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UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE CIUDAD JUÁREZ

Instituto de Ciencias Sociales y Administración


Departamento de Humanidades
Maestría en Estudios Literarios

La poética de la ficción histórica en Gonzalo


Guerrero, de Eugenio Aguirre

Tesis que para obtener el grado de Maestro presenta:

Marlon Martínez Vela


Matrícula: 127740

Director de tesis: Luis Carlos Salazar Quintana

Ciudad Juárez, Chihuahua, 7 de mayo de 2015


Universidad Autónoma de Ciudad Juárez

Instituto de Ciencias Sociales y Administración

Departamento de Humanidades

Maestría en Estudios Literarios

En nuestro carácter de Director y Lectores, hacemos constar que la tesis “La poética de la ficción
histórica en Gonzalo Guerrero, de Eugenio Aguirre”, presentada por Marlon Martínez Vela el día
30 de abril de 2015, cuenta con las características de aportación novedosa y solidez metodológica
exigida por la normatividad universitaria.

Dr. Luis Carlos Salazar Quintana

Director de tesis

Dr. Gustavo Herón Pérez Daniel

Lector

Dr. Pedro Vidal Siller Vázquez

Lector

ii
A Sonia y Marlon Luis,
mi hogar.

iii
Agradecimientos

Estoy consciente de que el mayor esfuerzo de una tesis es el que hace quien deja la
impronta de su nombre en la portada, sin embargo, hay muchas personas que contribuyeron
para que este trabajo quedara tal como se entrega en sus manos. Primero doy gracias a Dios
por la fuerza, por su provisión y sustento para emprender este viaje tan grato del
conocimiento.
En este proyecto fue fundamental la dirección del Dr. Luis Carlos Salazar Quintana
por su guía para decantar la tesis tal como quedó finalmente, así como su disposición para
leer los avances cada vez que los hacía y la forma puntual de realizarme comentarios,
correcciones y recomendaciones para aprender a andar los fascinantes caminos de la
investigación literaria.
De igual forma, agradezco a la plantilla docente de la Maestría en Estudios
Literarios que compartió generosamente sus conocimientos, experiencias y pasión por las
letras. También tuve la dicha de compartir este periplo con compañeros que enriquecieron
la travesía con sus lecturas, críticas y amabilidad: Armando, Dalia, Dámaris, Emmanuel,
Fabiola, Marisol y Rocío. Para este viaje también fue imprescindible la ayuda precisa de
Myrna.
En estos años una de las experiencias cruciales para mi formación fue la estancia en
Valladolid, con el apoyo de CADAC-ICSA, donde pude visitar archivos, museos, y conocí
la dinámica de una ciudad europea importante como la alguna vez capital del imperio
español. Asimismo, la instrucción, enseñanza y disponibilidad del Dr. Alfonso Martín
Jiménez fueron fundamentales para definir la interpretación del análisis de esta tesis.
Sin duda, a quienes debo mis mayores agradecimientos es a mi familia. Mi esposa
por el respaldo y la comprensión durante este periodo de arduo trabajo. Mi hijo que llegó en
los últimos meses de la maestría. También agradezco el apoyo de mi suegra y mis cuñados
en estos últimos meses: Katty, Ruth, Víctor, Mariel y Héctor, su esposo y Alan. Por último,
agradezco a mi amigo Diego por los materiales que me prestó y las charlas que sostuvimos
sobre mi investigación.

iv
TABLA DE CONTENIDO

INTRODUCCIÓN 1
CAPÍTULO 1. GONZALO GUERRERO: FIGURA HISTÓRICA
Y REPRESENTACIONES NOVELESCAS 5
De la crónica a la novela histórica
Gonzalo Guerrero y la Conquista
Gonzalo Guerrero como personaje de ficción
Gonzalo Guerrero, de Eugenio Aguirre
CAPÍTULO 2. ESTRUCTURA Y TEMPORALIDAD EN GONZALO GUERRERO 47
Lenguaje
Narrador proteico
Intertextualidad
La imagen del tiempo
CAPÍTULO 3. ELEMENTOS SIMBÓLICOS E IMAGINARIOS EN GONZALO GUERRERO 83
El naufragio como tema iniciático. La construcción mítica de la novela
Gonzalo Guerrero, el héroe
CONCLUSIONES 123
APÉNDICE 1. NOMENCLATURA NAVIERA 132
APÉNDICE 2. TABLA DE LOS REGÍMENES DE LA IMAGINACIÓN SIMBÓLICA 147
FUENTES DE INFORMACIÓN 148

v
INTRODUCCIÓN
Es imposible conocer la Historia porque los hechos se han ido, no existen más; lo único que
nos queda es la representación de lo que suponemos es su resonancia en el presente. Por tal
razón, en esta tesis se ofrece una lectura del pasado desde la ficción narrativa a la luz de
una obra clave de la literatura contemporánea, que aborda imaginariamente la coyuntura
genética de la cultura y la identidad mexicanas, expresadas en el crucial episodio de la
Conquista; o mejor, en el “encuentro de dos mundos”, como han preferido llamarlo los
estudiosos del tema recientemente. Hablamos de la novela Gonzalo Guerrero (1980), de
Eugenio Aguirre.
Luego de mi formación inicial como historiador quise especializarme en letras,
como de hecho lo fue en un principio pues mi infancia y juventud habían sido marcadas por
diversas lecturas que encontré lo mismo en los estantes de la casa como en bibliotecas,
librerías al uso y préstamos entre amigos. Sólo que ahora se trataba de hacer un
acercamiento más ordenado y sistemático del gran universo que es la literatura. De este
modo, buscaba comprender la composición de las obras que me maravillaban y que lo
siguen haciendo; quería saber cuáles eran los procedimientos creativos que utilizan los
autores para inventar mundos posibles y efectos que provocan sensaciones, sentimientos y
reflexiones a partir del fenómeno estético.
Como se sabe, la conmemoración de los 500 años del Encuentro de dos mundos, dio
lugar a una cantidad considerable de representaciones artísticas; y la narrativa no fue la
excepción. En este marco, la obra de Eugenio Aguirre, Gonzalo Guerrero, se distingue no
sólo por anticiparse varios años a la pléyade de expresiones sobre la celebración en
comento; se antoja novedosa también por representar al náufrago que llegó a tierras
americanas y prefirió permanecer entre los nativos; incluso, luchar al lado de ellos en
contra de los propios españoles. Si bien, en el relato de Carlos Fuentes, “La otra orilla”,
inscrito en El naranjo o los círculos del tiempo, Jerónimo de Aguilar adquiere mayor
protagonismo que Guerrero, pues decide mantenerse fiel a su cultura original, en la novela
de Aguirre este último revela interesantes planteamientos sobre la interacción del pasado y
el presente como forma de integración del ser. Por tanto, el mestizaje como tema central se
ve reflejado en la composición estética de la obra en los diferentes niveles de la
expresividad literaria.

2
Nuestro estudio se divide en tres grandes capítulos. El primero de ellos muestra
cómo la Conquista ha sido un tema recurrente en la producción artística de América Latina.
Ahí inician las ficciones orales del descubrimiento de las “tierras nuevas”, de las grandes
proezas conquistadoras en las Indias. También puede leerse el tratamiento que se le ha dado
a la figura de Gonzalo Guerrero en las letras, desde la aparición discreta, el olvido o el
ocultamiento, hasta el protagonismo en diferentes obras a lo largo de los siglos y de las
novelas históricas en las últimas décadas, así como una breve discusión sobre el concepto
de novela histórica. La parte final de este primer capítulo hace una revisión de las diferentes
ediciones de la novela en las que puede apreciarse el trabajo editorial y de diseño de las
diversas cubiertas que se han utilizado, así como las isotopías que llegan a tener las
presentaciones visuales y el contenido que quieren promover tales ediciones.
El segundo capítulo enfoca la construcción formal de la pieza, como una manera de
dar cuenta de sus rasgos experimentales. Para ello se revisa el lenguaje empleado como una
de las características y soportes principales de la obra porque a través de él se expresa el
mundo complejo del XVI, donde destaca la terminología naviera; a lo que se suma la
proyección poética mediante diversos procedimientos creativos. Además se analiza la
postura y función del narrador, así como la integración de masas verbales que contribuyen a
la orquestación del hecho narrativo. Es decir, el portavoz desempeña un papel fundamental
por su enmascaramiento, pero también porque trastoca el orden sintáctico del tiempo
representado. Para abundar en tal complejidad, se toma en cuenta la intertextualidad como
componente dialógico, desde donde se propone una recomposición del canon literario cuyo
asunto ontológico es nada menos que el mestizaje. Es a partir de este tema que se intenta
crear una analogía entre la forma externa y la forma interna de la novela. En tal virtud, se
propone un acercamiento a la sintaxis imaginaria de la narración, sobre la base de tres
aspectos fundamentales de la poetología narrativa, a saber, la estructura, la trama y la forma
del relato.
Luego de los aspectos verbales y sintácticos, se revisa la semántica imaginaria de la
narración mediante el estudio de la representación del viaje iniciático y la configuración del
héroe. Para desentrañar los significados profundos de la pieza nos apoyamos en los ritos de
iniciación, los cuentos populares y la imaginación simbólica, desarrollados entre otros por

3
Joseph Campbell y Gilbert Durand, y la confección del héroe moderno propuesta por
Miguel García Peinado.
Al final se añade un apéndice a modo de glosario, con el fin de desocultar el
universo léxico del mundo marítimo representado en la novela, a la par de poner a la vista
el esfuerzo y riqueza lingüística de la pieza de Aguirre.
A través del acercamiento a este conjunto de elementos poetológicos, pretendemos
hacer una contribución positiva al estudio de una de las obras más bellamente construidas
de la literatura contemporánea en español; así entonces, tratará de proponerse a Gonzalo
Guerrero como una pieza sintomática de un acontecimiento central en la vida de los
pueblos hispanoamericanos, pero que es justo recuperar sin los prejuicios de orden común
atribuibles a la leyenda negra del pasado. Solamente desde la poesía puede lograrse un
impacto experiencial de magnitudes mayores.
La literatura es una vía privilegiada que tenemos como seres humanos para entender
el mundo que nos rodea, para conocernos desde la esencia antropológica; para organizar
otra vez en pocas palabras, el caos existente de cara a lo que podemos llegar a ser en el
futuro.

4
CAPÍTULO I.
GONZALO GUERRERO: FIGURA HISTÓRICA
Y REPRESENTACIONES NOVELESCAS

La historia de las civilizaciones


es la historia de los encuentros
Arturo Uslar Pietri

5
Existe una poderosa fascinación en pocos personajes a lo largo de la historia de la
humanidad; Gonzalo Guerrero es uno de ellos. Marinero, náufrago, conquistador, icono
cultural, símbolo e incluso “padre del mestizaje”;1 figura con rasgos míticos, el primer
extranjero que se apropia de la tierra ajena para defenderla; giro extraño e incomprensible
de la historia, por esa razón silenciado y, por ello mismo, rescatado siglos después.
En este capítulo el lector encontrará cómo la Conquista se ha vuelto un tema de veta
riquísima para los autores que desean escribir sobre los problemas de la identidad, sobre
textos que vayan a las profundidades del ser latinoamericano, mexicano en este caso. Aneja
se presenta una somera discusión sobre la novela histórica. De igual forma puede apreciarse
la figura de Gonzalo Guerrero en su contexto inmediato y cómo fue tratado por sus
contemporáneos y por quienes posteriormente escribieron sobre él. Además se hace visible
cómo la figura histórica trasciende la ficcional que es la que finalmente concierne en esta
tesis, y sobre todo, la que puede interesar para su interpretación como icono, símbolo o,
incluso, mito. Finalmente se realiza un recorrido por las diferentes ediciones que ha tenido
la novela de Eugenio Aguirre desde su primera publicación.

DE LA CRÓNICA A LA NOVELA HISTÓRICA

En América, y sobre todo en México existe un periodo fundacional: la Conquista. 2 Esta


temática ha significado que autores revisen libros, documentos y archivos para escribir
ficciones que permiten tener un acercamiento distinto al tradicional. Pareciera que no

1
Arturo Uslar Pietri desarrolla una idea más general del mestizaje en el que no sólo se refiere a la cuestión
genética o de mezcla de sangre, sino que avanza en la cuestión de la mezcla de las ideas, de la cultura, de las
costumbres. En ese sentido, señala que el mestizaje no es un fenómeno exclusivo de América, del
Descubrimiento o la Conquista. El novelista subraya que a lo largo de la historia de la humanidad los
mestizajes culturales se han presentado desde el inicio de las culturales y pueden evidenciarse en costumbres
griegas, y sobre todo en la Roma imperial que incluyó manifestaciones culturales de las regiones que
conquistó (Vid. “El mestizaje y el Nuevo Mundo”, en En busca del Nuevo Mundo. FCE, México, 1969, pp. 9-
26.
2
El historiador José María Muriá afirma que ya no es propio hablar de la conquista sino de las conquistas, ya
que cuando se menciona en singular se hace referencia a la de Hernán Cortés, sin embargo, hubo otros
capitanes que conquistaron otros pueblos y otras regiones. “La conquista de México”, en Gisela von Wobeser
(coord.). Historia de México. FCE/SEP, México, 2010, p. 74. Entre esas conquistas hay que agregar la tesis
propuesta por Robert Ricard: la conquista espiritual, entre otras.

6
terminamos de comprender ese momento. Es necesario explicarlo de nuevo o de otras
formas. Günter Grass en El tambor de hojalata narra el pasaje del maravilloso trompetista
que tenía cuatro gatos y uno de ellos se llamaba Bismarck. Con base en el “érase una
vez…”, de forma cíclica muestra la verdad de ese músico que termina como soldado nazi.
Así, al recontarnos la Conquista vamos entendiendo más de ella, a través de un proceso
desvelador, casi hipnótico se nos muestran verdades de ese pasado que forma parte de
nosotros. En este apartado se verá grosso modo cómo esta temática se ha destacado dentro
de la ficción literaria.
Es así que Conquista, Descubrimiento o Encuentro de dos mundos se vuelven más
una invención de todas las escrituras que dieron cuenta de la tierra ignota hasta entonces
por los europeos y que maravilló con todas las leyendas que fueron construyendo ellos
mismos. De esa manera, en el catálogo variopinto existen crónicas que rayan en lo poético
y otras que caen en la parquedad o en el extremo de una densidad ilegible. 3
Antes de llegar a una representación ficcional consciente del Descubrimiento y
Conquista las diferentes miradas se fueron construyendo desde diversos ángulos y latitudes.
Una de las primeras escrituras que preparó el camino para la construcción imaginaria del
mundo nuevo que se abría ante las miradas europeas fue la de Cristóbal Colón. Y
precisamente, en ese sentido, Beatriz Pastor propone su tesis al afirmar que hay un discurso
narrativo que representa de forma verbal la realidad americana. Esta representación se
desplaza por el camino que trazan los desbordes imaginativos, primero de Colón y luego de
quienes relataron su experiencia en el Nuevo Mundo. Es decir, toda la parafernalia
fantástica y fabulosa en la mentalidad europea encontró de este lado del mundo su
personificación tangible. Además, Pastor menciona que el “discurso narrativo de la
conquista” está integrado por quienes participaron del encuentro de mundos “como una
voluntad común de incorporación a la historia mediante el testimonio verbal de su
experiencia personal”. 4 Así, aneja a la narración de la acción o de los hechos puede hallarse

3
Margarita Peña (sel., pról. y ns.), Descubrimiento y Conquista de América. UNAM, México, 2ª ed. corregida,
1992 [col. Paideia], pp. 7-24.
4
Beatriz Pastor, “Introducción”, en Discursos narrativos de la conquista: mitificación y emergencia.
Ediciones del Norte, Hanover, NH, 1988, p. ii.

7
“la transformación del conquistador, de su percepción de América y de su visión del
mundo”.5
No hay que olvidar tampoco que las crónicas que llegaron al viejo mundo causaron
fascinación, además de que abonaron el terreno para que se gestara y expandiera lo que se
conoció como la leyenda negra. 6 Todas las tierras conquistadas, las riquezas extraídas, los
indígenas muertos, las evangelizaciones masivas, llevaron a la crítica ilustrada a
descalificar las medidas que utilizaron con fines expansionistas, disfrazadas de asuntos de
fe. Uno de los autores en los que se basaron fue fray Bartolomé de las Casas. 7 Al respecto,
es preciso hablar de la escritura, misma que carece de inocencia y como lo señala Pastor,
tiene una intencionalidad.
Oswaldo Estrada afirma que hacia los siglos XV y XVI en la historiografía puede
verse con mayor presencia una de las dos tradiciones; por un lado la de Plutarco: los héroes
son retratados de forma idealizada, empleando material de segunda mano, “modificándolo
y quitándole lo que pudiera tener de desfavorable”.8 Asimismo, Plutarco no suele condenar
a los personajes y si admite alguna mancha moral, lo defiende asegurando que los vicios
como las virtudes sólo tienen lugar en el corazón de los mejores hombres; del otro lado,
Jenofonte representa un punto de vista personal, “mucho más autobiográfico”, donde
destacan hechos vividos, anécdotas, con detalles de su experiencia. 9
Al respecto Roberto González Echeverría asegura que a lo largo de lo que denomina
la ficción de Archivo fundadora —que se podría entender como canon de la narrativa
latinoamericana— existen tres momentos que estructuran los textos. El primer punto es el

5
Ibid, pp. ii-iii.
6
Leyenda negra: “Denominación que se da a un conjunto de escritos e ideas de propaganda antiespañola
desarrollada en el extranjero, principalmente en Inglaterra y Francia desde fines del s. XVI, coincidente con el
enfrentamiento político y bélico entre estos países y la Monarquía Hispánica. En esos escritos se considera
oscurantista a dicha monarquía, se hace una crítica de rechazo a la Inquisición, se utilizan las obras del padre
Las Casas para desaprobar la acción española en América, etc… La muerte del príncipe Carlos, hijo de Felipe
II, y los escritos de Antonio Pérez contribuyeron también a la leyenda negra, a la que algunos historiadores
han querido contraponer otra blanca que presenta una evolución histórica, sobre todo en las Indias, sin mácula
ni contrastes. Actualmente ambas visiones han sido rechazadas y se busca un análisis más objetivo de la
realidad”. Chordá, Frederic, Teodoro Martín e Isabel Rivero, Diccionario de términos históricos y afines.
Ediciones Istmo, Madrid, 4ª ed., 1995.
7
Eugenio Aguirre Beltrán, Francisco Xavier Clavijero. Antología. SEP-SepSetentas, México, 1976, pp. 9-11.
8
Oswaldo Estrada, La imaginación novelesca. Bernal Díaz entre géneros y épocas. Iberoamericana/Vervuert,
Madrid, 2009, p. 28.
9
Idem.

8
de la escritura legislativa, vinculada a la fundación de ciudades y al castigo. 10 Aquí pueden
hallarse las crónicas del Descubrimiento y Conquista en las que se buscaba dar cuenta de
lugares, gente, productos que pasarían a manos de los reyes o la Iglesia. Los legajos en los
archivos españoles relatan las maravillas de este Mundo Nuevo, pero también las pugnas
que desataron entre conquistadores y autoridades en los diferentes puntos continentales.
Los otros dos aspectos que señala González Echevarría son los registros de tipo científico
que hicieron los viajeros europeos durante los siglos XVIII y XIX, y por último, las
etnografías de mirada antropológica que se acercaron a los indígenas en el XX.
Tanto la propuesta de Estrada como la de González Echeverría nos ayudan a
entender el mosaico de la producción historiográfica y literaria de ese momento inicial
americano, así como las búsquedas posteriores de escritores en un afán por volver al pasado
sobre todo en momentos de crisis, para revisar la historia y reinterpretarla, imaginarla.
Parece, incluso, que la Conquista se convierte en el fatum de la novelística
latinoamericana porque, por un lado, le proporciona al primer novelista –Bernal Díaz del
Castillo si seguimos a Carlos Fuentes–, y en ese escritor se hallan muchos de los elementos
que se cultivarán por los diferentes autores y en distintos momentos de la historia de la
literatura de América Latina, pero también le proveyó de motivos, de temas como el deseo,
como el descubrimiento de lo maravilloso. Y aunque Fuentes se refiere a todo el pasado,
este parece estancarse de forma dramática en la Conquista, entonces puede entenderse lo
siguiente:

Comprendemos entonces que el pasado depende de nuestra memoria aquí y


ahora, y el futuro de nuestro deseo, aquí y ahora. La memoria y el deseo son nuestra
imaginación presente: éste es el horizonte de nuestros constantes descubrimientos y
éste es el viaje que debemos renovar cada día… Para ello escribimos novelas. 11

Pasado, deseo e imaginación nos ligan a la literatura, en nuestro caso a Gonzalo


Guerrero (1980), de Eugenio Aguirre.12 Si seguimos las clasificaciones antecedentes
diremos que esta pieza proviene de la tradición jenofontiana, ya que ubica a este náufrago,
del que se sabe realmente poco como se verá más adelante, como hombre de su tiempo,

10
Roberto González Echevarría, Mito y archivo. Una teoría de la narrativa latinoamericana. FCE, México,
1990, p. 31.
11
Carlos Fuentes, La gran novela latinoamericana. Alfaguara, México, 2012, p. 44.
12
Eugenio Aguirre, Gonzalo Guerrero. Planeta, México, 2012.

9
pero también contemporáneo al lector, desde la intimidad del ser humano con sueños y
miedos, el protagonista es un héroe complejo, alejado de las concepciones plutarquianas.
Asimismo, la obra se ubica en ese momento fundacional como propuesta de alegato de la
identidad mexicana, si bien no lo hace en forma legislativa, sí tiene un sentido interpelativo
porque cuestiona la relación que se tiene con el pasado, con el mestizaje, con indígenas y
españoles. Busca provocar un careo con la historia. De igual forma, pueden identificarse en
la novela los otros dos aspectos que señala González Echeverría, por un lado, la narración
de tipo cientificista, vinculada a la ilustración y al positivismo, evidente en el capítulo 6
mediante el narrador que utiliza; el otro aspecto es el de los registros de corte
antropológico, en los que la novela abunda por la descripción de la cultura maya, con la que
se encuentra Guerrero como en el ejemplo siguiente:

Un ligero olorcillo a incienso, que provocaban al quemar una resina gomosa y


seca a la que mentaban poom, llegó anunciándonos que se acercaba el momento en
que los naturales se recogían en la casa principal del poblado, en la que ostentaban
los adornos más preciosos, a entonar alabanzas a sus ídolos y a escuchar la voz de los
chilanes, quienes adivinaban el porvenir y emitían oráculos sobre los recién nacidos
(p. 120).13

Al abordar la pieza de Aguirre, así como los puntos señalados acerca del pasado,
deseo e imaginación es menester realizar un posicionamiento al respecto de qué entiendo
por novela histórica o qué problemáticas supone su análisis. Para ello hay que considerar lo
que señala Seymour Menton acerca de El reino de este mundo (1949), de Alejo Carpentier.
El crítico subraya esta pieza como el antecedente del boom de la nueva novela histórica en
la segunda mitad de la década de 1970. La diferencia de estas obras con las tradicionales
está contenida en seis rasgos además de la cláusula para que una pieza sea considerada
como novela histórica. A decir de Anderson Imbert: “Llamamos ‘novelas históricas’ a las
que cuentan una acción ocurrida en una época anterior a la del novelista”. 14

13
Ibid., las notas de la novela fueron extraídas de la misma edición y son referidas a través del número de
página entre paréntesis.
14
Seymour Menton, La nueva novela histórica en América Latina, 1979-1992. FCE, México, 1993, p. 33.

10
De acuerdo con Menton, Los seis rasgos de la nueva novela histórica son los
siguientes, aunque una obra no cuente con todos: 1) imposibilidad de conocer la verdad
histórica o la realidad, el carácter cíclico de la historia, y el carácter imprevisible; 2) la
distorsión de la historia mediante anacronismos, exageraciones u omisiones; 3) la
ficcionalización de personajes históricos contrario a la propuesta de Lukács; 4) metaficción
o comentarios sobre el proceso de creación; 5) la intertextualidad; 6) conceptos bajtinianos
de dialogismo, lo carnavalesco, la parodia y la heteroglosia. 15
Algunos estudiosos del subgénero han retomado la propuesta de Menton como base
estricta sin realizarle modificaciones o aportaciones, otros, por su parte, han buscado la
conciliación con dicha propuesta al agregarle otras tantas, y un tercer grupo, en un tono más
radical, pugna por la disolución de dicho subgénero, al menos en América Latina.
En el primer grupo pueden verse apreciaciones como la de Fernando Ainsa: “[es en]
la nueva novela histórica donde se vertebran con mayor eficacia los grandes principios
identitarios americanos o se coagulan mejor las denuncias sobre las ‘versiones oficiales’ de
la historiografía, ya que en la libertad que da la creación se llenan vacíos y silencios o se
pone en evidencia la falsedad de un discurso”.16 Por su parte, Boris Berenzon señala que “la
visión de un pasado impregnado de futuro ofrece inagotables posibilidades. En cada
momento evocado por la novela, el pasado y el futuro, se superponen y entrecruzan en
textos que dialogan a través de los siglos”. 17 La nueva novela histórica, afirma, sí pretende
una cientificidad con el acopio de documentos y archivos; contrario a lo que señalaba G.
Lukács, 18 sus personajes son de primera línea para establecer lazos intertextuales más
eficaces. Con una mirada crítica, a través de “la parodia, la ironía, la deconstrucción, el

15
Ibid., pp. 42-46.
16
Fernando Ainsa, “Invención literaria y ‘reconstrucción’ histórica en la nueva narrativa latinoamericana”, en
(Karl Kohut, ed.) La invención del pasado. La novela histórica en el marco de la posmodernidad.
Vervuert/Iberoamericana/Universidad Católica de Eichstätt, Madrid, 1997, pp. 113-114.
17
Boris Berenzon Gorn, “¿Historia novelada o novela histórica?”, en Espejismos históricos: la otra mirada de
la historia (Historiografía cultural). UNAM, México, 1997 [Voces de la Hechicera], p. 216.
18
Georg Lukács aseguraba que la novela histórica como en Walter Scott se entendía la época y complejidad
de la historia cuya expresión se exponía mediante héroes “mediocres”. La novela histórica. Era, México,
1966, pp. 32-33.

11
anacronismo, la simultaneidad de un pasado alterno”, busca mostrar una visión totalizante
del mundo.19
En el segundo grupo, Juan José Barrientos señala que “La renovación de la novela
histórica responde al deseo de los lectores de conocer la historia entre telones y a los
personajes históricos en la intimidad”. 20 Por su parte, Rosa María Díez Cobo menciona que
en la actualidad pueden identificarse novela histórica, nueva novela histórica, ficción de
archivo o metaficción historiográfica posmoderna, y ella las agrupa todas en la reescritura
de la historia en la narrativa mexicana contemporánea porque en todas ellas pueden
distinguirse los rasgos característicos de dicha narrativa: el uso de las plurinarrativas en
lugar de las metanarrativas, la reescritura del pasado, el cuestionamiento de las
posibilidades del conocimiento histórico y su transmisión textual; la historia es equiparable
a la ficción, el historiador como narrador, el ejercicio metahistórico donde el lector
participa para completar el texto, la reconceptualización del cronotopo, la ruptura lineal del
tiempo, el espacio multidimensional, las alteraciones del tiempo de forma sincrónica,
diacrónica y anacrónica, la experimentación estructural y lingüística, la polifonía, el
eclecticismo discursivo, la parodia, el pastiche, la intertextualidad, el plagio, así como la
incorporación de conceptos bajtinianos como heteroglosia y dialogismo. 21
En el último grupo pueden hallarse afirmaciones como las de Noé Jitrik quien
señala que “si toda novela es referencia de un ya sabido o ya acontecido, la novela histórica
es la novela por excelencia puesto que el saber histórico es el modo más pleno y total del
saber, porque es reconstitución, añadidura, completamiento”.22 Así como Ana Rosa
Domenella que refiere un comentario de Juan José Saer, a propósito de la novela de
Antonio di Benedetto quien señala que “en rigor de verdad no hay novelas históricas, tal
como se entiende la novela cuya acción transcurre en el pasado y que intenta reconstruir
una época determinada. Esta reconstrucción del pasado no pasa de ser un simple proyecto.

19
Marco Aurelio Larios, “Espejo de dos rostros. Modernidad y postmodernidad en el tratamiento de la
historia”, en (Karl Kohut, ed.) La invención del pasado. La novela histórica en el marco de la
posmodernidad. Vervuert/Iberoamericana/Universidad Católica de Eichstätt, Madrid, 1997, p. 133.
20
Juan José Barrientos, Ficción-historia. La nueva novela histórica hispanoamericana. UNAM, México, 2001
[Textos de Difusión Cultural serie El Estudio], p. 17.
21
Rosa María Díez Cobo, “La reescritura de la historia en la narrativa mexicana contemporánea”, en José
Carlos González Boixo (ed.), Tendencias de la narrativa mexicana actual. Iberoamericana/Vervuert/Bonilla
Artigas, Madrid, 2009, pp. 31-87.
22
Noé Jitrik, Historia e imaginación literaria. Las posibilidades de un género. Editorial Biblos, Buenos
Aires, 1995, p. 16.

12
No se reconstruye ningún pasado sino que simplemente se constituye una visión del
pasado, cierta imagen o idea del pasado que es propia del observador y que no corresponde
a ningún hecho histórico preciso”.23
De igual forma, en este último grupo pueden incluirse las posturas de escritores
como Fernando del Paso quien afirma, al igual que Sergio Ramírez, al referirse a la novela
en América Latina que: “toda novela es histórica en la medida en que refleja, con mayor o
menor exactitud, o recrea, con mayor o menor talento, las costumbres y el lenguaje de una
época, los hábitos y el comportamiento de una sociedad o de una parte de ella”.24 Por otro
lado, Hernán Lara Zavala comenta que el término “novela histórica” ha caído en desuso.
“Tal vez podríamos estar de acuerdo con que al igual que las novelas históricas
tradicionales estas otras novelas, que algunos críticos como Seymour Menton han dado por
llamar ‘nueva novela histórica’, participan, entre otros, de un cometido semejante: elaborar
una reflexión sobre el pasado para revisar y modificar nuestra visión del presente”. 25
Asimismo, el escritor Andrés Hoyos señala que “la novela histórica no es ni una
moda, ni un sub-género realista, sino que el pasado representa una dimensión natural y casi
diría privilegiada de la ficción, un territorio que los narradores hemos ido redescubriendo y
elaborando, ante todo ahora que los historiadores nos han dotado con tantos y tan sutiles
instrumentos para examinar lo pretérito en su diversidad”. 26
Como puede verse, desde las posturas más conservadoras hasta las más radicales
dejan ver una preocupación por el género sin ponerse de acuerdo totalmente. Me parece,
que al menos en América Latina el término novela histórica es problemático y por esa
razón, es necesario buscar otras formas de emprender el análisis de los aspectos que desean
destacarse con dichos supuestos. Para ello hay que considerar algunos puntos.
Primero, la novela histórica surge en un momento histórico de la consolidación de
las naciones y de las disciplinas como la historia y la filología en Europa y Estados Unidos;

23
Ana Rosa Domenella, “Prólogo: territorios ficcionales de nuestra historia”, en Ana Rosa Domenella
(coord.), (Re)escribir la historia desde la novela de fin de siglo. Argentina, Caribe, México. Universidad
Autónoma Metropolitana/Unidad Iztapalapa/Porrúa, México, 2002 [Biblioteca de Signos], p. 23.
24
Fernando del Paso, “Novela e historia”, en (Conrado Hernández López, coord.) Historia y novela histórica.
El Colegio de Michoacán, Zamora, Michoacán, 2004, p. 91.
25
Hernán Lara Zavala, “Reconstrucción novelada de un crimen (novela e historia)”, en Conrado Hernández
López (coord.), Historia y novela histórica. El Colegio de Michoacán, Zamora, Michoacán, 2004, p. 241.
26
Andrés Hoyos, “Historia y ficción: dos paralelas que se juntan”, en (Karl Kohut, ed.) La invención del
pasado. La novela histórica en el marco de la posmodernidad. Vervuert/Iberoamericana/Universidad Católica
de Eichstätt, Madrid, 1997, p. 128.

13
la profesionalización de la historia en América Latina comienza casi a mediados del siglo
XX. Por eso no es extraño que los grandes intelectuales latinoamericanos hayan sido
escritores que discutieron sobre política, economía, historia, sociología, psicología,
contrario a Europa y Estados Unidos donde los intelectuales son filósofos, historiadores,
economistas, politólogos, sociólogos, psicólogos, por mencionar algunos.
Segundo, me parece un desacierto que Seymour Menton parta de obras como
Noticias del imperio, de Fernando del Paso; Terra Nostra, de Carlos Fuentes; y Respiración
artificial, de Ricardo Piglia para establecer los criterios por los que distinguirá la nueva
novela histórica de la tradicional. Por un lado, la clasificación restringe y esteriliza la
riqueza que tienen estas obras al limitarlas a un subgénero. Estas piezas son referentes
importantes en Latinoamérica, pero no únicamente por su relación con la Historia, sino por
su experimentación literaria en sus diferentes recursos (estructurales, lingüísticos,
narratológicos, semióticos, etcétera), las aportaciones a la tradición de diferentes género
literarios como el policiaco, la novela ensayo, por mencionar algunas.
Tercero, el auge que Menton atribuye a la proximidad del quinto centenario del
Descubrimiento no me parece suficiente para explicar lo que él considera la nueva novela
histórica. Es cierto que la cercanía del año 1992 a la década de 1970 es notable, sin
embargo, existen otros aspectos más cercanos que debemos considerar como los
movimientos estudiantiles a nivel mundial desde la primavera de 1968 del que diferentes
países tuvieron sus manifestaciones; uno de los puntos más altos en la polarización del
mundo durante la Guerra Fría; el surgimiento de guerrillas y grupos paramilitares;
constantes golpes de Estado; el narcotráfico que empieza a fortalecerse y a causar estragos
en las zonas rurales y su presencia latente en las ciudades latinoamericanas. Me parece que
estos elementos generan un zeitgeist óptimo para que los escritores latinoamericanos
indaguen en las honduras de la Historia para entender ese presente que les tocó vivir y no
solamente la conmemoración intercontinental.
Creo pertinente replantear los presupuestos que se eligen para analizar la novela
histórica, e incluso la pertinencia de la consignación de dicho subgénero en América
Latina. Habría que partir de propuestas más flexibles como las de Díez Cobos y de lo que
los escritores piensan sobre el tema como lo señalado por Sergio Ramírez, Fernando del
Paso y Hernán Lara Zavala.

14
Por esa razón es importante destacar que en las primeras ediciones de la novela que
se analiza en esta tesis tenía unido al subtítulo el subgénero, pero en la de 2012 sólo tiene el
nombre Gonzalo Guerrero. Quisiera retomar el tercer punto de la exposición en el sentido
de que es cierto que existe una producción de obras alrededor de dicha conmemoración en
la década de 1990 en la que destacan novelas históricas importantes, no obstante, la pieza
de Aguirre se adelante más de 12 años junto a otros escritores.
De esa forma, primero tendríamos textos que anticiparon la discusión del Encuentro
27
de dos mundos o Conquista durante la primera mitad del siglo XX; un segundo grupo
puede ubicarse en la década de 1970 y los primeros años de la de 1980 en el que se halla
Gonzalo Guerrero, ambos forman parte de una búsqueda similar sobre la identidad
latinoamericana;28 un siguiente grupo de publicaciones cercana a 1992, en su mayoría,
estaría más bien ligado a una demanda editorial. 29

27
Aquí pueden incluirse El mar dulce (1927), del argentino Roberto J. Payró quien narra la expedición de
Juan Díaz de Solís; El camino de El Dorado (1948), del venezolano Arturo Uslar Pietri; Maladrón (1969), del
guatemalteco Miguel Ángel Asturias, obra en la que subraya el contacto entre europeos e indígenas durante la
Conquista, son algunas de las obras. Cfr. Kimberle S. López, Latin American novels of the Conquest:
reinventing the New World. University of Missouri Press, Columbia, 2002, p. 5.
28
Existe una revisión crítica de los momentos fundacionales de cada país desde el descubrimiento (El arpa y
la sombra (1978), de Alejo Carpentier; las conquistas (Todos los gatos son pardos (1970), de Fuentes; en
1973 la escritora Josefina Cruz publica la obra que ya parece compartir temática con Eugenio Aguirre, me
refiero a El conquistador conquistado: Juan de Garay; Daimón (1978), del argentino Abel Posse quien narra
una historia alternativa de la conquista y en Los perros del paraíso (1983), aborda los viajes de Colón y la
destrucción que dejan a su paso por América; El mar de las lentejas (1979), del cubano Antonio Benítez
Rojo, sobre la Conquista y explotación colonial de las islas del Caribe. Por su parte, el autor uruguayo
Alejandro Paternain en Crónica del descubrimiento (1980) propone a un grupo indígena que cruza el
Atlántico en 1492 y descubre una Europa en plena decadencia; también se puede encontrar una pieza sobre el
viaje a América, en El entenado (1983), del argentino Juan José Saer; Terra Nostra (1975) de Fuentes, son
algunas de las piezas. Cfr. Antonia Viu B. ubica esta preocupación literaria como una reacción a los periodos
en que las democracias latinoamericanas se fracturaron, es decir, en la década de 1970. Imaginar el pasado,
decir el presente. La novela histórica chilena (1985-2003). RIL editores, Santiago, 2007, p. 20.
29
En este conjunto de piezas pueden encontrarse obras como Cristóbal Nonato (1986) y El naranjo, o los
círculos del tiempo (1993), de Fuentes; 1492 (1985), Memorias del Nuevo Mundo (1988), y La leyenda de los
soles (1993), de Homero Aridjis; para 1989 aparece Maluco. La Novela de los Descubridores, del uruguayo
Napoleón Baccino Ponce de León; Diario maldito de Nuño de Guzmán (1990) y Las puertas del mundo. Una
autobiografía hipócrita del Almirante (1992), de Herminio Martínez; en 1991 Editorial Diana realiza la
edición de Gonzalo Guerrero, de Eugenio Aguirre cuyos detalles se verán con mayor detenimiento en el
último apartado de este capítulo, de igual forma, las otras novelas sobre Gonzalo Guerrero se comentan en el
apartado tercero; ese mismo año se publica Colombina descubierta (1991); El largo atardecer del caminante
(1992), de Abel Posse, sobre Álvar Núñez Cabeza de Vaca; Vigilia del Almirante (1992), de Augusto Roa
Bastos; Nen, la inútil (1994), de Ignacio Solares; Mario Escobar Velázquez presenta Muy Caribe está (1999),
crónica de un narrador anciano que recuerda el descubrimiento del Caribe, en la que se despliega el
conocimiento de ese espacio tan rico y complejo; La Malinche (2006), de Laura Esquivel; aquí puede sumarse

15
Y aunque en las obras del primer conjunto ya pueden verse elementos de la nueva
novela histórica, en las últimas se ve un mayor despliegue de recursos propios de la
posmodernidad llevando a este subgénero a las últimas consecuencias. En las visiones de
Nen, la inútil (1994), de Ignacio Solares sobre los conquistadores llegan a apreciarse
fraudes electorales, mientras que el Jerónimo Aguilar –en El naranjo, o los círculos del
tiempo (1993)– de Fuentes habla desde la tumba, a lo Pedro Páramo (1955), pero para
confesar que él participó de una hipotética conquista indígena sobre Europa, para señalar
ejemplos disímiles.30
Por supuesto que no se trata de los únicos ejemplos, estos son sólo algunos que
permiten observar tanto la variedad de aproximaciones como la calidad de sus autores. En
las páginas de esta tesis no se podrían abordar todas las obras sobre la Conquista de forma
medianamente informada. Esto ya lo había comentado Tzvetan Todorov al inicio de su
capítulo sobre la Conquista, o de la guerra en América donde triunfa un pequeño grupo
europeo en comparación con los miles de indígenas, y para ello busca en la “abundante
literatura que provocó” semejante “acontecimiento no verbal”. 31
Y a pesar de que no fue verbal, la Conquista se efectuó en ese espacio inventado, a
decir de Edmundo O’Gorman32 (¿no podría ser también ficcionalizado?). Al respecto
Fuentes señala que América más que descubierta “fue inventada por Europa porque fue
necesitada por la imaginación y el deseo europeos. Para la Europa renacentista debía haber
un lugar feliz, una Edad de Oro restaurada donde el hombre viviese de acuerdo con las
leyes de la naturaleza”. 33 Desde ese momento genético en la historia de América Latina se
siembra la semilla de la invención, de la mentira, del mito, y quizá por eso hay una

la trilogía de William Ospina sobre descubrimiento y Conquista: Ursúa (2005), El país de la canela (2008) y
La serpiente sin ojos (2012), entre otras.
30
También es importante hacer ver que el tema de la Conquista así como el de la Colonia han sido materia
fecunda para producciones teatrales, así como fílmicas, durante la década de 1980 hasta mediados de 1990,
ejemplo de ello son los mexicanos Vicente Leñero, Sabina Berman, Víctor Castillo, Carlos Fuentes y Víctor
Hugo Rascón Banda, los colombianos Enrique Buenaventura y Patricia Ariza, el ecuatoriano Jorge Enrique
Adoum, y los españoles Jaime Salom y José Sanchis Sinisterra. Además de las obras teatrales anteriores como
las de Salvador Novo, Rodolfo Usigli y Sergio Magaña. En cuanto a películas pueden citarse Aguirre, der
Zorn Gotes (Aguirre, la ira de Dios, 1972), de Werner Herzog; Cabeza de Vaca (1991), de Nicolás
Echeverría; sin olvidar Nuevo Mundo (1978), de Gabriel Retes.
31
Tzvetan Todorov, La Conquista de América. El problema del otro. Siglo XXI, México, 2003, p. 59.
32
Revisar sobre todo el capítulo “El proceso de la invención de América”, en Edmundo O’Gorman, La
invención de América. FCE/SEP, México, 1984 [col. Lecturas Mexicanas 63], pp. 77-136.
33
Carlos Fuentes, El espejo enterrado. Taurus, México, 2006, p. 173.

16
obsesión de los escritores latinoamericanos con la Historia porque se ha convivido más con
la ficción. Por otro lado, no es raro, entonces, que para buscarnos lo hagamos desde el arte,
en este caso desde la literatura. Así lo señala el escritor nicaragüense Sergio Ramírez:

[E]n nuestra literatura no hay historias privadas sin Historia pública. La epopeya
que se presenta en los grandes escenarios de la Historia incubará las epopeyas
domésticas, y las sustituciones sorpresivas de decorado en esos escenarios portentosos
provocarán siempre cambios dramáticos en las vidas privadas. 34

Un momento tan importante como supone la Conquista es recreado y reinterpretado


en cada momento de la historia de Latinoamérica, sobre todo en momentos críticos.
Entonces puede retomarse lo que señala Hayden White a propósito de R.G. Collingwood
cuando identifica al historiador —en este caso al novelista— como un narrador, como
alguien que con su imaginación le confiere sentido a los registros históricos. 35 De esa
manera los escritores buscan darle sentido a esa coyuntura tan compleja donde lo único
cierto, de acuerdo a la perspectiva que ofrecen los testimonios de ese momento histórico,
como dice Octavio Paz es que “todo es contradictorio en ella”. 36
Y justamente por esa razón, se trata de dar sentido a la Historia, a la latinoamericana
desde la literatura, a la mexicana en nuestro caso, desde el ensayo y la ficción como
anticiparía Alfonso Reyes a Todorov de por qué un pequeño grupo de soldados europeos
habían sometido a miles de indígenas, el intelectual mexicano señala que “¿Unos
centenares de hombres y unas docenas de caballos lograron tamaña victoria? Oh, no: como
en la Iliada, todas las fuerzas del cielo y de la tierra tomaban parte en el conflicto”. 37
Otro texto paradigmático es el pasaje de “El trueque” en Terra Nostra, donde se
presenta lo que pudo ser un primer contacto entre españoles e indígenas y su posible
desenlace. El siguiente extracto puede dar cuenta de lo señalado arriba:

Nos miraron.
Los miramos.

34
Sergio Ramírez, El viejo arte de mentir. FCE/ITESM, México, 2004, [col. Cuadernos de la Cátedra Alfonso
Reyes del Tecnológico de Monterrey], p. 106.
35
White, Hayden. “El texto histórico como artefacto literario”, en El texto histórico como artefacto literario y
otros escritos. Paidós, Barcelona, 2003, p. 112.
36
Octavio Paz, El laberinto de la soledad. Postdata. Vuelta a El laberinto de la soledad. FCE, México, 2002,
p. 106.
37
Alfonso Reyes, México en una nuez y otras nueces. FCE, México, 2000, p. 39.

