Sei sulla pagina 1di 21

Colección ALCANCE KARL RAHNER

33

AMAR A JESÚS
AMAR AL HERMANO

EDITORIAL «SAL TERRAE»


Guevara, 20—SANTANDER
I N D 1 C E

1.a Varíe: ¿Qué significa amar a Jesús?

Introducción

1. Del amur a Jesús. Hacia su preeom-


prensión
Título de los originales alemanes:
Was heisst Jesns lieben? 1. Simple hombre - idea abstracta. 2. El
riesgo do una relación. 3. Puente hacia
Wer ist ílein Bruder? una persona lejana. 4. La diversidad co-
mo tarca. 5. El valor para abrazar a
© 1982 y 1981 by Vg. Herder, Jesús.
Freiburg im Bresigau
2. Del amor a Jesús. Nuestra relación con
Traducción de Constantino Rtiiz Garrido El
© 1983 by Editorial Sal Terrae, S a n t a d e r 1. Modernización de la cristología. 2.
Problemas de la cristología tradicional.
Con las debidas licencias 3. ¿Qué sucede cuando amamos a Jesús?
Printed in Spain
:{. Jesucristo, sentido de la vida
1. La pregunta acerca del sentido. 2. La
A. <J. Resma-Prol. Marqués de la Hermida - Santander 1983 pregunta acerca de Jesús. 3. Jesucristo,
I.S.U.N.: 8-1-2í),')-0660-9 Depósito Legal: SA. 118-1983
sentido y salvación del hombre. 4. La
fe en Jesucristo.
114 ¿QUIEN ES TU HERMANO?

En la intelectualidad y espiritualidad de la
sociedad profana y de la Iglesia ha habido has-
3
ta nuestros tiempos una subjetividad que, casi
obviamente, descansaba y se cerraba (y hasta Conclusiones
se encerraba) en sí misma, que se consideraba
en cierto modo a sí misma como absoluta, y
que sentía que la sociabilidad, a flor de piel,
de los hombres en la Iglesia era una turbia 1. E! riesgo de la verdadera fraternidad
concesión, más que una genuina realización de
la vida espiritual. Aunque propiamente no pre- El amor cristiano al prójimo, la fraterni-
tendemos ser «socialistas espirituales» dentro dad, adquiere una categoría y una dignidad en-
de la Iglesia, no podemos afirmar que esta teramente distintas cuando se vive como forma
mentalidad individualista del siglo XIX, que concreta del amor personal a Dios, en vez de
se dio también mucho en la Iglesia como cosa entenderla simplemente como una obligación
evidente, goce de la promesa de validez y per- exigida secundariamente: como una obligación
manencia eternas. La espiritualidad interna y impuesta por Dios en un mandamiento. En
originaria no tiene en sí nada que ver con la nuestro vivir cristiano corriente parece como
subjetividad autárquica. El individuo que pien- si, en el fondo, uno mismo tuviera que procu-
se que hoy día le basta consigo mismo y con rarse su propia salvación simplemente por me-
desempeñar su tarea cristiana del modo más dio de la oración, de la recepción de los sacra-
aislado posible (siguiendo, eso sí, el estilo de mentos, de la participación en la eucaristía, evi-
la Iglesia de la era moderna), tal vez no tenga tando los pecados o borrándolos, y con este fin
por qué cambiar su modo de proceder, pero al hubiera que evitar grandes violaciones de la
menos sí deberá dejar abierto a otros el espa- obligación que uno tiene con respecto al pró-
cio para un estilo de vida distinto, incluido lo jimo. Pero ¿no aparece la vida cristiana a una
espiritual: para un estilo de vida más fraterno. luz enteramente distinta cuando el axioma «Sal-
va tu alma» se entiende —espontáneamente y
sin quererlo— como «Salva a tu prójimo»?
Cuando contemplamos lo que es la vida
cristiana corriente, nos parece que en la con-
ciencia moral normal del cristiano predomina
116 ¿QUIEN ES TU HERMANO? CONCLUSIONES 117

la idea de que hemos amado al prójimo cuando de fraternidad, porque este término se presta
no le hemos hecho nada malo y cuando hemos menos que la expresión «amor al prójimo» a ser
cumplido aquellas exigencias objetivas que se erróneamente entendido como exigencia de que
nos pueden plantear justificadamente. Pero, en se realice una obra que dispense al corazón de
realidad, el «mandamiento» cristiano del amor su tarea suprema, entonces podemos afirmar
al prójimo, en su unidad con el mandamiento tranquilamente que con la fraternidad —en su
del amor a Dios, exige que se haga pedazos el necesaria unidad con el amor a Dios— se ex-
propio egoísmo; que se supere la idea de que presa la totalidad única de la tarea de todo el
el amor al prójimo, considerado en el fondo, hombre y del cristianismo.
es tan sólo una razonable reglamentación de Pero, entonces, el término de «fraternidad»
nuestras exigencias mutuas y que pide única- tendría que defenderse del malentendido senti-
mente que se dé y se reciba en forma armóni- mental y barato de que sería una exigencia que
ca. De hecho, el amor cristiano al prójimo no pondría a la conciencia cristiana normal en un
alcanza su verdadera esencia sino cuando ya estado de considerable inquietud. Tendríamos
no se hacen cálculos, sino que vence la pron- que preguntarnos horrorizados: ¿He amado yo
titud para amar sin recompensa, cuando en el alguna vez sin hallar resonancia, recompensa,
amor al prójimo se acepta también la necesi- reconocimiento, autosatisfacción de ese amor?;
dad de la cruz. ¿con la horrible sensación de estar haciendo el
Cuando se comprende realmente la unidad tonto, de estar llevándome un chasco, de que
entre el amor a Dios y el amor al prójimo, este se estaban aprovechando de mí? Estas expe-
último abandona su carácter de precepto par- riencias y pruebas del amor desinteresado no
ticular que exige la realización de una obra bien son, ciertamente, todo lo que hay en el amor,
definida y controlable, para adoptar la condi- el cual puede ser en sí una experiencia serena
ción de un acto existencial total en el que —en y placentera. Pero allí donde el hombre, en su
la totalidad de nuestra vida— sentimos una exi- amor, no puede soportar callada y como espon-
gencia y superexigencia totales, y así, y sólo así, táneamente incluso sus amargas decepciones,
conseguimos la libertad más alta que hay: la tendrá que preguntarse a sí mismo si no estará
libertad de vernos libres de nosotros mismos. tal vez confundiendo el verdadero amor con un
Si, entonces, entendemos el amor al prójimo y egoísmo vividor que sabe comportarse muy de-
la fraternidad como dos términos que en el fon- centemente; porque el verdadero amor hace al
do significan lo mismo, y si preferimos hablar hombre verdaderamente desinteresado y le
118 ¿QUIEN ES TU HERMANO? CONCLUSIONES 119

