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FUNDACIÓN UNIVERSITARIA CLARETIANA

TÍTULO
MATERNIDAD COMO ELECCIÓN Y ABORTO COMO DECISIÓN

INTEGRANTES

BRAYAN JOSÉ FLOREZ GONZÁLEZ


CASSANDRA DANNESA PROTZKAR GONZÁLEZ
LAURA VANESSA MAURY RUIZ

ESPECIALIZACIÓN GESTIÓN DE PROCESOS PSICOSOCIALES

MÓDULO
PERSPECTIVAS TEÓRICAS DE LO PSICOSOCIAL

DOCENTE
SAYDI JHULY VELÁSQUEZ SUÁREZ

Abril de 2020
MATERNIDAD COMO ELECCIÓN Y ABORTO COMO DECISIÓN

En las últimas décadas del siglo XX, con la masificación de los métodos
anticonceptivos, para las mujeres con información y acceso a esos métodos, la
maternidad dejó de ser un destino impuesto y se volvió una elección… hasta el
siglo anterior, las mujeres habían sido madres como consecuencia de su propia
naturaleza biológica (¿Maternidad biológica o maternidad social?, 2003).

La reproducción de mujeres y hombres es una parte más de la sexualidad. Esta


afirmación se recoge en la Declaración del XIII Congreso Mundial de Sexología,
1997 Valencia (España), revisada y aprobada por la Asamblea General de la
Asociación Mundial de Sexología (WAS) el 26 de agosto de 1999, en el XIV
Congreso Mundial de Sexología (Hong Kong). En dicha Declaración se enuncian
los 11 derechos sexuales que deben ser reconocidos, promovidos, respetados y
defendidos por todas las sociedades y con todos los medios. El Derecho a tomar
decisiones reproductivas libres y responsables, que encontramos en 8º lugar, se
refiere al “derecho a la toma de decisiones reproductivas libres y responsables.
Esto abarca el derecho a decidir o no tener hijos, el número y el espacio entre
cada uno, y el derecho al acceso pleno a los métodos de regulación de la
fecundidad.” (Declaración del XIII Congreso Mundial de Sexología, 1997: 2) [...]
Silvia Caporale (2004) señala que la capacidad de dar a luz es algo biológico,
mientras que la necesidad de convertirlo en un papel primordial para las mujeres
es cultural. Esta diferencia, que en principio resulta bastante obvia, en ocasiones
se ha omitido por parte de instituciones, profesionales y mujeres, posicionando a
estas últimas en situaciones de desigualdad respecto a los hombres (Castellanos
Torres & Soriano Villarroel , 2010).