17
Nuestros asombros eran idénticos, nuestra inmovilidad también. Sólo pude pensar que
lo que en ellos parecíame fantástico —el color de la piel leonada y la lacia negrura de
las cabelleras y la escasez de vello en los cuerpos— a ellos, por disímil, debía
parecerles irreal en nosotros —mi luenga melena rubia, la cabeza enrizada y la barba
cana de Pedro, la hirsutez de su rostro y la palidez del mío. Nos miraron. Los miramos.
Lo primero que cambiamos fueron miradas. Y de ese trueque nació mi veloz, silente
pregunta:
- ¿Nos descubren ellos… o les descubrimos nosotros? 38

Además de la discusión sobre quién descubrió a quién, el relato avanza en el


encuentro violento provocado por la incomprensión, la incomunicabilidad, asimismo, está
el encuentro que pierde tensión gracias al intercambio de unas tijeras por unas pepitas de
oro. Es decir, tal encuentro primigenio como tal no está registrado en ninguna crónica
“objetiva”, “imparcial” y, por esa razón, la ficción sobre la Conquista, como la representada
en Terra Nostra puede arrojar verdades que es imposible recuperar por otros medios. La
literatura tiene otros mecanismos diferentes a la Historia con los que puede revelarnos
nuestro pasado sin traicionarlo, y por el contrario, lo complementa o lo vuelve asimilable.
Este momento fundacional de México se revisa críticamente a través de sus letras,
de una forma privilegiada como también se hizo con los murales, de manera destacada el de
Diego Rivera sobre Cortés en el Palacio Nacional donde se aprecia un Cortés afectado por
las enfermedades y con la avaricia que lo hace recoger monedas con las dos manos. Y no
sólo autores mexicanos han volteado hacia ese momento histórico sino también
latinoamericanos como se mencionó arriba.
En suma, como ha podido observarse hasta este momento, por un lado, tanto
Descubrimiento como Conquista han sido temas predilectos para la indagación identitaria39

38
Carlos Fuentes, Terra Nostra. Planeta DeAgostini, México, 2002, p. 384.
39
El filósofo mexicano Samuel Ramos, con el apoyo de la teoría psicológica de Alfred W. Adler, realiza un
diagnóstico interesante sobre los mexicanos. El autor presenta sus apreciaciones desplegadas en tres estratos
sociales que muestran las mismas problemáticas psicológicas, pero con manifestaciones diferentes. Desde el
inicio del texto Ramos señala que no se trata de menospreciar al mexicano sino evidenciar cuáles son sus
debilidades para que pueda afrontar un presente más consciente y pueda pensar en un futuro viable.
Primero presenta al “pelado” porque en él pueden observarse los rasgos a destacar, ya que lleva dichas
características a flor de piel. Entonces, ahí pueden verse lo agresivo, lo iracundo, su vocabulario lleno de
groserías y palabras ofensivas en las que prima el sometimiento sexual de lo masculino sobre lo femenino, ahí
resulta una predilección por las referencias fálicas. Esto denota un complejo de inferioridad que lo lleva a
crear un ficción en la que vive y por la que descuida la realidad, esa misma ficción lo hace desconfiar de todos
como de sí mismo; se trata de un ser carente de valores.
El siguiente apartado es el de “El mexicano en la ciudad”, en el que se destaca, otra vez, la desconfianza
irracional de los demás, así como una desconfianza en sí mismo, en lo que se hace: el político desconfía de la
política, el profesionista de su profesión, parece que nada tiene valor en México. La desconfianza también

18
y que por su riqueza no se ha agotado, al contrario, cada ciclo invita a la reflexión en torno
a esos años estimulando la imaginación de nuevas generaciones de escritores.
Como puede verse, el tema de la Conquista es de una importancia toral en la historia
de las artes de Latinoamérica y la han explorado de manera profunda los escritores en
diferentes momentos, además, por cierto, de toda la herencia literaria que se desprende de
ellas. Cada vez que las crisis calan más hondo en la vida del latinoamericano voltea hacia
esos orígenes convulsos que parecen no tener sentido, pero que por la misma razón se le
trata de dar a través de relatos que dan coherencia a ese caos que arrojaría la Historia sobre
la mesa. En ese contexto se encuentran varios personajes que unen o fusionan diferentes
valores, distintas expectativas, miedos, aspectos de la condición humana y que en el crisol
del tiempo desaparecen o toman fuerza como el caso de Gonzalo Guerrero.

lleva al mexicano a que la dimensión del futuro quede negada y por eso solamente se preocupa por trabajar
para el día de hoy, no hace planes a futuro, esa extraña antípoda ubicada sabe Dios dónde. Así como el pelado
sus reacciones son violentas, iracundas, trata de mostrar la fuerza que no tiene en su debilidad. A ello se le
suma la susceptibilidad, con lo que piensa que todo es un ataque, por eso está a la defensiva y mejor ataca
antes que lo ataquen.
Finalmente está el “burgués mexicano” que también tiene el complejo de inferioridad, se muestra
desconfiado, susceptible, reacciona con violencia, es iracundo, sin embargo, tiende a mostrar una cortesía
exagerada. Este reacciona ante la debilidad, desvaloración de sí mismo, sentimiento de incapacidad,
deficiencia vital, falta de fe en sí mismo. Además procura imitar lo europeo, pero permanece como hace cien
años.
Ante la desconfianza, la susceptibilidad, y la agresividad, la autocrítica “queda paralizada”. El mexicano no
admite superioridad ninguna, ni veneración ni respeto ni disciplina. Es ingenioso para desvalorar al prójimo,
practica la maledicencia con crueldad. Además tiene un culto del ego sanguinario, a base de sacrificios. De
igual forma, es indiferente a los intereses de la colectividad y su acción es siempre en sentido individualista.
Ramos concluye que hay que empezar por conocerse a sí mismos para expulsar los fantasmas que se alojan en
el mexicano. Se trata, pues, de un diagnóstico que toca fibras profundas del ser mexicano. Es un texto
fundamental que hay que revisar para conocerse como mexicano y contrarrestar todos esos obstáculos que
impiden un desarrollo pleno como seres humanos. Vid. Samuel Ramos, “Psicoanálisis del mexicano”, en El
perfil del hombre y la cultura en México. Espasa Calpe, México, 2001, [Austral], pp. 50-65. Octavio Paz
avanza en la discusión sobre la cuestión y asegura que “muchos de estos fantasmas son vestigios de realidades
pasadas. Se originaron en la Conquista, en la Colonia, en la Independencia o en las guerras sostenidas contra
yanquis y franceses”. En esa búsqueda, Paz llega a conclusiones de que esas características mexicanas tienen
sus orígenes en ese momento de choque de culturas, donde se convierte y lleva el estigma de ser hijos de la
Chingada. “Si la Chingada es una representación de la Madre violada, no me parece forzado asociarla a la
Conquista, que fue también una violación, no solamente en el sentido histórico, sino en la carne misma de las
indias. El símbolo de la entrega es la Malinche, la amante de Cortés. Es verdad que ella se da voluntariamente
al conquistador, pero éste, apenas deja de serle útil, la olvida. Doña Marina se ha convertido en una figura que
representa a las indias, fascinadas, violadas o seducidas por los españoles. Y del mismo modo que el niño no
perdona a su madre que lo abandone para ir en busca de su padre, el pueblo mexicano no perdona su traición a
la Malinche”. El resultado es el siguiente: “El mexicano no quiere ser ni indio ni español. Tampoco quiere
descender de ellos. Los niega. Y no se afirma en tanto que mestizo sino como abstracción: es un hombre. Se
vuelve hijo de la nada. Él empieza en sí mismo”. Vid. “Los hijos de la Malinche”, en El laberinto de la
soledad. Postdata. Vuelta a El laberinto de la soledad. FCE, México, 3ª ed., 2ª ri., 2002, pp. 81, 94 y 96.

19
GONZALO GUERRERO Y LA CONQUISTA

No puede haber una Alicia sin el País de las Maravillas, tampoco un Pedro Páramo sin
Comala, la familia Buendía no se explica sin Macondo, no es posible imaginar un Adán sin
el Edén, como tampoco un Noé sin diluvio, en este caso no puede pensarse en Gonzalo
Guerrero sin hablar del tema de la Conquista. Cada personaje tiene su hábitat, el medio
ambiente en el cual se desarrolla, el espacio por el que se desplaza para su comprensión
existencial y su misión teleológica. En este apartado veremos cómo el marino español
aparece en las crónicas aunque sea de forma incidental para convertirse en uno de los
personajes favoritos de las representaciones novelescas.
En algunas crónicas como las mencionadas líneas arriba es donde pueden
encontrarse los escasos registros sobre la vida de Gonzalo Guerrero. Tanto en Bernal como
en la crónica de fray Diego de Landa y otras pocas referencias está la vida del náufrago que
nos interesa. Lo que se conoce es por medio de Jerónimo de Aguilar quien es citado por los
diferentes cronistas. Gracias a él se tiene conocimiento de que viajaban con Pedro de
Valdivia y que naufragaron en las Víboras, cerca de Jamaica, así como su vida entre los
indígenas mayas con quienes se quedó Guerrero porque adoptó sin prejuicios su modo de
vida. Veamos, pues, cómo lo representan los cronistas y su recepción posterior por algunos
historiadores. Al respecto se ha dicho que “la historia de Gonzalo Guerrero es un conjunto
de crónicas, leyendas y rumores no necesariamente fidedignos”. 107
Una síntesis muy general señala que en los textos de la Colonia se muestra a
Guerrero como un marinero que luego de naufragar se adentra a tierras indígenas en las que
se une a los grupos con quienes se encuentra, consigue mujer entre ellos, niega ayuda a los
españoles y al final se les enfrenta. 108 No obstante, hay actuales estudios documentales
donde podemos encontrar una propuesta más detallada respecto de los diferentes aspectos
que comprende la vida de Guerrero. Al respecto, Salvador Campos Jara resume los puntos
principales:

107
Persephone Braham, “El feliz cautiverio de Gonzalo Guerrero”, en Hispanic Review, 74, 1 (2006), p. 2.
108
Manuel F. Medina, “Buscando el origen del mestizaje en las crónicas: Eugenio Aguirre re-crea a Gonzalo
Guerrero”, en Confluencia, 11, 1 (otoño, 1995), p. 149.

20
1. Superviviente de un naufragio, arriba a “Nueva España” en 1511. En 1519, cuando
llega Hernán Cortés, sólo él y Jerónimo de Aguilar sobreviven. Este, su antagónico, se
regresa con los españoles, mientras que aquél se queda entre los indígenas.
2. Está casado con una noble maya, con la que tiene hijos.
3. Tiene el cuerpo tatuado y lacerado ceremonialmente como indio.
4. Dirige e instruye a los nativos en asuntos de guerra.
5. Sus negativas a reunirse con los hispanos le valen la reputación de traidor e idólatra,
enemigo afamado de los conquistadores, que nunca consiguen echarle el guante.
6. Finalmente muere peleando del lado maya. 109

La figura de Guerrero primero aparece en la crónica de Francisco López de Gómara


y luego con mayor detalle en Bernal. El primero dice que naufragó en Las Víboras, y el
segundo, en Los Alacranes.110 Además hay que tener en cuenta que siempre que se alude a
Guerrero, la figura que surge inmediatamente unida a él es la de Aguilar, de manera
inseparable.111 Y es precisamente ese personaje antagónico, señalado por Campos Jara,
quien se encarga de que su historia se conozca, al menos en la forma originaria. También
cabe resaltar la afirmación de que fue López de Gómara quien bautizó a Gonzalo Guerrero
porque se le había dado otro apellido.112
Sin embargo, no deja de llamar la atención el hecho de que Cortés haya omitido su
nombre en una crónica anterior, de corte testimonial, 113 es decir, tuvo contacto con Aguilar,
y no así Gómara. Incluso otros cronistas sí lo refieren o hacen alusión a él como Bernal, el
mismo Gómara, Gonzalo Fernández de Oviedo, Francisco Cervantes de Salazar, Andrés de
Tapia, Fernando de Alva Ixtlixóchitl, Antonio de Herrera y Tordesillas, Prudencio de

109
Salvador Campos Jara, “Gonzalo Guerrero, anotaciones entre la historia y el mito”, en Estudios del
Hombre, 2 (1995), p. 89. El Dr. Campos Jara ha dedicado más de veinte años a la investigación del personaje
Gonzalo Guerrero; sin duda es la autoridad sobre el tema. En 2010 presentó su tesis doctoral por la
Universidad de Huelva Estudio sobre la evolución del personaje de Gonzalo Guerrero, bajo la dirección de
los profesores Luis Rivero García y Pablo Luis Zambrano Carballo. Asimismo, cuenta con un sitio cibernético
consagrado a diferentes publicaciones propias sobre el personaje en cuestión:
http://gonzaloguerrero.orgfree.com/
110
José Rico, “Gonzalo Guerrero: La frontera del imaginario español”, en Latin American Literary Review,
28, 55 (ene-jun, 2000), p. 87.
111
Rosa Pellicer, “El cautivo cautivado: Gonzalo Guerrero en la novela mexicana del siglo XX”, en América
sin nombre: boletín de la Unidad de Investigación de la Universidad de Alicante “Recuperaciones del mundo
precolombino y colonial en el siglo XX hispanoamericano”, 9-10 (2007), p. 157.
112
Idem.
113
Carmelo Sáenz de Santa María hace una clasificación de los cronistas, primero están los peninsulares –
quienes escribieron desde Europa–, los testimoniales –aquellos que participaron directamente en Conquista y
Descubrimiento–, los religiosos –los frailes que integraron la misión evangelística–, y por último, las crónicas
de los vencidos –indígenas descendientes de quienes experimentaron el choque cultural–. Historia de una
historia. Bernal Díaz del Castillo. Consejo Superior de Investigaciones Científicas/Instituto “Gonzalo
Fernández de Oviedo”, Madrid, 1984, pp. 139-143.

21
Sandoval, Juan de Torquemada, Antonio de Solís, Agustín de Vetancurt, o incluso poetas
como Francisco de Terrazas y Antonio de Saavedra Guzmán. 114
Quizá esa omisión tenga que ver con la tesis de que la historia de Guerrero se
encuentra en medio de las dos narrativas de la Conquista, es decir, las del éxito y las del
fracaso; por un lado se tienen obras como las Cartas de Relación, de Cortés, y la Historia
verdadera…, de Bernal, y por otro, están los Naufragios, de Álvar Núñez Cabeza de Vaca.
La vida del marinero rebelde representa “la proyección sobre su figura de preocupaciones
generalizadas en el momento de la conquista”, ya que sin estar totalmente en el fracaso,
decide no unirse a la marcha triunfal de Cortés sobre el imperio azteca.115 Por lo tanto,
Cortés habría dejado fuera con toda intención a un rebelde como Guerrero porque
representaba ir contra una narrativa del éxito imperial. En ese sentido, ya no es extraño que
a Guerrero, el renegado español, Aguilar y los historiadores, ávidos de grandes hazañas, lo
releguen a un lugar “extremadamente marginal”. 116
A su vez, hay que considerar que debido a los años de la Reconquista los romances
de cautiverio compartían elementos básicos de tema y estructura que incluían la captura o el
secuestro; un período de encierro, privación y suplicio; o fuga con el apoyo de la
Providencia, y la reintegración a la sociedad. 117 Consideremos que “el relato de cautivos es
un género paradigmático de la literatura de viajes, porque siempre implica un conflicto
entre lo moderno (el viajero) y lo premoderno (los ‘viajados’) y la posible aculturación del
viajero”.118 Ejemplos de lo anterior son los mencionados Naufragios, de Álvar Núñez y
Cautiverio feliz, de Francisco Núñez de Pineda.119
Así, puede hallarse en las Cartas de Relación cómo Cortés narra:

De este Gerónimo de Aguilar fuimos informados que los otros españoles que con
él se perdieron en aquella carabela que dio al través, estaban muy derramados por la

114
Zugasti, Miguel, “La cara tengo labrada y horadadas las orejas”. Españoles cautivos y aindiados en la
conquista de América”, en Miguel Donoso, Mariela Insúa y Carlos Mata (eds.), El cautiverio en la literatura
del Nuevo Mundo. Universidad de Navarra/Iberoamericana/Vervuert, Madrid, 2011, pp. 267-268, [col.
Biblioteca Indiana, 27].
115
Rico, op. cit., p. 88.
116
Campos, “Gonzalo Guerrero…”, art. cit., p. 84.
117
Braham, op. cit. p. 11.
118
Idem.
119
Ibid., p. 12.

22
tierra, la cual nos dijo era muy grande y que era imposible poderlos recoger sin estar
120
y gastar mucho tiempo en ello.

Como puede observarse, se hace alusión a Guerrero, pero no a su nombre ni


apellido ni hay intención de querer buscarlo. Sí hay una mención a un apellido
posteriormente, pero no un nombre. Al respecto, Campos Jara retoma un pasaje donde
Cortés señala a “Aguilar y un tal Morales que no quiso volver”. 121
Por otra parte, regresando con Gómara, puede leerse el encuentro entre Aguilar y
Cortés:

Poco a poco se murieron los otros cinco españoles compañeros nuestros, y no hay
más que yo y un tal Gonzalo Herrero, marinero, que está con Nachancan, señor de
Chetemal, el cual se casó con una rica señora de aquella tierra, en quien tiene hijos, y
es capitán de Nachancan, y muy estimado por las victorias que le gana en las guerras
que tiene con sus comarcanos.122

Conviene subrayar que Gómara yerra al referirse al apellido de nuestro personaje.


Lo llama “Herrero por Guerrero”, lo que habla posiblemente de censura, indefinición u
olvido por no tratarse de un personaje principal. 123 Aquí podría sumarse el hecho de que
Cervantes de Salazar se refiere al náufrago como un “Fulano Morales”.124 Campos Jara
señala que en la tercera década del siglo XX, Robert S. Chamberlain revisa unos archivos de
Yucatán y de Indias en Sevilla, y en la sección Guatemala encuentra que el cacique
Cocumba, de Honduras, asegura que muere un español, llamado Gonzalo de Aroça, que
vivía en Yucatán y era el mismo que había peleado con Montejo, iba desnudo, labrado del
cuerpo y en hábito de indio.125 Campos Jara afirma que a pesar de que se le llame Aroça, no
puede tratarse sino de Gonzalo Guerrero.126 Sin embargo, Zugasti asegura que se apellida
Açora.127

120
Hernán Cortés, Cartas de relación. Porrúa, México, 17ª ed., 1993, [col. Sepan cuántos… 7], p. 14.
121
Campos Jara, “Gonzalo Guerrero…”, art. cit., p. 85.
122
Francisco López de Gómara, La Conquista de México. José Luis de Rojas (ed.). Promo Libro, Madrid,
2003, p. 65.
123
Campos Jara, “Gonzalo Guerrero…”, p. 85.
124
Idem.
125
Ibid., p. 86.
126
Idem.
127
Zugasti, op. cit. p. 269.

23
Por otro lado, en Bernal puede leerse cómo Aguilar cuenta que luego del naufragio
estuvieron cautivos: “y una noche se huyó y se fue [a] aquel cacique con quien estaba; ya
no se me acuerda el nombre, que allí le nombró, y que no habían quedado de todos sino él y
un Gonzalo Guerrero. Y dijo que le fue a llamar y no quiso venir, y dio muchas gracias a
Dios por todo”.128 Cuando Cortés pregunta a Aguilar por Guerrero, contesta lo siguiente:

[Y] dijo que estaba casado y tenía tres hijos, y que tenía labrada la cara y
horadadas las orejas y el bezo de abajo, y que era hombre de la mar, de Palos, y que
los indios le tienen por esforzado; y que había poco más de un año que cuando
vinieron a la punta de Cotoche un capitán con tres navíos (parece ser fueron cuando
vinimos los de Francisco Hernández de Córdoba) que él fue inventor que nos diesen
la guerra que nos dieron, y que vino él allí juntamente con un cacique de un gran
129
pueblo.

En esta crónica puede leerse el punto de vista del soldado que ve a un traidor, a
alguien tramando ataques contra su antiguo ejército.
Además del nombre, otro problema es identificar su procedencia. Acabamos de leer
que era oriundo de Palos. Antonio de Solís registró que Guerrero era de Palos de Moguer,
como le había indicado Aguilar. Pero se trata de un error que introdujeron en la
historiografía tanto López de Gómara como Fernández de Oviedo quienes pensaban que
Palos y Moguer eran un solo pueblo y así crearon el incorrecto Palos de Moguer. 130 Por su
parte, el historiador Hugh Thomas afirma que Guerrero era de Niebla, cerca de Palos, 131 un
puerto kilómetros arriba sobre el río Tinto.132 Incluso llega a identificársele como
extremeño, como nativo de Badajoz. 133 Nuevamente, la indeterminación, la ambigüedad y
la incertidumbre rodean al marinero rebelde.

128
Díaz del Castillo, op. cit., p. 47.
129
Idem. El historiador Diego López de Cogolludo parafrasea este pasaje de la negativa de Guerrero a
regresar con los españoles por estar casado y tener hijos con la mujer indígena. Historia de Yucatán. Red
Ediciones, 2012, [col. Memoria], e-book, p. 46.
130
Juan de Dios González, “Gonzalo Guerrero, primer mexicano por voluntad propia”, en Inventio, la génesis
de la cultura universitaria en Morelos, 7 (2008), p. 25.
131
Hugh Thomas, Conquest. Montezuma, Cortés, and the Fall of Old Mexico. Simon & Schuster, New York,
1993, p. 57.
132
Ibid., p. 163.
133
Lancelot Cowie, “Gonzalo Guerrero: figura histórica y literaria de la Conquista de México”, en Cuadernos
Americanos, nueva época, 2, 144 (2013), p. 186.

24
En el siguiente pasaje puede leerse la referida Palos de Moguer en Antonio de Solís
quien narra cómo Cortés y Andrés de Tapia encuentran unos indios entre los que iba
Aguilar quien les cuenta a su vez las peripecias por las que atravesaron:

Así lo refería él: y que de los otros españoles que estaban cautivos en aquella tierra,
sólo vivía un marinero natural de Palos de Moguer, que se llamaba Gonzalo Guerrero;
pero que habiéndole manifestado la carta de Hernán Cortés, y procurando traerle
consigo, no lo pudo conseguir, porque se hallaba casado con una india bien
acomodada, y tenía en ella tres o cuatro hijos, a cuyo amor atribuía su ceguedad:
fingiendo estos afectos naturales, para no dejar aquella lastimosa comodidad, que en
sus cortas obligaciones pesaba más que la honra y que la religión. No hallamos que se
refiera de otro español en estas conquistas semejante maldad: indigno por cierto de esta
memoria que hacemos de su nombre; pero no podemos borrar lo que escribieron otros
ni dejan de tener su enseñanza estas miserias a que está sujeta nuestra naturaleza, pues
se conoce por ellas a lo que puede llegar el hombre, si le deja Dios. 134

Aquí pueden observarse algunas características interesantes imputadas a Guerrero


como es el ser “acomodaticio”, arribista, además de caer en idolatría; así se describe a un
ser perverso, a quien de buena gana habría borrado de la crónica u omitido su nombre, y
cuyas intenciones parecieran más bien dar aviso sobre los peligros de las tierras nuevas.
Es imposible dejar fuera al fraile Diego de Landa quien apunta que los primeros
españoles que llegaron a Yucatán fueron quienes arribaron junto a Aguilar; sin embargo,
sólo sobrevivieron él y Gonzalo Guerrero. Del primero cuenta que “era buen cristiano y
tenía unas horas por las cuales sabía las fiestas. Y que se salvó con la ida del marqués
Hernando Cortés, el año de 1519”.135 De nuestro personaje menciona lo siguiente:

Guerrero, como entendía la lengua, se fue a Chectemal, que es la Salamanca de


Yucatán, y que allí le recibió un señor llamado Nachancán, el cual le dio a cargo las
cosas de la guerra en que (est)uvo muy bien, venciendo muchas veces a los enemigos
de su señor, y que enseñó a los indios pelear mostrándoles (la manera de) hacer fuertes
y bastiones, y que con esto y con tratarse como indio, ganó mucha reputación y le
casaron con una muy principal mujer en que hubo hijos; y que por esto nunca procuró
salvarse como hizo Aguilar, antes bien labraba su cuerpo, criaba cabello y harpaba las
orejas para traer zarcillos como los indios y es creíble que fuese idólatra como ellos. 136

134
Antonio de Solís y Rivadeneyra, Historia de la Conquista de México, en Historiadores de Indias. Varios
autores. Conaculta/Océano, Madrid, 1999, p. 184.
135
Fray Diego de Landa, Relación de las Cosas de Yucatán. Miguel Rivera Dorado (ed.). Promo Libro,
Madrid, 2003, p. 48.
136
Idem.

25
El cronista religioso ve a un personaje contrario a Aguilar, de quien dice que era
buen cristiano, entonces Guerrero representa lo contrario, un mal cristiano, un traidor que
enseñó a los indígenas cómo enfrentar la fuerza militar española. No le extraña que con las
marcas en su cuerpo se hubiera vuelto idólatra. A ello se suman crónicas como las de
Fernández de Oviedo quien lo muestra como “hereje, idólatra y de baja alcurnia”. 137
Varios cronistas e historiadores suelen comparar las personalidades de Jerónimo de
Aguilar y de Gonzalo Guerrero, de cuyo cotejo siempre sale mal parado este último: “la
innatural, bárbara e inexplicable decisión de Guerrero, y al contrario, el buen carácter y la
religiosidad de Aguilar”. 138 Además, al fraile se le ha representado como buen cristiano,
antagonista de aquel, incluso historiadores como Cervantes de Salazar, Diego López de
Cogolludo, Herrera y Tordesillas, y Juan Francisco Molina Solís hablan de la prueba de
castidad a que fue sometido y que superó.139
Sin embargo, en la historiografía puede verse también a un Aguilar malagradecido
con la tierra y la gente que lo acogió durante años antes de su rescate, ya que no duda en
abandonarlos ante la posibilidad de regresar con los españoles. 140 Uno de los escritores más
influyentes sobre la visión de Aguilar en este sentido es el historiador mexicano Fernando
Benítez, quien lo presenta como un ser pusilánime y disminuido frente a Guerrero, 141 lo
cual le da la pauta para señalar que el fraile es poco atractivo a diferencia de Guerrero, cuya
vida es más estimulante para la creación novelística.
No obstante la tradicional percepción de Guerrero como traidor, sobre todo por sus
contemporáneos, posteriormente se le propuso como padre del mestizaje, es decir, el
máximo representante de una visión unificadora y reconciliadora de la identidad
mexicana.142 Dicha diferencia en la percepción de Guerrero se debe a las exigencias del
poder.143 Esto se relaciona con el tipo de cronista que recogía la historia, si se hallaba
atravesado por una línea religiosa, militar, estatal, historiográfica o literaria.

137
Cowie, op. cit., p. 187.
138
Rosa María Grillo, “Francisco del Puerto, Aguilar y Guerrero, tres náufragos entre la palabra y el silencio”,
en América sin nombre: boletín de la Unidad de Investigación de la Universidad de Alicante, 9-10 (2007), p.
103.
139
Campos Jara, “Gonzalo Guerrero…”, art. cit., p. 82.
140
Salvador Campos Jara, “Desde la otra orilla de Gonzalo Guerrero”, en Pioneros. Pasado y presente de
Quintana Roo. Edición especial, 97, 8 (marzo, 2011), p. 11.
141
Cowie, op. cit., p. 187.
142
Braham, op. cit., p. 2.
143
Ibid., p. 4.

26
Por su parte, el historiador mayista Grant Jones comenta que el aventurero Alonso
Luján participó en las expediciones hacia Chetumal tanto del adelantado Francisco de
Montejo en 1528, como en las exploraciones posteriores del teniente Alonso Dávila; de esa
forma, pudo relatar a Fernández de Oviedo algunos detalles interesantes. Entonces, este
último narra que en 1528 Montejo junto a ocho o diez de sus soldados se internaron en una
carabela hacia Yucatán, para buscar un mejor asentamiento que el reciente de Salamanca,
cerca de Xelha, al lado opuesto de la isla de Cozumel. Por su parte, el teniente Dávila se
internó por tierra junto a unos 40 soldados guiados por indígenas, quienes a su vez
confiaban en distanciar a los grupos de españoles. A Montejo llegarían noticias de que
Dávila y el otro grupo habían perecido.144
Más tarde los españoles llegaron a la conclusión que detrás de esta estrategia estaba
el marinero náufrago Gonzalo Guerrero. Fue capturado junto a Jerónimo de Aguilar en la
costa este de Yucatán en 1512, luego del naufragio del viaje exploratorio de Juan de
Valdivia. En 1519 Aguilar fue rescatado por Cortés, a quien sirvió de intérprete, como
anota Fernández Oviedo. Aguilar asegura que Guerrero estuvo detrás del ataque maya de
1517 en contra de Francisco Hernández de Córdoba en Cabo Catoche, así como la negativa
de aquel para unirse a Cortés en 1519 porque estaba casado con una mujer maya con quien
tenía tres hijos. Guerrero se había vuelto cacique y capitán entre los indios. El
desplazamiento de Guerrero en esa década hacia Chetumal sugiere una alianza entre grupos
indígenas.145
A unas 80 leguas de Salamanca, la nave de Montejo alcanzó la costa y sus hombres
se enteraron que entre los indígenas había un “cristiano como los de las carabelas”, quien
había sido esclavo, pero que ya era parte de la comunidad indígena. Los informantes mayas
dijeron que este personaje había aprendido su lengua, además de que llevaba las orejas y la
lengua horadada y sangrante como en los sacrificios nativos. La noticia alentó a que se
contactara a Guerrero, que recordara su pasado cristiano para que pudiera ayudarlos.
Montejo envió a Guerrero una carta en español donde le solicitaba su participación para la
“pacificación y bautismo de esta gente”. Fernández de Oviedo incluye lo que parece una
copia de la carta, así como la respuesta de Guerrero, en la que pueden leerse líneas como

144
Grant D. Jones, Maya Resistance to Spanish Rule. Time and History on a Colonial Frontier. University of
New Mexico Press, Albuquerque, 1989, p. 26.
145
Ibid., p. 27.

27
las siguientes: “Señor: beso sus manos misericordiosas. Y como yo soy un esclavo, no soy
libre, además estoy casado y tengo esposa e hijos. Y estoy en paz con Dios. Y usted, Señor,
y los españoles, tienen en mí un buen amigo”. Luján, sin embargo, asegura que Guerrero no
era ningún amigo, ya que incitaba a los habitantes de Chetumal a construir barricadas y
cavar fosos para fortalecer su pueblo. Si Guerrero era o no un cautivo, eso no puede
afirmarse con seguridad. 146
Como resultado del primer contacto entre Chetumal y los españoles se muestra la
estrategia e inteligencia militares de los mayas, que los europeos atribuyen a la
colaboración de su ex compatriota Guerrero. Aunque no hay forma de confirmar la
existencia del náufrago, si se confía en ella, lo que sí puede concluirse es que los mayas
sabían más de los españoles que lo que en principio pudiera creerse. Las tácticas militares
mayas incluían fortificaciones, abandono de sitios, tergiversación de mensajes, y el envío
de regalos para pactar treguas.147
Por otro lado, el historiador Hugh Thomas asegura que Guerrero no estaba listo para
regresar, ya que se había casado con una mujer maya, hija de Na Chan Can, señor de
Chactemal, la única área donde crecía el cacao. Además, estaba avergonzado de estar
tatuado y tener horadadas las orejas y nariz. Asimismo, no tenía buenos recuerdos de su
hogar en Niebla.148 Como puede verse, además de las razones anteriores se suma una de
tipo económico ya que tiene que ver con un elemento de suma importancia para las culturas
prehispánicas como lo es el cacao. Todo lo anterior, de acuerdo con Campos Jara, conduce
arrojan a la investigación del tema dudas e indefiniciones sobre el papel complejo que tuvo
este personaje en la trama de la Conquista. Sin embargo, dice Campos Jara, habría que
preguntarse si no se trata de otro español o de otros españoles además de Guerrero y por
eso la confusión y lo vago de las descripciones.149
Campos Jara se extraña de que en Huelva, considerada oficialmente Cuna del
Descubrimiento de América, sobre todo por haber sido el puerto de partida de Cristóbal
Colón, se desconozca la figura de Gonzalo Guerrero, nacido ahí. Además, para él su
regreso se dio simbólicamente 466 años después en un viaje de los reyes españoles a

146
Ibid., pp. 27-28.
147
Ibid., p. 28.
148
Thomas, op. cit., p. 164.
149
Campos Jara, “Gonzalo Guerrero…”, art. cit., p. 86.

28
Cancún donde los obsequiaron con varios presentes entre los que se encontraba un busto
del náufrago en carey. Apunta que nadie hubiera pensado que regresaría en las mismísimas
manos del rey de España luego de haber traicionado la causa española en tres dimensiones:
“‘amancebándose’ con una india y teniendo hijos con ella, tatuando y perforando su cuerpo
como los idólatras y, sobre todo, ayudando a los mayas en su resistencia bélica a la
conquista”.150
También apunta Campos Jara de una forma sintética e interesante los tres rasgos
más importantes en la figura de Guerrero que incorporan todos los demás, de esa manera,
pueden entenderse como se muestra a continuación:

1. El “Gonzalo amancebado” de las crónicas, antepone el bien individual del amor,


al colectivo de la guerra, cierta cobardía lo aleja de la guerra. Este rasgo
evoluciona en dos sentidos: a) un cobarde que se deleita en los placeres de la
carne y, b) un “Gonzalo padre”, en quien destaca el amor a su esposa y sus hijos,
esto se decanta en el XX como “padre del mestizaje”, una de las facetas más
estudiadas y socorridas por estudiosos y escritores.
2. El “Gonzalo idólatra” de los primeros escritos, renegado de su fe y con las
marcas en el cuerpo de la apostasía (tatuajes y orejas horadadas), participante de
la idolatría indígena y culpable de mantener negocios con el diablo. Esto hace
que se guarde silencio hasta el XIX cuando se abren otras dos variantes: a) el
personaje que destaca por su transculturación y la plena identificación con la
cultura maya, incluso se le atribuyen poderes chamánicos y, por otro lado, puede
hallarse un b) “Gonzalo piadoso”, protagonista de sermones cristianos que lo
ubican como soldado católico, apostólico y romano.
3. El “Gonzalo traidor” del XVI, quien instruye a los indios en las estrategias y
tácticas para que la conquista de Yucatán se prolongara durante años. Incluso
llega a morir ataviado como indígena. De la misma forma que los rasgos
anteriores, aquí se desprenden dos más: a) el “Gonzalo luchador” en el sentido
literal, quien asume la defensa de los mayas y se alza como protomártir de la
resistencia indígena. Se convierte, así, en el primero de una genealogía de

150
Campos Jara, “Desde la otra orilla…”, art. cit., p. 10.

29
quienes dan su vida por los oprimidos y, b) en el sentido ideal, lucha contra un
histórico rechazo a lo español y por una recuperación del mundo indígena. 151

Campos Jara subraya que en los últimos 25 años los escritores españoles han visto
con otros ojos a Guerrero, con clara simpatía o incluso admiración, es decir, ya no como un
traidor. Entre ellas se encuentran obras de teatro y novelas de autores como José Luis
Giménez-Frontín (1987), Fernando Savater (1992) o Manuel Pimentel (2003), por lo que
puede pensarse que la visión condenatoria está totalmente superada.152
Por su parte, resulta brillante la interpretación semiótica que ofrece Tzvetan
Todorov sobre el significado de Gonzalo Guerrero en el devenir de los pueblos
hispanoamericanos. Leamos al propio Todorov:

El caso de Guerrero, curioso porque ilustra una de las variantes posibles de la


relación con el otro, no tiene un gran significado histórico y político (también en eso es
el contrario de la Malinche): nadie sigue su ejemplo y hoy en día es claro para nosotros
que eso no podía haber ocurrido, pues no correspondía en nada a la relación de las
fuerzas que se enfrentaban. Sólo trescientos años más tarde, cuando la independencia
de México, veremos –pero en circunstancias totalmente diferentes– a los criollos
tomando el partido de los indios contra los españoles. 153

Estos elementos dispersos, contradictorios, vagos, tienden un puente hacia la


construcción del mito, como aquella que representa la feliz inversión con respecto a la
Malinche que hiciera famosa Octavio Paz al señalar que se trata de una historia del fracaso,
de la búsqueda continua de los orígenes en medio de una orfandad que parece sumir al
mexicano en el papel de víctima perenne, perdido en nepantla, porque no está ni en el
pasado indígena ni en el futuro europeo, sino que se halla en un presente sin
identificación.154 De esa forma, la historia de Guerrero plantea la oportunidad de la
reinscripción del origen, “no en la tragedia sino en una epopeya domesticada”. 155
Caso contrario es el que José Rico pone sobre la mesa de discusión, ya que afirma
que la figura de Guerrero responde a todo un proyecto de conquista y colonización en el
que el marino representa al Otro, al perdido en la selva que no quiere responder al llamado
151
Ibid., p. 11.
152
Ibid., p. 10.
153
Todorov, op. cit., , p. 207.
154
Braham, op. cit., p. 7. Véase nota 39 sobre la discusión de la identidad mexicana.
155
Idem.

30
civilizatorio que encarnan los soldados y misioneros europeos. Es, digámoslo así, el mal
necesario que se señala, el mal ejemplo que no hay que seguir. De esa forma explica los
datos confusos tanto del nombre como de los sobrevivientes del naufragio. 156
En este breve recorrido sobre la figura de Gonzalo Guerrero y las formaciones
discursivas que sobre él se han generado, hemos podido ver la paulatina transformación de
este personaje sobre la base de lo que Hans U. Gumbrecht llamaría una historia de su
recepción descriptiva. En este sentido, es interesante observar las distintas lecturas que
ofrece esta figura histórica para la comprensión del pasado. De esta manera, podemos ser
testigos de miradas divergentes que asumen a Guerrero desde la perspectiva de la traición
hasta la idolatría, de ser considerado un pagano a ser visto como un hombre humanista y
solidario; de ser un simple náufrago a ser protagonista del origen de los pueblos
latinoamericanos. Incluso, se llega a considerar a Guerrero como un hombre moderno, ya
que de otra forma él no habría podido apreciar una cultura como la maya tan diferente a la
española.157 Campos Jara asegura que es normal que haya sido un marinero, porque sólo un
marinero pudo haberse amancebado con una nativa, tatuado, aindiado y renegado de su
patria. Un hidalgo no, pero “el marinero era un reputado traidor”. 158 Además de los
cronistas e historiadores de su época, siglos después de su aparición en la Historia, la figura
de Gonzalo Guerrero ha seguido alimentando nuevas narrativas; de este modo se le ha
reconfigurado como un héroe romántico, un luchador visionario; incluso en las últimas
décadas ha sido objeto de reverencias postcolonialistas. En el mundo de la globalización,
Guerrero también ha contribuido a la presentación de lo indígena como parte del atractivo
turístico de México.159
Las diferentes ficcionalizaciones de su historia, más todavía, de su mitificación, han
dado lugar a diversas piezas literarias dignas de tomarse en cuenta, tal es el asunto de
nuestro siguiente apartado.

156
Rico, op. cit., pp. 88-89.
157
Braham, op. cit., p. 8.
158
Campos Jara, “Gonzalo Guerrero…”, art. cit., p. 87.
159
Braham, op. cit., p. 9.

31
GONZALO GUERRERO COMO PERSONAJE DE FICCIÓN

Nuestra imaginación se estimula ante los enigmas, ante los desafíos que nos plantean un
despliegue de ingenio mayor. Eso pasa, precisamente, cuando nos enfrentamos a obras de
arte como La última cena (1568),213 de El Greco donde parece que van a caer los cubiertos
de la mesa y entonces el espectador se siente movido a intervenir, a querer detener su caída,
a participar del cuadro. De la misma forma, la historia de Gonzalo Guerrero ha motivado a
diferentes escritores a intentar avanzar en la comprensión imaginativa de este personaje y
las posibilidades que ofrece su vida. Y eso es así porque ante la escasez de datos sobre él,
más que una recreación histórica se vuelve la construcción de un personaje “que no sólo
daría voz a los silenciados por la conquista, sino que reinscribe el origen en una utopía, una
visión edénica que culminaría en el nacimiento de una nueva raza”. 214 En este sentido se
verán las diferentes versiones del personaje a lo largo de la historia, es decir, se trata de las
contribuciones que hacen diferentes autores a la “lectura de la Historia de la Conquista” a
lo largo de 500 años.215
La primera mención de nuestro personaje aparece en un capítulo de La cruz y la
espada (1864), de Eligio Ancona, a través de una voz narrativa que no es otra que la de la
misma hija de Guerrero. En este pasaje Zuhuy Kak cuenta a un joven soldado cómo su
madre salvó al náufrago del sacrificio y cómo llegaron a formar una familia.
No es hasta en las primeras décadas del siglo XX cuando nuestro personaje
comienza a cobrar relevancia. Puede considerarse a 8 años entre salvajes (1927), de José
Baltazar Pérez, como una obra pionera en este sentido, ya que se narra por primera vez el
naufragio y vida entre los nativos de Gonzalo Guerrero. Esta novela se presenta como el
inicio de un proceso de reivindicación de la cultura maya.216 A partir de este momento
pueden verse recreaciones novelescas, escultóricas como la de Akumal, Yucatán,217 e
incluso obras cinematográficas.218

213
Esta pieza se halla resguardada en la Pinacoteca Nazionale di Bologna.
214
Pellicer, op. cit., pp. 165-166.
215
Grillo, op. cit., p. 108.
216
Cowie, op. cit., p. 191.
217
Para conocer mejor la escultura y un análisis concienzudo sobre dicha efigie y sus repercusiones culturales
y turísticas véase Rolena Adorno, “La estatua de Gonzalo Guerrero en Akumal: íconos culturales y la

32
Posteriormente se encuentra Nicté-Ha (Lirio de Agua) (1942), de Álvaro Gamboa
Ricalde. Esta pieza aborda el tema del amor entre el español y la indígena; rescata el
ecosistema anterior a la Conquista y emplea un lenguaje rítmico en que se integran palabras
mayas, junto con leyendas de la localidad. De igual forma utiliza referencias intertextuales
de fray Diego de Landa como lo harán obras posteriores en la novela histórica mexicana. Al
igual que la pieza de J. B. Pérez, resalta la belleza arquitectónica indígena.219
Pero no es hasta 1950 cuando aparece Mayapán, de la hondureña Argentina Díaz
Lozano, quien a través de un lenguaje sencillo y ameno representa la historia de Guerrero
mediante la explicación del simbolismo maya, como puede ser los tatuajes que se hiciera el
náufrago español.220 Asimismo expone una relación bucólica con el paisaje y comparte con
la obra de Otilia Meza la figura de un Guerrero hogareño, dedicado a la familia y crianza de
sus hijos.221
En el mismo año Fernando Benítez escribe sobre Aguilar y Guerrero en La ruta de
Hernán Cortés, donde el primero no pasa de ser un buen cristiano. Llama la atención que
aunque aparece en varias narraciones, Aguilar nunca ha sido objeto de una novela como tal;
no así Guerrero que ha estimulado la imaginación creativa, tal vez producto de los silencios
que sobre él ha dejado la historia oficial.222 El texto de Benítez, sin ser un texto ficcional
sino más bien ensayístico, contribuye no obstante a la configuración imaginativa de los dos
náufragos, asunto que sin duda seducirá a los escritores de la siguiente generación. En 1975
Mario Aguirre Rosas publica unas supuestas memorias del marinero que escribió en pieles
de venado y que habrían estado en poder de los mayas hasta 1935 cuando se recuperaron,
tituladas Gonzalo Guerrero, padre del mestizaje iberoamericano. 223

reactualización del pasado colonial”, en Revista Iberoamericana, 62, 176-177 (julio-diciembre, 1996), pp.
905-923.
218
Un ejemplo es el documental de Fernando González Sitges (Dir.), Gonzalo Guerrero. Entre dos mundos.
TVUNAM/Minotauro Producciones/National Geographic Channel/Bravo Studios/Sherefe Producciones,
México, 2012. Esta filmación se estrenó en TVUNAM el 12 de octubre de 2013 y ese mismo año obtuvo el
Premio Mundo Latino en el Festival Internacional de Cine Latinoamericano de Trieste, Italia.
219
Cowie, op. cit., pp. 191-193.
220
Ibid, p. 197.
221
Ibid, p. 198.
222
Grillo, op. cit., p. 104.
223
Pellicer, op. cit., p. 159.

33
En este contexto, pues, es sin lugar a dudas muy significativa la novela de Eugenio
Aguirre, Gonzalo Guerrero. Novela histórica (1980),224 en tanto que es la primera pieza
donde nuestro personaje es realmente el protagonista de la historia, 225 y donde el náufrago
adquiere un lugar primordial que se le había negado antes.226 John Brushwood, por su parte,
señala que se trata de una novela que combina muy bien la investigación y la imaginación y
que aporta una gran sensibilidad para caracterizar ese mundo en transición.227 En el
siguiente capítulo puede verse el trabajo que sobre el lenguaje tiene la obra, así como su
composición imaginaria.
De igual forma, puede notarse la focalización en ciertos aspectos del mundo
indígena que luego son comparados con el europeo y se resalta así lo humano y práctico
que resulta lo primero sobre lo último. 228 Hablamos de la visión que presenta el personaje
como héroe moderno, que problematiza la postura eurocéntrica como única vía posible para
entender el mundo como se ve en el último capítulo de esta tesis. Asimismo, se ha
considerado que en esta obra, más que como “padre del mestizaje”, se muestra el proceso
de transformación de un europeo mediante la cultura maya, que está más preocupado por el
ascenso social que por un sincretismo religioso.229 Hay un mestizaje en la propuesta
novelística de Aguirre que puede apreciarse en el empleo del lenguaje como se señala, pero
también en su construcción semiológica y semántica, de esto dan cuenta los narradores en
el siguiente capítulo, así como la imagen del tiempo y la construcción mítica de la obra en
el último. Empero no se da una alienación completa sino que se ve una combinación de lo
europeo e indígena y su evolución progresiva.230
Por lo que se refiere a su apelativo como padre del mestizaje, puede verse reflejado
incluso en una estrofa del himno nacional de Quintana Roo (1985) como se aprecia en la
siguiente cita:

224
Aunque es claro que en el título de la novela se señala el subgénero, este no corresponde a una novela
histórica tradicional como también la considera Seymour Menton. Y a pesar de que su propuesta no es tan
arriesgada como la de Carlos Fuentes en El naranjo como se verá más adelante, sí que hace una crítica a la
Historia tradicional como al intercalar fragmentos intertextuales de la crónica de fray Diego de Landa (p.
160). Además, en una historia como la de Guerrero no se puede ser tan tradicional porque los datos sobre su
vida son mínimos.
225
Ibid, p. 161.
226
Medina, op. cit., p. 150.
227
John S. Brushwood, “Reseña”, en Chasqui, 2, 2/3 (feb-may, 1983), p. 96.
228
Medina, op. cit., p. 152.
229
Pellicer, op. cit., p. 162.
230
Medina, op. cit., p. 154.

