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Desplazamientos semánticos y propiedades formales de la morfología apreciativa

nominal en el español de la Argentina


Laura Malena Kornfeld, Universidad de Buenos Aires/ Universidad Nacional de General
Sarmiento/ CONICET

Resumen

Este trabajo se propone discutir la relación entre el significado espacial de tamaño y los
diferentes significados “derivados” que pueden adquirir en su combinación con nombres un
conjunto de afijos apreciativos del español de la Argentina, que incluyen a los sufijos –
ot(e/a), –az(o/a), –ón(a) (aumentativos), –it(o/a), –uch(o/a), –ete, –ín(a) (diminutivos) y los
prefijos re–, super–, mega–, hiper–, maxi–, macro– (aumentativos), mini– y micro–
(diminutivos). Además, se intenta caracterizar las principales propiedades sintácticas de las
palabras creadas a partir de esos afijos y, en particular, sus posibilidades combinatorias con
nombres simples y derivados y con nombres contables y de masa. A partir de esos datos, se
trazan relaciones entre la noción de tamaño y los distintos sistemas de cuantificación,
nominal, adjetivo y verbal/ oracional. Los datos presentados y la discusión subsecuente tienen
interés para diferentes marcos teóricos, si bien el trabajo está basado en la Morfología
Distribuida, un modelo de la gramática que permite una gran permeabilidad entre la
morfología y la sintaxis, mucho mayor de la admitida por las concepciones lexicalistas de la
morfología, que procuran mantener ambos componentes bien diferenciados.

Abstract

This paper discusses the relation between the spatial notion of size and the different “derived”
meanings of a group of appreciative affixes of Argentina Spanish when combined with
nouns. This group includes the suffixes –ot(e/a), –az(o/a), –ón(a) (augmentatives), –it(o/a), –
uch(o/a), –ete, –ín(a) (diminutives) and the prefixes re–, super–, mega–, hiper–, maxi–,
macro– (augmentatives), mini– and micro– (diminutives). Besides, the main syntactic
properties of these affixes are established, and, particularly, their possibilities of combination
with simple and derived nouns and with countable and mass nouns. Finally, the analysis of
the phenomena permits to propose relations between the notion of size and the different
systems of quantification (nominal, adjectival and verbal/ sentential). Although the data and
the subsequent discussion have interest for many theoretical frameworks, the paper is based
on Distributed Morphology, a grammatical model which allows much more permeability
between morphology and syntax than lexicalist views of morphology, which intend to keep
well separate both components.

1. Introducción

En el presente trabajo me propongo analizar las propiedades semánticas y sintácticas de un


conjunto de afijos apreciativos del español de la Argentina en su combinación con nombres.
Los afijos analizados incluyen a los sufijos –ot(e/a), –az(o/a), –ón(a) (aumentativos), –it(o/a),
–uch(o/a), –ete, –ín(a) (diminutivos) y los prefijos re–, super–, mega–, hiper–, maxi–,
macro– (aumentativos), mini– y micro– (diminutivos), muchos de los cuales se combinan
también con otras clases de palabras.
El trabajo está organizado del siguiente modo: en primer lugar, presento brevemente los
puntos centrales del marco teórico adoptado, la Morfología Distribuida, un modelo de la
gramática que permite una gran permeabilidad entre la morfología y la sintaxis. Luego,
discuto la relación entre la interpretación referida al tamaño espacial de las entidades y los
diversos significados “derivados” o “metafóricos” que pueden adquirir las formas creadas
mediante afijación apreciativa. Luego, intento determinar las principales propiedades
morfosintácticas de los nombres creados a partir de esos afijos, así como las restricciones
combinatorias que estos presentan (por ejemplo, en relación con nombres derivados vs.
nombres simples o nombres de masa vs. nombres contables). Por último, trazo una serie de
relaciones entre la noción espacial de tamaño y los diversos sistemas de cuantificación en la
lengua (nominal, adjetivo y verbal/ oracional).

2. Supuestos teóricos: Morfología Distribuida

Los supuestos teóricos de la Morfología Distribuida (Halle / Marantz 1993, Embick / Halle
en prensa) que adopto aquí son los siguientes:
i. La gramática de una lengua particular se define por el conjunto de rasgos activos que son
seleccionados a partir de un inventario universal de rasgos formales [Universal Feature
Inventory (UFI)] y por las operaciones que ocurren en la llamada Estructura Morfológica, un
componente morfológico postsintáctico. El supuesto es que en la sintaxis intervienen un
subconjunto del inventario universal de rasgos formales y raíces léxicas, en ambos casos sin
intervención de rasgos fonológicos.
Esquema 1 Derivación sintáctica

Materialización [Spell Out]

Morfología

Forma Fonológica Forma Lógica


ii. En el componente morfológico ocurren distintas operaciones que son particulares a las
lenguas y, por otra parte, que no tienen repercusión semántica, dado que se ubican en el
camino hacia la forma fonológica. Además de estas operaciones, en el componente
morfológico tiene lugar la inserción de los ítemes de vocabulario, es decir, la inserción de los
exponentes fonológicos asociados a los rasgos abstractos en los cuales se insertan.

iii. Las raíces léxicas no tienen especificada su categoría per se; esta se adquiere en
combinación con las llamadas “categorías chiquitas” (n, v, a), que nuclean proyecciones
funcionales destinadas precisamente a categorizarlas. Se vinculan a Sn, Sv y Sa los morfemas
derivativos, cuyo carácter más “léxico”, “irregular” o “idiosincrásico” que los morfemas
flexivos es una simple consecuencia de esa posición sintáctica, más próxima a la raíz léxica
(cfr. Marantz 2001, Embick / Halle en prensa).

