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IV

EN EL ORIGEN

El lenguaje

El Padre Primero de los guaraníes se irguió en la oscuri-


dad, iluminado por los reflejos de su propio corazón, y
creó las llamas y la tenue neblina. Creó el amor, y no
tenía a quién dárselo. Creó el lenguaje, pero no había
quién lo escuchara.
Entonces encomendó a las divinidades que construye-
ran el mundo y que se hicieran cargo del fuego, la nie-
bla, la lluvia y el viento. Y les entregó la música y las
palabras del himno sagrado, para que dieran vida a las
mujeres y a los hombres.
Así el amor se hizo comunión, el lenguaje cobró vida y
el Padre Primero redimió su soledad. Él acompaña a
los hombres y las mujeres que caminan y cantan:

Ya estamos pisando esta tierra,


ya estamos pisando esta tierra reluciente.

Eduardo Galeano, en: Memoria del fuego I. Los nacimientos,


Buenos Aires, Siglo XXI, 1996.

1
XXXIII

Otras lenguas,
otros mundos posibles

La torre de Babel

Todo el mundo hablaba una


misma lengua y empleaba las mis-
mas palabras. Y cuando los hom-
bres emigraron desde Oriente,
encontraron una llanura en la
región de Senar y se establecieron
allí. Entonces se dijeron unos a
otros: “¡Vamos! Fabriquemos ladri-
llos y pongámoslos a cocer al
fuego”. Y usaron ladrillos en lugar
de piedra, y el asfalto les sirvió de
mezcla. Después dijeron:
“Edifiquemos una ciudad, y tam-
bién una torre cuya cúspide llegue
hasta el cielo, para perpetuar
nuestro nombre y no dispersarnos
por toda la tierra”.
Pero el Señor bajó a ver la ciudad
y la torre que los hombres estaban
construyendo, y dijo: “Si esta es la La construcción de la Torre de Babel,
primera obra que realizan, nada de de Brueghel el Viejo
(1525-1569, pintor florentino).
lo que se propongan hacer les
resultará imposible, mientras formen
un solo pueblo y todos hablen la misma lengua. Bajemos entonces, y una
vez allí, confundamos su lengua, para que ya no se entiendan unos a
otros”. Así el Señor los dispersó de aquel lugar, diseminándolos por toda
la tierra, y ellos dejaron de construir la ciudad. Por eso se llamó Babel: allí,
en efecto, el Señor confundió la lengua de los hombres y los dispersó por
toda la tierra.
Génesis, 11: 1-9.

2
Mito de la comunidad Winnebago sobre el origen del mundo

«No sabemos en qué condición se hallaba nuestro padre cuando empezó a tomar conciencia. Movió
su brazo derecho y luego su brazo izquierdo, su pierna derecha y luego su pierna izquierda. Empezó
a pensar lo que tenía que hacer y por fin empezó a llorar, las lágrimas fluían de sus ojos y caían ante
él. Al poco tiempo miró ante sí y vio algo que brillaba. Aquello brillante eran sus lágrimas, que fluían
y formaban las aguas que vemos… El hacedor de la tierra empezó a pensar de nuevo. Y pensó: ‘Es
así, cuando deseo una cosa, se hará como yo deseo, del mismo modo que mis lágrimas se han
convertido en mares’. Así pensó. Y deseó la luz, y se hizo la luz. Y pensó luego: ‘Es como me suponía,
las cosas que he deseado han empezado a existir tal como yo quería. Pensó entonces y deseó que
existiera la tierra, y la tierra empezó a existir. El hacedor de la tierra la contempló y le gustó, pero la
tierra no se estaba quieta… (Una vez que la tierra se aquietó) pensó en muchas cosas como
empezaron a existir según él deseaba. Entonces empezó a hablar por primera vez. Dijo: ‘Puesto que
las cosas son tal como yo quiero que sean, haré un ser semejante a mí’. Y tomó un poco de tierra y
le dio su semejanza. Habló entonces a lo que acababa de crear, pero aquello no le respondió. Lo miró
y vio que no tenía entendimiento o pensamiento. Y le hizo un entendimiento. De nuevo le habló,
pero aquello no respondió. Lo volvió a mirar y vio que no tenía lengua. Le hizo entonces una lengua.
Le habló otra vez y aquello no respondió. Lo volvió a mirar y vio que no tenía alma. Le hizo, pues, un
alma. Le habló otra vez y aquello pareció querer decir algo. Pero no lograba hacerse entender. El
hacedor de la tierra alentó en su boca, le habló, y aquello le respondió».