mueve a echarse en brazos de la incomprensi- Fraternidad dentro de la Iglesia


bilidad de Dios. Por consiguiente, la fraternidad
bien entendida es una palabra muy peligrosa. Vivimos ahora en una Iglesia universal. Y
esta Iglesia universal no está cortada a la me-
dida de nuestro gusto individual, de la menta-
2. La apertura de la fraternidad lidad del subjetivismo individualista y tardío
del siglo XX. Hay ya demasiados europeos, y
Otra conclusión que se desprende de la au- sobre todo africanos, latinoamericanos, etc.,
téntica fraternidad —junto a muchas otras que con su mentalidad no nos caen simpáticos
igualmente importantes— es la superación de a nosotros (europeos occidentales, seguidores
la mentalidad sectaria en nuestra subjetividad de un individualismo tardío), pero que en la
religiosa. Cuando un industrial de Munich de- Iglesia una tienen el mismo derecho de ciuda-
claraba una vez que iba a darse de baja en la danía que nosotros. Su mentalidad, querámos-
Iglesia porque los obispos bávaros querían in- lo o no, se refleja de tal modo en la Iglesia una,
troducir otra festividad religiosa que él consi- que también nosotros nos vemos afectados por
deraba un error desde el punto de vista de la ella. Esto nos resultará a menudo desagradable,
economía nacional, tal declaración muestra que sobre todo si esa mentalidad extraña se expe-
no se ha comprendido en absoluto lo que son rimenta y se concibe a sí misma —involunta-
el cristianismo y la Iglesia; que únicamente se ria e inocentemente— como la cosa más natu-
entienden como servicio de asistencia para sa- ral y como sencillamente católica, aunque no
tisfacer las necesidades religiosas individuales; lo sea tan sencillamente. El culto mañano en
que no se ha entendido que la fraternidad, que Polonia se siente a sí mismo como algo que se
es la que constituye la Iglesia, exige que cada da sencillamente con la fe católica y, por tanto,
cual se desprenda de sí mismo. Porque la fra- como algo que es válido siempre y en todo lu-
ternidad no está interesada últimamente en el gar, por lo que tratará de hacer sentir su in-
propio provecho, sino que, con amor, afirma al fluencia en toda la Iglesia, aunque tal culto
otro por encima de todo provecho propio; y de mañano pueda resultar extraño en algunos as-
este modo construye unidad y, en definitiva, pectos a nuestra individualidad y despierte en
Iglesia; y afirma a la Iglesia, aunque ésta no nosotros considerable resistencia.
le produzca ventajas. Por tanto, si queremos vivir la fraternidad
en la Iglesia, tenemos que superar estas difi-
120 ¿QUIEN ES TU HERMANO?
CONCLUSIONES 121

cuitados. Porque la fraternidad exige precisa-


Por difícil que nos resulte, vivimos hoy día
mente que aceptemos al otro con su propia
en la Iglesia universal concreta, con sus condi-
mentalidad, aunque ésta nos resulte extraña y
cionamientos históricos, entre ellos la provisio-
no tiene, sencillamente, por qué imponerse en
nalidad del momento en que esa Iglesia univer-
nombre de una fe católica que obliga a todos.
sal se encuentra ahora, por lo que no ha llegado
Podemos recibir la impresión de que muchos
aún a una fase futura y mejor. En esta Iglesia
jóvenes de hoy día exigen radicalmente más fra-
tenemos que vivir. Y tenemos que estar dis-
ternidad para la sociedad profana, pero que,
puestos a soportar en Roma un curialismo ita-
con sus ruidosas protestas contra cosas que no
liano, que es la cosa más natural para nuestros
les van, siguen difundiendo en la Iglesia un
hermanos de allí, aunque nosotros debamos ser
individualismo extrañamente pasado de moda;
respetados, a nuestra vez, como hermanos y
y lo consideran como un derecho obvio.
tengamos derecho a manifestar claramente en
Evidentemente, hay mil cosas en la Iglesia tales cuestiones nuestros deseos, preocupacio-
que a uno no le van. Pero ¿por qué han de nes y dolores.
caernos bien necesariamente? Si la Iglesia tu-
Para decirlo sinceramente, entre los intelec-
viera que ser exactamente como a uno le pa-
tuales alemanes católicos hay no pocos que
rece bien, ¿qué harían entonces los otros? Los
sienten que el Papa, hoy día, es demasiado po-
italianos, por ejemplo, que, tal vez por suerte
laco. Pero ¿por qué el Papa no iba a poder ser
para ellos y también para nosotros, no son de-
polaco? ¿Por qué iba él a tener que realizar el
masiado meticulosos en cuestiones jurídicas. O
truco (imposible, al fin y al cabo) de que en
los sudamericanos, que en el culto a la Virgen
su estilo de gobierno no aparezca su origen,
quizá tienen menos en cuenta que nosotros los
que tiene repercusiones inevitables sobre la
límites que teóricamente impone la cristología.
realidad objetiva? El hecho de que tengamos
¿Acaso nosotros, sin darnos cuenta, no corre-
en cuenta todo esto, con generosidad fraternal,
mos peligro de caer en un descarado individua-
no quiere decir ni mucho menos que estemos
lismo y egoísmo, con el que queremos vivir en
obligados a elogiar como sabiduría suprema
la Iglesia y enderezar las cosas a nuestro gus-
todas las medidas de gobierno de un Papa. Y
to? A un obispo que, quizá incluso con un poco
los fanáticos del Papa en la Iglesia (¡perdónen-
de razón, «no nos cae bien», ¿lo tratamos como
me la expresión!) no deben tomar a mal que
a hermano con quien tenemos que convivir para
haya alguien que acepte el Papado con un poco
bien o para mal?
menos de entusiasmo, pero de manera indiscu-
122 ¿QUIEN ES TU HERMANO? 123
CONCLUSIONES

