Sei sulla pagina 1di 2

Resume los cambios económicos, sociales y culturales introducidos por los musulmanes en

Al-Ándalus.

Durante siglos, con grandes diferencias según las zonas de la Península, Al-Ándalus
aportó a la vid de las gentes que habitaban ese territorio formas de producir y vivir distintas a
las de los reinos cristianos de la Europa Occidental, sobre todo en los primeros siglos de la
Edad Media.

Dos nuevos grupos sociales llegarán a la península con la llegada de los musulmanes.
La minoría de origen árabe que formaba la élite social. Estos serán los grandes propietarios de
las mejores tierras y ocupaban altos cargos en la administración. El grupo de origen bereber
que tenía una posición inferior. Muchos eran miembros del ejército y de la cargos menores en
la administración. También podían tener otros trabajos como artesanos, agricultores, etc. En
ocasiones protagonizarán revueltas.

La mayoría de la población musulmana estaba formada por descendientes de los


antiguos hispanovisigodos que adoptaron la religión, la lengua y las costumbres islámicas, los
muladíes. Algunos lo hicieron porque de esa manera no tenían que pagar impuestos. Una vez
que la población hispanovisigoda se islamiza, surgirá un nuevo grupo social: los mozárabes, los
cuales se conformaron como una minoría cristiana dentro de esa mayoría musulmana. Como
no eran musulmanes, debían pagar un impuesto especial. Los judíos formarán una minoría
muy activa en el terreno económico.

La aportación musulmana a la agricultura fue determinante para la conformación del


paisaje agrícola de gran parte de España: introdujeron el regadío, una enorme variedad de
árboles frutales y verduras y la agricultura intensiva, que generó excedentes orientados sobre
todo al mercado urbano. Tuvo un especial desarrollo la agricultura basada en la gran
propiedad trabajada mayoritariamente por pequeños campesinos en régimen de
arrendamiento. Los musulmanes impulsaron la trilogía mediterránea y aportaron especies
como los cítricos (naranja, limón, lima) y frutas y verduras como las espinacas, berenjena,
sandía, albaricoque, plátano, membrillo. Lo más determinante fueron los sistemas de regadío,
con la introducción de norias y acequias para conducir el agua. Fueron numerosos los tratados
agrícolas que instruían en las formas más adecuadas para cultivar y cuidar la tierra y los
productos.

Las ciudades no decayeron, como en el resto de Occidente. eran el mercado de los


productos agrícolas, y en ellas se ubicaba una activa industria artesanal (vidrio, cuero, joyas,
cerámica, ….), especialmente la textil (lana, seda, lino, algodón, …). Algunas de las ciudades
andalusíes eran las más grandes de Occidente medieval, como el caso de Córdoba, y los
poderes públicos se encargaban de hacer reformas urbanas, instalar mercados, baños y
bibliotecas públicas. Las actividades artesanales se desarrollaban en pequeños talleres cuyos
artesanos e agrupaban en una especie de gremios, aunque también había grandes talleres del
Estado. La producción abastecía al mercado local y comarcal, pero se destinaba asimismo al
comercio exterior. Al-Ándalus estaba integrado en un circuito económico que se extendía por
todo el Mediterráneo, se adentraba en África, hasta las minas de oro de Sudán, y se extendía
hacia Oriente (India, China,…) y la zona del Báltico. La existencia de una moneda fuerte y
estable -el dinar de oro y el dirham de plata- permitieron al mundo musulmán controlar, hasta
el siglo XIII, gran parte del comercio en esa zona sin competencia de los reinos cristianos
europeos.
Además, la lengua árabe, las costumbres islámicas y los conocimientos aportados por
su relación con territorios de Bizancio y Oriente pasaron a formar parte de nuestro patrimonio
cultural. Las aportaciones de la presencia musulmana en la Península son innumerables y
forman parte de nuestro patrimonio cultural. El castellano tienen más de 4000 palabras de
origen árabe, entre ellas muchas de la toponimia islámica. Elementos de la vida cotidiana
como la gastronomía (frutas y verduras, turrones,..), el uso el botón, las bibliotecas, los baños
públicos, la iluminación de las calles, etc. provienen de la herencia musulmana. También parte
de nuestra música, instrumentos y folklore tienen sus raíces en las costumbres de Al-Ándalus:
el pandero, la pandereta, diversos tipos de flautas, el rabel y el atabal o timbal.