenio (tav. 9), fue corregido y completado por una
mano anónima – en especial los ff. 315-316, que contienen un largo pasa-
je que no está presente en el Marcianus – a partir de otro modelo, el Mo-
nac. gr. 442. Este Monacensis había sido traído de Oriente por Antonio
Eparco y fue vendido por el marchante en 1544 a la villa de Augsburgo:
por tanto, antes de 1544 Eparco lo puso a disposición de los copistas de
su atelier que elaboraban copias para Hurtado para completar el Ω I 10
y conseguir el mejor texto posible, lo que suponía realizar una cuidadosa
colación de los dos modelos de copia265.
Otro ejemplo: la Historia de Laónico Calcóndilas conservada en los
ff. 142-330v del Escur. Φ I 12, copiada por Andrónico Nuccio en febrero
de 1543, tuvo como modelo el Monac. gr. 307a, un manuscrito de prin-
cipios del s. XVI obra sobre todo de Jorge Mosco, un pariente directo de
Antonio Eparco activo en Corfú y después en Venecia, y presenta además
marginalia de la pluma de Jorge Eparco, padre de Antonio: es una mues-
tra más de cómo Antonio Eparco ponía a disposición de los amanuenses
de su taller manuscritos de su colección personal266.
Por otra parte, parece evidente que el cometido del flamenco Arle-
nio en la biblioteca de Diego Hurtado no se limitó a la organización o
disposición física de los volúmenes (véase supra § 2), sino que pudo ex-
tenderse de forma decisiva a la formación de la propia colección, es decir,
a las compras y a la selección de textos susceptibles de ser copiados. Y por

264. Son de Eparco los marginalia en ff. 1r, 2v, 3r, 5r, 7r, 12v, 14r, 20v, 24v, 25v, 27r, 28v,
30r, 33r, 41rv, 42r, 43r, entre otros. Son de Arlenio los de los ff. 12r, 13v, 16v, 27v, 55v, 69r,
entre otros. Es igualmente significativo el hecho de que la sección de Polieno (ff. 198-324v)
ha sido corregida gracias a la colación del texto con el Brit. Libr., Royal 16. D. XVI y que los
marginalia de ambos manuscritos proceden de la misma mano, que Schindler 1973, p. 101,
no pudo identificar, pero que no es otra que la de Arlenio (en cambio, según Dain 1940, pp.
44-53, el Royal 16. D. XVI sería un apógrafo del Ω I 11, hipótesis que plantea la dificultad de
que último haya sido corregido a partir del primero).
265. Laurent 1929-1930, pp. 168-170; 184-188; Failler 1979, pp. 180-182; Id. 1989,
pp. 147-155; Mondrain 1993, p. 233. En cuanto al copista de los ff. 315-316, no puede
aceptarse la propuesta de Fernández Pomar 1986, p. 9, de que se trata de Juan Escutariota.
266. Wurm 1995, pp. 228-229; 232; Mondrain 2002, pp. 481-482.
La biblioteca manuscrita griega 391

ello ha de ser estudiado desde una nueva perspectiva y, desde luego, reva-
lorizado. Hasta ahora nadie ha puesto en duda el buen hacer de Arnoldo
y sus sobradas dotes como filólogo clásico, pero sin duda su faceta como
editor y crítico textual debe ser analizada sistemáticamente, y el fondo
griego escurialense proporciona en este sentido un campo inigualable
de trabajo, ya que la mano de Arnoldo puede detectarse en multitud de
ejemplares mendocianos recentiores, no en calidad de copista, sino de re-
visor. No tiene ningún sentido quedarse en el simple dato de la aparición
de marginalia autógrafos de Arnoldo Arlenio en tal o cual ejemplar – una
información sin duda importante desde una perspectiva paleográfica – ,
sino que es preciso ampliar el campo de mira y saber en qué consisten
esas anotaciones marginales, cuál era el proceder filológico y crítico del
bibliotecario flamenco y cuáles sus instrumentos de trabajo. Un punto
necesario de partida para realizar ese análisis será la esencial Textgeschichte
de Dieter Harlfinger de 1971, sumada a un artículo de Antonio Bravo
García del bienio 1983-1984 y al útil repertorio de copistas de José María
Fernández Pomar de 1986267, trabajos todos ellos posteriores a la catalo-
gación de Gregorio de Andrés de 1965-1967 y en los que se ha identifica-
do la mano de Arlenio en las apostillas de una veintena de recentiores del
fondo Mendoza268: en concreto en los T I 11, T I 15, T II 1, Φ I 2, Φ I 5,
Φ I 7, Φ I 10, Φ I 12, Φ I 14, Y I 9, Y I 10, Y I 15, y I 2, y I 10, y I 14, X I
4, X I 11, Ψ I 9, Ψ I 10, Ω I 11. A estos códices podemos añadir ahora la
segunda unidad codicológica del T III 15 (ff. 30-69 +1)269.
En este contexto hay que mencionar que otros manuscritos recentio-
res de Mendoza presentan frecuentes correcciones textuales y suplemen-
tos en sus márgenes que no son de la pluma de Arlenio. Alejo Revilla llamó

267. Harlfinger 1971, p. 408; Bravo García 1978, pp. 72-73; Fernández Po-
mar 1986, p. 6. Pero véase también Cataldi Palau 2000a, p. 340 n. 21.
268. Según nuestro conocimiento, ningún manuscrito antiguo de la colección mendoci-
ana está anotado ni por su propietario Hurtado ni por su bibliotecario Arnoldo. No es verdad,
como afirma Pérez Martín 2001, p. 301, n. 12, que los ff. 5, 83, 85v-86, 88 y 111v del famo-
so Hexacontabiblos Escur. R II 11 tengan anotaciones marginales de Arlenio: este códice sólo
presenta apostillas bizantinas medievales de varias épocas, pero en ningún caso occidentales
del Renacimiento.
269. Éste es un manuscrito que aúna bajo la envoltura típica de El Escorial dos libros de
diferentes propietarios: los primeros 32 folios (ff. 1-29+ 3 sin numerar) contienen el comen-
tario de Hierocles a los Carmina aurea y son de la colección que los hijos de Antonio Eparco
vendieron a Felipe II; los ff. 30-69 +1 sin numerar, escritos por una mano desconocida (que
en ningún caso es la de Juan Escutariota como propone Fernández Pomar 1986, p. 9) con-
tienen acéfala y mútila la Theologia Platonica de Proclo. No hay ningún exlibris de Hurtado,
pero creo que esta unidad codicológica puede corresponder a los cuadernos sueltos de que
se habla en varias entradas del listado de manuscritos de Hurtado ingresados en El Escorial
en 1576 (cfr. supra n. 73). Es precisamente la identificacion de la mano de Arlenio en sus
márgenes (ff. 36v, 37r, 38r, 45r, 59r, 63r, 64r) la que nos ha permitido llegar a esta conclusión.
392 Teresa Martínez Manzano

la atención, en este sentido, sobre el Escur. R II 6270, un trabajo realizado


por Pedro Carnabacas (ff. 1-128v) y Andrónico Nuccio (ff. 129-269). La
parte de Carnabacas contiene las Disertaciones platónicas de Máximo de
Tiro, mientras la sección de Nuccio transmite el Comentario al Alcibíades
de Proclo. El texto de Máximo de Tiro en el manuscrito coincide con
la editio princeps de Henri Estienne aparecida en París en 1557. Estien-
ne dedicó a Arnoldo Arlenio esta edición dándole las gracias por haberle
conseguido una copia del original traído de Grecia por Ianos Láscaris271
en la primera de sus expediciones auspiciada por Lorenzo de Medici: el
original es el conocido Par. gr. 1962, un códice de la llamada “colección fi-
losófica”272. En verdad, todos los manuscritos conservados con las Diserta-
ciones de Máximo de Tiro derivan en última instancia, aunque a través de
diversas ramas, de este arquetipo Par. gr. 1962, y por eso no es de extrañar
que el Escur. R II 6 sea muy semejante a la edición príncipe de Estienne.
Sin embargo, el Escurialensis no es una copia directa del Parisinus, sino
que es un apógrafo del Vat. gr. 236 del s. XVI273. Sea como fuere, una
tarea que espera a los paleógrafos es la de dilucidar a quién pertenecen las
correcciones y adiciones que se encuentran en este Escur. R II 6 y en otros
manuscritos de Mendoza – fruto de la colación de varios testimonios tex-
tuales – y que no son ni de Arlenio ni de Eparco: así, por ejemplo, las
que se leen en el voluminoso T I 14 (Damascio, Ptolomeo, Porfirio), que
proceden de la comparación del texto con el Marc. gr. 314274, o las que se
hallan en el T I 9 (Dión de Prusa), que derivan seguramente del Leidensis
BPG 2C, propiedad de Guillaume Pellicier275. Es evidente que había va-
rias personas involucradas en las correcciones de las copias recentiores276:
un buen punto de partida para discernir sobre la autoría de estas labores
crítico-textuales es el estudio del corpus de signos de llamada o reenvío
que cada uno de estos estudiosos utilizaba.

270. Revilla 1936, p. 106.


271. Cataldi Palau 2000a, pp. 344-345.
272. Whittaker 1974, pp. 341-342.
273. Trapp 1994, p. xxxv.
274. Caballero Sánchez 2013, pp. 171-172.
275. Menchelli 2008, pp. 132, 178, 188-189, 195-198.
276. Mondrain 1991-1992, pp. 373-374, ya alertó sobre exhaustivas operaciones de
revisión del texto en los manuscritos de Johann Jakob Fugger por parte de una mano anóni-
ma a la que la estudiosa francesa ha denominado «corrector A». A diferencia de la revisión
llevada a cabo por Arlenio en los códices de Hurtado, el «corrector A» no colacionó otros
manuscritos, sino que se limitó a releer el texto, suplir lagunas y corregir deslices ortográficos
de los copistas, los cuales llevaron a cabo un trabajo de copia en muchos casos mediocre. Creo,
por lo demás, que no puede descartarse que uno de los correctores de textos en los manuscritos
de Mendoza haya sido Nicolás Sofiano.
La biblioteca manuscrita griega 393

Sabemos por otra parte que entre octubre de 1544 y abril de 1545
Arnoldo Arlenio viajó por encargo de Hurtado de Mendoza a Florencia,
acompañado por un grupo de copistas, para gestionar la copia de algunos
textos a expensas de aquél277. La noticia es recogida por varios estudio-
sos  278, pero nadie parece haberla contextualizado o haber cruzado este
dato con los resultados obtenidos de la historia de la transmisión textual
para saber con precisión cuáles fueron los antígrafos Laurentiani utiliza-
dos por los copistas al servicio de Mendoza y cuáles los apógrafos Escu-
rialenses resultado de aquel viaje florentino. Un ejemplo nos sirve para
ilustrar sobre las perspectivas que abre esta línea de investigación hasta
ahora inexplorada: el Escur. T I 15 contiene las Dionisíacas de Nonno de
Panópolis (ff. 1-364). Es extraño, sin embargo, que a este texto épico de
época imperial se le haya añadido la tragedia Suplicantes de Esquilo en los
siguientes folios (ff. 367-381v). El autor de toda la copia es el conocido
como Librarius Bruxellensis, un copista anónimo que realizó varios en-
cargos para Diego Hurtado de Mendoza279. Cuando Revilla catalogó este
ejemplar, observó que el Escurialensis reproducía las lecturas tanto del