34
Esta tierra que mira al oriente
cuna del primer mestizaje
que nació del amor sin ultraje
de Gonzalo Guerrero y Za’asil.231

Más adelante está El futuro fue ayer (1988), del español Torcuato Luca de Tena,
crónica novelada que presenta a Guerrero como hábil estratega militar que lo lleva a
ganarse la simpatía indígena, pero por otro lado, la antipatía y el encono español. 232
A su vez, la obra de Salomón González-Blanco Garrido presenta de forma epistolar
la historia de este náufrago. En Gonzalo Guerrero, primer aliado de los mayas (1991), se
aprecian de forma fragmentaria costumbres, ritos y parte de la vida que pudo tener este
personaje en tierras americanas. Pellicer presume que esta obra parece estar basada en la de
Aguirre Rosas,233 igualmente carece de prejuicios y se muestra tolerante con la otra
cultura.234 Se trata de una novela que a diferencia de la novela de Luca de Tena resalta el
papel del amor y donde no hay mestizaje sino una comunión reflexiva entre el mundo
español y el mundo indígena. 235 Por decirlo así, en esta pieza no hay una “mayanización
pasiva”; ejemplo de lo anterior es cuando Guerrero dialoga con su mujer acerca de las
deformaciones craneanas de los hijos alegando que no se trata de mayas puros.236
Hacia la conmemoración del Quinto Centenario del Descubrimiento aparecen otras
memorias que tienen un dejo de investigación científica. Es el caso de las Historias de la
conquista del Mayab. 1511-1697, publicadas en 1994; se presentan como parte de las
crónicas que el franciscano fray Joseph de San Buenaventura supuestamente escribió hacia
1724,237 pero en realidad su producción se debe a Gabriela Solís Robleda y Pedro
Bracamonte y Sosa. La pieza se presenta con recursos de la nueva novela histórica, pero en

231
Gobierno del Estado de Quintana Roo. “Himno a Quintana Roo”, en Portal de Gobierno del Estado de
Quintana Roo [en línea] <http://www.qroo.gob.mx/qroo/Estado/Himno.php> [Consulta: abril 20, 2014].
232
Cowie, op. cit., p. 198.
233
Pellicer, op. cit., p. 163.
234
Cowie, op. cit., 201.
235
Pellicer, op. cit., p. 163.
236
Cowie, op. cit., p. 197.
237
Pellicer, op. cit., p. 159. No es gratuito que el estudioso del tema de Gonzalo Guerrero sitúe este texto en el
apartado IV. 5. 1. A. 6. Memorias falsas, de su tesis doctoral. Cfr. Salvador Campos Jara “Estudio sobre la
evolución del personaje Gonzalo Guerrero”. Tesis doctoral (dirs. Luis Rivero García y Pablo Luis Zambrano
Carballo). Vol. II. Universidad de Huelva, 2009, pp. 418-429, 442-462.

35
ningún momento hay una subversión de la Historia ni una mirada crítica. 238 Además de
presentar a un Guerrero poco valiente y hasta mezquino, la intercalación de glifos y datos
del calendario maya resultan tediosos.239 Y aunque el personaje no sufre una
transformación espiritual sí que se presenta como uno complejo, menos heroico y quizá,
por eso, más humano.240
Una novela creativa digna de mención sobre el tema que nos ocupa es Un amor
inmortal. Gonzalo Guerrero, símbolo del origen del mestizaje mexicano (Novela histórica)
(sic) (1994), de Otilia Meza. En esta pieza la autora sigue los pasos de las supuestas
memorias del náufrago y compone una novela sentimental donde Guerrero enseña
castellano a su amigo y a manera de intertextos introduce canciones populares, poemas y
episodios de la historia española.241 En esta pieza la princesa pide a Guerrero como pareja y
se sugiere que quizá este pasaje sea más cercano a la historia real que las otras
representaciones narrativas sobre la misma situación.242
Ese mismo año de 1994 también hay que considerar la ya mencionada Nen, la inútil,
de Ignacio Solares, novela ambientada en la Conquista en la que aparece el pasaje de
Gonzalo Guerrero y Jerónimo Aguilar, justo cuando el segundo le ofrece regresar con
Cortés, pero el otro se niega porque prefiere quedarse con su familia. Solares aventura un
giro en esta historia porque ya no habla del primer español que soñó con una mujer
indígena, sino de la primera mujer indígena que soñó amorosamente con un español. 243
En 1995 aparece Gonzalo Guerrero, memoria olvidada. Trauma de México, de
Carlos Villa Roiz. Esta obra tiene como novedad que una de las voces narrativas es la hija
de Guerrero quien busca hacer justicia a la memoria de su padre, su originalidad reside en
el hecho de que es la voz del personaje la que conduce el relato. Sin embargo, el cúmulo de
citas y su mal manejo hacen que el texto tenga un aspecto desordenado e incluso ilegible. 244
Así narra sobre su papá la hija del náufrago:

238
Grillo, op. cit., p. 106.
239
Braham, op. cit., p. 12.
240
Ibid., p. 16.
241
Pellicer, op. cit., p. 163.
242
Cowie, op. cit., p. 196.
243
Ibid., p. 203.
244
Pellicer, op. cit., p. 164.

36
Mi padre tomó arco y flecha y aunque el sudor corría hasta aglutinarse en la barba,
cerrando un párpado logró mejor puntería. Soltó la cuerda y la saeta salió disparada. Se
clavó en un ave.
En ese tiro se reflejaba experiencia; era el triunfo de una nueva forma de ser.245

Al respecto, es justo decir que a pesar de que el autor se vale de una rica
intertextualidad sobre la base de los códices Borgia, Laud y Vaticano, más la relación de
Landa, lo cierto es que abusa en la incorporación de elementos ajenos al desarrollo de la
obra, como es la inclusión de la imagen de una momia inca en el Museo de Historia Natural
de Chile.246 Así y todo, en un tono revisionista de la historia, este autor trata de reivindicar
la figura de Guerrero y lo presenta como un personaje “contestatario y beligerante”.247
Por otra parte, destaca dentro de este temática una obra teatral en la que Guerrero
comparte el rol protagónico con Jerónimo de Aguilar: se trata de Crónica (La enrevesada
historia de Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar (1988), de Enrique Buenaventura. En
esta pieza Guerrero ya está tatuado y con familia. Cortés busca a los náufragos, pero
Aguilar lo reconviene. Cortés decide atacar a los mayas donde es derrotado por Guerrero
con la ayuda de Aguilar, quien le avisa de las tácticas españolas. Al final Cortés finge un
acercamiento pacífico y traiciona a Guerrero al que ahorca de un árbol. Con este final
rompe con la historia tradicional del marinero, la que quizá fue la verdadera 248 y de la que
pudo desprenderse el mito. Por otra parte, puede leerse que el mensaje del drama es la
violencia del conquistador que podría justificar la rebelión del pueblo. 249
Sin duda, una de las apuestas más aventuradas es la de Carlos Fuentes en “Las dos
orillas”, donde Jerónimo de Aguilar desde la tumba narra cómo él y Guerrero pactan para
que el mundo indígena pueda conquistar al europeo. Como señala Oswaldo Estrada, esta
pieza contiene las características del nuevo relato histórico en el que no falta la
experimentación y la confrontación con la Historia. Además del diálogo con la crónica de
la Conquista, este texto sugiere una “pluralidad de verdades históricas”, de igual forma

245
Carlos Villa Roiz, Gonzalo Guerrero: memoria olvidada. Trauma de México. Plaza y Valdés/Conaculta,
México, p. 192.
246
Ibid., p. 293.
247
Cowie, op. cit., p. 201.
248
Pellicer, op. cit., p. 165.
249
Juan Villegas, “El teatro histórico latinoamericano como discurso e instrumento de la apropiación de la
historia”, en José Romera Castillo y Francisco Gutiérrez Carbajo (eds.) Teatro histórico (1975-1998). Textos
y representaciones. Visor, Madrid, 1999, p. 241.

37
anula la distinción entre ficción y realidad. 250 Incluso confronta críticamente la
historiografía tradicional:

Lo he visto todo. Quisiera contarlo todo. Pero mis apariencias en la historia están
severamente limitadas a lo que de mí se dijo. Cincuenta y ocho veces soy mencionado
por el cronista Bernal Díaz del Castillo en su Historia Verdadera de la Conquista de la
Nueva España. Lo último que se sabe de mí es que ya estaba muerto cuando Hernán
Cortés, nuestro capitán, salió en su desventurada expedición a Honduras en octubre de
1524. Así lo describe el cronista y pronto se olvida de mí. 251

En el texto de Fuentes, la figura de Aguilar también es contraria a la tradicional.


Lejos de representarlo como un fiel devoto y casto, en “Las dos orillas” se ve a un hombre
pasional, cuyos pensamientos y deseos carnales. Es el caso del pasaje donde se encuentra
con Malintzin:

Esa tarde de marzo del año 1519, ella se desnudó ante mí… Soñé toda la noche con
su nombre, Marina, Malintzin, soñé con un hijo nuestro, soñé que juntos ella y yo,
Marina y Jerónimo, dueños de las lenguas, seríamos también dueños de las tierras,
pareja invencible porque entendíamos las dos voces de México, la de los hombres pero
también la de los dioses. La imaginé revolcándose entre mis sábanas.252

Para terminar, en los albores del siglo XXI aparece la novela del español Manuel
Pimentel, Puertas de Indias, Artafi y el misterio de los primeros conquistadores (2003), en
la que por medio de múltiples alusiones a diversas crónicas de la Conquista entreteje la
trama. En esta pieza se introduce a un investigador como personaje basado en la Historia de
la Conquista de México, tal es Antonio Solís y Ribadeneyra.253 En esta obra busca
reivindicarse la figura de Guerrero, incluso un personaje se refiere a él como “un mexicano
que defendió [la] grandeza” de su pueblo.254
En conclusión, a lo largo de este breve repaso es perceptible una clara evolución
tanto con relación al tratamiento artístico como a la configuración imaginaria e ideológica
de Gonzalo Guerrero como personaje histórico. Puede verse entonces a una figura que
luego de siglos de silencio es visto primero como un náufrago perdido, después como un

250
Estrada, op. cit., pp. 153-155.
251
Carlos Fuentes, El naranjo, o los círculos del tiempo. Alfaguara, México, 1993, p. 12.
252
Ibid., p. 42.
253
Cowie, op. cit., pp. 188-189.
254
Ibid., p. 201.

38
traidor. Pero en la medida que avanza el tiempo tanto los historiadores como los creadores
vuelven a Guerrero connotando su complejidad mítica, al mismo tiempo que volviéndolo
un icono y un símbolo, padre del mestizaje, héroe de la resistencia frente al poder. En este
marco, la novela de Eugenio Aguirre se muestra como una pieza sintomática del
reencuentro del personaje no sólo con la Historia, sino con el problema conflictivo de la
identidad latinoamericana en el marco conmemorativo de los quinientos años del mutuo
descubrimiento de Europa frente a América. 255

GONZALO GUERRERO, DE EUGENIO AGUIRRE

Una de las novelas sobre el tema de este náufrago que ha tenido mayor éxito, al menos en
cuanto al número de ediciones se refiere,300 es la obra de Aguirre. Por esa razón conviene
revisar algunos detalles tanto del cuidado ortotipográfico (errores ortográficos o de
tipografía) como del diseño y algunos otros elementos que permitan tener una lectura más
completa de la pieza. Este acercamiento hace viable una observación más holística de la
obra como arte-objeto, ver la concordancia de la propuesta literaria con la editorial. Antes
de entrar en los detalles de la pieza conviene detenerse en otros sobre Eugenio Aguirre y el
lugar que ocupa esta novela en su amplia bibliografía.
Aguirre tiene una treintena de novelas, tres biografías noveladas, seis cuentarios, un
libro de ensayos y una autobiografía. Así como dos textos de literatura infantil. 301 Entre esta
vasta producción y para el interés de esta tesis llaman la atención las novelas históricas y
las biografías porque se centran en personajes particulares. Victoria (2004), por ejemplo
presenta a un personaje que se encuentra en la coyuntura del México colonial y el México
independiente, acusado y atacado por un lado, exaltado y valorado por el otro. Se trata de
255
Sin duda, Gonzalo Guerrero es un personaje potente que ha generado reacciones en diferentes artes como
se mencionó arriba, incluso hay representaciones como la historieta que escribió y dibujó Miguel Calatayud a
propósito del Quinto Centenario del Descubrimiento. Miguel Calatayud, en Fernando Savater (ed.)
Conquistadores en Yucatán: La desaparición de Gonzalo Guerrero. Planeta-Agostini, Barcelona, 1992, [col.
Relatos del Nuevo Mundo].
300
El especialista Salvador Campos Jara señala que cuenta con más de setenta mil ejemplares vendidos
principalmente en México. Cfr. “Estudio sobre la evolución del personaje Gonzalo Guerrero”. Tesis doctoral
(dirs. Luis Rivero García y Pablo Luis Zambrano Carballo). Vol. II. Universidad de Huelva, 2009, p. 463.
301
Consultar el anexo I sobre la obra del autor.

39
una figura clave para entender la etapa del presidencialismo en México luego de siglos del
gobierno virreinal. Victoria como Guerrero es valiente, arrojado, pero también
incomprendido. Por otra parte, Leona Vicario. La insurgente (2010) aborda la vida de una
mujer que como Guerrero, lucha al lado de los oprimidos, de los vencidos, nunca se rinde
ante la Corona española. En Cantolla, el aeronauta (2012), narra la historia de un personaje
apasionado por el vuelo, las mujeres y su patria. Hombre parecido a Guerrero, quien tiene
varios encuentros amorosos con diferentes mujeres tantos castellanas como indígenas, pero
también puede dar su vida por su familia y su nueva patria: el pueblo maya. Vale decir que
Cantolla como Guerrero también es un soñador. Además, igual que el marino, el aeronauta
a pesar de su marginalidad en la Historia, vive en un contexto importante en el desarrollo
de la formación del México moderno. Vive como Gonzalo un momento de transición
histórica.
Por otra parte, la novela Gonzalo Guerrero se aleja del tema más importante de esa
década en la que se publica: el movimiento estudiantil de 1968. El tratamiento de dicho
tema tanto en la literatura como en el ensayo aparece en obras como La noche de Tlatelolco
(1971), de Elena Poniatowska; Los días y los años (1971), de Luis González de Alba; Con
él, conmigo, con nosotros tres (1971), de María Luisa Mendoza; El Movimiento estudiantil
del 68 (1972), de Ramón Ramírez; De la ciudadela a Tlatelolco (1970), de Roberto Blanco
Moheno; Postdata (1970), de Octavio Paz; Días de guardar (1970), de Carlos Monsiváis.
Sin olvidar dos obras de corte oficialista como La plaza (1971), de Luis Spota y Juegos de
invierno (1974), de Rafael Solana. 302
Otro movimiento importante del que se desmarca es de la literatura de la onda,
donde destacan obras como Se está haciendo tarde (final en laguna) (1973), y El rey se
acerca a su templo (1978), de José Agustín; La Princesa del Palacio de Hierro (1974), y
Compadre lobo (1978), de Gustavo Sáinz; El rey criollo (1971), de Parménides García
Saldaña; y A control remoto (y otros rollos) (1974), de Jesús Luis Benítez.303
Para dar cuenta de Gonzalo Guerrero y su importancia en el universo de Aguirre se
vuelve necesario revisar la genética textual de la novela. Lo primero que salta a la vista

302
Isabel Quiñónez, “Los setenta”, en La literatura mexicana del siglo XX (ed. Manuel Fernández Perera).
FCE/Conaculta/Universidad Veracruzana, México, 2008, pp. 355-399.
303
Idem.

40
entre la primera edición (UNAM)304 y la segunda (EDUVEM),305 es la cubierta, en la de la
UNAM hay un juego con el claroscuro, lo que comunica ese conflicto del personaje entre
una identidad y otra, entre lo español y lo indígena. El hecho de que la tipografía se
encuentre en minúsculas habla de que no se trata de un personaje central de la Historia, sino
escondido, quizás un tanto olvidado por los historiadores y cronistas de diferentes épocas
como se mencionó en el segundo apartado. Además, las letras del nombre del personaje
están en ese límite de los colores, de hecho se apoyarían en uno, mientras parte de ellas se
introduce por completo en el otro color. Entre el blanco y el negro. Existe un juego,
entonces, entre la vida y la muerte, entre civilización y barbarie, entre Eros y Tánatos, entre
Apolo y Dioniso. Esta presentación habla de una composición dialógica, representa el
mestizaje, la unión de lo masculino y lo femenino, el arriba y el abajo. Esto se relaciona con
la estructura interna de la pieza como se verá en los capítulos posteriores de esta tesis.
De igual forma, se presenta la imagen de un conquistador pero no se ve de forma
completa, lleva una espada de la que no se ve la punta y sus pies están dentro del agua. Esto
denota que se trata de un personaje que no va con la intención de aniquilar al otro, es decir,
está armado pero con ella difícilmente podría matar a alguien. Asimismo, su
desplazamiento es complicado porque no puede ver por dónde camina, es decir, su paso por
ese mundo no es sobre suelo firme, siempre está en riesgo de resbalar o caer. Así, todo
fundamento se vuelve líquido y ya no es posible levantar nada en concreto; en otras
palabras, ya no sería tan aventurado pensar lo que decía Marx de la modernidad donde todo
lo sólido se desvanece en el aire; acá, todo se diluye entre los dedos, pero ni siquiera de las
manos, sino de los pies.
Por otro lado, en la cubierta de la edición de la EDUVEM se ve un color naranja, cuyo
resultado se obtiene por la mezcla del rojo y el amarillo que en código simbólico aluden al
fuego de la purificación y al sol, a lo espectacular, a una visión del cetro y la espada,
correspondientes al régimen diurno, según el simbolólogo Gilbert Durand. 306 Se atina al
centralizar las letras y la imagen para señalar la centralidad del personaje en la novela, sin
embargo, los iconos que buscan establecer una relación simbólica se pierden por estar a
blanco y negro: una imagen maya a la izquierda, a la derecha un yelmo español, al centro y

304
Eugenio Aguirre, Gonzalo Guerrero. Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1980.
305
Eugenio Aguirre, Gonzalo Guerrero. Universidad del Valle de México, México, 1981.
306
Véase la tabla de los regímenes de la imaginación simbólica en el Apéndice 2.

41
abajo una pirámide y arriba una espada. Pareciera que se juega con los viejos preceptos
contrarios a la propuesta de la obra. De esa forma, no tendría por qué ir el casco a la
derecha ni la espada arriba. Se trata de un diseño que no concuerda con su contenido.
La tercera edición suma los esfuerzos de EDUVEM con LAIA, una editorial catalana.
En dicha coedición el tiraje llega a los 4 mil ejemplares. La portada de este volumen está
sobre un fondo blanco y el título en letras negras, contraste parecido al de la UNAM pero sin
llegar a la representación anterior, ya que las letras son capitulares y no hay un momento en
el que se vea alguna dilución o fundición de los dos elementos. A ese juego de contrastes se
suma el nombre del autor en color rojo como para sugerir la relación sangrienta, dolorosa
entre ese blanco y el negro. La imagen que ocupa casi la totalidad de la cubierta es la
representación de sacrificios indígenas prehispánicos donde se ve una pirámide con las
escaleras manchadas de sangre mientras yace en el suelo un personaje con el pecho abierto
y un sacerdote saca el corazón de otra víctima. Sin duda el tema de los sacrificios es
importante en la novela, pero no es todo el tema de la obra. Queda corto y muestra sólo la
mirada de una parte de la historia, de la peninsular que en todo caso no se corresponde con
la del protagonista.
En lo que se refiere a la portada de la edición de la SEP, en su colección Lecturas
Mexicanas,307 aparece la máscara de un personaje de rasgos europeos, donde se distingue el
color azul de los ojos, además del bigote; sin embargo, tiene puesto un tocado y marcas
como de tatuajes. Sin duda se trata de un trabajo de cerámica que rescata al protagonista de
la novela. Es una buena decisión el empleo de esta imagen porque remite al personaje de
forma directa; además los colores dan cuenta de un momento de crisis, de locura por el
fondo amarillo, en clave simbólica, lo que habla del personaje en cuestión. De igual forma,
el que tenga raspaduras comunica un tránsito poco fortuito y sí muy accidentado como el
que tuvo el personaje por los resquicios de la Historia, antes de ser rescatado del
anonimato. Asimismo, el uso del rojo expresa la sangre, el fuego que funde los metales, que
produce aleaciones, pero también la sangre por la mezcla, por el mestizaje que se proyecta
en la pieza. Esta edición tiene algunas correcciones en relación con sus antecesoras, pero
continúa con la disposición de los tres puntos para anunciar el epílogo que se identifica en
la edición de Planeta (2012).

307
Eugenio Aguirre, Gonzalo Guerrero. SEP, México, 1986 [Lecturas Mexicanas 66, Segunda Serie].

42
La portada de Diana, por su parte, tiene elementos que llaman la atención como el
uso de los colores amarillo y verde, por un lado, el amarillo en clave simbólica como el
color de la locura, y si no totalmente de la locura, sí de los límites entre lo cuerdo y la
insania, el umbral de la duda, donde se desmoronan todas las certezas con las que se había
construido la vida. En esa misma clave, el verde como el color de la transición, de estar
también colocado en medio, en transformación, ni antes ni después sino atravesado por dos
entidades, por dos situaciones, como le ocurre al protagonista. Asimismo, cabe destacar las
grecas que evocan lo prehispánico y una pintura maya en el centro. Un dato más que vale
tener en cuenta es el que señala: “Séptima edición. Más de 60,000 ejemplares vendidos”.
Esto habla de la recepción de la obra, o al menos de su distribución. Aunque para mi gusto
esta presentación es mejor que la de EDUVEM todavía la de la UNAM es mejor como una
unidad estética.
Ahora, en cuanto a la cuarta de forros, o contraportada, aparece casi el texto íntegro
en las primeras dos ediciones. No obstante, en el último párrafo antes de la nota biográfica,
en EDUVEM suprimen una frase de la UNAM:

Gonzalo Guerrero, el renegado, “la espina clavada en la carne de los españoles” en


opinión de fray Diego de Landa, el que murió de un tiro de arcabuz luchando contra
sus hermanos de raza, renace para contarnos su gesta y para ocupar el lugar que, tan
ingratamente, le arrebatase la historia oficial española.308 (itálicas mías)

Por su parte, en EDUVEM se añaden breves extractos de las reseñas de la obra que
circularon en algunos periódicos: “Gonzalo Guerrero es una novela histórica cuya lectura
resulta magnífica”, de Francisco Zendejas, Excélsior; “Una hermosa obra sobre la vida de
Gonzalo Guerrero”, de Otto-Raúl González, Excélsior; “Novela histórica que resulta una
excelente pieza literaria y un auténtico ‘acto de fuerza’”, de Manuel Blanco, El Nacional;
“La lectura de Gonzalo Guerrero es muy recomendable”, de Ignacio Trejo, 309 La semana
de Bellas Artes. También se incluye al diseñador de la portada. Y esto nos habla desde los

308
Otra modificación está en la nota biográfica ya que en la UNAM señala que “Actualmente cursa la maestría
en literatura iberoamericana en la UNAM”, mientras que en la EDUVEM ya no viene esa oración. Y como señala
Aguirre en una entrevista, esa formación fue importante por el acercamiento a los textos que le ayudaron a
proporcionar el léxico y el tono a su novela.
309
Aguirre asegura que Ignacio Trejo Fuentes es “el mejor crítico que existe sobre novela mexicana
contemporánea, tiene que enterarse de todo lo que se publica”. Eugenio Aguirre, De cuerpo entero.
UNAM/Corunda, México, 1991, p. 42.

43
marcos institucionales cómo las redes editoriales, intelectuales y culturales, buscan seducir
al lector para el consumo de este libro. Como ya se mencionó, sus ventas han sido
considerables; en su momento, sin embargo, la publicación de esta novela no mereció por
ejemplo una reseña en Vuelta, que entonces era la revista literaria más influyente en
México, por lo que puede pensarse que en principio fue una pieza fuera del canon literario
mexicano.
En la cuarta de Diana se incluye la reseña de una autoridad de la historia
prehispánica mexicana como Eduardo Matos Moctezuma. El estudioso hace una
presentación de la obra de una forma completa en cuanto a la historia, no obstante, la figura
del protagonista no es aquilatada en forma total ya que se refiere a él como “cogelón”,
cuando esa parte en especial comunica un proceso de enajenación más complejo, y sobre
todo cumple con una función estética en relación con la configuración del héroe, según
Joseph Campbell.310
En relación con la editorial Diana, cuya primera edición de la obra fue de 1991 –no
existe propiamente un trabajo de edición, sólo tiene algunas enmiendas de las erratas– es
muy parecida a la de EDUVEM, lo que sí cambia es la cubierta, la presentación de la
portadilla, ya que se modifica la tipografía; en la portada se incluye un icono y una leyenda
que dice: “Edición conmemorativa 1492-1992”.
En las preliminares (portadilla, portada, dedicatoria, agradecimientos) las cuatro
primeras ediciones son prácticamente iguales; en la de la SEP se suprime lo del subgénero
novela histórica. Por razones claras cambian algunos datos de las casas editoras, así como
la página legal. Las dos ediciones iniciales constan de 2000 mil ejemplares cada una. Tiene
los mismos errores de edición; por ejemplo en la página 220 en estas ediciones aparecen el
final de una oración y el inicio de la segunda pegada al punto anterior, en la segunda línea
del segundo párrafo. En esa misma línea viene la palabra pruito, por prurito; las cinco
ediciones traen la misma errata. En la página 81, tanto de UNAM como de EDUVEM dice
“pensamiento críticos”. Así, en la página 222, en el último párrafo está la palabra traé; no
llevaría acento, no obstante en las cinco ediciones se publicó igual. Esos son sólo algunos
de los errores que permanecen en estas ediciones. Esto lleva a pensar que más que
ediciones se ha tratado de reimpresiones, únicamente con cambios en las portadas y el tipo

310
Cfr. Capítulo III, apartado sobre Gonzalo Guerrero, el héroe.

44
de papel, además de los detalles arriba mencionados. Lo que se intenta subrayar es que
debido al éxito editorial de la pieza las modificaciones sólo llegan a las portadas y no a una
depuración de las erratas del contenido.
Un cambio que hay que notar es el de la página 223, ya que en la UNAM el texto no
presenta separaciones entre párrafos, mientras que en la EDUVEM, LAIA, SEP y Diana se
separan los dos últimos párrafos de la novela con tres asteriscos para marcar el cambio de
narrador. Creo que no es una decisión atinada ya que en otros momentos de la novela no se
hacen estas distinciones y haría la función de un tímido epílogo que no tiene una
justificación válida. Con un espacio doble habría bastado. Además, en el capítulo VI de las
tres ediciones hay cambio de narrador de uno omnisciente a uno que se expresa en la
primera persona del plural; así, para marcar la diferencia sólo se utiliza un espacio mayor al
usado en los otros párrafos.311
Mención aparte merece la edición, ahora sí con ese epíteto, que editorial Planeta
preparó para 2012. En ella, desde la cubierta, la apuesta se ve mejorada por mucho, ya que
si bien no alcanza la conceptualización de la primera, la de la UNAM, sí es más atinada que
las demás. En la portada está un hombre barbado con atuendo indígena que supone la figura
de Guerrero, frente a unas construcciones mayas en una aparente noche estrellada y en
brumas, lo que en clave simbólica concuerda con la imaginación nocturna de la novela –lo
que se explicará a detalle en los siguientes capítulos–. Otro dato importante es el destacado
en color dorado como “Edición conmemorativa del 500 aniversario del mestizaje en
América”. En la contraportada también está una especie de greca que fusiona características
indígenas y europeas en el mismo color.
En los interiores se ven cambios en la tipografía de la portada y portadilla, además
de la supresión de la inscripción “Novela histórica” que presentaban las otras ediciones
debajo del título. Asimismo, incluye un prólogo a propósito de la conmemoración indicada
en la cubierta. Ya en el texto, aparece con otros puntos en la tipografía del cuerpo y por lo
tanto, se desfasa con las ediciones anteriores. En la edición de Planeta, se ven enmendados
los errores y erratas de las ediciones que estaban rezagados desde la primera edición de la
UNAM en 1980. Otro elemento que llama la atención es el epílogo que ya se había
mencionado, pero que en la última edición se destaca con ese título y aparece al final de la

311
Ver página 136 de cualquiera de las cinco ediciones mencionadas.

45
novela. Me parece atinado el que se haga la distinción y no se separe con puntos, pero aún
la propuesta de la UNAM resulta con un mejor efecto, en una perspectiva personal, ya que
deja una línea delgada entre los narradores que aparecen en la pieza de Aguirre. No
obstante, por la conveniencia de la consulta que pueda hacer el lector opté por trabajar con
la edición de Planeta de 2012, que es la que se tomará en cuenta en adelante.
Para terminar, vale decir que desde su publicación la obra ha cosechado un par de
galardones; el primero de ellos es el Premio Gran Medalla de Plata de la Academia
Internacional de Lutece, París, en 1983; y posteriormente, en 1988, el Premio Nacional de
Literatura José Fuentes Mares que otorga la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Este
último galardón lo han obtenido otros escritores importantes como Jesús Gardea, Alberto
Ruy Sánchez, Sergio Galindo, Jaime Labastida, Carlos Montemayor, Hernán Lara Zavala,
Miguel Méndez, Juan Bruce-Novoa y Eduardo Antonio Parra, entre otros.312
El lector se preguntará: ¿Por qué ha sido importante detenerse a revisar erratas
editoriales? La intención ha sido ver en perspectiva la sociología empírica que suponen los
procesos editoriales; en este sentido, resulta interesante saber por ejemplo que en una de sus
novelas anteriores le habían cambiado el nombre a nuestro autor: Enrique por Eugenio.313
Pero no sólo eso sino que para la obra que nos ocupa, dice Aguirre: “Requirió una acuciosa
investigación lingüística e histórica y que me tomó un par de años de escritura intensa”. 314
Para concluir, es evidente el éxito que ha tenido la novela Gonzalo Guerrero junto a
otras obras de Aguirre que se han convertido en best sellers como Victoria (2004), Isabel
Moctezuma (2007) e Hidalgo: entre la virtud y el vicio (2009), y que han ubicado a este
escritor como uno de los más leídos a nivel nacional. Ese mismo éxito lo ha llevado a
compartir el programa El refugio de los Conspiradores en la televisora mexicana Proyecto
40, con otro autor de best sellers como Francisco Martín Moreno, además del escritor
Benito Taibo y el historiador Alejandro Rosas.

312
Ysla Campbell (coord.), Iba a decir que oscurece. Diez años del Premio José Fuentes Mares. Universidad
Autónoma de Ciudad Juárez, Ciudad Juárez, 1997, p. 7-8. Cabe señalar que dicho premio aparece referido a
otra novela de Aguirre titulada Pasos de sangre, galardonada en 1986, tanto en solapas de otros libros suyos
como Leona Vicario. La insurgente, como la biografía novelada Victoria. Mientras que en la página del INBA
le atribuye el premio a Pasos de sangre, pero en 1988.
313
Aguirre, De cuerpo... op. cit., p. 44.
314
Ibid., p. 46.

46
CAPÍTULO II.
CONSTRUCCIÓN SIMBÓLICO-IMAGINARIA DE GONZALO
GUERRERO, DE EUGENIO AGUIRRE

Un pueblo, dijo Michelet, tiene derecho a soñar su futuro.


Yo diría que también tiene derecho a soñar su pasado.
Todos estamos en la historia porque el tiempo de los hombres
y de las mujeres aún no termina
Carlos Fuentes

47
Cada vez que nos introducimos en un mundo nuevo se nos revelan diferentes estructuras
que permiten entender mejor cómo se presentan el lenguaje, la historia, los materiales y la
idea del tiempo para construir esa ficción que lleva a enfrentarse con la realidad, y entonces
asimilar sus significados, sus referentes históricos e incluso sus símbolos. Dado que ese
universo que nos ocupa es complejo, el autor emplea procedimientos narrativos de
semejante calado para representarlo, para abordar las discusiones sobre la identidad, sobre
las contradicciones de la herencia cultural. De esa manera, lo que se busca en este apartado
es la identificación de algunos elementos formales que dan cuenta de la confluencia
armónica de distintos componentes que derivan de manera isotópica en esta novela
moderna y desde ahí apreciar cómo se ofrece una idea compleja del mundo representado.

LENGUAJE

Hayden White destaca que el lenguaje es un medio de aprehensión del conocimiento de la


naturaleza humana.332 Precisamente, uno de los primeros elementos que sobresale en la
novela que nos ocupa es el empleo de un lenguaje exacto, meticuloso. El mundo al que se
enfrenta el lector es tan complejo como aquel que se evoca a través de las páginas. Así
como las interrogantes que se plantean en la actualidad, las cuales deben ser ordenadas para
enfrentarlas, de la misma manera ese mundo de antaño requería un ordenamiento y es
necesario, al día de hoy, para el lector contemporáneo. El principio ordenador del caos es la
palabra, el verbo como inicia el evangelio según san Juan.
El lenguaje, entonces, a través de su naturaleza expresiva ordena el caos; más
todavía, le confiere sentido. Cada lenguaje proporciona una cosmovisión. En Gonzalo
Guerrero puede verse ese universo a través del léxico de la navegación, metáfora marina de
la existencia. El mundo propuesto por Aguirre es complicado de asir. No es familiar para el
lector común entender el ambiente marítimo con sus particularidades y sus nomenclaturas.
Con esa complicación nos acercamos al XVI desde finales del XX e inicios del XXI. Si la

332
Hayden White, “Tropología, discurso y modos de conciencia humana”, en El texto histórico como
artefacto literario (Verónica Tozzi y Nicolás Lavagnino, trads.) [1978]. Taurus, Barcelona, 2003, p. 63.
[Pensamiento Contemporáneo, 71].

48
historiografía busca la verosimilitud de su rescate basado en documentos, la literatura lo
hace desde la palabra construida como metáfora y símbolo.
Fernando del Paso concuerda con Sergio Ramírez, al referirse a la novela
latinoamericana, cuando afirma que todas las obras serían históricas porque se ubican en un
contexto identificable y caro para sus autores y lectores.333 O como diría Ricoeur, la
representancia es contraria a la representación, es decir, se busca corregir las
construcciones históricas mediante una apuesta cara-a-cara con el pasado;334 y eso se logra
por medio del uso del lenguaje, así como de procedimientos literarios, como se verá más
adelante.
Gonzalo Guerrero responde a la identificación de Bajtin cuando señala que la novela
es un fenómeno “pluriestilístico, plurilingüe y plurivocal”, 335 y como añade Antonio
Garrido “en cuyo interior conviven elementos de muy diversa índole: literarios y no
literarios, orales o escritos”.336 Para el propósito de esta exposición conviene comenzar del
final hacia el principio. Esto es, comencemos por lo plurivocal.
La novela supone una diversidad social donde, según Bajtin confluyen las unidades
compositivas como “el lenguaje, los géneros intercalados, los lenguajes de los personajes”,
y estas unidades permiten “una diversidad de voces sociales y una diversidad de relaciones,
así como correlaciones entre ellas”, 337 es decir, hay un dialogismo. Enric Sullà señala que
estas características serían equivalentes a la polifonía, es decir, a la “pluralidad de las
conciencias autónomas con sus mundos correspondientes”. 338 A través de la polifonía
Bajtin veía la ambivalencia del mundo representado por Dostoievsky, así como la
complejidad objetiva, las contradicciones de la época y “la polisemia de todo fenómeno”. 339
Aunque no es una obra totalmente polifónica, pueden encontrarse algunas muestras
como la siguiente:

333
Fernando del Paso, “Novela e historia”, en Conrado Hernández López (coord.), Historia y novela
histórica. El Colegio de Michoacán, Zamora, Michoacán, 2004, p. 91.
334
Paul Ricoeur, “El entrecruzamiento de la historia y de la ficción”, en Tiempo y narración III. El tiempo
narrado. Siglo XXI, México, 2009, p. 906.
335
Mijail Bajtin, “La palabra en la novela”, en Enric Sullà (ed.), Teoría de la novela. Antología de textos del
siglo XX. Crítica/Grijalbo-Mondadori, Barcelona, 1996, pp. 59-62.
336
Antonio Garrido Domínguez, “El discurso narrativo”, en El texto narrativo. Editorial Síntesis, Madrid,
1996, [Teoría de la Literatura y Literatura comparada]. ed. cit., p. 244.
337
M. Bajtin, “La palabra en la novela”, ed. cit., p. 60.
338
M. Bajtin, “La novela polifónica”, en Enric Sullà (ed.), Teoría de la novela. Antología de textos del siglo
XX. Crítica/Grijalbo-Mondadori, Barcelona, 1996, p. 55.
339
Ibid., p. 58.

49
Aquella noche, Gonzalo Guerrero había lamentado su descortesía para con el
amigo. Rogóle que le explicase, que le descifrase los hilos del sueño, de aquella
pesadilla que hablaba de una eterna ausencia, de una pérdida total de los atributos de su
personalidad. ¿Caería en el infierno, en las heces de la idolatría? ¿De dónde sacaba
todo aquello, aquel loco de don Elear? ¿Quién le había introducido en el cerebro
aquellas imágenes devastadoras, apocalípticas? Don Elear quedó callado, temblando en
su frágil estructura. Luego se fue palmeando por las calles y nunca, nunca jamás lo
volvió a ver.340

La conciencia del narrador rapsoda —tipo que se verá más adelante—, se confunde
con la del protagonista, el marinero que recuerda pasajes de su pasado en tierras españolas
y su relación con las creencias paganas como las de la adivinación gitana. En esta cita
puede verse la grieta que existe ya en la cosmovisión de Guerrero, quien acude a don Elear
ante las preocupaciones de su destino, antes que ir a misa o con algún sacerdote para recibir
la guía espiritual que necesita. A través de estas voces enhebradas el lector accede y vive el
conflicto que representaba una aventura como la de embarcarse a lugares hasta entonces
desconocidos; a tierras que Colón destacaría en las relaciones de sus viajes:

Cuando yo descubrí las Indias, dixe que eran el mayor señorío rico que ay en el
mundo. Yo dixe del oro, perlas, piedras preciosas, espeçierías, con los tratos y ferias, y
porque no pareció todo tan presto fui escandaliçado. Este castigo me hace agora que no
diga salvo lo que yo oigo de los naturales de la tierra. De una oso decir, porque ay
tantos testigos, y es que yo vide en esta tierra de Beragna mayor señal de oro en dos
días primeros, que en la Española en cuatro años y que las tierras de la comarca no
pueden ser más fermosas ni más labradas ni la gente más cobarde, y buen puerto y
fermoso río defensible al mundo.341

Las relaciones del Almirante genovés eran el acicate que henchía los corazones
osados de su época y también de aquellos que buscaban cambiar de suerte con la aventura
indiana. Guerrero fue uno de los miles de jóvenes que se embarcaron en el reino hispánico
y que nunca volverían a su tierra.
Pasemos ahora con el plurilingüismo de la pieza. En Gonzalo Guerrero puede
identificarse el uso de diferentes lenguas, como lo vimos con Bajtin arriba. Un ejemplo es
el uso del maya:

340
Eugenio Aguirre, Gonzalo Guerrero. Planeta, México, 1ª ed., 2012, p. 15. En adelante se describe el texto
con circunflejos y señalando la página entre paréntesis, basado en esta edición.
341
Cristóbal Colón, Los cuatro viajes. Testamento. Alianza, Madrid, 1996, p. 292.

50
Último día del mes Uayeb, el postrero Tzolkin del Katún de siete mil doscientos
días, fin de siglo, resumen de la jornada de los años Kan, Muluc, Ix y Cauac,
representantes temporales de los cuatro Bacabes o sostenedores del Universo Maya,
vestales masculinos de la plataforma del mundo, de la tierra-madre (p. 159).

La convivencia de Guerrero con la lengua maya hasta su aprendizaje lo vuelve


sensible a ese universo conocido a través de otra lengua que le permite aprehender la
riqueza de la selva y de su mundo complejo, universo rebuscado que supone el sureste
mexicano. El Caribe no puede entenderse desde el castellano del siglo XVI; es preciso que
se mezcle con las lenguas indígenas de esa zona para llegar a la concepción barroca de
Carpentier, de Lezama Lima o incluso de Aguirre en esta novela.
Asimismo, aparece la voz de la esposa indígena de Guerrero, Ix Chel Can, quien
habla desde la profundidad de la tierra maya, como voz milenaria, de una cultura más
cercana a la vida animal y vegetal que la salida de las embarcaciones en las playas:

Ahí están sus manes, Gonzalo. Ahí le hemos recibido después de muerta, para que
se una a la tierra que la vio nacer y nos acompañe en nuestro peregrinar por la vida.
Ella será bien atendida, alimentada y recordada en las festividades. Mi padre ha puesto
veto al lugar, le ha dado categoría de oratorio. Ningún hombre podrá cazar en este
coto, ninguno labrar la tierra; su vida y la de sus descendientes sería el precio. Sólo la
familia del Hombre Verdadero, del señor Ichpaatún, y a los sacerdotes les estará
permitido acudir para vigilar el sueño de nuestra Ix Mo (p. 247).

La inclusión de esta lengua permite, entonces, una aproximación a la visión el


mundo maya, al conocimiento de sus costumbres, de las creencias que rigen su vida
cotidiana; en todo caso a la valoración de su naturaleza expresiva, esto es, barroca. Cada
componente del abigarramiento selvático tiene su nombre, cada trazo de ese mural
complejo tiene su explicación y significación precisas. Nada es prescindible.
Por supuesto, la otra lengua que convive en esta pieza es la hispánica como en la
mayor parte de la obra y como se ve de forma clara en el pasaje a continuación:

Soy Gonzalo Guerrero, natural de Palos, y no soy ningún engendro, ni demonio, ni


ninguna de las estupideces que podéis estar pensando. Soy tan español como vos, sólo
que en mi alma no habita la codicia ni la maldad que moran en la tuya, pícaro, ladrón,
cobarde que abusáis de nuestros adelantos bélicos para sojuzgar a estas razas, a estos
hijos del Sol que nada os piden y para nada os necesitan (p. 266).

51
Existe pues, un obvio uso, del español como lengua central en la que se expresa toda
la obra; pero también hay la representación de las lenguas nativas de América, como parte
crucial del encuentro entre lo hispánico y lo indígena. En consecuencia, en la novela de
Aguirre se manifiesta el proceso de asimilación que pudieran haber vivido los náufragos
españoles al enfrentarse no sólo a un mundo marcadamente distinto, sino porque tuvieron
que habérselas con lenguas para ellos ininteligibles, que no obstante con el tiempo
terminaron por comprender; más aún, podía decirse que su aprendizaje lingüístico trajo a la
par un nuevo ordenamiento epistemológico de sus propias vidas.
Por último, tenemos el pluriestilismo, siguiendo a Bajtin. En la obra de Aguirre
pueden reconocerse varios registros de habla que dan cuenta del entramado complejo de ese
pasado y, por consecuencia, de nuestro estado presente. El primero de los estilos es el
coloquial: «Maldito, bastardo, llegando a puerto me las pagará con creces. Yo sé lo que
tratan de ocultar él y su cómplice. Es inútil que pretenda que ignoramos sus malos
manejos» (p. 47).
Es necesario usar este lenguaje como uno de los muchos que componen el universo
lingüístico del mundo representado. Ni todos hablan indígena ni todos hablan castellano,
sino que la expresión coloquial lleva a la comunicación de las necesidades básicas, de la
comunicación instantánea de lo inmediato, sin mediaciones elaboradas o propósitos
eruditos. El lenguaje en su función primaria que es la de la comunicación tiene en este
estilo su cometido parco y sucinto.
Lo coloquial nos permite adentrarnos a esos mundos representados en la novela con
un lenguaje más pegado a la tierra, lejos de ornamentos y que busca comunicar las cosas
cotidianas, con las que se convive y las que más inquietan y más presentan dificultades, un
ejemplo se muestra a continuación:

…por lo que respecta al padre Jerónimo es justo decir que no hay hombre más casto, ni
más apegado a sus votos de clérigo que él. Mas a mí, sí que me atormentaba el celibato
forzado; la castidad, que nunca fue mi amiga, se ensañaba propiciándome
alucinaciones y sueños lúbricos y pecaminosos, que me traían con la mirada turbia y
las partes encendidas con metal líquido, con fuego abrasador, amenazante; brasas que
me hacían amanecer mojado, pegajoso y de un talante de los mil demonios (p. 142).

