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TRASTORNO MENTAL SEVERO

En el ámbito de la salud mental la palabra cronicidad tiene unas claras connotaciones


negativas y estigmatizantes, razón por la que la literatura especializada viene utilizando
más recientemente el término TRASTORNO MENTAL SEVERO (TMS) para referirse a
los trastornos mentales graves de duración prolongada y que conllevan un grado variable de
discapacidad y disfunción social. Hasta el momento actual, sin embargo, no se han
establecido criterios consistentes y homogéneos que definan el TMS y que puedan ser
utilizados para determinar su morbilidad y su prevalencia y con ellos cuantificar y
planificar unos servicios adecuados.
Quizás la definición más representativa y que ha alcanzado un mayor consenso sea la
que emitió el Instituto Nacional de Salud Mental de EEUU en 1987 (NIMH, 1987), y que
incluye tres dimensiones:
1. Diagnóstico: Incluye a los trastornos psicóticos (excluyendo los orgánicos) y
algunos trastornos de la personalidad
2. Duración de la enfermedad y del tratamiento: Tiempo superior a los dos años.
3. Presencia de Discapacidad: Originalmente se determinó por la presencia de al
menos tres de los ocho criterios que especificaba el NIMH, pero que posteriormente se
sustituyeron por la existencia de una disfunción moderada o severa del funcionamiento
global, medido a través del GAF (Global Assesment of Functioning APA, 1987), que
indica una afectación de moderada a severa del funcionamiento laboral, social y familiar.
Sin embargo, y a pesar de de utilizar estos criterios, pueden obtenerse grandes
diferencias en función del grado de restricción con que se apliquen o a la metodología
utilizada para su identificación.

Diagnóstico
Incluye los trastornos psicóticos (excluyendo los orgánicos). Todas las categorías
diagnósticas incluidas en TMG tienen la consideración de psicóticas, en sentido amplio. Se
entiende por tal no sólo la presencia de síntomas positivos y negativos, sino también un
patrón de relaciones gravemente alterado, un comportamiento inadecuado al contexto o una
afectividad inapropiada grave, que impliquen una percepción distorsionada de la realidad.
Se incluirá a las personas que cumplen los criterios diagnósticos de por lo menos una de las
siguientes categorías diagnósticas de la Clasificación Internacional de Enfermedades CIE-
10 (OMS, 1992)6:
Trastornos esquizofrénicos (F20.x)
Trastorno esquizotípico (F21)
Trastornos delirantes persistentes (F22)
Trastornos delirantes inducidos (F24)
Trastornos esquizoafectivos (F25)
Otros trastornos psicóticos no orgánicos (F28 y F29)
Trastorno bipolar (F31.x)
Episodio depresivo grave con síntomas psicóticos (F32.3)
Trastornos depresivos graves recurrentes (F33)
Trastorno obsesivo compulsivo (F42)

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Duración de la enfermedad
Se ha utilizado como criterio para establecer el TMG una evolución de trastorno de 2
años o más, o deterioro progresivo y marcado en el funcionamiento en los últimos 6 meses
(abandono de roles sociales y riesgo de cronificación) aunque remitan los síntomas.
El criterio de duración del trastorno intenta discriminar al grupo de personas que
presentan trastornos de duración prolongada y descartar los casos que, aunque puedan
presentar síntomas o diagnósticos de gravedad, aún tienen un tiempo corto de evolución y
por tanto un pronóstico todavía no muy claro. Los criterios del NIMH4 definen como
alternativa los siguientes criterios:
Haber recibido tratamiento psiquiátrico más intensivo que el ambulatorio más de una
vez a lo largo de la vida.
Haber recibido apoyo residencial continuo distinto a la hospitalización por un tiempo
suficiente como para haber interrumpido significativamente la situación vital.
Desde el punto de vista de duración de la enfermedad, el grupo elaborador de esta GPC
considerará como valido cualquiera de los criterios citados asumiendo que, la dimensión de
duración de la enfermedad es la que más debilidades presenta de las tres y, que muchas de
las intervenciones recogidas en esta guía son aplicables a pacientes en estadios iniciales de
sus trastornos y que en sentido estricto no entrarían en el concepto de TMG. Esta GPC se
mantendrá atenta a la consistencia de este criterio en futuras revisiones.

