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SERIE: EQUIPADOS (LO ESENCIAL)

Hemos visto cómo las verdades del evangelio motivaban a Pablo para no desfallecer en medio
de sus tribulaciones, ahora conoceremos la clase de oración que lo mantenía centrado en lo
esencial. Porque si una verdad no te lleva a la oración, me temo que tus ojos aún no han visto
esa verdad con claridad. Por eso hoy, continuando con nuestra serie equipados, meditaremos
juntos en la oración que Pablo elevaba por los efesios para que éstos fueran equipados para el
servicio, porque por medio de ella aprendemos cuál es el elemento esencial del servicio a Dios
(tema: Lo esencial) Para eso, primero veremos cuál era LA MOTIVACION DE SU ORACION; luego,
cuál era EL PROPOSITO DE SU ORACION, y finalmente, EL CONTENIDO DE SU ORACION.

LA MOTIVACION DE SU ORACION

¿Por cuál causa habría de orar Pablo? (Por esta causa doblo mis rodillas, v.1) Sin duda por todo
lo expuesto en el capítulo anterior. Una historia de redención, que ya sabemos fue planeada
desde la eternidad, en la que se cuenta cómo pasamos de ser pecadores por naturaleza, a ser
redimidos por gracia. De muerte a vida, de esclavitud a libertad, de ser extranjeros a ser parte
de la familia. Es por eso una oración que tiene presente la inevitable lucha que aún tenemos
con nuestro pasado, pero también las riquezas espirituales que nos han sido provistas en Cristo
para agrada a Dios. Por eso se sentía animoso para orar. No quería que se quedarán estériles.

Pablo está pasando de la exposición de las verdades de la redención, a la intimidad de la oración


que éstas despiertan en él. Son verdades sobre su propia redención que han despertado en él
un sincero fervor y deleite en Dios como Padre. Por eso, su oración, aunque razonada en el acto
redentor de Cristo, no está desprovista de reverencia, humildad y entusiasmo. Su redención, y
el propósito de su redención es el motivo que lo pone de rodillas (3:14-15)

EL PROPOSITO DE SU ORACION

Ahora, ¿cuál es el propósito de su oración? El propósito de su oración está hasta el verso 19,
porque antes, nos detalla el contenido de su oración. El propósito de su ruego es que los
hermanos alcancen a experimentar una plenitud que solamente Dios hace posible (para que
seáis llenos de toda la plenitud de Dios, v.19) Lo que anhela para nosotros es grandioso. Porque
cuando somos llenos de toda esa plenitud de Dios, alcanzamos una saciedad interior que nos
desapega de la gloria de éste mundo, y nos equipa para dar a conocer al Dios que nos ha saciado.

1. Esa es la razón por la que el Señor Jesucristo resucitó, y se sentó en las alturas, para ser
cabeza de la iglesia, gobernarla hasta la plenitud, y dar a conocer las riquezas de su
gracia al mundo (Efesios 1:22-23)
2. El Señor está gobernando en las alturas para que nosotros reflejemos su imagen en la
tierra. Por eso él es la cabeza, y nosotros el cuerpo. Es verdad que su gracia nos trajo de
muerte a vida, pero lo ha hecho para que esa nueva vida manifieste su glorioso nombre.
Es esencial que estemos llenos de su plenitud para cumplirlo.
3. Pablo mismo sabía por experiencia, que era insuficiente tan solo saber que Dios lo había
elegido, redimido y sellado para alabanza de su gloria. Necesitaba esa plenitud que lo
fortaleciera, que lo gobernara; de otra manera, su corazón no sería capaz de amar a los
que servía. Vamos a Colosenses 1:24. Pablo era capaz de gozarse en el dolor que
causaba su ministerio, no sólo porque entendía que se trataba del cuerpo de Cristo
(1:24), sino también porque él mismo procuraba esa plenitud de Dios que lo equipaba
para cumplir su ministerio (v.28-29, luchando según la potencia de él…que actúa
poderosamente en mí)

De manera que es esencial alcanzar la plenitud de Dios para estar equipados y cumplir con
nuestro servicio a Dios. Si no luchamos apoyados en la potencia de Dios, dejándola actuar
poderosamente en nosotros, no seremos capaces de trabajar en el ministerio que Dios nos ha
dado (predicar el evangelio) El rechazo de los perdidos, la traición de los cristianos, los fracasos
propios.