tibie, y manifieste con sinceridad sus particu- modo, represente concreta, palpable y audible-
lares diferencias de opinión. Esta tolerancia mente la conciencia moral universal de la hu-
mutua es también uno de los elementos de esa manidad una, que hoy día vive más necesaria-
fraternidad dentro de la Iglesia que hoy ne- mente que nunca en unidad? En esta cuestión
cesitamos. no se trata de preguntar en teoría si nosotros,
como católicos, podemos atribuir teóricamente
al papado semejante función, y en qué sentido
Excursus fraternal podemos hacerlo y con sujeción a qué límites.
Sino que se trata, más bien, de saber hasta
En relación con todo ello, permítaseme una qué punto el papado ejerce o puede ejercer de
pequeña digresión que no pertenece estricta- hecho tal función en un mundo secularizado.
mente al tema. Quizá sea útil a alguien para Por otra parte, el reconocimiento de hecho
que sienta, con respecto al Papa y al papado de tal función no es sólo posible para los que,
una fraternidad que, en la práctica, no sea sólo en sentido teológico y dogmático, aceptan el
conclusión, sino también preámbulo de la con- papado. La función de tal representación, una
vicción dogmática sobre el derecho y autoridad vez que se diera de hecho, podría ser recono-
del papado. cida también por los que no son católicos en
Podríamos imaginarnos perfectamente que, sentido teológico, de la misma manera que, por
en una Iglesia universal que lo es de hecho, den- ejemplo, uno que no sea cristiano puede con-
tro de una historia universal global que se ha siderar importante también para el mundo no
unificado, el papado podría adquirir, en la rea- cristiano la significación moral del Consejo
lidad, una función positiva completamente nue- Mundial de Iglesias con sede en Ginebra.
va que no ha tenido hasta ahora, que andamos Partiendo de este supuesto, no afirmamos
buscándola hoy tal vez instintivamente, sin en- aquí todavía que los Papas modernos ejerzan
contrarla en ninguna parte, y que con esperan- ya suficientemente esta función de representa-
za y paciencia podríamos atribuirla al papado ción de la conciencia moral universal. Pero en
como consecuencia concreta y expresión —aquí el papado, más que en ninguna otra instancia
y ahora— de lo que, como católicos, creemos del mundo, se da de hecho la posibilidad (cuya
acerca del papado. realización podremos tal vez acelerar un tanto
Para decirlo con más claridad: ¿Dónde exis- a base de paciencia, de oración y de otras mu-
te hoy día, en el mundo, alguien que, en cierto chas maneras) de que un Papa —en mucho ma-
124 ¿QUIEN ES TU HERMANO? CONCLUSIONES 125

yor grado que hasta ahora— encarne la fun- 3. Misión cristiana de la fraternidad
ción de representación de la conciencia moral
universal y sea reconocido en esta función aun Otra conclusión que se deduce de la situa-
por los que no reconocen la sustancia dogmá- ción actual para la fraternidad cristiana con-
tica del papado. Algo así se comprende perfec- siste, por trivial que pueda parecemos, en que
tamente y parece muy de desear, porque tal los cristianos tenemos que encariñarnos con la
concentración concreta y tangible de la con- misión universal de la Iglesia.
ciencia moral universal (si se la reconoce) sería No hace falta decir que esa misión univer-
muy saludable y no podría ser ejercida por las sal ha de llevarse a cabo hoy día de manera
Naciones Unidas, porque éstas (que son la con- diferente que en el siglo XIX, en el que la mi-
centración de los intereses y de sus diferencias) sión podía beneficiarse de la expansión y del
no representan en el mundo tal conciencia mo- colonialismo europeo y no podía evitar por
ral, sino precisamente la necesidad de ésta. completo hacerlo así. Pero está claro también
Otra cuestión es si el papado actual podría con- que, hoy, la misión universal, la evangelización,
tribuir (y cómo podría hacerlo) a encarnar tal es y ha de ser sobre todo una tarea de toda la
función. Ahora bien, el papado —en su mani- Iglesia en un mundo que se ha unificado; que,
festación— tendría que aparecer claramente no por lo tanto, nuestra fraternidad cristiana no
como el Patriarcado de Occidente que ha esta- puede limitarse al vecino de al lado ni al jar-
blecido sucursales en todo el mundo, sino, des- dín contiguo, sino que tiene dimensiones ver-
de un principio y claramente, como la represen- daderamente universales, porque la situación
tación y el principio de unidad de la Iglesia concreta de nuestra fraternidad actual se ha
universal como tal. hecho, querámoslo o no, universal.
Como dijimos, este «excursus» acerca de Asimismo es evidente que nuestra fraterni-
una hipotética posibilidad del papado futuro, dad cristiana no puede orientarse únicamente
y acerca de nuestra esperanza al respecto, no al bienestar terreno de nuestro prójimo más le-
es sino una breve observación incidental, pero jano, a conseguir el derecho y la justicia en la
que está relacionada con la cuestión de la fra- sociedad profana, sino también a la auténtica
ternidad que el cristiano debe sentir también salvación de ese prójimo, a que llegue hasta él
hacia el Papa. la promesa incondicional e infinita que Dios
hace de sí mismo a través de la tangibilidad
histórica de Jesucristo. Cuando, hoy día, los
126 ¿QUIEN ES TU HERMANO? CONCLUSIONES 127

cristianos jóvenes se empeñan con razón en la ca y, por tanto, también una teología política.
lucha por la libertad y la justicia social en todo No hace falta que expliquemos aquí lo que es
el mundo, no deberían olvidar que esta frater- la responsabilidad social y política y su ejer-
nidad universal no ha de detenerse allí donde, cicio, es decir, la Política. Tampoco es preciso
precisamente, comienza la unidad suprema de que tomemos parte en la controversia sobre lo
la humanidad: en Dios y en su gracia por me- que es la «teología política», sobre si es o no
dio de Jesucristo. Pudiera ser que, hoy día, una necesaria, y sobre las relaciones que guarda
confesión y un compromiso explícitos en favor con la teología en general. Si nos pronuncia-
de la libertad y la justicia en todo el mundo mos a favor o en contra de una teología políti-
fuera ya el primer paso, absolutamente necesa- ca en sentido propio, hemos de saber, desde
rio, para la evangelización. Pudiera ser que ese luego, qué es lo que se entiende por este con-
primer paso no se diera acertadamente sino en cepto. Pero aquí nos contentaremos con refle-
forma de acto totalmente desinteresado en fa- xiones más sencillas.
vor de la fraternidad humana. Pero esto no Existía antes una sociedad más o menos es-
excluye la responsabilidad fraterna de cada tática, que se modificaba sólo muy lentamen-
cristiano por la misión universal y la evange- te y de manera casi imperceptible en sus es-
lización explícita. El católico no debería aver- tructuras reales. Y apenas se reflexionaba so-
gonzarse hoy de sentir ese interés por la mi- bre su esencia y, principalmente, sobre su mu-
sión universal; su responsabilidad con respec- tabilidad y los cambios que debía experimen-
to al mundo entero no debe cesar allí donde tar. De ahí nacía el que las tareas de la frater-
comienza precisamente el cumplimiento del nidad cristiana que expresamente se contempla-
encargo supremo de su Iglesia. ban estuvieran también fijas estáticamente y
se redujeran, por tanto, más o menos, a las
relaciones privadas o privatizadas de un indi-
4. Dimensión social de la fraternidad viduo con otro individuo.
Hoy día ya no ocurre eso. Vivimos en un
Otra conclusión de la fraternidad cristiana, mundo dinámico en el que la sociedad no se
tal como ésta debe practicarse en la situación limita sólo a existir —la sociedad que es el cas-
actual, consiste en entender que de la esencia tillo fuerte de nuestra vida privada—, sino que,
de esa fraternidad cristiana brotan necesaria- de forma más o menos irrefleja, experimenta
mente una responsabilidad política, una Políti- los cambios de la historia. Vivimos en una so-
128 ¿QUIEN ES TU HERMANO?
CONCLUSIONES 129