Presencia de discapacidad
Definida mediante la afectación de moderada a severa del funcionamiento personal,
laboral, social y familiar, y que se mide a través de diferentes escalas, como la Escala de
Evaluación de la Actividad Global (EEAG), con puntuaciones <50; y la escala de
evaluación de la discapacidad de la OMS (DAS-I), con puntuaciones >3 en todos sus ítems.
Según la definición del NIMH4, está discapacidad produce limitaciones funcionales en
actividades importantes de la vida y al menos incluye dos de los siguientes criterios de
forma continua o intermitente:
Desempleo, o empleo protegido o apoyado, habilidades claramente limitadas o historia
laboral pobre.
Necesidad de apoyo económico público para mantenerse fuera del hospital y es
posible que precise apoyo para procurarse dicha ayuda.
Dificultades para establecer o mantener sistemas de apoyo social personal.
Necesidad de ayuda en habilidades de la vida diaria, como higiene, preparación de
alimentos o gestión económica.
Conducta social inapropiada que determina la asistencia psiquiátrica o del sistema
judicial.
En formulaciones más recientes esta discapacidad puede ser definida mediante la
afectación de moderada a severa del funcionamiento laboral, social y familiar, y medida a
través de la EEAG7, utilizando como punto de corte la puntuación correspondiente a
afectación leve (≤70) en los casos menos restrictivos, o el de moderado (<50), que indica
importante severidad de los síntomas, con afectación grave en el funcionamiento y
competencia social.
Las personas a las que va dirigida esta GPC son personas que sufren trastorno mental
grave y reúnen estas tres dimensiones de clasificación anteriormente descritas.

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Las personas con un Trastorno Mental Severo presentan una serie de
características comunes:
 Mayor vulnerabilidad al estrés, dificultades para afrontar las demandas del ambiente.
 Déficit en sus habilidades y capacidades para manejarse autónomamente.
 Dificultades para la interacción social, pérdida de redes sociales de apoyo que, en
muchos casos, se limitan solo a la familia, y situaciones de aislamiento social.
 Dependencia elevada de otras personas y servicios sanitarios y/o sociales.
 Dificultades para acceder y mantenerse en el mundo laboral, lo que supone un obstáculo
para su plena integración social y favorece la dependencia económica, la pobreza y la
marginación.

Muchos de los trastornos psicóticos se incluyen dentro de los trastornos mentales


severos (TMS). Se trata de trastornos mentales graves de duración prolongada y que
conllevan una grado variable de discapacidad y disfunción social.
Si el abordaje de cualquier trastorno mental ya es complejo por su naturaleza, todavía
se hace más difícil cuando la problemática de la propia patología causa déficits relevantes
en otras áreas del funcionamiento del sujeto.
Los pacientes con TMS en numerosas ocasiones presentan dificultades muy
importantes para mantener su ocupación laboral, asociándose con problemas económicos
que repercuten en el acceso a la vivienda y a la autonomía. Además, sus relaciones sociales
se ven reducidas de forma progresiva por la pérdida de habilidades sociales. El trastorno
también afecta las capacidades cognitivas, de autocuidado, de organización y de
autosuficiencia. Tampoco podemos olvidar la estigmatización que sufren estos pacientes
por parte de la sociedad y que dificulta las posibilidades de reinserción.
Las personas que padecen un TMS deben recibir un tratamiento enfocado a la
sintomatología del trastorno y a la vez considerar el funcionamiento psicosocial y de
integración en la comunidad. Con el paso del tiempo vamos tomando conciencia que una
buena intervención ante los TMS incluye necesariamente un enfoque integral orientado a la
rehabilitación del paciente.
La atención integral se traduce en la valoración y la intervención en los siguientes
ámbitos:
Tratamiento de trastorno mental: control de la sintomatología, prevención de
recaídas, intervención en crisis y trabajo para un buen ajuste psicológico.
Rehabilitación psicosocial: recuperación y/o mantenimiento de las habilidades
necesarias para su integración y desarrollo en la comunidad en las diferentes esferas
(capacidades de autocuidado, habilidades sociales, entorno laboral, tiempo de ocio…)
Apoyo a las familias: los familiares constituyen el principal soporte para los
pacientes con TMS, por lo que hay que cuidarles especialmente, promoviendo su salud
mental y física y ofreciéndoles el máximo apoyo.

