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Mito de la comunidad Winnebago sobre el origen del mundo

«No sabemos en qué condició n se hallaba nuestro padre cuando empezó a tomar conciencia.
Movió su brazo derecho y luego su brazo izquierdo, su pierna derecha y luego su pierna
izquierda. Empezó a pensar lo que tenía que hacer y por fin empezó a llorar, las lá grimas fluían de
sus ojos y caían ante él. Al poco tiempo miró ante sí y vio algo que brillaba. Aquello brillante eran
sus lá grimas, que fluían y formaban las aguas que vemos… El hacedor de la tierra empezó a
pensar de nuevo. Y pensó : ‘Es así, cuando deseo una cosa, se hará como yo deseo, del mismo modo
que mis lá grimas se han convertido en mares’. Así pensó . Y deseó la luz, y se hizo la luz. Y pensó
luego: ‘Es como me suponía, las cosas que he deseado han empezado a existir tal como yo quería.
Pensó entonces y deseó que existiera la tierra, y la tierra empezó a existir. El hacedor de la tierra la
contempló y le gustó , pero la tierra no se estaba quieta… (Una vez que la tierra se aquietó ) pensó
en muchas cosas como empezaron a existir segú n él deseaba. Entonces empezó a hablar por
primera vez. Dijo: ‘Puesto que las cosas son tal como yo quiero que sean, haré un ser semejante a
mí’. Y tomó un poco de tierra y le dio su semejanza. Habló entonces a lo que acababa de crear, pero
aquello no le respondió . Lo miró y vio que no tenía entendimiento o pensamiento. Y le hizo un
entendimiento. De nuevo le habló , pero aquello no respondió . Lo volvió a mirar y vio que no tenía
lengua. Le hizo entonces una lengua. Le habló otra vez y aquello no respondió . Lo volvió a mirar y
vio que no tenía alma. Le hizo, pues, un alma. Le habló otra vez y aquello pareció querer decir algo.
Pero no lograba hacerse entender. El hacedor de la tierra alentó en su boca, le habló , y aquello le
respondió ».
Mito Azteca sobre la Creación del Mundo
Antiguamente, no había sobre la tierra ningú n hombre, ningú n animal, ni á rboles, ni piedras. No
había nada. Esto no era má s que una vasta extensió n desolada y sin límites, recubierta por las
aguas.En el silencio de las tinieblas vivían los dioses Tepeu, Gucumats y Huracá n. Hablaban entre
ellos y se pusieron de acuerdo sobre lo que debían hacer.
Hicieron surgir la luz que iluminó por primera vez la tierra. Después el mar se retiró ,
dejando aparecer las tierras que podrían ser cultivadas, donde los á rboles y las flores crecieron.
Dulces perfumes se elevaron de las selvas nuevas creadas.
Los dioses se regocijaron de esta creació n. Pero pensaron que los á rboles no debían quedar sin
guardianes ni servidores. Entonces ubicaron sobre las ramas y junto a los troncos toda suerte de
animales. Pero éstos permanecieron inmó viles hasta que los dioses les dieron ó rdenes:
-Tú , tu irá s a beber en los ríos. Tú , tu dormirá s en las grutas. Tu marchará s en cuatro patas
y un día tu espalda servirá para llevar cargas. Tú , pá jaro, vivirá s en los á rboles y volará s por los
aires sin tener miedo de caer.
Los animales hicieron lo que se les había ordenado. Los dioses pensaron que todos los
seres vivientes debían ser sumisos en su entorno natural, pero no debían vivir en el silencio;
porque el silencio es sinó nimo de desolació n y de muerte. Entonces les dieron la voz. Pero los
animales no supieron má s que gritar, sin expresar ni una sola palabra inteligente.
Entristecidos, los dioses formaron consejo y después se dirigieron a los animales:
- Porque ustedes no han tenido conciencia de quiénes somos, será n condenados a vivir en el temor
a los otros. Se devorará n los unos a los otros sin ninguna repugnancia.
Escuchando eso, los animales intentaron hablar. Pero só lo gritos salieron de sus gargantas
y sus hocicos. Los animales se resignaron y aceptaron la sentencia: pronto serían perseguidos y
sacrificados, sus carnes cocidas y devoradas por los seres má s inteligentes que iban a nacer.