ciedad que ha convertido el cambio social y de las estructuras sociopolíticas y cuando se


sociopolítico en el verdadero tema de sus re- pone el máximo empeño en que se respete una
flexiones y actividades. No sólo determinamos ley fundamental de constante vigencia, vemos
nuestra existencia privada dentro de un siste- que la situación sociopolítica está sometida
ma fijo de coordenadas de la sociedad, sino que siempre al cambio y al devenir, y en ello in-
modificamos nosotros mismos ese sistema de cumbe una responsabilidad política a todos y
coordenadas. En consonancia con ello, corres- cada uno de los cristianos, aunque tales cam-
ponde al amor al prójimo y a la fraternidad un bios se produzcan lentamente y sin llamar la
campo que hasta ahora no le había correspon- atención. Por eso no debemos pensar que la
dido: el campo de la política propiamente tal, tarea de los cristianos pueda consistir única-
la responsabilidad por los principios estructu- mente en defender las estructuras sociales y
rales de la sociedad que han de permitir una situaciones que ha habido hasta ahora. Pudiera
vida humana digna y una genuina vida cristia- ocurrir que un cristiano, desde una postura
na en una sociedad adecuada para ello. Esta cristiana muy íntima, fuera conservador en tal
responsabilidad ya no puede ser asumida hoy o cual aspecto, y que, por ideas básicas teóri-
día —a diferencia de lo que ocurría antes— cas, o también por libre decisión que le corres-
por sólo unos pocos, sino que recae sobre to- ponde legítimamente, defendiera la permanen-
dos los miembros de la sociedad. Por eso es cia de determinadas realidades sociales. Puede
una tarea que pesa de manera especial, ya que, ser conservador en gran medida, y no tiene que
en mayor grado que antes, hay que asumirla avergonzarse de ello. Pero lo que no debemos
sobre el terreno de varias decisiones posibles hacer los cristianos es obrar como si la diná-
entre las que hay que escoger y, por lo tanto, mica del cambio sociopolítico fuera simplemen-
ya no es asunto simplemente de la inteligencia te asunto de otros, y pensar que la única tarea
deductiva, sino de la libertad misma como tal. cristiana consiste en defender las estructuras
La política, hoy día, ya no es tarea exclusiva sociales actuales, que, lo mismo que las futu-
de una «autoridad a la que se debe sumisión» ras, se hallan bajo el pecado, la finitud y la
y que ha recibido para ello un indiscutible decepción del hombre.
mandato de Dios, sino que es responsabilidad, Nadie, probablemente, formulará una alter-
aunque en mil formas diferentes, de todos y nativa tan simple. Pero puede dar la impre-
cada uno de los cristianos. sión de que, entre nosotros los católicos, se
Incluso cuando existe la deseable estabilidad halla subliminarmente difundida la mentalidad
130 ¿QUIEN ES TU HERMANO? CONCLUSIONES 131

de que el cristiano es obviamente conservador. pudiéramos tener la impresión de que Pío IX


¿No es verdad, acaso, que todas o muchas de había sido más prudente en 1848 que en 1870
las cosas realizadas a partir de la Ilustración y de que no debería haberse dejado impresio-
han topado, al menos al principio, con la en- nar tanto por el torpe anticlericalismo de los
conada resistencia de los cristianos o del epis- liberales de entonces, ¿seremos menos buenos
copado o del Papa? ¿Podrá explicarse todo ello católicos si deducimos conclusiones de esas ex-
por la única razón de que lo nuevo, por su periencias y, en todos los ámbitos de la vida
propia culpa, apareció siempre en determina- eclesial y social, sabemos elegir, con más pru-
das formas o amalgamado con determinadas dencia y visión más amplia, entre las diversas
ideologías que provocaron la lógica protesta de posibilidades de adoptar una decisión en mate-
los cristianos? ¿O se explica todo diciendo ria social, cuando estamos viendo que en la
—con humildad cristiana— que la providencia Iglesia hay más tolerancia fraternal que antes
de Dios asigna a cada uno su propio papel en en Jo que respecta a la libertad de opinión?
el concierto sinfónico mundial, escuchado úni- De ahí se deduce también la justificación de
camente por los oídos de Dios, y que por tanto la teología política, que no se propone sen-
no debemos protestar a veces de que, a partir cillamente exponer una doctrina cristiana acer-
de la Ilustración, se haya asignado al cristianis- ca de la sociedad y de la economía, sino que
mo eclesial el papel de conservador, papel que, también (junto a muchos otros objetivos) pre-
por lo demás, es indispensable para la sinfonía gunta a la doctrina propiamente teológica cuá-
divina de la historia universal? ¿O será prefe- les son las repercusiones de los sistemas e ideo-
rible omitir todas las profundas justificaciones logías, en su fisonomía concreta, nacidos de la
de cuanto han hecho la Iglesia y la mayoría de historia de las ideas y de la política social, que
los cristianos durante estos dos últimos siglos han influido en el desarrollo de la doctrina
en materia de política social, y decirnos, con cristiana. Tal pregunta, que abarca, con su crí-
espíritu de autocrítica, que en esos tiempos la tica de las ideologías, todo el ámbito de la teo-
Iglesia y los cristianos no sólo fueron laudable- logía, determina ya de por sí una teología polí-
mente conservadores, sino también, no raras tica y la justifica, aunque aquí no podemos de-
veces, inmovilistas y reaccionarios, y que tal tenernos más a exponer todos sus aspectos.
mentalidad no debe continuar sin más? Si un Una de las exigencias de la tolerancia fraternal
Vicente Palloti (beatificado) dijo una vez que consiste en dejar hablar a esa teología política.
Pío IX tenía telarañas en los ojos; si nosotros No deberíamos rechazarla a priori con irrita-
132 CONCLUSIONES 13.1
¿QUIEN ES TU HERMANO?