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RETARDO MENTAL

El Retardo Mental ha tenido diversas denominaciones a lo largo de la historia. Hasta el


siglo XVIII predomino el término “idiotismo”, referidos a una serie de trastornos
deficitarios. Más tarde el psiquiatra Kraepelin introduce el término “oligofrenia” (poca –
inteligencia). Desde entonces se han sucedido diferentes nombres: anormalidad,
deficiencia, insuficiencia, subnormalidad, etc... Actualmente, se tiende a evitar aquellas
denominaciones que puedan interpretarse como peyorativas o discriminantes. Se utiliza el
término Discapacidad Intelectual y, en niños escolarizados, se engloban dentro del
colectivo de “alumnos con necesidades educativas especiales”. Sin embargo, el término que
sigue apareciendo en los diferentes sistemas clasificatorios (DSM-IV, CIE-10) y referido
específicamente al nivel de competencia intelectual, es el de Retraso Mental. La esencia de
este trastorno es el déficit intelectual pero hay que tener en cuenta que la inteligencia no es
una cualidad concreta que afecta sólo a lo puramente intelectual o cognitivo sino que
influye en toda la personalidad y toda ella estará afectada en el Retardo Mental.
El retardo mental consiste en un funcionamiento intelectual por debajo del promedio,
que se presenta junto con deficiencias de adaptación y se manifiesta durante el período de
desarrollo.
En realidad, para ser diagnosticado como retardado mental, la persona tiene que tener
ambos, un coeficiente intelectual significativamente bajo y problemas considerables en su
adaptación a la vida diaria. Sin embargo, la mayoría de los niños pueden aprender muchas
cosas y al llegar a adultos pueden vivir de una manera parcialmente independiente. Lo que
es más importante, pueden disfrutar de la vida al igual que todo el mundo.
Se caracteriza por un funcionamiento inferior a la media, junto con limitaciones
asociadas en dos o más de las habilidades adaptativas: comunicación, cuidado personal,
vida en el hogar, habilidades sociales, utilización de la comunidad, salud y seguridad,
habilidades académicas funcionales, ocio y trabajo. El retardo mental se manifiesta antes de
los dieciocho años.
Actualmente se le llama Discapacidad Intelectual, término que se usa cuando una
persona tiene ciertas limitaciones en su funcionamiento mental y en destrezas tales como
aquéllas de la comunicación, cuidado personal, y destrezas sociales.
Estas limitaciones causan que el niño aprenda y se desarrolle más lentamente que un
niño típico. Los niños con discapacidad intelectual pueden tomar más tiempo para aprender
a hablar, caminar, y aprender las destrezas para su cuidado personal tales como vestirse o
comer. Están propensos a tener problemas en la escuela. Ellos sí aprenderán, pero
necesitarán más tiempo. Es posible que no puedan aprender algunas cosas.

La esencia del retardo mental es la presencia de un coeficiente intelectual bajo y un


problema considerable en la adaptación a la vida diaria. Presentando alteraciones a nivel
orgánico, psíquico y socio-cognitivo. Se caracteriza por un funcionamiento inferior a la
media, junto con limitaciones asociadas en dos o más de las habilidades adaptativas:
comunicación, cuidado personal, vida en el hogar, habilidades sociales, utilización de la
comunidad, salud y seguridad, habilidades académicas funcionales, ocio y trabajo. El
retardo mental se manifiesta antes de los dieciocho años.
Una familia puede sospechar retardo mental cuando las habilidades motoras, las
habilidades del lenguaje y de autoayuda no parecen desarrollarse en un niño o cuando se
desarrollan a un ritmo mucho menor que el de otros niños de su edad.
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Los niños con retardo mental pueden disfrutar de la vida al igual que todo el mundo.
No nos debemos olvidar que un retardado mental puede llegar a ser un niño normal excepto
en el plano de la inteligencia.

Definición
El término Retardo Mental significa "un funcionamiento intelectual por debajo del
promedio, que se presenta junto con deficiencias de adaptación y se manifiesta durante el
período de desarrollo (antes de los 18 años)". Esta definición, tomada de la Asociación
Americana de Deficiencia Mental, nos proporciona una visión dinámica del trastorno.
El retraso mental es un trastorno que se caracteriza por una calificación
considerablemente baja en las pruebas de habilidad mental y por limitaciones en áreas
como auto-dirección; actividades escolares, laborales y de recreación; y habilidades
comunes en la vida diaria, sociales y de comunicación.