52
El ejemplo anterior muestra una preocupación muy humana, muy mundana como las
relaciones sexuales sin fines reproductivos ni rituales, sino meros actos de la carne, del
deseo, de la necesidad sexual. Esta dimensión está dada por la combinación de un
tratamiento literario del lenguaje y otro más coloquial para tratar las cosas comunes de las
necesidades prístinas.
Importante, también, es la presentación del lenguaje religioso, en este caso en voz de
Jerónimo de Aguilar, compañero inseparable cuando se menciona a Guerrero en las
crónicas de la Conquista como se señaló en el capítulo anterior. De esa manera, puede
hallarse el reclamo al náufrago por su vinculación con las creencias mayas «¿Del dios
qué…? ¡Sólo hay un Dios en la tierra, en el cielo y en todo el universo, el Dios de los
cristianos, nuestro Dios! ¿De qué blasfemias me hablas? ¿De un ídolo de barro y sangre, de
ése…?» (p. 230).
No obstante los reclamos de lo católico, es el mismo Aguilar quien en un acto
clarividente revela la importancia trascendental de la unión de lo hispánico y lo indígena
por vía de Guerrero y su esposa maya: «La mayoría ha tenido que amancebarse con indias
tomadas por la fuerza bruta. Claro que después las han amansado, las han metido en sus
costumbres y, poco a poco, han logrado establecer una convivencia pasajera, pero siempre
dentro de un concubinato y con la conciencia manchada por el pecado de la fornicación »
(p. 35).
Entonces, el lenguaje religioso aparece como parte fundamental de la Conquista,
lenguaje que conduce las almas al asidero metafísico, a través de doctrinas y enseñanzas
teológicas. Pero también es parte de los rituales de la vida cotidiana. No es posible
comprender lo mexicano sin la parte religiosa, como tampoco es posible asimilar la historia
de Guerrero sin Aguilar.
También se muestra la voz de un soldado que puede ser la de los soldados en general
que militaban en la empresa conquistadora: «Ea, señor de Ordaz, cuántos salvajes queréis
que mate para satisfacer al comandante Dávila» (p. 264). Estos personajes tenían muy claro
lo que debían hacer y por esa razón tuvieron que intervenir muchas veces los misioneros
para detener sus intenciones violentas y asesinas.
Antonio Garrido señala que “el estilo de la novela es la resultante de una suma de
estilos, una suma armoniosa gracias al papel organizador que sobre ellos ejerce la voz del

53
narrador”.342 Y esa suma de estilos, como el conocimiento de las crónicas de la época lleva
a Aguirre a presentar un párrafo como el siguiente:

Por divisa un latinajo que nunca pude entender y mucho menos pronunciar, pues
he sido hombre de guerra y marinero y no letrado clérigo o notario de aldea fina. La
letra me entró con sangre, escolástico prófugo y travieso, más las huellas se pintaron en
mis lomos y las cicatrices recuerdan, amargamente, los golpes y humillaciones de un
cura, que Dios haya perdonado porque yo aún no he podido. Confieso que sé contar,
pero más sé de las artes de marear (pp. 28-29).

Me refiero al conocimiento de las crónicas por el tono de la obra, y en este caso en


particular porque pueden relacionarse dos soldados narradores de la Conquista como
Guerrero y Bernal Díaz del Castillo, aunque en términos estrictos no exista ningún
documento escrito por el náufrago. Los dos son soldados conquistadores, por ojos de
quienes puede conocerse la mirada desde la acción y desde lo más bajo de la experiencia.
Así comenta su texto Bernal con el uso del tópico del humillitas tan empleado en las
crónicas de relación: “fuera menester hacer un gran libro para declararlo como conviene, y
un muy afamado cronista que tuviera otra más clara elocuencia y retórica en el decir, que
estas mis palabras tan mal propuestas para poderlo intimar tan altamente como merece”.343
Por su parte, Guerrero aclara que ni puede hablar como letrado ni como el narrador erudito
y poeta que inicia la novela, por esa razón debe cambiar el estilo y hablar como le
corresponde.
Enseguida tenemos un lenguaje técnico como el naviero. Uno de los rasgos que
llaman la atención en las primeras líneas de la novela es la de un manejo del lenguaje de
manera precisa, ya que el mundo es representado y evocado desde la terminología
naviera. 344 Es decir, a partir de esta nomenclatura puede rescatarse una visión del siglo XVI

acorde a su tiempo. No es gratuita, entonces, la aseveración del mismo Eugenio Aguirre


que se refirió en el primer capítulo sobre su ardua investigación para el entramado
lingüístico de su novela: «Me dirigí hacia el combés y ahí me entregué a la tarea de revisar
los trabajos de los carpinteros y calafates de a bordo» (p. 26).

342
Garrido, “El discurso…”, ed. cit., p. 244.
343
Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Editorial Porrúa,
México, 23ª ed., 2007, [Sepan cuántos…, 5], p. 2.
344
Véase el apéndice I de esta tesis.

54
Este lenguaje es el medio en el que los marineros se comunican y a través del cual
comprenden el mundo. Ese universo que tiene momentos críticos (zozobrar) como en la
vida misma, o que goza de momentos favorables como navegar a favor del viento con el
que puede uno dejarse llevar (sotavento) y ahorrar combustible o energías, o por el
contrario, ir a contracorriente (barlovento) de manera contraria al sistema, empleando todos
los recursos para sortear las embestidas del viento fuerte. De esa forma puede leerse el
siguiente pasaje:

Tiré hacia el muelle y me acerqué a la proa de la carabela. Su espolón, en forma de


ariete, se balanceaba nervioso y golpeaba las orlas de espuma que del mar brincaban
insolentes. Sobre la barandilla, el piloto gritaba órdenes a unos hombres que revisaban
el armazón del codaste. En el castillo, el capitán Valdivia pasaba lista a la tripulación
que iba ingresando a través de la pasarela. Las velas se encontraban arriadas,
disgregando latinas sobre los humores del viento, que a la sazón había amainado (p.
23).

El lenguaje de este narrador tiene un manejo preciso de cada elemento de ese entorno
marinero. Como se refirió arriba, Gonzalo no hablaría con latinajos como si hubiera sido
letrado o religioso, pero sí como un personaje que vivía del mar y como tal no puede sino
referirse a cada cosa como su nombre lo precisa. En este pasaje puede apreciarse el trajín de
la vida en la nave antes de partir, los marineros revisando la estructura principal del barco,
el capitán pasando lista, las velas recogidas y el vaivén de las olas que mece toda la
embarcación.
El último lenguaje —o estilo, según Bajtin— es el poético, ya que es la apuesta de la
pieza desde el inicio y la vía por la cual busca reivindicarse la figura del náufrago español.
Veamos el siguiente ejemplo:

Su cabello, joven y viril, se perdía besando el hálito del viento; se arremolinaba,


furioso, cuando la brisa introducía su fino peine de carey entre el eco de sus pasos.
Tamboril que a veces correteaba y en ocasiones reía, con gutural y armónica tersura.
Flautín que estaba mirando sus cavidades de carrizo, sus ojeras de sueños no
encontrados, de almenas aún no derribadas por el embate del hastío. Era el ser que se
perdía en el fulgor de una fogata, entre los arlequines que saltaban con gritos de fuego,
con espasmos de parto. Él sabía leer en la arena los presagios y tiraba, al desgaire, los
huesecillos del ágora que se azotaban sobre las rocas del farallón. Sabía que de los
barcos, que de los galeones y carabelas, saldría la mano que lo separaría de su mundo,
de su placenta, y temblaba con el frío de un condenado (pp. 9-10).

55
Como puede leerse, este pasaje es una buena muestra de la preocupación del manejo
fino del lenguaje, por la búsqueda de una expresión precisa y poética. Ese uso problematiza
el que la novela se presente como histórica, ya que el lenguaje poético se vale de
procedimientos metafóricos, simbólicos, polisémicos, además del carácter fónico, acústico,
plástico. Antonio García Berrio añade que es importante la desautomatización de la lengua
poética y reforzar un efecto poético “contrapuntístico”. 345 Esto lleva a detenerse en la
lectura de forma diferente en la que se enfrenta un lector a un texto meramente informativo.
La obra sin ser un poema tiene una proyección poética a través del lenguaje como la
descripción citada del cabello de Guerrero agitado por la brisa marina donde existe una
clara eufonía que a través del carácter fonético evoca el sonido del viento marino cercano a
la playa en la que se encuentra el personaje. A ello hay que agregar cómo se escucha la
reproducción de los pasos. Asimismo, la imagen de la fogata despliega una plasticidad
increíble porque muestra de forma bien elaborada, acorde con la época en la que se
desarrolla la novela, las llamas cual graciosos arlequines emergiendo del fuego con brincos,
gritos y espasmos de parto. Esto es, un fuego del que brotan figuras cuyos movimientos
están ligados con la simbología del fuego: juego, rito, vida. Y precisamente en este segundo
párrafo del inicio de la novela se unen los cuatro elementos fundamentales como parte de
una cosmogonía poética de Guerrero, de lo mestizo:

Gonzalo partió feliz, corriendo como un muchachuelo al que han dado estrella de
ororuz en la doctrina. Se presentó en el cuartel y recogió su manta y su costal de
bártulos. Metió la mesada entre pecho y guarnición y se fue, ya con la tarde cayendo en
la siega del rey Cronos, a meter en la barraca que ofrecía fuego y ración a la plebe
marinera (p. 21).

El teórico García Berrio señala que lo poético tiene un “principio de antieconomía


del lenguaje literario, por oposición al de economía que rige el sistema comunicativo de la
lengua estándar”, que el mismo García Berrio prefiere por encima de “redundancia”, de
Jakobson, “plurisignificación” o “polisemia”, de Barthes y Kristeva, respectivamente.346
Por eso se prolonga la narración en descripciones que podrían ser más escuetas.

345
Antonio García Berrio, Teoría de la literatura (la construcción del significado poético). Cátedra, Madrid,
2ª ed. revisada y ampliada, 1994, p. 47.
346
Ibid., p. 43.

56
Con Severo Sarduy podríamos coincidir al señalar el uso artificioso del lenguaje,
como un elemento del neobarroco o barroco hispanoamericano, en el que buscan sustituirse
metáforas, aglutinar significantes que dan la sensación de una exuberancia inasible, y la
condensación que llevan a internarse en las indagaciones dentro de cajas chinas para
encontrar el significado.347
La proyección poética de la pieza, entonces, problematiza la concepción de la
novela como histórica porque no hay referentes exactos y más que exactos, debido a la
historia de Guerrero referida en el capítulo anterior, de un solo significado. En esta obra el
lenguaje busca sus arborescencias plurisignificativas y las reverberaciones plásticas que
proveen de distintas tonalidades los diferentes momentos evocados del siglo XVI. El
lenguaje poético tiene mayores alcances, en todos los niveles, que el prosaico. El mismo
García Berrio afirma que lo poético tiene un resultado más universalista. 348 Por esa razón es
importante lo que asegura el teórico español:

Los textos literarios que alcanzan la sublimidad del mérito poético, las únicas
obras de arte verbal sobre las que a la larga es útil reflexionar y las únicas que
perduran históricamente, son ante todo testigos del hallazgo estético de alguna verdad
esencial, honda e interesante para el hombre. El conocimiento literario y en general la
experiencia artística son formas privilegiadas de adentrarse en enigmas atractivos y
en formas de la verdad, a las que la curiosidad del hombre cultivado acostumbra a no
ceder.349

Como puede observarse la variedad de estilos, lenguas y voces dan a la novela un


entramado alejado de la sencillez y que se complejiza por el uso de elementos
narratológicos como el narrador que se expondrá enseguida. Sin embargo, todo ello va en el
camino de una composición coherente tanto interna como externamente tomando al
mestizaje como eje isotópico. Es decir, hay una confluencia armónica y productiva de
diferentes elementos estilísticos.

347
Severo Sarduy, “El barroco y el neobarroco”, en Obras III. Ensayo. FCE, México, 2013, pp. 401-411.
348
Ibid., p. 38.
349
Ibid., p. 55.

57
EL NARRADOR PROTEICO

Antonio Garrido señala que el narrador es un organizador y regulador de la información y


de los materiales narrativos.350 Eugenio Aguirre utiliza diferentes portavoces del relato para
dar cuenta de la problemática que supone la Conquista y el tema de Gonzalo Guerrero
como símbolo del mestizaje americano, lo que resulta en el empleo de un narrador proteico.
El narrador proteico u hologramático es, a decir de Liduvina Carrera, un sujeto enunciador
disfrazado, con múltiples rostros y con la capacidad de desplazarse a lo largo de la
ficción.351 También puede “proyectarse hacia una o varias escenas”. 352 Asimismo, de una
forma tridimensional, este narrador permite observar “los diferentes ángulos
representados”353 de la narración.
Al respecto, la novela de Aguirre se halla en la mejor tradición cervantista que se ve
en el Quijote porque el narrador va cambiando en la medida que avanza la pieza. En la obra
de Cervantes primero aparece como un revisor de la crónica, luego se complejiza, ya que en
el capítulo IX se presenta como compilador de unos documentos que pasan de un autor
original del que nada se sabe a un traductor y luego a un comerciante hasta que se difumina
la autoría. 354 Este recurso también se halla en la obra de Laura Esquivel y en especial en La
ley del amor en la que “mana como voz textual que se disfraza y muta en la voz virtual del
narrador de las noticias”. 355
El primer narrador en Gonzalo Guerrero es el rapsoda, que en medio de la plaza
pública de lo que es México comienza su canto: «Era el hombre que vivía tratando de tocar
con las puntas de sus dedos los filos de las ásperas estrellas. Estirando las extremidades
sobre los lomos de las olas, ora doradas ora de plata bruñida por la noche» (p. 11). Este
inicio de carácter épico está más cercano a la epopeya, y en ese sentido, de lo que Luis
Beltrán Almería ha llamado mundo quimérico. Dicho mundo está caracterizado por no
tener fronteras, ni entre dioses y hombres ni entre vivos y muertos, “y los espíritus de los

350
Antonio Garrido Domínguez, “El narrador”, en El texto narrativo. Editorial Síntesis, Madrid, 1996, p. 106.
351
Liduvina Carrera, “La metaficción virtual: hacia una estrategia posible en la narrativa finisecular
latinoamericana del siglo xx”, Tesis doctoral. Universidad Católica Andrés Bello, 2000, p. 184.
352
Idem.
353
Ibid., p. 185.
354
Sebastián Noejovich, Para leer a Don Quijote. Hazme un sitio en tu montura. Lea, Buenos Aires, 2012, p.
XXX.
355
Liduvina Carrera, La metaficción virtual. Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 2001, p. 145.

58
antepasados siguen protegiendo y orientando la vida familiar. El mundo quimérico reúne a
los mortales, a los inmortales y a los muertos”,356 como sucede en Pedro Páramo con la
confluencia de las ánimas en un mismo espacio compartido con los supervivientes: Comala.
Asimismo, tiene una fuerte presencia de la oralidad, se percibe la vida como un ciclo
interminable y tiene una organización patriarcal. 357
En el mundo quimérico surgen mitos como el de Babel que une el cielo y la tierra,
“el dios hecho hombre, el hombre divinizado, o el descenso de vivos a los infiernos”. Este
imaginario es una utopía de la infancia de la humanidad, débil y fuerte a la vez, “necesita
protección de los dioses y fundadores”. 358
Por esa razón, no es extraño que este narrador cuente en tercera persona, desde una
postura externa a la historia en la que no participa, en forma épica. Como una epopeya del
mestizaje, de México, emplea un lenguaje poético, propio de este género. 359 Esta
característica ya se mencionó arriba, pero avancemos en la comprensión del texto. El incipit
de la pieza recuerda el inicio de la Ilíada:

Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos
males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes
hizo presa de perros y pasto de aves –cumplíase la voluntad de Zeus– desde que se
separaron disputando el Atrida, rey de hombres y el divino Aquiles. ¿Cuál de los
dioses promovió entre ellos la contienda para que pelearan?360

En este ejemplo puede verse cómo dioses y hombres conviven, en un mundo sin
límites espaciales o temporales, 361 característica de los diferentes narradores empleados en
la novela de Aguirre. Sin embargo, no sólo eso, sino que se encuentran diferentes
referencias y alusiones que le confieren una densidad textual que se abordará más adelante.
Regresando al asunto que nos ocupa, es importante señalar que la historia de la
literatura latinoamericana tiene una década dorada en la que surgen obras de gran calado;
novelas que no sólo abordan el tema de la identidad, también proponen innovaciones
narrativas que le dan un rostro a la representación literaria de ese espacio del mundo. Los

356
Luis Beltrán Almería, “Las estéticas de la tradición”, en La imaginación literaria. La seriedad y la risa en
la literatura occidental. Montesinos, Madrid, 2002, p. 25.
357
Ibid., pp. 23-52.
358
Ibid., pp. 25-26.
359
Ibid., p. 40.
360
Homero, La Ilíada, I, 1-5.
361
Beltrán Almería, “Las estéticas de la tradición”, ed. cit., p. 33.

59
antecedentes sin duda se encuentran en La región más transparente (1958) y en La muerte
de Artemio Cruz (1962), de Carlos Fuentes; ese año también se publica El siglo de las
luces, de Alejo Carpentier. Un año después aparece Rayuela (1963), de Julio Cortázar,
también se publica La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa; en 1965 sale a la luz
Juntacadáveres, de Juan Carlos Onetti y Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante;
más adelante aparece Paradiso (1966), de José Lezama Lima y en 1967 se publica Cien
años de soledad, de Gabriel García Márquez. En medio de ese auge literario, en 1966
precisamente, emerge José Trigo, de Fernando del Paso. Esta obra, señala Gonzalo Celorio,
“amplía el acervo de nuestro patrimonio literario y coincide con el proceso de renovación
de nuestras letras, si no es que en muchos aspectos se adelanta a él”. 362
Pedro Ángel Palou en una conferencia sobre novela histórica, en el marco de la
cátedra Alfonso Reyes del ITESM señala que Fernando del Paso no escribió la obra que
inauguraría la nueva novela histórica en México –Noticias del Imperio (1987)–, sino que
“reencauzó el árbol literario” nacional. Palou asegura que este mismo autor inicia su carrera
literaria haciendo un ajuste de cuentas con Juan Rulfo en José Trigo, a quien le dedica la
única y auténtica novela joyceana en el país. Desde esa primera pieza hasta aquella
protagonizada por Carlota tienen como objetivo modificar el canon, la biblioteca y como tal
proponen una lectura diferente del pasado y del futuro.363
Consignándole esa importancia, el inicio de la novela de Aguirre, también recuerda,
justamente, al de José Trigo: “Era. Era un hombre. Era un hombre de cabello encarrujado y
entrecano. Tenía cuántos años. Treinta y cinco, cincuenta. Cincuenta y cuantos trenes salen
todos los días de la vieja estación de Buenavista y yo los cuento como cuento sus años”. 364
No importan los años porque “La epopeya se limita a recrear el mundo quimérico y
esa recreación no acepta límites temporales”. 365 Entonces en esa pregunta sobre quién era
José Trigo, y el narrador dice que era un hombre, sin importar su edad, podría preguntarse
quién era ese personaje donde convergían tantos significados del barrio Nonoalco-
Tlatelolco. Espacio donde van a confluir diversos tiempos violentos, como si se tratara de

362
Gonzalo Celorio, “Contra el silencio”, en Fernando del Paso, José Trigo. Siglo XXI, México, 14ª ed., 2006,
p. xi.
363
Pedro Ángel Palou, “Novela histórica”, en Cátedra Alfonso Reyes. Instituto Tecnológico de Estudios
Superiores de Monterrey, Monterrey, (28 de abril de 2010), 1:51:14, 54:20-57:00, [en línea]:
https://itunes.apple.com/mx/itunes-u/catedra-alfonso-reyes/id441977601
364
Fernando del Paso, José Trigo. Siglo XXI, México, 14ª ed., 2006, p. 5.
365
Beltrán Almería, “Las estéticas de la tradición”, ed. cit., p. 33.

60
un espacio donde hay un sino que se repite como maldición divina a la manera de Sísifo,
quien empuja una roca que siempre rueda hasta abajo; así, ese barrio se convierte en un
escenario del espanto, de la aniquilación. Lugar donde puede ubicarse el momento inicial
de la represión mexicana como en Todos los gatos son pardos (1970), de Fuentes.366 De esa
manera, “los antepasados, los fundadores no están muertos, perdidos en un tiempo perdido.
Están presentes en la memoria, en los valores. En realidad, en el mundo quimérico no existe
lo remoto, todo pertenece a un único espacio”. 367
De igual forma, al rapsoda podrían preguntarle ¿quién era Gonzalo Guerrero? Y él
contestaría con ese inicio de que era un hombre con ciertas características, con cierto
temperamento, y como personaje cohesionador, preguntarse por él como por un país, una
historia de la génesis mexicana.
El primer narrador de Gonzalo Guerrero, entonces, es un rapsoda que canta a su
pueblo la historia de ese hombre que salió de España, y después del naufragio decidió
nunca regresar. Asimismo, también recuerda el inicio de la Odisea:

Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio que después de destruir la


sacra ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo, vio las poblaciones y
conoció las costumbres de muchos hombres y padeció en su ánimo gran número de
trabajos en su navegación por el ponto, en cuanto procuraba salvar su vida y la vuelta
de sus compañeros a la patria… ¡Oh diosa hija de Zeus!, cuéntanos aunque no sea más
que una parte de tales cosas.368

Aquí puede verse como en la novela de Aguirre, si volvemos a Beltrán Almería, que
este mundo épico no tiene carácter universal, sino nacional, que busca establecer un linaje,
que aporta una identidad, es decir, un linaje divino.369 Esto es, se narra la historia de un
personaje legendario, con características semidivinas: sobrevive a un naufragio, pelea
contra un lagarto y utiliza el ingenio para vencer –característica inconfundible de los héroes
nocturnos–; no obstante, su mayor cualidad y lo que lega finalmente al pueblo que
engendra es la capacidad de mezcla. México como país surrealista por antonomasia, dijo

366
Véase Marlon Martínez Vela, “La Conquista como génesis represora en Todos los gatos son pardos”, en
Revista de Literatura Mexicana Contemporánea, 61, 20 (abril-junio 2014), pp. XLI-L (Dossier).
367
Ibid., p. 34.
368
Homero, La Odisea, I, 1-10.
369
Beltrán Almería, “Las estéticas de la tradición”, ed. cit., p. 28.

61
André Breton; nación ecléctica, dirán otros; barroco es un término más justo, aunque de
ello se hablará más adelante cuando se aborde la intertextualidad.
Este mismo narrador cierra la novela con un epílogo a la manera de las epopeyas,
nuevamente: «En la leyenda ha quedado tu nombre, estrella de sangre, rubia gema que
viniste a acrisolar la raza, la nueva estirpe, la cósmica aventura de los nuevos pueblos…
Gonzalo Marinero» (p. 283). Líneas que recuerdan con ese tono poético el final de la
Ilíada: “Así celebraron las honras de Héctor, domador de caballos”. 370
El segundo narrador es el propio Gonzalo Guerrero contando su propia historia. Esta
voz proyecta por tanto la intimidad del personaje, sus anhelos, sus miedos, sus pasiones y
sus conflictos existenciales. Sin embargo, no deja de pertenecer a ese mundo quimérico que
ya se ha señalado:

Bajaron todos a bordo, bueno casi todos. Debo confesarlo si he de ser honesto y si
quiero aclarar un poco la inexactitud de los cronistas, quienes no se pondrán de
acuerdo sobre el número de sobrevivientes y causarán conflictos aritméticos al
historiador Morley. 371 La verdad es que llegamos dieciocho personas al esquife y que
la número diecinueve, don Lope de Arriaga, se vio impedida de abordar, porque al dar
el paso definitivo resbaló y quedó colgado de la pasarela, que estaba sumamente
húmeda, apenas con las puntas de los dedos. El hecho de que mis botas, en forma
involuntaria, caminasen por ahí y presionasen un poquitín aquellos nudillos morados,
haciendo que el burócrata se desprendiese y se fuese a pique, no es asunto que pueda
yo achacar a mi conciencia, y menos tomando en cuenta las circunstancias. La realidad
es que partimos dieciocho y me ha dado gusto aclararlo (p. 84).

Aquí puede leerse cómo el tiempo no tiene límites para el narrador quien da cuenta de
los registros que realiza un mayista casi 400 años después de la muerte de Guerrero. En una
lógica ajena al mundo quimérico eso sería incongruente, pero en este caso está justificada
porque se trata de un narrador en primera persona, una voz intemporal, una voz ucrónica.
Estamos ante una conciencia de los orígenes, pero también conciencia de cómo ese pasado
lejano está presente en todos los tiempos y en la conciencia colectiva como algo
indiferenciado.372
Y justamente, con ese fin puede encontrarse el primer capítulo de La región más
transparente:

370
Homero, La Ilíada, XXIV, 804.
371
Sylvanus Griswold Morley (1883-1948) fue un arqueólogo y estudioso de la cultura maya.
372
Beltrán Almería, “Las estéticas de la tradición”, ed. cit., p. 25.

62
Mi nombre es Ixca Cienfuegos. Nací y vivo en México, D.F. Esto no es grave. En
México no hay tragedia: todo se vuelve afrenta...Su danza (nuestro baile) suspendida
de un asta de plumas, o de la defensa de un camión; muerto en la guerra florida, en la
riña de cantina, a la hora de la verdad: la única hora puntual. Poeta sin
conmiseración, artista del tormento, lépero cortés, ladino ingenuo, mi plegaria
desarticulada se pierde, albur, relajo…Al nacer, muerto, quemaste tus naves para que
otros fabricaran la epopeya con tu carroña; al morir vivo, desenterraste una palabra,
la que nos hubiera ligado las lenguas en las semejanzas.373

Si en José Trigo se narra la historia de un barrio, y por otra parte, Carlos Fuentes da
cuenta de la historia de una ciudad, Gonzalo Guerrero es la epopeya del mestizaje que
supone la historia de los pueblos latinoamericanos desde su génesis. Estaríamos, entonces,
también y en forma particular, ante la historia de México donde todos los tiempos son un
solo tiempo, donde todo el ser colectivo mexicano se condensa en las tierras mayas.
A través de la postura de este segundo narrador podemos entender, por otra parte, la
vida íntima del marinero, el universo interno que habita en cada ser humano, sus miedos,
sus esperanzas, sus dudas como en el pasaje siguiente:

Soy muy escrupuloso en cuestiones religiosas y me lastima en el alma escuchar las


opiniones de gente vulgar e ignorante. Sobre todo me molesta enterarme de cosas que
ofenden a la voluntad de Cristo, el buen Dios. Esclavitud bajo sus hábitos, a la sombra
de la eucaristía y de los votos, es algo que siembra rencores en mi pecho… Además ya
lo han dicho, ya lo han pregonado, que estos seres no son hombres, que no tienen
espíritu que salvar, que son casi como animales hechos por la naturaleza para servir a
los de nuestra raza…Yo con esto quisiera conformarme, pero…(pp. 30-31).

En este fragmento, puede apreciarse esa duda por el statu quo en el que le toca vivir a
Guerrero, una sociedad que está en la decadencia de la Edad Media y que vislumbra los
albores del Renacimiento. En esa sociedad, todavía teocéntrica, las máximas autoridades
eran el rey y el clero, ambas representantes divinas en la tierra y a las que no podía
cuestionarse. Empero, este navegante iletrado encontraba elementos que no correspondían
con lo que se predicaba, el germen estaba allí, en sus vacilaciones sobre la condición
humana.

373
Fuentes, Carlos, La región más transparente. Edición conmemorativa. RAE/Asociación de Academias de la
Lengua Española/ Alfaguara, México, 2008, pp. 19-20.

63
Ese mismo narrador habla deslumbrado de la cultura maya (p. 115.), y quienes tienen
una «lengua dulce e incomprensible» (p. 117). También narra cómo fueron abandonando el
vestido español por la indumentaria indígena (p. 135); así como la comida: «daba la
autorización para que se probasen los alimentos y se degustasen los condimentos, entre los
que destaca por su sabor el ají. Verdadero alumbre para nuestras lenguas» (p. 138). En la
novela se trata de llevar al lector a la experiencia vívida que pudo haber tenido Guerrero
como en el pasaje siguiente:

…mis oídos se acostumbraron a la melodía de la lengua que brotaba de las gargantas


de estos hombres; mi lengua se acostumbró a paladear los manjares de la tierra; mi
olfato a los olores de la selva, del monte, de las ciudades y sus hombres; sudores que
eran intuiciones de su comportamiento, preámbulos de sus quehaceres (p. 138).

Entonces, esta voz presenta un mundo desde una mirada personal, como si se
presentara ante el tribunal de la Historia y expusiera su caso. Pareciera interpelar: “¿por qué
me ocultaron tantos años? ¿Por qué me olvidaron? No es verdad que yo fuera un traidor.
Yo sólo soy como los demás hombres”. Un hombre común que se vuelve extraordinario por
las decisiones que toma como embarcarse en el Darién y negarse a regresar con los
españoles; antepone el valor familiar al nacional: «Qué mal los conoces padre, qué poco los
entiendes. ¿Acaso piensas que el cariño que me tiene Na Chan Can se puede comprar con
baratijas? ¿En serio crees que el amor de mi mujer y mis hijos puede tornarse en apatía, por
unos vidrios brillantes» (p. 232). Y como se mencionó arriba, ésta es una característica de
ese universo sin límites, se trata de un mundo de la oralidad, es decir, de la familia, antes
que el reino o la nación.
Un tercer narrador es de nuevo uno externo a la historia y quien da cuenta de la vida
del náufrago, pero ya no se trata del rapsoda, sino del narrador cronista, a la manera de las
relaciones de la época conquistadora. De esa forma, puede leerse un pasaje como el
siguiente:

Corría el año del Señor de 1514, la última fecha del calendario juliano que pudo
haber sido conocida por Gonzalo Guerrero, cuando los habitantes de la ciudad de
Xamanhá se dispusieron a celebrar el final del Katún 2 Ahau y, al efecto, se dedicaron
a erigir un prodigioso monumento consistente en una estela que rescataba el pasado
grandioso de la familia Tutul Xiu, en ofrenda al dios Itzamná, Señor de los Cielos, del
Día y de la Noche (p. 157).

64
Manuel F. Medina al mostrar el argumento de la obra Gonzalo Guerrero, destaca
que se trata de una pieza alejada del planteamiento común sobre la temática del Encuentro
de dos mundos en la que se exalta la labor conquistadora; en ésta el protagonista es un anti-
héroe como Guerrero y para lograrlo, Aguirre emplea el estilo de los cronistas. 374 Por su
parte, Enrique Serna señala que desde el Quijote los escritores se han puesto como
historiadores de lo que cuentan para “convencer a sus lectores de que lo narrado es real”. 375
Se establece una convención “voy a fingir que soy un cronista y tú debes suspender tu
incredulidad para creer que mi historia es verdadera”. 376 Esto es, la estrategia narrativa
apunta en la dirección de una reelaboración histórica en todas sus dimensiones.
De igual forma, Medina afirma que parte del éxito de la novela se encuentra en las
377
estrategias narrativas que evocan aquellas del siglo XVI. También retoma lo que
menciona Walter Mignolo sobre la importancia de que el destinatario de las crónicas no
siempre era el rey. 378 Y en ese sentido, vemos que Aguirre emplea un narrador en tercera
persona y el destinatario es el lector de la obra.
Algo que llama la atención de este narrador es que con un afán revisionista coteja la
relación de fray Diego de Landa y le hace correcciones y precisiones «las ceremonias del
sabacil than, que normalmente duraban tres meses, no fueron celebradas con la ligereza y
liviandad descritas por el Obispo Landa» (p. 160). Al mismo tiempo inserta diálogos entre
Guerrero y los pobladores para apoyar su discurso historiográfico. Asimismo, emplea las
mediciones mayas utilizadas en el Chilam Balam «Fundada en el segundo cuarto del
Baktún 9, año 593 del calendario gregoriano, la ciudad había conservado su señoría y
esplendor de antaño» (p. 165). Recrea entonces una forma de la crónica y la Historia que le
proveen mayor densidad narrativa a una novela que armoniza diferentes recursos dándole
una proyección de mezcla, una confluencia poética.

374
Manuel F. Medina, “Buscando el origen del mestizaje en las crónicas: Eugenio Aguirre re-crea a Gonzalo
Guerrero”. Confluencia, 11, 1 (otoño, 1995), pp. 148-149.
375
Enrique Serna, “Santa Anna en la historia y en la ficción”, en (Conrado Hernández López, coord.) Historia
y novela histórica. El Colegio de Michoacán, Zamora, Michoacán, 2004, p. 167.
376
Idem.
377
Medina, op. cit., pp. 150-151.
378
Ibid., p. 150.

65
Concuerdo con Medina en que Aguirre utiliza una de las máscaras de los narradores
para emplear uno cronista en el capítulo VI, pero como vimos arriba, el narrador del primer
capítulo es más bien un rapsoda mientras que los capítulos que emplean como fórmula el
narrador en primera persona presentan a un personaje cultural que está en todos los
tiempos y en todos los espacios de México desde su génesis, desde su imaginación.
Por último, puede apreciarse el carácter quimérico de la pieza por el uso de
diferentes narradores, o mejor, porque este narrador se transforma en diferentes momentos
y con diferentes fines, como si convivieran los diferentes narradores en un espacio abstracto
e intemporal. El mundo referenciado surgen entonces desde la imagen del canto épico de
Guerrero, al del poeta, y de éste al de la historia misma de México, lo que contrasta con la
mirada convencional historiográfica que solo proporcionaría datos y fechas. El yo narrativo
diluido en la diversidad imaginaria de la narración, vendría en consecuencia a representar
el discurso del propio náufrago español en su intento de tomar conciencia en el tiempo de
su valor simbólico.

INTERTEXTUALIDAD

Un último aspecto que quisiera destacar en la pieza de Aguirre es el de la intertextualidad,


que Gérard Genette equipara al término de “literaridad”. 379 La intertextualidad, entonces,
muestra un tejido espeso de textualidades de la más diversa índole que revelan tradiciones,
conocimiento histórico y literario. Además de que eso expresa la complejidad del momento
histórico, como suma de conocimientos, de textos, de experiencia y de historia que se
vierten de manera anacrónica en puntos clave de la existencia humana.
A partir de esta brevísima explicación teórica me dispongo a abordar algunos
ejemplos de tipos intertextuales para dar cuenta de la forma en la que Gonzalo Guerrero se
vincula con la tradición literaria e incluso se propone una relectura de la historia y la
literatura.

379
El teórico francés expone las diferentes variables de la intertextualidad, pero también para ello hay que
sumar lo que mencionan teóricos como Roland Barthes al hablar de los cinco códigos que se despliegan en un
espacio estereográfico, donde pueden escucharse “voces en off” que, a su vez, remiten a otros textos
anteriores. Véase Roland Barthes, S/Z. Siglo XXI, México, 11ª ed., 2001, p. 16.

66
Empecemos con la idea más elemental de la intertextualidad, que es la cita directa. En
la novela que nos ocupa pueden encontrarse entre otras, citas de la crónica de fray Diego de
Landa como a continuación:

«…Subía el sacerdote suciamente vestido y, con una flecha en la parte verenda, fuese
mujer u hombre, le hería y sacaba sangre; y bajábase y untaba con ella los rostros al
demonio; y haciendo cierta señal a los bailantes, le comenzaba a flechar por orden,
como bailando pasaban apriesa, al corazón, el cual tenía señalado con una señal blanca;
y de esta manera poníanle todos, los pechos en un punto, como erizo de flechas», nos
relató el Obispo Landa (p. 184).380

Aguirre inserta este pasaje para vincular las relaciones de la Conquista con la
literatura; de este modo funde mediante un registro documental Historia y Literatura. A
través de la hibridación de diversos textos el autor ve con ironía todo intento de decir la
última verdad sobre el pasado. A través del tratamiento poético se busca una recepción
óptima de la obra, de esa coyuntura genética. Además de que por vía de la cita adquiere su
aspecto barroco porque de esa forma vacía, deforma, al emplear inútilmente o con fines
tergiversados el código a que pertenece, y por lo tanto, ya “no remiten más que a su propia
facticidad”. 381
Helena Beristáin añade como forma de intertextualidad la estrategia de “la alusión”,
como “forma menos explícita y menos literal”. 382 El ejemplo que proporciona la estudiosa
se basa en El Sueño de Sor Juana, en el que se sugiere la imagen poética alude a una serie
de personajes mitológicos, sin nombrarlos directamente mediante el recuento de sus
características.
A lo largo de la novela de Aguirre, hay alusiones a diferentes tradiciones como la
literaria «superando en el éxtasis a mi tocayo Berceo, lengua de nuestra Santa Virgen» (p.
54), «La mayacimil o muerte fácil de que hablase el Chilam Balam de Chumayel, había
abierto sus pestilentes fauces y pretendía devorarlos a todos» (p. 177), «sin tener el
consuelo de un Decamerón» (p. 185); la clásica: «allá en donde el sol tiene su cama y
Vulcano su terrible fragua» (p. 37); la católica: «El padre Aguilar ha sido su san Jorge» (p.
97); y la bíblica: «Lázaro, come y resucita, fue la consigna del alimento y el tío revivió

380
Cfr. fray Diego de Landa, “Capítulo V. Vida y creencias de los mayas”, en Relación de las Cosas de
Yucatán. Miguel Rivera Dorado (ed.). Promo Libro, Madrid, 2003, pp. 99-100.
381
Sarduy, op. cit., p. 416.
382
Helena Beristáin, Alusión, referencialidad, intertextualidad. UNAM, México, 1996, p. 32.

67
como por arte de magia» (p. 108), son sólo algunos ejemplos que pueden apreciarse en esta
novela.
Un aspecto más sobre la intertextualidad tiene que ver con la parodia. Esta forma
transtextual como la consigna Genette puede identificarse de diversas formas, mismas que
parecen partir de los contracantos, algunas veces en tono humorístico, que realizaban los
rapsodas tomando como base los metros de las epopeyas con las que deleitaban al público.
Para ello, muestra diferentes tipos tanto en relación con el texto que se parodia como en el
régimen empleado en dicha relación; en estos primeros existe una relación de
transformación del texto en el que se basan: parodia, en régimen lúdico (ej. Chapelain
décoiffé, de Nicolás Boileau); travestimiento, en régimen satírico (Virgile travesti, de Paul
Scarron); transposición, en régimen serio (Doctor Fausto, de Thomas Mann). Los otros
tipos tienen una relación de imitación del texto en el que se basan: pastiche, en régimen
lúdico (L’Affaire Lemoine, de Marcel Proust); imitación satírica, en régimen satírico (A la
manière de…); imitación seria –forgerie o apócrifo–, en régimen serio (La continuación de
Homero, de Quinto de Esmirna).383
En ese sentido, puede encontrarse un juego intertextual de tipo paródico en el
siguiente pasaje cuando Guerrero dice hablar a Cristo y una voz le responde:

Gonzalo, yo soy Dios, el único, el verdadero, el creador del universo y de todo lo


que en él está contenido; yo soy el origen y el fin, la luz y la oscuridad, el movimiento
y la muerte, el paraíso y el infierno, el todo y la nada. Vives entre pueblos paganos que
no me conocen, pero que me intuyen y adoran en cada uno de sus ídolos. Me han
fragmentado en muchos más que Tres, siendo ése el número de mis concepciones, mas
esto no está mal. Tanto me sirven adorando a Itzamná como a Ah Puch; de igual forma
que si un cristiano se dirige al Padre o al Espíritu Santo; por eso no te preocupes, que
no pecas en mi contra sirviendo a un fragmento de mi personalidad, a un reflejo de mi
presencia. Simplemente recuerda que, en las ofrendas que hagas a Acanum alabas al
Verbo, y dedícaselas a él en tus oraciones (p. 192).

El ejemplo anterior se halla en régimen serio y, por lo tanto, se trataría más bien de
una transposición del llamamiento de profetas, como los bíblicos, así vemos a Isaías
“Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por vosotros?
Entonces, respondí yo: Heme aquí, envíame a mí”. 384 También puede apreciarse un pasaje
parecido cuando Saulo de Tarso, antes de cambiar su nombre a Pablo, iba rumbo a

383
Genette, Palimpsestos, ed. cit., p. 41.
384
Isaías 6:8.

68
Damasco para capturar discípulos de Jesucristo: “repentinamente le rodeó un resplandor de
luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me
persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues”, 385 la
voz le ordena que entre a la ciudad después de quedar ciego y ahí dentro lo sanará Ananías
quien recibe instrucciones: “El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste,
para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel”. 386
Esto es, se trata de un profeta con una misión diferente a los anteriores, de dar a conocer un
Dios celoso; a Guerrero como profeta se le demanda expandir una fe aglutinadora.
Entonces el náufrago convertido en profeta por vía de la transposición textual es uno
encargado de revelar el sincretismo oculto en la religiosidad cristiana y prehispánica. Al
final, se sugiere una unión que va más allá del mestizaje físico, pues implica una unión al
mismo tiempo cultural y espiritual.
Como se mencionó arriba al señalar características del barroco, o neobarroco, una de
ellas es el empleo de la parodia. Y como lo señala Sarduy, la novela latinoamericana
participa de eso que Bajtin identificaba derivado del género serio-cómico que a través de
enmascaramientos queda debajo de la obra que al final da un aspecto de filigrana en el que
se entretejen finos hilos de diversas piezas artísticas. 387 Otro elemento que destaca en este
sentido es el de la carnavalización, con efectos claros de la transgresión de los órdenes
establecidos, pero también espacio de lo expuesto arriba como dialogismo, polifonía,
pluriestilismo y plurilingüismo. 388
Con relación al paratexto, son importantes los diferentes elementos que aparecen en
las diversas ediciones existentes de la novela. Por un lado, está el agradecimiento: “Con mi
profundo agradecimiento al maestro en Historia Carlos Martínez Marín, quien
generosamente puso a mi disposición su excelente trabajo intitulado ‘La aculturación
indoespañola en la época del descubrimiento de México’”. Sin duda esta referencia es de
incidencia ejemplar porque precisamente la novela aborda una de las muchas historias
sobre dicha temática. Cabe señalar que la obra de Martínez Marín aparece en otro paratexto
como la bibliografía, lo que es muy curioso porque no se trata de una obra historiográfica,

385
Hechos 9:3-5.
386
Hechos 9:15.
387
Sarduy, op. cit., p. 412.
388
Ibid., pp. 412-413.

69
sino de una literaria. Sin embargo, no deja de plantear una primera hoja de ruta sobre la
propuesta literaria de Aguirre. Además está la importancia que tiene el texto de Martínez
Marín porque prácticamente toda la anécdota de la novela está contenida en ese artículo, así
como la idea de la aculturación no en 1519 con la expedición de Cortés, sino en 1511 con la
llegada de los náufragos a tierras yucatecas. 389
A ello se suma el breve recuento de otros aspectos paratextuales que se hizo en el
primer capítulo como las portadas y reseñas que acompañan a cada una de las ediciones.
Todo esto tiene la intención de presentar un texto fidedigno, basado en fuentes
historiográficas reconocidas. Se busca ubicar al lector en un contexto de objetividad
histórica para después producirle un efecto de extrañamiento mediante diferentes técnicas
narrativas como se vio arriba. Así lo señala Javier del Prado al referirse al paratexto:
“Ofrecen pautas de lectura, a veces de manera sincera, otras ambiguas”,390 como parte del
ejercicio literario de la propuesta estética, como la bibliografía al final de la novela (p. 285)
que parecen ofrecer ante el lector pruebas de fidelidad de lo contado.
Un elemento paratextual que presenta varios puntos de análisis es el de la edición de
2012 que hizo Planeta. En ella se incluye un prólogo «a la edición conmemorativa del 500
Aniversario del Mestizaje en América» (p. 7) escrito por el arqueólogo Eduardo Matos
Moctezuma, especialista en cultura azteca. Es una nueva propuesta para encarar la
coyuntura histórica y traumática que fue la Conquista. En un contexto de los festejos por el
bicentenario de la Independencia y centenario de la Revolución, esta edición se suma a la
discusión sobre la identidad nacional. En este paratexto se omite aludir a la Conquista como
choque, violación o, incluso, encuentro, y en su lugar se emplea el término de mestizaje.
Cabe decir que veintidós años antes de la conmemoración del Descubrimiento la primera
edición de la novela de Aguirre ya planteaba la idea del mestizaje desde una perspectiva
positiva, y no como una deuda histórica que llevara sentimientos de inferioridad o
desprecio. En dicho prólogo el estudioso habla a grandes rasgos de la fábula de la novela,
de la importancia del contraste entre Guerrero y Aguilar porque «ambos personajes forman
el resumen de la Conquista» (p. 7). En ellos se conjuga la experiencia total de dos visiones

389
Carlos Martínez Marín, “La aculturación indoespañola en la época del descubrimiento de México”, en
Homenaje a Pablo Martínez del Río en el XXV aniversario de la edición de Los Orígenes Americanos. INAH,
México, p. 401.
390
Javier del Prado Biezma, Análisis e interpretación de la novela. Cinco modos de leer un texto narrativo.
Síntesis, 2000, p. 75.

70
del mundo en colisión: por un lado lo religioso, por otro, lo militar; la aventura y la misión;
la precaución para no mezclarse con los infieles y la admiración por la cultura ajena. Estos
personajes son entonces una suma de características que conforman al mexicano.
Otro de los aspectos de la intertextualidad que estudia propone Genette tiene que ver
con el metatexto. Al respecto, el siguiente pasaje de la novela es sintomático de cómo
mediante estas inserciones discursivas el relato toma conciencia de su propio proceder y
adopta una mirada crítica:

Omitiré narraros ahora la descripción de las festividades y sacrificios que


sucedieron a la guerra de Sotuta, porque no quiero aturdir vuestros ánimos con el vapor
de tanta sangre, y pasaré a ponderar un hecho que no sólo a mí me llenó de admiración,
sino también a nuestros amos y señores, y muy especialmente a Taxmar (p. 152).

