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UMANESIMO E RINASCIMENTO, RIASSUNTO – Con i termini Umanesimo e Rinascimento siamo soliti

indicare quei periodi artistico-letterari, in un certo senso sovrapponibili, ascrivibili ai secoli XV e XVI. In
questa epoca, in Italia come negli altri paesi dell’Europa occidentale, si assiste ad una sostanziale
rivalutazione dell’essere umano che, in totale contrasto con il pensiero medievale, viene considerato il
cardine dell’Universo. L’uomo al posto di Dio, dunque, capace di costruire da sé il proprio destino, di
dominare la natura e di rendersi protagonista della storia senza dover ricorrere all’intercessione divina.

Il rinnovamento culturale proposto dai due movimenti, in particolar modo dall’Umanesimo, guardava alla
cultura classica come fonte inspiratoria da cui prendere esempio moralmente e artisticamente. I testi
antichi, le humanae litterae, venivano in questo modo contrapponendosi alle divinae litterae, i testi sacri,
da sempre al centro dell’interesse della Scolastica. Nasceva così, proprio in quegli anni, una delle più
importanti discipline in ambito letterario: la filologia, lo studio dei testi letterari.

UMANESIMO E RINASCIMENTO, LA DIFFERENZA – Qual è, quindi, la differenza tra Umanesimo e


Rinascimento? I due concetti sono, per molti tratti, estremamente simili e sovrapponibili. In generale,
possiamo affermare che se l’Umanesimo è il movimento ideologico e prettamente letterario in cui iniziano a
farsi strada le nuove idee che abbiamo sopra elencato, il Rinascimento è il periodo storico con cui, proprio
per via di questa rivoluzione del pensiero, si segna l’inizio di una feconda e ricchissima produzione artistico-
letteraria. Lo stesso termine “Rinascimento” venne coniato dagli intellettuali dell’epoca, convinti di vivere
un momento di rinascita delle arti, della cultura, della fiducia nell'uomo e nelle sue capacità.

L’Umanesimo, quindi, non può esser visto come qualcosa di separato dal Rinascimento: pur avendo con
esso qualche differenza, il primo movimento confluì nel secondo e diede vita ad una delle epoche più
feconde della nostra storia nazionale.

UMANESIMO E RINASCIMENTO, APPUNTI – Centro propulsore dell’Umanesimo e del Rinascimento fu


l’Italia e, in particolar modo, la città di Firenze. È da qui che la corrente artistico-letteraria si diffuse in tutta
la penisola e trovò particolare accoglienza nelle corti, che iniziarono a prefigurarsi il luogo emblema del
periodo umanistico-rinascimentale, attorno al quale si riunivano artisti e letterati. Da Leonardo a
Michelangelo per l’arte, passando per Machiavelli ed Ariosto nel campo letterario, la bellezza delle opere
prodotte in Italia si irradiò ben presto in tutta Europa dove, con ammirazione e velata invidia, si guardò al
nostro Bel Paese come massimo esempio di quella feconda rinascita artistica e letteraria.

In questi anni ebbe inoltre inizio il processo di formazione dell’idioma nazionale: con la questione della
lingua e la vincente soluzione proposta da Pietro Bembo, nacque l’italiano letterario che aveva come
modelli di assoluta perfezione Petrarca, per la poesia, e Boccaccio, per la prosa.
José Cadalso y Vázquez (Cádiz, 1741-1782). Poeta y autor de sátiras. Fue, con Jovellanos, una de las figuras
literarias más importantes del siglo XVIII, heredero del desengaño de Quevedo y Gracián. Estudió en el
colegio de los jesuitas en Cádiz y aprendió inglés, francés, alemán e italiano en sus frecuentes viajes por
Europa. Regresó a Madrid en 1758. Combatió en la campaña portuguesa de 1762 y fue nombrado caballero
de Santiago en 1766; en ese mismo año conoció a Jovellanos. Se exilió en 1768 por ser el supuesto autor de
un manuscrito que ofendía el honor de varias damas de la Corte: el Calendario manual. Durante los dos
años siguientes escribió en su destierro de Aragón los poemas reunidos en Ocios de mi juventud
(Salamanca, 1773), los mejores del libro fueron escritos en honor de «Filis», la actriz María Ignacia Ibáñez,
que representó el personaje de doña Ava en la tragedia de Cadalso Don Sancho García en enero de 1771.
Cadalso amó a la Ibáñez hasta su muerte en abril de 1771. Durante el año siguiente acudió puntualmente a
la tertulia de la Fonda de San Sebastián en Madrid y publicó Los eruditos a la violeta y el Suplemento, sátira
sobre la falsa sabiduría de los pedantes, que sin siquiera saber leer y sin estudiar mínimamente quieren
opinar de todo y lo hacen con pretensiones. El libro se estructura a partir de unas «lecciones» de poesía,
filosofía, leyes, matemáticas y otros temas. El gran éxito de la sátira lo llevó a escribir Un buen militar a la
violeta (1790). Pasó parte de los años 1773-1774 en Salamanca, donde conoció a Juan Meléndez Valdés. En
ese lapso escribió sus mejores libros, Cartas marruecas (1793) y Noches lúgubres (1798), que aparecieron
por entregas en el Correo de Madrid (1789-1790). Fue ascendido a coronel en 1782 y quince días después
murió en el sitio de Gibraltar. La historia amorosa de Cadalso, su activo patriotismo, su atrevimiento crítico
frente a las instituciones hipócritas lo hacen una figura imprescindible del prerromanticismo español.

