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La Segunda Palabra desde la Cruz:

“HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO”

 
Lucas 23:39. Y uno de los malhechores que estaban colgados allí le lanzaba
insultos, diciendo: ¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros! Pero
el otro le contestó, y reprendiéndole, dijo: ¿Ni siquiera temes tú a Dios a pesar
de que estás bajo la misma condena? Y nosotros a la verdad, justamente,
porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos; pero éste nada malo
ha hecho. Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.
Entonces Él le dijo: En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso.

Estoy plenamente convencido que Dios hace cita con nosotros para salvarnos.  Es
probable que las personas no sepan que esa cita ha sido hecha.  Es más, en el
mayor de los casos es así.  Tenemos el caso de la mujer Samaritana, Jesús hizo
una cita con ella junto al pozo de Jacob.  Allí se encontraron, no por casualidad
sino como parte del plan divino.  Jesús se llegó hasta allí porque “era necesario”
que pasará por Samaria.  Igualmente vemos la historia de Zaqueo, el pequeño
publicano que quería ver a Jesús.  Se subió a un árbol para verle pasar, pero
cuando el Maestro se acercó al lugar donde él estaba, le llamó por nombre y le
dijo “es necesario que yo more hoy en tu casa”.  Jesús tenía una cita con Zaqueo
en aquel día, pero él no lo sabía. 
Lo mismo ocurrió con Saulo de Tarso, Dios tuvo una cita con el camino a
Damasco. Pablo no sabía que aquél día el Señor se le aparecería en el camino,
pero así fue.  Esta cita con Jesucristo cambió el destino de todas estas personas.
En esta historia vemos también como un Malhechor tenía “Una cita con Jesús en
el Monte Calvario”, y él no lo sabía. Fue una cita de amor con olor a paraíso, fue
una cita hecha promesa de regresar juntos a la casa del Padre. Ahí está el Rey,
actuando desde la Cruz. Tiene las llaves para abrir y cerrar. Desde la Cruz ofrece
su Reino, el Paraíso del Padre, a los hombres. Pero solamente los pobres, los
pecadores que se humillan, han visto en Él al Rey y han logrado llegar a la cita. Él
reina sobre el pecado perdonando, lo mismo que reinará sobre la muerte
resucitando. Es hermoso saber que Jesús está dispuesto a mostrar su llamado a
salvar a las almas, es bello saber que el buen Dios siempre nos espera en una cita
de amor perpetua, aun estando clavado en una cruz... ¡Corazón de misericordia
infinita! ¡Qué maravillosa es la gracia de Dios cuando cae de lleno sobre un
corazón que no le pone obstáculos, con un alma que espera ansiosa reunirse con
su Señor! En la Cruz, realmente, se resume toda la Historia de la Salvación, la
historia del amor. Lo que un hombre por su rebeldía cerró para todos, por la
obediencia de este hombre la misericordia del Padre lo ha vuelto a abrir a todos: el
Paraíso. Y “hoy mismo”, aquí mismo. La humanidad ha quedado restaurada y el
Paraíso de nuevo es ofrecido a los hombres.

Cada uno de nosotros los creyentes estamos en Cristo porque aun sin saberlo,
Jesús hizo una cita con nosotros para salvarnos, en la prostituta, en los presos, en
los enfermos, en los homosexuales, en los drogadictos; en los criminales, en los
violadores; y más aún en los que no tienen el mismo color que nosotros, en la
misma ideología política, en la misma condición social, en nuestras familias que
claman nuestra presencia y cariño, en nuestros amigos que piden lealtad, en cada
suspiro de la vida Jesús de Nazaret, así como lo hizo en la cruz nos invita a una
cita que trasciende todo prejuicio, todo egoísmo; la cita de amor más bella, que
restaura nuestras vidas. ¡Dios, hoy acepto tu cita, hoy me refugio en ti, quiero
que todos los caminos que recorra sean contigo, quiero desde la tierra vivir
el paraíso que nos has ofrecido desde la cruz!
 La Segunda Palabra desde la Cruz:

“TENGO SED”

Juan 19:28 Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la
Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: Tengo sed.
Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a
una rama de hisopo y se la acercaron a la boca.
Después de beber el vinagre, dijo Jesús: «Todo se ha cumplido». E inclinando la
cabeza, entregó su espíritu.

Profundizar en el misterio de la muerte de Cristo, es tener la experiencia de


angustiarse, como una manera de vivir en sintonía ante el dolor del Padre por
nuestra rebeldía. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Qué sentido tiene la sed? … y
nos respondemos instantáneamente que la sed es una necesidad básica o ganas
de beber agua que tiene todo ser humano en la Tierra.

Pero en los tiempos actuales ¿Cuál es la sed de Cristo hoy? … y la respuesta


sería que es la sed de amor por nosotros, Jesús nos habla siempre en primera
persona, besando nuestros pies que manifiesta un amor a la dignidad de nuestra
humanidad, haciéndonos un llamado a no tener miedo a la Cruz porque cuando la
tomamos en nuestras manos nos asociamos a Él.

La gente al escuchar "Tengo sed", entiende lo que está pasando porque sabe que
Cristo está muriendo, nos viene el recuerdo que a la Samaritana le ofreció agua
viva, diciéndonos el que beba el agua que da el Señor es para la vida eterna,
porque la sed física es el tránsito temporal y cada bautizado debe sacar agua de la
corriente de vida eterna, pero también nos advierte que cuando nos alejamos de
Él nos convertimos en fuentes secas.
Pero hay que recalcar que de esas fuentes secas Cristo tiene sed, deseando que
se conviertan en fuentes vivas, Él tiene sed de aquellas mujeres y de aquellos
hombres indiferentes a la fe, que son prepotentes, adictos al trabajo y a las
diversiones, que andan como amigos que parecen enemigos, de aquellas chicas y
chicos que rechazan las estructuras que los sostienen como el hogar y la Iglesia,
convirtiéndose en el bocado perfecto del "lobo".

En tal sentido, no busquemos apagar la sed de nuestra vida con lo que el mundo
nos ofrece: "gaseosa" o "alcohol", la gaseosa solo apaga por un momento la sed
endulzando con obsesiones nuestro corazón y el alcohol es un peligro que nos
lleva a la adicción, al placer y el tener; elijamos a Cristo que nos dará el agua viva
que satisface, para Él no hay reposo ya que tiene sed de nuestra fe, de nuestra
confianza; digámosle con humildad: ¡Señor tenemos sed de tu eternidad, no
nos abandones, que tu paladar seco derrame agua viva sobre nosotros por
siempre!