Desde el punto de vista jurídico, el ordenamiento normativo colombiano acoge los


convenios y tratados internacionales en materia de derechos humanos en la
constitución política (bloque de constitucionalidad). En el caso de la maternidad
existen unos derechos sexuales y reproductivos universales que están en cabeza
de las personas, de ello se desprende el de autonomía y voluntad conforme a la
disposición de querer ser madre o no. Sin embargo, y entendiendo entonces que
la maternidad se identifica como una elección, surge también el debate respecto al
aborto como una decisión para aquellas mujeres que, bajo diferentes
circunstancias, inician un embarazo “no deseado”.
En Colombia, el debate sobre el aborto se hace público en los años 60, cuando el
movimiento feminista reflexiona desde una perspectiva cultural sobre el cuerpo, la
separación entre sexualidad y reproducción por la aparición de la píldora
anticonceptiva; son las feministas y los grupos de mujeres quienes históricamente
han puesto el tema en la escena pública del país, desde diferentes ámbitos y
posiciones: libre opción a la maternidad, interrupción libre de la preñez, derechos
sexuales y derechos reproductivos, despenalización o legalización del aborto. Sin
embargo, […] La ausencia histórica de las mujeres en espacios de decisión
políticos, jurídicos y religiosos, hizo que las visiones y prohibiciones frente a la
sexualidad y reproducción se estructuraran desde una visión androcéntrica,
desconociendo las necesidades e intereses de las mujeres. Según Barreto (2007)
“La normatividad por la cual se penalizaba el aborto en toda circunstancia fue
producto de leyes y decretos expedidos en consonancia con las exigencias de los
Concordatos celebrados entre la Iglesia y el Estado” ámbitos tradicionalmente
masculinos (Cardona, 2017).
Es así que, en la Ley número 599 de 2000 (julio 24) “por la cual se expide el
código penal” El congreso de Colombia, decreta en el capítulo cuarto, del aborto:
artículos 122, 123 y 124 estableciendo la penalización de la práctica del aborto
tanto para la mujer que lo provoque, como a quien realice la conducta prevista con
o sin consentimiento de la mujer; incluso, aunque el embarazo se produzca bajo
causas de violaciones a los derechos constitutivos de la mujer (violencia sexual,
inseminación artificial o fecundación de óvulo no consentidas) casos en los cuales
sólo se disminuye la pena.
Sólo hasta el 10 de mayo de 2006 la Corte Constitucional Colombiana mediante la
Sentencia C-355 de 2006 estableció que la Interrupción Voluntaria del Embarazo -
IVE es un derecho fundamental de las niñas y mujeres que debe ser garantizado
por el Sistema de Seguridad Social en Salud, y por lo tanto no se incurre en delito
de aborto, cuando con la voluntad de la mujer se produzca la práctica en los
siguientes casos: cuando la continuación del embarazo constituya peligro para la
vida o la salud de la mujer, certificada por un médico; cuando exista grave
malformación del feto que haga inviable su vida, certificada por un médico; y
cuándo el embarazo sea el resultado de una conducta, debidamente denunciada,
constitutiva de acceso carnal o acto sexual sin consentimiento, abusivo o de
inseminación artificial o transferencia de óvulo fecundado no consentidas, o de
incesto. La incidencia del movimiento de mujeres en la despenalización del aborto
no fue coyuntural durante la primera y segunda demandas ante la Corte, sino que
ha sido el resultado de más de veinte años de trabajo (MPS & UNAL, 2006).
La sentencia C-355 de 2006 -al reconocer este derecho- crea la opción, pero no
obliga a ninguna mujer a optar por la interrupción voluntaria del embarazo, con lo
cual se ratifican los derechos a la autonomía y la autodeterminación reproductiva.
Por ello, es preciso que las mujeres cuenten con asesoría en opciones, en la que
se les informe que aun estando inmersas en alguna causal pueden optar por
seguir con la gestación y asumir la crianza o dar el producto de la gestación en
adopción (MSPS, 2016).
El proyecto fue presentado por Mónica Roa, una joven abogada de Women’s Link
Worldwide, ONG dedicada a los derechos de las mujeres en el mundo. Partiendo
de que la penalización del aborto trae como consecuencia el aborto inseguro o
clandestino, que se realiza en condiciones de riesgo para la salud de la mujer y,
por lo tanto, se constituye en un problema de salud pública; puesto que en
Colombia el aborto inseguro es la tercera causa de mortalidad materna. Más de
300.000 abortos se realizan anualmente en la clandestinidad dentro del territorio
colombiano, de los cuales 30% presentan complicaciones y 10% resultan en
muerte.

En septiembre de 2015, la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó la


Agenda 2030 sobre desarrollo sostenible, la cual acoge 17 Objetivos de Desarrollo
Sostenible, dentro de los cuales, se destacan aquellos que buscan la garantía de
una vida saludable y el bienestar para todas las personas sin diferencia de
edades, así como el que promueve la igualdad entre los géneros y el
empoderamiento de mujeres y niñas. Dentro de las metas de estos objetivos se
encuentra el acceso universal a los derechos reproductivos y a los servicios de
salud sexual y reproductiva, incluidos los de planificación de la familia,
información, educación y la integración de la salud reproductiva en las estrategias
y los programas nacionales. 1 Dentro de los derechos sexuales y derechos
reproductivos se ha reconocido, entre otros, el acceso efectivo a servicios de salud
sexual y reproductiva y la interrupción voluntaria del embarazo (IVE). 2
No obstante, los conceptos de maternidad y aborto han transcendido a una opinión
o percepción subjetiva que ha llegado a condicionar las leyes, y esto guarda una
estrecha relación con los postulados de la escuela del interaccionismo simbólico, en
donde el contexto es una estructura social que fija y direcciona a los individuos ante
los fenómenos sociales que experimenta la colectividad; y surgen también distintas
posiciones que apoyan o confrontan los postulados establecidos de acuerdo con las
construcciones sociales que se establecen en los diversos grupos sociales en que
convergen los individuos.
En contraposición a la penalización del aborto, surge el movimiento denominado
Pro-Vida3, liderado principalmente por comunidades religiosas y conservadoras,
con sentido patriarcal, que conciben el aborto como el fin intencional de una vida
humana individual, bilógicamente distinta de sus padres (Donovan, s.f.). Negarle
naturaleza humana al feto y protección jurídica, por el solo hecho de no haber sido
expulsado del vientre materno, lugar donde la naturaleza lo ubica los primeros
meses de vida por requerir mayor cuidado y dársela fuera cuando es similar su
indefensión (Barzelatto J, Calderon MC; 1996. 12.) Es así como, los argumentos
que ponen en duda aceptar el aborto como un derecho propio de la mujer, dicen