Cartas marruecas: Libro en forma epistolar de José Cadalso y Vázquez de 1774. Fue publicado por entregas
en El Correo de Madrid en 1789 y en forma de libro en 1793. Tres corresponsales ficticios intercambian una
correspondencia: Gazel, árabe que llega a España como miembro de la misión diplomática de su país; Nuño
Núñez, español, cristiano y amigo de Gazel; y Ben Beley, viejo sabio moro, amigo del primero. Se ha perdido
el manuscrito del libro. En él se trata de la situación de España y de los españoles, pero Cadalso, prudente
con la censura, evita tratar dos temas centrales: la religión y la política. Sin embargo, describe la corrupción
de los políticos y el nepotismo, elogia el patriotismo y a los Borbones, al mismo tiempo que ataca a los
Habsburgo por tomar más en cuenta sus ambiciones personales que el bienestar de la nación. Defiende la
institución del matrimonio y de la familia y fulmina a los malos traductores y a todos aquellos que
desconocen el uso correcto de su lengua; ataca también, por crueles, las corridas de toros y en otro nivel, la
institución hereditaria que lega a hombre incapaces las mayores riquezas de la clase social, basándose en
una nobleza escrita en el papel, pero no refrendada ya por ningún hecho sobresaliente. La forma epistolar
de la obra de Cadalso procede de las Lettres persanes de Montesquieu (1721) y de las Chinese letters, de
Goldsmith (1760-1761), que a su vez surgieron de L'espion du gran seigneur de Giovanni Paolo Marana
(París, 1684-1686). Cadalso, en cambio, modifica totalmente el contenido y utiliza la carta de una manera
renovadora y original.

Noches lúgubres: obra en forma de diálogo de José Cadalso Vázquez, escrita o a finales de 1772 o a
principios de 1773, y aparecida por entregas en el Correo de Madrid (o de Ciegos) entre diciembre de 1789
y 1790. J. A. Tamayo señaló una edición genuina en una Miscelánea erudita de piezas escogidas (Alcalá,
1792). En 1798, y en Barcelona apareció la primera impresión en volumen independiente (aunque al lado
de su tragedia Don Sancho García). Obra oscura, impregnada de pesimismo y presagios, no es de extrañar
que siguiera la moda de los Nights thoughts (1742-1745) de Edward Young (1683-1765). Los dos personajes
principales de la obra son Tediato (un joven rico) y Lorenzo (un pobre sepulturero), que reflexionan sobre la
naturaleza del hombre, la fortuna, la justicia, la razón, el amor y el suicidio. Tediato intenta desenterrar a su
amada muerta; pero el anuncio del amanecer obstaculiza la tarea. En la segunda noche, y a la espera del
sepulturero, Tediato es por error detenido. En la última noche los dos protagonistas vuelven a su misión
fúnebre. El ambiente nocturno, el estilo poético, la suspensión y el contraste entre los dos personajes
suscitaron el interés de los románticos. La obra, que ha sido editada por Nigel Glendinning (1961), parece
incompleta (la acción queda interrumpida en la tercera noche). Aunque cabe remitir a ese estado al
original, han de declararse espúreas las adiciones posteriores.