En este nivel Aguirre critica el abuso en crónicas como la de fray Bartolomé de las
Casas y del mismo Bernal en las que no hay empacho por las descripciones sanguinolentas
de los sacrificios y de las matanzas de indígenas. Existen otros motivos, parece sugerir el
autor, mucho más elocuentes para caracterizar a ese otro que forma parte de los mismos
mexicanos. Pareciera decirnos la narración que convendría que no todo lo indígena deba
relacionarse con el tema de la barbarie y la muerte. En contraste, el texto de Aguirre parece
sugerir que existen rasgos más dignos de destacar que los hechos sangrientos, tales serían
por ejemplo, la mutua admiración, la mutua conquista, el mutuo enriquecimiento cultural
que supone este hecho fundamental de la historia humana.
Un punto más que me gustaría destacar es el que Genette llama hipertextualidad. Si
bien, no hay un hipotexto único –un texto base– del cual Gonzalo Guerrero sea su
hipertexto –la transformación del texto base–, sí existen referencias para pensar que se trata
más bien de un hipertexto de varios hipotextos desde las crónicas de la Conquista como la
de Landa y el ya mencionado Bernal, así como de las homéricas La Ilíada y La Odisea; de
la misma forma, las piezas de la novela contemporánea señaladas en el apartado sobre los
narradores. Hay una fundición de Historia y Literatura, desde la crónica y la poesía épica
con un tratamiento de la novela moderna que desemboca en la propuesta de la pieza que
nos ocupa. De esa forma pueden leerse ejemplos como el siguiente:

Acostumbraban estos hombres pelear a la desbandada, en masa informe y


desordenada, muy expuesta a los blancos del enemigo; se reunían en turbamulta,

71
gritando y haciendo ruido, sin cuidarse de las rociadas de flechas, de las picas bien
apoyadas, y se dejaban ir al ataque como quien va a un carnaval (p. 147).

Este párrafo recuerda a La Ilíada en uno de sus cantos, lo que exhibe parte de la
hipertextualidad en la novela de Aguirre:

Puestos en orden de batalla con sus respectivos jefes, los teucros avanzaban
chillando y gritando como aves –así profieren sus voces las grullas en el cielo, cuando,
para huir del frío y de las lluvias torrenciales, vuelan gruyendo sobre la corriente del
Océano, llevan la ruina y la muerte a los pigmeos, moviéndoles desde el aire cruda
guerra–, y los aqueos marchaban silenciosos, respirando valor y dispuestos a ayudarse
mutuamente. 391

Por último, Genette se ocupa de la architextualidad, para señalar los registros del
texto que aluden a su propia condición genealógica. Por lo que se refiere a la novela de
Aguirre, el autor ofrece al lector una obra que escamotea su asimilación como novela de
pura ficción, porque la presenta como pieza histórica; sin embargo, en los primeros párrafos
del texto podemos atestiguar un lenguaje poético, que de alguna manera viene a cumplir un
proceso de extrañamiento respecto a lo que podría ser una simple crónica del pasado.
En suma, puede observarse, en este nivel estructural, cómo la novela de Aguirre
tiene una construcción donde confluyen elementos como el lenguaje rescatado del siglo
XVI, empleando formas propias de los cronistas de la época. En ese sentido, la relación
entre texto y lector genera una atmósfera de complicidad, el autor da cuenta de la vida de
Guerrero y asume cierta responsabilidad por la vaguedad y los vacíos en la Historia sobre
este náufrago. Además está la apuesta poética que profundiza en otras dimensiones de la
humanidad que no serían posibles mediante formas narrativas convencionales. Asimismo, a
través del narrador proteico, se potencia la expresividad del relato, lo que lleva al lector a
introducirse en los planteamientos existenciales que pudiera haber experimentado este
marinero en su inusitada travesía. Al final, destaca la importancia de la palabra como
efectuadora y condensadora de la memoria, de la Historia y de la existencia. “En el
principio era el Verbo”.392 Puede verse, pues, al escritor como maestro de la palabra, capaz
de evocar de forma más contundente ese pasado que la misma historiografía sobre el tema.

391
Homero, La Ilíada III, 1-5.
392
Juan 1:1.

72
Como puede apreciarse, el entramado formal de esta novela es de una complejidad
tal que desafía al lector más avezado; pero frente a esto, puede decirse también que
Gonzalo Guerrero adquiere un valor poético toda vez que muestra una congruencia interna
y externa, concorde con la isotopía del mestizaje. Se muestra por tanto como una novela
aparentemente tradicional, a tal punto que ha confundido a críticos como Seymour Menton,
quien no la considera una pieza sintomática de la nueva novela histórica. Sin embargo,
como podemos observar, la obra de Aguirre muestra un amplio conocimiento no sólo de la
historia sino de las tradiciones literarias que aluden al hecho histórico sobre el que se
sustenta la novela.

LA IMAGEN DEL TIEMPO

Cada cultura tiene una imagen del tiempo que regula su vida cotidiana en diferentes
aspectos: costumbres, política, religión, existencia, vida y muerte. Esa idea del tiempo no es
igual en todos los pueblos y no ha sido la misma a lo largo de la historia. Por eso, Paul
Ricœur comenta: “el tiempo se hace tiempo humano en la medida en que se articula en un
modo narrativo, y la narración alcanza su plena significación cuando se convierte en una
condición de la existencia temporal”. 393 En este trabajo se da cuenta de la construcción de
esa imagen y de su repercusión en el universo de la novela Gonzalo Guerrero, de Eugenio
Aguirre. Para desarrollar tal empresa se hace un acercamiento desde la sintaxis imaginaria
de la narración.
El teórico francés Jean Burgos señala que la “estructura sintáctico-imaginaria está
determinada por la constitución de series de asociaciones de imágenes”. 394 Así, el primer
tipo es el de conquista, que como indica su nombre es percibido como aquel que ocupa el
espacio, que toma posesión de algo.395 El siguiente es el de repliegue, mismo que renuncia
al tiempo cronológico, por lo cual busca espacios cerrados donde refugiarse del tiempo,

393
Paul Ricœur, “Tiempo y narración. La triple ‘mimesis’”, en Tiempo y narración I. Configuración del
tiempo en el relato histórico. Siglo XXI, México, 2013, p. 113.
394
Apud Alfonso Martín Jiménez, Tiempo e imaginación en el texto narrativo. Universidad de Valladolid,
Valladolid, 1993, p. 131.
395
Idem.

73
espacios secretos, incluso la apuesta por la desaparición del espacio. 396 El tercero
corresponde a la estructura imaginaria de progreso, la cual no está en pugna con el paso del
tiempo, sino que busca aprovechar ese devenir para conquistarlo, para trascenderlo; en tal
virtud, tiene una concepción cíclica donde no se excluyen elementos, sino que antes bien se
incluye y se da sentido a la sucesión causa-efecto del tiempo.397
Por su parte, Alfonso Martín Jiménez añade que hay que tomar en cuenta dos ejes
para la identificación de la sintaxis imaginaria de la narración: uno es el representado por la
distancia temporal entre el narrador y lo que narra, así como la relación de los tiempos
narrativos y los deícticos temporales. 398 A ello agrega las estructuras de cada cronotopo, así
como las consideraciones que tiene Ricœur sobre las estructuras en las que identifica una de
carácter continuo en posición al tiempo de la aventura, que es lineal y ascendente, y que es
conveniente con los temas de desarrollo; un segundo ligado a la plaza pública lo cual
redunda en arquitecturas circulares o de encastre; y hay un tercer cronotopo de orden
privado, que Mijail Bajtin ligó al género biográfico y autobiográfico, donde el protagonista
toma conciencia del devenir. Cada uno de ellos correspondería con uno de los tipos vistos
arriba, el tiempo de aventuras y peligros está vinculado a la conquista; el pluridimensional
y circular concuerda con el tipo de repliegue; y finalmente, el de desarrollo y metamorfosis
coincide con el tipo de progreso.399
A su vez, estas estructuraciones dinámicas de conquista, compaginan con el régimen
diurno –en la terminología de Gilbert Durand– las cuales tienden a desarrollar una
perspectiva lineal y continua que “atiende directamente a los momentos en que se producen
los hechos”.400 Por su parte, las estructuras de repliegue, se corresponden con el régimen
nocturno que muestra la subjetividad del narrador y los personajes, así como los espacios
cerrados o laberínticos, lo que produce una sensación de cerco o de repetición en razón de
que el continente termina siendo contenido, como en las cajas chinas. 401 Por último, las
estructuras dinámicas de progreso son identificables con el régimen copulativo en que se da
una aceptación del paso del tiempo, toda vez que ese “carácter conciliador entre los sucesos

396
Ibid, pp. 131-132.
397
Ibid., p. 132.
398
Ibid., p. 135.
399
Ibid., p. 136.
400
Ibid., p. 137.
401
Idem.

74
reales y los efectos que producen la subjetividad de los personajes conlleva un ritmo
sosegado y constante”.402
Otro punto a considerar en la imagen del tiempo es el de los narradores. Las
estructuras dinámicas de conquista “tienden a presentar un narrador heterodiegético,
externo a la fábula”.403 Por su parte, las estructuras de repliegue presentan espacios
cerrados donde el narrador suele ser “homodiegético interno a la fábula”. 404 Por último,
están las estructuras de progreso que pueden incluir los dos tipos de narradores que por un
lado, representan una temporalidad abierta y otra voz que presenta su experiencia desde
focalizaciones internas.405 Con relación a Gonzalo Guerrero, de Eugenio Aguirre puede
verse que se trata de este último caso. En efecto, estamos ante un narrador proteico que se
desdobla en el rapsoda que canta la historia de Guerrero y se manifiesta en el epílogo; el
mismo marinero presenta de su propia voz la mayor parte de los capítulos y el narrador
cronista que coteja las historias del náufrago para presentar ese episodio de Descubrimiento
y Conquista. Esto indica que asistimos a una estructura imaginaria de progreso y, por lo
tanto, dentro del régimen copulativo, lo cual como vemos, resulta muy sintomático del tema
que desarrolla la novela, que es justamente el del mestizaje. Sin embargo, antes de pasar a
la interpretación de estos elementos daremos cuenta de otros aspectos que debemos de
considerar como base para profundizar en la interpretación sintáctico-imaginario del relato
que nos ocupa.
El primer elemento que comprende la sintaxis imaginaria es el de las secuencias
narrativas. Al respecto, Tzvetan Todorov identifica tres tipos de estructuras secuenciales: la
de enlace, en la que las historias son colocadas una después de otra, que consiste en la
yuxtaposición de diferentes historias, es decir, se encadena un microrrelato con otro. 406 El
formalista ruso Victor Sklovski le llama a esta organización “enhebrado”, y señala que se
trata de un relato en el que un héroe atraviesa por varias aventuras. 407 La segunda es la de
imbricación o enclave como en El Decamerón; aquí se presenta la inclusión de una historia

402
Ibid., p. 138.
403
Ibid., p. 141.
404
Idem.
405
Idem.
406
Tzvetan Todorov, “II. El análisis del texto literario”, en Poética estructuralista. Losada, Madrid, 2004,
p. 137.
407
Ibid, p. 137-140.

75
dentro de otra, lo que ocurre también y puede verse en Las mil y una noches.408 La tercera
es la de alternancia donde las historias se dan de manera intercalada, esto es, dos historias
se narran simultáneamente y se interrumpen cada determinado momento para dar paso a
una u otra historia, de tal suerte que se van entrelazando. 409
Desde estos presupuestos teóricos, podemos afirmar que la novela de Aguirre
responde a una sintaxis narrativa de enclave, en tanto que existe una historia marco dentro
de la cual se suceden otras historias a manera de cajas chinas o muñecas rusas. Esto puede
identificarse gracias al narrador proteico que da las pautas de lectura de las diferentes
historias. A pesar de que las historias son organizadas una tras otra a manera de enlace,
desde una forma más atenta podemos observar que se crean diferentes posturas
perceptuales, que van de la narración omnisciente a planos introspectivos y analépticos, de
tal modo que no obstante que la historia pareciera cumplir con una cronología secuencial,
lo cierto es que la ruta de Gonzalo Guerrero supone la recuperación fragmentaria de su ser.
A través de esta técnica narrativa es que asistimos al emprendimiento de un viaje, el
naufragio, el encuentro con los indígenas, su compra como esclavo, su integración a la
cultura maya, la formación de una familia inédita, su pelea contra sus “antiguos paisanos”,
en tales microrrelatos se narran ángulos de percepción.
Esta organización narrativa dispone al lector a sumergirse en las honduras del
pasado nebuloso del personaje en cuestión, y sobre todo, de la génesis del mestizaje de la
identidad mexicana. A través de la inmersión es posible palpar la historia olvidada o negada
porque ya no es una apuesta única, sino que a fuerza de regresar y profundizar en las raíces
identitarias permite presentarse con posturas encontradas ante la realidad. Y aquí es
importante retomar la discusión entre historia y ficción porque precisamente se trata de una
novela histórica que busca poner en juego la vida de un personaje importante consignado en
el pasado mexicano y latinoamericano. En este marco, puede ayudarnos la visión del
escritor Ricardo Piglia:

Entonces ¿cuál es la especificidad de la ficción? Su relación con la verdad. Me


interesa trabajar esa zona indeterminada donde se cruzan la ficción y la verdad. Antes
que nada porque no hay un campo propio de la ficción. De hecho, todo se puede
ficcionalizar. La ficción trabaja con la creencia y en este sentido conduce a la

408
Idem.
409
Idem.

76
ideología, a los modelos convencionales de la realidad y por supuesto también a las
convenciones que hacen verdadero (o ficticio) a un texto. La realidad está tejida de
ficciones. 410

Por tanto, la sintaxis narrativa por enclave habla de la ficcionalización de la historia.


Un acontecimiento importante como el primer mestizaje puede fijarse de muchas formas o
dejarse en el olvido como se hizo con Gonzalo Guerrero, el real, el verdadero. Luego del
trabajo historiográfico y, sobre todo, del artístico la vida registrada en unas líneas ha
cobrado dimensiones insospechadas gracias a la ficción. Puede verse, entonces, la
propuesta artística de Aguirre por cuanto la forma y estructura del relato dan cuenta de su
contenido temático.
Otro aspecto que comprende la sintaxis imaginaria es el concerniente a la naturaleza
de la trama; Hayden White considera que esta construye una idea del devenir humano. 411 Es
así como habla de cuatro formas de tramar el relato; para ello se apoya en lo que Northrop
Frye había propuesto en Anatomía de la crítica, cuando señalaba que existen al menos
cuatro modos de tramar: la comedia, el romance, la tragedia y la sátira, las cuales expresan
la vivencia de la temporalidad humana en planos análogos a las estaciones del ciclo anual:
primavera, verano, otoño e invierno, respectivamente. 412
De acuerdo con la lectura interpretativa de Luis Carlos Salazar sobre los
presupuestos teóricos en mención, la primavera y el otoño representan una posibilidad de
liberación, al menos, provisional frente a la caída. Las obras que responden al estatuto
primaveral manifiestan mediante la comedia una denuncia de vicios y malas costumbres
como medio de renovación social. Por su parte, el romance celebra la vida mediante el eros
copulativo. En estos dos géneros hay en consecuencia la idea de una alegría triunfal por la
erradicación de los vicios humanos o el encuentro y triunfo de los amantes. Se representa el
triunfo del bien sobre el mal, de la virtud sobre los vicios, la luz sobre las tinieblas, se trata
de la “trascendencia última del hombre sobre el mundo en que fue aprisionado por la

410
Ricardo Piglia, “La lectura de la ficción”, en Crítica y ficción. Anagrama, Barcelona, 2001 [Argumentos],
pp. 10-11.
411
Hayden White, Metahistoria. La imaginación histórica en la Europa del siglo XIX. FCE, México, 5ª ri.,
2005, p. 18.
412
Ibid, p. 18 y ss. Para ahondar en la relación entre White y Frye puede consultarse Luis Carlos Salazar
Quintana, “La narrativa histórica de José Fuentes Mares: imaginar el pasado, vivir el presente”, en Nóesis
(Nueva época). Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, 20, 40 (agosto-diciembre, 2011), pp. 32-46. En
dicho texto se profundiza en la propuesta que realiza White a partir de Anatomía de la Crítica.

77
Caída”.413 En contraste, la tragedia no cuenta con momentos festivos, y la representación de
la caída y la conmoción del mundo son reconocidas por los espectadores como ganancia de
conciencia, del conocimiento de las leyes que gobiernan a la humanidad. Por último, la
sátira es un drama de desgarramiento, dominado por el terror, uno que muestra al hombre
como prisionero del mundo, de donde el individuo solo puede sorprenderse frente al
absurdo.414
Podría decirse, entonces, que Gonzalo Guerrero tiene una trama romancesca, donde
el amor triunfa sobre la muerte, donde Eros vence a Tánatos. En esta trama es posible el
mestizaje como producto de la trascendencia de esos dos mundos distantes y distintos. Se
trata de una historia como el artefacto literario donde se propicia la cópula y la gestación de
una nueva representación étnica de la humanidad. La pasión y el amor son los motores que
mueven el corazón de Guerrero: el amor por el amor mismo, el amor por la vida, por sus
prójimos: «Hicimos subir a unos negros y les instruimos acerca del esfuerzo que de ellos se
esperaba», (p. 62) que como en la parábola del buen samaritano, no es aquel oriundo del
mismo lugar o el paisano, «Pobrecillos», sino el que ve en el otro a un semejante «tantos
días sumergidos en el fango y en la obscuridad de su mazmorra los tenían debilitados y
tambaleantes», a un ser donde se ve a sí mismo desde otro ángulo: «Tuvimos que aguardar
a que sus ojos se acostumbrasen a la luz solar y a que reuniesen un poquitín de brío», desde
otra perspectiva, desde otro mundo posible. Este amor puede verse cuando tiene que
organizar la limpieza de la nave de los animales muertos durante la tormenta «y entonces
los obligué, cómo me arrepiento de ello, a que tomasen en sus manos la sarna y la arrojasen
al agua».
La preocupación de Guerrero por los esclavos llega al punto de poner en riesgo su
propia vida al querer liberarlos ante la posible zozobra de la embarcación:

Las manazas del señor de la nao se aferraron a las solapas de la chaqueta que me
cubría y me zarandearon con gusto por unos segundos; luego fui botado en el suelo y
pateado con furia. Mi nariz sangró de inmediato y mi pecho se vio abandonado del
oxígeno. Un golpe de Giménez sobre mi nuca acabó con una resistencia que ni
siquiera había podido esbozar. Me privé por unos segundos y, entre nubes vaporosas
de polvo de azufre, alcancé a escuchar la voz nasal de Arriaga que me llamaba zafio
villano, subversivo e insubordinado gañán. También pude oír que el capitán se

413
Ibid, p. 19.
414
Ibid, p. 20.

78
oponía a que me aniquilase de un sablazo; que me excusaba por mi bondad e
inexperiencia en la trata de infieles (p. 77).

La enajenación de Guerrero por el otro puede apreciarse también en el desarrollo de


la obra cuando el héroe conoce a los indígenas y su cultura, y más aún cuando decide
formar una familia al amancebarse con una mujer nativa. Es evidente, entonces, cómo Eros
se levanta de forma imponente en la novela y, a pesar de la muerte que merodea
constantemente la vida del marinero, al final el amor se sobrepone a cualquier adversidad
aunque caiga muerto por una bala. Asimismo, hay que considerar, como dice Paul Ricœur,
que tanto White como Frye, no hablan solo del tipo de composición narrativa, sino de una
forma de ver el pasado.415 El pasado desde el mestizaje, en la comunión de dos polos
opuestos, del frío y el calor, del agua y el fuego, arriba y abajo, vida y muerte, lo femenino
y lo masculino. En tal sentido, la obra es un romance de culturas, de manera dialógica
representa el proceso histórico del encuentro de dos mundos.
Un elemento más que ayuda en la comprensión de la sintaxis imaginaria es el de los
cronotopos. Conviene revisar, entonces, la idea de Mijail Bajtin aunque no sea
exhaustivamente. En palabras del propio Bajtin, es la “conexión esencial de relaciones
temporales y espaciales asimiladas artísticamente en la literatura”. 416 En su estudio el
crítico ruso identifica tres cronotopos novelescos en la antigüedad, mismos que serán muy
fecundos en tanto que permiten ver el desdoblamiento de las formas narrativas en el
proceso histórico: 1) El primero de ellos se origina con la novela de aventuras y de la
prueba, en la que la acción ocupa el mayor espacio posible y en un tiempo que parece no
medirse, o se trata de un periodo corto (Las etiópicas, de Heliodoro, Las aventuras de
Leucipo y Clitofonte, de Aquiles Tacio, luego pueden verse ejemplos en las novelas
históricas de Walter Scott).417 Después se encuentra la novela del costumbrismo, que evoca
una forma del tiempo social y humano; en este tipo de novelas se liga al espacio de la plaza
pública, se trata de un tipo de relatos en los que predomina el ámbito del carnaval. El
espacio se vuelve más concreto y se satura de tiempo (aquí ubica El Satiricón, de Petronio,

415
Paul Ricœur, “El entrecruzamiento de la historia y de la ficción”, en Tiempo y narración III. El tiempo
narrado. Siglo XXI, México, 2009, p. 908.
416
Mijail Bajtin, Teoría y estética de la novela. Taurus, Madrid, 1991, p. 237.
417
Ibid., pp. 239-248.

79
El asno de oro, de Apuleyo, y como ejemplo posterior Crimen y castigo, de
Dostoievsky).418 Por último, Bajtin denomina cronotopo biográfico u autobiográfico al tipo
de novela donde el “hombre que recorre su camino de vida”. 419 Este tipo de relato se basa
en las antiguas biografías como Apología de Sócrates y Fedón, de Platón. La vida privada
del personaje público se vuelve un acto cívico, a través del cual el orador pretende mostrar
la transformación de su ser mediante un acto de conciencia del devenir humano.420 Después
vendrán otras formas de la novela que heredarán dichos cronotopos con algunas variantes
pero que pueden vincularse sin dificultad con estas formas cronotópicas primarias.
De acuerdo con Bajtin, al final de la Edad Media aparecen obras en forma de
“visiones” entre las que destaca la Divina Comedia, en las que el mundo espacio-temporal
es simbólico o alegórico, y puede decirse, incluso, que se elimina el tiempo. 421 Este tipo de
obras constituidas en forma de visiones, en las que el tiempo parece estar detenido, no
volverán a aparecer en la literatura occidental, pero pueden asimilarse a otro tipo de novelas
introspectivas (como las desarrolladas por Dostoievski) que inciden en la descripción
psicológica de los personajes, logrando una suerte de atemporalidad.
En suma, los distintos cronotopos desarrollados por Bajtin, pueden encuadrarse en
tres tipos básicos: el tiempo y el espacio de la aventura; la temporalidad mundana y el
tiempo productivo. Siguiendo a Bajtin podríamos pensar que la novela Gonzalo Guerrero
está compuesta por un cronotopo del tiempo productivo como también pudo verse que
concuerda con el tipo de trama romancesca. En la medida que hay una trascendencia de ese
mundo, en la victoria de lo bueno sobre lo malo. Así también, hay una relación productiva:
el mestizaje, que como señaló Uslar Pietri en el capítulo anterior, no solo es sanguíneo, sino
cultural.
Como se ha expresado líneas arriba, al hablar de White, el Eros se impone al
Tánatos, en la pieza lo “bueno crece y lo malo se degenera y perece”; el amor, el valor, el
honor, la valentía, marcan los momentos del desarrollo de la historia. Por supuesto que hay
momentos críticos, que prueban las honduras de la condición humana, pero al final se
sobrepone lo más loable del ser humano. En este sentido, el mismo Gonzalo Guerrero sufre

418
Ibid., pp. 263-277.
419
Ibid., p. 283.
420
Ibid., pp. 282-298.
421
Ibid., pp. 307-308.

80
la transformación, pues de ser un simple marinero, se convierte en soldado de la Corona
española; del mismo modo, su fe católica entra en conflicto con las prácticas sacerdotales
de los nativos; así, incurre en el amancebamiento, pero más que eso, se vuelve un personaje
romántico, un símbolo del hombre de todos los tiempos: valiente, honorable, amante de su
familia, protector y proveedor, justo, esforzado, tolerante, ecuménico, libertador. Si bien,
podemos hablar de un cronotopo de aventura, la composición termina por ser más compleja
que eso, puesto que plantea la transición de una conciencia de realidad a otra.
El último aspecto que queremos destacar es la arquitectura general de la narración,
como resultado de la imagen global que la novela propone con relación a su visión del
tiempo. Esta noción teórica la ha desarrollado Luis Carlos Salazar al relacionar los
diferentes presupuestos antes expuestos con las estructuras simbólicas que agrupa Gilbert
Durand en tres constelaciones fundamentales. 422 De este modo, Salazar relaciona la sintaxis
de enlace, con una narración apolínea, es decir, una narración de conquista, de aprendizaje,
un tipo de narración donde la acción es el eje y motor de la misma; por lo tanto los trazos
espaciales de estos relatos son siempre ascendentes o suponen una confrontación, por su
naturaleza antitética. Luego, tenemos la sintaxis de enclave, cuyas características
corresponden a una narración dionisíaca, donde prevalece la complejidad estructural en
virtud de su forma fragmentada y abismada. Por último, se presenta la sintaxis de
intercalación, la cual es concomitante con una narración copulativa, cuya composición
presenta planes dialógicos que expresan un proceso regenerativo y progresivo, mediante la
cual los personajes adquieren una toma de conciencia del tiempo y de su estar en el
mundo.423
En conformidad con esta última propuesta, la novela de Aguirre obedece a una
narrativa dionisíaca, esto es, hay una estructura compleja, fragmentada e híbrida. Existe
una constante cavilación sobre el propio ser del mexicano, quien vive en una introspección
perenne de la que parece no salir nunca. La muerte incluso le alcanza cuando ni siquiera ha
terminado de enterrar a sus muertos y por esa aparecen en los grabados de Posadas,
descarnados y en su trajín consuetudinario.

422
Luis Carlos Salazar Quintana, “Teoría y análisis literario I”. Clase grabada en la Maestría en Estudios
Literarios/Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, Ciudad Juárez (26 de marzo, 2013), 2 hrs. (grabación
digital).
423
Idem.

81
Si podemos relacionar cada uno de los aspectos teóricos tratados hasta ahora, se
pone de manifiesto que la novela de Aguirre alcanza su mérito poético, en razón de que
despliega una sintaxis imaginaria consistente. Así, el cronotopo de tiempo productivo,
ligado a la experiencia biográfica del náufrago español, crea una analogía con la sintaxis de
progreso y con la estructura dionisíaca que identifica Salazar, en tanto, que el héroe sufre
una transformación, una evolución. A ello se une la trama romancesca que define White por
cuanto la novela confluye amorosamente la mirada del ser ajena, del otro, cuyo resultado es
el mestizaje.
En suma, como ha podido verse la pieza tiene una estructura muy elaborada, pero
sobre todo una pieza donde confluyen, de manera isotópica distintos elementos que
evidencian un tratamiento poético. El autor nos sitúa en un mundo dominado, concebido
por una empresa apolínea como es la Conquista, pero lo lleva al ámbito dionisíaco por la
forma en la que se recupera ese pasado, a partir de voces diversas sobre la misma historia,
la del conquistador conquistado. Vemos a un personaje que se desplaza en el tiempo para
recuperar su identidad, vive en un repliegue en busca de sus raíces, de su esencia, del
mestizaje.
Esta confluencia armónica puede arrojar luz sobre el éxito editorial que ha supuesto
esta obra, por las numerosas reediciones y miles de tirajes hasta convertirse en la obra más
vendida de Eugenio Aguirre. Esto concuerda con lo que expone Ricœur:

Si es cierto que una de las funciones de la ficción, unida a la historia, es la de liberar


retrospectivamente ciertas posibilidades no efectuadas del pasado histórico, es gracias
a su carácter cuasi histórico como la propia ficción puede ejercer a posteriori su
función liberadora. El cuasi pasado de la ficción se convierte así en el revelador de los
posibles escondidos en el pasado efectivo. Lo que “habría podido acontecer” –lo
verosímil, según Aristóteles– recubre a la vez las potencialidades del pasado “real” y
los posibles “irreales” de la pura ficción. 424

En este sentido, Gonzalo Guerrero atrapa y seduce al lector no solo por su riqueza
léxica y por su contenido histórico, sino, sustancialmente, por la forma poética de su
estructura narrativa.

424
Ricœur, “El entrecruzamiento…”, ed. cit., p. 916.

82
CAPÍTULO III.
ELEMENTOS SIMBÓLICOS E IMAGINARIOS
EN GONZALO GUERRERO

No hay mejor destino para el hombre que el de desempeñar


cabalmente su oficio de Hombre
Montaigne apud Alejo Carpentier

Es preciso ser a la vez el hombre de su época y el de su pueblo,


pero hay que ser ante todo el hombre de su pueblo
José Martí

83
EL NAUFRAGIO COMO TEMA INICIÁTICO.
LA CONSTRUCCIÓN MÍTICA DE LA NOVELA

Hay personajes que nacen para volverse míticos y este es el caso de Gonzalo Guerrero, de
quien apenas se conocen unas líneas escritas. Francisco López de Gómara, 425 Bernal Díaz
del Castillo 426 y fray Diego de Landa,427 entre otros cronistas, concuerdan en que fue un
marino que naufragó cerca de las costas yucatecas y que decidió quedarse a vivir con los
indígenas, donde formó una familia. Todo lo demás es ficción. Sin embargo su figura
adquiere proporciones míticas y en la novela de Eugenio Aguirre eso puede evidenciarse
gracias a un análisis comparativo en el que se incluye la revisión tanto de los cuentos
populares como de los ritos de iniciación, además de la propuesta de la imaginación
simbólica, asimismo podemos retomar la configuración espacio-temporal de la narración.
Este acercamiento es importante porque permite entender la estructura imaginaria de
la pieza, lo que supone adentrarse en la raigambre de elementos esenciales a los que se
enfrentan los seres humanos y que se condensan principalmente en la conciencia del
tiempo. Esto es apreciable en la concepción que el hombre tiene de sí y de su entorno, así
como de las manifestaciones que conlleva como en las artes; la literatura en este caso es
una perfecta muestra de ello.
Entonces, una vez revisadas la complejidad formal de la pieza, en las que se
destacaron como puntos de estudio el lenguaje, el tipo de narrador y la intertextualidad, así
como la sintaxis imaginaria de la narración, es preciso avanzar en la comprensión de la
novela para apreciar en su justa medida su propuesta poética.
Salvador Campos Jara, uno de los académicos que ha consagrado su vida como
investigador a la figura de Gonzalo Guerrero, ya veía trazos de lo mítico de este personaje
en la obra de Bernal. 428 Sin embargo, veamos a qué se refiere. Por un lado, están los pocos

425
Francisco López de Gómara, La Conquista de México (ed. José Luis de Rojas). Promo Libro, Madrid,
2003, pp. 65-66.
426
Bernal Díaz del Castillo, Bernal, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Editorial Porrúa,
México, 23ª ed., 2007, [Sepan cuantos…, 5], pp. 47-48, 91.
427
Fray Diego de Landa, Relación de las Cosas de Yucatán (ed. Miguel Rivera Dorado). Promo Libro,
Madrid, 2003, pp. 47-48.
428
Salvador Campos Jara, “Gonzalo Guerrero, anotaciones entre la historia y el mito”. Estudios del Hombre,
2 (1995), pp. 78.

84
datos de las crónicas que muchas veces se presentan en franca contradicción. 429 Además de
las diferentes presentaciones de Guerrero que hacen los historiadores de acuerdo con su
contexto, Campos Jara ve el mito en concordancia con lo expuesto por Luis Barjau cuando
señala que la “gente del mito” es aquella que protesta contra un orden, es la contestataria, la
rebelde, la insurrecta.430 Campos Jara ve lo mítico contrapuesto a lo histórico, lo que
concuerda con la reseña que hace John Brushwood de la novela que nos ocupa, ya que
destaca el despliegue imaginativo de Aguirre;431 de igual forma el primero vincula el mito
con la relación de “hechos sagrados”. 432 Por otra parte, se ve el mito de Guerrero como
“icono cultural”;433 icono también de la resistencia contra la Conquista;434 icono cultural
moldeado por el contexto social y transformado en héroe por la imaginación colectiva del
México moderno.435 Todo ello no es gratuito ya que se trata de una de las formas de iconos
culturales más perfectos porque contrasta “la riqueza interpretativa y la parquedad de los
datos comparables”.436
Cabe señalar que otra relación con el mito es aquella que representa la feliz
inversión con respecto a la Malinche que expusiera Octavio Paz al señalar que se trata de
una historia del fracaso, de la búsqueda continua de los orígenes en medio de una orfandad
que parece sumir al mexicano en el papel de víctima perenne, perdido en nepantla, porque
no está ni en el pasado indígena ni en el futuro europeo, sino que se halla en un presente sin
identificación.437
Por otro lado, en la representación que hace Carlos Fuentes de esta figura en “Las
dos orillas”, se ve a un Jerónimo Aguilar protagonista que refiere su acuerdo con Guerrero
para que el mundo indígena conquistara al europeo. De traidor, entonces, se convierte en

429
Ibid., p. 88.
430
Ibid., pp. 90-91.
431
John Brushwood, “Reseña de Gonzalo Guerrero, de Eugenio Aguirre”. Chasqui, 12 (1983), p. 96.
432
S. Campos Jara, “Gonzalo Guerrero, anotaciones…”, art. cit., 1995, p. 97.
433
R. Pellicer, “El cautivo cautivado: Gonzalo Guerrero en la novela mexicana del siglo XX”. América sin
nombre: boletín de la Unidad de Investigación de la Universidad de Alicante “Recuperaciones del mundo
precolombino y colonial en el siglo XX hispanoamericano, 9-10 (2007), p. 159.
434
Persephone Braham, “El feliz cautiverio de Gonzalo Guerrero”. Hispanic Review, 74, 1 (2006), p. 1.
435
Santiago Juan-Navarro y Theodore Robert Young (eds.), “Introduction”, en A Twice-Told Tale.
Reinventing the Encounter in Iberian/Iberian American Literature and Film. U of Delaware P, Newark, 2001,
p. 15.
436
Rolena Adorno, “La estatua de Gonzalo Guerrero en Akumal: íconos culturales y la reactualización del
pasado colonial”. Revista Iberoamericana, 62, 176-177 (1996), p. 911.
437
P. Braham, op. cit., p. 7. Cfr. n. 47 del capítulo anterior de esta tesis.

85
“padre de la patria, en un mito, en un símbolo”. 438 Precisamente, una de las tendencias en
las representaciones literarias ha sido la del personaje de Guerrero con un “cariz romántico
y arquetípico”,439 lo que lleva a concebirlo como mítico. En buena medida esas son las
características de tal concepción, pero en este apartado se intenta profundizar más en la
explicación de dichas consideraciones.
Ahora, la organización narrativa en el texto de Aguirre, como lo señala White, dota
de sentido al pasado,440 y es por ello que la novela inicia de la siguiente forma: «Era el
hombre que vivía tratando de tocar con las puntas de sus dedos los filos de las ásperas
estrellas» (p. 9). Así, pues, se podría leer como el inicio de un cuento popular. Y los
cuentos populares proporcionan enseñanzas o moralejas como señala Robert Darnton. 441
Sin duda este incipit rememora los inicios de los relatos orales como aquellos de “Érase una
vez…, o “Había una vez…”. Precisamente, así comienza el cuento alemán “El Frieder y la
Catherlieschen”: “Érase una vez un hombre que se llamaba Frieder…”. 442 Es decir, a pesar
de presentarse como una novela histórica parece que lo que quisiera contarse fuera una
historia que sucedió en algún momento indeterminado, mítico, lo que la vuelve difícil de
ubicar, pero también la dispone más inmediata al lector.
Esta alusión no es gratuita, a pesar de que nuestro objeto de estudio es una novela.
Por lo que conviene aclarar que ya no se trata de una relación con la sintaxis narrativa; es
decir, más que un acercamiento semiológico, se trata de uno de tipo semántico. La
propuesta, entonces, de V. Propp en Morfología del cuento arroja luz sobre lo que se quiere
mostrar en la obra de Aguirre:

El cuento sufre la influencia de la realidad histórica contemporánea, de la poesía


épica de los pueblos vecinos y también de la literatura y la religión, tanto si se trata
de los dogmas cristianos como de las creencias populares locales. El cuento conserva
las trazas del paganismo más antiguo, de las costumbres y los ritos de la
antigüedad. 443
438
R. Pellicer, op. cit., p. 165.
439
H. Cowie, op. cit., p. 199.
440
Hayden White, “2. El texto histórico como artefacto literario”, en El texto histórico como artefacto
literario y otros escritos. Paidós / Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona, 2003, p. 115.
441
Robert Darnton, “I. Los campesinos cuentan cuentos: el significado de Mamá Oca”, en La gran matanza
de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa. FCE, México, 5ª ri., 2005, p. 16.
442
Hermanos Grimm, “El Frieder y la Catherlieschen”, en Cuentos (ed. Ma. Teresa Zurdo). Cátedra, Madrid,
1994, p. 152.
443
Vladimir Propp, Morfología del cuento. Fundamentos, Madrid, 1974, p. 101.

86
Propp asegura que los cuentos populares son susceptibles de reducirse a 31
funciones que condensan la historia, en las cuales suele haber un niño-adolescente que se
aleja de casa, casi siempre por desobedecer, luego se lanza a un viaje al mundo de los
muertos, donde es ayudado por un guía (por lo general un animal totémico, que está
vinculado con los antepasados del héroe).444 Tal es así que las tribus del sureste australiano
consideran que no se debe matar un animal ni cortar un vegetal de la misma especie de su
tótem o kobong porque podría ser un amigo o familiar.445 En el país de los muertos el héroe
vence al rival malvado, ahí recibe una marca. Después regresa a su casa, a su reino o con
algún objeto. Luego se da el reconocimiento del héroe. Al final culmina con una boda. 446
Para obviar la muerte al final de la obra, debe retomarse su representación en el
naufragio de los capítulos 2 y 3 de la novela de Aguirre. Y ahí es evidente la construcción
del entorno mortuorio en varios momentos. Primero, a través de la tormenta que genera una
atmósfera húmeda, fría, de incertidumbre como la tumba. Después aparecen los tiburones
que acechan la nave y que acompañan como cortejo funerario al barco del que logran huir
algunos antes de que sea tragado por el mar.
En la pieza que se analiza también puede verse el matrimonio del héroe con la hija
del cacique Na Chan Can en el siguiente pasaje:

El ahkin me miró con una chispa de picardía y luego se volteó hacia el cacique y
le dijo: “Señor, el gavilán ha extendido sus garras para atrapar a tu polla, no lo podrás
evitar, es mejor hacerlo tuyo –y que cace en tu servicio. Lústrale las alas con el color
de tus hijos, para que todos lo reconozcan y digan ‘ese que ves volar es el yerno de
Na Chan Can, el poderoso señor de los Cheles’”.
-Así sea –rugió el Halach Uinic (pp. 207-208).
En algunas ocasiones todavía logro evocar los acontecimientos de aquellas bodas,
y sobre todo mis pensamientos cuando, ya consumada la unión y satisfechos nuestros
deseos, me puse a reflexionar sobre la trascendencia de aquella circunstancia (p.
209).

444
Ibid., pp. 218-223.
445
James George Frazer, La rama dorada. Magia y religión. FCE, México, 2011, p. 601.
446
Resumen extraído del Material docente del curso “La imaginación simbólica y el análisis comparado de
textos literarios”, perteneciente al “Máster en Estudios Filológicos Superiores” de la Universidad de
Valladolid, España (febrero-marzo, 2014), impartido por el profesor Alfonso Martín Jiménez.

87
Y precisamente por esos antecedentes se puede hacer la lectura de los cuentos de
acuerdo con lo que Alfonso Martín Jiménez subraya en el mismo Propp, ya que estos
héroes atraviesan de manera simbólica por un rito de iniciación, como los mencionados
arriba, en el que por medio de representaciones entran al mundo de los muertos, donde
perecen y vuelven a renacer para obtener una nueva vida que culmina en nupcias. 447
Para entender cuáles son las características de los ritos de iniciación es necesario
atender lo que señala Mircea Eliade, puesto que desempeña un rol fundamental en la
interpretación literaria que se haga a partir de ellos:

…un ensemble de rites et de enseignements oraux, qui pursuit la modification


radicale du statut religieux et social du sujet à initier. Philosophiquement parlant,
l’initiation équivaut à une mutation ontologique du régime existential. A la fin de ses
épreuves, le neophyte jouit d’une tout autre existence qu’avant l’initiation: il est
devenu un autre.448

Estamos, pues, ante un proceso importantísimo en las sociedades antiguas,


premodernas, porque era el paso decisivo entre la niñez y la vida adulta. Como afirma
Eliade, hay un cambio de la condición o el estado religioso y social, es decir, los ritos de
iniciación se han usado en diversas religiones o sociedades secretas, pero también como
parte de la cotidianidad. Es el paso obligado para adquirir las responsabilidades y derechos
de la adultez. Los resabios de dichos ritos pueden verse en los diferentes festejos a lo largo
del año y de la vida, como los años nuevos, los cultos en días de muertos, durante los
matrimonios, los bailes de las jovencitas que dejan de ser niñas, los exámenes de grado en
las universidades, las novatadas de los colegiales. Estos ritos se componían en la
antigüedad de tres momentos: cuando el principiante es instruido, el de la muerte ritual y
enseguida la resurrección.449

447
A. Martín Jiménez, “Universalidad y singularidad…”, art. cit., 1996, p. 357.
448
“Son un conjunto de ritos y de enseñanzas orales que buscan la modificación radical del estatus religioso y
social del iniciando. Filosóficamente hablando la iniciación equivaldría a una mutación ontológica del
régimen existencial. Al final de las pruebas, el neófito tendrá otra existencia diferente a aquella anterior a la
iniciación: se ha convertido en otro”. Versión personal. Mircea Eliade, Initiation, rites, sociétés secrètes.
Naissances mystiques. Essai sur quelques types d’initiation. Gallimard, París, 1976, p. 12.
449
Ibid., pp. 15-16.

88
Ahora, dentro de este ciclo, el segundo estadio muchas veces se prolonga, aunque
no siempre, porque Eliade asegura que se trata de un punto fundamental en los ritos de
iniciación, ya que

Le moment central de toute initiation est représenté par la cérémonie qui


symbolise la mort du néophyte et son retour parmi les vivants. Mais il revient à la vie
un homme nouveau, assumant un autre mode d’être. La mort initiatique signifie à la
fois la fin de l’enfance, de l’ignorance et de la condition profane. 450

Esto último se relaciona con lo que Joseph Campbell apunta del paso a otra vida
luego de atravesar el umbral, por el vientre del gran pez. Entonces, luego de la muerte
iniciática ya no se puede seguir siendo el mismo; ya se ha alcanzado la madurez necesaria
para afrontar los retos de la vida en todas sus dimensiones; ya no puede decirse que se trata
de la misma persona sino que, justamente, esa muerte y resurrección le proporcionan otra
existencia.
Los ritos iniciáticos tuvieron tal repercusión en la Antigüedad y lo han tenido en las
sociedades no occidentales que se han ido desplazando en mayor o menor medida a
diferentes facetas de la existencia como se mencionó arriba. De igual forma, se han
incorporado a la literatura por vía de la oralidad y posteriormente se han expresado en los
cuentos populares y en otros géneros literarios, incluso en el cine. 451 Estas características
también están ligadas a lo que se abordó en el capítulo anterior cuando se habló del mundo
quimérico y, por lo tanto, de la epopeya.
Conviene destacar que existe otra coincidencia con las explicaciones del historiador
de las religiones, ya que Propp asevera lo siguiente: “Se puede pensar que uno de los
principales fundamentos estructurales de los cuentos, el viaje, es el reflejo de ciertas
representaciones sobre los viajes del alma al otro mundo”. 452 Justamente en el primer
capítulo de la novela de Aguirre se anuncia y prepara el viaje. Gonzalo Guerrero se
450
“El momento central de toda iniciación está representado por la ceremonia que simboliza la muerte del
neófito y su regreso entre los vivos. Pero él vuelve a la vida como un hombre nuevo, asume otro modo de ser.
La muerte iniciática significa a la vez el fin de la infancia, de la ignorancia y de la condición profana”.
Versión personal. Ibid., p. 16.
451
Luis Enrique Flores señala que precisamente la película Avatar tiene una relación muy directa con la
historia de Gonzalo Guerrero y subraya que uno de los puntos importantes es su paso por el rito iniciático.
“Avatar o el regreso de Gonzalo Guerrero”. La Jornada Semanal [en línea], 880 (domingo 15 de enero,
2012). <http://www.jornada.unam.mx/2012/01/15/sem-luis.html> [consulta: 21 de agosto, 2014].
452
V. Propp, Morfología…, ed.cit., p. 124.