1 Naciones Unidas, Objetivos de Desarrollo Sostenible. Ver: Objetivo 3: Garantizar una vida sana y promover
el bien estar para todos en todas las edades; Objetivo 5: Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a
todas las mujeres y las niñas. Ver: http://www.un.org/sustainabledevelopment/es/
2 Corte Constitucional, Sentencias T-732 de 2009, T-585 de 2010, T-841 de 2011 y T-627 de 2012, entre

otras.
3 Pro-vida no es una organización como tal, sino un término desde el cual se organizan varias personas para

defender la vida en diferentes prácticas, sobre todo en la defensa a la vida de los embriones y los fetos, y en
otros temas como la eutanasia, la pena de muerte, la clonación de humanos y la investigación con células
madres
relación con la existencia de una coalición de derechos fundamentales,
(considerados así para quienes aceptan que el aborto afecta el derecho a la vida,
y solo de coalición de principios jurídicos para otros que no lo aceptan), entre la
vida del que está por nacer, y los derechos de la mujer y su autonomía para
decidir sobre sí (Ramírez, 2016).

Ahora bien, el aborto sin duda desde esta perspectiva es un conflicto, ya que
contrapone posiciones, valores y objetivos entre sus partícipes y la comunidad,
siendo imposible que sea percibido por las personas de la misma manera en un
mismo momento y lugar, entendiendo que tiene múltiples causas, consecuencias y
reacciones. La Interrupción Voluntaria del Embarazo IVE, ha generado un
sinnúmero de polémicas y debates, debido a las diversas posturas que se toman a
su alrededor, ya que se vinculan asuntos políticos, sociales, jurídicos, religiosos y
biológicos.
Para Tarde el comportamiento social es producto de la influencia recíproca entre
los individuos dentro de una colectividad. Tal planteo presenta a este sociólogo
como fundador del concepto de interacción social. La interacción entre los
individuos provoca que algunos ejerzan influencia mental sobre otros, que de este
modo asimilan modelos, a los cuales terminan imitando (Perlo, 2006).
Desde que el aborto se despenalizó, decenas de personas han presentado
acciones legales que buscan penalizar el aborto en cualquier escenario. La última
de estas iniciativas fue interpuesta por la abogada Natalia Bernal, a raíz del caso
antes mencionado, quien pide penalizar el aborto en todas las causales de
embarazo y que se considere al feto como un ser humano apoyada, además, por
senadores cristianos y miembros de la bancada pro-vida, quienes anunciaron que
promoverán un referendo para oponerse a la despenalización de esta práctica.
Generalmente, estos colectivos están conformados o influenciados por
perspectivas religiosas. "La vida es sagrada porque es un maravilloso don de Dios,
nadie tiene el derecho a decidir sobre ella, en este caso, ni siquiera la madre,
porque ambos -madre y nasciturus- son seres diferentes, con su propio código
genético", escribió en una reciente columna, la senadora María del Rosario Guerra
(Pardo, 2020)
El comportamiento social es el resultado de un proceso de influencia recíproca
entre las conciencias (Pág. 92). Según Mead la conducta de los individuos sólo
puede entenderse en tanto conducta del grupo social del cual él mismo forma
parte. La acción individual de cada persona lleva implícita una conducta social
más amplia que transciende al sujeto individual y que a su vez implica a otros
miembros del grupo (Pág. 95). (Perlo, 2006)
Partiendo de esta percepción, se logran identificar algunos constructos de quienes
se identifican con esta colectividad o que se autodenominan pro-vida, visualizado
a través de discursos que asignan significancia a la práctica del aborto
comparándolo con homicidio; sustentan que la legalización del aborto sólo
provocará que sea usado como un método anticonceptivo y que se incremente
esta práctica; incluso, señalamientos de que, aunque una mujer se practique un
aborto, esto no la exime de ser madre y que siempre quedará en su conciencia.
Pese a que existen investigaciones como la de Lask (1975: 41), una de las
primeras en torno a las consecuencias psiquiátricas de la interrupción voluntaria
del embarazo, primer investigador en elaborar una escala para predecir el riesgo
psicológico del aborto, que concluye una escasa incidencia entre las afectaciones
psiquiátrica y la interrupción voluntaria del embarazo. Así mismo, existen
investigaciones que demuestran una mayor incidencia de depresión, en mujeres
en situación de post parto, que en aquellas que se encuentran en periodo post
aborto. Así también, se aprecian mayores consecuencias emocionales en mujeres
a las que se les ha denegado el aborto y se las ha forzado a una maternidad.
Vinculada a las consecuencias sociales de optar por despenalizar o no el aborto,
están las propias del ámbito jurídico, donde encontramos la experiencia
comparada de países en que está despenalizado el aborto, con aquellos que lo
sancionan y la situación de los que aceptan el aborto terapéutico… Al respecto se
puede observar que cada Estado establece su normativa con base en elementos
propios de su cultura, demografía, desarrollo e ideología política (Ramírez, 2016).
Según el Ministerio de Salud, en Colombia la Corte Constitucional reconoce que la
interrupción voluntaria del embarazo es un derecho íntimamente ligado al derecho
a la vida, a la salud, a la integridad, a la autodeterminación, intimidad y dignidad