Información extraída de Philip Ward (ed.), Diccionario Oxford de literatura española e hispanoamericana,
Barcelona, Crítica, 1984, p. 125.

José Cadalso y Vázquez (Cádiz, 1741-Gibraltar, 1782). Hijo de un comerciante rico, fue alumno de los
jesuitas en París y Madrid y realizó el Grand Tour indispensable en la época como complemento de la
educación escolar. Militar de carrera, alcanzó el grado de coronel poco antes de su muerte en el sitio de
Gibraltar en el año indicado. Mantuvo amores con la actriz Ignacia Ibáñez (m. 1771), y fue amigo de Nicolás
Fernández de Moratín y contertulio de la Fonda de San Sebastián. Destinado a Salamanca en 1773, se
relacionó allí con Meléndez Valdés y otros componentes de la llamada «Escuela salmantina» hasta su
marcha de la ciudad al año siguiente. Usó los pseudónimos de «Dalmiro», «Juan del Valle», y «José
Vázquez». Ha sido, como Larra, un símbolo utilizado en las polémicas contemporáneas acerca de la
decadencia y regeneración de España; y es considerado uno de los introductores en este país del espíritu
romántico, hoy datado en el último tercio del siglo XVIII, por sus Noches lúgubres, fundamentalmente.

Dejó textos autobiográficos y un epistolario con escritores de su época. Publicó en 1773 un volumen de
poemas titulado Ocios de mi juventud, que oscila de lo rococó a lo apasionado. En 1768 compuso una sátira
titulada Kalendario manual y Guía de forasteros en Chipre para el Carnaval del año de 1768 y otros, que
corrió manuscrita. Otras incursiones en el género fueron Los eruditos a la violeta o Curso completo de
todas las ciencias..., el Suplemento al papel intitulado «Los eruditos a la violeta»... y El buen militar a la
violeta...; las dos primeras impresas en 1772, y la tercera aparecida en Sevilla en 1790. El propósito de
Cadalso fue ridiculizar, en forma de supuestas enseñanzas gracias a las cuales pudiera adquirirse un barniz
de cultura para la conversación en los salones, la moda que valoraba la divulgación de los conocimientos
eruditos y de las ciencias exactas y de la naturaleza.

En las Cartas marruecas (aparecidas en el Correo de Madrid, 1788-89, y por primera vez en volumen, en
1793), Cadalso finge el intercambio epistolar entre dos marroquíes y un español, lo que sirve de marco
literario para la crítica mediante la figura del supuesto viajero que ve España desde el sentido común y el
relativismo que proporciona el contraste de culturas. Los principales temas tratados son la evolución de la
historia española, el carácter de los españoles y la vida colectiva y la política interior del país. Existe
polémica acerca de la influencia en la obra de Montesquieu y Goldsmith, y sobre el alcance de la ideología
de Cadalso en el ámbito de las limitaciones de la Ilustración española.

La obra más famosa de Cadalso es las Noches lúgubres. Aparecieron, en 1789-90, en el Correo de Madrid,
antes de finalizar el siglo XVIII tuvieron otras dos ediciones (1792 y 1798); constituyeron uno de los grandes
éxitos editoriales del siglo XIX, y fueron adicionadas, imitadas y convertidas en pliegos de cordel. Se trata de
una manifestación española de la corriente, muy nutrida en su época, de los temas lúgubres de la noche y
los sepulcros como base de una reflexión desesperanzada y melancólica sobre la condición humana, y no es
necesario suponerle una influencia de los Nights thoughts de Edward Young. Las Noches representan una
importante aportación al nacimiento del romanticismo español, y dieron pie, extralimitando lo que puedan
tener de autobiográfico a la leyenda de Cadalso profanador, por enajenación amorosa, del cadáver de la
Ibáñez.
Escribió Cadalso, al parecer, una tragedia titulada La Numantina, hoy perdida. Por tal se tuvo siempre
Solaya o los circasianos, hasta que F. Aguilar Piñal la descubrió y publicó en 1982. La única obra dramática
que Cadalso logró estrenar (en 1771) fue la tragedia Don Sancho García, impresa el mismo año por Ibarra.
La crítica ha considerado desafortunada la producción dramática de Cadalso en cuanto al desarrollo
argumental y la versificación.