277. En octubre de 1541 Mendoza solicita al Duque Cosimo I de Medici el índice de los
títulos conservados en las bibliotecas florentinas de San Marco y San Lorenzo y una copia de la
exégesis de Teodoro Metoquita sobre Aristóteles (presente en el Laur. Plut. 85.4) y de la obra
astrológica de Hiparco (presente en el Laur. Plut. 28.39 y Plut. 28.44). Cft. Spivakovsky
1970, p. 113, n. 45, y sobre todo The Medici Archive proyect (bia.medici.org) (vol. 2964, f. 95):
«Supplico a quella mande a un secretario suyo que me imbie el indice de las librerias de Sanct
Marco y de Sanct Lorenco, y que me scrivan un comentario de Theodoro Metochite sobre las
obras de Aristotiles y un libro de astrologia de Hipparcho». En diciembre de ese mismo año
Mendoza agracede al Duque Cosimo el envío de los índices de las dos bibliotecas (vol. 617,
f. 230): «L’ambasciatore caesareo di Venetia con sue del medesimo giorno bacia le mani di
V. Ex.a delli indici mandatili di queste librerie». En marzo de 1542 el embajador anuncia
que enviará al Duque una lista de los códices que quiere que le copien (vol. 617, f. 148): «Il
medesimo (...) dice che inviarà a V. Ex.a un memoriale de’ libri che vorrebbe se li copiasseno,
et supplica che si degni farli copiare». Parece que las gestiones para que Cosimo de Medici le
proporcionase copia de los textos que le interesaban no tuvieron el éxito deseado, a tal punto
que a finales de 1544 Hurtado decide enviar un pequeño equipo de escribas para sacar copias
de los originales (vol. 2965, f. 199): «Don Diego de Mendoza prega vostra Excelentia dia
licentia a certi greci che lui ha mandato qua che possino cavar copia di alcuni libri della libreria
di San Marco et di San Lorenzo cioè che li cavino di lì per copiarli, que sia cosa che si possa
fare. (…) Yo embie dos griegos estos dias para copiar algunos volumenes de la Abbadia De San-
ct Marco y Sanct Lorenzo sua excelentia ne vuol far altre y porque no querria que estuviessen
parados supplico a vostrra excelencia me haga mrd. de dar licentia para que los saquen a copias
si es cosa que se puede hazer, y se hiziere con otros, y no de otra manera». Es de suponer que
la copia en dos volúmenes del Comentario a Aristóteles de Teodoro Metoquita conservada en
el Escur. Φ I 17 y en el deperditus E I 7, terminada por Nicolás Múrmuris en Venecia el 25 de
julio de 1542 (cfr. la suscripción del f. 368v del Φ I 17), fue realizada a partir de un manuscrito
de la Marciana, el Marc. gr. 239.
278. González Palencia – Mele 1941-1943, p. 258; Graux – De Andrés
1880/1982, p. 202; Hobson 1999, p. 73; Cataldi Palau 2000a, p. 345.
279. Bravo García, 1983-1984, pp. 68; 75.
394 Teresa Martínez Manzano

Laur. Plut. 32.16, como del Vat. Pal. gr. 85280, y es que, efectivamente, en la
transmisión de las Dionisíacas, parece que todos los recentiores descienden
– a través de un apógrafo perdido – del Palatinus, el cual es en realidad
una copia del s. XVI del Laurentianus, un códice del s. XIII que había
sido propiedad de Francesco Filelfo y que no tuvo más descendencia di-
recta que ese códice Palatinus281. Por su parte, la pieza de Esquilo es una
copia directa del Laur. Plut. 32.9, según había anticipado Alejo Revilla y
después corroborado Alexander Turyn282. El Laur. 32.9 es – recordémoslo
– un famosísimo códice bizantino del s. X con la obra de Esquilo, Sófo-
cles y Apolonio Rodio que Giovanni Aurispa compró a principios del s.
XV en Constantinopla por encargo de Niccolò Niccoli y que estuvo en la
biblioteca pública de San Marco hasta su traspaso a la Biblioteca Medicea
Laurenziana. Este libro estuvo por tanto a lo largo de todo el s. XVI, y
hasta nuestros días, en Florencia.
Si las cosas son tal y como han propuesto los estudiosos del texto de
Nonno y el Escur. T I 15 no es una copia directa del Laur. Plut. 32.16283,
sino del Vat. Pal. gr. 85, sería preciso saber exactamente dónde estaba el
Palatinus entre el otoño de 1544 y la primavera de 1545: quizás en Flo-
rencia. Pero el hecho de que la pieza de Esquilo haya sido copiada de un
modelo que con seguridad estaba en Florencia en torno a 1545 nos auto-
riza a pensar que el Escur. T I 15 del Librarius Bruxellensis es uno de esos
manuscritos producto de la expedición a la ciudad del Arno de Arlenio y
su equipo de calígrafos. Si es tal y como sugerimos, podremos datar este
manuscrito entre la segunda mitad de 1544 y la primera mitad de 1545 y
precisar los datos del codicólogo Mark Sosower, que situaba esta copia en
Venecia ca. 1542284. Las circunstancias peculiares en que se llevó a cabo
la copia explicarían también la presencia de dos textos tan dispares en el
volumen: Arlenio y su copista el Librarius Bruxellensis habrían aprove-
chado la ocasión que les deparaba la consulta de los fondos florentinos en

280. Revilla 1936, p. 438.


281. Vian 1976, pp. lxiv-lxv.
282. Revilla 1936, p. 439; Turyn 1943, p. 21.
283. Este códice filelfiano pasó, como el resto de los libros de Filelfo, a ser propiedad de la
biblioteca privada de los Medici. En 1494 los manuscritos Medici fueron confiscados, metidos
en cajas y depositados en San Marco hasta que en 1508 pasaron al cardenal Giovanni Medici,
que los trasladó a su palacio romano. Para cuando a principios de 1545 Jean Matal inspeccionó
los manuscritos de Florencia buscando en especial aquellos de jurisprudencia que interesasen
a Antonio Agustín, los manuscritos de la colección de los Medici se encontraban de nuevo en
Florencia, en concreto en la biblioteca de la Basílica de San Lorenzo, que sólo en 1571 el Gran
Duque Cosimo I abriría al público.
284. Sosower 2004, p. 177. La datación de Revilla 1936, p. 437 («siglo XVI») era
absolutamente vaga.
La biblioteca manuscrita griega 395

esos pocos meses de estancia para copiar en un mismo volumen dos textos
dispares sin atender a criterios de contenido.
Para concluir este apartado ofrecemos un ejemplo más de la labor
correctiva de Arnoldo Arlenio que a la vez permite destacar la posición
central que ocupaba en Venecia la colección de Grimani en Sant’Antonio
di Castello. En la biblioteca de Hurtado, en este caso entre sus impresos,
encontramos el segundo volumen de la edición erasmiana de Aristóteles
(Basilea, 1531), que contiene, entre otras obras, la Política: Escur. 25 III
11. Arlenio corrigió pacientemente el texto impreso después de haberlo
colacionado con dos manuscritos de la Política que custodiaba precisa-
mente la biblioteca de Sant’Antonio. Así podemos deducirlo de su anota-
ción autógrafa al principio del texto (p. 74v): «Ex Gazae et parvo codi-
cibus bibliothecae Grimanicae Venetiis» 285. En las páginas sucesivas del
impreso el bibliotecario del embajador hace referencia a las lecciones que
proporcionan estos dos códices con las siglas G y P. Entre los manuscritos
Grimani había tres con el texto de la Política, de los cuales uno (nr. 42)
había sido escrito efectivamente por Teodoro Gaza, el actual Utinensis
258286, que antes de Grimani había sido de Pico della Mirandola. Es pro-
bable que la expresión Ex Gazae et parvo codicibus deba traducirse como
«del códice de Gaza y del otro pequeño» y que, por consiguiente, las
palabras et parvo deban referirse a las dimensiones del segundo manuscri-
to colacionado, quizás el nr. 33 Grimani – Marc. gr. IV 3, de mm 278 ×
192 – . Sea como fuere, lo que nos interesa subrayar aquí es que Arnoldo
Arlenio, con el fin de corregir la edición de Basilea en poder de Hurtado,
se tomó la molestia de comparar in situ las lecturas de dos manuscritos
Grimani287, y que en consecuencia su labor correctora no se limitaba a
los manuscritos, sino que abarcaba también las ediciones: es seguro que
el estudio sistemático de los impresos mendocianos arrojará en el futuro
más luz sobre muchos aspectos indagados hasta aquí únicamente en los
manuscritos288.

285. Escobar 2015, pp. 176-177.


286. Diller – Saffrey – Westerink 2003, p. 115.
287. Y, no sólo eso, sino que del trabajo de colación de Arnoldo se aprovechó Páez de
Castro, quien en su propio ejemplar de la Política, el impreso Escur. 68 V 14, p. 95 (vol. V de la
edición aldina), transcribe exactamente la anotación de Arlenio: «Ex Gaze et parvo codicibus
bibliothecae Grimanicae Venetiis». Cfr. Escobar 2015, pp. 176, 186, lám. 10.
288. Mercati 1927/1975, pp. 364-365, n. 3, elucubra sobre las causas de la separación
de Mendoza y Arlenio y explica la posible caída en desgracia del bibliotecario por los celos
de su patrono al comprender que Arlenio era un serio competidor en la búsqueda de códices
griegos ya que se dedicaba a adquirir manuscritos para sí mismo. No estoy segura de que la
carta de Hurtado traída a colación por Mercati y cuyas palabras son «Morillon es el mejor
hombre del mundo; si el no se quisiesse boluer alla, por mi voluntad, no se yo si le dexare ir»
396 Teresa Martínez Manzano

12. Algunos códices antiguos de medicina


«Tuttol giorno concorrono molti antiquissimi e buoni e rari libri
massimamente mathematici, fisici, morali e metafisici la maggior parte
greci». Éstas son las palabras con las que el erudito Alessandro Picco-
lomini (1508-1578) describe el valor de la biblioteca de Diego Hurta-
do, haciendo especialmente hincapié en los libros griegos de contenido
científico y filosófico289. El embajador parece haber recibido su formación
filosófica de Agostino Nifo y de Juan Montes de Oca (o Montesdoca),
estudiosos del averroismo290, mientras que para la enseñanza propiamente
científica Hurtado escuchó en Venecia las lecciones de Niccolò Tartaglia,
conocido matemático y traductor de Euclides y pionero en la ciencia de
la artillería291. La relación con Tartaglia explicaría el peso que entre los
códices de Mendoza – especialmente los recentiores – tienen las obras de
ciencia matemática, mecánica y poliorcética y el interés del embajador por
traducir al castellano la Mecánica aristotélica292.
Pero si seguimos hablando de libros de contenido científico, llama
poderosamente la atención la gran cantidad de manuscritos presentes en
la colección de Mendoza – en su mayoría códices antiguos – de medici-
na, veterinaria, botánica y farmacología, disciplinas que el César imperial
nunca estudió y a las que tampoco se dedicó293. En la lista de Matal figu-
ran, por ejemplo, tres Dioscórides, en los nr. 8, 151 y 246. El nr. 8 puede
identificarse con seguridad con el Escur. Σ I 17, para el que en otro lugar