3. Análisis morfo–semántico de los afijos

En (1) se ilustran casos de nombres conformados por los afijos apreciativos que serán objeto
de este trabajo, que tienen, entre otras, una interpretación de tamaño:
(1) a. autazo, casota, hombrote/ hombrón/ hombrazo, soldadote, minón, viajón, sustazo,
fiestota
b. autito, casucha, hombrecín, soldadito, minita, viajecito, sustito, fiestucha
c. re auto, mega libro, super mina, re médico, mega amigo, re siesta, super viaje, hiper
especulación, maxi botella, macro economía
d. mini árbol, micro botella, mini fiesta, micro emprendimiento1

El análisis esbozado en este trabajo se limita estrictamente a los casos en que los afijos no
cambian la categoría nominal y tienen valor fundamentalmente apreciativo, lo cual implica
dejar de lado los casos en que los mismos elementos aportan “per se” una interpretación
eventiva, como en (2.a), o en que la base de la derivación es un verbo (cfr. 2.b), o en que el
producto es un adjetivo (cfr. 2.c) (cfr. Kornfeld en prensa a, Adelstein et al. 2008):

(2) a. cacerolazo, cañonazo, salariazo, papelón


b. magullón, apagón, pinchazo, frenazo, tragón, comilón, reclamón, burlón, mandón,
mirón
c. culón, narigón, huevón, panzón, bocón, cabezón

En la segunda parte del trabajo, en cambio, voy a referirme comparativamente a ejemplos en


que los afijos se adjuntan a otras clases de palabras, manteniendo su valor aumentativo, como
por ejemplo adjetivos (3.a), en algunos prefijos también a adverbios o frases preposicionales
(3.b) y, en el caso particular de super– y, sobre todo, de re– verbos (3.c) u oraciones (3.d):

(3) a. buenón/ buenazo/ re bueno, simplote, dulzón, chiquito, super loca, mega lindo, hiper
grande
b. re en serio, super armoniosamente, mega bien, hiper de lejos,
c. super quiero, re adoro, super lloré, re trabaja, re llegó
d. re que sí, re voy

Hecha la delimitación de los datos relevantes, pasaré ahora a analizar en mayor profundidad
la interpretación semántica de los afijos.
En español rioplatense, cuando modifican a nombres, los sufijos –ot(e/a), –az(o/a) y –ón(a)
siempre tienen un significado aumentativo2, independientemente de si se designan objetos
(4.a), personas (4.b) o eventos (4.c):

(4) a. autazo, sillota, perrazo, gatote, ojazo, culazo, librazo, librote, botellota
b. hombrote/ hombrón/ hombrazo, soldadote, madraza, amigote/ amigazo, minón ,
maestraza3
c. notición, estresazo, apurón, sustazo, miedón/ miedazo, siestaza, viajón, calorón,
tormentón, batallota, fiestota4

1
Como anuncia su título, los juicios que se discuten en este trabajo corresponden todos al español de la
Argentina, por lo que es posible que presenten diferencias relevantes con respecto a otras variedades.
2
A diferencia del significado peyorativo consignado por Lázaro Mora (1999).
3
La aplicación de sufijos aumentativos no parece posible con cualquier nombre humano: cfr. soldadito/
medicazo vs. ??/* arquitectazo, cientificazo. Probablemente ello se deba a la falta de combinación de los sufijos
apreciativos con ciertas bases derivadas (cfr. sección 4).
4
Son relativamente raros los nombres eventivos que se combinan con –ote/a (se registran en Google tormentota
o miedote, pero con pocas ocurrencias frente a las formas en –azo y –ón).
En todos estos ejemplos, la paráfrasis del sufijo apreciativo es ‘gran’ (i.e., ‘gran auto’, ‘gran
hombre’, ‘gran noticia’), pero su interpretación puntual varía de acuerdo con el nombre
involucrado. Así, el significado de ‘gran’ se refiere al tamaño físico en algunas palabras de
(4.a) y (4.b), por ejemplo, perrazo, librote, hombrote/ hombrón/ hombrazo o soldadote, pero
no en el resto de los casos. En efecto, librazo se interpreta como ‘gran (=muy bueno, genial)
libro’ y minón como ‘gran(=linda, atractiva) mina’, mientras que otros casos de (4.a) y (4.b)
son ambiguos desde el punto de vista semántico (autazo puede hacer referencia al tamaño o a
la calidad indistintamente). También los nombres eventivos de (4.c) reciben la paráfrasis de
‘gran N’ (i.e., ‘gran noticia/ calor/ tormenta/ susto/ partido’, etc.), pero, obviamente, la
interpretación estricta de tamaño físico está vedada. Por lo tanto, se constata una
interpretación bastante específica de ‘gran’ en función del significado del nombre base
involucrado, que se verifica en las posibles paráfrasis: por ejemplo, ‘importante’ (notición,
apurón), ‘largo’ (siestaza, viajón), ‘intenso’ (lluvión, calorazo, estresazo, miedón), ‘fuerte’
(patadón, ruidazo, sustazo), ‘muy bueno’ (partidazo, programón).
En términos de Pustejovsky (1995), puede decirse que en cada caso de (4) el sufijo
aumentativo modifica elementos distintos de la entrada léxica del nombre: el quale formal
cuando se interpreta como tamaño físico (perrazo, librote, pero también en una palabra como
patadón); el quale télico en casos que apuntan a resaltar la función del objeto, como librazo o
la interpretación funcional de autazo; el aspecto en el caso de los eventos, por ejemplo
cuando se destaca el valor durativo (viajón), etc5.
Los nombres con –ote, –azo y –ón suelen ser semánticamente opuestos a los mismos nombres
creados con el afijo diminutivo –ito, o a otros sufijos de valor diminutivo que tienen menor
frecuencia (y, también, mayor peso relativo del significado connotativo), como –uch(o/a), –
ete, –ín(a): casucha, medicucho, fresquete, escandalete, sucuchín, borrachina. En los
ejemplos de (5) puede advertirse que los sufijos diminutivos se combinan con las mismas
bases que los aumentativos de (4); la contraposición semántica se advierte claramente, por
ejemplo, cuando el diminutivo se refiere al tamaño físico, como en (5.a), o con los eventivos,
que adquieren diversas interpretaciones opuestas a los significados que hemos relevado para
los sufijos aumentativos: ‘pequeño’, ‘suave’, ‘corto’, ‘leve’ (5.c). En cambio, pocas veces –
ito afecta la dimensión télica de los nombres que designan humanos, al contrario de lo que
sucede con los aumentativos, como se puede ver para los ejemplos de (5.b), que no se
contraponen semánticamente a los casos relevantes de (4.b) (cfr. Kornfeld en prensa a):