El retraso mental es un término que se usa cuando una persona tiene ciertas
limitaciones en su funcionamiento mental y en destrezas tales como aquellas de la
comunicación, cuidado personal y destrezas sociales. Estas limitaciones causan que el niño
aprenda y se desarrolle más lentamente que un niño normal. Los niños con retraso mental
pueden tomar más tiempo para aprender a hablar, caminar y aprender las destrezas para su
cuidado personal tales como vestirse o comer. Están propensos a tener problemas en la
escuela. Ellos sí aprenderán, pero necesitarán más tiempo. Es posible que no puedan
aprender algunas cosas.
Las nuevas tendencias en este campo indican que el término adecuado a utilizar es el
de persona con discapacidad intelectual. Los conceptos más interesantes en este momento
son el de inclusión, calidad de vida y autodeterminación que de alguna manera deben
impulsar el trabajo que se realiza con estas personas.

Etiología
El retardo mental es la expresión sintomática de enfermedad o lesión neurológica que
estuvo activa durante el tiempo de la gestación, el período peri natal, o durante la infancia o
la niñez.
Se habla de factor etiológico cuando se confirma que un factor de riesgo ha sido el causante
del retardo mental.
Hay momentos evolutivos del niño en que un factor de riesgo tiene grandes posibilidades
de efectivizarse y causar el daño. Si un niño con retardo mental ha sido expuesto a
múltiples factores de riesgo, es sumamente difícil saber cuál ha sido la causa efectiva del
retardo. No hay un único factor causante del retardo mental, este puede ser causado por
múltiples factores.

Clasificación
Las diferentes clasificaciones internacionales y europeas consideran el Retraso Mental
como: “Un desarrollo mental incompleto o detenido que produce el deterioro de las
funciones completas de cada época del desarrollo, tales como las cognoscitivas, lenguaje,
motrices y socialización” Se trata, pues, de una visión pluridimensional del Retraso .Mental
en sus aspectos biológicos, psicológicos, pedagógicos, familiar y social.

1. Inteligencia inferior a la media (retraso mental demostrable)


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2. Factores etiológicos precoces, que han actuado antes del nacimiento o durante la primera
infancia.
3. Dificultad para el aprendizaje escolar.
4. Dificultad para la adaptación social.
Quedan excluidas las demencias, porque se originan en edades ulteriores, y los fracasos
escolares y de adaptación social debidos a otras causas.
La clasificación de mayor interés es la etiológica y la psicopedagógica o psicométrica. La
primera es útil para prevenir y tratar oportunamente una serie de casos concretos, si bien
una misma causa puede producir cuadros diferentes, con la consiguiente dificultad
pronóstica e indicación psicopedagógica adecuada.
La clasificación psicométrica o psicopedagógica se basa en los niveles de inteligencia,
valorados con pruebas psicométricas, y en lo que los pedagogos esperan conseguir de estos
niños con los métodos psicopedagógicos disponibles. Es eminentemente práctica, ya que
permite agrupar según las aptitudes, con el consiguiente mejor aprovechamiento de las
enseñanzas escolares y profesionales. También es útil para poder emitir un pronóstico,
aunque siempre en términos de aproximación.

Según el coeficiente de inteligencia: CI

 Retraso Mental Ligero o Leve: C.I. 50-69


 Retraso Mental Moderado: C.I. 35-49
 Retraso Mental Severo o Grave: C.I. 20-34
 Retraso Mental Profundo: C.I. Menor de 20

A) Retirado Mental Ligero o Leve: Comprende la edad mental de 8 a 12 años; aprenden


hasta el nivel de sexto grado. Supone el 85% de todos los retrasados y son considerados
como “educables”. En la mayoría de los casos no existe un etiología orgánica, debiéndose a
factores constitucionales y socioculturales, por lo que suelen pasar inadvertidos en los
primeros años de vida ya que su aspecto físico suele ser normal aunque puede haber algún
tipo de retraso psicomotor. El retraso, se pone de relieve coincidiendo con la etapa escolar
donde las exigencias son mayores. Tienen capacidad para desarrollar los hábitos básicos
como alimentación, vestido, control esfínteres, etc, salvo que la familia haya tenido una
actitud muy sobreprotectora y no haya fomentado dichos hábitos.
Pueden comunicarse haciendo uso del lenguaje tanto oralmente como por escrito, si bien,
presentarán déficits específicos o problemas (dislalias) en alguna área que precisará de
refuerzo. Con los adecuados soportes pueden llegar a la Formación Profesional o incluso a
Secundaria.