de las mujeres, sin embargo, y a pesar de que toda mujer o niña tiene derecho a
acceder a la IVE, se encuentra también con distintas obstáculos para el acceso a
ello, tal como fue el caso de la interrupción de la mujer de 22 años en Popayán, en
el suroeste de Colombia, que acogiéndose a la ley, escogió interrumpir su
embarazo a los siete meses de gestación con el argumento, comprobado por
médicos, de que su salud mental se veía afectada a raíz de un embarazo no
deseado y el no estar preparada para asumir la maternidad; siendo la entidad
Profamilia, la entidad privada que practicó el aborto, dijo que este caso entra en la
última causal y que lo hizo en garantía de los derechos constitucionales de la
joven. Caso que reavivó el debate frente al aborto en el país y que, a su vez, tuvo
una exposición mediática, a pesar del principio de confidencialidad que confiere la
sentencia, exponiendo a la mujer involucrada, no sólo a la exposición sino al
rechazo social.
Manuela Lopera, periodista y narradora, que escribe sobre temas de género,
manifiesta “Uno de los mayores fracasos de salud pública en mi país (Colombia) y
en América Latina tiene su origen en la idea de la maternidad como mandato
social y no como elección. Esa manera de definir la maternidad —tan arraigada en
nuestra parte del mundo— alimenta la lógica perversa de que es posible legislar
sobre nuestro cuerpo… no todas las mujeres quieren ser madres ni todos los
momentos o circunstancias son los más adecuados para serlo. Entender esto es
fundamental; elegir es nuestro derecho.
Entendiendo que la penalización del aborto no disminuye la práctica de ésta,
puesto que el aborto es el cuarto método más frecuente usado por las mujeres
latinoamericanas para controlar su fecundidad. Según la OMS (Organización
Mundial de la Salud) anualmente ocurren 210 millones de embarazos en todo el
mundo y de estos hay 53 millones de abortos, de los cuales 19 millones son
abortos inseguros. (…) Existen limitantes estructurales y factores culturales más
que causas-efecto, que predisponen al aborto: problemas de salud, deficiente
educación sexual, limitaciones en el entendimiento de los comportamientos
sexuales principalmente de los jóvenes; problemas en la información en
anticoncepción, de acceso al sistema de salud, de acceso a los métodos de
regulación de la fecundidad, mal uso de los métodos, inequidad de género
reflejada en el poco poder de negociación de las mujeres con la pareja sexual y en
el proceso de toma de decisiones de abortar: autodeterminación, coacción
masculina o decisión conjunta; temor a la familia, carencia económica y violencia
sexual (Penagos).
Está demostrado que el número de abortos ha disminuido en los países en los que
se despenaliza, seguido de políticas educativas y preventivas, como es el caso de
Uruguay, cuya experiencia demuestra “La disminución acelerada de la mortalidad
materna que se observa desde el año 2005 es coincidente con la implementación
de una batería de acciones sociales y sanitarias de protección de la mujer, que
aumentó aún más desde 2010 con la aplicación de políticas específicas, como la
creación y ampliación de los servicios de salud sexual y reproductiva universales,
con implementación en todo el país”, explica un trabajo de la Federación
Internacional de Ginecología y Obstetricia.
La respuesta posible a este conflicto es una nueva forma de comprender la
maternidad que surge de la necesidad de resolver la paradoja "o madre o mujer",
por nuevas alternativas que hagan posible "tanto madre como mujer".
Resignificando, la maternidad como un deseo y no como una imposición;
entendiendo que cada mujer tiene intereses y conceptos diferentes relacionados
con su identificación de género, que no necesariamente está ligada a la
procreación. Así mismo, se debe plantear un debate que permita generar
acuerdos entre los distintos colectivos sociales, en torno al aborto, propendiendo a
analizar y generar alternativas que sean acordes a las vivencias, percepciones e
incluso condiciones, sociales, políticas y culturales de la mujer, planteando
alternativas que permitan el acceso y la práctica de una toma de decisiones
informada y con base en los preceptos de cada individualidad; sin coartar la
libertad humana y el señalamiento social.
Comprender que cada individualidad tiene una percepción de su propia realidad y
que las imposiciones sólo generan exclusión, asociándolo con el conductismo
metodológico, que permite comprender que la conducta social sólo puede ser
entendida dentro del contexto de la estructura social en la que toma lugar, según
Mead. De esta manera, se percibe incompatible pretender que toda persona sea
juzgada o deba acogerse a unas construcciones establecidas por un grupo
específico, sin contemplar la diversidad y la individualidad del ser humano.
Conforme a ello es que, en países de mayor desarrollo, donde se ha
despenalizado el aborto, se han adoptado medidas de educación temprana en
esta materia, creación de redes de cuidado significativas para las mujeres. Es así
como es posible apreciar que, a nivel internacional, existen países donde además
de legislar favorablemente sobre el aborto, han debido desarrollar políticas
públicas que permiten evitar las situaciones en las que una decisión de tal
naturaleza deba adoptarse, a partir de la facilitación de recursos de prevención,
información y otorgamiento de condiciones que eviten el aborto o le ofrezcan
buenas condiciones sanitarias básicas.