(5) a. hombrecito, soldadito, mujercita6, casita, autito, perrito, gatito, librito


b. amiguito, madrecita, minita
c. calorcito, quilombito, patadita, viajecito, miedito

En cuanto a los prefijos con valor análogo a los sufijos antes nombrados, pueden
mencionarse, en un orden que va aproximadamente desde el más hasta el menos productivo
re–, super–, mega–, mini–, hiper–, micro–, maxi–, macro– (cfr. Kornfeld 2009). Estos
elementos modifican también nombres que designan objetos, personas7 y eventos, en forma
análoga a lo que hemos señalado previamente para los sufijos en (4) y (5):

5
En términos de la Morfología Distribuida, cabe señalarlo, estas relaciones semánticas complejas se
establecerían recién en la Enciclopedia, luego de la inserción de los rasgos fonológicos y de la interpretación de
la oración en Forma Lógica.
6
Pueden tener ambiguamente la interpretación de ‘pequeño’ o de ‘joven’.
7
Según las búsquedas hechas en Google, hiper–, micro–, maxi–, mini– y macro–, los prefijos menos
productivos, son raros con nombres de persona (pero véase el ejemplo de miniturista en 7).
(6) a. re auto, super camisa, mini árbol, micro botella, mega libro, maxi suplemento
b. re madre8, re médico, super mina, mega amigo, re viajero
c. re siesta, mega trabajo, mini fiesta, super viaje, hiper especulación, micro
emprendimiento, macro lingüística

Con los prefijos sucede algo similar a lo que hemos dicho para los sufijos. Por ejemplo,
Kornfeld / Kuguel (2006) notan respecto de la combinación de re– con nombres que designan
objetos que la interpretación central es la de ‘gran(de)’ y que el valor puede virar hacia ‘muy
buen(a)’, de modo similar a lo que ya hemos visto, especialmente en los casos de artefactos,
en los que se destaca la funcionalidad del objeto denotado por el nombre, como en re auto o
mega libro. Lo mismo se aplica al resto de los prefijos ilustrados en (6.a). En lo que hace a
los nombres que tienen interpretación humana (cfr. 6.b), los prefijos se combinan con
aquellos que permiten el ligamiento selectivo del quale télico (por ejemplo, nombres
relacionales o que designan oficios y profesiones, en los que se evalúa a la persona a partir de
su profesión)9; casos más complejos se dan cuando la palabra base es derivada, como en re
viajero o los casos de (6.c). Así, si el nombre es deverbal o tiene significado eventivo, el
prefijo puede adquirir un valor iterativo o frecuentativo (e.g., re viajero: ‘varias veces/
frecuente viajero’) o durativo (e.g., re siesta: ‘una larga siesta’), aunque también puede no
referirse a la naturaleza eventiva del nombre e interpretarse, por defecto, como ‘gran’ (e.g.,
mega fiesta). Un ejemplo ilustrativo de los múltiples significados que puede adquirir una
forma con un prefijo apreciativo lo proporciona la siguiente entrada del Diccionario del
argentino exquisito (Bioy Casares):

(7) Miniturista:
El que practica turismo de recorrido breve. “En nuestro delta, los
minituristas disponen de una infraestructura de servicios que
acompaña al disfrute de la naturaleza en todas sus manifestaciones.”
(D. Prisco, El Tigre lo espera, El Tigre, 1978.) No confundir
minituristas con gente que “viaja” en colectivo, con niños turistas, con
miniaturistas, con marcianos y demás homúnculos terrestres o
extraterrestres.

