Sei sulla pagina 1di 4

MANTENGAMOS LA CALMA Y LA CONFIANZA EN

DIOS
Salmo 91:9-10
ilustracion
Durante el terremoto que azotó a chile en 1960, cuenta un Misionero que estaba en
Concepción y dice que por varias noches disfrutaron del hospedaje de los misioneros Holmes.

Cada noche tenían su culto y luego tranquilamente se íbamos a dormir, aunque temblaba a
cada momento.

Una señora, vecina del misionero, procuraba dormir en su auto que estaba en la calle. Muy
nerviosa y preocupada, les dijo: “Envidio la fe de ustedes, cómo pueden cantar y luego dormir
tranquilamente cuando yo no lo puedo hacer.

Me gustaría tener la fe que ustedes tienen”. Y ahí tuvieron una buena oportunidad de testificar
del Señor. “No temeremos, aunque la tierra sea removida” (Salmo 46.2).

Un médico pidió hablar con el pastor. Estaba tratando a un enfermo que tenía cáncer. Expresó
lo siguiente: “Sé que ustedes tienen una fe que admiro, por favor dígale al paciente y a su
familia que él tiene cáncer.

Sé que ellos sabrán afrontar la realidad porque confían en Dios; agradeceré les comunique
esta verdad, ya la ciencia médica no tiene ni puede hacer nada más.

Así lo hizo. El hermano recibió la noticia tranquilo y aprovechó sus últimos días para hablar de
Cristo a otros enfermos. Los incrédulos reconocen que Cristo da al creyente la fortaleza aun en
los momentos de la muerte.

///////////////////////////////////////////////////////////

PODEROSA PROMESA SALMO 91:9-10

Una promesa poderosa para estos tiempos donde se levantan grandes


enfermedades y plagas (virus), para que confiemos en el Señor más que nunca,
porque en esto radica nuestra fortaleza: en mantener la calma y la confianza en
Dios aun en medio de las dificultades (Isaías 30:15 Porque así dijo Jehová el
15 

Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud


y en confianza será vuestra fortaleza. Y no quisisteis,).

Page 1|4
Estos momentos son precisos para que nuestra fe, más preciosa que el oro, sea
acrisolada por el fuego de las adversidades y para que mostremos que la fe que
tenemos en nuestro salvador Jesucristo, es verdadera.

Él nos advirtió lo que vendría hace dos mil años aproximadamente. En Mateo
capítulo 24 podemos estudiar lo que nos dijo acerca de estos tiempos, no para
asustarnos, sino para que supiéramos que el mismo hombre al vivir sin el amor
de Dios, recoge las consecuencias de su pecado y de su maldad (Mateo 15:1-20
LEER).

Las profecías de Jesús nos muestran que Él está siempre con nosotros y hasta el
último momento está dispuesto a perdonarnos, limpiarnos de toda maldad y
darnos vida eterna. Pero estamos llamados a vivir vigilantes y a hacer su
voluntad, mientras regresa nuestro Señor. (Mateo 24:42-51 leer).

Por lo tanto, conservemos la calma; hoy más que nunca demostremos a Dios
que le creemos y que lo hemos puesto a Él como nuestro refugio. ¿Confiamos
en Dios en todo tiempo? También estemos vigilantes, creciendo en el
conocimiento del Señor y anunciando el mensaje de salvación.

Versículo 9: En Dios Nuestra Esperanza


“Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación”
(Salmos 91:9)

Jesús responde al tema central de este versículo en Lucas 4:27. Y muchos


leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue
limpiado, sino Naamán el sirio. Sólo Naamán, el sirio, obtuvo sanación porque
siguió el camino de la obediencia y la sólida confianza en el poder de Dios.

De allí que de manera intrínseca este versículo del salmo 91, imponga una
afirmación seguida de una condición: No todos recibirán los beneficios de las
maravillosas promesas en él contenido, sino aquellos que creen en Dios de
corazón y se aferran a lo infalible de sus palabras. Sin embargo, algo es
constante, que esas promesas se mantienen y estarán disponibles para aquellos
que quieran volverse al Señor, luego de haber apartado su camino. Como Padre

Page 2|4
misericordioso y bondadoso las promesas del Señor estarán disponibles para
todo aquel que quiera volverse a Él y decidan plenamente confiar en ÉL y en su
palabra.

Versículo 10: No Te Sobrevendrá Mal


“No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada” (Salmos 91:10)

En este punto del salmo 91 encontramos una nueva dimensión en la protección


que el Señor nos ofrece, la noción de colectividad. En este sentido nos abre la
puerta a ser determinados en el ejercicio de la fe, pero ya no para nosotros
mismos sino también para nuestra casa. Y es que Dios tiene presente que si
estas promesas estuvieran solo disponibles para nosotros, no serían
completamente consoladoras.

Por ello en el versículo 10 se rescata que el mal no nos sobrevendrá, pero a su


vez nos indica que tampoco lo hará para nuestra morada, nuestro hogar, y con
ello tampoco a nuestros seres queridos.

Que mayor gozo que saber que Dios no solo cuida por nuestro bienestar sino
también por el de nuestra familia y aquellos cercanos a nuestra morada.

“Nunca se inquieten”
9. ¿Qué les aseguró Jesús a quienes confían en Jehová sin reservas?
9
En su Sermón del Monte, Jesús exhortó a sus oyentes: “Nunca se
inquieten y digan: ‘¿Qué hemos de comer?’, o ‘¿qué hemos de beber?’, o
‘¿qué hemos de ponernos?’. Porque todas estas son las cosas en pos de
las cuales las naciones van con empeño. Pues su Padre celestial sabe que
ustedes necesitan todas estas cosas” (Mateo 6:31, 32). ¡Qué palabras tan
reconfortantes! Si confiamos en Jehová sin reservas, él siempre estará ahí
para ayudarnos. Pero lo que Jesús dijo también nos hace reflexionar, pues
nos recuerda que si vamos “con empeño” tras los bienes materiales,
estamos pensando como “las naciones”, es decir, como los que no son
cristianos verdaderos.

Page 3|4
9
Ya que has puesto al Señor por tu refugio, al Altísimo por tu protección,
10
ningún mal habrá de sobrevenirte, ninguna calamidad llegará a tu hogar.

Dios hace una promesa increíble en los versículos 9 y 10. Se inicia


con una condición y termina con un resultado. En una declaración
condicional, siempre debemos realizar la condición antes de que
podamos reclamar la promesa. Si no estamos experimentando la
protección divina de Dios, siempre debemos preguntarnos: “¿Estoy
viviendo mi vida en la presencia de Dios y a la luz de su naturaleza y
atributos?” Entonces, después de haber cumplido la condición,
podemos llegar a tener la promesa.

Page 4|4