89
embarca desde el Darién bajo el augurio latente del riesgo «¡Nunca regresarás!» (p. 14), le
había sentenciado el gitano don Elear antes de partir. Desde ahí, entonces, el viaje se ve
como un fundamento importante en la obra, y no sólo al principio, sino el mismo viaje por
el mar hasta que zozobra. Después se da el viaje como escapatoria ante los primeros
indígenas donde mueren quienes sobreviven al naufragio. Más adelante se presenta el viaje
como posibilidad de retorno a la vida anterior, a su aculturación con los indígenas «Tener
dos tentaciones en tan corto tiempo fue demasiado para mis nervios. El verme enfrentado
ante la posibilidad de regresar al seno de mi cultura europea y haber tomado la decisión de
quedarme con los Cheles no fue cosa fácil. Mucho menos el combatirlos y ganarme el mote
de la infamia en el transcurso de la historia» (p. 227).
Y, claro, ello se vincula a ese estadio de la muerte que es el más importante y el que
se presenta como el eje de todo el rito, en los cuentos sería ese viaje, esa muerte aludida,
muchas veces concretada, pero la mayoría de ellas representada. Así lo señala James
Frazer: “en muchas tribus salvajes… los mancebos púberes se sometan a ciertos ritos
iniciáticos de entre los cuales uno de los más comunes es la ficción de matar al mancebo y
resucitarlo después”. 453 Finalmente, en el epílogo de la pieza, se le llama Gonzalo
Marinero, recordando su vocación de navegante, de alguien que ve en el viaje parte de su
condición ontológica. Esto también recuerda lo que señala Campbell al referirse a la fase
iniciática que corresponde con el periodo de las aventuras en la vida del héroe y que se verá
con mayor detalle más adelante.
Detengámonos un poco más en ese viaje, en esa muerte iniciática, ese tránsito de un
estado a otro. La novela Gonzalo Guerrero narra cómo el personaje principal durante su
periplo experimenta la transformación de su humanidad: de español peninsular a maya
yucateco y cristaliza, finalmente, de forma dialéctica en la enajenación mestiza. Rosa
Pellicer asegura que este Guerrero más que padre del mestizaje, 454 es un europeo aculturado
en maya.455 Y en principio lo es, si recordamos el artículo que aparece en los paratextos de

453
J. Frazer, op. cit, p. 602.
454
José Luis Martínez en su exhaustivo estudio sobre Hernán Cortés llama a Guerrero como padre de los
primeros mestizos mexicanos. Vid. José Luis Martínez, Hernán Cortés. FCE/UNAM, México, 2ª ri., 1993, p.
121 (n. 27).
455
Rosa Pellicer, op. cit., p. 162.

90
agradecimientos y bibliografía en la novela. 456 Sin embargo, también es interesante lo que
concluyen Carmen Bernand y Serge Gruzinski al asegurar que en América las cosas y las
ideas se mezclaban, de tal manera que cada día existía algo nuevo, y así, aquellos
conquistadores, frailes y colonizadores ya no tenían lugar en el Viejo Mundo, se trataba de
“europeos a medias”, 457 como de alguna forma lo es Guerrero, quien queda varado en el
umbral de una experiencia inédita.
Así, aunque ya está en América cuando inicia el relato, el Darién se presenta como
espacio liminal entre ese pasado que se configuraba y consolidaba en la comunidad
imaginada458 española: catolicismo, monarquía y lengua castellana; y por otro lado, la
otredad: lo indígena, la negritud, el politeísmo, la naturaleza barroca 459 e inconmensurable.
Es importante recordar a Campbell cuando asegura que el mito se recupera a través
de los sueños y enfatiza que es en ese momento donde pueden identificarse procesos de
transformación semejantes a los ritos de iniciación presentes en diferentes sociedades. Estos
ritos se distinguen por la separación de su sociedad, de manera formal o severa, así como la
afectación que se da en la mente, ya que se desliga de su vida anterior. Luego de un periodo
en el que se atraviesan diferentes pruebas y aventuras “propias del nuevo estado”, se
adquiere la madurez para reintegrarse a su antiguo mundo pero como un ser nuevo. 460
De esa manera, se afirma que la vida de Gonzalo Guerrero es una historia con tema
de naufragio y peligros del mar, narraciones que se forman de cuatro secuencias:
desencuentro, encuentro, integración y retorno.461 Estas cuatro secuencias se ven
claramente en la historia de Ulises en la Odisea, o de Jonás: el desencuentro se da porque
este profeta se niega a obedecer a Dios, huye en barco y esa nave está a la deriva hasta que
Jonás es arrojado al mar, ahí es tragado por un gran pez. Esto representaría el encuentro

456
Carlos Martínez Marín, “La aculturación indoespañola en la época del descubrimiento de México”, en
Homenaje a Pablo Martínez del Río en el XXV aniversario de la edición de Los Orígenes Americanos. INAH,
México, 1961, pp. 401-410.
457
Carmen Bernand y Serge Gruzinski, Historia del Nuevo Mundo. Del Descubrimiento a la Conquista. La
experiencia europea, 1492-1550. FCE, México, 1ª ri., 1996, p. 479.
458
Benedict Anderson, Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo
(trad. Eduardo L. Suárez). FCE, México, 3ª ri., 2006, pp. 63-76. En este importante estudio, ya clásico en la
discusión del nacionalismo e ideas de nación integra como componentes fundamentales lengua, religión,
Estado, sistema económico y tecnología.
459
Véase el subapartado de la Intertextualidad del capítulo anterior.
460
Joseph Campbell, El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito. FCE, México, 8ª ri., 2001, pp. 16-17.
461
R. Pellicer, op.cit., p. 157.

91
liminal entre la vida y la muerte, el encuentro consigo mismo en el vientre de la bestia. Ahí
en ese lugar el personaje bíblico toma conciencia y se arrepiente, a causa de ello es
integrado de nuevo a los planes divinos. Al final el mismo pez lo acerca a tierra para que se
dé el encuentro del profeta con su labor y con el pueblo escogido para tal mensaje.
Otro ejemplo para ver el desencuentro se da primeramente por la inmersión en el
mar, por la separación de la tierra, de la familia, los amigos, pero también es el
desencuentro con la vida, estar en el límite de ella, como lo narra Álvar Núñez Cabeza de
Vaca:

…nos tomó otra tormenta, que estuvimos a tiempo de perdernos. A cabo de


Corrientes tuvimos otra, donde estuvimos tres días; pasados estos doblamos el cabo
de Sant Anton, y anduvimos con tiempo contrario hasta llegar a doce leguas de la
Habana; y estando otro día para entrar en ella, nos tomó un tiempo de sur, que nos
apartó de la tierra.462

Después está el encuentro. Por un lado, el encuentro de esa persona o personas con
los límites de la vida, consigo mismos, pero también con el otro como lo exclama Ulises al
despertar en la tierra de los feacios: “¡Ay de mí! ¿Qué hombres deben de habitar esta tierra
a que he llegado? ¿Serán violentos, salvajes e injustos u hospitalarios y temerosos de los
dioses?”. 463
Posteriormente se da la integración de quien estuvo perdido. Este es el caso de
Jerónimo de Aguilar, cuya historia es recuperada en varios documentos y me permito citar
pasajes de la Primera y Segunda Cartas de Hernán Cortés para ver la integración de este
náufrago:

Y llegada (una canoa) donde nosotros estábamos, vimos cómo venía en ella uno
de los españoles cautivos que se llamaba Gerónimo de Aguilar, el cual nos contó la
manera como se había perdido y el tiempo que había que estaba en aquel cautiverio,
que es como arriba vuestras reales altezas hemos hecho relación. Y túvose entre
nosotros aquella contrariedad de tiempo que sucedió de improviso, como es verdad,
por muy gran misterio y milagro de Dios, por donde se cree que ninguna cosa se
comienza que en servicio de vuestras majestades sea que pueda suceder sino en
bien.464

462
Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Naufragios y Comentarios. Porrúa, México, 1998, p. 6. [Sepan cuantos…,
576].
463
Homero, Odisea V: 120-125.
464
Hernán Cortés, Cartas de relación. Porrúa, México, 1993, p. 13-14. [Sepan cuantos…, 7].

92
Y más adelante puede encontrarse el extracto siguiente:

Mutezuma junta, y que los de la ciudad tenían fuera sus mujeres e hijos y toda su
ropa, y que había de dar sobre nosotros para nos matar a todos, y si ella se quería
salvar que se fuese con ella, que ella la guarecería; la cual lo dijo a aquel Gerónimo
de Aguilar, lengua que yo hube en Yucatán de que así mismo a vuestra alteza hube
escrito, y me lo hizo saber.465

Como bien puede leerse, Aguilar está tan integrado a su comunidad que, incluso,
con la lengua aprendida durante su accidentado viaje, le sirve a los suyos de intérprete, de
traductor ante los indígenas. Tanto es así que previene las tretas que se fraguan contra los
conquistadores.
Finalmente está el retorno que puede apreciarse de forma muy puntual hacia el final
de la Odisea cuando Ulises dialoga con Penélope:

¡Mujer! Los dos hemos padecido muchos trabajos: tú, aquí llorando por mi vuelta
tan abundante en fatigas; y yo sufriendo los infortunios que me enviaron Zeus y los
demás dioses para detenerme lejos de la patria cuando anhelaba volver a ella. Mas ya
que nos hemos reunido nuevamente en este deseado lecho, tú cuidarás de mis bienes
en el palacio; y yo, para reponer el ganado que los soberbios pretendientes me
devoraron… Ahora me iré al campo, lleno de árboles, a ver a mi padre…466

Sin duda aquí se ven distintos elementos que hablan de un retorno completo: está
nuevamente en su casa, con su esposa, repasa el tiempo que estuvo fuera y los
padecimientos de ambos durante la ausencia, las vicisitudes de la misma y los estragos
tanto en la familia como en sus antiguas posesiones. Asimismo se retrata la necesidad de
Ulises de recorrer nuevamente su casa, de tener contacto con su pasado, con su padre. Es
decir, se completa un ciclo en el progreso del héroe donde regresa ya como iluminado,
diferente a su partida y listo para ocupar el lugar de la cabeza de la familia.
Conviene recordar que Campbell identifica el vientre con el cruce del umbral
mágico de un espacio de renacimiento. El héroe, antes que conquistar es tragado y entra en

465
Ibid, p. 44.
466
Homero, op. cit., XXIII: 350-360.

93
los territorios de la muerte. 467 Otros ejemplos de personajes devorados son la Caperucita
Roja, Hades y Posidón, quienes simbolizan la auto aniquilación. 468 Cuando el héroe entra
en el templo, que es la analogía del vientre, sufre una metamorfosis. 469 Después de cruzar el
umbral, el personaje está listo para afrontar las aventuras 470 del largo camino de su
existencia. El naufragio es necesario, pues, para que la historia de Gonzalo Guerrero pueda
avanzar y por lo tanto, no es un naufragio convencional como los anteriores en los que se
ve la estructura formal de un ciclo sin variantes. En la novela de Aguirre el naufragio en las
aguas del Caribe funge como umbral iniciático donde queda sepultada la occidentalidad
hegemónica y el personaje se prepara para la experiencia en el mundo indígena.
Así lo afirma Campbell: “Alegóricamente, pues, la entrada al templo y la
zambullida del héroe en la boca de la ballena son aventuras idénticas; ambas denotan, en
lenguaje pictórico, el acto que es el centro de la vida, el acto que es la renovación de la
vida”. 471 Sin este gran umbral acuático no hay forma de que Guerrero alcanzara la
penetración en ese mundo extraño, ajeno al marinero español. Por eso es tan importante
este momento tanto en la historia como en la novela porque a través de ese viaje puede
explicarse que no haya querido regresar al lugar del que se había desprendido, al cual ya no
pertenecía porque representaba su antiguo mundo, su vida anterior. En voz de Guerrero se
expresa de manera ejemplar mediante las siguientes líneas:

A estas alturas mi concepción de Dios se ha transformado en algo más paradójico,


menos personal y significativo que el Dios hebreo que me ha tocado como ejemplo.
No puedo aceptar más que dos reflexiones, o la absoluta bondad o la maldad más
demoniaca. El padecer de ese hombre se ha convertido en una espada filosa que parte
en dos la abstracción de mi existencia; en la sombra longitudinal que deja una
porción a la luz y otra a las tinieblas. Al día siguiente habré de confesarme con el
padre y he de obtener una respuesta alentadora, fundamentada en la redención a
través del sufrimiento. Pero ahora, en este momento en que el cocinero es entregado a
las huestes del aniquilamiento, es cuando la duda se revuelve en mi conciencia como
una poseída. Creo que estoy pasando por uno de esos filtros en los que es fácil
arrojarse de una almena o cruzar un cerco de fuego, sin la preocupación de la
inmutabilidad (p. 103).

467
J. Campbell, op. cit., 2001, p. 57.
468
Idem.
469
Ibid, p. 58.
470
Ibid, p. 61.
471
J. Campbell, op. cit., 1972, p. 90.

94
Como se mencionó arriba, no regresó para cumplir el ciclo del naufragio como dice
Pellicer; en Guerrero no se trataba de ese cometido, sino de la preparación para dejar la
herencia de un nuevo ser en el mundo, de una nueva disposición frente a los demás, el
poder mezclarse con el otro sin prejuicios, sin escalas sociales, por delante la humanidad,
por delante el amor. Queda por ver algunos de los aspectos de la imaginación nocturna de
la pieza de Aguirre, pero antes es preciso revisar algunas características sobre dicha
temática.
Arriba ya se había hablado un poco de los cronotopos de Bajtin; entonces,
retomándolos y ligando la información de este apartado, los tres cronotopos pueden
relacionarse fácilmente con los tres regímenes de la imaginación que propone Gilbert
Durand.472 De este modo, podrían establecerse tres cronotopos imaginarios: 1) Tiempo y
espacio de la aventura, correspondiente al Régimen Diurno; 2) Atemporalidad en espacio
protegido, correspondiente al Régimen Nocturno en su dominante digestiva, y 3) Tiempo
cíclico de la muerte y de la resurrección, de la prueba iniciática o del aprendizaje en un
espacio comunitario, asimilable al Régimen Nocturno en su dominante sexual).473
Justamente este tercer cronotopo es el que tiene fundamental importancia para el
presente análisis por lo expuesto arriba, así como el rol tan céntrico que juega el cuerpo. Y
el cuerpo en este tipo de novela, señala Bajtin, es un cuerpo no individual sino impersonal,
se trata del cuerpo del género humano que “nace, vive y muere de diversas maneras; vuelve
a nacer, y se muestra su estructura y todos los procesos de su vida”. 474 Es decir, muestra el
carácter cíclico de la vida. Eso mismo puede verse en la parte central de la obra de Rabelais
porque, asegura Bajtin, todos los temas pasan por la comida y la bebida. Un ritual que sin
duda vincula a lo cíclico, a la muerte y la resurrección, no sólo por el pan y el vino
cristianos sino por las divinidades de las estaciones tan caras para las comunidades
agrícolas. El mismo escritor francés subraya este carácter al referirse a la muerte como un
ciclo en el que no muere sino que se permanece en los demás. 475 En este punto se funden
las dos cualidades que interesan de este cronotopo, la muerte y resurrección y su sentido

472
Véase Apéndice 2 de esta tesis.
473
A. Martín Jiménez, Tiempo e imaginación …, ed. cit., pp. 117-130. Cfr. con el Martín Jiménez, op. cit.,
2014.
474
M. Bajtin, op. cit., p. 324.
475
Ibid., p. 354.

95
colectivo, es decir, hay un sacrificio que significa un beneficio para la comunidad y que lo
presencia. Este carácter colectivo ya se vislumbraba al hablar del narrador y del mundo
quimérico que llevan a la epopeya, donde estas características son las que priman en este
género, tal como apunta José Valles Calatrava.476 La construcción imaginaria corresponde
al Régimen Nocturno y sus cartas de “La rueda y el denario” que señala Durand. Cabe
recalcar pues, los diferentes elementos del cronotopo: el tiempo del crecimiento productivo,
como una unidad, tiene un carácter cíclico, así como el sello de la repetitividad. Todas las
actividades de la vida cotidiana se subsumen al rito, y este a su vez les da una dimensión
mágica.477 Bajtin explica que era importante todo este proceso porque en lo individual se
reflejaba de esa forma, sin embargo con el capitalismo individualizador la muerte ya no se
ve como un ciclo, sino como un final absoluto. 478
La obra Gonzalo Guerrero, de Eugenio Aguirre, tiene una configuración especial
porque al narrar la historia de un conquistador, se predispone al lector a una novela de
aventuras en las que el héroe debe pasar una serie de ordalías hasta alcanzar la meta última,
sea ésta cual fuere. Esto es, correspondería al cronotopo de la aventura, como se apuntó
arriba en la sintaxis narrativa uniendo a Todorov con Bajtin. Sin embargo, al adentrarse en
la pieza pueden identificarse construcciones del imaginario simbólico en las que se
despliegan constelaciones del régimen copulativo. 479 A ellas se liga la sintaxis imaginaria

476
José R. Valles Calatrava, Teoría de la narrativa. Una perspectiva sistemática. Iberoamericana/Vervuert,
Madrid, 2008.
477
Ibid., pp. 358-363.
478
Ibid., p. 367.
479
Gilbert Durand en su obra Las estructuras antropológicas del imaginario (1960), expone una tesis que
intenta vincular a los seres humanos en lo más recóndito que de su ser suyo tienen: la imaginación. Este
teórico francés sigue la línea de pensamiento desarrollada por la antropología, el psicoanálisis y la filosofía
para encontrar los elementos arquetípicos que tienen su manifestación particular debido al contexto
sociohistórico. La clasificación durandiana parte del supuesto de que hay un miedo al paso del tiempo y a la
muerte. Hace una división de los regímenes simbólicos; el primero es el Régimen Diurno que corresponde al
reflejo dominante de la verticalidad y se asocia a la visión; el Régimen Nocturno está dividido en la
dominante digestiva y la sexual o copulativa. En la dominante copulativa (que Durand representa con “El
denario y la rueda”) del Régimen Nocturno se hallan los símbolos cíclicos que permiten enfrentar al tiempo
ya no como algo último y terrible, sino como un proceso que se reinicia, un proceso donde la muerte propicia
la resurrección y entonces aquí pueden hallarse el año, el calendario, la luna cíclica, el eterno retorno, la
agricultura, la doble paternidad. La otra constelación es la de los símbolos del progreso en los que el tiempo
se destaca como el camino necesario para cosechar triunfos y en los que se obtiene ganancia, así, se
representa con el torno, la industria textil, la cruz, el encendedor por fricción que evoca el ritmo, el
movimiento, y produce fuego, entre otros.

96
que da cuenta de una novela con trama romancesca, cronotopo del tiempo productivo,
estructura imaginaria de progreso, así como una sintaxis de progreso y la narración cíclica.
Aguirre novela la historia de este conquistador que naufraga frente a Jamaica y que
junto a Jerónimo Aguilar como únicos sobrevivientes tienen que vivir entre los mayas en la
península de Yucatán. Los dos personajes son separados físicamente, pero también de una
forma espiritual, existencial y simbólica. Guerrero se identifica tanto con los indígenas que
al final termina asemejándose a éstos. Su asimilación es tan profunda que cuando tiene la
oportunidad de regresar con los españoles decide no hacerlo y muere en una de las
numerosas batallas que sostiene frente a sus antiguos coterráneos.
La novela abre en un momento en el que Gonzalo Guerrero ya no está en casa, se
encuentra en América y quiere seguir viajando porque hay una inquietud que no lo deja
tranquilo, a pesar de los presagios que le habían contado acerca de su futuro: «Sabía que de
los barcos, que de los galeones y carabelas, saldría la mano que le separaría de su mundo,
de su placenta, y temblaba con el frío de un condenado» (p. 9). Esta alusión tiene
implicaciones claras relacionadas con el Régimen Nocturno, porque recuerda al vientre
materno, al lugar donde se está protegido del mundo exterior. Entonces, antes de que
empiece la novela, el héroe ya ha empezado su viaje iniciático. Ya está lejos de casa. Se
encontraría en la función 11, según Propp. O como diría Campbell ya atendió el llamado de
la aventura.
Hay una preparación de Guerrero para que pueda llegar a la muerte y volver en la
resurrección, como lo veíamos con Eliade, para la transformación del ser de un personaje
en otro distinto. Como se señaló arriba, el personaje histórico vive ese cambio; sin
embargo, el tratamiento literario comprende aristas que dimensionan el asunto en uno de
carácter mítico. Se trata de algo similar a lo que ocurre en los cuentos populares, en los que
el héroe ha de atravesar una serie de pruebas antes de vencer a la muerte y acceder al trono.
La divinización en el caso de Campbell.
Entonces, dijimos que la novela ya tiene avanzado ese momento inicial en la
primera página, a pesar de ese comienzo de cuento popular. Así, el recorrido de los
primeros capítulos corresponde al primer momento de la instrucción, según Eliade. Esto se
hace notar porque el protagonista recuerda sus batallas, sus viajes, sus amoríos, sus
costumbres. Y sobre todo las advertencias como la señalada arriba, además de las súplicas

97
de su novia para que no se embarque, y la advertencia perentoria como de destino griego
que le había arrojado al rostro el anciano vidente: «¡Nunca regresarás!» (p. 14). Un anciano
que, por otra parte, encarna una figura nictomorfa por estar en las tinieblas, con la ceguera
que hace percibir el tiempo como una oscuridad que envuelve todo en la incertidumbre.
Esta misma frase es la primera de las pruebas antes de embarcarse. Guerrero decide
seguir adelante y vence al miedo. El segundo reto está frente a su novia Rosario quien le
reclama por dejarla (p. 17); y la última se presenta a través del interrogatorio del
Adelantado quien recluta a la tripulación de Santa María de Barca (p. 20). El marinero sale
avante y sube como capataz a la nave. Esta primera serie la supera, pero habrá otros
momentos en la pieza en las que se presentan otras tres pruebas. De igual forma sucede
cuando se da la oportunidad de regresar con los españoles un par de veces (p. 227), y una
tercera con su antiguo amigo Jerónimo de Aguilar, con quien finalmente no quiere regresar
(p. 232).
Toda esa primera fase culmina con el inicio del naufragio de Santa María de Barca,
nave comandada por Pedro Valdivia. En una clara ligazón con el Régimen Nocturno, el
barco en el océano es esa cuna protectora, ese continente que será deglutido por el mar, en
una suerte de cajas chinas que llevan a la intimidad más profunda del choque existencial
que tiene Guerrero con su ser de Occidente; en ese continente en medio del mar que es la
nave, desciende todavía más, hacia el pañol donde están los esclavos:

Mi principal preocupación, desde que supe que la nao estaba en peligro de


zozobrar fueron los desgraciados esclavos, en quienes nadie había reparado entre
tanto trajín y a los que el mar se tragaría como monedas de bronce tan pronto como
se rompiese el codaste. Fuime hacia ellos y me encontré con que se les habían
engrillado pies y muñecas a unas argollas de hierro, impidiéndoseles cualquier
movimiento (p. 76).

Y en este fragmento pueden observarse varios elementos que están relacionados con
el Régimen Nocturno, más que con el Diurno a pesar de tratarse de una novela ambientada
en la época de la Conquista. Así, ese descenso lo lleva a una intimidad más profunda con su
ser, pero también a reconocerse en ese otro que está abajo, en un vientre que será tragado
de nuevo. Las monedas hablan de ese progreso imaginario temporal. Esto es, la preparación
del protagonista se está acercando a su meta porque se ven las evidencias de lo cíclico en
las argollas, los aros que están en manos y pies de los negros. Y llega su asimilación con el

98
otro a tal punto que cuando intenta liberarlos lo golpean sus compañeros y lo dejan tirado
hasta que lo reaniman.
A partir del naufragio el héroe pasa por diversos momentos en los que siente la
muerte muy próxima o está sometido a sus límites que representan esa muerte, como se
muestra a continuación:

Y heme aquí en esta estancia del infierno, en esta pequeña y particular nave que
suda y apesta como el cadáver de un maleante.
La brutalidad de lo que he vivido en estos cinco días deja pequeñas a mis
experiencias de la guerra y siento que ha minado mi modo de ser, de tal suerte, que
ahora creo que los presagios del gitano son algo factible (p. 98).

El paso de la muerte o su representación pueden apreciarse en los cuentos


populares, por ejemplo “El nabo”, donde un hermano envidioso quiere matar al menor
porque había sido beneficiado por el rey. Lo convence de que vayan a las afueras de la
ciudad y, con la ayuda de unos asesinos contratados por el mayor, lo atan y lo preparan para
colgarlo de un árbol: “Pero cuando estaban en ésas, se oyó a lo lejos la voz de alguien que
cantaba a voz en cuello, así como el vigoroso resonar de los cascos de un caballo. Esto hizo
que les entrara el pánico a los bandidos, por lo que a toda prisa metieron a su prisionero en
el saco, lo colgaron de una rama y se dieron a la fuga”.480
El tránsito de la muerte en Gonzalo Guerrero es prolongado y cala profundamente
la existencia del protagonista. Y debe ser así para que un personaje de una cultura guerrera,
tradicional, que forma parte de la empresa colonizadora del imperio español, abandone todo
ello por un pueblo más limitado, en apariencia menos civilizado, con creencias y
costumbres tan dispares a las castellanas. Después del naufragio y de que los sobrevivientes
llegan a la playa son emboscados en la noche por unos indígenas:

La iluminación llegó a aclararnos las cosas y entre fuertes brazos que nos
mantenían inmóviles, penachos de extrañas plumas, lanzas de colores alucinantes,
rostros de diabólicas facciones y un ruido infernal, mezcla de un lenguaje
indescifrable, sonajas, cascabeles y un tambor que percutía intermitentemente, pude
ver cómo Valdivia, don Íñigo, Giménez y otro de los marineros eran arrastrados hasta
la presencia de un viejo inmundo y depravado que los apuñalaba con la saña
sanguinaria de un leopardo (p. 112).

480
Hermanos Grimm, “El nabo”, en Cuentos (ed. Ma. Teresa Zurdo). Cátedra, Madrid, 1994, p. 142.

99
Guerrero, Jerónimo de Aguilar y doña Margarita de Anzures logran escapar de
morir sacrificados, pero otra tribu los atrapa y los somete a la esclavitud y los trabajos
forzados que ahora sí llevan a la muerte a la única mujer sobreviviente, y que orilla a esos
mismos límites a los españoles: «Cuando nos capturaron tuve miedo instintivo de morir
como Valdivia; cuando pasó el tiempo y me vi reducido a la condición más infamante, a ser
un ppencat, me di cuenta que se había trocado lo malo por lo peor» (p. 125).
Es curioso, por otra parte, observar cómo se ve al héroe como alguien profano
cuando lo tradicional es lo contrario, puesto que pertenece al imperio español, católico. En
el código del Régimen Nocturno hay una inversión de los valores ascensionales,
espectaculares y diairéticos481 que necesitan ser sepultados para darle vida a una nueva
concepción temporal del ser. Ya no se trata de conquistar, iluminar y dividir. Es preciso
sepultar esa visión del mundo para que tenga cabida una conciencia cíclica que a su vez
revalora la relación con el otro y con el entorno.
Justo cuando piensan que morirán, Guerrero y Aguilar, son puestos al servicio del
cacique Taxmar, con quien alcanzan posiciones importantes como consejeros políticos y de
guerra. Luego de los consejos que dan a su amo para que derrote a sus enemigos, los
Cocomes, parece que han alcanzado la aceptación iniciática: «Nuestro amo no podía
disimular el orgullo que le producía saberse vencedor y, sobre todo, poseedor de nuevos
recursos estratégicos. Desde entonces nos trató con una consideración notable y
bondadosa» (p. 152).
Conviene destacar otra característica tanto de los cuentos populares como de los
símbolos cíclicos, que es la de la doble paternidad. El iniciando, luego de pasar por una
experiencia cercana a la muerte, es adoptado por otras personas o incluso animales que
fungen como esos segundos padres. En el relato bíblico se ve este ejemplo cuando José es
vendido por sus hermanos a unos comerciantes ismaelitas que lo llevan a Egipto donde lo

481
Estas tres clases de símbolos pertenecen al apartado “El cetro y la espada” del Régimen Diurno. Durand
asocia estos símbolos con las cartas del tarot que representan el poder vertical, del cetro, de la espada que a su
vez separa lo masculino de lo femenino. Asimismo, se hallan aquellos asociados a la luz, a la visión por ser el
reflejo postural predominante en estos símbolos. De igual forma, se relaciona con todo lo que asciende, todo
lo que aspira a las alturas. Estas constelaciones son la antítesis del conjunto tripartito de Los Rostros del
Tiempo donde se eufemiza el miedo al tiempo. En este segundo grupo pueden vencerse esos miedos. Gilbert
Durand, Las estructuras antropológicas del imaginario. FCE, Madrid, 2005, pp. 129-130.

100
compra Potifar como esclavo y lo lleva a su casa. 482 Así, primero el oficial y luego Egipto
se vuelven ese segundo hogar para José. Otra muestra es la de Edipo, cuyo padre busca
deshacerse de él por la profecía adversa que llevaba su nacimiento, sin embargo, es criado
por unos pastores y así se salva. Este elemento también puede observarse en el cuento de
los indios Kiowa de Norteamérica en el que una mujer arroja a un hoyo al hermano menor
de su pareja por no acceder a ser su amante:

El chico, en el hoyo, lloraba; se moría de hambre. Miró hacia arriba y vio algo. Un
Lobo quitaba la vieja piel (que cubría el hoyo). El Lobo dijo: “¿Por qué estás ahí
abajo?”. El chico le contó lo que había pasado, que la mujer era la causante de que
estuviese allí. El Lobo dijo. “Te sacaré. Si lo hago, serás mi hijo”.483

Pues bien, Gonzalo Guerrero experimenta, asimismo, esta doble paternidad, primero
bajo la autoridad del cacique que lo rescata junto a Aguilar porque estaban sometidos a
trabajos forzados donde muere doña Margarita «A partir de entonces nuestras piernas
flaquearon y nuestro apetito se fue extinguiendo. Con ello, el remordimiento se hizo flaco y
los castigos más frecuentes. Acaeció entonces que Taxmar se conmovió de nuestra suerte y
decidió tomarnos a su servicio encomendándonos faenas menos aguerridas» (p. 134).
Luego por el pueblo maya que lo acoge y al cual se asimila tanto que termina por formar
una familia con una nativa. Y esta sería una de las razones por las que difícilmente se
reconocerá de nuevo en sus antiguos compatriotas, con quienes no regresará a pesar de las
oportunidades que se le presentan.
Luego de esta culminación cíclica se suceden periodos más cortos, donde el punto
más crítico sigue siendo el de la muerte, real o representada. De esa forma, después de que
Guerrero es separado de Aguilar y va a vivir con un cacique, vive amistad con un nativo
que muere por la enfermedad que azota a la región. Luego de este trance caótico que
supone la mortandad por el paso del tiempo, materializada en la peste, el héroe es recluido
en un «cámara pequeña y obscura, en la que había un respiradero en el techo» (p. 192). De
esa forma se le prepara para afrontar el paso del tiempo de manera diferente a la que se
emplea en un régimen diurno como la caza o la conquista. Tal como si fuera un símbolo de

482
Génesis 37.
483
A. Martín Jiménez, op. cit., 2014.

101
la inversión en el régimen nocturno, Guerrero es enclaustrado donde es devuelto al vientre
materno, desciende en vez de caer. A ese lugar no llegan los gritos o el ruido vinculado al
régimen diurno, sino que llegan hasta él las oraciones del exterior, es decir, una especie de
melodía que proporciona descanso, que conduce a un estado de quietud, de contemplación,
donde el tiempo parece desaparecer para replantear otra forma de asumir el encuentro con
el tiempo, ya no como esa enfermedad, de connotaciones claramente catamorfas, 484 y
tampoco como el venado que escapa veloz por los montes, de implicaciones teriomorfas. 485
Además, esa melodía, al estar relacionada con el ritmo de la música, misma que rompe la
temporalidad y se relaciona con el acto sexual, se vuelve un símbolo del progreso. Al salir
del encierro será capaz de dominar al tiempo, y él mismo, al permanecer siete días
“sepultado”, sale convertido en servidor del dios maya. Estos mismos siete días son un
número cíclico por representar la semana. Siete días que se mencionan más adelante al
señalar el tiempo del naufragio. 486
Si antes se había enfrentado al paso del tiempo como un héroe de la diurnidad,
ahora lo hace como uno de la imaginación cíclica y del progreso. Guerrero, entonces, tiene
que conseguir unas plumas de quetzal, pero para ello debe sortear diferentes peligros, ir a
un lugar lejano, expuesto a las inclemencias atmosféricas y sobre todo a los animales
salvajes. Y a pesar de que lleva jabalinas, arco y un carcaj repleto de flechas, tiene que
capturar vivas a sus presas. Por esa razón «pasé la tarde tejiendo finas redecillas enlazadas
con mil nudos marineros, a las que coloqué en los extremos redondas piedras del río» (p.
194). Y tanto el tejido como el hilado son símbolos universales del devenir, debido al
movimiento circular continuo del huso con que son construidos. Es sintomático, pues, que
estas aves de plumaje espectacular tengan que ser vencidas por el ingenio más que por la
fuerza y el poder de las armas afiladas, asociadas al régimen diurno. Además de que en esta
484
Símbolos catamorfos, correspondientes al Régimen Diurno en la división de Los Rostros del Tiempo, que
son todas aquellas constelaciones simbólicas que a pesar de ser negativas, eufemizan el terror que causa el
paso del tiempo y se relacionan con la caída. Entre éstos pueden verse la sangre, la carne tanto de animal
como la sexual. Entonces puede entenderse la expulsión del paraíso, y aquí aparece la mujer fatal, aquella que
tiene curiosidad y hace peligrar al hombre. Durand, op. cit., pp. 116-121.
485
Símbolos teriomorfos, también corresponden a Los Rostros del Tiempo, sólo que en este caso eufemizan el
terror que causa el paso del tiempo y en este caso se relacionan con animales veloces como el tiempo y cuyo
principal símbolo es el caballo por su rapidez y el ruido que provocan sus cascos. Aquí mismo pueden verse
otros animales que provocan miedo por sus dientes o colmillos y pueden devorar como el tiempo mismo, ahí
están los lobos, los leones, los jaguares, los jabalíes, entre muchos otros. Ibid., pp. 73-78.
486
Confrontar con cita de la novela en la página 34 de este capítulo (página 105 de la pieza que se analiza).

102
ave confluyen propiedades simbólicas de la diurnidad positiva: por las alas es ascensional,
lo luminoso de su plumaje la vuelve espectacular y además su sacrificio tiene propiedades
diairéticas porque terminará con la enfermedad.
Después de superar la prueba, vive su primera experiencia en el sacrificio a los
dioses, un elemento más en la constelación simbólica de lo cíclico. Esto se ve acentuado
porque a Guerrero lo sujetan a un poste de madera y cree que el sacrificado será él, pero
sólo es para perforarle los lóbulos de las orejas y ponerle unos zarcillos de oro. Y aquí cabe
hacer mención de lo importantes que son las marcas en el iniciando, tanto que Propp las
identifica como una función específica. 487 Después de la perforación sí que participa del
sacrificio de las aves.
Un par de meses después se presenta el casamentero a su puerta porque quieren
casarlo con Ix Chel Can, hija del cacique. Para efectuar la boda Guerrero debe reunir una
dote propicia para un evento de semejante calado. Entonces, una vez más tiene que pasar
pruebas y ganar el favor del señor de la aldea. Sin embargo, en estas pruebas tiene contacto
con su tótem en medio de las pruebas, y como se señaló arriba, esto tiene que ver con la
presencia de un ayudante que tiene relación con el neófito, ya que o bien es un antepasado o
un amigo; en la novela se trata de este último, de su amigo muerto que aparece como un
jaguar:

La bestia se me quedó mirando, con el hocico abierto y la lengua, sangriento


muñón, babeando. Volví a llamarlo y a tomar confianza; el temor se había evaporado
de mi cuerpo y sentía la seguridad del guerrero que ha vencido, del gladiador que es
admirado por el César. Me le fui acercando y, en la medida en que lo hacía, el
leopardo iniciaba un ronroneo que hacía estremecer a los abrojos y huir,
despavoridos, a los pequeños roedores. Ah Balam, mi querido amigo, me visitaba
para desearme buen augurio y para despedirse por siempre. Hun Hau le había
permitido venir por última vez. Nunca le volví a ver jamás. Me acerqué y lo acaricié
en el lomo y, esto os lo juro, el animal lloró con un gemido que nunca antes y nunca
después he escuchado: su rugido tuvo acentos humanos. Luego se fue, sin haberme
hecho daño alguno (pp. 203-204).

487
Se trata de la función 17. El héroe es marcado. 1. La marca le es aplicada sobre el cuerpo (M1). Durante el
combate, el héroe resulta herido. La hija del rey despierta al héroe antes del combate y le marca la mejilla con
un pequeño tajo (68). La hija del rey marca con su anillo la frente del héroe (114). Lo besa en la frente y se
enciende una estrella en el lugar donde lo besó.2. El héroe recibe un anillo o una prenda de ropa (M2). Existe
la combinación de ambas formas cuando el héroe ha sido herido durante el combate y su herida es curada por
medio de una prenda que proporciona la hija del rey o el propio rey, V. Propp, Morfología del cuento.
Colofón, México, 7ª ed., 1999, p. 70.

103
Ese tótem aparece en figura humana en el cuento marroquí “El desgraciado Dris y
las extrañas aventuras del hombre del desierto”, pero también se presenta como un perro
que trae la buena suerte y que la esposa de un campesino había corrido con una escoba por
ignorancia. Cuando Dris —el protagonista— entiende eso lleva a cabo las diferentes
pruebas para mejorar su destino y el de su familia. 488
Por otro lado, una vez que Guerrero consigue la dote culmina este ciclo en el
matrimonio con la hija del principal de ese pueblo maya. Sin embargo, las pruebas no se
detienen ahí y siguen hasta el final del libro. Muestra de ello son las tres ocasiones que se le
presentan para regresar con los españoles, pero decide quedarse con su familia. De esa
manera, una de las pruebas más duras por las que atraviesa es la del sacrificio de su hija
primogénita, Ix Mo, para calmar una plaga de langostas que azota la región. Esa ceremonia
es un complejo de símbolos que reconstruyen el sentido del sacrificio como beneficio de la
comunidad. Es decir, el sacrificio es necesario para que la vida continúe, para la
regeneración vegetal, espiritual y cósmica, como la muerte de Jesucristo para la salvación
de la humanidad. O como en el cuento chino “La niña de la larga cabellera”, en el que la
protagonista muere para que su pueblo tenga acceso al agua y así no perezca por la sed ni el
hambre.489
En el caso de la novela, el sacrificio tiene lugar en un pozo con características
negativas del Régimen Diurno porque recuerda un cíclope teriomorfo que devora. Además
está el agua estancada, lo que le da propiedades nictomorfas y la misma profundidad remite
a la catamorfia, a la caída. Entonces, el sacrificio se ve con todo el simbolismo del tiempo
que hace estragos en todas las formas posibles a la población y por eso deben alimentarlo
con esos seres tiernos, llenos de vida, puros, inmaculados, los hijos que representan el
progreso, la extensión de la vida y, por lo tanto, el comienzo de un nuevo ciclo, la
renovación de todas las cosas. La ceremonia va precedida por las flautas que contrastan con
el ruido Diurno y las caracolas que reflejan lo cíclico del rito y de su búsqueda. Este
carácter cíclico se ve reforzado porque en el agua se forma «un remolino de crestas
delgadas» (p. 245) del que se dice que «perturbó la serenidad del fango». Y se indica que la
hija de Guerrero «se fue cayendo lentamente, dando volteretas en el aire que eran el gesto

488
Dolores López Enamorado (ed.), Cuentos populares marroquíes. Alderabán, Madrid, 2000, pp. 35-49.
489
A. Martín Jiménez, op. cit., 2014.

104
del ave herida, del capullo que nunca alcanzó la metamorfosis de su esencia» (p. 245).
Tanto el remolino como las vueltas son símbolo de lo cíclico por las claras referencias a la
circularidad. Sin embargo, también hay una eufemización de la caída, porque, más que
catamorfa, parece un descenso Nocturno, porque lo hace lentamente. Además, se suma un
símbolo ascensional como el del ave, que, a pesar de que está herida, parece que puede
romper esa inercia de la caída y de igual forma la profundidad del pozo. Por último está el
capullo que alude a lo inicial, a la semilla, a la etapa primera de las mariposas y, por esa
razón, al reinicio de un ciclo más.
Gonzalo ha pasado las pruebas al emprender el viaje, al no aceptar la tentación de
regresar, al conseguir los objetos que le piden. Luego del paso a lo largo de la novela ya no
es el mismo, puede verse una transformación, un crecimiento, si no de manera física, sí
espiritual y de conciencia. Ahora está listo para morir por la colectividad, no busca el fin
individual, primero está el bien común, el de su pueblo adoptado y el de la nueva raza.
Al final, Guerrero muere peleando contra sus antiguos compañeros de armas, de
empresa conquistadora y civilizadora. Y termina con un epílogo que parece cerrar como los
cuentos populares, una vez más: «En la leyenda ha quedado tu nombre… En tu honor sea
elevado el canto, sea labrada la estela de la selva… de estos hombres que ahora te rinden
postrero culto y graban tu nombre, Gonzalo Guerrero o Gonzalo de Aroca o Gonzalo
Marinero, con profundo orgullo en el pergamino de su conciencia» (p. 283).
En conclusión, como hemos podido observar, la novela Gonzalo Guerrero tiene una
composición simbólica que recuerda los cuentos populares y estos a su vez los ritos
iniciáticos, además del cronotopo utilizado por Rabelais, que muestra el carácter cíclico de
la narración, así como el rito de la cotidianidad en las costumbres mayas a las que tuvo que
adaptarse el náufrago español. Las constelaciones que maneja Eugenio Aguirre son
reveladoras, porque la pieza rompe con lo que se propone al anunciarse como novela
histórica, como se mencionó en el capítulo anterior al abordar la intertextualidad, ya que se
ubica a Gonzalo Guerrero como mito, más que como personaje histórico. No puede ser de
otra forma, son escasos los registros que se tienen en fuentes documentales y el autor busca
revalorar esta figura de la mejor forma que puede: desde lo poético y como personaje
mítico. Un mito fundacional del mestizaje, al igual que otra faceta en ese complejo mosaico
que supone la mexicanidad. En suma, esta pieza literaria nos fuerza a releer la Conquista

105
desde los silencios, desde las voces silenciadas a lo largo de los siglos. No es gratuito,
entonces, que el novelista anteponga el mito a la historia. En el último apartado se verá,
entonces, la configuración del héroe en esta obra.

GONZALO GUERRERO, EL HÉROE

Me gusta pensar que, simbólicamente, Gonzalo Guerrero regresó a España en 1978,


y lo hizo en el equipaje de los jóvenes Reyes don Juan Carlos y doña Sofía quienes, en
noviembre de aquel año, realizaron su primera visita oficial a México e hicieron escala
en el aeropuerto de Cancún. Cuenta el enviado especial del diario El País que, apenas
descendidos del avión y recibidos por las autoridades, los monarcas se vieron rodeados
de una multitud de 3.000 personas que los obsequiaron con flores y regalos, entre ellos,
precisamente, una estatua en carey de Gonzalo Guerrero. Ironías del destino, así pues,
Gonzalo “volvía” a España 466 años después de haber arribado náufrago a las costas
mayas.490

En este pasaje puede leerse cómo el personaje emerge de las sombras del pasado y se
inserta en el mundo contemporáneo, en un contexto que ha cambiado, pero que mantiene
las relaciones desiguales tanto en poder como en política y, sobre todo, en economía. El
planeta estaba dividido en dos polos, dos formas de ver la distribución de las riquezas, su
explotación y la posición del gobierno frente a la sociedad.
Así, sólo nos falta conocer a quien da título a la novela que se analiza porque ya nos
enteramos de la historia, de la Conquista, de las crónicas, de las novelas que le han
dedicado sus páginas, de las diferentes ediciones de la obra, asimismo, están los detalles
estructurales, compositivos e imaginarios. ¿Quién es ese Gonzalo Guerrero que ofrece
Eugenio Aguirre en esta pieza?
En este último apartado se retoma la semántica como elemento importante para
entender los significados que comprende la figura de Guerrero. De igual forma se ve la
dimensión mítica que pretende el personaje en la presentación de esta novela de Aguirre.

490
Salvador Campos Jara, “Desde la otra orilla de Gonzalo Guerrero”. Pioneros. Pasado y presente de
Quintana Roo (Edición especial), 97, 8 (marzo, 2011), p. 10.

106
Por último, se expone, a partir de la configuración histórica, qué tipo de héroe es el que
protagoniza esta obra.
Conviene, entonces, recurrir a la propuesta que hace Greimas para dar cuenta de los
significados que puede contener una obra.491 Para ello, es menester recurrir a los semas que
proporcionan los elementos constituyentes de los objetos, las personas o los fenómenos. 492
De esa forma, se parte de Gonzalo Guerrero como un semema, es decir, como un “conjunto
de semas, o sea de los ‘rasgos semánticos pertinentes’ que generalmente se realizan en un
lexema, esto es, en una palabra, considerada en un contexto y una situación de
comunicación. 493 O bien, “la combinación del núcleo sémico y los semas contextuales”. 494
A partir de ahí pueden establecerse relaciones contextuales de significado, tanto de
manera horizontal como vertical, además de extremidad, anterioridad, superioridad,
continuidad y discontinuidad. Asimismo, Greimas asegura que la isotopía muestra un
significado global, construido de forma lingüística, el teórico afirma que “los textos enteros
se hallan situados a niveles semánticos homogéneos”. 495 Esto llevaría a una redundancia del
mensaje del texto, a mostrar una concordancia en sus diferentes unidades de sentido. 496
Gonzalo Guerrero es el eje a partir del cual se integran los significados que plantea
la novela de Aguirre. Si se revisa un diccionario de nombres puede descubrirse que
Gonzalo: “Derivación del medieval Gundisalvus (Gundi, ‘lucha’; all, ‘todo, total’; vus,
‘dispuesto’): ‘hombre dispuesto para la lucha, guerrero’”. 497 Entonces se trataría de un
nombre pleonástico, debido al bautismo por error de Gómara quien registró Guerrero, en
lugar de Herrero. De cualquier forma, este es el nombre con el que finalmente se le conoce
y que lleva la pelea a todas las áreas, a todos los ámbitos. Un hombre que lucha contra su
tiempo, contra su religión, contra sus paisanos, contra la visión eurocéntrica, contra un
materialismo en razón de una comunión más estrecha entre ser humano y naturaleza.