En la última oración, Bioy Casares expresa su perplejidad ante el significado “inesperado” de


la combinación lexicalizada de mini con turista, ocasionada en este caso porque el significado
se deriva de la forma miniturismo, que sí se interpreta –esperablemente– como ‘pequeño
turismo’ o ‘turismo breve’.
En distintas instancias, los sufijos y los prefijos pueden alternar con cierta libertad para dar
lugar a formas diminutivas o aumentativas, muchas veces con un significado muy semejante,
especiamente en creaciones ocasionales, no lexicalizadas, como muchas de las de (8):

8
En el caso de los prefijos en combinación con nombres con interpretación humana, puede ocurrir que haya
cierta ambigüedad entre una interpretación adjetiva o nominal de la base. Así, en una oración como Es re madre,
re– recibirá la interpretación de ‘muy’, mientras que en Es una re madre, se lo leerá como ‘gran’. Supondremos
para el primer caso que madre está recategorizado como adjetivo.
9
Consecuentemente, cuando el N (humano) no permite una interpretación de ligamiento o coerción del quale
télico, no se le puede adjuntar re–: *un re automovilista/ peatón/ fumador/ esquimal vs. un re paciente/
conductor/ nadador.
(8) a. autazo / super auto; autito/ mini auto; librazo / re libro; arbolote / re árbol
b. minón / re mina; amigazo / super amigo;
c. calorón / re calor; viajón / mega viaje; quilombazo / re quilombo; fiestita/ mini fiesta

4. Interfaz morfología–sintaxis

Hasta aquí hemos revisado las características morfológicas más relevantes de los afijos
apreciativos del español. En esta sección intentaremos sistematizar también el
comportamiento sintáctico de las formas creadas con esos afijos. Para ello nos referiremos a
las diferencias entre prefijos y sufijos, al distinto comportamiento de la morfología
apreciativa ante nombres de masa y contables y, finalmente, a ciertas particularidades del
prefijo re–.

4.1 Prefijos y sufijos


Un primer punto central en la caracterización sintáctica son las diferencias que pueden
encontrarse entre prefijos y sufijos, más allá de las semejanzas semánticas que hemos
destacado en la sección anterior.
Prefijos y sufijos pueden combinarse con bastante libertad siempre que sean compatibles
desde el punto de vista semántico (9.a), al igual que los distintos prefijos (9.b), incluyendo
aquellos que suponen la mera repetición del prefijo (cfr. 9.c). La combinación de sufijos con
el mismo valor semántico, en cambio, es agramatical, infrecuente o estilísticamente marcada
en español rioplatense estándar (9.d), aunque se registran formas que combinan sufijos
aumentativos en ciertas zonas dialectales, como la provincia de Córdoba (cfr. 9.e):

(9) a. super hombrazo, re madraza, micro autito, mini fiestita


b. super re amigo, mega super fiesta, super hiper inflación
c. super super hombre, mini mini auto, mega mega fiesta, re re mina
d. ?medicuchito, ??perritito, ?? caloronón, ??hombronazo, ??negrazonón
e. caloronón, caloronazo, negrazonón

Una diferencia fundamental entre prefijos y sufijos radica en la productividad de cada tipo de
afijos: los sufijos son incompatibles (o extremadamente raros) con ciertos sufijos deverbales,
como –ción, –miento, –dor (cfr. los ejemplos de 10.a10), o deadjetivales, como –idad, –ía, –
eza, –ura (cfr. 10.b). En cambio, los prefijos equivalentes pueden combinarse sin problemas
con cualquiera de esos sufijos, como se advierte en los pares correspondientes:

(10) a. re contaminación / *contaminacionta; super abatimiento / *abatimientón; mini


batidora/ ??batidorita
b. re casualidad /*casualidadaza, hiper paciencia/ *pacienzón, mega delicadeza /
*delicadezón, super altura / *alturota

En cuanto a los nombres con interpretación humana, contrastes equivalentes a (10) entre
prefijos y sufijos se verifican con el sufijo denominal –ista, típico de las profesiones, o los

10
Las únicas excepciones parecerían ser casos que involucran alguna clase de derivación cero o conversión
categorial (saltito, parito, leidita, cepilladito). En el primer caso es plausible que no se trate de
nominalizaciones, sino de una n adosada directamente a la raíz, sin una proyección Sv; en el segundo,
suponemos que el estatuto flexivo del morfema de participio provoca una modificación de la estructura
propuesta en (22.a).
casos de composición culta o nativa (cfr. 11.a–c). Por el contrario, las formas con –ero/a
admiten la adjunción de diminutivos sin problemas, como muestra (11.d) (cfr. Kornfeld 2007
para la compatibilidad de –ero/a con el diminutivo en el caso de los adjetivos):

(11) a. super taxista/ *taxistazo, mini lingüista/ *lingüistita, re pacifista/ *pacifistón


b. *La lingüistita que dio el mal paso
c. super filósofo / *filosofita, re antropólogo / *antropologote, mini cuidacoches
/*cuidacochecitos
d. costurerita, arquerito/ arquerazo, caserito (y también pecerita, cenicerito)

Por otra parte, como es sabido, también hay diferencias entre prefijos y sufijos en su
combinación con otras clases de palabras. Así, excepto mini–, micro– y macro–, el resto de
los afijos analizados vistos se adjuntan también a adjetivos, con la interpretación de ‘muy’ en
los aumentativos (cfr. 12.a), a la que pueden agregarse diversas connotaciones en el caso de –
ón, –ote y azo (cfr. 12.b), y un significado análogo a ‘medio’ para –ito (Kornfeld 2007),
también con diversas connotaciones afectivas (cfr. 12.c):

(12) a. re lindo, super inteligente, mega inteligente, hiper sensible, re grande, super viejo
b. buenón/ buenazo, simplote, dulzón, tristón, locaza, lindazo, grandote, simpaticón
c. buenito, chiquito, loquito, viejito, piolita, grandecito

En el caso de la combinación de adjetivos con afijos apreciativos, en un trabajo anterior


(Kornfeld en prensa a) propuse que los prefijos pueden funcionar como núcleos de Grado,
mientras que los sufijos son elementos más internos a la raíz. Para ello me basé, por un lado,
en las mayores posibilidades combinatorias de los prefijos (que pueden modificar a cualquier
adjetivo graduable, al menos en los casos de re– y super–), mientras que los sufijos presentan
restricciones análogas a las vistas en (10–11) en el sentido de que no se combinan con
adjetivos relacionales recategorizados (cfr. 13–14.a) ni con nombres deverbales con los
sufijos –dor, –ble, –ivo, –nte o –izo (cfr. 13–14.b):