3
Mito Azteca sobre la Creación del Mundo
Antiguamente, no había sobre la tierra ningún hombre, ningún animal, ni árboles, ni piedras. No
había nada. Esto no era más que una vasta extensión desolada y sin límites, recubierta por las
aguas.En el silencio de las tinieblas vivían los dioses Tepeu, Gucumats y Huracán. Hablaban entre
ellos y se pusieron de acuerdo sobre lo que debían hacer.
Hicieron surgir la luz que iluminó por primera vez la tierra. Después el mar se retiró, dejando
aparecer las tierras que podrían ser cultivadas, donde los árboles y las flores crecieron. Dulces
perfumes se elevaron de las selvas nuevas creadas.
Los dioses se regocijaron de esta creación. Pero pensaron que los árboles no debían quedar sin
guardianes ni servidores. Entonces ubicaron sobre las ramas y junto a los troncos toda suerte de
animales. Pero éstos permanecieron inmóviles hasta que los dioses les dieron órdenes:
-Tú, tu irás a beber en los ríos. Tú, tu dormirás en las grutas. Tu marcharás en cuatro patas y
un día tu espalda servirá para llevar cargas. Tú, pájaro, vivirás en los árboles y volarás por los aires
sin tener miedo de caer.
Los animales hicieron lo que se les había ordenado. Los dioses pensaron que todos los seres
vivientes debían ser sumisos en su entorno natural, pero no debían vivir en el silencio; porque el
silencio es sinónimo de desolación y de muerte. Entonces les dieron la voz. Pero los animales no
supieron más que gritar, sin expresar ni una sola palabra inteligente.
Entristecidos, los dioses formaron consejo y después se dirigieron a los animales:
- Porque ustedes no han tenido conciencia de quiénes somos, serán condenados a vivir en el temor
a los otros. Se devorarán los unos a los otros sin ninguna repugnancia.
Escuchando eso, los animales intentaron hablar. Pero sólo gritos salieron de sus gargantas y
sus hocicos. Los animales se resignaron y aceptaron la sentencia: pronto serían perseguidos y
sacrificados, sus carnes cocidas y devoradas por los seres más inteligentes que iban a nacer.

4
XI

VOLVEMOS AL ORIGEN

Los científicos no están de acuerdo sobre los motivos de que haya tantas
lenguas.2 Lo que se sabe con certeza es que las lenguas actuales provie-
nen de otras, más antiguas, que ya nadie habla. Por ejemplo, sabemos que
el español derivó del latín y este último del indoeuropeo. Lo que no está
claro aún es si los primeros seres que hablaron de manera parecida a la
nuestra usaron una sola lengua o más de una.

¿Por qué hay tantas lenguas?

Para contestar esta pregunta, primero es necesario recordar algunas cosas.