491
A.J. Greimas, Semántica estructural. Gredos, Madrid, 3ª ri., 1987, p. 7.
492
Ibid., p. 42.
493
Helena Beristáin, Diccionario de Retórica y Poética. Porrúa, México, 2010.
494
Greimas, op. cit., p. 75.
495
Ibid., p. 81.
496
Ibid., p. 106.
497
José Ma. Albaigés Olivart, Diccionario de Nombres de Personas. Universitat de Barcelona, Barcelona, 3ª
ed., 1993.

107
El estudioso Antonio Garrido señala que la caracterización comienza por el nombre
u otros elementos.498 En el caso de esta novela desde el título se prepara al lector para leer
sobre la vida de este personaje histórico del cual se sabe muy poco. Por su parte, Greimas
señala que “el personaje se caracteriza constitutivamente por un conjunto de semas”. 499 A
ello puede sumarse la propuesta de Barthes en S/Z cuando dice que el personaje prevalece
sobre la acción y es “un complejo de propiedades narrativas o semas regulados por códigos
específicos”. 500 Esto quiere decir que en el caso de Gonzalo Guerrero tendríamos que
sumarle como lectores características inherentes a su nombre, pero también a su contexto
histórico, a su profesión como marino y soldado, como aparece en el epílogo de la novela:
«tu nombre Gonzalo Guerrero o Gonzalo de Aroca o Gonzalo Marinero» (p. 283). Pero no
sólo eso, sino que estaríamos ante un eje paradigmático de semas o códigos que se
combinan con el eje sintagmático que atraviesa toda la pieza. Es decir, Gonzalo Guerrero
(marinero, mestizo, hombre, padre, mito) concuerda de manera isotópica con los diferentes
momentos de la obra.
Gonzalo Marinero, porque de esa forma inicia la travesía que lo conduce al Nuevo
Mundo. Navegante que cruza el Atlántico, el Mar Caribe y las costas yucatecas. Se trata de
un individuo que lleva en su destino el viaje, de un mundo a otro, de una condición a una
nueva existencia. Periclita de una cosmovisión envejecida a una concepción renovada de
las cosas. El periplo que recorre es sinuoso como la vida misma, no exento de derrotas la
mayoría de las veces por alguna victoria ocasional. Marinero que «sabía que de los barcos,
que de los galeones y carabelas, saldría la mano que lo separaría de su mundo» (pp. 9-10).
Navegante también de amores, marinero de culturas, sorteador de tempestades humanas.
Como marino naufraga, aunque al final termina como traidor, por un lado, y prominente

498
Antonio Garrido Domínguez, “El personaje”, en El texto narrativo. Editorial Síntesis, Madrid, 1996
[Teoría de la literatura y Literatura comparada], p. 82.
499
Ibid., p. 83.
500
Idem. Roland Barthes explica la propuesta de su análisis de Sarrasine, de Balzac, ahí puede entenderse
mejor a qué se refiere con los códigos propuestos por él como el hermenéutico (impulsado a través de
enigmas que provocan la indagación, la sospecha, las interrogantes), el cultural (relacionado con las diferentes
manifestaciones artísticas, sociales e históricas), el simbólico (que plantea situaciones o pasajes donde puede
entenderse la alusión a una problemática humana sintetizada como puede ser la antítesis, la paradoja, el
origen, la traición, etcétera), el proairético (muestra la conducta tanto de los personajes como de la atmósfera
que lo rodea brindada por el narrador) y el semántico (que permite tender lazos a lo largo de la obra y
entender el significado de las parcelas de información que pueden identificarse). Antonio Garrido sugiere la
posibilidad de ampliarlos.

108
jefe militar por el otro. Gonzalo representa a los navegantes incógnitos, a los olvidados, a
los miles de aventureros anónimos que llegaron a América y se perdieron en las enormes
selvas, se impresionaron por los valles maravillosos o fueron afectados por los desiertos
inmensos. Sin embargo, como Guerrero quedaron en la sangre, en el mapa genético de los
americanos, en los rasgos fisonómicos y, por supuesto, en la lengua.
Otro significado que puede encontrarse es el del mestizo. En Guerrero puede
hallarse la mezcla, la combinación de la sangre, de la lengua, de las culturas, en eso está su
valor, de esa forma se explica su aparente desaparición, pero también su capacidad de
adaptación, su resistencia a lo largo de los siglos, su conquista de la Historia. Conlleva una
mirada mestiza que incluye el respeto, la inclusión, la integración, tiene una mirada que
suma y potencia, en lugar de restar y dividir. Así como en las edades del hombre de
Hesíodo, la edad mestiza es una más actual, moderna, con sus virtudes y sus
inconvenientes. Se trata del estadio último, donde la convivencia es global, donde los
intercambios son culturales, comerciales, intelectuales y más dinámicos que antaño. Esta
mezcla se vio en el lenguaje, los narradores y la intertextualidad utilizados por Aguirre, así
como la sintaxis narrativa e imaginaria. De la misma forma se verá en la última sección en
la configuración histórica del héroe.
El mestizo se adapta; desde la teoría de la evolución sería alguien más capaz,
alguien que se ha sobrepuesto a las adversidades, que se ha moldeado para sobrevivir y
encajar en las condiciones actuales. De igual forma, el mestizo es un personaje fronterizo,
entre mundos distintos, con realidades contrastantes, habitante de los límites que, como en
la lectura de Foucault, es donde pueden verse con mayor claridad los fenómenos, en su caso
el poder,501 en el de Guerrero, el de la humanidad.
Gonzalo es también el hombre, como corona de la creación divina, como ser
humano, es uno de sus representantes. Muestra la sensibilidad cuando ve a los esclavos:
«Sus palabras habían ido desgarrando el interior de mi corazón y habían incubado en mi
razón la ponzoña de la rebeldía, de la inconformidad ante el inhumano comercio que se
venía haciendo con la carne de aquellos desdichados» (p. 48). De esa manera lleva al lector

501
Michel Foucault, (Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría ed. y trad.) Microfísica del poder. La Piqueta,
Madrid, 2ª ed., 1979, pp. 144-146.

109
a la identificación con el otro, a la compasión, a la misericordia de aquellos que necesitan
justicia.
Desde las páginas de la novela, Aguirre traslada al lector las sensaciones humanas
como el miedo, el desamparo:

Abandonados por todo aquello que constituye el sostén del ser humano, sin saber si
quiera en dónde nos encontrábamos, ni qué tan lejos estaba la costa, caímos en un
grave sopor alimentado por el total desaliento… Todo era silencio, noche interna que
nos devoraba lentamente, que corroía los anhelos del futuro y nos devolvía las
imágenes pretéritas con un colorido deslumbrante. Cuántas veces se pronunció la
palabra madre, el vocablo tierra, se describieron los parajes castellanos, andaluces, los
nombres amados (p. 89).

El ser humano está lleno de miedos, de temores, de angustias que avizora y apenas
comprende. Por esa razón, el hombre está rodeado de leyendas, de símbolos, de mitos.
Todo esto es llevado, como se vio en la imaginación simbólica, a la representación de
diversas formas, desde la animalización, hasta la abstracción. Con Guerrero podemos
acercarnos a nosotros mismos en la sensación del desamparo, en el naufragio a las orillas
del segundo milenio, cada vez más alejados de Dios y más cerca del caos, de la vorágine,
de la modernidad que se desvanece aunque parecía muy sólida, pero como Caribdis va
tragando todo lo que pasa cerca. Entonces, nuevamente aparece el miedo al vacío, a las
incógnitas cósmicas subrayadas por las guerras, las hambrunas, las crisis económicas
internacionales, las pandemias y las enfermedades más nuevas y más agresivas. El ser
humano aparece como Guerrero, en un barco a punto de zozobrar en medio del mar
inmenso de la historia que está embravecido y se ha vuelto loco.
Gonzalo también es el padre, y desde el inicio de la obra puede verse que es un
personaje con vocación paternal «Tenía un saco en el que había colocado un remanso y lo
arrullaba diciéndole que era de carne, que tenía el arrebol de una inocente niña y lo
acariciaba con ternura» (p. 9.). Él acoge, en lugar de abandonar como padre rulfiano. Él no
se esconde en el mundo fantasmagórico de Comala huyendo de sus hijos, al contrario, se
acerca al lector y busca abrazarlo. Guerrero no se irá como otros «He dejado pasar la
oportunidad de regresar a mi país tres veces, por el amor que les tengo» (p. 239). Incluso se
llega a enfrentar con quien representa una de las instituciones más importantes de todos los
tiempos, la Iglesia, en la figura de Jerónimo de Aguilar: «¿En serio crees que el amor de mi

110
mujer y mis hijos puede tornarse en apatía, por unos vidrios brillantes?» (p. 232). Es un
padre que antes que la comodidad, la fe o las riquezas, vela por su familia, porque tiene un
amor paternal que no puede ser sustituido ni rebajado. Es intachable y no se le puede
comprar. Gonzalo es el padre de una cultura nueva, más unida a la tierra, con otro tono de
piel, con una lengua nutrida de varias lenguas, una cultura más abierta y tolerante, moderna.
Un último significado es el del mito. Para no redundar en lo ya expuesto, sólo se
exponen algunos elementos que le dan ese carácter y que lo hermanan con el sacrificio por
los demás «tomé mi cuchillo, mi singular pertenencia, y me abrí las venas del brazo
izquierdo. La sangre escurrió hasta la cuenca de mis dedos y de ella di de beber a aquella
mujer perfecta… Logré conservarla viva durante toda la noche y parte del amanecer» (p.
92). De la misma forma entra a un pantano con lagartos para salvar a su amo (pp. 168-169).
Sin embargo, para ver con mayor detalle el despliegue mítico avancemos con la propuesta
de Joseph Campbell.
Para retomar la discusión del mito de Guerrero iniciada en el apartado anterior unida
a la discusión sobre el héroe, conviene atender lo que Campbell denomina monomito, cuya
unidad se compone de la siguiente forma: separación-iniciación-retorno.502 Hablar de
monomito es hundirse en las profundidades de los mitos, de las leyendas, de las religiones
en un análisis comparativo para encontrar esas ligazones que se manifiestan muchas veces
en los sueños y que pueden identificarse en las artes como la literatura.
Así, “el héroe inicia su aventura desde el mundo de todos los días hacia una región
de prodigios sobrenaturales, se enfrenta con fuerzas fabulosas y gana una victoria decisiva;
el héroe regresa de su misteriosa aventura con la fuerza de otorgar dones a sus hermanos”,
los ejemplos son Prometeo, Jasón, Eneas, 503 o José el soñador. Asimismo asegura
Campbell:

Típicamente, el héroe del cuento de hadas alcanza un triunfo doméstico y


microscópico, mientras que el héroe del mito tiene un triunfo macroscópico,
histórico-mundial. De allí que mientras el primero, que a veces es el niño menor o
más despreciado, se adueña de poderes extraordinarios y prevalece sobre sus
opresores personales, el segundo vuelve de su aventura con los medios para lograr la
regeneración de su sociedad como un todo.504

502
Joseph Campbell, El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito. FCE, México, 1972, p. 35.
503
Idem.
504
Ibid., p. 42.

111
Guerrero, entonces, es un héroe mítico que triunfa sobre las adversidades y sobre la
Historia que lo había sepultado en las páginas de las crónicas y de los archivos. Su victoria
no sólo es documental, sino temporal y espacial. Su triunfo es una apuesta de la humanidad
que muestra una de sus mejores caras, representadas por el honor, el amor, la fraternidad,
su empatía por el otro, incluso en gestos simbólicos como el que comenta Salvador Campos
Jara y que dio inicio a este apartado. De esa manera, vemos cómo Guerrero transgrede y
trastoca diferentes ámbitos que lo llevan a ser uno de los héroes más peculiares. Pero
avancemos para encontrar otros rasgos del personaje que nos presenta Aguirre.
Desde el inicio de la novela puede verse que ya está en la primera parte que ubica
Campbell como la aventura. Guerrero está en América, luego de dejar su hogar en España,
y ahora se dispone a seguir el periplo, del cual el gitano le ha advertido que quizá no
regrese. Donde su novia Rosario le reclama: «¡Eneas! ¡Ladrón de la paloma que respira por
mi boca; que inspira al eco cuajado entre mis labios con un aullido lastimero y apenas
esbozado! ¿Te vas, es esto cierto?» (p. 17).
Campbell comenta que esta parte inicial, compuesta de diferentes etapas se
caracteriza porque:

Este primer estadio de la jornada mitológica, que hemos designado con el nombre
de “la llamada de la aventura”, significa que el destino ha llamado al héroe y ha
transferido su centro de gravedad espiritual del seno de su sociedad a una zona
desconocida. Esta fatal región de tesoro y peligro puede ser representada en varias
formas: como una tierra distante, un bosque, un reino subterráneo, o bajo las aguas,
en el cielo, una isla secreta, la áspera cresta de una montaña; o un profundo estado de
sueño; pero siempre es un lugar de fluidos extraños y seres polimorfos, tormentos
inimaginables, hechos sobrehumanos y deleites imposibles. 505

Guerrero sin duda es atraído por el Mundo Nuevo que supone América para todos
los europeos y, sobre todo, para los españoles que se embarcaban en busca de un mejor
presente y futuro para ellos y sus familias; era la oportunidad de mejorar su posición
económica y social. Además está la fascinación que suponían los mundos fantásticos,
ignotos de esas tierras que se imaginaban antípodas de la civilización donde abundarían los
seres imaginados en las historias medievales, unidos a aquellos de las leyendas marineras.

505
Ibid., p. 60.

112
Toda esta primera parte está compuesta por la salida, una negativa a la misma que
puede ser como la del gitano don Elear, la novia Rosario, luego la ayuda, el cruce del
umbral y culmina con el vientre de la ballena. Esta última etapa representa, como en Jonás,
una revelación, un cambio de vida, un renacimiento. Después de ello se está capacitado
para enfrentar los nuevos retos que surjan. Precisamente esto es lo que pudo verse en el
apartado anterior con el tema del naufragio, y que puede apreciarse en el siguiente pasaje:

Aquella séptima y última noche en el mar la llevaré siempre encima. La angustia y


el desasosiego por perdernos en la bruma, por desviarnos de la salvación, nos
provocó un estado delirante, en el que hasta el padre Aguilar participó. Sus oraciones
se volvieron reclamos de una causa justa, exigencias de una recompensa ganada con
el intenso sufrimiento, con la muerte, incluso, de nuestros compañeros (p. 105).

Luego del naufragio Guerrero está preparado para enfrentar los nuevos retos que le
depara su aventura. En las etapas que señala Campbell el héroe está listo para comenzar la
segunda parte, la de la iniciación. Esto es importante para entender las características que
propone el estudioso, pero también hay que vincularlo con lo expuesto en el apartado
anterior.
Para entender el desarrollo del héroe en esta segunda parte, Campbell comenta lo
siguiente:

Una vez atravesado el umbral, el héroe se mueve en un paisaje de sueño poblado


de formas curiosamente fluidas y ambiguas, en donde debe pasar por una serie de
pruebas. Ésta es la fase favorita de la aventura mítica. Ha producido una literatura
mundial de pruebas y experiencias milagrosas. El héroe es solapadamente ayudado
por el consejo, los amuletos y los agentes secretos del ayudante sobrenatural que
encontró antes de su entrada a esta región. O pudiera ser que por primera vez
descubra aquí la existencia de la fuerza benigna que ha de sostenerlo en este paso
sobrehumano.506

Los cuentos populares, las leyendas, los mitos y la novela que nos ocupa vierten la
mayor parte de su extensión en este momento. Las pruebas que tiene que sortear Psique
para desposar a Cupido, el viaje de Jasón, las aventuras de Ulises, la esclavitud y las
peripecias de José, los doce trabajos de Heracles o los obstáculos que debe sortear el héroe

506
Ibid., p. 94.

113
en el cuento chino “La niña de la larga cabellera”, 507 son ejemplos de este periodo en el que
se exigen habilidades, virtudes y peculiaridades del temperamento de los héroes.
En esta segunda parte se presenta la etapa del encuentro con la diosa y este punto es
muy importante en la novela de Aguirre porque a lo largo de ella el personaje principal
tiene contacto e incluso romance con diferentes mujeres, primero es Rosario, la novia que
se queda en España; luego surge la viuda Mariana quien muere en el naufragio, más
adelante se narra su relación con doña Margarita, única mujer sobreviviente del naufragio y
con quien no intima de manera amorosa; Ix Nahau Nic, esclava amante; y finalmente, Ix
Chel Can con quien procrea tres hijos. En una lectura errónea el especialista en historia
prehispánica Eduardo Matos Moctezuma ve a un personaje preocupado sólo por las
relaciones sexuales, cuando en realidad se trata de lo que Campbell expone en relación con
esta fase de iniciación:

Es el modelo de todos los modelos de belleza, la réplica de todo deseo, la meta


que otorga la dicha a la búsqueda terrena y no terrena de todos los héroes. Es madre,
hermana, amante, esposa. Todo lo que se ha anhelado en el mundo, todo lo que ha
parecido promesa de júbilo, es una premonición de su existencia, ya sea en la
profundidad de los sueños, o en las ciudades y bosques del mundo. Porque ella es la
encarnación de la promesa de la perfección; la seguridad que tiene el alma de que al
final de su exilio en un mundo de inadecuaciones organizadas, la felicidad que una
vez se conoció será conocida de nuevo: la madre confortante, nutridora, la “buena”
madre, joven y bella, que nos fue conocida y que probamos en el pasado más remoto.
El tiempo la hizo desaparecer y sin embargo existe, como quien duerme en la
eternidad, en el fondo de un mar intemporal. 508

Aguirre en la creación de este personaje no pretende mostrar una relación con las
mujeres en un sentido puramente sexual o cosificado, porque además no se acuesta con
cada mujer que conoce. Como señala Campbell, la relación con las mujeres es la búsqueda
de la diosa, porque las mujeres que aparecen en la novela son diferentes, y representan esas
diferentes fases, etapas de la mujer y que son las que busca el héroe, a la joven, a la madre,
a la esposa, la hermana; mujeres que le permiten tener la esperanza de un reencuentro final,
y asimismo con el origen. Las diferentes mujeres en Gonzalo Guerrero son esas diferentes
mujeres que anhela el hombre, que a veces es una sola, pero que se desdobla como la
divinidad y se manifiesta de diversas formas. La aportación de Aguirre en este sentido no es

507
Cuento extraído de Martín Jiménez, op. cit., 2014.
508
Campbell, op. cit., p. 105.

114
sexual, sino ontológica, o mejor, mítica porque se hunde en las profundidades de las
preocupaciones y su simbolización femenina en la mente humana.
Campbell también señala que “siempre, después de las primeras emociones de la
iniciación del camino, la aventura se convierte en una jornada de oscuridad, horror,
repugnancia y temores fantasmagóricos”, 509 como ocurre con Guerrero y las peripecias que
se le avienen. Luego de ello se presenta una etapa más que tiene que ver con la otra parte de
la humanidad y ahí hay necesidad de que “el padre sea cuidadoso, y de que admita en su
casa sólo a aquellos que han sido completamente probados”,510 como a Guerrero por los
líderes indígenas:

En un principio lo probó, encargándole tareas pesadas y complicadas, que exigían


del español atributos muy singulares. Recolectar frutos de un cacto espinoso, manjar
especialmente sabroso para el amo, le llenó las manos y los brazos de pequeñas
heridas supurantes y muy dolorosas, mismas que Gonzalo sanó con un remedio
marino a base de agua salada hervida en un perol (p. 168).

Luego se arroja entre el hocico del lagarto por su amo, entre otras pruebas a que se
somete, además de las estrategias militares de las que ya se ha hablado. Posteriormente está
la última parte en la que pueden apreciarse diferentes aspectos como el siguiente: “Los
mitos del fracaso nos emocionan con la tragedia de vivir, pero los del éxito sólo por lo
increíbles. Sin embargo, si el monomito cumpliera lo que promete, no es el fracaso humano
ni el éxito sobrehumano lo que habría de mostrarnos, sino el éxito humano”. 511
Y eso es precisamente lo que ocurre con la historia de Guerrero a lo largo de la
pieza de Aguirre. Se ve a un héroe, pero no desbordado por prodigios o manifestaciones
extraordinarias, sino por un ser humano esforzado, haciendo gala de su inteligencia y
habilidad, además de mostrarnos a un hombre con los vaivenes emocionales y existenciales
de cualquiera.
Dos últimos puntos antes de finalizar esta caracterización; uno es el que expresa
Campbell en el siguiente fragmento:

509
Ibid., pp. 114-115.
510
Ibid., p. 125.
511
Ibid., p. 191.

115
Los dos mundos, el divino y el humano, sólo pueden ser descritos como distintos
uno del otro: distintos como la vida y la muerte, como el día de la noche. El héroe se
aventura lejos de la tierra que conocemos para internarse en la oscuridad; allí realiza
su aventura, o simplemente se nos pierde, o es aprisionado, o pasa peligros; y su
regreso es descrito como un regreso de esa zona alejada. Sin embargo, y ésta es la
gran clave para la comprensión del mito y del símbolo, los dos reinados son en
realidad uno. El reino de los dioses es una dimensión olvidada del mundo que
conocemos. 512

Y justamente la novela de Aguirre no necesita presentar un mundo imaginario o


sobrenatural, sino que el mismo mundo nuevo que se presentaba a los europeos es ese otro
mundo del que se sirve para plantear la problemática que encara el protagonista en varios
momentos de la obra. Primero convive en el Darién con la población nativa, en la
embarcación siente pena y simpatía por los esclavos, más adelante es capaz de admirar la
cultura indígena: «Contrariamente a lo que había venido pensando durante todo el trayecto
por la selva, resultó que nuestros vencedores no eran unos cafres comunes y corrientes, ni
unos salvajes cerriles e incultos, sino que conformaban una tribu organizada, perfectamente
pertrechada y con una civilización asombrosa» (p. 115). Luego forma una familia con una
mujer indígena y pelea por ese pueblo contra los europeos. Lo que nos muestra la novela,
entonces, es que esos dos mundos distintos y distantes son uno mismo, como la humanidad,
como nosotros mismos con nuestros mundos dispares e incluso contrarios. Volveríamos a
lo que se refirió en el capítulo anterior de ese mundo quimérico, sin fronteras, sin límites.
El otro punto tiene que ver con un tema como el de la novela histórica y, en el caso
específico de Guerrero, la vida de un personaje poco documentada y hasta olvidada u
ocultada de la Historia, sin embargo, como señala el mismo Campbell:

Lo que nos ocupan ahora son problemas de simbolismo y no de historicidad. No


nos interesa particularmente saber si en realidad vivieron Rip van Winkle, Kamaru-s-
Semán o Jesucristo. Sus historias son las que nos interesan y éstas están tan
ampliamente distribuidas en el mundo, unidas a diferentes héroes en diferentes
países, que el problema de si es o no histórico, vivo, este o el otro portador local del
tema universal sólo puede tener una importancia secundaria.513

Pasemos ahora al último asunto pendiente sobre la construcción histórica del héroe.
Si antes vimos sus características semánticas y luego las míticas, veamos ahora cómo está

512
Ibid., p. 200.
513
Ibid., p. 211.

116
configurado Gonzalo Guerrero para presentarse como héroe moderno. Para ello nos
apoyamos en el estudio de Miguel García Peinado.
Este crítico hace un repaso muy puntual por la historia de los héroes, cuáles son sus
principales características, cuáles son los contextos en los que surgen, cuáles son los
presupuestos filosóficos que los preceden y a qué condiciones sociales, políticas y
económicas responden. De esa manera, entenderemos a Gonzalo Guerrero como una figura
portadora de historia hasta la actualidad del lector.
Un punto que hay que considerar sobre los personajes es que pesan “las
imposiciones de cada periodo artístico” y del género correspondiente. Además “encarnan
los valores de cada época histórico-cultural en los más diversos ámbitos”. 514 Por eso no es
raro que la novela se escribiera a finales de la década de 1970 en el contexto que se
mencionó. Esto es, además del estudio concienzudo del escritor se ve reflejada una crítica
poscolonialista que empezó a cobrar forma a finales del siglo XX.

En un importante estudio Miguel A. García Peinado sobre la evolución del héroe


épico al moderno, establece que surge como un hombre descendiente de los dioses, capaz
de proezas sobrehumanas y que están relacionadas con los mitos y las leyendas, con la
fundación de pueblos. Sin embargo también está la rebelión contra los dioses como puede
verse en el mito de Prometeo y discutida por Albert Camus. 515 También tienen un
“nacimiento ilustre”,516 “anormal, oscuro o milagroso, fabuloso o divino”. 517 Otra
característica es el doble nacimiento,518 o la doble paternidad. Asimismo hay una actitud
hostil del padre. 519 Además, “en el héroe épico la voluntad es la fuerza organizadora y
autónoma que constituye su personalidad y lo distingue de los demás individuos”. 520 El
crítico señala que se da un cambio hacia el héroe moderno por la autobiografía de la
conciencia que generalmente va acompañado de una narración en primera persona. 521 Así,

514
Antonio Garrido Domínguez, “El personaje”, en El texto narrativo. Editorial Síntesis, Madrid, 1996,
[Teoría de la literatura y Literatura comparada], p. 103.
515
Miguel A. García Peinado, Configuración histórica de la evolución del héroe moderno”, en Hacia una
teoría general de la novela. Arco/Libros, Madrid, 1998, [Perspectivas], p. 77.
516
Ibid., p. 78.
517
Ibid., p. 79.
518
Ibid., p. 80.
519
Ibid., p. 84.
520
Ibid., p. 89.
521
Ibid., p. 94.

117
pueden verse algunas características que se relacionan con la novela de Aguirre. Guerrero
como el Quijote tiene destellos de héroe barroco porque está forjado por las derrotas,
mientras que Amadís de Gaula por las victorias. 522 Gonzalo es golpeado por los tripulantes
cuando intenta liberar a los esclavos ante el peligro de la zozobra del barco en el que
navegaban (p. 77). Con Amadís hay un cambio de héroe que de caballero errante pasa a
cortesano.523 De esa manera, Gonzalo también termina formando parte de la corte maya,
porque de esclavo llega hasta la cúpula por el matrimonio con la hija del cacique (pp. 198-
200). Es un héroe que se autodetermina como humano, a pesar de sus constantes alusiones
a una divinidad.
El héroe barroco, como Guerrero, estaría atravesado por corrientes como la
“tradición religiosa católica, pensamiento libertino, por la tradición neoplatónica, o por el
estoicismo”. 524 El héroe de esta novela constantemente hace alusiones a sus creencias como
se refirió en el apartado de la intertextualidad.
Por otro lado, Guerrero también tiene rasgos de héroe burgués. Así puede
constatarse porque en el Siglo de las Luces se opaca el heroísmo y en ese entorno aparece
Robinson Crusoe (1719), de Defoe, en cuya pieza se ve a un héroe como individuo que se
enfrenta a la sociedad, su epopeya se desarrolla en un realismo cotidiano, muy cercano al
del lector;525 el protagonista de la obra de Aguirre se enfrenta a su sociedad en diferentes
momentos y en distintos niveles: a su prometida, se aleja de su tierra, discute con sus
compañeros de viaje, abriga ritos indígenas, pelea contra el ejército de su tierra natal y se
une a una mujer de otra cultura con la que procrea cuatro hijos, la sacrificada Ix Mo,
Jerónimo y «otros hijos me han nacido, una niña y un varón» (p. 254).
García Peinado señala que Chateaubriand y los autores románticos “imponen un
nuevo tipo de héroe: el artista, el creador”.526 Guerrero también tiene algunos rasgos de esta
clase. Aunque no se trate de un künstlerroman o novela del artista, el protagonista está
atravesado por expresiones de obras geniales, señaladas de manera intertextual «Nuestros
ojos demostraron una gratitud animal, dócil y mansa, que tenía la humedad de los cuadros

522
Ibid., p. 107.
523
Idem.
524
Ibid., p. 113.
525
Ibid., p. 116.
526
Ibid., p. 122.

118
del Greco» (p. 107). Y así, como “el rasgo más distintivo del héroe romántico es su
soledad”,527 así también lo vive Gonzalo en momentos decisivos, por ejemplo, al inicio de
la pieza, o luego de la zozobra de la nave «Oscuros como el mar donde yace mi amiga, la
dulce Mariana, así son mis pensamientos críticos esta noche; y les llamo críticos porque son
aquellos con los que racionalizo lo que hago y lo que me sucede, a diferencia de los
sensitivos que me sirven para el comercio sensual y emotivo de que hago uso» (p. 103). Es
un creador, al final, de una nueva cultura, de un nuevo ser. Es un personaje que desde el
principio sueña con la aventura por encima de la comodidad, está insatisfecho con el orden
establecido, tiene fe en el indígena al que tendría que integrarse a la sociedad.
Asimismo es romántico porque como héroe de estas características se ha ido
“formando”, “realizando su destino” gracias a los obstáculos puestos en su camino” y
donde se va revelando su carácter,528 como se vio con las pruebas que tiene que atravesar a
lo largo de la obra.
Sin embargo, cuenta además con rasgos de un último héroe porque así como la vida
se compone de fragmentos, así se construyen las historias de estos “héroes
fragmentarios”.529 De igual forma, en este estadio, se ven héroes sin nombre como con
Kafka, o sin atributos (Musil); para Woolf el relato tiene valor y sentido “si traduce la
mouvance, indeterminación de la existencia, y expresa la incertidumbre que caracteriza la
visión del mundo del artista.530 De esa manera, la historia de Guerrero es presentada a
través de fragmentos, de evocaciones épicas, de una narración en primera persona, del
cotejo de documentos de un cronista. Los trozos de vida que fueron esparcidos por los
vientos de los siglos fueron reunidos en esta novela para dar cuenta de una de las vidas más
fascinantes de la Historia. Su mirada es plural porque de esa manera puede enfrentar mejor
su mundo y no desde una única visión. Este héroe ya no está completo como los de antaño,
es un espejo quebrado al que le faltan piezas y entonces muestra la cara del lector,
deformada, incompleta, como se halla el ser humano en estas alturas de la Historia. El
conflicto no está en el exterior, sino que se vive con él.

527
Idem.
528
Ibid., p. 124.
529
Ibid., p. 131.
530
Idem.

119
Por último, conviene revisar algunos detalles más sobre el héroe y que ya Joseph
Campbell señala: “El héroe, por lo tanto, es el hombre o la mujer que ha sido capaz de
combatir y triunfar sobre sus limitaciones históricas personales y locales y ha alcanzado las
formas humanas generales, válidas y normales”. 531 Justamente, por lo mostrado hasta este
punto sobre Guerrero, no puede dudarse que se trata de su estatus heroico. Sin embargo, me
gustaría anotar algunas consideraciones más sobre su configuración. El mismo Campbell
añade:

La literatura moderna se ha dedicado en gran parte a hacer una observación


valerosa y exacta de las figuras enfermizas y rotas que pululan ante nosotros, a
nuestro alrededor y en nuestro interior, donde se ha reprimido el impulso natural de
protestar en contra del holocausto, de proclamar las culpas o anunciar las panaceas,
ha encontrado realización la magnificencia de un arte trágico más potente para
nosotros que el arte griego: la tragedia realista, íntima e interesante desde varios
aspectos, de la democracia, donde se muestra al dios crucificado con su cara lacerada
y rota en las catástrofes no sólo de las grandes casas sino de los hogares más
comunes. Y no hay ninguna creencia hecha sobre el cielo, la futura felicidad y la
compensación para sobrellevar la majestad amarga, sino la oscuridad más absoluta, el
vacío de la insatisfacción, que reciben y se comen las vidas que han sido expulsadas
del vientre sólo para fracasar.532

Eso ocurre con Guerrero como padre del mestizaje y de una nación. Se trata de un
hombre diferente a su época que decide pelear del lado de quienes tienen menos
posibilidades de ganar, pero que en ello va su triunfo, aunque haya sido ocultado por
cronistas e historiadores, la tragedia, o mejor, la literatura le ha dado su lugar, lo ha
rescatado de la ignominia de enfrentar a un imperio y por eso puede convertirse en un icono
de la libertad, de los marginados y de las luchas poscoloniales, lo que lo vuelve romántico y
fragmentado. Y eso puede leerse en el siguiente pasaje:

Continuamos dándole guerra, sin intervenir directamente para no llamar su


atención, y al año siguiente logramos que se retirasen a Campeche, en donde sus
propios hombres le recriminaron su absurda gesta, le voltearon las espaldas y se le
largaron a otras tierras para probar fortuna. Otra vez nos había salvado nuestro deseo
de ser libres, nuestra tenacidad para luchar por lo propio, por lo justo, y,
marginalmente, la falta del oro que todo corrompe y todo trastorna (p. 278).

531
Campbell, op. cit., p. 26.
532
Ibid., pp. 32-33.

120
Hay una apuesta por la libertad, pero también una crítica a la acumulación de la
riqueza en sus versiones más encarnizadas como el capitalismo salvaje. Guerrero se
presenta como una alternativa del tipo de vida que orilló a la humanidad en el siglo XX a
buscar soluciones bélicas, explotación de los recursos y de las personas, el hombre sobre
otros hombres como si fueran objetos o, incluso, cosas. De esa forma, coincidiría con
Mauriac, para quien en la creación de los personajes hay “como un intento de sondear el
corazón humano con el propósito de llegar al conocimiento de sus resorte internos”. 533
Esto realza, definitivamente, la importancia de la novela, ya que sintetiza las
diferentes leyendas, historias y otros héroes que se han vertido sobre este personaje. Con lo
que se ha expuesto hasta aquí es evidente que Lancelot Cowie tuvo una mala apreciación al
escribir sobre otra novela cuyo protagonista es Gonzalo Guerrero, Nicté-Há (Lirio de
Agua), de Álvaro Gamboa Ricalde. Cowie asegura que la novela de Gamboa es la única en
la que importa más la parte estética y literaria, mientras que en las demás, incluyendo la de
Aguirre las preocupaciones recaen en la cuestión antropológica. 534 Como se ha visto, la
novela que se ha analizado hasta aquí tiene una configuración muy elaborada tanto en el
tratamiento del material historiográfico, como en la construcción de la sintaxis narrativa,
además del empleo de los tiempos, del uso de las tramas específicas y la configuración del
personaje con elementos de un autor culto y su propuesta como elaboración poética. La
riqueza de la novela de Aguirre no queda en lo antropológico solamente sino que en lo
estético hay un despliegue amplio como lo denota el lenguaje utilizado.
Las conclusiones que nos deja este capítulo es que Gonzalo Guerrero tiene una
composición compleja como lo demanda la temática, la temporalidad y espacialidad, podría
hablarse de un cronotopo de la Conquista, es decir, con un tiempo y un espacio preciso,
pero también con el uso de un lenguaje refinado, preciso, abundante, de una riqueza vasta.
A ello hay que sumar el empleo de una sintaxis que motiva al lector a leer la historia como
una serie de aventuras.
Asimismo tiene una trama romancesca, en la que el héroe lleva a tomar conciencia
al lector sobre el mundo que le rodea, ligado a una poética veraniega, donde Eros derrota a
Tánatos. También cuenta con el uso del cronotopo del tiempo productivo, como el de

533
Garrido Domínguez, op. cit., p. 71.
534
Lancelot Cowie, “Gonzalo Guerrero: figura histórica y literaria de la Conquista de México”. Cuadernos
Americanos (Nueva época), 2, 144 (2013), p. 192.

121
Rabelais y que concuerda con la sintaxis de progreso, del tiempo cíclico, aunque parecería
contradictorio, no lo es. Porque las secuencias tienen la imbricación que presenta Todorov,
pero el material del que se habla, como pudo observarse con la construcción del personaje,
responde a presupuestos míticos, y que imaginariamente remiten a los ciclos, sin que la
novela tenga que regresar a donde comenzó.
Asimismo, está la consideración de novela como mito más que novela histórica a
partir del despliegue de las constelaciones durandianas en el imaginario simbólico que
muestran la construcción nocturna y cíclica de la pieza para darle una profundidad desde la
imaginación, lo que supone profundizar en lo más interno del ser humano.
Por otro lado, el personaje de Guerrero está configurado como un héroe
plurisignificativo visto desde la semántica, así como mítico porque lo vemos atravesar cada
una de las fases que propone Campbell: sale a la aventura, en el proceso de iniciación,
donde el naufragio desempeña un papel fundamental, pasa las pruebas a que se le somete y
finalmente tiene una revelación que ilumina a los que están a su alrededor, incluido el
lector. Asimismo, hay que considerar que este protagonista también está pensado como un
héroe moderno con rasgos barrocos por su concepción del mundo, por su anhelo de
libertad, su lucha por causas justas y honorables, quien se ve como parte integrante de la
historia y del mundo en el que lo toca vivir, así como burgués por oponerse a su sociedad y
dudar de ella por los beneficios fincados en el interés económico bajo el presupuesto del
progreso civilizatorio las leyes de mercado y el utilitarismo; además de romántico por su
vocación creadora, de un nuevo ser, por su soledad y meditación, y por último, como
fragmentario por la composición de la novela, pero también por la actualidad de su postura
frente a las problemáticas que enfrenta.
En suma, puede hablarse de una pieza trabajada de forma exquisita y compleja para
llevar al lector a una experiencia única y pueda rescatar ese mundo que se impone con una
fuerza sobrenatural al contemporáneo.

122
CONCLUSIONES

123
A lo largo del presente estudio, se ha pretendido ofrecer una interpretación integral de los
elementos que componen la novela Gonzalo Guerrero, de Eugenio Aguirre, como vía para
mostrar la eficacia de los procedimientos creativos en su tentativa de dar cuenta del
mestizaje como principio detonador de la cultura mexicana. Como pudimos apreciar, esta
obra apuesta por una visión alternativa del pasado, dando voz a un personaje periférico, lo
que produce una mirada más sensible de la realidad, así como del contexto histórico en que
vive este náufrago español. En un periodo histórico tan estratificado como el siglo XVI,

Guerrero quebranta toda barrera social, simpatiza con el otro, de manera que se apropia de
sus cosmovisiones y su modo de concebir el tiempo.
En este sentido, la visión de mundo que la novela plantea puede tomarse como
crítica a las políticas desarrolladas por el Estado mexicano, como apuntaba el historiador
chihuahuense José Fuentes Mares, en el que se ha promovido un discurso panfletario de
carácter étnico, lo que ha derivado en un indigenismo político, en lugar de haber creado una
política indigenista.535 Dicho discurso subraya de forma contradictoria la importancia de la
herencia prehispánica y el desdén de lo europeo; sin embargo, no hay una correspondencia
con los indígenas contemporáneos a quienes se les tiene al margen en los programas
sociales.
En contraste, la política indigenista que promueve la pieza en comento, parece
tomar en cuenta la herencia hispánica como elemento propiciador para una visión
ecuménica, así como el mutuo enriquecimiento de diferentes aspectos del hecho
transcultural como la lengua, el pensamiento y las tradiciones.
En esta última propuesta, parece decirnos Gonzalo Guerrero que es necesario que al
indígena se le integre y reconozca como parte central de la identidad, pero sin menospreciar
el legado europeo. Sin duda, como apunta Luis Carlos Salazar, uno de los catalizadores que
contribuyó a resarcir la influencia hispánica fue el exilio español a México durante el
periodo cardenista, pues supuso la migración de una sociedad intelectual que a la postre
conciliaría ese pasado común entre los dos países. 536 Gran parte de ellos colaboraron en la
creación de instituciones que impulsaron desarrollos importantes como La Casa de España,
lo que se convertiría más adelante en El Colegio de México, así como la editorial del Fondo

535
Luis Carlos Salazar Quintana, “Prólogo”, en José Fuentes Mares, Obras. Volumen 4: Ensayo y cuento.
UACJ, Ciudad Juárez, 2014, p. 16-17.
536
Idem.

124
de Cultura Económica, por mencionar un par de instituciones centrales en la difusión del
conocimiento científico de nuestro país.
A ello se añade el contexto en el que surge la novela, en la década de 1970, donde
prevalece a nivel global un mundo polarizado por la Guerra Fría, los continuos golpes de
Estado, los gobiernos dictatoriales, autoritarios y represores, las guerrillas y el incipiente
peso del narcotráfico que lleva a los escritores en América Latina a revisar sus orígenes y
proceso histórico. Precisamente ahí, desde la marginalidad, Aguirre propone una lectura
diferente respecto a la génesis de lo mexicano, ya no como una violación de acuerdo con
Octavio Paz, o llena de complejos psicológicos como apuntaba Samuel Ramos. Por el
contrario, la apuesta de Aguirre es imaginar otra vez el pasado, pero ahora desde una
perspectiva de mutuo enriquecimiento. Guerrero renuncia a la civilización de la que
procede, no así a los valores de la hispanidad, incluso reconoce: «Español nací, europea es
mi sangre y la que a mis hijos toque, pero antes que eso soy un hombre y un hombre limpio
y honrado» (p. 219). De esa forma, puede entenderse que la novela tiene una función
apelativa, ya que busca llamar a la conciencia del lector acerca del patrimonio cultural que
el “encuentro de dos mundos” representa para los pueblos latinoamericanos. Esto es, ya no
hay que situarse como víctimas, sino como protagonistas de la construcción de un pasado
esencialmente mestizo. La idea es superar los traumas de la relación con España porque
como dice Carlos Fuentes en su ensayo clarificador El espejo enterrado (1992): “España, la
madre patria, es una proposición doblemente genitiva, madre y padre fundidos en uno solo,
dándonos su calor a veces opresivo, sofocantemente familiar, meciendo la cuna en la cual
descansan, como regalos de bautizo, las herencias del mundo mediterráneo, la lengua
española, la religión católica, la tradición política autoritaria”. 537
La perspectiva conciliadora sobre la que pretende persuadirnos la narración, se
corresponde con una estructura compositiva compleja a través de un eje copulativo si
tomamos la terminología de Gilbert Durand como principio poético de la novela. Por un
lado, está la recuperación de un lenguaje altamente sugerente, mediante un léxico no sólo
connatativo del siglo XVI, sino alusivo también a la nomenclatura naviera. En consecuencia,
la obra tiene una intención estética que se muestra en el uso de un lenguaje
plurisignificativo; de esta forma el texto de Aguirre alcanza un alto grado de expresividad

537
Carlos Fuentes, El espejo enterrado. Taurus, México, 15ª ri., 2006.

125
poética no sólo por su resonancia en el nivel fónico-acústico de la palabra, sino en estratos
mayores como la sintaxis y la semántica imaginaria de la narración.
Un elemento que se une a esta concepción poética de la narración es la del portavoz
del relato, que hemos dado en llamar proteico, en tanto que asume distintos rostros.
Creemos que las diferentes máscaras del narrador o mejor, su mutabilidad, da cuenta de las
diferentes miradas propuestas por el autor, así como la invitación a comprender este
periodo desde diferentes ángulos y voces diversas, lo que intensifica la tendencia polifónica
del relato.
En este sentido, no puede dejarse de lado la intertextualidad como punto nodal de la
orquestación del texto, ya que a través de este recurso el autor propone una relectura de la
tradición tanto historiográfica como literaria frente a la cual la novela de Aguirre adopta
una actitud crítica y revisionista. De este modo, en Gonzalo Guerrero convergen las
crónicas de los conquistadores y de los historiadores profesionales, pero también integra el
canon de la Tradición. Por lo tanto, el lector puede encontrar paralelos de la narración con
las epopeyas homéricas y virgilianas, pero también con las obras creativas e intelectuales
latinoamericanas del siglo XX, tales como el Boom o visiones neobarrocas en los términos
expuestos por Severo Sarduy.
Con relación a la construcción sintagmático-imaginaria del relato, podemos destacar
una narrativa de enclave porque en una historia marco se desarrollan otras. Aunque en una
lectura superficial puede pensarse que se trata de la misma historia, a través del narrador
proteico podemos entender la composición de la novela, ya que la primera historia es
presentada en tercera persona por un rapsoda, ocho capítulos están en primera persona, y
uno más en la mitad de la pieza es un cronista. Hablamos, entonces, de diferentes historias
dentro de una general en la que todas tienen el mismo tema, pero con tratamientos distintos.
De manera histórica los mexicanos viven en reflexiones y digresiones con respecto a su
presente, en el que se sumergen en repasos de su pasado o de posibilidades utópicas. Ahora,
no obstante que es identificable una estructura de repliegue donde se subsumen narraciones
y reflexiones, el empleo del narrador proteico que cambia de una persona a otra transforma
la estructura en una de progreso. Así, entonces, hay un estado de ganancia, de victoria sobre
los obstáculos consuetudinarios, pero sobre todo, arriba de aquellos añejos y pesados como
castigos de divinidades griegas que mantenían en la derrota a los mexicanos.