(13) a. * una postura clasiquita/ radicalota/ matematicona / ferreaza


b. *seductorazo, *amabilito, *destructivito, *atrayentón/ *atrayentito, *movedicito

(14) a. una visión re matemática / super férrea / mega clásica / hiper radical
b. re seductor, mega amable, super destructivo, hiper atrayente, re movedizo

Por otro lado, como muestra el contraste de (15), los prefijos están en distribución
complementaria con los modificadores sintácticos de Grado, mientras que los sufijos no
tienen ninguna restricción para combinarse con cuantificadores:

(15) a. *re muy lindo, *super bastante inteligente, ??muy hiper lindo, ??demasiado recopado
b. muy/ bastante / un poco / medio boludazo/ chiquito/ viejito/ simpaticón

En el caso particular del prefijo re–, Kornfeld / Kuguel (2006) notan que puede combinarse
no solo con adjetivos y nombres, sino también con verbos (16) e incluso oraciones (17); la
combinación, además, resulta perfectamente predecible desde el punto de vista gramatical11.

11
Esto es, re– se aplica a cualquier adjetivo calificativo, a cualquier verbo (con significados variables, de
acuerdo con el aspecto léxico) y a cualquier nombre contable (cfr. Kornfeld / Kuguel 2006).
Así, observan que, cuando modifica a verbos y oraciones, re– aparece en español rioplatense
con las interpretaciones de ‘mucho’ (16.a), ‘muchas veces’ (16.b), ‘hace mucho’ (16.c), en el
ámbito verbal, y con el valor modal de ‘seguro’ en contextos como (17):

(16) a. se re enoja / le re teme / re trabaja / re juega / re esperó / re durmió


b. re viajó a Europa / lo re besa
c. re construyó la casa / re llegó

(17) a. re llega / re termina los tallarines


b. Re que lo hago para quedar bien.

Por su parte, super puede adoptar los mismos valores de (16.a) en combinación con verbos,
pero no puede usarse con los valores aspectuales de (16.b–c) o (17). Kornfeld / Kuguel
(2006) observan que, cuando se une a adjetivos, verbos y oraciones, re– puede modificar
frases coordinadas (cfr. 18) y constituir enunciados independientes (cfr. 19), lo cual justifica
su tratamiento como un elemento que morfofonológicamente tiene un estatuto intermedio
entre una palabra y un clítico y sintácticamente es núcleo de una proyección funcional (i.e.,
SGrado, SAspecto o SModalidad, según corresponda). El mismo comportamiento manifiesta
super, excepto en (19.c) ya que no puede tomar valor modal:

(18) a. Re/super [lindo e inteligente]


b. Juan re/super [jugó y trabajó]

(19) a. A: –¿Es lindo?


B: –Re. /–Super
b. A: –¿Te gusta?
B:–Re /–Super
c. A:–¿Venís?
B: –Re

Ni la posibilidad de coordinar las bases ni la de constituir enunciados independientes se


verifican en el caso de la combinación de re– con nombres, como se puede ver en (20):

(20) a. *re [auto y compu], */??Es un re hombre y médico


b. A–¿Cómo es la casa?
B: *–Re 12

Estrictamente, (20.a) puede darse bajo ciertas condiciones: son posibles, por ejemplo, mini
[lavadora y secadora] y mega [asalto y secuestro], siempre que se los interprete como
núcleos complejos referidos a conceptos unitarios. Así, por ejemplo, no es posible que haya
diferencia de género entre los dos nombres (e.g., *un mini reloj y agenda), mostrando que la
capa funcional es una sola.
A partir del contraste entre (18–19), por un lado, y (20), por el otro, Kornfeld / Kuguel
sugieren que con los nombres re– sí es un “verdadero” afijo, más cercano a la raíz léxica, en
el sentido de Marantz (2001) o Embick / Halle (en prensa), y no un núcleo funcional que

12
Si bien Super podría aparecer como respuesta a la misma pregunta, cabe destacar que se trata de una
resemantización lexicalizada de la forma con el valor de ‘super bien’.
encabeza su propia proyección, como ocurre en la combinación con adjetivos, con verbos o
con oraciones.
Al analizar en detalle los afijos apreciativos en su combinación con nombres, hemos
verificado diferencias sustanciales entre prefijos y sufijos, por ejemplo los contrastes vistos
en (9) y (10) en relación con la posibilidad de repetición del afijo o con el tipo de bases con
las que se combina cada conjunto de afijos. A esto se suma una asimetría relevante en cuanto
a la posibilidad de que haya algún tipo de elisión de las bases (siempre que haya oposición
semántica entre los prefijos), posibilidad que está absolutamente vedada para los sufijos:

(21) a. mini y maxi batidora, micro o macroeconomía


b. *casota e –ita, *calorcito y –ón

Las asimetrías previas sugieren que la posición sintáctica de prefijos y sufijos no puede ser
exactamente la misma. Con el fin de dar cuenta estructuralmente de esas diferencias,
proponemos los siguientes árboles, uno para una palabra derivada y otra para una palabra
simple:

(22)
a. Sn b.
3 Sn
‘gran’ n’ 3
(re–) 3 ‘pequeña’ n’
n Sa (–it–) 3
(–idad) 3 n √MUJER
‘gran’ a’ ‘hembra’
(–ot–) 3 ‘contable’
a √DÉBIL