(Vázquez – Rose 1935, p. 113) dé a entender que Antoine Morillon podría reemplazar a
Arnoldo como bibliotecario.
289. En la epístola dedicatoria de su obra De la institutione di tutta la vita de l’huomo
nato nobile e in città libera (Venezia, 1542): cfr. asimismo González Palencia – Mele
1941-1943, pp. 201; 253-254. Piccolomini era filósofo y poeta. Tradujo la Poética aristotélica
y parafraseó la Mecánica en latín y confiesa haber emprendido esta paráfrasis persuadido por
Mendoza, quien eligió precisamente la Mecánica para hacer una versión castellana.
290. Véase en este sentido Spivakovsky 1965, quien apunta que también Pietro Pom-
ponazzi pudo ser maestro de Mendoza.
291. Sus Quesiti et inventioni diverse, aparecidas en Venecia en 1546, tratan de diversos
asuntos, como la balística, la táctica, las fortificaciones, la topografía, la artimética, el álgebra
o la geometría, y hay que subrayar que el libro VI, que aborda la Mecánica de Aristóteles y los
pesos, presenta la forma de un diálogo precisamente con su alumno Diego Hurtado de Men-
doza. Cfr. Hobson 1999, p. 78.
292. El reciente artículo de Iommi Echeverría 2011 analiza precisamente la tra-
ducción de Hurtado de la Mecánica aristotélica en el contexto del ambiente científi-
co-humanístico de mediados del s. XVI.
293. Por mencionar sólo los conservados, los códices R I 12, Σ I 17, Σ II 5, Τ ΙΙ 14, Φ Ι 2,
Φ I 6, Φ III 7, Φ III 12, Y III 5, Y III 14, Y III 17, y I 8, y I 9, Χ ΙΙ 4, Ψ IV 14, Ω I 8 son todos
de contenido „médico“ en el más amplio sentido del término.
La biblioteca manuscrita griega 397

hemos propuesto una nueva cronología294. Sin embargo, nada sabemos


del nr. 151, descrito como Dioscorides cum figuris herbarum appictis, es
decir, un Dioscórides con ilustraciones de plantas, ni del nr. 246, que al
parecer no incluía el primer libro. En la relación de los libros de Hurtado
ingresados en 1576 en el Monasterio de San Lorenzo no figuran estos dos
ejemplares: siempre puede pensarse que Hurtado los prestó en Italia y ya
no los recuperó295.
Especialmente llamativa es la presencia masiva en la colección men-
dociana de Ephodia. Recordemos que los Ἐφόδια τοῦ ἀποδημοῦντος, o
Provisiones del viajero, es el título griego del tratado médico árabe de Ibn
al-Jazzar o Ibn al-Gaffar (muerto en 1004). Esta obra conoció una enor-
me difusión durante la Edad Media gracias a la versión griega realizada
por Constantino de Reggio (llamado también Constantino el Africa-
no), médico del s. XI activo en la escuela salernitana entre 1077 y 1087
y conocido por su labor traductora de textos médicos griegos y árabes. A
Constantino se debe asimismo la versión latina del texto, a la que se suele
hacer mención con el nombre de Viaticum peregrinantium. Se trata de
una especie de vademecum médico que consta de siete libros296. La obra de
referencia sobre los Ephodia sigue siendo la del historiador de la medicina
y bibliotecario Charles-Victor Daremberg, que remonta a mediados del
s. XIX297. Este autor dio a conocer numerosos incipit, explicit y fragmen-
tos del texto en árabe, griego y latín conservados en los manuscritos. No
obstante, el trabajo sobre la transmisión y la tradición global del texto está
todavía por hacer298.

294. Se trata de un apógrafo del Athos, Lavra Ω 75 realizado probablemente en el scrip-


torium del monasterio de Pródromo-Petra en Constantinopla en la sexta o séptima década del
s. XIV. Véase Martínez Manzano 2015a, pp. 209-210. En las pp. 208-209 de ese mismo
estudio también hemos revisado la cronología de los códices R I 12 y Σ II 5.
295. En este sentido es muy conocido el testimonio del médico y humanista Andrés
Laguna (ca. 1511-1559) que, en referencia a la traducción del Dioscórides al castellano que
emprendió, asegura que Juan Páez de Castro «me ayudó para la mesma empresa con un an-
tiquísimo códice griego, y manuscripto, del mesmo Dioscórides, por medio del qual restituy
más de 700 lugares en los quales hasta agora tropeçaron todos los intérpretes» (cfr. Graux
– De Andrés 1880/1982, pp. 108; 122), pero es aventurado suponer que Páez haya prestado
a Laguna un manuscrito propiedad de Hurtado: en cualquier caso, de haber sido el códice con
ilustraciones, se habría mencionado probablemente tal extremo.
296. El primero aborda las enfermedades de la cabeza, el segundo las de la nariz, ojos,
oídos y dientes, el tercero las de la garganta y el pecho, el cuarto las del aparato digestivo, el
quinto las del hígado, bazo, vesícula y riñones y el sexto las de los órganos genitales, mientras el
séptimo libro trata de la fiebre. Este último libro precisamente es el único para el que contamos
con una edición, bajo la autoría de Sinesio: Bernard 1749.
297. Daremberg 1851; Id. 1853, pp. 63-100.
298. Cfr. la reciente puesta al día de Miguet 2017. Una de las razones que han difi-
cultado esta misión es la de que, como todos los textos de carácter instrumental, los Ephodia
398 Teresa Martínez Manzano

En España se conserva un número significativo de testimonios ma-


nuscritos de los Ephodia, pero sólo la fama de uno de ellos, el Matr. Vitr.
26/1, ejemplar constantinopolitano del tercer cuarto del s. XIV, ha tras-
cendido – aunque modestamente – en la investigación moderna299. En El
Escorial hay cinco manuscritos que transmiten el texto y, de hecho, esta
biblioteca es, junto con la Bibliothèque Nationale de Francia y la Biblio-
teca Vaticana, la que más Ephodia antiguos concentra, aunque ninguno
de ellos ha sido objeto de atención por parte de los estudiosos y en general
no se les ha dedicado mención alguna que no sea la descripción que de
estos códices hace el Catálogo de los códices griegos de El Escorial. Se trata
de los Escurialenses T II 14, Y III 5, Y III 14, X II 4, Ω I 8, que se sitúan
cronológicamente entre los ss. XIV y XV300, pero todos tienen en común
el proceder de la biblioteca de Diego Hurtado de Mendoza.
De todos ellos, el Escur. Ω I 8 es el que desde un punto de vista paleo-
gráfico e histórico presenta mayor interés (tav. 10), por lo que ofrecemos
aquí algunos datos que complementan la descripcion que se lee en el Ca-
tálogo de De Andrés301: de enormes dimensiones (mm 389 × 278) es fruto
de un trabajo en equipo realizado por tres copistas: A (ff. 1-90v), B (ff.
91-159v) y C (ff. 160-384v). En la sección del copista A las filigranas son
Arc 786 Br. (1372) y Basilic 2625 Br. (1369-70), en la del copista B Cheval
3560 Br. (1376) y en la del copista C Arc 795 Br. (1358), Deux clefs 3813
Br. (1354) y Agneau pascal 5 Br. (ca. 1363). Estos datos permiten datar la
copia en torno a la década de los sesenta del s. XIV. Teniendo en cuenta la

han sufrido un constante proceso de transformación y renovación entre los ss. XII y XVI en
función de las necesidades prácticas de los médicos de cada época y lugar, y esta situación se
ha traducido, en concreto en el texto griego, en la aparición de no pocas amplificaciones con
respecto al árabe y a la versión latina. Una segunda dificultad estriba en que los Ephodia se han
transmitido en un gran número de manuscritos. Concretamente, para los testimonios del tex-
to griego contamos con el antiguo repertorio de Diels 1905-1907, que, sin embargo, no inc-
luye la totalidad de los códices que transmiten la obra. En este estado de cosas resulta de gran
utilidad el esbozo que sobre la tradición manuscrita de los Ἐφόδια se lee en Duffy 1997, pp.
13-21, esbozo que, por otra parte, se apoya en gran medida en las conclusiones alcanzadas por
Mercati 1917, pp. 9-41, a raíz de la identificación realizada por este último de los fragmen-
tos del Comentario a Epidemias VI de Juan de Alejandría conservados en el Vat. gr. 300, del s.
XII, precisamente el testimonio más antiguo conservado de la versión griega de los Ephodia.
299. Sin duda ayudado por el hecho de que contiene una ilustración a plena página en
el f. Vv en la que están representados tres personajes: el autor árabe Ibn al-Jazzar, el traductor
Constantino de Reggio y quizás San Juan Damasceno, a quien el manuscrito atribuye algunas
obras médicas. Puede verse una descripción del Matritensis en Pérez Martín 2008, pp. 162-
163.
300. Y III 5, X II 4, Ω I 8 son códices del s. XIV, mientras Y III 14 aglutina una sección
del s. XIV y otras de finales del s. XV. T II 14 es de principios del s. XV: nos hemos referido
más extensamente a este último códice supra § 7.
301. De Andrés 1967, pp. 126-128.
La biblioteca manuscrita griega 399

grandiosidad del códice y el cuidado de la copia no puede descartarse que


este Escur. Ω I 8 haya sido elaborado a instancias de las clases ilustres de
la sociedad bizantina o incluso en un entorno próximo a un emperador, si
hacemos caso a la vez de la sugerencia de Brigitte Mondrain de que en el
s. XIV el interés por la medicina no estuvo circunscrito a los círculos pro-
piamente médicos, sino que se extendió a las capas más altas de la socie-
dad y de que la confección, por ejemplo, del Laur. Plut. 74.10 – un códice
de contenido médico famoso por ser un trabajo de equipo entre 17 es-
cribas – pudo deberse a la iniciativa del emperador Juan Cantacuceno302.

13. Bibliotheca ornatissima


Bibliothecam Venetijs ornatissimam habet, ac omne genus rarissimis
libris praesertim Graecis mire instructam: eius catalogum Arlenius,
quem in contubernio suo Legatus valde amanter fovet, mihi ostendit,
et saepe a nobis in hoc volumine commemoratur.

Estas son las palabras que Konrad Gesner, s.v. Diegus, dedica a la bi-
blioteca de Diego Hurtado de Mendoza y a su custodio Arlenio y nos
sirven de colofón para reflexionar sobre la naturaleza de esta colección. A
tenor de la ausencia de cualquier tipo de anotación autógrafa del emba-
jador en sus códices, hemos de deducir que ésta no era una biblioteca de
estudio, sino de aparato303: la biblioteca de un bibliófilo más pendiente y
ocupado en sus tareas diplomáticas tales como las relaciones estratégicas
con Francia, con la Serenissima y con el Gran Turco, que en la lectura y
comprensión de los textos antiguos griegos. Mendoza era un hombre su-
mido y consumido por la misión de enorme responsabilidad que le había
sido encomendada por Carlos V, en definitiva, un político comprometido
con el destino del imperio. Como decimos, a diferencia de otras bibliote-
cas contemporáneas, no parece a primera vista que los libros manuscritos

302. Mondrain 2006, pp. 363, 382. Sobre el Laur. Plut. 74.10 véase igualmente Ca-
nart 1998 y Bianconi 2012. Añadamos también que en el margen lateral del f. 92 del Escur.
Ω I 8 se lee una nota, en parte guillotinada en el taller ligatorio de El Escorial, que hace refe-
rencia al estado del texto y a quien posiblemente prestó el modelo. Reproduzco a continuación
el contenido de sus diez líneas: 1. ἀπὸ τοῦ παρόντο[ς 2. τετράδου ἕως τοῦ [ 3. λείπουσι τὰ κε-
φάλαια 4. Ἀλεξάνδρου κατέκαι[ 5. γὰρ τὸ βιβλίον αὐτοῦ γ[ραμ 6. ματικὸς καὶ ζηλωτὴς τ[ 7. Ὁβε-
ρόπουλος μᾶλλο[ν 8. ἐπεὶ ἀπὸ τῶν τοιούτων γ[ 9. μὴ (¿) βιβλίων αὐτὸς μόν[ος 10. ἦν χριστιανὸς
ἐποίησε[ 11. τυπω μαρτυρικω[.
303. Creo que la única anotación autógrafa del embajador en un códice griego de su pro-
piedad es el pínax del f. IVr del T II 1 (cfr. Revilla 1936, p. 451). Este folio tiene una textura
diferente de los restantes folios de guarda de ese manuscrito y, sobre todo, presenta marcas de
haber sido originalmente el primer folio de guarda de un códice dotado seguramente de una
cubierta de pergamino.
400 Teresa Martínez Manzano

griegos del César imperial hayan sido leídos o que se haya reflexionado
sobre su contenido304. Y por eso resulta especialmente sorprendente la
afirmación de Ambrosio de Morales en el proemio de las Antigüedades de
las ciudades de España de que Mendoza leía y releía sus manuscritos con
el cálamo en la mano:
Y, porque V. S. con sus grandes cargos residía en diversos lugares, y su
librería era en todo tan grande que no podía tan presto mudarse, tomaba
otros códices nuevos de los autores que más amaba, y volvíalos a pasar
como si antes no los hubiera pasado. Así se ven en su librería, agora que
está toda junta, dos o tres obras de unos mismos autores, rayadas y nota-
das de su mano.
Seguramente estas palabras describen la situación de los manuscri-
tos latinos: se sabe que las obras poéticas latinas ejercieron una influencia
notoria en la poesía castellana de Hurtado305, aunque está por estudiar si
las leyó en versiones manuscritas o impresas. Por ello parece palmaria la
necesidad de emprender un estudio sistemático de la biblioteca de ma-
nuscritos latinos de Hurtado, que, por falta de competencia y de espacio,
ha quedado al margen de nuestras consideraciones306. Volviendo a los có-
dices griegos, habrá que estudiar caso por caso el valor de los ejempla-
res, especialmente de los bizantinos307, y en este sentido no está de más