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En cuanto a aspectos de la personalidad suelen ser obstinados, tercos, muchas veces, como
forma de reaccionar a su limitada capacidad de análisis y razonamiento. La voluntad puede
ser escasa y pueden ser fácilmente manejables e influenciados por otras personas con pocos
escrúpulos y, por tanto, inducidos a cometer actos hostiles.
Como se siente rechazado, con frecuencia prefieren relacionarse con los de menor edad a
los que pueden dominar. Los de mejor nivel intelectual, al ser más conscientes de sus
limitaciones, se sienten acomplejados, tristes y huraños.
En la vida adulta pueden manejarse con cierta independencia, trabajando en diferentes
oficios con buen rendimiento en las tareas manuales.

B) Retraso Mental Moderado: Comprende la  edad mental de 5 a 8 años;  no pueden


aprender los temas académicos en la escuela. Representan el 10%. La etiología suele ser
orgánica por lo que presentan déficits somáticos y neurológicos. A pesar de que muchos de
ellos pueden presentar un aspecto físico “normal”, los diferentes déficits en el curso
evolutivo se hacen patentes desde la infancia. En el origen se especula con anomalías
genéticas y cromosómicas, encefalopatías, epilepsia y trastornos generalizados del
desarrollo (T.G.D.) que comprenden el autismo y la psicosis infantil. Pueden llegar a
adquirir hábitos elementales que les permitan cierta independencia pero deberán ser
guiados en otras muchas facetas.
Respecto a su capacidad de comunicación puede ser variable y va desde un continuo donde
pueden expresarse verbalmente y difícilmente por escrito a presentar serios problemas con
deficiente pronunciación y ausencia total de la capacidad para escribir.
Su capacidad intelectual es intuitiva y práctica. Pueden adquirir conocimientos pero se
reducen a mecanismos simples. memorizados, con escasa capacidad para comprender los
significados y establecer relaciones entre los elementos aprendidos.
Pese a todo, son educables a través de programas educativos especiales, aunque siempre se
mostrarán lentos y con limitaciones de base.
El carácter que predomina en estos niños es el de la hipercinesia con aparición
frecuente de rabietas. Les gusta reclamar la atención del adulto y pueden utilizar cualquier
método para conseguirlo, en especial, aquellos niños que tienen menguadas sus capacidades
de expresión verbal. La afectividad es muy lábil con manifestaciones exageradas de sus
sentimientos, pudiendo pasar de la búsqueda afectiva de un adulto a mostrar con él un
comportamiento desobediente e incluso provocador y agresivo.

C) Retraso Mental Severo o Grave: Algunos requieren atención y supervisión por el resto
de su vida y generalmente acaban en instituciones de servicios mentales. Suponen un 3-4%.
La etiología en estos casos es claramente orgánica en su mayoría, semejante a la descrita en
el Retraso Mental Moderado pero con mayor afectación en todas las áreas tanto somática,
neurológica o sensorial, poniéndose de manifiesto un retraso general en el desarrollo desde
los primeros momentos de vida.
Adquieren mecanismos motores elementales y el aprendizaje de hábitos de cuidado
personal es muy lento y limitado, necesitando siempre ayuda y supervisión. Los que llegan
a comunicarse verbalmente, lo hacen con pocas palabras o frases elementales con
defectuosa pronunciación. Pueden adquirir algunos conocimientos simples y concretos de
sus datos personales, familiares así como de objetos personales de uso habitual aunque