El árbol propuesto en (22.a) da cuenta de por qué los prefijos (particularmente re– o super–)
son capaces de modificar palabras derivadas, mientras que los sufijos no pueden hacerlo.
Básicamente, los sufijos se ubican en la posición de especificador de la primera proyección
funcional que “cubre” la raíz (el Sn más bajo), por lo que los sufijos derivativos quedan fuera
de su alcance13.
La posición de especificador de la proyección Sn no está ligada directamente con las
proyecciones funcionales superiores del dominio nominal, como Sintagma de Determinante
o Sintagma de Q(Cuantificación). Ello diferencia tajantemente el estatuto de los afijos
apreciativos del dominio nominal en su conjunto de lo que manifiestan los prefijos en el
dominio adjetivo, por ejemplo, que se ubican como núcleos del Sintagma de Grado.
Propongo que en la posición de especificador del Sn más alto se ubica también el adjetivo
léxico gran (lo cual explica su carácter cuasi–funcional, cfr. Di Tullio 2003), solo que en ese
caso en la sintaxis habrá una raíz, y no un rasgo formal. Los adjetivos “normales”, en cambio,
se adjuntan al Sn (cfr. Saab 2004, Kornfeld 2005), y lo mismo sucedería con pequeño o
chico, que carecen de las propiedades “especiales” de gran en relación con la oposición entre
categorías léxicas y funcionales.

13
La única excepción sería –er– (en costurerita, arquerazo), probablemente porque este sufijo podría ubicarse
en el nº más bajo.
4.2. Nombres contables y nombres de masa
Otro punto interesante relativo al comportamiento sintáctico de los derivados con afijos
apreciativos se refiere a la distinción entre nombres contables y nombres de masa.
En cuanto a los nombres de masa, en general no pueden recibir sufijos aumentativos (cfr.
23.a), excepto en el caso de algunos abstractos o eventivos que también admitirían ser
modificados por ‘gran’, con una interpretación no espacial sino metafórica, que aparecen en
(23.b); así, es posible un gran calor, pero no *gran harina o *gran arena:

(23) a. *arenaza, *harinota, *orazo, *aguota, *petroléon14


b. calorazo/ calorón, estresazo, quilombón

Los casos de (23.b) no tienen un estatuto muy claro en relación con la delimitación: no
aceptan la modificación por los cuantificadores propios de los nombres contables, pero
tampoco pueden aparecer desnudos o con cuantificadores en singular, como se espera para
los nombres de masa (en contraposición, además, con el comportamiento de sus propias
bases, como se especifica en cada caso):

(24) a. *tres/ varios calorazos


b. Se armó *(un) quilombón (cfr. Se armó quilombo), Hace *(un) calorazo (cfr. Hace
calor); Me agarró *(un) estrezaso (cfr. Me agarró estrés)
c.??un poco de quilombón (cfr. un poco de quilombo); ??mucho calorazo (cfr. mucho
calor); ?? tanto estresazo (cfr. tanto estrés)

Por su parte, los prefijos apreciativos, con ambos valores, rechazan también la combinación
con la mayor parte de los nombres de masa (cfr. Kornfeld / Kuguel 2006), en forma
perfectamente paralela a (23):

(25) a. *re arena, *re agua, *mega harina, *super oro


b. re calor, super estres, mega quilombo

Sin embargo, los prefijos aumentativos re– y super– sí pueden participar, combinados con
nombres de masa, en locuciones con verbo liviano (cfr. Kornfeld / Kuguel 2006):

(26) a. Tiene (una) re/super cancha/ confianza / plata.


b. Me da (una) re/super alegría / tristeza / angustia
c. Hace (un) re calor / frío

En estos casos re– y super– se adjuntan al N (que carece de referencialidad) y aparentemente


pueden ser parafraseados por ‘mucho’ (tiene re/super cancha → ‘tiene mucha cancha’). Sin
embargo, lo que habilita la adjunción del prefijo en estos casos es el hecho de que está
intensificando a la locución en su conjunto y no al N escueto; es decir, modifica a todo el
evento ‘tener cancha/ confianza/ plata’, como podría hacerlo con verbos simples como llorar
o querer (cfr. 16.a). Vale la pena destacar que re– se puede adjuntar con la misma lectura

14
Si hay ambigüedad entre la interpretación de masa y contable, el aumentativo desambigua en favor de la
segunda lectura (cfr. naranjaza, pescadote, papota). Una excepción es platita o su contraparte platota, con
varias apariciones en el Google.
antes del verbo liviano o antes del nombre: re tiene confianza, tiene re confianza, lo cual
señala un carácter más propio de un clítico que de un prefijo (cfr. Kornfeld / Kuguel 2006).
Los casos de (23.a) y (25.a) son plenamente esperables si, como señalan Kornfeld / Kuguel
(2009), el adjetivo gran(de) no puede modificar a nombres de masa en la medida en que no se
puede indicar el tamaño de una sustancia sin límites definidos. En ese sentido, gran(de) (al
igual que los afijos con significado análogo) es sensible a la presencia del rasgo ‘contable’ (o
[+delimitado], cfr. Kornfeld en prensa b) en el nº más bajo (cfr. el árbol de 22). Ahora bien,
tampoco el adjetivo pequeño se aplica a una sustancia sin límites definidos y, sin embargo, el
diminutivo sí parece ser capaz de combinarse con nombres de masa. Crucialmente, el
diminutivo puede aparecer en contextos sintácticos que fuerzan la presencia del rasgo [–
delimitado] en nº, como (27.c):

(27) a. arenita, agüita, harinita, orito, arrocito, azuquitar, papita, cafecito


b. calorcito, estresito, quilombito
c. Hay mucha arenita/ agüita
d. ¿Querés papita?