Bibliografía
¿Maternidad biológica o maternidad social? (11 de mayo de 2003). Revista
proceso. Obtenido de Proceso: https://www.proceso.com.mx/
Adán, J. P. (s.f.). Aciprensa. Obtenido de ¿Qué significa ser Pro-Vida?:
https://www.aciprensa.com/recursos/que-significa-ser-pro-vida-254
Cardona, D. (2017). Marco legal de la interrupción voluntaria del embarazo en tres
países de Latinoamérica, Colombia, Cuba y Chile 2017. Bogotá, Colombia.
Castellanos Torres, E., & Soriano Villarroel , I. (2010). SOBRE LA MIRADA DE
GÉNERO EN LA SALUD REPRODUCTIVA Y LA CONSTRUCCIÓN
SOCIAL DE LA MATERNIDAD . En Cuestiones de género: de la igualdad y
la diferencia. (págs. 89-108). Femtopía Consulting .
Donovan, C. B. (s.f.). ABORTO-ARGUMENTOS PRO VIDA. Obtenido de EWTN:
https://www.ewtn.com/spanish/preguntas/aborto_argumentos_pro_vida.htm
Jerez, D. (19 de febrero de 2020). RCN Radio. Obtenido de
https://www.rcnradio.com/especiales/promoveran-referendo-pro-vida-para-
evitar-legalizacion-del-aborto
Lopera, M. (20 de mayo de 2019). El aborto es mi derecho, la maternidad mi
decisión. The New York Times.
Navarro, C. (2009). Análisis del debate público sobre la despenalización del aborto
en Colombia en el periódico El Tiempo (2005 - 2007). Tesis de Licenciatura,
Facultad de Comunicación y Lenguaje.
Pardo, D. (12 de Febrero de 2020). Aborto en Colombia: el caso de interrupción
del embarazo a los 7 meses de gestación que reavivó el debate en ese
país. BBC News.
Penagos. (s.f.). El aborto en Colombia un problema social, de salud pública y de
salud de las mujeres.
Perlo, C. L. (2006). Aportes del interaccionismo simbólico a las teorías de la
organización. Invenio, 89-107.
Ramírez, I. G. (2016). El aborto y la Justicia Restaurativa. Revista Latinoamericana, 15(43),
483-510.