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estos contenidos pueden no ser persistentes debido a su dificultad para fijarlos en la
memoria a largo plazo.
En la conducta destacan las crisis de cólera y agresividad por su falta de razonamiento,
llegando a las autolesiones. Suelen ser frecuentes los trastornos de hábitos motores:
chupeteo, balanceo, bruxismo, así como síntomas psicóticos: estereotipias, manierismos,
ecolalia, etc.
Estos niños deben acudir a los Centros de Educación Especial donde pueden llegar a un
nivel muy básico de aprendizaje pre-escolar.
En la vida adulta pueden adaptarse a la vida familiar y comunitaria, siempre de forma
tutelada, pudiendo insertarse en programas laborales de terapia ocupacional en tareas muy
simples.
D) Retraso Mental Profundo: Representan tan sólo el 1 o 2% del total de los
diagnosticados como retrasados. La etiología es siempre orgánica, produciendo graves
alteraciones en todos los niveles con una importante afectación motriz.
Dentro de esta categoría, a veces, se solapan otros trastornos que pueden ser susceptibles de
diagnóstico diferencial y en el que el Retraso mental profundo es uno de sus síntomas. Nos
estamos refiriendo al Autismo atípico o a los diferentes síndromes genéticos que suelen
cursar con Retraso Mental (Síndrome de X Frágil, Síndrome Cri du Chat, etc...).
Hay autores que establecen diferencias entre dos tipos:
1- Tipo Vegetativo: Sólo existen reflejos primitivos correspondientes a la fase senso-
motora. Tienen graves problemas y enfermedades somáticas. Siempre necesitará asistencia
y cuidados médicos.
2- Tipo Adiestrable: Puede alcanzar algunas funciones elementales motóricas y viso-
espaciales, no llegando a desarrollar el lenguaje pero pudiendo llegar a expresarse con
algún grito o sonido o a comprender ordenes muy simples.

Causas
El retraso mental se debe a muchas causas diferentes, aunque en ocasiones no se identifica
una evidente.
• Las causas genéticas incluyen el síndrome de Down, que es consecuencia de poseer un
cromosoma 21 adicional, y el síndrome del X frágil, resultado de tener un cromosoma X
anómalo.
• Las enfermedades metabólicas son problemas de la degradación o eliminación de algunas
sustancias químicas del cuerpo. Por ejemplo, la fenilcetonuria (FCU) es una enfermedad
metabólica que origina lesión cerebral y retraso mental a menos que se modifique la dieta
para limitar el consumo de una sustancia llamada fenilalanina.
• Durante el embarazo las infecciones aumentan el riesgo de dar a luz un bebé con retraso
mental. En el futuro bebé, además de problemas auditivos y visuales, virus como el de la
rubéola provocan retraso mental.
• Durante el embarazo el consumo de alcohol puede ser causa del trastorno de espectro de
alcoholismo fetal (TEAF). Los niños con TEAF presentan una serie de problemas físicos y
retraso mental. Durante el embarazo, el consumo de otras drogas es ocasionalmente causa
de retraso mental.
• Otras posibles causas de retraso mental son lesión del cerebro después del nacimiento
debido a falta de oxígeno, traumatismo físico o desnutrición

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El retardo mental puede ser causado por cualquier condición que perjudique el desarrollo
cerebral antes del nacimiento, durante el nacimiento o durante los años de niñez. Varias
centenas de causas han sido descubiertas, pero la causa permanece indefinida en cerca de
un tercio de los casos.
Las tres principales causas de retardo mental son:
 El síndrome de Down
 El síndrome alcohólico - fetal
 El síndrome del X frágil
Las causas pueden ser divididas en categorías.
1. Genopatías y Cromosomopatías
2. Embriopatías y fetopatías
 Infecciones (embriopatía rubeólica, listeriosis, citomegalovirus...)
 Factores endocrinos (embriopatía tiroidea)
 Factores metabólicos (embriopatía diabética)
 Alteraciones nutritivas y vitamínicas
 Tóxicos
 Factores mecánicos, radiaciones y perturbaciones psíquicas
3. Causas perinatales y neonatales
 Prematuridad y recién nacidos de bajo peso
 Hipoxia perinatal y postnatal
 Trauma obstétrico
 Hemorragia intracraneal
 Hiperbilirrubinemias (enf. hemolítica, otras...)
 Hipoglucemias, hipernatremia, acidosis, infecciones (meningitis, encefalitis...)
4. Factores postnatales
 Infecciones (meningitis, encefalitis, vacunaciones...)
 Metabolopatías (hipoglucemia, hipernatremia, hipercalcemia)
 Endocrinopatías (hipotiroidismo)
 Convulsiones (síndrome de West)
 Hipoxia (cardiopatías congénitas, parada cardíaca, aspiración)
 Intoxicaciones (monóxido de carbono, plomo, mercurio)
 Traumatismos craneoencefálicos
 Carencia afectiva (estimulación ambiental deficiente).