En ejemplos como los de (27) interviene, evidentemente, otro factor: la estrecha relación
entre el diminutivo y la modalidad global de la oración, más allá del alcance sobre el nombre.
En efecto, el diminutivo se usa frecuentemente para suavizar o modalizar un pedido o una
pregunta 15 ; puede usarse también en aserciones, pero siempre en clara interacción con el
interlocutor:

(28) a. ¿No tiene un cigarrito?


b. Dame (un) cafecito.
c. Te hago (un) arrocito.

En conclusión, ni prefijos ni sufijos aumentativos pueden tomar el valor de un cuantificador


de masa ‘mucho’ o ‘poco’ (salvo cuando modifican a todo un evento en locuciones, cfr. 26).
Los pocos casos en que se permite la aparición de un afijo de interpretación espacial con un
nombre de masa, la interpretación de ‘gran’ (o de ‘pequeño’) es siempre metafórica (y, de
hecho, coincide con la que adquiere la combinación del mismo nombre con el adjetivo léxico
gran, que siempre es posible). El uso más extendido de –ito, por su parte, no implica una
interpretación referida al tamaño de la sustancia sino que minimiza o afectiviza el enunciado
en su totalidad.

4.3. Un excursus sobre re–


Una diferencia central entre las formas creadas con re– y las formas nominales con otros
afijos aumentativos reside en que las primeras nunca pueden funcionar como sujetos de una
oración o como complemento de preposiciones, más allá de su intervención en locuciones
(cfr. 26):

15
Especialmente claro es este uso afectivo o modalizador, casi de cortesía, del afijo diminutivo en el español en
contacto con quechua, donde se combina con pronombres (estito), numerales (cincuentita), gerundios
(corriendito), etc., posibilidades todas vedadas en la variedad estándar. Ello se debe a la influencia/ transferencia
de los diminutivos del quechua –cha y –lla, que tienen un uso netamente discursivo y a veces incluso aparecen
como préstamo en el español de la zona (Avellana / Kornfeld 2009).
(29) a. *El re auto de Juan nos dejó mudos.
b. *Invitó también a su re amigo.
c. *El re calor nos mató.

En cambio, las contrapartes con las formas creadas con el resto de los afijos (o con el adjetivo
léxico gran) son todas posibles en los mismos contextos:

(30) a. El autazo/ mini auto/ autito/ gran auto de Juan nos dejó mudos.
b. Invitó también a su amigazo/ super amigo / gran amigo.
c. El calorón/ mega calor / gran calor nos mató.

Otra particularidad de las formas nominales en re– es su imposibilidad de recibir


modificadores preposicionales (cfr. Kornfeld / Kuguel 2006), propiedad que no se aplica a las
formas en las que intervienen el resto de los afijos, como muestra el contraste entre (31.a) y
(31.b):

(31) a. *leyó ese/un re libro de Tolstoi; *vio esa/una re película de Woody Allen
b. leyó ese/un librazo/ librito de Tolstoi; vio ese/ un peliculón/ super pelicula de Allen

Algo similar se aplica a la combinación con adjetivos (calificativos o relacionales) de los


nombres con re–, excepto si el nombre y su complemento pueden interpretarse como un
núcleo complejo, como en los casos de (32.c):

(32) a. *un re músico jujeño


b. *una re casa verde
c. una re casa alpina, una re casa de campo, vio la re película de suspenso

En ese sentido, las construcciones nominales en las que interviene re– tienen una distribución
semejante a las construcciones nominales con de ponderativo, en las que el nombre tampoco
puede recibir la modificación de un adjetivo (o de una cláusula relativa), salvo que se
reinterprete como un núcleo complejo (cfr. Di Tullio 2004)16:

(33) a. Te traje de chocolate amargo / blanco / belga…


b. *Te traje de chocolate delicioso…

(34) a. Llegaron de paquetes navideños…


b. *Llegaron de paquetes pesados…
c. *Llegaron de paquetes que habías encargado…

De los ejemplos de (30–32) se puede deducir que los nombres modificados por re– son
incompatibles con verdaderos determinantes definidos. Los determinantes definidos que
aparecen en esos casos con una suerte de expletivos, como los que participan en locuciones
del tipo hacer la cama o hacer la guerra (Masullo 1996). Por su parte, los determinantes
indefinidos que se combinan con los nombres con re– tienen un valor similar al que

16
Sin embargo, la construcción con de ponderativo + nombre, que equivale a ‘mucho/s’, tiene las propiedades
de un cuantificador, por lo que es admitido como sujeto de verbos inacusativos, a diferencia de los nombres con
re– o super–: Vinieron de personas....
adquieren en combinación con nombres de cualidad: es una porquería/ un desastre, etc., cfr.
Di Tullio / Suñer 2004).
Asimismo, las formas con re– no son compatibles con los pronombres admirativos, al
contrario de lo que sucede con los demás afijos:

(35) a. ¡Qué notición! / ¡Qué mega noticia!/ *¡Qué re noticia!


b. ¡Qué autazo! / ¡Qué super auto!/ *¡Qué re auto!
c. ¡Qué arbolito! / ¡Qué mini árbol!/ *¡Qué re árbol!

En suma, pese a que pueden funcionar como sinónimos de formas creadas por otros afijos
(cfr. 8), las formas nominales con re– no pueden ser tomadas como complementos de
verdaderos determinantes ni son compatibles con pronombres exclamativos, indicando el
carácter eminentemente predicativo de las construcciones en las que participan.