ción, por el afán de descubrir en todas partes rancia fraternal con sus adversarios, y de lograr
revolucionarios y modernistas. que esa fraternidad incluya también el saber
En los siglos XIX y XX hay suficientes esperar con serenidad, incluso contra toda es-
ejemplos que muestran que la falta de crítica peranza.
con respecto a las ideologías sociales presu- El cristiano de hoy tiene una responsabili-
puestas tácitamente y dominantes entre los dad política como no ha tenido en tiempos
cristianos —esas ideologías que dejan sentir su anteriores. Hay ciertamente en esta sociedad
influencia en la teología y la política de la y en la Iglesia gobernantes cuya autoridad no
Iglesia— ha conducido a funestas decisiones. tiene que ser respetada necesariamente en cada
La renuncia a los Estados Pontificios ¿tuvo caso. Pero la fraternidad, por estar desapare-
necesariamente que hacerse en tiempo de ciendo el espíritu de sumisión a la autoridad,
Pío XI? ¿Fue preciso mantener durante tanto tiene que dejarse sentir hoy día más intensa-
tiempo en Italia el «non expedit»? ¿Fue nece- mente en el estilo concreto de gobierno de la
saria la oposición de Pío X a los sindicatos Iglesia. Y tengamos en cuenta que el respeto a
cristianos en Alemania? ¿Fue inevitable que el la autoridad de gobierno se basa —en el caso
integrismo político, en tiempos de Pío X, dejara de la Iglesia— en una fraternidad más exten-
sentir su influencia durante tanto tiempo y de sa y profunda, porque existe para todos un
manera tan poderosa? ¿No podrían haber tra- mismo Señor y una misma y única gracia.
tado en Roma a Teilhard de Chardin con un
poco más de fraternidad? Estas y otras pre-
guntas vienen a la mente y constituyen el tras- 5. Fraternidad en la comunidad
fondo de la pregunta acerca de la tarea y legi-
timidad de la teología política, aunque esta Las conclusiones siguientes de las reflexio-
teología no deba ocuparse exclusivamente de nes fundamentales se refieren principalmente
la política ideológica interna de la Iglesia. al segundo aspecto que hemos destacado en la
Como es natural, los propugnadores de una situación actual: a posibilidades nuevas de in-
teología y de una política que opinan que hay tercomunicación, a accesos nuevos a la interio-
que defenderse, en la Iglesia, contra una teolo- ridad subjetiva recíproca.
gía y una política que les parecen sospechosas Hoy día, gracias a que la intercomunicación
de ideología y reaccionarias, se hallan también, es más fuerte, puede haber una fraternidad
a su vez, bajo la exigencia de ejercer una tole- mucho más intensa que antes; incluso en lo
134 ¿QUIEN ES TU HERMANO?
CONCLUSIONES 135

propiamente religioso existe también la posi-


y nuestro hospital y que contamos con la Se-
bilidad, más aún, la necesidad real de interiori-
guridad Social. Para decirlo con otras pala-
dad y sentimientos fraternales. Pensemos tan
bras: hay ciertamente entre nosotros muchas
sólo cómo muchos desean ardientemente las
funciones que una comunidad cristiana de base
llamadas comunidades de base, hasta llegar a
puede ejercer en otros países del mundo, pero
las «comunidades integradas». En ellas se tien-
que entre nosotros son llevadas a cabo por so-
de a establecer comunidades en las que no sólo
ciedades y organizaciones profanas y que entre
se logre que muchas personas vean atendidas
nosotros, por consiguiente, apenas tienen que
en el culto dominical sus necesidades religio-
ver con una comunidad cristiana de base. Aho-
sas privadas gracias al servicio de la Iglesia
ra bien, esto no quiere decir que, gracias a la
(aunque permaneciendo al mismo tiempo en
fuerza imaginativa cristiana del amor y de la
aislamiento religioso unas de otras), sino que
fraternidad, no puedan descubrirse muchas ta-
se quiere llevar conjuntamente, unos con otros,
reas y funciones para una comunidad cristiana
el peso de la vida, mediante motivaciones cris-
de base, porque en una sociedad que se está
tianas. Se quiere, a impulsos de una inspira-
haciendo cada vez más anónima y burocrática,
ción cristiana, convivir con verdadera fraterni-
las personas han de vivir en mayor aislamiento
dad, experimentar la unidad de unos con otros
y en desamparo y abandono solitario con res-
y vivirla activamente.
pecto a muchas necesidades e indigencias, en
Hay que poner en guardia, desde luego, con-
las que no puede ayudarles ni la sociedad pro-
tra el afán de dejarse llevar por la nostalgia
fana ni la comunidad parroquial corriente de
de una vida sencilla y querer copiar simplemen-
hoy día: en muchas necesidades e indigencias
te las comunidades de base de Latinoamérica.
en las que ni el dinero ni la administración
Cuando, en la jungla brasileña, el único que
civil pueden ayudar, sino únicamente el cora-
puede ayudar en las enfermedades es el her-
zón del vecino fraterno.
mano cristiano que vive en la vecindad, por-
que el médico o el hospital están demasiado Hasta qué punto seguirá viviendo el hombre
lejos, o quizá cuestan demasiado dinero, enton- de hoy en el individualismo de la era moderna,
ces se da allí obligatoriamente una situación o hasta qué punto querrá dejarse integrar vo-
de vecindad y comunión cristiana que, práctica- luntariamente en una comunidad de base, es
mente, no hace al caso para nosotros, que te- seguramente una cuestión que entre nosotros
nemos a la vuelta de la esquina nuestro médico debiera tantearse primero experimcntalmentc
v a la que sospechamos que se pueda respon-
136 ¿QUIEN ES TU HERMANO? CONCLUSIONES 137