126
En un segundo aspecto puede hallarse la trama del Romance si seguimos la
terminología de Northrop Frye como poética imaginaria del texto, ya que al destacarse la
importancia del tema del mestizaje es inevitable que haya un encuentro entre razas, seres y
culturas; Eros gana la pugna a Tánatos y México es el fruto de esa victoria, de la mixtura
total. La obra en su integridad se presenta como un encuentro entre dos mundos, un diálogo
que se vuelve fructífero en la medida en que se establece la comunicación. El conquistador
termina conquistado por ese mundo extraño y fascinante; se trata de la dualidad humana,
los rasgos femeninos y masculinos, el calor y el frío, lo externo y lo interno, el arriba y
abajo, la luz y la oscuridad, la razón y la locura.
Al abundar en el fondo simbólico de la pieza, se hizo necesaria una aproximación a
la semántica imaginaria porque la constitución de la novela así lo exigía, para poder
desentrañar las profundidades que le dan una proyección artística inobjetable y plena. De
esa forma, puede descubrirse una imaginación nocturna, en su dominante sexual, donde se
manifiesta lo cíclico, lo progresivo. A ello se suman los cuentos populares que Propp había
estudiado a profundidad y en los que había identificado diferentes funciones para
explicarlos. Además de los rasgos que comparten con la novela como un inicio con el
esquema de “érase una vez”, hay otros donde se destaca la astucia del héroe como sucede
con Guerrero. Así como la doble paternidad, en el caso del náufrago, identificada con los
indígenas que lo adoptan en tierras americanas.
También puede verse el vínculo con los ritos de iniciación, ya que en distintos
momentos de la novela se perciben etapas fundamentales para entender estos ritos como la
separación del hogar, la fase de la prueba donde puede llegar a morir el héroe, o al menos
simular dicha muerte, luego viene su resurrección, la asunción como un nuevo ser, después
de la revelación. Por último, puede apreciarse un cronotopo del tiempo productivo, como en
Rabelais, puesto que sólo se destacan las cosas buenas, lo malo se deja de lado, perece, lo
realmente importante es aquello que enriquece a la comunidad. De esa forma, en Gonzalo
Guerrero asistimos a diferentes momentos en los que el héroe destaca los valores que
hereda la cultura mexicana y no se recuerda lo que no es necesario. Al final, el protagonista
muere por un bien común, como sacrificio por los demás, por su familia, por su pueblo, y
por la nueva raza de la que es el fundador.

127
Estas estructuras imaginarias preparan el terreno de lo mítico porque plantean la
necesidad de la muerte como requisito para adquirir una nueva identidad, convertirse en
otro ser, adiestrado en lo necesario para superar los retos del periplo iniciático. La muerte
conlleva también el sacrificio por la comunidad, esto es, se superpone lo colectivo a lo
individual. Guerrero muere como marinero para dar vida a lo mestizo, a la feliz comunión
de lo indígena y lo español.
Cabe destacar, por último, el tipo de héroe presentado por Aguirre, uno moderno,
pero que recupera rasgos de sus predecesores como el barroco, por las características de la
autoconciencia, de la preocupación por trascender su época, su tiempo y su espacio. Este
héroe está lejos de sus coetáneos, vive de forma anacrónica, enfrentando una historia
diferente a sus disertaciones y su cosmovisión. El lector puede entender a Guerrero porque
se ve en él, en sus dudas, en lo profundo de las fibras humanas que tocan cada uno cuando
debe tomar decisiones o enfrentar retos impostergables. De la misma forma, pueden
apreciarse elementos de héroe burgués por oponerse a su sociedad y dudar de ella por los
beneficios fincados en el interés económico bajo el presupuesto del progreso civilizatorio,
las leyes de mercado y el utilitarismo, Guerrero llega a pelear contra los españoles y
cuestiona la empresa conquistadora bajo el auspicio de discursos hegemónicos. Además
tiene rasgos de héroe romántico por su vocación creadora, de un nuevo ser, por su soledad y
meditación. Es un personaje que desde el principio sueña con la aventura por encima de la
comodidad, está insatisfecho con el orden establecido, tiene fe en el indígena al que tendría
que integrarse a la sociedad. Por último, como fragmentario porque su mirada es plural, ya
que de esa manera puede enfrentar mejor su mundo y no desde una única visión. Este héroe
ya no está completo como los de antaño, es un espejo quebrado al que le faltan piezas y
entonces muestra la cara del lector, deformada, incompleta, como se halla el ser humano en
estas alturas de la Historia. El conflicto no está en el exterior, sino que se vive con él.
Todos estos elementos se conjugan para alcanzar un mérito poético, el personaje
corresponde a incógnitas existenciales de las honduras identitarias de lo mexicano, pero
también de lo humano. En ese sentido, se exige una sintaxis imaginaria que proyecta lo
mítico. Asimismo, el tema de la Conquista demanda un tratamiento elaborado en lenguaje,
estructura, narradores y vínculos con tradiciones literarias e historiográficas. La unidad
estética de la novela de Aguirre la ubica como una obra imprescindible dentro de las

128
temáticas de ese periodo genético, pero también de aquellas que proponen una visión de la
cultura mexicana.
Como se ha visto hasta aquí, Gonzalo Guerrero es un índice de la historia de
México, del mestizaje, del mito. Y es así, luego del análisis propuesto que la ficción
histórica enfrenta desde la explicación mítica un punto tan difícil como la Historia, historia
por siglos de la derrota, de la violación, de la orfandad. Pero ahora es narración que
proporciona sentido, como dice Hayden White, a ese pasado del que se forma parte. El caos
es ordenado por la palabra como en el Génesis bíblico, como los poemas homéricos. El
desorden que se sucedía de forma repetitiva en guerras intestinas, en crisis políticas,
invasiones y ocupaciones extranjeras, fraudes electorales y desencantos sociales,
necesitaban un relato organizador de las sustancias volátiles y diversas de la mexicanidad.
Hay varios indicadores para enterarse de eso. Esta pieza forma parte de una
preocupación literaria y artística de la década de 1970, que confluye en la conmemoración
de los 500 años del Descubrimiento de América. A ello pueden sumarse las diferentes
ediciones de la novela desde la primera en 1980 hasta la última en 2012; los más de veinte
años que ha dedicado el catedrático Salvador Campos Jara al estudio de Gonzalo Guerrero;
la difusión del documental sobre el náufrago en 2013; además de varios estudios en la
primera década del siglo XXI referidos en el primer capítulo de esta tesis; a Gonzalo
Guerrero se le han dedicado historietas, documentales, notas, monumentos, himnos y
aparece como personaje en diversas obras literarias.
Esto lleva a pensar la pieza como novela clave para comprender ese momento
genético de la cultura mexicana. La obra como ficción histórica desempeña un papel
fundamental para internarse en la Historia de México. Entonces, se llegó a la conclusión de
que Gonzalo Guerrero muestra cómo esta composición narrativa tiene elementos
extraordinarios a la historiografía que permiten alcanzar un conocimiento y una experiencia
más vívidos de una realidad tan lejana como supone la Conquista. Es decir, es posible la
imaginación de un mundo distante y complejo como el siglo XVI, sus viajes, choques de
culturas, a través de la elaboración estética y la prolongación imaginativa de la vida de un
personaje cuya historia está registrada en apenas unas cuantas líneas en las crónicas de la
época.

129
Este trabajo de investigación no agota los temas que pueden estudiarse en la pieza de
Aguirre. Existen aspectos formales que pueden desarrollarse con mayor profundidad como
el del tiempo narrativo, en el que son viables para una interpretación desde la ficción
histórica, como las regresiones, las proyecciones, los resúmenes, las elipsis, el
anacronismo, por mencionar algunos. Asimismo, otro de los enfoques que pueden
explotarse con resultados prometedores es el de la sociocrítica, abordar la cuestión
ideológica y del discurso tomando como base la exposición del contexto en el que surge la
obra. Un punto más, por supuesto, es el de Gonzalo Guerrero en el universo de Eugenio
Aguirre. A partir de la hoja de ruta que puede ofrecer esta tesis es viable identificar algunos
elementos del proceso creativo de este autor mexicano. Definitivamente esta novela ocupa
un lugar prominente en la obra de este escritor, pero falta ver cómo se inserta en ella y de
qué manera dialogan sus textos entre sí.
Luego de este estudio dedicado a la novela de Aguirre y la propuesta que se hizo
desde el inicio puede colegirse lo que aseguraba Aristóteles desde tiempos remotos, que la
poesía revela honduras que la historia no puede. El esfuerzo de la historiografía por llegar a
una objetividad científica desde el XIX y gran parte del XX no fueron suficientes para
rescatar a un personaje con la fuerza del náufrago español, figura prominente y ejemplar en
un país donde escasean las figuras masculinas con valor positivo, donde los hombres son
recordados por sus traiciones, sus enriquecimientos ilícitos o el abandono de los hijos. A
través de esta novela se asiste a una representación del mundo mediante el cronotopo
biográfico, ya que da conocer la significación cultural de uno de los hombres que merecen
ser recordados y rescatados de las páginas olvidadas de la Historia. La novela proporciona
un valor cívico, dado que existe el tratamiento de un personaje cultural que se convierte en
paradigma de la identidad mexicana, y sobre todo, propuesta creativa para enfrentar el
pasado ya no como lastre y explicación de tantos fallos nacionales. Se alza la pieza de esta
forma del canto al mito, y de ahí al padre del mestizaje, al hombre, a una figura paterna,
más humana, más cercana que los próceres de la patria y los héroes de bronce que sólo
existen en parques y alamedas, a pesar de que Gonzalo también tiene su monumento.
Este estudio, entonces, se ha esforzado por identificar los procedimientos creativos a
través de los cuales Aguirre presenta un tema tan profundo y poco atendido como es el del
mestizaje. De igual forma, este trabajo se abocó a mostrar el mérito poético por la

130
confluencia de diversos elementos que ofrecen una visión de mundo que pretende
convertirse en asidero para recuperar la imagen conflictiva del siglo XVI, pero sobre todo,
para enfrentar las paradojas del mundo contemporáneo.

131
ANEXO I. NOMENCLATURA NAVIERA EN GONZALO GUERRERO, DE EUGENIO AGUIRRE538

Acantilado: 1. adj. Dicho del fondo del mar: Que forma escalones o cantiles. 2. adj. Dicho
de una costa: Cortada verticalmente o a plomo. U.t.c.s.m. 3. m. Escarpa casi vertical en un
terreno.
Adelantado: adelantado de mar. 1. m. Persona a quien se confiaba el mando de una
expedición marítima, concediéndole de antemano el gobierno de las tierras que descubriese
o conquistase.
Alguacil: 1. com. Oficial inferior de justicia, que ejecuta las órdenes del tribunal a quien
sirve. del agua. 1. m. Mar. El que en los buques cuidaba de la provisión de agua.
Alijar: 1. tr. Aligerar, aliviar la carga de una embarcación o desembarcar toda la carga. 2.
tr. Transbordar o echar en tierra géneros de contrabando.
Almena: 1. f. Cada uno de los prismas que coronan los muros de las antiguas fortalezas
para resguardarse en ellas los defensores.
Almirante: 1. com. Oficial general de la Armada, del grado más elevado del almirantazgo.
2. m. Autoridad que en las cosas de mar tenía jurisdicción con mero mixto imperio y con
mando absoluto sobre las armadas, navíos y galeras. 3. m. Autoridad que mandaba la
armada, escuadra o flota después del capitán general.
Amura: 1. f. Mar. Parte de los costados del buque donde este empieza a estrecharse para
formar la proa. 2. f. Mar. Cabo que hay en cada uno de los puños bajos de las velas
mayores de cruz y en el bajo de proa de todas las de cuchillo, para llevarlos hacia proa y
afirmarlos.
Ancla: 1. f. Instrumento fuerte de hierro forjado, en forma de arpón o anzuelo doble,
compuesto de una barra, llamada caña, que lleva unos brazos terminados en uña, dispuestos

538
Deficiones obtenidas de la Real Academia de la Lengua en línea: www.rae.es; también en
http://www.mgar.net/mar/velas.htm; Miguel Laburu, Breve vocabulario que contiene términos empleados en
Documentos Marítimos Antiguos. Dirección General de Cultura y Turismo/Departamento de Cultura y
Turismo/Diputación Foral de Gipuzkoa, Zarauz, Guipúzcoa, España, 1992; Julián Amich, Diccionario
Marítimo (J. Sigalés rev., ampl., puesto al día por el capitán de la marina mercante). Editorial Juventud,
Barcelona, 1998. Enciclopedia Britannica, Lexipedia. Diccionario Enciclopédico. Encyclopaedia Britannica
Publishers, Versailles, Kentucky, 1996. Reader’s Digest, Gran Diccionario Enciclopédico Ilustrado de
Selecciones del Reader’s Digest. Reader’s Digest, México, 1982.

132
para aferrarse al fondo del mar y sujetar la nave. U. t. en sent. fig. de la esperanza. 1. f.
Mar. ancla muy grande y que se utiliza en casos extremos.
Áncora: 1. f. ancla (‖ de la nave). 2. f. Aquello que sirve o puede servir de amparo en un
peligro o infortunio. 3. f. Arq. ancla (‖ pieza de metal que asegura la función de un tirante).
Anixos: Gancho de hierro curvo, metido en una barra o mango.
Aparejo: 7. m. Mar. Conjunto de palos, vergas, jarcias y velas de un buque. Aparejo de
cruz, de cuchillo, de abanico.
Arcabuces: 1. m. Arma antigua de fuego, con cañón de hierro y caja de madera, semejante
al fusil, que se disparaba prendiendo la pólvora del tiro mediante una mecha móvil
colocada en la misma arma.
Ariete: 1. m. Máquina militar que se empleaba antiguamente para batir murallas,
consistente en una viga larga y muy pesada, uno de cuyos extremos estaba reforzado con
una pieza de hierro o bronce, labrada, por lo común, en forma de cabeza de carnero. 3. m.
Mar. Buque de vapor, blindado y con un espolón muy reforzado y saliente, que se usaba
para embestir con empuje a otras naves y echarlas a pique.
Arriar: 1. tr. Mar. Bajar las velas, las banderas, etc., que están en lo alto. 2. tr. Mar. Aflojar
o soltar un cabo, una cadena, etc.
Babor: 1. m. Mar. Lado o costado izquierdo de la embarcación mirando de popa a proa.
Bahía: 1. f. Entrada de mar en la costa, de extensión considerable, que puede servir de
abrigo a las embarcaciones.
Balsa: 1. f. Plataforma flotante, originariamente formada por maderos unidos.
Bancos de remo: 1. m. Asiento, con respaldo o sin él, en que pueden sentarse varias
personas. En este caso para remar.
Banda de estribor, babor: Baranda del lado derecho del navío y del lado izquierdo.
Bandazos: 1. m. Mar. Movimiento o balance violento que da una embarcación hacia babor
o estribor.
Bando: 1. m. Edicto o mandato solemnemente publicado de orden superior.
Barandilla: 1. f. Antepecho compuesto de balaustres de madera, hierro, bronce u otra
materia, y de los barandales que los sujetan, utilizado comúnmente para los balcones,
pasamanos de escaleras y división de piezas.

133
Barco: 1. m. Construcción cóncava de madera, hierro u otra materia, capaz de flotar en el
agua y que sirve de medio de transporte. De Artículo enmendado: 1. m. Construcción
cóncava y fusiforme de madera, hierro u otra materia, capaz de flotar en el agua y de
tamaño adecuado para transportar una cantidad variable de personas o de mercancías.
Barlovento: 1. m. Mar. Parte de donde viene el viento, con respecto a un punto o lugar
determinado. ganar el ~. 1. loc. verb. Mar. Situarse dejando al enemigo u otra escuadra o
buque a sotavento y en disposición de poder arribar sobre él.
Batel: 1. m. bote (‖ barco pequeño).
Beque: 1. m. orinal. 2. m. Mar. Obra exterior de proa. 3. m. Mar. En los barcos, retrete de
la marinería. U. m. en pl.
Bogar: 1. intr. Mar. remar (‖ en una embarcación).
Bombarda: Pieza de artillería. Véase lombarda. También quiere decir un tipo especial de
nave de dos palos, mayor y mesana, con dos morteros (grandes piezas de artillería) en la
parte de proa, para bombardear plazas marítimas u otros lugares de tierra.
Boneta: Vela supletoria que se agrega por abajo a otra para aumentar su superficie en
tiempos bonancibles. Véase barredera.
Borda: 1. f. Mar. Canto superior del costado de un buque. 2. f. Mar. Vela mayor de las
galeras.
Bordada: 1. f. Mar. Derrota o camino que hace entre dos viradas una embarcación cuando
navega, voltejeando para ganar o adelantar hacia barlovento. 2. f. coloq. Paseo reiterado de
una parte a otra. Dar bordadas: 1. loc. verb. Mar. Navegar de bolina alternativa y
consecutivamente de una y otra banda.
Borrasca: 1. f. Tempestad, tormenta del mar. Fuerte temporal, aunque de corta duración.
Boza: Según O’Scanlan: “Pedazo de cuerda hecho firme por un extremo en cáncamo o
argolla de amurada, costado o cubierta, para sujetar con el otro por medio de algunas
vueltas el cabo, cable, calabrote de que se está tirando en una maniobra, a fin de que no se
escurra mientras se amarra o se hace otra operación”.
Braza: 1. f. Medida de longitud, generalmente usada en la Marina y equivalente a 2 varas o
1,6718 m. 3. f. Mar. Cabo que laborea por el penol de las vergas y sirve para mantenerlas
fijas y hacerlas girar en un plano horizontal.

134
Buque: 1. m. Barco con cubierta que, por su tamaño, solidez y fuerza, es adecuado para
navegaciones o empresas marítimas de importancia.
Cabina:
Cabo: 1. m. Cada uno de los extremos de las cosas. 2. m. Extremo o parte pequeña que
queda de algo. Cabo de hilo, de vela. 6. m. Lengua de tierra que penetra en el mar. El cabo
de Buena Esperanza. 13. m. Mar. cuerda (‖ de atar o suspender pesos).
Cabrestante: 1. m. Torno de eje vertical que se emplea para mover grandes pesos por
medio de una maroma o cable que se va arrollando en él a medida que gira movido por la
potencia aplicada en unas barras o palancas que se introducen en las cajas abiertas en el
canto exterior del cilindro o en la parte alta de la máquina. 2. m. Torno generalmente
accionado por un motor y destinado a levantar y desplazar grandes pesos.
Cabrillas: 6. f. pl. Olas pequeñas, blancas y espumosas que se levantan en el mar cuando
este empieza a agitarse.
Calafate: 1. m. Hombre que calafatea las embarcaciones.
Cámara: Parte del buque destinada y habilitada convenientemente para alojamiento del
capitán, oficiales y pasajeros. En los buques de vela y vapores antiguos, el comedor y los
camarotes estaban siempre a popa, bajo la toldilla, mal ventilados y oscuros; pero la rápida
evolución de la ingeniería naval acabó con las incomodidades del cabeceo y del
ensordecedor ruido y trepidación de la hélice, trasladando comedor y camarotes al centro
del buque, sobre la cubierta o toldilla del centro.
Camarote: 1. m. Cada uno de los compartimientos de dimensiones reducidas que hay en
los barcos para poner las camas o las literas.
Cangreja (vela): 1. f. Mar. vela de cuchillo, de forma trapezoidal, que va envergada por
dos relingas en el pico y palo correspondientes.
Capitán: 1. com. Oficial de graduación inmediatamente superior al teniente e inferior al
comandante. 2. com. Persona que encabeza una tropa. 3. m. Antiguamente, comandante de
un barco de guerra. De navío: 1. com. Oficial del cuerpo general de la Armada, cuya
categoría equivale a la de coronel de Ejército. En la organización antigua de la Marina, el
capitán de navío de primera clase tenía categoría igual a la de brigadier de Ejército.

135
Carabela: 1. f. Antigua embarcación muy ligera, larga y estrecha, con una sola cubierta,
espolón a proa, popa llana, con tres palos y cofa solo en el mayor, entenas en los tres para
velas latinas, y algunas vergas de cruz en el mayor y en el de proa.
Carpintero de ribera: El que labra la madera de un buque. Actualmente, sólo se trabaja
así, en el tradicional sentido de la palabra, en pequeños astilleros de la costa y en
reparaciones, pues las grandes empresas de construcción lo fabrican todo en talleres de
importancia y, además, realizando mecánicamente, debiendo añadirse que de los modernos
buques la madera ha sido eliminada en gran parte.
Carta de marear (navegación): 1. f. Mapa en que se describe el mar, o una porción de él,
con sus costas o los lugares donde hay escollos o bajíos.
Casco: 11. m. Cuerpo de la nave o avión con abstracción del aparejo y las máquinas.
Castillo: 7. m. Mar. Parte de la cubierta alta o principal del buque, comprendida entre el
palo trinquete y la proa. 8. m. Mar. Cubierta parcial que, en la misma sección, tienen
algunos buques a la altura de la borda.
Chaveteado: Unido con chavetas. Chaveta: (dim. del lat. clavis, llave, cerrojo): f. Clavo
hendido en casi todo su largo y cuyas puntas son abiertas una vez colocado.
Codaste: 1. m. Mar. Madero grueso puesto verticalmente sobre el extremo de la quilla
inmediato a la popa, que sirve de fundamento a toda la armazón de esta parte del buque. En
las embarcaciones de hierro forma una sola pieza con la quilla.
Cofa: Según O’Scanlan “Especie de meseta que se forma de piezas de madera en lo alto de
los palos mayores (palo mayor), sobre los baos y crucetas establecidos a este fin en aquel,
paraje. Las hay de enjaretado y de entablado y sirve para formar la obencadura de los
masteleros, de las gavias, facilitando la maniobra de éstas y demás velas altas; y en los
combates es un reducto de donde se hace fuego al enemigo”. Véase gavia.
Combés: 2. m. Mar. Espacio en la cubierta superior desde el palo mayor hasta el castillo de
proa.
Compartimento: 1. m. Cada parte de aquellas en que se ha dividido un espacio, como un
edificio, un vagón de viajeros, etc. De estanco: 1. m. Mar. Sección de un buque que puede
quedar aislada de las adyacentes, especialmente ante la inundación del agua, mediante el
cierre de puertas y escotillas adecuadas. U. t. en sent. fig.

136
Compás: 1. m. Instrumento formado por dos piernas agudas, unidas en su extremidad
superior por un eje o clavillo para que puedan abrirse o cerrarse. Sirve para trazar
circunferencias o arcos y tomar distancias. 9. m. Mar. brújula (‖ para indicar el rumbo de
una nave).
Contrafuerte: Mil. Fuerte enfrente de otro.
Contramaestre: 3. m. Mar. Oficial de mar que dirige la marinería, bajo las órdenes del
oficial de guerra.
Corsario: Pirata legalizado por el rey o autoridad competente mediante una carta de marca
y represalia o patente de corso.
Coxia: Coxa: Según Gómes de Brito: “Corredor que dejan los que duermen en el combés o
en las cubiertas de los navíos, para el paso de otros”.
Cresta: 5. f. Cima de una ola, generalmente coronada de espuma.
Crucero (velocidad): velocidad media o estable de una embarcación.
Cuaderna: 4. f. Mar. Cada una de las piezas curvas cuya base o parte inferior encaja en la
quilla del buque y desde allí arrancan a derecha e izquierda, en dos ramas simétricas,
formando como las costillas del casco. 5. f. Mar. Conjunto de estas piezas.
Cuadra: Anchura o manga del buque en la cuarta parte de su eslora, a contar desde proa o
desde popa. La dirección perpendicular a la quilla o al rumbo. Clase de velas de figura
rectangular o de trapecio regular.
Cubículo: 1. m. Pequeño recinto o alcoba.
Cubierta: 8. f. Mar. Cada uno de los pisos de un navío situados a diferente altura y
especialmente el superior.
Culebrinas: Pieza de artillería. Según Fernández Duro, en 1538, de 24 quintales. Según
David Howarth (y refiriéndose a medidas inglesas): longitud, 15 pies; calibre 5 ¼
pulgadas; proyectil, bola de hierro de 17 libras; alcance al blanco 400 pasos; alcance a bala
perdida, 2.500 pasos”.
Darién: Santa María de la Antigua del Darién fue una de las primeras fundaciones
estratégicas en el Nuevo Mundo, en específico en “Tierra Firme” o “Castilla de Oro”,
región que actualmente está ubicada entre Colombia y Panamá. De acuerdo con fray
Bartolomé de las Casas esta población fue fundada en 1510; Vasco Núñez de Balboa y
Martín Fernández de Enciso la bautizaron de esa forma en honor de la Virgen de Santa

137
María de la Antigua de Sevilla. Desde 1519 se fue abandonanda y para 1526 estaba casi
totalmente desolada. La fundación se levantó en tierras del cacique Cemaco, del grupo
étnico Cueva, familia lingüística Chibcha. Como en casi todos los asentamientos europeos
en América, la población indígena fue diezmada por las guerras, enfermedades y los
trabajos forzados. Su posición fue estratégica para las incursiones tierra adentro y hacia
otros puntos en el continente.
Derrotero: 3. m. Mar. Línea señalada en la carta de marear para el gobierno de los pilotos
en los viajes. 4. m. Mar. Dirección que se da por escrito para un viaje de mar. 5. m. Mar.
Libro que contiene estos caminos o derrotas. 6. m. Mar. derrota (‖ rumbo).
Ducados: Moneda de oro. Según Fernández de Navarrete, en el año 1550, equivalía a 375
maravedís, o 11 reales de plata.
Embarcación: Una de las denominaciones generales que se aplican a toda construcción
naval capaz de flotar y de ser dirigida por el hombre. Generalmente se usa para designar
buques de poco tonelaje.
Embreado, a: Cubierto de brea.
Enjaretado: Rejilla formada de listones cruzados a escuadra y enmarcados por otros
gruesos. Suele colocarse en el fondo de las bañeras de los yates, como piso practicable.
Antiguamente, jaretas falsas que se hacían a las jarcias cuando estaban flojas.
Entena: 1. f. Vara o palo encorvado y muy largo al cual está asegurada la vela latina en las
embarcaciones de esta clase. 2. f. Madero redondo o en rollo, de gran longitud y diámetro
variable.
Escala: 1. f. Escalera de mano, hecha de madera, de cuerda o de ambas cosas.
Escotilla: 1. f. Mar. Cada una de las aberturas que hay en las diversas cubiertas para el
servicio del buque.
Eslora: 1. f. Mar. Longitud que tiene la nave sobre la primera o principal cubierta desde el
codaste a la roda por la parte de adentro. 2. f. pl. Mar. Maderos que se ponen endentados en
los baos, barrotes o latas, y en el sentido de popa a proa, con el objeto principal de reforzar
el asiento de las cubiertas.
Española, la: Isla de las Antillas mayores que incluye los territorios de la República
Dominicana y Haití. Se llama también Santo Domingo.

138
Espolón: El antiguo remate de la proa de un buque. Armazón proel de los jabeques,
tartanas y otros veleros antiguos. También lo llevaban las galeras, pero sólido y reforzado,
para fines de guerra.
Esquife: 1. m. Barco pequeño que se lleva en el navío para saltar a tierra y para otros usos.
Estay: Cabo que sujeta la cabeza de todo palo, mastelero o chimenea para que no caiga
hacia popa. Antiguamente, a proa se hacía firme el estay del palo mayor, al pie de éste el de
mesana, y el de trinquete en el bauprés y los de los masteleros en la misma relación. Toma
el nombre del palo o mastelero al cual pertenece. Denominación de toda vela de cuchillo,
de figura triangular o trapezoide y parecida a las cangrejas, que se enverga en un estay o en
el nervio que para tal fin va por debajo del propio estay.
Estribor: La banda o costado derecho del buque mirando hacia proa.
Farallón: 1. m. Roca alta y tajada que sobresale en el mar y alguna vez en tierra firme.
Faroles (nocturnos): Según García de Palacio: “ Es la lumbre grande que va metida en la
linterna grande con que se hace guía para que otras naos la sigan”.
Fernandina, la: Isla deshabitada del arch. de Colón, Ecuador; también t. Narborough; es
notable el lago que ocupa el cráter del volcán de La Cumbre, en cuyo centro se levanta otro
volcán con otro lago más pequeño en su cráter.
Galeón: 1. m. Bajel grande de vela, parecido a la galera y con tres o cuatro palos, en los
que orientaban, generalmente, velas de cruz. Los había de guerra y mercantes. 2. m. Cada
una de las naves de gran porte que, saliendo periódicamente de Cádiz, tocaban en puertos
determinados del Nuevo Mundo.
Galeote: 1. m. Hombre que remaba forzado en las galeras.
Garete: ir, o irse, al ~. 1. locs. verbs. Mar. Dicho de una embarcación sin gobierno: Ser
llevada por el viento o la corriente.
Garrucho: 1. m. Mar. Anillo de hierro o de madera, que sirve para envergar las velas de
cuchillo y para otros usos.
Gavia: 2. f. Mar. Vela que se coloca en el mastelero mayor de las naves, la cual da nombre
a este, a su verga, etc. 3. f. Mar. Cada una de las velas correspondientes en los otros dos
masteleros. El navío navega con las tres gavias, porque lleva gavia, velacho y sobremesana.
4. f. Mar. Cofa de las galeras.

139
Groera: 1. f. Mar. Agujero hecho en un tablón o una plancha, para dar paso a un cabo, a un
pinzote, etc.
Grumete: 1. m. Muchacho que aprende el oficio de marinero ayudando a la tripulación en
sus faenas.
Guindaleza: 1. f. Mar. Cabo de 12 a 25 cm de mena, de tres o cuatro cordones corchados
de derecha a izquierda y de 100 o más brazas de largo, que se usa a bordo y en tierra.
Hacha: 1. f. Vela de cera, grande y gruesa, de forma por lo común de prisma cuadrangular
y con cuatro pabilos.
Huracán: 1. m. Viento muy impetuoso y temible que, a modo de torbellino, gira en
grandes círculos, cuyo diámetro crece a medida que avanza apartándose de las zonas de
calma tropicales, donde suele tener origen. 2. m. Viento de fuerza extraordinaria.
Ínsula: 1. f. Lugar pequeño o gobierno de poca entidad, a semejanza del encomendado a
Sancho en el Quijote. 2. f. ant. isla.
Jangada: 1. f. balsa (‖ plataforma flotante).
Jarcia (de amarre): Según O’Scanlan: “En general, es el conjunto de todo el cordaje de un
buque, y el título de toda pieza de cuerda”. Para Escalante de Mendoza: “La mejor jarcia: es
la que se hace de cáñamo”.
Latinas (Latino): Términos mencionados por García de Palacio. Según O’Scanlan:
Aplícase al aparejo y al buque que lleva velas triangulares envergadas en entenas, y en
general a esta clase o figura de velas”.
Levar (ancla): Acción de virar la cadena del ancla y sinónimo de comenzar la maniobra de
salida.
Litoral: 1. adj. Perteneciente o relativo a la orilla o costa del mar. 2. m. Costa de un mar,
país o territorio.
Lona: 1. f. Tela fuerte de algodón o cáñamo, para velas de navío, toldos, tiendas de
campaña y otros usos.
Machos del timón: 1. m. Mar. Cada uno de los pinzotes fijos en la madre del timón, que
encajan en las hembras situadas en el canto exterior del codaste.
Maderamen: 1. m. Conjunto de maderas que entran en una obra.
Madorna: Sólo encontré un uso en el portugués brasileño que significa modorra o
adormilamiento.

140
Maestre: Persona a quien después del capitán correspondía antiguamente el gobierno
económico de las naves mercantes.
Mar: 1. amb. Masa de agua salada que cubre la mayor parte de la superficie de la Tierra. 2.
amb. Cada una de las partes en que se considera dividida. Mar Mediterráneo, Cantábrico.
3. amb. Lago de cierta extensión. Mar Caspio, Muerto. 4. amb. Agitación misma del mar o
conjunto de sus olas, y aun el tamaño de éstas.
Marear: Poner en movimiento una embarcación, gobernarla y dirigirla. Sinónimo de
“amarinar”.
Marejada: 1. f. Movimiento tumultuoso de grandes olas, aunque no haya borrasca.
Marinero: 1. adj. Dicho de una embarcación: Que posee las características necesarias para
navegar con facilidad y seguridad en todas circunstancias. 2. adj. Perteneciente o relativo a
la marina o a los marineros. 3. adj. Semejante a cualquier cosa de marina o de marinero. 4.
m. y f. Persona que presta servicio en una embarcación. 6. m. y f. Persona entendida en
marinería.
Mascarón (de proa): 1. m. Figura colocada como adorno en lo alto del tajamar de los
barcos.
Mastelero: Término mencionado por los autores de siglos pasados. Según García de
Palacio: “Son los árboles que van sobre los mayores y gavias”. Por su parte, O’Scanlan lo
explica de la siguiente manera: “Cada uno de los palos menores que van sobre los
principales en la mayor parte de las embarcaciones de vela redonda, y sirven para sostener
gavias y juanetes”.
Mástil: 1. m. Palo de una embarcación. 2. m. Palo menor de una vela. 3. m. Cada uno de
los palos derechos que sirven para sostener algo, como una tienda de campaña, una
bandera, una cama, un coche, etc.
Mesana: 1. amb. Mar. Mástil que está más a popa en el buque de tres palos. 2. f. Mar. Vela
que va contra este mástil envergada en un cangrejo.
Monzón: 1. amb. Viento periódico que sopla en ciertos mares, particularmente en el océano
Índico, unos meses en una dirección y otros en la opuesta.
Motón: 1. m. Mar. Garrucha por donde pasan los cabos.
Nao: 1. f. nave.

141
Naufragio: 1. m. Pérdida o ruina de la embarcación en el mar o en río o lago navegables. 2.
m. Pérdida grande; desgracia o desastre. 3. m. Mar. Buque naufragado, cuya situación
ofrece peligro para los navegantes.
Nave: 1. f. barco (‖ construcción capaz de flotar). 2. f. Embarcación de cubierta y con velas,
en lo cual se distinguía de las barcas; y de las galeras, en que no tenía remos. Las había de
guerra y mercantes. ; capitana,
Navegante: 1. adj. Que navega. U. t. c. s.
Navegar: 1. intr. Viajar en un buque o en otra embarcación, generalmente por mar. U. t. c.
tr.
Nudo: 14. m. Mar. Cada uno de los puntos de división de la corredera. 15. m. Mar.
Trayecto de navegación que se mide con cada una de estas divisiones. 16. m. Mar. Unidad
de velocidad para barcos y aviones, equivalente a una milla náutica por hora.
Océano: 1. m. Grande y dilatado mar que cubre la mayor parte de la superficie terrestre. 2.
m. Cada una de las grandes subdivisiones de este mar. Océano Atlántico, Pacífico, Índico,
Boreal, Austral.
Oficial de mar: 12. com. Mil. Militar de categoría intermedia entre las de suboficial y
oficial superior o jefe, que comprende los grados de alférez, teniente y capitán del Ejército
y los de alférez de fragata, alférez de navío y teniente de navío en la Armada. De puente y
cubierta: 1. com. Mar. El que se halla a las órdenes inmediatas del que manda el buque,
efectúa las guardias de mar y de puerto, así como todas aquellas funciones de carácter
técnico administrativo que los reglamentos o normas consuetudinarias le atribuyen.
Ola: 1. f. Onda de gran amplitud que se forma en la superficie de las aguas.
Pairar: 1. intr. Mar. Dicho de una nave: Estar quieta con las velas tendidas y largas las
escotas.
Pairo: 1. m. Mar. Acción de pairar la nave. Nos pusimos al pairo.
Palo: Los tres palos del buque se denominan respectivamente trinquete, mayor y mesana; el
nombre del cuarto, si lo hay, no se atiene a reglas fijas. Toda vela de cuchillo cuenta con su
verga respectiva. Además, hay puntas de cangrejo, o botavaras para orientar las cangrejas,
botalones que sirven para diversos usos, berlingas o perchas, etc.
Pañol: 1. m. Mar. Cada uno de los compartimentos que se hacen en diversos lugares del
buque, para guardar víveres, municiones, pertrechos, herramientas, etc.

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Papahígo: 3. m. Mar. Cada una de las velas mayores, excepto la mesana, cuando se navega
con ellas solas.
Pasarela: 1. f. Puente pequeño o provisional. 2. f. En los buques de vapor, puente
transversal colocado delante de la chimenea.
Pelliza: Chaqueta de abrigo con el cuello y las bocamangas reforzados de otra tela.
Pellizcar: Dar orzadas de tiempo, para ceñir más el viento cuando se navega de bolina
desahogada, a fin de ganar más barlovento, lo que se expresa con la frase “pellizcar el
viento”.
Pez (naval): Brea o alquitrán que se rae de los barcos. Mezcla de pez común, sebo de vaca
y algunos ingredientes más derretidos al fuego.
Piloto: 1. com. Persona que gobierna y dirige un buque en la navegación.
Pinche: 1. com. Persona que presta servicios auxiliares en la cocina.
Pinzote: 1. m. Mar. Hierro acodillado en forma de escarpia que se clava para servir de
gozne o macho, como los del timón donde se enganchan las correspondientes hembras.
2. m. Mar. Barra o palanca que se encajaba en la cabeza del timón y servía para moverlo.
Pique: 1. m. Mar. Varenga en forma de horquilla, que se coloca a la parte de proa. Echar a
pique: 1. loc. verb. Mar. Hacer que un buque se sumerja en el mar.
Piqueta: f. Zapapico. Herramienta con mango de madera y dos bocas opuestas, una plana y
otra aguzada.
Polea: 3. f. Mar. Motón doble, o sea de dos cuerpos, uno prolongación del otro, y cuyas
roldanas están en el mismo plano.
Popa: 1. f. Parte posterior de una embarcación.
Pregón: Publicación que en voz alta se hace en los sitios públicos de una cosa que conviene
que todos sepan.
Proa: 1. f. Parte delantera de la nave, con la cual corta las aguas, y, por ext., parte delantera
de otros vehículos.
Propao: 1. m. Mar. Pieza gruesa de madera, atravesada por varias cabillas y empernada
horizontalmente a los guindastes, que sirve para amarrar algunos cabos de maniobra y para
sujeción de los retornos por donde aquellos laborean.

143
Puerto: 1. m. Lugar en la costa o en las orillas de un río que por sus características,
naturales o artificiales, sirve para que las embarcaciones realicen operaciones de carga y
descarga, embarque y desembarco, etc. 2. m. Localidad en la que existe dicho lugar.
Punta: 9. f. Lengua de tierra, generalmente baja y de poca extensión, que penetra en el mar.
Puya: Punta acerada de las varas o garrochas de los picadores y vaqueros, con la cual
aguijan o castigan a las reses.
Quilla: 1. f. Pieza de madera o hierro, que va de popa a proa por la parte inferior del barco
y en que se asienta toda su armazón.
Quinto real: o Quinto del Rey, fue un impuesto de 20% establecido por el rey de España
en 1504 sobre oro, plata y joyas de las minas en las colonias de América.
Remate (de chapa): Refiriéndose a la ligazón de un buque, es sinónimo de “barraganete”.
Remero: 2. m. y f. Persona que rema o que trabaja al remo.
Ría: 1. f. Penetración que forma el mar en la costa, debida a la sumersión de la parte litoral
de una cuenca fluvial de laderas más o menos abruptas. 2. f. Ensenada amplia en la que
vierten al mar aguas profundas.
Roda: 1. f. Mar. Pieza gruesa y curva, de madera o hierro, que forma la proa de la nave.
Ruta: 1. f. Rota o derrota de un viaje. 2. f. Itinerario para él.
Siroco: Nombre que se da en muchos puntos del Mediterráneo al viento “sudeste”,
denominado también “jaloque”.
Sollado: 1. m. Mar. Cada uno de los pisos o cubiertas inferiores del buque, donde se suelen
instalar alojamientos y pañoles.
Sotapiloto: persona que sustituye al primer piloto; segundo piloto.
Sotavento: Según Carlos Etayo: “Lado del barco opuesto al que recibe el viento”.
Tablón (de aparadura): 1. m. Mar. tablón primero del fondo del buque que va encajado en
el alefriz.
Tamborete: 1. m. Mar. Trozo de madera que sirve para sujetar a un palo otro sobrepuesto.
Temporal: 5. m. tempestad (‖ tormenta grande).
Tilla: 1. f. Entablado que cubre una parte de las embarcaciones menores.
Timón: 1. m. Pieza de madera o de hierro, a modo de gran tablón, que, articulada
verticalmente sobre goznes en el codaste de la nave, sirve para gobernarla.
Timonel: 1. com. Persona que gobierna el timón de la nave.

144
Toldilla: 1. f. Mar. Cubierta parcial que tienen algunos buques a la altura de la borda, desde
el palo mesana al coronamiento de popa.
Torrente: 1. m. Corriente o avenida impetuosa de aguas que sobreviene en tiempos de
muchas lluvias o de rápidos deshielos.
Trinquete: Palo que, en las embarcaciones que tienen más de uno, se arbola más cerca de
la proa. Verga mayor que se cruza sobre el palo de más a popa o trinquete, y también su
vela correspondiente.
Tripulación: 1. f. Conjunto de personas que van en una embarcación o en un aparato de
locomoción aérea, dedicadas a su maniobra y servicio.
Varenga: La primera pieza curva que se pone atravesada a la quilla para formar cada
cuaderna. Su forma, y por lo tanto su nombre, varía según el lugar de la quilla en que está
situada, pues del centro de la eslora son más planas y las próximas a la roda y al codaste
son de brazos muy levantados.
Vela: Según O’Scanlan: “Conjunto o reunión por costura de varios paños de lona, loneta,
cotonía o vitre, que unida a su respectiva verga, palo o estay y desplegada al viento da
impulso a la embarcación para navegar; las velas son o cuadriláteras o triangulares; las
primeras se subdividen en cuadrilongas y trapecias simétricas, y se llaman cuadras o
redondas, y las triangulares se llaman latinas”.
Velamen: 1. m. Conjunto de velas (‖ de una embarcación).
Vendaval: 1. m. Viento fuerte que sopla del sur, con tendencia al oeste. 2. m. Viento fuerte
que no llega a ser temporal declarado. 3. m. Cuba, Nic. y Ur. Temporal de viento y lluvia.
Verga: Término mencionado por los autores antiguos. Según O’Scanlan: “Es el palo en que
se enverga una vela, y que se cuelga y sujeta a cualquiera de los de la arboladura, cuya
denominación respectiva toma”. Según Carlos Etayo: “Pieza de madera de forma cilíndrica
con los extremos –penoles– afilados y que se iza en un mástil de forma que pueda moverse
en un plano normal al mismo. A ellas van envergadas las velas redondas.
Virar: 2. tr. Mar. Cambiar de rumbo o de bordada, pasando de una amura a otra, de modo
que el viento que daba al buque por un costado le dé por el opuesto. U. t. c. intr. 3. tr. Mar.
Dar vueltas al cabrestante para levar las anclas o suspender otras cosas de mucho peso que
hay que meter en la embarcación o sacar de ella.
Zarpar: Levar las anclas. Partir.

145
Zozobrar: 1. intr. Dicho de una embarcación: Peligrar por la fuerza y contraste de los
vientos. 2. intr. Perderse o irse a pique. U. t. c. prnl.

146
APÉNDICE 2.

Tabla de los regímenes de la imaginación simbólica.539


RÉGIMEN DIURNO
A) LOS ROSTROS DEL TIEMPO:
-Símbolos teriomorfos: caballo, toro, fauces, lobo, perro, león, tigre, jaguar, ogro,
dragón…
-Símbolos nictomorfos: tinieblas, negrura, ciego, agua corriente, lágrimas, cabellera,
sangre menstrual, luna, mujer fatal, araña, pulpo, lazo…
- Símbolos catamorfos: caída, carne (digestiva, sexual)…
B) EL CETRO Y LA ESPADA
- Símbolos ascensionales: montaña sagrada, piedras erguidas, ala, ángel, flecha,
gigantización, cetro, soberanía (militar, jurídica y religiosa), cielo, paternidad, espada,
cráneo, cola, cornamenta, caza, prácticas cinegéticas y guerreras…
- Símbolos espectaculares: luz, sol naciente, oriente, corona solar, tonsura, ojo, palabra-
mantra, videncia…
- Símbolos diairéticos: héroe armado, armas cortantes, herramientas aratorias,
herramientas percutientes, ritos de purificación (escisión, circuncisión…), agua limpia,
fuego, aire…

RÉGIMEN NOCTURNO

A) DOMINANTE DIGESTIVA (LA COPA):


-Símbolos de la inversión: descenso, deglución, vaguedad e inefabilidad, reduplicación y
encajonamientos, gulliverización, pez, noche tranquila, colores, melodía, feminidad
positiva, maternidad, mar, tierra…
-Símbolos de la intimidad: continentes y contenidos, ritos de enterramiento, sueño, cuna y
sepulcro, momia, caverna, casa, bosque sagrado, centro, morada sobre el agua (arca,
barca…), coche, alimento, leche materna, miel, vino, oro, excremento…
B) DOMINANTE SEXUAL (EL DENARIO Y LA RUEDA):
-Símbolos cíclicos: año, calendario, luna cíclica, divinidades plurales (díadas o tríadas),
andrógino, eterno retorno, agricultura, tumba vegetal, hijo, doble paternidad, ceremonias
iniciáticas, sacrificios, prácticas orgiásticas, bestiario cíclico (caracol, oso, insectos,
crustáceos, batracios, reptiles —serpiente—), tejido e hilado, círculo, swastika…
-Símbolos del progreso: utensilios de progreso (torno, industria textil…), cruz,
encendedor, sexualidad, danzas y cantos rítmicos, árbol…

539
Tabla elaborada por Alfonso Martín Jiménez que sintetiza las diferentes constelaciones simbólicas
propuestas por Gilbert Durand pero que este último no resume de manera semejante, en Alfonso Martín
Jiménez, “El componente retórico y el componente simbólico en la publicidad. Análisis de los anuncios de
energía eólica de Iberdrola”. Cuadernos de Investigación Filológica. 39 (2013), p. 166,
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