El lenguaje comenzó a evolucionar hace uno o dos millones de años y
recién hace 100.000 años, los homo sapiens sapiens (homo: “hombre”;
sapiens: “que piensa”) tenían un lenguaje similar al nuestro. Esos homo
sapiens sapiens vivían en pequeñas comunidades, separadas entre sí.
Algunos científicos opinan que el lenguaje fue inventado solo por una de
esas comunidades. Imaginemos lo siguiente: un pequeño grupo de homo
sapiens sapiens comenzó a hablar. Hablar les permitía hacer cosas funda-
mentales para la supervivencia (avisar a los otros cuando venía una fiera;
planificar actividades compartidas como ir de caza juntos; sentirse unidos;
transmitir experiencias a los jóvenes).
Con el tiempo, aumentó mucho el número de miembros de esa comuni-
dad. Entonces, los recursos (comida, agua) que tenían alrededor del lugar
donde vivían comenzaron a escasear. Y ese grupo, que ya no era tan
pequeño, se dispersó: unos viajaron hacia un lugar y otros hacia otro.
La gente de esas comunidades iba conociendo en su viaje nuevas cosas
(animales, ríos, plantas, fenómenos meteorológicos), y para hablar de ellas
les fueron poniendo nombres. Pero, claro, como cada uno de esos grupos
no sabía cómo el otro nombraba esas cosas, utilizaron palabras diferentes.
Esto volvió a ocurrir muchas veces: cada uno de esos grupos volvió a
separarse y también volvieron a viajar y a ponerle nombres diferentes a las
cosas. Y así.
Esa es una explicación.

2
Es muy difícil obtener y sistematizar información sobre un tema tan complejo como este, porque las
investigaciones se realizan generalmente sobre restos materiales (vasijas, “cementerios”,
herramientas, etc.) a partir de los cuales se formulan hipótesis sobre las creencias, los conocimientos
y el lenguaje de grupos humanos que existieron hace muchos miles de años.

5
XII

Cuando aparece el hombre


es cuando encontramos
por primera vez indicios
de actividad artística.

“Ronda de los toros”,


pintura rupestre
de la sala principal
de la cueva de Lascaux.

Otros científicos dicen que los homo sapiens sapiens de distintas comuni-
dades inventaron el lenguaje al mismo tiempo (o más o menos al mismo
tiempo), sin conocerse. Cada uno de esos grupos utilizaba formas diferen-
tes de nombrar a las cosas. Y lo mismo que antes, esos grupos se separa-
ron y fueron poniendo nombres distintos a las cosas. Esto explicaría por
qué hay tantas lenguas diferentes.

6
VOLVEMOS AL ORIGEN... XIII

Si bien las lenguas son diferentes, tienen algunas cosas en común. En


todas, por ejemplo, usamos oraciones, y esas oraciones tienen sujeto y pre-
dicado, sustantivos y verbos. En todas hay palabras para cuestiones tan fun-
damentales como “yo”, “vos” y “nosotros”, aunque las palabras con que las
digamos sean distintas; en todas distinguimos los objetos y los animales,
y en todas tenemos maneras de nombrar el sol, el fuego, la naturaleza.
Todos los seres humanos también usamos el lenguaje para estar juntos
y contarnos lo que nos pasó, planificar actividades, guardar memoria de las
historias de los abuelos de los abuelos de nuestros abuelos…
Y esas similitudes entre todas las lenguas son tan difíciles de explicar
como las diferencias. Todavía los científicos no llegaron a un acuerdo, pero
hay distintas hipótesis.
Casi todos coinciden en pensar que en nuestro cerebro tenemos una
especie de órgano (como el estómago o el corazón, pero que no se distin-
gue tan fácilmente) que funciona para que podamos hablar. Así como en
todas las culturas la gente se alimenta con comidas distintas pero en todos
los casos el sistema de nutrición funciona de la misma manera, las lenguas
que hablamos pueden parecer diferentes, pero el órgano del lenguaje que
se encuentra en el cerebro impone algunas limitaciones al lenguaje huma-
no (por ejemplo, el hecho de que usemos oraciones con sujeto y predicado,
sustantivos y verbos).
Además (como ya vimos), algunos estudiosos explican las semejanzas
diciendo que la razón es que todas las lenguas del mundo provienen de
una misma comunidad, aunque hayamos ido agregando palabras y formas
de hablar diferentes.
Otros sostienen que los seres humanos de esas pequeñas comunidades
se iban encontrando en sus largos viajes y se fueron comunicando, como
podían, y en esos intentos “se prestaban” palabras y formas de hablar.
En realidad, la primera y las dos segundas hipótesis no son incompatibles.