der con diversas soluciones. (Así, se dieron an- fraternamente a impulsos de un mismo Espí-
tes los numerosos estilos de vida de las órdenes ritu, que es quien edifica la Iglesia.
religiosas, que diferían mucho unos de otros
y que tan sólo en la edad moderna tendieron
hacia una uniformidad común). También den- 6. Fraternidad confesante
tro de un cristianismo vivido radicalmente y
con carácter genunino —y suponiendo que se Junto con esta consecuencia y exigencia
den las mismas condiciones preliminares de existe también una posibilidad de ejercer unos
orden social— son posibles muchos estilos de sobre otros una responsabilidad fraterna. Es
vida, sobre todo teniendo en cuenta que, den- una posibilidad que raras veces descubrimos y
tro de una diferenciación social profana de los aprovechamos. Se trata del deber de confesar
hombres, será también distinto el correspon- con alegría y espontaneidad nuestra fe: deber
diente dominio cristiano de la pertinente si- que no vemos ni aprovechamos en la medida
tuación, y que incluso la fraternidad cristiana en que deberíamos hacerlo.
no exige sin más un estilo igualitario de vida Por lo general, seguimos actualmente siendo
por parte de todos los que viven en una co- unos individualistas religiosos con mentalidad
munidad. Por eso es de suponer que la Iglesia muy poco fraternal, y tenemos la impresión de
futura no se compondrá simplemente de co- que precisamente lo religioso hay que encerrar-
munidades integradas. Pero esto no cambia lo en la silenciosa interioridad del corazón y
en nada el hecho de que la situación actual vivirlo a solas, sin decir nada de ello al herma-
hace posible y necesaria una mayor intercomu- no y la hermana. Podemos tener incluso la im-
nicación de índole religiosa; que las comuni- presión de que aun en las órdenes religiosas
dades de base son necesarias también entre crece, en vez de disminuir, este mutismo reli-
nosotros; que las comunidades parroquiales gioso. Claro que tanto en Ja Iglesia como en la
tienen que transformarse, dejando de ser cir- vida pública ciudadana hay ejemplos de todo
cunscripciones de la administración eclesial di- lo contrario. En efecto, hay movimientos reli-
rigida desde arriba y áreas de servicio para giosos y sectas fuera de la Iglesia que confiesan
atender las necesidades religiosas puramente in- con gozo sus creencias y lo hacen con tanto
dividualistas, para convertirse en verdaderas desenfado y en voz tan alta que asombran y
comunidades en las que los cristianos vivan amedrentan incluso a quien no quiere ocultar
bajo el celemín la luz de su vivir cristiano. Pero,
138 ¿QUIEN ES TU HERMANO? CONCLUSIONES 13a

en general, predomina en nuestra sociedad un que constituye la más íntima fuerza y luminosi-
extraño mutismo religioso, especialmente allí dad de la propia vida.
donde ese mutismo no encubre una novedad Recuerdo todavía la situación en que me vi
sorprendente ni una fe extraña. ¡Cuántos pa- en el aeropuerto de Nueva York cuando, en
dres se avergüenzan de orar con sus hijos! medio de todo aquel barullo, se me acercó un
¿Dónde existe el diálogo religioso fuera de la empleado del aeropuerto vestido de uniforme
propaganda agresiva de las sectas religiosas? El y, arrodillándose en medio del gentío que pa-
diálogo religioso no está «de moda» hoy día; saba a su lado, me dijo: Bless me, Father!
se avergüenza uno de él; lo encuentra uno fuera (« ¡Padre, bendígame! »). Tanta espontaneidad
de lugar; es un diálogo indiscreto. Pero ese mu- religiosa (yo casi diría: tanto descaro religioso)
tismo es absurdo, en el fondo. no hay por qué imitarlo. Pero el sentimiento
Claro está que hemos de tratar de hablar obvio de comunicar a sus hermanos y hermanas
religiosamente de tal manera que ese lenguaje un poquito de sus motivaciones cristianas su-
religioso tenga cierta probabilidad de ser com- premas, de sus angustias y dificultades y de lo
prendido por los no creyentes y llegue hasta que a uno le hace feliz, eso también tendría
ellos, cosa que es muy difícil y que no se ejer- que formar parte hoy de esa fraternidad cris-
cita suficientemente en la Iglesia, porque ésta tiana que actualmente es posible y constituye
opina en exceso que hay que aferrarse absoluta una exigencia.
y exclusivamente a las fórmulas religiosas tradi- Antiguamente sí se daba esa espontaneidad
cionales, porque de lo contrario existiría el pe- entre los hermanos cristianos para hacerse con-
ligro de oscurecer o de echar a perder la sus- fidencias unos a otros. No sólo en el confesio-
tancia de la fe. No tenemos por qué hablar con nario o en el sofá del psicoterapeuta se atrevía
el tono apasionado de un reaccionario conserva- uno a salir de sí y confiarse a otro, a ponerse
dor internamente amargado, que corre peligro en sus manos. Ignacio de Loyola, antes de su
de abusar de la fe en Dios para defender sus conversión, era un militar un tanto violento y
posesiones burguesas. Pero existen también había tenido sus aventuras amorosas y sus ex-
una auténtica espontaneidad del discurso reli- cesos nada edificantes (en compañía de un her-
mano suyo clérigo: todo ello muy «medieval»,
gioso, una apertura fraternal y un gozo de con-
como se ve). Pero tenía que entrar en combate
fesar realmente testimoniales y que reflejan el
con los franceses y, antes de la batalla, no había
deseo de hacer partícipes a otros de aquello
a mano ningún sacerdote. Entonces hizo con-
140 ¿QUIEN ES TU HERMANO? CONCLUSIONES 141

lesión de sus pecados a un compañero de ar- a orar por otra persona, las peticiones que se
mas. No tenemos por qué imitar esa confesión hacen de tal intercesión ¿serán únicamente res-
hecha a un laico, aunque a veces pudiera ser tos fosilizados de épocas anteriores que se si-
tan espiritual y beneficiosa como una confesión guen transmitiendo porque así lo aconseja la
sacramental, que fácilmente corre peligro de costumbre, pero que, en el fondo del corazón,
degenerar en un acto legalista. Pero este pe- ya no se toman en serio? Una misa de «ré-
queño ejemplo nos muestra que antes había quiem» por un difunto, si se examinan las co-
mucha más intercomunicación espiritual que sas honradamente, ¿acaso es algo más que una
ahora entre los hermanos cristianos: algo que de esas ceremonias tradicionales que se perpe-
entonces se hacía como lo más natural y que túan en una sociedad religiosa a pesar de que
ahora se consideraría indiscreto exhibicionismo hayan perdido hace ya mucho tiempo su espí-
religioso. ritu y su vida?
Cuando los cristianos tienen sentimientos Hay muchas otras tareas parecidas en las
religiosos íntimos, pueden comunicárselos unos que, en medio de la vida cotidiana, se encuen-
a otros, en la medida en que sea razonable. Se- tran y coinciden la espiritualidad y el amor al
guramente, en el futuro habrá diversos estilos prójimo. Lo único que hay que hacer es des-
de esta comunicación confesante; uno podrá cubrirlas.
sentir más gozo en manifestarse que otro;
pero, en general, debería cundir hoy en la Igle-
sia este gozo espontáneo de confesar los senti-
mientos religiosos unos cristianos con otros, y
también frente al mundo profano.
Además de la posibilidad de intercomunica-
ción fraternal que hemos examinado hasta aho-
ra principalmente, hay también otras posibili-
dades que hemos descuidado. ¿Nos atrevemos
a solicitar a otra persona sus oraciones y toma-
mos realmente en serio esta petición tan tradi-
cional? Un intelectual culto que se sigue consi-
derando cristiano ¿ora realmente ñor su her-
mano? Las promesas en el sentido de que se va
Epílogo.
Sobre el misterio de la
fraternidad desinteresada