Cómo darse cuenta


Deben considerarse los aspectos que dependen del déficit intelectual, los signos físicos o
morfológicos asociados y las manifestaciones derivadas de la personalidad y conducta del
oligofrénico.

Retardo Mental y Conducta

Los síntomas observados con más frecuencia son:


♦ Déficit en la atención
♦ Impulsividad
♦ Conductas obsesivas

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♦ Reacciones explosivas
♦ Actividades motoras repetitivas, estereotipadas, y sin objetivo definido.
♦ Juegos estereotipados
♦ Búsqueda desusual de experiencias sensoriales

Síntomas de Déficit Intelectual:


 Comportamiento infantil continuo
 Disminución en la capacidad de aprendizaje
 Incapacidad para cumplir con las pautas del desarrollo intelectual
 Incapacidad para satisfacer las exigencias educativas en la escuela
 Falta de curiosidad

Hay muchos signos del retraso mental. Por ejemplo, los niños con retraso mental pueden:
- Sentarse, gatear o caminar más tarde que los otros niños.
- Aprender a hablar más tarde o tener dificultades al hablar.
- Tener dificultades en recordar cosas.
- No comprender cómo pagar por las cosas.
- Tener dificultades en comprender las reglas sociales.
- Tener dificultades en comprender las consecuencias de sus acciones.
- Tener dificultades en resolver problemas.
- Tener dificultades al pensar lógicamente.

Varían en función de la edad del niño y de la gravedad o grado del retraso. Estos datos se
obtienen de los familiares, de la escuela y de la observación de la conducta del niño.
Comprenden, desde un estado de vida vegetativa con la persistencia de reflejos primarios y
otras alteraciones neurológicas, en los casos más graves, hasta los niños afectos de retraso
escolar, sin que hayan llamado la atención en ningún otro aspecto. En casi todos los casos
hay un retraso psicomotor o adquisiciones del niño en la primera infancia (mantener la
cabeza, quedarse sentado, deambulación y locución).
También suele existir retraso en el control de esfínteres y realizaciones prácticas, tales
como autoalimentarse, vestirse, asearse... Otros datos hacen referencia a dificultades en los
juegos: en el uso de los juguetes, no saben jugar solos, mayor o menor torpeza en la
coordinación dinámica general (grandes movimientos) y en la manipulación fina, no
entienden las reglas de los juegos más elementales y no comprenden bien las órdenes. En
definitiva, el comportamiento general es como el de un niño de menor edad.
En los casos graves la afectación del lenguaje es constante y en los más graves no se llega a
adquirir. Sin embargo, en los medios y leves puede ser casi normal. Por tanto, una
valoración superficial del desarrollo psicomotor y del lenguaje no es suficiente para
detectar un caso de retraso mental.

Diagnóstico
El diagnóstico inicial de las oligofrenias lo orienta el pediatra y se basa en las
características clínicas anteriormente descritas y en los datos obtenidos mediante una
historia clínica muy detallada, que haga referencia al desarrollo psicomotor del niño, al
ambiente familiar y socio-cultural, embarazo, parto, período neonatal y enfermedades,
accidentes o posibles intoxicaciones del niño. Sospechado el retraso mental, la
confirmación se obtendrá mediante una correcta exploración por parte de la unidad mental
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de psiquiatría conjuntamente con psicología, que preferentemente realizará un psicólogo
clínico.
Para un diagnóstico definitivo debe estar presente un deterioro del rendimiento intelectual,
que da lugar a una disminución de la capacidad de adaptarse a las exigencias cotidianas del
entorno social normal. Los trastornos somáticos o mentales asociados tienen una gran
repercusión en el cuadro clínico y en el rendimiento. La categoría diagnóstica elegida debe,
por tanto, basarse en la evaluación de la capacidad global, al margen de cualquier déficit de
un área o de una capacidad concreta.