304. En llamativo contraste con esta situación, podemos recordar especialmente la colec-
ción contemporánea de códices griegos de Hernán Núñez de Guzmán, el Pinciano (ca. 1475-
1553), que, donada a la Universidad de Salamanca en 1548 y mucho más modesta en número,
no deja de mostrar en los márgenes de casi todos sus volúmenes señales de lectura crítica e
intensiva por parte de su artífice: véase en este sentido Signes – Codoñer – Domingo
2001, passim; Martínez Manzano 2015d, pp. 35-72.
305. De la abundante bibliografía al respecto se puede citar, a modo de orientación y sin
ánimo de exhaustividad, Cristóbal 1994 o Arcaz Pozo 1998. En varios de sus sonetos y
rimas españolas Hurtado de Mendoza tuvo presentes las antologías de epigramas griegos edi-
tadas por Cornarius (1529) y Soter (1525), aunque Ureña Bracero 1999 ha demostrado
que sus modelos no fueron propiamente los epigramas en lengua griega, sino las traducciones
e imitaciones latinas que en esas ediciones acompañaban al texto griego. No obstante, hay que
señalar que el impreso Escur. 64 IV 25, propiedad de Hurtado, contiene un florilegio de epi-
gramas griegos editado en la imprenta aldina en 1521 y presenta anotaciones en griego y latín
de dos manos, ninguna del embajador.
306. Una visión forzosamente muy general se encuentra en Antolín 1919.
307. Desde el punto de vista de los círculos intelectuales bizantinos de época Paleóloga
puede llamarse aquí la atención sobre el Escur. Ψ ΙΙΙ 15. Escrito sobre papel oriental por seis
manos distintas y datado genéricamente por De Andrés 1967, p. 74, en los ss. XII-XIII,
contiene un extenso corpus de obras de Gregorio de Nacianzo (ff. 4-328v), más las homilías
In Hexaemeron de Basilio de Cesarea (ff. 352-415v). Pero entre estos dos bloques de literatura
patrística se han insertado tres fascículos del mismo papel oriental (ff. 329-351v) con obras de
carácter profano, en concreto en el primero de estos fascículos, el 43, extractos del Comentario
a la Odisea de Eustacio de Tesalónica con el epígrafe escrito con una llamativa tinta azul, y
en los fascículos 44 y 45 el Encomio al emperador Andrónico II de Gregorio de Chipre y las
obras de Sinesio de Cirene Encomio de la calvicie y Sobre la providencia. La presencia de una
La biblioteca manuscrita griega 401

recordar que – pese a que el incendio que se declaró en la Biblioteca del


Monasterio de San Lorenzo en 1671 dejó reducida a la mitad la biblioteca
del embajador – , sin embargo, a tal punto eran valiosos y antiguos algu-
nos manuscritos de Diego Hurtado de Mendoza que, incluso en lo refe-
rente a los ejemplares desaparecidos en aquel incendio, los investigadores
modernos han logrado poner de manifiesto la importancia de algunos de
estos deperditi para la transmisión de determinados textos308. Tres ejem-
plos pueden servir para demostrarlo: Paolo Cesaretti y Silvia Ronchey309
se refieren extensamente a un deperditus mendociano que contenía las
últimas obras escritas por Eustacio de Tesalónica, el Escur. Λ II 11, un
membranáceo quizás de finales del s. XII para el que proponen, con cau-
tela, que, producido en el entorno más próximo a Eustacio, pudo ser el
manuscrito portado por un discípulo a Constantinopla desde Tesalónica
y pudo encontrarse, al menos desde finales del s. XIII, en el monasterio de
Pródromo-Petra, en donde en la primera mitad del s. XV lo habría utili-
zado el copista Jorge Baióforo para extraer de él fragmentos de la Exégesis
al canon yámbico de Pentecostés310. El segundo ejemplo es el del Escur. Δ IV
24, un manuscrito literis antiquis que contenía el Comentario a la Física de
Aristóteles de Jorge Paquimeres. Su título estaba semiborrado y Mendoza
en su catálogo crítico desaparecido advertía – lo hemos visto en § 2 – de
que el verdadero autor del texto era el emperador Juan Cantacuceno. En
su estudio sobre el contenido y la transmisión de este Comentario de Jor-
ge Paquimeres, que sirvió a éste para sus clases de filosofía en Constanti-
nopla, Pantelis Golitsis no sólo ha demostrado la autoría de Paquimeres,
sino que ha reconocido a este deperditus Escurialensis un papel determi-
nante en la historia del texto al considerar que sería el primer apógrafo

obra retórica de Gregorio de Chipre invita a pensar que pueda tratarse de un manuscrito
confeccionado en un ambiente próximo a este intelectual, a finales del s. XIII, y efectivamente
varios estudiosos han destacado más recientemente el parentesco paleográfico y la cercanía
cronológica de este Escurialensis con otros autógrafos del Patriarca: cfr. Harlfinger 1996,
p. 46 y Taf. 4; Kotzabassi 1998, pp. 112, 228-230 y Abb. 20, que ha identificado al copista
con Alexios (cf. RGK III 14), un personaje ubicado a finales del s. XIII y copista del Vat. Barb.
gr. 164 (en contra de la opinión de Pérez Martín 1992, p. 75, que consideraba el Escur. Ψ
III 15 de ca. 1350); Menchelli 2010, p. 230, n. 14, que ha apuntado la afinidad gráfica de la
sección profana del Escur. Ψ ΙΙΙ 15 con el Par. gr. 256.
308. Con ayuda de las noticias que conocemos sobre su contenido, tamaño y antigüedad
gracias al catálogo elaborado por De Andrés 1968.
309. Cesaretti – Ronchey 2014, pp. 253*-272*.
310. Desde el punto de vista stemmático, el Λ II 11 sería el subarquetipo β del que de-
scienden los manuscritos Vat. gr. 1409 (ss. XIII-XIV) y Alexandrinus Patriarchalis 62 (107)
(finales del s. XIII). Sobre el Escurialensis desaparecido véase previamente Darrouzès 1963
y Schönauer 2006, pp. 27*-28*.
402 Teresa Martínez Manzano

realizado del autógrafo de Paquimeres Laur. Plut. 87.5311. Finalmente, el


tercer ejemplo se refiere al Escur. A IV 1, que contenía Temistio, Isócra-
tes, Pselo y otros autores: Giuseppe Pascale ha podido constatar312 que
los doce recentiores que conservan un corpus de seis orationes de Temistio
derivan de este Escurialensis desaparecido (= Ω), un códice escrito pro-
bablemente en el s. XIV en el monasterio de Cora que es el mismo que
vio Ianos Láscaris en Corfú en 1491 en casa de Demetrio Trivolis313. El
estudioso italiano cree que Ω estaba ya en Venecia antes de 1542 y por
eso descarta que lo haya traído Nicolás Sofiano en su expedición de 1543.
Es posible que a Hurtado se lo proporcionase Antonio Eparco, pero no
es descartable que Ω se encontrase entre los libros donados por Solimán.
Para tratar de comprender el modo en que creció la biblioteca de
manuscritos griegos de Diego Hurtado hasta convertirse en la colección
privada de códices griegos más importante de su tiempo se impone acu-
dir a las fuentes coetáneas, a los testimonios de quienes compartieron ex-
periencias vitales con el embajador y a los propios manuscritos, testigos
mudos durante muchos siglos y que ahora comienzan a hablar. Es impres-
cindible una edición moderna de la correspondencia del embajador, dis-
persa ahora en numerosas publicaciones antiguas y modernas314. A los dos
desiderata recién apuntados sobre el necesario estudio de los manuscritos
latinos y de la correspondencia del embajador para comprender mejor la
génesis de su colección de códices griegos, se añade un tercero: es preciso
acometer un estudio de la colección de impresos, que seguramente arro-
jará también luz sobre el origen de algunos manuscritos griegos315. Sirva
como botón de muestra a este respecto un dato de interés sobre un im-
preso del embajador y que no parece suficientemente conocido, el Escur.
25 III 11, el segundo volumen de la edición de Basilea de Aristóteles de
1531316. En un estudio reciente, al hilo del reconocimiento de la grafía

311. Y además una suerte de edición oficial de la que luego descendería el Vind. Phil gr.
248 (de principios del s. XIV) y otros códices: cfr. Golitsis 2007, pp. 666-671, 674-675.
312. Pascale 2011, pp. 178-187.
313. Láscaris no lo adquirió sino que lo hizo copiar en el actual Par. gr. 2079: cfr. Spe-
ranzi 2010b, pp. 273-274. Por su parte, Fassino 2012, pp. 26-27, 147-151, 162, ha demo-
strado que el Vat. Pal. gr. 304 (Temistio, Isócrates) es una copia parcial de Ω.
314. Cfr. sobre todo las ediciones de Vázquez – Rose 1935 y Varo Zafra 2016 con
selecciones de cartas políticas y diplomáticas y con toda la bibliografía anterior sobre el epi-
stolario mendociano, que nos exime de ofrecerla aquí en detalle. La biblioteca del Palacio Real
conserva copia de unas 200 cartas relacionadas con Hurtado, la mayoría remitidas por él, que
no fueron consultadas por González Palencia – Mele 1941-1943.
315. Véase para el Escur. 117 VII 19 Caballero Sánchez 2014.
316. Hemos citado este impreso más arriba – § 11 – a propósito de la labor correctiva de
Arnoldo Arlenio.
La biblioteca manuscrita griega 403

latina de Hurtado en ese libro, se ha podido constatar que esta edición


fue propiedad del filósofo aristotélico Simone Porzio (1496/97-1554):
así figura en el folio de guarda pegado a la tapa anterior de la encuader-
nación317. El dato es relevante desde varias perspectivas: en primer lugar,
porque no se conoce el destino de la biblioteca de Porzio, ni siquiera los
títulos que la conformaban – aunque se sabe que tenía un códice griego
de Aristóteles – y, en segundo lugar, porque en la edición escurialense
podrían encontrarse anotaciones de su pluma318.
Sin duda, el examen sistemático de todos los impresos de Diego
Hurtado de Mendoza podrá desvelar más procedencias interesantes319.
Recordemos aquí que cuatro volúmenes con ediciones aldinas aparecidas
en 1541 de Cicerón y Terencio del cardenal Granvelle proceden de la bi-
blioteca de Hurtado y están en la actualidad fuera de nuestras fronteras320.