Puede ser que has comprendido las doctrinas de la gracia, pero no tienes la fuerza suficiente
para honrar a Dios con la nueva vida que te ha dado. Es posible que pases suficiente tiempo
leyendo artículos breves sobre doctrina, o quizá has llegado más lejos leyendo un libro; pero si
no estás doblando tus rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo pidiendo plenitud,
pronto perderás el vigor, y con el tiempo tu corazón se endurecerá. Es bueno que profundices
en la verdad, pero no lo hagas sin orar por la plenitud de Dios. Es esencial para cumplir su
voluntad. Entendemos su importancia, pero ¿Cómo debo pedir por esa plenitud?

CONTENIDO DE LA ORACION

Dos elementos claves encuentro en la oración de Pablo, que están presentes también en la
enseñanza de Cristo: orar y velar (Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la
verdad está dispuesto, pero la carne es débil, Marcos 14:38) Porque al orar expresamos lo que
necesitamos, pero al velar, esperamos pacientes la respuesta. Ambas cosas son importantes.
El apóstol Pedro, consciente de que los tiempos peligrosos en que vivimos, exhortó a ser sobrios
y velar en oración (1 Pedro 4:7) No sólo orar, velar en la oración. Pedir y esperar la respuesta.

Primero la oración, LO QUE DEBEMOS PEDIR. El apóstol pide que Dios nos prepare para recibir
la plenitud. Y la preparación tiene dos momentos, comienza cuando:

1. NUESTRO HOMBRE INTERIOR ES FORTALECIDO POR SU ESPÍRITU, por eso pide que tal cosa
pase (v.16) ¿Por qué necesitamos ser fortalecidos? Porque mientras sigamos en ésta tierra
seremos debilitados a causa del pecado. El fracaso debilita. Descubrir que no somos
suficientes para la causa de Cristo resta fuerzas a cualquiera. Tiene que ver con ése hombre
escondido dentro de ti. Ese hombre interior de donde vienen los pensamientos, las
intenciones. Dos motivos de peso encuentro aquí para tener la certeza de que nuestro
ruego será escuchado (porque es probable que ahora estés pensando que algo así nunca
ocurrirá, que seguirás perdiendo la fuerza hasta no tener ninguna)
a. La primera: Dios echará mano de la inagotable riqueza de su gloria (conforme a las
riquezas de su gloria) Sus recursos nada tienen que ver contigo. No toma tu debilidad
para darte fuerza, sino que hace reposar su Poder dentro de ti. Son sus riquezas, no
nuestras miserias. Él dice “mi poder se perfecciona en la debilidad” no que nuestra
debilidad se perfeccione (2 Corintios 12:9) Tienes que pedir con la certeza de que lo hará
porque las riquezas de su gloria son inagotables.
b. Segundo: Dios lo hará con su Espíritu. No usará a nadie más, sino que su propio Espíritu
lo hará. No dice que el fortalecimiento de nuestro hombre interior dependerá del pastor,
del esposo (a), del teólogo de renombre. Es obra del Espíritu Santo.
2. Pero la preparación de nuestra vida para recibir la plenitud de Dios, no sólo consiste en ser
fortalecidos, SINO TAMBIÉN EN SER HABITADOS (v.17) El orden en que son presentadas
ambas peticiones tiene sentido. Porque ser habitados por Cristo es resultado de ser
fortalecidos por el Espíritu. El ministerio del Espíritu en nosotros es mostrarnos la realidad
del pecado en nuestras vidas, y guiarnos al arrepentimiento. Ese momento de humillación y
quebrantamiento dan lugar a que su poder repose en nuestras vidas. Cuando eso pasa, el
Señor Jesucristo expande su señorío sobre nuestras vidas.
a. La clave está en la palabra habitar. Usted puede ir a mi casa, y pasar unas horas
conviviendo en la sala. Pero no está habitando mi casa. Usted habitaría mi casa si fuera el
dueño, viviera en ella, y tuviera acceso a todas sus habitaciones.
b. Sabemos que el Señor ya está en nosotros desde el día que creímos. Si no fuera así,
ninguna súplica tendría sentido, porque si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él
(Romanos 8:9) Es dueño de nuestras vidas, está en nosotros como su casa.
c. Sin embargo, hay algunos cuartos de nuestra casa que no han sido explorados, porque
nosotros mismos no hemos admitido que están ahí. En su interior resguardan pecados de
los que no estamos convencidos que lo sean, pero son la razón de nuestro debilitamiento.
d. Cuando el Espíritu viene, nos confronta, nos guía al arrepentimiento (fortalecidos), ésa
área de nuestra vida queda bajo el control del Señor Jesucristo. Entonces, ya no solo está
en nosotros, sino tiene más de nosotros.
e. Pero al igual que el fortalecimiento, es algo que debemos creer (para que habite Cristo
por la fe, Efesios 3:17) Nuestra oración tiene que ser hecha con toda la confianza de que
Dios cumplirá, conforma a las riquezas de su gloria, y por medio de su Espíritu, no sólo
que esas recamarás sean limpiadas de inmundicia, sino también habitadas con la santidad
y señorío de Cristo. Y somos llamados a creerlo, porque Dios, que es rico en misericordia,
por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio
vida juntamente con Cristo (2:4-5) Se trata de creer que el mismo poder que elevó al Señor
hasta la gloria para ponerlo por cabeza de la iglesia, es el mismo poder que desciende
hasta nosotros para darnos la plenitud como el cuerpo de Cristo que somos. La grandeza
de su poder para con nosotros los que creemos, es la misma que operó en Cristo,
resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales (Efesios
2:19-20)