5. Conclusiones

A lo largo de este trabajo, he intentado establecer las principales propiedades semánticas,


morfológicas y sintácticas de los afijos apreciativos ligados con la noción espacial de tamaño
en español. En particular, he esbozado una explicación (creo yo) razonable de por qué, en el
ámbito del Sintagma de Determinante, los afijos que se refieren a tamaño para nombres
contables se diferencian tan claramente de los cuantificadores como mucho que modifican a
nombres de masa: estos actúan como núcleos que proyectan su propio sintagma (de
determinante o de cuantificación, según la estructura adoptada), mientras que aquellos son
especificadores de un Sn (más interno, en el caso de los sufijos, y más externo, en el de los
prefijos). La posición de especificador del Sn más externo fue propuesta también para alojar
al adjetivo “léxico” gran, que se diferencia así de la mayor parte de los adjetivos, incluidos
sus “antónimos” pequeño o chico.
Una de las consecuencias más importantes para la gramática de la discusión vista aquí es que
permite sostener que la expresión del tamaño para nombres contables no es ajena a la
cuantificación en los ámbitos adjetivo, verbal u oracional. En ese sentido, los elementos
gran(de) y mucho (muy) tienen en español estándar una distribución complementaria:
mientras que el primero modifica únicamente a nombres contables, el segundo lo hace con
nombres de masa, adjetivos, sintagmas preposicionales y adverbios no delimitados, verbos no
delimitados y también puede adquirir interpretaciones aspectuales, como ‘muchas veces’
(i.e., Viajó mucho a Europa, con interpretación iterativa) o ‘mucho tiempo’ (i.e., Durmió
mucho, con interpretación durativa), entre otras (cfr. Bosque / Masullo 1997).
Por el contrario, los afijos apreciativos que, aplicados exclusivamente a nombres contables (y
no a nombres de masa), se refieren también al tamaño de la entidad designada muestran una
distribución muy distinta a la de gran(de). Pueden ligarse también con la cuantificación de
grado en adjetivos (los prefijos también en sintagmas preposicionales y adverbios, como
muestran 3.a y b), super– se aplica también a verbos no delimitados (cfr. 16.a–b) y re– tiene,
además de las interpretaciones aspectuales de mucho (cfr. 16.c–d), una lectura modal (cfr.
17). Se deduce de ello que, mientras que ‘gran’ y ‘mucho’ son, necesariamente, rasgos
opositivos en el caso de los nombres, cualquiera de los dos puede ligarse con la
cuantificación adjetiva, verbal u oracional con significados muy semejantes o incluso iguales.
Algunos fenómenos del español en contacto con guarani (registrados en Avellana / Kornfeld
2009) ratifican esta idea: la utilización extendida de grande como un cuantificador aplicable a
verbos, por analogía con el guaraní tuicha (Abadía de Quant 1996), como se ilustra en (36), y
el sufijo o enclítico17 superlativo del guaraní ité/ eté, que se aplica a nombres, locuciones
preposicionales, adjetivos, adverbios y verbos, como muestra (37):

(36) a. Las pastillas y el remedio fresco le mejoró grande a él [Ab:142]


b. Se fue de él porque grande le fajaba a ella y a los chico [Ab:143]

(37) a. El embajador está en Buenos Aires, confirmó ayer su amigoite, el senador Alfredo
Luis Jaeggli.
b. Yo no te miento, en serio ite te digo.
c. El tipo locoite es.
d. allá ité
e. José se curó ite de su enfermedad18.

Estas series muestran, nuevamente, la compatibilidad de los elementos ligados al tamaño en


nombres contables con la cuantificación adjetiva, verbal u oracional. También funcionan
como argumentos en favor de la hipótesis de la inserción tardía, central para la Morfología
Distribuida, ya que no tendría sentido multiplicar las entradas para dar cuenta, por ejemplo,
de cada uno de las posibles interpretaciones de re–: tamaño, cantidad, intensidad, aspecto
durativo, aspecto iterativo, certeza (ver ejemplos de 3, 6, 16 y 17). Simplemente, la
combinación de cierto rasgo primario ‘gran’ con distintas proyecciones funcionales resultará
en diversas interpretaciones gramaticales.
En suma, explicar los distintos significados que exhibe un mismo ítem como resultado de la
interacción de un único rasgo formal con múltiples posiciones funcionales es económico, ya
que no necesitamos postular múltiples entradas léxicas (ni, ya desde la Morfología
Distribuida, tantas reglas de inserción léxica). En el caso del español, notamos que hay dos
rasgos distintos, correspondientes a ‘gran’ y ‘mucho’, que pueden dar lugar a diversas
interpretaciones a partir de su interacción con las distintas proyecciones funcionales.

Referencias

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Nordeste argentino”. Signo / Seña 6, 71–99.
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3–77.
Bosque, Ignacio / Pascual Masullo (1997): “On verbal quantification in Spanish”. En:
Proceedings of Third Workshop on the Syntax of Central Romance Languages. Girona, 9–63.

17
Se ha respetado la grafía original de los ejemplos, que oscilan entre presentar ité/ eté como una forma
independiente o unirlo como sufijo o enclítico a la última palabra de la frase, que actúa como base o anfitrión.
18
Los datos de (37) han sido extraídos del buscador Google Paraguay.
Di Tullio, Ángela (2003): “La corriente continua: entre gramaticalización y lexicalización”.
Revista de Lingüística Teórica y Aplicada de la Universidad de Concepción (Chile) 41–2003,
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