14. Anexo
Ofrecemos a continuación una tabla en la que los manuscritos grie-
gos de Diego Hurtado de Mendoza están ordenados tal y como estaban
en el palacio veneciano del embajador, esto es, según la lista de autores
y títulos que transcribió Jean Matal en los ff. 136r-146v del manuscrito
Add. 565 de la University Library de Cambridge. La primera columna
corresponde precisamente a esa ordenación, del 1 al 259. Los números
sucesivos, del 260 al 288, marcados con asterisco, han sido añadidos por
nosotros y relacionados de forma aleatoria con otros manuscritos que sa-

317. Escobar 2010, pp. 561-562.


318. Y a tenor del dato de que el Duque Cosimo de Medici encargó a Porzio una valora-
ción venal de la biblioteca de Niccolò Ridolfi, muerto en 1550, es lógico suponer que Porzio
era también un bibliófilo y que su biblioteca personal fue creada con esmero. El filósofo dejó
su colección nominalmente al cardenal Girolamo Seripando pero confió su conservación a la
iglesia de Santa Maria della Consolazione en Posillipo, que desde principios del s. XVII sufrió
una rápida ruina que propició la dispersión de su tesoro bibliográfico. Pero no todos los libros
de Porzio quedaron en poder de Seripando, sino que una parte fue a parar a los hijos de Porzio.
Para todos estos aspectos véase Del Soldato 2010.
319. Y también irán apareciendo más impresos de Hurtado que no habían sido localiza-
dos en el «Catalogue of Diego Hurtado de Mendoza’s Library of Printed Books» de Hob-
son 1999, pp. 141-201, por ejemplo el Escur. 67 VI 15 (Aecio de Amida, Venezia, 1534) o
el Escur. 64 IV 25 (Antología de epigramas, Venezia, 1521), ejemplares con el exlibris D. Do
de Ma anotados ambos críticamente por varias manos, ninguna de las cuales es la de Hurtado.
320. Cicerón, Orationes (Besançon 224, 312); Cicerón, De officiis, de senectute, de amici-
tia... (New York, Public Library *KB 1541); Cicerón, De Philosophia (Yale University Library
Gne.60.A541); Terencio, Comoediae (Manchester, John Rylands University Library 8614 Ald
2EG). En este último ejemplar hay una nota en la hoja pegada a la tapa anterior („Dittacus
Mendocius D. D. Perrenoto Epo Atrib.”) que recuerda que Diego Hurtado regaló este libro a
Antoine Perrenot de Granvelle. Cfr. Hobson 1999, p. 79; Kimball Brooker 2014, p. 16.
404 Teresa Martínez Manzano

bemos proceden de la colección de Mendoza pero que no han podido ser


identificados con ninguna entrada de la lista de Matal321: en el caso de las
entradas 260 en adelante se trata por tanto de ingresos posteriores al mo-
mento en que Matal transcribió esa lista ca. 1548-1550. En esta columna
los números en negrita señalan manuscritos cuyo paradero se ignora.
La segunda columna incluye los manuscritos conservados de Hur-
tado – en su gran mayoría en El Escorial y en muy pequeña medida en
otras bibliotecas fuera de España – . En el caso de facticios, el número
entre paréntesis indica qué unidad codicológica es la que forma parte de
la colección de Mendoza. La tercera columna corresponde a los manus-
critos desaparecidos en el incendio de la biblioteca escurialense de 1671:
la signatura consignada aquí es la que utiliza Gregorio de Andrés en su
Catálogo de los códices griegos desaparecidos de El Escorial, aquella que asig-
nó a los códices el padre José de Sigüenza hacia 1593, pero que no es la
que tenían los manuscritos en el momento de su desaparición322. En los
manuscritos desaparecidos quedan vacías las columnas sobre el dorso, el
Locus, el exlibris y la encuadernación porque no disponemos de informa-
ción sobre estos detalles.
La cuarta columna da una idea muy general del contenido323 que no
pretende otra cosa que ofrecer una primera orientación al lector324. La co-
lumna titulada «dorso» da cuenta de los manuscritos que presentan en
el dorso de su encuadernación original el número de orden primitivo. La
columna «Locus» indica los códices que tienen en alguno de sus prime-

321. En dos casos – nr. 261 y 277 – la colocación no es aleatoria porque contamos con
información que nos indica que los Escur. Ψ II 4 y T III 16 tenían precisamente ese número
de orden: en el primer caso la lista publicada por De Andrés 1961, p. 390, y en el segundo
la marca <locus> 277.
322. Esa última es la que puso el padre Lucas de Alaejos en torno a 1613. Los códices de-
struidos en el incendio estaban en los plúteos comprendidos entre las letras griegas mayúsculas
Alfa y My.
323. Para conocer el contenido de forma pormenorizada ha de acudirse a Revilla 1936,
De Andrés 1965, Id. 1967 y Id. 1968.
324. De este modo, el epígrafe «medicina» incluye los libros de contenido médico, hi-
piátrico, botánico y farmacológico; «gramática» tanto los tratados gramaticales como los
léxicos y los diccionarios; «historia» tanto la historia profana griega y bizantina como la hi-
storia eclesiástica; «Biblia» cualquier texto del Antiguo o del Nuevo Testamento; «literatu-
ra» los textos poéticos, dramáticos, novelísticos o de oratoria; «patrística» los textos de los
Padres; «hagiografía» las vidas de santos; «teología» los textos cristianos no patrísticos así
como los textos ascéticos y conciliares; «filosofía» los textos filosóficos antiguos y bizantinos;
«ciencias» los tratados de matemáticas, geometría, poliorcética, mecánica, astronomía, astro-
logía, onirocrítica, música y alquimia; «derecho» los textos de derecho civil y canónico; «mi-
scelánea» los contenidos que mezclan géneros o materias sin ninguna conexión entre sí, por
ejemplo un texto de jurisprudencia y otro de historia o uno de filosofía y otro de astrología; e
«índices» los contenidos propiamente catalográficos o inventariales.
La biblioteca manuscrita griega 405

ros folios esta signatura primitiva; la columna «exlibris» señala los ejem-
plares dotados en alguno de sus primeros folios del exlibris consignado
por Antonio Gracián. En la columna «datación» se ofrece la cronología
que dan a los códices los catálogos o la que ofrecen estudios más recientes
sobre ellos325. En la penúltima columna pueden encontrarse los distintos
tipos de encuadernación de los códices de Mendoza326 y en la última co-
lumna se da su formato, que en el caso de los desaparecidos procede de la
indicación del Catálogo de Gregorio de Andrés327. La suma de todas estas
variables permite conocer algún dato más sobre los manuscritos conser-
vados328 y sobre los manuscritos destruidos en el incendio de 1671, pero
puede tener valor sobre todo para identificar códices que hayan ido a pa-
rar a otras bibliotecas329.
Previamente, sin embargo, debemos comentar algunas dificultades
planteadas al comparar la lista de Matal de ca. 1548-1550 y el inventario
de 1576 de los manuscritos de Mendoza ingresados en El Escorial. En
primer lugar, se llega la conclusión de que más de una treintena de manus-
critos griegos de la lista de Matal no entraron nunca en la Biblioteca de
Felipe II, no sólo porque no figuran en el inventario de 1576, sino porque
tampoco figuran en ningún catálogo antiguo o moderno de la biblioteca
escurialense330. Las entradas de la lista de Matal no identificables entre
los ingresos de 1576 y que todavía no han podido ser relacionadas con
manuscritos fuera de El Escorial331 son las siguientes:

325. En el caso de los manuscritos desaparecidos en el incendio, el término recens, toma-


do de De Andrés, sirve indistintamente para los ejemplares de los ss. XV y XVI, mientras el
término antiquus se utiliza para aquellos anteriores al s. XV. Recens no equivale por tanto a un
recentior de mediados del s. XVI, sino que puede ser un códice humanístico.
326. «Veneciana», es decir, alla latina con ornamentación occidental, «veneciana re-
staurada», es decir, bizantina restaurada en Venecia y con ornamentación occidental, «bico-
lor», es decir, alla greca con el cuero teñido en dos colores, y «Escorial», la encuadernación
típica del monasterio.
327. In folio, in folio minore, in quarto, in quarto maiore, in quarto minore, in octavo.
328. Por ejemplo, un libro con encuadernación de El Escorial situado entre muchos con
vestidura veneciana estaba seguramente sin encuadernar en los anaqueles de Mendoza o bien
con una cobertura en pergamino.
329. Un volumen sin identificar situado entre muchos con encuadernación veneciada
podría estar en otra biblioteca y conservar precisamente su encuadernación veneciana.
330. Por ejemplo, en la lista de Matal se consignan dos ejemplares con la Scala Paradisi
de San Juan Clímaco – nr. 207 Ioannis Abbatis et monachi liber qui Climax inscribitur; nr. 212
Climachus sine principio – pero sólo existe en la actualidad uno, el Escur. X IV 14, mútilo en
su comienzo y al que el inventario de 1576 se refiere como D. Ioannis Climacus, sine principio.
331. Para las entradas 69, 87, 187, 209 y 253 de la lista de Matal correspondientes a ma-
nuscritos conservados fuera de España véase supra § 6 Libros de Hurtado de Mendoza en otras
bibliotecas.
406 Teresa Martínez Manzano

13. Hieroclis et aliorum de cura equorum.


21. Innominati auctoris collectio medicinalium. Prognosticorum. Hip-
pocratis cum alijs quibusdam. Interpretatio in Aphorismos. De humo-
ribus.
24. Enarratores diversi in psalmos.
26. Canones de orthographia per literarum ordinem.
27. Leges regales Imperatoriae innominati auctoris. Manassae chroni-
con versibus politicis.
40. Epistolae D. Pauli et aliorum apostolorum cum Scholijs.
59. Epistolae D. Pauli apostoli cum expositione.
64. Procli Diadochi de Platonica Theologia lib. 6. Eiusdem Theologica
Elementatio.
85. Apollonij Alexandrini de Constructione libri 4.
103. Chrysostomi Commentariorum in Matheum tomus prior conti-
nens Homilias 43.
118. Emmanuelis Brienij Musica et aliorum 4to.
127. Chrysostomi aliquot Homiliae in 4to sine principio.
136. Catena diversorum Veterum Scriptorum in quatuor Evangelistas.
145. Theodoreti eiusdem Commentarij in Psalmos.
151. Dioscorides cum figuris herbarum appictis.
155. Oribasij de re medica libri 14.
170. Liber Hebraice scriptus
189. Ptolemaei Centiloquium. Item varia ex Ephaestione Thebano et
alijs ad Astrologiam pertinentia.
193. Biblia grece sine principio et fine.
200. Originis contra Celsum libri octo.
205. Psalterium cum succintis scholijs et argumentis.
207. Ioannis Abbatis et monachi liber qui Climax inscribitur.
214. Metaphrastis mensis Ianuarij pars posterior.
216. Institutiones Grammaticae incerti auctoris.
217. Libellus diversorum priorum tractatuum cum aliquot dubijs eo-
rumque solutionibus.
233. Theodoreti Commentaria in Ezechielem et Danielem.
237. Aesopi fabulae in 8º.
238. Metaphrastes mensis Decembris.
246. Dioscoridis a principio. 2 l. usque ad finem. Item experimenta qua-
edam sine nomine auctoris. Liber sine titulo.
248. Damascius de primis principiis in Parmenidem.