Tratamiento
El objetivo principal del tratamiento es desarrollar al máximo el potencial de la persona. El
entrenamiento y la educación especial pueden comenzar desde la lactancia, lo cual incluye
destrezas sociales para ayudar a la persona a desempeñarse de la manera más normal
posible.
Es importante que un especialista evalúe otros trastornos afectivos en la persona y les
brinde tratamiento. Los enfoques de comportamiento son importantes para las personas con
retardo mental.
La medicina no posee los medios para curar a un retardado, una vez que el cuadro se ha
instalado. El éxito terapéutico reside, en realidad, en el diagnóstico precoz. Se debe
prevenir y diseñar un programa terapéutico integral que trate de frenar los diversos factores
que en cada caso estén en juego. Sin embargo, se puede programar:
1. Tratamiento biológico: psicofarmacología.
2. Terapia psicológica: técnicas conductuales: individual y grupal.
3. Terapéutica recreativa: ludoterapia, deporte, actividades artísticas.
4. Pedagogía terapéutica: durante el período escolar.
5. Formación técnica: talleres protegidos.
6. Programas educativos a la familia y la sociedad.
7. Organización de servicios especializados.
El abordaje terapéutico debe ser multidimensional.

Un programa para el tratamiento debe tener como aspectos principales:


1- Enseñanza dentro de los límites de su capacidad mental.
2- Corrección de defectos físicos.
3- Prevención y corrección de problemas emocionales.
Al niño debe enseñársele el cuidado de su persona y las normas sociales. La enseñanza
debe ser específica. El tipo de enseñanza debe ser decidido por el Centro de Diagnóstico y
orientación (CDO) del MINED. El tratamiento psicofarmacológico estará dirigido a aliviar
los síntomas.

Asesoramiento Familiar
Al pediatra le corresponde la misión de orientar e informar adecuadamente a los padres,
teniendo en cuenta las características particulares de cada familia, sus actitudes,
personalidad, nivel sociocultural y socioeconómico, exigencias y nivel de aspiraciones de
los mismos. Además, ha de continuar resolviendo los diversos problemas que plantea el
niño y su familia en las distintas edades: lactancia, edad preescolar, edad escolar, pubertad
y adolescencia, con la ayuda del equipo colaborador.
Como prevenirlo
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Supone la lucha contra las causas conocidas de retraso mental:
En el período prenatal deben combatirse las infecciones maternas, los trastornos endocrinos
de la madre, el empleo de drogas o de radiaciones y los factores nutritivos.
En el momento del parto una correcta asistencia obstétrica, que evite tanto el trauma
químico de la anoxia como el trauma mecánico, es la mejor profilaxis de lesiones
irreparables en el recién nacido. Debe señalarse que algunas drogas utilizadas en el parto
como analgésicos, anestésicos o hipotensores, pueden ser causa de apnea o hipoxia en el
recién nacido.
En el período postnatal, la profilaxis del retraso mental se dirige hacia el diagnóstico precoz
y tratamiento específico de diversas causas: endocrinopatías, infecciones, alteraciones
metabólicas, quirúrgicas...
El recién nacido y prematuro posee un metabolismo inmaduro y algunos medicamentos son
especialmente tóxicos (sulfamidas, vit. K), por lo que deben evitarse en esta etapa de la
vida.
El lactante, para su normal desarrollo psicofísico, requiere una alimentación y estimulación
adecuada. Tanto un déficit calórico y protéico importante como una carencia de estímulos
pueden ser causa de retraso mental. El pediatra puede conseguir mucho en este sentido
mediante su actuación orientadora, educadora y psicoterapéuta a nivel familiar.

Las personas con retardo mental necesitan gozar de todos los servicios para su desarrollo
 Educación
 Preparación vocacional
 Servicios de salud
 Recreación
 Deben de tener acceso a los centros de diagnóstico o evaluación, a programas de
estimulación infantil hasta la etapa pre-escolar;
 Programas educacionales que incluyen actividades apropiadas a la edad del niño
 La enseñanza de las habilidades académicas para ser parte de la sociedad
 Oportunidades para vivir en forma independiente y hasta obtener un empleo
competitivo dentro de las máximas posibilidades.
Las personas tienen la capacidad de aprender, desarrollarse, y crecer. La gran mayoría
de estas personas puede lograr tomar parte productiva en la sociedad.

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