Hemos mencionado muchas ocasiones con-


cretas en las que se puede ejercitar la frater-
nidad, el amor cristiano al prójimo, y hemos
dado al respecto buenos consejos que a menu-
do han podido parecer bastante banales y ob-
vios y como exigidos por el sentido común.
Mas, para terminar, vamos a evocar una vez.
más el misterio de esta fraternidad; misterio
insondable, porque se identifica propiamente,
aunque sólo en un determinado aspecto, con la
totalidad de la existencia humana.
Tan sólo en la fraternidad el hombre se en-
cuentra realmente con el hombre en cuanto tal,
porque un mal encuentro priva siempre a una
persona de captar dimensiones esenciales en la
otra persona, cegándola para que no vea tales
dimensiones. Ahora bien, el hombre, en último
término es un misterio; mejor dicho, es el mis-
terio. Porque el hombre no llega a ser él mismo
sino cuando, con apertura ilimitada, se aban-
dona libremente —como pregunta infinita— en
manos del misterio inabarcable al que llama-
114 ¿QUIEN ES TU HERMANO? LA FRATERNIDAD DESINTERESADA 145

inos Dios. Y se abandona con confianza y amor. de los dos sujetos por medio del amor al próji-
Así que el misterio del hombre se halla condi- mo, por medio de la fraternidad.
cionado por el misterio de Dios y fundamen- Ahora, a este elogio casi patético y encare-
tado en El, a quien últimamente se puede cido del amor al prójimo hay que añadir en se-
experimentar no por un conocimiento que quie- guida algo que es originalmente cristiano, algo
ra hacer conquistas teóricas, sino tan sólo en el que resulta extraño. Hay o, por lo menos, es
milagro del amor. Este hombre tiene que ocu- concebible que se desarrollen antropologías su-
parse, en el amor al prójimo, de este otro hom- blimes y que además se consideren a sí mismas
bre. Este amor al prójimo hace que la persona como caminos hacia la perfección humana, en
que ama se entregue a la otra persona no sólo las que acontecen parecidos encuentros de dos
en cuanto a esta o aquella propiedad percepti- infinitudes misteriosas dentro del misterio in-
finito por excelencia —llamado Dios— y que
ble y manipulable (la utilidad, el rendimiento
tal vez se denominan «amor al prójimo» o que
objetivo, lo vitalmente agradable, lo estética-
alcanzan tal amor al prójimo en su auténtica
mente encantador, etc.), sino en su totalidad,
y sublime esencia. Pero tales antropologías,
como «sujeto», con toda su magnitud imposi-
como caminos cíe vida, estarán siempre en pe-
ble de abarcar con la mirada, con la amplitud ligro de entender esa intercomunicación com-
sin límites de una conciencia y una libertad in- pleta de dos misterios infinitos, ese beso de dos
deslindables, con su decisión de abandonarse eternidades, como algo que, para la vida nor-
en Dios. Y este amor al prójimo acepta también mal de las personas corrientes, significa tan
al otro como este sujeto concreto que es, in- sólo un pequeño ejercicio preparatorio que,
calculablemente misterioso. El amor al prójimo como tal, puede volver a ser dejado de lado
es la interpenetración mutua de dos de estos por el Señor de la historia.
misterios, en los que está presente el misterio Una antropología de esta índole, emprendi-
por excelencia —Dios—, que consiguientemen- da por cuenta propia, se atreverá a pensar
te hace en definitiva irreconociblcs todos los —comprensiblemente— que aquello a lo que
límites entre esos dos sujetos, ya que al menos ella tiende y ensalza con énfasis es un aconte-
lo que denominamos cristianamente «gracia» cimiento que se ha producido en unos cuantos
hace que Dios mismo, como tal, sea el destino santos, héroes, sabios sublimes, guras y místi-
interno del sujeto finito, y de este modo llega cos, mientras que las personas corrientes —mu-
Dios a ser un destino interno en el intercambio chas, demasiadas— se quedan rezagadas deses-
146 ¿QUIEN ES TU HERMANO? LA FRATERNIDAD DESINTERESADA 147

peradamentc. Parece que una antropolgía «su- de los hombres, a los que llevan penosamente
blime» está condenada forzosamente a ser para su vida y cuyos horizontes parecen horrible-
una clase selecta. Parece que, en lugar de esa mente estrechos y parecen estar impulsados
sublime fraternidad de sujetos infinitos, para únicamente por la angustiosa y mezquina soli-
las personas normales no queda más que la citud por su propia vida. La antropología cris-
despotcnciada fraternidad de una decorosa con- tiana no excluye tampoco a éstos; tiene el in-
vivencia mutua en la que las personas única- verosímil optimismo de que también en ellos
mente se comuniquen en tal o cual esfera de- puede acontecer aquel amor, y tiene que aconte-
terminada de lo útil y, en alguna medida, de cer y de hecho acontece: ese amor que la más
lo agradable, pero no en su infinito ser de sublime antropología ensalza y jamás puede
sujetos. Esto es comprensible, porque tal an- sondear.
tropología autónoma de fraternidad sublime Cuando se contempla lo que, según la sen-
cuenta únicamente con las posibilidades del sibilidad humana, es a menudo una masa tan
hombre limitado, y no con el poder de la gra- horriblemente burda de personas cuya corrien-
cia de Dios y de su autocomunicación, la cual
te se arrastra con fatiga y torpor a través de
realmente puede hacer que las posibilidades in-
la historia, entonces podría uno pensar con ver-
finitas se conviertan en realidades plenas.
dadera resignación y escepticismo que en ese
La antropología de la fraternidad cristiana
fango de egoísmo y tosquedad se dará rarísi-
sabe hacerlo mejor. Tiene el inverosímil coraje
de afirmar acerca del hombre la más inverosí- mas veces, si es que se da alguna vez, el mila-
mil sublimidad y de cxigírsela como posible, gro de ese amor sublime. Pero el cristianismo
sin caer en el «elitismo». La teología cristiana está convencido (prescindimos aquí de la cues-
de la fraternidad está convencida de que esta tión de los niños que mueren antes del uso de
fraternidad de la comunicación infinita de dos razón y de otros casos que se pueden subsumir
subjetividades ilimitadas, abarcada y sustenta- en éste, porque en definitiva no sabemos ni
da por el misterio absoluto del Dios infinito, necesitamos saber nada acerca de esta cues-
puede darse en todos los que son personas. Y tión) el cristianismo, decíamos, está convencido
está convencida de que tal fraternidad es una de que en cada una de esas personas «adoce-
tarea posible para todos, y de que es incluso nadas», entre las que también nos contamos
una tarca santa y exigida insexorablementc y, nosotros, se da el acontecimiento insondable de
por tanto, exigida también al promedio normal semejante amor, a no ser que la persona se
148 ¿QUIEN ES TU HERMANO? !.A FRATERNIDAD DESINTERESADA 149