Por tanto, más de treinta manuscritos griegos de Hurtado elencados


por Jean Matal no llegaron a ingresar en la biblioteca filipina, pero, por
otra parte, casi el mismo número fue adquirido por el embajador español
con posterioridad a la copia de la lista de Matal, de modo que el total de los
códices griegos que poseyó alcanza casi las tres centenas332. Algunos de los

332. La cifra de todos los manuscritos griegos reunidos por Mendoza ha sido objeto de
La biblioteca manuscrita griega 407

ejemplares de los que se ha perdido la pista serán difíciles de localizar en


otras bibliotecas, si es que existen todavía, debido a que contienen obras
muy comunes, como una Biblia, un Salterio o un Evangeliario. Sabemos,
por ejemplo, que en la biblioteca de Hurtado había cinco Metafrastas –
los nr. 125, 206, 213, 214, 238 – , pero sólo se han podido localizar en El
Escorial los Escur. M II 4 (meses de septiembre y octubre), y II 3 (octu-
bre), y II 4 (enero, parte primera). Sin embargo, es posible que algún día
puedan identificarse manuscritos con títulos menos habituales, como ya
hemos tenido ocasión de ver en § 6 a propósito del Vat. Pal. gr. 216 que he-
mos podido restituir felizmente a la biblioteca de Hurtado. Por otra par-
te, la entrada 200 describe un códice con el Contra Celsum de Orígenes
que, suponemos, sería una copia moderna hecha a partir del antígrafo de
la Marciana que le fue prestado a Mendoza el 5 de noviembre de 1545333.
Otro problema lo presenta la entrada 170, que elenca «un libro escrito
en hebreo». La biblioteca de Diego Hurtado incluía 32 manuscritos en
lengua hebrea334, por lo que no se explica bien que uno de ellos estuviese
aparte entre los griegos. Se ha propuesto335 que esta entrada podría corres-
ponder al Escur. Ψ II 9, que contiene una colección de homilías de Efrén
Sirio escritas en armenio: la rareza de la lengua del códice sí explicaría el
que se hubiese incluido entre los griegos. Gracián escribió efectivamente
en el primer folio el exlibris D. Do de Ma pero seguidamente lo tachó y a
esta circunstancia anómala se añade el que la encuadernación del ejemplar
es entelada y por completo ajena a las restantes de la biblioteca del César
imperial336. También es problemática la entrada 118 de Matal, que descri-

discusión. Revilla 1936, p. xci, pensó que eran unos trescientos volúmenes, de los que, tras
los inevitables extravíos, 294 ingresarían en El Escorial. Obtuvo esta cifra de la resta de los 826
códices griegos elencados por el escriba Nicolás de la Torre en 1577 en el Escur. X I 17 (ff.
159-296) menos los 534 registrados en el acto de fundación de la Biblioteca Regia del 30 de
abril de 1576. Revilla pensaba que entre enero y septiembre de 1576 sólo habían entrado en
la biblioteca del monasterio los manuscritos de la Entrega Real de Felipe II y los de Mendoza.
De Andrés 1964, p. 239, recuerda que a lo largo de esos meses del año 1576 ingresó también
la pequeña colección de Teófilo Ventura y quizás alguna otra y habla de un total de 256 manu-
scritos griegos ingresados. En este punto conviene recordar, para que el lector pueda hacerse
una idea del monto total de la biblioteca del embajador, que el monasterio escurialense recibió
de la herencia de Mendoza 270 códices latinos, 32 hebreos, 20 castellanos, uno valenciano,
uno catalán, cinco franceses, cuatro italianos, uno siríaco, seis de grabados y dibujos y 268
códices árabes.
333. Graux – De Andrés 1880/1982, p. 396. Los Marc. gr. Z 44 (coll. 323), 45 (coll.
367) y 46 (coll. 383) transmiten el Contra Celsum.
334. De Andrés 1964, p. 240.
335. DE Andrés 1961, p. 394.
336. En el caso de que la entrada 170 estuviese referida efectivamente al Ψ II 9, habría
que preguntarse dónde consiguió Hurtado este manuscrito armenio: en este sentido hay que
recordar que la biblioteca de Domenico Grimani en Sant’Antonio di Castello contenía códi-
408 Teresa Martínez Manzano

be un manuscrito con la obra de teoría musical de Manuel Brienio y de


otros autores en tamaño cuarto. Este manuscrito parece haber ingresado
en El Escorial, ya que coincide con una entrada del inventario de 1576 que
habla de un Bryenni harmonica, literis antiquis, dentro de la sección de
manuscritos matemáticos en cuarto. A tenor de la referencia literis anti-
quis se trataría en cualquier caso de un manuscrito no recentior. Pero bajo
ningún concepto puede ser el X I 12, como propone De Andrés337, que es
un códice in folio, recentior y corresponde al nr. 55 de la lista de Matal338.
Una segunda dificultad de la lista de Matal estriba en que en algún
caso parece que una entrada incluye dos volúmenes distintos que segura-
mente estaban desencuadernados en la biblioteca veneciana y que fueron
aglutinados en una misma descripción al estar uno al lado del otro. Es el
caso del item 246, que reza de la siguiente forma:
Dioscoridis a principio. 2 l. usque ad finem. Item experimenta quae-
dam sine nomine auctoris. Liber sine titulo. De Varijs rebus ecclesia-
sticis ad Concilia pertinentibus. Item ex Historia ecclesiastica Eusebij
de ijs qui in Caesarea sub Maximino passi sunt martyrium. Item liber
de Paschate. Item Cyrilli quaedam. Iustini martyris confessio fidei
catholicae. Nicephori Xanthopoliti collectio sacrorum temporum.
Item Basilij sermo ad Sobrinum.

La primera parte de esta entrada, que incluye un Dioscórides y otras


obras anónimas quizás de medicina o farmacología igualmente, no la
conservamos, pero la segunda parte, que menciona títulos de Eusebio de
Cesarea, Cirilo de Alejandría, Justino y Nicéforo Calisto Xantópulo, más
otras obras de carácter conciliar y patrístico, parece corresponder al desa-
parecido Escur. H IV 10339.

ces en lengua hebrea, árabe, caldea y armenia. Sin embargo, el Escurialensis no muestra en sus
primeros folios rastro de una numeración originaria o de un exlibris grimaniano que hayan
sido borrados.
337. Graux – De Andrés 1880/1982, p. 531.
338. Sentiría uno la tentación de buscar este manuscrito mendociano en la segunda uni-
dad codicológica del Σ I 16, un volumen de procedencia desconocida en el que ya Revilla
1936, p. 267, reconoció la suma de dos códices distintos, con numeración independiente y
distinta mise en page. Los ff. 120-240 de este Escurialensis contienen, en efecto, el Manual de
armonía de Manuel Brienio, pero el manuscrito no luce el exlibris de Gracián y, además, re-
cientemente ha sido demostrado que el códice es en realidad una factura de Sofiano Meliseno
(primera unidad) y Camilo Véneto (segunda unidad) realizada en torno a 1570: cfr. Fernán-
dez Pomar 1986, pp. 8, 10; Sosower 2004, pp. 147; 282; 324; 329; 438.
339. Por otra parte, sin abandonar la lista de Matal y el inventario de 1576, hay que
advertir de algunas otras anomalías: la entrada 168 de Matal – Iosephi de Bello Iudaico libri
7 – corresponde a un libro de Flavio Josefo, seguramente el desaparecido H V 17 que, sin
embargo, parece que contenía sólo cinco de los siete libros del De bello iudaico. Ni este códice
ni el Ω I 8, que es la entrada 184 de Matal – Volumen de re medica ex Hippocrate, Galeno,
La biblioteca manuscrita griega 409

En fin, el hecho de que la lista de Matal haga referencia a códices


que desaparecieron en el incendio de El Escorial de 1671 y sobre los que
tenemos poca información hace que las identificaciones entre entradas y
códices sean a veces puramente tentativas. Pongamos también un ejemplo
de esto último. En la lista de Matal aparecen tres Catenas al Salterio más
un Salterio con abundante aparato exegético:
24. Enarratores diversi in psalmos.
182. Cathena diversorum Antiquorum Theologorum in Psalterium340.
205. Psalterium cum succintis scholijs et argumentis.
215. Catena diversorum in Psalterium per Nicetam Serrum usque ad
Psalmum 76.

En el inventario de los ingresos de 1576 sólo encontramos dos refe-


rencias que puedan relacionarse con estos libros, faltando dos de las Ca-
tenas:
305. Catena in psalmos diversorum auctorum antiquorum ab Heraclio
Cyro Niceta collecta et eius tempore scripta, ut testatus fuit D. Didacus
de Mendoça in suo indice manu sua propria, liber rarus.
330. Aliud psalterium cum diversorum expositione, in membrana.

Entre los manuscritos griegos de Hurtado deperditi hay dos que po-
drían corresponder a las dos Catenas – M IV 2 (que sin embargo mencio-
na como autores de la exégesis a Hesiquio y Efrén), Δ I 17 – . Con gran
incertidumbre hemos optado por asignar las referencias a las Catenas a
estos dos Escurialenses desaparecidos, dando por perdido el Salterio y la
tercera de las Catenas.
Finalmente, incluimos a continuación la descripción de las entradas
260-288, que sería una continuación del catálogo copiado por Jean Matal,
que como se recordará alcanza únicamente hasta la entrada 259. La rela-
ción de estas entradas 260-288 se logra a partir del inventario publicado
por De Andrés de los manuscritos de Mendoza que ingresaron en El Es-
corial en 1576341 y que nos ha servido para la identificación de los códices
correspondientes342:
260: (309) Basilii, Libani Gregorii theologi, Theodori, Symeonis, Nico-

Oribasio, Ruffo, Paulo, Alexandro, Aetio, Sorano, Philomeno, Asclepiade, Isaac et alijs – figuran
en el inventario de 1576, y no se explica la razón de tales ausencias.
340. En De Andrés 1961, p. 390, esta entrada es un poco más específica: Cathena
diversorum Antiquorum Theologorum in psalmos ab Heraclio episcopo.
341. Damos entre paréntesis el número de entrada de ese inventario.
342. Salvo en el caso de los tres últimos, de los que ignoramos su ubicación.
410 Teresa Martínez Manzano

lai, Synesii, Isidori et aliorum epistolae, in papyro (T II 3)


261: (307) Item Cyrillus in Amos prophetam, literis recentioribus (Ψ
II 4)
262: (410) Liber de caelo sine nomine auctoris et cum eo Heron de ter-
minis geometriae et Didymus de marmoribus et lignis et arithmetica
practica et de numeris astronomicis (Φ I 16)
263: (362) Ammonius in metaphysica Aristotelis (y I 12)
264: (308) Athanasii disputatio in Nicaena synodo contra Arium; item
Leonis epistolae ad Flavianum cum Chrysostomi opuscula (Ψ II 6 (1))
265: (460) Herodoti Halicarnasei historia (B II 13)
266: (428) Athenaeus, Heron Ctesibius, Apollodorus et alii de machi-
nis (Y III 11)
267: (512) Argumenta in orationes aliquot Demosthenis incerto auc-
tore (B III 2)
268: (518) Epistolae sine nomine auctoris et Philostrati icones (H V 21)
269: (453) Aelianus item de varia historia, in papyro (Σ III 1 (3))
270: (514) Problemmata quaedam; item Bessarionis elenchus dicto-
rum Trapezuntii in Platonem y (515) Bessarionis collectanea et opera
quaedam (Σ III 1 (4))
271: (485) Onosander Platonicus (Z IV 11)
272: (483) Historia urbis Constantinopolitanae (Γ III 5)
273: (464) Callisthenis historia Alexandri (B II 5 (1))
274: (469) Idem item de vita Constantini decem quaternionibus (T I
5 (3))
275: (426) Euclides, imperfectus (Γ IV 23)
276: (402) Ioannis Damasceni philosophia (Θ IV 16)
277: (525) Theodori Gazae, decem et octo quaternionibus (T III 16)
278: (400) Sommniorum interpretatio secundum Indios, Persas et
Aegyptios (Γ IV 16)
279: (375) Item Ioannis Philoponi in Aristotelis meteora exegesis (Δ I
6)
280: (360) Olympiodori philosophi logica (Γ I 11)
281: (510) Un legajo en folio de fragmentos y hojas de libros griegos ma-
nuscritos en papel y pergamino que se debe guardar, porque podría ha-
ber en él faltas y defectos de libros hasta verse y concertarse (68 VI 12343)