Esa es la oración. Pero también SOMOS LLAMADOS A VELAR. A esperar con paciencia que la
plenitud llegue. No se puede precisar un tiempo, pero sí habrá cambios durante la espera. Pablo
lo compara con las raíces de un árbol y el cimiento de una construcción (Efesios 3:17) Cuando
pensemos que nada está pasando, es porque estamos arraigándonos y cimentándonos. Una
ilustración inmediata la tenemos en la construcción de enfrente. Parecía que nada pasaba tras
la pared que había, hasta que fue derribada. Los cimientos y las raíces no se ven, pero aseguran
resultados duraderos si se les da su tiempo. Pero lo importante aquí, respecto a cómo velar, es
la palabra amor. Somos arraigados y cimentados en amor.
1. ¿Qué significa? Significa que no alcanzarás la plenitud de Dios apartado de la iglesia. Si el
Espíritu fortalece a tu hombre interior para que habita Cristo en ti, lo hace para que tu vida
consiga estar firme en la práctica del amor. Ya lo dijo Pablo, el sacrificio de Cristo fue para
acercar a los que estaban lejos de los que estaban cerca, para derribar la pared intermedia
de separación, para reconciliar con Dios a cada uno mientras conforma un cuerpo, una
familia, un templo. Esa era la razón que mantenía a Pablo motivado dentro de la cárcel, que
Dios usara su vida para anunciar que los gentiles son coherederos y miembros del mismo
cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio (Efesios 3:6)
2. Por tanto, velamos en oración cuando nos integramos activamente en la vida de la iglesia.
Cuando elevamos nuestro servicio a favor de los hermanos mientras rogamos todos los días
ser fortalecidos por el Espíritu y habitados por Jesucristo.
a. El trato constante unos con otros, supliendo necesidades, consolando, exhortando,
adorando juntos. Así es como nos arraigamos y cimentamos en el amor mientras llega la
plenitud de Dios a nosotros. Esa es la forma de esperar. No encerrado en tu privacidad,
esperando que algo sobrenatural suceda.
b. Porque solo conviviendo con un pueblo difícil de soportar, es que seremos capaces de
comprender cuán grande es el amor de Dios, hacia nosotros y hacia ellos. Porque es una
comprensión que debe llegar, no andando solos, sino con todos los santos (Efesios 3:18-
19) Solo así alcanzaremos la plenitud de Dios, cuando ya no seamos nosotros tratando
de conseguirlo, sino su poder que actúa en nosotros.

Pablo termina exaltando a Dios, como toda oración debiera terminar. Porque la respuesta, a
nuestras oraciones, supera abundantemente nuestras expectativas (v.20-21) No sabremos cuan
poderoso es Dios hasta que velemos en oración por su plenitud. No habrá sermón que supere
lo que Dios hará en nuestras vidas cuando nos enfoquemos en lo esencial, en alcanzar la
plenitud de Dios en nuestras vidas, y una comprensión plena de cuán grande es su amor.