haya perdido, sencillamente, por su propia y conceptos inevitablemente patéticos que noso-
personal culpa. tros hemos utilizado aquí inevitablemente, cía
Este optimismo cristiano, opuesto a la arro- ro que sin llegar con ello a la realidad, que
gancia de todos cuantos creen constituir una siempre es mayor y más honda que todo cuanlo
«élite», tal vez no ha reflexionado hasta ahora pueda decirse con tan enfáticas palabras.
suficientemente acerca de cómo puede produ- Es perfectamente comprensible, por lo de-
cirse ese milagro en una persona corriente, por- más, que aun en la vida más mediocre haya
que se ha considerado con demasiada frecuen- instantes que permitan (no de un modo reflejo,
cia la cuestión de la salvación de los hombres pero no por ello menos real) la presencia de
con ayuda de modos legalistas de pensar, cre- semejante amor. Incluso en el transcurso de la
yendo que la salvación y la perdición acaecían más vulgar de las vidas burguesas, absorta en
por el cumplimiento de unos cuantos manda- las preocupaciones de la vida cotidiana (entre
mientos particulares, cumplimiento que propia- las que se cuentan también nuestras actividades
mente tiene poco que ver con esta consecución culturales), de uno u otro modo siempre se dan
del amor supremo: del amor supremo de unos esos instantes en los que, en cierta manera, se
con otros y con Dios. Ahora bien, este optimis- interrumpe ese tipo de ajetreo; se producen
mo cristiano puede y debe oponerse a la idea grietas y aberturas que permiten vislumbrar un
de la «clase selecta» en la conciencia de fe del aparente vacío (el infinito, en realidad); lo
cristianismo, aunque dicho optimismo no sepa único que en apariencia es real se convierte en
demasiado cómo se puede representar como punto de partida y marco de referencia para la
posible lo que él, lleno de confianza, afirma. mirada —perdida en ese infinito— de la con-
Pero se puede reflexionar también sobre al- ciencia y de la libertad; y deja de existir aque-
gunas cosas que, al menos remotamente, nos llo de lo que exclusivamente se ocupa el hom-
permitan comprender que en nuestra vida co- bre «sensato y realista». Y lo que es aún más
tidiana, que aparentemente sólo es insípida y importante: probablemente en toda vida hu-
mísera, puede acontecer entre nosotros —po- mana se dan de vez en cuando momentos en
bres burgueses— ese milagro de amor inmen- los que el razonable amor a lo cotidiano, que
so. Tal milagro tiene que ser, desde luego, un apenas puede distinguirse de un «sensato»
acto de libertad consciente, pero no por ello egoísmo, se ve de pronto frente a la allernativa
es preciso que el hombre lo realice de manera de amar sin esperar correspondencia, de con-
explícita y reflexiva y que lo acompañe de esos fiar ciegamente, de arriesgarse a algo que apa-
LA FRATERNIDAD DESINTERESADA i'.i
150 ¿QUIEN ES TU HERMANO?

rentemeníe no es más que una aventura absur- de lanzamiento» (si se nos permite lfiin.ulo
da y que no puede producir beneficio alguno. así) sea demasiado exigua y apenas se dcsi.i
En tales momentos la libertad del hombre que sobre la trivialidad de lo cotidiano. IYi<>
se ve ante la siguiente alternativa: o se es pru- estas pequeneces (en términos bíblicos, el vaso
dentemente cobarde y se echa atrás y no se de agua al sediento), como la palabra de alien-
arriesga o, de lo contrario, con atrevida con- to pronunciada junto al lecho del enfermo, 3a
fianza (lo cual es aparentemente absurdo y, sin renuncia a una pequeña y mezquina ventaja, in-
embargo —¡oh milagro!—, ocurre a veces), se cluso frente a aquel cuyo egoísmo le hace a uno
arriesga uno, sin seguridad de ningún tipo, a enfurecerse, y otras mil insignificancias de la
amar de veras, en el auténtico sentido de la pa- vida diaria pueden constituir la modesta apor-
labra. Entonces ya no hay terreno alguno cuya tación a través de la cual se haga efectivo el
firmeza pueda comprobarse previamente; la li- auténtico carácter de la fraternidad desintere-
bertad se arriesga más de lo que una fría y sada, que es la verdadera proeza de la vida.
calculadora sensatez podría aprobar: se arries- La fe cristiana tiene el convencimiento de
ga a sí misma y arriesga al propio sujeto, ca- que únicamente el amor a Dios y al hombre
yendo en lo insondable, en lo ilimitado, en don- —que es más que un mandamiento y que el
de habita Dios, a quien, en último término, sólo ejercicio de un deber— conduce al hombre a la
se puede experimentar en esa caída sin fondo. salvación; que ese amor constituye la totalidad
Naturalmente, esa libertad, en su caída en pi- de la Ley y los Profetas; que puede darse in-
cado al misterio insondable de Dios, no piensa cluso en la humildad de una rutinaria cotidia-
ni por un momento en sí misma; porque, evi- neidad, en la cual —y de un modo perfecta-
dentemente, esa caída, en definitiva, es origina- mente inadvertido— puede incluso tener lugar
da, posibilitada e iniciada por Jo que denomi- aquella suprema renuncia y entrega a Dios que
namos 3a «gracia de Dios», que es lo único que nos permite participar en la última y definiti-
proporciona gratuitamente la libertad necesa- va proeza de Jesús en la cruz. La fraternidad,
ria para dar ese salto incondicional. Pero todo que se sustenta y se realiza en el amor a. Dios,
ello no cambia en absoluto el hecho de que se- es lo más elevado que pueda darse. Y esta su-
mejante nrilarirc de libertad y amor infinitos prema elevación es la posibilidad que se ofrece
y, consiguientemente, de fraternidad, pueda a todo ser humano.
acontecer en medio de la vulgaridad de la vida
cotidiana. Puede qvie en este punto la «rampa