343. Una parte de este material podría corresponder a la sección manuscrita del Escur.
68 VI 12: este impreso contiene las obras de Teofrasto en la edición de Basilea de 1541 a cargo
de Oporino y perteneció a Hurtado, ya que el exlibris de Gracián se lee en la portada de la
edición. En el taller de El Escorial se añadieron al final de esta edición dos fascículos – datables
a mediados del s. XVI – que contienen el tratado De sensibus de Teofrasto y que habrán de
ser estudiados desde un punto de vista crítico-textual para ver cómo encajan dentro de la
tradición de este texto delineada por McDiarmid 1962, pp. 2-5, que no conoce el testimonio
escurialense. De Andrés 1967, pp. 242; 260, ha incluido la descripción de esos folios en su
catálogo de manuscritos griegos. La referencia a los «fragmentos y hojas de libros griegos»
no creo que corresponda, en cualquier caso, al manuscrito latino Escur. a IV 26: este códice,
que muestra el exlibris mendociano de Gracián en el f. III y fue catalogado por Antolín
1911, pp. 102-105, incluye algunos folios escritos en griego – en concreto en los cuaterniones
La biblioteca manuscrita griega 411

282: (354) Gregorii Nazianzeni et aliorum pii tractatus scripti anno


1073 (B VI 5)
283: (344) Eiusdem Nazianzeni sermones, liber aestimandus quia ex
eis aliquot exstant alicubi (I IV 13)
284: (317) Theophilacti interpretatio in Evangelium Matthaei et Io-
annis (Ψ III 14)
285: (517) Otro legajo de fragmentos y hojas de libros en cuarto que se
debe guardar hasta verse y concertarse (T III 15 (2))
286: (365) Collectanea ex Aristotelis libris decerpta (?)
287: (408) Euclides et in eum Proclus partim impressus partim manu-
scriptus collatus et correctus (?)344
288: (444) Pauli Aeginetae liber sextus (?)

formados por los ff. 24-31 y 272-279 – , pero me parece que éstos forman parte intrínseca de
este volumen con cartas y textos humanísticos: los folios escritos en griego son, por cierto,
de mediados del s. XV (y no de mediados del s. XVI, como cree De Andrés 1967, p. 242).
344. Ha de tratarse de la edición de Basilea de 1533, pero no hemos podido localizar
el ejemplar entre los impresos conservados en El Escorial (cfr. Girau Cabas – Del Valle
Merino 2010, nr. 3831, 3836).
412 Teresa Martínez Manzano

Manuscritos griegos de Diego Hurtado de Mendoza


Códices Códices Dor- Ex Encuaderna-
Matal Contenido Locus Datación Formato
conservados desaparecidos so libris ción
1 T II 14 medicina ✓ ✓ XV veneciana 301 × 210
2 Σ III 4 teología ✓ ✓ XIV veneciana 285 × 210
rest.
3 X II 4 medicina ✓ ✓ XIV veneciana 289 × 193
4 B VI 6 gramática antiquus in octavo
5 Θ IV 18 patrística recens in folio mi
6 Γ IV 24 medicina antiquus in quarto
7 A III 11 historia antiquus in folio
8 Σ Ι 17 medicina ✓ ✓ XIV veneciana 285 × 205
9 E IV 23 medicina antiquus in quarto
10 Σ II 5 medicina ✓ ✓ XIV veneciana 285 × 201
11 Y III 20 literatura ✓ XV Escorial 210 × 142
12 A II 9 Biblia antiquus in folio
13 medicina
14 R II 11 derecho X cartón 165 × 215
15 T III 14 historia ✓ ✓ X veneciana 245 × 185
rest.
16 Δ IV 21 medicina antiquus in quarto
17 Y III 17 medicina ✓ ✓ XV veneciana 210 × 144
18 Δ IV 24 filosofía antiquus in quarto
19 Δ IV 26 medicina antiquus in quarto
20 Ψ III 11 miscelánea ✓ ✓ XIII-XIV veneciana 238 × 170
21 medicina
22 Φ III 12 medicina XV Escorial 208 × 144
23 Y III 2 teología ✓ ✓ XIII veneciana 233 × 165
24 teología
25 Δ IV 17 medicina recens in quarto
26 gramática
27 miscelánea
28 Γ V4 teología antiquus in octavo
29 Θ IV 11 teología ca. 1460 in quarto mi.
30 Ψ IV 17 historia ✓ Escorial 188 × 143
31 Y III 15 literatura ✓ ✓ XV veneciana 219 × 144
rest.
32 A IV 14 literatura recens? in quarto
33 Ω IV 8 Biblia ✓ ✓ 1497 veneciana 198 × 145
34 H V 20 gramática antiquus? in octavo
35 Ψ III 13 teología ✓ ✓ veneciana 235 × 159
36 Y III 14 medicina ✓ XIV y XV veneciana 212 × 149
37 HI3 teología antiquus in folio
38 A IV 17 gramática antiquus in quarto
39 B IV 7 literatura recens? in quarto
40 Biblia
41 B II 14 historia antiquus in folio
42 MI4 historia recens in folio
43 T II 1 miscelánea ✓ XVImed Escorial 315 × 220
La biblioteca manuscrita griega 413

Códices Códices Dor- Ex Encuaderna-


Matal Contenido Locus Datación Formato
conservados desaparecidos so libris ción
44 ΦI8 filosofía ✓ ✓ XVImed bicolor 335 × 228
45 XI9 ciencias ✓ ✓ 1544 bicolor 334 × 230
46 Y I 15 filosofía ✓ ✓ XVImed bicolor 326 × 220
47 T I 14 miscelánea ✓ ✓ 1541 bicolor 330 × 220
48 Φ I 11 ciencias ✓ XVImed bicolor rest. 330 × 225
49 ΓI6 literatura recens in folio
50 Ψ I 13 ciencias ✓ ✓ XVI bicolor 333 × 228
51 E I 12 filosofía recens in folio
52 T I 16 filosofía ✓ ✓ XVI bicolor 329 × 214
53 TI9 literatura ✓ ✓ XVI bicolor 331 × 215
54 E II 18 índices recens in folio
55 X I 12 ciencias ✓ ✓ XVI bicolor 334 × 225
56 T I 13 filosofía ✓ ✓ XVI bicolor 331 × 217
57 Φ I 13 filosofía ✓ ✓ XVImed bicolor 335 × 226
58 y I 10 filosofía ✓ ✓ XVImed bicolor 335 × 225
59 Biblia
60 Y I 11 historia ✓ ✓ XVImed bicolor 349 × 250
61 T I 10 filosofía ✓ ✓ XVImed bicolor 332 × 215
62 X I 14 ciencias ✓ ✓ XVImed bicolor 333 × 230
63 TI8 filosofía ✓ ✓ XVImed bicolor 330 × 218
64 filosofía
65 XI7 ciencias ✓ ✓ XVImed bicolor 333 × 232
66 A II 3 historia ca. 1545 in folio
67 T II 5 literatura ✓ ✓ XVImed bicolor 311 × 205
68 EI5 filosofía recens in folio
69 Basil. F II1b filosofía ✓ XVImed bicolor 332 × 225
70 X I 10 filosofía ✓ ✓ XVImed bicolor 335 × 230
71 Φ I 10 ciencias ✓ ✓ 1542 bicolor 333 × 215
72 ΨI9 literatura ✓ 1543 bicolor rest. 332 × 233
73 Ψ I 10 literatura ✓ ✓ 1543 bicolor 330 × 238
74 yI5 literatura ✓ ✓ XVImed bicolor 335 × 230
75 Θ I 11 literatura recens in folio
76 yI4 historia ✓ ✓ XVImed bicolor 333 × 227
77 R II 6 filosofía ✓ ✓ XVImed bicolor 330 × 237
78 Y I 10 filosofía ✓ ✓ XVImed bicolor 353 × 249
79 Φ I 17 filosofía ✓ 1542 bicolor rest. 331 × 228
80 EI7 filosofía recens in folio
81 T II 4 historia ✓ ✓ 1542 bicolor 305 × 200
82 ΔI2 filosofía recens in folio
83 B II 6 historia recens in folio
84 Φ III 18 patrística ✓ ✓ XV-XVI v e n e c i a n a 211 × 151
rest.
85 gramática
86 XI5 teología ✓ ✓ 1545 bicolor 333 × 233
87 Auct. E.I.11 teología ✓ XVImed bicolor in folio
88 Δ I 16 filosofía recens in folio
89 M IV 3 miscelánea XIV-XV in quarto
90 ΩI9 literatura ✓ XVI1/4 Escorial 367 × 269
414 Teresa Martínez Manzano

Códices Códices Dor- Ex Encuaderna-


Matal Contenido Locus Datación Formato
conservados desaparecidos so libris ción
91 Φ Ι 15 filosofía ✓ ✓ XVImed bicolor 328 × 230
92 R II 8 miscelánea ✓ ✓ XVImed bicolor 330 × 227
93 Λ II 2 miscelánea recens in folio
94 ΨI6 miscelánea ✓ ✓ 1545 bicolor 350 × 248
95 B I 12 historia recens in folio
96 yI8 medicina ✓ ✓ XVImed bicolor 330 × 233
97 M IV 5 miscelánea recens in quarto
98 H IV 19 miscelánea antiquus in quarto
99 K IV 14 patrística antiquus in quarto
100 T III 10 literatura ✓ XII y XV Escorial 240 × 221
101 Γ III 20 literatura antiquus in quarto
102 K IV 6 patrística antiquus in quarto
103 patrística
104 Ω II 8 patrística ✓ 1312 Escorial 317 × 233
105 K III 13 patrística antiquus in folio
106 Λ III 11 patrística antiquus in folio
107 Σ III 11 literatura XIVin Escorial 275 × 105
108 Γ III 15 ciencias antiquus? in quarto
109 Δ IV 8 filosofía recens in quarto
110 Ψ III 12 teología ✓ XIII Escorial 239 × 166
111 Λ II 11 teología antiquus in folio
112 ΛI7 patrística antiquus in folio
113 K I 13 patrística antiquus in folio
114 Σ II 14 literatura ✓ XI-XII Escorial 273 × 187
115 Σ I 12 miscelánea ✓ XV Escorial 290 × 197
116 Ω II 5 patrística ✓ 1311 Escorial 310 × 232
117 B IV 20 ciencias recens in quarto
118 ciencias in quarto
119 K IV 16 patrística antiquus in quarto
120 A IV 23 literatura recens? in quarto
121 H IV 1 Biblia antiquus in quarto
122 B IV 7 literatura recens in quarto
123 H II 13 teología antiquus in quarto
124 I II 14 patrística antiquus in folio
125 M II 4 hagiografía antiquus in folio
126 Ω III 19 patrística ✓ XII Escorial 255 × 185
127 patrística in quarto
128 Λ IV 21 teología recens in quarto
129 Φ III 7 medicina ✓ XIII Escorial 231 × 162
130 A IV 4 gramática antiquus in quarto
131 AV4 literatura antiquus in quarto
132 A IV 6 gramática antiquus in quarto
133 Y III 16 literatura ✓ ✓ XV veneciana- 217 × 144
rest.
134 E I 17 literatura recens in folio
135 Φ I 12 historia ✓ ✓ 1543 bicolor 337 × 238
136 patrística
137 R II 4 historia ✓ ✓ XVImed bicolor 330 × 220
La biblioteca manuscrita griega 415

Códices Códices Dor- Ex Encuaderna-


Matal Contenido Locus Datación Formato
conservados desaparecidos so libris ción
138 Θ II 19 teología recens in folio
139 Θ II 20 teología recens in folio
140 ΦI6 medicina ✓ ✓ XVImed veneciana 332 × 235
141 T I 15 literatura ✓ ✓ XVImed veneciana 311 × 217
142 YI2 historia ✓ 1542 Escorial 346 × 243
143 Ω I 10 historia ✓ XVImed Escorial 357 × 252
144 ΙI5 patrística recens in folio
145 patrística
146 y I 2 + Harl. historia ✓ XVImed Escorial 335 × 241
6316
147 Λ III 2 patrística recens in folio
148 Y III 3 patrística ✓ XII Escorial 230 × 172
149 Ψ IV 14 medicina XIII y XV Escorial 190 × 150
150 A IV 1 literatura antiquus in quarto
151 medicina
152 KI6 patrística antiquus in folio
153 YI9 miscelánea ✓ ✓ XVImed veneciana 344 × 252
154 YI3 ciencias ✓ ✓ XVImed veneciana 348 × 243
155 medicina
156 Ω I 11 historia ✓ ✓ ✓ 1543 veneciana 354 × 235
157 A II 6 historia antiquus in folio
158 YI8 historia ✓ ✓ XVImed veneciana 346 × 230
159 XI4 ciencias ✓ ✓ 1542 veneciana 330 × 233
160 Ω II 12 patrística ✓ XI-XII Escorial 293 × 228
161 Y I 12 ciencias ✓ ✓ 1542 veneciana 333 × 232
162 M I 15 ¿ hagiografía antiquus in folio
163 YI7 historia ✓ XVImed Escorial 348 × 247
164 II6 patrística recens in folio
165 MI2 literatura recens in folio
166 ΦI5 ciencias ✓ ✓ 1543 veneciana 334 × 235
167 I II 17 patrística antiquus in folio
168 H V 17 historia antiquus in folio mi.
169 II2 patrística recens in folio
170 ¿patrística?
171 YI1 filosofía ✓ ✓ XVImed veneciana 259 × 242
172 E II 19 filosofía recens in folio
173 X I 11 filosofía ✓ ✓ XVImed veneciana 329 × 230
174 MI3 filosofía recens in folio
175 ZI5 teología recens? in folio
176 ΦI2 medicina ✓ ✓ XVImed veneciana 335 × 225
177 Λ II 3 teología recens in folio
178 B V 23 historia antiquus in quarto
179 Φ I 14 filosofía ✓ ✓ XVImed veneciana 325 × 233
180 Θ IV 8 patrística antiquus in quarto mi.
181 Ψ III 15 miscelánea ✓ ✓ XIII Escorial 239 × 164
182 M IV 2 patrística antiquus in quarto
183 Y II 1 patrística ✓ XIII-XIV Escorial 300 × 235
184 ΩI8 medicina ✓ XIV Escorial 389 × 278
416 Teresa Martínez Manzano

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Matal Contenido Locus Datación Formato
conservados desaparecidos so libris ción
185 R I 12 medicina ✓ XIV Escorial 270 × 210
186 Θ II 17 patrística antiquus in folio
187 Pal. gr. 216 teología ✓ IX-X Vaticana in quarto
188 Y III 5 medicina XIV Escorial 220 × 167
189 ciencias
190 B II 12 historia recens in folio
191 y I 14 historia ✓ 1542 Escorial 317 × 229
192 Δ IV 13 miscelánea antiquus in quarto
193 Biblia
194 X III 12 Biblia ✓ ✓ XI Escorial 252 × 182
195 A III 20 patrística recens in folio
196 yI9 medicina ✓ XVImed Escorial 321 × 219
197 Φ II 1 literatura ✓ ✓ XV-XVI Escorial 305 × 211
198 Λ ΙΙ 15 patrística antiquus in folio
199 ΘI3 teología recens in folio
200 teología
201 II7 teología recens in folio
202 K II 12 patrística antiquus in folio
203 X III 13 Biblia ✓ ✓ X Escorial 245 × 175
204 Ψ III 7 teología ✓ XI Escorial 242 × 191
205 Biblia
206 y II 3 hagiografía ✓ XII Escorial 340 × 242
207 teología
208 I IV 7 literatura XV in quarto mi.
209 Vind. Phil. literatura ¿ XIV 235 × 150
168 + 223 212 × 152
(ff. 41-63)
210 Z III 20 teología antiquus in folio
211 X III 4 patrística ✓ XIV Escorial 272 × 210
212 X IV 14 teología ✓ XIV Escorial 159 × 119
213 y II 4 hagiografía ✓ XII Escorial 327 × 245
214 hagiografía
215 Δ I 17 patrística antiquus in folio
216 gramática
217 filosofía
218 T I 11+y I 7 ciencias ✓ 1545 Escorial 325 × 220
219 Z III 6 (1) ciencias recens in folio
220 T III 2 + Z III 6 (2) filosofía ✓ recens + ¿? + Escorial in folio +
XIV 260 × 205
221 Φ I 18 + literatura ✓ ✓ XIII-XIV Escorial 306 × 228+
X I 13 315 × 238
222 Φ II 9 filosofía ✓ 1489 Escorial 287 × 204
223 Δ III 14 literatura recens in quarto
224 I II 17 patrística antiquus in folio
225 Σ III 9 filosofía ✓ XIII Escorial 270 × 195
226 B IV 27 filosofía antiquus in octavo
227 Y III 13 literatura ✓ ✓ XIV Escorial 215 × 152
228 H IV 21 Biblia antiquus in quarto
229 Ω I 13 Biblia ✓ XII Escorial 360 × 257
La biblioteca manuscrita griega 417

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Matal Contenido Locus Datación Formato
conservados desaparecidos so libris ción
230 Ω III 18 patrística ✓ ✓ XIII-XIV Escorial 265 × 212
231 X III 5 teología ✓ ✓ XII Escorial 262 × 161
232 Δ IV 17 medicina recens in quarto
233 patrística
234 ΛI1 patrística XV in folio
235 ΛI2 patrística XV in folio
236 A IV 13 literatura recens in quarto
237 literatura in octavo
238 hagiografía
239 HI9 miscelánea antiquus in folio
240 Δ IV 10 filosofía recens in quarto
241 X III 15 Biblia ✓ ✓ XIII Escorial 241 × 195
242 Ψ III 18 Biblia ✓ XI Escorial 229 × 170
243 X IV 9 Biblia ✓ 1332 Escorial 161 × 118
244 BV1 filosofía antiquus in quarto
245 y III 16 teología XIV-XV Escorial 208 × 144
246 ¿? + H IV 10 miscelánea antiquus in quarto
247 H II 17 Biblia antiquus in folio mi.
248 filosofía
249 Σ III 12 literatura ✓ XV Escorial 274 × 190
250 Y III 18 filosofía ✓ XIII Escorial 219 × 166
251 B II 5 (2) literatura recens in folio
252 T I 18 filosofía ✓ XVImed Escorial 328 × 220
253 Vat. gr.1444 miscelánea 1542 in folio
254 X III 2 (2) miscelánea ✓ XIII-XIV Escorial 286 × 203
255 A II 2 índices recens in folio
256 A I 10 miscelánea antiquus in folio
257 ΩI1 ciencias 1523 Escorial 438 × 295
258 Λ Ι4 patrística recens in folio
259 Ψ II 2 patrística 1546 Escorial 331 × 240
*260 T II 3 literatura XVImed Escorial 305 × 210
261 Ψ II 4 patrística ✓ XVImed Escorial 325 × 228
*262 Φ I 16 ciencias ✓ 1548 Escorial 331 × 228
*263 y I 12 filosofía ✓ 1548 Escorial 320 × 230
*264 Ψ II 6 (1) teología ✓ XVImed Escorial 315 × 215
*265 B II 13 historia antiquus in folio
*266 Y III 11 ciencias ✓ X-XI Escorial 213 × 135
*267 B III 2 literatura antiquus in quarto
*268 H V 21 literatura recens in octavo
*269 Σ III 1 (3) literatura ✓ XVI Escorial 276 × 198
*270 Σ III 1 (4) literatura ✓ XV Escorial 276 × 198
*271 Z IV 11 ciencias antiquus in quarto
*272 Γ III 5 historia recens in quarto
*273 B II 5 (1) literatura recens in folio
*274 T I 5 (3) ciencias ✓ XVImed Escorial 335 × 235
*275 Γ IV 23 ciencias recens in quarto
*276 Θ IV 16 filosofía recens? in quarto
277 T III 16 gramática ✓ ✓ XV Escorial 236 × 153
418 Teresa Martínez Manzano

Códices Códices Dor- Ex Encuaderna-


Matal Contenido Locus Datación Formato
conservados desaparecidos so libris ción
*278 Γ IV 16 ciencias antiquus in quarto
*279 ΔI6 filosofía recens in folio
*280 Γ I 11 filosofía recens in folio
*281 68 VI 12 ciencias ✓ XVImed Escorial
*282 B VI 5 patrística 1073 in octavo
*283 I IV 13 patrística antiquus in quarto
*284 Ψ III 14 patrística ✓ XIII-XIV Escorial 228 × 205
*285 T III 15 (2) filosofía XVI Escorial 235 × 175
*286 filosofía
*287 ciencias
*288 medicina

Abstract

This paper deals with Spanish ambassador Diego Hurtado de Mendoza’s col-
lection of Greek manuscripts, which includes almost 300 copies, mostly preserved
in El Escorial. Attention is paid to the following questions: 1. extant inventories of
this collection; 2. original shelf marks and exlibris; 3. criteria followed to organize
Mendoza’s library; 4. binding of its books in El Escorial; 5. manuscripts preserved
in other libraries abroad; 6. Italian or Eastern provenance of the codices; 7. models
of Mendoza’s manuscripts kept in Venetian libraries (Sant’Antonio di Castello and
Marciana); 8. Nikolaos Sophianos’ expedition to the East and sultan Suleiman’s pre-
sent; 9. Arnoldus Arlenius’ and Antonius Eparcus’ involvement in the making of the
recentiores; 10. the old medicine codices in Mendoza’s collection, and 11. nature and
use of this Greek collection as a whole. A list of all manuscripts, both preserved and
missing, is appended.

Teresa Martínez Manzano


Universidad de Salamanca
e-mail: manzano@usal.es
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T. MARTÍNEZ MANZANO Tav. 1

Escur. Φ II 1, f. 1r
© El Escorial, Real Biblioteca del Monasterio
Tav. 2 T. MARTÍNEZ MANZANO

Escur. Ψ IV 17, f. 1r
© El Escorial, Real Biblioteca del Monasterio
T. MARTÍNEZ MANZANO Tav. 3

Escur. X III 12, f. 1r


© El Escorial, Real Biblioteca del Monasterio
Tav. 4 T. MARTÍNEZ MANZANO

Escur. y I 14, f. 26r


© El Escorial, Real Biblioteca del Monasterio
T. MARTÍNEZ MANZANO Tav. 5

Escur. Y III 17, f. 90r


© El Escorial, Real Biblioteca del Monasterio
Tav. 6 T. MARTÍNEZ MANZANO

Escur. T II 14, f. 95v


© El Escorial, Real Biblioteca del Monasterio
T. MARTÍNEZ MANZANO Tav. 7

Escur. T II 14, f. 180r


© El Escorial, Real Biblioteca del Monasterio
Tav. 8 T. MARTÍNEZ MANZANO

Escur. Σ III 1, f. 164r


© El Escorial, Real Biblioteca del Monasterio